El resto ya se lo saben…
Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi
Nota de la autora:
Hace miles de años la televisión abierta nos trajo a México una serie japonesa sobre un chico de trenza con una maldición.
No recuerdo bien como o porque empecé a verlo pero si recuerdo la sensación que me producía la historia, con todo y que no la veía de manera ordenada, era felicidad. Luego una editorial sacó los tomos al estilo cómic de Ranma ½ y traté de comprar los más que podía con el dinero que me daban para la semana como estudiante, que no era tanto en realidad, por lo que cada compra era una preciosa adquisición para mí.
Los años pasaron, quitaron la serie de emisión y hasta ahí llegó mi romance con el chico de la maldición y su prometida. Pero nunca dejé de sentirme atraída sin saber que aún me falta mucha historia por descubrir.
Así que ahora aún hay oportunidades de aprender algo nuevo sobre Ranma ½ como que el 27 de mayo es día de Ranma y Akane en el fandom japonés.
Es por esto que este pequeño fic existe, hecho con mucho esmero, desvelo y como siempre investigación jajaja. Escribir cuesta niños, no es una ciencia hacerlo pero requiere un poco de nosotros así que recuerden ser gentiles y si la historia llega a un punto donde no les gusta de antemano ofrezco mis disculpas pero no puedo hacer nada porque ya está aquí.
Música ambiente en este capítulo:
"Light a fire" de Rachel Taylor (No aparece en texto pero sería la música de fondo para todo el prólogo)
-Prólogo-
Peleamos.
Peleamos como nunca antes lo habíamos hecho.
Yo frente a él con el corazón roto y él frente a mí en silencio absoluto.
Una insignificante pelea que lo fue todo, porque estaba harta, porque estaba cansada de seguir soportando su indecisión que solo parecía crecer y crecer con los años. Harta de vivir estancados en una rutina eterna.
¿Podía acaso creer que luego de cuatro años de que intentaran casarnos nuestros padres todo debería seguir igual?
Ya no éramos unos niños. Ambos estábamos trabajando para convertirnos en los adultos que se supone queríamos ser. Que se supone algún día debíamos ser.
¡Soy una tonta!
Siempre fui paciente, pero también siempre fui una cobarde. No sería justo no admitir que igual ha sido mi culpa este silencio que mantuve.
Así que cuando parpadeé para cerciorarme que era cierto y no mi imaginación supe que no me jugaría yo misma una broma tan pesada.
-¡Te estaba besando Ukyo!- grité furiosa con mi rostro ardiendo aún y que estábamos bajo la fría lluvia.
Ranma me miraba con su cabello pelirrojo y la ahora enorme ropa empapada escurriendo sobre su cuerpo femenino.
-Ella…- susurré señalando por donde, a quien llegué a considerar como mi amiga, había salido corriendo cuando grité al verlos –ella te besó y tú la dejaste.
Mi aún prometido, por nombramiento y no por convicción, bajó la cabeza mirando sus pies, con las manos a los costados de su cuerpo. Inmóvil. Callado.
-Y tú la dejaste- recuerdo que las lágrimas de furia se fundían con las gotas que caían y caían sobre mí.
-Perdóname Akane- respondió por fin cuando vio que di un paso hacia él para ir yo misma a buscar una respuesta satisfactoria –no supe- susurró y fue cuando alzó su mirada, sus ojos azules también estaban a nada de mostrar lágrimas pesadas que se acumulaban en las cuencas y su expresión atormentada combinaba a la perfección con su rostro demacrado.
Lleno de culpa.
Pero ni siquiera verlo así calmó el dolor que sentía en el pecho.
-Estoy cansada- dije sin pensarlo, movida por el enorme hueco que se expandía a cada respiración que le escuchaba –ya no puedo seguir así Ranma yo te… -me mordí los labios antes de decir algo de lo que pudiera arrepentirme, algo que me hiriera más a mí por como sabía podría reaccionar.
Ranma caminó hasta donde estaba y me di cuenta que se debatía al igual que yo en el que decir.
Pero no quería ya escuchar nada más -un lo lamento no servirá esta vez- me adelante a hablar –no tiene caso seguir viviendo esta mentira.
Sus ojos buscaron mi mirada y sabía que quería hablar, sus manos se abrían y cerraban como cuando quería controlar su carácter volátil. Pero al final no lo hizo y solo movió su rostro a un lado para evitarme.
-Tienes razón- dijo con una risita burlona, como de costumbre –no podemos seguir viviendo esta mentira, tú y yo no elegimos estar juntos así que no tengo porque obligarte a permanecer a mi lado.
Mi barbilla se movió frenética por la tristeza que se acumulaba en mi corazón atormentado y alce mi cara hacia el cielo para que no me viera llorando de nuevo.
-Entonces…- me tragué mi pena antes de continuar -eso es todo- respondí y pasé a su lado para entrar a la residencia de estudiantes donde compartía dormitorio por casualidad con Akari.
Y esa fue la última vez que vi a Ranma frente a mi.
Mi ego fue el culpable de que perdiera al amor de mi vida. Era un idiota de 20 años que había jugado con fuego desde los 16.
Para ser francos no entendía mucho a las mujeres pero la sensación de que les interesara me gustaba.
Así de idiota era.
Ese día había aceptado acompañar a Ukyo a comprar algunas cosas que necesitaba para su restaurante al otro lado de la ciudad. Cosa rara de mi horario habitual yo no había tenido una clase y podía salir temprano de la Universidad, como tampoco tenía muchas ganas de ir al dojo a practicar el plan de mi amiga sonaba idóneo.
Al igual que Akane tampoco vivía ya en casa de los Tendo, sino en los dormitorios de la escuela.
Por lo que después de pasar la tarde con mi amiga y haberla dejado en su casa pensé que sería buena idea invitar a Akane a cenar.
Mi prometida había estado muy ocupada la semana anterior por la entrega de un proyecto importante, por el cual obtuvo una excelente nota. Al menos eso decía su mensaje de esta mañana y yo quería que lo celebráramos.
Akane se había convertido en mi confidente absoluta, pero aún de la cercanía que sentía con ella todavía me costaba trabajo decirle lo mucho que la quería y lo contento que me hacía saber que ella y yo estuviéramos juntos.
Luego de cuatro años de una relación que no habíamos elegido no pensaba en Akane como una chica más, era ella mi futuro y así de sencillo. Algún día nos casaríamos y nos haríamos cargo del dojo de su familia.
Y seríamos felices.
Recuerdo que saqué mi teléfono para localizarla, pero el de ella estaba apagado. Caminé hacia su dormitorio y entonces sentí una gota de lluvia en mi mejilla.
-No- dije exasperado. Estaba cansado de seguir con esta maldición.
Algún día, cuando las fosas encantadas estuvieran de nuevo regeneradas por completo, volvería a Jusenkyo y me libraría de esto.
-¡Ranma!- escuche entonces la voz de Ukyo a lo lejos tras de mí y cuando me giré mi amiga de la infancia corrió con más fuerza a mi encuentro, enganchando sus brazos tras mi cuello.
-¿Qué haces Ukyo?- pregunté molesto.
-Solo quería decirte que pensé mucho lo que comentaste durante la comida.
Justamente habíamos estado hablando de la maldición y de como Shampoo y Mousse habían logrado superarlo juntos con la ayuda de las amazonas. Le conté lo molesto y traicionado que me sentía porque no hubiese podido ir yo, a menos que hubiera aceptado la condición de comprometerme formalmente con ella.
De todo en mi extraña vida lo único que tenía claro era que solo Akane sería mi esposa.
-A mí no me importa tu condición- dijo melosa Ukyo mirándome encandilada.
-Eso ya lo sé- respondí tratando de quitarla de mi –gracias.
Ukyo negó –no, no entiendes Ranma- su rostro se acercó más al mío mientras que sus ojos se entrecerraron un poco –no me importa que seas una chica.
La calidez de los labios de Ukyo me tomó desprevenido. Shampoo había hecho algo similar muchos años atrás, había sido mi primer beso real de una chica.
Tantas noches pasé en vela pensando en como se sentiría esto con Akane. Besarla y descubrir la forma de sus labios rosas.
Akane, pensé en ella y mis manos abrazaron el cuerpo frente a mí. Akane.
Supe que no era un sueño cuando escuché su grito y separé con cuidado el cálido ser que me sujetaba con fuerza. Y el sueño de que fuera mi prometida se transformó fácil en una pesadilla.
Era el más idiota de todos.
Ukyo vio mi rostro furioso y luego a Akane tras de mí y salió corriendo por donde había llegado.
-Lo siento mucho Ranma- la escuché decir pero nada remediaría esta traición.
Di media vuelta cuando los pasos de Akane se detuvieron y no pude soportar el peso de verla llorando, desconsolada. Todo por mi culpa.
Y esa fue la última vez que vi a Akane frente a mi.
