Capítulo IV

—¡Maldita sea! —gritó, furioso—. ¿Es que no tienes ojos?, ¡acabas de arruinarlo!

Blue se sentía hundida, furiosa y frustrada después de haber hablado con Lance, tanto que ni siquiera prestaba atención a lo que ocurría a su alrededor. Sabía que sólo tenía que escucharle decir un par de veces más que la amaba, y ella se lanzaría a sus brazos para que le curara el dolor que él mismo le había causado. Siempre ocurría igual. Siempre era lo mismo.

Estaba cansada de contener sus lágrimas y su ira, de ser amable con todo el mundo, de ser correcta. Y allí estaba Green, desafiándola de nuevo.

—Si dejaras de fastidiarme aria esto bien ¿no crees? —le increpó con los ojos en llamas.

—No me culpes por tu estupidez—rugió Green, colérico—. Había pensado en dejarte un manual completamente detallado pero dude que tuvieras la capacidad para entenderlo —añadió con una sorna hiriente.

—¡Eres un prepotente insufrible! —le bramó con una peligrosa mezcla de dolor y rabia—. Estoy harta de soportar tus malas formas y tus ofensas.

—Y yo estoy cansado de aguantar tu torpeza —aseguró él con menosprecio—. Cada vez que te encuentro estás jodiendo algo.

—Creo que aquí el especialista en joder al prójimo eres tú —alzó la barbilla y crispó los dedos de su mano derecha sobre el marco de madera—. Desde que llegué, y sin ningún motivo, te has empeñado en amargarme la vida.

«Sin ningún motivo», se repitió Green, agitando la cabeza. No la creía tan estúpida como para no saber qué había hecho mal durante toda su vida, y él no tenía ninguna intención de recordárselo.

—¿Qué demonios haces aquí? —soltó, con los brazos caídos y los puños tensos—. Reconoce que te equivocaste al venir. Lárgate, esto no es lo tuyo.

—¿Lo mío? —exclamó, atónita—. ¿Y qué sabes tú qué es lo mío? No me conoces, o sea que deja de juzgarme.

—Te conozco lo suficiente —dijo, mirándola de arriba abajo con insolencia—. Mi abuelo dice que te vas cuando termines esto, pero a este paso no terminaras nunca. ¿Por qué no nos haces un favor a todos, recoges tus maravillosos modelitos y te largas hoy mismo? Lo único que haces aquí es estorbar a quienes sí trabajamos.

—¿Me estás llamando inútil? —Irritada, aleteaba los orificios de su nariz y comprimía con fuerza los labios.

—Sí. Te estoy llamando inútil y te estoy llamando estorbo —espetó, satisfecho—. Imagino que de él lugar de dónde vienes hay cosas para las que eres perfecta, pero aquí no. Aquí sólo serías útil si desaparecieras para no volver jamás.

—¿Estás olvidando que todo esto me pertenece? —Preguntó con frialdad—. No hay nadie que pueda echarme, soy tan dueña de este laboratorio como lo es tu abuelo, o ¿olvidas que mi padre ayudo económicamente con él?

—Te pertenece el valor económico, no el lugar al que nunca... hasta ahora —aclaró con malicia—, te habías dignado visitar. ¿Por qué no lo vendes todo y te marchas con el botín? Para eso has venido, ¿verdad?

—No pienso explicarte a qué he venido —dijo Blue, con una sonrisa arrogante—. Y mi única equivocación ha sido pensar que eras un hombre normal. Por fin compruebo que eres un amargado intratable que no soporta tener a nadie cerca.

—Depende de quién se acerque y, sobre todo, de con qué rastrera intención lo haga —respondió con simulada calma.

Blue abrió la boca para responder, pero la cerró sin haber emitido ningún sonido. Por un instante, la hostilidad en los ojos verdosos de Green le avivó recuerdos amargos. Los de unos días atrás, cuando con parecido desprecio alguien le habló de sus rastreras intenciones. «No te atrevas a alzar la barbilla ante mí», había tenido que oír cuando lo único que estaba haciendo era enrojecer de vergüenza. «Conozco a las mujeres como tú. Eres una oportunista, una vulgar ladrona que se aprovecha de la confianza que le otorgan para adueñarse de lo que no le pertenece.» Cuando escuchó esas palabras, ya había deseado cien veces que la tierra se rasgara bajo sus pies y la grieta profundizara hasta el averno, pero aquello no había hecho más que empezar...

—Así que tienes razón —continuó diciendo Green, y Blue regresó al presente y expulsó el aire envenenado del que llevaba respirando ya dos días, los dos primeros días de los muchos en los que aún seguiría haciéndolo.

—¿En qué tengo razón? —consiguió preguntar sin que le temblara la voz.

—En que soy un amargado intratable que no soporto tener al lado a alguien como tú —sonrió a pesar del coraje que le consumía—. Preferiría la soledad eterna.

Blue inspiró para bufar después como un animal herido.

—Eres el hombre más maleducado y ordinario que he conocido jamás.

—No está mal —chasqueó los labios, fingiendo diversión—. Es casi halagador, comparado con la insensible oportunista que creo que eres tú.

Blue crispó las manos a ambos lados de su cuerpo.

—Eres un prepotente que se atreve a juzgar lo que ignora, que por otra parte debe de ser mucho —intentó devolverle un gesto de satisfacción, pero la tensión y la rabia la dominaron—. No me extraña que hayas escogido vivir rodeado de animales y con tus queridas investigaciones. Ellos no te juzgan y, aunque no te soporten, no te abandonan como seguramente ha hecho todo el que te ha conocido.

—No veo que tú te estés dando demasiada prisa en largarte —señaló, manteniendo con dificultad la sonrisa.

—Te equivocas. Sólo sueño con perderte de vista para siempre —apuntilló ella, a punto de explotar.

Green torció el gesto y sus ojos se transformaron de nuevo en unos verdes más oscuros. No sabía si le abrasaba más la rabia o la impotencia.

—Estupendo —exclamó, alzando el brazo y golpeando la pared de piedra con el puño—. Los dos seremos mucho más felices cuando te hayas ido.

—¡Imbécil! —estalló Blue, dejando en el escritorio un pincel y un pañuelo, seguido de eso salió y cerrando con un portazo.

—¡Inútil! —respondió Green con furia, recogiendo sus instrumentos para volver a trabajar.

¡Sin duda era una hermosa mañana!, así comenzó todo desde temprano Blue llego al laboratorio, para ayudar y sacarse de la cabeza todos esos malditos recuerdos que tenia con dicho hombre, al llegar al único que encontró fue a Green aun jugando con un fósil, Ella le ofreció su ayuda, este se rehusó a aceptarla pero después de unos minutos se decidió por enseñarle a limpiar fósiles haber si con ello aprendía algo… pero como notaron todo termino mal, Blue hizo un movimiento en falso y termino por romper una pequeña extremidad del ya mencionado objeto…

Ahora allí se encontraba en la laguna que estaba cerca de la antigua casa de su padre, El enfrentamiento con Green la había despertado a la verdad que se había estado negando a sí misma: los tres días que llevaba escondida en esa tierra inhóspita no habían bastado para mitigar el dolor de lo ocurrido. Y lo peor era que no sabía cuántos días, semanas o meses iban a transcurrir sin que ella encontrara fuerzas para presentarse ante Lance y exigirle una explicación. La herida por la que se desangraba el día en el que llegó a Pueblo Paleta, continuaba tan abierta y fresca como el recuerdo de la mirada cobarde que le rompió el corazón y la dignidad en dos mitades.

Ahora se encontraba pensando con detenimiento en su situación. Sus problemas continuaban ahí, insalvables, al menos de momento. Pero mientras esperaba que el tiempo transcurriera y le devolviera la normalidad, había algo que podía hacer, algo que la ayudaría a sentirse un poco mejor. Y ante ese convencimiento tomó la decisión más absurda de su vida… y la podría en marcha el mismo día.

Se juró que nadie volvería a echarla de ningún sitio. Nadie volvería a pisarle su dignidad y su orgullo. Nadie volvería a decirle qué podía o no podía hacer, dónde debía o no debía quedarse.

Vendería todo lo heredado, sí, tal y como lo había decidido junto a Lance. Volvería a casa, por supuesto. Pero todo eso lo haría después de haber demostrado a ese soberbio prepotente que ella era la dueña y no obedecía sus órdenes. Él, que ni era ni sería nadie en su vida, iba a ser el primero, en muchos años, al que le impondría sus derechos y su voluntad. El primero ante quien sacaría su entereza y a quien demostraría que no volvería a dejarse intimidar.

Mientras pensaba que la habían desairado por última vez, casi sintió lástima por Green, porque hubiera tratado de avasallarla cuando su paciencia y su docilidad habían llegado al límite.

—Cómo ha madrugado tanto, señorita —dijo el sonriente chico que se acercaba a ella— Olvide presentarme el día que nos vimos, mi nombre es Red

—Yo soy Blue, y por cierto gracias por llevarte a esas aves aquel día—respondió con un gesto amable—. Ahora quiero que me cuentes algunas cosas sobre tu trabajo, que haces en el laboratorio. —Se acercó a él y lo miro fijamente con completa curiosidad—

—¿a qué se debe tanta curiosidad?

—Quiero comenzar a familiarizarme con el trabajo… y con las cosas que debería hacer —se atrevió a decir

—En ese caso deberías hablar con Green, en realidad no trabajo allí yo solo me dedico a capturar todo tipo de Pokemones para que el Profesor Oak los estudie—dijo Red, sonriendo— solo trabaje con el unos 2 días cuando el Profesor no estaba, necesitaban ayuda para identificar uno que otro pokemon…

—No me gustaría volver a toparme con ese hombre… —dijo, absorbiendo la información y recordando lo sucedido—Digamos que ese desabrido no me agrada

—Bueno y por lo visto tu tampoco le agradas ¿verdad?—analizó lo dicho por la ojiazul—. El suele ser muy agradable con quien quiere.

— Eso es algo para nada creíble, después de haber conocido su lado "amigable"—dijo Blue con sarcasmo—Pero en fin, ¿no sabes lo que se debe hacer o como el comienza el día?

—Por lo que recuerdo, Green suele ser muy ordenado así que antes de comenzar con algo suele Ordenar toda la información de la cual dispone—dijo, cerrando los ojos para tratar de recordar —. Una vez ya tiene listo eso bebe un café para comenzar el día lo mas despierto posible… solo eso recuerdo, suele trabajar solo y en silencio.

—Gracias por la información- dijo ella sonriente- creo que debo hacer un par de cosas, ¡nos vemos Red!- se despidió de manera informal, ahora ya tenía una pequeña idea de que debía hacer

Entro a casa con la rapidez de un rayo, y revisto todos los estantes para encontrar algo que le ayudara en el trabajo diario, muchos libros hallo, manuales y demasiada información, busco algo relacionado con lo que Green hacia. Minutos pasaron hasta que hallo algo y Bingo, Información para novatos. Ahora si aria las cosas bien, se informaría para luego trabajar, no quería más humillaciones en ese ámbito…

Eran las siete de la mañana y ya se había duchado y vestido con unos jeans oscuros y una camisa blanca de manga larga más un Suéter. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta, bien tirante, de la que ni un solo pelo estaba fuera de lugar. Había pasado toda la tarde de cabeza en los libros, se sentía más preparada pera aquel dichoso día.

«Solo será una semana por lo mucho no creo que resista mas y nos habremos librado para siempre de su presencia», pensaba Green mientras acomodaba la bata blanca con la cual trabajaba. Acomodo sus pensamientos, luego pasó sus manos en las gruesa manilla, que daba con su área de trabajo en su rostro crecía una sonrisa de satisfacción, y entró en la habitación.

Cuando la vio junto a la ventana, con la bata blanca y el cabello recogido, miró a su alrededor buscando a una explicación, una que no encontraba.

—¿Qué demonios haces aquí? —preguntó con más furia de la que recordaba haber sentido nunca. Ni siquiera cuando el día anterior tu vieron su "agradable intercambio de palabras".

Durante la última hora, mientras se calentaba el agua para servirse un dulce café matutino, Blue se había preparado para aquel encuentro. El corazón le bombeaba en las sienes y en las muñecas, pero cogió aire y alzó la cabeza con dignidad.

—Voy a sustituir a sustituir a tu asistente. Me lo ha pedido tu abuelo, por lo visto el tiene otros trabajos que hacer mientras yo estoy ociosa.—La mandíbula de Green se contrajo y ella disfrutó repitiendo—: Y a mí nunca me ha gustado estar ociosa.

Green apretó hasta que sintió que le crujían los dientes. Aquello no podía estar pasando. Era una broma estúpida o un mal sueño. Sacudió la cabeza, incrédulo.

—Creí entender que no volverías a este lugar —dijo, mirándola con impertinencia.

—Lo había pensado, pero he cambiado de opinión —sonrió con ironía—. Espero que estés tan feliz como yo porque vamos a trabajar juntos.

«¿Trabajar juntos?...» Eso ya no era un mal sueño, ni siquiera se quedaba en categoría de pesadilla. Era una venganza urdida en el infierno. Si siempre se había preguntado cuánto hielo tenía ella en el corazón, ahora su curiosidad se centraba en lo retorcidos que podían llegar a ser sus pensamientos.

—¡Ni lo sueñes! —soltó, dejando escapar una risa nerviosa—. Yo no soy tu profesor de manualidades. Si piensas quedarte aquí y te aburres, búscate otro entretenimiento. Esto es un trabajo de verdad —dijo, dirigiendo su mirada a su alrededor.

—Lo sé. Y también sé que puedo hacer lo que me plazca. Te guste o no, desde este momento voy a ocupar el lugar de tu asistente.

—No te podrías comparar con el—advirtió, evaluándola desde la ira de sus ojos verdes—. Contigo solo perderé el tiempo y no estoy dispuesto a hacerlo.

—Aprendo rápido —afirmó ella con osadía—. He aprendido alguna que otra cosa y no me ha parecido tan complicado. Puedo hacerlo y lo haré.

Guardo guardó silencio, estudiando la expresión de seguridad de Blue. Él la había molestado y ahora ella le devolvía el favor, con la diferencia de que ella estaba en una mejor posición para complicarle la existencia. Se preguntó si se trataba de un capricho de niña consentida. Un capricho que acabaría cuando sintiera el peso de las horas de trabajo, de la responsabilidad.

—¿Cuánto tiempo piensas quedarte? —interrogó, soberbio y a la vez temeroso de escuchar la respuesta.

—No lo tengo claro —sonrió burlona, imaginando el sentimiento de impotencia de Green—. Hasta que me canse de esto o sienta deseos de regresar a mi casa. Puede que ocurra en una semana, un mes, un año. ¿Tienes algún problema con eso? —preguntó con ironía.

Green sabía reconocer cuándo había perdido, y, esta vez, al menos de momento, ella era la vencedora. Se acercó a los informes que estaban sobre el escritorio.

—Ningún problema —respondió, fingiendo tranquilidad—. Sólo espero que no entorpezcas mi labor... ni la de nadie.

—Descuida. No lo haré —afirmó Blue, observando con satisfacción el perfil tenso de Green, que, sin más explicaciones, continuó con el trabajo.

Pero cuando terminó comenzó con la tarea que el día anterior le había tratado de enseñar, y se aseguró, en silencio, de que ella le entendiera. Le costaba dominar su impotencia. Por eso prefería mantenerse callado; para no explotar. Que ella estuviera en la allí era malo, pero tenerla trabajando a su lado le parecía un castigo insoportable. Volvió a mirarla. Ella tomaba nota de todo lo que él hacia

— Primero que nada debes saber el tipo de roca en la que ha fosilizado. Si es caliza, hay que tener cuidado con los ácidos corrosivos porque la descomponen fácilmente. Si es silícea es menos sensible.—dijo de pronto, en una tensa voz baja que sobresaltó a Blue—. Como primera limpieza, debes diluir un poco de salfumán en un cubo de agua. Cuidado con la concentración porque puede dañar el Fósil

El tono poco amigable no invitaba a responder. A Blue le satisfacía haber quedado por encima de él por primera vez, pero la situación no era agradable.

Ésa fue toda la conversación que mantuvieron durante el trabajo. Cada cierto tiempo Green recogía los restos para mantener limpio, Después regresaba donde el olor de los químicos se mezclaban con otro que había experimentado durante algunas tardes de finales de verano en las cercanías de los bosques; moras silvestres. Le sorprendió que alguien como ella oliera a algo tan delicioso y simple. Le pegaba más la fragancia de un perfume caro, exótico y pegajoso.

Mientras trabajaba, la observó con disimulo. Ella le recordaba al hombre con el cual por mucho tiempo trabajo. Los dos tenían el mismo Azul misterioso en los ojos, la misma profundidad y el mismo fiero orgullo. Pero ahí terminaban los parecidos, al menos los visibles, se dijo mientras reconocía que era una mujer atractiva, con unos rasgos delicados y dulces. El cabello castaño y lacio que le descansaba sobre los hombros estaba ahora bien sujeto por una coleta.

Pensó que no dejaba de ser irónico que siendo tan fría y codiciosa tuviera un aspecto tan angelical.

Green inspiró y trató de centrar su atención en su labor, pero no le resultó sencillo. Sus ojos iban una y otra vez hacia el rostro o las manos de Blue. Había observado que cuando estaba muy centrada limpiando con el pequeño cepillo de esparto y trapo, se mordisqueaba el labio inferior. Le pareció un gesto infantil y a la vez sensual. Y la recordó enfadada, contrayendo aquellos mismos labios en una fina y tensa línea recta tras la que parecía mantener encerradas todas las palabras furiosas que le llegaban a la mente.

En verdad era hermosa; hermosa e insufrible. Pero sobre todo era alguien a quien tenía que soportar por un tiempo. Tan sólo esperaba que el período fuera más corto que su propia y escasa paciencia.

Tal y como Green había argumentado que ocurriría, la jornada de trabajo se alargó en más de una hora, pero no le restregó su acierto. Vació el recipiente de agua para luego limpiar y desinfectar todo lo usado, y salió soltando los botones de la bata.

Ella le siguió. Si con su silencio él pretendía hacerla sentirse incómoda, lo había conseguido, pues ni siquiera sabía hacia dónde mirar.

Tras lavarse las manos y mientras Blue se ponía otra vez su suéter sobrio, Green abrió la puerta principal de la primera planta que da hacia el exterior y pegó la espalda a la pared para cederle el paso. Sorprendida ante aquel primer gesto de caballerosidad, durante unos segundos lo miró sin saber qué decir. Cuando iba a sonreírle y aceptar su atención, algo café, grande y plumoso se movió junto a la puerta, esperando la salida de alguna persona.

Blue palideció y retrocedió unos pasos.

—Sal tú. —Sonó demasiado rápido y brusco—. He olvidado algo.

La disculpa era absurda y Green la interpretó como un abierto rechazo a su gesto amable. Sonrió con sarcasmo y salió, cerrando la puerta con un golpe seco.

Ella esperó un rato antes de volver a asomarse. Sólo cuando se aseguró de que tanto Green como esa ave habían desaparecido, corrió a refugiarse en su pequeña casa.

¡Continuara...!

Aquí les dejo el capítulo que debí haber subido el viernes anterior. Más tarde editare este en caso de que a ya tenido faltas ortográficas que no vi, Bueno pues que les ha parecido, ¡Comenten! :D y gracias Sakura Touko, por haber comentado aun que sea un Rw, eso me motiva a continuar… y como ya les dije subiré los capítulos por semana. Nos vemos en el siguiente

Namárië!