—Bienvenidos a... ¿Chicos? ¿Qué hacen aquí?

Liam y Levi llegaron de manera imprevista al restaurante. Bajo la mirada curiosa de Mikasa, ambos gemelos tomaron asiento en una de las mesas traseras.

—Dicen que este restaurante tiene buena comida —comenzó Liam, dirigiéndole una mirada cómplice a Levi —, y que hay un platillo del que todo mundo habla y...—levantó su dedo índice— Está preparado por una chica. ¿Será eso cierto, hermano?

—Ya lo veremos —siguió su juego.

Mikasa rodó sus ojos divertida, ignorándolos. Fue a la cocina y preparó el pedido el cual era el platillo principal. Veinte minutos después, lo sirvió y llevó a la mesa donde se encontraban.

—Sasha morirá si se entera que ustedes dos comieron esto antes que ella —comentó, colocando los platos frente a ellos.

Mientras sus amigos comían, ella, tarareando una canción, limpiaba la mesa de al lado.

—Cuidado con lo que haces —advirtió Levi—, no queremos que suceda otro accidente.

Mikasa lo fulminó con la mirada para luego dedicarle una sonrisa ladina. Sabía que en algún momento haría una referencia a aquel problemático suceso en la cafetería. Él devolvió el último gesto.

—Tranquilo, eso no sucederá —dijo sacando su lengua para después ir a atender un nuevo cliente.

Levi la siguió con la vista, entretenido, con una leve sonrisa. Liam lo observaba con el ceño fruncido.

—¿No que lo habían superado? —preguntó.

—Sí, aunque es divertido colocarla de mal humor —respondió aún observando a Mikasa—. Me gusta molestarla.

Liam dejó sus cubiertos a un lado, para a continuación, colocar su mano en su pecho y decir exageradamente:

—Eso sonó... sádico. No sabía ese lado tuyo, Levi.

Levi encogió sus hombros y siguió degustando su comida.

(***)

Ambos hermanos se quedaron en un bar cercano de la zona esperando a que la chica terminara su turno.

Ya todos juntos, decidieron ir hasta casa a pie. Levi decía que si conversas con alguien mientras caminas, el tiempo del recorrido sería rápido. Hablaron acerca de anécdotas divertidas que les sucedieron, la próxima graduación de Levi e incluso alabaron el platillo de Mikasa. Cuando se aproximaban a la plaza que daba como casi concluido la caminata, una llamada entrante al celular de Levi interrumpió su ameno rato.

—¿Quién te llama? —curioseó Liam.

—Es papá —suspiró—, esperen aquí ya regreso.

Levi se alejó unos metros para contestar dejándolos atrás. Liam introdujo sus manos en los bolsillos de su chaqueta y soltó una bocanada de aire.

"Esta es tu oportunidad. Tú puedes" trató de animarse.

—Oye, Mikasa —llamó su atención— yo, quería saber, si, tú, —balbuceó— estás libre el próximo sábado.

La joven colocó su dedo índice y pulgar en su mentón, tratando de hacer memoria.

—Solo tendré turno en la mañana en el trabajo, ¿por qué?

"Vamos, Liam"

—¿Te gustaría salir el sábado en la noche... Conmigo?

Mikasa ladeó su cabeza confundida.

—¿Los dos? —lo señaló a él y luego a sí misma.

Liam asintió frenéticamente.

—Sí, solo tú y yo —aclaró rápidamente.

Sus dedos, escondidos en su chaqueta, se cruzaron inconscientemente.

—Está bien.

El chico suspiró aliviado, reprimiendo sus ganas de sonreír. Cuando Levi se acercó, miró a uno y luego al otro.

—¿Me perdí de algo? —cuestionó al ver la cara de su hermano tan roja.

(***)

Sasha se encaminaba a toda prisa hacia los campos de arquería. Olvidó entregar su uniforme y el día del plazo máximo ya había pasado. Suspiró al imaginar la reprimenda que le darían los entrenadores.

Después de cada partido, los estudiantes debían devolver su uniforme para el respectivo lavado y/o arreglo. Esto para próximos encuentros o para ser entregados en las ceremonias de graduación.

A mitad del camino, notó a Liam en unas de las bancas del campus. Llamó su nombre repetidas veces pero este no la escuchó, parecía ensimismado en sus pensamientos.

Se acercó y tocó su hombro sobresaltándolo en el proceso.

—Li, ¿estás bien?

Él ni siquiera se molestó en aceptar o negar, simplemente dijo:

—Necesito un consejo, Sasha.

La joven tomó asiento a su lado, colocando su bolso sobre sus piernas y la bolsa sobre este.

—¿Qué sucede?

—Yo... le pedí a Mikasa que saliera conmigo —respondió luego de unos segundos—, en una cita.

—¿En serio? —él asintió— Ja, ya te estabas tardando, amigo —exclamó feliz.

—¿Qué?

—No soy tan despistada como crees, Liam.

"¿Tan obvio era?" pensó estampando una de sus manos en su cara.

—No deberías asustarte, Mikasa es una buena chica —continuó Sasha—. Tan solo, diviértete y se tú mismo.

—Ese no es el problema, lo que quiero decir es que no sé como hacerlo —comentó, jugando con sus dedos.

—¿A qué te refieres? —Sasha no lograba comprender su punto.

Liam desordenó su cabello antes de contestar. Aquel era un gesto bastante común cuando se sentía frustrado.

—Quiero decirle mis sentimientos esa noche, pero yo no...

—¿No? ¿Acaso tú nunca...?

—No es lo que crees, si he tenido novia. Pero nunca me le he confesado a nadie, usualmente las personas suelen hacerlo primero que yo —suspiró— ¿Cómo le dices a alguien que te gusta?

Liam dirigió su mirada al cielo, Sasha se removió en su asiento. Era una buena pregunta.

Confesarse a alguien no siempre es fácil; las inseguridades suelen aparecer, el miedo al rechazo y una persona tan tímida como Liam podría colocarse nerviosa, muy nerviosa.

—Sinceramente, no sé qué decir. Pero, solo puedo aconsejarte que te dejes llevar y así tus sentimientos saldrán a flote por si solos —dirigió su mano hacia el hombro de su amigo—. Te deseo la mayor de las suertes, Liam.

Él musito un leve "gracias"

—Ahora si me disculpas —dijo señalando su bolsa—, debo entregar esto.

—El plazo era hasta hace tres días, Sasha, ¿sabes lo que sucederá, verdad?

—Lo sé —murmuró desganada.

(***)

El sábado llegó más rápido de lo pensado y los nervios de Liam seguían aumentando con cada segundo que pasaba.

Se dio un último vistazo en el espejo y suspiró. Llevaba una camisa a cuadros rojos y negros, unos jeans ajustados rotos que mostraban ciertas partes de sus piernas, zapatos que hacían que obtuviera unos tres centímetros más de altura y su, ahora, característico cabello hacia atrás.

Miró sus lentes, ¿debería usarlos o no? Agitó su cabeza de un lado a otro y los tomó. Tenía que ser el mismo, tal y como lo dijo Sasha.

A la vez que cerraba la puerta de su casa, Mikasa terminaba de bajar las escaleras. La joven portaba unos zapatos bajos, pantalón blanco, una blusa azul claro que caía en su hombro derecho y su cabello suelto. Luego de decirse una serie de cumplidos mutuos, ambos se dirigieron al auto.

Levi, desde la ventana de su habitación, observaba curioso a su hermano y amiga a la vez que se llevaba una cucharada de cereal a la boca. Bobby estaba a su lado sobre el cómodo alféizar. Enarcó una ceja al ver como Liam le abría la puerta del copiloto a Mikasa.

"¿Será que ellos dos van a una...?"

Un par de extrañas sensaciones se apoderaron de su cuerpo. La primera fue traición, Liam nunca le comentó que tendría una cita con Mikasa. Ya lo oirá cuando llegue a cada. Y la segunda, para su sorpresa, fue incomodes. El imaginarse a Mikasa aceptando los sentimientos de su hermano, entrelazando sus manos y tal vez dándose un beso... se le hacía raro e incluso hasta cierto punto, amargo.

Negó repetidas veces, tal vez se estaba volviendo loco.

(***)

Ambos azabaches ingresaron a un parque de diversiones. Mikasa miraba maravillada el lugar, desde hace mucho tiempo que no iba a uno. La última vez fue en su cumpleaños número diez como regalo sorpresa.

—¿A dónde quieres subir primero? —preguntó Liam, provocando que alejara su vista de las luces decorativas.

El parque era tan grande y con tantos juegos para escoger. Para no gastar tiempo, como primera elección, escogió los carros chocones, sería interesante subir de nivel poco a poco.

Ahí, pasaron un rato ameno entre risas y golpes sorpresas. Aunque, se avergonzaron al notar como algunos niños junto a sus padres, los veían extrañados.

El segundo, juego fue la casa embrujada. Ambos salieron insatisfechos de ahí, hasta la cara de Levi cuando le ensuciaban algo asustaba más que eso.

El tercero, fue el laberinto de los espejos. Liam se arrepintió a medio recorrido de haberse quitado los lentes por razones de seguridad. Juraba fielmente que su rostro quedó tatuado en varios espejos. Mikasa solo reía cada vez que este chocaba.

El cuarto fue la montaña rusa. Fue divertida pero no más que la clásica foto que sacaba uno de los empleados cada que los pasajeros bajaban la cúspide. El cabello de Mikasa estaba desordenado y Liam salió bizco. Soltaron fuertes carcajadas al notar a uno de los pasajeros del fondo con sus manos juntas y vista aterrada al cielo.

Decidieron descansar y comer algo. Disfrutaron un poco de pizza y golosinas. Liam se ruborizó un poco cuando Mikasa le hizo una señal de que abriera su boca para darle un dulce.

Luego de un breve reposo, montaron juegos no tan extremos para evitar mareos y vómitos. Mikasa rio internamente al imaginarse estar en el lugar de Sasha como aquella vez en el auto con Levi pero esta vez con Liam y como el primero se desmayaría al ver tal desastre en el preciado vehículo.

Para finalizar su salida, subieron a la rueda de la fortuna. Fuegos artificiales iluminaron el cielo a medida que avanzaba el paseo. Mikasa, entusiasmada, se levantó del lugar que compartía con Liam y se sentó en el asiento de enfrente acercándose más a la ventana para apreciarlos mejor.

Liam la observaba de la misma manera en la que ella veía aquel espectáculo de luz, embelesado.

Inhaló y exhaló profundamente, esta era la oportunidad perfecta.

—Mikasa —ella giró apartando la vista de la ventana para darle toda su atención solo a él—, quiero decirte algo.

La joven asintió.

El rostro de Liam comenzó a sonrojarse. Verla ahí sentada, con sus ojos grises y brillantes, acompañada de juegos artificiales, provocó que sus nervios volvieran. Se exaltó al sentir la mano de Mikasa tomando la suya.

—¿Qué sucede? ¿Es muy serio? —preguntó preocupada.

Liam negó y entrelazó su mano con la de su compañera, tratando de disipar su malestar.

—No —musitó luego de unos segundos—, es sobre... algo que he querido decirte desde hace mucho tiempo.

Se maldijo a sí mismo al sentir su cuerpo temblar. Debió haber practicado antes.

—¿Qué es? —Mikasa parecía a la expectativa.

Liam se propinó un golpe mental para hablar.

—Hemos sido amigos durante un tiempo, nos llevamos bien y también la pasamos bien —ella asintió—. En poco tiempo, nos hicimos unidos y desde hace unos meses yo... he querido decirte que...

Cerró sus ojos fuertemente, los nervios le estaban dando una mala pasada.

—Decirte que...

"Tú puedes, tú puedes"

Mikasa parpadeaba, esperando a que continuara.

—Decirte que...

Los juegos artificiales seguían sonando.

—Decirte que me gus... que me gusta que hayas aceptado a salir conmigo hoy y agradezco que sigas a mi lado.

Definitivamente, eso no era lo que quería decir. Mikasa simplemente se acercó hacia el con un semblante suave para abrazarlo.

—No hay nada de que agradecer, Liam. Me gusta pasar tiempo contigo, ¿cómo podría negarme?

Él respondió el abrazo, resignado.

(***)

Después de despedirse de Mikasa, subió las escaleras arrastrando sus pies hacia su habitación. Ignoró el saludo de Levi y los ladridos de Bobby. Estos últimos se dirigieron una mirada confusa.

Cerró la puerta y se lanzó a la cama enterrando su rostro en la almohada. No sé molesto en quitarse la ropa y ponerse su cómodo pijama. Tampoco se molestó en revisar los mensajes de Sasha e Ymir.

"Eres un tonto, Liam Ackerman" se dijo "Cobarde y tonto"

(***)

He aquí otro capitulo.
Por suerte ya tenía/tengo varios escritos porque si no, los haría esperar semanas debido a que estoy a finales de semestre y saturada en trabajos (send help)

En el capítulo pasado pregunte a que Team penitencian para saber cuántas personas específicamente me quedarían el rancho por este capítulo... Pero me salvé (espero)

Bueno, nos vemos en la próxima actualización.

Las quiere con todo su corazón.

Val