-¡¿En qué pensabas al hacer un complot con mi madre y Piper para una invasión hacia mi persona?! – Le reclamo a Nichols al otro lado de la bocina.

-Venga ya, Vause. Bien que te gustó ver a la rubia disculparse.

-Sí, pero pudieron avisarme que vendría a mi casa para adecentarme aunque sea un poco.

-Apuesto que te veías bien.

-Si por "bien" te refieres a tenis, pants, sudadera y mi suelto y enredado cabello, pues sí, me veía muy bien.

-Deja el puto sarcasmo, no estés molesta conmigo. Además, yo sólo me llevé a tu madre un par de horas a mi casa y Diane se mostró muy cooperativa cuando le dije que la rubia te quería ir a visitar.

-Nichols, ¡debieron decirme!

-Ya deja de quejarte. Por otro lado, me gustó pasar tiempo con Diane en mi casa. Me regañó por un par de cosas como por qué tenía tanta ropa sucia y eso… Pero de ahí en fuera la pasamos muy bien. – Mientras Nicky se ríe de no sé qué, yo resoplo designada a cambiar de tema.

-¿Cuándo me devuelves a mi madre?

-Ya vamos para allá. Te manda saludos. – De fondo escucho un "¡holaaaa!" de mi madre, se oye bastante animada.

-De acuerdo, respétala.

-Con gusto, ya sabes que respeto a las damas. Nos vemos en un rato.

-Oye, Nichols…

-¿Qué?

-Gracias.

-No hay amor sin interés, todavía me tienes que presentar a una amiga suya.

Con una sonrisa de oreja a oreja, termino la llamada telefónica. Resulta que mi madre no estuvo en casa durante la visita de Piper, y ya veo por qué. Nichols y mi madre se pusieron de acuerdo para darnos privacidad. Carajo, quisiera enojarme con ellas dos por no decirme nada al respecto, pero no puedo enojarme porque estoy feliz con el resultado de la visita.

Dejo el teléfono a mi lado sobre la cama, levanto el brazo izquierdo para ver los números anotados a juego con la carita feliz que hace unos minutos Piper dibujó. El color negro resalta en mi piel dejándome divagar con la oportunidad de llamarle para invitarle a salir como dos personas normales y no como alumna–maestra que fueron víctimas de un intento de asesinato por un ex alumno resentido.

Cuando Nirmed fue al hospital a verme me pidió perdón, jamás supe por qué hasta que el juicio se llevó a cabo. En la corte se declararon muchas cosas que no sabía si eran broma o si lo decían en serio. Siempre he pensado que la verdad sale a la luz, pero a mí me gustan las verdades documentadas así que, el montón de pruebas evidenciando a Brus Homer como causante del choque, también acusaban a Óscar Nirmed por haber sido partícipe. Ahora, ambos se encuentran tras las rejas cumpliendo sus respectivas condenas, al señor Nirmed le dieron menos tiempo por haber declarado cómo habían sido los hechos, pero el señor Homer no corrió con la misma suerte.

Óscar Nirmed no paraba de gimotear durante su actuación frente al estrado, se le veía muy arrepentido, confesó que él no estaba tranquilo sabiendo que fue partícipe de un acto que pudo terminar en una tragedia más allá de unos cuentos huesos rotos. Dijo que todo comenzó cuando nos escuchó a Alex y a mí cuando acordamos vernos el sábado, le dijo a Homer y a éste, se le ocurrió que era su oportunidad para lastimarnos. Las cosas como fueron narradas por Alex y el señor Nirmed, y las múltiples pruebas que respaldaban sus versiones, fue lo que llevó al señor Homer a la ruina a pesar de las apelaciones y los desesperados intentos de sus abogados para que no fuese así.

Entre las evidencias presentadas estaba la camioneta que nos volcó, fue encontrada a orillas de un depósito, dicho vehículo está a nombre de Cameron Homer, el padre de Brus. Las sospechas de los detectives fueron confirmadas al verificar que la defensa había sido reforzada con acero, el contorno de la defensa encajó a la perfección en las hendiduras inferiores del auto de señorita Nichols, el ADN en el asiento y las huellas dactilares en el volante, sitúan a Brus Homer como conductor y a Óscar Nirmed como copiloto, como se había declarado.

Óscar Nirmed, hijo del médico cirujano Frield y la pediatra Maggi Homer, había tenía acceso a diferentes estimulantes adictivos, entre ellos, escopolamina. El señor Homer quedó con su sed de venganza por haber hecho que lo expulsaran de la Universidad Yale después de que mentí para ayudar a Alex, así que aprovechó que tenía como aliado a un hijo de médicos para merodear en los pasillos del hospital privado donde trabajan los padres de Óscar y así, poder robar el alcaloide para llevar a cabo su propósito.

El plan de Brus Homer fue sencillo, pero demasiado ingenuo y poco astuto. Sabía que si yo me sentía mal, Alex se ofrecería a llevarme, así que colocó el alcaloide en mi bebida, después solicitó que me la entregaran mientras Alex hablaba por teléfono, nos siguió en la camioneta de su padre desde el bar y, cuando pudo, se desvió para acelerar y embestirnos en una sección de la carretera poco transitada. Suena como un delito de novatos, seguro no ve series policiacas. En mi mente saco conclusiones sobre lo jodido que debió haber quedado Homer como para querer desquitarse de esa manera con nosotras y, aunque Homer ya está en la cárcel, me da la impresión que esto no se quedará así.

Como era de esperarse, mi superior en Yale me pidió explicaciones. Tuve que admitir que distorsioné la realidad para no perjudicar a mi alumna, me justifiqué diciendo que Alex defendía a su madre y por ello inició la agresión y que, en mi opinión, Alex actuó como todo ser que defiende a la persona que ama. También confesé que desarrollé sentimientos personales hacia ella, lo que terminó de arruinar mi ética profesional y toda credibilidad como profesora. El director, muy a su pesar, me dio una salida para este lío: la carrera de Alex o la mía.

Al final, todo quedó bajo el agua y el director y yo llegamos a un acuerdo: Alex seguiría sus estudios si yo desistía a mi nombramiento como profesora. Está claro que preferí que Alexandra terminara sus estudios, aunque eso me costó mi renuncia. Para no levantar sospechas, mi superior y yo tratamos el tema con discreción; todos en la Universidad pensaban que yo me retiraba de mis cargos por secuelas emocionales producto del atentado de hace unos meses, todos creían viable esa razón, excepto Alex.

Cuando condenaron a los señores Homer y Nirmed, Alex me alcanzó en la puerta del tribunal, yo estaba a punto de salir cuando un firme y cálido agarre aseguró mi muñeca.

"-¿Por qué ya no nos darás clases? – Preguntó a mi espalda tan directa como siempre.

-No es algo que quiero decirte por ahora. – Reconocí girándome para encarar el color intenso en su mirar.

-Si quieres podemos hablar de eso después.

-Renuncié porque no me apetece seguir en un ambiente escolar que me trae recuerdos de lo que sucedió.

-Mentira.

-¡Eh, Vause! – Se escuchó entre el alboroto de las protestas y utilicé la desviación de la mirada de Alex para escapar.

-Creo que Nichols te busca. – Dije alto y claro, con un galón leve quité su mano de mí y caminé apresurada escaleras abajo porque sabía que Alex no podía seguir mi paso, no con las muletas aún bajo sus brazos.

No le confesé el motivo por el cual me retiraba de los salones de clases, si Alexandra sabe que sacrifiqué mi carrera por ella, seguro movería cielo, mar y tierra para deshacer el acuerdo que, a duras penas, el director aceptó."

Durante los juicios, me era difícil quitarle la mirada de encima. Pude ver, semana tras semana, cómo iba dejando de usar el collarín, tal vez lo hacía por terquedad, pero llegó el día en que ya no necesitó usarlo más porque su cuello había recuperado la movilidad habitual. También me llenaba de gusto ver que sus heridas eran cada vez menos visibles, y que su pierna a veces se daba el lujo de salir de esa férula, aún dependía de las muletas, pero por lo menos su pierna volvía a tener libertad.

En cuanto a mí, lloré cuando me quitaron los clavos de mi brazo, no dolió, pero la sensación de un metal rozando tu hueso para salir fue perturbadora, deseaba tanto tener a Alex ahí conmigo para que me dijera que todo estaría bien, pero no… En lugar de Alex, estaba Larry. ¿Lo peor? Larry se reía de mis pucheros. Días después de que me quitaran los clavos y los puntos de las cirugías, sacaron mi brazo del yeso. Ver mi piel toda arrugadita por la deshidratación y la falta de color, me hizo querer volver a llorar, pero tenía que aguantarme si no quería las bullas de Larry otra vez. Por ahora mi bracito ya tiene forma de brazo y no de pasa pálida y seca, y ya empecé con las consultas de rehabilitación para recuperar el movimiento. Mis costillas también se recuperaron más pronto de lo que lo pensaba, al parecer Larry hizo un buen trabajo cuidando de mí estas semanas y siempre le estaré agradecida por ello.

Hoy se cumple tres meses desde que llegué a casa de Alex una noche y le besé; doce semanas soñando con sus labios; ochenta y cuatro días deseando volver a unir nuestras bocas. Sé que le dije que la esperaría, pero la distancia me hace querer volver a New Haven y besarla hasta el cansancio. La casa de mis padres en New York es grande y elegante, pero me gustaba más ese aire de simplicidad que sentí en la sala de aquella que fue mi alumna preferida.

NOTA: Antes que nada, agradezco enormemente el apoyo que sigue teniendo este fanfic. Gracias por sus comentarios, follows e/o indicar que el fanfic es de sus favoritos.