-¿Qué haces aquí? – Buena pregunta.
-Vine a hablar contigo…
-¿Ahora sí quieres hablar?
-Alex, escúchame…
-¿Así como tú me escuchaste hace una semana?
-Deja de contestarme con preguntas, te pido que me escuches dos minutos, no más.
-Dame una razón por la que deba escucharte.
¿Sólo una?
-Vine a aclarar lo que hace falta.
Dudé que me dejara entrar al ver su porte de dura, pero al final cedió y se movió de la puerta dándome acceso a su casa. El interior es acogedor, más con este frío que te hace querer quitarte los zapatos, tomar una manta y acostarte en posición fetal mientras ves TV con una taza de algo caliente. La decoración es un tanto obscura y masculina pero, aunque queda con la personalidad de Alex, hay toques muy femeninos como la lámpara en forma de flor que cuelga del techo de la sala.
Al sentarme en su sofá, que por cierto es muy cómodo, me pregunta si deseo algo de tomar, pensé en contestarle: "¡Sí! Chocolate caliente, por favor", pero al segundo siguiente descarté la idea y negué con un movimiento de cabeza.
-¿Por qué no tienes el collarín puesto? – Le pregunto visualizando el terreno de su humor.
-Porque me da picazón y es incómodo.
Respuesta nítida y natural. Bien, no se ve tan molesta como cuando me abrió la puerta de su casa.
Alex me estudiaba desde el sillón individual, sus ojos recorrían mi cara en busca de algo más pero yo me ceñí a quedarme callada. Tengo que confesar que durante el viaje en taxi de mi casa a la de Alex me estuve inventando un verbo minucioso acomodando cada palabra en su lugar, ahora que estoy frente a ella todas esas buenas excusas del por qué no le escuché antes y la traté como la traté se fueron abandonándome a mi suerte.
-Quiero hablar contigo.
-No parece porque llevas cuarenta y siete segundos ahí sentada sin decir nada.
-¿De verdad me estás tomando el tiempo?
-No, pero estoy esperando a que hables.
-Perdóname.
-No importa, tómate tu tiempo.
-No te pido perdón por quedarme callada, te estoy pidiendo perdón por lo irrespetuosa, desconsiderada y ofensiva que fui contigo. No tenías por qué cargar con mi enojo, ni con mi frustración. Tu eres con quien estaba en el auto, debí de haberte escuchado y no dejarme guiar por conjeturas que pusieron en duda tu honradez.
-¿Lo dices en serio?
-No bromeo. Debí haberte escuchado, me equivoqué contigo, lo siento.
-¿Entonces confías en mí?
-Confío en ti. - Sus facetas se fueron de dura a seria y de molesta a feliz.
-Piper, no sabes lo mucho que me alegra saber eso.
-Es lo menos que puedo hacer, pero ¿cuándo pensabas decirme que habían terminado la investigación y que el proceso jurídico estaba en evaluación? - Por el cambio en su expresión deduzco que no esperaba que yo estuviera al tanto de la situación.
-¿Cómo sabes eso? – y de feliz al porte duro otra vez. Sí, no se lo esperaba.
-Me fui de la ciudad unos días, llegué ayer por la tarde y lo primero que veo en mi buzón son citatorios de la comisaria, fui y me explicaron lo que pasó.
-Y ahora que sabes que yo decía la verdad, ¿vienes a decirme que confías en mí?, ¿necesitabas pruebas para creerme y confiar en mí?
-Creo que estás juzgando mal lo que quiero decir…
-¿Sabes qué creo? Creo que tus disculpas están de sobra.
-Oye, no tienes por qué hablarme así…
-¡Tú tampoco debiste haberme hablado como lo hiciste!, ¿y te disculpaste en su momento? ¡No!
-Pero estoy aquí. Tengo el valor de venir y pedirte perdón de frente por culparte de algo que no te correspondía. - Sonríe con ironía, en otra situación esa sonrisa me hubiese dejado sin palabras, pero es ahora cuando más necesito hablar. – Te juzgué mal porque creí que tú habías querido aprovecharte de mi, me dijeron que me habían drogado y la persona con la que estuve esa noche fuiste tú…
-… Eso me convirtió en la principal sospechosa.
-Sí. Estaba asustada, tenía miedo y mi carrera estaba, o está ya ni sé, en juego. Puedo perder mi trabajo en Yale por salir en plan personal con una alumna y no me importó porque te quería conocer, Alex. Y cuando lo hice, cuando me acerqué a ti, desperté en un hospital respirando por un tubo. Alex, entiéndeme, estaba perdida, no recuerdo y de repente pasé de calificar ensayos a un hospital. Trata de ponerte en mi lugar, si fueses tú ¿qué hubieses hecho?
-Escuchar las versiones primero.
-Y por eso te pido perdón, por no escucharte primero, por no haber actuado como debí haberlo hecho.
-¿Y piensas que con que venir aquí se arregla todo?
-No espero arreglar nuestras diferencias con una charla, pero sí espero hacerte saber que quiero borrar esas palabras que te dije.
-¿Y un "perdón" es suficiente?
-No lo sé, dímelo tú.
-Claro que no lo es.
-Perfecto porque tengo un plan B. - Me levanto del sillón para sentarme frente a ella en la orilla de la mesilla que tiene como centro en su sala – Alex, hay tantas cosas que quiero que sepas. Una de cosas tiene un trasfondo sin igual; desde pequeña me distinguía por una seguridad innata, me movía, decía y actuaba tan firme, sin titubear, sin faltar a la ética y modales que me fueron inculcados. Me eduqué en un medio autodidacta en colegios privados, mis padres normalmente estaban de viaje y no podía ir con ellos así que me oculté tras los libros toda mi vida, empecé a sobresalir como Historiadora y mi vida social empezó a nacer. – Su mirada se sujeta a la mía entre los intervalos de su pestañeo, alguna vez fantaseé con la declaración perfecta en la que le diría cuán perpleja me deja con su inteligencia y belleza, pero esa fantasía no se parece en nada a la realidad. – Te cuento esto porque me es importante que sepas que rompes mi esquema, deshaces esa seguridad que me caracteriza y la construyes a tu gusto, desde el momento en el que te vi supe que ibas a ser parte importante de mí, de mi vida.
-A ver Piper, esto está tomando un rumbo que no me parece...
-No dejar que dos personas que se atraen se conozcan es lo incorrecto, ¿me equivoco?
-Piper basta.
-Dime que no sientes la misma conexión que yo, dime que no me perdonas por ser una retrasada que no te escuchó, retráctate de tus palabras y dime que lo que dijiste el viernes fue mentira.
Era notable mis ganas de abrazarla, mordía mis labios para detener el impulso de besarla ahí mismo, puse mi mano derecha en su rodilla izquierda, incliné mi cuerpo y sentí las vibraciones de su pulso bajo la palma de mi mano.
-No puedes desmentir nada de lo que dije y mi plan B consiste en pedirte una oportunidad como amigas, colegas, conocidas o como lo que quieras, pero dame una oportunidad de enmendar mi error.
-¿Y cómo enmendarías tu error?
-Con el tiempo, con la convivencia, con acciones que demuestren lo mucho que me importas. – El tirón de mi estómago se sintió más fuerte de lo acostumbrado haciendo que me inclinara sobre su cuerpo en contra de mi voluntad.
-¿Te importo? - Pregunta con voz insegura después de un trago de saliva.
Apenas procesé su pregunta la respuesta salió en modo automático. Un concreto "sí, me importas", un magnetismo entre polos opuestos y las pupilas dilatadas fueron claves para lo que siguió.
Una caricia entre labios y nos deleitamos entre suspiros por primera vez. Me sorprendió lo perfecto que se sentía, como si nuestras bocas fuesen dos piezas de rompecabezas que estaban perdidas, pero al fin son unidas para terminar el paisaje. En un segundo olvidé cómo respirar, no me acordé ni de mi nombre, necesitaba algo donde anclarme para no flotar y ese "algo" fue el rostro de Alex.
Delicados, suaves, tibios, deliciosos, puedo decir mil adjetivos más y no son suficientes para describir la perfección de sus labios.
Cuando sentí una superficie más caliente y húmeda acariciando mi labio inferior, instintivamente abrí la boca dejando que su lengua explorara a sus anchas. No puse resistencia, no porque no quisiera, sino porque no podía, y bueno, tampoco quería resistirme. Dejé que ella tomara el control de la situación puesto que yo estaba en un trance que no me dejaba pensar con claridad. Sin desligar el contacto, se levantó sentándose más a la orilla del sillón para que la distancia entre nuestros cuerpos fuera menos, acarició mi mejilla tiernamente con la palma extendida, se deslizó pasando por debajo de mi oreja para sujetar mi nuca como una experta. Cuando reaccioné, su lengua estaba siendo succionada por mis labios, ahora ella era la receptiva, dejé de ejercer presión a su lengua sacándola de mi boca al separarme para tomar el aire que mis pulmones exigían.
Abrí los ojos para encontrarme con una visión de ensueño: la introvertida Alex Vause con los ojos cerrados, los labios entreabiertos con una sonrisa sutil pero definida y con cabellos esparcidos en su rostro por mis caricias.
-Me enamoras…
No sé si fue porque escuchó el susurro, pero abrió los ojos de inmediato.
