"-¿Diga?
-Hola, señorita Nichols.
-¿Profesora Chapman?
-Ex profesora, señorita Nichols.
-Entonces deje de llamarme por mi apellido y dígame Nicky.
-Lo haré sólo si me llamas Piper.
-Hecho. ¿En qué le puedo ayudar, Piper?
-Nicky, ¿está ocupada?..."
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El sudor cae por mis párpados estropeando la vista, me detengo a limpiar las gotas que siguen escurriendo por mi frente con la manga de mi playera mientras tomo camino en dirección a la salida de la pista. Cuando hacemos ejercicio liberamos endorfinas, la hormona de la felicidad, pero llevo cuarenta y cinco minutos trotando y no, no estoy feliz. Al llegar a la salida de la pista, tomo mi bote con agua del suelo, saludo al guardia que resguarda la puerta y las pertenecías de los atletas y sigo el camino para mi departamento a darme una merecida ducha.
Tengo suerte de contar con una pista de atletismo a seis calles de mi departamento, suelo venir a quitarme el estrés con sesiones de trote en lugar de quedarme con el mal ánimo, también vengo cuando no puedo dejar de pensar en cierta rubia de ojos azules, y hoy fue uno de esos días. Ya son más de cuatro meses desde que probé los labios de Piper, por ahora nada me hace más feliz que el vago recuerdo de su boca sobre la mía. Todas las mañanas deseo que sea el día en que pueda verla otra vez, esta mañana no fue la excepción.
Llego perdida entre mis pensamientos y el cansancio al quinto piso del edifico donde se encuentra mi departamento, saco la llave del bolsillo de mi short para abrir la puerta, alcanzo a escuchar a lo lejos el timbre del celular que sustituyó al que se me cayó en año nuevo. Tomándome mi tiempo, dejo la llave y el bote con agua sobre la barra de la cocina, camino hacia la habitación y me siento en la cama a quitarme los tenis; con suerte, después de eso, tomaré el celular de la cómoda al lado de la cama y revisaré la llamada que acabo de ignorar.
El celular suena una segunda ocasión cuando estaba por quitarme la ropa para entrar a la ducha, esta vez sujeto el celular entre mis dedos desconociendo el número de la llamada entrante. Valoro la insistencia del remitente, pero me meto a la ducha sin querer saber nada de la vida. Es sábado por la mañana, tengo tareas por hacer y si atiendo llamadas de desconocidos o sigo pensando en Piper, no podré hacer nada. Ya comprobé que el ejercicio matutino no ayuda a sacármela de la cabeza, espero que los pendientes de la Licenciatura sí me ayuden a dejar de pensarle un rato.
El agua fría contrasta con el leve calor que se siente en estas épocas de abril, dejo que el agua caiga sobre mis hombros, mis brazos, me muevo para que recorra mi nuca, mi espalda… ¡Mis brazos!
Con una rapidez que ni yo me conocía, cierro la llave del agua, salgo de la ducha buscando la toalla con la mirada hasta encontrarla sobre el perchero al lado de la puerta del baño, me envuelvo en ella para no escurrir agua por mi camino hacia la habitación, revuelvo la cama buscando el paradero del móvil encontrándolo con las notificaciones de dos llamadas perdidas del número, ese número que desconocí a primera vista, ¿pero cómo lo pude olvidar? Tardé días en quitarme todo rastro de plumón permanente de mi brazo izquierdo.
Sin perder tiempo, aclaro mi garganta, desbloqueo el móvil buscando los registros de llamadas deseando que mi memoria no me falle.
-¿Hola? – La nostalgia me dio de golpe, escucharla después de tanto tiempo, aunque sea a través de la bocina, me hace saber que la extrañé más de lo que era.
-¿Piper?
-Hola, Alex… - Mi corazón acelera su pulso, incluso más que cuando estaba en la pista, las sonrisas atontadas pero felices aparecen en mi rostro llenándome los ojos de lágrimas inexplicables, y eso que sólo la escuché decir mi nombre.
-Hola, Piper…
-¿Cómo estás?
-Mojada… - Respondo con timidez mirando mi cuerpo envuelto en la toalla. -Me refiero a que estaba en la ducha.- Me apresuro a aclarar al darme cuenta del doble sentido con que se puede interpretar.
-Oh, vale. Si quieres hablamos después.
-¡No! Piper, no, está bien si hablamos ahora, ahora es un buen momento como cualquier otro.
-¿Segura?
-Por supuesto que sí. -¿A quién engaño? No me importa estar mojando mi cama con las gotas de agua que escurren por mi cabello, hablar con Piper es lo que he deseado desde hace tiempo y no perderé la oportunidad de hacerlo.
-Te llamo para saber si te gustaría cenar conmigo. Estoy en la ciudad, voy a quedarme acá unos días antes de un viaje que debo hacer. ¿Qué dices?
-¿Es una cita? – Pregunto con un tono pícaro acompañado de una sonrisa de medio lado. Aunque suene extraño, sé que ella está sonriendo igual que yo.
-Tal vez… Quiero hablar contigo.
-Yo también quiero hablar contigo, y verte.
-Es una cita, entonces.
-Es una cita. – Termino de confirmar que sí, tengo una cita con Piper. ¿Cómo pasé de un momento sad a esta felicidad abundante? No lo sé, pero así son las cosas con Piper, ella tiene esa facilidad de hacerme sonreír con sólo su recuerdo.
-Me gustaría pasar por ti, pero me he enterado que has cambiado de dirección.
-Sí, también he cambiado de número telefónico, el último móvil se me cayó y ya no pude recuperar los contactos.
-Es un alivio saber eso, por un tiempo pensé que lo habías cambiado porque no querías hablarme.
-¿Bromeas, Piper? He deseado escucharte y saber de ti todo este tiempo. – Las risas nerviosas se escuchan a ambos lados de la bocina haciendo mis rodillas temblar obligándome a tomar asiento a orillas de la cama. -Entonces…
-Entonces… ¿Me envías tu dirección para pasar a buscarte por la noche?
-Claro. ¿A las ocho te parece bien?
-Perfecto, hasta esta noche, Alex.
La llamada terminó por darme la alegría más grande hasta ahora. Me pregunto cómo supo mi nuevo número telefónico… ¡Ja! Como si no supiera que Nichols tuvo algo que ver en esto.
Vuelvo a sujetar con firmeza el móvil para guardar el contacto que acaba de llamarme, seguidamente me comunico con Nichols para cuestionarle sobre su entrometida participación entre Piper y yo. Me llena de gusto saber que fue la rubia hermosa quien se puso en contacto con Nichols para saber de mí, según la versión de Nicky, Piper le llamó ayer por la tarde preguntando por mi repentina desaparición del mapa y ya cuando menos me doy cuenta, estoy con el cuerpo seco y el cabello ligeramente húmedo, pero con la sonrisa más grande hasta entonces y los nervios a flor de piel.
Durante la tarde, traté de hacer las tareas que me faltaban por hacer, aunque sin mucho éxito; pensar en que en unas horas encararía esos ojos azules otra vez, me pone a soñar despierta. Me levanto, tomo agua, me siento frente a los libros, ojeo un poco mis apuntes, paso las manos por mi cabello suelto y me levanto repitiendo el ciclo. Definitivamente las horas se volvieron mi mayor problema; ¿por qué no le dije que pasara a las seis de la tarde, o a las cinco, o inmediatamente al terminar la llamada? No, tuve que decirle "a las ocho", hurra por mí.
Le doy vueltas al departamento entero buscando algo en qué entretenerme porque si sigo así, me volveré loca. Todavía quedan cuatro horas por delante para que Piper llegue a mi dirección así que, mientras pongo música, ordeno mi diminuta sala, hago palomitas en el horno microondas, apago la música, desordeno la sala buscando el control remoto de la TV y hago más palomitas porque las primeras se me quemaron, me dan las seis de la tarde. Eso me da un margen de dos horas para ponerme guapa a recibir la mujer de mis sueños.
Buscando en mi Narnia, ¡digo!, buscando en mi armario algo decente para vestir, me pongo a pensar en lo raro que es cómo las situaciones nos van llevando a diferentes etapas de nuestra vida, por ejemplo, hace unos meses, todo indicaba que Piper me odiaría el resto de mis días, ¿y luego? Se disculpa dándome el mejor beso de los siglos por los siglos.
Hoy la veo. Hoy aclararemos todo, lo que sea y lo que no que tengamos que aclarar. Hoy pondremos las cartas sobre la mesa. Hoy, queridos lectores, el recuerdo de sus labios será actualizado.
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Leyendo por décima octava vez el mensaje con la dirección de Alex, confirmo que he llegado a su edificio. Faltan diez para las ocho, la anticipación a la hora fue porque no me gusta llegar tarde, bueno, eso y porque estaba tan ansiosa por verla que no quise esperar más para llegar hasta su ubicación.
Mientras hablaba con Nicky ayer por la tarde sentí nervios por sólo buscar datos de Alex, pero hoy, justo ahora, esos nervios se multiplicaron por infinito llevando a mi corazón al límite. Cada segundo que paso adentro del Porsche es una tortura psicológica y emocional, checo la hora en mi celular una vez más antes de bajar decidida a ir por ella, decidida a decirle todo lo que me he guardado todo este tiempo. Camino con determinación hasta el ascensor más cercano, al entrar, mis manos sudan tanto que tengo que limpiarlas con la tela de mi vestido. Sí, estoy usando vestido, opté por uno sencillo pero elegante de color rojo y corte en V. Alex me ha visto en vestido una vez y pienso que esta es una buena oportunidad para sorprenderle. Mis piernas, si bien son blancas, destacan por los tacones en color negro a juego con el cinturón que define mi cintura, y mis rodillas se asoman debajo del vuelo del vestido dándole un toque coqueto que puedo usar a mi favor.
Al llegar al piso cinco, busco la puerta con el número 55, después de un par de toques, abre esa exuberante mujer que me atrajo desde que la vi pasar a mi lado en el salón de clases. Su cuerpo, si de por sí bien definido y torneado, se ajusta a un conjunto de jeans, botas negras y largas, una camisa de vestir de tono blanco, y un saco negro, se ve con un aire de sensualidad y elegancia dejándome sin aliento al instante.
No sé cómo debo saludarla. No sé si le beso la mejilla o le extiendo la mano, no sé si decirle "hola, ¿cómo has estado?", o decirle "Alex, no he dejado de pensar en ti, bésame". Al parecer ella tampoco sabe qué hacer porque se ha quedado parada en la puerta viéndome desde que abrió, me preocupa porque no la veo reaccionar; creo que, al igual que yo, ni si quiera ha tomado aire en los últimos segundos.
Sonríe, yo sonrío, las dos dejamos de contemplar nuestros cuerpos para vernos a los ojos. Ella ríe, yo río, las dos abrimos nuestros brazos y como un acto-reflejo, me acomodo con la cabeza hundida en su cuello respirando su aroma, el aroma a Alex. Con mis brazos sujetos a su cintura, y los suyos abrazándome con protección y ternura, me siento tranquila, me siento en paz. Soy feliz, con Alex todo es así, desde que notaba su mirada en mí cuando creía que no me daba cuenta me ponía feliz sólo de saber que ella se fija en mí.
-Hola…
-Hola, Piper. – Aflojo el abrazo por culpa de mi razonamiento que me dice que no está bien abrazarla de más… por ahora.
-¿Nos vamos? – Le pregunto recibiendo su afirmación.
He decidido llevar a Alex a un lugar tranquilo pero cómodo, un lugar acogedor donde podamos hablar sin interrupciones. Durante el camino, no dijimos mucho, supongo que todo lo que queramos decir tendrá que esperar hasta llegar. Prendí la radio para aligerar los nervios, aunque el silencio que había entre nosotras era cómodo, no quería que el único sonido dentro del auto fuese nuestras respiraciones agitadas.
Al llegar al restaurante cerca del muelle fiscal, nos bajamos todavía con una sonrisa de oreja a oreja. Pasamos a recepción donde nos guiaron a una mesa al aire libre que, la verdad, agradecí mucho pues tendríamos a las estrellas como acompañantes.
Las mesas estaban adornadas con un par de veladoras sobre un mantel blanco contrastando con la obscuridad de la noche. La brisa del mar, el vaivén de las olas, la llama de las velas bailando con el viento y las estrellas en las alturas, era lo que complementaba a la compañía perfecta. Alex, claro, es mi compañía perfecta.
-¿Puedes decirme por qué no me buscaste antes? – Me pregunta en un tono neutro mientras esperamos a que nos traigan nuestros pedidos.
-Me dijiste que necesitabas tiempo, además tú tampoco me llamaste. Ahora sé que no lo hiciste porque tu celular se rompió, pero antes de ayer pensaba que no lo hacías porque no querías. – Le contesto de lo más tranquila saboreando el vino tinto que nos han traído como recomendación.
-¿Querías que te llamara?
-La verdad, sí. – Admito mientras llena nuestras copas hasta la mitad y le hace señas al mesero aceptando su recomendación.
-¿Crees que podamos contar ésta como nuestra primera cita?
-Considerando que no recuerdo lo que pasó aquella noche, para mí sí sería la primera cita; pero, Alex, ambas sabemos que no lo es.
-Entiendo. ¿Sabes? Así me hubiese gustado que fuese nuestra primera cita… Vino, noche, mar… No sé, algo así.
-Para serte sincera, no sé a quién se le ocurre invitar a alguien a salir a un bar como primera cita. -Confieso riendo por su reacción, empieza a toser en medio de un sorbo de vino dejando caer una fina gota por su labio, de manera inconsciente paso la lengua por mis labios deseando limpiarla y no precisamente con la servilleta de tela que tengo sobre las piernas.
-Bueno, Piper, yo no sé a quién se le ocurre dar un beso por disculpa. – Comenta limpiando su comisura con su servilleta.
-¿Qué? No me digas que no fue una buena disculpa. - Y fingiendo indignación le reprocho por sus caras de dudas que, al final, me hicieron estallar en risas.
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Esta vez, sin abusar del alcohol, bebimos dos medias copas de vino cada quien. Terminando de cenar nos quedamos más tiempo disfrutando de un tiramisú, el postre del amor. Pedimos dos, pero el mesero se equivocó y nos trajo uno con dos tenedores, al parecer, ni Piper ni yo teníamos intención de corregir al mesero, así que cogimos nuestros respectivos tenedores y compartimos el dulce postre. Lo tuvimos que poner en medio de la mesa haciendo un lado las velas e inclinándonos un poco para poder tenerlo a la misma distancia de nosotras. A veces nuestros tenedores chocaban de manera "accidental" haciendo que nuestras miradas se encontrasen en cada chasquido de metales.
-Y entonces… ¿te parece bien si te invito a salir el siguiente sábado?
-No puedo, Alex, tengo que ir a Europa para dar una conferencia de historia como parte de la AHC.
-Entonces te invito cuando regreses. -Estando con ella, todo es optimismo.
-No volveré a América en unos meses. – Dice en voz baja antes de meter el tenedor en su boca.
-¿Qué? ¿Por qué? – Pregunto tomándome por sorpresa la noticia.
-La conferencia en realidad es una gira por Europa. Cada semana iremos a una ciudad nueva en donde cada uno de los miembros dará una conferencia personalizada sobre la importancia de los nuevos descubrimientos arqueológicos y cómo influyen en el cambio de la historia que hasta hoy conocemos; esta semana me toca a mí en la apertura de la gira, el lunes tomo un vuelo a primera hora.
-¿Y tienes que ir a todas aunque ya hayas participado?
-Sí, es por eso que antes de emprender este viaje quería hablar y aclarar las cosas contigo. – Dejando los tenedores sobre el plato al mismo tiempo, ambas levantamos la mirada diciéndonos cientos de cosas con nuestro silencio y, a la vez, nada.
-No hemos aclarado mucho, Piper.
-¿Cómo qué?
-Pues… no sé. Pero no hemos dejado en claro muchas cosas, por ejemplo ¿por qué dejaste de dar clases en Yale si por lo que me has dicho tu psicólogo dice que has llevado bien el proceso de superación?
-Es una larga historia, Alex, ya, déjalo así.
-Sabes que no dejaré eso así, dime, por favor.
-No tiene importancia.
-¿Me estás diciendo que la razón por la que dejaste Yale no es importante? Yo creo que no.
-¿Te digo que otra cosa no hemos aclarado?, ¿qué pasa con nosotras?
-No cambies el tema.
-Pero te interesa más saber eso que la razón de mi renuncia, y a mí también me interesa saber qué somos. Alex, ¿qué pasa entre nosotras? – Si Piper cree que voy a dejar el tema de la renuncia así por así, se equivoca, pero dejaré el tema como "pendiente" por el momento.
Le pregunté que, si por qué no resolvíamos eso de una vez, ella aceptó y las sonrisas, las miradas y el disimulado roce de manos sobre la mesa se hicieron presentes. Pagamos la cuenta a partes iguales, salimos de aquél lugar caminando hombro con hombro como si no quisiéramos dejar de sentirnos. Subimos a su auto aún sin saber qué rumbo tomaríamos después de esa cena.
Cuando encendió su auto nos quedamos mudas con la canción de la radio sonando de fondo.
"What's your middle name?
Do you hate your job?
Do you fall in love too easily?
What's your favorite word?
You like kissing girls?
Can I call you baby?..."
-¿Eso responde a tu pregunta? – Le pregunto segura de que entendió a qué pregunta me refiero.
Su mirada, intensa aún con la obscuridad de la noche, se clava en el movimiento de nuestras manos que se buscaban sobre la palanca de cambios mientras que yo observo atenta a sus gestos faciales. Siento como nuestros dedos se entrelazan triunfantes después de su búsqueda por la otra y me alegra, aún más, la sonrisa que nace en sus labios antes de conectar nuestras miradas.
-¿Puedo llamarte baby?
No le contesté, no hacía falta. En su rostro no había mechón alguno que se interpusiera, pero aun así, levanté mi mano libre, la derecha, y la postré en su mejilla. Disfrutando del roce de mis dedos en su rostro, Piper se acerca midiendo mi reacción; no demoramos mucho en estar a centímetros de nuestros labios compartiendo el aliento de nuestros suspiros.
-¿Puedo? – Pregunta sobre mis labios.
-Hazlo. – Le ordené entre susurros.
¿Qué cómo fue nuestro segundo beso? Mejor que el primero.
NOTA: GRACIAS POR SEGUIR LA HISTORIA. DISCULPEN LA DEMORA.
ME GUSTA LEER SUS COMENTARIOS ASÍ SÓLO DIGAN "ACTUALIZA", ME GUSTAN; DE HECHO, SUS COMENTARIOS ES LO QUE ME IMPULSA A SEGUIR. ESPERO HAYAN DISFRUTADO DEL CAPÍTULO.
