Buenas buenas, antes que nada, me disculpo por la gran cantidad de errores ortográficos que me salte o no corregí, antes de empezar con esta nueva historia me gustaría que sepan en que se están metiendo.

Este fic tendrá elementos de la Saga de Dark Souls, si no has jugado ese grandioso juego no te preocupes, yo tampoco XD; pero conozco su historia y me parecido maravillosa en todo el sentido de la palabra.

Este fic como mis anteriores de DanMachi salió de la nada, solo empecé a escribir dejándome guiar por mi imaginación, de hecho, este cap era mucho más largo, unas 3015 palabras más largo (entr pags), pero tuve que recortarlo porque cuando estaba corrigiéndolo me estaba mareando y saturando de tanto texto y tantos sucesos en un solo cap.

Espero no sean tan duros a la hora de criticar pues, aún estoy muy oxidado en esto de escribir y se puede notar en la forma en que narro los sucesos. Hice lo que pude para que este cap quedara bien pero aun así tiene sus fallas y errores, y aunque me cueste admitirlo, quizás el resultado no era el que yo esperaba, bueno, todo siempre suena mejor en nuestras cabezas, al fin y al cabo.

Deberás tener paciencia pues la primera mitad fue algo lenta y quizás un poco aburrida.

No quiero seguir dándote razones que te replanteen tu decisión de leer este fic, como dije tendrá elementos de Dark Souls, pero no será 100% leal en su trama, esto es un fic después de todo; asique pido si hay algún lector que jugo alguno de los juegos en especial el 3 que es él tome como principal para la creación de este fic, no me salte encima a corregirme en los 1000 y un cosas que cambie de la trama del juego, como dije no lo he jugado.

Como última advertencia debo decir que en este cap hay lemon

Sin más comencemos


Abrió los ojos con pesadez, sus ojos rojos brillaron en la oscuridad como si de unas velas se tratasen, se tallo los parpados con pereza, permaneció recostado con los ojos abiertos, no quería levantarse, estaba muy cómodo como para hacerlo; y aunque quisiera estaba "restringido" por múltiples manos que se lo impedían. La habitación estaba oscura, muy oscura, pese a eso sus ojos podían ver claramente como si el sol estuviese alumbrado directamente su habitación, era grande, muy grande, tanto como una casa promedio podría hacerlo, rodeada de lujosos objetos que a simple vista parecían costar una fortuna; y la cama no era menos, tan amplia que podían dormir en ella unas 8 personas sin ningún problema y sin invadir el espacio personal de la persona acostada a su lado.

Y no estaba solo en ella, valla que no, a su derecha una mujer de cabello cenizo y lacio que llegaba hasta su cintura, a simple vista su edad parecía rondar los 20 años; rasgos finos y afilados (Guardiana del Fuego del Dark Souls 3) a su izquierda estaba una mujer con apariencia relativamente parecida, salvo por su cabello el cual llegaba hasta sus hombros (Yuria de Dark Souls 3), a simple vista podrían confundirse como hermanas, y recostado sobre él, a diferencia de las dos mujeres a su lado estaba una mujer de cabellera dorada, larga y abundante, de piel blanca como la porcelana misma, parecía que podría romperse al más mínimo roce por su apariencia, su edad también podría rondar los 20 años. Bell con cuidado aparto a la rubia de su pecho y se libró del agarre de ambas mujeres a su lado, libre al fin salió de la gran cama sentándose en el borde.

Miro por encima de su hombro a las 3 féminas que permanecían durmiendo, inconscientes de la falta del hombre al cual se estaban aferrando, ambas peli blancas se movieron por la cama buscando su presencia, buscando su calor, encontrándose con la rubia a quien se aferraron, de un ligero jalón Bell retiro la manta que las cubría a las 3, exponiendo sus exuberante y voluptuosos cuerpos, estaban desnudas al igual que él, las 3 se aferraron más una a la otra en busca de más calor al momento que su única cubierta se les fue arrebatada, la peliblanca de la izquierda abrazaba a la rubia de la cintura con una mano y por el pecho con la otra, su pecho generoso pecho estaba siendo aplastado en su espalda y su nariz estaba enterrada en su melena, del otro lado de la cama, la otra peliblanca abrazaba a la rubia de la cabeza enterrándola en sus pechos, la rubia no se resistía dejándose abrazar por ambas peliblancas mientras entrelazaban sus piernas; Bell sonrió ante la imagen que mortales y dioses matarían por ver.

Se puso de pie y sin molestarse en ocultar su desnudes camino hasta un balcón que estaba a unos pasos de la cama, levanto la vista para verlo en el cielo, el negro y oscuro sol, las nueves negras y gruesas y la aparentemente interminable lluvia de ceniza, a sus ojos se mostraba un páramo desolado e inerte cubierto por metros y metros de ceniza, valles con cráteres, montañas partidas a la mitad, ríos y mares secos y sin ningún rastro de vida. Salvo por las hordas y hordas de monstruos, huecos, caballeros oscuros y espectros a su servicio, quienes custodiaban su enorme y oscuro castillo, la única edificación a la vista.

Bell no recordaba cuanto tiempo había pasado ya desde que había llegado a ese mundo, dejo de preguntárselo hace muchos milenios, pero Bell recordaba el día en que llego, en su juventud, cuando todavía era un niño inocente y sin oscuridad en su alma, añoraba ser un héroe, uno como las historias que su abuelo le contaba, lo deseaba con tantas ganas que se embarcó a Orario a la temprana edad de 14 años tras la muerte de su abuelo; su intención no era diferente a la de otros quienes viajaban a Orario, deseaba fama, fortuna, poder y claro, mujeres, eso es algo que no puede faltar.; curioso el cómo consiguió todo eso y más sin haber puesto un pie en Orario.

Apenas salió de su aldea fue emboscado, asaltado y posteriormente asesinado por unos bandidos, intento poner resistencia, pero no solo lo superaban en número y fuerza, sino que también en velocidad, equipamiento y en todos los aspectos posibles; cuando despertó estaba en una tumba, en un mondo frio y oscuro, pensó que tuvo suerte, que no había muerto, que los dioses le habían dado otra oportunidad, que equivocado estaba. Apenas dio unos pasos fue atacado por "humanos", de un aspecto muy oscuro, vestían harapos, estaban delgados, flacos y desnutridos al punto de que solo eran piel y huesos, de piel ennegrecida como el azufre ojos blancos y sin vida armados con dagas, cuchillos y algunos lanzaban magia.

Intento razonar con ellos, intento calmarlos pero no entendían palabras, y nuevamente fue asesinado, solo para volver a despertar en la tumba de donde salió, con un segundo trauma por muerte y pensando en lo que se avecinaba corrió en dirección contraria, estaba asustado, no quería volver a sentir la muerte, no otra vez, el mundo era más aterrador de lo que pensaba, quería volver a su pueblo, pero claro eso no iba a poder ser posible, pues una especie de barrera le impedía avanzar más de 5 pasos en la dirección contraria, busco y recorrió toda la zona, pero no había ningún otro camino, salvo adelante.

Tras mucho correr sin sentido hallo un orbe que emitía una luz y niebla blanca, cuando la todo se trasformó en una espada corta rota por la mitad, aun asustado y con la espada entre manos fue en dirección de esos "humanos", tenía pocas opciones con las que defenderse, pues su mochila donde guardaba una daga y una pechera había desaparecido, tras luchar y luchar, y morir varias veces claro, logro matarlos a todos, con cautela y con el miedo siempre en su corazón siguió avanzando, explorando la zona, más y más de esos "humanos" aparecían, y aparte perros embravecidos; cuya mitad superior era solo huesos empezaron a atacarlo también.

Estaba abrumado, apenas había salido 2 días de su pueblo y ya había muerto más que cualquier otra persona en el mundo probablemente. Tras varias muertes a manos de "humanos" y perros, empezó a acostumbrarse a su patrón de lucha, curioso que todos tengan el mismo movimiento y patrón de pelea pensó, ya los tenia dominados, y tuvo que morir 8 veces para hacerlo, algo que lo inquieto es que a cada quien mataba se convertía en cenizas, y algunos dejaban ese orbe blanco que tras tomarlo se convertía en una prenda de armadura que vestían ellos, o los cuchillos que empuñaban, no eran las mejores prendas, pero le permitió cubrirse y estar mediamente más protegido.

Sigo avanzando y explorando, y tras un par de minutos hallado una formación "rocosa" que tenía varios cristales de hielo incrustados, pero tras acercarse se dio cuenta de que no eran formaciones rocosas, era un lagarto, tan grande como él y probablemente el doble de la longitud de su cuerpo, con picos de hielo en su espalda, grito aterrado por el monstruo que había envestido en contra de él, robando y lanzando un aliento gélido que paralizaba sus movimientos, no le tomo más de 30 segundos para matar a Bell.

El peliblanco, ya no tan asustado de la muerte, una y otra vez fue en contra de ese lagarto, ignorante de que podía pasar de él, siguió yendo en su contra, decidido a acabar con ese monstruo, "si no lo hacia el quien lo aria" pensó.

Sin embargo, tras cada muerte Bell noto algo, por cada camino que "limpiaba" al morir los monstruos volvían a aparecer donde los encontró por primera vez, y de no ser porque ya sabía cómo esos enemigos se movían y pese a que lo superaban en velocidad podía predecir sus movimientos y actuar antes que ellos, pudiendo manejarlos con relativa facilidad siempre y cuando no fueran más de 2.

Una vez el lagarto muerto al fin, y rogando no volver a encontrarlo, Bell llego a una "arena" circular expuesta, con una estatua de un caballero que sostenía una lanza en el centro, estaba siendo atravesada por una espada con una hoja que estaba retorcida en espiral, había un mensaje grabado en el piso el cual decía "aquí yace el caballero Ludex Gundyr"; aparte un mensaje escrito con sangre le decía que debía retirar la espada de la estatua para continuar, grave error, apenas la espada dejo su pecho, la espada no solo desapareció de sus manos sino que la estatua cobro vida.

Retrocedió temeroso, solo cuando se puso de pie se dio cuenta se cuán grande era ese caballero en comparación a él o cualquier otro hombre que haya conocido, media fácilmente 2.5 metros, eso seguro, apenas lo diviso en su rango de visión el caballero levanto su gran lanza y, de un solo tajo, acabo con él.

Bell nuevamente estaba en la tumba de donde salió, estaba cansado, asustado, deprimido y sin ganas ni fuerzas de continuar, cayó al piso soltando la daga que tenía en sus manos, no podía contra ese mundo, se resignó a seguir avanzando, simplemente permaneció en la tumba, rezando para que alguien lo sacara de su lamento, lloro en silencio, esperando que ningún monstruo lo escuchara y le permitiera desahogarse tranquilo, agachándose y pegando su frente de sus rodillas.

-"Bell, ser un héroe no siempre es sinónimo de que todo será fácil y te ira bien en la vida"-

Como si estuviese con él, escucho las palabras de su abuelo en su mente.

-"ser un héroe a veces significa hacer algo que tú o alguien más no quiere hacer"-

Paso su puño por sus ojos interrumpiendo el flujo de lágrimas que bajaban.

-"en muchas ocasiones querrás rendirte, y está bien si lo haces, nadie te va a juzgarte, pero pasaras el resto de tu vida arrepintiéndote y reprochándote por no hacer algo que pudiste hacer en su momento"-

Respiro y adsorbió los mocos que salían de su nariz.

-"la vida te dará golpes cada momento que pueda, por eso tienes que golpearla también"-

Levanto un poco la vista mostrándose un poco más calmado.

-"pero no importa que tanto puedes golpear, si no lo fuerte que pueden golpearte y lo aguantas mientras que avanzas, tienes que avanzar sin dejar de aguantar, ¡así es como se gana!; Bell recuérdalo, si sabes lo que vales ve y consigue lo que mereces, ¡pero tendrás que soportar los golpes!, y espero que cuando llegue el momento no digas que no estas donde querías estar por cual de él de ella o de nadie, eso solo lo hacen lo cobardes, y tú puedes ser muchas cosas, pero no eres un cobarde, si te lo propones eres capaz de todo"-

Puso su mano en su cabeza, casi sintiendo la caricia que su abuelo le dio en ese día; cuando su abuelo le dijo esas palabras le prometió que nunca en la vida iba a rendirse, que no importaba que dificultades le aparecieran en el camino, no iba a rendirse por ello, todavía era un niño en ese momento, mucho más de lo que era ahora, y puede que ese momento y este sean 2 completamente diferentes, pero se lo había prometido a su abuelo; y quiera o no, iba a cumplir esa promesa. Tomando el arma que dejo caer se puso de pie, termino de secarse las lágrimas y con un "ahí vamos de nuevo" fue en busca de un oponente.

-"abuelo, voy de aventura, espero que estés viendo"-

Peleas y más peleas, derrota tras derrota, muerte tras muerte, una y otra vez, Bell fue tras el caballero Gundyr , y tras unas 12 muertes más, al fin se alzó victoriosos (una cantidad de muertes excesiva pensaran algunos, pero de eso de trata el Dark Souls) exhausto y con su cuerpo magullado y herido cayó al piso, pero fue alertado por un "mensaje" que apareció frente a sus ojos [Alma del Caballero Ludex Gundyr obtenida], otra cosa que lo extraño, pues había obtenido varias almas de los monstruos anteriores, pero a diferencia de que eran almas debilitadas o almas de caballeros perdidos.

No le tomo importancia, estaba muy cansado y muy alegre por su victoria como para siquiera fijarse en eso; pero su momento de descanso fue interrumpido, pues otro mensaje le indicaba que pusiera la espada en la hoguera

-¿Qué espada?-

Su respuesta llego más temprano que tarde, pues en su mano había aparecido aquella espada en espiral que había retirado de Gundyr, busco con sus ojos y en el centro de la "arena" había una hoguera apagada, haciendo caso al mensaje al ver que no le quedaba de otra levando la muy, muy pesada espada y la clavo en el centro de la hoguera, al instante esta se encendió, el fuego ardía y en fracción de segundos la espada tomo un color rojo.

Cediendo al cansancio de sus piernas, callo a un lado de la hoguera, y al instante su visión fue cegada por una niebla blanca, entro en pánico pensando que se trataba de algún nuevo enemigo, se puso de pie al instante, recorrió el área con sus ojos y al no detectar ninguna presencia se sintió aliviado; prestando más atención a su cuerpo noto que ya no tenía ninguna herida, se sentía como nuevo, el cansancio y el dolor había desaparecido, miro a la hoguera preguntándose si se trataba de alguna magia.

Curioso, metió su mano dentro del fuego, solo para retirarla al sentir el calor de las llamas al contacto con su piel; tras unos minutos de descanso innecesario decidió retomar su camino, encontró a mas perros y "humanos" monstruo, que ya no representaban ningún problema para él ya habiéndose enfrentado a varios o cientos. Tras varios minutos de caminata, llego a una especie de castillo, se veía lúgubre y tenebroso, con un cuchillo en mano avanzo temeroso de lo que pudiera encontrarse.

Diviso con sus ojos una figura humana, pensando de que se trataba de algún ser violento subió su cuchillo y se puso en guardia, a paso lento se acercó esperando alguna respuesta agresiva de parte de este, cuando se acercó lo suficiente logro detallarla, era una mujer, vestida en una túnica negra y con un visor de plata que impedía ver sus ojos, parecía una humana normal a plena vista.

-te doy la bienvenida a la hoguera, Latente. Soy una Guardiana del Fuego, cuido de la llama, y cuido de ti, los Señores han abandonado sus tronos, y deben ser devueltos a ellos, para este fin, estoy a tu lado-

Bell sintió su corazón dar un salto al escuchar su voz, suave y calmada, salir de sus labios, corriendo a ella salto a abrazarla con lágrimas en los ojos.

-tu ¡eres normal!-

No hubo respuesta ni movimiento de parte de ella.

-ser de la ceniza, ser latente es ser un portador de almas, las almas sin dueño se convertirán en tu fuerza. Te enseñare como, ser de la ceniza, tráeme almas arrebatadas de sus portadores-

Bell se separó de ella extrañado, ¿ser de la ceniza? ¿latente? ¿portador de almas? No entendía nada de lo que estaba diciendo, eso y el hecho de que mencionara que necesitaba almas que eran arrebatadas de sus dueños para convertirse en su fuerza lo tenía intranquilo; pero había "vivido" valga la redundancia, tanto en tan poco que no le tomo importancia a lo que estaba diciendo.

-oye ¿sabes cómo puedo llegar a Orario, me…..perdí viajando hacia allá-

Claramente omitió la parte de "fui acecinado y aparecí en este lugar donde he muerto más veces de las que puedo contar con ambas manos" por temor a que lo considerase loco; pero en respuesta la chica inclino la cabeza en confusión.

-puedo aumentar tu fuerza y poder con las almas que recolectes, tráeme almas y te enseñare como-

-oye que estas…-

-oh, una criatura mortecina y buscador de los señores…-

Bell no puedo terminar de decir pues fue interrumpido, giro en busca del dueño de dicha voz y lo que vio no pudo perturbarlo más, la mejor forma de describirlo era un cadáver, en todo el sentido de la palabra, al cual le faltaba la parte inferior de su cuerpo, vestía harapos sucios y malolientes y una corona adornaba su cabeza, estaba postrado en un trono que estaba encima de un grueso pilar. Bell tomo su cuchillo nuevamente y se puso en medio de la guardiana del fuego y el cadáver.

-baja eso muchacho, dime, que podría hacerte mi persona con este frágil y demacrado cuerpo-

Bell dudo unos segundos, pero tras pensarlo y detallarlo bien debía admitir que tenía razón, sin piernas y a esa distancia poco podía hacer antes de que el reaccionara; aun desconfiado bajo el cuchillo sin apartar los ojos del cadáver.

-Soy Ludleth de Courland, no te sorprendas si te digo que, hace tiempo, enlace el fuego y me convertí en un señor de la ceniza; si quieres que te lo muestre, observa mi cuerpo carbonizado, este triste cadáver, no tengas miedo, míralo de cerca-

-¿señores….de la ceniza?-

Pregunto Bell confundido.

-¿no conoces nuestro propósito? Estos cinco tronos…-

Señalo a los tronos vacíos que estaban a su alrededor.

-cinco señores, como yescas para enlazar el fuego, la llama que se consume con rapidez debe enlazarse para preservar este mundo, una representación del primer enlace del fuego, así es como me convertí en señor de la ceniza; puede que sea pequeño, pero moriré como un coloso-

Estaba demás decir que Bell no entendía nada, enlace del fuego, señores de la ceniza, los cinco señores, términos que en su vida había escuchado juntos.

-yo…solo quiero saber cómo llegar a Orario-

-¿Orario? No conozco ese reino, no sabía que aún quedaba reinos humanos en pie-

-me dirigía hacia ella cuando…me perdí-

-no estás perdido, tu presencia fue atraída aquí por la llama, lo que significa que eres uno de los posibles elegidos para enlazar la llama e impedir que el mundo se sumerja en la oscuridad-

-¿el mundo?-

-así es pequeño latente, si la primera llama se apaga llegara la era de la oscuridad, y con ella el fin de la humanidad como hoy la conoces…..¿viste a esos huecos que merodean a las afueras de este santuario?-

Bell asintió pensando de que se trataba de esos "humanos" los cuales tantos problemas le habían dado.

-en eso se convertirán toda la humanidad, o la poca que queda cuando la era de la oscuridad llegue-

Bell se espantó al pensar que él, o alguna persona terminara convirtiéndose en tal abominación.

-pero si la llama se enlaza como dices….¿puede evitarse?-

-así es pequeño latente, una vez que se enlace la llama iniciara nuevamente la era de la luz, impidiendo así la llegada de la era de la oscuridad-

El santuario permaneció en silencio unos segundos, Bell estaba abrumado por tanta información la cual se le revelo de golpe, pero un ligero sentimiento de emoción invadió su pecho al pensar que él había sido "elegido" para salvar el mundo de una era de la oscuridad.

-¿qué debo hacer?-

-busca a los antiguos señores y trae sus cenizas a estos tronos, pero debes tener cuidado, a las afueras de este santuario el peligro aguarda en forma de terribles criaturas de la oscuridad quienes están cegadas por el hambre de las almas-

Bell se dio la vuelta encarando a la guardiana del fuego quien no se había movido ni un centímetro.

-enséñame a volverme más fuerte-

-muy bien, entonces toca la oscuridad de mi interior, aliméntate de estas almas sin dueño-

Esas simples palabras fueron las que dieron el nacimiento del nuevo señor de la ceniza, Bell viajo y recorrió todo Lothric, Irithyll, Anor Londo, etc, en busca de los señores de la ceniza, enfrentándose con seres de pesadilla, monstruos que le quitarían el sueño a cualquiera, se había enfrentado a todas las entidades, seres oscuros que se habían apoderado de todo aparentemente; durante su viaje conoció también a guerreros que como el tenían el objetivo de regresar a los señores de la ceniza a sus tronos, pero claro lo hacían por motivos diferentes, unos para avivar la llama, otros para hacerse con su poder y unos para apagar y que llegue la era oscura.

También había hecho aliados quienes le facilitaban medianamente su viaje, intercambiándole armas, armaduras, objetos y llaves a cambio de almas, e incluso, había encontrado maestros quienes le enseñaban magias y piromancias, magos como Orbeck de Vinheim, sacerdotisas como Irina de Carim y pirománticos como Laurentius le habían enseñado toda clase de magias y piromancias (a cambio de almas claro) muy útiles y de gran poder, que van desde la defensa, la protección, la curación y demás; las cuales facilitaron su travesía en busca de los señores de la ceniza.

Ludleth a cambio del alma de los Bosses, monstruos tan poderosos que se les clasificaba como Bosses, le otorgaba poderosas armas y equipamiento con los que de no tenerlos su travesía habría durado mucho más, quiso obtener información, inútilmente, de él o de la guardiana del fuego quien no le revelaba su nombre, pues según los mandamientos una guardiana del fuego no podía tener un nombre propio.

Quizás por consuelo o soledad busco la amistad de la guardiana del fuego, pero era muy estricta con respecto a su misión, el cual era asegurarse de que la llama no se apague y velar por la seguridad de él y todos los latentes que buscaban avivar la llama, no hablaba salvo para recordarle su misión de traer a los señores, claro que le decía que ella era suya para todo lo que quisiese mientras cumplía con su misión, pero no mostraba indicios de querer algún tipo de relación u amistad con él; Ludletch, los demás guerros y mercaderes no eran diferentes, cada uno tenía sus propios intereses, y el solo era un aliado o cliente con el cual no deseaban nada más que lo formal o nada directamente.

Estaba solo en ese mundo lleno de peligros y oscuridad y con el tiempo se había adaptado a eso, no sabía cuánto tiempo había estado en ese mundo en busca de los señores de la ceniza, fácilmente podían haber pasado siglos y él no se hubiese enterado, pues en un mundo donde no existía un ciclo de día y noche era difícil saberlo.

Ese mundo lo estaba adsorbiendo, ese deseo de ser un héroe ya no era el que lo movía, encontrar a los señores de la ceniza se convirtió en su propósito en la vida, tal vez porque pensaba que podría al fin podría regresar a su mundo una vez los señores estuvieran en sus tronos, en el santuario del enlace conoció a Yuria de Londor, una mujer extraña en pocas palabras, un aura fría y tenebrosa la rodeaba, se refería a él como señor hueco; con su presencia empezó a entender más acerca de la gente de ese mundo, no porque ella se lo explicase, sino que su misma actitud dejaba muchos indicios al igual que la del resto.

Yuria intentaba llevarlo por un camino diferente a la de Ludleth, buscaba que el apagase la llama y permitiera la llegada de la era de la oscuridad, y se molestaba, pero más que nada se decepcionaba cuando el buscaba un camino que no fuese el de apagar la llama, por eso le decía " Mientras actúes como nuestro Señor, las gentes de Londor te serviremos. Y yo, por supuesto, también soy tuya" seria suya siempre y cuando buscara el camino de apagar la llama; por eso no le importo desviarse levemente del camino de vez en cuando para mantenerla "feliz" incluso segó unas vidas con el fin de que siguiese siendo "suya"

Todos sin excepción alguna buscaban un amo, eran almas sin propósito alguno en su vacía existencia, sin ningún dios al cual rezar y sin un rey al cual servir buscaban alguien que actuase como uno, alguien que les diera un propósito; desde la guardiana del fuego, quien era leal a cualquier latente que camina en busca de los señores de la ceniza, Irina de Carim quien le juro lealtad siempre y cuando no la dejara sola, e incluso, para su horro, las bestias y monstruos que cazo con sus manos y espadas, todos esos monstruos no eran más que almas humanas malditas, quienes cayeron y desistieron de su misión de avivar la llama, hasta los caballeros y espectros que merodeaban las zonas, humanos y guerreros quienes alguna vez habitaron esas tierras y aun después de su muerte continúan defendiendo su "hogar" en la esperanza de que un nuevo rey se levantara por encima de ellos y les diera un nuevo propósito en la vida.

Hogar, una palabra que ya era extraña para él, cuanto extrañaba la tranquilidad de la granja donde creció con su abuelo, le era difícil creer que un lugar tan pacifico todavía siguiese existiendo, volver era su objetivo; pero había algo extraño, todo aquel a quien preguntara sobre Orario, o los reinos más conocidos de su tierra toda respuesta que recibía era pura confusión; nadie parecía saber nada acerca de Orario o de sus alrededores, el lenguaje era también otra cosa muy diferente, cuando llego se dio cuenta de que la letra de su tierra y esa eran totalmente diferentes, mientras el lenguaje Comom usaba letras y signos para representarse textualmente en Lothric y Anor Londo usaba extraños símbolos y extraños gravados arcaicos para representarse que por algún extraña razón no tenía problemas en leer.

Cuando consulto con Yuria esta le revelo que en su vida jamás había escuchado de la palabra Orario o el idioma Comom, más si había escuchado de tierras de nombre igual de raros, con idiomas desconocidos de anteriores latentes quienes, por un motivo u otro, emprendieron la caza de los señores de la ceniza.

Bell no estaba en su mundo, llego a pensar de que estaba en algún tipo de infierno tras su muerte a manos de los bandidos que lo asaltaron cuando salió de su pueblo; le dio vueltas al asunto por lo que pensó fueron semanas, no llegando a ninguna conclusión, solo tenía algo claro, llego allí porque la llama se estaba apagando, y se estaba apagando por culpa de los señores de la ceniza, y de una u otra forma los aria volver a sus tronos, en parte por venganza, y por otra para que ya nadie tuviese que pasar por lo que él y muchos otros han tenido que pasar.

Bell estaba cansado, cansado de buscar a unos reyes quienes no deseaban volver a sus tronos, cansado de las interminables batallas, cansado de las incontables muertes, y de la soledad que carcomida su ser; ese lugar lo estaba enloqueciendo, con prisa, sin temor y sin importarle nada, pese a no ser lo suficientemente fuerte ni estar preparado; encaro a cada señor de la ceniza, los enfrento a todos; enemigo colosales que lo superaban en todos los sentidos, todos cayeron bajo su espada, volviese cenizas a sus pies y sus almas cayendo en sus manos. Uno a uno fue poniendo sus restos en sus respectivos tronos.

Desde los Vigilantes del Abismo hasta el Caballero sagrado de Lothric, todos muertos, todos en sus tronos, y pese a eso aún quedaba un último obstáculo, el alma de ceniza era el jefe final, una aparente fusión de todos los poderes de los señores de la ceniza, tras su caída tenia libre albedrio para hacer con la primera llama lo que quisiera, desde avivarla, apagarla hasta incluso consumirla y hacerse con su poder.

Avivarla era el objetivo principal claro está, salvo por un problema, para mantener la llama viva él debía permanecer en el trono que Ludleth iba a dejar vacío, el anterior señor carecía de poder para mantener la llama ardiendo, y tras derrotar a los 5 señores y el alma de ceniza él era el único con el poder para mantener la llama ardiendo; claro que podía pasar su poder a alguien más, pero para eso él tendría que morir, y no paso un infierno para dejarse matar.

El otro final era el que Yuria quería que siguiera y que cumpliera con tantas ansias, el apagar la llama y traer la oscuridad al mundo, pero no era tan diferente a avivar la llama, al final tendría que permanecer en Anor Londo como su nuevo gobernante, tanto sufrimiento, tanto dolor, tanta agonía por ese momento y no sabía qué hacer. Quería volver a su mundo, pero las elecciones que le daban se lo estaban impidiendo, y tenía que tomar una lo quiera o no, claro que podía consumir la llama, pero eso sería un final peor que los otros dos, le daría un enorme poder, pero a cambio de toda vida sobre la tierra.

Decidió mantener viva la llama, o al menos el tiempo suficiente hasta que averiguara como volver a su mundo, Yuria estaba furiosa y se volvió hostil contra el por no darle el final que le prometió y apagar la llama, pero claro ahora había una enorme diferencia de poder entre ambos, no había nadie en ese mundo quien pudiera hacerle frente, pero eso no detuvo a muchos codiciosos de intentar enfrentarle. Él era el nuevo rey de ese mundo, y como tal podía hacer lo que se le diera la gana, y muchos codiciaban ese puesto que solo el más fuerte podía tener.

Bell pasaba la mayor parte de tiempo en el gran archivo, una masiva biblioteca con libros que albergaban cada secreto de ese mundo, alguno sobre cómo salir de él debía haber, el conocimiento que adquirió en ese lugar era inimaginable, leyó y busco en todos los libros de su colección, sin ningún éxito, si bien existían ejemplares que trataban sobre viajes entre diferentes planos de la dimensión ninguno detallaba un método de cómo o si es posible hacerlo, parecía que estaría condenado a permanecer en ese mundo hasta que la llama consumiera todo su ser como lo hizo con Ludleth, el pensar que acabaría de la misma forma que el anterior señor le causaba cierto pavor.

Su poder levemente de estaba marchitando, la llama lo estaba consumiendo muy rápidamente, podía sentirlo, como sus fuerzas decrecían, y pese a que con cada día era un poco más débil ningún latente era lo suficientemente poderoso como para derrotarle y así, robarle el trono y librarlo de esa nefasta tarea.

Cansado y en pos de no perder un poder que probablemente sea lo único que le pérmica volver a su mundo dejo de avivar la llama, permitiendo así que la era de la oscuridad inicie al fin; Yuria, quien había jurado venganza por engañarla, volvió ante su presencia, detrás de ella y siguiéndola una gran cantidad de huecos, Yuria y los huecos se arrodillaron ante el jurándole eterna lealtad.

-no confió en la palabra de quien levanto su espada contra mí-

En su trono, anteriormente ocupado por Ludleth, Bell miraba a Yuria, quien de rodillas pegaba su frente al piso, los huecos sisearon molestos al saber que Yuria había osado a amenazar a su nuevo señor.

-ni mil años pidiendo su perdón serán suficientes para ganarme su perdón mi señor, pero…-

-no soy tu señor-

Sentencio severamente, tenía su pie derecho apoyado en su rodilla izquierda, y son su mano izquierda sosteniendo su mentón.

-permítame redimirme gran señor, are todo lo que usted me ordene a partir de ahora, servirle es mi único propósito en la vida-

-¿quieres mi perdón?-

-es lo único que mi alma desea-

Bell se paró de su trono, saltando frente a ella la observo en el piso.

-Orario-

Pronuncio.

-busca información de ella, si existió, aunque sea una sola persona aparte e mí que allá mencionado ese reino, o existe alguna información acerca de ella quiero saberlo, no te atrevas a volver ante mi si no sabes nada de ella-

-como usted lo ordene, are todo lo posible para no defraudarlo-

Sin decir más Yuria se puso de pie y asiéndose camino entre la multitud de huecos salió del santuario de fuego a cumplir a petición de Bell.

-aun no te rindes cierto, o es que no pretendes perdonarla al encomendarle esa misión-

Bell ladeo la cabeza, sentada en una de las escaleras estaba la guardiana del fuego quien pese a ya no tener un fuego al cual vigilar permanecía a su lado por órdenes de Bell.

-si allá alguna información obtendrá más que mi perdón, si no, bueno, supongo que no la volveré a ver-

-ooohh amable señor, por favor denos ordenes, complacerlo es nuestro propósito en la vida-

-limpien todo este santuario, quiero poder verme en el piso-

Sin hacer preguntas Bell solo les dio esa orden, los huecos se apresuraron a cumplir órdenes.

-y tu dime….¿que propósito tienes ahora en la vida?-

Le pregunto a la ex guardiana del fuego.

-ninguno, permanezco aquí por tus ordenes, la llama está apagada, falle en mi misión-

-si no tienes un propósito entonces yo te daré uno-

-¿lo harás?-

Bell camino hasta ella quien se puso de pie y entrelazo sus manos a nivel de su pecho, Bell retiro el visor que cubría sus ojos para ver los cuencos vacíos donde se supone deberían estar sus ojos, la tomo de sus mejillas y un aura celeste apareció en ellas, vapor empezó a salir de sus cuencas y lentamente unos ojos grises aparecieron en estos. La ex guardiana al fin pudo ser a Bell a los ojos, rojos como la sangre que derramo para llegar hasta donde estaba.

-a partir de ahora vivirás para cumplir mis deseos, tu único propósito en la vida será servirme y tu lealtad está conmigo y solo conmigo, me entregaras tu cuerpo, alma y tu devoción, y no le darás descanso alguno a tu alma a menos que yo te lo permita, soy tu amo, tu señor, tu rey e incluso tu dios, todas mis órdenes están por encima de todo incluso por encima de tu voluntad, fallarme es sinónimo de desgracia, pena, deshonra y demás, cumplir mis órdenes es sinónimo de felicidad y alegría para ti, tus únicos deseo son hacer que los míos se cumplan-

Bell quito sus manos de sus mejillas y dio dos pasos hacia atrás; la ex guardiana permaneció en silencio unos segundos para luego arrodillarse.

-a partir de ahora estoy a sus servicios para todo lo que necesite mi señor, ordéneme, complaceré todas sus peticiones sin excepción alguna-

-ponte de pie-

Ella obedeció.

-a partir de ahora te llamaras Hikari (Luz), responderás bajo ese nombre a partir de este día hasta que yo decida lo contrario-

-es un honor para mí ser nombrada por usted gran señor-

-bien, ahora sígueme-

Días tras días, semanas tras semanas, meses tras meses, e incluso años tras años, Bell se resignó a pasar el resto de sus días en ese mundo, con su amplio poder, que crecía cada día más al no estar avivando la llama, había empezado a experimentar con él, para empezar levanto un castillo sobre las ruinas del castillo de Lothric, uno el triple de grande, innecesariamente grande solo para su persona, pero bueno, paso quien sabe cuántos años desde que llego, sin un sueño ni una cama decente prácticamente viviendo a la intemperie.

Pero sus experimentos no acabaron ahí, o no, había creado vida, literalmente creo a un ser humano, con todos los conocimientos que tenía sumados a su poder le permitían crear y hacer cosas que solo un dios podía hacer.

Había creado un asentamiento humano cerca de su castillo, paso años observándolos, fue entretenido, a decir verdad, ver como el hombre lentamente empezaba a avanzar, había dado órdenes especificas a todo hueco y monstruo que se mantuviera alejados de los humanos para que no los obstaculizaran en su avance. Sin embargo, sin importar a cuantos humanos crease, ni cuanto intentase impedirlo, todos terminaban convirtiéndose en huecos.

Extrañaba el sol, por lo que levanto una ilusión que imitaba tanto la sensación de sus rallos en la piel como la luz que emitía, pero claro, era solo una ilusión, y Bell prefería aceptar la cruda realidad antes que empezar a engañarse; los latentes seguían apareciendo y no sabía porque, pues se supone que ya no debería pasar tras la muerte de los anteriores reyes y la llama apagada, quizás solo eran almas que aun rondaban por el mundo, poco le importaba la verdad pues poca o nula amenaza representaba para él; pocos eran los que ganaban el poder para retarlo, y los que lo obtenían poco duraban contra su masivo poder; no estaba equivocado decir que se había vuelto invencible.

Bell se avía resignado en seguir creando nuevo humanos, pues al fin y al cabo solo estaba creando más huecos, actualmente Hikari era su única compañía, y era casi como estar solo la verdad, Hikari poco tenía que contar, toda su vida se la paso preparándose para ser una guardiana de la llama, y el resto había estado en el santuario de la llama en donde el evento más emocionante que vivió fue la llegada de un latente cargando un cuerpo de hueco como escudo. Casi no hablada con ella, solo la mantenía a su lado para disfrutar su presencia, si ordenaba algo ella lo cumplía sin ningún tipo de quejas; como aquella vez, por ejemplo.

-oye Hikari-

-si mi señor-

Bell estaba sentado en su nuevo trono de su castillo, hecho de lo que parecía ser mármol negro con cojines colchados de terciopelo blanco, ubicado en una sala amplia, de unos 60 metros de largo y 20 metros de altura, el piso era de mármol blanco pulido, pilares del mismo material se alzaban hasta el techo, en cada pilar estaba un estandarte, hecho de seda blanca con bordados rojos con el logo de un conejo delineado en rojo en el centro.

-desnúdate ante mí-

Sin siquiera replicar la ahora nombrada Hikari comenzó a despojarse de sus prendas una a una hasta quedar desnuda frente a Bell quien examino su cuerpo con la mirada, su pecho generoso, de copa C tal vez, trasero carnoso, su piel era muy blanca y a primera vista parecía enferma, las consecuencias de vivir en un mundo donde el sol estaba eternamente eclipsado.

-hmmm….-

Con ojos critico Bell recorrió cada rincón del cuerpo de Hikari, ya conocía el cuerpo desnudo de una mujer, pero con el pasar del tiempo creyó haber olvidado como lucia, sin embargo, Hikari no producía ningún tipo de emoción o excitación en él.

-pensé que me sentiría un poco más…emocionado al ver el cuerpo de una mujer, pero parece que no es así-

-siento mucho que mi cuerpo no sea de su agrado mi señor, dígame que puedo hacer que corregirlo y lo hare-

-tu cuerpo no es el problema, supongo que ahora ni una mujer logra un efecto en mí, pero aun así…-

Bell se levantó y camino hasta ella, puso su mano en su mejilla acariciándola, lentamente empezó a bajar pasando por su cuello, tocando su pecho y descendiendo por su vientre plano deteniéndose en su ombligo, en el cual metió su dedo y luego saco; sin pudor ni vergüenza alguna Bell puso sus manos en ambos pecho de Hikari masajeándolos levemente, algunos gemidos leves salían de los labios de la ex guardiana al sentir las manos de Bell, una ligera luz blanca apareció en ellas y posteriormente los pechos de Hikari comenzaron a crecer casi duplicando su tamaño, Bell la atrajo hacia él, abrazándola por la cintura, sus manos fueron por su generoso trasero y haciendo lo mismo este empezó a ganar tamaño.

-bien supongo que así está mejor-

Se alejó un poco para mirarla completamente, no solo sus atributos habían crecido, su piel tomo un color más saludable, y su cabello estaba perfectamente liso, toda grasa desapareció por completo, al igual que toda mancha y/o cicatriz grabada en su cuerpo. En pocas palabras la había convertido en una mujer capaz de competir en belleza contra cualquier diosa.

-ahora porque no estrenamos ese cuerpo-

Aunque pese a todo lo que había pasado Bell seguía siendo un hombre, y aunque poco, seguía teniendo esos deseos carnales, más el hecho de que seguía siendo virgen, provocaban en él un deseo de querer experimentar lo que se sentía estar con una mujer; atrajo a Hikari hacia él y la beso en los labios, ligeras llamas empezaban a quemar y derretir su armadura dejándolo desnudo, Hikari, al ser los deseos de su señor dejo que este tocara y manoseada su cuerpo sin restricción alguna, tampoco es que le molestase ser acariciada por él, por que tan solo sentir el rose de sus dedos enviaban una sensación placentera por todo su cuerpo.

Bell la tomo en sus brazos recostándola en el piso con cuidado, separo las largas piernas y se acomodó entre ellas, besándola suavemente mientras bajaba por su cuerpo, cada cm de su tersa piel era besado por él, llego a los pechos y con suavidad los amaso gentilmente haciéndola gemir mientras chupaba suavemente los pezones que endurecían entre sus labios bajo las húmedas caricias de su hábil lengua que los recorrían en espiral humedeciéndolos por completo, salto al otro pezón mientras su mano amasaba el otro pecho con fuerza, los beso suavemente antes de seguir su camino hacia abajo y lamer el plano vientre de Hikari.

-Mi…Mi señor-

Gimió deseosa Hikari justo cuando Bell se posaba sobre su entrada deslizando su lengua a su interior en un lento y enloquecedor bombero que la elevaba al cielo mismo, suavemente los dedos de Bell rozaron el clítoris de Hikari arrancándole un bestial gemido mientras su espalda se arqueaba

–BE…BEELLL-SAMAAAAHHHH-

Un poderoso orgasmo la sacudía con fuerza haciéndola poner los ojos casi en blanco.

Hikari no era extraña al sexo, en más de una ocasión algún latente se le insinuó, sin embargo, se negó a cada "invitación" siempre fiel a su deber, pero de saber que el sexo se sentía tan bien en más de una ocasión habría aceptado las invitación e insinuaciones de más de un latente, y eso apenas fue un juego previo antes de lo verdaderamente bueno.

Hikari levanto la vista para ver erecto miembro de Bell, fue hora de cambiar lugares, sus labios se abrieron y su lengua emergió dando una lamida lenta al miembro de Bell que gemía gustoso ante las caricias de la mujer, pronto los labios de Hikari se cerraron entorno a la cabeza del miembro comenzando un lento proceso de tragado chupando con fuerza arrancando más de un gemido de Bell

-aaah y yo pensé que ahhh eras nueva en esto aaahhhh-

Tras un rato Bell estallo con fuerza inundando la boca de la mujer con su abundante descarga que bebió despacio degustando del sabor, saco el miembro aun firme del peliblanco mientras degustaba los restos de sus fluidos

El peliblanco de mirada fija la miro a los ojos y ella comprendió.

Ella se recostó con sus piernas abiertas mientras el rubio empuñaba su mimbro a la entrada de su vagina húmeda, empujo con delicadeza abriendo las paredes y adentrándose en la mujer de cabello cenizo traspasando y rompiendo el himen, de forma lenta y despacio Bell empezó a moverse encima de ella, con cuidado de no lastimarla demasiado y permitiendo que sus paredes internas se acostumbraran a él, Hikari dejaba escapar uno que otro quejido de dolor, que después de unos segundos se convirtieron en gemidos por los embates de Bell, pronto el pene del peliblanco la llenaba por completo, inicio la retirada lenta y serena

-Be…Bell-sama, por favor, nooo, no lo saques-

Se quejó ella con un gemido desesperado y el peliblanco entro de nuevo dando inicio a un lento y rítmico movimiento acompañado de los suaves gemidos placenteros de ella, el peliblanco gemía gustoso ante la suave y caliente opresión de sus paredes internas, la sensación era maravillosa y no se contuvo empujo hasta el fondo e invadió su vientre. Estada excitado por primera vez en mucho tiempo, ver la cara y expresión siempre serena y vacía de Hikari ser remplazada por una de placer, y el escuchar los sonoros gemidos salir de su garganta lo ponían aún más deseoso.

-AAAAAAHHHHHH-

Ella sintió su útero invadido y otro orgasmo se desencadeno apretando sus piernas entorno a las caderas del peliblanco.

Gimió ella con su vista nublada y su mente abrumada del placer.

-mi Hikari-chan-

Se acomodó sobre ella y la beso con fuerza mientras insertaba su rígido miembro en su interior una y otra vez sin descanso, Hikari ahora mismo estaba sumida en una mar de placer inmenso al sentirse por completo de su señor que no dejaba de poseerla.

-Hikari-chan no puedo aguantar más-

Gimió el peliblanco como pudo mientras ella lo rodeaba ahora también con sus brazos.

-pu…puede terminar adentro si lo desea Bell-sama, no me molesta-

Más que un comentario parecía una súplica, el peliblanco arremetía hasta el fondo y estallaban los dos en un poderoso orgasmo simultaneo

Bell derramo otra generosa cantidad de semen en el interior de la ex guardiana que sentía su vientre lleno.

-"esto es tener sexo….yo…..deseo más"-

Pensaba Bell saliendo de ella dejando su semen escurrir un poco hacia fuera, de nuevo la tomo de las caderas y empuño su miembro duro contra ella

-no te distraigas Hikari-chan que yo no pienso parar-

-hai, por favor continúe Bell-sama-

Asintió gustosa la ex guardiana abriéndole camino a Bell

No saben cuánto tiempo pasaron teniendo sexo, lo hicieron por horas, quizás días, Bell solo sabía que tenía mucha energía y muchas ganas de continuar, ahora que había probado el sexo sentía que había perdido gran parte de su vida, y pretendía recuperar todos esos años perdidos; lo aria en ese mismo momento con Hikari de ser posible.

Pero claro su resistencia y la de Hikari eran dos cosas completamente diferentes, él era un dios en palabras simples, ella apenas una humana que había vivido más de lo que un humano debería vivir.

Pronto, callo cansada, quedando dormida sobre él, su miembro aún estaba dentro de su vagina, el simplemente permaneció en el piso recostado abrazando su cintura, disfrutando de tan agradable sensación y pese a querer mas no iba a forzar a Hikari a continuar cuando claramente ella no podía, y aunque podría hacer que sus fuerzas y energía se recuperasen opto por dejarla dormir en su pecho.

Pero su momento de paz fue interrumpido, alguien había entrado al salón del trono, si era un latente lo iba a pagar caro y si era un hueco o alguien a su servicio el castigo iba a ser igual de severo, no iba a permitir que nadie interrumpiera ese pequeño momento de paz.

Con clara furia en su rostro se sentó en el piso, de forma lenta y sin soltar el cuerpo de Hikari para que esta no callera o rodara; al poner su vista en la puerta diviso a Yuria, se extrañó ante su aparición, se había olvidado de ella por completo, quizás porque no la había visto en años y le dio órdenes específicas de no aparecer ante el a menos que encontrara no lo que le encomendó.

-Yuria-

Rápidamente la mujer se arrodillo, Bell sin tomarle importancia u atención se puso de pie cargando a Hikari entre sus brazos, camino hasta su trono tomando asiento y depositando a Hikari en su regazo dejándola caer en su pecho para que continuara durmiendo.

-mi señor-

-aun no soy tu señor, no hasta que me digas si encontraste o no lo que te encomendé-

El silencio se hizo presente en la sala del trono, Bell podía ver a Yuria temblar levemente, con delicadeza empezó a acariciar la cabeza de Hikari mientras enterraba su nariz en su cabello, olía a ceniza, como todo en ese mundo, pero por alguna razón, el aroma de su cabello era lo mejor que había olido en su vida.

-gran señor yo…-

-Yuria ¿Qué fue lo que te encomendé? -

Pregunto Bell interrumpiéndola.

-buscar toda información que exista sobre Orario o a quien sepa de ella-

-y en caso de que no encontraras nada tuuu?…-

-no….debía presentarme ante su presencia-

Sus puños se cerraron.

-entonces el que estés aquí significa que encontraste algo…¿cierto?...porque si no…-

-¡por favor! Gran señor, le juro lealtad eterna, mi vida si es necesario-

-tengo millones que harían y están haciendo lo mismo que tú me estas prometiendo…la pregunta es ¿tú de que me sirves?-

-puede disponer de mi como guste, acabare con sus enemigos, peleare sola contra ejércitos de ser necesario, protegeré su morada, defenderé su reino, limpiare su castillo, permaneceré de pie a su puerta por la eternidad, lameré sus pies ¡lo que sea! Pero por favor…-

Bell permaneció en silencio viendo sin dejar de rosar su nariz contra el cabello de Hikari, como la mujer que creyó era alguien de fuerte carácter y corazón se desmoronaba ante él.

-no me abandone-

Dijo en un susurro, pero su oído tan agudo le permitió escuchar hasta las lágrimas que se escurrían por su máscara al piso. Hikari se movió en su pecho buscando comodidad, Bell la acuario más en respuesta; cerro los ojos y pensó unos segundos.

-bien-

Depositando a Hikari en el trono y creando una manta para arropar su desnudo cuerpo, Bell camino hasta pararse frente a Yuria, no se molestó en cubrir su desnudes pues poco le importaba que Yuria u otro ser vieran su cuerpo.

-a partir de ahora me servirás-

-no sabe cuan agradecida estoy por su amabilidad mi gran señor, juro ante su presencia servir mejor que cualquier bajo su servicio-

-pues eso espero-

Yuria levando la vista mirando desde el suelo a Bell quien tenía sus penetrantes ojos fijos en ella, por alguna razón la vista que Bell desnudo mirándola como si no fuese nada la parecía tan…maravillosa por alguna razón.

-¿que….que papel voy a desenvolver bajo su servicio mi señor?-

-primero que nada, quítate esta cascara-

Al instante la máscara de Yuria dejo su rostro, una expresión de confusión y sorpresa apareció en el rostro de Bell, salvo por la forma de la cabeza, la de Yuria era más afilada, el color de ojos que eran rojos y el largo del cabello, Yuria era casi idéntica a Hikari.

-bien Yuria por el momento quiero que limpies este lugar, una vez que termines espérame fuera de la puerta de mi habitación-

Bell le dio la espalda caminando hacia Hikari.

-como desee mi señor-

Bell tomo a Hikari en sus brazos cargándola de forma nupcial.

-pero mi señor, no me ha dicho dónde queda su habitación-

-¿que no juraste servirme mejor que cualquiera? De seguro que puedes encontrarla sin que yo te diga dónde está, Hikari la encontró a la primera, será mejor que la encuentres porque si no, me estarías mintiendo en tu juramento, y te voy a exiliar si llegas a mentirme-

En un parpadeo Bell desapareció dejando a Yuria sola en el salón del trono, tras unos segundos la mujer se levantó y camino he busca de utensilios de limpieza para cumplir la orden de su señor, por primera vez en siglos su corazón latió, tenía un nuevo amo a quien servir y eso la llenaba de felicidad.

Bell apareció en su habitación con Hikari entre sus brazos, camino hasta la cama depositándola con delicadeza en la misma; Hikari se movió en respuesta, buscando en la cama su presencia, Bell acaricio su cara con el dorso de su mano y ella por su propia cuenta empezó a frotarla en su cara.

-"con que también puedes ser adorable de vez en cuando"-

Él sonrió ante la imagen de la ex guardiana sosteniendo su mano contra su cara, disfrutando de su tacto como si de un pequeño animal se tratase. Tras unos segundos Bell se apartó de ella, encaminándose al balcón que estaba a un lado de la cama, mismo balcón donde estaba actualmente.

Si Bell tuviera que adivinar, fácilmente habrían pasado siglos desde que llego a ese mundo, ya no era solo un rey, sino un dios supremo, ningún alma o latente había podido hacerlo caer, y pese a que el mundo estaba sumergido en oscuridad el poder obtenido de las innumerables almas consumidas no hacía más que aumentar.

Con el tiempo empezó a usar y experimentar con su poder de una forma...poco responsable, literalmente deformo, destruyó y reconstruyo el mundo incontables veces. Creo paraísos en la tierra, así como infiernos, todo en busca de entretener su aburrida existencia.

Mantenía sus relaciones sexuales con Hikari, la mujer ya no sólo lo obedecía por simple lealtad o por un juramento, se había enamorado de él encarecidamente, podía sentir como su alma brotaba y se encendida cuando estaba en su presencia, sentimientos como esos no podían fingirse ni menos imponerse por una orden o juramento.

Yuria fue otra quien se unió a sus actividades sexuales, porque pese a que tenía a Hikari quien podía seguirme el ritmo, siempre quedaba con deseos de mas, había moldeado y mejorado el cuerpo de Yuria tal como lo hizo con Hikari; una vez hecho disfruto de él con la misma pasión y delicadeza con que se lo hizo a Hikari.

Pero aún no estaba conforme; hubieron tiempos en los que se dejó llevar por sus deseos carnales e hizo cosas que no le enorgullecían hoy en día pero de los que no estaba arrepentido, había traído a la vida a humanas, guerreras y latentes para complacer sus deseos, monto orgias en sus habitaciones y pese a que más de una había intentado matarlo en su momento poca resistencia podían poner contra el actualmente, no las violo, no ha caído tan bajo como para hacer eso, menos las amenazo y las controlo, se tomó su momento para que cada una fuera hacia él y se entregara por su propia voluntad, tenía todo el tiempo del mundo, total era inmortal.

A causa de su poder y las aparentemente eternas peleas su cuerpo se moldeo y transformo en lo que era ahora, era realmente alto en comparación a cuando era humano, midiendo 1,96 metros, su cabello creció hasta sus hombros y se tornó de un blanco ceniza, sus ojos rojos ardían como si de la primera llama se tratase, su piel, por falta de la luz solar, palideció hasta tomar un color blanco hueso, gano musculatura pero sin ser excesiva; su rostro no había sufrido muchos cambios, pese a lucir como de 20 años aun tenía un deje infantil sumados a los rasgos más afilados y finos que había adquirido le daban una apariencia atractiva y sexi a toda vista, todo rastro de grasa desapareció, más que atractivo resultaba hermoso a simple vista.

-Sirris-

Llamo el e inmediatamente una caballero apareció a unos pasos detrás de él, un velo cuantía su cara impidiendo detallarla.

-¿Si? mi señor-

Se arrodillo frente de él poniendo su mano derecha en su corazón. Bell, sin apartar la vista del páramo que yacía frente al balcón le dijo.

-¿Eigon termino con mi pedido?-

-Si mi señor, ¿desea que se lo traiga?-

-por supuesto, llévamelo al salón del trono tan pronto lo tengas en tus manos-

-hai-

Y tan rápido como apareció se fue, Sirris, una noble caballero que lo ayudo en más de una ocasión, era honorable, valiente y con un gran sentido de la justicia, pero se revelo en su contra al enterarse de que trabajaba junto con Yuria cuyos ideales eran opuestos a los de ella. La trajo a la vida y la puso bajo su servicio una vez se ganó no solo su lealtad, si no su corazón.

Bell entro nuevamente en la habitación, Hikari, Yuria y la rubia habían despertado, todas de pie delante de la cama, esperando por él.

Hikari y Yuria mantenían sus viajas vestimentas, en cambio la rubia vestía un vestido negro de una sola pieza, tenía bordados y grabados en rojo, era un vestido simple pero que en ella lucia perfecto.

El peliblanco paso sus ojos a cada una de ellas, sus mujeres, sus reinas, sus diosas, Hikari quien estuvo a su lado desde que emprendió su búsqueda de los señores, Yuria quien pese haberlo traicionado (como muchos/as otros/as) nuevamente se había ganado su confianza y un espacio en su corazón; y la última, Rei, su más amada creación, así es creación.

Bell propiamente creo su cuerpo y su alma, pero su alma no era como cualquier alma sin dueño, no, el alma de Rei era única, porque había nacido desde cero; le tomo 2 años y mucho de su poder para crearla, porque en su vida había hecho algo igual, cada humano que creo le otorgo un alma de los miles de latentes que cayeron bajo de poder, al contrario que Rei su alma era una invención de él, le otorgo un poder abismal y un fragmento de su alma para que seguirá siendo humana.

Rei era probablemente el único ser en el mundo que podría matarlo, no tanto por su poder, sino porque a diferencia de cualquier otro ser, Bell era incapaz de herirla, simplemente no podía, la amaba demasiado, mucho más de lo que amaba a Hikari o a Yuria.

Su apariencia la creo en base a un viejo libro que recordaba leyó hasta el cansancio en su infancia, [Laberinto Sagrado], la historia del héroe de la espada, la apariencia de Rei está basada en el espíritu del viento de esa historia, cabello dorado, piel clara, ojos azules, casi una diosa, a diferencia de Hikari o Yuria no le había otorgado atributos tan desarrollados, solo lo justo que iba de acuerdo a su figura; ni mucho ni muy poco, estaba mal decirlo pues era su creación, pero, era perfecta.

-creo que no hace falta explicación de lo que va a pasar a partir de ahora-

-así es mi señor...estamos listas-

Le respondió Yuria en nombre de todas quienes asintieron.

-bien entonces vamos, esta será nuestro último día en este mundo-


Ciudad de Orario, poseedora del laberinto más grande del mundo y el lugar con la mayor concentración de dioses

Un lugar donde podrías cumplir tus sueños, o morir intentándolo, Orario era famosa por muchas cosas, entre ella ser la cuna de los más grandes y reconocidos héroes de la historia.

Orario era por mucho la ciudad más fuerte del mundo por la vasta cantidad de aventureros que residen en ella. A través de los años Orario había visto de todo, desde invasiones, monstruos en la superficie, guerras y conflictos, dioses caídos y exiliados.

Pero el evento que se estaba desarrollando era de lo más...inquietante, estaba lloviendo, pero no era una lluvia cualquiera, no, estaban lloviendo cenizas.

Motas y motas de ceniza gris se acumulaban en las tierras de Orario y sus alrededores, tiñendo todo en una capa de ceniza que dificultaba la respiración.

Familias se refugiaron en sus hogares, aventureros tomaron sus armas en guardia de algún posible ataque, dioses miraban desde la seguridad de sus aposentos, expectantes de lo que pudiese pasar.

En la oscuridad, sentando en su trono, Uranos el dios regente del Gremio miraba desde una bola de cristal el mundo exterior; observando como hogares y negocios por igual eran cubiertos por cenizas. Los cielos no estaban diferentes, nubes negras impedían el paso de toda luz solar oscureciendo la tierra.

Uranos tenía un mal presentimiento, incluso la mazmorra había quedado en silencio.

A su lado, su único hijo, Fels miraba expectante, igual de confundido que su deidad, intento buscar una razón lógica tras ese evento. La erupción de un volcán era la única explicación que se le ocurrirá, pero no había volcanes lo suficientemente cerca, ni ninguno tan poderoso que causará una explosión tal, que cubriese todo lo que estaba a la vista de nubes negras como el carbón y de ceniza.

-no para de caer-

Desde la torre más alta del mundo una deidad pelirroja tenía una vista más que perfecta de Orario y más allá de sus murallas, todo, hasta donde alcanzaban sus ojos estaba desapareciendo bajo la creciente capa de ceniza. No estaba sola, a su lado, estaba un prum rubio quien sostenía una lanza en su mano, no paraba de rozarse el pulgar izquierdo con sus labios, le estaba gritando que algo estaba mal y se lo hizo saber a su diosa.

-supongo que queda esperar-

Calmadamente le respondió la otra deidad presente en la habitación, sentada en un trono aterciopelado y con una copa de vino en su mano la diosa de la belleza buscaba respuestas en su cabeza sobre este extraño fenómeno.

-no me digas que es enserio, ¿solo planeas quedarte hay esperando?-

Le reprocho la diosa embaucadora.

-¿tienes algo en mente que podamos hacer?-

Loki cayó ante el comentario de Freya, aunque no le gustase poco podía hacer, no había señales de ataques o una invasión, tampoco señales de humo ni nada que diera evidencias de algún incendio.

Quizás sea por la intranquilidad que las deidades tenían en ese momento, pero ninguna noto como lentamente, con el pasar de los minutos se estaba oscureciendo más, al punto que las luces de la ciudad se encendieron al pensar que había llegado la noche.

-se está deteniendo-

El comentario del hombre jabalí parado detrás de la diosa de la belleza hizo reaccionar a los demás presentes.

Poco a poco la "lluvia" iba cesando, hasta que la última mota de ceniza toco el piso, una ventisca se hizo presente sin levantar ni una ceniza, el silencio se había apoderado de Orario y sus alrededores.

-supongo que...¿eso fue todo?-

Menciono Loki al no ver más cenizas caer del cielo.

-no...se puso aún peor-

Los ojos de todos los presentes fueron al prum rubio quien se mordida el pulgar, sus ojos estaban inundados de terror, este señaló el cielo con su mano libre indicándoles donde mirar.

Loki retrocedió, Freya soltó su copa y se paró de su trono, incluso el siempre estoico Ottard entre abrió la boca en sorpresa y quizás horror.

Todos en Orario, mortales y dioses, enmudecieron y se horrorizaron ante la imagen reflejada en el cielo. En lo alto, el sol, se había oscurecido, sus llamas se habían apagado y fueron remplazadas por una fría e inerte roca color carbón que irradiaba luz únicamente de los bordes.


Bell caminaba por los pasillos de su castillo en dirección al salón del trono, a su espalda lo seguían Hikari, Yuria y Rei. Su cuerpo estaba envuelto en una armadura de cuerpo completo (Dark Souls 3 set de la undead legion), salvo por la cabeza que estaba descubierta.

En la puerta del salón dos soldados de negras armadura vigilaban a puerta; estos se hicieron a un lado abriendo la gran puerta, permitiendo a Bell pasar al salón del trono. Dentro había una gran cantidad de mujeres aguardaban su llegaba.

-no es necesario-

Dijo Bell deteniendo a las mujeres quienes estaban por arrodillarse. El peliblanco avanzo hasta sentarse en su trono, Hikari, Yuria y Rei permanecieron a los lados de este; Bell miro a todas y cada una de las presentes en el salón sin excepción alguna, pese a su expresión estoica un deje de tristeza era reflejado en sus ojos al ver a quienes le habían entregado todo, sin ellas presentes en su vida habría enloquecido hace ya mucho tiempo.

-me iré...al fin logre hallar la forma de regresar a mi mundo, Hikari, Yuria y Rei me acompañaran, yo...no poder llevar a nadie más con mi...-

-¡POR FAVOR GRAN SEÑOR NO NOS AVANDONES!-

Gritaron entre llantos las presentes, lagrimas inundaron sus ojos mientras caían de rodillas al piso clamando por no ser abandonadas.

-¡are lo que sea! mi señor por favor-

-permanezca a nuestro lado-

-si se va por favor, tenga misericordia y acabe con mi vida-

-una vida sin el gran señor, no podre soportarlo-

Bell puede que se haya convertido en alguien cruel e insensible, pero amaba a todas y cada una de sus mujeres, su sola presencia lo habían salvado de caer en la oscuridad en más de una ocasión.

-Bell-sama...-

Entre todas Irina se puso de pie.

-¿ya no somos suficientes para usted?-

-nada de eso-

-¿le hemos ofendido en algo?-

-nunca-

-¿hemos provocado su ira?-

-jamás-

-entonces porque...-

-Irina...todas, no las llevo conmigo por ninguna de esas razones, solo puedo llevar a pocas personas conmigo, y he decidido que esas personas serán Hikari, Rei y Yuria-

-¿no hay ninguna posibilidad?-

-lo más probable de que mueran si alguna más va-

-¡no importa por favor lléveme con usted!-

-¡a mí también!-

-y a mí-

-también a...-

Antes de que alguna pudiera continuar Bell levanto la mano calmándolas.

-que no pueda llevarlas no significa que voy a abandonarlas-

En ese momento, interrumpiendo en el salón, entro Sirris cargando un gran cofre entre sus manos.

-siento la demora mi señor-

-no hay problema, llegas en el momento perfecto-

Bell le hizo una señal para que se acercara, Sirris depósito el cofre a los pies del trono y tras hacer una reverencia se unió a las demás. Bell abrió el cofre y hurgando entre el saco varias gemas color blanca.

-todas ustedes vendrán conmigo-

-hhaaa-

Suspiros de alegría resonaron en el salón del trono.

-quien desee permanecer conmigo hasta la eternidad incruste esta gema en su pecho-

Bell les mostró la gema en su mano, no era más grande que una pelota de golf e irradiaba un haz de luz.

-estas gemas fueron creadas con fragmentos de mi alma, una vez incrustadas en su cuerpo se fundirá con su alma; sus cuerpos desaparecieran y pasaran a ser uno conmigo-

-uno con...¿usted?-

-es la única forma de que podamos permanecer juntos-

-¿entonces va a consumir nuestras almas?-

-nada de eso, si lo hiciera su esencia y recuerdos desaparecerían, en cambio sus almas serán una con la mía, ustedes estarán más cerca de mí que cualquier otra persona, nuestras almas estarán eternamente juntas aun después de la muerte-

Todas lloraron de felicidad ante la idea, para siempre juntos con su señor, estando más cerca que cualquier otra persona, eso sonaba maravilloso.

-por favor Bell-sama, otorgarme una de esas gemas, permítame permanecer con usted hasta la eternidad-

Una a una avanzo hacia el trono tomando del cofre una de las tantas gemas que había en su interior hasta que todas tenían una en sus manos.

-fúndanla en su pecho y sus almas quedaran expuestas-

Obedeciendo colocaron las gemas en su pecho, un brillo en volvió sus cuerpos y sus cuerpos empezaron a volverse cenizas, sus almas, en formas de orbes blancos flotaban de un lado a otro por todo el salón. Bell se puso de pie y abrió los brazos.

-vengan a mí-

Llamándolas todas las almas volaron a él, un fuego blanco cubrió su cuerpo, y una a una las almas de todas sus chicas se hacían uno con el, podía sentirlas, como los recuerdos y pensamiento de todas fluían por su cuerpo, sus presencias inundaban su ser y un sentimientos de calidez y amor lo llenaban.

-al fin juntos-

-Bell-sama-

-no lo abandonaremos-

-lo amamos, nuestro gran señor-

Podía sentirlas, como abrazaban su alma, demostrándole su amor y su eterna devoción, se dejó caer en el trono, embriagado por el placer de sentir las almas de sus amadas en contacto con la suya; era realmente placentero.

-¿se encuentra bien Bell-sama?-

Pregunto Rei preocupada al ver como lagrimas salían de la comisura de sus ojos, Hikari y Yuria estaban igual, jamás habían visto llorar a su señor, algo salió mal pensaron. En respuesta Bell les sonrió, era la sonrisa más sincera que habían visto de su parte, se acercó a ellas y las abrazo a todas, pudieron sentirlo, la presencia de todas las mujeres con la que compartieron el amor de su señor, podían sentirlas a través de él, como las abrazaban y las envolvían en sus brazos.

-se está haciendo tarde, será mejor que nos apresuremos-

Hablo Bell separándose tras unos segundos, las tres chicas balbucearon un "hai", sus rostros estaban sonrojados y sus ojos estaban inundados de placer.

-Bell-sama, sin usted, ¿quién reinara sobre este mundo?-

-Norick es el latente más fuerte que existe actualmente, de seguro que tomara el trono-

Le respondió a Yuria sin detenerse, caminaban por los pasillos en dirección al exterior, cruzado una inmensa variedad de puertas y girando innumerables pasillos. Podía transportarse a afuera, pero era su ultimo día habitando ese castillo, un último recorrido por sus pasillos no sonaba mal.

-¿no le molesta dejar su reino en manos de otro?-

Ante la pregunta de Hikari el peliblanco suspiro.

-han pasado milenios desde que estoy gobernando, es hora de que un nuevo rey tome el trono, además estoy cansado de ser rey-

En el exterior al fin, Bell le dio una última mirada a lo que fue su hogar (y prisión). Un sentimiento nostálgico lo invadió, pequeños flash back del día en que llego pasaron por su mente, sus primeros días como latente y su carrera el busca de los señores.

-definitivamente no voy a extrañar este mundo-

Puso su mano en su pecho y una sonrisa apareció en sus labios.

-pero le estoy eternamente agradecido por todo lo que me otorgo-

La presencia de sus amabas se estremecieron en su interior; paso su mirada a las mujeres frente a él abriendo sus brazos, en respuesta todas saltaron a él aceptando su abrazo.

-vamos, es hora de que conozcan mi mundo-


De vuelta en Orario, dioses y mortales se salían de la seguridad de sus casas para mirar al sol negro que estaba en el punto más alto en el cielo.

Unos estaban asustados, otros buscaban mantener la calma y otro ya era presas del pánico gritando que el fin del mundo ya estaba aquí.

Miembros de la familia Ganesha intentaban calmar a los civiles, pidiéndoles que regresaran a sus casas. Pero sus peticiones cayeron en oídos sordos.

De un momento a otro un haz de luz empezó ser emitido del sol, la luz se hizo más intensa obligando a todo a cerrar los ojos al ver tanta luz venir de todas direcciones del cielo, cuando abrieron los ojos el sol recupero su forma original, la calma llego nuevamente a los corazones de los habitantes de Orario, tras varios minutos de espera y en vista de que en sol había aparentemente vuelto a la normalidad suspiros de alivio se escucharon en cada rincón de Orario.

Por un momento todo iba a pasar como una extraña anomalía hasta que lo sintieron, tanto dioses como mortales, una presencia divina había aparecido, una presencia muy poderosa, tanto que era percibida hasta por civiles, estaba muy cerca, y se estaba acercando a Orario.

El miedo nuevamente reino en Orario ante la aparición de una nueva posible amenaza, y no solo los mortales, los dioses también estaban sudando, pues estaba claro en ese poder solo podía tenerlo un dios y por el aura que desprendida no parecía muy amigable.

Era oscura y malvada; fría como el hielo y no estaba solo, a su lado lo seguían otras 3, aunque opacados por la presencia de la deidad se notaban que también eran muy poderosas y seguían acercándose.

Cierto dios de piel oscura y máscara de elefante corrió a la entrada sur de Orario, a su lado corría una mujer de pelo corto y azul, más atrás demás miembros de su familia.

-Ganesha-sama esa presencia, acaso es...-

-si definitivamente, es un dios, y uno de gran poder, debe ser uno de primera clase, pero ¿quién? jamás he sentido tal aura-

Nervioso Ganesha le respondió a su capitana Shackti quien al escuchar la voz temblorosa de su normalmente despreocupado dios se puso bastante nerviosa.

-¿pero no se supone que los dioses tienen prohibido usar su arcanum?-

-sí, lo tenemos-

Llegando a la entrada Ganesha vio a lo lejos 4 figuras a la lejanía acercándose, trago lo suficientemente fuerte como para su capitana lo escuchara. Más de una deidad estaban observando a Ganesha esperar al dueño de tan poderosa presencia.

-Fels, envía un mensaje de reunión a cada dios y deidad en Orario ahora mismo-

Sin dar una respuesta el mencionado desapareció entre las sombras a cumplir la encomienda de su dios.

-ese imbécil, quien quiera que sea, que pretende al venir a Orario usando su arcanum, ¿es una amenaza acaso? no sabe que podemos desterrarlo de vuelta al cielo antes de que se dé cuenta-

Exclamo Loki claramente disgustada por la aparición de la deidad quien se acercaba a Orario.

Freya permanecía en silencio mientras sus ojos estaban fijos en la entrada sur, a sus espaldas estaban los ejecutivos de su familia quienes fueron junto a su diosa al sentir la amenazante y aterradora presencia.

Poco a poco las figuras se hacían más visibles, y cuando estuvieron a un rango de visión aceptable los dioses quienes observaban enmudecieron, no por Bell, no por Yuria o Hikari, sino por Rei, la presencia de una versión adulta de la princesa de la espada les causó conmoción, más a Loki y Fin que no sabían que pensar.

Cada deidad en Orario recibió un mensaje mental en ese momento, Uranos estaba llamando a una reunión, ¡Uranos! un dios que no le importaba nada más que mantener la mazmorra calmada con sus oraciones, llamaba a una reunión en lo alto de Bael.

Esto sin duda no podía ignorarse, y pese a su sorpresa cada dios se en camino con sus respectivos ejecutivos al llamado de Uranos.

En la entrada sur, Ganesha había recibido un mensaje diferente al del resto de dioses, Uranos pedía que llevara a sea quien sea el dios que llegaba a Orario.


Bell al fin podía verla, era como un sueño, al fin podía sentir el sol nuevamente en su piel, el aire fresco y sin ese olor a sangre y muerte, y en cielo, o el cielo azul y despejado.

Rei, Yurie e Hikari se conmocionaron al ver tanta vida, tanta luz, era impactante que un mundo así existiera, y por lo que Bell les había contado en ese mundo no dependía de ninguna llama. Lo habían visto en sus recuerdos, el mundo al que su señor tanto anhelaba regresar, pero nunca imaginaron verlo en persona, menos que fuera aún más maravilloso a como pensaban.

-esa es Orario, una de las ciudades más reconocidas de este mundo-

Bell señaló a la gran muralla que estaba a plena vista, ignoro el hecho de que en la entrenaba un túmulo de gente lo esperaba.

-¿hay humanos hay?-

-humanos, elfos, demi-humanos, enanos e incluso dioses-

Les explico Bell, él le había instruido en los conceptos básicos de su mundo, o al menos los que recordaba, antes de viajar a él, pero claro una explicación nunca era suficiente. Camino con prisa y emoción hacia la entrada de Orario, sin darse cuenta de que acelero el paso, hay tantas cosas que quería ver, tanto que quería hacer que no sabía ni podía pensar por dónde empezar, estaba muy saturado.

-bi...bienvenidos a Orario-

Apenas se acercaron a la entrada fueron recibidos por Ganesha y Shackti, quien tenía los ojos abiertos a mas no poder al igual que su boca, estaba petrificada al sentir el poder que emana Bell de cerca.

El peliblanco permaneció en silencio observando al hombre que le dio la bienvenida, fácilmente supo que era un dios, el aura que desprendía era parecida a la de él. Meditando que decir y que no, las acompañantes del peliblanco guardaron silencio por temor a decir algo que perjudicara a su señor.

-solo para estar seguro, ¿dijiste Orario cierto?-

la deidad asintió en silencio.

-puedo preguntar su nombre, no recuerdo haberte visto en el tenkai, yo soy Ganesha-

-Bell Cranel-

El dios hindú se extrañó, ¿un dios con apellido? pese a que lo considero raro decidió no mencionar nada.

-Bell-dono, podría acompañarme un momento, una reunión de dioses se está llevando a cabo y solicitan su presencia-

Levanto una ceja ante la petición del dios hindú.

-¿podría saber porque mi presencia es requerida en dicha reunión?-

-creo que la razón es más que obvio...Bell-dono-

-me temo que tendrá que disculparme, pero no, no tengo clara la razón-

La expresión de Bell se endureció al sentir tanta hostilidad, no del dios, si no de sus hijos a sus espaldas, que iba dirigida hacia él y sus reinas.

Ganesha noto el cambio de voz y la expresión de Bell, y haciéndole una señal a Shackti esta fue corriendo donde estaba el resto de su familia para indicarles que se tranquilizaran.

-en ese caso le pido que me siga igualmente, una vez hay entenderá el porqué de su llamado-

Los fríos ojos de Bell se clavaron en los de la máscara como lanzas, no podía sentir ninguna mala intención del dios, solo preocupación y nervios, ¿porque temían de su presencia? aún no había hecho algo que justificara ese miedo, salvo claro, esparcir un poco de ceniza, pero no era algo que no se pudiera deshacer.

-bien, te seguiré-

No queriendo darle al dios una razón para usar la violencia, pues estaba claro que no iba a dejarlo entrar o irse hasta que respondiera al llamado. Ganesha asintió en agradecimiento y dándose la vuelta camino hacia al centro de la ciudad.

Camino dándole la espalda a Bell y sus acompañantes, pero sin quitar su atención de ellos ni un segundo, ahora que estaban más de cerca podía sentir el poder que desprendían las mujeres que los seguían detrás de Bell, en especial la rubia que se asemejaba a la princesa de la espada.

Pudo notar como el grupo mirada en todas direcciones, curiosos por su entorno, una expresión de felicidad adornaba la cara de Bell, mientras que una curiosa y de total sorpresa en la cara de sus acompañantes.

Ganesha quería empezar a hacer preguntas al peliblanco, que teniendo paciencia por una vez en la vida decidió esperar a estar en la presencia de los otros dioses. Pasando un poco del extraño grupo del peliblanco, a su alrededor eran centro indiscutible de atención, muchos los miraban con miedo y temor, otros con preocupación y algunos pocos con admiración e impresión; el aura que desprendida Bell imponía respeto y sumisión, y eso hasta al dios hindú le afectaba.

Todo aquel que estaba por la calle principal inmediatamente se apartaba del camino del resultante grupo, temerosos de Bell.

-mi señor, ¿dónde está la caverna que mencionó? tengo curiosidad por los monstruos que moran en ella-

Ganesha presto aún más atención al escuchar la charla que estaba por desarrollarse.

-vez esa torre a donde nos dirigimos-

Bell señaló hacia Bael.

-se supone que esa es la entrenada, la torre se construyó para impedir que los monstruos salieran-

-quien tuvo la estúpida idea de construir una torre como esa en plena entrada de un nido de monstruos-

-quien sabe-

-Bell-sama, donde están los dioses que moran en este reino-

Esta vez pregunto Hikari, Bell dejo de señalar Bael y señaló a Ganesha.

-él es uno de ellos-

-¿el?-

Ganesha sintió los penetrantes ojos del trio de mujeres.

-está bromeando…verdad-

-pero si apenas emite aura, un hueco podría con el-

Comentaron Yuria y Rei, Ganesha por primera vez en su vida se sintió menospreciado, era cierto que actualmente era tan fuerte como un civil, pero era por mantener su poder sellado, por eso y por ninguna otra razón.

-débil o no sigue siendo un dios, no le falten el respeto, no busquemos problemas donde no los tenemos-

-como usted lo ordene-

No hubo más palabras ni comentarios durante en viaje, solo se limitaron a seguir a Ganesha hasta Bael.

El peliblanco miro la torre sin expresión alguna, quizás en algún punto de su vida estaría asombrado pues ni podía ver el final de la torre, pero apostaría su alma a que su castillo lo superaba en altura, y por mucho.

Sonrió en sus adentros, al fin era libre y estaba de regreso en su mundo, sus amadas reinas estaban con él, todas ellas, sintió nuevamente ese cosquilleo en su alma, producto de la presencia de sus amadas en su interior.

Miro por encima de su hombre a Hikari, Yuria y Rei, él les sonrió y ellas le sonrieron en respuesta. Estaba emocionado por las nuevas posibilidades que su mundo le presentaba.


Eso fue todo de momento, me gustaría escuchar su opinión, si si lo sé, tengo una imaginación por demás de extraña y quizás perturbadora, debería ir a un psicólogo, pero ninguno quiere atender mi caso.

No saben cuánto me esforcé escribiendo este cap y la parte que tuve que cortar porque estaba quedando muy largo para mi gusto, por lo que apreciaría un comentario de apoyo o su opinión sincera de este fic.

A mi sinceramente me encantaría continuarlo, aunque puede que me tarde en poco en actualizar pues no tengo a mi disposición ni tengo la facilidad de tener una pc o laptop propia para escribir a gusto y con frecuencia.

Si por mi fuera pasaría todo el día escribiendo, poco tengo que hacer la verdad y tengo muchas ideas que me gustaría plasmar en palabras. Por lo que de no ver apoyo las ideas que tengo para continuar quedaran en eso, como ideas.

Hay cientos de cosas las cuales ni se imaginan que vendrán (o al menos yo espero que no se lo imaginen) no quiero hacer ningún Spoiler ni darles ideas pues como dije, de no ver apoyo no continuare esta historia.

Hay puntos que quisiera compartirles, pero no lo are hasta el próximo cap pues en el describo la mayoría de esos puntos y los objetivos de Bell ahora que llego a Orario.

Sin más que decir me despido, espero vernos en un futuro cap.