Hola; bien después de 8 años traigo la siguiente parte, no pondré excusa alguna, pero pese a todo siempre me dije que no abandonaría esta historia y que vería un final, y así será. Seguiré publicando hasta terminar la historia aun si no es leída.
Nunca pensé que mi inseguridad seria tanta, pero lo fue. Todos estos años la historia nunca salió de mi cabeza pero mi inseguridad por escribir me bloqueo.
Capítulo 6: Tormenta y Duelo
Nunca antes el cielo y el mar habían resultado ser tan terribles.
Si cada uno de ellos por su parte podría llegar a ser un desastre, su combinación ocasiono un caos completo.
Como una pequeñísima aguja perdida dentro de un inmenso pajar, el barco nombrado Fairy tail se las arreglaba para mantenerse a flote; las olas a las que se enfrentó fueron enormes, y tan continuas que no dieron tregua a la embarcación.
El viento una vez a aliado, ahora se volvía en contra de ellos, las ráfagas de aire resultaban ser fuertes, junto a la lluvia que había comenzado, golpeaban al igual que pequeñas cuchillas a cualquiera que tuviera la infortuna de estar expuestos a ellas.
Pasos resonaron por toda la cubierta; así como gritos que indicaron instrucciones y órdenes.
Voces y gritos que para cierto joven rubio no se lograban distinguir; jamás en su vida un tramo se le hiso tan largo para andar, lo que en realidad deberían haber sido veinte metros, a su percepción resultaron ser cien metros. El piso cubierto de agua era resbaloso a su calzado, el viento en su contra acompañado de las gotas de agua golpearon su rostro.
Algo que le retraso en su travesía.
Incluso cierto minino había tenido que abandonar su vuelo y unirse a ella en la seguridad que proporciono la barandilla. Tenía que admitir que hasta ahora las olas habían sido generosas con ellos: muy pocas habían rompido en cubierta y no eran tan altas.
Sin embargo, eso no disminuyo su miedo, el golpeteo de las olas contra el barco provocaba que se balanceara excesivamente de un lado a otro. Una caída al mar profundo fue muy probable si no se tuvo el suficiente cuidado.
¿Qué fue entonces lo que a ella la hiso continuar?
Dos simples hechos; por una parte su instinto natural de supervivencia que se reflejó en el deseo de encontrar un lugar más seguro en donde permanecer, y la más importante, Happy, para su asombro, el gato fue el que más determinación y empeño mostró en desplazarse hacia la cabina principal; esa cabina donde debía encontrarse el adolescente de cabellos rosas, que lo estaba esperando, para su desgracia a ella también.
Pero nuevamente pensando en el felino.
¿Acaso no era esto lo mismo que ella estaba haciendo?
Siguiendo ese impulso que dio la fuerza para moverse y buscar el bienestar de una persona. Esa idea trajo a ella una pizca de simpatía así como respeto por el gato delante de ella. Al igual que su persona, Happy, sería capaz de pasar y enfrentar situaciones extremas por la persona amada.
Justo en ese momento la sensación de algo frio golpeando la parte inferior de su cuerpo saco a la joven de sus pensamientos.
Había perdido al felino de vista, lo que significó que quizás él llego a su destino. Con un último esfuerzo se impulsó con fuerza hasta alcanzar el portón de la cabina. La fuerza del impulso resulto ser más de lo planeado, lo siguiente que supo fue que estaba en el suelo, supuso que el impacto de su caída no debió haber sido demasiado fuerte, porque nadie le había dirigido la mirada, no obstante, sintió un gran dolor en su mentón.
De las burlas y comentarios esperados, sólo hubo palabras y sonidos que no fueron dirigidos a ella. Ante su vista ninguno de los tres hombres ahí presentes se habían percatado de su presencia.
El hombre de cabellos arena, Wakaba, se halló con manos muy firmes en el timón. Si bien era cierto que ella nunca había realizado aquella tarea, era capaz de decir que no debía ser fácil por la expresión que se marcaba en el rostro del hombre.
Macao se mantenía observando lo que parecía ser una brújula mientras que a cada segundo indicaba la posición del barco.
Y a pesar de que la voz del hombre era fuerte y clara, no era la que más se hizo notar en aquel lugar ni en el barco entero, si no que esta provino del hombre más joven en esa habitación.
Natsu, ubicado frente a un gran ventanal en la cabina, con la diferencia de que no hubo cristal alguno, se atinó ladrando una serie de órdenes e instrucciones, usando términos tan desconocidos para sus oídos.
No comprendió nada de lo que salía de la boca del joven, lo que a su mente trajo las palabras dichas por Macao: "también es la primera vez de Natsu."
Lo dudo, el joven que se presentaba delante de ella pareció cualquier cosa, menos un novato. Contemplándolo ahí parado, tan seguro de sus palabras, sin ninguna muestra de duda e inseguridad en su voz. Su voz que era tan diferente ahora a la que estuvo acostumbrada a escuchar.
Su tono no solía ser tan grave, al menos no como la voz de Gray y todos los demás hombres en aquella embarcación. Y pese a esto, aquí estaba él frente a ella, haciéndose escuchar ante ella y el resto de la tripulación.
En realidad dudaba que alguien no lo escuchara.
Un tirón en su manga fue suficiente para que todos sus pensamientos cesaran, sus ojos se encontraron con el rostro de Happy.
-¿Lucy, estas bien? – Los hombres estuvieron tan concentrados que el minino ni siquiera reparo en usar su nombre real – Levántate, Natsu te espera.
La joven se alzó, llena de incertidumbre después de unos segundos se acercó a él; a su perspectiva el joven ahí no pareció que ocupara su ayuda verdaderamente. Él tenía todo controlado.
Quiso hablar pero la voz le fallo, además de que el dolor en su mentón no favoreció mucho. Para su suerte, el joven volteo a mirarla, por lo menos de soslayo.
-Quiero que hagas que Jimie esté al pendiente del pozo; este no debe llenarse. También encárgate y asegúrate de que todos los demás vayan abajo, que nadie se quede afuera, tienen que permanecer resguardados hasta nuevo aviso – Natsu hablo pausadamente.
Lucy se limitó a asentir, sin perder más tiempo corrió con Happy volando detrás de ella.
Cierto hombre de ojos rasgados se mantuvo observando fijamente por donde hace unos segundos el joven rubio había partido.
-¡Macao! – Grito Wakaba con desesperación - ¡¿Qué posición?!
-20 grados latitud al sur – respondió el hombre volviendo a la realidad.
La joven volvía a avanzar apoyándose de la barandilla, su cabeza procesaba miles de pensamientos al mismo tiempo; tanto que no se dio cuenta de que el gato la seguía de cerca.
Era increíble como su estado de ánimo mejoro, todo lo que deseaba fue cumplir con lo encomendado, por fin realizaría una tarea correspondiente a su puesto.
Desde la cabina había podido contemplar a todos sus compañeros, todos ellos iban y venían con prisa, cubriendo las órdenes que Natsu mandó. Algunos con recipientes vaciaban el agua que se había colado a cubierta, mientras que otros ataban las velas. Serguei se encontraba en el puesto del Vigía; ubicado en el nido del mástil, desde ahí se encargó de ver la situación en su totalidad y advertir la llegada de una ola.
Así que en base a esto, ella conocía la posición de cada uno de ellos, ese fue un obstáculo menos. No pudo evitar sonreír para sus adentros, al parecer su misión no sería tan difícil de llevar a cabo.
-¡Macao!- llamaba nuevamente Wakaba todavía más irritado -¡La posición!
Un trance más fue roto, despertando al hombre nombrado - ¡Oh! Nos mantenemos en el rumbo.
-¡¿Qué pasa contigo?!- Cuestiono Wakaba – ¡No es el momento para que estés así de pensativo!
El chapoteo que el deslizar de Lucy provoco era audible , sin embargo era un sonido que se perdía dentro de un mar de otros más; el chocar de las olas, los truenos a lo lejos, las voces y gritos de sus compañeros.
Como ansió llegar a donde se hallaban estos últimos, pero una marcada distancia aún la separaba de ellos.
Un trueno más retumbo acompañado de un relámpago.
-¡Estaba recordando viejos relatos! – Macao rompió el breve silencio que se hubo instalado en la cabina – Historias que hablan sobre la furia de Poseidón y como esté descarga toda esta con algunos desafortunados navegantes que tienen la desgracia de estar en el momento exacto.
Ambos hombres; tanto Natsu como Wakaba lo miraron fijamente.
-Pero no todo es tan malo como se oye – continuo el hombre – Algunos dicen que Poseidón calmaba su furia con sacrificios hechos por los desafortunados navegantes.
-¿A dónde quieres llegar, Macao?- Lo interrumpió el Adolescente presente ahí.
El trueno paralizo a la joven por un momento; los truenos jamás habían sido de su agrado, al contrario le resultaron aterradores y mucho más en esta situación.
Alzó la vista al cielo; la nube negra se mostraba en todo su esplendor, tan inmensa, sin nada que diera una señal de su pronto final.
-¡Lucy! – una voz la saco de sus reflexiones -¡Date prisa!
Con la interrupción, ella retomo su paso junto con el felino.
-¡Dime, Natsu! – Hablo Macao dedicándole una mirada seria al joven - ¿Cuánto estarías dispuesto a sacrificar para salvar a la tripulación?
El silencio retorno entre los tres hombres en el lugar.
La risa de Wakaba intento romper la tensión – Macao, deja de bromear, este no es el momento.
-¡Dime! – Sin embargo, Macao insistió, esta vez estudiando el rostro del adolescente - ¿Estarías dispuesto a entregarle a Poseidón lo más preciado que pudieras llegar a tener en esta vida, para salvarnos?
Un poco más, sólo unos metros más y Lucy estaría con sus compañeros.
La joven dio una gran sonrisa, estaba así de cerca de su destino.
Desafortunadamente para ella, estuvo tan concentrada en la tarea de deslizarse que no escucho la clara advertencia de Serguei y Happy, no pudo prevenirse de la ola que acababa de romper con furia sobre todo el barco.
-¡Responde Natsu! – Exigió Macao a pesar del fuerte zarandeó que hubo en todo el barco - ¿Dejarías que el mar te arrebatara aquello que será lo más valioso en tu vida? ¿Lo harías para salvarnos?
Lucy no supo en que momento ocurrió todo; ¿Cuándo fue que sus pies dejaron de pisar el suelo solido?
¿En qué instante se sintió envuelta por el líquido que a su cuerpo resultaba ser cálido?
¿Cuándo ese mismo liquido entro de golpe en sus pulmones sacándole todo el preciado oxigeno que necesitaba para vivir?
No entendía lo que estaba pasando.
Un grito resonó dentro de la cabina.
-¡Basta ya Macao! – La voz provino del hombre de cabellos arenas – ¡La broma llego muy lejos, ahora, dame la posición!
-¡¿Vas a dejar que el mar te lo arrebate?!- Ignorando lo anterior, Macao se había mantenido.
Ella sintió como sus pulmones comenzaban a arder, quería abrir sus ojos pero si lo hacía conocía que arderían también.
¿Qué estaba pasando?
Pronto sintió como una fuerza arrastraba su cuerpo hacia atrás; fue ahí cuando su desesperación aumento, la realización se hiso presente; El mar la estaba reclamando.
-¡Vamos Natsu!- La persistencia del hombre resultaba exasperante- ¡Quizás nunca te des cuenta de que es aquello que perdiste!
Wakaba sólo observaba ya la escena con una mueca llena de incredulidad, si esto era una broma, se había excedido desde hace mucho tiempo. Sin embargo la seriedad que mostró Macao lo desconcertaba.
Un fuerte gruñido conjunto a una fría mirada, silenciaron las palabras del hombre.
Macao se estremeció, nunca antes el adolescente lo había mirado así. Si bien sabía que no era la mirada más fiera que el joven pudiera brindar; si le advertía que dejara aquello de lado: que guardara silencio.
Y sin dudar, el hombre así lo hizo.
La muerte, un hecho natural presente en la vida de todos, fue lo único que vendría con seguridad en algún momento, no obstante, la joven aún no se sentía lista para el afrontarla; ella deseaba vivir, todavía tenía muchas cosas y metas por realizar.
Lucho con todas sus fuerzas, aunque sabía que no podía competir contra el mar; la desesperación la obligó a continuar, cualquier razón fue nublada, lo único que era certero fue que si caía al mar sería el fin de su camino.
Pronto la fuerza empezó a abandonarle y su consciencia empezaba a menguar; ella sería tragada por el mar, quien la llevaría al olvido.
La cabina permaneció en silencio, los tres habitantes habían regresado a sus puestos. Ni una palabra ni ningún sonido se había producido, la tensión era todavía tangible en el aire.
Natsu, quien ya no gritaba ordenes pero se dedicaba a buscar los daños que había dejado la gran ola, era observado por Macao de soslayo, mientras en la boca del hombre se formaba una tenue sonrisa.
-No – susurro el hombre mayor para sí mismo – Supongo que eso fue un "no."
La repentina sensación de una fuerza que se opuso a la corriente da la ola llego a ella, en un principio era mínima pero de un momento a otro, la fuerza de la ola fue decreciendo mientras la otra cobro fuerza.
Después de unos segundos, Lucy sintió como todo su cuerpo tocaba de nuevo algo firme, mientras el aire volvía a entrar de golpe en sus pulmones, provocando que tosiera de forma automática, expulsando así el agua de su cuerpo.
Al abrir sus ojos, se encontró con una mancha azul que pronto se convirtió en el rostro de un felino. El minino se encontró recostado cerca de ella, una de sus garritas aún la sujetaba de una de sus mangas, su agarre era todavía fuerte, pero lo que más le llamo la atención fue que el rostro del gato, se notaba exhausto; como si acabara de haber hecho un sobre esfuerzo.
No tardo en comprenderlo.
-Ha…ppy – apenas logro pronunciar.
En seguida escucho pasos que se acercaban a ellos presurosos, mientras se sumaban gritos, cuyas palabras pudo registrar como "ayúdenlos", "vengan hacia aquí", pocas palabras, antes de que cayera en la inconciencia.
El esfuerzo hecho venía a cobrarle la energía gastada.
La suave sensación y calidez que le resulto a la joven tan igual a una tibia caricia, la hiso despertar. Un par de ojos le dieron la bienvenida, fueron de un azul oscuro, le miraban con sincera preocupación y alivio.
-¡Vaya susto que nos diste!- Esa voz tan familiar le dijo – Pero tanto tu como ese gato corrieron con suerte.
Cada uno de los sucesos se rememoró en su mente.
-¡Happy! – Lucy sintió el pánico crecer dentro de ella, automáticamente lo busco con la mirada.
-Calma – La trato de tranquilizar Gray - Está bien, él debe estar por ahí.
Tomándose un momento, por primera vez observo su exterior; se percató de que estaban dentro de una gran habitación. La reconoció enseguida, era la sala llena de argollas en las paredes, esa habitación donde ella se cambió la primera vez que subió al barco.
Sólo que esta vez las argollas sostenían de un extremo a otro varias hamacas.
Al fin entendió el uso de la habitación; ahí fue donde dormía el resto de la tripulación.
Otro detalle que no había registrado hasta ahora, aun cuando el felino le señalo que únicamente el capitán como el primer oficial gozaban del privilegio de contar con una habitación propia.
La privacidad, un beneficio y una bendición obtenida por el sencillo hecho de ser nombrada "Primer Oficial", mientras que los demás hombres cuyos ojos se posaron en ella actualmente, carecían de ella.
Lo que un título pudo hacer.
Se dio cuenta que ni en la vida marítima se discernía aquel aspecto de la sociedad.
Observo con atención al joven frente a ella, quien le devolvía todavía la mirada mientras le sonreía; él que continuaba tan igual a como lo recordaba. Con esa amabilidad y compasión que aunque no se notaron en su rostro la mayor parte del tiempo, si lo hacía en sus ojos y sus actos.
Ese joven que a pesar de este lugar, portaba un aire de sofisticación y nobleza, lo que lo hizo sobresalir a simple vista de los demás. Incluso la ropa que usaba ahora mismo lo evidenciaba demasiado, pese a que no fue tan ostentosa como la que solía usar en casa.
Definitivamente Gray seguía siendo el gran señor al que servía, no obstante en este tipo de vida, en la cual se jugó diferente; con otras reglas y posiciones, él no era nada más que un simple peón, otro miembro de la tripulación.
Que a pesar de ser nombrado "invitado especial", él mantenía los mismos tratos que todos los demás. Se le fueron asignadas tareas en el barco también. Justo ella tuvo la realización de que ambos se encontraban en la misma situación; Ninguno de los dos sabían mucho de las reglas bajo las que ahora se regían, y sin embargo, Lucy no pudo evitar sentir que se quedaba atrás.
Con toda la tristeza que conocía que el joven cargaba, agregando la angustia y la incertidumbre, Gray aún continuó firme, solidario y capaz de sonreír a los otros, aunque fuera solo para simpatizar con las personas, justo como lo estaba haciendo con ella una vez más.
-¡Oooh! ¡Pero miren que lindo! – una voz grave interrumpió sus cavilaciones - ¡Ambos niños se hacen ojitos! ¡Que hermosa amistad! ¡Quizás hasta sea más que eso!
Todas esas palabras bastaron para atraer nuevamente la atención de todos los ahí presentes, ambos adolescente habían roto la mirada bajo la curiosidad de los otros. Sin atreverse a mirar a la tripulación en general, la joven dirigió sus ojos hacia la fuente del asunto.
Se encontró con unos penetrantes ojos oscuros, el dueño de estos, fue un hombre bajo y rechoncho, quien le dedico una sonrisa ladina.
El pirata se ubicó sentado en una de las hamacas establecidas en el extremo opuesto. Todavía sin mirar Lucy sintió como se tensó el cuerpo de Gray. Era capaz de verlo apretando los puños y tensando la mandíbula mientras le regresaba la mirada al hombre conocido como Morí.
El joven de cabellos negros apenas había comenzado a avanzar hacia Morí, quien ya lo esperaba con una pose retadora, cuando una fuerte sacudida zarandeó a todos, seguido de un fuerte estruendo.
Lucy solo tuvo tiempo de agarrarse a una de las argollas en la pared, eso la trajo a la realidad; ellos estaban en medio de una gran tormenta.
Su mente evoco rápidamente los sucesos pasados antes de haber quedado inconsciente. Recordó que ella tenía la misión de reunir a sus compañeros bajo cubierta, no obstante no había tenido la oportunidad de transmitir el mensaje, aunque así ellos se encontraban ahora bojo cubierta.
Sin entender del todo, sintió algo envolverse en su pierna derecha, lo que vio fue una bola de pelo de color azul; Happy.
El minino se aferró fuertemente a ella en busca de apoyo, podía verlo con los ojos cerrados, tan asustado como nunca lo había visto. Las embestidas de las olas golpeaban contra la embarcación cada vez más fuerte.
-¡Las olas han aumentado! – Grito Serguei - ¡Debemos estar entrando al clímax de la tormenta!
La joven sintió su mano arder, aquella que se aferraba fuertemente a la argolla que sobre salía del muro; no era lo suficientemente ancha como para poder sujetarla con la otra mano también.
Siendo consciente de que esto fue solo el inicio de la peor parte, ella no sabía como soportaría lo que vendría. Las pendientes e inclinaciones a las que se vio sometido el barco eran cada vez más elevadas, por un momento temió que la embarcación terminaría volcándose.
Al igual que ella, los otros también se sujetaban a lo más firme y resistente que fueron capaces de encontrar, que en esté caso eran las argollas. Todo lo demás en la habitación había sido desplazado y volcado en los violentos movimientos; más de uno tuvo que apañárselas para esquivar el golpe del chocar de las cosas contra los muros, sin soltar su soporte.
Durante minutos el barco continuó con las pendientes fluctuando entre mayor y menor elevación. Hubo un golpe en particular que causo una elevación en un ángulo de 75°, la ascensión se hiso de forma tan gradual y lenta, que resultó ser la peor tortura que Lucy había vivido.
Experimento la sensación del estiramiento en los ligamentos de su brazo, cada vez más, conforme el peso completo de su peso quedo a cargo de aquella parte. No ayudo tener el peso extra del felino, sus garritas se habían envuelto con mayor fuerza en su pierna, con la plena intención de no caer.
El barco quedo suspendido durante varios segundos, segundos donde la joven sintió a las lágrimas acumularse en sus ojos, un grito quería brotar desde lo más profundo de su garganta; el dolor fue tan abrumador que su mente ya no registraba nada de lo ocurrido.
Dolor era todo lo que existía, su brazo estaba a punto de descolocarse.
Finalmente la embarcación cedió al peso y descendió nuevamente.
Sorpresivamente el balanceo del barco fue bajando de intensidad hasta detenerse casi completamente, cada uno de ellos, todavía aferrándose a las argollas, miraban con desasosiego la repentina tranquilidad instalada, era desconcertante; algo les decía que las cosas no estaban tan bien como parecía.
Lucy aún aturdida por el dolor no fue consciente de su exterior, su brazo seguía prensado a la argolla, aunque había perdido la sensación hace mucho tiempo. Un murmullo llamo su atención, su origen no fue otro que el gato de color azul. Happy, quien se había desprendido de su pierna, se hallaba mirando fijamente la puerta de la habitación. Lucy era capaz de sentir la intranquilidad en el minino, algo acerca de su lenguaje corporal se lo indico; el gato estaba a punto de echarse a volar.
Un vistazo rápido a la habitación le confirmo lo que ya sospechaba; el joven de cabellos rosas no estaba en el lugar. También faltaban aquellos dos hombres; Macao y Wakaba. Así como Jimie y Gilbert.
Era fácil deducir que los primeros tres todavía debían estar en cubierta enfrentando la tormenta mientras los otros dos debían estar tratando de vaciar el agua del pozo, según la tarea que ella había recibido anteriormente.
Conocía sin lugar a dudas que el deseo de Happy era ir a reunirse con el joven Capitán, pero algo en su intuición le indicaba que no era seguro, podía sentirlo en cara poro de su cuerpo; algo más grande se avecinaba.
Hecho que fue confirmado justo por el grito de Serguei; la advertencia de que ahora más que nunca nadie debía soltarse. Esto no era el fin, simplemente estaban en el ojo de la tormenta.
Desafortunadamente las palabras del hombre llegaron tarde; todo pareció en cámara lenta para la joven. En el momento en que Serguei acabo de hablar, el felino ya había despegado hacia la puerta, sin apenas haber tenido tiempo de alcanzarlo, y su llamado hacia el minino había caído en oídos sordos, ella se soltó justo cuando el infierno se desato.
Sin la más mínima advertencia el nuevo impacto que recibió el barco fue mucho más fuerte que todo lo anterior; el golpe lanzo con gran impulso todo lo que hubo en el interior de la nave.
Quienes permanecían agarrados de las argollas tuvieron que hacer un sobreesfuerzo por mantenerse ahí, así como tratar de evitar ser golpeados por los objetos que con gran velocidad se estrellaban contra el primer obstáculo que encontraron en su camino, más de uno no logró evitar el impacto de algo contra su cuerpo.
Fue el cuerpo de la joven rubia, quien se llevó la peor parte; mientras estaba suspendida en el aire su cuerpo era sometido a las leyes de gravedad, fue lanzado como un objeto más.
Varias cosas golpearon contra ella, lastimando partes como su hombro derecho, su mejilla, el golpe más fuerte provino de una valija que impacto en su costado izquierdo. Todo ocurrió en cuestión de segundos, caos y dolor fue lo único que registro.
En el fondo conocía que esto sólo sería el inicio de todo; las cosas más fuertes estaban por venir.
Cerro sus ojos en un intento por evadir la realidad; estrellarse contra algo blando le hizo aferrarse a lo primero que sintió sólido, antes de que la gravidez la llevara de nuevo; un gemido junto a un grito sonaron muy cerca de ella, no obstante, inmediatamente fue arrojada de nuevo , aquello que había sujetado, ahora rebosaba en su mano.
Dos golpes más fueron recibidos hasta que Lucy se sintió sujeta por algo. Tomando valor se atrevió a abrir los ojos; colgaba en cierto ángulo, por lo que su brazo comenzó a doler, una mano se enredaba fuertemente alrededor de su muñeca.
Basto con levantar un poco más su cabeza para que ella pudiera observar el rostro de un joven de cabellera negra azulada, observándola. El rostro de él estaba contorsionado en una mueca de dolor, además de que el color rojo se había extendido por su tez, reflejo del esfuerzo aplicado; ambos pendían casi verticalmente, y el joven cargaba con el peso de los dos.
Era capaz de ver como Gray se hundía cada vez más en el dolor conforme avanzaban los segundos; justo cuando creyó que él no resistiría, el barco cayo horizontalmente otra vez.
Un último impacto al estrellarse contra el suelo. Su grito resonó junto con el de otros. Los objetos cayeron por todo el lugar, afortunadamente ninguno golpeo contra ella.
Durante minutos el barco se meció bruscamente hasta por fin quedar en una danza leve a como solían moverlo las aguas tranquilas en las que surcaron.
Parecía que la tormenta finalmente había pasado.
Sintiendo en su brazo todavía el dolor, la joven fue consciente de que aún su muñeca estaba sujetada, simplemente el agarre se había debilitado.
Gray la miraba fijamente.
El joven se encontraba recobrándose del esfuerzo hecho por mantenerlos a salvo a ambos.
Toda interacción que se empezaba a formar al sostenerse la mirada fue rota con los pasos que se detuvieron detrás de ella.
Una respiración fuerte se hizo oír junto con un leve gruñido, no era necesario mirar para sentir la irritación del individuo en cuestión. Pero hacerlo la hizo consciente de que no fue otro que ese hombre llamado Morí.
Él la observaba con enojo palpable mientras sus labios se levantaron lo suficiente como para mostrar sus dientes. Una de sus manos sobaba continuamente su mentón, el cual no descubría.
-¡Maldito niñato! – el grito junto con la patada vino repentinamente.
La bota del hombre impacto con gran fuerza en el costado derecho de la joven. Había sido lo suficientemente fuerte como para hacerla rodar de costado.
Lagrimas se acumularón en los ojos de Lucy, el quejido que escapo de sus labios sonó ahogado. Sintió el dolor recorrer varios puntos de su tronco superior; los golpes recibidos durante la tormenta le estaban afectando más a su reciente lesión.
No obstante, la desorientación reino en sus sentidos.
Frente al desconcierto de todos, el hombre continuó avanzando hasta donde la joven se encontró desplomada. De su boca seguían saliendo improperios y maldiciones para ella. El letargo pareció romperse para los demás cuando Morí pateo nuevamente al pequeño joven.
Esta vez el golpe había sido dado en el centro de su caja torácica, cosa que pareció dejarle sin aire.
Serguei y Frances reaccionarón justo a tiempo antes de que un tercer daño se infligiera; apresarón al hombre, cada uno sujetando un brazo mientras trataban de alejarlo de Lucy.
Gray había corrido rápidamente para auxiliar al joven caído.
-¡Suéltenme, Malditos hijos de perra! – Bramo Morí forcejeando.
Su fuerza era sorprendente considerando su estatura; el agarre de Serguei y Frances se tuvo que estrechar mucho más.
Al haber sido sometido por los dos hombres, el rostro de Morí quedo descubierto; con sorpresa contemplarón que la barba de éste se hallaba partida en dos; con un gran trozo de bello faltante, donde su barbilla roja se asomaba, sin duda, reflejo de una piel irritada.
-¡Estúpido Mocoso, mira lo que has hecho! – su cara hervía al sentirse expuesto ante las miradas de los otros.
Basto con mirar las manos de Luigi para que la comprensión naciera en Gray; restos de vellos descansaban sobre la mano del joven, confirmándolo como el responsable de lo acontecido con Morí.
Se trató de un accidente sin duda alguna, acto que debió ocurrir en el transcurso de la tormenta; cuando el chico había sido arrojado de un lado a otro. Seguramente el joven rubio ni siquiera se dió cuenta.
Una disculpa sería el medio para solucionar este conflicto en la civilización; más específicamente, en la sociedad donde Gray se desenvolvió, sin embargo, no estaban ahí, y sospechaba que la resolución buscada por el hombre sería una mucho más compleja.
La alteración de Morí parecía lejos de extinguirse.
Serguei y Franz no podrían sujetarlo por siempre; Así que casi temió el método que enmendaría la ofensa.
Contemplar el cuerpo delgado del joven derribado, el cual parecía casi frágil a la vista, contra la gran masa corporal del hombre mayor, resulto ser más que desalentador; no hubo muchas posibilidades para el menor. Sin contar el factor de la experiencia, en el cual, dolorosamente dejo en un cero por ciento las probabilidades del chico.
Fue prácticamente un novato completo haciendo frente a un hombre más que experimentado.
La esperanza de que los demás intervendrían para calmar la situación permaneció en él, no obstante, sabía que no era un hecho seguro a pasar; por lo que su cuerpo comenzó a prepararse para interferir de ser necesario.
-¡Suéltenme pedazos de escoria! – Continuó bramando el pirata mientras empujo con más ímpetu -¡Saben lo que corresponde!
Por un momento Gray fue testigo de la duda en la mirada compartida entre los dos hombres, ninguno soltó su agarre en Morí, pero el costo de la vacilación fue el afloje en su dominio sobre él.
Tres segundos fueron los suficientes para que el hombre cargara nuevamente hacia el más joven que todavía se encontraba convaleciente en el suelo.
Gray apenas tuvo tiempo para detener el impacto de Morí, su empuje había sido fuerte, afortunadamente su cuerpo estuvo lo suficientemente firme para no ser derribado, pero si fue desplazado un metro hacia atrás; ahora se ubicó exactamente delante del joven que intentaba defender.
Era capaz de escuchar sus jadeos y sonidos de dolor, pero su atención se centró en el hombre de baja estatura frente a él. El fastidio y la rabia cubría claramente la expresión del rostro de Morí, así como éste le devolvía la mirada.
-¡Apártate! - Demando el pirata con autoridad en su voz - ¡No te metas donde no te llaman! ¡Esto es entre el mocoso y yo!
El joven no retrocedió; acción que desencadeno que los otros comenzaran a moverse con la intención de intervenir otra vez.
-¡Saben que estoy en mi derecho! ¡Es mío para aleccionar! ¡Ante la ofensa hay una consecuencia!
Esas palabras jugaron una clave que Gray no entendió, pero que al parecer los otros hombres sí. Bastaron para que todos ellos volvieran a apartarse. No había duda, era un código que aplico en esa vida de la cual él desconocía casi en su totalidad.
Una cosa lamentable; sin conocimiento pleno, estaba en una desventaja total.
Sintiéndose más seguro en cuanto a que los demás no se interpondrían, el hombre mayor avanzo nuevamente, esta vez sin indecisión hacia el joven de cabellos negros azulados. El puño que hundió en su estómago fue tan veloz que el factor sorpresa se convirtió en un obstáculo para Gray.
Pese a su tamaño, Morí, tuvo una fuerza para tener en cuenta; ante el sofoco la patada que lo arrojo a un lado del camino no tardó en llegar.
Finalmente, el hombre obtuvo el acceso al joven conocido como Luigi.
Sin la menor contemplación lo levanto bruscamente simplemente para azotarlo fuertemente contra la pared; el aullido de dolor que salió de sus labios sonó tan agudo, demasiado estridente a los oídos de todos.
No obstante, nadie movió un solo dedo, se limitaron sencillamente a observar.
La ira, la incredulidad y la indignación crecieron en Gray, quien con esfuerzo se obligó a recuperarse, ¿acaso pensaron que con sus estúpidas caras compungidas iban a hacer algo?
Cada golpe otorgado al joven rubio emitió sus gritos y gemidos ahogados por la agonía.
¿Cómo fue posible que la compasión no los hiciera moverse? ¿Acaso la sintieron? ¿Cómo una regla tuvo mayor peso que un acto de humanidad?
Él no lo permitiría.
Definitivamente no lo haría.
Haciendo uso de la reserva de fuerza que aún le quedo, logro levantarse, justo cuando el sonido de la puerta abriéndose se hizo escuchar, quien llevo la acción la realizo de una forma brusca y rápida.
-¡¿Qué está pasando aquí?! – la voz fuerte transmitió la irritación sentida por su emisor. El tono fue lo suficientemente autoritario para que todos, incluyendo Morí, le prestaran atención.
Bajo el marco, la figura del Capitán se alzaba junto con la de aquellos otros dos hombres; Macao y Wakaba. Ambos fruncían el ceño en confusión y desaprobación, gestos que contrastaron con el más joven, quien sólo miro con extrañeza en la espera de una respuesta.
Los alaridos y sollozos provenientes del joven rubio que hasta el momento permanecieron imperceptibles a los presentes, reinaron sobre el nuevo silencio producido. Pasos que resonaron desde el pasillo se sumaron; los hombres restantes que habían estado vaciando el pozo, se asomaron por detrás del Capitán, el Navegante y el Piloto.
Sus rostros estuvieron llenos de confusión y asombro, sin embargo, eran opacados por la reacción del felino azul que llego segundos después que ellos. La sorpresa grabada en su cara, dio paso instantáneamente a una de conmoción, gesto que Gray nunca creyó posible ver en un animal.
Los ojos del gato estaban fijos en el joven rubio.
Por un momento a Fullbuster le pareció que el minino rompería en llanto, pero cualquier reacción consecutiva por el gato quedo sin ser de su conocimiento, puesto que la voz de Morí capto su atención.
-¡Sólo lo que corresponde, Capitán! - para nadie paso desapercibido la burla puesta ante la pronunciación del título- ¡El mocoso me agredió, así que simplemente le devuelvo el favor!
A diferencia de los demás, el adolescente portador del cargo no pareció inmutarse por la evidente mofa hacia su persona. Se centró en la evaluación del hombre, quien expuso con ímpetu la zona irritada desde donde su barba había sido desprendida.
Después de una examinación rápida, los ojos del Capitán se posaron en el rubio encorvado en el suelo; su rostro descompuesto lo recibió, los golpes acogidos hincharon gran parte de la cara, así como dejaron moretones que iniciaban a tomar mayor color. Las lágrimas desprendidas habían quedado marcadas en las mejillas al ser mezcladas con la suciedad.
Los ojos de Luigi no hicieron ni el más mínimo esfuerzo de encontrar su mirada.
Al ver al Capitán redirigirse hacia sus hombres, mostrando la mayor indiferencia a la situación, la ira de Gray se incrementó.
¿Acaso él no iba a intervenir ante tal injusticia?
-¡oye, tú! – Le llamo sin consideración alguna de la jerarquía - ¡¿No harás nada?! ¡¿Acaso eres imbécil?! ¡Es obvio que lo que ocurrió fue un accidente…!
Su voz se fue extinguiendo mientras contemplaba las acciones del otro adolescente; sus palabras habían caído en oídos sordos.
Natsu continuó su camino hasta posarse frente al hombre que llevo el cargo de Navegante. Sin emitir palabra alguna, el joven sencillamente estiro su mano derecha hacia el sujeto; un gesto que les llevo a un entendimiento mutuo únicamente a ellos dos.
Macao se limitó a colocar en la mano extendida a él, una espada que había desenfundado desde su costado, dicha arma portada por el navegante no había sido percibida por Gray hasta ahora.
El abrigo del hombre la había ocultado muy bien de la vista.
Aún en silencio, frente a las miradas de todos, el Capitán lanzo la espada con tal precisión y rapidez, que en la trayectoria hacia su objetivo, el arma había ensartado el sombrero de Morí llevándolo con ella en el proceso.
La espada se ensarto en la pared justo al lado de la cabeza del joven rubio, quien pareció permanecer ajeno a su exterior, todavía sollozando para sí mismo.
-¡En mi barco no permitiré esto! – Proclamo el joven con ímpetu mientras paseo su mirada de acero sobre cada uno de ellos - ¡Pero siempre hay otras maneras de resolverlo!
Ante los hombres que se mantenían congelados, Natsu se colocó enfrente del joven golpeado, dando una orden que causo la incredulidad de Gray.
-¡Levántate! – Demando sin consideración a Luigi -¡Toma la espada y levántate! ¡Rápido!
Al no obtener la respuesta esperada de parte del adolescente rubio, comenzó a moverle bruscamente con el pie en uno de sus costados, lo que produjo un gemido de dolor de parte del chico caído, pese a esto no se detuvo.
-¡Ahora! – Su tono de voz era cada vez más impaciente e irritado - ¡Muévete!
Luigi tuvo que realizar un esfuerzo para ponerse de pie y recoger el arma, apenas podía sostenerse a sí mismo, y el peso de la espada le jugo en contra, está pesaba mucho más de lo que se había imaginado. Sin embargo, el adolescente de cabello rosado no dejaría de patearle hasta que su postura estuviera lo más erguida posible.
Lo intento, no obstante, lo mayor que fue capaz de hacer era llegar a una postura encorvada que se apoyó en la pared.
Ambas manos sujetaron el arma.
Todo su cuerpo dolía y le clamaba por estar en reposo, pero la mirada fija del joven delante de ella, la obligo a seguir.
-¡Sujeta bien la espada y prepárate! – Le exigió él -¡Esto es lo que hay que hacer!
Antes de que cualquiera pudiera anticipar el movimiento, el Capitán desenfundo su propia arma; el acero relució contra la luz, pronunciando el filo de la espada. En un veloz movimiento esta había descendido hasta el joven rubio, quien afortunadamente alcanzo a reaccionar tirándose a un lado, evadiendo por segundos el ataque.
El filo había chocado contra el metal de la pared.
Produciendo un ruido sordo que activo los impulsos de Gray y Happy, ambos se apresuraron con el fin de intervenir.
-¡¿Qué estas haciendo?! – El reclamo del joven de cabellos negros azulados fue detenido junto a su paso por Macao, al igual que Wakaba había obstaculizado al minino.
-¡Tú solo observa! – Menciono el hombre con seriedad mientras Gray lo miraba con ira - ¡El Capitán manejara esto!
Mirar al gato le dio la escena del animal siendo sujetado firmemente por Wakaba, sin posibilidad de hacer algo, el felino se encontró observando todo con ansiedad.
Maldiciendo, el joven sabía que ninguno de los dos movería ningún dedo.
-¡LEVANTATE! – Ese grito salido de Natsu atrajo nuevamente la atención de todos.
Otra vez había dejado caer el arma directo en Luigi.
El shock en el rostro del joven rubio pareció durar segundos, no hubo tiempo para digerir lo que acontecía: los impulsos fueron los que lo mantuvieron en movimiento. Acciones que se basaron en evadir el peligro.
Eran reflejos que perseguían el que continuara vivo.
Gray conocía que el sentimiento de terror debía estar ahí, podía verlo en los ojos del chico; estaban tan abiertos y la angustia también era demasiado visible en sus rasgos. No obstante, pese a esto, el maldito Capitán no le daba tregua alguna; sus ataques eran precisos y constantes, únicamente fue la adrenalina la que permitía que el cuerpo del joven rubio reaccionara a pesar de las heridas pasadas e inexperiencia.
Al menos, por ahora, el dolor estuvo lejos de su consciencia.
La pregunta era ¿Cuánto duraría esto? Luigi no sería capaz de esquivar por siempre, el desgaste y cansancio de su cuerpo lo alcanzarían tarde o temprano.
No hubo posibilidad de un contraataque, simplemente el muchacho no tenía la fuerza necesaria para levantar bien su arma, la cual pareció jugarle en contra cada vez más, llevarla arrastras, ralentizaba y obstaculizaba sus movimientos, volviéndolos demasiado torpes.
Tal vez soltar la espada sería el camino más conveniente para el rubio.
Así que cuando la presión sobre Luigi se hiso mayor, la acción realizada los tomo por sorpresa a todos; arrinconado, sin escape a ningún sitio, el chico se vio obligado a protegerse con el arma, había logrado sujetarla lo suficientemente alto como para detener la espada de su atacante, y evitar que este le abriera el torso.
Un impacto que soportó pese al empuje que el joven de cabellos rosas ejercía; sus brazos temblaron pero se sostuvo hasta que finalmente Natsu retrocedió para dar otra estacada más.
A partir de aquello, Luigi se había vuelto más confiado, lo suficiente como para intentar blandir la espada contra su adversario; ataques fallidos con movimientos torpes, los cuales el Capitán esquivo facilmente.
Más que una batalla era como observar la práctica de un novato con su maestro.
Una muy agresiva y lejos de esos términos; no hubo acuerdo alguno porque la contienda fue real; al menos para Luigi, para el otro adolescente era difícil discernir la concepción que tuvo del asunto.
Su rostro no mostró nada, solamente la concentración que conlleva el realizar la acción.
Definitivamente, la rudeza que puso en sus ataques era más de la que necesito en un entrenamiento, especialmente con un novato, pero también fue evidente que él no dio lo que su potencial podía dar.
Aunque desconocido para Gray, también era consciente de que su real nivel distó de lo mostrado; sus movimientos y precisión no eran para nada las de un novato.
Esto acabaría cuando él marcara el final; ¿Cuánto más el Capitán alargaría esto? ¿Hasta dónde lo llevaría?
Y tal como predijo; Natsu lo termino.
Justo cuando los movimientos de Luigi se ralentizaron a un punto donde difícilmente podría continuar esquivando, ya que el cansancio había vencido en su cuerpo. Con una acción veloz y poco sutil, el Capitán golpeo las piernas del joven, tumbándolo bruscamente.
Una caída que resonó muy fuerte; sin equilibrio había caído completamente boca arriba, su cabeza golpeo duramente contra el suelo, lo que preocupo al joven médico.
Sin darle una oportunidad de hacer algo, Natsu coloco el filo de la espada contra su cuello, ejerciendo la exacta presión para pinchar la piel.
Luigi aturdido por el golpe simplemente gimió, sus grandes ojos marrones observaron fijamente al joven de cabellos rosados, el horror en ellos fue tan tangible, lagrimas habían comenzado a brotar de ellos.
Sin embargo, no obtuvo ninguna respuesta compasiva por parte del Capitán.
-¡Ahora termínalo! – Le grito Natsu - ¡Marca el final!
Ante la falta de respuesta, pincho su piel agregando un poco más de fuerza.
-¡DILO! – Exigió con mucha más insistencia.
Como si la comprensión de lo solicitado naciera en el joven rubio, mezclándose con miedo, Luigi simplemente logró emitir algunos balbuceos ininteligibles. Para su suerte, esto pareció satisfacer a Natsu, ya que retiro el arma enseguida para enfundarla nuevamente.
Sin contemplaciones a Luigi, sencillamente el Capitán se giró para encarar a Macao, a quien le dirigió algunas palabras. Palabras que ella no pudo escuchar; el dolor, el miedo, la vergüenza, así como el aturdimiento fue todo lo que acapararon sus sentidos.
Reacciono solamente cuando sintió un par de garras pequeñas tocando su estómago, lo siguiente que enfocaron sus ojos fue un rostro muy conocido para ella; aquel hombre que la miraba con preocupación, Gray.
Al levantar un poco su cabeza fue capaz de ver que las patitas y el peso en su estómago pertenecían al minino azul, quien se mantuvo con su cabeza totalmente apoyada contra su estómago.
Lucy tardo poco tiempo en reconocer que los leves movimientos de los hombros y sonidos producidos por el animal, fueron de hecho sollozos, algo que la sorprendió; Happy estaba llorando por ella.
-¡Oye, no te levantes!- la voz de Gray se registró en sus oídos pero no rompió su atención centrada en el felino. Aunque su acción si atrapo la de Happy, quien elevo su cabeza solamente para hallarse con sus ojos.
Por un momento su respiración se cortó; el dolor que descubrió en su mirar fue tan real. La angustia estuvo tan presente; verdaderamente Happy sufría por ella.
Era algo que la aturdía por completo.
No mucha gente había mostrado preocupación hacia su persona después de la muerte de su padre, las hubo, pero honestamente fueron pocos. Jamás espero que el gato entrará en esa lista, pero resultó ser algo agradable.
Durante un instante la realización fue lo suficiente emotiva como para distraerla del dolor que sobrevino después; demasiadas partes de su cuerpo ardieron, lo cual la llevo a recostar su cabeza nuevamente, ya que está palpitaba también. No obstante, Lucy colocó una mano sobre la mejilla del minino, para iniciar a acariciarla.
El sonido a su alrededor se perdió en un eco ininteligible para ella a través de ese tiempo en que cerro sus ojos. Unas manos explorando algunas zonas de su cuerpo fueron más que estimulantes para hacerla enfrentarse a la situación otra vez.
En la habitación ahora silenciosa, sólo quedaron Happy, Gray y ella; todos los demás tripulantes se habían retirado, si bien desconocía los motivos, al menos, le acarreo un sentimiento de alivio, era tangible que su vergüenza todavía residió en su interior.
Gray no la miraba al rostro, él se hallaba examinando con gran concentración su zona media; para ser exactos, el joven revisaba sus costillas.
Tener a una persona tocándola era incomodo, extraño y abrumador. Sensaciones que quedaron en el fondo de su mente al activarse la alarma; esta vino con el dolor que su toque conllevo, sin duda el área en su cuerpo estuvo dañada más de lo que imagino.
Cosa que además la devolvió a ser consciente del estado en que se ubicaba en su situación; ella no podía permitirse esta revisión, todo se iría cuesta abajo si eso sucedía; Gray se enteraría de su género inmediatamente.
Una angustia la recorrió, aunque no identifico la razón detrás de la emoción; ella estaba convencida en que él fue alguien de confianza, entonces, ¿Cuál fue el temor sentido? Sin tiempo para razonar, se obligó a si misma a ponerse de pie a pesar de las protestas de su cuerpo y de las de él.
-¡Hey, tengo que revisar si hay algo roto! – el reclamo de Gray simplemente incremento su angustia, él no dejaría de seguirla.
Con desesperación, Lucy volteo a buscar apoyo en el otro individuo presente ahí; Happy. El animal fue capaz de percibir su suplica silenciosa.
Usando sus ojos aún acuosos, el gato observo a Gray antes de hablar.
-¡Ve a cubierta con los demás! – Ordeno el felino con un tono demandante, pese a que su temple no era convincente a la vista - ¡Natsu quiere que todos ayuden con las reparaciones de los daños!
-Soy médico, y mi deber esta primero en asegurarme en el bienestar de las personas – La respuesta del joven de cabellos negros azulados fue tan firme como la de Happy – Así que iré a ayudar en cuanto terminé aquí.
Ambos permanecieron mirándose fijamente hasta que Happy hablo de nuevo.
-Bien, yo llevare a Luc… Luigi con Natsu – Sin esperar respuesta del joven médico, el gato se acercó a la joven para envolver su cola alrededor de su cintura y alzarla en vuelo junto a él.
Su toque era doloroso para Lucy, aunque el minino lo había hecho lo más suave pero firme posible. Sin embargo, sentir dolor fue inevitable, aun así ella se obligó a reprimir cualquier expresión de molestia frente a Gray.
Salir del lugar era lo primordial, el medico no la dejaría ir ante cualquier indicio de malestar.
La cara de Gray fue un canto por si misma; no sintió alegría, eso fue seguro. Lucy percibió que no tardaría en protestar; no obstante, de un momento a otro pareció cambiar de opinión, manteniéndose en su lugar, callado.
Hecho que la sorprendió, Gray se limitó a observar al gato que la arrastró en vuelo, permitiéndoles abandonar la habitación.
Tal vez fue algo que él vio en su rostro, o quizás la súplica que ella le envió a través de sus ojos; cualquier cosa que haya sido, lo agradeció. La soledad sería una bendición más que buscada para ella ahora.
Lo que la llevo a un recuerdo más.
-Happy, no me lleves a él, por favor – Su ruego había sido prácticamente un susurro, y pese a esto, aunque no obtuvo una respuesta oral, si fue escuchada; El gato la traslado a su cuarto.
Un espacio que hasta ahora había sentido como vacío y falto de calidez, pero que se convirtió justo en el momento en un refugio. El único al que podía acudir.
En cuanto el felino la acomodo suavemente en su angosta cama, las lágrimas brotaron de nuevo de sus ojos. Finalmente la adrenalina se esfumó de su cuerpo, dejando que las consecuencias de lo acontecido la alcanzaran; se hundió en tanto dolor, que identificar la ubicación exacta de cada lesión era difícil de hacer.
Miedo, vergüenza y el sentimiento de humillación fueron emociones en ella que se mezclaron con su aturdimiento y enojo. Emociones, que prontamente al aumentar su intensidad dieron paso a la ira.
La confusión y ambigüedad también reinaron en su interior, por un momento sólo deseo estar en casa; regresar a la vida que dejo atrás. Quería mirar el rostro inexpresivo de Virgo, ella le traería sin lugar a dudas, el consuelo buscado.
Lastimosamente, sería un deseo que no podría cumplir; salir de alta mar no fue posible en estos instantes, además que en el fondo, sabía que su determinación le impediría renunciar. La imagen de Gray en su mente solo se lo confirmo, fortaleciendo la resolución anteriormente hecha: Ella tenía que llegar hasta el final.
El evento pasado repitiéndose constantemente en su mente jugo con sus emociones nuevamente; en su vida había experimentado una variedad de estas, pero hubo una que se había producido hasta la actualidad.
Supuso que el miedo, la vergüenza, la ira conjuntas a los sentimientos de dolor y humillación dieron paso a lo que solo pudo nombrar como odio, o algo cercano a ello.
Un sentimiento que fue centrado y dirigido hacia dos hombres; aquellos que llevaron el título de Capitán y Maestro de armas respectivamente.
Ambos la llevaron a una situación de vulnerabilidad a la que nunca antes le había hecho frente. Odio sentirse así, tan expuesta, que deseo nunca volverse a sentir de esa manera.
Fue el abrazo de alguien que se envolvió alrededor de su estómago, lo que la trajo de nuevo al presente; Happy había colocado sus pequeñas extremidades a los costados de su estómago, se encontró con la cabeza del minino sumergida en su pecho.
Silencio era lo que los acompaño, aunque un detalle del gato destacó; al principio había sido casi imperceptible hasta que resulto ser tan visible que no hubo dudas; él temblaba, era capaz de observar el leve movimiento siendo producido por todo su cuerpo.
Acaricio la nuca del animal para captar su atención.
Su rostro descompuesto en lágrimas la recibió; el par de ojos la miraron con una aflicción que no había visto antes. Fue ahora cuando también pudo escuchar sus sollozos.
Había estado demasiado sumergida en sí misma como para recordar la presencia del gato.
-¡Perdónalo, Lucy! – Rogó Happy entre sollozos - ¡Perdónalo, Lucy!
-¿Qué…? – La confusión en su voz se notó.
-¡Perdónalo!... ¡Perdona a Natsu, Lucy!- El minino continuó suplicando - ¡Yo no sé porque… porque Natsu hizo eso! ¡Él no…! ¡Él no…! ¡Perdónalo por favor, Lucy!
El resto de sus palabras se perdierón cuando él estallo en llanto en sus brazos, esta vez, Lucy sostuvo su pequeña figura, acunándolo.
Diez minutos después, el felino yacía dormido aún sujeto por ella, un tiempo en que ella había dejado correr su mente en blanco; sin pensamiento alguno.
Acomodando al pequeño en la esquina de su cama, ella procedió a acostarse también. El dolor en su cuerpo probablemente no la dejaría dormir, la posición que tomó fue cuidadosamente elegida, con el fin de disminuir las molestias.
En la oscuridad, su mente se centró en las palabras dichas por el animal que dormía a su lado. Desesperación y confusión fueron las emociones que más había transmitido con su pequeño discurso.
Su implora por el perdón ajeno, su sorpresa e incredulidad por las acciones que el adolescente a quien siguió con fervor el minino, había hecho. Casi fue como si Happy no pudiera comprender el daño que aquel sujeto podía infligir en otros, tanto como si fuera una imposibilidad una acción así por parte de él.
La concepción de Happy sobre el individuo era errada a su parecer, aquel joven fue más que capaz de dañar y lastimar, cosa que era menos que sorprendente, después de todo él fue un pirata, uno que tuvo el cargo de Capitán.
Pese a tener consciencia de esto, la incógnita que surgió por unos minutos en su mente, a raíz del ruego del gato, por saber sobre sus vidas antes de convertirse en lo que eran ahora, se planteó, pero así como llego la desecho.
El deseo de permanecer lejos del sujeto fue claro y reinante.
Sólo cuando el sueño le alcanzo, adormeció el dolor en su cuerpo y lavo sus emociones; la inconciencia fue una verdadera bendición en esta ocasión.
El viento revolvió sus cabellos oscuros, mientras gotas de agua salpicaron su rostro.
Gritos, voces y pasos era lo que mayormente lleno sus oídos, algo normal considerando la situación del momento; reparar los estragos dejados por la tormenta, fue lo primordial en estos momentos.
Así que hallarse vaciando el agua que aún quedo en cubierta no lo sorprendió.
Gray observo alrededor, fue el primer vistazo que realizo a consciencia durante la media hora que ya llevaba en el lugar; en todo ese tiempo su mente se había desviado hacia el joven rubio que posiblemente reposaba en su camarote.
Tan herido como estaba, el chico no recibió la atención requerida, la presencia del Capitán en el lugar se lo confirmo.
Cualquiera que fuera el lugar al que el felino hubiera llevado a Luigi, no fue cerca de Natsu como dijo.
El joven Capitán se mostró tan despreocupado por lo sucedido, visiblemente su principal enfoque fue el barco y las consecuencias que dejo la tormenta, pero no la riña vivida entre sus hombres.
Su mente le grito a Gray por mantenerse en un estado razonable, él se encontraba en un territorio desconocido, y dar un paso en falso, pudiendo traspasar los límites y las normas implícitas, además que desconocidas, por las que se rigieron todos estos tipos podría resultar fatal para él.
No obstante a su discurso interno, la madera del palo de la escoba que sujetaba, crujió entre sus manos. Las emociones no le dieron tregua: Romper la cara de Natsu y de ese hombre Morí, era todo lo que deseaba hacer.
Controlarse le tomo esfuerzo.
Si la pelea, si es que le pudo nombrar así, había contado con dos participantes, aún si en realidad la acción de uno fue meramente un accidente, ¿Por qué era solo uno quien se llevó las represalias? ¿Qué hubo de ese hombre Morí? ¿Acaso el Capitán lo dejaría ir limpiamente?
Al cuestionarse a sí mismo, la furia por la injusticia creció más en él. Sin embargo, un recuerdo no tardo en irrumpir sus cavilaciones, uno que despertó su intriga sólo un poco.
Fue justamente un poco antes de que Natsu abandonara la habitación, cuando esté les había murmurado algunas palabras a Wakaba y Macao, conversación que había sido solo entre ellos, sin nadie más que estuviera el alcance de escuchar.
Después de esto, los dos hombres mandaron a llamar al maestro de armas, habían salido junto con él mientras intercambiaban palabras, que caía en parecer que sería el inicio de una discusión.
Desafortunadamente, por la cara del hombre no pudo obtener más información al respecto, los gestos de Morí no arrojarón nada.
Tal vez él era demasiado soñador pensando en que Morí recibiría una sanción también.
De todos modos, se había distraído enseguida mirando al felino aferrarse a Luigi. Con un gran llanto, el animal ignoró la única llamada que el Capitán le había hecho. Al final, Natsu lo había dejado atrás al no recibir respuesta.
-¡Vaya a penas zarpamos y ya quiero llegar a puerto!- Menciono en voz alta, Wakaba, quien estaba a su costado a unos pocos metros. Las palabras del hombre no habían sido dirigidas a su persona, sino al Navegante, quien estuvo ubicado cerca de ellos también.
-¡Vamos, para llegar al Puerto Joy aún nos falta una semana!- Le respondió Macao - ¡Pero si, me gustaría encontrar al viejo Tob!
-¡Ese viejo! ¡¿Todavía vive?! – La carcajada que el hombre de gran copete soltó, aturdió y descolocó un poco a Gray- ¡Si es así, yo también ansío verlo! ¡Él está loco, pero sus predicciones son otra cosa!
-¡Sería bueno, si pudiera decirnos algo sobre la suerte que tendrá está tripulación! – dijo Macao con un semblante mucho más serio que su compañero.
-¡Otra vez con eso, hombre!- Replicó el Piloto - ¡Ten fe, nos ira bien!
Nuevamente la atención de Gray en ellos se perdió; la contemplación de una parte de lo escuchado se procesó en él; Siete días más en aquel barco sin más atención medica que la que él podía brindar.
Luigi no soportaría pasar tanto tiempo sin recibir los cuidados adecuados, así que pese a sus protestas, él tenía que asegurarse de que el chico recibiera dicha atención. Esta vez se cercioraría de que fuera así.
Por ahora, se concentraría en cumplir con su tarea mientras continuaba escuchando a los dos hombres conversar sobre el siguiente puerto.
Hasta aqui el capitulo de hoy...
Curiosidades.
-El nombre del siguiente puerto lo saque de mi trilogía favorita de libros, llamada "el hechizo" y en España, "El maleficio "escrito por Cliff McNish.
-Recordar que en un principio tenía planeado dejar a la protagonista con el personaje que estaba enamorada hasta que me dio un giro que ni yo esperaba. Así que no se extrañen si al principio parece que Lucy y Gray se van acercando más. Esta historia no será Graylu, es NaLu y Gruvia puramente.
