Aquí va el capitulo espero que lo disfruten y comenten que les pareció.

Capitulo 4. Fuertes revelaciones.

-Mis santos dorados… - Comenzó la diosa de la sabiduría y la guerra, posando sus ojos azules en cada uno de sus santos, que se encontraban ahí, observándola, algunos por primera vez, otros orgullosos de ella y en algunos mas pudo distinguir una mirada de dolor al observarla. – Se que estos días han sido muy duros para ustedes, pero me alegra que todos se encuentren aquí reunidos y les estoy en deuda por sus servicios.

-Es nuestro deber, mi diosa. – Respondió Dokho, al chino no se le escapo que la vista de Shion, viajaba de la peli lila hacia los santos dorados, captando todos sus movimientos y reacciones, pues su amigo esperaba que se desatara lo peor, la tensión había aumentado, desde que los gemelos habían aparecido en el salón patriarcal.

-Y se los agradezco enormemente, a todos. – Contesto con una sonrisa llena de calidez. – La vida que les he dado mis santos, es para que vivan plenamente, quiero que disfruten de la paz por la que pelearon junto a mí y que puedan combatir el odio que aun crece en sus corazones; para ello mis santos, necesitan saber la verdad. – Miradas fugaces cargadas de rencor y advertencias viajaron entre ellos, Aioria apretó la copa que estaba en su mano, al solo mirar al gemelo mayor, quien le regreso un dejo de indiferencia. – Quiero que sepan la verdad, pues es esencial para que puedan dar el primer paso en esta nueva vida, pues las versiones de lo ocurrido en muchas de las veces ha sido incompleta, son verdades a medias, que yo quiero completar.

La diosa de la sabiduría, miro a cada uno de ellos, analizando su semblante que mostraban, sabía que no era por ella, si no por encontrarse los 14 ahí reunidos, después de tanto tiempo, no tenía idea de lo que debieron pasar para llegar ahí, pero conocía a la perfección que el alma y el espíritu de su elite dorada estaba flaqueando y severamente lastimada por todas las crueles batallas que tuvieron que enfrentar y que no solo habían vencido a su enemigo, sino que a ellos mismos.

Podía ver en la palidez de Shura, lo incomodo que se encontraba, detectaba que la indiferencia de Saga era solo un telón para cubrir sus sentimientos, al igual que pasaba con la frialdad y seriedad de Camus, notaba en Afrodita y Mascara de la muerte, recelo hacia sus compañeros, la expresión de odio contenida de Aioria, la vista fija de Milo sobre ella, para poder controlarse, en la curiosidad de Aioros, la concentración de Shaka, la mueca sarcástica de Kanon fingiendo que aquel no era lugar para él, sentía en cada uno de ellos, la tensión que estaba desarrollándose en su interior, pues nunca, habían conocido por completo la historia que ellos mismos habían escrito con sangre y plasmado en sus pieles.

-Además, unos ni siquiera saben que paso. – Athena miro directamente a Aioros y le sonrió, mientras el guardián del noveno templo se apenaba y se sonrojaba. – Antes de que yo naciera, mi patriarca; Shion, había designado dos santos para ser sustituido, pues presentía que su hora llegaría pronto, dos santos dorados de entre todos fueron los dos candidatos para tomar aquel puesto, pero sin saberlo uno había sido maldecido por designio del destino, Saga era el portador que llevaría la alma del dios Ares, como Shun lo fue de Hades; Shion presintió el mal en Saga y escogió a Aioros. – La diosa miro al gemelo mayor que se mantenía indiferente a pesar que las miradas se posaban con más frecuencia en él. – Shion murió poco después y Ares se apodero de Saga, mis santos no tienen la idea de que es tener a un dios dominando tu cuerpo y obligándote a realizar acciones, no es la primera vez que ha pasado y Hades lo hace cada 250 años. Al morir el patriarca, es normal que el designado tome el puesto, pero Ares, no Saga asesino a Arles de Altaír, quien es el encargado y ayudante del patriarca y haciéndose pasar por él, usurpó el poder por 13 años.

-Debido a que yo no luche por conserva el puesto. – Menciono débilmente Aioros, por lo que Aioria negó tremendamente y estuvo a punto de exaltar su cosmos, si no hubiera sido por una mirada amenazante por parte de Shion y Aioros.

-No digas eso, todo paso muy rápido. – Le reconforto Saori, mientras mostraba una dulce sonrisa en los labios. – Mis santos les recuerdo que no estamos en esta vida para juzgar, sino para perdonar. Renací en el cuerpo de Saori Kido a los pies de mi estatua, como lo he hecho por varios siglos, pero Ares intento matarme, a pesar de que yo era incapaz de defenderme, sobreviví: gracias a que Aioros intervino para ello, Ares al verse descubierto intento eliminarnos a los dos, pero mi santo de sagitario logro escapar, llevándome en brazos con él. – Athena dirigió una vista rápida a Saga que permanecía en silencio con Kanon a su lado con los brazos cruzados y los ojos cerrados, mientras Shura se revolvía incomodo al recordar esa noche. – Mis santos, las ordenes de mi patriarca son irrevocables y se deben de cumplir ¿No es así?

-Supuestamente. – Bromeo el chino, ganándose una mirada asesina por parte de Shion, pero el santo de Libra lo había hecho para romper la tensión del ambiente, pues aun cuando Athena explicara aquello, las heridas continuarían abiertas hasta que ellos fueran capaces de perdonarse por sus propios medios.

-¡Dokho! – Le reprendió el patriarca, haciendo que el chino soltara una risa nerviosa.

-Al ser así, Shura fue el encargado de cumplir aquella misión, dando caza a Aioros por orden del usurpador, Ares y el desenlace ya lo saben, mis santos nadie me ha traicionado y es por ello que están aquí, se lo mucho que sufrieron para llegar a ocupar el puesto de santos dorados y poder residir en las doce casas, aun así se que fue más duro el darse cuenta que yo me encontraba fuera del santuario y el que yo tomara mi puesto, cobro muchas vidas inocentes. – La peli lila recalco la última palabra, miro que sus santos la escuchaban atentos, mientras sus ojos se dirigieron a los santos que habían caído durante la pelea de las doce casas. – La guerra santa contra Hades, nos tomo de sorpresa, si Dokho no me hubiera advertido vía cosmos hubiera sido muy tarde.

-No, Athena, no tienes porque perdonarlos, ellos te traicionaron. – Las palabras escaparon de la boca del escorpión dorado llenas de veneno hacia sus compañeros, Shura y Camus se miraron entre ellos, había sido muy tonto de su parte creer que obtendrían el perdón a la primera y que sus compañeros entenderían, Saga mostro una sonrisa burlona que hizo enfurecer tanto a Milo como Aioria, Mascara y Afrodita miraron a todos sus compañeros buscando miradas hostiles dirigidas hacia ellos, pero solo Aioria volteo a verlos.

-Mataron a Shaka. – Aioria, miro a los tres santos, - Nos traicionaron, vendieron sus sucias almas…

-Basta. – Intervino Shion, pues creería que las consecuencias de aquellas palabras ya habían hecho suficiente daño a los responsables entre los que se encontraba el también, después hablaría con los respectivos santos de Leo y Escorpio.

-Aun no han llegado a comprender. – Saori sonrió tristemente, recorrió un poco la silla para poder incorporarse y camino con paso decidido hacia donde se encontraba sentado Saga, se coloco detrás de él y coloco sus suaves manos a perladas sobre los hombros del guerrero, nadie lo noto pero el santo de Géminis dio un pequeño brinco al sentir las manos de su diosa puestas en él. – No hay nada que perdonar, si no hubiera sido por Shion, Saga, Shura, Mascara de la muerte, Afrodita y Camus, jamás hubiera sabido la existencia de mi armadura y no hubiera podido luchar contra Hades, muy probablemente hubiera perdido la guerra santa, pero eso no ocurrió, porque ellos sacrificaron todo por mi; Aioria, Milo espero que lleguen a comprenderlo, Saga no atentó contra mí, el jamás me ha traicionado, se ha mantenido fiel a mí, arriesgando todo a pesar de las consecuencias que ello implique.

-Athena… - Pero ella alzo una mano, para hacer guardar silencio al león dorado, que en ese preciso momento estaba fulminando con la mirada al gemelo mayor.

-Medítalo y ve dentro de tu corazón, guardián de Leo, se que está cubierto de odio y rencor, pero dentro de él se encuentra aun la capacidad de perdonar, los errores ajenos como los propios, debes aun enfrentar una batalla más, Aioria, tal vez la más difícil y es vencer a tu propio orgullo. – Athena soltó los hombros de Saga y camino hacia su lugar de nuevo, volvió a sentarse y miro a todos llena de una profunda tristeza y melancolía. – Muchos de ustedes les falta enfrentar esa batalla, mis santos y espero que al final puedan alzarse vencedores.

-Athena… - Shion la llamo, pues aun faltaba que les aclarara las consecuencias de haberlos traído a la vida, Saori rio dulcemente y observo con sus ojos azul celeste al ex santo de Aries.

-Shion, después hablaremos de ello. – Se anticipo, el ariano arrugo sus dos puntos en la frente, pero asintió al comprender. – Aun faltan que sus compañeros de plata y bronce caídos vuelvan a la vida.

-Athena, pero ello ¿Qué consecuencias le traerá? – Aldebaran se atrevió a expresar la duda que había rondado por la cabeza de los presentes y que Shion se había guardado, para discutirlo en privado con su diosa.

-Ustedes merecen esta nueva oportunidad. –

-Pero… - Cuestiono Milo, al ver que la frase de Athena tendría una continuación adversa.

-Aun no sé exactamente las consecuencias que ello traiga, se que las abra, los dioses les temen, pero estoy dispuesta a afrontarlas por ustedes. – Athena miro a cada uno, sin darles derecho a réplica, ella sabía que dentro de poco, Zeus la haría llamar al Olimpo mismo para que enfrentar a sus acciones, pero por primera vez, desde la era del mito, enfrentaría a sus iguales, por la vida de sus santos a pesar que ella tuviera que ofrecer su vida a cambio.

Con esto dio por terminada la conversación, ella se retiro a sus aposentos después de despedirse de sus santos y desearles que pasaran buenas noches y que su camino fuera iluminado por Nike, de ahora en adelante para poder poner la primera piedra para la construcción de su santuario.

Los caballeros dorados tardaron varios días, intentando comprender lo que había pasado aquella noche y que había sido un resumen de las peores desgracias que habían azotado a la orden más fuerte de la diosa y por ende también a las otras, incluso la primera de ellas estuvo a punto de matarla dos veces.

Después de aquella charla el patriarca había designado guardias para la construcción del santuario, pues hacía mucho tiempo que este no lucia en su esplendor debido a las guerras que se habían librado con los otros dioses, por lo que Shion y Dokho habían destinado horarios de trabajo a los santos dorados, logrando una perfecta sincronización para que Aioria y Milo no fueran a ocasionar problemas al tomar represalias contra sus compañeros al topárselos en el intercambio de guardias, de lo cual ambos habían prolongado algún enfrentamiento entre los santos, que sabían que a pesar de que la mismísima diosa les hubiera explicado, conocían a la perfección que sus niños no olvidarían el rencor tan pronto.

-Shion. – Dokho le llamo para sacarlo de sus pensamientos, pues el ex Aries tenía un buen rato callado y con el ceño fruncido, mirando hacia la sala patriarcal, pues sabía que dentro de ahí se encontraba Athena dispuesta a traer de regreso a los santos restantes. -¡Shion!

-¿Qué? – Menciono fingiendo molestia, pues Dokho lo estaba picando en el hombro con su dedo.

-¿Lo va a hacer? – Dokho sentía el cosmos de su diosa, que les había pedido a ambos que salieran del recinto por unos segundos, pues Athena estaba dispuesta a traer ese mismo día a los santos de bronce y plata que habían muerto, otorgándole perdón a todos aquellos que pudieron haber sido culpables de traición y rebeldía contra el santuario.

-Sí, ella nos ha perdonado a todos. – Shion, miro hacia la enorme puerta de roble que lo alejaba de lo que su diosa estaba haciendo, pero que no le era posible ocultar pues el cosmos de la peli lila ardía con fiereza, sintió la explosión de su cosmos y luego el débil cosmos de los caballeros de plata y bronce, que comenzaba a tomar fuerzas al tiempo que el de la diosa disminuía bruscamente. – Es hora de entrar.

Dokho empujo una puerta mientras él hacía lo propio con la otra, observo que algunos ya habían recuperado la conciencia, mientras otros aun se mantenían recostados en el frio suelo de mármol, la diosa se encontraba arrodillada sostenida aun por Nike, con una suave sonrisa en el rostro, se aproximo rápidamente a ella y le extendió una mano que ella tomo gustosa, apoyándose en él para levantarse.

-Lo logre, Shion. –

-Sí, mi diosa. – El patriarca hizo una leve inclinación de cabeza, mientras Dokho miraba a los santos desconcertados al igual que ellos habían despertado en su momento.

-¿Cómo es posible? – Menciono Agora de loto, incorporándose, vio a dos personas que no conocía, o más bien no reconoció al ver a Shion con su aspecto rejuvenecido y al antiguo maestro de Libra igual a este. – Saori Kido...

-Ella es… Saori Kido. – Aracne de tarántula, junto a su compañero, desconocía que no solo estaban viendo a la supuesta impostora sino que en aquella joven se encontraba el cosmos de su diosa. –Ella…

-Ella es Athena. – Tercio Dokho mirando la confusión de la mayoría de los santos que habían caído previo a la batalla de las doce casas al pelear con Shiryu y los otros santos de bronce, al mencionar estas palabras los santos se miraron confusos y más de alguno dudo, al no reconocer al patriarca y al santo dorado de Libra frente a ellos, pero el cosmos de la peli lila los hacía detenerse pues este estaba lleno de calidez y paz.

-Es cierto lo que dice. – Dio de Mosca, se levanto algo entorpecido y miro directamente a Shion haciéndole una inclinación, pues ambos habían revivido en la guerra santa contra Hades. – El es el gran patriarca Shion, quien fue predecesor a Arles . – Dirigió su mirada al peli verde que aun mantenía su mano con la de su diosa, para ayudarla a mantenerse de pie, luego apunto a Dokho con su mirada y reconoció su cosmos. – Y él es el antiguo maestro, Dokho de Libra.

-Ella es Athena…- Murmuro para sí mismo Aracne de tarántula. – Pero el patriarca…

-Era un usurpador, era Saga de géminis, quien fuera controlado por Ares. – Babel de Centauro miraba su mano, que aun sentía entumida pero que el efecto iba pasando, Shion rio para sí mismo, si los santos de plata lo entendían porque para los dorados era tan complicado comprenderlo, pero la respuesta llego en unos segundos, porque ellos no se sentían traicionados, habían asimilado y acatado todo como un error, pero para los 12 había sido una falta enorme no solo a la orden sino a la misma diosa y a ellos que eran sus hermanos.

-¿Shion? – La voz ronca de Arles, le hizo girarse rápidamente al escucharlo hablar, lo encontró parado a un lado de Argol de Perseo y Capella de Auriga.

-Arles. – Le respondió dedicándole una sonrisa, seguramente si Athena no estuviera hubiera corrido a abrazarlo, pero resistió aquel impulso y se limito a sonreírle.

Athena tomo la palabra para explicarles cuál era el motivo de su vuelta a la vida, un objetivo por mas difícil de alcanzar, aun cuando fueran de alma pura; la paz dentro de sus almas, era todo un reto que era de por más una hazaña que les costaría a los 88 caballeros, como si fuera una de las tareas milenarias de Hércules.

El clima de la ciudad griega, se mantenía templado a pesar de ser pleno invierno, vientos frescos llegaban y recorrían las ruinas del santuario, escruñiendose hasta el pasillo mas oculto, se observaban numerosas nubes que amenazaban con llover, mas sin embargo no había derramado una sola gota cristaliza sobre aquel suelo que había sido azotado por el sol y el calor durante meses, aun predominando el clima cálido sobre sus habitantes.

Los días habían pasado, hacia más de un mes desde que los santos dorados volvieran a la vida, por lo que a medida que el cosmos de los 12 se restablecía, los horarios puestos por el patriarca se volvían una rutina, los 12 habían tenido tiempo para pensar y meditar en las palabras de su diosa, mientras se habían visto cargados de tareas y misiones por parte de Shion, por lo que no habían tenido mucho oportunidad de hablar entre ellos.

Por su parte Mu estaba enfrascado en la reparación de las armaduras que habían resultado dañas en las batallas, Aldebaran pasaba casi todo el día visitando Rodorio, Saga y Kanon cumplían con sus horarios de trabajo para encerrarse recelosamente en Géminis, Mascara de la muerte disfrutaba de los días lejos de las doce casas, al terminar su guardia abría un portal directo al Yomotsu y desaparecía por un par de horas, Aioria se encontraba enfurecido debido al tiempo que no había podido pasar con Aioros, ya que el patriarca lo mantenía con él o con Dokho realizando tareas, Shaka meditaba bajo los árboles gemelos, Milo paseaba todas las tardes por el coliseo hasta dirigirse a un pequeño bosque cercano al santuario donde se perdía por horas, Shura se encuartelaba en capricornio a penas terminaba su guardia, Camus imitaba a su vecino pues la vergüenza había consumido la decima y onceava casa, mientras Afrodita se encargaba con empeño de su jardín, al no tener a Cáncer cerca se enfrascaba en cultivar lo que para él había sido su vida; sus rosas.

Milo de escorpio y Aioria de leo se encontraba en el coliseo contemplando atentamente a varios caballeros de plata pelear entre ellos, intentando desentumir los músculos y volverlos a mancillar con fuerza, no había mayor logro para un caballero de plata que su cosmos llegara a asimilarse al de un dorado, por lo que ahora que los contemplaban dos guardianes querían lucirse frente a ellos.

-Buenos días Shaina. – Saludo alegremente Milo dejándose caer a un lado de la amazona rubia que se encontraba acompañada de Marín y una chica de cabello negro azabache y unos hermosos ojos azules, quien vio a los dos santos dorados con sorpresa. –Marín y…

-Geist. – Respondió rápidamente Shaina, al ver que Milo miraba con insistencia a la pelinegra. – Es mi protegida.

-¿Protegida? – Aioria permaneció parando mirando a la pelirroja que estaba frente a él, escuchando el rápido latir de su corazón, al ver que tanto Shaina como Marín no llevaban mascaras, por lo que estuvo a punto de darle un paro, tanto a él como al escorpión dorado.

-Athena. – Respondió Marín ante la mirada asustada de ambos santos de oro, quienes se cubrieron los ojos con las manos. – Ha ordenado que ninguna amazona vuelva a llevar la máscara y el patriarca lo ha autorizado.

-Ya veo, Athena tiene ideas muy revolucionarias para esta nueva era. – Aioria dirigió una rápida mirada hacia la estatua de la diosa y volvió a observar el rostro de Marín que llevaba años imaginando y ni siquiera se acercaba a lo que el había llegado a pensar, tenía una fina piel blanquecina, unos grandes ojos azules que en nada tenía que envidiar al color zarco del mar y unos labios…

-Aioria ¿Estás bien? – Milo repuso con una sorna burla, haciendo que este se sintiera algo apenado, pues había perdido la noción del tiempo de cuánto tiempo había estado viendo directamente cada detalle del rostro de la amazona pelirroja.

-Sí. – Respondió sonrojado el león, quien giro su rostro rápidamente hacia la arena para ocultarlo, pero que no escapo al escorpión dorado al saber cuáles eran los sentimientos del minino por la amazona del águila y de los cual se burlaría cuando estuvieran solos. - ¿Protegida? – Volvió a preguntar intentando desviar la atención que ahora se dirigía hacia él.

-Si, Geist, ellos son Aioria de leo y Milo de escorpio. – Los nombro a ambos, quienes inflaron el pecho con orgulo, pero la amazona aun sonrían algo impresionada de ver a ambos dorados con ella. – Es mi hermana menor.

-¿Qué? – Corearon ambos santos al mismo tiempo.

-Tenían que ser ustedes dos. – Menciono con fastidio Shaina que ambos santos se mostraran así frente a su hermana menor.

-¿Por qué jamás te habíamos visto? – Milo miro como luchaban a lo lejos Sirius de Can mayor y Albiore de cefeo.

-Estaba exiliada, por mi conducta. – Respondió la pelinegra quitada de la pena y vio a Albiore caer al suelo, mientras Sirius se aproximaba a él.

-Entonces jamás habías visto un caballero dorado. – Milo inflo el pecho orgulloso, siempre que había presentaciones él se creía el dorado más perfecto de toda la orden, mientras Aioria movía negativamente la cabeza.

-De hecho, si conocía a uno. – La amazona rio ante la cara de decepción del escorpión dorado, mientras el resto la acompañaban en la burla hacia el dueño de la octava casa del zodiaco. – Shura de capricornio. – Las risas cesaron al instante.

-¿Shura? – Shaina voltio intrigada al oír a respuesta de su hermana menor, quien continuo riendo a pesar que todos habían guardado silencio abruptamente y la miraban con curiosidad, pero para la amazona la cara disgustada de leo no le paso desapercibida. -¿Y tu como conoces a Shura?

-Eso es secreto, con permiso. – Tercio la amazona, que se incorporo y se retiro hacia el resto de los santos del abismo.

-Hablando de Hades. – Milo le indico con una rápida mirada a dos personas que recién habían llegado a la arena del coliseo, Aioria bufo al ver al español acompañado de Camus, apretó los puños con fuerza en un intento desesperado por controlarse.

-Aioria. – Le llamo Marín, tomándolo por el brazo en un intento fallido por contenerle, el león dorado se zafó del agarre y brinco el pequeño muro que lo separaba de la arena de duelo, seguido por Milo.

-Error. – Menciono el francés a su compañero al ver a los dos santos aproximarse, pues sentía el cosmos agresivo de ambos, Camus detuvo su andar oportunamente, mientras el peli verde le imitaba, de todos modos Milo y Aioria cruzarían a zancadas toda la arena para provocarles.

-Caballeros. – Menciono Shura al tenerlos de frente, tanto el león como el escorpión se habían detenido unos cuantos pasos frente a ellos y los miraban cargados de odio, Marín y Shaina estaban tras ellos, para intervenir. El español miro oportunamente por el rabillo del ojo que las peleas en el coliseo se habían detenido y ahora los miraban, era obvio que el rumor de lo que había sucedido en la guerra santa se hubiera esparcido.

-¡No tienes derecho a llamarnos así, traidor! – Los vecinos se tensaron por igual, al oír aquella palabra e intercambiaron una rápida mirada entre ellos, pero no emitieron ningún sonido.

-Aioria. – Marín le llamo, pero este estaba fuera de sí y digamos que Milo no intervendría por ninguno de los dos.

-Deberías calmarte, caballero. – Camus hablo fríamente, no expresaba ninguna emoción de las que en ese momento estaban embargando su alma.

-Cállate. – Ladro Milo sacando su ponzoña y amenazando con esta al francés. – La última vez no te mate…

-¿Qué pasa aquí? – Dokho llego oportunamente abriéndose paso ante la horda de caballeros que habían llegado hasta ahí, los cuatro se miraron una última vez, advirtiéndose, cuando el chino llego poso una mano en el hombro de Shura y la otra en la de Aioria. -¿Está todo bien?

-Sí, antiguo maestro. – Shura se dio la media vuelta, mientras Aioria reprimía sus impulsos asesinos y retiraba la mano del chino y regresaba enfurecido a su antiguo lugar; por su parte Milo y Camus se miraron por unos segundos más, ambos estudiando al otro, pero por primera vez Milo no vio nada en los ojos azules del francés ni este pudo ver más allá de la rabia del escorpión. Camus retrocedió sin dejar de ver a su amigo y después camino hacia donde Shura lo esperaba.

-¿Qué paso? – Dokho alzo una ceja hacia el caballero del octavo templo, quien negó para girarse sobre sus talones y dirigirse hacia donde Aioria amenazaba con la mirada donde se encontraban los dos dorados.

Shion estaba a un lado del trono donde se encontraba Athena sentada sosteniendo a Nike en su mano derecha, la peli lila miraba fijamente hacia la puerta, sabia a la perfección que esta no se abriría para el invitado que ella esperaba pero que definitivamente aparecería frente a ella en cualquier momento.

-Athena. – Le llamo una voz, frente a ella comenzó a materializarse un dios de cabellos rojizos y ojos mieles, Athena identifico al dios mensajero y otras tantas cualidades quien mantenía una sonrisa burlona en los labios. – Traigo un mensaje de nuestro padre, el dios Zeus.

Los ojos mieles de Hermes repararon en el peli verde y lo fulminaron con la mirada en cuanto termino de hacer una respetuosa reverencia a su hermana, Athena por su parte entendió a la perfección la mirada del dios, pero afilo su mirada indicándole al dios que continuara a lo que había venido. Hermes sacudió su cabello desesperado y observo a la diosa de la sabiduría, observándolo por lo que tardo unos segundos más para exasperarla, ella tendría toda la inteligencia que quisiera pero y ¿La paciencia?

-Hermes ¿A qué has venido? – Insistió la oji azul, al ver al dios mirando todo el recinto como si fuera una visita turística, apretó a Nike entre sus manos con fuerza en un intento de mantener su orgullo a raya.

-Así que estos son los humanos, por los que se está armando un alboroto en el Olimpo. – Hermes miro profundamente a Shion, quien le regreso una mirada indiferente, el dios reparo en la sabiduría que expresaba las facciones del santo, a quien creía seria el patriarca, pero a quien no le ponía más de un par de decenas de años. – Yo no le veo nada de especiales. – Hermes se aproximo a su hermana. -¿Qué te hace tan especial, santo? – Se burlo el dios, Shion no se inmuto y Saori dejo pasar el comentario.

-Es la última vez que te lo pregunto. – Advirtió la oji azul, mientras liberaba un poco de su cosmos que la rodio sutilmente, no para intimidar al dios, ni retarlo, solo para indicarle que su paciencia se estaba agotando y no se prestaría más a los juegos del otro dios. - ¿Qué te ha traído aquí?

-Ya te lo he dicho, Athena. – Menciono fastidiado. – Zeus es quien me envía a ti, hermana. – Siseo la última palabra, que incomodaba tremendamente a la peli lila recordándole que estaba fuera de lugar, al vivir entre humanos siendo una diosa y que su lugar era el Olimpo. – Ellas saben lo que has hecho.

-Lo sé – Replico ella sin inmutarse.

-Han pedido una audiencia para discutir lo que has hecho, los doce debemos estar ahí. – Hermes alucio a los doce olímpicos principales de la mitología griega y que abarcaba a las principales divinidades, Dionisio, Afrodita, Apolo, Artemisa, Hera, Zeus, Ares, Hades, Hefesto, Poseidón, Athena y por supuesto él. – Aunque claro, por ti, varios de nosotros estarán ausentes.

-Están ausentes por sus propias acciones. – Corrigió Saori duramente, Hermes dejo escapar una suave risa que sonó a burla en los oídos de la diosa, hizo una leve sonrisa y desapareció, esfumándose en el aire.

-Y las tuyas. – Fue lo último al decir, para desaparecer completamente de su presencia, al fin ya le había advertido.

Sentía el sudor pegado a su frente, se paso el dorso de la mano para limpiar aquellas perlas salinas, mientras subía los últimos escalones de tauro a géminis, sintió el aire refrescante cuando el techo de la tercera casa lo cubrió y recorrió el pasillo principal, alerto sus sentidos para localizar donde se encontraba Saga, pero no lo escucho por lo que supuso que estaría fuera, se dirigió directamente a la cocina, tomo un vaso de vidrio y lo lleno de agua, la cual se empino de un solo golpe.

-Aun no te acostumbras a subirlas de nuevo. – Comento Saga que se encontraba frente a él observándolo, había pasado lo que no quería, que su gemelo lo acorralara para hablar. – Kanon, hay mucho que decirnos, no podemos estar evitándonos.

-Lo sé, ya no me quedaban más pretextos. – Admitió el gemelo menor sentándose en la mesa, su par hizo lo mismo y por fin ambos hermanos quedaron frente a frente, ya se habían evitado durante mucho tiempo y a pesar de vivir ambos en la tercera casa sus vistas habían sido escasas.

-No tienes porque huir, ya has escuchado a Athena y el patriarca, géminis también es tuya, te la has ganado con tu trabajo y sangre, creo que tienes más derecho a vestirla tu que yo, no puedes seguir evitándolo, Kanon. –

Y era verdad, desde que habían renacido, Kanon se manejaba como la autentica sombra de géminis, permanecía en su habitación hasta que Saga entraba a bañarse, tiempo que aprovechaba para hacer el desayuno y volver a su cuarto, ya que a su gemelo le había tocado la guardia por la mañana por lo que aprovechaba ese momento para moverse libre por Géminis, cuando sentía a su hermano volver al santuario se apresuraba hacia la salida de Aries, cuando el gemelo mayor volvía encontraba la comida y el templo vacio, por su parte Kanon salía a entrenar o bien buscar un buen árbol donde dormir, cuando regresaba llegaba a altas horas de la noche o esperaba contemplando en alguna pilastra derrumbada el extenso manto estelar hasta que le tocaba cumplir con su guardia por la madrugada.

De esta forma había transcurrido el tiempo para ambos gemelos, Saga se sentía culpable por la conducta que había adoptado Kanon y que en parte ocasiono que ambos gemelos se separaran desde jóvenes, el gemelo mayor no estaba dispuesto a que ocurriese lo mismo, quería que su gemelo se integrase a la orden, como lo que era, un caballero dorado de Athena, Kanon de Géminis.

-Saga. – Kanon miro el rostro de su hermano imaginándose que él tal vez tendría la misma expresión que su gemelo y sonrió, tenía tanto tiempo sin hacer ese tipo de observaciones, que le pareció espeluznante. – No te evitaba hermano, te daba tiempo para que pensaras.

-¿Pensar? … - Lo interrumpió justo cuando iba a preguntarle en ¿Qué?

-Sí, se que te cuesta trabajo, eres más de acción que de pensar, lo sé… -Kanon bromeo, soltando una carcajada, a la cual después se unió su gemelo, otro recuerdo vino a ambos, pues era común que la risa de uno siempre contagiara al otro, a pesar de que se burlaran de uno de ellos, como en este caso de Saga.

-Déjame terminar. – Acoto fingiendo molestia y arrogándole una manzana a su hermano, quien la detuvo con su mano. - ¿A qué te refieres?

-Lamento el haberte orillado al mal, Saga, yo… -

-Perdóname el intentar asesinarte, entiendo que yo también fui parte de tu cambio de conducta, jamás debí hacerte a un lado, eres mi hermano… -

-El pasado ya quedo atrás, Saga, tu estas aquí y yo también, lamento todo lo que hice, no me interrumpas. – Kanon lo amenazo con un dedo en cuanto vio abrir la boca a su hermano. – Siento el hacer despertar a Ares dentro de ti, el traicionarte a ti y al santuario.

-Pero volviste y defendiste Géminis en mi lugar, a nuestra diosa aquí y en el inframundo, me cediste la armadura aun cuando peleabas con Radamanthys, Kanon estoy por demás orgulloso de ti. – El silencio reino un momento entre ambos, mientras esmeralda chocaba contra esmeralda, al final ambos gemelos sabían que siempre estarían el uno para el otro, pasase lo que pasase.

-Yo también de ti, Saga nadie a cargado tanto peso sobre sus hombros como tú lo has hecho, has aceptado el nombre de traidor, aunque todos saben que eres lo contrario, jamás has dado la espalda a nuestra diosa ni al santuario, por el contrario te has mantenido firme a pesar de tu orgullo, tu alma o tu reputación como santo dorado de Géminis. – Saga atisbo un dejo de melancolía en las palabras que su hermano decía, pues su gemelo creía que se le juzgaba injustamente, sin saber lo que había sacrificado y que aun los dorados, si hubieran estado en su lugar hubiera dudado de realizar aquellas acciones que parecían de infidelidad y que por el contrario estaban cargadas de honorabilidad y valentía.

Ambos callaron sabían que hablaban con la verdad, si habían cometidos errores, como todos los santos, unos más otros menos, pero los demás no se daban cuenta o al menos no querían darse, que ambos gemelos habían sido de gran ayuda para el santuario y que los "pecados" que hicieron fueron obligados en el caso de Saga o una redención de por más que heroica en Kanon.

Se escuchaba en el fondo de Aries el golpeteo de un martillo y el movimiento de instrumentos mecánicos, Mu de Aries se encontraba enfrascado reparando una armadura y con una fila numerosa de ellas, esperando su turno, las batallas le habían dejado una tarea que se había venido acumulando y que había llegado el momento de cumplir. El peli lila soplo un flequillo que le caía sobre la frente y comenzó a analizar algunos desperfectos que habían quedado en la armadura y la forma de solucionarlos.

-Buenos días, Mu. – Saludo una voz jovial a su espalda, pero el santo estaba tan absorto en su trabajo que no noto a la joven diosa detrás de él y continuo golpeando con sus instrumentos la armadura frente a él. – Es impresionante. – Mu se exalto al escuchar aquella voz y de inmediato se arrodillo, mientras la peli lila soltaba una risita.

-Lamento no haberla sentido, Athena. – Ella rio un poco más y le resto importancia. - ¿Qué necesita mi diosa?

-Vengo a solicitarte tu compañía para un viaje. – Respondió ella, camino hacia la armadura y deslizo suavemente su mano sobre ella, mientras esta reconocía a su criadora y brillaba con intensidad.

-¿Un viaje? – Mu se incorporo con permiso de la oji azul y miro intrigado el comportamiento de la armadura que hacía unos segundos reparaba y que ahora estaba completamente reconstruida con solo el contacto de la diosa de la sabiduría y la guerra justa.

-Si, Japón, haya se encuentra mi mansión y es el lugar donde están los chicos de bronce… - Saori Kido miro las facciones de Mu y sonrió tiernamente al pensar lo mucho que Shion y Mu se parecían. – Y Kiki, tengo que ir a arreglar unos asuntos, pero podríamos aprovechar el viaje para sorprender al pequeño.

-Como usted ordene, para mi será un placer, Athena. – El corazón de Mu latió con gusto, al imaginarse la sorpresa que se llevaría su pequeño aprendiz al verlo de nuevo y al mismo tiempo la felicidad que él se llevaría al poder abrazarlo de nuevo.

Aioros miraba con interés el santuario y sus alrededores desde la sala patriarcal, lo cual ya se le había hecho costumbre; Shion se encontraba detrás de él leyendo unos pergaminos y por algún motivo el gran patriarca aun no le permitía irse a su templo, tenía un indicio del porque, pero no se atrevía a cuestionarlo.

-¿Cuánto tiempo llevamos desde que revivimos? – Shion alzo sus ojos violáceos por arriba del pergamino y vio al castaño girarse despacio, para observarlo de igual forma, Aioros torció un poco la boca como si eso le ayudara a sacar cuentas.

-Un mes, catorce días maestro. – Respondió el chico acercándose al escritorio de caoba que estaba atiborrado de viejos pergaminos, que despedían un olor a papel y moho, además de la gran cantidad de polvo que tenían y que habían dejado una fina capa de pequeñas partículas sobre el pesado escribanía.

-Bien, y ¿Cómo te… -

-Hola Shion. – Dokho abrió alegremente la puerta, por lo que se gano una mirada de reproche por parte de su amigo.

-Dokho, no seas igualado, soy el patriarca y tienes que tocar la puerta. – Le regaño, el chino farfullo unas palabras inaudibles, volvió a salir y cerró la puerta tras de sí, Aioros escucho divertido el golpeteo de los nudillos del antiguo maestro de libra, que a su parecer no solo había cambiado en físico si no también en carácter.. –Pasa. – Menciono exasperado Shion, mientras Aioros reía.

-¿Contento? – Respondió el santo de Libra, viendo amenazadoramente al prisionero del patriarca. –Que risueño te has vuelto Aioros.

-Lo siento, antiguo maestro. – Se disculpo apenado sagitario.

-¿Qué paso? – El peli verde entrevisto a su amigo, a pesar de que Dokho venía con una sonrisa en los labios, pudo distinguir que algún chisme debía de traerle su compañero, pues normalmente tenia la decencia de tocar la puerta.

-Casi tienes que poner en renta dos casas. – Menciono Dokho dejándose caer en la silla que estaba frente a Shion mientras Aioros tomaba lugar a un lado de él, Shion recargo sus codos sobre la fina madera y entrelazo la punta de sus dedos, al tiempo que soltaba un suspiro de cansancio, no le sorprendió la trifulca, sabía que ocurrirían, lo que lo impresiono es que hubiera podido comportarse por bastante tiempo. – Los implicados fueron Leo, Escorpio vs. Capricornio y Acuario, si no llego a tiempo se matan en pleno coliseo.

-¿Qué? – Aioros miro a Shion y se levanto de inmediato, pero el patriarca le hizo una seña rápida para que aguardara. –Maestro tengo que ir a hablar con Aioria.

-Tranquilo, Aioros ya tendrás tiempo para regañarlo. – Sonrió Dokho, compartiendo una sonrisa con su amigo.

-Aioros, es por eso que te he retenido estos días aquí conmigo, Aioria no es más un niño, el ha tomado decisiones y a crecido en su mayoría domado por el orgullo, considera que tus palabras sean más un consejo y no una ley, no le obligues a perdonar a los otros dorados, Aioria lo tiene que hacer por sí solo, es la única forma que lo haga de corazón. – Shion se recargo en el respaldo de la silla y miro al santo frente a él, mientras Dokho asistía a cada una de sus palabras. – Aioria le guarda mucho resentimiento a santos que para ti fueron o son importantes principalmente Saga y Shura, por lo que si quieres ayudarlo habla con él, pero también con ellos, muéstrale a tu hermano el camino de la humildad y del perdón.

Afrodita estaba agachado en cuclillas recortando algunas malezas que habían crecido en su hermoso jardín y que con el paso del tiempo se habían vuelto inmunes al veneno de las propias rosas, el santo de la doceava casa se rio ante esta analogía y lo gracioso que era al compararlo con él.

Sin bien era un caballero dorado, el más hermoso como le solían decir, aquí era donde se comparaba con la belleza de las rosas que no solo se veían majestuosas, sino que eran orgullosas y fuertes a cualquier tempestad, pero que a pesar de toda su fuerza y la nobleza que habían podido representar, permitía que la maleza creciera a su alrededor restándole toda la distinción que pudo haber llegado a obtener, al igual que a él le ocurrió.

Se había dejado vencer por un ideal incorrecto que lo había llevado a aceptar a un usurpador durante trece años, y que compartía con su mejor amigo, Mascara de la muerte y que residía en la fuerza, que equivocados estaban, pues perdieron el punto central de la fuerza de su propia diosa que era el amor y la paz, se volvieron sanguinarios, asesinaron a placer, no importaba que él y Mascara tuvieran métodos diferentes y el suyo fuera más decente, no dejaba de ser muertes innecesarias y que ahora pesaban sobre su conciencia.

No solo traiciono a sus compañeros por beneficio propio si no que también permitió el asesinato de uno de ellos, humillo y hostigo por años a su hermano, además de que ignoro las señales que le indicaron que Saga estaba mal, señales que le pudieron decir que Ares era el que mandaba en aquel cuerpo, pero siguió firme a su ideal, aquel que impusiera la fuerza era el candidato adecuado para mandar.

Toda aquella maleza que el mismo dejo crecer en su interior y que lo llevo a cometer actos impuros contra los suyos, estaba sumamente apenado de ello y los días que Mascara se había ausentado para dejarlo pensar, los había utilizado al máximo; la guerra santa fue su redención, en ella participo por primera vez como un caballero al servicio de la diosa a la que había jurado lealtad; ya había dado el primer paso hacia mucho tiempo, por lo que nada lo haría retroceder ahora que tenía una nueva oportunidad y podía enmendarse.

-Afrodita. – Le llamo Mascara desde Piscis, elevo su cosmos para que su compañero le detectara en el jardín, mientras regresaba a sus pensamientos.

Ya lo había decidido y planeado, tenía que acercarse a sus compañeros y su diosa, le resultaba algo difícil, pero sabía que no era imposible, en su infancia lo había hecho, aquella época que creía que tanto él como todos sus compañeros extrañaban; cuando eran una familia.

-Aquí estas. – Mascara se recargo en la última pilastra que daba hacia el jardín de piscis, desde donde contemplo al de cabellos celestes empeñado en su trabajo.

-¿Por qué no te habías dejado ver? –

-Tanto me extrañaste. – Se burlo, piscis rodo los ojos, ante el sarcasmo de su amigo, quien rio al ver exasperarse a su amigo. – Estaba ocupado.

-No sabía que dormir era una labor. – Contraataco, el guardián del cuarto templo, se cruzo de brazos, pero no borro su sonrisa.

-Estuve en Yomotsu. –

-Aun ahí, no es considerado una labor. – Afrodita le miro por encima de los rosales, con una sonrisa triunfal, pero extrañamente vio a su amigo aun sonriendo orgullosamente. -¿Qué hacías ahí?

-Digamos que estuve limpiando mi casa y regresando la basura a su lugar. – Afrodita guardo silencio al darse cuenta lo que su amigo acababa de decir, había limpiado cáncer de aquellos rostros que colgaban en sus muros y que antiguamente orgullecían tanto a su guardián.

-¿Athena o el patriarca te lo pidieron? – Afrodita dejo las tijeras en el suelo, se sacudió las manos y camino hacia su amigo, quien negó a su pregunta. – Pero Mascara eran tu orgullo.

-Te equivocas amigo, eran mi deshonra. – Abrió desmesuradamente los ojos al oír al duro caballero de cáncer decir aquellas palabras y le sonrió confiado.

Continuara…

Como me quedo, lo reconozco me costó algo de escribirlo pero aquí esta, espero que les guste y lo hayan disfrutado…

Agradezco de corazón sus comentarios, por el tiempo que se toman en dejarlos por aquí, muchas gracias a Kaito Hatake Uchiha, Carlos.

Artemiss90: Siempre lo he pensado, si Saga y Aioros hubieran estado al frente del ejercito de Athena, Hades ni siquiera hubiera podido pasar de Aries.

Rose-Roxxette: Quien crees que se rencontraran en el siguiente capítulo, si así es, Kiki y Mu, no se pero la relación de los arianos siempre me ha gustado, desde el maestro Hakurei, quien fuese maestro de Shion hasta Kiki, se me hacen que son un amor.

Lady Rose Bernstein: jajaja adivinaste, Milo y Aioria son perfectos para ocasionar peleas, debido al orgullo impetuoso que le metieron a estos personajes tan monos. Si creo que si Aioros hubiera revivido en algún punto de la serie original, se hubiera llevado una decepción tremenda.

Adiós, que pasen feliz año nuevo.

Atte: ddmanzanita.