Ya tenía mucho tiempo sin actualizar pero es que estaba en época de exámenes, entonces ahora les dejo este capítulo, espero que sea de su agrado y lo disfruten.
Capitulo 2. Sacrificio.
-Tienen que destruirlo. – Esas habían sido las últimas palabras de Saori aquella mañana cuando estaban a un lado de la estatua de Athena vistiendo orgullosamente libra y sagitario antes de que sus verdaderos dueños lo hicieran.
Después de eso, tanto él, como Shiryu habían partido hacia los destinos de la propia artemisa, para destruir la piedra sagrada, donde les habían dicho que estaban selladas las almas de los caballeros dorados, caminaron por el inhóspito y desolado lugar. Desde su pelea contra los dioses gemelos del Olimpo, aquel lugar había quedado deshabitado, los ángeles de Artemisa habían muerto o al menos eso creian, no sabían si Icaro, el hermano de Marin había sobrevivido o no, ni siquiera ella lo sabía, después de que Apolo borrara sus recuerdos le era muy difícil recordar la batalla final contra los dioses y cuando pensaba en el último instante de la batalla, solo veía una luz cegadora y recordaba el terrible cosmos que el dios del sol era capaz de poseer.
-¿Por qué castigarlos? – Menciono el pelinegro a su lado, brinco hacia una barda de tierra y miro el horizonte en busca de la piedra sagrada.
-¡Ya escuchaste a Athena! – Grito desde abajo mientras usaba sus manos al lado de su boca para aumentar el tono de su voz. – Los dioses no les perdonaron el derribar el muro de los lamentos.
-Todo en este mundo es destructible Seiya, pero creo que la razón va mas allá del solo derribar el muro de los lamentos en el inframundo. – Shiryu bajo a su lado y comenzó a caminar hacia el norte, donde había visto a lo lejos una especie de montículo. – Debe haber otro motivo.
-¿A qué te refieres? – Seiya miro fijamente al pelinegro que le devolvió la mirada, pero entendió lo que los ojos del chino querían decir. – ¡Crees que los dioses temieron del poder de los santos de oro!
-Mi maestro me dijo una vez, que durante su adolescencia los santos de oro tuvieron que derrotar a los titanes y evitar la resurrección del dios Cronos, Seiya si eso hicieron en su juventud, que hubieran podido hacer en este tiempo ¿Puedes imaginarlo? Porque de algo podemos estar seguros, jamás hemos visto el cosmos de un caballero dorado arder de verdad. – Seiya asistió pensativo, en realidad ni en el muro de los lamentos habían sentido a los santos dorados elevar su cosmos hasta el infinito, si habían usado la cantidad de energía que usaban en sus ataques más fuertes pero no habían rebasado un límite.
-Tienes razón, ellos nunca mostraron su verdadero poder, ni siquiera cuando lucharon entre ellos. – Menciono, miro a lo lejos la estructura de piedra donde el alma de los santos dorados permanecían selladas al castigo de los dioses, observo la imagen de Saga y los otros santos, mientras un escalofrió recorría todo su cuerpo y sacudía intensamente su espíritu, al solo imaginar el tormento por el que deberían estar pasando. – Vamos Shiryu.
-Acabemos con esto. – Ambos santos corrieron hacia la piedra sagrada, cuando se acercaron el agua les salpico bajo sus fuertes pisadas, los dos no pudieron evitar detenerse y mirar a sus camaradas.
-Liberémoslos. – Seiya tomo el arco de sagitario y coloco una flecha entre la cuerda y el armazón del arco usando su dedo índice como guía al tiempo que su cosmos comenzaba a arder con furia concentrándose en la punta de la flecha, como Aioros y los otros santos dorados lo habían hecho en el inframundo, miro al pelinegro por el rabillo del ojo, quien despejo los escudos de libra y los tomo entre sus manos al tiempo que elevaba su cosmos. -¿Listo?
-Hagámoslo. – Ambos se miraron una última vez para confirmar que el otro estuviera preparado y asistieron entre ellos, se enfocaron en sus respectivas armas e hicieron arder su cosmos de santos divinos hasta el límite, soltaron los instrumentos de guerra que fueron a impactar justo al centro de la piedra, la luz inundo el lugar y ambos santos se sintieron arrogados contra los muros de piedra que estaba detrás de ellos con una fuerza impresionante, para caer después al agua que estaba debajo de ellos.
Seiya sintió un terrible dolor recorrer todo su cuerpo, como si una descarga eléctrica lo hubiera golpeado, se levanto con ambos brazos para evitar ahogarse mientras sacudía su cabeza para intentar desaparecer el mareo, abrió sus ojos pero no pudo ni contemplar su reflejo en su lugar vio todo de color blanco.
-¿Shiryu? – Llamo a su par.
-¡Seiya! – Sintió las manos del dragón tomándolo de las costillas y ayudándolo a levantar. - ¿Estás bien? – Comenzó a recobrar la vista lentamente, primero solo veía figuras borrosas hasta que estas comenzaron a tomar claridad frente a él, vio al pelinegro consternado mirándolo fijamente con el ceño fruncido, asistió a la pregunta del dragón y el otro santo le sonrió a medias.
-¿Qué paso? –
-No lo sé, pero logramos derribarla. – Dirigió su mirada hacia el lugar donde estaba la piedra sagrada, pero solo vio sus restos en el piso y la suave brisa del agua cayendo a su alrededor, no supo porque pero una angustia lo embargo profundamente. Algo no sabía si bueno o malo iba a ocurrir en el santuario.
-Tenemos que regresar. –
…
Sintió una opresión en el pecho por lo que se llevo instintivamente su mano hacia el tórax, presionándolo suavemente, miro por unos segundo el cielo azul y pudo distinguir un leve destello en la lejanía, en ese instante sintió una leve tranquilidad que fue embargada por la inquietud, sabía lo que había pasado, Seiya y Shiryu había destruido la piedra sagrada, salió apresurada hacia la estatua de Athena al tiempo que un potente rayo caía justo enfrente de ella iluminando todo el santuario, por unos segundos todo fue inundado por aquella luz cejadora que destruyo el suelo de mármol duro debajo de él, Athena supo al instante quien estaba frente a ella y cayó de rodillas saludando al dios de tez blanca, ojos azules intensos y cabellos rubio como el oro mismo, su cosmos inundo todo el santuario e hizo temblar la tierra bajos sus pies.
-Padre. – Menciono suavemente al tiempo que miraba hacia el dios progenitor de todos los dioses, sus cabellos lilas rodearon sus hombros y se revolvieron por la suave brisa que siguió a la descarga de semejante poder. Miro por primera vez a Zeus, era la primera vez que se veían ella y él, en el cuerpo de Saori.
-Athena. – Miro el rostro del dios más poderoso de todo el Olimpo, el dios de dioses, su semblante era tranquilo, casi parecía que el dios frente a ella conocía a la perfección sus intenciones. Vio que los ojos azules de Zeus se fijaron detrás de ella.
-¡Athena! – Shun llego corriendo, pero ella alzo su mano para indicarle que no se acercara más y detuviera su andar. El peli verde se paró en seco y miro al dios frente a la peli lila al instante supo que Zeus estaba frente a su diosa, no supo qué hacer así que regreso su mirada a Athena que permanecía arrodillada frente al otro dios.
-Shun, retírate por favor. – Miro a Shun fijamente, este permaneció unos segundos absorto en sus pensamientos hasta que se retiro, dejando a los dos dioses solos. Athena se levanto y alzo su mano, aun lado de ella apareció Nike una aura dorada parecida a la que rodeaba al otro dios la rodeo a ella cálidamente.
-Veo que Hades y tu siguen renaciendo uno cerca del otro, en la antigua guerra santa era tu hermano, ahora es tu caballero. – Zeus analizo profundamente al caballero que se retiraba por donde había llegado, siempre Hades elegía a la persona más noble, humilde y pura para arrastrarlo al mal y poder demostrar como la crueldad y la maldad podían corromper hasta a la persona más inocente.
-Intento detener que el mal surja dentro de él. – Saori miro al peli verde que se perdía dentro de la sala patriarcal sin dejarla de mirar hasta que ya no pudo ver ni escuchar las pisadas del santo, Zeus volvió a llamar su atención y esta vez chocaron sus ojos azul celeste contra azul celeste intentando averiguar lo que el otro pensaba, examinándose.
-¿Qué intentas hacer? – Menciono el dios fríamente, se aproximo a ella y acaricio su rostro, Athena cerró los ojos ante la caricia de su padre, pero no fue porque le fuera placentero aquella muestra de afecto, sabía que entre los dioses no había sentimientos, si no porque pensó que las intenciones del otro dios eran más agresivas y ante aquel contacto se dio cuenta de que el dios de dioses venia a todo lo contrario.
-Voy a revivir a mis santos. – Observo los orbes azules de su padre al tiempo que su ceño se arrugaba y la miraba fijamente. – Les otorgare la vida que les fue arrebatada por las injusticias de los demás dioses.
-¿Y como harás eso? – Pregunto el dios caminando hacia el filo del suelo del santuario, el dios contemplo el santuario y miro mas allá de él, miro la tierra, tenia uno o dos siglos que no la había pisado, sabía que desde hacía mucho tiempo no había ningún interés en ella, ni nada que lo asombrara, hacia mucho que los humanos habían perdido la fuerza de su corazón, la fe y la esperanza en el amor, que habían perdido toda la magia que le impresionaba de vez en cuando y que le demostraba su debilidad a él y a los otros dioses. Fue por ello que cuando lo santos dorados de su hija destruyeron el muro de los lamentos creyó encontrar esa fuerza dentro de esos jóvenes, pero sus otros hijos y dioses temieron y condenaron las almas de aquellos santos al tormento más cruel.
-Con mi cosmos, lo hare arder por ellos padre. – Athena se acerco al otro dios y distinguió una mirada llena de melancolía en sus ojos. – La tierra sigue siendo la misma y necesita otra oportunidad.
-Solo que ha perdido todo, ya no queda nada de lo que solía ser. – Zeus miro a su hija fijamente, sabía que Athena era una diosa capaz de valerse por sí misma, se lo había demostrado desde su primera encarnación en un humano donde había luchado fieramente por la tierra contra Hades. - ¿Sabes las consecuencias de tus actos?
-Soy la diosa de la sabiduría, lo sé; pero también soy una diosa guerrera y podre afrontar cualquier consecuencia de mis acciones. –
-Muchos dioses odian a tus guerreros, lo sabes. –
-Es un odio injustificado, pero lo que ellos piensen no me importa pero ¿Y tú? – Athena desapareció a Nike y coloco su mano sobre el otro dios, mirándolo a los ojos, sabía perfectamente que ella era la consentida de Zeus, pudo haber otorgado el dominio de la tierra a Poseidón, pero se lo dio a ella, por el amor que le profesaba a los humanos.
-¿Recuerdas de donde viene tu gusto por los humanos? – Saori intento recordar pero aun muchas de sus vivencias pasadas estaban perdidas en su mente, en la era mitológica solo recordaba su decisión ante los otros dioses y su encarnación por primera vez. – Los odiabas, eras como la mayoría de nosotros, no te interesaban en lo absoluto, eras indiferente a ellos Athena, ignorabas sus plegarias y vivías en el Olimpo junto a tus hermanos.
-No lo recuerdo. – Confeso Saori, pero en el momento que el otro dios la miro un flashback se vislumbro ante su conciencia, sabía que lo que el otro dios decía era la verdad y se sintió apenada por su comportamiento en aquella época.
-La primera vez que te traje a ver sus artes, sus ciencias, su vida desperté tu interés sobre ellos, pero cuando Ares mato a un campesino frente a ti y tú lo golpeaste con Nike, supe que darías todo por ellos. – Zeus separo la mano de la de la diosa de la sabiduría y camino hacia el lugar donde había aparecido. – No los odio, pero hace mucho que no queda nada en ellos, Athena.
-Son especiales para y mis santos lo son aun más. No quiero ir contra tus órdenes ni contra la voluntad de los dioses pero les traeré de vuelta a la vida. – Athena fijo sus zafiros en los ojos del otro dios. – Si ellos no hubieran atentado contra la humanidad nada de lo que ocurrió en el inframundo o el palacio submarino hubiera pasado. Mis santos no levantan su mano injustificadamente contra los dioses pero ¿Podemos decir lo mismo de nuestros semejantes?
Zeus creo tres esferas en el aire y cada una de ellas se situó en diferentes escenarios. – Soy el dios del Olimpo no intervendré en luchas entre ustedes, estoy cansado de las peleas pero al final son el único medio que ustedes tienen para conseguir la paz. A lo que he venido Athena es a advertirte.
-¿Sobre qué? – La primera imagen era el inframundo, la segunda esfera era el palacio submarino y la tercera reconocía el Olimpo como la última vez que había estado parada en él.
-Tus acciones hija han tenido una repercusión, el destruir la piedra sagrada solo ha enojado a los otros dioses, que solo buscaban un pretexto para atacarte, no solo han sufrido los humanos Athena has hecho sufrir a tus semejantes. – Zeus miro a su hija, sabía que dentro de aquella mortal estaba encerrada su pequeña Athena mirándolo fijamente con unos ojos que solo expresarían recriminación ante la injusticia de las acciones de los olímpicos hacia los humanos. – Persefore, Hera, Anfitrite, Afrodita todas ellas molestas por tus batallas contra los otros dioses, el haber encerrado las almas de Ares y Poseidón, el haber dañado el cuerpo de Hades.
-Hades fue destruido.- Corrigió la diosa de la sabiduría.
-Por más que lo intentes Athena, jamás podrás destruir el cuerpo de uno de nosotros, Persefore vino a mí para que lo salvara, es mi hermano.-
-¡Yo soy tu hija! ¡Jamás he visto tu mano ayudándome, en las guerras que he enfrentado para salvar lo más importante de la creación! ¡No he visto a ningún dios, ayudándome a salvarlos! – Comenzó a recriminarle, el odio creció en ella y por unos segundos sintió un desprecio enorme ante sus semejantes. – Yo no busque el pelear contra Hades, Poseidón o contra Ares, yo solo defendí lo que les plante muy en claro desde la era mitológica que no permitiría más actos atroces contra ellos.
-Basta Athena a un no he terminado de contarte lo peor, ellas se niegan a establecer tregua contigo, exigen que pagues por tus actos y te amenazan que si revives a algunos de tus santos ellas harán lo propio con los guardianes de sus reinos, solo para destruirlos de nuevo y a ti con ellos. – Zeus se detuvo para mirar la reacción de Athena volvió aparecer Nike a su lado mientras la rodeaba una onda dorada y su cosmos se tornaba agresivo.
-Padre, no me importa si todo el Olimpo se vuelve contra mí, reviviré a mis santos a pesar del precio que yo tenga que pagar ante los otros dioses, pero no permitiré que actos como los de Poseidón o Ares pasen impunes ante mí, soy la diosa de la tierra y voy a protegerla aun cuando mi existencia como mortal o diosa termine. – Nike brillo con intensidad frente al otro dios, el oji azul miro los ojos de su hija llenos de determinación retrocedió hasta el lugar por el que había venido. –Ellos atentaron contra mis dominios y los hare pagar.
-Entonces Athena que así sea. –Zeus elevo su brazo y un potente rayo cayó desde el cielo iluminando todo a su alrededor, la diosa de la guerra no despejo los ojos de su padre hasta que el desapareció, una vez que la ultima estela del rayo se esfumo, se dejo caer de rodillas y detuvo su caída con sus brazos al tiempo que sus cabellos lilas resbalaban por sus hombros.
¿Por qué? ¿Por qué se empeñaban los dioses en destruir a los humanos? ¿Por qué se oponían a que sus santos revivieran? Ellos no habían hecho otra cosa, más que defenderse de ataques injustos y atroces provenientes de los dioses que debían protegerlos y atender a sus plegarias. Pero desde la era mitológica el egoísmo y el orgullo habían segado a sus semejantes quienes se habían empeñado en intentar destruir a aquellos que los adoraban.
-Athena. – Escucho que la llamo Hyoga a su lado venia Shun, se incorporo con ayuda de Nike y miro fijamente a sus santos. – Les traeremos de vuelta a pesar de las consecuencias que ello implique.
…
Hyoga, Shun e Ikki trajeron los cuerpos de los santos dorados y el patriarca junto con Kiki no habían tenido ningún problema en el santuario de Apolo para poder recuperarlos, ella lo sabía, los otros dioses no actuarían hasta que ella hubiera terminado por revivir a todos los santos caídos, así que no perdería el tiempo.
Apretó a Nike con su mano izquierda y elevo su cosmos emanando un suave y cálido calor alrededor de ella mientras un halo de color dorado blanquecino la rodeaba y comenzaba a extenderse su larga cabellera que ondeaba tranquilamente alrededor de ella, pero de pronto una mano la detuvo y se posiciono en su hombro, disminuyo su cosmos abruptamente.
-Athena ¿Estás segura de lo que vas a hacer? – Marin la miro a los ojos preocupada ya no solo por las posibles consecuencias de revivirlos, si no, que el uso en extremos del cosmos de su diosa la llevara a la muerte, ella asistió tranquila por lo que la pelirroja la soltó.
-Athena si me permites sugerirte algo. – Comenzó Shaina acercándose hasta ella. – Deberías revivirlos en partes, me refiero a que primero deberías traer a la vida a Shion y Dokho, ellos podrían ayudarte con los otros dorados.
-Tienes razón Shaina, gracias. – Athena volvió a concentrarse en los dos santos mencionados, apretó una vez más a Nike entre sus manos y elevo su cosmos al máximo, lo hizo arder hasta el límite, el halo color dorado que emanaba de ella se torno cada vez mas blanco al grado que segó a los presentes, la sala principal comenzó a temblar suavemente ante el poder de la diosa de la sabiduría y la guerra justa, levanto un poco a Nike y lo apunto hacia Shion dejando salir un disparo cargado del cosmos de la diosa y luego repitió lo mismo con el maestro de Libra, persistió expandiendo su cosmos por toda la habitación hasta que sintió el leve cosmos de los santos frente a ella. – Por favor todos salgan. – Espero que la puerta se cerrara tras ella para continuar con su misión, sus santos de bronce habían cumplido con su parte ahora a ella le tocaba cumplir con la suya.
Detuvo por completo el flujo de su cosmos y se aproximo rápidamente hasta ellos, se arrodillo entre ambos santos que le habían servido durante siglos y coloco cada mano en el pecho de los santos legendarios, comenzó de nuevo a elevar su cosmos para sanar sus cuerpos y asegurar que sus almas estuvieran en el cuerpo correspondiente, cuando sintió el suave latido del corazón de Shion se esforzó aun más en traer a Dokho hasta que lo sintió latir con fervor.
-Athena. – Mencionaron los dos sorprendidos. Shion se incorporo lentamente aun permaneciendo sentado, a su lado Dokho levanto sus manos y las coloco frente a sus ojos mirandolas detenidamente por todos lados.
-¿Cómo? – Pregunto Shion, dirigió su mirada hacia los cuerpos de los otros santos que aun permanecían cubiertos por las delicadas mantas. Dokho se levanto de golpe, pero se detuvo al sentir un mareo que le provoco nauseas.
-Eso ahora no importa Shion. – El peli verde la observo por primera vez en su vida, orgulloso de volver a conocer a Athena en otro cuerpo mortal, ahora en Saori como anterior lo había hecho con Sasha. Se arrodillo y Dokho lo imito, la peli lila se acerco a ambos un poco débil y pálida y acaricio el rostro de ambos guerreros.
-Estoy muy agradecida con ustedes dos, han hecho tanto por mi y por el santuario, que no tengo forma de pagárselos, han peleado innumerables veces en mi nombre y han sufrido más veces de las que puedo imaginar, Dokho, Shion … - Saori se arrodillo frente a ellos que permanecían estupefactos por encontrarse de nuevo con vida y frente a su diosa. – Se que los dos han sospechado de lo que hago, lo sé, son los santos que mejor me conocen.
-¿Por qué? – Dokho hablo por primera vez mirando a su amigo.
-Quiero darles una oportunidad a todos, pero para ello ocupo su ayuda con los demás. – Saori dirigió su vista a los otros santos aun recostados en el suelo sin vida. –Se que el rencor y odio creció en sus corazones, pero para unificar a mi orden necesito que ustedes vuelvan a ser un ejemplo para ellos. Dokho, Shion ¿Me ayudaran?
-Nuestras vidas le pertenecen. – Shion asistió al lado de Dokho, Athena abrazo a ambos santos por el cuello, lo que hizo que ambos se ruborizaran y volvieran a sentir lo que era estar vivos. – Pero Athena esto no le traerá consecuencias.
-Si la vida de usted peligra por nuestra causa jamás nos lo perdonaríamos. – Dokho miro intrigado a Shion ante el silencio de Saori quien se levanto y los invito a hacer lo propio.
-Ustedes han corrido muchos peligros por mí, ahora déjenme correrlos por ustedes. – Menciono con determinación estirando su mano y tomando a Nike.
-Pero Athena. .. – Dokho reprocho pero Shion permaneció en silencio si algo había aprendido durante sus años de patriarca era que los deseos de los dioses pocas veces cedían.
-Dokho entiendo tu preocupación, pero todo saldrá bien, te lo prometo. – Athena dejo a los otros dos santos detrás de ella y repito el proceso solo que esta vez utilizo mas cosmos que la vez pasada, cubrió los cuerpos de sus santos con la calidez de su energía que emanaba de ella, arrancándole vida para dárselas a ellos, flaqueo por un instante y cayó de rodillas, se esforzó un poco más pero su cosmos comenzó a disminuir en intensidad, pero de repente un cosmos de proveniente de otra persona la rodeo a ella misma, un cosmos tan poderoso que el mismo Cronos le había temió.
Zeus comenzó a restablecer el cosmos de su hija desde la distancia al tiempo que ayudaba a revivir a aquellos humanos que eran capaces de matar hasta a un dios, pero él les debía una a esos jóvenes, si en aquel entonces los titanes se hubieran librado del tártaro junto a Cronos, el Olimpo hubiera estado en graves problemas, así que había decidido pagar su deuda hacia su hija y hacia sus guerreros.
La energía de ambas deidades rodeo a los cuerpos que permanecían inertes al principio solo los cuerpos recobraron sus vidas, pero poco a poco la energía de ambos atrajo las almas de los santos a sus respectivos cuerpos, primero sintió el latido del corazón de cada uno de ellos y luego sintió el cosmos débilmente que iban cobrando vida y fuerza hasta llegar a establecerse por completo, la energía de Zeus cedió y luego Athena disminuyo su cosmos, se recargo sobre sus dos brazos mientras respiraba agitada, sus manos temblaban ligeramente y sentí un suave sudor recorrer su frente, su cabello caía alrededor de ella, sintió la mano de Shion posarse sobre su hombro mientras Dokho se agachaba a su lado buscando su mirada.
-Princesa ¿Se encuentra bien? – Ella asistió sonriéndoles, Dokho le respondió con una sonrisa pero Shion la miraba preocupado con el ceño fruncido, los tres dirigieron su mirada hacia los santos que aun estaban recostados en el suelo de mármol frio, pero para su sorpresa dos de ellos estaban incorporados mirándose sin comprender la situación.
-No puede ser posible. – Menciono Saga mirando en dirección de Athena y los otros dos.
-Athena ¿Por qué? – Aioros miro primero a Saga y después dirigió sus ojos hacia ellos totalmente confundido.
…
Continuara.
Agradezco enormemente a las personas que se dieron oportunidad y me dejaron un comentario la vez pasada.
¿Dudas? ¿Comentarios? Ya se los dejo así porque falta que despierten mis otros santos y se agarren del chongo jajaja, bueno se agradece que se tomen la molestia y me dejen un comentario de lo que les está pareciendo la historia, sin más cosas que decir, me despido.
Atte: ddmanzanita.
