Actualice antes por petición, así que aquí esta como regalo sorpresa tipo 2x1 porque actualice este y mi otro fic: Las personas cambian. Así que aquí está el capitulo espero que lo disfruten. Se aceptan comentarios, dudas, aportaciones de ideas, reclamos etc.
Capitulo 5 Encuentros inesperados.
La tenue luz de las velas iluminaba el recinto patriarcal, dándole claridad a aquella construcción milenaria y tan característica de la cultura griega, las altas columnas a los lados se encontraban sumidas en la oscuridad mientras el pasillo principal con una larga alfombra rojiza se encontraba alumbrado por numerosos candelabros que contenían velas encendidas que le da un aspecto sombrío pero a la vez místico al salón principal del patriarca.
Shion se encontraba sentado en el trono, tenia ambos brazos cruzados sobre el pecho y mantenía la cabeza inclinada hacia abajo cualquier otra persona que lo viera pensaría que estaría dormido, pero no era así, el sumo sacerdote recordaba a su maestro Hakurei de Altaír, a quien había encontrado en la misma posición analizando lo que su hermano, Sage de Cáncer había sentido ante la soledad y desesperación que dejaban las guerras santas y a la que Hakurei había experimentado tan solo por unos días; Shion había llegado a comprender a la perfección a lo que su maestro se había querido referir en ese momento, pues él lo había vivido en carne propia por más de 200 años.
Cuando observo a Milo y Aioria entrar por la puerta principal, sonrió imaginándose a la forma en que lo había hecho cuando era joven, levanto el rostro para ver a los recién llegados a los cuales había mandado llamar ante su presencia, para aclarar algunas cosas; una de ellas era su comportamiento ante la asamblea que habían tenido frente a su diosa y la segunda el encontronazo que se habían dado con los guardianes de capricornio y acuario.
Ambos santos llegaron hicieron una pequeña reverencia e hincaron una rodilla en el suelo, portando ambas armaduras doradas respectivas a cada guardián, el peli verde rio divertido al pensar los enojos que pudo haber sufrido Ares ante la rebeldía de Aioria de leo por seguir el protocolo frente a su supuesto sucesor, mientras con él, el pequeño león dorado lo hacía sin incomodarse e inoportunar.
-Gran patriarca. – Milo le llamo y ambos santos levantaron el rostro para verlo fijamente, Shion llevaba las investiduras del patriarca pero la mascara había sido removida y ambos santos, llegaron a pensar que hasta destruida, para que sucesos como la posesión de Saga no volvieran a ocurrir, el casco descansaba en las piernas del sumo pontífice, que supusieron Shion usaría frente a los otros caballeros, pero no frente a la orden dorada a la cual había criado como un padre.
-Tienes algo que decir sobre su comportamiento frente a la diosa. – Shion les hizo una seña para que ambos se pusieran de pie, por lo que ambos obedecieron casi al instante mirándose entre ellos.
-¿Podemos hablar con sinceridad? – Milo tomo la palabra, pero vio que el león dorado asentía a las palabras de su compañero.
-Tienen toda libertad de palabra, caballeros. – Shion se arrepintió al decir esto, pues temía que algún improperio o idea delirante por parte del escorpión saliera a relucir ante su afilada lengua.
-Gran patriarca, ellos traicionaron el protocolo, a nosotros y a nuestra diosa. – Inicio Milo mientras los sentimientos de aquella noche regresaban a su mente, como si fueran de ayer, la desesperación, angustia, ira, odio, tristeza, melancolía, ansiedad, todo por lo que había tenido que pasar mientras esperaba a que llegara el momento de actuar. – No entiendo porque Athena los volvió a la vida.
-Mataron a Shaka y Athena, se que la misericordia de nuestra diosa es infinita y lo ha dejado ver en este acto de bondad, pues ella ha perdonado los errores de ellos y los ha regresado a la vida con nosotros, pero yo… nosotros – Aioria miro al peli azul a su lado quien asintió invitándolo a continuar. – No podemos, patriarca, no ha sido su primer error y de muchos de ellos no es la primera traición que han cometido.
-No importa el motivo, ni cuantas veces nos hayan traicionado, gran patriarca; ellos vendieron su alma a Hades… -
-Yo también. – Shion prorrumpió aquellas palabras fríamente, haciendo que Milo y Aioria se miraran sorprendidos al haber pasado aquel detalle por alto.
Los dos guardaron silencio por unos segundos, Shion sabía que ambos guardianes estaban buscando fundamentos y justificaciones para contraatacar. Sin haberlo sabido cada palabra que había abandonado sus bocas había dado directamente en el corazón de Shion causándole un gran pesar; no solo le habían dicho que su odio no disminuiría contra sus hermanos de orden, sino que entre líneas les habían llamado traidores y a él, entre ellos.
-Es… es diferente. – Tercio Milo rápidamente. – Usted no ataco a Athena, patriarca, ni realizo la exclamación de Athena contra un compañero.
-Solo porque Dokho me detuvo en Aries, si no yo hubiera subido con aquel trió, tal vez las cosas se hubieran llevado diferente, si hubiese sido así, pero el destino no solo puso a prueba su fuerza física si no también la de sus corazones y a lo que veo Milo, Aioria les ha vencido. – Shion pronuncio estas palabras como una sentencia, ambos santos guardaron silencio, Milo se clavo las uñas en las palmas de las manos, al empuñarlas con fuerza, por su parte Aioria arrugaba el ceño.
-Patriarca, a ellos yo no puedo perdonarlos. – Siseo el león dorado, intentando ocultar el odio que destilaban aquellas palabras, pero si algo le habían enseñado los años a Shion era el leer entre líneas de las palabras, analizar las expresiones y gesticulaciones y por supuesto a descubrir los sentimientos escondidos.
-Ni yo. –
-¿Qué paso en el coliseo? – Shion sabía de antemano la respuesta, pero de cualquier forma tendría que habérselo preguntado a los guardianes, ya que tenía que haber represalias o al menos una llamada de atención.
-Nada. – Tercio el escorpión dorado, mientras pensaba "porque no me dejaron".
-Queríamos aclarar unos sentimientos encontrados. – Esta vez fue Aioria, que se irguió orgulloso inflando el pecho.
-Ya veo. – Menciono Shion, sabía que no les arrancaría más palabras a los dos guardianes que esas a menos que les provocara un poco. – Shura me dijo…
-¡Aun no le he hecho nada! – Grito fuera de sí Aioria, mientras Milo se golpeaba el rostro al ver que Aioria había caído en la trampa del patriarca, Aioria miro confuso la reacción de Milo y luego observo al ex santo de Aries quien sonreía triunfal.
-Aioria, Shura no me ha dicho nada, fue solo una provocación de mi parte. – Shion miro que el santo del octavo templo estaba reprimiendo sus ganas de ahorcar al león dorado. – Esta vez solo será una advertencia, no quiero peleas ¿Entendido? Si tienes que hablar algo, aunque sean "sentimientos encontrados" o "nada", quiero que usen el dialogo.
-Sí, gran patriarca. – Mencionaron ambos, haciendo una rápida reverencia y dirigiéndose a la salida, una vez afuera Milo golpeo en la nuca a Aioria- Imbécil.
-Yo que sabía… -
…
Se recargo debajo de un árbol a las fueras del santuario, para sentarse en su posición de loto, mientras veía a sus discípulos entrenar en el arduo sol griego, Shiva de pavo real y Agora de loto, le estaban acompañando a hacer su guardia, por petición de ellos mismos por lo cual no pudo negarse. Nunca había sido un maestro que les implicara mucha fuerza física a sus estudiantes, para él era más importante cultivar el alma, si esta florecía a la perfección, podría brindarle paz y sabiduría a los que se encontraban a su alrededor, al menos eso se había dicho por años.
-Shiva, ten más cuidado. – Menciono Agora sobándose la cabeza al haber recibido un golpe directo de su compañero, Shaka observo a ambos y volvió a su meditación, buscando de nueva cuenta la concentración de hacia unos minutos.
-La verdad. – Pensó para sus adentros, Athena había mencionado a sus compañeros y a él, la verdad a medias, una verdad que aun no había sido revelada completamente. –La verdad es inmensamente profunda y gloriosa, pero aun es difícil entenderla y alcanzarla.
Eso era lo que le pasaba a toda la orden de Athena, era casi tan perfecto como un juego de ajedrez , jugado cada vez que iniciaba la guerra santa, cada caballero sabia su lugar y el papel que le tocaba desempeñar en aquel tablero a escala, mas sin embargo, aunque pasaran cientos de años y mil millones de errores, todos se limitarían a verlo desde su lugar, sin atreverse a ir a ver más allá de la verdad que ellos mismos se hubieran dado, una verdad a medias.
Era por ello que todos no alcanzaban a ver, su desempeño en la guerra contra Hades, el lo había visto tan claro, no ocupo que Saga, Camus y Shura le dijeran a que había venido, él sabía que su papel no estaba en el santuario tenía que ir más allá de la muerte, consiguiendo despertar su octavo sentido, lo que ocasionando una fragmentación colosal en la orden dorada y que ahora la estaba observando.
Pero era la única forma… En sus conversaciones con Buda desde que tenía conciencia jamás a ningún ser humano se le había concedido vida eterna ni siquiera a los que habían logrado la iluminación, por ello la forma más cercana de moverse por el inframundo y ayudar a Athena era el…
-Arayashiki. – Susurro en su mente cada palabra, separándola en silabas y mencionándolas despacio, acercarse al límite de la muerte era la forma de despertar al octavo sentido, aflorando por primera vez, mientras se marchitaban los primeros siete sentidos al bordear el límite de la muerte.
Se acerco a la muerte, utilizando a sus compañeros como herramientas para despertar su octavo sentido y poder encontrarse con vida en el mundo de los muertos sin estar sujetos a las leyes del rey del inframundo, para poder ayudar a Athena, sin embargo, jamás pensó en las consecuencias que aquello traería, no pensó en Milo y Aioria, ni en el odio dormido que despertaría dentro de ellos para sus compañeros y aquello era debido a que jamás se había detenido a pensar en los sentimientos cotidianos de la vida.
"Amistad, amor, compañerismo, lealtad."
-Fui tan dañino, como la exclamación de Athena misma, es mi responsabilidad… - Pero no pudo continuar meditando al sentir el cosmos de capricornio acercándose a la zona, para el relevo de guardias, el santo del decimo templo elevo su cosmos para dejarle en claro que era su turno.
-Shiva y Agora, vayan al coliseo los alcanzare después. – Se levanto apoyándose en su rodillas y al mismo tiempo elevo su cosmos indicándole a capricornio que iba hacia él, sintió la incertidumbre y sorpresa del guardián de la decima casa, pero aun así continuo acercándose. Abrió lentamente sus ojos al sentir que estaba cerca y observo al español parado arriba de un pequeño monte, dio un pequeño brinco para llegar hasta él.
-Shaka… - Le llamo sorprendido, el hindú reparo en la palidez extrema del santo de la decima casa, por lo que se preocupo un poco por él, mientras Shura observo atentamente que Shaka llevaba los ojos abiertos, ya había visto sus ojos, aquella vez que pelearon en Virgo, pero en ese entonces no había tenido el tiempo para verlos adecuadamente, en ese entonces se trataba de vida o muerte.
-Shura ¿Podemos hablar? – Vio al español asentir débilmente, pues su voz le había traicionado, debido a que se encontraba desconcertado por aquel abordaje sorpresivo que le había dado Virgo. – Es sobre lo ocurrido en la casa de Virgo, Shura quiero que entiendas que ustedes no asesinaron a nadie, eso fue suicidio, por lo que no debes sentirte mal por lo ocurrido.
-Shaka… - Fue de nuevo lo último que Shura pudo de nueva cuenta mencionar, jamás pensó que aquello ocurriría así, tan de pronto, si tenía planeado disculparse con su compañero de armas pero jamás lo espero tan de repente, si ni siquiera le dijeron agua va.
-Tu acción en la guerra santa contra Hades junto a los otros fue por demás valiente y noble, caballero, no tengo nada que recriminarte a ti y a los demás por lo ocurrido en la casa de Virgo, por el contrario son ustedes caballeros los que deben comprender la relevancia de sus acciones, que fueron necesarias para nuestra victoria y la fuerza de sus corazones para realizar aquella acción que pudo haber terminado fatal y que los hubiera llevado a la deshonra si no salía de acuerdo a lo planeado. –Por primera vez Shura sintió un escalofrió recorrerle todo el cuerpo, pues era la primera vez que había reparado en aquella situación que Shaka le planteaba, si algo hubiera salido mal, mas mal de lo que salió, las consecuencias hubieran sido catastróficas, sonrió débilmente al darse cuenta de lo cerca que habían estado de fallar y agradeció a Athena, aquella intervención que había tenido por ellos.
-No resulto de acuerdo a lo planeado. – Menciono el español, escuchando su voz sonar un poco más dura de lo normal.
-Aun así obtuvimos la victoria, por su sacrificio. – Shaka observo al peli verde relajarse un poco, pues comenzaba a entender que habían aportado algo de beneficio, a pesar de todo el daño que había causado a sus compañeros.
-De todas formas, Shaka, lo lamento el haberte atacado de aquella forma tan cobarde y humillante. – Tercio el español.
-Era la única forma. – Shaka puso una de sus manos en el hombro de la cabra dorada, que se tenso al contacto pero que se relajo casi al instante, por lo que ambos sonrieron. – Lamento haberlos utilizado de aquella forma, fue cruel y cobarde de mi parte, siento todos los problemas que ello les ha ocasionado.
-Entonces no hay nada que perdonar. – Sonrió por primera vez francamente el español desde que había vuelto a la vida. – Me alegro de haber tenido esta plática contigo, Shaka, en realidad lo necesitaba.
-Yo también. –
…
Aioros camino directo a leo una vez que el patriarca le permitió salir y le libero de su secuestro, tenía tantas cosas que hablar con él, pero más que nada, decirle lo orgulloso que estaba de él, Aioria se había vuelto un hombre y un poderoso santo dorado, aunque a sus ojos siempre veía a su hermano menor, uno a quien debía de proteger y guiar.
Piscis, Acuario y Capricornio estaban solas y sumida en la oscuridad debido a la ausencia de sus guardianes regentes, en escorpio encontró a Milo farfullando improperios contra alguien imaginario y no estuvo dispuesto a interrumpirlo para que los descargara sobre él, Dokho estaba con el patriarca por lo que su paso por ahí fue al igual en silencio, en Virgo observo a su caballero quien recién llegaba a su propio templo y quien venía acompañado de sus alumnos.
-Agora y Shiva. – El rubio llamo a sus aprendices quienes miraron al caballero de sagitario que venía con ropas civiles. – El es Aioros de Sagitario.
-Mucho gusto. –Les sonrió a ambos y miro a Shaka. - ¿Qué tal estuvo la guardia?
-Tranquila hoy en día no hay nada que amenace al santuario, al menos por ahora. – Shaka recordó el haber sentido el cosmos de Hermes en el salón patriarcal, por lo que no le extrañaría alguna represalia contra su diosa por haberlos revivido. – Shura ha quedado encargado.
-Que bien, tal vez después vaya hablar con él. – Menciono jovialmente Aioros mientras caminaba a la salida pero la mano del hindú le detuvo, la penetrante mirada del caballero de Virgo le hizo sentir como si viera la eternidad en ellos, pero le mostro cierta preocupación en su mirar.
-Aioros, Saga y Shura, tienen de verdad algunos sentimientos encontrados por tu vuelta a la vida, creo que al hablar con ellos deberías tener algo de tacto. – Shaka se dio media vuelta antes de que preguntara el porqué, perdiéndose en la parte privada de Virgo seguido de sus dos alumnos.
-Shaka… - Sin decir más pego carrera hacia Leo en busca de su hermano menor, estaba cansado que todos le dijeran las cosas a medias, que hacían que se preocupara de sobremanera, Saga y Shura se había mostrado tranquilos las veces que había podido verlos, más nunca les había hablado ahora que habían regresado. – Aioria.
Camino por el pasillo central de la casa, dispuesto a internarse en leo, aquella casa era casi como la suya, la conocía a la perfección, tanto como llego a conocer la casa de capricornio y géminis hacia 13 años, corrió hacia la cocina donde pensó encontrarse a su hermano, más sin embargo no lo hayo, maldijo por lo bajo y salió a la parte anterior de la quinta casa donde encontró a su hermano recargado en uno de los pilares caídos, mirando el cielo.
-Aioria… - El león dorado brinco del susto que su hermano le dio, pues estaba dormido, por inercia se había arrogado a un lado de la pilastra, una vez en el suelo abrió sus ojos con pesadez, sintiéndose molesto de aquel que lo había despertado, apretó su espalda para desentumirse y vio que una mano se estiraba hasta él para ayudarlo a levantar.
-¿Estás bien? – Vio a su hermano preocupado y cuando asistió, Aioros soltó plenamente la carcajada, arrugo el entrecejo fingiendo molestia, pues a su memoria le vino que su hermano mayor siempre hacia eso primero preguntaba cómo se encontraba y una vez que decía que estaba bien este rompía a reír alegremente.
-Aioros, veo que el patriarca te ha dejado libre. – Aioria se levanto y Aiorios se sorprendió que su hermano fuera tan solo unos centímetros más abajo que él, estiro su mano revolviéndole los cabellos castaños y cuando Aioria le soltó un manotazo detuvo su mano y le abrazo.
Aioros estrujo a su hermano en aquel abrazo, queriendo remplazar y llenar aquel vacio que había dejado ante su ausencia, aquel acto heroico que no había pensado e hizo abandonando a su hermano, un logro a cambio de un enorme sacrificio, sentía mucho el vacio que había dejado en su hermano durante aquel tiempo, un vacio que ninguno de sus amigos pudo llenar, a lo que había escuchado, todos habían abandonado a Aioria a penas él había muerto, lo apretó un poco más contra sí.
-Hermano… - La voz de Aioria se rompió y sintió que sus lagrimas corrían por sus mejillas, jamás creyó que llegaría ese momento, en que pudiera abrazar a su hermano de nuevo, aquel que lo había dejado hacia tantas años y que había llegado a odiar, en ese momento volvió a sentirse pequeño estando a su lado, se había convertido en el hombre que Aioros hubiera esperado, pero él no estuvo para verlo, peleo una guerra santa y no estuvo para apoyarlo, a pesar de la ausencia de Aioros en su vida, sabía que aquellos pocos 7 u 10 años que lo tuvo, fueron suficientes para hacerlo un hombre de bien. – Te extrañe tanto.
-Ya estoy aquí y no pienso dejarte solo de nuevo. – Aioros se le rompió el alma al escuchar a su hermano llorar de aquella forma, no sabía por todo lo que había pasado pero aquellas lagrimas le indicaban que había necesitado de él más de una ocasión. – Aioria… - Le llamo dulcemente, separándolo de él, limpio con un debo las lagrimas que salían de sus ojos verdes y lo condujo hacia la parte privada de leo, la cual le ayudo a su hermano a recobrar un poco la compostura.
-Hermano, quiero comprender todo lo que han pasado, para ello necesito que me lo expliques… - Aioros miro unos segundos más, vio que Aioria tomaba aire, pues recordaría un pasado que él había intentado borrar a toda costa, un pasado lleno de humillación. – Antes que nada, quiero decir que lo lamento mucho, debí haber estado a tu lado, apoyándote pero en aquel momento no pensé en las consecuencias, solo quería salvarla a ella.
-Hiciste tu trabajo, Aioros. – Su hermano contesto aun con la voz ronca. – Cuando tú moriste, todo se complico más, al menos para mí. No tienes idea de la cantidad de veces que golpee a alguien por que te llamo traidor, luche hasta el cansancio para cambiar tu reputación, me repetía mil veces que lo que había pasado era una mentira, que el patriarca mentía acerca de lo ocurrido, pero fue una batalla que libre yo solo, nadie me apoyo y al final la perdí. – Aioria callo de pronto al sentir vergüenza de lo que estaba a punto de decir. –Te odie, maldecía el ser tu hermano, porque al ser tu un traidor yo también lo era y me hacían verlo todos los días todos; los guardias, los aprendices, los caballeros y amazonas, Afrodita, Mascara, Shura y el patriarca.
-Pero Shura… el me prometió que cuidaría de ti. – Aioros recordó aquello, pero por la cara de Aioria aquello no paso.
-Me aleje de él, le jure que lo matare. – Aioria apretó sus dos manos y unos pequeños rayos salieron expedidos de su puño rodeándolo. – El me alejo de ti Aioros y jamás se lo perdonare.
-No digas eso. – Le reprendió suavemente. – Yo ya le he perdonado, el cumplió con su trabajo si yo hubiera hablado con él, antes de aquello, Shura jamás se hubiera manchado sus manos con mi sangre.
-¡Como puedes decir eso! ¡El te mato, te traiciono! ¡Les perdonan como si no hubieran hecho nada! – Aioria se levanto de la mesa, pero la mirada calmada de su hermano le ayudo a serenarse un poco.
-¿Shura jamás te dijo que lo lamentaba? – La pregunta desconcertó a Aioria quien cerró sus ojos con fuerza ante la impotencia de no poder asesinar en ese mismo momento al guardián de capricornio y géminis. Dos veces, ese fue el número de veces que interrumpió a Shura a media disculpa o al menos eso era lo que recordaba; una había sido aquella noche cuando asesino a Aioros y la otra fue cuando llevaban sus cuerpos maltrechos frente Athena en la guerra santa. – Yo sé que si lo hizo, aunque lo calles, Aioria, tienes que vencer a tu orgullo, como Athena dijo.
-Pero…
-Aioria. – Rio alegremente Aioros al ver la cara de reproche de su hermano, que no había cambiado en mucho. – Hermano, estoy orgulloso del hombre que eres, se que harás lo correcto siempre lo haces y no quiero que lamentes el haberme negado como hermano, porque yo antepuse a Athena antes que a ti, te falle yo también…
-No entiendes. – Menciono algo frustrado Aioria. – Me teñí hasta el pelo para que no me relacionaran contigo… - Fue un error decir aquello, pues Aioros estallo en plena carcajada, que lo obligo a tirarse de la silla, por lo que arrugo el ceño frustrado.
-¿De qué color? – Pregunto Aioros entre risas.
-Rojo – Repuso Aioria algo molesto, escucho la carcajada burlona de su hermano unos minutos más hasta que se calmo.
-Lo siento. – Repuso, acomodando la silla y volviéndose a sentar sobre ella. – Lamento por lo que pasaste Aioria yo debí estar ahí para ti, cuando obtuviste a leo, al pelear la batalla contra Hades, debí estar ahí apoyándote.
-Tú no tienes porque lamentarlo… - Volvió de nueva cuenta Aioria a enfurecerse al acordarse de los verdugos de su hermano, que descansaban cómodamente en las 12 casas.
-Hermano, también tengo responsabilidad en lo ocurrido, se que lo entenderás y podrás perdonarlos a todos, ahora lo importante es ver hacia adelante, estamos juntos en esto, como en los viejos tiempos. – Aioros brinco de su silla y se acerco de nuevo a su hermano para abrazarlo. – Hasta el final.
…
Saori Kido había viajado junto a Mu y Afrodita a Japón, para ser la guardia personal de su diosa y además que Mu pudiera ver al pequeño Kiki, quien se encontraba en la mansión que había pertenecido a los Kido por generaciones y donde se encontraban los santos de bronce, descansando. Ambos guardianes dorados iban en silencio en una de las limosinas que pertenecía a la joven Athena que los llevaba del aeropuerto a la mansión, cada uno iba de cada lado de su diosa, Mu viendo hacia el frente mientras Afrodita observaba por la ventana lo que pasasen, la proposición de su diosa para hacer aquel viaje cuando llego al doceavo templo los había sorprendido a él y Mascara de la muerte que rio para burlarse de él.
El coche se detuvo de improvisto frente a una gran empresa, ambos guardianes llevaron por inercia sus manos a la puerta y las abrieron para bajar, Afrodita ofreció amablemente su mano a su diosa, mientras Mu estudiaba con una sola vista todo lo que los rodeaba no presentara un riesgo para ella, cuando se posicionaron a sus lados para seguirla ella los detuvo dulcemente.
-Entren al vehículo y espérenme ahí, por favor, solo tardare unos minutos. – Les pidió amablemente a ambos, con un gesto gentil en la comisura de sus labios.
-Pero Athena… - Inicio el doceavo guardián pero fue callado por un dedo de la joven deidad, lo que hizo que Afrodita se sonrojara.
-¿Está segura? – Esta vez fue Mu quien la cuestiono, cuando la peli lila asistió ambos dejaron escapar un suspiro de resignación y entraron a la limosina, pero los minutos se hicieron medias horas.
-¿A dónde habrá ido? – Se cuestiono preocupado Afrodita, soltando una pregunta al aire, no esperaba que Mu la contestara, de todas formas ya era de por mas incomodo el estar frente al primer guardián, con el que claramente no había tenido una buena relación, pero se sorprendió cuando el peli lila le respondió.
-No lo sé, pero me imagino que se encontrara bien. – Menciono Mu, adoptando una nueva posición para sentarse, ya que comenzaba a entumirse. – De otra forma lo hubiéramos sentido.
-¿Estas emocionado por volver a ver Kiki? – Mu arrugo el entrecejo al oír aquella pregunta. – Perdona he sido indiscreto. – Afrodita dirigió su mirada al guardián del primer templo, quien sonrió a medias.
-No pasa nada, compañero. – Aquellas simples palabras le mostraron que el carnero dorado no le guardaba recelo en lo absoluto por lo ocurrido en la guerra santa. – Algo, simplemente no se qué reacción tendrá, después de todo cuanto tiempo ha pasado, dos años, quizá tres. Estoy algo nervioso pero al final feliz.
-El estará igual, eres su maestro Mu y se ve que el niño te quiere como si fueras un padre para él, cuando los veía a ustedes dos en el santuario me hacías recordar a otras personas. – Afrodita se sintió cómodo hablando con otra persona que no fuera Mascara, estaba cansado de excluirse de sus compañeros quería un futuro donde él y su amigo se integraran a la orden.
-¿A quiénes? – Pregunto Mu.
-A ti y a Shion. – La respuesta hizo que Mu se perdiera por unos segundos en sus recuerdos de niño, también él quería al patriarca como un padre y se pregunto si Kiki sentiría lo mismo que él sentía por Shion.
Afrodita respeto el silencio que opto el ariano al escuchar aquellas palabras, después de todo, sabia de sobra que el cariño que Mu había desarrollado por el patriarca era colosal, aun recordaba como el pequeño Mu se había destrozado al haberse enterado de la muerte de Shion en su infancia, no solo había marcado ese día un destino trágico para todos, un destino del que el formo parte, si no que también impacto de forma seria al carnero dorado de esa época, que se vio obligado a crecer de la noche a la mañana y que a edad temprana el santo dorado de Aries había madurado de sobre manera.
-Afrodita. – Giro su rostro al escuchar que Aries lo llamaba. – No sé qué motivos tuvieron para seguir a Saga, pero para mí aquello ya quedo en el pasado.
El de cabellos celestes guardo silencio al oír esas palabras por parte del santo de Aries, pero una cosa le había quedado muy claro y era que el guardián de Aries no tenía ningún resentimiento contra el por lo ocurrido en la guerra santa y le estaba insinuando que a pesar del pasado aun podía formar parte del futuro de sus compañeros y él, si llegaba a proponérselo.
-Gracias Mu. – Atino a decir al tiempo que sentían el cosmos de Saori acercase a donde se encontraban, la diosa venia tranquilamente caminando, Mu se apresuro a bajarse del vehículo para abrirle la puerta, una vez dentro les sonrió.
-Lamento la tardanza, pero se me complico un poco la junta, espero que la espera no haya sido incomoda para ustedes. – Bingo, pensó Afrodita al ver la mirada traviesa que Athena les había dirigido a ellos, demostrándoles que lo había hecho a propósito, para que ambos guardianes pudieran hablar.
-En lo absoluto. – Respondió Mu, mirando a su compañero complaciente al descubrir los planes de su diosa.
El resto del viaje se realizo en silencio, esta vez no era incomodo, si no que se podía sentir la tranquilidad y armonía de los cosmos de los dos guardianes y no como lo fue al principio del viaje, donde la energía de ambos dorados se revolvía con desconfianza, inseguridad e incomodidad.
El automóvil disminuyo su velocidad mientras observaron que un portón de color negro comenzaba a abrirse para permitirle el paso al vehículo, tanto Mu como Afrodita disminuyeron sus cosmos para que la sorpresa que Mu le diera a Kiki fuera total, el auto entro con calma y cuando ambos santos vieron la modesta residencia de su diosa, observaron que no tenía nada que envidiarle al santuario.
-Llegamos. – Les sonrió gustosa, vieron a los de bronce esperando a las afueras de la mansión a Athena, los ojos de Mu se detuvieron cuando vio a Kiki a un lado de Seiya, había crecido unos centímetros y sus músculos se veían mas torneados, el corazón de Mu dio un vuelco de alegría al verlo, se sintió increíblemente orgulloso de aquel de quien fuera maestro, como había crecido en su ausencia.
-¡Saori! – Grito Pegaso cuando el auto se detuvo, se apresuro a abrirle la puerta, para ayudarla a bajar, pero se detuvo al ver a Afrodita que bajaba del vehículo y ofrecía su mano a la diosa.
-Afrodita. – Tercio Shun emocionado, de ver al guardián de Piscis ahí. Mu se había quedado encerrado en sus pensamientos, por lo que Afrodita cerró la puerta de su lado y apresuro a todos a entrar a la mansión, pero detuvo a Kiki antes de entrar.
-Tú no pequeño, Athena te ha traído algo especial para ti. – El pelirrojo giro su rostro al escuchar que una puerta se cerraba a sus espaldas y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lagrimas al ver a Mu parado frente a él.
-¿Maestro?... – Murmuro con dificultad el pequeño, Mu agradeció con la mirada la privacidad que le dio su compañero, al introducir a empujones a Seiya dentro de la mansión mientras los demás los seguían.
-Kiki. – Le llamo acercándose a él, pero su aprendiz corrió hacia él y le abrazo por la cintura, mientras luchaba ferozmente para no llorar pero todos sus intentos fueron en vano, Mu se sereno al ver al pequeño y correspondió a su abrazo.
-¡Maestro Mu! Pensé que jamás volvería a verlo. – Admitió el niño abrazándolo con más fuerza como para comprobar si aquello que tenía entre sus brazos era real y no un sueño más, como los que tuvo después de la guerra santa donde soñaba a su maestro, dándole lecciones como si él estuviera… - Vivo.
El niño lloraba como lo había hecho después de que la felicidad que le embargo cuando termino la guerra santa y los santos de bronce regresarón para decirle que sus peores temores iban a cumplirse, porque Mu al igual que los otros dorados no habían podido regresar del viaje. Tras ese momento cuando llego solo a ver los estragos de Aries y escucho aquel eco abrumador que le embargo completamente, jamás reparo en que tan especial podía ser el escuchar su voz, sus pisadas, sus movimientos, como aquella noche, cuando deseaba que ocurriera un milagro y su maestro apareciera entre las penumbras de Aries, oculto en la sombra y le sorprendiera.
Pero tardo unos segundos en darse cuenta que aquello no ocurriría, que tonto había sido al no leer entre líneas aquella tarde que su maestro se estaba despidiendo de él, cuando no valoro aquellas palabras y que ahora tomaron tanto sentido para él, que llegaron a hacerle tener un remordimiento diario al entender el significado de esas palabras. Aquella noche cuando la orden dorada dejo de existir por completo, no solo lloro amargamente cuando entro en Aries y se dejo caer de rodillas vencido, si no que se arrepintió de no haberle dicho a su maestro cuando le admiraba y cuan agradecido estaba por todo lo que había hecho por él.
-Tranquilo Kiki. – Mu le abrazo aun más, mientras el niño aun lloraba desconsolado entre sus brazos aquel a quien quería tanto.
Jamás comprendió a su maestro completamente hasta que aquel pequeño duende llego a su vida y se hizo su aprendiz, no fue nada fácil lidiar con aquel niño y menos cuando el apenas estaba llegando a la adolescencia y su vida se había vuelto gris, pero poco a poco, Kiki le trago felicidad en su vida, le brindo sus sonrisas y compartió su alegría con él. Que podía decir Mu de aquel niño que tan orgulloso lo hacía sentir, que le colmaba de felicidad y ahora que lo tenía entre sus brazos se arrepintió de las muchas cosas que había dejado escapar de su infancia.
Sintió un pesar al solo imaginar a Kiki entrando a Aries o visitando el Himalaya sin él, pues conocía muy bien a su discípulo y comprendió lo solo que pudo llegar a sentirse, lo mucho que tal vez lloro durante noches enteras y como él lo había experimentado al perder a Shion.
-Maestro, no sabe… lo agradecido que estoy con usted y… y ahora… yo… yo entiendo lo afortunado que fui, al ser su alumno. – Mu se agacho a su altura y le dio un suave beso en la frente, el pequeño ariano sonrió débilmente, su alma estaba rebosante de felicidad de tener a su maestro de nuevo, no importaba que lo regañara por seguirle el juego al señor Milo o lo pusiera a entrenar arduamente.
-Te equivocas Kiki, el afortunado fui yo… -
…
Ambas deidades estaban sentada una frente a la otra, observándose mientras consumían ambrosia y néctar, bebidas dignas de dioses, las cuales estaban prohibidas para los humanos.
Ambas de tez blanca, que las hacía parecer talladas en marfil por sus aspectos finos, una de ellas tenía el cabello rubio un poco mas debajo de la cadera en hermosos rizos que colgaban sobre su figura esbelta y torneada, tenía unos ojos de color verde, tan parecido a las más puras esmeralda y que por su forma juguetona de ver parecían los ojos de un felino, se encontraba sentada con las piernas cruzadas dejando ver unas sandalias que rodeaban hasta su pantorrilla, debajo del vestido azul que llevaba y que hacia resaltar su cabello, alzaba a la vista unos enormes senos y bajo el se podían ver unas piernas perfectamente moldeadas, su piel era tersa y suave y sus labios eran rosados.
-Afrodita. – La llamo la diosa que se mantenía frente a ella, tenía un porte altivo y lleno de arrogancia, su cabello no tenia que envidiarle nada a la rubia, a diferencia de esta su cabello caía hasta su cintura, era de un color rojizo y tenía unos preciosos ojos verdes que dedicaban miradas iracundas de cuando en cuando a las ninfas que las atendían, sobre su frente descansaba el polos y se encontraba sentada sobre su trono, la diosa de dioses estiro su mano para que su copa fuera rellenada con el néctar.
-Dime Hera. – Contesto la rubia fingiendo agrado por su par.
-Athena ha cumplido con su palabra, ha vuelto a la vida a todos sus santos. – Comenzó la pelirroja, Afrodita se incorporo sensualmente, contoneándose como un gato, se acerco a la ventana y miro los jardines de la diosa del matrimonio, eran ciertamente hermosos.
-A mi no me importan esos mortales, no me interesa Athena en lo mas mínimo. – Repuso sorbiendo de su copa y empapando su paladar con el dulce saber del néctar. – A mi me interesa Ares y hare lo que sea por liberarlo.
-Hefestos es tu esposo… -
-Como Zeus es el tuyo y no por ello él te guarda fidelidad, además debo recordarte que por mi estas liberada de aquel trono que Hefestos construyo para ti. – La rubia vio la mirada iracunda de la diosa del matrimonio y rio triunfal, incluso le pareció que hasta el cabello de la deidad se encendía de una tonalidad más rojiza, parecida a la sangre. – Contrólate Hera, tú sabes mejor que nadie lo que ocurre entre Ares y yo.
-Es normal que se intercambie mercancía, entre los dioses. – Siseo enfurecida la diosa, Afrodita arrugo el ceño al escucharse ser llamada mercancía, pero hizo oídos sordos a su compañera, se sentó delicadamente sobre el marco de la ventana y miro a lo lejos el templo de Ares, como le extrañaba.
-¿Qué haremos, para recuperarle? – Tercio la diosa del amor, juntando sus piernas contra su pecho, Afrodita jamás había intervenido en las peleas de Athena se le hacía algo muy bajo el pelear contra otros dios, pero su paciencia se había agotado, la diosa de la sabiduría no se detenía por nada ni por nadie.
-Tengo varios planes en mente, llama a Fobos y Deimos una vez que la reunión con Athena termine, yo por mi parte buscare a Enio, ellos son fieles a Ares y sé que harán de todo por recuperarle…
….
Shura estaba contemplando el mar, miraba hacia el horizonte donde se observaba al cielo juntándose con la inmensa pared de agua, el sol comenzaba a ocultarse y el atardecer teñía el cielo de colores que iban desde el rosado hasta el morado. Eso solo le indicaba que su guardia estaría a punto de terminar y en cualquier momento aparecería Mascara de la muerte para sustituirlo.
-Vergüenza. – Era la única palabra que rondaba por su mente, aun cuando hubiera hablado con Shaka sentía una inmensa tristeza por su proceder tan cobarde contra sus propios compañeros, sabía que no era el único que lo sentía, pues el aislamiento de Camus le indicaba que pesaba lo mismo sobre su corazón, al final de cuentas él y su vecino habían llegado a entenderse muy bien, cosa que no llegaron a hacer antes de la batalla de las 12 casas.
-Aquí estas cabrita. – Le saludo animadamente Mascara de la muerte, quien llegaba justo en el momento que el sol terminaba de meterse. – Te relevare.
-Bien, no creo que pase mucho. – Shura se levanto por la mano que le extendió el de la cuarta casa y le palmeo el hombro dejándolo en su puesto, mientras él se dirigía a capricornio a darse un baño, camino en silencio a través de las hileras de columnas destruidas y que de día servían para lugar de entrenamiento, la oscuridad hizo que sus sentidos se alertaran por costumbre, dudaba de algún ataque, para él la vida del santuario comenzaba a tomar una rutina, habían entrenado para pelear y luchar hasta la muerte por la paz, pero ahora que habían ganado, no tenía ni la mínima idea de cómo vivir, mucho menos cuando Aioros y él no habían hablado y la vergüenza pesaba en él como la oscuridad esa noche.
Una intrépida mano salió de una de las pilastras y lo tomo con brusquedad halándolo por el brazo hacia la parte interna de aquella construcción destruida, la oscuridad se hizo presente aun más, pero aun así pudo distinguir los finos rasgos de la pelinegra y observo sus ojos azules centellantes en la oscuridad.
-Geist. – Murmuro débilmente el santo, como si temiera que alguien los viera.
-Hola Shura. – Tercio la pelinegra recargándose en aquel muro que les hacía de guarida.
-¿Nos escondemos de alguien? – Shura la miro de nueva cuenta, tenía años sin verla, pero aun guardaba aquel brillo travieso y rebelde en sus ojos, que había ocasionado que la exiliaran del santuario.
-Shaina, me ha estado preguntando toda la tarde de donde te conocía. – Respondió la pelinegra pasándose una mano desesperada por el cabello y fingiendo una mueca de disgusto. El alzo una ceja al escuchar aquello por lo que ella continuo. – Hoy cuando casi reñiste en el coliseo, llego el caballero de escorpio y quiso impresionarme con que era un caballero dorado, pues creía que jamás había visto uno, así que le dije que ya conocía uno, tu. – Los ojos azules lo miraron diciéndole y vaya que te conozco muy bien.
-Me imagino, sus rostros, jamás pensarían que me juntaría con una revoltosa como tú. – Rio suavemente ante la cara de reproche de la amazona.
-Les fue difícil imaginarme aguantando un pedante como tú, señor recto. – Geist le dio un suave empujón, que no lo movió un centímetro, pero le indico que estaba bromeando con él, Shura sonrió suavemente, si ella supiera que del recto ya no le quedaba nada.
-Tonta. – Shura asomo el rostro para observar si alguien los veía, pero como todas las veces que ellos se habían reunido, la gente brillaba por su ausencia, era por ello que nadie sabía de la "amistad" que llevaba con la amazona a excepción de Aioros.
-Shaina me ha contado todo lo que paso. – Ella lo sabía todo, todo por lo que tenía que haber pasado el español, lo conocía tan bien que podía imaginar por lo que Shura estaba pasando, se acerco un poco a él, mientras observo que el peli verde desvió su mirada hacia otra parte.
-Yo… -
-Shura. – Ella se acerco lentamente y enrollo sus manos alrededor de la cintura del español, quien la miro sorprendido. – Yo sé que es ser infiel y traicionar los ideales del santuario, por ello me exiliaron, pero tu… - Tomo delicadamente el rostro del español y le obligo a verla. – A pesar de lo pedante que puedes ser, eres el santo más fiel a Athena y es tan así que has sacrificado todo por ella, no tienes porque sentir vergüenza.
Shura la abrazo y rodeo a la pelinegra con sus fuertes brazos, apoyando su barbilla sobre la melena negra de ella, al tiempo que aspiraba su aroma. Se rio al recordar cómo se habían conocido, ella una rebelde y contestona, mientras él era un santo apegado firmemente a las leyes del santuario, era fiel a sus ideales los cuales llevaba hasta el extremo.
Se habían conocido porque fue el encargado de detenerla cuando armo una pequeña revuelta, la detuvo a la fuerza, pues la pelinegra daba fuertes golpes y era más que fiera, una vez que la capturo, la llevo frente al patriarca, quien le brindo un sermón y le castigo por algunos días, al pasar los días sus encuentros fueron más frecuentes y el intercambio de palabras ocurrió, hasta sin saber cómo ni porque, se besaron y empezaron una relación sin compromisos, ocultándola de todos, no solo se habían hecho amigos si no también amantes, ambos guiados por el desinterés de los sentimientos del otro, pero conformes de satisfacer sus deseos.
Pero poco antes del exilio de la ojo azul, se dio cuenta de que había fallado a su promesa, pues empezó a sentir algo por aquella niña a la que le llevaba cerca de 6 años de diferencia, no conocía exactamente lo que le traía de ella, si eran tan diferentes, ella era rebelde, fiera, desobediente e insoportablemente hermosa, que contrastaba con su carácter, el cual comenzó a apaciguarse a medida que se conocieron. Cuando le revelo lo que sentía por ella fue muy tarde, ella había sido exiliada pero a pesar de ello, Geist le correspondió.
-Te extrañe, Geist. – La pelinegra levanto su rostro y miro a los ojos al español, ambos acortaron distancia hasta que se besaron.
…
Afrodita estaba sentado sobre un sofá a un su lado estaba Shun y Hyoga, frente a él se encontraba Athena y Seiya, un poco más alejado del grupo estaba Ikki y Shiryu, Mu y Kiki estaba de pie conversando o más bien Mu escuchaba a su discípulo hablar sin parar de lo que había ocurrido en su ausencia.
-Entonces todos han vuelto a la vida – Menciono absorto en sus pensamientos el ruso, pues aun no había reunido el valor para ir a ver a su maestro Camus.
-Si así es. – Afrodita se cruzo de brazos y cerro lentamente los ojos, ante la paciguidad del ambiente.
-¿Cómo han reaccionado todos? – Shun cuestiono al santo de piscis, mientras veía que Mu prestaba atención a aquella pregunta, por lo que el peli verde entendió que a ambos guardianes les era difícil responder a aquella pregunta, Athena se incorporo lentamente y se dirigió hacia un ventanal grande que se encontraba en aquella habitación para observar el panorama, pero este de pronto se torno oscuro y de tonalidades de grises hasta que su vista se nublo.
-¡Athena! – Escucho que la llamo preocupado el lemuriano, mientras sintió el cosmos de Afrodita aproximarse a ella justo para detenerla en sus brazos, pues comenzó a perder el conocimiento, la mano del santo de las rosas tomo la suya mano, mientras Seiya y los demás se reunían a su alrededor.
Se desvaneció por completo, sintió nauseas y comenzó a oír voces que se escuchaban distantes e incoherentes pero a medida que ella recobraba la conciencia por medio de su cosmos sentía como si algo la halase, estas se oían con mayor claridad y podía comprenderlas, de repente sintió que aquella pesadez que la había hecho desmayarse se esfumo, pero cuando abrió los ojos se llevo una gran sorpresa, dirigió una mano hacia su frente para cerciorarse que estaba despierta, se encontraba de pie frente a una enorme mesa de oro que brillaba con intensidad y que tenia doce sillas enormes tallada sobre la más fina madera que hubiera visto en el mundo mortal, impregnadas de las gemas más preciosas y los minerales más puros, sentados sobre ellas se encontraban los dioses olímpicos, fulminándola con la mirada y listos para juzgarla.
…
Continuara…
¿Qué les pareció? Les agradezco de sobremanera a aquellos que han agregado/siguen mi historia o a mí como autora.
Rose- Roxxette: Muchas gracias por tu comentario, además de tus deseos, espero que el año también traiga cosas buenas para ti, si ahí esta kiki, medio sentimental pero así son los reencuentro ¿no?
SakuraBallSeiyaMejoresAnimes: Listo, actualizado rápido o lo más rápido que pude por tu petición espero este capítulo haya sido de tu agrado.
Algunas aclaraciones:
enfurecida porque Zeus engendro solo a Athena, da a luz a Hefesto, pero ante la fealdad de este dios lo expulsa del Olimpo, lo que hace enfurecer a Hefestos y crea un trono para su madre, una vez que Hera se sienta en el no puede levantarse, varios dioses le piden que la libere pero se niega por lo que Dionisio lo emborracha y lo lleva al Olimpo una vez ahí acepta el cambio de liberar a Hera a cambio de que él despose a Afrodita.
2. Fobos y Deimos son hijos de Afrodita con Ares y le acompañaban en todas sus batallas junto con Enio que era su hermana.
fanatica de Shura x Geist, se me hacen dos personalidades que son completamente opuestas y ya saben lo que se dice polos opuestos se atraen.
Atte: ddmanzanita.
