La luz que se cuela por la ventana hizo que saliera de mi sueño ligero. Sin abrir los ojos, siento unos brazos firmes sobre mi cintura abrazándome posesivamente, un calor reconfortante me hizo desear jamás levantarme de la cama. Anoche tuve el mejor sexo de mi vida. Cuando Alex me preguntó que si quería ser su novia, nos quedamos dormidas en los brazos de la otra, pero no tardó mucho en despertarme con unos besos húmedos sobre mi cuello, los cuales fueron bienvenidos y recompensados con dos orgasmos más. Aún siento su sabor en mis labios, y mi cuerpo sigue agotado de las maravillosas habilidades manuales de mi ex alumna, ahora, mi amante y novia.

-Eres tan linda cuando finges estar dormida por las mañanas – me dice y sonrío.

-Me atrapaste, estaba esperando despertar con más besos por mi cuerpo – le digo pícaramente abriendo los ojos y estirándome aún entre su abrazo.

Noto que Alex está vestida y su cabello suelto y húmedo. El olor a jabón y frescura me inunda cuando la beso en los labios. Al inicio el beso era tierno, pero en algún momento terminé sin la sábana cubriéndome y con Alex sobre mí mordiendo mi pezón izquierdo. Sus manos traviesas recorren mi desnudez una vez más, y sus labios bajan por mi vientre. Cuando siento que está cerca de mi punto deseado, ella se desvía hacia la parte interior de mis muslos. Sujeta y alza una de mis piernas con su mano mientras sus dedos de la otra mano están presionando mi pecho derecho, Alex resultó ser una amante extraordinaria. Cuando lame el muslo que sujeta en el aire, me desespero más por sentir su lengua en donde más lo necesito.

-Alex, por favor… - Levanto la vista para suplicarle con la mirada y me encuentro con una Alex concentrada en su trabajo.

Sus lentes sobre la cabeza mantienen su cabello sujeto dejándola explorar sin molestos mechones tapando su rostro, y de un momento a otro, su cálida boca cubre mi intimidad haciéndome declamar su nombre entre gemidos una vez más.

Nuevamente estoy con la respiración agitada y entre los brazos de Alex que, con una sonrisa triunfante, besa mi frente.

-No aguantas nada, cariño – me dice burlonamente. A lo que respondo con un suspiro largo y profundo.

Una hora después, tomadas de la mano caminamos por la acera rumbo a un pequeño y acogedor restaurante que Alex insistió en ir para desayunar. Mi petición de quedarnos en la cama todo el día no dio resultado cuando escuchó mi pancita gruñir por el apetito que tenía después del sexo matutino. Durante el camino, hablamos sobre el vecindario en el que vive Alex, me contó de sus vecinos, de su gusto por salir a correr cuando no puede relajarse, y me contó una anécdota cuando tropezó con su agujeta suelta cuando corría y cayó sobre un arbusto frente a un grupo de niños boy scout. El instructor de los niños les dio una lección con eso: siempre atar bien sus agujetas y atarlas cuando las vean sueltas. La mañana estaba tranquila, algunos pajarillos se escuchaban de fondo, además de un poco de tráfico. La caminata me hizo también darme cuenta del buen gusto que tiene Alex, su ropa es cómoda, casual, pero bien combinada; por ejemplo, el conjunto de jeans obscuros a juego con unos tenis de piso negros con blanco, blusa blanca de algodón y chaqueta de mezclilla a que me ha prestado cuando terminé de ducharme. No me di cuenta en qué momento llegamos al lugar, estaba tan ensimismada observando a Alex reír y hablar, que olvidé a dónde íbamos hasta que Alex cortésmente me abrió la puerta y esperó a que pasara primero. Con una gran sonrisa me toma de la mano para dirigirnos a una mesa cerca de un ventanal que nos regala una vista cálida de un parque con pasto y grandes árboles.

-¿Te das cuenta que es nuestro primer desayuno como novias, cariño? – Le pregunto emocionada y nerviosa a la vez resaltando el apodo cursi mientras mueve mi silla para que tome asiento.

-En realidad siento que estoy en un sueño – confiesa sentándose frente a mí. – Me parece irreal que después de todo lo que pasó, todo lo que pasamos desde la primera vez que te invité a salir estemos aquí, tranquilas desayunando en un local como novias – me sonríe con sinceridad, pero en su voz noto cierta inseguridad.

-¿Pasa algo? Alex, ¿está….? – Pregunto y soy interrumpida por el joven mesero que nos da la bienvenida y nos ofrece las cartas. Al retirarse después de agradecerle, Alex me sostiene la mirada con la serenidad que la caracteriza.

-¿Qué pasará ahora que te vas varios meses fuera del país? – Me pregunta calmadamente.

-No lo sé, Alex. Aún estás en clases, y no es factible que te invite a ir conmigo pues no has terminado el semestre - contesto con tintes de tristeza en mis ojos.

-Tienes razón – responde volviendo su mirada a la carta, la veo hojear el menú, pero parece que su mente está en todo menos en la comida.

Trato de concentrarme en qué me apetece desayunar, abro la carta y cuando opto por unas tortitas con jugo de naranja natural me pregunta que si estoy lista para ordenar. Asiento con entusiasmo y hace una seña al mesero que atento toma nuestra orden. Con cortesía, Alex le agradece y al retirarse nuevamente, me atrevo a preguntar.

-¿Te preocupa que nos distanciemos en este tiempo? Si lo prefieres, podemos esperar por una relación formal – le propongo sosteniendo su mano por sobre la mesa. Alex sonríe con ternura y niega con un movimiento de cabeza.

-No, linda. No quiero esperar más por esto. Estaba pensando en que los últimos exámenes serán en tres meses, en ese tiempo termino mi residencia en el Museo de Antropología e Historia de la ciudad, y si para entonces tu gira aún no termina, podría ir a darte una visita en el país en el que te encuentres para entonces.- Después de escucharla, encantada acepto su propuesta. Me levanto levemente para robarle un beso rápido en los labios y le explico que estaré con mis colegas de la AHC durante los siguientes cuatro meses, así que podremos estar juntas un mes entero en Europa, y quién sabe, tal vez nuestro viaje se alargue de más.

Al terminar el desayuno, dimos un paseo por el parque frente al restaurante. Alex es muy buena hablando, culta, interesante e ingeniosa para hacerme reír. Cuando yo tomaba el rumbo de la conversación, Alex me escuchaba atenta y eso me hacía sentir más especial aún. Me sentía orgullosa de la mujer que sostenía mi mano, y aunque solo camináramos en un parque, me sentía invencible también. Como si nada me pudiese detener.

Sin darnos cuenta de la hora, llegamos a su departamento a relajarnos. Después de muchos besos más sobre su sillón, tomé mis cosas y me retiré a mi casa. En cada semáforo en el que me detenía, me atrevía a aspirar el aroma de la chaqueta que tenía puesta. No podía dejar de recordar la noche tan maravillosa que pasé al lado de mi ahora novia, tampoco quería dejar de oler su ropa, me hacía sentir cerca de ella. Al llegar a mi casa, comencé a hacer mi maleta para tomar el vuelo de la mañana siguiente. La primera parada es España, y aunque me emociona dar conferencias, extrañaré mucho el calor de Alex. Serán tres meses muy largos, pero podré recompensárselos con unas merecidas vacaciones al terminar la gira de la AHC.

Cuando terminé de empacar, revisé que cada puerta y ventana estuvieran bien cerradas, les agradecí a mis vecinos por décima vez por ofrecerse a cuidar de mi casa mientras no estoy, y sobre las nueve de la noche regresé en taxi al departamento de Alex como se lo había prometido al marcharme. Hoy pasaré la noche con ella, y mañana a las siete de la mañana estaré en camino a mi primer destino.

Después de cenar algo ligero, y por segunda noche consecutiva duermo entre los bazos de ésta mujer que me enamora a cada minuto. Nos besamos y susurramos palabras de cariño hasta quedarnos dormidas, sin nada pasional de por medio. Esta vez sólo fue ternura pura la que hubo entre las dos. Caricias y muchos suspiros antes de caer en un sueño profundo.