Antes que nada, quiero darle las gracias y todo el amor del mundo a Blogger6Fowl (o a su segunda cuenta, Anna-ALokiWoman) en Wattpad por proporcionarme la trama completa y confiar en mi arte para elegir las palabras y traer una historia al mundo. El cincuenta por ciento de esta historia le pertenece, y si tienen preguntas sobre la trama y las dejan en los comentarios, tal vez sea ella quien conteste en lugar de yo, dependiendo de la situación.

Ahora sí, yendo a la historia, la trama se ubica justo en la sentencia de Loki en Thor: Un Mundo Oscuro. Ahí, Odín le dijo que pasaría el resto de su vida en prisión, pero ya sabemos lo que sucedió luego. En esta versión, las películas no existen a partir de ese entonces (aunque sí existe lo ocurrido en Los Vengadores y en Thor 1). Esta historia está en proceso, pero espero terminarla pronto porque no será tan larga como, digamos, "Fuego & Pólvora" (los que entendieron, entendieron).

Bien, ya es suficiente de introducción. Pasen y lean.


CAPÍTULO 1

LA SENTENCIA


Era patético ser un príncipe y estar siendo escoltado por guardias como un criminal. Las cadenas eran pesadas, pero no iba a demostrar ningún tipo de fatiga ni impotencia. El collar de metal le rozaba la piel del cuello y las esposas se clavaban en sus muñecas, pero ninguna expresión de dolor cruzó su rostro mientras recorría el camino hacia el trono haciendo sonar las cadenas con cada paso.

Se detuvo al llegar al pie de la escalinata que llevaba al trono, no porque lo obligasen sino porque Frigga se había acercado a él.

—Loki... —dijo ella con voz calma. Él pudo detectar la inseguridad detrás.

—Hola, madre —contestó, girándose hacia ella y haciendo caso omiso de Odín sobre el trono. No pudo evitar que las palabras saliesen cáusticas de sus labios—. ¿Orgullosa de mí?

—Basta, no empeores las cosas —murmuró la reina, y sus ojos se endurecieron y se llenaron de lágrimas que nunca bajarían. Loki jamás la había visto llorar, y eso era lo que quizás le empujaba a seguir arruinando la situación. La seguridad de que aquella mujer nunca caería, que ella siempre sería el pilar inamovible.

—Define 'empeorar' —dijo, aunque debería haberse callado.

—¡Basta! —ordenó Odín, y Loki volvió la vista hacia el trono—. Deseo hablar con el prisionero a solas.

Frigga le dirigió una última mirada, se dio la vuelta y se marchó entre las columnas, dejando a Loki solo con su 'padre'. Alzando la barbilla con desprecio, Loki dio un par de pasos más hacia la escalinata del trono, se balanceó un instante en el pie izquierdo y chocó con un fuerte sonido metálico las argollas de sus tobillos, parodiando un saludo militar hacia el rey. Por un momento lo miró con altivez y luego lanzó una risa burlona, relajando la postura.

—Aún no entiendo por qué tanto alboroto —comentó con una sonrisa. Odín no parecía nada contento.

—¿De verdad no comprendes la gravedad de tus crímenes? —espetó, pero Loki siguió sonriendo—. Dondequiera que vas, hay guerra, dolor... —hizo una pausa dramática y Loki puso los ojos en blanco—... y muerte.

Loki se encogió de hombros y mostró las palmas de las manos en son de paz.

—Viajé a Midgard como un dios benevolente a gobernarlos —y le dirigió una mirada acusadora y burlona—. Igual que tú.

—No somos dioses, al nacer, vivir y morir, igual que los humanos.

A Loki le hizo gracia, y movió la cabeza fingiendo pensarlo por un momento.

—Con diferencia de cinco mil años —replicó, y sonrió satisfecho entrecerrando los ojos. Odín torció el gesto.

—Y todo... porque Loki desea... un trono.

Loki se comenzó a molestar.

—¡Es mi derecho natural!

—¡Tu derecho natural... —gritó Odín, perdiendo la calma y casi levantándose del trono— era morir congelado! Cuando eras niño. En una roca fría a solas —Su tono se había ido calmando y volviéndose más gélido a medida que hablaba, y parecía importarle poco que hubiese diez guardias presentes que podrían revelar la verdadera naturaleza de Loki a todo el pueblo. Estaba manchado por siempre. Un nudo se enroscó en el pecho de Loki y podría haber llorado ahí mismo, pero no permitió que ni una sola lágrima cruzase sus pestañas. Odín siguió hablando, como si no se diese cuenta, o como si no le importara—. De no haberte recogido, no podrías estar aquí... —su voz se volvió burlona— odiándome.

—Si voy a morir hoy, por piedad, sólo hazlo y ya. ¿Te parece? —espetó Loki, aparentando una calma que no sentía en su interior—. No es que deteste nuestras charlas, es que... —se detuvo un momento y luego volvió a mirar al rey displicentemente— las detesto.

—Frigga —dijo su 'padre' y Loki sintió la tentación de estrangularlo ahí mismo. Lo hubiese hecho si las cadenas se lo hubieran permitido— es la única razón de que sigas con vida, y no volverás a verla. Pasarás el resto de tus días en el calabozo.

Los guardias tiraron de las cadenas, haciendo a Loki retroceder. Él no se resistió, pero aún intentaba procesar lo que acababa de oír. Un resoplido incrédulo escapó de sus labios abiertos.

—¿Y qué hay de Thor? —preguntó, sin resignarse a creerlo. La voz le tembló ligeramente, traicionándolo—. ¿Nombrarás rey a ese ignorante y me dejarás en cadenas?

—Thor debe resarcir el daño que has causado. Él pondrá orden en los Nueve Mundos —contestó Odín, mientras dos guardias posaban sus manos en los hombros de Loki—, y luego, sí, él será el nuevo rey —Miró a los guardias directamente, sin importarle que el mundo de Loki se desmoronaba—. Pónganle un bozal. Y que no hable. Ya conozco sus trucos.

Loki no le dio la satisfacción de luchar contra su destino, y se quedó inmóvil como una estatua mientras los guardias le colocaban el mismo bozal que había portado durante su traslado de Midgard a Asgard.

Luego los guardias le obligaron a girarse y caminar fuera del salón del trono. Loki obedeció porque la situación le parecía irreal y no sabía cómo reaccionar. No podía ser cierto. ¿Él, príncipe de Asgard, heredero de Jötunheim, encerrado de por vida? El corazón le latía fuerte en los oídos, y esperó ver a su madre apareciendo por alguna esquina, con la palabra justa en sus labios para tranquilizarlo. Esperó ver venir a Thor, poniéndose de su parte y convenciendo al rey de que esa no era la solución. Espero ver llegar a Odín, diciendo que se había equivocado y que el castigo no sería para siempre.

Pero nadie llegó y nadie apareció en el pasillo, y a Loki lo llevaron abajo, muy abajo, a donde pocas veces había ido en el palacio. Las paredes se volvieron mohosas y el aire perdió la pureza. Las antorchas sustituyeron a la luz de las lámparas y el silencio se apoderó del ambiente. El sonido de las cadenas era ensordecedor en cada paso mientras seguían bajando, hasta lo más profundo que se podía llegar. En el final del último pasillo había una puerta grande y maciza, y uno de los guardias la abrió con una llave dorada de intrincado diseño.

Loki pensó en escapar mientras le quitaban las cadenas, pero miró atrás. El pasillo era infinito, y él estaba débil. No llegaría a ningún lado antes de que diesen la alarma, ni siquiera si usase toda su magia disponible en el momento. Tenía que recuperarse antes de intentar salir. Una vez que le sacaron los grilletes lo empujaron dentro de la celda sin ningún miramiento y cerraron la puerta con un ruido ensordecedor detrás de él. Escuchó cómo giraba la llave, cómo recogían las cadenas y cómo se marchaban, y se quedó solo en el silencio.

Miró a su alrededor. La habitación era reducida, de ladrillos de piedra. No había ninguna ventana, como era de esperar, pero en cada esquina había una lámpara eterna con llamas de Muspellheim. No se apagarían nunca, así Asgard quedase desierto por un millón de años, y mantenían el aire seco y la habitación a una temperatura agradable. Luego había una cama—qué detalle de parte de Odín—y un par de mantas. En una esquina había un retrete, gracias a todos los dioses, pero nada más.

Dejó salir un pesado resoplido a través del bozal y volvió a mirar alrededor, como si esperase que mágicamente apareciesen más cosas. ¿De verdad lo iban a dejar en un lugar así? Que se muriesen todos allá arriba. Los detestaba con cada fibra de su ser, empezando por Odín.

Lo único que lamentaba de toda la situación era no poder haberse despedido de su madre. De haber sabido que esas serían sus últimas palabras hacia ella, hubiese moderado su tono. La hubiese mirado un poco más, para grabarse su rostro en la memoria. Con sólo pensar en no verla más, el cuerpo le hormigueaba, deseando su abrazo y las palabras cálidas que ella sabía decir.

Cerró los puños con fuerza, clavándose las uñas en las palmas, y volvió a suspirar con pesadez intentando aclarar sus pensamientos. Se quitó el bozal con un gesto brusco, casi lastimándose, y usó su borde afilado para marcar una raya en la pared en un ladrillo a la altura de su cadera. Luego tiró el objeto con rabia a una esquina de la celda y se dejó caer en la cama, mirando al techo.

Así se quedó midiendo el tiempo mentalmente hasta que, aproximadamente al mediodía, oyó pasos acercándose del otro lado de la puerta. ¿Lo sacarían de allí? ¿Odín había recapacitado?

Giraron la llave en la cerradura y se abrió la puerta. Un guardia entró, dejó una bandeja con agua y comida en el suelo, y se giró para marcharse. Loki se puso de pie y extendió su magia para inmovilizarlo, pero se sobresaltó al notar que el conjuro no hacía ningún efecto en el hombre. Luego reparó en el brazalete rúnico que portaba el guardia y entendió. Odín no era estúpido. Intentó entrar en la mente del individuo y chocó de lleno con una barrera impenetrable. Para cuando se recompuso de su sorpresa, el guardia ya había cerrado la puerta detrás de sí, giraba la llave y se marchaba de allí.

Loki tomó la bandeja de comida y sintió la terrible tentación de estrellarla contra la pared, pero algo le decía que nadie lo limpiaría, y el hambre le haría sentirse aún peor. Así que apretó la bandeja hasta que sus nudillos palidecieron, y se tragó sus impulsos. Se sentó en el borde de la cama, bebió el agua y comió la porquería que había en el plato, y luego dejó la bandeja al lado de la puerta. Volvió a tenderse en la cama mirando el techo y siguió midiendo las horas. Eran las nueve de la noche cuando entró el guardia de nuevo, se llevó la bandeja vacía y dejó una llena a cambio. Loki ni siquiera se levantó ni tocó la comida.

Pasó la noche despierto, o lo que suponía que era la noche al menos, porque no tenía forma visible de comprobarlo. Siguió midiendo las horas con sus mejores capacidades mágicas, y a lo que creyó que era el mediodía del día siguiente, el guardia volvió a llegar. Estaba comenzando a ver el esquema.

Poniéndose de pie para buscar la bandeja nueva, marcó una segunda muesca en la pared junto a la anterior, haciendo uso del bozal. El guardia volvió a entrar a las supuestas nueve de la noche. Entonces venía dos veces por día. Eso le serviría para medir el tiempo, a menos que lo usasen para confundirlo a propósito. Dudaba que lo hiciesen, de todos modos, y tampoco le cambiaría drásticamente la vida saltarse un día o dos. Esta vez sí cenó, y se durmió un rato más tarde.

Dejó de medir las horas, pero las periódicas llegadas del guardia con la comida le servían para recordarle cuándo marcar las rayas en la pared. Cuando llegó a siete, las borró con su magia e hizo una muesca en un ladrillo superior, para marcar la primera semana. A las cuatro semanas marcó una raya un ladrillo más arriba, para señalar el primer mes, y a partir de allí, los días se volvieron eternos.