Día 20 en la Tierra 39-81.
La luna se encontraba en el punto más alto del cielo y su luz era opacada por los miles de focos que se encontraban en los edificios y carros. La noche era tranquila para esa parte de la ciudad mientras que para la otra era un calvario. Un infierno hecho realidad cerca de Nueva Jersey provocaba pánico entre las personas, pero eso no afectaba a los habitantes de aquel edificio.
Natasha Stark sostenía una taza de té mientras veía las luces de los edificios desde el balcón del pent-house. A pesar de que el viento corría frío, la mujer solo era arropada por una gran camisa que le llegaba a la mitad del muslo y unos calzones. Era de esas noches en las que no podía dormir, en las que los errores del pasado y traumas escondidos salían a la luz y atormentaban su mente. No podía ni cerrar los ojos porque imágenes salían. Ella cayendo del agujero en el cielo hecho por Hela, ella encerrada en una cueva siendo abusada noche tras noche y las miles de botellas de alcohol tiradas en su casa para olvidarse de todo. Era de esas noches en las que se daba cuenta de que todo en ella estaba mal. Su pecho se estrujó y una lágrima descendió por su mejilla, quemándola ligeramente.
-Así que no puedes dormir. -La dulce voz de Steve la sobresaltó, provocando que rápidamente se quitara la lágrima que había desbordado para poder fingir que no sucedía nada, pero Steve no era ciego. El hombre la miró unos segundos para después recargarse en el barandal que impedía su caída-. No tienes por qué sentir vergüenza, todos lloramos -expresó Rogers con una tierna sonrisa, esperando calmar a su compañera.
-Pero no a todos les gusta que los vean -respondió Tasha sin apartar la vista de la ciudad.
-Supongo que es cierto. -Terminó por decir. Lo que siguió, fue unos segundos de silencio, momentos en los que miraron a la ciudad como si estuvieran ante una hermosa obra de arte.
-Steve -llamó Natasha de un segundo para otro-. ¿Extrañas tu época? ¿Extrañas a la Tía Peggy?
La pregunta sorprendió al mencionado, quien tardó en contestar unos segundos-. A veces -habló cuando ya estaba seguro-. Pero sé que no puedo volver y que ellos no volverán -concluyó de forma seria, tratando de no pensar en el dolor que eso le provocaba.
Stark lo miró con condescendencia por instantes, después comentó: -Debiste irte con Nat, ella te necesitará en la misión, -cambiando de tema.
-No lo creo -contestó Steve-. Además, tengo la sensación de que alguien me necesita más aquí.
-Jamás he necesitado de un niñero, Rogers. -Tasha frunció el ceño.
-Pero de un amigo sí. -La miró.
Ante la respuesta, Natasha lo volteó a ver y por consecuencia, ambos se miraron a los ojos. Los ojos azules de ambos se perdieron en el otro tan solo unos instantes, segundos en los que Steve pudo ver el miedo y tristeza de Stark; momentos en los que Tasha pudo ver la preocupación y melancolía de Steve.
-Steve… -habló en voz baja la mujer-. ¿Por qué siempre peleamos? -preguntó con una sonrisa traviesa-. Digo, eres buena persona y cuando quieres buena onda, no entiendo porque tú y yo no salimos. -Señaló primero a Steve y después a ella en forma de broma.
El mencionado soltó una carcajada que al principio sonó estruendosa para después convertirse en una tenue melodía. Stark no recordaba la última vez en la que escuchó reír a Steve, es más, no recordaba haberlo escuchado algún día con alguien que no fuera Nat; se sintió dichosa ante ello, por lo que ella lo acompañó, entrelazando las dos risas y creando una melodía que viajaba por el viento.
El momento se vio cortado cuando el sonido del ascensor apareció, provocando que los dos amigos miraran en dirección a este. Un mal herido Dios del Trueno apareció entre la luz del elevador con una mano en su hombro, sobando el golpe que recibió en ese lugar hace un par de horas atrás.
-¡Thor! -exclamó Steve con sorpresa mientras corría hacia su amigo-. ¿Qué sucedió? -preguntó con preocupación. Tomó el brazo derecho del dios y lo puso alrededor de sus hombros para poder ayudarle a caminar.
-Parece que cierto doctor se puso intenso -comentó Tasha al llegar con ellos-. J.A.R.V.I.S, haz un chequeo general Thor -mandó.
-Hubo un ataque en el puente al que fui -contestó Thor entre cortado, recargándose en Steve-. Pero lo detuvimos.
-Tiene múltiples heridas en el abdomen, pero ninguno de gravedad -habló la I.A.
-Muy bien, beach boy. -Tasha ayudó con el otro brazo-. ¿Alguna idea de quién pudo hacerlo?
-Un tipo con máscara de calavera. -Acostaron a Thor en el sofá de tres plazas.
-Iré por el botiquín -avisó Stark antes de ir en busca del objeto.
-¿Una máscara de calavera? -repitió Steve-. ¿Iba por alguien? -preguntó serio.
-No lo sé, pero… usó como escudo a alguien… -Tragó saliva-. Replicaba todos mis movimientos a la perfección.
-Taskmaster. -Tasha afirmó, agachándose a un lado de Thor para poder limpiar la herida que tenía en la frente. Los demás la miraron sin decir nada, esperando que continuara-. Por la descripción pienso que es él. Es un mercenario. Lo más probable es que haya ido por algún encargo y ustedes quedaron en medio. -Con un algodón dio toquecitos en la frente para quitar la sangre.
-¿Deberíamos preocuparnos? -dijo Steve, observando los movimientos de su compañera.
-Es un mercenario, Steve. Ese tipo de personas solo actúa por dinero y no afectan a terceros -respondió, restando importancia.
-A mí me parece que hizo daño a la mayoría -replicó Thor-. Habían heridos y ambulancias, Stark. Sin duda deberíamos preocuparnos.
De alguna manera el comentario molestó a Natasha, quien paró de quitar la sangre y cerró el botiquín-. No podemos encargarnos de todos los "villanos" -hizo comillas con sus dedos.
-Ese es nuestro trabajo. -Steve la miró.
-¡Pero no somos los únicos! -Alzó la voz-. ¡Hay más héroes en Nueva York y el mundo! ¿Por qué debemos de hacernos responsables de todos? ¡Ahí está Daredevil, Ant-man y Wasp, Spider-man e incluso Los Cuatro Fantásticos! -Sabía que sus comentarios sonaban egoístas, pero los decía de forma sincera. Ya estaba cansada de que a ellos se les culpara de todo, de que vieran sus errores antes de sus logros, que existieran miles de programas y sitios web dedicados a criticarlos, a repetir que necesitaban ser controlados. Y tal vez sí, sí era su culpa las incontables veces que alguien resultaba dañado, tal vez sí necesitaba ser controlada, tal vez sí hacía más daño de lo que reparaba… tal vez sí debía dejar de ser ella.
Steve la miraba con el ceño fruncido, sin entender por qué de su comportamiento. Repasó la conversación en su cabeza para buscar el comentario que pudo ofenderla, pero no encontró tal. No entendía la razón de su reproche, por lo que terminó por decir-. Lo sé, sé que no somos los únicos, Stark, pero si podemos ayudar a los demás, si sabemos cómo ayudarlos, debemos intentarlo. ¿No darías lo que fuera por reparar tus errores?
-Un día habrá alguien a quien no podamos derrotar -advirtió Tasha.
-Entonces, cuando ese día llegue, estaremos juntos. -Hizo una pausa-. Si nos derrotan, que sea juntos.
Tasha no dijo nada más, ni siquiera lo miró de regreso, se limitó a levantarse del suelo, tomar el botiquín e irse a alguna parte que no fuera ahí.
Thor, quien observó todo, suspiró-. ¿A caso dije algo mal? -Se incorporó.
-No, amigo. -Steve le sonrió-. Pero creo que hoy es de esos días.
-¿Te refieres a "esos días"?
Steve lo miró con una ceja alzada-. Me refiero a los días en los que emocionalmente estamos mal.
Thor asintió, entendiendo a lo que se refería.
-Creo que debo ir a dormir -expresó Steve al mismo tiempo que daba media vuelta y se dirigía a su habitación.
El asgardiano lo vio subir las escaleras y cuando Rogers por fin estuvo a segundos de adentrarse al oscuro pasillo, comentó-. Harías bonita pareja con Natasha.
-¿Con cuál de las dos? -Sonrió divertido sin detenerse.
-Esa es tu decisión.
Una movida melodía se extendía por los cuartos del apartamento, retumbando en las paredes de este, provocando que se movieran un par de cosas. La música estaba tan alta que la melodiosa voz de la cantante podía ser escuchada en el piso de arriba y abajo simultáneamente. Nadie estaba en casa, nadie más que él, y si era sincero, se sentía tan bien tener un momento a solas. Pero este momento no se asemejaba a los que tenía en Asgard, a esas incontables horas que pasaba solo, sino que era relajante, le propiciaba tranquilidad estar ahí, danzando como un idiota por todo el lugar. Sentía una paz que jamás había sentido estando solo, era como si por primera vez deseara pasar tiempo consigo mismo, sin nadie más que su persona.
Loki tomó de la nevera una lata de crema batida y vertió un tanto del contenido en su boca al ritmo de la canción que escuchaba. Agarraba el envase como si de un micrófono se tratase, mientras se movía de un lado a otro y gritaba la letra de la canción. Traía puesto una camisa blanca holgada en la parte de arriba y en la de abajo, solo su ropa interior junto a unos calcetines.
-I used to think -cantó-, that we were for ever, ever. -Se recargó en la pared-. And I used to say, never say never. -Cerró los ojos-. So he calls me up and he's like: I still love you. -Hizo un par gesticulaciones-. And I'm like, I'm just , I mean this is exhausting, you know… -Y el timbre sonó.
Loki dio un salto, alarmado, mientras buscaba entre la sala y la cocina el celular para apagar la canción. Sentía el pánico y la vergüenza apoderarse de su ser con cada segundo perdido, simplemente sentía un terror inmenso al saber que alguien lo escuchó cantando aquella melodía. Encontró su celular a un lado de la bocina, apagó ambas y se dirigió a la puerta, fingiendo que nada había pasado y que la música era de un vecino cualquiera. Abrió la puerta para encontrarse con una Verity Willis confundida.
-¿Estabas escuchando a Taylor Swift? -preguntó incrédula una vez dentro del apartamento.
Loki permaneció unos segundos en silencio mientras pensaba en la excusa que diría, sintiendo una profunda vergüenza-. Estaba en el celular de Tom -respondió.
-No lo creo, Tom no es muy fan de Taylor -Willis, mantuvo un contacto directo con su amigo, viéndolo con el ceño fruncido como si de un bicho raro se tratase.
Un incómodo silencio se extendió por el lugar y Loki solo trataba de desviar la mirada a otro lugar que no fuera la midgardiana. Terminó por decir: -Bueno… como sea… -En voz baja-. En todo caso, ¿a qué viniste? -cambió de tema.
La chica de lentes lo observó unos segundos más para después restarle importancia a su anterior conversación y concentrarse en esta nueva-. No te veía desde hace dos días y pensé que después de la paliza que te dieron en el puente de Washington… No sé si… quieras relajarte un poco. No vine ayer porque pensé que estarías reposando… A todo esto… ¿dónde está Clarisse?
-En primer lugar, no solo me dieron la paliza a mí, también fue a Thor y terminamos venciendo al tipo de la máscara -se excusó.
-Sigue libre.
-Omitamos esa parte. Segundo, sí, estaba descansando en la cama, fingiendo que tuve un arduo día en el trabajo para que la madre de Thomas no sospechara que me arroyó un camión. -Verity asintió-. Y tercero, ella fue a ver algo sobre su regreso a Londres.
-¿Ya se va a ir? -Willis lo miró sorprendido.
-Sí, en un par de días. Dice que espera que la visite pronto y no creo que pase, al menos que en un mes esté en mi mundo y Tom pueda hacerlo.
Verity guardó silencio unos segundos antes de preguntar: -¿Y qué pasó con Thor? ¿Irás a Asgard?
-No lo sé. -Loki se dirigió al sofá de tres plazas y se acostó en él, Verity lo siguió, pero ella se sentó en el sillón de enfrente-. Tuvimos una plática extraña. Le repetí que era su hermano y le conté un par de recuerdos que pasamos juntos, uno lo vivó él aquí también. Me cuestionó quién era yo y el ataque cortó la plática. No lo he visto desde ese día.
-Bueno, tampoco es como si hubieran pasado muchos días. Tal vez solo está procesando el "hey, soy Loki y soy tu hermano en otra dimensión".
El comentario hizo sonreír al jotun-. No pasó así -dijo.
-Posiblemente no, pero en síntesis sí. -Ladeó la cabeza-. Ya son las cuatro de la tarde, ¿te parece si vamos por unas hamburguesas y después a mi apartamento?
-¿Y luego a tu lugar especial? -Loki la miró.
-Síp, y luego a mi lugar especial. -Verity sonrió con sinceridad, ocasionando que Loki también lo hiciera-. Así que… -Se paró de su asiento-. ¿Me haría el honor, aquí el príncipe de Asgard, de ir a comer conmigo? -preguntó con galantería en un intento de imitar una voz varonil, al mismo tiempo le extendía la mano para que Loki la tomara. El Dios de las Travesuras observó la mano extendida de Verity sin saber si seguir el juego o no; jamás había recibido tal gesto y por un segundo temió que fuera alguna ilusión provocada por su magia y desesperación. Aceptó la mano.
Verity le regaló una sonrisa, apretó la mano de Loki y lo ayudó a incorporarse, posteriormente se dirigieron a la puerta, aun con las manos entre lazadas y salieron del apartamento para dirigirse al elevador. Se soltaron las manos una vez que las puertas se cerraron y al pisar la planta baja, pidieron un taxi. No cruzaron palabra en el trayecto, solo se limitaron a estar en su mundo. Loki miraba los edificios hacerse pequeños con cada metro que se alejaba de Midtown Manhattan, mientras que Verity habló un par de segundos por el celular para pedir el par de hamburguesas con papas que había dicho con anterioridad.
El auto se detuvo enfrente de un local que poseía un toldo retráctil de color rojo, proyectando una sombra que cubría un par de mesas, una de ellas estaba ocupada por una pareja; el local se veía sencillo, paredes de color blanco y un menú pegado en la puerta corrediza. Verity bajó y pagó el servicio, obligando a Loki a seguirla. El dios escuchó el motor arrancar detrás de él al mismo tiempo que fruncía la nariz, seña que mostraba su descontento por el lugar.
-¿Qué? ¿Esperabas algo lujoso? -preguntó Verity con una sonrisa burlona.
Loki desvió la mirada, metió las manos en sus bolsillos y la siguió. Entró al lugar sin ganas, mirando a todas partes e incluso esquivando a una que otra persona. El establecimiento estaba lleno por dentro, además de ser más grande de lo que pensó. Observó a una familia reír en una mesa del fondo, a un par de amigos charlar gustosos en la mesa cerca del baño y por ultimo a una mujer con su hija a una mesa de distancia de él; terminó por desviar su atención de la clientela para dirigirla a la interacción que tenía Verity con el cajero de abundante barba.
-¿Cómo le va, Dr. Hiddleston? -saludó alegre el hombre mientras tomada el dinero que Willis le daba.
-¿Bien? -contestó no muy convencido de su intervención. El hombre asintió con una sonrisa, dándole el cambio a la detectora de mentiras.
-Les darán la orden en unos segundos -avisó el hombre antes de retirarse.
-¿Qué no se supone que llamaste para que ya estuviera? -cuestionó Loki con los brazos cruzados y una mueca de fastidio.
-Tranquilo, ya nos darán la comida.
En cuanto Verity terminó la frase, un chico de cabello castaño alborotado y una sonrisa de felicidad apareció junto a una bolsa grande de papel-. ¡Pedido para la Srta. Willis! -exclamó.
-Aquí estoy -contestó la mencionada, devolviendo la sonrisa.
-¡Hey! Ver, ¿cómo estás? -preguntó el chico mientras daba el pedido.
-Muy bien, Daniel. ¿Tú?
-Excelente. -Miró a Loki-. ¿No vas a saludarme, Tom? -preguntó pícaro, mientras veía al mencionado con una sonrisa traviesa, como si aquel joven y él compartieran algún secreto.
El asgardiano lo miró con el ceño fruncido y respondió-. Hola -de mala gana, lo que ocasionó que el joven hiciera una mueca.
-Qué cruel eres, Tom. Tal parece que te olvidaste de lo nuestro. -Fingió estar triste.
Loki abrió un poco la boca y, confundido, miró a Verity en busca de ayuda. La mujer solo rio ante la expresión de su amigo; para calmar la situación, terminó por despedirse del joven, tomar a Loki del brazo y salir del lugar.
El apartamento no estaba lejos del establecimiento, de hecho, tan solo los separaban dos cuadras, razón por la que Verity decidió que se irían caminando. El paisaje ahora era diferente, los rascacielos pasaron a ser edificios de no más de seis pisos de altura con gente de salario promedio viviendo en sus metros cuadrados. La cantidad de gente que caminaba por la banqueta era menor a la que se veía en el corazón de la ciudad, e incluso la mayoría lucía prendas más sencillas en comparación con los habitantes de Midtown Manhattan, quienes siempre traían un impecable traje de sastre. Loki notó que la mayoría portaba una sonrisa sincera en su rostro a pesar de que esa parte de Nueva York no sea la más lujosa.
Los segundos habían pasado cuando Willis decidió preguntar: -¿A caso eres homofóbico? -con una ceja alzada.
-¿Qué? No -respondió extrañado.
-¿Entonces por qué te sorprendió que te coqueteara un hombre? -cuestionó.
-El problema no es que sea un hombre, el problema es que me coqueteara -habló con soberbia, lo que provocó una sonrisa divertida en Verity.
-¿O sea que el Dios de las Travesuras no puede relacionarse con simples mortales?
-Así es -bromeó.
Verity soltó una carcajada-. Eres un idiota y -dio énfasis en la "y"- mentiroso.
-Es la verdad. -La vio, esbozando una sonrisa.
-Creo que alguien no recuerda que puedo ver las mentiras. -Se llevó el dedo a la nariz, tratando de hacer referencia a Pinocho-. Y tú, mi querido amigo, estás diciendo una.
Loki desvió su mirada con una mueca que figuraba ser una sonrisa.
Llegaron al edificio unos minutos después, subieron las escaleras y entraron al apartamento. El lugar seguía como recordaba, por lo que Loki no perdió el tiempo en observar las pertenencias de Verity. Tomó la bolsa de hamburguesas por petición de la mujer, mientras que ella buscaba una manta y un par de vasos para las bebidas, al encontrarlos prosiguieron a subir las escaleras de emergencia para llegar al lugar especial de Verity. Estando ahí, la propietaria del lugar extendió la tela color rojo en el suelo, en donde puso los vasos de las bebidas y se sentó, dio unas palmaditas al espacio a un lado de ella, invitando a Loki a sentarse. Loki obedeció a regañadientes.
Ya sentados y relajados, comenzaron a comer sin decir palabra alguna, solo en compañía del otro. Los segundos pasaron y con ellos los minutos, las horas; podían darse cuenta del paso del tiempo a causa del sol, quien ya no se encontraba con ellos, pues había sido sustituido por el manto azul que portaba una que otra estrella en su superficie.
No cruzaron palabra desde que llegaron al lugar y no era porque se ignoraran, solo estaban cómodos con su silencio, incluso se recostaron en el suelo para poder observar el cielo nocturno. El viento corría frío y las luces de la ciudad rodeaban el edificio, pero a ellos no les interesaba la civilización, sino el infinito cielo que se extendía ante sus ojos, aquel universo lleno de vida estaba frente a ellos y eso lo volvía maravilloso.
-¿Sabes, Verity? -expresó Loki de un segundo a otro sin apartar la vista del cielo-. Eres la única persona a la que no le he dicho una mentira -confesó con tono suave.
Verity se giró sobre su lugar para verlo-. ¿Por qué será? -preguntó con una ceja levantada, mientras observaba el rostro del dios iluminado por las luces de la ciudad.
-Independientemente de que si puedas o no saber cuándo miente alguien, solo es que me aspiras tal confianza. -Y era cierto, Loki no recordaba una conversación con aquella mujer en la que él haya dicho una mentira; sí, había bromeado un par de veces, pero sus comentarios no eran para ocultarle información. La confianza que ella emanaba era tal que no dudó en decirle quién era él cuando se conocieron la primera vez.
Verity permaneció en silencio, esperando que su amigo continuara y así lo hizo.
-¿Sabías que yo provoqué el ataque a Nueva York en mi mundo? El ataque de Hela… fui yo en mi hogar -dijo con voz baja-. También usurpé el trono de Asgard y provoqué que desterraran a mi hermano. Incluso traté de matarlo en muchas ocasiones. Casi mato a Odín y maté a mi padre biológico. Todo eso sin contar a los cientos de personas que murieron en el ataque o que dañé en este...
»Realmente jamás me sentí culpable de todo eso, jamás sentí que había hecho algo incorrecto hasta que… hasta que vi a mi madre sufrir por mis acciones. Fue ahí donde me di cuenta de que no solo lastimé a desconocidos, sino que también a la gente que me importa. -Hizo una pausa-. Mi condena fue permanecer en el palacio observando como Asgard prosperaba sin mí, como mi pueblo era feliz no gracias a mí. Mi magia era regulada por mi madre, por lo que cada hechizo que usaba, ella debía de aprobarlo para que funcionara. Thor rara vez venía a mi habitación a charlar conmigo y pasaba exactamente lo mismo que con mi madre. Y Odín solo hablaba conmigo cuando había celebraciones en el palacio, a las cuales también debía de ir con guardias custodiándome todo el tiempo. Fui condenado a ver desde mi soledad a la gente ser feliz.
Verity esperó unos segundos antes de preguntar: -¿Por qué atacaste a La Tierra en primer lugar?
Loki frunció el ceño al mismo tiempo que pensaba la respuesta-. Solo quería obtener a Midgard por mi hermano -confesó por primera vez en su vida-, quería salir de su sombra, demostrar que podía ser alguien sin él. Quería a Midgard antes de que Thor la obtuviera, así que hice una alianza. Lo único que debía hacer era dar la gema del espacio a un titán loco, entonces La Tierra sería mía. Sabía qué debía hacer y qué era lo que enfrentaría si fallaba; sabía bien quién era y cómo lo lograría… También me dieron un cetro, ¿sabías? En él estaba la gema de la mente, por lo que podía manipular a cualquiera con solo un toque. Pero algo pasó cuando tomé el cetro… fue como si la gema hubiera cavado en mi mente y encontrado eso que tanto odio, para después sacarlo a flote. No culpo a la gema ni mucho menos, sé que fue mi culpa. Sé que fue mi envenenado ser quien salió a la luz gracias a ella, quien me dejó ver el odio que tenía oculto.
-¿Y qué era eso? -Se aventuró a preguntar Verity sin quitar su mirada de las expresiones del jotun-. ¿Qué odias tanto?
-A mí -Hizo una pausa-. La gema me mostró cuanto odio me siento y eso era algo que no toleraba. Yo, quien siempre me jacté de ser mejor que todos.
»Esos días fue como si… todo lo que la gente pensaba y creía de mí fuera verdad. Esos días me convertí en el verdadero Dios de las Mentiras, Travesuras y Caos.
El ambiente se tornó triste e incluso pesado. Loki no continuó, solo cerró los ojos, derramando una única lágrima; en ese momento Verity supo que aquel hombre había desnudado su alma por primera vez y que lo hizo frente a ella, supo que su arrepentimiento era genuino y que sus palabras eran verdaderas. Ya no era "Loki, el príncipe de Asgard" o "Loki, la otra versión de Tom", ahora solo era Loki, el hombre que tuvo la valentía de confesar sus pecados y arrepentirse de ellos enfrente de una desconocida.
-Yo me comí un anillo -comentó de un segundo a otro. Loki giró su cabeza para verla a los ojos con el ceño fruncido, claramente confundido-. Esa es la razón por la que veo a través de las mentiras. Me comí un anillo.
El comentario de su amiga había sido tan fuera de lugar que él la miró unos segundos más sin decir nada antes de soltar una carcajada con los ojos cerrados que se convertiría en una melodía que sonrojó a Verity. Fue ese pequeño momento en el que Loki se mostró tal y como era, sin ilusiones, sin engaños, solo él mismo. Además, fue ese también el momento en el que Verity pudo escuchar la risa más sincera jamás creada.
El sonido se calmó poco a poco y cuando por fin hubo silencio, los ojos de ambos se encontraron, quedándose hipnotizados por el otro por segundos. Acercaron sus rostros poco a poco y cuando menos lo esperaron sus labios ya estaban unidos. El momento se terminó tan rápido como comenzó, ambos se separaron al darse cuenta de lo que hacían. Seguían sentados en el suelo, pero con un metro de separación.
-Besé a mi mejor amigo… -expresó Verity en voz baja. Miró el suelo unos segundos antes de sacudir su cabeza-. ¡Por Dios, besé a mi mejor amigo! -La culpa comenzó a inundar su ser. No solo se dejó llevar, sino que besó a la persona que su ex amaba. En ese momento se sentía como la peor amiga de todos. Tocó sus labios y volvió a sacudirse-. Mierda…
-No fue tan malo. -Loki puso los ojos en blanco, restándole importancia al beso. Ante la respuesta, Verity lo miró con el ceño fruncido y le dio un leve golpe en el brazo izquierdo; por consecuencia, Loki sonrió divertido-. Bien, bien. Lo siento. -La mujer lo siguió mirando de mala forma-. Tú también discúlpate.
Verity bufó antes de decir apenada: -Lo siento, fue el momento.
-Sí, yo también lo siento -se disculpó de forma sincera, pues para él, el beso no fue más que un impulso del momento, una acción que no pensó mucho. Un error.
Ya había tenido besos y ninguno se sintió tan incorrecto como el que habían tenido, tal vez se debía que por primera vez Loki consideraba a alguien su amigo y no quería echar a perder ello.
-¿Y qué harás? -La voz de la mujer lo sacó de sus pensamientos-. ¿Qué harás con respecto a lo que me dijiste? ¿Volverás a casa a pesar de que tu destino sea la soledad?
Loki no contestó al momento. Meditó un poco su respuesta antes de decir: -No lo sé, pero primero quiero tener el boleto de salida. Después decidiré si irme o no.
-Stephen no ha encontrado nada. ¿Alguna otra idea?
-Tal vez algo menos mágico…
-¿Qué tal Jane Foster? La ex de tu hermano. Recuerdo haber leído un artículo sobre ella y una investigación sobre multiversos.
Los ojos de Loki se iluminaron de un segundo a otro-. ¡Tienes razón! ¡Podría ir a verla! -exclamó-. ¡Verity, eres una genio! -Se movió unos centímetros hacia ella y la abrazó.
Y ahora tenían otro momento, uno que no pensaban arruinar con un estúpido beso. El cálido abrazo hizo que Verity recordara a su mejor amigo, y aunque en un principio le sorprendió el gesto, lo devolvió. Rodeó la espalda de Loki con fuerza, tratando de aferrarse a él lo más que pudo. Cerró los ojos.
El abrazo se sentía como si parte de Tom estuviera en Loki, como si su mejor amigo hubiera vuelto en ese instante. O tal vez solo sentía que la persona a la que abrazaba era Tom porque él y Loki eran la misma persona, sin importar su pasado, presente o futuro.
Fue ese el instante donde Verity Willis supo que Loki y Tom eran la misma alma, la misma esencia, sin importar nada.
-
¿Les gustó el beso? Realmente lo puse porque los shippeo mucho jajajajaja. Lo siento :c
