"Esto está delicioso"
"¿No crees que deberían haber más platillos como este?"
"La textura es tan suave"
"Sabe tan bien, que si muriera ahora, moriría feliz"
"Increíble"
Eran los murmullos que se escuchaban en cada rincón del restaurante. Mikasa, desde la cocina, con una bandeja abrazada a su cuerpo, veía complacida el grato recibimiento del público. Aquel fin de semana se estrenó su platillo recién aprobado. Los conocimientos de Furukawa eran impresionantes. Cada que él aprobaba un platillo, este se volvía popular rápidamente.
Mikasa se sobresaltó al sentir un par de manos sobre sus hombros.
—Felicidades —musitó su jefe. Mikasa volteó quedando frente a frente con él.
—Esto no hubiera sido posible si usted no me hubiera ayudado, sensei. Muchas gracias. No sabe cuán felices están mis padres.
Furukawa sonrió al notar como los ojos de la joven brillaban. Era tan similar a su querida Yui; sus ojos, su cabello, sus metas...
Se propuso a si mismo que sin importar que, él la ayudaría y apoyaría hasta el final de su largo camino. Quería hacer con ella lo que (lamentablemente) no pudo hacer con su hija.
—No tienes porque agrade... —una fuerte tos lo interrumpió.
Mikasa lo observó preocupada.
—¿Se encuentra bien?
—Sí, no te preocupes —su voz sonaba un poco rasposa—. A pesar de los años, aún me afecta el clima de esta ciudad.
Mikasa asintió convencida. Era cierto, después de todo la noches eran muy frías.
—Oí que la situación de tu pueblo ha estado mejorando —continuó, luego de tomar un vaso con agua—, ¿tu padre te contó?
—Oh, sí —respondió, haciendo memoria—. Ya volvieron a los cultivos luego de la sequía.
—Es un alivio y, ¿lista para tus exámenes?
La joven gruñó. El lunes comenzaría su semana de exámenes. Una semana entera llena de estrés y ojeras. Al tener un solo empleo, tendría más tiempo para estudiar. Y el hecho de que, Furukawa fuera consciente de su situación de estudiante, reducía sus horarios laborales.
—Ya puedo sentir la desesperación en los pasillos —bromeó—. Pero no se preocupe, me esforzaré.
(***)
Agobiante, así se podía describir la semana, agobiante. Estudiantes en los pasillos, aulas y en las áreas verdes de la universidad con computadoras y libros.
El sabado, antes de dirigirse a la biblioteca, Mikasa pasó por su antiguo trabajo, la cafetería. Desde el vidrio de la ventana, pudo observar lo llena que se encontraba, en su gran mayoría estudiantes de su universidad. Respiró aliviada al no tener que estar ahí por tercera vez.
Ya en su lugar de estudio, acomodo sus útiles y se dispuso a estudiar. Pasaron unas horas en el momento en que los brazos de Morfeo la atraparon. Aunque no trabajaba las mismas horas que antes, permanecía despierta hasta tarde leyendo.
Liam le devolvía un libro al bibliotecario cuando la vio.
Pocos minutos después, se acercó a ella y cuidadosamente ubicó un vaso de café a su lado. Sacó un post-it de su mochila, escribió un pequeño mensaje y lo pegó en uno de los lados del vaso.
Se sobresaltó al escuchar él celular de Mikasa vibrar. Rio en sus adentros al ver el nombre de lo que parecía ser su alarma: "A estudiar, floja"
Se alejó cuidadosamente cuando la joven comenzó a removerse.
(***)
Mikasa refregó sus ojos y estiró sus brazos junto un largo bostezo. Enarcó una de sus cejas al notar un vaso de plástico con el logo de la universidad junto a su libro. Miró a ambos lados tratando de encontrar a su supuesto dueño. Se acercó más al objeto y leyó él pequeño trozo de papel que llevaba consigo.
"Da lo mejor de ti, Ackerman tres. Att: Liam."
Sonrió luego de comprobar que él café aún estaba caliente.
Ackerman tres era él apodo que Liam le había otorgado. Él era el dos y su hermano era el uno. Estaban organizados por orden de nacimiento respectivamente.
Guardó el pequeño trozo de papel en una de sus libretas. Apreció el detalle, hacia días que no lo veía.
Después de dar dos palmaditas en sus mejillas y tomar un sorbo de café cargado, la energía de Mikasa volvió.
(***)
—Sasha, no creo que deberías estar tomando eso.
—Relájate, Mikasa.
La semana de exámenes había llegado a su fin. Los resultados de Mikasa fueron muy buenos, en cambio los de Sasha, fueron medianamente aceptables.
Unas horas después de finalizar las clases, Sasha invitó a Mikasa a comer en un restaurante de comida rápida para pasar el tiempo y olvidar un poco el estrés universitario. Ella gustosa aceptó. Sin embargo, luego de comprarlas, sin noción alguna terminaron en un pequeño bar.
Y ahí se encontraban, Mikasa con una bolsa llena de comida chatarra y con un cerveza en mano, cortesía de su mejor amiga.
—Entiendo que quieras celebrar pero recién terminaron los primeros exámenes, el semestre aún sigue. Ya podrás hacer tus mezclas raras después.
Mikasa rodó sus ojos al notar que Sasha no le prestaba atención.
—No solo es por el final de los primeros exámenes —comentó, luego de tomar su trago—, es una mini celebración por la inclusión de tu platillo en el restaurante.
—Tampoco es para tanto —siseó Mikasa junto una pequeña sonrisa.
—Por supuesto que es para tanto. Así se comienza. Ya te imagino en un gran restaurante preparando deliciosa comida —de un momento a otro, los ojos de la joven brillaron—. Mucha comida deliciosa. Prométeme que yo, Sasha Braus, seré la primera en probar el menú —vociferó levantando su vaso.
Luego de un suspiro divertido, Mikasa chocó su vaso de cerveza con el de su amiga en señal de trato. La comida solía volverla loca , y mucho más si era carne.
—Mikasa, Sasha, que gusto verlas.
Aquella suave voz provenía de Historia, una chica que solía practicar tiro al arco con Sasha. Al ganar una de las competencias, fue llevada al extranjero a participar en algunos campeonatos. Hace mucho tiempo que no sabían de ella.
La pequeña rubia aceptó en el momento que ambas chicas la invitaron a tomar asiento.
La noche fue amena y divertida. Ya hacía mucho tiempo que Mikasa no salía con amigas por su ocupada agenda. Reír y tomar un poco le relajaba.
Todo iba bien, hasta que una de las bebidas exóticas de Sasha tuvo efecto. Al parecer, la joven mezcló dos tipos de licores con un porcentaje de alcohol alto, provocando así que se embriagara. Cuando salieron del lugar, Historia amablemente se ofreció ayuda para llevarla a su casa. Mikasa negó, insistiendo que no era la primera vez que pasaba y que podría manejarlo.
Historia, un poco renuente, asintió, dirigiéndose a una dirección opuesta.
—Te dije que no bebieras esas cosas —masculló Mikasa acomodando uno de los brazos de su amiga sobre su hombro.
(***)
Levi esperaba su cambio apoyado en su auto de brazos cruzados. Movía impacientemente su pie una y otra vez. Soltó una bocanada de aire al ver que el sujeto que lo atendió volvía a contar los billetes por tercera vez.
Minutos después y con su dinero en mano, se subió a su auto y emprendió camino a su casa. Para evitar el tráfico de esa hora, giró por una de las calles que dirigían a la zona juvenil. Al no ser todavía media noche, podría conducir tranquilamente sin la preocupación de atropellar a un universitario borracho.
Para su sorpresa, se encontró a la nueva inquilina con una chica en brazos tratando de llamar a un taxi, y parecía no tener suerte con ello. Era común que las personas que querían irse temprano de ahí, no consiguieran transporte. Los taxis solían pasar alrededor de las doce, debido a que, habían más personas esperando en ese tiempo.
Levi fue descendió poco a poco la velocidad y se detuvo frente a las dos jóvenes, bajando una de las ventanillas. Esto al final podría ser una especie de trato; él fue grosero con ella una vez y si la ayudaba en esta ocasión, podría enmendar su error. Aunque, él tampoco sería capaz de dejar a dos chicas solas en un lugar que estaba lleno de borrachos. Mikasa tenía cosas que no le agradaban, pero sabia que no era una mala persona, era amiga de su hermano y le agradaba mucho a su madre, no iba a permitir que le sucediera algo.
—Sube.
Bajo la mirada sorpresiva de Mikasa, él abrió una de las puertas traseras.
Mikasa, por su parte, quería decir "no" pero dada su nada favorable situación, no tuvo más opción que aceptar.
—Gracias —musitó luego de unos pocos minutos de viaje.
Levi ladeó su cabeza de un lado a otro tratando de restarle importancia al asunto.
—¿Por qué...?
—No creo que sea muy seguro el que estén solas ahí. Los taxis no pasarán hasta dentro de dos horas —interrumpió—. Además, tu amiga luce como la mierda.
Mikasa lanzó un bufido al oírlo decir una grosería, sin embargo, dentro de sí le dio la razón, Sasha no tenía un muy buen aspecto.
—Vamos a casa, Sasha dormirá conmigo hoy. No sería buena idea que sus padres la vieran en este estado.
Levi asintió y en el resto del camino no pronunciaron ninguna otra palabra.
Mikasa veía concentrada los edificios llenos de luz y vida cuando Sasha se levantó abruptamente de su hombro.
—¿Sucede algo, Sasha?
—Vomitar —susurró.
—¿Qué?
—Quiero vomitar.
Mikasa dirigió una mirada rápida a Levi. Este último seguía con la vista en la carretera, pero sus manos apretaron fuertemente el volante cuando escucho la palabra "Vomitar"
—Que no se le ocurra a esa chica vomitar aquí —masculló.
—Sasha, ¿podrías aguantar un poco más? Ya casi llegamos.
Sasha negó, y rápidamente llevó ambas manos a su boca al hacer la primera arcada.
—¡Busca una bolsa! —exclamó desesperado Levi.
—¡¿De dónde voy a sacar una?! —contraatacó Mikasa de la misma forma.
—Mi mochila está atrás, creo que ahí hay una. ¡Apúrate!
Antes de que Mikasa pudiera tomar la mochila, Sasha, sin previo aviso, agarró la bolsa de comidas rápida que tenía sobre sus piernas.
—Sasha, espera, esa bolsa no está...
Levi sintió una de sus venas sobresalir cuando vio por el espejo retrovisor a la tal Sasha regando por todas partes lo que parecía ser hamburguesas y papas fritas. Desvió la vista cuando la chica se aproximaba a la (ya desocupada) bolsa a vomitar.
—Vacía —terminó suavemente Mikasa, aunque ya era un poco tarde.
Levi aumentó la velocidad para llegar rápido a su destino.
(***)
Ya ahí, antes de que Mikasa subiera las escaleras, Levi la detuvo colocando su mano en uno de sus hombros.
—Mañana, quiero a esa niña —pronunció señalando a Sasha— aquí, temprano, para limpiar el desastre que le hizo a mi auto.
Mikasa presionó a Sasha más a su cuerpo antes de hablar:
—Yo lo haré. Mañana ella no despertará mínimo hasta el medio día. Además, no es la persona más limpia del mundo.
—Se nota —musitó Levi recordando el acontecimiento de la bolsa—. Como quieras, te veo aquí mañana a las ocho.
Mikasa asintió y se dirigió a su pieza.
Levi en su habitación se respondió a si mismo lo que se había preguntado días atrás: Cada que estaban cerca uno del otro, ocurría un desastre.
Era molesto, pero hasta cierto punto, un poco divertido.
(***)
E aquí un nuevo cápitulo.
Me sentí demasiado identificada con Mikasa debido a que estas últimas dos semanas he tenido exámenes (un aplauso los he ganado todos) y he estado muy estresada.
Espero lo hayan disfrutado y le den mucho amor.
Nos vemos en el próximo cap, habrá momentos Rivamika 7u7
Las quiere.
Val
