↳Algunos capítulos de la narrativa contarán con escenas sexuales explícitas entre dos personas del mismo sexo. Por favor, querido lector, si no te gusta, no lo leas.
↳En un solo capítulo encontrarás leve mención de bestiality por motivos de trama.
↳Historia ambientada en un mundo de fantasía. Universo alternativo semi-steampunk.
↳Una vez más, quiero agradecer a jeanorjan por la portada. Es realmente talentosa con la edición. Me llevé una gran sorpresa cuando me la mostró.
↳Quiero agradecer a mi beta MiaTopazio, quien revisó este proyecto para que fuese publicado.
↳Última advertencia: actualizaciones lentas.
PRÓLOGO
«Todos esos años... ¿Acaso nunca has sentido soledad?»
Aquellas palabras rondaron por su cabeza al hallarse en la cima de las escaleras. Un reciente amigo se las dirigió semanas atrás.
La penumbra envolvía con su manto cada rincón de la casa. No podía importarle menos, ni siquiera recordaba el tipo de iluminación que un rayo de sol era capaz de ofrecer. No lo necesitaba.
El taconeo de las botas altas retumbó con elegancia a cada paso que daba dentro de la mansión. Su mansión. Envidiable, pulcra, distinguida. Una edificación que en mejores tiempos vio músicos y bailes de salón. Pese a no haber una sola mota de polvo sobre la ornamentación y los muebles, sin duda daba una imagen lúgubre, fría y estancada en el tiempo.
Giró la manija de la única puerta de metal. Del otro lado se hallaba una habitación de singular altura. El suelo constaba de varios centímetros de arena humedecida, la cual, mantenía la frescura de las decenas de frascos de vidrio que se encontraban más o menos enterrados en ella. Extrajo uno y cerró a sus espaldas. Acto seguido, enfocó su andar hacia su cuarto favorito, el único adornado con cientos de lienzos, pinturas, libros y cuadernos de referencia.
Vertió el contenido del frasco dentro de una copa de vino. Por el peculiar color carmesí, bien podía confundirse con uno hasta el momento en que la ausencia del aroma alcohólico delatase a su imitador.
Que si se sentía solo, preguntaban; que si no temía a la insondable eternidad, preguntaban; que si no se hastiaba al no escuchar ni una sola voz, preguntaban; que si no se volvía loco al oír su propia respiración, preguntaban...
¡Como si eso bastara para frenarlo de perseguir su propósito en la vida!
Él no era un humano ordinario. No era una criatura vil y asquerosa que necesitase de otros para sentirse pleno. Él era el magnífico Kishibe Rohan. No había artista que retara sus aptitudes; no había imitador o maestro que igualara su trabajo, y mientras las plantas de sus pies se movieran sobre los suelos que pisaba, ningún ser vivo sería capaz de llegar a sus talones. Jamás.
Para él, no existía mayor dicha que el exhibir sus cuadros en importantes palacios y galerías. Los halagos y vítores conformaban el aire que respiraba. Era gratificante, satisfactoria a cada segundo. Cuando visitaba pueblos o ciudades en busca de material fresco, su nombre era lo único que necesitaba llegar a sus oídos. La política, las epidemias, bienes y males sociales, nada de eso era de su interés. En cuanto a su soledad...
Ah, su hermosa soledad. Esa bella dama sin boca, ojos ni oídos era todo lo que necesitaba.
Muchos le otorgaban ese nombre triste y despectivo.
Él, por otro lado, prefería llamarla: inspiración.
