-Intentamos comunicarnos con Piper Chapmas, pero no respondía sus números de referencia, ya le han dado de alta del hospital y al ir a su domicilio ella no se encontraba en casa. ¿Sabe dónde puede estar?
-Es "Chapman", y no, no sé dónde pueda estar.
-Bien, en ese caso y debido a que es vital no perder más tiempo, le comunicaremos los avances. ¿Reconoce a éste hombre? - El sujeto me enseña una fotografía de…
-Homer, Brus Homer. Él es un ex compañero de mi clase en la Universidad.
-Bien, ¿y a éste? – Pregunta sacando y levantando una fotografía de alguien que apenas hace unos días salía de la habitación de Piper en el hospital.
-Sé que su apellido es Nirmed, él va en mi clase, es amigo de Homer.
-Muy bien, tenemos una declaración anónima acusando al joven Brus Homer como el causante del desafortunado evento en donde usted y la señorita Chapman… -esta vez lo dijo bien- … fueron afectadas y tenemos la declaración del joven Homer acusando a Óscar Nirmed… - Óscar, ¡claro! -… pero en donde el mismo Homer se declara inocente.
-¿Y eso que quiere decir? – Indaga Nichols.
-Que se tienen que preparar para un juicio. Tienen que conseguirse un abogado, si no pueden pagar uno el Estado le otorgará uno de oficio.
Nicky posa su mano en la mía sobre la mesa antes de compartir una mirada de total apoyo. Minutos después, Nichols me abre la puerta del coche y deja mis muletas en el asiento trasero.
-Vause, tenemos que hablar con Chapman. – Dice al ponerse su cinturón de seguridad.
-Lo sé, pero si la policía no la encuentra, ¿crees que nosotras sí?
-Pues no sé, pero tienes que contactarte con ella y decirle que esto es más serio de lo que creíamos.
-Te recuerdo que no quiero saber nada de ella.
-Y yo te recuerdo que tienes todo a tu favor. Escucha, si la policía corroboró tu versión con las cámaras de seguridad del bar, y la afirmación de la mesera con esa bebida, y además hay declaraciones que acusan al idiota de Brus, ¡vamos Vause! Puedes meter al tipo a la cárcel.
-Nicky, yo sé que debemos actuar legalmente, pero entiende, no quiero ver a Piper.
-Pues me vale media rebanada de pan, tienes que contarle lo que la policía encontró para que así…
"-Así fue, te lo juro. – Sofía no paraba de reír contando su propia anécdota.
-Espera… espera… ¿puedes repetir lo que tu compañero hizo?
-Él estaba bailando en medio de la sala de quirófanos sólo para que la viejecilla se olvidara de la inyección de anestesia, lo más gracioso fue que la señora estaba intentando bailar con él mientras le levantábamos el brazo para inyectarle. – Me alegró tener a Sofia conmigo, ella siempre me hace reír de una u otra manera. -Y esa fue la experiencia más divertida hasta el momento….
-¿Y si baila bien?
-No lo sé, pero no baila mejor que tú, te lo aseguro.
Después de que el hambre nos agarrara en la playa, nos fuimos al hotel donde se hospedó Sofía, rentó la habitación una sola noche pues el domingo tuvo que regresar a terminar unos pendientes que dejó. Entonces, entre aperitivos, cerveza y más jugo, ahí estábamos las dos, sentadas en la terraza de su habitación recargadas en la pared junto a la puerta que da acceso a dicha terraza, compartiendo la misma manta para cubrirnos del frío y el sereno de la madrugada, alternábamos nuestra mirada desde el cielo estrellado, hasta nuestras manos entrelazadas, y de vuelta al cielo. Sofía me habló de todo un poco, me explicó la historia de un par de constelaciones que, según ella, estaban puestas en el cielo de manera evidente, pero yo solo veía un montón de estrellas parpadeantes sin patrón alguno.
-¿Recuerdas cómo nos conocimos? – Me preguntó al recargar su cabeza en mi hombro.
-Sí, lo recuerdo. Tú estabas sentada en una banca a mitad del patio comiendo tu almuerzo…
-… Tú llegaste y me pediste mis apuntes de álgebra...
-… Y tú me dijiste que para qué los quería si yo fui la que más participó en clase.
-Eras y sigues siendo un cerebrito.
-Pero tú siempre has sido más inteligente que yo…
-Bueno eso es cierto.
-Cuánta modestia, Sofi.
Una leve risa se escapó de nuestros labios, su aliento chocó en mi cuello y el placentero cosquilleo en la parta baja de mi abdomen apareció.
-Oye, creo que es mejor que vayamos a la cama para dormir… -Sugerí incómoda por el calor de su respiración en mi cuello. Sofía se removió en mi hombro acomodándose mejor para que su boca rosara mi ojera derecha.
-Alex, sí quiero ir a la cama, pero no quiero dormir. – Un susurro y un leve apretón que unió más nuestras manos enlazadas fue suficiente para caer en la cuenta que yo también quería ir a la cama.
-Debemos dormir, en unas horas tomarás un vuelo de regreso y…
-Y es por eso que hay que aprovechar el tiempo que nos queda…
No lo vi venir, sus labios siguen siendo igual de suaves, dulces y cálidos como los recuerdo. Me tomó unos segundos corresponder a su beso, pero al seguirle el ritmo escuché un gemido, tardé otros tantos segundos para saber que ese gemido provino de mi garganta. Lo que comenzó con un suave roce de labios, pronto se convirtió en una batalla por ver quién dominaba a quién.
Su pierna derecha se alzó colocándose cerca de mi muslo izquierdo quedando mis piernas como prisioneras de sus caderas soportando su peso. Sin darle tregua a sus labios, quité la manta de mi espalda para abrigar a Sofía sentada a horcajadas sobre mis muslos, el calor de nuestros cuerpos se hizo uno poniéndole más sabor al asunto, las lenguas juguetonas quisieron sentirse y ambas dimos acceso a nuestras bocas para que así fuera. Las manos confiadas de Sofía pasaron de mi cabello a mis pechos y las mías, como era de esperarse, se amoldaron al culo de Sofía palpando la firmeza de sus curvas.
-¿Segura que quieres dormir? -Me preguntó víctima de la excitación.
Mi respuesta se limitó por besos en su cuello sacándole jadeos que variaron en intensidad cuando mis dientes mostraron mi deseo.
No era necesario las palabras, ambas lo queríamos y no hicimos nada para detener la lujuria que crecía cada segundo que pasaba. Cuando Sofía rompió con la atmósfera, se levantó, me tendió su mano y al levantarme, me recargué en la pared cuidando de no pisar con la férula. Vi cuando Sofia comenzó a dejar un camino de ropa desde la terraza hasta la cama, mirándome sobre el hombro antes de quitarse el sostén y darme la espalda. Parada embobada por las curvas de su cuerpo que solo vestían unas bragas negras de encaje, me olvidé de Piper por un segundo para tomar las muletas y dirigirme hasta la belleza de mujer que me esperaba dentro de la habitación iluminada por las luces de la noche.
No me hice del rogar dos veces, me acosté en la cama con más brutalidad de la que me hubiese gustado, pero en esos momentos no pensé en delicadezas, quería sentir a Sofía sobre mí otra vez. Con cuidado de no mover mucho la férula, Sofía me quitó el pantalón deportivo que vestía, luego me ayudó con la chamarra seguido de la playera, sin desperdiciar más calor corporal se colocó sobre mí como momentos anteriores. Presté atención a su cuello, a sus pechos a su boca; mis manos vagaban libremente por su piel desnuda, de sus muslos a su cintura, de su cintura a la espalda, de la espalada a su culo y el recorrido culminó con mi mano izquierda sujetando su nuca para juntar más nuestras bocas y la mano derecha bajo la tela de su ropa interior. La humedad cubriendo su sexo me incitó a jugar con sus pliegues antes de penetrarla con dos dedos a la vez que mordía su labio inferior, su gemido inicial fue callado rápidamente por mis labios y los gemidos que siguieron eran lo único que se escuchaba entre las sombras. El entrar y salir de Sofía se volvió la sensación más bella hasta el momento, su calidez, su aroma, la suavidad de su piel… "
-Me acosté con Sofia.
- ….
-El sábado por la noche, me acosté con Sofía.
- ¿Y entonces sí le avisarás a Piper del juicio que se debe hacer?
-….
