He vuelto, esta vez el capitulo es un poco más largo, así que deseo que lo disfruten y comenten, que les pareció.

Capitulo 3. Despertares.

-No puede ser posible. – Menciono Saga mirando en dirección de Athena y los otros dos.

-Athena ¿Por qué? – Aioros miro primero a Saga y después dirigió sus ojos hacia ellos totalmente confundido.

Para Saga fue un impacto muy fuerte el ver a Aioros como un hombre de 27 años y no como un adolescente de 14 años de edad, que fue a la edad que murió sagitario. Dirigió su mirada interrogativa del santo de la novena casa hacia el trió y de ellos a sus compañeros que permanecían aun inconscientes pero que se veía claramente que estaban respirando, analizando por completo aquella escena.

-Aioros, Saga… - Dijo suavemente Athena, sintiendo poco a poco que las energías escapaban de su cuerpo. Sonrió hacia los dos presentes, al tiempo que su vista se nublo completamente y se desplomo, Shion se apresuro y la tomo en brazos, observo a Dokho preocupado, ambos no mencionaron ninguna palabra, pero el chino claramente entendió la mirada que el lemuriano le dirigió, llevaban años conociéndose, muchas palabras sobraban entre ellos.

-Aioros, acompáñame a llevar a Athena a su habitación. – Aioros miro una vez más la escena, empezando a darse a la idea que se encontraba vivo después de tanto tiempo, se incorporo torpemente y camino hacia el chino que llevaba a la pelilila en brazos, que era aquella bebe que él había salvado hacia tantos años. Ambos se dirigieron a la salida de el salón principal, por una puerta secreta que Aioros jamás había visto pero que Dokho conocía a la perfección gracias a Kardia de escorpio le había enseñado, cuando huía con Sasha del santuario.

Shion miro fijamente al peli azul mayor que se quedo frente a él y se encontraba aun de pie, a pesar del semblante de indiferencia que opto el géminis mayor, el patriarca supo lo que le había preocupado desde que recupero la conciencia, el tener a Aioros frente a él, había sido un golpe duro para el santo. Conocía a Saga desde que era un bebe, el lo había criado y a pesar de todo lo que fingiera, él sabía perfectamente las preocupaciones del santo dorado de géminis.

-Saga – El aludido se acerco lentamente al mayor. – Ve a tu templo, ya abra ocasión para hablar sobre esto, por el momento es prioridad que nuestra diosa se recupere y nosotros podamos adaptarnos a esta nueva vida. – Sin más palabras Shion se hizo a un lado dejando libre el paso hacia la puerta que conducía hacia las doce casas. Cuando Saga paso a su lado vio un dejo de tristeza en la mirada de este, si él hubiera podido haber evitado el sufrimiento de géminis hubiera dado su alma hasta al mismo Ares.

Casi al tiempo que el mayor de los gemelos tocaba las escaleras de piscis, despertaron abruptamente Kanon, Milo, Afrodita, Aldebaran y Mu en ese orden, primero se miraron entre ellos, algunos sentados, otros se habían levantado al comprender la situación y algunos como el santo de las rosas continuaba recostado en el frio mármol intentando comprender la situación. Shion emitió un ruido con la garganta para que le prestaran atención, a pesar de haber despertado ninguno emitía palabra y solo se miraban entre ellos en un silencio incomodo.

-Maestro. – Tartamudo Mu, que intentaba comprender la situación de su vuelta a la vida, porque estaba seguro que no era el inframundo ni el lugar donde los dioses olímpicos los habían castigado. - ¿Dónde está Athena?

-Mu, Athena nos ha brindado una oportunidad más de vida, para que encontremos la paz que no tuvimos durante la época previa a la guerra santa, ella ha quedado debilitada por la cantidad de cosmos utilizado para revivirnos, por ello les pido que se dirijan a sus templos hasta nuevo aviso, ya abra tiempo para hablar y resolver sus dudas. – Shion con esto no solo los mando directo a sus templos en silencio si no que también les advirtió que no quería ninguna disputa en lo que la diosa despertaba y les aclarara aquella situación, que ni siquiera Shion terminaba de comprender.

Mu y Kanon fueron los primeros en encaminarse hacia la puerta, Afrodita y Aldebaran les siguieron en silencio mientras Milo emitía un gruñido claramente inconforme al observar a los santos que aun faltaban por despertar que en su opinión algunos de ellos no se merecían aquella nueva oportunidad, principalmente aquellos que a su criterio habían traicionado a Athena.

-Sin peleas Milo. – Aclaro Shion al peli azul, dudaba mucho que no fueran a presentarse en tiempos posteriores pero intentaría evitarlos. Shion reconocía que la generación de santos dorados había sido muy golpeada y mermada tanto físicamente como psicológica por las guerras internas del santuario, habían afectado de sobre manera a esa pequeña familia, de forma que separa hasta las amistades más cercanas y fragmento la posible hermandad entre ellos, que aun Shion siendo el sumo sacerdote no llegaba a entender por completo, debido a que la mayoría de las enemistades de la orden eran por malentendidos y habían ocurrido posterior a su muerte, pero lo que le relataron Saga, Camus, Shura, Mascara y Afrodita antes de llegar al santuario en la guerra contra Hades, le había dado un panorama no completo, pero si especifico de los errores tanto cometidos por ellos, como de sus compañeros.

-¿Patriarca? – El español se incorporo mirando frente a él, a los santos que aun permanecían inconscientes, cuando miro al castaño de leo despertar sintió un escalofrió recorrer su espalda, pero agradeció de sobre manera que este aun se encontrara confundido.

-Shura, Aioria. – Del resto ellos dos tenían que despertar juntos, Shion miro exasperado la situación que se avecinaba esperando que algún otro despertara pero no ocurría mientras los santos cada vez se miraban mas entre ellos y miraban a un patriarca inseguro de correrlos.

-¡Camus! – Menciono con alegría el peli verde al ver que el mago de los hielos despertaba, pero su alegría se calmo al recordar que el santo de la onceava casa también había luchado contra el león dorado lo que posiblemente también ocurriría una fricción entre ellos. -Aioria, quédate unos momentos aquí, tengo algo que decirte. –Shura ayudo a incorporarse al francés quien examino la situación a su alrededor, no vio a Milo por lo que supuso que ya había despertado pero su corazón dio un vuelco al ver a Shaka y la vergüenza se apodero de ambos vecinos. – Shura, Camus vayan a sus templos y permanezcan ahí hasta una nueva orden, los detalles se les darán a conocer después.

-Sí, patriarca. – Menciono el francés saliendo de la habitación mientras pasaba a un lado de Aioria y Shura por el otro, a ninguno de los dos se les paso desapercibido que el león apretaba los puños.

-Aioria. – Dijo Shion una vez que vio salir a los dos vecinos. – Aioros ha revivido, pero…

-¡Aioros! ¿Dónde está? – Pregunto el león emocionado interrumpiéndolo.

-Escúchame. – Demando el mayor mientras el otro cerraba la boca y guardaba la compostura que había perdido. – Si, tienes que tomártelo con calma y darle su espacio, recuerda que es la primera vez que Aioros vuelve a la vida, desde que tenía 14 años, me refiero a que es su primera vez que tiene una oportunidad de vivir plenamente. –

-Lo entiendo, patriarca. –

-Pues bien ahora que lo entiendes, regresa a leo y al igual que les dije a los otros, permanece ahí hasta nueva orden. – El león asistió y camino hacia la puerta pero Shion lo detuvo del brazo y lo miro de reojo. – Sin crear conflictos.

-Eso intentare. – Respondió antes de desaparecer.

Shaka despertó y cuando apenas se levantaba Mascara abrió los ojos mirando al rubio quien extendió un brazo hacia él para ayudarlo a incorporarse, una vez los dos de pie, tanto el hindu como el italiano observaron a Shion, quien se encontraba recargado en una puerta.

-Son los últimos en despertar, sus compañeros se encuentran en sus casas correspondientes, por primera vez en muchos años las 12 casas tienen a sus guardianes. –

-¿Las doce? – Cuestiono Mascara de la muerte, alzando ambas cejas.

- Aioros está vivo como nosotros. – Afirmo Shaka al reconocer el cosmos del sagita en la habitación de Athena.

-Así es, caballeros por lo mismo que sus guardianes están en sus respectivos templos, les ordeno permanecer en el propio, evitando cualquier conflicto o pelea con sus compañeros de armas, hasta que nuestra diosa Athena y quien nos ha otorgado esta nueva vida despierte y nos explique nuestro propósito en esta nueva oportunidad. – Volvió a repetir Shion, quien ya se había desacostumbrado a ser el patriarca.

-Sí, maestro. – Menciono Shaka, quien con una leve inclinación de cabeza se despidió del ex caballero de Aries y salió seguido de Mascara de la muerte, cuando al fin la sala quedo vacía Shion suspiro cansado de tan solo imaginarse los posibles conflictos que se avecinaban, mientras se dirigía hacia la habitación donde Athena descansaba y seguramente Dokho retenía a Aioros con pretextos.

Cuando se aproximo al pasillo confirmo su teoría al escuchar a libra hablar animadamente fuera del cuarto de Athena, camino con tranquilidad, los años no pasaban en vano y le habían enseñado al mayor que debía ir despacio. Dokho le sonrió aliviado al verlo aparecer, lo que hizo girarse a Aioros.

-¡Shion! –

-¿Cómo está Athena? – Pregunto mirando hacia dentro de la habitación, donde su diosa permanecía aun inconsciente recostada sobre su cama, respirando débilmente.

-Solo se ha desmayado, ha utilizado mucho cosmos, Shion. – Menciono el ex anciano de libra, Aioros miraba de uno a otro confundido. -¿No se han matado?

-¿Quiénes? – Intervino Aioros, quien se extraño al oír su voz un poco más varonil. Cuando entro a la habitación de su diosa estuvo a punto de morir de nuevo a causa del mini infarto que le paso al verse en un espejo, como un joven de 27 años.

-Tus compañeros de armas, quienes fingieron en el muro de los lamentos una gran amistad frente a ti. – Repuso Dokho, recordando los sentimientos del momento, era obvio que todos no se esperaban volver a la vida, por lo que lo ocurrido en el muro era una despedida definitiva entre ellos. O al menos eso había pensado.

-No, creo que aun los 11 siguen vivos, los he mandado directo a sus casas, con la orden de que no salgan hasta nuevo aviso. – Sus ojos chocaron directamente con los de Aioros, lo tomo por el hombro y lo palmeo paternalmente. – Aioros, tus compañeros han pasado por muchas cosas desde tu ausencia, cosas graves, que ha creado enemistad entre ellos y muchos conflictos que aun después de la muerte no se han solucionado, aun cuando se apoyaron en el muro de los lamentos en un gesto de la camaradería que no se tuvieron en años, ellos no han perdonado sus faltas ni las de los otros.

-¿Qué paso? – Pregunto angustiado el caballero de sagita, pero encontró melancolía en los ojos purpúreos de Shion, busco respuestas en Dokho pero en estos solo vio la misma tristeza que expresaba su compañero de armas.

-Ellos son una generación muy desunida. – Comento Dokho mirando hacia Athena y luego a Shion. – Me atrevo a afirmar que no existe ninguna amistad entre ellos.

-¿Tan grave fue? –

-La traición apareció más de una vez entre los doce. – Shion miro que la sonrisa que Aioros había expresado hacia unos momentos comenzaba a desaparecer de su rostro y en su lugar dejaba solo una frente arrugada llena de preocupación. – Después te explicaremos lo que ha ocurrido en tu ausencia, pero Aioros confió aun en ti, para que puedas unir a la orden.

-Patriarca, Aioria ¿Él traiciono a Athena? –

-No. – Menciono seriamente el lemuriano. – Ahora Dokho, Aioros vayan hacia sus templos y esperen mi orden.

-¿Quiénes? – Pregunto Aioros, Dokho lo tomo del hombro indicándole que tenían que retirarse, pero tanto el patriarca como el maestro de libra no pudieron contra la mirada suplicante del santo de la novena casa, que demandaba saber quiénes habían traicionado a su diosa.

-Afrodita de piscis, Mascara de la muerte de cáncer, Camus de acuario, Shura de capricornio…- Al mencionar esto la cara de Aioros se desfiguro por completo, sabía que los dos primeros tenían un sentido de justicia muy duro, al santo de acuario a penas lo conocía, pero ¿Shura? Le estaba diciendo que el santo más leal que conocía había traicionado a Athena. – Saga de géminis y yo. – Y lo último fue como un cubo de agua helada sobre el santo.

-¡¿Qué?! – Exclamo alarmado Aioros mirando angustiado a Dokho, si Shura era para él casi imposible de creer, que Shion, el mismo patriarca hubiera traicionado a Athena lo desconcertó por completo. – Patriarca ¿Qué paso?

-Fue la única forma que tuvieron, para poder entregarle la armadura a Athena. – Defendió inmediatamente Dokho a su amigo, que había permanecido callado. – Solo el patriarca conocía el paradero de la armadura y como Shion murió, no había forma de haberlo sabido, si él no hubiera fingido lealtad a Hades junto con los demás santos de oro, Athena posiblemente no hubiera ganado la guerra.

-Ya te lo explicaremos después Aioros. – Menciono apenado Shion. – Lo más oportuno es que regresen a sus templos.

-¿Yo también? – Dijo Dokho apuntándose con un dedo como niño regañado, Shion lo miro exasperado y el chino sonrió burlón. – Esta bien.

Se encontraba muy cansada cuando apenas pudo observar a Saga y Aioros, su cuerpo se sentía muy débil por lo que no le sorprendió desmayarse al sentir que el poder que Zeus mantenía sobre ella se retiro, sabía que solo su padre le había dado soporte para realizar aquella acción y cuando su cosmos dejo de tener influencia sobre ella sintió los verdaderos estragos del cansancio y la fatiga.

Abrió sus parpados que mostraron unos intensos ojos azules al recuperar lentamente el conocimiento, se encontró recostada en su habitación, las ventanas que daban hacia el balcón dejaban entrar una suave brisa hacia su cuarto, se incorporo con sus codos y descubrió que estaba sola, se sentó en la cama y soporto una mareo que estuvo a punto de hacerla caer hacia el suelo, apretó las sabanas para tener de donde apoyarse si llegaba a caer.

-Veo que has despertado. – Shion abrió la puerta de la habitación, en sus manos el patriarca llevaba una bandeja con comida que depósito en una mesa cercana a la cama y miro directamente a Saori Kido quien fingía una sonrisa para esconder su malestar. - ¿Cómo se siente?

-Perfectamente. – No mintió del todo, se sentía muy bien de haber contemplado con vida a Aioros y Saga, sabía que su felicidad aumentaría al ver a los demás santos dorados y dentro de poco a toda su orden. -¿Dónde están?

-En las 12 casas. – Respondió Shion estirando su brazo amablemente para que Athena lo tomara, quien se apoyo en él y se puso de pie, se balanceo un poco pero la oportuna intervención de la otra mano del patriarca que coloco en su espalda la ayudo a equilibrarse, sonrió avergonzada ante la mirada de reproche de su santo mas allegado. – Aun se encuentra débil.

-Pero feliz. – Repuso ella rápidamente lo que hizo sonreír a Shion por unos segundos. – ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?

-Dos días. – Contesto el mayor, Shion la ayudo a sentarse a la mesa, mientras Athena asistía en silencio.

¡Dos días! Era mucho tiempo para aquel entonces imaginaba a los santos dorados encerrados como leones furiosos deseosos de información acerca de su vuelta a la vida, pero al menos tuvieron tiempo de darse a la idea que estaban de nuevo vivos, todos juntos, con una nueva oportunidad para remendar los errores del pasado.

-Bien. – Menciono complacida. - ¿No ha pasado nada verdad?

-No. – Respondió el patriarca al darse cuenta hacia a que se refería Athena.

-Bien. – Shion se aproximo a la puerta para darle privacidad a su diosa, pero Saori lo llamo una vez más antes de retirarse. – Shion, diles que hoy cenare con ellos por favor, quiero ver a los trece caballeros dorados y a ti, es muy importante que todos asistan.

-Como usted ordene. – Para aquel entonces, Shion sabía que todos habían sentido el cosmos de la diosa recuperarse poco a poco, por lo que la orden seria solo una confirmación para dar el siguiente paso.

Decir que los dorados se encontraban como leones era poco, no solo por no saber cómo se encontraba la salud de Athena a quien la mayoría no habían visto desde que despertaron, pero se encontraban felices de comprobar que al menos los santos de bronce habían logrado vencer a Hades. Pero a pesar de toda la felicidad que les había traído la noticia, el verse de nuevo con vida solo los había llenado de intriga y ocasiono que la tensión aumentara en las doce casas, a tal nivel que tanto los caballeros de bronce, como las amazonas lo sabían pues ninguno de ellos se habían aproximado al sentir a los dorados volver a la vida, pues sabían que estarían sobre una gran tensión.

Si en ocasiones pasadas con solo 6 guardianes las doce casas mantenían momentos de enorme incomodidad y agresividad entre ellas, ahora que se encontraban 13 de ellos vivos, sin un motivo aparente, más que el saldar cuentas entre ellos aumentaba la tensión entre los habitantes del todo el santuario, principalmente para Dokho pues la casa de libra se encontraba en un punto medio donde ataques de gran escala podrían pasar si el resto decidía ponerse a pelear.

Para Mu de Aries, aquellos dos días había intentado comprender a Athena sobre el motivo y las posibles consecuencias que aquello le traería. No se encontraba en lo absoluto incomodo por la vuelta de algunos de sus compañeros pero si sabía que entre ellos abría muchos conflictos en el futuro.

De todos los santos dorados a excepción de Aioros, que no sabía casi nada de lo ocurrido, Mu era uno de los que mejor había entendido los conflictos políticos e internos entre los dorados antes y durante la guerra de Hades. Por lo que había comprendido a la perfección el desempeño de sus compañeros que fingieron ser leales a Hades, con tal de lograr que Athena tuviera su armadura, olvidándose de su orgullo como caballeros de oro, pues Aries era uno que había visto a las almas de Shura, Camus y Saga llorar sangre por atacar a las 12 casas.

Por otro lado estaba Kiki había elevado su cosmos para buscar el de su pequeño alumno, pero no lo encontró dentro del santuario, por lo que Mu se preocupo profundamente por ello, fue el primero en pensar salir de la primera casa, pero su prudencia pudo más y permaneció a la entrada de la casa. Athena y los chicos de bronce no permitirían que a Kiki le hubiera pasado algo. Así que dirigió una mirada más hacia el coliseo y entro a la parte privada del templo.

….

Cuando Aldebaran recibió la noticia vía cosmos del patriarca, se encontraba sentando en la cocina de su templo en silencio, desde que había despertado solo una pregunta rondaba su mente y era ¿Qué haría ahora? No tenia que prepararse para luchar contra Hades, tampoco tenía algún conflicto que resolver con sus compañeros, el era una de las personas más pasivas y comprensibles del santuario, pero cuando la idea salto a su cabeza que su misión era forjar una relación de amistad con los otros guardianes se horrorizo, ¿Cómo diablos se relacionaría con ellos? Si más de la mitad de ellos estaban locos o a punto de volverse, lo que lo hizo reír a carcajadas por los nervios.

Kanon se mantenía dentro de una de las habitaciones de géminis, le había preguntado al patriarca si la orden también era para él, pero la respuesta era obvia, el si junto con la larga explicación de que era el santo de géminis con Saga no se hizo esperar por mucho. Por lo que al verse encerrado y sin poder salir, se mantuvo alejado de su hermano quien se encontraba fingiendo indiferencia hacia todo como era su costumbre, Kanon sabía que de un momento a otro ambos tendrían que recriminarse los errores cometidos después de la muerte de Shion hasta la batalla con Hades, por lo que opto mejor dejar en paz al otro gemelo que ya tenía más de la mitad de la orden que quería lincharlo por sus traiciones que ya eran numerosas y no solo eso tenían que lidiar con un Aioros de 27 años; Kanon resoplo sus flequillos molesto, desde que recordaba el sagita y el casi nunca podían llevarse bien y en parte era porque no le gustaba compartir a Saga con él, Kanon jamás le pidió a Aioria ni nada por el estilo.

El santo de géminis escuchaba atento cualquier sonido que pudiera provenir de la cueva donde su hermano se encontraba, por lo que permanecía en el salón principal de la casa de Géminis, estaba situado justo en medio contemplando la armadura de géminis, principalmente su casco. Dos caras, dos personalidades, luz y oscuridad. ¿Cuál era él?

Pensó en cómo podría hablar con Aioros, pero ninguna de las posibilidades pensara llegaba a complacerlo por completo, él podía ser indiferente con cualquier persona, a excepción de tres personas Shion, Kanon y Aioros, por lo que cuando se enfrentara frente a frente a este último no podría fingir que no había ocurrido nada y ni podría mentir acerca de su relación con los otros dorados, donde la mayoría querían matarlo, principalmente el hermano menor de Aioros.

Por otro lado estaba Kanon que se había atrincherado en su habitación y que solo salía para comer o cuando él se metía a bañar, sabía que su gemelo posiblemente estuviera molesto por lo ocurrido en la guerra contra Hades y el pasado y aquello era una forma de evitar un conflicto que destruiría la casa de géminis y tal vez tauro o cáncer, por lo que dejaría que el tiempo pasara, no podría convencer a todos de su bondad tampoco le importaba mucho, pero si tenía planeado enfrentar en un futuro al sagita, tarde que temprano tendría que hacer lo propio con su hermano, pues sabía que Aioros y Kanon era el primer paso para comenzar aquella vida.

Mascara se encontraba recostado mirando el techo de su templo, cuando Shion le ordeno dirigirse al templo patriarcal, resoplo fuertemente, no se imaginaba queriendo establecer amistad con los demás santos dorados, no podía y tampoco le era mucho de su agrado, a aquellas alturas de su vida era uno de los peores santos dorados, se levanto de su cama y se dirigió hacia la salida de su templo, miro a leo un poco más arriba y salió a paso lento hacia allá.

Aioria no podía contenerse mas, moría por ir a sagitario y reconcentrarse con Aioros, tener largas conversaciones con él, tantas como no había tenido aquellos años donde su hermano había permanecido muerto y una vez cumplido aquella misión se encargaría de saldar cuentas con todos aquellos que se hacían llamar santos dorados y que por la gran misericordia de Athena habían vuelto a la vida, a pesar de sus traiciones, principalmente con Saga y Shura, no se preocupaba por Camus pues sabía que escorpio pensaba exactamente lo mismo que él por lo que el peliazul se encargaría del francés, por otra parte estaban Mascara y Afrodita que también tenían muchas deudas que saldar con ellos dos.

El corazón del santo de leo antes de estar cargado de felicidad exhalaba odio y rencor por años de sufrimiento a causa de solo un autor intelectual: Saga.

Shaka se encontraba en la parte del templo de virgo meditando, después de haber servido a Athena y que ella les volviera a revivir para solo darles una vida tranquila, le causaba gran conflicto debido a que, Shaka no había entrenado para convivir con las cosas cotidianas de la vida, se había aislado del mundo por tanto tiempo que ahora que la orden era vivir la vida, no sabía exactamente cómo hacerlo, ni por dónde empezar, así que hizo lo mejor que sabia para apaciguar su alma, meditar, hasta que la respuesta viniera a su mente; que ya había tardado bastante.

Dokho miraba los templos debajo de él, ¿Cuántos años llevaría de servicio desde que se alisto a las filas de Athena por primera vez? En aquel entonces era un santo de bronce junto con Shion, sonrió al recordar a su amigo, una de las buenas cosas de volver a estar vivo era estar junto con él, ya que le guardaba gran respeto y cariño a su par. Sonrió tristemente al ver a sus compañeros de orden distanciados, aquellos jóvenes estaban llenos de vergüenza, odio y rencor entre ellos pues Dokho dudaba que la palabra perdonar estuviera dentro del vocabulario de aquellos jóvenes, que eran igual de tercos a los santos de bronce.

La única forma para avanzar hacia un futuro era que llegaran a conseguir la paz y la tranquilidad, pero aquel alivio, necesitaba de la palabra prohibida "perdón" que curaría sus corazones dañados y cansados de tanta desgracia caída sobre ellos desde que eran apenas unos niños.

...

Caminaba en círculos observando la casa de acuario con resentimiento que hacia hervir su sangre, no le importaba nadie más que aquel santo que había traicionado su amistad, aquel en quien confió y que regreso solo para matar a su diosa, no podía perdonarlo, aquella acción tan cobarde y humillante que había tomado el francés en la guerra contra Hades; al realizar dos veces la exclamación de Athena que había destruido no solo a Shaka y la casa de virgo, si no también aquel respeto que profesaba al santo de la onceava casa, para él, aquello que quedaba era solo los residuos de un santo que en su tiempo había sido uno de los más nobles de los doce, pero que de él no quedaba absolutamente nada. Apretó los puños con furia y golpeo una de las paredes de la casa de escorpio que se agrieto, al impacto, al tiempo que comenzaba a subir las escaleras hacia el comedor.

Aioros miraba desde la entrada de sagitario todo el santuario con interés buscando las cosas que habían cambiado desde su muerte, la verdad es que no encontraba gran diferencia, pero aun así permanecía mirando como si fuera encontrar algo nuevo. Sonrió alegremente al sentir el cosmos de aquella niña a la que salvo, su corazón se había colmado de felicidad al verla por primera vez como toda una mujer y sabia que el sacrificio hacia valido la pena, Athena era una diosa que emanaba paz y esperanza.

Lo que se había planteado el castaño en cuanto Shion les permitiera salir era buscar a Aioria e intentar compensar el tiempo perdido y ayudarlo a curar todo ese odio y rencor que estaba creciendo dentro de su corazón.

El siguiente punto en el plan era Saga, si de algo se había percatado es que el gemelo mayor ocupaba desahogarse con alguien y el era perfecto para ayudar a su otro hermano en aquello, al tiempo que le pediría cuentas de lo ocurrido, Aioros no estaba preocupado por las traiciones que Saga pudo haber cometido pues si Athena lo había vuelto a la vida juntos a los demás era porque seguía siendo considerado un santo dorado.

Y después visitaría a Shura, pero lo que Aioros no sabía era la gran pena que encontraría en el corazón de su mejor amigo, una pena que primero se había teñido por orgullo y que después se envolvió completamente en vergüenza.

Shura miraba la salida de su templo recargado en una de las pilastras, no solo la vergüenza de sus acciones había destruido al orgulloso caballero dorado que solía ser, si no que pesaban fuertemente sobre él, impidiendo pensar en otra cosa. Un santo, si aun podía ser llamado así, que se había considerado el más leal a la diosa en el pasado, en la actualidad no era nada de aquello, había cometido grandes errores en el pasado, el primero y más grande de todos el haber estado a punto de matarla junto con Aioros, aquello era imperdonable y si no hubiera muerto en las doce casas nunca hubiera dejarlo de pensar.

Por otro lado estaba sus acciones cobardes y por demás humillantes de la guerra de Hades, no solo había traicionado al santuario y con ello a su diosa, si no también había matado a un compañero, con un arma que había sido prohibida por la propia diosa de la sabiduría desde la época del mito por ser un acto completo de cobardía, pero aun así, lo hizo, destruyendo la poca reputación que aun guardaba y para ponerle la cereza a su pastel, la volvió a repetir cuando su cuerpo estaba maltrecho y fatigado, pero nada de lo que ocurriera de ahí en adelante compensaría ver morir a Athena frente a sus ojos y permanecer arrodillado, sin hacer nada, dejando que la vida escapara de aquel cuerpo, aquello había terminado no solo de destrozar su orgullo si no también la alma del caballero de capricornio.

Camus no se encontraba en mejor situación que la de capricornio, reconocía la vergüenza, la culpa y su cobardía durante la batalla contra Hades, pero si volviera a ocurrir y fuera el único medio para ayudar a Athena, lo haría sin dudarlo. No importaba lo que ello implicara.

Pero si había algo que lo atormentara tremendamente, era que escorpio no se hubiera dado cuenta de sus verdaderas acciones y que le hubiera considerado un sucio traidor, destruyendo la amistad y hermandad entre los dos santos, Camus ni siquiera podía mirar a Milo a los ojos porque los encontraría cargados de odio y reproche, ni que decir de Cisne como podría ver a quien educo después de aquella falta.

Pero sin duda Milo, quien era uno de su mejor amigo y quien le conocía en realidad había resultado lastimado en el proceso pero ¿Quién no? La batalla contra Hades, solo había servido para que los egos de los dorados terminaran de desquebrajarse y el suyo no había sido la excepción y sabia que el escorpión dorado se negaría a darle otra oportunidad, a Milo solo podías herirlo una vez, antes de que se cerrara por completo, por lo que aquella nueva oportunidad que Athena les estaba otorgando, para Camus se veían muy oscuro y desolador.

Por lo que el santo de acuario hizo lo mejor que sabía hacer desde que era aprendiz, congelo su corazón y con él sus sentimientos, para amortiguar todo aquella vergüenza que había inundado su espíritu de caballero dorado. Mientras tomaba una seriedad más profunda comenzó a subir hacia piscis.

Afrodita se había dedicado a cultivar de nuevo su jardín, pero no lo encontró tan marchito como él esperaba, lo que agradeció mentalmente a Shun, pues estaba seguro que Andrómeda cuido del jardín de piscis; mientras Afrodita estaba implicado en aquella tarea se mantuvo alejado de la situación en la que se encontraba, sabia que Mascara estaría en cáncer al igual que el intentando distraerse antes de enfrentar la realidad a la que estaban obligados en aquella nueva vida.

...

Ha pesar de la oscuridad de la noche el comedor principal del santuario se encontraba iluminado por velas, mientras las puertas se encontraban abiertas permitiendo la entrada de una suave brisa hacia el interior del recinto, justo en medio se encontraba un gran comedorque tenia dos sillas al frente que ya estaban ocupadas por las máximas autoridades del santuario en medio de estas de un lado había 6 sillas y del otro 7, a Saori no se le paso poner una silla mas para Kanon, que oficialmente era el santo de géminis junto con Saga.

Shion y Athena estaban sentados en el comedor principal esperando a que llegarán los santos dorados, ambos se mantenían en absoluto silencio, el peli verde también moría por saber lo que su diosa quería decirle a todos, pero sabía que era más oportuno esperar a que llegaran los demás. El primero en llegar fue Mu quien venia acompañado de Mascara de la muerte los dos llegaron en silencio invistiendo la armadura dorada de su respectivo signo, ambos hicieron una reverencia a la diosa y tomaron lugar uno a cada lado de la mesa.

- Buenos noches, Athena. - Saludo animadamente Dokho quien llego y tomo lugar a un lado de Shion que sonrio al ver a su amigo. -¿Como se siente?

-Muy bien Dokho. - Contesto la pelilila que llevo sus ojos hacia la gran entrada del comedor pues sentía los cosmos de tres santo terminando de subir piscis, escapando de la mirada de reproche de Shion.

El siguiente en llegar fue Aioros que ha penas había entrado cuando Shaka y Aldebaran se hicieron presentes en la sala, ambos se sentaron a cada lado de Mu. Mientras el santo de la novena casa tomaba asiento al otro costado del patriarca, con aquella sonrisa inocente que caracterizaba al santo.

-Mu, los santos de bronce pronto traerán a KIki al santuario. - Menciono atrayendo la atención de los presentes. - Le he mandado a Japón, para que se despeje un tiempo del clima lúgubre del santuario.

-Muchas gracias Athena, por esa consideración. ¿El sabe que nosotros volvimos a la vida? -

-No, solo están enterados los santos de bronce y dos amazonas de plata. Pero creo que a medida que sus cosmos se restituyan el santuario entero sabra de su presencia. - Saori guardo silencio pues el ambiente de tenso de inmediato.

No solo entraron Camus y Shura con un semblante demasiado serio el primero, si no que el segundo venia por demás inexpresivo y mas pálido de lo normal, pero justo tomaron asiento uno al lado del otro, manteniendo distancia el de capricornio con Aioros cuando Aioria y Milo entraron fulminando con la mirada a los que iban por delante de ellos, que se limitaron a sostenerles las miradas sin mostrar ningún sentimiento.

-¡Hola Aioria! – Saludo el castaño mayor a su hermano menor que sonrió y se apresuro a sentarse al lado de su hermano, aun sorprendido por no verlo como un adolescente si no como un hombre. -¡Milo!

-¿Aun me recuerdas? – Menciono el escorpión divertido. – Soy inolvidable.

-Claro que te recuerdo, nada de lo que hiciste se olvida tan fácil. – Se burlo amistosamente el caballero de sagita, mientras Shura desviaba la mirada hacia otra parte. Pero la situación vino a empeorarse cuando aparecieron los dos gemelos que venían en total silencio acompañados de Afrodita, Athena les sonrió a los recién llegados esperando a que se sentaran. Afrodita tomo asiento al lado de su amigo y elevo los hombros como un "otra vez a la vida, tú y yo", Mascara asistió a la mirada de su amigo y expreso una sonrisa sádica en su rostro. Mientras Saga y Kanon se sentaban uno al lado del otro y lo más alejado de Aioros que parecía ser la peste en aquel momento para capricornio y los géminis.

Al final la orden estaba completa por primera vez en aquella nueva vida que Athena les había otorgado, más de uno se miraba con recriminación y tenían cuentas que arreglar, pero bien sabían que las peleas eran prohibidas y mas frente a su propia diosa, así que más de uno opto por ignorarse y prestar toda su atención a la pelilila que se encontraba complacida al frente de la mesa.

-Mis santos dorados… - Comenzó.

Continuara.

Hola! Pues los deje así, porque en el siguiente capítulo van a pasar las primeras fricciones entre los dorados y las consecuencias de haberlos traído a la vida, así que espero verlos por aquí pronto.

Muchas gracias por sus comentarios, Kaito Hatake Uchiha y Rose – Roxette, la verdad agradezco que se den un tiempo para dejar un comentario. Sin más que decir les dejo algunas aclaraciones si tienen más pregunten y me las responderé, al igual que dudas, comentarios todo es bienvenido.

Fue para dejarles un panorama, de cómo se van a suscitar los problemas en los siguientes capítulos.

Nosotros entendimos bien toda la historia de Saint Seiya por verla de los diferentes panoramas, pero imagínense en la situación de los santos dorados, donde para empezar la comunicación no es algo característicos entre ellos, dos; donde el orgullo y la ira los ciega por completo y tres; que solo sabían lo que ocurría del lado donde estaban.

Atte: ddmanzanita.