Mis lectores pues aquí les dejo otro capítulo en espera de que les guste y lo disfruten. Comenten y tengan un bonito día.

Capitulo 7. Perdóname, yo los hice caer a todos.

Ambos gemelos estaban reunidos en la cocina del tercer templo, cenando aquel banquete que Kanon había preparado con tanto esmero y que hacía años que el paladar de Saga extrañaba. Kanon levanto su plato y lo llevo directo al lava trastes, recargándose y observando a hermano que aun continuaba comiendo.

-¿Qué quería Camus? Es inusual en el hablar más de lo indispensable al día. – Saga levanto su vista del plato y miro a su gemelo, quien tenía la vista fija en el. – Al menos dijo eso Milo.

-¿Hablaste con Milo? ¿Desde cuándo él y tú son tan cercanos? – Saga retiro su plato vacio sintiendo algo de celos por la cercanía de entre ambos guardianes.

-Siempre lo hemos sido, solo que en la guerra de Hades, arreglamos nuestras diferencias y con ello quiero decir que me dejo como colador. – Rio alegremente Kanon, mientras su compañero le dirigía una mirada llena de reproche.

-Camus, solo vino a conversar sobre lo ocurrido en la guerra santa. – Saga no dijo ninguna otra palabra lo que el francés le había mencionado, le había partido el corazón el haber escuchado su confesión desoladora y él se consideraba el responsable por haber obligado a Shura como él a continuar en aquella misión.

-Milo menciono que éramos como sus hermanos. – Menciono Kanon mirando de reojo la reacción de Saga, al principio noto la ilusión que hicieron esas palabras en su hermano que fueron rápido sustituidas por aquella aura de melancolía y tristeza. – Tendrás que ir a hablar con él, necesita de tu consejo.

-No me perdonara. – Saga recogió su plato y se encamino hacia donde su gemelo estaba recargando empujándolo con una mano para hacerlo a un lado.

-Nosotros somos hermanos y nos hemos perdona… - Kanon se quedo callado al sentir el cosmos de Aioros elevarse en cáncer para llamar la atención de ambos gemelos, el se paralizo al saber lo que aquello significaba para su hermano, miro que Saga aun mantenía los platos en su mano y los apretaba con fuerza hasta que los rompió. – Nos dejaras sin platos a este paso.

-¿Por qué ahora? – Saga miro los orbes esmeraldas de su hermano que lo miraron comprensiblemente mientras le tendía un pañuelo para que cubriera su herida de la cual comenzaba a manar sangre. – Aioros.

-El arquerito se muere por hablar contigo, lo sabes y ahora que Aioria y el se encontraron, quiere hacer las paces contigo. – Kanon comenzó a caminar hacia la salida de la cocina pero Saga lo llamo. -¿Qué pasa?

-¿A dónde vas? – Tercio Saga alzando una ceja, pero Kanon continuo avanzando.

-Dile a Aioros que ya hablaremos él y yo, por el momento eres todo suyo. – Kanon rio alegremente y desapareció en la oscuridad de géminis directo hacia la salida, mientras su semblante se ensombrecía a medida que avanzaba.

Justo cuando Kanon comenzó el descenso hacia tauro, Aioros dio sus primeros pasos en géminis, Saga hizo mayor presión en su herida y elevo su cosmos para que el sagita entrara a la parte privada del tercer templo, sentía su corazón desbocarse al rencuentro con Aioros.

-Saga. – Cuando escucho que lo llamaron a su espalda aquella voz alegre y jovial, sintió un vuelco de emociones inundando su corazón, pero rápidamente las controlo y antes de girarse recobro esa indiferencia digna de él. Cuando los ojos de ambos chocaron por aquel par de segundos, los ojos esmeraldas y azules de ambos lucharon por descubrir lo que el otro pensaba. - ¿Qué te paso? – Aioros reparo en el trapo que sostenía el tercer guardián haciendo presión con su otra mano, mientras pequeñas gotas de sangre destilaban por su dedo meñique y teñían el piso de carmín.

-Solo ha sido un corte. – Repuso restándole importancia. – Aioros ¿Qué haces aquí? – Lo miro recargado en el umbral de la puerta con aquella boba sonrisa que llevaba a todos lados y por un momento sus recuerdos volvieron a él, vio al adolescente Aioros en aquel hombre que estaba frente a él, pero aun a pesar del impacto físico, podía ver a traves de aquel aspecto a su compañero de aventuras, a su hermano con quien imagino luchar hasta el final, que fácil había sido para ellos imaginar todo aquello y que fácil fue para los dioses echarlo todo a perder.

-Quiero hablar contigo, Saga. – Aioros sabía que el hablarle con rodeos a su compañero solo ocasionaba que Saga tejiera formas rápidas y astutas para evitar confrontarse, por lo que fue directo al grano.

-Hablemos. – Saga avanzo se posiciono a su lado, lo miro de reojo y se encamino hacia la entrada de Géminis, mientras sentía el cosmos de su hermano en los límites del santuario. Tardo unos segundos en que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad cuando sintió que Aioros lo seguía se acerco hasta las escalinatas y se sentó, elevo su vista y miro el cielo empañado de estrellas, mientras observaba como las doce constelaciones brillaban con intensidad por primera vez.

Ambos guardaron silencio por unos segundos, cuando Aioros se percato que miraba su amigo también se tomo su tiempo para contemplar aquellas constelaciones que se había matado estudiando por años y que le había costado mucho tiempo el dejar de ver solo puntitos para aprender a ver estrellas, que significaban almas de guerreros que habían luchado por su diosa más de una vez.

-Todo ha cambiado. – Las palabras que Saga dijo a su lado hicieron que Aioros lo mirara fijamente. – Ares paso años intentando romper la amistad de Milo y Camus y yo en 12 horas hice que esta se destrozase.

-Te culpas demasiado. – Aioros sonrió cálidamente a su amigo, cuando dirigió su vista hacia él. – No tomo lo malo que paso fue tu culpa.

Pero si gran parte. – Tercio el gemelo mayor con su ronca voz, Aioros se sentó a su lado y lo miro juguetonamente.

-Aun continúas siendo un terco. – Aioros soltó una carcajada lo que hizo que Saga lo mirara socarronamente. – Saga, te extrañe.

Aioros paso una mano por los hombros del peli azul y lo abrazo, mientras revolvía el cabello del gemelo mayor y este le propinaba un suave manotazo para que le soltara, aunque él gemelo no lo dijera había esperado ese abrazo por años y había limpiado gran parte de su carga la actitud de Aioros.

-Aioros yo… -

-No hay nada que perdonar. – Inicio pero se interrumpió cuando sintió el cosmos de Aioria arder en capricornio, se levanto apresurado pero Saga se paró a su lado y le tomo del brazo, mientras negaba con la cabeza. –Aioria…

-Si vas no cambiaras nada, si quieres que Aioria perdone déjalo actuar, el ya no es un niño Aioros. – Ambos guardaron silencio mientras Aioros lo miro y asintió, el par dirigió su atención a lo que ocurría en capricornio, Saga rezaba por que Shura saliera bien parado de aquello pues no dudaba de la capacidad del carpicorniano para controlar a Aioria hasta que sintió el cosmos del de la decima casa elevarse.

-Se meterán en una buena. – Menciono Aioros al sentir que el cosmos de ambos se encendía. – Shion los destruirá. – Sintieron el cosmos de ambos descender abruptamente y después el de Aioria abandonar capricornio, una vez que sintieron el de Shura respiraron aliviados y se miraron.

-Aioros, yo lamento todo lo que paso. – Empezó Saga alzando una mano para evitar que Aioros lo interrumpiera de nuevo en medio discurso. – Siento mucho no habértelo dicho, pero cuando lo intente fue muy tarde, el tomo completo control de mí, no podía ni siquiera mover una mano, debí haber actuado antes pero no lo hice y por ello arrastre a toda la orden conmigo, Aioros perdóname.

-Saga, yo también te falle y no te culpo de nada de lo ocurrido, no eras tú, fue Ares, es a quien todos deberían culpar tu no hiciste nada. –

-Exacto, no hice nada, deje que tomara posesión de mí, me rendí y lo deje hacer lo que quisiera, le permití matar a Arles y a ti, lo deje gobernar por 13 años y con ello hice infinidad de atrocidades, levante mi mano contra mi diosa, vendí mi alma a Hades, arrastre por las 12 casas a Shura y Camus y los orille a hacer la exclamación de Athena contra tu hermano, Mu y Milo, deje que Athena se suicidara con esa daga dorada que tú 13 años antes me quitaste de las manos … - de improvisto el caballero de sagitario, le tapo la boca con la mano y lo miro con el seño fruncido.

-Y después de eso, nos ayudaste a derribar el muro de los lamentos, sin ti no lo hubiéramos hecho. No conozco muy bien a Camus pero estoy seguro que Shura te siguió porque confiaba en ti y sabia que estarían haciendo lo correcto por Athena, no importaba si les juzgarían de traidores o se deshonraban en el proceso. Saga de los dos fuiste el único que alentó a los muchachos en la batalla, fuiste el ejemplo a seguir para ellos y les diste ánimo cuando sus espíritus estuvieron a punto de quebrarse. – Aioros no había ni siquiera tomado aire para decirle todo aquello, sabía que sobre los hombros de Saga habían dejado caer un titulo de traidor muy pesado, pero que al final de día el era una pieza clave para ganar la batalla y un héroe para todos ellos.

-Yo te falle a ti y a Shion. – Saga hizo lo que no había hecho en años de sus hermosos orbes verdes comenzaron a salir lagrimas que habían estado reprimidas durante años, aquellas gotas saladas que se había guardado ante la desesperación y la derrota.

-Ya te lo dije, Saga, yo no te guardo ningún rencor ni tengo nada que perdonarte, eres como mi hermano y estoy feliz de que hubieras dirigido a los muchachos todo este tiempo, que logras liberarte de Ares y que hubieras mostrado el camino a esos santos de bronce. – Aioros abrazo a su amigo, estaba orgulloso de lo que el mayor de los gemelos había logrado que sintió aquel estrechamiento como si aun fueran aquellos aprendices inexpertos que fantaseaban con guerras y batallas milenaria y por lo poco que Aioros sabían habían causado heridas gigantescas en sus compañeros, no había honor en la guerra solo heridas abiertas que tardaban en cerrar más de lo que quería. – Te extrañe Saga.

-Yo también, Aioros. –

Cuando la tele transportación de Mu, los llevo a los limites del santuario, Saori tuvo que sujetarse al hombro de Seiya porque se había mareado, su cuerpo mortal ahora sin el cosmos de Athena la hacía una simple humana, una que no estaba acostumbrada a viajes intradimensionales, ni a la velocidad de la luz ni a nada por el estilo.

-¿Te encuentras bien Saori? -Seiya la miro preocupado, la notaba más pálida de lo normal y por un segundo pensó que tal vez el cosmos de la diosa de la sabiduría era quien mantenía vivo el cuerpo de la peli lila.

-Sí. – Sonrió cansadamente. – Es solo que no me he acostumbrado a esto.

-Seiya, Shun, Hyoga y Shryiu, creo que no podrán seguir mas allá de las doce casas. – Menciono Afrodita haciendo que los santos de bronce se exaltaran. – Lo que ha pasado, ocasionara una asamblea dorada donde ustedes tienen prohibido entrar será mejor que esperen junto con Kiki en Aries. – El de cabellos celestes tomo la mano de su diosa para que ella recargara un poco de su peso en el y se ayudara a subir aquellas escaleras.

-Pero, Mu… -Dijo en reproche el santo de Pegaso hacia el guardián del primer templo, quien apoyo la iniciativa de su compañero. – Me caían mejor cuando estaban en desacuerdo. – Esto hizo reír a ambos guardianes.

-¡Mu! ¡Afrodita! – Vieron la cabellera de Milo que recién se asomaba entre las rocas y recién volvía de su guardia. -¿Dónde se habían metido? ¡Athena lo lamento no había sentido su presencia! – Milo hizo una rápida reverencia y miro a los chicos de bronce una vez que se levanto. -¿Athena? – Milo se percato de lo mismo que Mu y Afrodita habían sentido en Japón, por lo que se acerco a la diosa y la miro confundido, dirigiendo una mirada de reproche a sus compañeros mientras su semblante se ponía serio. -¿Qué paso?

-Tenemos que llevarla ante Shion. – Tercio Mu, al ver el rostro preocupado de su amigo.

-Este no ha sido mi día de suerte, primero Saga no se presenta a la guardia y me mandan a hacerla y luego… -

-¿Saga no se presento? – Pregunto angustiado Seiya.

-Sí, creo que él y Aioros han hablado toda la noche. – Le resto importancia el santo del octavo templo mirando a sus compañeros dorados. – Y ahora traen a Athena sin… - Pero la mano de Hyoga le tapo la boca mientras sus compañeros le chitaron.

-Mejor démonos prisa. – Les apuro Afrodita.

El camino por las doce casas fue por demás pesado para Saori, quien tuvo que ser cargada por Milo a mitad de Géminis, pues la peli lila amenazaba con desmayarse si daba un paso más allá, su ascender fue por demás tranquilo, casi no se toparon con ningún guardián pues al no sentir el cosmos de Athena, solo pensaban que subían ellos tres. Pero en Libra, Dokho salió a su encuentro solo para medio infartarse por lo que había ocurrido. Más adelante vieron los estragos de la batalla de anoche en capricornio y una vez que llegaron al salón patriarcal, vieron a Shion y frente a él estaba Shura.

-Gran patriarca le ruego que no tome represalias contra Aioria, lo de anoche solo fue un malentendido y lo hemos aclarado. – Mencionaba Shura aun con la rodilla en el suelo y con sus vestiduras doradas. – No ha pasado a mayores y creo que ha servido en parte para sanar el corazón herido de Aioria.

-Shura, se que Aioria no es de palabras pero llegar a esos límites, no es apto para un dorado. –

-Solo déjelo pasar esta vez, no volverá a suceder, por favor. – Shion miro a Shura con el rostro consternado pero en cierta parte lo noto un poco más tranquilo y en paz, una mejoría que no había visto tomar al guardián desde que habían vuelto a la vida.

-Vamos Shion los chicos ya arreglaron su problema. – Dokho hizo su entrada triunfal y observo la mirada de reproche de Shion. – Antes de que te exaltes Shion, hay algo importante que decirte.

-¿Qué Dokho? – Menciono sobándose la sien el peli verde, el chino se hizo a un lado dejando ver a Saori con su comitiva de tres dorados por demás serios. - ¡Athena! – Su semblante se ensombreció al instante y miro exigiendo una explicación a Mu y Afrodita. - ¿Qué paso?

-Maestro… - Inicio Mu, pero Saori se aproximo a Shion pasando a un lado de Shura que empalideció al no sentir el cosmos de la diosa, los demás santos dorados presentes entraron a la habitación y se pusieron a un lado de él.

-¿Qué hicieron? – Pregunto el español a Afrodita quien solo negó con la cabeza negando su responsabilidad en el asunto.

-Shion. – Saori se acerco hasta el e hizo una leve inclinación. – Mu y Afrodita no hicieron nada malo, no hubo presencia maligna ni nada por el estilo cuando me desmaye, nadie hubiera podido hacer nada, fue sin duda obra de un dios de alta categoría lo que me ha ocurrido, durante los segundos que estuve inconsciente pude ver el Olimpo de eso estoy segura, quien quiera que me quisiera ahí no quería que fuera como mortal, separaron mi esencia mortal de Athena.

-No te preocupes Saori, esto se solucionara, tengo por seguro que Athena regresara del Olimpo una vez que termine su audiencia, mientras tanto me alegra que hayas llegado con bien al santuario. – Shion se levanto del trono y se acerco a la joven chica quien se mantenía exhausta por el calor griego, puso su mano suavemente sobre la cabeza de Saori y la palmeo paternalmente. - Por el momento y para que no corras peligro un caballero dorado te acompañara siempre.

-Gracias Shion. – Menciono la ojo azul.

-Dokho comenzara. – Sentencio el peli verde como represalia contra su amigo por interrumpirlo en media platica con Shura. – Los demás pueden retirarse.

Hermes no pudo reprimir una carcajada al ver aquella situación tan comprometedora y de la cual podía sacar mucha ventaja, tanto por un lado como del otro, vio los ojos felinos de Afrodita clavados en el, los intimidantes de Hera y los ojos preocupados e indiferentes de Athena, se rio del trió que fingía mantenerse tranquilas ante la situación.

-Veamos… - Hermes se levanto y camino alrededor de la mesa, sintió los ojos de todos seguirlo con fijeza, mientras él se llevaba una mano al mentón fingiendo que estaba pensando, pero en realidad se relamía con la situación, jamás pensó que un a favor o en contra por parte de él, llegara a valer tanto.

-Hermes… - Le llamo del dios del sol apurándolo.

-Estoy pensando, Apolo y es que yo no entiendo que gano en todo esto. – Hermes escucho la risa de burla de Dionisio, mientras los ojos molestos de Athena se figaban en él.

-Vendes tu voto. – Menciono Artemisa pasivamente sin importunarse por lo que el dios mensajero estaba tratando de hacer.

-No cariño, te equivocas solo me alineo al mejor postor. –

-Obtendrás todo lo que desees. – Repuso Hera mientras Afrodita asistía.

-Todo lo que tú desees, Hermes. – Ronroneo melosamente la castaña, fijando unos ojos juguetones en la virilidad del dios de los juegos.

-Eso me agrada. – Hermes guiño un ojo a la diosa del amor, mientras Hefestos dejaba escapar un gruñido. – Me encantaría aceptar, a menos que Athena me ofrezca algo mejor, dime Athena puedes mejorar la apuesta.

-¿Qué quieres Hermes? - Tercio la diosa de la sabiduría a punto de perder la paciencia. – Solo pídelo.

-Perfecto, entonces dime Athena ¿Qué vasija resulta más peligrosa para ti? ¿Poseidón o Ares? – Repuso el pelirrojo dejando escapar una risita sádica ante el aprieto que había puesto a la diosa de la sabiduría. – Si quieres mi voto Athena, quiero tu palabra de que liberaras a Poseidón.

-¿Qué? – Afrodita arrugo la nariz ante la proposición.

-Bien, liberare a Poseidón. – La pelinegra sostuvo su mirada de indiferencia hacia su hermano que sonreía complacido de oír aquella palabras, vio a Apolo y Artemisa asistir a su lado complacidos de su elección, pues para ella no era difícil apreciar que más de uno de los dioses del Olimpo admiraban y apreciaban a Poseidón como un dios regente justo y pasivo.

-En contra. – Pronuncio lentamente Hermes, observando complacido el odio en la cara de Hera y Afrodita al verse derrotadas una vez más por Athena, quien se levanto dispuesta a irse. – Ha sido un placer, hermana.

-El placer ha sido todo tuyo, Hermes. – Tercio la pelinegra furiosa al verse visto acorralada y orillada a actuar de aquella forma. – Espero que cumplas con tu palabra Anfitrite, de lo contrario no solo volveré a sellar a Poseidón si no a más de un dios. – Menciono Athena pasivamente aquella amenaza, por lo que la reina del mar asintió.

-Te lo prometo. – Respondió levantándose al igual que Athena para irse. – Ambas sabíamos que lo liberarías.

-Padre. – Le llamo una vez más la diosa de la sabiduría, el peli blanco volteo con una expresión triunfal hacia su hija quien aun se mantenía levantada en su lugar. – Espero que el alma de mi caballero de Géminis sea desprendida de la esencia de Ares, a la brevedad posible.

-Así será, hija mía. – Athena giro sobre sus talones dispuesta a regresar a la tierra, se encamino presurosa hacia la salida, jamás pensó que el regresar al Olimpo le causara tanto pesar y apuro por abandonarlo de nuevo, ahí no tenía una familia si no solo lobos hambrientos por consumir todo a su paso.

-Athena. – Persefone se le cruzo de pronto con sus ojos destellando odio, la tomo agresivamente del brazo infringiéndole dolor. – Esta vez no te saldrás con la tuya, veras sangre bañar los 12 templos y tu santuario.

Persefone la soltó agresivamente y se fue por delante de ella, Athena la miro alejarse en silencio y una vez que desapareció a su vista, giro el rostro hacia los demás dioses solo para percatarse que más de uno había desaparecido y que tenía clavada la vista de Hera y Afrodita sobre sus espaldas.

-Espera todo de ellas. – Artemisa se paro gloriosa a su lado en espera de Apolo, una vez que su gemelo llego al lado de ella emprendieron su camino hacia sus templos.

-Artemisa. – Susurro, por unos segundos contemplo los jardines del Olimpo que le parecían aun gloriosos, siendo solo adorno en aquellos lugares sin ninguna persona que los apreciara de verdad, la diferencia entre los dioses y humanos eran enormes.

Aldebaran estaba contemplando absorto en sus pensamientos el entrenamiento de aquellos jóvenes, al principio había prestado toda su atención a las técnicas y estrategias de los pequeños, incluso algunos de ellos ya comenzaban a crear pequeñas esferas de energía que les explotaban en las manos o iban a parar a una desafortunada pilastra, pero su mente había viajado a su infancia, cuando el mismo era aprendiz para caballero de Tauro.

-Como me costó… - Rio el santo cruzándose de brazos, su risa hizo que más de un niño se detuviera en su entrenamiento y lo mirara asustado. –Hey tu, si tu el que me miras fijo ¿Cómo te llamas?

-¿Yo? – Pregunto el chico a quien había observado el otro día con Mascara de la muerte.

-Si tu. – Tercio el santo, viendo como algunos guardias se acercaban hasta donde él se encontraba.

-Mi nombre es Teseo. – Menciono débilmente el muchacho, acercándose a aquel gigante colosal que lo había llamado y al cual nunca antes había visto.

-¿Quién es tu maestro? – Aldebaran se acerco al chico y se puso a su nivel sentándose en cuclillas, el muchacho se acerco un poco más al ver la reacción de Aldebaran y lo miro fijamente.

-No tengo maestro, no ocupo uno. – El chiquillo hizo un mohín con el rostro y le dio la espalda, por lo que el segundo guardián le empujo con su dedo índice haciéndolo caer al suelo, el niño se levanto enojado y antes de girarse preparo su puño que dirigió contra el santo del segundo templo, quien lo detuvo con su mano y mantuvo aquella sonrisa intacta en su rostro. -¿Quién eres tú?

-¡Teseo! – Le regaño uno de los guardianes, dispuesto a castigar al pequeño por su insolencia. – Lo siento mucho, señor Aldebaran.

-No pasa nada. – Sonrió el toro dorado aun deteniendo el golpe del pequeño niño, Teseo retiro su mano y volvió a repetir la acción. -¿Cuándo es tu cumpleaños?

-Eso a usted no le interesa. – El niño dio unos cuantos pasos hacia atrás, buscando su espacio personal que sentía por demás invadido por aquel gigante.

-Bien, no me digas tu cumpleaños, cuéntame ¿Qué signo eres? – Aldebaran se incorporo de nueva cuenta ocasionando que el niño lo mirara hacia arriba y fuera ensombrecido por su altura.

-Soy tauro. –

-Perfecto, enano. – Aldebaran removió juguetonamente la cabellera castaña del niño quien lo alejo de él, tomándolo por la muñeca y separándose. – Mi nombre es Aldebaran, caballero dorado de Tauro.

La exclamación general de todos los aprendices no se hizo esperar, mientras el pequeño Teseo empalidecía al encontrare frente a uno de los doce caballeros dorados, Aldebaran dejo libre una carcajada al ver la expresión de los pequeños, pues para ellos no era solo una persona demasiado alta si no que acababa de iluminarse al descubrir que era uno de los guardianes de elite de la diosa Athena y uno de los más fuertes de entre los caballeros.

-A…a…Aldebaran de tauro. – Balbuceo Teseo mientras sacudía sus manos y estiraba una de ellas al caballero que rio encantado al ver la reacción del pequeño.

-Dime Teseo ¿No quisieras que yo fuera tu maestro? – Aquellas palabras hicieron que los guardias comenzaran a murmurar entre ellos como señoras de vecindad y los demás niños gritaran de la emoción.

-¿Yo? Pero… pero ¿Qué tengo de especial? ¿Por qué yo de entre todos? –

-Porque creo que eres el indicado y déjame decirte que yo pocas veces me he equivocado. – Rio feliz Aldebaran mientras caminaba en dirección hacia los doce templos. – Si lo deseas ven a buscarme a las doce casas, Teseo. – Rio de nueva cuenta Aldebaran despidiéndose con un ademan de mano y continuando con su camino.

Aioria regreso a leo en plena oscuridad, afilo su mirada para acostumbrarse a la penumbra que rodeaba la mayoría de la casa, hasta que se percato que de la cocina salía la tenue luz de las velas, alzo una ceja curioso, no había sentido ningún cosmos al llegar a leo o al menos ningún cosmos agresivo.

Se aproximo lentamente aun pensando en la acción que había hecho en capricornio y sintiendo que el cosmos alterado de Shura volvía poco a poco a calmarse; solo le daría esa oportunidad si Shura no era perdonado por Aioros, lo cual dudaba que su hermano hiciera, el se encargaría de acabar con el guardián de la decima casa, pero por alguna razón aquel perdón temporal que había concedido sobre el español lo hacía sentir que se había liberado de una carga que había soportado durante años y que lo hacía sentirse más tranquilo.

Sintió el cosmos de Saga y Aioros en el templo de géminis y no pudo evitar reprimir una mirada curiosa hacia el tercer templo, en un intento de saber lo que se estaría llevando en aquel entonces en el templo de los gemelos, pero regreso su atención a la luz de la cocina cuando escucho el ruido de platos moverse en el cuarto.

Aioria se aproximo cual felino en silencio hacia el lugar, oculto su cosmos que hacia unas horas había amenazado con destruir al decimo guardián y aprovecho la penumbra que lo rodeaba para acercarse completamente a oscuras, una vez que llego al marco de la puerta asomo solo la mitad de la cabeza para ver quien había entrado a Leo sin su permiso.

Pero casi le dio un vuelco el corazón cuando descubrió que una pelirroja se encontraba encargándose de lavar los trastes de leo y había recogido todo su desbarajuste lo que lo hizo sentir muy apenado. Descubrió que Marín no se había percatado de su presencia y continuaba haciendo su labor, por lo que deslizo sus ojos por todo el cuerpo esbelto y atlético de la amazona, analizo su piel blanca y la forma suave que en su cabello caía a la altura de sus hombros.

-Me alegra que hayas vuelto. – Aioria dio un pequeño saltito al pensarse descubierto pero se sorprendió de que ella continuara su labor, tan solo como si lo estuviera diciendo ella misma. – No sé que hubiera hecho si Athena no te hubiera vuelto a la vida.

El corazón de Aioria dio un vuelco al escuchar las suaves palabras de la amazona las cuales estaban teñidas de tristeza y melancolía. Pero ¿Por qué? ¿Acaso ella lo había extrañado? ¿Había sufrido su muerte en la guerra santa? Se introdujo en la cocina aun con las palabras agolpándose en su boca intentando salir y liberar todo lo que su corazón sentía por aquella mujer, lo único que los separaba era la mesa que se encontraba en medio de la habitación, se acerco un poco más a ella para contemplarla.

-Marín. – Le llamo dulcemente lo que hizo que la pelirroja se sobresaltara y se girara con brusquedad haciendo que uno de sus codos golpeara un vaso el cual se cayó al suelo y se rompió en cientos de pedazos.

-¡Aioria! – Grito asustada, la amazona utilizo toda su fuerza de voluntad para calmarse. – Yo… yo este… estaba… bueno vine a tu casa y no te encontré y bueno… quise ayudarte con los platos y…

-Marín, no tienes que justificarte por venir a leo, tu puedes venir cuando quieras. – Ambos guardaron silencio contemplándose uno al otro, Aioria volvió a revisar las facciones de Marín las cuales habían permanecido escondidas por aquella mascara durante años.

La amazona se vio sorprendida y se agacho rápido para recoger los trozos de aquel vaso de cristal, pero cuando estaba a punto de terminar Aioria se agacho frente a ella y le ayudo con los últimos pedazos de vidrio, ambos sentían su corazón desbocado incluso temían que el otro escuchara sus latidos, cuando terminaron ambos se levantaron y se miraron fijamente olvidando los trozos que aun llevaban en sus manos.

-¿Cuánto tiempo llevabas ahí? – Menciono ella preocupada de que el santo de la quinta casa le hubiera escuchado murmurar aquellas palabras, las cuales solo decía al venir a leo cuando estaba vacía.

-Lo suficiente como para escucharte. – Las palabras de Aioria hicieron que Marín se sonrojara y cuando se percato de que sus mejillas estaban a punto de explotar de vergüenza se sonrojo aun más, lo que hizo reír tiernamente a Aioria. –Marín ¿Lo que dijiste fue…?

-Sí. – Tercio ella, el tomo su mano y la guio hacia la mesa para que vaciara ahí los trozos de aquel cristal, los ojos de la amazona rehuían a los del felino que los buscaba como a una presa. – Yo… Aioria te extrañe.

Aioria la tomo de la barbilla dulcemente, deslizando su dedo índice por su delicado cuello, al tiempo que sentía como ella se estremecía ante su contacto, uno que había deseado desde hacia muchísimo tiempo, Aioria dio un paso más cercano a ella sintiendo su pulso acelerarse, era más fácil para el vencer a un titán que estar a centímetros de la mujer que había cautivado su corazón hacia años.

-Marín, lamento haberme ido, sin haberte dicho lo importante que eras para mí. – Aioria dio el paso final para que el cuerpo de él y el de ella estuvieran unidos en un delicado beso que ardió en pasión en cuanto sus labios se rosaron y sintieron la pasión crecer en ellos, ambos lo habían deseado desde hacía mucho tiempo y ahora que tenían una nueva oportunidad no pensaban desperdiciarla, al final Marín rompió el beso y puso suavemente su mano sobre el pecho de Aioria para separársele.

-Mañana por la noche, te espero atrás del coliseo, no faltes Aioria. – Ella le dio un suave beso en la mejilla y desapareció por la puerta de la cocina dejando aun un Aioria por demás feliz. :D

Dokho estaba recargado en una de las pilastras del balcón de la diosa de la sabiduría, tenía sus ojos cerrados mientras meditaba sobre el impacto que su presencia joven ocasionaba aun en el caballero de dragón, lo que aun lo hacia sonreír; a su lado se encontraba Saori calmada y observaba en silencio las pequeñas construcciones que aun se mantenían por todo el santuario.

El cabello de la joven deidad se mecía con pasiguedad con el viento que golpeaba su cara sedosamente y removía juguetonamente su cabello, se giro hacia el chino que aun permanecía con los ojos cerrados pero que los abrió al instante que se sintió observado, mirándola paternalmente.

-Dokho. – Le llamo ella mientras el chino volteaba. - ¿Crees que ella vuelva pronto?

-Siempre vuelve. – Rio alegremente el chino mientras se asomaba al balcón. – Solo que a veces tarda demasiado. – Esto hizo tanto reír a la joven deidad como al antiguo maestro de libra.

-Ella sabe que ha sido muy duro para ti y Shion, el haberla esperado cerca de 243 años, pero se los agradece de todo corazón y sabe que no hay forma de pagárselos. – Saori se incorporo lentamente y estiro su mano invitando a Dokho tomarla y acercarse a ella, pudiendo contemplar el santuario a su lado.

-Lo volvería a hacer, si fuera preciso. – Tercio el chino, pero miro las facies de confusión de Saori, pues más que ella conocía a la perfección los pensamientos y sufrimientos de la diosa de la guerra y la justicia.

-Dokho, ¿Crees que todos puedan sanar? Incluso ella lo duda y te he de ser honesta yo también. – esta vez la peli lila no oculto que lo incluía a él y a Shion junto con el resto, la redención no era un camino fácil y la mayoría tenía que pasar por él, pero lo que le preocupaba a Saori era que se perdieran en el camino o el tiempo que tardarían en recorrerlo. – En parte siento que fue mi culpa.

-No, Athena nosotros no la culpamos de nuestros errores, se que ellos no lo van a olvidar, nunca se olvida, pero confió en que se perdonaran, en este momento ningún caballero dorado puede estar aislado como en otro tiempo y creo que la cercanía con la que viven ahora será una forma de limpiar sus almas. – Dokho observo las doce casas con sus guardianes en el interior que aun permanecían en la penumbra del amanecer, algunos rayos del sol se asomaban por detrás de las colinas pareciendo como si el monte estuviera escupiendo fuego, como un volcán. – Todos lo lograran, confió en ellos, ahí amistades que pasan el tiempo.

-Te refieres a las amistades entre los guardianes de algunos signos, acuario y escorpio, capricornio y sagitario junto a las demás. – Dokho asintió a la pregunta que la diosa le hizo justo cuando Milo venía a relevar al gran maestro, el peli azul arrugo levemente la nariz al oír eso pero aun así se acerco al dúo e hizo una reverencia a Saori.

-Ahora no soy la diosa Athena. – Tercio Saori sonriéndole levemente.

-Una vez cometí el error de no creer en usted, no volverá a pasar. – Menciono Milo levantándose cuando Saori le dio permiso y fijando sus ojos azules en los de Dokho quien sonreía algo abochornado por la última frase que había dicho Athena. – Solo que difiero con usted en su último comentario, muchas amistades no pasan ni siquiera las pruebas terrenales menos las temporales.

-No digas eso Milo, Athena es en quien tiene más esperanza. – Esto hizo que el escorpión se sorprendiera y abriera desmesuradamente los ojos mientras Saori dejaba libre una pequeña risita. – Sabe que tu orgullo es fuerte, pero mas es la amistad entre los guardianes de escorpio y acuario, es una de las más fuertes de la orden ¿Verdad Dokho? Subestiman su amistad y la lealtad que se juraron desde tiempos mitológicos.

-Kardia de escorpión y Degel de acuario, eran muy parecidos a ustedes y a pesar de ser diferentes entre ellos, llevaron una amistad sin igual, pelearon hasta el final juntos. – Menciono el castaño recordando a sus compañeros del siglo XVIII.

-Así debió ser entre Camus y yo, pero él nos traiciono. – Milo dirigió una mirada iracunda hacia la casa de acuario que estaba aun sumida en la oscuridad y pudo sentir el frio cosmos de su guardián que permanecía en el interior.

-Milo, sin ellos no hubiéramos podido derribar el muro de los lamentos. – Dokho apoyo su mano en el hombro del más pequeño de la orden y lo palmeo antes de perderse en la penumbra de los aposentos de Athena.

-Te puedo hacer una pregunta, caballero de escorpión. – Saori se paro frente a él y le miro con sus orbes azul zafiro intentando penetrar en la mente del santo con su mirada, pero para su sorpresa no encontró resistencia en los ojos de Milo, que la miraban vacios y con una profunda tristeza.

-Sí, señorita Athena. – Repuso el guardián perdido en los ojos azules de la deidad que parecían tener un brillo especial justo en el amanecer, cuando aun el cielo se encontraba libre de las dos estrellas que la iluminaban y que se escondían en el horizonte.

-Tu enojo es ¿Por qué nos traiciono, como tú dices o por que viste una franja enorme que los separaba al no descubrir sus verdaderas intensiones con solo mirarlo a los ojos? – Milo retrocedió como si lo hubiera herido un rayo, miro a la peli lila fijamente viéndose descubierto y la observo sorprendido, de que a pesar de no tener el alma divina de Athena, Saori hubiera aprendido tanto que podía ver atraves de ellos.

-Vi aquella franja entre nosotros. – Tercio el griego ocultando sus ojos bajo sus flequillos. – Pero aquella traición la erosiono más.

Saori retrocedió un poco recargándose en una de las pilastras que tenia detrás, pues acababa de sentir un mareo que estuvo a punto de hacerla desfallecer, miro con sus ojos azules el amanecer justo cuando los rayos del sol parecieron bañarla solo a ella y hacer que un halo blanco oresente comenzara a cubrirla y cejara a su guardián por su incandescencia al tiempo que sus ojos parecían brillar llenos de vida y el azul se hacía más profuso como el cosmos de la diosa de la guerra aparecía en ella, su cabello se arremolinaba a su alrededor mientras la luz se hacía mas incandescente hasta que aquella tempestad desapareció.

-¿Athena? – Milo la llamo, al tiempo que la luz disminuía tenuemente para dejarlo observar que frente a él se encontraba la diosa de la sabiduría rodeada de un pequeño halo blanquecino y que su cosmos ardía en su interior.

-Así es Milo. – Dijo gloriosamente la deidad, portando Nike en su mano e irguiéndose orgullosa sobre su santuario. – Es hora de convocar una asamblea dorada.

Cuando llego a la sala del trono de su esposo, el sonido de sus pasos era el único que se podía escuchar, su cabello rojizo como la sangre se mecía de acuerdo a su caminado, mientras su vista se fijaba en la destrucción de aquel sagrado recinto, sus ojos se clavaron en la pilastra derriba a la mitad de las escaleras para llegar al trono, mientras múltiples quebraduras del suelo la rodeaban, había unas cuantas gotas de sangre en las escaleras y otras más cercanas al trono.

Persefore camino hasta situarse cerca de la silla que le perteneció a Hades, paso a una habitación continua detrás de la cortina, donde encontró el cuerpo mal trecho de su esposo con aquella enorme herida que Pegaso y Athena le habían hecho, deslizo delicadamente sus dedos por su pecho y los poso a nivel de su nariz, sintió una extraña calma al cerciorarse que el emperador del inframundo aun respiraba entrecortadamente, se arrodillo a un lado de su cama y coloco su mejilla en la mano de él.

-Jamás se lo perdonare a mi hermana, nunca creí que permitiría una acto atroz como este. – Persefore deposito un cálido beso en la mano de su esposo, quien aun no había despertado desde que Zeus lo salvara de la destrucción, bien lo había dicho el rey del Olimpo, Hades podía tardar siglos en recobrar la conciencia y restablecer tanto su alma como su cosmos, pues Athena y el santo de Pegaso le habían causado una herida mortal a un dios, algo que no había ocurrido desde la era mitológica.

Pero ella haría todo por recuperarlo, era una guerra, no permitiría que Athena consiguiera la victoria, no después de lo que había hecho, jamás le perdonaría el haber atentado contra el alma de un dios que para acabarla era su esposo, Persefore ardió de rabia solo de recordar la derrota de su fiel compañero, quien siempre le había prohibido entremeterse en aquella pelea no importara cual fuera el resultado.

Cerro sus ojos delicadamente aun recargada en la mano de su marido mientras sus recuerdos volvían a ella desde la era del mito y sus lagrimas surcaban sus puras mejillas…

Desde que Hades la había raptado en el inframundo, se le dio el título de la que llevaba la muerte, al principio para ella fue un tormento permanecer al lado de un dios como Hades, conociendo la diversidad de plantas y animales que acompañaban a su madre, el cambio tan radical del Olimpo al inframundo la espanto, aquel mundo de sufrimiento le aterrorizo y cada día que pasaba sentía que algo en su corazón moría y se volvía mas frívola, pero él, Hades la buscaba durante aquella época intentando hacerle más amena su estancia pero ella temía ante su presencia que el dios quisiese abusar de ella, pero no lo hizo, el jamás se aprovecho de ella; por el contrario Hades le mostraba toda la compasión y amor que podía dar a una diosa, lo que la fue cautivando poco a poco.

Cuando supo que su madre había torturado la tierra para que Zeus mandara a Hermes a rescatarla y que jamás volvería a verlo, ella misma sintió como si la alejaran de su otra mitad, una que ella no había descubierto hasta aquel entonces, por lo que cuando Hades le propuso el comer las semillas de aquella frondosa granada, ella acepto y de ahí su amor floreció, jamás pudo darle un hijo a Hades, pero al dios poco le importo se limitaba con la felicidad que ella le daba y ella al igual que él, amaba reinar a su lado.

Cuando las guerras santas contra Athena comenzaban siempre concedían cuando ella regresaba al Olimpo al lado de su madre y en algunas ocasiones que ella estuvo en el inframundo justo en el momento decisivo la enviaban hacia los campos elíseos protegiéndola de cualquier peligro, así era Hades jamás la había querido inmiscuir en las batallas que libraba especialmente con Athena, pero ahora en el siglo XX cuando la pelea se desato ella estuvo al lado de Hades hasta el final negándose a ir hacia el Olimpo pero cuando los campos elíseos se vieron en peligro, Hades no pudo sin más que confiársela a Hermes quien la saco de ahí en el último momento, su despedida fue rápida pero no por eso restada de pasión.

Cuando ella estaba en el Olimpo sintió el alma de Hades ser herida y sintió que el cosmos del dios disminuyo rápidamente, por lo que no perdió tiempo y corrió a hacia su padre, con quien se arrodillo para pedir que salvara la vida de su esposo y que detuviera aquella barbarie que Athena cometía contra ellos, suplico por la vida del dios del inframundo a quien amaba y dejo salir frondosas lagrimas de sus ojos rojos como si de zafiros se tratara y por primera vez, Zeus le concedió algo.

-Hades… te ayudare a despertar. – La diosa se levanto plantando un suave beso en la frente de su esposo, quien la había cambiado a ella y ella a él, Persefore era más frívola y cruel a su lado mientras Hades mas cálido y misericorde, ambos se completaban perfectamente, por lo que ninguno quería perder al otro de su lado. – No importa si tengo que derramar mi sangre divina para ello.

Persefore salió hacia la sala del trono se acerco a él y saco una pequeña caja de la parte posterior donde estaba una daga teñida de color rojo y con un mango de color negro, con zafiros y otras piedras preciosas, la tomo entre sus pálidas manos y se encamino fuera del recinto necesitaba revivir algunos espectros de su esposo, pues necesitaba ayuda, ayuda para su siguiente plan.

-Es una lástima Pandora que nos hayas traicionado, eliminare cualquier resto de tu alma para que no vuelvas a fallarnos, te hare sufrir tanto que cuando renazcas serás una perra faldera obediente. – Tercio la reina del inframundo mirando hacia uno de los infiernos, estiro su mano en la que apareció una esfera violácea la cual lanzo al mismo infierno.

Continuo su camino hasta el templo de Caina perteneciente a su guerrero más fiel, dentro de el la oscuridad se hacía presente, camino lentamente escuchando el ruido de sus pisadas y se detuvo cuando vio el sapuris de Wyvern.

-Radamanthys, mi fiel guerrero, se que tu alma está sellada para que Hades no te libere de aquel rosario, pero no de mi. – Persefore tomo la daga con su mano derecha y descubrió su muñeca izquierda al nivel de que una vez que hiciera el corte la sangre cállese sobre el sapuris y juntas liberaran el alma de Wyvern del rosario, que estaba en posesión de Athena. Realizo el suave corte sobre su piel tersa, un escalofrió recorrió su brazo y elevo su cosmos al tiempo que un hilito de sangre escarlata bañaba la armadura y el cosmos rojizo de la deidad rodeaba a la misma. – Vamos. – Se animo ella misma, cuando vio un pequeño halo morado surgir de el sapuris creado por Hades supo que iba por buen camino, no necesitaba revivir a todos los espectros si no tan solo a los necesarios.

La diosa aumento su cosmos haciendo arder al infinito para romper la maldición de aquel rosario, al tiempo que todas las velas del recinto se encendían por el arder de su propio poder, cuando regreso su vista a la armadura justamente observo cuando el alma de Radamanthys de Wivern regresaba a su lugar, hacia el inframundo, hacia su hogar.

El templo de acuario estaba completamente en la oscuridad, su guardián estaba sumergido recordando su vida, el siempre se había limitado a decir que un guerrero sin sentimientos era por demás la perfección pero al considerarse el así olvido que sus compañeros para nada lo eran, muchos de ellos se dejaban llevar por ellos y su error más grande fue verse egoísta y olvidar que Milo era uno de esos.

Cuando lo trajeron por primera vez al santuario le asignaron un guardia para que comenzara su entrenamiento, se fijo que había muchos niños en aquel entonces al igual que él, pero debido a que aun no dominaba el griego le fue difícil el intentar hablarles y sobre todo aun no le interesaba el hacer amigos. Le habían explicado que los caballeros del signo de acuario deberían mantenerse rígidos y frívolos ante los demás guardianes, por lo que el se aisló de los demás.

-O al menos fue eso hasta que llego, Milo. – Sonrió tristemente el acuariano, salió hacia el jardín de acuario donde se encontraba una enorme fuente congelada por su cosmos y se dejo envolver por la temperatura del lugar.

Cuando Milo hizo aparición en su vida, prácticamente lo obligo a hablar y después de burlarse de su acento se propuso el enseñarlo hablar griego, jamás pensó que una amistad pudiera haber surgido entre los dos, nunca supo el momento exacto cuando los dos se volvieron inseparables, se complementaban a la perfección eran un dúo por demás desequilibrado por los temperamentos de los dos. Ambos crecieron y sus personalidades se hicieron por demás opuestas pero aun así se mantuvieron juntos, ya que uno le brindaba al otro lo que carecían. Milo se hacía a su lado más calculador y serio que le venía bien a su carácter despreocupado mientras él se volvía más cálido y desinteresado.

Cuando los enviaron a los campos de entrenamiento con sus maestros, comenzó a perder aquella vitalidad que había adquirido con Milo, se hizo frio e inquebrantable porque así lo habían entrenado, para olvidar sus sentimientos para que fuera calculador en todo momento, pero cuando regreso a Grecia como el caballero dorado de acuario a Milo solo le tomo unas horas romper aquella barrera y sacarle una carcajada que no había oído el mismo durante años y que el llego a pensar que quien se reía era alguien más y no el.

Qué alegría le había dado darse cuenta de que Milo no había cambiado en lo absoluto que se mantenía firme a la promesa que habían hecho de niños y continuaba considerando su amistad como única. Se frecuentaron más y ante las sospechas de Ares y su desconfianza sobre su orden los separo de nueva cuenta enviándolo a educar a Hyoga e Isaac.

Aunque no le agradaban los niños ni le gusto la idea, por mas honor que aquel mandato podía traer puso a Milo como loco y a él le provoco un disgusto antes que un placer, pero una vez que se vio en Siberia con aquel dúo de niños que le recordaban tanto a él y Milo, solo ayudaron a descongelar un poco mas su alma; pero cuando Isaac murió Milo fue el primero en aparecerse en Siberia para consolarlo y ayudarlo a superar aquel fallo que había cometido al descuidarlos y casi también perder a Hyoga.

Fue cuando se propuso el eliminar cualquier sentimiento del pequeño por su madre que se encontraba en las profundidades del océano, que equivocado se vio, pues jamás llego a pensar que aquel sentimiento era el que impulsaba a Hyoga a seguir adelante, alentándolo cada día a ser más fuerte.

Cuando la batalla de las doce casas exploto, el ya había tomado aquella resolución de enseñar a Hyoga la técnica de los santos de acuario, poco le importo quien estuviera detrás del patriarcado y si Saori era la Athena de ese tiempo o no, su prioridad era Hyoga quería que sobreviviera a aquella batalla y no quería que nadie más se encargara de él. No se lo dijo a Milo o al menos no todo pues conocía el carácter impulsivo de su amigo y sabia que se opondría a aquello por lo que solo le platico que iría a Libra y le detendría ahí, si Hyoga lograba liberarse le pedía a Milo que lo dejara pasar y para Shura fue lo mismo.

Milo se rehusó pues tenía un mal presentimiento sobre aquello, no solo sentía que la caída del santuario se efectuaría si no que se perdería más de una vida, como Mascara de la muerte había caído, Camus volvió a hablar solo para pedirle que lo apoyara una vez más, hasta que Milo acepto sintiendo que firmaba la sentencia de muerte de su amigo y así fue.

Cuando hundió mas el barco de la madre de Hyoga sintió que el corazón del muchacho se rompió en mil pedazos, por lo que a pesar de toda aquella tristeza le trajera decidió ponerle fin a su discípulo con el ataúd de hielo, regreso a escorpión y Milo lo esperaba ahí para apoyarlo, lo consoló como cuando perdió a Isaac pero cuando ambos sintieron que Hyoga fue liberado por la armadura del antiguo maestro, extrañamente sonrió y Milo lo miro aun más preocupado, le volvió a repetir que lo dejara pasar y se marcho agradeciéndole a su amigo por todo, Milo no se dio cuenta de aquella era una despedida.

Sintió el cosmos de Milo debatirse entre atacar a su discípulo o no, en la espera de saber que planeaba su amigo y los constantes mensajes que su amigo le enviaba desde escorpio, le hacían saber que tarde pero el otro peli azul se había enterado de sus intensiones, le agradeció infinitamente cuando lo dejo pasar y como esperaba Hyoga llego ardiendo de coraje hasta acuario y más frívolo que nunca.

Se sintió orgulloso cuando realizo la ejecución de aurora impecablemente congelándolo y sobrepasando el 0 absoluto, se despidió de Milo y cayó en aquel sueño eterno, que no lo fue tanto al verse revivido por Hades al jurarle lealtad, se mantuvo tranquilo hasta que llego a Virgo fue cuando su espíritu y esa fachada que había mantenido antes se vino abajo por causa de Shaka, que los orillo a realizar la exclamación de Athena.

Lloro la muerte de su compañero junto a Saga y Shura pero una vez que recobraron el aliento y entraron a virgo vio sus verdaderos problemas al conocer el cosmos enojado de Aioria y la frágil calma que mantenía Mu, pero aun así se mantuvo firme, hasta que Milo apareció detrás de ellos, fue cuando en realidad su cosmos vacilo cuando se encontró con aquellos orbes azules decepcionados e inundados de ira, que de verdad ocupo el ánimo de Saga y Shura, quiso decírselo a Milo y casi corrió a su lado cuando Saga lo golpeo, pero se contuvo tenía que mantenerse fiel a su misión a pesar de que sabía que el escorpión dorado se estaba destrozando por dentro.

Y volvió a ocurrir cuando ambas exclamaciones de Athena se impactaron solo quería que aquello acabara de una buena vez y agradeció infinitamente que los chicos de bronce intervinieran, cuando sintió el paso de las horas en su cuerpo temporal y su espíritu había agotado todo aquella valentía, lo único que sentía era dolor, cuando Milo fue a por él y sus ojos se encontraron no pudo más que esquivarle la mirada, lo que hizo que el escorpión lo tomara con brusquedad.

Se sintió avergonzado e impuro al pasar acuario y su espíritu termino de destrozarse al oír a Milo pronuncia el porqué lo había traicionado, sintió la mirada de Shura y Saga sobre el pero se mantuvo callado, pronto terminaría aquello y cuando vio a Athena suicidarse, sintió las manos de Milo alrededor de cuello hasta que el escorpión no pudo más y se desplomo frente a él llorando de rodillas.

Para él, quien se había sentido uno de los santos mas fríos e insensibles aquella guerra santa le había mostrado más dolor del que pudo imaginar, la sangre y lagrimas ajenas derramadas las había sentido como suyas, había sentido el dolor de sus compañeros y su alma habíase destrozado al ver que ellos, en especial Milo los consideraban como traidores, sabía que había herido a Milo y que el escorpión no se la perdonaría a pesar de su falsa unión en el muro de los lamentos, se sentía tan avergonzado de su proceder que ni siquiera sabía cómo hablar con Hyoga o con Milo, el no era un santo más, había cometido uno de los peores crímenes al traicionar a los suyos y mancharse las manos de la sangre de su propia diosa.

No merecía el ser llamado santo de Athena ni el portar acuario, el no merecía el perdón de nadie…

Continuara.

Agradezco mucho sus comentarios.

Carlos: Es obvio que a Saga más de uno le tenga coraje, al final de cuentas es el actor principal tras 13 años de sufrimiento del santuario.

Joana: Listo nuevo cap. Espero y te guste.

Mugetsu-Chan_xd: Jajaja por el momento solo falta que Zeus cumpla su palabra y separe el alma de Saga de Ares, al final de cuentas Athena fue quien ha ganado. ¿Qué tal el pedacito especial que deje a la parejita de ensueño de Aioria y Marín? ¿Te gusto?

SakuraBallSeiyaMejoresAnimes: Listo espero y te guste el capitulo, intentare actualizar cada semana.

Artemiss90: Hermes como todo un dios, siempre encuentra una forma de joder a los demás dioses y Athena no es la excepción jajaja. Creo que no terminaran de perdonarse cuando tengan que enfrentar nuevos retos.

Gracias por sus comentarios a todos aquellos que se toman la molestia de escribirlos y también espero y les agrade el capitulo a mis lectorcillos fantasmas, feliz 14 de febrero. Comenten.

Atte: ddmanzanita.