Lectorcillos míos me alegra mucho de saber el numero de personas que me leen, así no siento que solo escribo para mi jajaja. Espero disfruten este capítulo creo que lo he llenado de emociones fuertes pero ese es mi propósito, quiero que la historia suba de nivel un poco más largo pero con mas sorpresa. Disfrutándolo y comenten.
Capitulo 8. Mordiendo el polvo.
Hera camino por todo el pasillo enfurecida, ya se encargaría de vengarse de los otros dioses, por preferir a Poseidón y Athena sobre su propio hijo, lo mismo ocurriría con Zeus, para ella era inaudito lo que le habían hecho. Escucho el paso de unas suaves sandalias detrás de ella, miro por encima de su rostro solo para percatarse que Afrodita la seguía de cerca, se detuvo para esperar a la amante de su hijo, conocía que la diosa del amor cooperaria con ella por obtener a Ares de nuevo en su lecho.
-Zeus siempre la preferirá a ella. – Afrodita se paró a su lado mientras dirigía una mirada iracunda al templo que perteneciese a la diosa de la sabiduría en el Olimpo. – Athena esta bendecida y beneficiada por Zeus, en todos los aspectos.
-Poco me importa Zeus ahora. – Los ojos iracundos de Hera buscaron los de su igual que aun miraba con desdén el templo de Athena, para ella fue perceptible ver el odio y desprecio que la misma diosa del amor expedía hacia su igual. – ¿Has hablado con tus hijos?
-Si, incluso he contactado a Enio, son los dioses más fieles a Ares, no nos defraudaran. – La rubia continua caminando hacia la salida de la sala de juntas del Olimpo mientras su reina la seguía a su lado en silencio. – Ahora mismo observan los movimientos de Athena desde el templo de Ares esperando el momento adecuado en el que sembrar dolor.
-Eres más cruel de lo que imagine, Afrodita. – La diosa del matrimonio miro a la oji verde que aun continuaba contoneándose a su lado, a pesar de tener un semblante sensual e inofensivo, Afrodita podía llegar a ser una diosa peligrosa y temible para más de un dios, algo que Athena siempre había pasado por alto al considerarla vulgar y débil.
-Prefiero ser considerada como peligrosa, Athena me ha robado a mi compañero y si no está en disposición de regresármelo, yo también le arrebatare a esos santos que tanto quiere y admira. – Afrodita arrugo suavemente su cara con un gesto de desdén justo cuando ambas llegaban al final del pasillo que se abría a un amplio jardín con enormes fuentes y se detenían para verse entre ambas.
-Te refieres a sus santos dorados. – Menciono gustosa Hera mientras rebuscaba entre sus sedosas ropas por un objeto por demás preciado para ella, si había impuesto peligros y dificultades a Hércules que había salido complicadamente librado de ellos aquellos santos no serian absolutamente nada para la ira que desataría sobre ellos.
-No, te equivocas Hera. – Afrodita recibió de mano de Hera aquel pequeño objeto que no era más que un frasco con un liquido escarlata y que al ser movido relucía de vez en cuando tintes color marrón y negro que brillaban al sentir el calor del tacto, la diosa del amor miro hacia todos lados en busca de que alguien las hubiera visto mientras escondía aquel frasco entre sus senos. – Me refiero a sus santos divinos.
-Cuento contigo Afrodita. – Tercio Hera mientras observaba que el pasillo estuviera vacio.
-Estamos juntas en esto. – La rubia hizo una pequeña inclinación de cabeza y comenzó a contonearse por aquel hermoso jardín en dirección al templo del señor de la guerra cruel.
…
-¡Señor Aldebaran! – Kiki corrió en dirección al segundo guardián quien lo esperaba con una sonrisa en el rostro y riendo alegremente en la entrada de tauro, el pequeño enano venia brincando los últimos escalones mientras Mu le seguía unos escalones más abajo caminando lentamente.
-¡Kiki! ¡Cómo has crecido! – Rio el toro una vez que el riño enrollo sus brazos alrededor de el abrazándolo con fuerza. - ¡También eres más fuerte! – Aldebaran se sobo un poco la espalda pues aun continuaba sintiendo la presión de los brazos del pelirrojo.
-¡Lo extrañe mucho, señor Aldebaran! – Canturreo el pequeño a su lado, mientras Mu pisaba las baldosas de tauro y el gigante los invitaba a pasar a su casa.
-Mu ¿Hace cuando que no vienes a visitarme? – Pregunto el guardián fingiendo algo de molestia en su voz, mientras el peli lila arrugaba los dos puntitos que tenía como cejas.
-Aldebaran vine la semana pasada. – Respondió calmadamente el guardián introduciéndose a la parte privada del segundo templo, cuando unos pasos apresurados lo alertaron tanto a él como a su amigo.
-Señor Aldebaran. – Se escucho una débil voz llena de dudas y miedo, en la entrada del segundo templo. Mu continuo avanzando pues hacia un rato que había sentido cruzar ese débil cosmos Aries y tenía un indicio de quien podría tratarse.
Aldebaran se detuvo unos segundos esperando que el niño se exasperase y se sintiera más nervioso, mientras caminaba asustado hacia el interior del segundo templo, llamándolo de vez en cuando, el gigante se escondió detrás de una pilastra mientras Mu lo miraba negativamente desde el interior y Kiki reprimía una pequeña risita.
-Señor Aldeba… - Pero antes de que el pequeño niño terminara su frase el santo de la segunda casa salió a un lado de él y grito cerca de su oído, mientras el niño gritaba por la sorpresa y retrocedía asustado hasta caerse, Kiki no pudo mas reprimir su risa y soltó una carcajada ganándose una mirada traviesa de su maestro.
-Lo siento Teneo, no pude resistirme. – Se disculpo el santo de la segunda casa estirando su mano para que el niño la tomara y ayudarlo a levantar, el castaño la tomo un poco desconfiado sintiendo que su corazón abandonaría en cualquier momento su pecho. -¿A qué dedo tu visita pequeño?
-Yo… - El niño miro hacia donde se encontraba Mu y Kiki no basto mas para descubrir que ambos eran maestro y aprendiz mientras sentía que una leve envidia lo invadía, él quería ser como el pelirrojo, podía sentir su cosmos muy inferior a los otros dos pero que para la edad del pelirrojo era amenazante. - ¡Vine porque quiero que sea mi maestro!
-Me parece bien, después iremos a recoger tus cosas. – Aldebaran lo invito a pasar hacia el interior de tauro, mientras el niño lo seguía algo entorpecido aun por el susto y la emoción.
-¿Viviré con usted? – Teneo sonrió por primera vez al santo de tauro, al tiempo que caminaba a su lado pero de vez en cuando tenía que correr para poder seguirle el paso al gigante, cuando hubo entrado a la sala del segundo templo observo a los dos invitados de su maestro, el niño pelirrojo que no dejaba de sonreír y un hombre de cabellos lilas de aspecto serio pero que le inspiraba paz.
-Si vivirás aquí conmigo en tauro. – Aldebaran le indico con la mano que tomara asiento. – Él es Kiki es aprendiz a caballero dorado de Aries y él es su maestro, Mu caballero dorado de Aries.
-No puedo creerlo. – Susurro el moreno, para cualquier aprendiz o guardián el conocer a los caballeros dorados era todo un logro, en los campos de entrenamiento era bien conocidas las historias de misterio que se levantaban alrededor de las doce casas y sus enigmáticos guardianes, aquella elite dorada que tanto le inspiraba por la noche, aquellos 12 caballeros que portaban las armaduras de oro y que eran de los más fuertes entre los 88 caballeros de su diosa Athena.
Aldebaran rio libremente mientras Mu sonreía al pequeño niño moreno que no pasaba de los 8 años de edad, el santo de tauro se dirigió a la cocina trayendo unos cuantos bocadillos para el niño que los devoro gustoso pues no estaba acostumbrado a comer aquella comida suculenta que el segundo guardián le ofrecía.
-Mascara de la muerte me acompaño a buscarlo. – Menciono Aldebaran tomando un dulce de la bandeja que ofrecía al niño y dándoselo a Kiki disimuladamente para que Mu no lo observara.
-Te vi. – Refuto Mu que se encontraba de espaldas por lo que Aldebaran y Kiki se respingaron al escuchar esto, pero de todos modos el lemuriano menor se metió el dulce a la boca. - ¿Y eso?
-Quiero darle una oportunidad, el ha cambiado mucho ¿Sabes? El cuarto templo está limpio de aquellos rostros ahora la penumbra que estaba sobre la casa de cáncer ha desaparecido. – Aldebaran miro fijamente a Mu, esperando encontrar en los ojos del lemuriano algún recelo pues él y Mascara de la muerte habían tenido más de un encontronazo en el pasado, pero no vio ni una pisca de odio.
-Lo sé, no es el único que cambio, Afrodita también lo hizo. – Mu redacto en resumidas cuentas todo lo que había pasado a su amigo en el viaje a Japón en compañía del guardián del doceavo templo. – Y estoy de acuerdo contigo, quiero que ellos se integren a la orden, me he cansado del aislamiento de los doce.
-Pero señor Aldebaran y señor Mu, el guardián del cuarto templo es muy cruel no se le acerquen, todos le temen… - Comenzó a decir el niño con una cara de espanto en su rostro. – Cuando no podemos dormir o nos portamos mal, los guardias nos asustan con él; dicen que si hacemos esto o aquello le llamaran para que nos reprehenda. – El niño mencionaba aquello con total inocencia mientras reprimía un leve temblor, Aldebaran soltó una carcajada mientras Mu negaba suavemente.
-Eso no es cierto, Mascara jamás atendería la petición de un subalterno. – Rio alegremente Aldebaran palmeando el hombro de Teneo.
-A mí también me daba miedo. – Confeso Kiki lo que hizo que Mu y Aldebaran lo miraran extrañados. - ¿Qué? Lo que cuentan de él en el campamento es de temerse.
-Kiki cuantas veces te dije que no creas en esas mentiras. – Le reprendió paternalmente mientras el pelirrojo reía nervioso al recordar aquella parte de su juventud.
-¿Qué cuentan de nosotros 12 en el campamento? –La voz del toro dorado estaba repleta de curiosidad divertida, los chismes que ocurrían alrededor de los doce dorados era más mentira y exageraciones que la verdad en sí. -¿Qué dicen de Mu? – El peli lila miro desaprobatoriamente a su compañero. – Vamos Mu acaso no quieres saber.
-Dicen que el señor Mu es consentido por el señor patriarca. – Repuso inocentemente el niño mirando a Mu que se sorprendió al oír aquella afirmación por el pequeño mientras ALdebaran a su lado estallaba en risas.
-No se equivocan del todo. – Bromeo Aldebaran ganándose una mirada de muérete por parte del lemuriano mayor.
-¿Qué dicen de los demás dorados? – El niño tomo unos cuantos dulces mas entre sus manos y miro a su nuevo maestro, que tenia la mirada del primer guardián clavada desaprobatoriamente. -¿Qué dicen de mi Teneo?
El pequeño moreno soltó todo aquello que sabía de los santos dorados y que la mayoría eran mentira, pero que en el campamento eran tomadas como verdades absolutas, algunas de ellas si eran ciertas otras eran exageraciones y algunas otras más falsedades, la peor parte de ellas se la llevaban Mascara, Afrodita, Saga y en menor proporción Shura y Camus por sus traiciones, por su lado Aioria y Aioros eran vistos como completos mártires, se exaltaba la valentía y justicia de Milo, además de su decimo sentido con las mujeres en especial las doncellas y una que otra amazona, Shaka estaba cubierto de un completo misticismo, Dokho lo consideraban toda una leyenda y un ejemplo de santo. Se corría el chisme de la posible atracción y beneficios de Aioria por Marin lo que hizo que Mu y Aldebaran se miraran sorprendidos mientras continuaban más que interesados en esos "malos chismes".
Decían que Afrodita era peligroso si te le acercabas mas de 2 metros o lo tocabas era lo último que veías en la vida. Acuchillaban de los castigos que Camus había impuesto fríamente a Hyoga y le consideraban un insensible. Shura era la vanagloriado como el santo más leal a Athena pero que su destino había sido teñido de oscuridad por Saga. Las cosas que se decían acerca de Mascara de la muerte si daban miedo, Kanon había pasado inadvertido durante años y todo lo que el niño sabia era que el guerrero de géminis había tenido un gemelo.
-¿Y qué dicen de mí? – Tercio Aldebaran curioso, el niño se llevo una mano a la panza satisfecho por tanto dulce que había comido, mientras Kiki le miraba curioso.
-Dicen que se la pasa comiendo. – La inocencia con la que el niño lo dijo fue de lo más natural, pero esta confesión hizo estallar de risa tanto a Mu como a Kiki.
-No es cierto, no como tanto. – Aldebaran miro ambos lemurianos que intentaban contener la risa, mientras tiraba apenado la manzana que tenía en la mano y hacia unos segundos había devorado con avidez. –Como dijiste Mu, son solo chismes.
-Solo algunos, otros son verdad. – Refuto Mu carcajeándose de nueva cuenta mientras el toro dorado lo veía fingiendo indignación.
…
Marín se encontraba dentro de la cabaña que compartía con la amazona de Ofiuco, la cual se encontraba sentada en la mesa con un vaso con agua frente a ella, la rubia la miraba fijamente y con el ceño fruncido debido a que Marín acababa de confesarle que había ocurrido el otro día en el quinto templo del zodiaco con Aioria.
-¡¿Qué hiciste qué?! – Por más bajito y disimulado que se esforzó Shaina para esconder su disgusto encontró en el reclamo todo lo que ocurría en el interior de su compañera rubia.
-No lo planee, simplemente paso, tu sabes lo que siento por Aioria. – Intento defenderse en vano la pelirroja, mientras Shaina la miraba con desaprobación. Justo en ese momento entro Geist por lo que ambas se callaron mientras que la menor que ellas buscaba una bebida fría en el refrigerador, la siguieron con la mirada por toda la cocina hasta que llego al marco de la puerta.
-Marín, es solo un beso, no te embarazas con él. – La cara de ambas amazonas literalmente se desfiguro de la impresión al escuchar lo que los labios de la hermana menor de Shaina acababa de mencionar 0.0.
-¿Escuchaste? –
-¡Geist! ¡Señorita! –Por unos segundos la rubia dudo de su última palabra, mientras la pelinegra abandona la cocina hacia la salida de la cabaña. - ¡Geist! – La rubia se levanto dejando sola a Marín fundiéndose en el nerviosismo que la embriagaba ahora que Aioria y ella se habían besado y quedado para verse. Espero unos segundos para que el dúo desapareciera de los alrededores de la cabaña y una vez que sintió el cosmos de ambas ir en dirección a cabo sunion se dirigió presurosa hacia el coliseo, la oscuridad de la noche le servía como un manto protector contra cualquiera que pudiera estar vigilándola o viéndola.
-Marín. – La voz masculina de Aioria la hizo girarse, pero se sorprendió de no ver al castaño si no a su hermano mayor que tenía una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Aioros? – Pregunto ella sorprendida del ver al sagita en el lugar de Aioria, incluso se sonrojo al llegar a pensar que Aioria tal vez le hubiera dicho algo. -¿Qué haces aquí?
-Salí a caminar un rato. – Repuso felizmente el guerrero. – Has crecido mucho Marin, aun recuerdo cuando eras una niña. – Rio mientras la amazona se sentía abochornada.
-Ya veo. – Menciono la pelirroja alegre de ver a Aioria aparecer algo torpe detrás del coliseo, le saludo desde lejos con una mano y le indico con una leve mirada a Aioros, mientras el león dorado sonreía nerviosamente.
-¿Interrumpo algo? – Aioros miro la cara de ambos y por unos segundos todo le pareció muy claro, por lo que no pudo evitar reír ante la situación, feliz de que Aioria hubiera encontrado en su amiga de infancia una compañera.
-No. –
-Para nada, no. – Contestaron presurosos ambos, lo que hizo reír más al mayor. –Aioria iba a mostrarme algunas técnicas.
-Ya veo. – Sonrió con malicia el sagita mientras se alejaba a plena felicidad del dúo para darles algo de privacidad.
-Siempre encuentra la forma de enterarse de todo. – Confeso algo molesto Aioria mientras veía que las mejillas de la pelirroja volvían a la normalidad, dejando aquel rojizo encendido solo a su cabello. – Aquí me tienes.
-Aioria, yo… - Pero Marín tomo toda la valentía que necesitaba y en un acto fugaz le planto un nuevo beso al santo, que ni oportunidad tuvo de reaccionar. – Lo lamento. – Marín le dio la espalda muerta de vergüenza dispuesta a regresar a la cabaña, pero la mano varonil de Aioria la tomo de la muñeca y la obligo a regresar recortando la distancia entre ambos.
El león dorado, la acerco un poco más a él y acaricio su rostro con el dorso de su mano, comprobando que aquella piel que habíase imaginado tocando durante años era más suave y tersa de lo que hubiera podido imaginar, sintió el estremecimiento de Marín cuando enredo uno de sus brazos alrededor de su cadera, aferrándose a ella. –Te amo, Marín.
Sus palabras hicieron que el corazón de la amazona diera un vuelco, jamás pensó que Aioria fuera a ser tan directo y se animara a romper uno de sus pactos por ella, sintió como la prenso suavemente de la mandíbula atrayéndola hacia sí, sus labios se juntaron por tercera vez, pero esta vez toda timidez había desaparecido, se sus labios se restregaron con pasión, la mano de Aioria descendió hasta el delicado cuello de ella y la halo hacia sí, exigiendo mas cercanía entre ambos, mientras los brazos de Marín lo rodeaban, se separaron cuando el aire les falto a ambos, el leve sonrojo de Marín había vuelto, pero curiosamente la amazona sonreía.
-Yo también te amo, Aioria. – El león continuo abrazándola como si fuera a perderla, mientras ella dejaba libremente que los potentes brazos del león la rodearan. – Debí decírtelo antes de que tu … - Le tembló el labio inferior al recordar lo secos que ambos habían sido cuando estuvo a punto de estallar la guerra santa y lo mucho que se arrepintió al sentir el cosmos de Aioria desaparecer.
-Eso ya quedo en el pasado Marín, esta vez no pienso irme de tu lado. – Aioria la abrazo de nueva cuenta recargando su cuello sobre la cabeza de la amazona que respiraba agitada como si sus pulmones no cumplieran su función de respirar y su lengua se encontraba paralizada. – Eres maravillosa Marin, siempre estuviste conmigo y fui un tonto en esperar tanto tiempo y que la muerte me mostraba lo mucho que te necesitaba a mi lado.
-Estamos juntos ahora, eso es lo que importa en este momento. – Marín separo su rostro del de el león dorado y lo beso suavemente, rosando cariñosamente sus labios, volvió a abrazarlo y esta vez perduraron unos minutos así, simplemente sintiendo la presencia del otro, compartiendo calor en aquella noche templada mientras la luna era la única que servía de fiel testigo a aquel juramento entre ambos amantes.
…
La orden fue emitida en plena mañana de que todos los santos dorados debían presentarte en el salón patriarcal de acuerdo al protocolo junto con los cinco santos divinos quienes se habían visto en los últimos días relegados y tratados como santos ordinarios, hasta esa pequeña excepción, la mayoría de los dorados se encontraban ahí junto a los chicos de bronce, los únicos que faltaban por llegar era Afrodita quien se encontraba en los límites del santuario debido a su guardia, Aioros y Saga, quienes habían desaparecido para hablar sobre lo que había pasado durante la impostura del geminiano como patriarca.
-¿Dónde está la flor? – Pregunto Mascara exasperado al aire al ver el retraso con el que su amigo venia. Shura se encontraba a su lado mirando el suelo fijamente debido a que en su mente solo pasaba que el tiempo se le había acabado y era hora de hablar con Aioros.
-Debe venir en camino. – Le respondió Aldebaran.
El silencio volvió a perdurar, los santos de bronce se mantenían a raya pues aun en el ambiente se podía sentir la tensión que se abrumaba entre los guardianes de escorpio y acuario, capricornio y leo, la presencia de cáncer y virgo que perturbaban a más de uno.
Las puertas se abrieron mostrando a Afrodita, su porte altivo se relajo en cuanto vio a Shun y Mascara de la muerte, hizo una leve reverencia a su diosa y camino hasta situarse al lado de cáncer, quien fingió indignación al verlo llegar.
-¿Y la puntualidad? – Se burlo Mascara como respuesta solo tuvo un resoplido de contestación por el pisciano. – Eso no es digno de ti.
-Ni es común en ti, hacer tantas preguntas. – Respondió el de piscis callando por completo a su amigo quien sonrió molesto.
A Shion se le ilumino el corazón cuando vio entrar por aquellas pesadas puertas de madera a Aioros y Saga riendo alegremente que borro parte de la penumbra e incomodidad de la sala, que esos dos estuvieran juntos de nuevo, construía un mejor panorama para el futuro y al lemuriano eso no le paso inadvertido, había olvidado la última vez que había escuchado reír a Saga por una broma y ver la expresión cómplice de Aioros. Por su parte Aioria borro la sonrisa de su rostro y miro con el ceño fruncido a su hermano mientras fulminaba con la mirada a Saga.
-Bien estamos completos. – Tercio tranquilamente Saori, se levanto del trono y se coloco frente a sus santos dorados que guardaron silencio al solo escuchar su voz e hincaron una rodilla en señal de respeto, mientras los santos divinos se miraron entre ellos y los imitaron, pues aun no estaban acostumbrados al protocolo del santuario. – Levántese por favor mis santos, quisiera explicarles lo que ocurrió en mi visita al Olimpo.
-Fue más un rapto. – Bromeo Milo haciendo reír a la diosa y alguno que otro de sus compañeros.
-Así es Milo, bien me quisieron juzgar por haberlos vuelto a la vida. – La mirada preocupado de todos los dorados se noto, por lo que la peli lila se apresuro a continuar. – Pero Zeus apoyo mi decisión y por ende ustedes son libres de vivir sus vidas, pues se lo han ganado por su sacrificio y lealtad hacia mí. Pero…
La peli lila fijo sus ojos azules en los esmeraldas de Saga que le devolvieron la mirada en espera de escuchar lo que la diosa tenia por decirle, la espera se le hizo eterna, Aioros observo que la mirada de la diosa estaba clavada en su amigo por lo que le dirigió una mirada de curiosidad que Saga correspondió.
-Querían obligarme a liberar el alma de Ares. – Aquella confesión fue como si hubiera pronunciado una sentencia de muerte para sus santos dorados, algunos de ellos palidecieron al solo escuchar aquel nombre, otros como Saga sintieron la ira recorrer cada célula de su cuerpo e hicieron que todas las miradas se clavaran en el gemelo mayor, como si fueran a notar alguna sospecha o actitud sospechosa por parte de Saga que les indicara que Ares estuviera dentro de él.
-No podemos hacerlo. – Seiya intervino poniendo en palabras lo que todos habían estado pensando.
-No, me opondría a ello, sin embargo se hizo una votación entre los 12 olímpicos y la condición era el liberar el alma de Ares, no les mentiré mis santos me jugué todo en el Olimpo, pero quiero decirles que salí triunfadora de ahí y el alma del dios de la guerra permanecerá sellada por siglos pero a cambio de ello logre desprender la esencia de Ares de Saga.
Todos volvieron a mirar al gemelo mayor, que respiro aliviado y lleno de tranquilidad, una que había dejado de sentir desde hacía más de una década, contuvo sus emociones frente a los demás santos dorados mientras por dentro sentí su corazón palpitar de felicidad y gozo.
-Solo que para ganar tuve que ofrecer a cambio el alma de Poseidón. – Aunque la idea no les pareció tanto, se relajaron pues aun cuando la fuerza del emperador de los mares superase la de Ares este significaba una menor amenaza. – Tengo la palabra de que una vez que libere su alma, Poseidón no atentara de nuevo contra la vida en la tierra y respetara mi dominio.
Shion y Dokho escuchaban aquello con algo de recelo, si alguien sabia que la voluntad de los dioses cambiaba según su estado de humor eran ellos, habían visto los estragos de la guerra santa contra Hades varias veces, pero conocían a la perfección que varias batallas libradas contra el ejercito submarino y el emperador de los mares habían cobrado igual o más vidas que contra las del rey del inframundo.
-En mi estancia en el Olimpo pude ver a mi hermana Persefore, reina del inframundo quien me comunico que Hades aun se encontraba con vida, pero que el golpe de Seiya había ocasionado un daño terrible en su alma y cuerpo, el dios Hades tardara mucho tiempo en recuperarse por sí solo de aquella herida, si es que logra hacerlo y aun cuando lo haga, Hades no podrá restablecer su cosmos tan fácil. – Repuso la diosa mirando la expresión preocupada de algunos de ellos, a pesar de que tal vez no lograran ver resurgir el poder del inframundo, sabían que tal vez después de un milenio o más Hades volvería ser una amenaza para el santuario y la vida en la tierra.
-Lo bueno es que nosotros tenemos a Seiya. – Repuso felizmente Aldebaran, que hizo que Seiya se llevara la mano detrás de la cabeza apenado, mientras sus compañeros de bronce reían.
-No puedo lograrlo solo, siempre he necesitado de su ayuda. – Menciono humildemente el japonés.
-Antes de retirarse solo quiero encomendarle una misión a dos de ustedes. – Todos se miraron exasperantes en busca de algo nuevo, pues en realidad la vida del santuario se había vuelto por demás monótona para ellos y no precisamente ocupaban de guerras santas para ser felices pero si necesitaban de vez en cuando dejar los límites del santuario, para recordarles que había un mundo haya afuera.
-Como saben todos o al menos la mayoría de ustedes. – Shion miro a los santos de bronce quienes habían tenido una educación fuera del santuario y que lo más seguro era que desconocieran muchas historias predecesoras del santuario. – Los santos de géminis en su mayoría siempre han sido dos, esto ha llamado la atención de nuestra diosa, quien ha pasado largo tiempo junto a mi buscando el motivo por lo que la Athena de la era mitológica escogió dos guardianes para el templo de géminis y no encontramos el motivo desafortunadamente pero nos alegramos de un hallazgo.
-Kanon y Aioros ustedes dos serán los encargados de recuperar la segunda armadura de géminis. – El silencio se hizo sepulcral, pareciese que las sorpresas no dejarían de llover sobre los gemelos aquel día, ahora no solo Saga seria libre de la presencia de Ares si no que la integración oficial de Kanon a la orden seria segura. – Esta armadura la perdí junto a su guardián en una de las peleas contra el dios Poseidón y es nuestro deber recuperarla y dársela a su guardián, Kanon de géminis.
…
En cuanto la reunión termino Shura salió disparado hacia capricornio, sabía que su tiempo se había acabado y no le quedaba otra forma tenía que confrontar a Aioros antes de que partiera a su misión, iba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta de que hacía rato que había cruzado acuario, sentía el cosmos de todos descendiendo detrás de él, algunos como el de ambos géminis aun permanecían en la sala patriarcal en compañía de los chicos de bronce y Athena.
Sintió el cosmos de Aioros entrar a la casa de acuario en compañía de Aioria y Milo pero no había otra forma no pensaba fallarle a Aioria ahora que le había otorgado un perdón parcial y que había llegado el momento de pagar la falta cometida contra su compañero y hermano de orden.
Se recargo unos segundos en una de las pilastras principales de capricornio en su salón de batalla mientras su vista se clavaba en aquella pulcra estatua que había permanecido en el decimo templo desde tiempos milenarios cuando Athena había decidido otorgar a los santos de capricornio debido a su lealtad, la espada más dura y resistente: Excalibur, rio penosamente para sus adentros, cuantas veces se había vanagloriado de ser el caballero más fiel a la diosa de la sabiduría sin darse cuenta que había atentado mas una vez contra la vida de Saori.
-No merezco tener excalibur. – Lo dijo tan débilmente que pudo notar como en realidad esa frase le había salido del alma, él no podía llamarse fiel a Athena, la había intentado asesinar dos veces y dudo de ella en la batalla de las doce casas, ciertamente no podía ver más allá de la vergüenza que el había tallado para sí mismo.
-Hola Shura. – La voz alegre del santo de sagita lo hizo reaccionar, estaba tan concentrado en su pasado que no se había percatado en la presencia de los tres dorados frente a él, miro desconcertado por un momento a los recién llegados. - ¿Podemos pasar?
-Aioros. – No pudo dejar escapar la vista penetrante que Aioria dejaba caer sobre él, ni la mirada de indiferencia de Milo. – Yo quisiera hablar contigo unos minutos.
Aioros no había reparado en las ojeras ni en la palidez de Shura hasta ese momento, incluso tenía un aspecto algo enfermo, miro a su hermano que centellaba odio en su mirada y noto que Milo se había puesto más serio, lo que era muy raro en él.
-Aioria, Milo. – Les llamo haciendo que ambos jóvenes voltearan a verlo. –Después los alcanzo.
Ambos guardianes se miraron entre ellos y se dirigieron hacia la salida de capricornio, mirando de reojo a Shura, una vez que los dos amigos se quedaron solos, Aioros por primera vez pudo sentir el cosmos trágico de su compañero, algo había ocurrido en la forma de ser de su compañero, pareciese que tanto Shura como Saga se habían hundido en el mismo agujero del cual ninguno de los dos podría salir solo.
-Lamento no haber venido antes, pero tu tampoco visitabas Sagitario- Se disculpo de lo más natural Aioros mientras veía como los ojos de Shura se ensombrecían y parecían perder los rastros de vida en él, tal y como se oscurecieron por el poder de Shaka.
-No tienes que disculparte Aioros, tu no. – La pasiguedad con la que había aprendido a reconocer la voz de Shura desapareció por completo, el peli verde se incorporo y se acerco a Aioros. – Perdóname no merezco tu bondad ni tu clemencia, tu intentaste explicármelo pero yo solo te oí, no te escuche, debí creerte pero no lo hice y te mate cobardemente Aioros. – Por los ojos de Shura se tiñeron de rojo, por el intento desesperado que hacia el guardián por contener sus lágrimas de vergüenza y dolor.
-Shura... – Le dolió tanto ver la desesperación y el sufrimiento de su amigo, jamás pensó que Shura hubiera sufrido tanto por haberse teñido sus manos con su sangre, ciertamente no se imagino que Ares dañaría a todos los que una vez lo rodearon de aquella forma. Hasta entonces había visto el dolor y la ira contenida de Aioria durante esos años, en Saga vio desolación y fracaso pues destruyo al santo que el tercer guardián se había esforzado por ser y ahora veía a Shura derrumbarse, sintió un inmenso odio creciendo desde su interior hacia aquel que tanto dolor había causado en ellos.
-Lo lamento tanto Aioros, daría todo por cambiar ese día, pero no puedo, no tienes idea de cuantas veces me arrepentí, cuantas veces dude de mi acción y cuantas veces acudí al falso patriarca para aclararlo hasta que aplico el santa imperial en mi y aun así… me sentía mal al recordarte. – Shura se había dejado caer de rodillas vencido por el dolor, sus lagrimas corrían por sus pálidas mejillas mientras no podía ni siquiera mirar a su compañero a los ojos, pues la palabra vergüenza surgía de su cerebro cada vez que lo hacía. – No merezco tu perdón, ni puedo justificar ni cambiar mi acción de aquel día, Aioros te propongo que tomes mi vida a cambio.
Aioros desencajo el rostro al solo escuchar eso, frente a él no tenía a Shura, no estaba su amigo, estaba un santo que se había destruido por todas las pruebas que le había puesto el destino, lo miro mientras escuchaba los sollozos del peli verde, se sintió tan culpable de haber sido el causante de la desgracia de sus seres cercanos, de las lagrimas derramadas por Saga, Aioria y Shura.
-No lo hare. – Su voz se escucho tan fría que el oji verde le miro exasperante.
-Aioros, por favor perdóname. – Aioros se agacho a su lado en un ágil movimiento y le puso la mano en el hombro.
-Shura cumpliste con tu misión, cualquiera lo hubiera hecho en tu lugar. – Los ojos de ambos guardianes se miraron por primera vez, vio en los ojos de su amigo como le había costado superar aquello y aun dudaba que lo hubiera hecho por completo.
-Pero para ellos tú no eras un hermano mayor como lo eras para mí, te admiraba Aioros y aun así yo te asesine a sangre fría. – Aioros obligo a Shura a levantarse de nueva cuenta cuando sentía su cuerpo tan pesado, sus fuerzas le faltaban y por primera vez el santo de sagitario comprendió que no solo Shura lo había asesinado por orden de Ares si no que para ello Shura debió destruir una parte de sí mismo para hacerlo, sabia a la perfección que el había sido el ejemplo a seguir del español y después de su muerte, Shura se había perdido en el camino entre la realidad y aquella mentira que Ares planto en su mente, cuando lo elevo como el santo más fiel a Athena y que en realidad había estado a punto de matarla, sabía que su amigo no podía superar aquello y no lo haría, no solo al menos.
-Te equivocas Shura, cumpliste una misión que muchos dudarían en realizar y tú te mantuviste fiel a tus principios de obedecer cualquier orden del patriarca, no te culpo de mi muerte ni tengo absolutamente nada que perdonarte, al contrario estoy orgulloso de ti, pues gracias al filo de tu espada pudimos crear una pantalla para proteger a Athena de Ares, pues él la pensó muerta, gracias a ti Shura ella está aquí.
-La iba a matar también Aioros, ella se cruzo en mi camino, si no hubieras estado ahí yo la hubiera matado, hubiera asesinado a mi diosa con mis propias manos yo… - Aioros lo abrazo fuertemente, que hizo que Shura se sorprendiera abriendo desmesuradamente los ojos.
-Solo has sido una víctima más de Ares, no tengo nada que reprocharte, amigo. – Shura dejo escapar una débil risa, una que indica que aquella carga que había soportado durante años por el asesinato de su amigo comenzaba a desaparecer para ello ocupaba de tiempo y de la que una vez considero su familia.
-No sé porque a todos les ha entrado una mañita de pedirme perdón y justificarse. – Rio Aioros revolviendo los cabellos del peli verde que lo miro con una mueca de sorpresa al oír aquello y alejo de un manotazo la mano juguetona del castaño.
-Vale ya, para. – Sonrió Shura mientras Aioros reía de buena gana.
-Sigues con tu asentó español, vamos, joder tío. – Aioros estallo de risa mientras Shura lo miraba fingiendo indignación pero imitando la carcajada de su amigo por la mala imitación que el griego hizo del asentó español.
-Eso pareció más un graznido de cuervo a medio morir. – Y ambos continuaron riendo como hacía mucho el decimo guardián no lo hacía, había olvidado cuando había sido la última carcajada que había soltado en su propia casa y se percato que había sido hacia mucho años pero ya no más, no ahora que tenía la oportunidad de enmendar todo.
…
Mascara de la muerte comenzó a caminar hacia la salida de las doce casas, cuando paso por géminis casi le da un infarto al escuchar a los gemelos reír en el interior y se sorprendió el mismo sonriendo, pues le alegraba que poco a poco todos fueran sanando. Continúo su descenso sin inoportunar a los gemelos que seguramente se estaban divirtiendo de lo lindo. Cuando llego a tauro encontró a Aldebaran con el pequeño aprendiz que habían observado el otro día en el campamento de entrenamiento sonrió con sorna al descubrir que el toro dorado había obtenido lo que quería.
-Mascara, ven déjame presentarte a Teneo, ya lo conocías de vista ¿Recuerdas? – Asintió en respuesta al toro y mientras se acercaba al niño que este se puso pálido y comenzó a titiritar al lado de su maestro.
-¿Hice algo mal, maestro? – Exclamo temeroso el niño, lo que hizo que ambos guardianes alzaran las cejas con duda, Mascara miro expectante a su compañero que negó con una sonrisa en los labios.
-¿Qué es tan gracioso? – Menciono el italiano una vez que su compañero rompió a reír.
-Se me había olvidado, es que en los campos de entrenamiento te tienen en un concepto de por más lindo. – Mascara alzo una ceja de por más curioso clavando la vista del maestro al aprendiz. – Te usan para asustarlos.
-¿Eso es verdad? – Mascara rio divertido al imaginarse como una leyenda de terror en los campos de aprendices, de verdad deberían hacer un estudio psicológico y sociológico a todos los guardianes y doncellas que tenían una imaginación exuberante al distorsionar tan pronto las historias.
-Sí, señor. – Respondió el niño temeroso, mientras se aferraba a la capa de Aldebaran que aun continuaba riendo. – A todos nos asuntan con usted, solo a Dailos no le aterra dice que no le tiene miedo, ni siquiera a la muerte. – Confeso el niño, despertando la curiosidad del cuarto guardián por aquel susodicho.
-¿Quién es Dailos? –
-Es uno de mis compañeros de entrenamiento. – Confeso el niño, Mascara de la muerte sonrió sadocamente e hizo una nota mental de ir a visitar un día de estos el campo de entrenamiento, tal vez se diera la oportunidad de conocer a ese mocoso que se creía demasiado valiente.
-Bien. – Menciono Mascara alejándose del dúo y haciendo una despedida por demás perezosa hacia el santo de la segunda casa.
-¿A dónde vas? –
-Voy a buscar a Afrodita esta en el coliseo, quiere entrenar un poco y estoy ansioso por desentumir los músculos, si gustas ir eres bienvenido, sirve que puedes demostrarle a tu aprendiz tu forma de pelear. – Aldebaran se cruzo de brazos y observo a Mascara recargarse en uno de los pilares, observo primero al santo de la cuarta casa y luego a su aprendiz.
-Está bien, Teneo toma tus cosas y vayamos a patearle el culo a mis compañeros. – Mascara lo miro sorprendido mientras reprima una risa de arrogancia.
Los tres continuaron el descenso hacia Aries y vieron que esta estaba vacía, por lo que siguieron su camino, para sorpresa de ellos vieron que el coliseo estaba a reventar de aprendices, guardianes, amazonas y caballeros, Aldebaran miro a Mascara que frunció el ceño al tener tantos espectadores y busco a Afrodita entre la gente hasta que vio su cabellera celeste, se acerco a él y lo miro molesto.
-¿Por qué te gusta ser tan popular? – Espeto furioso el santo de la cuarta casa a su compañero mientras Aldebaran los observaba divertido.
-Solo le dije a Shun y se le soltó la lengua. – El santo de las rosas miro molesto al caballero de Andrómeda que se sonrojo al instante y los miro apenado.
-Solo le dije a Dio y parece que él le digo algunos guardias y ellos a los demás, lo siento. – Mascara de la muerte hizo un ademan restándole importancia mientras Afrodita reparaba en la presencia del pequeño moreno y alzaba una ceja curioso para Aldebaran aquel gesto no paso desapercibido.
-Es mi aprendiz, Teneo el es el caballero Afrodita de piscis. – Les presento Aldebaran, el niño hizo una pequeña inclinación de cabeza y el doceavo guardián le sonrió amablemente. – Y el es Shun de Andromeda.
-Al parecer también se enteraron algunos de nuestros compañeros. – Mascara de la muerte apunto con la barbilla hacia el frente de ellos donde se veían Aioria a su lado Marin y al lado de esta Milo que escrudiñaba en el publico en búsqueda de alguien.
-Haya esta Aioros, Saga y Shura. – Los tres dorados voltearon sorprendidos ante la confesión de Shun pues ninguno de ellos habían creído en sus palabras y casi se infartaron al comprobar que eso era cierto.
-Parece que Milo asesinara con la mirada a Acuario. – Afrodita apunto la cabellera del francés que se encontraba en medio del público en silencio y mirando de vez en cuando hacia Hyoga que se encontraba a punto de pelear contra Jabu de unicornio.
La batalla de estos dio inicio, mientras todo el coliseo prorrumpía en gritos y exclamaciones alentando de vez en cuando a unicornio y otras veces al santo del cisne que se deslizaba por el piso como si este estuviera congelado esquivando ágilmente los golpes de su compañero y propiciándole cuando tenía alguna oportunidad un golpe certero que lo arrogaba contra los muros del coliseo.
-Camus le entreno bien. – Admitió Aldebaran orgulloso.
-Murió para hacerlo aprender la ultima técnica de los magos de hielo. – Tercio Afrodita recordando la batalla de las doce casas y no pudo evitar pasar desapercibida la incomodidad que el tema le acarreo a Shun.
-Que paliza nos dieron aquella vez. – Mascara comenzó a reírse sádicamente lo que ocasiono que todos lo miraran asustados.
-Discúlpelo, es uno de sus ataques de locura. – Tercio Afrodita haciendo un mohín de disgusto.
-No, Afrodita me rio porque que humillada nos dieron a los 12. – Mascara reparo que la batalla llegaba a su fin siendo ganador la imitación de Camus y viendo a este asentir con la cabeza la victoria de su alumno.
-Lo bueno es que lo admitimos. – Afrodita y Mascara se levantaron para usar la arena de duelo para su entrenamiento pero se sorprendieron al ver al caballero de escorpio brincando hacia ella por lo que detuvieron su andar.
-No piensa hacerlo. – Susurro Afrodita reconociendo las intenciones de Milo pero Mascara sonrió ante lo que iba a pasar.
-Lo hará. –
-¡Camus! – Los gritos de alegría de los santos de bronce y las exclamaciones de los guardianes se silenciaron al instante al oír el rugido de rabia del caballero de escorpio. -¿Por qué no vienes a demostrar lo que el maestro le enseño al alumno?
Todas las miradas se dirigieron hacia el santo de acuario que aun permanecía en su lugar fulminando a Milo con la mirada por aquel acto público que estaba haciendo, Milo miro orgulloso y desafiante al que hubiera sido solo su amigo.
-Vamos Camus es solo un entrenamiento sin cosmos si así lo prefieres, no temas no te pasara nada, tal vez Athena te salve de nuevo. – Milo inserto en aquel comentario su veneno que hizo efecto en el carácter frio de Camus que se levanto mientras sus ojos destellaban furiosos por aquel acto que su ex amigo estaba desarrollando.
-No tengo que probarte nada Milo. – A pesar del intento desesperado de Camus por controlarse aquellas palabras destilaron enojo lo que hizo sonreír a Milo triunfante al saber que sus palabras estaban surtiendo efecto, conocía a Camus tanto como seleccionar las palabras correctas para hacerlo enfadar.
-Camus. – Shura se abrió paso hasta él y le tomo del brazo. – No tienes porque hacerlo, no debes. – Los ojos fríos del onceavo guardián se fijaron en la compresión de los del español y vio el ceño de frustración en los de Saga.
-Bueno tal vez Athena no te salve ahora, si no Shura y Saga de nuevo. – Aioria brinco a la arena en un intento desesperado de frenar aquello, pero Milo le detuvo con solo mirarlo indicándole que respetara su decisión y lo dejara continuar.
-Suéltame Shura por favor. – Pidió Camus volviéndose a tranquilizarse y una vez que el español lo hizo el mago de los hielos se dirigió hacia la arena brinco la valla que los separaba y camino hasta situarse al frente del escorpión dorado que sonreía con Sorna. -¿Qué estás haciendo? Esto es patético Milo.
-Vienes a pelear o hacer uno de tus monólogos, yo no soy Hyoga que puede escucharte todo el día y venerarte. – Camus retrocedió unos pasos furioso ante la ofensa que Milo había dirigido a su alumno pero su apariencia se mostraba tranquila y fría.
-Bien, ya no hay nada que hablar entre nosotros Milo. – Camus se preparo para enfrentar al escorpión dorado, no aclararon el punto de usar el cosmos o no porque sabía que a medida que la batalla se desarrollara ambos llegarían a utilizarlo en algún punto, se conocían a la perfección y por ello sabían que cosas podían herir al otro.
-¿Los detenemos? – Afrodita miro a Mascara de la muerte que había borrado cualquier diversión de su rostro y ahora los mirada preocupados.
-Shion los matara si se enfrentan, pero Saga y Aioros tampoco hacen nada por detenerlos. – Aldebaran miro a los dos susodichos por el comentario de Mascara, que se había acercado a la valla para intervenir en la pelea si esta salía de control.
-¿Qué hacemos? – Shura rompió el silencio que habían adoptado Saga y Aioros y solo se dedicaban a ver a los dos santos que una vez hubieran dado todo por protegerse el uno al otro y que ahora no dudaban en enfrentarse.
-¿Por qué Milo hace esto? – Saga arrugo el entrecejo y guardo silencio al oír el impacto que se dejo escuchar al chocar el puño de Milo contra la palma de Camus que había detenido su golpe.
El peli azul arrugo un poco la nariz al ver su golpe detenido por el mago de los hielos, pero sonrió para sí cuando lanzo su segundo golpe con la otra mano y por poco golpea el rostro del galo que hizo un pequeño mohín con la boca, era bien sabido que Milo era el caballero más veloz de toda la orden dorada, sus ataques superaban el movimiento de cualquiera de ellos y podían llegarlo a sorprender.
-No puedes esquivarlos todos. – Le espeto Milo furioso ambos se separaron y apenas el escorpión había tocado el suelo, se lanzo de nueva cuenta contra Camus, esta vez logrando golpear al galo que fue a impactarse contra uno de los muros del coliseo, la audiencia estaba completamente callada nadie decía nada solo se limitaban a ver la pelea entre aquellos que se consideraron los mejores amigos alguna vez.
Camus empujo con una mano los escombros que habían caído sobre él, la nube de polvo oculto su rostro por unos segundos, pero cuando el onceavo guardián salió de ahí, todos pudieron ver que de su ceja izquierda salía un hilito de sangre que resbalaba por toda su cara, cuando Milo lo vio sangrar supo que había ido muy lejos y que su actuar había sido el incorrecto.
Camus se lanzo hacia él a una velocidad que sorprendió a todos y que Milo apenas pudo detener el puño de su amigo, pero se sorprendió cuando el galo se agacho y lo derribo de una patada haciéndolo caer al suelo mientras el polvo y arena se levantaban, Camus se acerco a él y cuando Milo estuvo a punto de erguirse el francés llego y lo golpeo justo en el labio del griego rompiéndolo. Milo se separo de él con una patada.
A pesar de que su respiración se había acelerado sentía el estrago que aquel nudo de sentimientos estaba haciéndole ir más despacio, se enredaron de nuevo en puñetazos y patadas entre ellos, los golpees de ambos parecían aumentar de fuerza y la pelea se mantenía igual de equilibrada entre ambos guardianes, los espectadores miraban algo preocupados pues hacia unos segundos el cosmos de Libra y el patriarca habían comenzado a descender de las doce casas acompañados de la misma Athena.
Sabían que si continuaban peleando sin cosmos no llegarían demasiado lejos, por lo que Milo aprovecho la nube de polvo para tomar desapercibido a Camus y lanzarle su ataque especial.
-¡Aguja escarlata! – La mejor técnica del santo de escorpio golpeo directamente a Camus que fue perforado por tres agujas del escorpión, no pudo reprimir la mueca de dolor al verse herido por ellas y se llevo instintivamente la mano hacia el pecho tocando el pequeño agujeró por donde brotaba su sangre y que dolía a morir.
-¡Polvo de diamante! – El puño de Camus se había teñido de hielo mientras una leve escarcha lo rodeaba y de su puño salía despedido centenas de partículas de hielo rodeado de aire frio que no solo congelo la arena y los pies del escorpión dorado si no que helo a más de un espectador detrás del escorpión.
Milo sintió sus piernas entumidas y las vio congeladas si para Hyoga le era difícil congelar una armadura dorada, cuando se trataba de Camus las técnicas del maestro solían superar a las del alumno en cuanto a congelar se trataba, encendió su cosmos para descongelarse pero se vio sorprendido por un aro de hielo rodeándolo y que le impedía moverse, Camus aprovecho su técnica y golpeo de nueva cuenta a Milo que salió expedido pero que aprovecho su caída para lanzarle 2 agujas más a su compañero que sintió las punzadas de dolor recorrer todo su cuerpo.
La pelea entre ambos continuo, no se veían como amigos en ese momento estaban enfocados en derrotarse el uno al otro ya después se preocuparían por las consecuencias que sabían se estaban dirigiendo hacia ellos en ese momento; para los espectadores era raro ver que los dorados entrenaran pero era más raro ver que lo hicieran en serio, como en esos momentos Milo había orillado a Camus a hacerlo.
-Sabes de mi técnica mejor que nadie Camus, tienes 14 agujas en tu cuerpo ¿Sabes lo que pasara cuando use Antares? – Milo miro preocupado a Camus que respiraba agitado pero aun su cosmos continuaba elevándose.
-Ahora te preocupas por las consecuencias. –Camus se irguió orgulloso y tomo la posición de la técnica máxima de los caballeros de los hielos, aquella que podía rebasar el 0° absoluto, Hyoga miro aquella técnica temiendo que las heridas de su maestro disminuyeran su poder pero se sorprendió que todo alrededor del galo se comenzara a congelar y que copos de nieve comenzaran a caer en todo el coliseo mientras la temperatura descendía cada vez más.
-¡Aguja escarlata Antares! –
-¡Ejecución de aurora! –
-¡Otra dimensión! – La técnica oportuna de Saga engullo ambos ataques que sin duda hubieran acabado con el otro, el agujero negro se cerro una vez que la Antares entrara en ella y la potente fila de hielo entrara directo a él.
-Saga. – Menciono Milo molesto dirigiendo su vista al mayor de los gemelos por aquella interrupción.
Camus miro directamente a Milo sus ojos estaban vacios sin sentimientos y por primera vez comprobó que era la frialdad de acuario, que a pesar de sus heridas aun se mantenía de pie sin hacer ninguna muesca de dolor, Camus descongelo las piernas de Milo y su brazo izquierdo dejando ver la piel quemada del escorpión justo cuando Shion hizo aparición claramente molesto y a su lado venían Dokho y Athena.
-¡Quiero a todos los caballeros dorados ahora en la sala patriarcal! ¡A los doce! – Gruño enfurecido el patriarca viendo con desaprobación las heridas que ambos guerreros se habían causado entre ellos, Camus le dio la espalda a Milo y avanzo hacia la salida del coliseo, se percato que Athena lo miraba decepcionada, agacho el rostro y siguió el camino por donde habían salido Camus. -¡Ahora!
Saga, Shura, Aioros, Aioria, Mascara, Afrodita y Aldebaran se encaminaron presurosos hacia la salida seguidos de Dokho que iba demasiado serio para el gusto de ellos y que solo les indicaba que la situación empeoraría, pues no solo el antiguo maestro estaba enojado si no también el patriarca y esta vez ni siquiera Athena los salvaría del castigo.
-¡A la cuenta de tres quiero ver este coliseo solo! ¡No! – Todos amazonas, guerreros, guardias comenzaron a correr hacia la salida a la velocidad que su rango se los permitía. -¡Dos! – Y cuando llego a contar este número el coliseo ya se encontraba vacío, sin un alma en pena dentro de él, Shion vio decepcionado los estragos de la batalla entre dos caballeros que habían tenido una amistad por demás milenaria y que hoy habían intentado destruirse el uno al otro.
-Vamos Shion. – Le llamo dulcemente Athena.
…
-Los van a castigar, los van a castigar. – Iba cantando Dokho detrás de ellos. – Los van a regañar, les va a gritar y al final los van a castigar. – La melodía con la que iba cantando Dokho sonaba de por mas tétrica y cruel.
-Nos van a castigar. – Comenzó a cantar Aldebaran pero una mirada fulminante de Mascara y Saga lo hicieron dejar de cantarla. – Es que es pegajosa.
-¿A nosotros también maestro? – Pregunto el santo de Virgo pues Mu y él recién llegaban de Rodorio y les habían sorprendido con la noticia en Aries.
-No, pequeño ustedes no serán castigados, todos los demás sí, bueno Kanon tampoco el no estaba en el coliseo. – Menciono el chino tarareando de nueva cuenta la canción.
…
-¡¿En qué diablos estaban pensando?! – Les grito Shion enfurecido, Milo y Camus en realidad se veían apenados por su acción deshonrosa para la orden y que habían hecho pública.
-Patriarca no… - Comenzó Milo pero un nuevo gruñido por parte del patriarca se dejo oír.
-¡Claro que no estaban pensando! ¡Me sorprende que hallas llegado hasta ese límite Milo de retar a Camus de esa forma! – Todos miraron inquisidoramente a Milo pues era verdad que había provocado a Camus. -¡Y tú! ¡Que tu Camus le hayas seguido la corriente, no ¿Qué muy peleados?! ¡Y ustedes! – El resto se respingo al escuchar que el regaño ahora iba para los que habían servido de observadores. ¡¿Por qué diablos no les detuvieron?! ¡Querían espectáculo, espero que así como les gusta ver a sus compañeros matarse les gusten sus castigos!
-Shion… - Le llamo para tranquilizarlo Dokho pues temía que le fuera a dar un infarto a Shion, pero una mirada fulmínate del lemuriano le hizo callar, era mejor que solo castigara a los niños y no a él junto con ellos.
-¡Estoy por demás decepcionado! – Estas palabras hirieron mas a Camus y Milo que los golpes que se habían dado entre ellos, los que estaban detrás de ellos sintieron que parte de aquella frase también había sido para ellos y agacharon el rostro apenado.
-Mu, Kanon, Shaka y Dokho retírense por favor. – Continuo Shion mirando a la princesa que se había mantenido callada desde que hubieran llegado ahí, pues temía que en aquel ataque de ira Shion también decidiera regañarla a ella. – Todos a excepción de Milo y Camus tendrán que reconstruir el coliseo y limpiar, arreglar y forjar las prisiones de cabo sunion y las de la colina de moonion, porque creo en el futuro volver a necesitarlas de ellas. – El mensaje les llego claro a todos los santos dorados, de aquí en adelante quien desacatara el protocolo iría a parar en una de ellas. – Retírense.
Todos salieron atropellándose entre ellos, pues temían que a Shion se le fuera a ocurrir otro castigo antes de que ellos llegaran a tocar la puerta de salida, pero gracias a la velocidad de la luz y a la fortuna salieron intactos de más castigos.
-Ahora ustedes dos ¿Comprenden los limites de sus actos? – Shion se calmo un poco pero no por ello disminuyo el enojo en su tono de voz, Camus y Milo se miraron por primera vez después de su combate y se lamentaron de cómo habían dejado al otro. Camus tenia partida la ceja izquierda y tenía un fuerte golpe en la mejilla derecha mientras se observaban los 14 agujeros que habían dejado el ataque de Milo sobre él y que estarían sangrado de no ser que porque Camus usaba su cosmos para parar la hemorragia, por su parte Milo tenía el labio roto, la mejilla derecha con una abertura de 5 centímetros, tenía quemaduras en el brazo izquierdo y en las piernas por el hielo que Camus había usado cuando lo congelo y de las cuales salían o estuvo saliendo sangre porque la piel se había desprendido en algunas zonas.
-Sí, gran patriarca, lamento mi proceder, no debí haber accedido. – Camus inclino la cabeza en señal de disculpa.
-Siento mucho lo que ocurrió en el coliseo gran patriarca. – Milo imito a su amigo, pero los ojos de Shion los fulminaron a ambos.
-Eso ahora ya no importa. – Tercio demandante el patriarca, Athena se incorporo su semblante era serio pero aun así Shion les intimidaba más que la diosa de la sabiduría.
-Milo y Camus lo que han hecho estuvo muy mal, desobedecieron el protocolo no solo al reñiros en el coliseo, sino también al atacarse entre hermanos de orden, me siento muy mal por ello, les daré una misión a ambos no quiero que me fallen en lo absoluto. – Athena apareció a Nike entre sus manos y lo tomo suavemente, haciendo que sus dedos resbalaran alrededor del báculo lo dirigió hacia donde estaban ambos santos y apareció una vasija que tenía el nombre de Athena escrito con sangre y que sellaba el alma de dios Poseidón.
-Princesa ¿Está segura que ellos dos son los indicados? – Shion fulmino aun molesto a ambos guardianes que agacharon el rostro avergonzados.
-Es la última vez que deposito mi confianza en ellos, si fallan por reñirse o pierden el alma de Poseidón y esta cae en otras manos, las consecuencias serán enormes y no se los perdonare. – Athena se acerco hacia la vasija y retiro suavemente el sello que ella misma colocara con ayuda de Seiya y compañía, mientras tanto escorpio como acuario sentían su corazón latir desbocado ante las palabras duras de su diosa, que aumentaron más la responsabilidad en ellos y la vergüenza que sentían hacia su proceder.
-Señorita Athena ¿Debemos de preocuparnos por alguien en especial? – Milo observo que una luz ilumino todo el recinto mientras Saori destapaba tranquilamente la vasija e introducía su mano a ella y sacaba una esfera de color azul que brillaba con intensidad.
–No debe caer en manos de ningún otro dios, de lo contrario no sabríamos a que nos enfrentamos, la mayoría de los poderes del emperador de los mares se encuentran aquí. – Saori se acerco a ambos guardianes que miraron exasperantes aquella esfera. - Esta es el resto del alma de Poseidón, Milo, Camus quiero que la lleven al palacio submarino y se la entreguen a Julián Solo y a la diosa Anfitrite que estarán esperando por ustedes.
-Como usted ordene. – Mencionaron los dos al unisonara.
-No quiero fallas, que Nike los acompañe. – Y con esta frase Milo se acerco y tomo el alma de Poseidón mientras Camus hacia una reverencia y se retiraba para alistarse a aquella misión, Athena guardo silencio y espero a que Milo abandonara la sala patriarcal para mirar a Shion.
-Fui muy dura con ellos. – Tercio Athena sentándose en el trono, mientras Shion continuaba viendo la entrada del salón patriarcal. – Pero es la única forma que ellos se perdonen mutuamente.
-El reino submarino nunca ha sido de buen augurio para los santos de escorpio y acuario. – Shion miro fijamente el horizonte mientras sentía un mal presentimiento acercarse y comenzar a rodear el santuario.
…
Continuara.
Aclaraciones:
se refería a que sus compañeros Degel de acuario y Kardia de escorpio murieron en su viaje a los territorios de Poseidón para poder conseguir el Oricalcos en Lost canvas, es por eso que en parte siente preocupación por los dos pequeños santitos.
Si tienen otra duda o algo me dicen y con gusto la responderé.
Agradezco mucho sus comentarios: ¿A que no adivinan que voy a escribir en mi próximo cap?
Kaito Hatake Uchiha: Si, los dioses son tan volubles como nosotras para vestirnos jajaja, solo ocupan un defecto o algo que les moleste para echársele a Athena encima, muchas gracias por tus comentarios.
Carlos: Muchas gracias por tu comentario, he sido muy benevolente con ellos este capítulo espero te haya gustado.
Gaby: Me ha encantado saber de ti, jajaja esta vez fui dura con el pero todo sea para recuperar su amistad, la amistad entre estos dos me encanta pero siento que a Milo de verdad le dolió mucho, me parte el alma cada vez que veo la escena cuando Milo intenta ahorcar a Camus y después cuando dan la otra toma se ve a Milo llorando frente a él, definitivamente me partió el corazón.
Joana: Que mejor para arreglar una pelea con otra que le empeore más jajajaja, piensa que voy a hacer con los espectros jajaja porque vienen en el próximo capítulo. Respecto a pandora siempre me ha caído medio mal porque primero bien villana y luego se quiere hacer la víctima.
Beaty: Gracias por el cumplido, espero estar teniendo noticias de ti y que hayas disfrutado del capítulo.
Mugetsu_Chan_xd: Qué bueno que te haya gustado, jajaja si creo que Saga y Kanon deben de encontrar su lugar en la orden dorada. Si Persefore te está provocando ahorita dolor de cabeza espérate para lo que tengo planeado jajajaja muajajajaja.
SakuraBallSeiyaMejoresAnimes: Que tal lo que le hice a camuchis jajaja espero y te haya gustado.
Gracias por sus comentarios a todos aquellos que se toman la molestia de escribirlos y también espero y les agrade el capitulo a mis lectorcillos fantasmas. Comenten.
Atte: ddmanzanita.
