Capítulo III
Era algo que no podía aceptar, no sin duda eso no lo podía aceptar. Molesto cerró la puerta tras suyo, y se dirigió a la segunda planta, tratando de ignorar a aquella chica.
Blue miro aquel rostro sorprendido de aquel hombre mayor, segundos después un sonido lo saco de sus pensamientos era un mensaje.
— Me disculpas, debo ir a atender unos asuntos, si gustas habla con mis asistentes ellos te informaran sobre todo lo que quieras saber— Tras dicho eso dejo la taza que descansaba en su mano sobre una mesa, y se retiro.
Respiro lentamente trato de relajarse y lentamente se levanto de aquel lugar en el cual descansaba, ahora debía buscar información, debía ir con la persona correcta en cuanto al tema, y no se le ocurrió idea mejor que ir a fastidiar al ya desanimado y enfadado chico de ojos verdes
—¿Qué haces aquí? —Soltó con brusquedad, con tan solo sentir sus delicados pasos pudo deducirlo era ella, aquella chica que temerosa se deslizaba entre los pasillos—
—Sólo vine a preguntar que debía hacer y como no quería molestar a tu abuelo decidí preguntarte a ti, ya que no conozco a nadie en este lugar y bueno yo no... — Dijo de manera tímida
—Está bien —la interrumpió él, dejo de lado el cincel y la pequeña brocha la cual usaba para limpiar los fósiles, se volteo a sacar unos papeles azules que se encontraban en una transparenté carpeta—. Esto es "P-151", En esto trabajaba tu padre. —Miró directamente a sus ojos para descubrir un pequeño grado de desconcierto— Si tienes un grado de inteligencia, descubre tu como debes continuar —Se volvió hacia el olvidado fósil, muy serio—. Ahora ya tienes lo que querías, así que sal de aquí, me estas interrumpiendo.
Blue sintió que le hervía la sangre. Fijó la mirada en el duro perfil de Green, en la boca que apretaba con más fuerza de la que ejercían sus manos sobre el delgado pincel. ¿Quién era él para hablarle así? ¿Qué derecho creía tener para humillarla cada vez que la veía?
Comprimió los labios en una fina línea recta, respiró con fuerza por la nariz y contuvo los deseos de gritarle.
—¿Eres con todo el mundo igual de amable, o te estás esforzando en desplegar todos tus encantos conmigo? —preguntó, con la voz más suave que pudo fingir.
—La hija de un gran investigador merece un tratamiento igualmente especial. Y ahora que todo comienza a estar más claro entre nosotros, sal de aquí. —Ladeó la cabeza para señalarle el camino—.
Blue estaba desconcertada. No entendía por qué obedecía a tanta desconsideración. Apretó los puños hasta clavarse las uñas en las palmas, alzó la cabeza y salió al instante. Ante aquel maleducado prepotente, las clases de yoga y relajación que había dado durante años no le servían para nada. Necesitaba gritar a pleno pulmón para desahogarse.
Y tal vez lo hubiera hecho si, nada más pisar el exterior, un ave, no se le hubiera plantado delante como si fuera un muro de contención.
Todo el calor que le emanaba de su furia se transformó en un frío mortal que le recorrió la columna vertebral hasta hundirle el terror en la nuca. Quería gritar pidiendo ayuda, pero no encontraba su voz.
«No te muevas. No te muevas», se repetía en silencio como una orden para sí misma y para el monstruo café que clavaba en ella sus pequeños ojos oscuros. La cabeza del animal se volteo con rudeza asía ella, su cuerpo era enorme; todo en él, excepto los menudos y sagaces ojos, era enorme.
Hizo esfuerzos por conservar la calma. Pero la respiración se le agitaba y temió que acabaría con una de las crisis de ansiedad que desde hacía ya tiempo mantenía bajo control. El animal avanzó unos pasos, le temblaron las piernas y supo que estaba perdida. Moriría en medio de un pueblo rodeado de escarpadas montañas, devorada por una gigantesca ave salvaje.
— ¡Fearow, ven aquí!
Era una voz humana. Blue sintió alivio y esperó, sin atreverse ni a parpadear, a que aquella ave atendiera la llamada de su amo. Pero el animal quizás no se llamaba de esa manera, o estaba sordo, o tal vez era más salvaje y peligroso de lo que ella había imaginado.
Cuando creyó que sus piernas no la sostendrían por más tiempo, volvió a escuchar la voz. Esta vez mucho más cerca; a su lado, y le hablaba a ella.
—Buenos días. Creo que no nos conocemos.
Blue giró la cabeza muy despacio para no provocar a la fiera ave. Aquel hombre solo la observo y pudo ver el terror en sus ojos.
—¿Qué ocurre? —preguntó, sorprendido y preocupado.
—Por favor —consiguió susurrar Blue—; atrapa a ese monstruo antes de que se me lance encima.
Lentamente tragó saliva. El miedo le había secado la boca. Iba a volver a suplicar, cuando otra ave, más grande que el primero, llegó despacio, se detuvo a los pies de aquel chico y se quedó mirándola con fijeza.
—Por favor —susurraba con miedo a que las aves la escucharan—. Aleja a estos monstruos. Por favor.
—Está bien —dijo él con paciencia—. No te agobies, tranquila.
El chico comenzó a alejarse caminando de espaldas y sonriendo divertido. Un simple «¡vamos!», bastó para que las dos aves olvidaran el objeto de su curiosidad y se fueran tras el chico de gorra roja, alzando el vuelo.
Blue aguantó inmóvil hasta que los tres desaparecieron tras el laboratorio, y corrió por la hierba mojada tratando de huir lo más rápido que pudo del lugar, en dirección a casa apretando la carpeta que llevaba en sus manos.
Mientras, en el interior del laboratorio, Aquel chico entro con las dos aves en dirección hacia donde Green estaba, causando gran alboroto ya que estas revoloteaban por sobre todo objeto brillante
-Cuando venia hacia aquí, me tope con ella, ¿es una chica agradable?-pregunto el haciendo mención a la susodicha chica.
El continuó limpiando el fósil tratando de ponerle nombre a lo que acababa de ocurrir ignorando completamente al chico.
—No me agrada, Red —le aclaró— y ¿Podrías guardar a tus mascotas?, destruirán todo
—Podía darle una oportunidad—propuso el, guardando en las pokebolas aquellas grandes aves—. Parece una buena chica.
— ¿Estás seguro? —Pregunto—. A mí me recuerda a uno de esos buitres y uno muy molesto, No puedo fingir una simpatía que no siento
— ¿Y si te equivocas con ella? ¿Y si dentro de un tiempo te das cuenta de que era una buena niña?
—Si eso llega a pasar, me fustigaré, por cabrón.
-En fin solo venia a dejarte a estas dos pequeñas criaturas- le dijo, mientras que dejaba aquellas esferas sobre el escritorio- Solo espero que no te arrepientas mas tarde de lo que dices- Añadió para luego soltar una honesta carcajada-
En cuanto Blue entró en la casa, el terror a las aves cedió para dar paso a la furia. No podía creer lo ocurrido, Green trataba de humillarla y degradarla en cualquier momento en el cual tuviera la oportunidad. No entendía a aquel hombre, pero había decidido que lo perdería de vista: a él ya esos detestables animales.
Ya en la habitación se digno a prender su móvil haber si tenía alguna nueva noticia, no ocurría nada. Es por ello que se dispuso a buscar algo que pudiera servirle, abrió cada gaveta que encontró con brusquedad y comenzó a arrojar prendas al piso que se fueron acumulando en el centro de la habitación, como trapos viejos. A pesar de las lágrimas que se agolpaban en sus ojos, descubrió que el montón era idéntico al que había formado en casa hacía menos de veinticuatro horas, El cual había dejado olvidado gracias a la enorme decepción que la había empujado a salir huyendo.
Al comprenderlo, toda su furia se le deshizo en dolor. Lanzando todo contra el suelo. Después fue ella quien se dejó caer, apoyando la espalda en la cama y envuelta en sollozos.
La desolación por lo ocurrido a quinientos kilómetros de allí volvió a romperle el corazón; el sentimiento de humillación y vergüenza le hizo desear desaparecer, tal y como había intentado hacer al llegar a ese insufrible lugar.
Acurrucada a lado de la gran cama, dejó que se adueñara de ella el llanto, la frustración, la impotencia, hasta que su espíritu fuerte y luchador la zarandeó y la hizo despertar.
Continuo con su búsqueda hasta hallar lo que encontraba entre las gavetas pudo encontrar ropa femenina, rápidamente pudo identificarla como prendas pertenecientes a su madre, a pesar del tiempo conservaban el mismo aroma, lo bueno era que tenía algo menos de que preocuparse
Volvió a dejar todo tal cual como ya estaba antes se lanzo sobre la desecha cama y escondió su cara entre las sabanas.
. . .
Hacía dos días que Blue había desaparecido y él sólo podía pasear su inquietud de un lado a otro y llamar a un teléfono que siempre le respondía que estaba apagado o fuera de cobertura.
Lance dejó de caminar y miró por el ventanal que ocupaba toda una pared de su despacho. Eran las ocho de la mañana y el sol comenzaba a alzarse perezoso sobre los edificios adormilados en Viridian.
— ¿Dónde estás, Mujer dónde demonios te has metido? —se preguntó en voz alta, con la mirada perdida en la última vez que la vio. Aquel recuerdo terminó de mortificarle. Resopló con fuerza, deslizando los dedos por su cabello rojizo.
—Si no apareces o me llamas pronto, acabaré volviéndome loco —murmuró de nuevo molesto.
Sacó el móvil del bolsillo de la chaqueta de su traje que potenciaba el atractivo de su cuerpo alto, delgado y de amplios y rectos hombros. Sin ninguna esperanza, marcó el número de Blue. Después de cientos de intentos sin ningún resultado, esta vez el teléfono le devolvió el sonido de una señal de llamada. Contuvo la respiración mientras escuchaba un primer tono, después un segundo... Cerró los párpados sobre sus esperanzados ojos claros, apoyó la frente contra el cristal.
—Cógelo, Blue. ¡Por Dios, coge el condenado teléfono! —suplicó en voz baja, pero no resabia respuesta alguna…
La mañana siguiente se cepillaba el húmedo cabello en el pequeño cuarto de baño, cuando escuchó el sonido de su móvil. Palideció al recordar que la noche anterior lo había dejado encendido.
Caminó por el pasillo, despacio, como si el teléfono fuera un animal tan grande y peligroso como cualquiera de las dos aves que había visto con anterioridad y temiendo por su vida. Se acercó a la mesa y miró el nombre que parpadeaba en la pantallita al son de la melodía: Lance. Lo cogió y acarició con el pulgar la tecla de apagado. No quería hablar con él. No quería escucharle. Pero, como una autómata, lo descolgó y se lo llevó al oído, en silencio.
— ¡Por fin te dignas a responder! —Exclamó con alivio—. ¿Sabes cuántas veces te he llamado durante estos días? Estaba a punto de volverme loco, solo dime donde estas e iré por ti
Blue no respondió. Bajó los párpados mientras las lágrimas comenzaban a deslizarse entre sus pestañas.
—Por favor, Dime algo. No me castigues, ya aprendí la lección, vuelve conmigo todo será diferente desde ahora—
Blue, aún demasiado herida, buscó algo de valor para no atender a sus explicaciones.
—Estoy ocupada — logro susurrar para luego cortar.
"Te juro que no volverá a ocurrir." Cuantas veces no había oído ya aquella frase, de inmediato apago el móvil y lo arrojo contra el sofá. Se cubrió el rostro con las manos y sollozó con tanta rabia como desconsuelo. No quería escucharle. Había huido para no hacerlo. Necesitaba estar alejada de él un tiempo para tranquilizarse, para pensar, para recuperar la dignidad que sentía que él le había arrebatado, para dejar de sentirse en aquel infierno en el cual comenzó a vivir hace ya unos meses atrás…
¡Continuara…!
Ohhhh! lamento no subir antes! pero bueno ya esta aquí, Después editare este en caso de que me allá equivocado en escribir algo :3 bueno dejen Rw, si quieren :'D, me hacen muy feliz. ¿pues qué les ah parecido?, dejen sus comentarios, ahora subire 2 capitulos por semana el viernes subo el siguiente, aun se desarrolla la historia, tenemos para muchos capitulos mas, nos vemos en el siguiente! -w-
Namárië!
