Peludo cupido
Me gustas.
Cuándo Seung llegó a su departamento le pareció extraño encontrarlo a oscuras. Encendió las luces y recorrió el lugar, solo para confirmar que Sara no estaba allí, lo que le pareció aún más extraño, pues conociéndola y con la cantidad de llamadas perdidas que tenía de ella, eso no concordaba.
Milo recorrió el lugar como solía hacerlo y se detuvo junto a su tazón en la cocina a esperar a que su amo lo llene de agua.
Seung dejo sus cosas en la mesita de la entrada y entró a la cocina mirando su celular, las llamadas habían sido insistentes casi hasta el mediodía y parecía que con los mensajes era lo mismo, observó a Milo esperando y al llenar el tazón de agua notó que había un papel pegado con un imán en la heladera. Al verlo inmediatamente reconoció la letra de Sara
Seung…
Quisiera no despedirme así, pero en este momento no puedo hacerlo de otra forma… sé que nuestra relación llegó hasta aquí solo por mí insistencia y la verdad es agotador ser la única que pelea para mantener esta relación a flote, desde el principio hubo agujeros que intente reparar… pero este último no puedo repararlo… es obvio que te enamoraste y no de mi.
No es justo para ninguno de los dos seguir con esto. Espero que puedas ser feliz, yo buscare mi felicidad en otra parte.
Lamento mucho haberte hecho pasar por todo esto, en verdad eres una persona genial y fuiste realmente bueno conmigo, siempre intentaste hacer lo mejor y sé que en cierta forma te esforzaste por mi, sé que me quieres pero no de la manera que yo deseo.
Sara.
P.D.: Me tomaré unos días, te avisaré cuando vuelva por el resto de mis cosas.
Seung soltó un suspiro luego de leer esas líneas y tuvo un choque de emociones, por un lado se sentía bien porque finalmente había terminado su relación y por otro lado se sentía mal por Sara, no la amaba pero en verdad había llegado a quererla como a una amigo y conociéndola sabía que seguramente a ella le costó mucho hacer esto y en este momento seguramente estaría en casa de Mila o su hermano atiborrandose de helado y dulces, le gustaría hablar con ella y poder explicarle todo, pero sabía que tendría que esperar a que Sara este lista para eso.
Giró sobre sí mismo dando un vistazo a todo el lugar, eran pocas las cosas que faltaban, algunas fotos, algunos libros, las chalinas y carteras que siempre colgaban del perchero cerca de la entrada… y de repente sintió el pequeño pinchazo de la soledad en su pecho, un nudo se formo en su garganta e inmediatamente buscó con la mirada a Milo, solo para encontrarlo sentado frente a la puerta de entrada como si esperara a alguien, dio un paso y se sobresaltó un poco al escuchar su teléfono sonar, inmediatamente supo que era Phichit
—Phichit ¿sucedió algo? —se apresuró a preguntar, algo preocupado, pues no hacía mucho que había dejado al tailandés en su departamento.
—Hola Seung… oye olvidaste tu billetera en casa… y bueno pense que quizas la necesitarías y… al llegar aquí me di cuenta de que no se el numero de tu departamento —el tailandés estaba hablando más rápido de lo normal y eso hizo sonreír al coreano—… y ahora me estoy dando cuenta que tal vez no estás solo y solo soy una moles…
—Sube, 6B —interrumpió Seung mientras apretaba el botón para que la puerta de recepción abriera.
—¿Seguro que no hay problema?
—Seguro,
—Bien, estoy en el ascensor, nos vemos en un momento —dijo el moreno antes de terminar la llamada.
Seung dejó el celular sobre la mesita de la sala y se encaminó hacia la puerta donde todavía estaba Milo esperando, acarició la cabeza del perro y este comenzó a ladrar unos momentos antes de que golpearan la puerta. Al abrir la puerta el coreano se encontró con la sonrisa de aquel moreno y sintió cómo algo se movía en su interior.
—Parece que alguien está feliz de que esté aquí —exclamó Phichit ante los ladridos de Milo, pero su sonrisa cambió al ver la expresión del hombre ante él, era como si algo le doliera—… Seung ¿estas bien? ¿sucedió algo? ¿Te molesta que esté aquí? —se apresuró a preguntar antes de ser jalado hacia adentro del departamento y envuelto por los brazos del coreano.
El moreno se quedó helado por un momento, pero luego solo sonrió y correspondió al abrazo, escondió el rostro en el hueco del cuello del coreano y acarició la zona con la punta de la nariz, en verdad le gustaba como olía Seung, se sentía muy bien con él, era como estar en casa. Sintió las manos del coreano recorriendo su espalda y su respiración golpeando cerca de su oreja, antes de sentir el delicado roce de los labios sobre su cuello.
Seung empujó la puerta para cerrarla y un instante después tenía al tailandés acorralado entre la puerta y su cuerpo. Sus ojos se encontraron por un momento, pero ninguno dijo nada y de repente sus labios se encontraron en un beso hambriento.
La sensación de soledad se había ido y lo único que podía pensar Seung era en cuanto quería que ese moreno sea parte de su vida para siempre.
—No tienes idea cuanto te deseo —susurró Seung casi sobre los labios del moreno antes de volver a besarlo y darle una pequeña mordida al labio inferior de Phichit—… cuanto he soñado con esto…
—¿Y… por qué no… lo hacías? —preguntó el tailandés entre beso y beso mientras hundía los dedos entre el negro cabello del coreano.
—No era correcto mientras estaba con Sara —respondió Seung repartiendo besos por la mandíbula del tailandés antes de comenzar a bajar por el cuello.
—¿Terminaste con ella? —indagó algo sorprendido Phichit antes de soltar un jadeo al sentir una mordida.
—Me dejó —susurró el coreano antes de alejarse un poco para ver el rostro del tailandés.
Phichit sonrió ante esa respuesta y sin demora se apoderó de los labios del otro hombre, hacía tiempo que se moría por probarlos pero no se había atrevido, hasta esa mañana donde no pudo resistir y terminó rozandolos en un corto beso, pero definitivamente deseaba más.
—¡¿Así que sueñas conmigo?! —preguntó el moreno apenas separándose de los labios del coreano, quien respondió con un simple "aja"—… ¿y qué me haces en esos sueños? —agregó con un tono travieso acompañado de una suave risita.
Como respuesta Seung volvió sobre esos labios con un beso muy hambriento y guió al moreno hasta la habitación sin dejar de besarlo hasta que cruzaron la puerta, donde dio una mirada y con una patada cerró la puerta asegurándose que Milo no esté en la habitación, e inmediatamente volvió a besar al moreno mientras las manos de este comenzaban a desprender los botones de su camisa. La ropa de ambos fue cayendo en el tramo de no más de diez pasos hasta la cama.
Las manos de ambos recorrían con ansias el cuerpo del otro, mientras sus bocas parecían no poder separarse, finalmente la necesidad de aire fue más fuerte y en el breve momento que se separaron sus ojos se encontraron y para ambos fue evidente el deseo y la lujuria en los ojos del otro. Phichit sonrió y se dejó caer en la cama antes de tirar de la mano de Seung para que también caiga en la cama y continué con lo que inició.
—¿En verdad quieres esto? —preguntó el coreano con una sonrisa de lado, que dejó sin aliento al moreno, indudablemente ese hombre tenía que sonreír más.
—Definitivamente —murmuró Phichit, antes de morderse el labio inferior mientras sus ojos recorrían ese níveo y marcado cuerpo, que apenas había comenzado a inclinarse sobre él también inspeccionandolo con la mirada.
Seung se acercó, dejó un corto beso en los labios del moreno y sin demora sus labios comenzaron a bajar por la mandíbula dejando un camino de besos y algunas mordidas por el cuello, los hombros y el pecho de Phichit, quien no pudo contener los jadeos de placer. Las manos de Seung recorrieron los costados del moreno, bajaron por los muslos y volvieron a subir acariciando lentamente el interior de los muslos del tailandés, hasta que una de las manos se detuvo sobre la erección de Phichit, todavía atrapada en el boxer de este, e inevitablemente el moreno movió las caderas en busca de más fricción, soltando un gemido que al coreano le resultó delicioso.
Phichit paseó sus manos cubiertas de vendas por el torso de Seung, sus caderas y dudó un momento antes de acariciar su erección, también atrapada en el boxer. Aquellas prendas comenzaron a molestar a ambos y no tardaron mucho en terminar en el piso de la habitación. Sus miembros se rozaron y ambos jadearon, Phichit intentó atrapar ambos miembros con una de sus manos pero fue detenido por el coreano, quien lo miró un momento antes de atrapar ambas manos del tailandés y sujetarlas sobre su cabeza.
—Será mejor que dejes tus manos quietas, no quieres que arruinemos tus vendas —susurró el coreano muy cerca del oído de Phichit, antes de acercar los dedos de su otra mano a la boca de este—, ahora… chupalos bien —agregó, e inmediatamente el tailandés soltó un pequeño jadeo, antes de abrir su boca y comenzar a chupar los dedos de Seung con desesperación—… buen chico —dijo el coreano antes de darle una mordida en el cuello debajo de la oreja.
Cuando Seung sintió los dedos suficientemente húmedos los sacó de la boca y comenzó a jugar con ellos en la entrada del tailandés. Un gemido dejó los labios de Phichit cuando uno de esos dedos comenzó a entrar en él, pronto fueron dos y el volumen de los jadeos subió, cuando el tercer dedo entró en juego la otra mano del coreano comenzó a acariciar lentamente la erección del moreno, convirtiendo aquello en una deliciosa tortura que comenzaba a desesperar a Phichit, lo que lo llevó a comenzar a mover las caderas en busca de un nuevo ritmo y más fricción.
—Shhhhh… ¡Quieto! se un buen niño… solo espera un poco más y te dare lo que quieres —murmuró el coreano, dejando el miembro de su pareja para apoyar la mano en su vientre y presionar en señal de que dejara de mover las caderas. El tailandés gimió e infló un poco los cachetes en protesta, con lo que solo logró verse adorable.
—Seung por favor… ya está bien —se quejó Phichit antes de cubrirse el rostro con las manos, provocando una suave risa del otro hombre. Sintió que las manos de Seung dejaban su cuerpo y cuando movió un poco los dedos para ver, lo encontró junto a la mesita de noche sacando un paquete de condones del cajón, el moreno se incorporó y gateó sobre la cama hasta alcanzar al coreano—… ¿puedo ponértelo? —los ojos de Seung se detuvieron un momento en las manos cubiertas por vendas del tailandés e inmediatamente este agregó— no te preocupes no usare las manos —agregó antes de quitarle el condón de las manos, abrirlo y sostenerlo con los labios, antes de hacerle una seña al coreano para que se acerque más.
Seung miro embelesado al moreno que se movía con completa naturalidad y un jadeo escapó de sus labios cuando sintió la boca del moreno sobre su erección, avanzando poco a poco mientras se ayudaba con los labios y la lengua para deslizar en condón. Una vez hecho, esa boca se retiró lentamente.
Las manos vendadas comenzaron a recorrer los marcados abdominales del coreano antes de tirar de él para que lo acompañara en la cama. Sus bocas volvieron a encontrarse mientras Seung se acomodaba sobre el cuerpo del moreno. Phichit soltó un gemido al sentir como el miembro del pelinegro entraba en él y sus dedos se hundieron en los pálidos hombros del coreano a medida que este se abría paso en su interior.
Pronto la habitación comenzó a llenarse de jadeos y gemidos. Las manos de Phichit recorrían y apretaban la espalda de Seung mientras este no dejaba de embestir en su interior, sus ojos se encontraron cuando terminaron un beso y ya no pudieron separarse, era como si una fuerza magnética los mantuviera así, como si no hubiera nada más en el mundo que los ojos de la persona ante ellos.
Seung sabía que nunca se había sentido así con nadie, por lo general el sexo era algo que solo sucedia en su vida, jamás había deseado tanto a alguien o sentido la necesidad de tener a la otra persona para siempre entre sus brazos. Sintió a Phichit estremecerse y supo que el moreno estaba cerca del orgasmo, por lo que aumentó la velocidad sacando más jadeos mezclados con su nombre de los labios del tailandes, amaba como sonaba eso. El orgasmo golpeó con fuerza a Phichit y luego de algunas embestidas más también a Seung, quien se dejó caer sobre el cuerpo moreno.
Unos minutos después ambos se acomodaron de lado en la cama, con sonrisas en sus labios y nuevamente con sus miradas conectadas.
—WOW eso fue —murmuró el tailandes con una sonrisa…
—Intenso… definitivamente no solo sexo —acoto en un tono casi inaudible el coreano obteniendo un sonrojo y asentimiento del moreno. Seung acarició la mejilla del moreno e inmediatamente su sonrisa se amplió—… me gustas demasiado, quedate para siempre conmigo…
-Bueno me demore mucho pero finalmet esta la ctualización y espero porder terminarla pronto, ya solo queda caps.
