Lamento un poco el retraso, pero ya estoy de vuelta, espero que disfruten de este capítulo y dejen sus comentarios.

Capitulo 6. Alma de hierro.

-Athena, toma asiento por favor. –

Escucho aquella voz que le llamo, mas sin embargo estaba tan absorta en sus pensamientos, que desconoció por completo de quien fue aquella invitación. Sintió resbalar su cabello por sus hombros delicadamente y se sorprendió al ver su cabello largo hasta la cintura y de color negro; quien fuera que la hubiera llevado hasta ahí, había separado muy bien su cuerpo y alma mortal de su divinidad, por ello Saori se encontraba inconsciente en la tierra y ella por su parte estaba en el Olimpo como la autentica diosa Athena, quien hacía siglos que no pisaba aquella tierra mítica.

Fulmino con su mirada grisácea a los 11 presentes ahí, justo al centro de la mesa se encontraba Zeus, a su lado lo acompañaba Hera con un claro mohín de indignación de su parte, en el lugar perteneciente a Poseidón se encontraba su tía Anfitrite diosa del mar, el lugar de Ares estaba vacío, al lado de aquella silla miro los ojos rojizos de Hermes quien expresaba una sonrisa divertida en los labios, luego estaba Hefestos, Afrodita a su lado, Apolo, Artemisa, Dionisio y el lugar vacio que había dejado Hades.

Camino lentamente hasta posarse en su lugar entre Afrodita y Apolo, quien le hizo una ligera inclinación de cabeza cuando tomo su lugar, volvió a examinar a todos a su alrededor como si se trataran de depredadores y ella fuera la única presa disponible. Volvió a dirigir su mirada a las sillas vacías de Hades y Ares, hasta que reparo en la diosa del mar tranquilo que remplazaba al emperador de los mares en ese momento.

Las enormes puertas de oro, que custodiaban la entrada a aquel lugar se abrieron lentamente dejando oír un crujido en toda la sala, que hizo que ella como sus pares giraran la cabeza para ver quién era el dios que importunaba aquella reunión de los 12 olímpicos, Athena se sorprendió cuando su vista choco con los ojos rojos de la emperatriz del inframundo, su cabello que caía hasta sus hombros del mismo color y que se removía a cada paso que daba al grado que parecía brazas de fuego.

-Lamento la tardanza. – Menciono la diosa en disculpa al dios mayor, quien hizo una leve inclinación, para Athena no paso desapercibido que a sus semejantes aquella interrupción pasara desapercibida, Persefore camino hasta el lugar que le perteneciese a su esposo y tomo su lugar, cuando dirigió su mirada a ella, la vio arder de rabia.

-¿A qué debo esta audiencia? – Pregunto la pelinegra ante la tención que estaba sintiendo por parte de sus pares.

-Bien sabes el porqué de tu presencia aquí. – Tercio Hera tranquilamente, mientras Afrodita sonreía complejamente.

-Me hago la idea, pero quiero oír de los labios de mi padre, él porque estoy aquí. – Contesto fríamente, mientras los ojos de Hera destellaban de enojo.

-Athena, se que estabas al tanto de las acciones que traería el revivir a tus santos caídos, los demás dioses me han rogado tu castigo, pero creo que es conveniente escuchar tus razones, así que explícate. – Los ojos azules de su padre estaban tranquilos, pero ella podía sentir la incertidumbre que el dios del rayo sentía ante el resultado que podría tener esa reunión.

-Padre, no debería dar ninguna explicación a ninguno de ellos, pues la mayoría no se la merece… – Miro a los gemelos olímpicos que la observaban con atención, por su parte Hermes y Dionisio sonreían divertidamente ante la situación en la que ella se encontraba.

-Si no quieres defenderte haya tu, mejor para nosotros, podríamos pasar directo al castigo y quitarnos de formalismos. – Afrodita siseo, la diosa del amor se reacomodo en su lugar sensualmente y lanzo una mirada fugas al dios del rayo.

-No me interrumpas, Afrodita. – Athena conto con los dedos de su mano a aquellos dioses quienes podrían mantenerse neutrales o a su favor en aquella sala, sabia de sobra que Hermes y Dionisio se inclinarían a favor de los ganadores, por su parte Hefestos estaba a su favor, ya que reconocía que al eliminar a Ares le había quitado al dios de la herrería un fuerte contrincante por el amor de Afrodita. – Zeus, me entrego el cuidado de la tierra y sus habitantes a mí, por lo que jamás responderé pacíficamente ante la invasión de mis dominios o ante la amenaza a mi reino. Jamás justificare acciones agresivas, crueles y cobardes por parte de mis iguales, Ares atentó contra mi vida y mi santuario, Poseidón amenazo a la tierra y por ende a mí, mientras Hades soborno a mis santos con vida eterna e intento acabar con toda vida en la tierra. Todas esas acciones ha sido una clara declaración de guerra a mis dominios, a los cuales me fue otorgado proteger a toda costa.

-Eso no explica el ¿Por qué reviviste a esos mortales? – Afrodita comenzó a respirar aceleradamente en un intento de contener toda aquella rabia que estaba sintiendo contra la pelinegra.

-Ni tampoco justifica el ¿Por qué Athena les ha enseñado a esos mortales a herir a un dios? - Las palabras frías de Persefore hizo que más de un dios se reacomodara en sus asientos, pues aquella platica comenzaba a encenderse y tomaba gran interés para ellos.

-Son mis guardianes, tienen la orden de defender mis territorios a toda costa, no importa quién sea el que intente sobrepasarse, sea un humano, titán o un dios. – Athena puso ambas manos en la mesa y miro a Apolo a su lado quien había tensado la mandíbula.

-Sí, permites que Athena reviva a sus santos, quiero que le obligues a liberar por completo el alma de Poseidón. – Anfitrite miro a su sobrina tranquilamente, pero Athena pudo sentir que su cosmos amenazaba con salir de aquel falso balance, la diosa de ojos azules claros miro al dios del rayo exigiendo que se cumpliera su promesa.

-Poseidón intento hacer un diluvio. – Respondió Athena, elevando un poco de su voz.

-Si vas a otorgarle a Athena todo lo que ella quiere… - Menciono Hera al lado de Zeus y clavando directamente los ojos en la pelinegra. – Yo quiero al asesino de dioses muerto.

-¡No! – Athena se levanto furiosa golpeando la mesa con ambas palmas al escuchar lo que la diosa de los matrimonios acababa de pedirle, le ofertaba la vida de toda la orden de caballeros a cambio de la vida de Pegaso, la vida de Seiya. – El poder que utilice fue mío, yo les he revivido, si ustedes quieren conseguir sus deseos les invito a intentarlo si quiera, pero les advierto que no dudare en ponerle fin a sus planes.

-Athena, no quiero iniciar una lucha contra ti. – Repuso la emperatriz de los mares. – Sabes muy bien que si retiro mi poder del océano este se volcara en tormentas, huracanes, diluvios, inundaciones y maremotos. Lo sabes, te doy mi palabra de que si liberas el alma de Poseidón no abra ninguna arremeto contra ti o los tuyos, la tierra vivirá en paz de guerras santas por siglos.

-No – Tercio Athena. - ¿Por qué se entrometen en el resultado de estas guerras, si cuando iniciaron jamás vi su interés en frenarlas? -

-Zeus, no puedes permitir que Athena haga esto. – Persefore se incorporo furiosa encarando a Athena quien aun se mantenía de pie. – Por que le has otorgado ese deseo, debiste detenerla.

-A ti te otorgue la vida de Hades. – Repuso el dios, asiento que la pelirroja se callara. – No tienes porque pedirme más, de lo que ya he hecho por ti.

-Quiero que Ares sea liberado, Zeus. – Hera sentía que aquella discusión estaba llegando a su fin, Zeus le iba a dar la razón a Athena y sus compañeras ya habían perdido toda validez de palabras ante su esposo.

-Ares… - Athena comenzó pero Afrodita se estiro como un gato y sonrió maléficamente.

-Ares es un dios, a pesar de sus acciones, no solo Hera lo quiere aquí, si no yo también. Poseidón aun mantiene parte de su poder en la tierra en un humano y Hades se encuentra con vida, pero Ares no puede salir de esa vasija, se que tu estas a favor de Athena y la ayudaras en lo que puedas, Zeus, no es la primera vez que te muestras benevolente ante las acciones de tu predilecta… - Afrodita espero que las palabras hicieran efecto en los otros dioses presentes, retiro un poco su silla y se levanto como un gato, contoneando las caderas y moviendo su cabellera, deslizo su mano por detrás de la silla de Apolo y Artemisa hasta que se dirigió a donde se encontraban Hermes y Dionisio deslizando una mano en cada hombro de ellos. – Le has permitido mucho, estuvo a punto de matar a Hades, te imaginas el desbalance que ello hubiera causado, si no hubieras intervenido para solucionar el desastre que ella ocasiono. Además permitió que un humano golpeara a Apolo e intentara dañar a Artemisa también. Dañaron las almas de Abel, Thanatos e Hipnos, Eris también resulto herida de aquel combate contra esos caballeros.

-Has permitido que ellos liberen a los santos que se encontraban en la piedra sagrada. – Tercio Hera furiosa. – Has dejado que ella les muestre el camino a esos humanos para destruirnos.

-No, es cierto. – Tercio Athena, pero el daño estaba hecho, los otros dioses que se habían mantenido neutros hasta ese momento comenzaban a murmurar entre ellos. –Mis caballeros…

-Yo solo me pregunto ¿Cuánto tiempo necesitaran esos humanos para darse cuenta del daño que pueden hacernos? Tal vez un día alcen su puño contra el Olimpo y contra su Rey. –Afrodita siseo estas palabras al oído del dios del rayo, quien dirigió una profunda mirada a Athena.

-¡Esto es absurdo! Mis santos jamás han atacado a otro dios sin justificación. – Athena volvió al ataque, furiosa como podían poner en tela de juicio la nobleza de sus caballeros si aquellos que habían fallado a su palabra habían sido los dioses, los mismos que habían iniciado aquellas guerras santas. -¡Es por demás patético, que intenten defender a ellos, después de que fueron los que me obligaron a llegar hasta ese punto!

-¡Te equivocas Athena! – Persefore volvió a tomar su lugar en un intento de recobrar la calma. – Te he pasado muchas guerras santas contra mi esposo, pensé que jamás llegarías al punto de atentar contra su cuerpo, pero me equivoque, no solo destruiste el inframundo si no que dañaste el alma de Hades.

-¡Ellos se lo buscaron! ¡No tolerare que atenten contra la tierra y no permitiré que intenten recuperar a aquellos que han causado tanto sufrimiento! – Athena empujo su silla hacia atrás dispuesta a irse, pero la mano de Apolo la detuvo. -¡Suéltame Apolo!

-Athena toma asiento, por favor. – Le llamo el dios del sol mirándola por el rabillo del ojo, Athena se zafo de su agarre molesta y obedeció ante la mirada severa de Zeus.

-El único que pudo hacerle frente a ella, es Ares un dios que sabe de estrategia como ella. – Afrodita parecía la diosa de la discordia, les ofrecía a los demás una manzana por demás envenenada para lograr el objetivo que estaba dispuesta a obtener. –Zeus no puede deliberar por todos nosotros, no mientras se trate de Athena. Quiero una votación, una donde el resultado sea que se libere a Ares o no y el cual Athena tenga que acatar.

-¿La obligaras padre? – Artemisa hablo por primera vez, mirando de soslayo a su gemelo quien permanecía con ambos brazos cruzados sobre el pecho, un poco más atrás de él, Athena se encontraba impávida había sido un error subestimar a Afrodita como una oponente débil.

-Porque me tengo que someter a sus decisiones, cuando ese tema no está a discusión, Padre. – Athena rugió furiosa, apretó sus puños al grado que sintió que se hacía daño ella misma, no permitiría que Saga ni los demás caballeros estuvieran cerca del peligro que Ares representaba. – Critican a mis santos y les juzgan por alzar una mano contra ustedes pero debo recordarles que esos santos fueron quienes destruyeron a titanes y gigantes, evitando con sus vidas la resurrección de Cronos.

-Eso es verdad. – Menciono el dios del vino, ganándose una mirada colérica por parte de Hera. – Creo que en cierta parte los santos de Athena no están en discusión, ellos pueden vivir de nuevo, ellos se han ganado esa oportunidad y han pagado su castigo.

-Se te olvida que han alzado su puño contra dioses también. – Tercio Persefore, pero Dionisio alzo los hombros restándole importancia.

-Ellos se lo buscaron, atentaron contra Athena y son sus guardianes ¿Qué esperaban a caso? – Respondió Hermes a su lado, Afrodita frunció el ceño al escuchar esas palabras por parte de su par, apretó sus ropajes llena de rabia y sin temor a retroceder ante sus deseos.

-Pueden dejar vivir a esos guerreros insignificantes, pero Ares es un dios, uno que se encuentra apresado por ella y no lo merece. – Afrodita miro furiosa a Zeus en búsqueda de que aprobara la votación que sabía de sobra ella ganaría. -¿O qué esperas que aprese a otro de nosotros en una jarra? – Su comentario hizo reír a Hefestos y Hermes, mientras el dios del rayo llevaba su mano sobre la mano de Hera quien la retiro molesta.

-Padre, te pido que reconsideres las consecuencias que podría traer el liberar a Ares. – Athena estaba enormemente nerviosa, sabía que si Zeus aprobaba la petición de Afrodita ella no tendría oportunidad de ganar, ellos eran dioses y por más que se odiaran defendían la reputación de uno celosamente.

-Está bien, Afrodita se hará tu votación, los 11 presentes aquí votaremos por liberar o no Ares, que es la petición que tu pides si ganas, pero si pierdes Athena… - La pelinegra estaba por demás angustiada por aquel consejo, no la juzgaban a ella ni a sus santos por volver a la vida, lo que sus iguales deseaban eran restablecer el poder de los dioses de nueva cuenta, para ello necesitaban a Ares y si este despertaba por cualquier motivo Saga se volvería a ver amenazado por la presencia de este dios.

-Quiero que desprendan la esencia de Ares de mi caballero dorado de Géminis. – Si ella ganaba no solo mantendría sellada el alma del dios de la guerra si no que liberaría a Saga de una amenaza colosal, que se había cernido sobre él desde el nacimiento, lo haría libre, tan libre como Shun ahora lo era de Hades.

-Perfecto. – Tercio el dios de dioses. – La parte que gane tendrá que mantener su palabra, Athena si ganas yo mismo liberare a tu caballero, pero si no tu tendrás que entregarme el alma de Ares.

-Entendido padre. – Se dio cuenta que estaba jugando con fuego, pero ya había echado los leños a la fogata, ya no había forma de apagarla ni dar marcha atrás.

-Persefore y Anfitrite votaran en lugar de Hades y Poseidón. – Tercio Hera, con una sonrisa sádica en el rostro, no dejaría que aquella oportunidad de liberar a su hijo predilecto escapara de sus manos, no permitiría que Athena se lo arrancara para siempre de su lado.

-A favor. – Tercio Afrodita, Hefesto a su lado golpeo con su puño derecho la mesa, ante el descaro que su esposa estaba mostrando por defender a su amante.

-¡En contra! – Hefestos miro furioso a su mujer, quien le miro llena de odio ante la decisión que había tomado.

-A favor. – Hera miro a Athena y se alzo de nueva cuenta mostrando un porte digno de la reina del Olimpo, ella sobrepondría sus deseos sobre cualquiera y lo llevaría hasta el límite, no le importaba si tenía que desobedecer al mismo Zeus.

-A favor. – Menciono Persefore.

-En contra. – Tercio Zeus, sorprendiendo a la diosa a su lado, que exclamo una maldición por demás audible e hizo que comenzaran algunos murmullos entre los dioses que faltaban en votar.

-En contra. – Athena miro a su padre, que fijaba la vista en sus ojos grisáceos, lo conocía a la perfección, para el dios del rayo, Ares era una amenaza, cargada de orgullo y ambición de poder, sabía que si el llegaba a salir intentaría atacarla y que posiblemente intentaría liberar a los titanes o Cronos para lograr su objetivo, ahora que los poderes de Poseidón y Hades estaban disminuidos no había quien representara una amenaza para el dios del rayo, por lo que Zeus no permitiría que el odio de Ares amenazara su gobierno.

Athena pudo leer el miedo que ello significaba en los ojos de su padre y sonrió para sí misma; ella siempre había sido el escudo del dios de dioses, todas las insurrecciones de sus hermanos, ella con la ayuda de Nike las había detenido y por ello gozaba de algunas protecciones del mismo dios, como la que acababa de otorgarle y que beneficiaba a ambos.

Pero lo que la de cabellos negros sabia de sobra era que si había dos dioses capaces de darle una batalla digna al dios del rayo, pero debido a la fidelidad de ambas deidades Zeus, les había otorgado a ambos grandes dones y los mantenía cercanos a él; una era la mismísima Athena y el otro era Apolo.

-A favor. – La contestación de Anfitrite, saco de sus pensamientos a Athena y Zeus.

-En contra. – Movió su mano como restándole importancia a lo que el acababa de decir, los ojos azul zafiro de su hermano chocaron contra los grisáceos de Athena, vio la frialdad que de estos emanaba y pudo sentir la llama cálida que aun flameaba en el alma del dios, dispuesta a arder en cualquier momento.

-En contra. – Tercio Artemisa imitado a su gemelo, quien le sonrió levemente.

-A favor. – Menciono el dios del vino. - ¿Hermes? – Todas las miradas se dirigieron al dios que se mantenía medio acostado en su trono y que jugaba con una especie de moneda en su mano, el era quien tomaría la decisión de liberar a Ares o que este continuara en su cautiverio.

El templo de escorpión estaba en silencio, a diferencia de otra época cuando su guardián no se limitaba en reprimir una carcajada o pasar un momento alegre con cualquiera de sus compañeros que se atreviera a cruzar su templo, no importaba que fuera a costillas de ellos. Pero desde la batalla de Hades, se encontraba de mal humor todos los días, a veces fingía estar feliz porque sabía que era una forma de contener y entretener a Aioria, pero ahora que el león había recobrado a su hermano, él se había sentido desplazado a un lado.

Salió hacia la parte posterior de escorpio y fijo su vista en el templo de sagitario donde seguramente estaría el león dorado junto a su hermano, pero se sorprendió cuando se percato que hacía bastante tiempo que no miraba el noveno templo si no el decimo primero. Y por primera vez desde que había renacido se pregunto si en realidad había actuado de forma adecuada con él, con Camus.

-Buenas tardes, Milo. – La voz ronca de Kanon lo saco de sus pensamientos, lo miro por el rabillo del ojo por unos segundos y respondió al saludo con una pequeña inclinación de cabeza. -Camus tiene guardia hoy. –

-¿Cómo sabes eso, Kanon? – Milo giro hacia el gemelo encarándolo por primera vez desde que habían renacido.

-Camus se detuvo unos segundos en Géminis para hablar con Saga. – Kanon miro como sus palabras hacían mella en el carácter del escorpión dorado.

-Eso es inusual en él. – Milo se reprendió internamente una vez que termino la frase.

-Parece como si lo conocieras. –

-Eso creía yo también, hasta que nos traiciono. – Milo sintió como la rabia le ascendía su cuerpo y miro que Kanon permanecía meditabundo a su lado.

-¿Por qué no le perdonas? – Kanon fijo sus esmeraldas en los ojos azules del escorpión dorado.

-Me traiciono. – Tercio lleno de furia, apretó sus puños y tuvo que contenerse para no golpear una de las pilastras de escorpio.

-Yo también traicione a la orden ¿Por qué me perdonaste a mi? – Kanon miro que Milo escondió sus ordes azules bajo su flequillo en un intento desesperado por contenerse. – Athena me perdono a mí y a ellos también, la única diferencia entre ellos y yo es que yo recibí tu técnica por completo y a ellos Saga los salvo, de ahí en más yo no veo diferencia entre Camus y yo, ni con los demás.

-Kanon, fue diferente, tu eres como mi hermano mayor, pero él fue a quien le confié todo cuando tu y Saga desaparecieron, el era mi amigo y me traiciono, no solo me fallo en la batalla de las doce casas, sino que también vendió su alma a Hades. –

-Pues si dices que fue tan importante para ti, no veo el porqué no perdonarlo, tu sabrás Milo como quieres vivir esta nueva oportunidad, pero yo voy a luchar por todo lo que perdí hace quince años. – Kanon comenzó a subir las escaleras hacia Libra, sin esperar una respuesta del menor, quien lo miraba alejarse.

-Es más complicado que eso… -

Aldebaran venia del camino que conducía a Rodorio con enormes bolsas repletas de comida que cargaba en sus potentes brazos, a pesar del fuego abrasador de la tarde, el se sentía lo más fresco posible, miro un pequeño árbol a la lejanía que imponía una sombra frondosa y a la cual el santo de tauro no pudo resistirse, se encamino directo a ella pero se detuvo al notar a Mascara de la muerte recostado en una de sus ramas, el peli azul no se había percatado de su presencia por lo que Aldebaran se sentó en el tronco del árbol tranquilamente y saco un durazno para comer.

-Sí que tienes el sueño pesado. – Aldebaran soltó una carcajada que espanto a todos los pájaros que se resguardaban del sol en la frondosidad del árbol y despertó sobresaltado al guardián del cuarto templo, que alcanzo a recomponerse a mitad de la caída y le permitió caer de pie.

-Eres tu Aldebaran. – Tercio el santo con un mohín en el rostro al haberse importunado en su sueño embellecedor.

-Buenas tardes, Mascara. – Sonrió el santo del segundo templo, Mascara lo observo por unos segundos y al no ver ninguna hostilidad por su par, volvió a relajarse y se dejo caer al suelo, para retomar su sueño.

Duraron unos minutos en silencio en un ambiente tranquilo y por demás reconciliador, Aldebaran mirada las pequeñas construcciones donde vivían aprendices y guardianes y donde algunos aun continuaban con su arduo entrenamiento; por su parte Mascara de la muerte, se llevo ambos manos a la nuca con la finalidad de que estas le sirvieran de almohada y se detuvo a contemplar los pequeños rayos solares que atravesaban la barrera que imponía aquel árbol y por unos segundos pensó que de aquella manera había brillado el sol en el inframundo, cuando destruyeron el muro de los lamentos.

-Sabes Mascara, he estado pensando en tomar a unos cuantos alumnos a mi cargo. – Mascara se reincorporo de golpe una vez que su cerebro adormilado proceso estas palabras.

-¿Estas bromeando, verdad? – Aldebaran rebusco entre sus bolsas y una vez que encontró un durazno se lo tendió a su compañero, invitándolo a compartir aquel almuerzo con él, los ojos azules del cangrejo dorado se fijaron en la mirada desinteresada de su compañero y respiro profundo tomando aquel fruto de las manos del toro.

-No, siempre lo he deseado, Mu tiene a Kiki, Shaka también tuvo dos alumnos, Aioros entreno a Aioria, creo que el maestro Dokho a tenido infinidad de alumnos ¿No lo crees? – Mascara iba a responder aquella pregunta pero Aldebaran continuo hablando sin parar. – Digo para su edad, eso me imagino, el Gran patriarca entreno a Mu, creo que Saga y Kanon influyeron en algo en la educación y entrenamiento de Milo y Camus entreno a Hyoga; sería bueno para nosotros tener alumnos ¿Qué dices?

-Yo… - Pero la carcajada del toro dorado lo ensordeció por completo, mientras lo palmeaba en el hombro. Mascara por su parte solo pudo pensar "Ya no tengo porque preocuparme si se me atora el durazno, con esas palmadas de Aldebaran me puede sacar hasta el corazón de un golpe" – Jamás me había planteado eso.

-Siempre he pensado que nosotros como santos dorados tenemos que dejar un legado. –

-No le digas eso a Milo, porque te tomara la palabra. – Ambos rompieron a reír, pues sabían que no se equivocaban sobre la contestación que seguramente tendría Milo para aquella frase y a la cual le trabajaría con empeño.

-A eso no me refería. – Menciono el santo de tauro una vez que pudo parar de reír. – Seria bueno para nosotros entrenar a unos niños.

-Aldebaran, no creo ser el mejor candidato para ser un maestro. – Mascara de la muerte observo como el santo de tauro, se cruzo de brazos y se puso serio, por lo que el clavo mas su vista en su compañero, jamás pensó el tener una plática amable con otro de sus compañeros dorados pero ahí estaba con el santo de tauro. – Tú sabes que no soy una buena persona.

-Eres bueno, de eso no tengo duda, solo que en el camino que escogiste para llegar a la justicia te perdiste, pero al final buscabas lo mismo que todos nosotros. – Aldebaran se incorporo de improvisto, por lo que el santo de la cuarta casa permaneció aun sentando meditando aquellas palabras hasta que la mano del otro guardián se estiro amistosamente hasta él, lo miro algo confundido pero la tomo para incorporarse. – Vamos a ver a esos niños entrenar.

-¿Hablas enserio? Aldebaran eso es una responsabilidad enorme y una vez que lo hagas no habrá marcha atrás. – Como respuesta el segundo guardia alzo ambos hombros y se agacho para tomar sus compras. –Bien. – Dijo resignado siguiéndolo.

Cuando llegaron a la pequeña planicie donde varios niños estaban entrenando para llegar a convertirse en un guardián de la diosa Athena, ninguno de los pequeños dirigió su mirada hacia ellos, en parte porque no los reconocieron, ya que ninguno de los dos llevaban las armaduras doradas, si no simple ropa de entrenamiento, ambos se sentaron en silencio en una pequeña banca para observarlos.

Algunos guardias que estaban cerca y que eran los responsables de aquellos niños y niñas al obsérvalos les dirigieron una leve inclinación de cabeza y continuaron con su trabajo de vez en cuando corrigiendo algún ataque o animándolos para que dieran más de sí.

Aldebaran comenzó a observar como un chico un poco alto, para la edad que tal vez tenia, luchaba contra dos de sus compañeros un poco más bajos que él, aquel pequeño niño comenzó a llamar su atención, no solo por la forma que esquivaba los ataques de ambos si no que cuando tenía la oportunidad de contraatacar el golpe era por demás certero y fuerte. Miro como propino un puñetazo a uno de ellos en el estomago que hizo que el otro se doblara ante el dolor, mientras que a su otro adversario le pateaba la rodilla derribándolo, ambos niños en el suelo exclamaron un grito de dolor al recibir el impacto, por lo que el más alto se acerco a ellos alarmado.

-¿Están bien? – Pregunto el chico de tez morena, cabellera castaño oscura y ojos cafés claros, el chico se llevo la mano a la nuca y comenzó a rascarse la cabeza apenado. – Creo que se me ha pasado un poco la mano, lo lamento.

-No te preocupes, estamos bien. – Tercio el mayor de los otros dos.

Mascara de la muerte miraba horrorizado a su compañero, pues no solo había comprobado que Aldebaran hablaba en serio respecto a entrenar a uno de esos niños, si no que sabía que el toro dorado ya había observado tal vez a un posible candidato.

-¿Cómo se llamara? – Escucho decir al santo de la segunda casa.

-Tendrás que preguntarle a Shion el nombre y tal vez si puedes tener un discípulo en tauro, con la tensión que hay en las doce casas no tardara en haber una pelea. –

-Espero que todo se solucione de otra forma y no tener que llegar a esos extremos. – Aldebaran miro a su compañero con el seño fruncido y mirando fijamente en dirección hacia los doce templos, no ocupaba que se lo dijera, todos sabrían que tarde o temprano llegaría el momento de tener que enfrentar sus errores.

-Sinceramente lo dudo, no conocemos otra forma de perdonar. –

-¿Qué hacemos? – La voz alarmada de Shun, saco de sus cavitaciones a Afrodita quien miraba entre sus brazos a la diosa de la sabiduría inconsciente, a su lado Mu estaba con el seño fruncido y al igual que él, se encontraba consternado. No habían sentido ningún cosmos, ni tanto enemigo como amigo, cuando su diosa se desvaneció.

-¿Mu? – La voz preocupada de Seiya pidiendo consejo de su mayor no se hizo esperar, pero ambos guardianes intercambiaron una mirada preocupada, ninguno de los dos sabía qué diablos había ocurrido. La diosa se removió en los brazos de Afrodita apaciguablemente pero en su semblante se veía consternación.

-No lo sé. – Respondió sinceramente el lemuriano y todas las miradas se dirigieron hacia el caballero de cabellos celestes quien negó, ya que él tampoco tenía idea ni se le ocurría una forma de cómo despertarla, en ese momento por la cabeza de ambos dorados solo pasaba un nombre; Shion, tal vez el era el único que sabría que hacer en ese caso.

Pero para sorpresa de todos, Saori abrió lentamente sus ojos azules y los poso en los celestes de Afrodita quien estaba sosteniéndola en sus brazos con facies preocupadas, la peli lila se vio en un instante sentada en el sillón, para ella la velocidad que utilizo el guardián de la doceava casa fue más que rápida, ni siquiera pudo ver su movimiento ni sentir el cosmos de su guardián, Seiya y los otros se alegraron de verla despierta pero vio que una vez que Afrodita la dejo en el sillón se volteo más que angustiado hacia Mu, que la miraba de igual forma.

-¿Qué pasa? ¿Por qué esas caras? – Seiya se sentó a un lado de su diosa y puso su mano en la frente de esta. – Ella está bien.

-Aun no te das cuenta. – Tercio el pisciano agachando el rostro.

-El cosmos de Athena ha desaparecido de ella. – Mu se acerco a Saori, quien empalideció al percatarse de aquello, por eso no pudo ver adecuadamente cuando Afrodita uso la velocidad de la luz para moverse ni sintió su cosmos. Los chicos de bronce se miraron angustiados al descubrir por si mismo lo que Mu les había dicho.

-¿Qué haremos? – Hyoga miro a ambos santos dorados que se había dejado caer en el sillón de enfrente.

-Saori ¿Cómo te sientes? – Pregunto Shun de forma comprensible al ver a la ex diosa quedarse completamente en Shock.

-Saori. – La llamo dulcemente el de cabellos castaños tomando su mano, ella primero fijo su vista en la mano que el caballero de Pegaso aun sostenía entre las suyas y luego le miro a él, dedicándole una sonrisa melancólica.

-Bien, estoy bien; Mu y Afrodita ¿Qué ocurrirá ahora? – La joven griega miro a los dos santos frente a ella que parecían tallados en marfil, ya que sus rostros por primera vez se veían por más preocupados, incluso el de Mu.

-Iremos al santuario. – Tercio Mu calmándose, miro de reojo a su compañero que poco a poco fue adoptando el porte orgulloso e indiferente que tanto le caracterizaba. – El gran patriarca sabrá que hacer.

-Te hemos jurado lealtad. – Repuso Afrodita suavemente. – No pensamos abandonarte Saori, después de todo tu eres la Athena de este siglo y quien ha logrado la paz.

-Lo mejor que podemos hacer es ir al santuario. – Menciono Seiya mientras sus compañeros santos de bronce asistían a su espalda. – No sabemos qué ha ocurrido con Athena, pero no podemos dejar a Saori desprotegida.

-¿A dónde vas? – Aioria asomo su cabeza detrás del sillón donde estaba recostado hacia unos segundos.

Ambos hermanos estaban en la casa de Sagitario, hacia un rato que habían decidido cambiar la casa de leo por la de sagitario, donde el castaño menor no había entrado en años y que por primera vez había pisado sin aquel escalofrió y pesar que ocurría cada vez que tenía que cruzar el templo que le pertenecía a su hermano, pero desde que el noveno guardián revivió la oscuridad y kilos de polvo desaparecieron del templo del santuario.

Aioros se detuvo de pronto en la entrada principal del templo y miro hacia atrás viendo a su hermano con la cabellera revuelta y una sonrisa en el rostro preguntando hacia donde iba, miro una vez más los templos que estaban debajo de sagitario y que comenzaban a teñirse de oscuridad por la noche empezaba a derrotar al sol en aquel combate celestial, busco con la vista el tercer templo que ya tenía unas cuantas velas encendidas, señal que sus guardianes estaban dentro.

-Voy a hablar con Saga. – Tercio despacio, haciendo que Aioria brincara del sillón hacia él y su semblante cambiara radicalmente, sustituyendo aquella alegría juguetona por furia.

-¿Qué? ¿Aun piensas en perdonarlo? – Aioria camino hasta el mayor y lo tomo por los hombros, sacudiéndolo para hacerlo despertar de aquel trance.

-No – Aioria alzo una ceja pues no alcanzaba a ver más allá de la bondad de su hermano. – No tengo que perdonarlo Aioria, porque no hay nada que perdonar.

-Aioros… - Le llamo suavemente, soltó sus hombros y empuño ambas manos en un intento de controlar aquella rabia que comenzaba a arder en su interior. – Él, principalmente él, daño a toda la orden, fue quien tejió todo este desastre, muchos de los recelos en el santuario son por él, humillo a toda la orden dorada, hizo que nos sobajáramos a actos atroces, él, solo él, Aioros nos destrozo a todos y se pasea por todo el santuario con un halo de divinidad como si nada hubiera ocurrido.

-Saga no es así, hermano, el Saga de Géminis que yo conocí y que tu también no es así y lo sabes. – Aioros defendió a su amigo, pues sabía que Saga nunca había fallado a sus votos, nadie lo había hecho y el lucharía para que el Saga que conoció regresara pues sabía que el gemelo mayor se escondía en esa indiferencia para no dañar mas a la orden.

-Aioros ¡Saga nos fallo a todos! – El grito de Aioria fue como un relámpago lleno de odio que daño a su hermano al escuchar la furia y coraje que su hermano tenia hacia su mejor amigo.

-¡Yo también le falle a él! – La confesión de Aioros hizo retroceder a su hermano unos pasos, como si el rayo de aquella furia hubiera vuelto hacia él solo para dañarlo.

-No digas eso… -La voz de Aioria se apago y retrocedió aun más.

-Aioria. – Le hablo conciliadoramente a su hermano, pues su semblante se había ensombrecido. – Saga es como un hermano para mí y no voy a fingir demencia cuando yo pude haber frenado esto a tiempo, el dolor por el que pasaron tú y los demás también es mi culpa. Si yo… - Aioros apretó ambos puños como hacia unos momentos su hermano lo había hecho. – Si yo lo hubiera ayudado, si no me hubiera alejado de él y hubiera tomado mi lugar como patriarca, nada de esto hubiera ocurrido.

-El hubiera no existe, Aioros y lo que hizo… - Aioros levanto una mano para interrumpir a su hermano.

-Todos ven a Saga como el culpable, pero no ven más allá de él, donde quedamos Kanon y yo en esto, yo no soy solo una víctima Aioria, también soy culpable, si quiero redimir mi error, también debo ayudarlo a redimirse a él, a ellos. – Esta vez Aioros incluyo a Kanon en su plan, no dudaba que cuando bajara a géminis se encontraron con ambos gemelos, los cuales se empeñaban en aislarse de la orden.

El castaño mayor miro de nueva cuenta hacia el tercer templo, conociendo que si quería contribuir a que la orden volviera a ser la misma de hacía 15 años necesitaría la ayuda de Saga para ello, necesitaba unir la luz y la oscuridad que se había ceñido sobre el santuario y la orden misma. Comenzó a bajar los escalones dejando a un Aioria enfurecido en Sagitario, no podía obligar a su hermano a perdonar, pero podía enseñarle cómo hacerlo.

-"Saga espérame, tarde años en ayudarte, pero esta vez no estás solo" – Pensó Aioros a mitad de las escaleras que llevaban de escorpio a sagitario y comenzó a silbar una melodía.

Aioria se removía intranquilo en la casa de Sagitario, daba círculos en la habitación como un gato furioso a punto de hacer una zanja en el noveno templo, sus puños apretados al grado de encajarse las uñas en las palmas y que unas pequeñas gotas de sangre cayeran al suelo y mancharan el frio mármol, una descarga de odio hizo que su cosmos aumentara y unos pequeños relámpagos rodearan su mano.

Cuando vio desaparecer a su hermano en escorpio entro furioso a sagitario ¿Cómo diablos podían perdonarlos? ¿Daban su perdón como si nada hubiera ocurrido? Miro enfurecido la novena casa y recordó los años que había estado sola y abandonada, sirviendo de trofeo a aquellos quienes habían sido los culpables de la muerte de su guardián, se agacho y golpeo el suelo, dejando correr por sus mejillas lagrimas de coraje y dolor, las limpio con su antebrazo como si estas le quemaran y levanto el rostro, su vista felina se fijo en la casa de capricornio.

Se incorporo y tomo unos segundos en tranquilizarse, para encaminarse al decimo templo, comprobó que Shura estuviera en él y cuando lo sintió en la parte privada de capricornio aumento la velocidad de sus pasos, su mirada iracunda iba fija en el templo de la cabra y cuando lo diviso por completo busco en la oscuridad a su guardián.

Cuando dio el primer paso para adentrarse a capricornio, decidió que llegaría hasta donde fuera posible, para hacer pagar a aquellos malditos culpables, por su dolor. Elevo su cosmos avisándole al capricorniano que le esperaba en el salón de batallas de la decima casa y sintió el cosmos intranquilo de Shura respondiéndole en la parte privada. Cuando lo vio aparecer sombrío y más pálido de lo normal, Aioria apretó los puños.

-Aioria. – Le llamo con precaución, analizando tanto el cosmos como el semblante del león dorado. - ¿Qué haces aquí?

-Vengo a cumplir mi promesa. – Shura se paralizo al sentir el cosmos agresivo de Aioria elevarse a pesar de la noche el templo se ilumino por el cosmos dorado del león, ya que el halo dorado lo rodeaba a pesar de que este no llevaba la armadura.

-Aioria. – Le llamo suavemente y se sorprendió que su voz sonara ronca, no retrocedió ni un paso por el contrario se acerco a él, sabiendo lo peligroso que era en ese momento.

-¡Shura enciende tu cosmos! ¡No te matare cobardemente! ¡No soy como tú, anda enciéndelo! – Le ordeno Aioria, su cosmos aumento más por lo que Shura se vio acorralado por el león dorado.

-Aioria, tranquilízate por favor. – Le pidió amablemente, de todas las formas que pensó que AIoria pudo haberlo casado aquella era la que menos se espero por parte del menor, se detuvo en seco esquivando un golpe por parte del castaño. –Aioria, si es por lo que paso con Aioros yo…

-¡Cállate! No tienes derecho a mencionarlo. – Aioria rodeo su puño por unos cuantos rayos y golpeo el rostro del español quien no hizo nada por cubrirse o esquivar esta vez el golpe y lo recibió de lleno saliendo expelido hacia una de las columnas, sintió su cuerpo impactarse contra el mármol y la columna se vino abajo cubriéndolo a él de escombros y polvo, mientras una neblina de tierra se levantaba.

-¡Aioria! – La voz de Aioros vía cosmos despertó algo de claridad en la mente cejada de enojo de su hermano. -¿Qué haces?

Shura se incorporo elevando su cosmos para ayudarse a salir debajo de los escombros, se levanto un poco torpe, pero justo a tiempo para esquivar el plasma relámpago de Aioria, que parecía cegado por el odio.

-Aioria, detente. – Le pidió de nueva cuenta el español, pero esta vez en los ojos de Aioria solo vio odio nada más. –Solo escúchame, por favor.

-No quiero oír palabras de un sucio traidor como tú. – Aioria se dirigió hacia donde Shura había logrado pararse después de esquivar el plasma relámpago y lanzo un puño hacia el pecho del peliverde que lo detuvo con su mano izquierda, el quinto guardián utilizo su brazo libre para volver intentar golpearlo pero el resultado fue el mismo.

-Aioria, no me voy a callar hasta que me escuches. – Tercio Shura tensando sus manos para intentar soportar la fuerza que Aioria hacia para vencer su agarre. – Tú no eres así, mira lo que estás haciendo. Lamento haber asesinado a Aioros tan cobardemente y mi actuar en la guerra de Hades, sabes bien que me encantaría dejar que tu odio desapareciera con mi muerte, pero no permitiré que hagas algo que después te arrepentirás.

El agarre se rompió haciendo que ambos retrocedieran, Aioria miro aun lleno de odio a Shura, que se había detenido unos cuantos pasos atrás torpemente, púes el golpe que había recibido al principio estaba haciendo mella en él, volvió al ataque y golpeo a Shura justo en el antebrazo que el español utilizo para frenar el golpe del león, pero se vio arrojado de nuevo contra un muro que se resquebrajo por su peso, esta vez Aioria fue tras él y lo tomo por el cuello.

-Aioria. – Tosió al sentir que el puño del león apretaba cada vez más fuerte. – Detente.

-Eres un maldito traidor, Shura, no solo lo traicionaste a él si no también a mí. – Los ojos azules de Aioria dejaron ver unas cuantas lagrimas, que el guardián limpio con el dorso de su mano.

-Aioria… - Shura lo empujo de una patada que hizo retroceder a Aioria, se sobo el cuelo estrujado que comenzó a doler por la presión. –Piensa lo que estás haciendo, daría todo por haber tomado el lugar de Aioros, yo lamento haberlo asesinado y con ello haberte ocasionado tantos problemas Aioria.

Aioria estaba fuera de sí, el dolor atizaba su ira, el mismo desconocía los límites del odio hacia Saga y Shura, por lo que el español supuso que jamás se haría oír si mostraba signos de debilidad ante el león dorado, por lo que al siguiente intento de Aioria de golpearle, elevo su cosmos al igual que el guardián del quinto templo y detuvo el golpe tomando del codo a Aioria y halando hacia atrás para asestarle un puñetazo en el rostro que arrojo al león dorado.

-¡Escúchame Aioria! – Menciono duramente, pues era la única forma de calmar a Aioria, ya no le importaba si Shion les reprendía por aquello, en ese momento quería ayudar al hermano de Aioros a sanar su corazón. –Aioros no debía morir, pero lo hizo, porque yo pensé que estaba haciendo lo correcto, cualquiera lo hubiera hecho, no sabes el tiempo que me lamente el haberlo asesinado y aun lo hago por caer en ese error, he llevado su muerte sobre mis hombros en cada paso que he dado y no sabes lo que daría para cambiar el pasado.

-Ni siquiera tu alma tiene valor ya. – Aioria se levanto, sacudiéndose el polvo y permaneció en aquel lugar aun con su cosmos encendido, pero Shura se dio cuenta que el león dorado había decidido escucharlo. – Suenas hipócrita hablando de mi hermano de esa forma.

-La decisión que tomamos Aioria al ser guerreros son por demás duras, pero eso no impide que tomemos decisiones que nos harán cubrirnos de vergüenza y dolor. – Shura no movió ni un musculo, miro el rostro tenso de Aioria y el pequeño hilo de sangre que bajaba por su frente. – Lo siento Aioria, lamento el haberlo asesinado y haber derramado su sangre en mis manos y con ello no solo perderlo a él si no también a ti.

-¡Cállate! – Aioria se aproximo hasta él, Shura espero el golpe de Aioria por lo que tenso sus músculos pero este no llego.

-Solo digo lo que siento y me he callado por años, lo lamento Aioria y si hubiera la posibilidad cambiaria aquel día, pero no puedo, ni siquiera puedo reparar los daños de mis acciones. – Shura sintió el cosmos de Aioria elevarse aun más, por lo que respiro profundo al saber que el siguiente golpe dolería y dolería mucho.

-Aioros está aquí, Shura enmienda tus errores. – Shura miro el rostro de Aioria bañado de sangre y cubierto de polvo una última vez antes de que el león dorado se diera la media vuelta y continuara su camino de descenso hacia leo.

-Aioria. – Le llamo una última vez, el guardián del quinto templo se detuvo y miro al otro por encima de su hombro. – Gracias.

Continuara.

Aclaraciones.

es la diosa del mar tranquilo por lo que sin su poder este volcaría como si se tratara de la furia de Poseidón.

Agradezco mucho sus comentarios.

Pyxis and lynx: Lamento la tardanza pero ya entre a la escuela, aquí está el capitulo espero que te guste.

Lady Rose Bernstein: Siempre he visto a Aioria y Milo como los que han cargado más odio de los dorados y son demasiado impulsivos como perdonar solo por palabras, así que para ellos tengo unos cuantos problemas en que meterlos.

SakuraBallSeiyaMejoresAnimes: Gracias por tu comentario, espero que este capítulo también te guste.

Gracias por sus comentarios.

Atte: ddmanzanita.