Capítulo II
Esta no fue una buena manera de comenzar… Era noche cerrada. Las nubes negras que amenazaban tormenta, derramaban una pesada oscuridad que llenó de frío, el espíritu de Blue cuando cedió a la ocurrencia de mirar a través del cristal de la ventana, recordando lo sucedido anterior mente aquella misma tarde…
"Incomodo", total y completamente incomodo, esa era la palabra que describía a la perfección aquella escena, Aquellos ojos verdes con disgusto se clavaron en la mirada azulina de Blue, ella sin razón respondió a esa frialdad de la misma manera, ninguno se atrevió a hablar
-¿Acaso no piensas moverte? o piensas quedarte allí parada mirándome todo lo que resta de la tarde, no creas que seré tu guía turístico, solo te llevare a donde solía vivir tu padre.
- En tal caso no te pedí en ningún momento que lo fueras-
-Entonces andando, no tengo tiempo para desperdiciarlo contigo.
Seco, directo y frívolo, así demostraba ser aquel hombre. Sin importarle si lo seguía o no el salió del laboratorio enfadado y disgustado, Blue a una distancia moderada seguía sus pasos. Los tibios rayos de sol le dieron de golpe en la cara haciéndola suspirar, por un mentó olvido el cómo era aquel lugar ahora se veía rodeada de una naturaleza viva, salvaje, silenciosa y atemorizante… eso en su caso. A su alrededor solo habían arboles diferentes en tamaños y colores. Y bajo sus pies un sendero de tierra, y en toda sus extensión mucho césped, arbustos y flores. Levanto la mirada para no perder de vista a aquel "Agradable" hombre de cabellos castaños y bata blanca que ya se encontraba muy lejos de ella, trato de seguirle el paso y a la vez distraerse con lo que la naturaleza le ofrecía, para evitar el decir algo. Ninguno de los dos quiso hablar eso estaba más que claro…
Así fue todo el camino nadie dijo nada, estaba todo en completo silencio un incomodo y desagradable silencio, por su cabeza pasaban miles de preguntas las cuales podría formular y acabar con aquella atmosfera tensa, pero se negaba a hacerlas, ya que en su mente predecía que el rechazaría cada una de sus palabras. De esta manera quien debía hablar no era ella, si no el.
Aproximadamente más de 15 minutos llevaban de esa manera, ella callada viendo hacia cualquier lugar tratando de recordar el camino hasta que abruptamente la voz de aquel hombre la saco de sus pensamientos
-Espero sepas regresar, o aun que viéndolo de otra forma preferiría que te perdieras en medio del bosque-
-¿Siempre sueles ser tan "agradable"?- pregunto con sarcasmo
-ya cumplí mi deber, la casa de tu padre está frente a tus ojos- respondió el, ignorándola completamente
-Gracias- dijo ella, si aquel chico no iba mostrar ni una pizca de cortesía pues tendría que hacerlo ella haber si con ello aprendía algo nuevo, el solo se alejo por el mismo lugar en que hace pocos minutos recorrieron dejándola completamente sola, temerosa levanto sus vista dando con el lugar
al cual se dirigía, apretó las llaves que llevaba en su mano completamente nerviosa se acerco al lugar, aquella casa era muy rustica, de madera y piedra con grandes ventanales y completamente alejada de todo, solo tenía cerca una pequeña laguna que se divisaba a lo lejos, relajo su mano introdujo la llave y abrió la puerta. Si el pueblo lucia solitario, esto era mucho peor, era frio, solitario y callado. En la habitación principal no había nada más que una mesa llena de documentos, cerca de ella un gran sofá y una gran chimenea frente a ella, las paredes estaban escondidas tras los altos libreros completamente repletos, temerosa recorrió el lugar con los ojos para luego abrirse paso en el.
La tarde paso lenta, tortuosamente lenta, recorrió todo el lugar, no encontró nada interesante, la noche ya comenzaba a hacerse presente. Suspiro hondamente recordando el por qué estaba allí, no era solamente por lo que había dicho anteriormente al Profesor, no era solo por eso, es mas aquella fue la mejor escusa que pudo encontrar para huir de casa dejar todo atrás y empezar algo nuevo.
. . .
Ahora en la antigua habitación que había sido de su padre se encontraba, con el estómago vacío, el miedo en el cuerpo y una soledad en el alma mayor aún que la que tenía cuando salió huyendo de casa, se metió en la cama y alzó las mantas hasta cubrirse la cabeza, igual que cuando era niña y jugaba al escondite, tapándose los ojos con las manos ante la creencia de que, si ella no veía a nadie, nadie la podía ver a ella.
Ahora necesitaba esconderse de la vergüenza que sentía, del lugar patético en el que se refugiaba, de la oscuridad, de la soledad, del silencio.
Trato de descansar, pero la fría imagen de aquel hombre le llego a su mente, ¿siempre era de aquella manera?, se pregunto curiosa mentalmente, era algo que estaría dispuesta a averiguar, al menos con ello podría pasar el tiempo, es por esa razón que segura de lo que iba a hacer por fin se decidió, mañana a primera hora del día iría a trabajar junto al profesor, para al menos cumplir con su palabra.
Por su parte Green miraba desde el ventanal del laboratorio frunció el ceño, y su anguloso perfil de nariz recta y mandíbula marcada se contrajo en un gesto amargo. ¿Qué buscaba aquella mujer allí? ¿Qué demonios estaba pensando hacer con todo lo heredado? No se fiaba de los caprichos de una niña de ciudad. No confiaba en que supiera apreciar el verdadero valor de todo aquello.
Comenzó a llover de nuevo. Green, sonrió al escuchar el primer estallido de tormenta. Sus ojos verdes se dirigieron al oscuro cielo contando los segundos hasta el primer rayo: seis segundos; la tormenta estaba a unos dos kilómetros. En unos minutos ya llegaría. Se peinó aquel castaño cabello con los dedos hasta alcanzarse la nuca despejada. La sentía tensa, agarrotada. Se la frotaba con fuerza cuando un nuevo trueno resquebrajó el firmamento y aumentó la cantidad de agua que se desprendía desde el cielo.
¡Sí, señor! Aquélla iba a ser una magnífica tormenta que complicaría la noche a aquella mujer y, con suerte, la espantaría en dirección al lugar del cual provenía.
A la mañana siguiente sin atreverse a abrir los ojos, Blue se encomendó a todos los santos conocidos. Despertaba con una aguda sensación de angustia y rogaba porque todo hubiera sido una absurda pesadilla. Necesitaba despertar en casa, entre las paredes celestes de su habitación, remoloneando entre las sábanas antes de levantarse y darse una estimulante ducha, tomarse un café rápido y cargado, asediada por el agobiante tráfico de la ciudad, hasta su trabajo.
Inspiró hondo para exhalar despacio, contó hasta tres y abrió con lentitud los ojos.
El techo blanco, atravesado por fuertes vigas de madera oscura, fue la confirmación de que sus problemas eran reales. Todo; desde la pesadilla vivida en su antiguo hogar, hasta la llegada a Pueblo Paleta y a la casa de su difunto padre, absolutamente todo era tan amargo como real.
Se cubrió por completo con las mantas y lloró de nuevo. En apenas media noche horas había derramado más lágrimas que en toda su vida.
Cuando se quedó seca y sin fuerzas, apartó las mantas, despacio, y volvió a fijarse en la habitación en la que se había mantenido despierta casi toda la noche, rezando por que se debilitara la tormenta. Nunca la asustaron las inclemencias del tiempo, pero esta vez lo había sentido como un arranque de enfado de la naturaleza, como una real y cruda amenaza. Se había estremecido con el golpeteo del agua en el tejado, justo sobre su cabeza, y con el viento haciendo aullar a los árboles. De modo continuo se sobresalto con el crujido de los truenos, que parecían partir la casa por la mitad. Ni siquiera cerrando los ojos pudo ignorar el fogonazo intermitente que iluminaba la habitación, dándole un aspecto intimidante y tétrico.
Al parecer, en aquel maldito lugar no sólo el verde era más intenso, también las tormentas rugían de modo más fiero y despiadado.
Se sentó sobre la cama, apoyando la espalda en el respaldo de madera, seco sus mejillas con las manos, miró a su alrededor.
Con la luz del nuevo día, también nublado y oscuro, la sensación no mejoraba. Se levantó y caminó hasta el pasillo, en dirección un pequeño cuarto de baño.
Aquella casa en la cual ahora se refugiaba solo le emitía tristeza, la falta de luz y de vida. Era como si las paredes no hubieran escuchado voces y risas durante años... pero sólo hacía unas dos semanas que había muerto su padre. Se estremeció al pensar que tal vez era ella quien le había contagiado su oscuro y afligido estado de ánimo. Se sentía tan mal que no le extrañó que hubiera conseguido el cambio en una sola noche.
Nadie se muere por pasar dos días en un lugar como éste, se dijo, mientras secaba su cuerpo con una áspera toalla blanca. Nadie se muere de vergüenza, nadie se muere de amor, nadie se muere de pena, se repitió para elevar su espíritu completamente decaído.
La ducha la había dejado temblando de frío. Se puso la misma ropa que llevaba en día anterior, y con la frente en alto se digno a salir, pisó con firmeza el verde vivo empapado aún de lluvia, y respiró profundo. Después de una larga y estrepitosa noche de tormenta, apreció un poco más la tranquilidad de aquel espacio silencioso. Agradeció que el cielo se hubiera quedado en silencio, aunque eso aumentara la sensación de soledad que le provocaba ese lugar. Miró a lo lejos, tratando de recordar el camino por el cual había llegado allí, luego de ello se puso en marcha asía su destino, mientras se prometía que nadie vería su tristeza ni adivinaría sus problemas. Se iría tan rápido como pudiera, cuando por fin cumpliera lo que se había prometido y volvería con la misma dignidad con la que había llegado.
Cuando por fin llego al laboratorio, aquel hombre mayor la recibió con una sonrisa, le ofreció un café y esta gustosa acepto, inspecciono todo el lugar completamente curioso, solo con la vista, hasta que el sonar de la puerta abrirse la distrajo y le obligo a llevar su mirada asía allí.
Se paró en seco cuando la vio allí, más que nada se sorprendió no esperaba encontrarla allí, así que rápidamente pregunto;
-¿Que hace ella aquí?- Aquella fría pregunta hizo aparecer el nerviosismo dentro de su cuerpo, cuando esos verdes ojos se posaron en ella, se incomodo.
-¿No te lo mencione?, Blue trabajara junto a nosotros por unos días para terminar con la investigación que dirigía su padre.
Aquellas palabras le desagradaron por completo, volvió a mirarla y esta le dirigió una sonrisa triunfante al ver su reacción, espero a que fuera una broma, pero nadie dijo nada para contrarrestar lo dicho, aquella información fue una de las más desagradables que había recibido durante la madrugada. Era algo que no podía aceptar.
¡Continuara…!
Ohhhh! Pero que interesante, Blue se divertirá arruinándole la vida a Green?, lamento no subir antes! Es que estaba editando los capítulos siguientes, y hice uno que otro cambio en este y lo acorte un poco. pero hasta ahora esto me está gustando, Después editare este en caso de que me allá equivocado en escribir algo :3 y gracias a los Rw, me hacen muy feliz :'D, ¿pues qué les ah parecido?, dejen sus comentarios por favor, desde el siguiente capítulo ya se viene lo bueno de la historia, recuerden que esta basado en un libro y que Pokémon obviamente no me pertenece! :D
Namárië!
