Capítulo VII

— ¿Y cómo se llama lo que buscamos? —preguntó, esperando algún nombre.

—Nada en especial, busca cosas interesantes —respondió Green, sonriendo—. Cosas fuera de lo común- dijo mientras guardaba a aquella creatura naranja* dentro de su ball.

-Está bien- dijo para luego desaparecer por la entrada de la cueva.

-Es realmente molesta- musito para sí, para luego ir tras ella, no tenía idea de lo que hacía, pero si algo sabia era que dentro de aquella cueva abría algo con lo cual aquella chica de cuidad no podría. Pokémon salvajes. –Blue donde demonios estas.- pregunto.

-Aquí, ¡Green mira!- exclamo emocionada, señalando una pared- esas huellas-

-no es nada fuera de lo común... Y podrías hacerme el favor de callarte o en lo posible hablar mas bajo- le regaño.

-¿por que te molesto tanto?- miro confusa- yo no te eh echo nada malo desde que llegue, de verdad no comprendo el por que siempre tenemos que discutir, y esto ya me esta comenzando a aburrir-

Estuvo a punto de gritarle un "te odio por ser una maldita interesada" pero no lo hizo, se trago sus palabras y trato de disfrutar del lugar.
Simplemente la ignoro y fue por su camino, Blue lo entendió a la perfección, el no quería hablar y no pensaba hacerlo. Sin más que agregar salió de la cueva, busco un lugar alejado y tranquilo. Se quito la chaqueta y la dejo sobre el brilloso y verde césped. Aun conservaba las manías de chica de ciudad, de ninguna manera planeaba ensuciar su ropa. No, eso no lo aria.

Green la vio marchar, no la iba a detener, en tal caso no iría tan lejos, así que continuaría con su trabajo y luego iría por ella.
Aburrido, si el estaba aburrido. No hallaba nada nuevo. Continuaba la cueva tal cual la conocía. No tenia nada que hacer. Envuelto en sus pensamientos estaba, pensaba en aquella mujer con aroma a moras. Porque era una mujer tan molesta, ¿por que no se largaba de donde venia, vendía todo lo heredado y ya? Que se largue y deje de fastidiar...
Eso quería. Ya que desde algunos días había comenzado a notar algo que no le agradaba. Le gustaba aquella chica, le gustaba la fastidiosa chica de ciudad. Pero no, no era nada mas que algo hormonal según el. La chica era hermosa, tenia un cuerpo delicado y pálido, ojos profundos y eléctricos y su cabello siempre perfectamente ordenado y perfumado. Si, no era nada mas que algo hormonal…

Moras, muchas moras. Las había tomado y sin importarle las limpiaba y comía. Tenía todo los labios de un intenso tono oscuro.

-que estas...- pregunto al verla sentada sobre su chaqueta con los labios teñidos, guió su vista a las moras y luego pensó en alguna manera de molestar a aquella chica- ¡Son venenosas!

¡¿Queeeeee?!- dijo atónita, alejando las deliciosas frutas de su labio- es un chiste verdad, porque demonios no viniste a decirme antes!

Es broma- dijo relajado, ya la había molestado, ya estaba satisfecho. Ahora si quería podría estar toda la tarde quejándose y no le diría nada.
Esta molesta tomo una gran mora y se la aventó a la cara manchando un poco de ella, rió bajo. Green antes de que cayera la tomo entre sus manos- Gracias.- se sentó junto a ella en un extremo de la tela, mientras esta curiosa lo observaba.

—No te imagino en un lugar como este, no sabrías que hacer, y me atrevería de decir que sobrevives gracias a los abrelatas —comentó él, riendo a la vez que quitaba otra mora de sus manos y la comía.

—que gracioso —dijo, al tiempo que se cubría la boca con los dedos y estallaba en una carcajada burlesca.

Él gozó de aquel tintineo casi infantil. Si algo veía en ella que le resultara más atrayente que sus fogosos ojos azules o que su sedoso cabello castaño, en el que a veces se imaginaba a sí mismo hundiendo el rostro, era la risa.

Tienes la mejilla sucia- dijo ella y sin ningún nerviosismo o permiso, lamió su dedo pulgar para luego frotarlo en la mancha que había dejado la mora.
No sabia que demonio estaba haciendo y el por que se dejaba, la vio tan concentrada que no opuso resistencia, para el era incomodo era muy incomodo.- ya esta, perdón por ensuciarte.- dijo para luego sonreír.

Green la miró guardando silencio, disfrutando de nuevo de aquella curvatura en sus labios.

Una hora después los dos yacían con la espalda pegada al suelo y la mirada perdida en las hojas ovaladas de las árboles. Ráfagas de sol, penetrando entre el oscilante ramaje, llenaban el bosque de temblorosos claroscuros.

—¿Te he dicho que tenías razón, que esto es precioso? —preguntó Blue, mirando el espectáculo de luz y sombras.

—ya caíste en los encantos del bosque —respondió Green, riendo y colocando las manos bajo su cabeza.

—Nunca había estado en un bosque... —confesó ella—. En realidad, es la primera vez que estoy en un bosque de verdad. Además, éste se parece a esos típicos de los cuentos.

Ella disfrutaba de la naturaleza aunque sólo fuera porque ésta le recordaba a torpes niñerías, pensó Green, imaginando qué opinaría si la llevara a otros lugares mucho más especiales.

—Aquí cerca, en este mismo pueblo, hay una selva cercana—comenzó a contarle—. Da igual la época en la que la veas porque siempre es hermoso, pero en otoño es impresionante. Te aseguro que nunca has visto tantas gamas de marrones, ocres, rojos... —Inspiró, recordando sensaciones—. Caminar entre esas hayas disfrutando de los colores, los olores y el crujir del manto de hojarasca bajo los pies, es lo más relajante y a la vez estimulante que puedas imaginar.

La vehemencia y la emoción en las palabras de Green revelaron a Blue que hablaba desde lo mas intimo de sus pensamientos, que amaba esos bosques y estas tierras.

—Adoras esto, ¿verdad? —preguntó, observando cómo el viento jugaba meciendo las hojas.

—Sí. Aunque, tal vez adorar no sea la palabra.

Blue esperó que continuara, pero él volvió a guardar silencio.

-solías hacer muchos viajes con mi padre? —le preguntó de pronto, girando la cabeza para mirarle.

—Si, algo... Al principio venía muchos fines de semana para ayudar a mi abuelo, en ese entonces conocí a tu padre, me acepto rápidamente, y luego de ello me volví su asistente así que solía acompañarlo a donde debía o quería ir.

—y que hacías antes de esto—curioseó ella, incorporándose para sentarse sobre la tierra.

—Trabajar, mas obligaciones, vivir... —respondió Green, reacio a contar detalles que a nadie concernían salvo a él.

—Llevas diez años desde eso, Diez años es mucho tiempo no has pensado en ir a otro lugar —opinó Blue

—¿Y me lo preguntas después de haber visto todo esto? —Miró a su alrededor para decir—: Si te quedas el tiempo suficiente por aquí, puede que llegues a comprender por qué no necesito buscar nada más en ningún otro lugar.

—¿Es que no tienes sueños- se intereso ella.

—Muchos... No se puede vivir sin sueños. Y tú —dijo, girando el rostro para mirarla—. ¿Tú tienes sueños?

—Algunos —respondió Blue—. Pero hay uno muy especial. —Suspiró, acariciando su cabello

—de seguro ese sueño debe ser muy costoso—comentó Green, sin demasiado interés.

—Una fortuna —dijo, riendo—. Pero es que no se trata sólo de eso —explicó, negando con la cabeza—.

Green pensó en lo diferentes que podrían llegar a ser sus sueños. Quizás en que pensaba aquella chica

—Cuéntame uno de tus sueños —pidió Blue de pronto—. El que más ansias —añadió, tratando de que su voz no reflejara todo el interés que despertaba su contestación.

Él miró hacia las hojas que se agitaban sobre su cabeza, pensando en todas las metas que se había propuesto alcanzar. No tuvo que ordenarlas por importancia. Tenía muy claro cuál era el valor de cada una.

Inspiró hondo antes de decidirse a compartir con ella el más deseado según el, de todos sus sueños.

—No quisiera morirme sin haberme vuelto el mejor entrenador o investigador—confesó a media voz, para volver a quedarse en silencio.

La respuesta sorprendió a Blue y le erizó la piel. Encogió las piernas y se abrazó a ellas en busca de calor.

—¿Nunca has estado enamorado? —preguntó curiosa y con suavidad, apoyando el mentón sobre las rodillas.

—No lo sé. Quizás si, alguna vez —respondió él, alzando la cabeza y frotándose la nuca antes de volver a recostarla en el suelo.

—El amor es algo complicado —musitó Blue, pensando en sí misma y en Lance.

—El amor... —repitió Green, pensativo—. Es una pérdida de tiempo —susurró—

—¿por qué piensas así? —preguntó, aturdida por sus palabras.

—Es complicado… —respondió él, y bajó los párpados para dejarse acariciar por los rayos de sol que fragmentaban las sombras al colarse entre las hojas.

Tras unos minutos de silencio, la respiración de Green se hizo suave y acompasada y Blue dio por hecho que se había quedado dormido. Le turbaba compartir un acto íntimo en el que no había visto a más hombre que a Lance. Pero no se resistió a la oportunidad de observarlo en ese estado apacible de indefensión.

Consideraba que era atractivo, muy masculino, con unos rasgos dulces y sensuales. Cuando no estaba enojado era la imagen misma de la serenidad. Cuando se enfurecía, su rostro se tensaba y sus ojos verdes juraban hundirte en el infierno.

Pero ahora le parecía un ángel. Un ángel de cabello oscuro y piel dorada que prometía llevarte al paraíso.

Saco el celular de su bolsillo, ese mismo que hace días había dejado en el olvido. Encuadró su rostro de facciones casi perfectas y, rogando por que el sonido no le despertara, pulsó el disparador.

Green no se movió, y ella, con una sonrisa satisfecha, se acercó cuanto pudo a la pantallita brillante para observar la fotografía. Amplió hasta que los párpados cerrados de Green ocuparon toda la pantalla. Tras observarlos con detenimiento y recrearse en las pestañas, pasó a observar sus gruesos labios, su duro y masculino mentón, sus orejas, pequeñas, sus manos semiocultas bajo la cabeza...

Verdaderamente era un hombre hermoso, pensó mientras apagaba de nuevo el celular y lo protegía en su bolsillo. Le gustaba su compañía y le agradaba su conversación. Gracias a él, la distancia que ella aún se empeñaba en mantener con Lance no le estaba pesando demasiado.

Lo miró, calculando cuánto tiempo llevaba dormido.

Volvió a observar el modo en que los serpenteantes rayos de sol le acariciaban. Sonrió al ver que su apacible rostro no se inmutaba cuando la luz le descansaba sobre los párpados. Y de pronto reparó en que no escuchaba el sonido de su respiración. Su torso no ascendía y descendía... no respiraba.

Acercó la mano hasta el hombro para oprimirlo con suavidad y comprobar si se movía, pero ni siquiera alcanzó a rozarlo. Se lo pensó mejor y se colocó de rodillas, aproximándose todo cuanto pudo para escuchar mejor el sonido de su respiración.

Ni vio ni oyó nada que la tranquilizara. Retrocedió y miró a su alrededor, nerviosa, arqueando unos dedos sobre otros y suplicando que Green despertara antes de que ella entrara en una de sus crisis de ansiedad.

Aquel pensamiento le hizo reaccionar. Sin concederse tiempo para arrepentirse, se inclinó sobre él, muy despacio, para verificar si le temblaban sus espesas pestañas o algo oscilaba bajo sus párpados.

Y de pronto, con la rapidez de un felino, Green alzó la mano y la sujetó por la nuca a la vez que abría sus ojos verdes para clavarlos con firmeza en los suyos.

Continuara…

DISCULPEN LA DEMORA! Pero ya estoy de vuelta y publicare de forma semanal, y si aun que ya nadie me lea prometí terminar la historia si o si xD

Espero RW? :'D de verdad disculpen xdddd