Piper, Piper Chapman. Rubia, ojos azules, simpática, inteligente, audaz, ella es Piper, Piper Chapman. Mi profesora, mi amor platónico, mi sueño, mi pesadilla, mi frustración. Por fin es sábado, el solo pensar que hoy veré a Piper fuera del aula de clases me emociona pero no sé qué esperar de ésta noche, no sé si ella está molesta por verme abrazando a Sofi, no sé si debería explicarme para decirle que todo fue un malentendido, no sé si debo hablar de mi pasado con ella, no sé nada, pero hay algo que tengo claro: el tener o no una relación con ella, depende de esta noche."

Recostada en el sofá de la sala aún con el pijama puesta y una taza de café en mis manos escucho que tocan a la puerta, miro el reloj de la sala que apunta a las nueve de la mañana, mi mamá fue a hacer el súper con nuestros últimos recursos monetarios hace menos de veinte minutos, seguro no es ella. Me levanto en contra de mi voluntad a abrir la puerta, al girar la perilla Nicky entra de manera energética.

-¡Vause!, ¿qué mierda le hiciste a Sofia? – pregunta molesta dirigiéndose hasta la sala.

-Buenos días, Nicky. ¿Y ahora qué con Sofía?, ¿por qué te importa tanto? – le sigo hasta la sala. -Mira, no tengo ganas de discutir, ¿sí? Hoy es un día único y no voy a iniciarlo de mal humor.

-Alexandra Vause, Sofia está loca por ti, le gustas y ella es hermosa – dibuja sus curvas de mujer al aire con las manos – no sé por qué te resistes. Además, no es que me interese, pero la chica es buena, y está buena, no la hagas sufrir – dice sentándose en el sillón donde estaba acostaba hace unos momentos.

-Lo que tuve con Sofía ya fue, ahora me importa Piper, ¿qué no se entiende? – me siento a su lado.

-Yo lo entiendo, pero ella no. No pienses que estoy en tu contra por cómo estás llevando tu triángulo amoroso, eres mi amiga y estoy contigo, pero anoche Sofia le llamó a Teodor pidiéndole que pasemos por ella, cuando la recogimos ella se notaba tensa y triste a la vez. No se veía tan alegre como pensé que se vería después de cenar contigo. No nos quiso decir nada, pero, ¿qué pasó?

-Anoche Sofia me cuestionó sobre mis sentimientos por Piper. Le dije que estaba segura que ella me interesaba, se molestó y se fue. -Sin notarlo, suspiro recordando su partida. - Después de que Sofia me dejara sola con mis pensamientos en el Capri, me cuestioné sobre mis intenciones con Piper. Sofia tiene razón al decir que no sé mucho de ella, tiene razón al decir que es probable me esté haciendo ilusiones de un amor prometedor cuando en realidad no es así. Me da miedo saber que ella puede estar en lo cierto, pero me aventaré al vacío, y si Piper se avienta conmigo, seré feliz con el resultado.

-Y yo seré feliz cuando me presentes a una amiga suya.

-Idiota... - le aviento un cojín que fácilmente bloquea.

- Y sobre hoy, ¿qué piensas? -Pregunta tomando de mi café.

-Todo es tan incierto, lo que tenga que pasar, pasará. No quiero pensar en nada, no quiero planear nada, que todo fluya como debe ser. -Nicky asiente con la cabeza, parece que entiende mi punto. Sofía significó mucho para mí, pero Piper me da la seguridad y la estabilidad que busco.

La mañana pasó lento aunque Nicky me distrajo de mi nerviosismo con sus bromas y para cuando mi mamá volvió del super, nos preparó la comida, pasta con albóndigas bañadas en salsa de champiñón, mi plato favorito. Nicky y yo vimos un par de películas en la sala con un bowl lleno de palomitas instantáneas que no duraron mucho tiempo en el bowl. A ratos volteaba a ver la hora, el día se me hacía eterno, ya quería ver a Piper.

Un par de horas más tarde, para cuando Nicky se despide me da un fuerte abrazo en la puerta.

-Te deseo suerte con Piper. -Rompe el abrazo.

-Gracias, Nicky. – Camina hacia su auto con lentitud, yo me quedo recargada en el marco de la puerta viéndola marcharse. Mi sorpresa es cuando sus pasos son más lentos hasta detenerse y girarse de nuevo a mi dirección.

-Vause, toma – me lanza las llaves de su auto las cuales atrapo en el aire. – Cuídalo.

-Nicky, ¿qué es esto?

-Un llavero con llaves, te las presento. – Me contesta burlonamente. – Te dejo mi auto, ya sabes, por si la princesa necesita carruaje.

-No necesito un carruaje, Nicky.

-No me refiero a ti, si no a Chapman. Tengo seguro pero no te confíes, por favor no lastimes a mi bebé. -Me saca una sonrisa escucharla decirle "mi bebé" a su auto.

- Claro que no chocaré.

-Eso espero. Mañana me cuentas que tal te fue. -Nicky retoma su camino.

Cierro la puerta con cuidado, paso rápido al refrigerador por algo de beber, al llegar, veo que mi madre está en la cocina lavando los platos de la comida, me ofrezco a ayudarle pero se niega. Entonces tomo un vaso para servirme agua, la mejor opción para una garganta seca.

-Alex, ¿hoy te verás con ella? – detengo el vaso en mis labios.

-Sí. – Siento el líquido correr por mi garganta. Veo a mi madre de espaldas terminando de secar los cubiertos. No dice nada más, así que me retiro de ahí con el vaso con agua en mis manos. Entrando a mi habitación tomo mi celular para ver si tengo alguna novedad, y entre algunas notificaciones de redes sociales y publicidad, veo un mensaje de Nicky.

"Usa condón. -NickyN"

"No esta noche, quiero enamorarla. -AlexV"

¿Seis de la tarde? Veo la hora en el celular. Levanto mi muñeca para ver la hora en mi reloj de pulsera, ¿seis de la tarde? Volteo a ver mi reloj despertador, ¡seis de la tarde! Falta poco para ver a Piper y yo sigo en pijama. "Bien, Alex, tranquilízate, respira. Todo saldrá bien, todo saldrá bien, todo saldrá bien"Me repito mentalmente como un mantra.

Sin perder más tiempo, me dirijo a la ducha dejando un camino de ropa por el suelo, al terminar me detengo fuera de mi armario envuelta en la toalla visualizándome con las prendas puestas. Cuando le dije a Nicky que sería en el bar, estuvimos de acuerdo en que debería usar algo cómodo y casual, así que opto por una camisa verde obscuro, pantalones negros, botas negras cortas con cordones y mi chaqueta negra, amo esa chaqueta. Veo la hora por vez centésima primera en el día, son las siete menos quince. Me siento en la orilla de mi cama a repasar mentalmente

Agujetas atadas: Listo.

Delineador negro: Listo.

Labial ligero: Listo.

Dientes cepillados: Listo.

Desodorante: Mucho.

Perfume: Nah, no usaré.

Llaves de casa: Listo.

Llaves del bebé de Nicky: Listo.

Cartera: Listo.

Dinero: Joder, ¡mierda!

-Nicky, ¿tienes dinero? – Escucho su risa al otro lado de la bocina.

-Vause, que suerte tienes de que sea tu amiga, tengo algo de reserva en la guantera del coche, espero te sirva.

-Gracias, Nicky.

-Más te vale dejarme el auto con el tanque vacío, llévate a Chapman a donde quiera, diviértanse.

-Nuevamente, gracias.

- No hay de qué, Vause, Sofía y yo también iremos a dar un paseo.

- ¿En qué auto? Me diste el tuyo.

-Mi papá está de viaje, dejó su Porsche así que lo tomaré prestado, no creo que lo ocupe si no está.

-Cuida a Sofía, ella es especial.

-La cuidaré más que tú, no te preocupes. -Ouchs, eso dolió. – Cuídate tú.

-Lo haré. – Y Nicky termina la llamada después de eso.

Veo el reloj una vez más, las siete menos diez. En poco más de una hora veré esos ojos azules que tanto me hacen soñar. Estoy nerviosa, feliz, aterrada, feliz otra vez, y el ciclo se repite. Para calmarme, decido subir al auto de Nicky y recorrer las calles antes de llegar al bar.

Aprendí a manejar a los dieciséis a petición de mi mamá, cada año revisaba que mi licencia de manejo estuviera vigente pero nunca entendí por qué si no teníamos auto. Ahora le agradezco en secreto por eso. Me detengo en cada alto, cedo el paso a los peatones, respeto los señalamientos de velocidad, tarareo las canciones que suenan en la lista de reproducción de Nicky, por momentos golpeteo el volante al ritmo de las canciones, me gusta esto, tal vez lo primero que haga cuando trabaje sea comprar un auto.

Veo el reloj de pulsera, son las siete con veinte minutos, el bar del Este está al Este de la ciudad, tengo tiempo de llegar sin prisas y me siento mejor, manejar me redujo notablemente el estrés.

Llego al estacionamiento del bar, bajo del auto y le tiendo las llaves al chico que los coloca en el estacionamiento. Entro al bar, es sábado por la noche y aunque es temprano, ya están ocupadas la mayoría de las mesas, hay quienes beben algo ligero, otros comen aperitivos, otros están sintiendo la música y se mueven al compás en medio del local, las luces tenues le dan un aspecto pacífico y relajado al lugar. No distingo la canción que suena de fondo, pero es calmada y perfecta para una primera cita.

Busco un lugar libre, hay algunas mesas desocupadas pero solo una es para dos, está junto a las paredes con de flores y colores, no está mal. Al sentarme llega una mesera, es joven con pelo castaño, tez blanca, su vestimenta consta de jeans y camisa azul fosforescente, se ve más decente que la mesera rubia de la semana pasada.

Pido una cerveza y espero con paciencia a que llegue mi pedido. Faltan cuatro minutos para las ocho en punto, los nervios aparecen de golpe, analizo mi ropa, veo el reflejo de mi maquillaje en la pantalla de mi celular, veo mis dientes a verificar que no quedó rastro de albóndigas, llega la mesera con la cerveza, pero no le presto atención por seguir analizando cada detalle en mí.

-Buenas noches. – ... Esa voz, su voz. Bajo mi celular descubriendo una sonrisa grande en mi rostro.

-Buenas noches, profesora. – Contesto a su saludo mientras se sienta frente a mí.

-¿Qué tal?, ¿ya ordenó? – Ve mi cerveza.

-Sí, ¿gusta cerveza? – Llamo la atención de la mesera con las manos.

-Prefiero una margarita.

-¿No está algo frío para una margarita? – Su sonrisa se hace más grande

-Tal vez. – La mesera llega con papel y pluma, hipnotizada por esa sonrisa, hago el pedido.

-Nos traes una margarita, por favor.

-En seguida. – Contesta la mesera.

-Señorita Vause, me gustaría que dejemos las formalidades por esta noche, por favor, hábleme de 'tú'.

-Como gustes, pero dime Alex entonces.

-A mí Piper. – Nos sonreímos, ella a mí, yo a ella, observábamos nuestros rostros mutuamente, yo me fijaba en sus labios, su nariz, su cabello, pero no pude perderme en su mirada, sus ojos vagaban por mis facciones así como los míos en las de ella y el contacto visual no se culminaba.

-Aquí está su margarita. – Rompe con la atmósfera.

-Gracias – Piper toma un sorbo, noté como sus mejillas se volvían rosadas y trataba de clavar su mirada en cualquier otro lugar que no sean mis ojos, pero se venció, y al dejar la bebida sobre la mesa, nuestros ojos hicieron esa magia que juntos hacen. Ojos azules de misterio, fortaleza, poder, seguridad, se abrieron ante los míos, dejándome observar más allá de lo que esconden. Pude ver la misma curiosidad que en mí había, vi las mismas dudas que yo tenía, vi que no sabía qué esperar y yo lo tampoco lo sabía, detrás de sus miedos, vi su alegría de verme, la misma alegría que yo.

-Entonces, Alex, ¿qué decía Sócrates sobre lo que amamos? – una pregunta sutil para iniciar la conversación que duraría horas, me alegra que ella haya empezado a hablar.

-Dijo, que amamos lo que nos hace falta.

-¿Y crees que eso es cierto?

-Sí, porque, anhelamos lo que no tenemos, el amor busca un bien que sea para siempre.

-Interesante... Y si ya tienes lo que te hacía falta, ¿lo dejarías de amar? – Suspiro sin entender a dónde nos llevará esta noche.

-No. Al contrario, lo amaría más, lo cuidaría para siempre porque ya tendría la experiencia de no tenerlo, y si lo tengo, haría lo que fuese por no dejarlo ir otra vez. -Parece que mi respuesta le encantó, su sonrisa (si cabe) se hace más grande antes de morder su labio inferior y asentir lentamente. - ¿Qué crees tú?

-Creo que necesitaré otra margarita.

Y así empezó la noche. Otra cerveza, otra margarita, otra cerveza, una margarita más.

Reíamos por nervios, reíamos por las ocurrencias de los que estaban a nuestro alrededor, reíamos con sus anécdotas de niña, reíamos por el gusto de escuchar nuestras risas unidas en el aire.

-... Entonces mi mamá me reprendió por haber comido galletas a escondidas durante una semana. Tuvo que cambiar de escondite el frasco unas cuantas veces. -Reí por imaginarme a Piper buscar por su cocina desesperadamente ese frasco.

-Tenías nueve años, ¿quién no quiere comer galletas todo el tiempo a esa edad?

-¡Exacto!, eso le dije a mi mamá. Y siendo sinceras, ¿a quién no le gusta comer galletas?

-Buen punto. -Termino mi tercera cerveza.

-Cuéntame de ti, Alex, ¿por qué Antropología y no modelo? – Me cuestiona tomando de su vaso medio vacío.

-Un día, de adolescente, estaba leyendo una revista sobre crímenes, leí que un antropólogo forense había hecho investigaciones increíbles en un cadáver, esas investigaciones fueron fundamentales para atrapar a un criminal en serie pero no se le dio crédito al antropólogo por la captura. – Juego con la botella entre mis manos sobre la mesa. – Entonces, me quedé reflexionando sobre la importancia de sus descubrimientos y en lo mal que se debió de sentir porque su trabajo no fue reconocido. Me compadecí tanto con el pobre que incluso busqué qué demonios se hacía en Antropología Forense.

-¿Ni si quiera sabías de qué se trataba?

-No. Hasta que leí más y más, y, ¿sabes? Es fascinante porque se tiene el poder de determinar la causa de la muerte, la identidad e incluso se puede recrear la escena del crimen, yo quiero hacer eso. Todos ayudan a los vivos, pero pocos ayudan a los muertos.

-¿Y cómo los ayudarías?

-Haciendo justicia. Dando pistas para atrapar a quienes les hicieron daño. -Piper asiente con la cabeza. – Además, ¿modelo?, ¿bromeas?

-No. Eres alta, hermosa, carismática. Serías alabada en las pasarelas.

-Basta, no es para tanto. -Susurro apenada por su comentario.

-¿Te sientes incómoda?

-Algo. -Piper se ríe.

-Bien, ya no diré que eres hermosa.

-¿Y tú por qué Historia?

-Es fácil. Porque si no conocemos nuestro pasado, ¿cómo mejorar nuestro futuro? Pocos conocen la historia de su propio país, yo me encargo de recordarles de dónde vienen para que no olviden a dónde van y que sepan cómo mejorar el régimen de gobierno.

-Eso es más interesante aún. – Iba a decirle algo más cuando mi celular sonó en mi bolsillo. Al sacarlo, veo que es una llamada de Nicky.

-Contesta, adelante. -Dice Piper levantándose, - yo iré al cuarto de baño un momento.

Se dirige al baño perdiéndose entre la gente. Yo me levanto encargándole la mesa a la mesera para salir a hablar fuera, no es porque la música no me deje escuchar la conversación de manera clara, sino porque quiero desahogar la emoción como se debe, salgo por una puerta de emergencia quedando en el estacionamiento donde guardan los autos de los consumidores. Un guardia parado en la puerta en la parte de atrás me mira con curiosidad, señalo mi teléfono que suena por segunda ocasión y asiente con la cabeza dando a entender que no hay problema que yo esté ahí.

-¡La estamos pasando genial! – es lo primero que digo.

-Me alegro por ti, ¿cómo está mi bebé?

-Está bien, en el estacionamiento.

- Genial. ¿Qué dice Chapman?

-Hablamos de todo, ella es graciosa y divertida. Me hace reír con sus anécdotas, después de los nervios iniciales, la conversación inició con una sencilla pregunta, de ahí...

-Sí, sí, sí -Nicky corta mi discurso – Sólo te llamaba para asegurarme que próximamente me presentaras a una amiga suya, así que no la cagues, Vause.

-Que idiota, primero déjame plantar los pies en la tierra.

-Sofía te manda saludos.

-No le hagas nada, ¿dónde están?

-En la playa viendo las estrellas, pero ya nos vamos a la ciudad otra vez, Sofía tiene sueño – Escucho que Nicky susurra un "aguafiestas" y la risa de Sofi al fondo.

-¿Qué hora es? - Pregunto desorientada.

-Es la hora de que mires tu reloj. Nos vemos, Vause.

-Nos vemos, Nicky. -Termino la llamada y veo la hora en la pantalla del celular. Ya pasan de las diez de la noche y no hemos cenado, entro al bar agradeciéndole al guardia me dejara hablar ahí. Al dirigirme a la mesa, veo a Piper sentada.

-¿Todo en orden? – Me pregunta.

-Sí, todo bien. Iba a preguntarte si te gustaría ir a cenar. ¿Qué dices?

-Me encantaría, Alex, pero antes quiero terminar esta margarita, me la dio la mesera diciendo que un joven me la envió. No sé quién sea pero no quiero rechazar su gesto.

-Te acompaño con otra cerveza. -Le hago señas a la mesara para que me de otra botella, me siento y llega la cuarta botella.

Piper retoma la conversación sobre su pasión por la historia, casi se había tomado la bebida de un sorbo por la prisa de irnos, después, aunque quiso seguir hablando, no tardó mucho con el hilo de la voz pues se tapó la boca y agacho la mirada.

-¿Estás bien?

-No, sentí náuseas y un ligero dolor de cabeza. -Levanta la vista de nuevo. – Lo siento, me estoy mareando. -Recarga su peso sobre la mesa con los antebrazos apoyados en ella.

-¿Piper? -Le toco el hombro.

-No sé qué me pasa, Alex. - Voltea hacia la salida. -No me siento bien. - Trata de tomar aire con la boca -quiero irme.

-Seguro, te llevo. -Pongo dinero sobre la mesa, es suficiente para pagar las bebidas y dejar una generosa propina. Me levanto, paso un brazo de Piper por mi cuello y sin soltar su brazo, coloco mi mano libre en su cintura soportando parte de su peso para que no caiga. -Te tengo.

Los curiosos voltean a vernos pero los ignoro, sigo caminado con Piper pegada a mi costado hasta salir por la puerta principal. Pido al aparcacoches que traigan el auto en el que vine.

-Alex, no me siento bien. -Me dice arrastrando las palabras.

-Lo sé, estás sudando. No te preocupes, te llevaré a un hospital.

-¡No!, los odio. – Trata de reincorporarse pero pierde el equilibrio, si no fuese porque la sostengo, seguro le daría una visita al suelo.

-Piper, tranquila, no pasa nada. -Veo el auto detenerse frente a nosotras. Con ayuda del chico meto a Piper en el asiento trasero, le pongo el cinturón pero se lo quita y se recuesta a lo largo del asiento.

-Así, mejor así – Dice somnolienta.

-Como quieras princesa, es tu carruaje. -Cierro la puerta y entro al asiento del piloto. Arranco manejando rumbo al hospital más cercano.

-Alex, creo que voy a vomitar. – Abro las ventanas – No me siento bien, Alex, llévame a casa.

-Piper un doctor te tiene que ver...

-No, ya te dije que odio los hospitales. Por favor, llévame a casa.

-Bien, ¿dónde vives? – No pienso en llevarla a su casa, la llevaré al hospital pero no quiero que se altere más.

-Avenida Washington, cerca de la Academia Central de... de Mú... voy a dormirme.

-No, Piper, no te duermas, ¡Piper! – Veo por el retrovisor su cuerpo recostado. Estoy preocupada, aterrada más bien. Lo más seguro es que esa estúpida mesera le haya dado una bebida adulterada.

-Alex... -Piper se sienta y me abraza por detrás del asiento del conductor. – Te amo – susurra en mi cuello y lo besa.

-Piper, detente, no estás bien.

-¡Sí lo estoy! – no la puedo ver porque está a mi espalda, pero apuesto que está haciendo berrinches. -Alex, me gustas, me gustas mucho. – Habla fuerte pero sus palabras están mal pronunciadas y arrastradas por su voz. -¿Sabes por qué te dije que quería la cerveza después de la graduación? -No sé qué es peor, que se duerma estando drogada o que se me declare estando drogada.

-No, ¿por qué? -Esto puede servir a mi favor.

-Porque después de tu graduación, yo dejaré de ser tu maestra, y así podemos salir juntas, como pareja. ¿Qué dices?

-Digo que estás drogada y que un médico tiene que revisarte.

- ¡No! Odio los hospitales. -Quita sus brazos de mi estómago rompiendo el abrazo. -Alex, ¿yo te gusto? -No le respondo. - ¿Alex? – En mis sueños, nuestras declaraciones de amor eran en un atardecer caminando tomadas de la mano a orillas de la playa descalzas mirándonos a los ojos. - ¿¡Alex?! – No sé qué decir. - ¡Alex! -Primero dice que me ama y ahora me grita. -¡Alex cuidado!

-¿Qué? – Veo una luz blanca abriéndose paso dentro del auto, me cega la intensidad de los faros que se acercan a gran velocidad por la derecha, el golpe de aceros es inevitable. Las bolsas de aire salen de su escondite, se escuchan llantas rechinar sobre el asfalto, veo vidrios flotando a mi alrededor, pequeñas gotas de sangre acompañan a los vidrios en su viaje, es como si la gravedad no existiera dentro del auto, por la ventana miro la camioneta que nos golpeó al revés. No entiendo qué pasa. El grito de Piper es de terror, me contagia de miedo escucharla así, un instinto protector se apodera de mi cuerpo y es cuando las velocidades de las cosas vuelven a su normalidad. Siento mi cuello ser sacudido fuertemente por la caída, el techo se contrae y se raspa contra la carretera. ¡Piper!

-¡Brus, vámonos! - ¿Brus?, ¿Homer? Escucho voces fuera, la obscuridad de la noche reina en los alrededores, pero la luz de los faros insiste en mostrarme la sombra de unos pies acercándose.

-¡Larguémonos de aquí!, ¡vámonos! – La voz me suena familiar, ya la había oído antes pero estoy tan aturdida que no puedo distinguir de quién es.

El sonido de las puertas de la camioneta cerrarse y las llantas derrapar por la aceleración retumban en mi cabeza con agresividad.

-¿Piper? – Pregunto con una voz apenas audible que jamás había escuchado de mí. - ¿Piper? - Ya no escucho sus gritos, no escucho sus quejas, no escucho sus risas. Mis ojos se cierran, MI cuerpo cuelga entre el asiento y el cinturón de seguridad, me duele, pero duele más no escuchar a Piper.

NOTA: Lamento la demora, en serio. Muchas gracias por seguir la historia.