Nemo me impune lacessit
...A huge human foot d'or, in a field azure; the foot crushes a serpent rampant whose fangs are imbedded in the heel...
Edgar Allan Poe — The cask of amontillado
—¿Es por aquí, Sakura?
—Si. Allá abajo, Rin. Deja que te muestre.
—Está bien. No hay nada ahora, ¿cierto?
—El Abuelo murió luego de la Guerra, así que...
—Solo alúmbrame, ¿si? ¿Tienes una linterna?
—Tenemos que usar antorchas, Rin. Aunque el abuelito esté muerto y sus trampas inutilizadas, quedaron algunos sellos. La electricidad no funciona bien aquí abajo.
—¿Y el alcohol no se agria tampoco?
—Sorprendentemente no. Mira, bajemos los peldaños, hermana. Parece un trayecto bastante largo pero solo hay que tener cuidado. En una de las catacumbas a la izquierda hay una especie de bodega de vino. Vamos ahí. Solo mira dónde pisas.
—Lo sé. ¿No podías enviar a tu Servant?
—Rider tiene esta noche libre. No he querido molestarla. Tampoco tenía ánimos para cenar con nosotras. Pero te dejó sus saludos.
—Vale. Vamos. No puede ser tan profunda. Se derrumbaría.
Rin se mordió el labio inferior. Inhaló y exhaló, como si le doliera la cabeza. Tal vez ya le dolía.
Bajaron. Sakura tomó una antorcha que ardía en la entrada de las catacumbas. Sonrió casualmente. E indicó a su hermana que siguiera bajando por los peldaños húmedos.
—En realidad...Rin, no deberías beber más —dijo Sakura, de repente. Su hermana se detuvo en seco. Habían bajado lo suficiente. Se vislumbraba el suelo, a unos veinte peldaños.
—No recuerdo aceptar hablar de temas personales contigo, Sakura.
¿Habría observado el final de la escalera antigua? Sakura consideró que no. Rin había bebido bastante.
—Si, no tienes por qué, Rin...pero...Estás embarazada del que era mi novio.
—Yo...
—Eso es lo que le dijiste, al menos.
Rin miró sobre su hombro. Tocaba la pared de las catacumbas, estaba mareada, aparte de...
—Mira, Sakura...
La hermana menor parecía más alta, digna y oscura, a la luz de la antorcha que sostenía. Rin no podía sino sentirse sucia en su presencia. Pero sacó valor de donde no lo tenía, antes de voltearse a tratar de vislumbrar el suelo. ¿Cuánto faltaría? Solo unos diez peldaños, pero...
—No necesitas explicarte, Rin.
...el suelo...
—Hablaremos arriba, luego de buscar el vino. Si realmente lo quieres.
¿Qué había en el suelo? Rin Tohsaka estaba muy confundida como para darse cuenta, en la oscuridad, pero...
—Te embarazaste de Shirou.
—¡Fue una sola vez! Teníamos que hacerlo. Por el ritual. No lo entenderías porque no te educaron como a una maga. De verdad —trató de justificarse Rin. Dios. Sakura no dejaba de molestar. De haber sabido que sería así, no hubiese aceptado visitarla.
—Claro.
—Saber estaba ahí también.
—Si no hubieses hecho eso, Shirou no se hubiera ido.
—Solo piensas en tu miserable persona. Lo necesito para que cuide de mí. Y Saber también. No todo es acerca de ti. Yo no se lo pedí. Pero él...¡Ah!
Si le hubieran dicho que alguien -en especial Sakura- le enterraría la espada de Azoth por la espalda, Rin se hubiese reído. Sakura y ella forcejearon unos cinco peldaños, casi resbalaron. Pero Rin estaba exhausta. Rendida.
La hoja la atravesó. Sakura palpó la herida sangrienta en su vientre.
—Ni siquiera estás embarazada...
—¡Sakura!
Su hermana la empujó, quitándole la hoja asesina y desgarrándole los órganos. Rin pudo darse cuenta, a medida que su cuerpo giraba y caía por las escaleras de las sucias catacumbas de los Matou, de qué le causaba inquietud desde antes de verlo: gusanos oscuros cubrían el suelo, se arrastraban, gordos y hambrientos hacia ella.
—¡SAKURA!
—Adiós, Rin.
Tohsaka Rin, heredera elegida por Tokiomi, gritó el nombre de su hermana varias veces. Es evidente que trató de pelear contra aquellas criaturas pero estaba débil, ebria, envenenada, dudosamente embarazada y sufriendo un aborto si así era. Ella aulló. Lloró. Maldijo.
Pero no pudo escapar de los cientos de gusanos que Zouken Matou tenía en el subsuelo, y que habían encontrado un Amo en Sakura.
La hermana rechazada de Rin Tohsaka observó un instante de esa carnicería, luego se volvió sobre sus pasos, desganadamente. Al comienzo de las escaleras, en la puerta del sótano, Rider la esperaba, con los brazos cruzados y el semblante expresando preocupación.
Los aullidos de Rin Tohsaka junto al inquietante sonido de pequeñas mandíbulas inhumanas cerrándose en torno a carne y luego, tal vez, huesos, en un silencio incluso más abominable...no era el principal motivo de la afectación de la Servant, sin embargo.
—Está hecho, Rider.
—Lo sé, Ama. No puedo criticarla. Alguna vez, yo también perdí la cabeza. Por más de un hombre.
—Esto no es por Shirou.
—Pero si no fuese por esa mentira, el señor Shirou no la hubiese dejado. Y no estaría ahora de viaje. A solas. Con Saber.
—Si. Pero no es solo Shirou. Mi Shirou era lo único que yo tenía y quería para mí. Solo conseguí una cosa. No era importante. Yo solo limpiaba su casa, me acostaba con él y me sentía feliz. Rin no tenía por qué meterse. Lo hizo porque ella cree que puede tenerlo todo, hasta lo que desprecia. Renuncié a lo demás. Me lo quitaron y no hice ni dije nada. Rin tomó lo que yo quería más y lo volvió una experiencia sin importancia. Eso fue lo peor. El supuesto bebé y que Shirou me dejara, es algo más. No es como si yo pensara que me merezco amor. O que alguien podría amarme.
Rider abrazó a Sakura. Tal vez Rin seguía gritando. No era relevante.
—Además, ella no estaba embarazada —expresó de nuevo Sakura, convencida.
—Seguramente no lo estaba —le concedió Rider, acariciándole el cabello y subiéndose las gafas.
Era tiempo de irse, de todos modos.
Sakura y Rider terminaron la velada bebiendo el vino de Zouken Matou, que habían rescatado muchísimo antes.
Porque nadie medianamente cuerdo deja algo de valor en el fondo de una ruina. El cadáver de la honrada Tohsaka descansaría en un lugar sucio y profanado con bichos taimados. Donde según Sakura Matou, se merecía estar. Solo en caso de que no existiera el círculo helado para los traidores en el Infierno. O de que ni siquiera ahí aceptaran narcisistas manipuladoras.
