Lamento el retraso pero me vi muy ocupada esta semana sin más que decir aquí está el capitulo espero y lo disfruten y puedan comentar sus opiniones, dudas y consejos son bien recibidos.
Capitulo 9 El cautiverio no es para siempre.
La noche había caído por el santuario y las doce casas se encontraban alumbradas por los candelabros que retenían velas encendidas y que hacían lucir un poco mas lúgubre y místico los doce templos, sus guardianes dormían dentro de ellos a excepción de los santos de géminis, sagitario, escorpio y acuario quienes habían partido hacia sus respectivas misiones y Saga que se encontraba cubriendo a Kanon en su guardia todos los demás descansaban en sus lechos.
Justamente en la casa de libra, Dokho se removía en su cama intranquilo podía vérsele en el rostro una facies preocupada y un ligero sudor bañaba su rostro y su pecho, mientras las sabanas se encontraban tiradas por el suelo y él continuaba con aquella pesadilla, la cual solo había tenido una vez y que no había augurado ningún acontecimiento bueno para el santuario y su diosa.
Su pesadilla consistía en que él se encontraba sentado de nueva cuenta en Rozan, a su lado la cascada le salpicaba ligeramente el rostro mientras una bruma a su final se revolvía al impactarse el liquido cristalino contra el vacio y aquella pila de rocas que habían sido erosionadas por el golpeteo constante de aquel chorro de agua, Dokho contemplaba cada detalle que le rodeaba en aquel preciso momento con una jovial alegría, jamás había descubierto porque aquella cascada le había servido como fiel compañera en sus años y que le inspiraba alegría y tranquilidad.
Llevaba sus ropas de lino con él y tenia colocado su curioso gorrito en forma de pico, mientras dirigía miradas a su pequeña cabaña, pues sabía que en el interior se encontraba Shunrei y Shryiu, se sorprendió al mirarse las manos y no encontrarse con aquel aspecto a Yoda que le había ocasionado el misophetamenos y al recordarlo comenzó a reirá de buena gana, debió haber grabado el rostro de su alumno cuando lo vio rejuvenecer.
Pero de repente una punzada en el pecho y un escalofrió que le recorrió toda la columna vertebral lo hizo alertarse, aquella sensación le frustro de sobremanera pues sabía que tenía algo por lo que preocuparse pero desconocía que era. Miro a su alrededor y encontró todo con su apacigua calma, el clima era soleado y no hacia tanto calor ni frio, pero sabía que de un momento a otro algo saltaría causando estragos y destruyendo todo a su paso. La pregunta era ¿Qué?
Miro hacia el horizonte y sus ojos se afilaron para observar aquellas montañas rocosas azuladas rodeadas de nubes y cobijadas por el cielo, pero a pesar del panorama hermoso que se le ofrecía al chino y que había observado durante 243 años, Dokho le ignoro y fijo toda su atención en la torre de los 108 espectros lugar donde fueron encerrados el ejercito de Hades, al instante que lo vio supo que aquello era el motivo de su preocupación una que lo embargaba completamente.
-No puede ser… - Se dijo para sí mismo, se puso de pie y se acerco al filo del acantilado para acercarse un poco más mientras aquel sentimiento aumentaba por igual. Desconocía si Athena del siglo XX los había vuelto a sellar en ese lugar, pero para cuando los doce se reunieron en el muro de los lamentos quedaban pocos espectros y sus almas habían sido selladas en el rosario que Asmita había creado con su vida y que Shaka había cuidado hasta su muerte.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando el paisaje se obscureció por unos segundos y aquella torre se tiño de azul fuerte y pudo distinguir varias luces violáceas abandonarla y dirigirse hacia el horizonte donde se clavaron hacia la tierra, después de eso el corazón de Dokho dio un vuelco y sintió su pulso acelerarse, se giro abruptamente hacia el lugar por donde habían desaparecido aquellos haces luminosos y observo en el suelo el sello de Athena roto.
Habían sido 22 las almas que habían escapado directo al inframundo, se dispuso a dar aviso a Athena cuando se vio sobresaltado al encontrarse a las sombras de aquellos espectros que recién habían huido, se vio lanzado a los aires por un poder de uno de ellos y fue cuando despertó.
Se sentó en la cama sobresaltado, sentía el sudor resbalarle por el rostro y su corazón a punto de abandonar su cuerpo, latiendo aceleradamente, más de lo que el don de Athena le hubiera permitido, se incorporo de un salto de la cama, comprobando que estaba despierto y se dirigió hacia la entrada de Libra para tomar aire.
-Que solo sea un mal sueño. – Pidió Dokho en ese momento encendió su cosmos y llamo a Libra, una vez que su armadura lo vistió se dirigió hacia Virgo alertando previamente a su guardián. – Ojala no hubiera cenado tanto anoche.
Cuando llego a Virgo, Shaka estaba esperándolo en la entrada con la armadura de la virgen puesta en él, tenía sus ojos azules abiertos y le miraba algo interrogante por aquella visita a altas horas de la madruga y que había interrumpido con su meditación, Dokho le saludo con la mano y se apresuro a llegar a su lado.
-Antiguo maestro de libra ¿A qué debo su visita a estas horas? – Shaka se hizo a un lado indicándole a Dokho con un gesto amable que podía pasar a la sexta casa, una vez en el salón de batallas, Shaka se detuvo de improvisto y le miro por el rabillo del ojo, esperando la contestación del antiguo maestro de libra a su pregunta.
-Shaka, necesito ver el rosario de las 108 cuentas. – Menciono seriamente el chino, el rubio alzo una ceja interrogante pero se apresuro hacia la parte privada de virgo, abrió una puerta de madera que resguardaba todo lo importante para el sexto guardián y abrió desmesuradamente los ojos al contemplar que varias cuencas estaban teñidas de nueva cuenta de color café, indicando que varios espectros lograron liberar su alma de aquel rosario.
-No puede ser. – Menciono Dokho a sus espaldas, observando fijamente como 22 de estas perlas habían perdido su color oscuro para adquirir el café ópalo que les caracterizaba cuando los espectros seguían aun con vida y sin ocupar su lugar en aquel collar budista.
-Maestro ¿Cómo supo? – Shaka tomo el rosario entre sus manos agitándolo y comprobando con un destello de su cosmos que la peor pesadilla de su compañero era cierta, Dokho retrocedió unos pasos como herido por un rayo y miro a su compañero.
-Un sueño, un muy mal sueño Shaka. –Le respondió más para sí que para el rubio que lo miraba sorprendido. – Vayamos a despertar a Shion, esto no auguria nada bueno.
-¿Cómo han escapado sus almas? – Shaka miro hacia la salida de la casa de virgo, mientras su pregunta se perdía en la oscuridad de la noche.
…
La diosa del amor entro directo al templo del dios de la guerra, donde la esperaban tres dioses que hicieron una pequeña reverencia al verla, Afrodita miro a los tres dioses guerreros que acompañaran a su amante en todas las guerras y le ayudasen a conducir a su ejército hacia la victoria destruyendo todo a su paso, ejércitos, ciudades, incluso otros dioses y héroes de la mitología.
-Diosa Enio. – Le nombro mientras la rodeaba y esta hacia una pequeña inclinación frente a la diosa olímpica, observándola de arriba abajo, se trataba de una diosa de estatura media cabello rubio y ojos grisáceos que tenía todo un aspecto dulce e inofensivo era una caratula que escondía el peligro que se escondía en su interior y que representaba con tan solo pisar un campo de batalla, la diosa a quien le dieran el sobrenombre de destructora de ciudades y fiel amiga de Ares.
-Fobos. – Él susodicho se inclino completamente ante su madre, este era un dios de cabellos oscuros y ojos rojos que parecían dos gotas de sangre, Afrodita le acaricio suavemente el hombro mientras posaba su otra mano en el dios Deimos, su otro hijo de cabellos azulados y orbes verdes como Afrodita, pero que tenía un aspecto cruel en su cara que intimidaría a cualquier humano, tomo la mano de su madre y la beso dulcemente. –Deimos.
-Madre. –Contestaron ambos al unisonoro, mientras Enio se ceñía la espada que tenía atada en la cintura.
-¿Saben por qué los he mandado llamar? – El trió asintió lo que hizo que Afrodita sonriera maliciosamente. – Quiero que hagan sufrir a Athena, quiero verla llorar sangre. – Observo que la sonrisa de Enio se amplió al escuchar esta frase. – Hace mucho tiempo que Athena no enfrenta al ejercito del dios de la guerra, ustedes son sus almirantes y sabrán como dirigirlos, quiero a Athena suplicando piedad por sus santos a los que tanto ama, usen a los Berserkers hace mucho que mi hermana no prueba el filo de sus espadas.
-Como órdenes. – Enio hizo una reverencia casi hasta el suelo y miro con sus ojos grisáceos a la diosa del amor, que en aquellos momentos era todo menos eso, parecía más bien una mujer a quien le habían robado su amante, se veía colérica.
-Deimos. – El peli azul se acerco a su madre, quien había introducido su mano entre sus senos y sacado aquel frasco que Hera le había entregado, el liquido escarlata se removió dentro del cristal dando los aspectos marrones oscuros que hiciera hacia unos momentos en la reunión entre ambas deidades.
-¿Dónde lo has conseguido? – Menciono el dios al reconocer el objeto en manos de su madre y tomándolo de su mano que se lo ofrecía.
-Se dice el pecado, mi amor, no la penitencia. – Tercio Afrodita tomando asiento en uno de los reposaderos del dios de la guerra, donde él y ella pasaron tanto tiempo, concediendo a los dos dioses frente a ella. – Saben para lo que se usa ¿Verdad? – El trió asintió viendo con desprecio el liquido dentro del frasco. – Pues bien, quiero que lo usen en los santos de Athena, derriben a sus titanes, a sus aclamados santos dorados.
-Si madre. –
-Enio, Deimos y Fobos una cosa más. – El trió se giro hacia ella en la espera de su ultima orden. – Hoy es un buen día para plantar terror entre sus filas. – El trió sonrió gustoso mientras desaparecía entre las penumbras del templo.
…
Kanon salto al vacío donde el mar le recibía gustoso y se sumergió en las profundidades expidiendo numerosas burbujas de aire, que Aioros pudo observar desde arriba del acantilado como dulce espuma, mientras perdía de vista en aquel azul oscuro al caballero de géminis, que se había mostrado por demás serio con él durante todo el viaje y no podía culparlo, en cierta parte él había contribuido en que los gemelos se separaran en su infancia y que Kanon hubiera pasado a segundo término para Saga a causa de él, era por eso que conocía en cierta parte el recelo y resentimiento de Kanon.
-¿Encontraste algo? – Le pregunto vía cosmos al peli azul que aun continuaba sumergido. Aioros no había querido intervenir en la búsqueda en las profundidades de la armadura de géminis porque Kanon se lo había dejado en claro, era su armadura y el la sacaría del mar.
-Aun no. – Tercio secamente el gemelo menor, cuando Aioros lo vio emerger solo para tomar aire y volver a sumergirse observo a sus espaldas que algo se movía, por lo que volteo por instinto pero no vio nada. – Arquero, la encontré.
-Me alegro. – Le felicito desde arriba, mientras volvía a voltear por encima de su hombro hacia sus espaldas donde vio claramente la figura de una chica que los observaba desde la vegetación y que usaba algunas ramas para camuflajearse. -¿Hola? – La chica desapareció justo cuando Kanon llegaba a su lado y observaba el lugar que su compañero miraba.
-¿Ya estas alucinando? Si quieres te presento una sirena, pero no mires provocativamente a un árbol, eso no es sano. – Menciono Kanon con sarcasmo mientras avanzaba listo para iniciar su viaje de regreso, por alguna extraña razón sentía que algo malo ocurriría.
-Es que… había una chica ahí parada. – Confeso el sagita y se agacho para tomar su caja de pandora y echársela al hombro, para seguir apresuradamente al gemelo de Saga.
Después de alrededor de media hora tanto Aioros como Kanon iban en silencio, no porque no tuvieran que platicar, ambos tenían muchas cosas que tratar entre ellos pero se mantenían a raya porque hacia un momento que habían percibido que una sombra los perseguía, Aioros llevaba la armadura de sagitario en su caja de pandora y Kanon había preferido dejar a la géminis original con Saga ya que llevaba la segunda armadura dorada de géminis en la espalda, ya que quería sentirse más como con lo que iba a suceder de aquí en adelante, cuando su integración a la orden fuera emitida y oficial. Un sueño por el que él y Saga habían peleado en su infancia con fervor, porque ya no hubiera un segundo ni una sombra tras el primer geminan si no que tal y como eran apariencia fueran también en rango, iguales.
-Kanon. – Le llamo Aioros alertándolo, por lo que el peli azul volteo rápidamente hacia el lugar donde el sagita le había indicado con la mirada, solo para percatarse de haber visto una cabellera rubia escondiéndose detrás de unas rocas.
-Es una mujer. – Le menciono al arquero dorado vía cosmos, el dúo detuvo su andar solo para percatarse que estaban rodeados por varios soldados que se esforzaban por esconder un cosmos oscuro y maligno. – A tu derecha pude ver dos soldados con armaduras rojizas.
-Kanon atrás de ti hay un arquero, a la cuenta de tres agáchate… uno… dos y…-
-Si me partes la cabeza te mato… - Le amenazo Kanon de una forma que le hizo recordar a Saga por lo que por la comisura de sus labios asomo una pequeña risita.
-Tres… - Kanon se agacho tan rápido como Aioros le basto para sacar el arco de sagitario y clavarle una flecha al guerrero que había apuntado a Kanon para atacarlo por la espalda. – Se que nos han estado siguiendo, no queremos pelear.
-A menos que ustedes quieran. – Sonrió socarronamente Kanon demasiado confiado ganándose una mirada dura por parte de Aioros. –Muéstrense y tal vez pasemos este incidente.
-Que hombre tan prepotente. – Susurro una voz juguetonamente al mismo tiempo se materializaba frente a los dos santos una mujer rubia, de estatura media y ojos grises, que parecían carentes de vida en ese momento, mientras su cuerpo era adosado por una hermosa armadura rojiza que cubría su pecho, brazos y piernas; la observaron sorprendidos, pues su cosmos era inmensamente agresivo a pesar de que su apariencia era por demás inofensiva. – Dime ¿Son santos de Athena?
-¿Quién eres tú? – Refuto Kanon arrugando la frente al percibir la ligera elevación de cosmos de la diosa.
-Sí, somos guerreros de la diosa Athena. – Tercio Aioros vistiendo Sagitario mientras Kanon hacia lo mismo. La diosa de ojos grisáceos los estrechos analizando a ambos guerreros, mientras una sonrisa sádica se dibujaba en sus labios, un solo movimiento de su mano arrogo por los aires a Kanon que fue a impactarse contra un muro de piedra que se destruyo al impacto y lo sepulto levantando una nube de polvo que cubrió el ambiente.
-No te muevas. – Amenazo Aioros apuntándola con el arco que tenia una de sus flechas cargada de su cosmos y apuntaba al delicado pecho de la mujer, - ¿Quién eres? – El sagitario miraba constantemente hacia el lugar donde Kanon había caído, pues no dudaba que su compañero estuviera herido, aquel poder que la chica había usado en su compañero tenía el suficiente poder para herirlos gravemente, no dudaba que esa chica fuera un dios.
-Es una pena caballero que creas que temo a tu flecha. – Aioros tenso más el arco amenazadoramente mientras la rubia reía, la joven se agacho y pateo las piernas de Aioros haciéndolo caer, tomo la flecha mientras despedía el arco lejos de su dueño y se agachaba al lado del noveno guardián colocando el filo de la flecha en su cuello, apretándolo contra él. – No me conoces pero yo a ti sí, eso ya me da ventaja sobre ti. – La diosa saco un pequeño cuchillo y lo acerco al cuello del arquero, presionándolo contra él mientras unas gotas escarlatas bañaban el filo del cuchillo. –Soy la diosa Enio y estoy aquí para recuperar el alma de mi hermano y… - Se agacho al lado de su oído, sobando sus labios contra el lóbulo de la oreja de Aioros. – Para hacerlos sufrir.
La diosa retrocedió de golpe y clavo la flecha en el hombro izquierdo de Aioros con fuerza, provocándole un dolor que recorrió todo su cuerpo como un impulso eléctrico, la rubia se levanto solo para sentir el cosmos de Kanon elevarse e intentarla atacar pero justo en ese momento un Berserkers, salió de las sombras y detuvo el puño del gemelo azul a escasos metros de la diosa.
-¿Quién diablos eres? – Espeto Kanon furioso retirando su puño de aquel agarre mientras Aioros se levantaba detrás de él, deteniendo con su mano derecha la herida de la cual brotaba abundante sangre.
-Soy Ema de Jamahar pertenezco al batallón de la llama. – Menciono el guerrero de cabellos violáceos oscuros y ojos rojos, que miraba intensamente a Kanon y a su compañero. – Soy un guerrero del dios Ares. – El nombre hizo que tanto Kanon como Aioros se voltearan a ver angustiados, pero el gemelo menor de los géminis recobro pronto la compostura y miro desafiante a sus adversarios, conocían la historia de aquellos que se hiciesen llamar guerreros del dios de la guerra, eran seres despiadados y crueles que disfrutaban del dolor de su opontente.
-Ema déjame jugar con el castaño, tu encárgate del otro los demás pueden retirarse. – Los ojos grisáceos de la rubia parecieron teñirse de oscuridad y un color negro plateado los embargo por completo mientras su cabello se hacía de color negro por igual, su armadura brillo con más intensidad mientras de su mano aparecía unas espadas de las cuales goteaba un líquido marrón oscuro. – Aioros de sagitario morirás hoy en el campo de batalla en venganza al dios de la guerra.
Kanon y él intercambiaron una breve mirada para ponerse de acuerdo y desearse suerte, pues de niños les enseñaron que una de las peores guerras santas que libro Athena había sido contra el dios de la guerra cruel y su ejército, el cual parecían estar conformado de dioses y semi dioses. Kanon brinco hacia atrás dando espacio entre él y Aioros para que pudieran atacar sin preocuparse por que el otro estuviera en su punto de ataque.
-Acabala rápido. – Le menciono como despedida frenando una patada de Ema y tomándolo del pie para arrogarlo hacia el suelo, pero para su sorpresa el guerrero recupero el equilibrio y se lanzo de nueva cuenta a su encuentro.
-Es una pena que seas demasiado lindo para morir hoy. – Siseo lentamente mientras se giraba para tomar impulso y lanzarse a Aioros que la tomo de las muñecas para detener el ataque de sus dos espadas, el castaño miro su arco a lo lejos, por lo que de una patada impulso a la diosa hacia atrás y corrió hacia el arma, en cuanto lo tomo saco una flecha y lo coloco en posición lanzándoselo a la castaña, quien alzo una de sus manos al frente y la flecha se desvió por completo regresando a Aioros, que se hizo a un lado y la detuvo.
-Esto será interesante. – La diosa afilo sus ojos y corrió hacia Aioros en busca de clavarle una de sus espadas, pero el arco de sagitario se lo impidió al tiempo que el sagita hacia fuerza para golpearla con el mando en el rostro, la diosa retrocedió unos pasos mientras su nariz sangraba, se llevo una mano a la nariz y limpio su sangre. – Maldito.
Las espadas pasaron a un lado de él, si no hubiera brincado hacia un lado, el metal se hubiera clavado en su costado, la diosa sonrió con enfado al tiempo que Aioros volvía a lanzarle una flecha con todo su cosmos, la diosa imito su acción pasada pero esta vez la flecha no se desvió por completo por lo que alcanzo a rasgar el blanco rostro de la peli negra, del cual salió un hilito de sangre que le corrió por el cuello, la diosa escondió el rostro bajo su flequillo, mientras Aioros sentía que su cosmos se elevaba al máximo.
-Trueno atómico. – Una onda de rayos se dirigió hacia la diosa y cuando estuvieron a punto de impactarla una onda expulsiva salió de ella regresándole el poder a Aioros, que logro esquivarlo, para su sorpresa la diosa se teletransporto detrás de él y logro arañar su estomago con una de las espadas, sintió el filo desgarrarle la piel y cuando cayó al suelo en un golpe sordo, se sintió más pesado como si la armadura lo halara hacia el suelo impidiéndole levantarse y como si algo absorbiese su energía.
-Te dije que era una lástima caballero. – La diosa le apunto con la espada al cuello mientras Aioros sentía que perdía bruscamente su cosmos como si este fuera absorbido por una energía transparente y comenzaba a nublar su vista. – Eras tan apuesto pero prefiero ver tu sangre correr.
-¡Aioros! – Kanon miro a lo lejos como el caballero de sagitario estaba tirado en el suelo el cual se encontraba quebrado bajo su peso y la diosa tenía un pie puesto sobre el pecho de su compañero justo cuando ella dejo caer la espada en el pecho de Aioros, que no se inmuto, vio la sangre correr por la comisura del labio del sagita mientras esta también abandonaba su pecho con prontitud, la diosa retiro aquel filo teñido de la sangre de su amigo, mientras limpiaba la sangre de Aioros y se la ponía en el rostro como a modo de trofeo.
Kanon golpeo el rostro de Ema arrogándolo lejos de él mientras se dirigía furioso a la pelinegra que lo miraba por la comisura del ojo burlonamente mientras terminaba de limpiar su espada de la sangre de Aioros que parecía sumido en la inconsciencia, la diosa arrogo aquella espada lejos de ella mientras tomaba su segunda espada bañada por aquel liquido marrón que había visto antes en la espada que ahora yacía en el suelo inmóvil.
-Aun hay una para ti santo. – Menciono burlonamente la diosa, Kanon encendió su cosmos al máximo al igual que su furia crecía en intensidad, no sabía qué diablos había provocado que Aioros perdiese pero intuía que debía estar relacionado con aquel brillo marrón en la espada, pues el cosmos de Aioros había descendido tan abruptamente en pleno apogeo de la batalla que había llamado su atención.
-Esa atravesara tu cuello. – Kanon detuvo la mano de la mujer con fuerza mientras intentaba desprendérsela de la mano, pero la diosa hacia más presión en el mango de esta, Kanon retrocedió hábilmente, pero el filo de la espada se clavo en su brazo produciéndole un corte profundo, dio unos pasos hacia atrás mientras veía la sonrisa de la diosa ensancharse y caía de rodillas.
La peli negra se acerco al santo que la miraba con desdén a pesar de estar perdiendo la vida por aquel corte, el elixir que Afrodita les había entregado justamente para realizar aquella labor, mermar a los santos más fuertes de Athena para cuando se decidiera el ataque al santuario, la mejor defensa del santuario hubiera caído.
-¡Explosión de galaxias! – El ataque del geminiano menor la tomo desapercibida por la espalda lanzándola por los aires para estrellarse donde ella hiciere hacia unos momentos que Kanon se golpease, el menor de los gemelos corrió hasta su compañero tomándolo por la mano la cual coloco por su hombro y lo cargo, sus ojos grisáceos vieron como el Kanon mal herido que estaba frente ella arrodillado desaparecía y fue cuando cayó en cuenta de la ilusión que el santo había utilizado sobre ella había funcionado y le permitió atacarla por la espalda mientras el tercer guardián de géminis se acercaba a su amigo.
-Otra dimensión. – El agujero negro se abrió, permitiendo a Kanon entrar en el y desaparecer llevando en hombros al arquero dorado quien continuaba inconsciente y tremendamente pálido, la diosa se levanto y lanzo su espada hacia ellos justo a tiempo el agujero negro se cerró dejando caer la espada en el suelo produciendo un ruido metálico en el proceso, la diosa se aproximo al lugar de donde ambos santos habían desaparecido y maldijo en voz alta, a ella jamás se le escapaba una víctima, ¡Jamás! Y esta vez no sería la excepción.
...
Milo y Camus estaban en el polo norte, por su parte el escorpión dorado utilizaba su cosmos para mantener su calor mientras su compañero iba de lo más fresco a su lado, lo que lo hizo molestarse levemente y arrugar la nariz. Ambos iban callados lo que en otro tiempo fue un silencio conciliador y amistoso, en ese preciso momento se había vuelto incomodo entre ellos.
Caminaban a lo que a Milo le parecía en círculos pero parecía que Camus sabia donde estaban exactamente pues continuaba caminando sin detenerse a mirar si le seguía o no, después de todo tenían que llevar el mensaje de advertencia a Hilda de que Athena liberaría el alma del rey de los mares, para que la sacerdotisa de Odín estuviera precavida, además de que tenían que llevar aquella esfera al templo submarino.
Milo se coloco al lado de Camus, mientras fijaba su penetrante vista en la herida que el mismo le provocase al guardián de acuario y por la cual los habían castigado a ambos con aquella tarea y sentenciado a que si fallaban Athena les echaría de la orden dorada. Pero para ese momento Milo ya no estaba enojado con su mejor amigo si no que estaba avergonzado de su proceder y de la forma en que había orillado a Camus a enfrentarlo, se sentía extremadamente mal.
Un viento helado hizo que se estremeciera pues parecía que la temperatura cada vez baja más, elevo un poco más su cosmos y busco con su mirada el sol, pero fue en vano estaba oculto tras una fila enorme de nubes que solo permitían iluminar aquel lugar abandonado por los dioses pero no le proporcionaban calor ni vida, miro la esfera en su mano y jugueteo un poco con ella lanzándola al aire y sonrió divertido cuando capto un mirada del francés llena de interés, pero inmediatamente Camus volvió a adoptar aquel carácter frívolo que hacia juego con el lugar y este pensamiento le saco una risa al escorpión, si una persona pasara seguramente pensaría que Camus era tan solo un iceberg.
Pero de repente ambos fueron alertados por la presencia de tres cosmos, uno de ellos lo conocían tan bien que ambos giraron para encontrarse con un montón de lanzas de hielo que iban directo hacia ellos y que seguramente de no haber brincado hacia los lados los hubiera golpeado y atravesado las armaduras de oro.
-¿Estás bien? – Preguntaron los dos al unisonoro mirándose preocupados lo que hizo que Milo riera alegremente y Camus le dedicara una leve sonrisa, que el escorpión dorado distinguió como la amistad que guardaban él y el galo.
-Sí. – Respondió mientras Camus asentía, ambos elevaron su cosmos para la batalla que ellos sabia era inminente. –Bien Camus, tenemos que proteger el alma de Poseidón de los perros falderos de Hades.
-Que mal que pudieron evitar el loto blanco de lanzas de hielo. – Aiakos de Garuda hizo su aparición con su sapuri, junto a sus otros dos compañeros jueces del infierno, Milo dirigió una mirada rápida al acuariano mientras continuaban elevando su cosmos en clara señal de amenaza hacia los tres intrusos.
-Santos dorados, no queremos aplastarlos. – Menciono Radamanthys prepotentemente mientras avanzaba hacia el dúo seguido de sus dos compañeros, justo en ese momento el cosmos de Camus hizo una leve ventisca en advertencia, como odiaba a ese sujeto desde la guerra de Hades hubiera dado todo porque Saga, Shura o incluso él lo hubieran golpeado. – Entréguennos el alma de Poseidón y les perdonaremos la vida. – El Wybern miro a el onceavo guardián como para recordarle lo benevolente que su dios había sido con él al otorgarle 12 horas de vida.
-No nos interesa. – Menciono Milo fríamente, mientras Camus a su lado asintió, no ocuparon más palabras justo cuando el juez del inframundo alzo una mano para lanzarles su ataque, una hondonada de hielo congelo sus piernas aferrándolo al suelo, para recibir 6 de las agujas del escorpión dorado que ardieron en su cuerpo, Radamanthys no pudo evitar dar un grito de dolor mientras se llevaba las manos al pecho para detener el flujo de la sangre que salía con rapidez.
-Malditos. – Ambos santos se sonrieron, de aquellos tres espectros a ese cejudo era a quien más odiaban y había sido a propósito que los dos dirigieran su poder hacia el juez dejando a los otros dos libres de sus técnicas, si alguien debía sufrir la ira de los doce caballeros dorados, ese era Radamanthys de Wybern.
-Caballeritos de Athena. – Refuto Minos mientras era rodeado por un aura morada y de sus dedos se desprendía los hilos, a su lado Aiakos de Garuda imitaba al otro juez, mientras el irlandés se recobraba de la técnica punzante que el escorpión había provocado sobre él y que por primera vez sentía en realidad lo que era la aguja del octavo guardián. – Necesitamos el alma del dios Poseidón para nuestro señor y se las quitaremos aun cuando tengamos que despedazarlos para ello. – Minos de Grifo clavo su vista en la esfera azulada que tenia Milo en la mano izquierda con gran interés.
-Milo vete, te alcanzare después. – Camus dio unos pasos delante de su amigo, sabía que si se quedaba estaría perdido contra ellos tres, pero uno de los dos tenia que cumplir con aquella misión, en ese momento no solo le preocupaba aquella tarea si no que quería salvar a su amigo de aquel trió. – No debemos permitir que el alma de Poseidón caiga en manos de los perros de Hades.
-No. – Tercio colocándose a un lado de él y dejando ver el destello de su uña roja mientras hacia un ademán con la mano. – No voy a dejar que te enfrentes solo a ellos, Cam, debimos pelear así en la guerra santa o acaso olvidas que estamos juntos en esto, amigo. – El galo miro a su amigo sorprendido y asintió al escuchar sus palabras, ambos peliazules miraron a los tres jueces que se erguían imponentes frente a ellos, mientras su cosmos se elevaba.
-¡Gran precaución! -
-¡Aleteo gigantesco de plumas! –
-¡Aleteo de garuda! –
Camus recibió el ataque de Minos que lo arrogo lejos de Milo separándolo de él, mientras su amigo se las vio complicada al verse primero golpeado por el poder de Radamanthys y luego ser elevado a los cielos por la técnica de Aiakos, ambos cayeron en un golpe sordo mientras su cuerpo se entumecía por el dolor de los ataques.
Milo levanto un poco el rostro reprimiendo el dolor que sentía en su cuerpo y apretó la nieve que tenía en contacto con su mano izquierda y abrió sorpresivamente los ojos cuando vio el alma de Poseidón había caído a varios metros de él, más cerca de Minos que de Camus y los tres jueces del infierno sonreían ante esto.
-Maldición. – Milo se incorporo de un brinco, aguantando el dolor que recorrió su cuerpo justo cuando Minos llegaba a un lado de la esfera, el escorpión dorado detuvo su andar, mirando entre la nieve en busca de Camus, si uno de los jueces tomaban aquella esfera que protegía celosamente el alma del emperador de los mares se encontrarían perdidos, bien podían quedarse dos jueces a hacerles frente mientras otro escapaba con la esfera en dirección al inframundo, solo de pensarlo a Milo le recorrió un escalofrió. .
-Ataúd congelante. – La técnica azulada del santo de acuario hizo que Minos se girara sorprendido por el tamaño del cosmos del aguador, pero sonrió triunfante cuando la técnica paso por un lado de él sin ni siquiera golpearlo.
-Que patético. – Sonrió Minos, girándose de nuevo a Milo pero se sorprendió cuando vio al octavo guardián dorado regresarle la sonrisa y mirando hacia él suelo donde yacía el alma de Poseidón cubierta por el ataúd congelante del santo de acuario y el cual solo había sido derribado por la armadura de libra y el cosmos de Aioria. - ¿Qué diablos?
-Se dice que los santos de acuario controlan el hielo y agua a voluntad no te sorprenda Minos que él haya congelado el alma, solo hay una forma de romper ese ataúd y es que el cosmos que lo sostiene desaparezca. – Camus retrocedió al sentir a Aiakos a su espalda esquivando un certero golpe cuando Radamanthys se lanzo a su encuentro, Milo volvió a usar su técnica haciendo caer al juez en la nieve la cual se elevo ante el impacto.
-Es bueno que comiences a pensar en un plan B. – Dijo Milo a la espalda de Camus mientras él francés miraba como los tres jueces se aproximaban hacia ellos. Era difícil salir de aquella situación bien librados pues el poder de los jueces del infierno de Hades equiparaba en poder a los santos dorados y si bien ellos podían enfrentarse a dos, aun les sobraba uno de ellos y en todo caso Radamanthys contaba por dos.
-No podrán descongelar el ataúd, aun cuando lo ataquen con todo. – Tercio Camus rodeando su puño de hielo para lanzar la técnica básica de los santos de los hielos.
-Eso lo veremos. – Radamanthys se lanzo hacia el galo pero Minos interpuso una mano entre su compañero y el santo de Athena, que agarro el ceño al verlo.
-Yo me encargare Radamanthys, ya he destruido antes el ataúd de hielo y superado los poderes de los magos de los hielos. – El juez se trono los nudillos aproximándose al dúo, que elevo su cosmos al sentir el de él hacerlo lo propio.
-¿A qué te refieres? – Milo elevo su ponzoña y apunto con ella al juez del inframundo, que se detuvo burlón unos metros antes, el viento comenzaba a levantar los copos de nieve y frescas brisas de hielo se elevaban hacia el cielo.
-En el inframundo, un santo de hielo intento detenerme fallidamente justo cuando estaba a punto de cruzar hacia elíseos, un mocoso santo de bronce rubio. – Milo volteo a ver a Camus que se mantenía serio al saber a quién se refería pero que estaba orgulloso de que Hyoga le hubiera hecho frente él solo a uno de los tan temidos jueces del infierno. – El muy tonto, pensó que me frenaría con esas técnicas.
-Entonces ¿Cómo moriste? – Pregunto Aiakos a su espalda, justo en el momento que reparo en la similitud que el mismo guardaba con el guardián de escorpio, lo que lo hizo enfurecer.
-Salte hacia la dimensión que lleva a elíseos. – Repuso el juez, lo que hizo que Milo estallara en risas y Camus lo mirara triunfante.
-Eso es más patético, que uno de los jueces del infierno no sepa que necesita una armadura divina para cruzar, eso es de dar pena. – Menciono Milo entre risas mientras Camus a su lado avanzaba hacia el peli blanco. – Minos déjame decirte que mi amigo te pateara el trasero. – Reconoció las intensiones del francés lo que lo hizo sonreír más. – Acabas de poner en tela de juicio las técnicas que Camus le enseño a Hyoga, tragaras el polvo de diamantes del maestro.
-Eso lo veremos. – Tercio el juez mientras Aiakos a su lado se preparaba para atacar al escorpión. – Radamanthys mantente a raya de eso e intenta destruir a todas costa ese trozo de hielo, nosotros nos encargaremos de estos dos.
-Camus en cuanto termines de congelarle el culo a Minos lleva el alma al palacio submarino, yo me encargare de ellos. – El galo y griego se miraron unos segundos para ponerse de acuerdo con aquel intercambio de miradas que podían decir todo lo que pensaban.
…
La orden fue emitida en medio del amanecer, cuando Dokho alcanzo los aposentos de Shion en compañía de Shaka que los esperaba a fuera de la habitación, el chino le comunico en palabras acortadas y apremiantes a su amigo lo que había ocurrido en Libra y después le mostro el rosario de las 108 cuencas donde el alma de los espectros debía haber permanecido sellada y que ahora 22 de esas gemas habían vuelto a su color normal, como las almas a sus respectivos cuerpos.
Estaban frente a ellos los restantes caballeros dorados vistiendo sus respectivas armaduras en compañía de los santos de bronce que aun se veían algo apresumbrados por el despertarse temprano a excepción de Hyoga y Shiryu, pero en parte era porque el entrenamiento arduo que tanto Dokho como Camus había puesto al cisne y dragón. Athena se encontraba de pie, mirando fijamente al horizonte en busca de los cosmos de sus guardianes que sentía elevarse en la lejanía, ardiendo para destruir a su enemigo y completar su misión.
-Athena. – Le llamo paternalmente Shion, la diosa sacudió un poco su cabeza para centrar su atención a sus santos presentes, quienes le hacían una reverencia. – Buenos días mis guerreros, pueden ponerse de pie, se que sienten el cosmos de sus compañeros elevarse al igual que yo, sabía que habría represalias por mis acciones y jamás he querido que ustedes sean quienes paguen por mí, jamás lo haría, pero… - Saori dirigió una rápida vista hacia los santos de bronce quienes eran sus amigos y siempre habían estado protegiéndola, por algún motivo sentía más cercanía a ellos que a sus doce guardianes. – Los otros dioses no se detendrán hasta que Hades y Ares vuelvan a la vida y no podemos permitirlo, no cuando su presencia amenace a inocentes.
-22 espíritus han escapado del rosario de las 108 cuentas de Shaka entre ellos los de los tres jueces del infierno. – Menciono determinantemente Shion, mirando la reacción de los 9 dorados frente a él, quienes arrugaron el ceño o le dirigieron una mirada preocupada.
-22 espectros. – Dijo suavemente la peli lila mientras una sensación extraña la embargaba sin saber cuál era el motivo de aquello, miro de nueva cuenta por la ventana que estaba lejos de ella, como si el cielo le fuese a mostrar que era aquella sensación que le oprimía el pecho. – Persefore, la reina del inframundo, nos ha declarado la guerra con esta acción, pues a mandado a sus tres jueces tras de los guardianes de Escorpión y Acuario. – La diosa pudo distinguir la mirada preocupada de Hyoga, mientras sus amigos los miraban a él conciliadoramente. – Y el cosmos alterado de Kanon y Aioros me indican que ellos también han sido atacados, pero desconozco quienes hayan sido sus agresores.
-Athena. – Saga avanzo frente a sus compañeros que lo miraron asombrados mientras el gemelo mayor hacia una reverencia a la diosa. – Permítame ir a ayudar a mi hermano y Aioros.
-Saga. – Menciono Aioria, justo en ese momento el cosmos de Aioros dio un vuelco enorme que todos los presentes sintieron.
-Tenemos que actuar rápido, mientras nosotros hablamos los otros están arriesgando su vida por el santuario. – Saori camino entre las dos filas que habían formado los guardianes presentes y se detuvo frente al quinto guardián que la miro con sus orbes verdes preocupado. Aioria tienes que alcanzar a Milo y Camus en su misión y ayudarles, Mu busca a Aioros y Kanon por favor, por su parte Saga necesito que me acompañes al templo de Athena. – Saori dirigió una mirada rápida a Shion para indicarle que continuara él mientras se perdía por uno de los pasillos del salón patriarcal seguida de Saga.
-Ya escucharon a nuestra diosa. – Mu y Aioria hicieron una rápida reverencia y salieron por aquella puerta de madera que a Shion tantos sentimientos le causaba el escucharla cerrarse pues siempre temía que esa fuera la última vez que las puertas se abrieran mostrando uno de aquellos rostros. – Mascara de la muerte, quiero que vayas al inframundo y observes que está ocurriendo en estos momentos, te acompañara Shiryu y Hyoga.
-¿Qué? – Mencionaron los dos aludidos, mientras Dokho reprendía juguetonamente a su discípulo con la mirada y Afrodita reprimía una risa al igual que sus compañeros. Shion alzo una ceja mirando al guardián de cáncer que arrugo la nariz con frustración hizo una reverencia y se dirigió a la puerta. – Vamos mini- Dokho y clon de Camus.
-Se parece tanto a Manigoldo. – Rio alegremente el chino al ver en la expresión de su compañero reflejada el sarcasmo de su compañero del siglo XVIII, mientras Shion lo miraba preocupado desaparecer, seguido por el discípulo de su amigo, que a pesar que le molestara la situación la cumplía a regañadientes.
-Shura y Aldebaran vayan hacia los límites del santuario y supervísenlos, quienes han atacado a Aioros y Kanon deben de ser independientes a la emperatriz del inframundo y si el cosmos de sagitario a tenido ese vuelco, es porque el enemigo debe ser fuerte y no creo que sea el único.
-Como usted ordene patriarca. – Shura hizo una reverencia y salió seguido de Aldebaran que lo palmeo amistosamente lo que hizo que el español se jorobara de la fuerza. Shion sonrió al verlos desaparecer en la escalera de piscis, al ver que entre todos comenzaban aquella extraña familiaridad que habían perdido posterior a su muerte.
-Todos los demás pueden retirarse. – Pero Seiya se mantuvo firme en su lugar y a su lado Shun e Ikki que los esperaba en la entrada de la puerta, viendo como Shaka se alejaba en compañía de Dokho.
-Patriarca. – Le llamo el joven. - ¿Soy yo o usted nos está dejando fuera de estas misiones?
-¿No acabo de enviar a Shiryu y Hyoga con Mascara de la muerte al inframundo? – Menciono Shion mirando extrañado el cuestionamiento del muchacho, prodigio.
-Lo entiendo, pero nosotros queremos hacer algo patriarca, no podemos quedarnos parados aquí sin hacer nada. – Shion resoplo cansado y por unos segundos la actitud de Seiya le recordó a Aioria y Milo cuando eran pequeños, por lo que miro a sus otros compañeros y se rio al encontrarle similitudes a esos jóvenes con los santos dorados, tal vez Mascara no se equivocaba al decirles mini clones.
-Bien, díganle a Shura y Aldebaran que los acompañaran esta tarde. – Menciono determinantemente resignado el peli verde, era mejor que los dos implicados los aguantaran que él, por lo que rio maliciosamente para él. Camino en silencio hacia los aposentos donde su diosa seguramente aguardaría en compañía de Saga, pero se sorprendió cuando miro a los dos implicados bajo la estatua finamente tallada de su diosa.
-Shion. – Le llamo Athena sonriendo, mientras el patriarca se acercaba a paso tranquilo. – Le mencionaba a Saga el lugar donde hemos guardado el alma de Ares, se que se lo puedo decir libremente pues dentro de poco Zeus, vendrá para liberarlo de aquella maldición.
-Me alegra mucho oír eso. – Determino Shion al tiempo que un rayo blanquecino caía cercano a ellos, mientras la potente y musculosa figura del dios del rayo se hacía presente dentro de él.
-Athena. – Zeus hizo una leve inclinación de cabeza mientras la peli lila hacia una reverencia a su padre, Shion y Saga permanecieron detrás de la diosa de la sabiduría mientras el peli blanco estiraba sus manos y tomaba dulcemente el rostro de su hija. – He venido a cumplir mi palabra.
-Él es mi caballero de Géminis padre, quien Ares maldijera a su nacimiento. – Menciono la oji azul haciéndole una seña a Saga para acercarse, el mayor de los gemelos miro a Shion quien le indico con la cabeza que se aproximara a ambas deidades.
-Así que tu eres, Saga de Géminis. – Tercio omnipotente el dios del cielo, coloco una mano en el pecho de Saga quien se tenso al sentir aquel contacto más no retrocedió viendo fijamente al dios del rayo. – Se todo sobre ti géminis y reconozco que en ninguna de tus vidas pasadas como en la actual has dejado de sorprenderme, siempre más fuerte y orgulloso, pero maldecido con la catástrofe que plantas a tu alrededor desde la época del mito y es porque perfectamente eres un arma de doble filo.
-Una que siempre se ha orillado al bien. – Athena apareció a Nike porque sabía que a su padre le gustaba ver aquel báculo con el cual había ganado tantas batallas y que había sido capaz de herir al dios del inframundo en la última guerra santa.
-Esto dolerá tal vez un poco. – Menciono el dios oji azul de su mano broto una luz incandescente que danzaba entre los colores blanco y azul eléctrico y que despedía varios reflejos dorados, que comenzaron a introducirse al pecho del geminiano como si fueran descargar eléctricas que dirigía hacia el corazón del santo, quien claramente sufría por aquel desplante de poder en su interior, Zeus hizo más presión y aquellos rayos que rodeaban su mano aumentaron su potencia en busca de la alma del santo dorado mientras a este se le comenzaba a nublar la vista del dolor, jamás en su vida había experimentado aquel sufrimiento y por una vez agradeció que el dios frente a él siempre se hubiera mantenido neutral con respecto a su diosa.
-Tranquilo Saga está a punto de terminar. – Saori se acerco a su santo y coloco una mano en su brazo transmitiéndole parte de su cosmos para reconfortar y disminuir el dolor que Saga estaba sintiendo en cada centímetro corporal y que amenazaba con hacerlo perder la conciencia.
Shion afilo su mirada para observar que ocurría con aquel poder que el dios del rayo infringía sobre Saga, quien a duras penas podía mantenerse de pie. Vio como el dios introdujo lentamente su mano en el pecho del mayor de los gemelos y como su mano era rodeada por tonos oscuros y rojos hasta que de golpe retiro su mano y en ella pudo observar una esfera densa donde revoloteaban aquellos colores.
-Saga ¿Estás bien? – Shion se acerco al santo colocando su mano en el hombro del gemelo que había caído de rodillas en la última fase del proceso y que respiraba entrecortadamente manteniendo los ojos cerrados para reprimir cualquier quejido de dolor.
-Athena, conserva esta maldad sellada por el resto de los tiempos, pues si vuelve a caer en las manos de cualquier dios, el cuerpo de tu caballero de géminis continuara naciendo maldecido por algún dios hasta el final de los tiempos, si la sellas mantendrás puro a tu caballero en esta generación y en las próximas. – Tercio el dios mientras entregaba a la diosa aquella gota de maldad, que había maldecido a los nacidos bajo la estrella de géminis durante años.
-¿Eso es verdad? – Pregunto Saga entrecortadamente, mientras respiraba con dificultad, fijo sus ojos fieros en los azules del dios quien sonrió al mirar toda aquella furia e ira contenía en un caballero de Athena.
-Así es, ahora eres libre. – Estas palabras hicieron mella en los oídos del gemelo quien no pudo reprimir aquel sentimiento de liberación y paz que lo embargo, aquello por lo que cada noche se preocupaba, por lo que dudaba de él cada instante temiendo que Ares apareciera en cualquier momento para reclamarlo como suyo, ahora era libre, libre para siempre.
…
Se levanto después de haber recibido un buen golpe por parte de Aiakos, nunca se había enfrentado a Minos o al juez de garuda, pero su breve encuentro con Radamanthys le había dejado muy en claro que con los perros más leales a Hades no se debía jugar pues tantas oportunidades tenia él de vencerlo como ellos a él y se lo acababa de demostrar con aquel aleteo de garuda que estuvo a punto de lanzarlo al vacio. Miro de reojovio como unos trozos de nieve se desprendieron y cayeron directamente por aquel reliz de hielo hasta que golpearon con el mismo suelo cubierto por aquel manto blanco.
-No que ibas a patearme el cuelo. – Se burlo Aiakos.
-Solo te probaba. – Tercio Milo indiferente, conociendo al máximo su velocidad hizo uso de ella y le atino no solo varias agujas a su enemigo si no que uso su brazo izquierdo para golpear el rostro del juez que se enterró en la nieve. Cuando el juez volvió a erguirse sangraba de la comisura del labio y tenía cuatro agujas escarlata en su cuerpo.
-Maldito ¿Cómo te atreves a hacerme sangrar? – Milo sonrió orgulloso al escuchar la furia contenía del juez.
-¿A poco te duele? – Milo rio felizmente mientras volvía al ataque, esta vez el juez se elevo en el aire escapando por poco al aguijón del escorpión que al verse frustrado por el juez dejo de sonreír. – Deja de huir, de otra forma tardaras más en morir.
-¡Te destruiré! – Aiakos arrogo su casco al suelo molesto y se aproximo a Milo tomando impulso con sus alas, tomo al santo del cuello y lo estrello contra un muro de hielo que se vino abajo por el impacto. ¡Radamanthys! Destruye de una buena vez ese ataúd.
-No puede hacerlo. – Menciono Milo haciendo explotar su cosmos, varios trozos de hielo se derritieron por la calidez de su cosmos mientras otros salieron expedidos por los aires, Aiakos observo como la mano derecha del escorpión sangraba con abundancia y sonrió gustoso al comprobar que esta se encontraba fracturada por un trozo de hielo que había caído sobre ella. – Porque está esperando su momento preciado para unirse a su rey en la muerte.
-¿Y se puede saber como harás eso con tu mano en ese estado? – Aiakos rio cruzándose de brazos, Radamanthys detrás de él solo le dio la espalda y avanzo hacia el cubo de hielo, Milo se levanto haciendo presión con su mano izquierda sobre su muñeca derecha en un intento desesperado por detener aquel dolor.
-Lo mejor siempre es al final. – Se levanto un poco mareado solo para comprobar que su cabeza estaba sangrando y comenzaba a sentirse mareado, avanzo por los restos de hielo a su lado y miro fijamente a Aiakos. – Terminare de darte los 15 aguijonazos de mi constelación.
-Veamos lo que puedes hacer. – Aiakos sonrió gustoso al comprobar cómo el hielo se teñía de carmín por la sangre del escorpión dorado, quería que aquel manto blanco se tiñera por completo de la sangre de aquellos dos dorados y que fuera bañada por las lágrimas de Athena.
Milo adopto la posición a la de un escorpión en actitud ofensiva al tiempo que su cosmos los rodeaba tomando una tonalidad entre dorado rojiza y lanzo una llamarada desde la constelación de escorpio que se dibujaba tras él, el fuego derritió todo el hielo que toco a su paso dirigiéndose hacia Aiakos que volvió a escapar del ataque.
-¡Aguja escarlata! – Milo acertó más de 8 aguijonazos rodeados de fuego y que introducían el veneno en el cuerpo del juez, sumando un total de 12, el juez de Hades fue a impactarse de cabeza en el hielo.
-¿Co… como has… podido… tu aguijón estaba… - El pelinegro levanto el rostro de la nieve y miro a Milo que tenía un aguijón en el dedo índice de su mano izquierda, los ojos marrones de Aiakos lo miraron con sorpresa pues de la uña rojiza del escorpión salía vapor.
-Estas en un error si crees que solo tengo uno. – Menciono gustoso Milo mientras disfrutaba de las facies de dolor del juez del infierno. – El aguijón de la mano izquierda es más fuerte que el de la mano derecha porque se encuentras más cercano al corazón, su poder y veneno es mayor. No seré compasivo contigo maldito juez.
-No espero menos de un santo de Athena. – Tercio el pelinegro irguiéndose mientras la sangre brotaba de su cuerpo y teñía al igual que la sangre de Milo aquella sabana de nieve, justo en ese momento Radamanthys golpeo con toda su fuerza el cubo de hielo de Camus, sin ningún efecto. – Acabare contigo Milo de escorpión.
-Inténtalo. – Cuando Milo, se aproximo al juez con su mano izquierda levantada se detuvo de golpe al observar tres enormes ojos detrás de Aiakos, que simulaban a los del casco del sapuri de la estrella de la ventaja.
-Te voy a hacer sentir tanto dolor que no querrás haber vuelto a la vida. – Los tres ojos comenzaron a cargarse de una especie de energía eléctrica brillando con intensidad. – ¡Destello de la muerte galáctica!
Aquellos ojos liberaron sobre Milo miles de haces luminosos con energía eléctrica que se dirigieron directamente al escorpión golpeándolo y recorriendo su cuerpo quemando todo su sistema nervioso y provocándole el dolor que Aiakos le había asegurado, cayó de rodillas fulminado, pero para su sorpresa el suelo comenzó a hundirse bajo él, mientras escuchaba como se resquebrajaba el piso, pero su cuerpo no le obedecía, al final un bloque entero de hielo se desprendió de aquel iceberg rompiéndose en mil pedazos y comenzó a caer hacia el vacio, acompañado de numerosos fragmentos de hielo que le quemaban el rostro junto aquel aire gélido del norte.
-¡Milo! – Escucho el grito preocupado de Camus, mientras una fuerte explosión se escucho arriba y después perdió la conciencia.
…
Cuando vio a Milo perderse entre la densa nieve que se separo del piso levantando una abrupta ventisca de nieve hacia el cielo, lanzo de un fuerte golpe a Minos para ir en búsqueda de su amigo, pero cayó al suelo, al observar que algo transparente le sujetaba del pie, clavo su vista en aquel lugar y por el reflejo del hielo pudo ver un brillo azul que se dispersaba en forma de hilo.
Tenía que encontrar una forma para ir en búsqueda de Milo, tenía que ayudarlo, poco le importaba en ese momento el cumplir la misión quería que tanto él como Milo salieran de esa juntos, pocas personas llegaba a apreciar pero Milo era su mejor amigo, uno que había esta indispensablemente para él, no importaba lo que hubiera pasado en el coliseo o en la guerra contra Hades, debía de encontrar una forma para ayudar al griego.
-No podrás ayudar a tu amigo santo. – El juez peli blanco se aproximo a él tensando su muñeca para fortalecer el agarre, Camus observo como Aiakos se levantaba orgulloso y se acercaba al risco en compañía de Radamanthys.
-No hay a quien ayudar. – Menciono Aiakos volteando a ver al galo, se trono los nudillos y le dio la espalda al voladero, justo en ese momento una luz rojiza partió el hielo desde la profundidad y comenzó a despedazarse arrastrando a los dos jueces al vacio quienes no pudieron escapar al deshielo y cayeron ante el poder que Milo había utilizado para derribarlos y arrastrarlos junto con él.
-¿Qué? – Minos sujeto con más fuerza a Camus mientras más hilos tomaban las extremidades del santo de acuario, por lo que quedo inmóvil y suspendido en el aire, mientras los hilos comenzaban a apretar su pálida piel. – No importa lo que haga tu amigo, te destrozare.
Los hilos comenzaron a hacer más presión en las extremidades del francés tensándolas de sobremanera y desgarrando la fina piel del caballero de los hielos que comenzó a derramar pequeñas gotas de sangre que bañaron los hilos transparentes, mientras la carcajada sádica del peli blanco se dejo oír.
-Eres una patética marioneta como tu alumno. – Los ojos del francés brillaron con furia mientras la presión que el juez ejercía en el por medio de sus hilos disminuyo, lo que impresiono al peli blanco que dejo de reírse y miro seriamente al santo de oro frente a él, elevo su cosmos para aprisionar el cuerpo del santo de acuario pero esto no sucedió, de hecho los hilos comenzaron a perder su flexibilidad y tensión, volviéndose rígidos. -¡¿Qué has hecho?! – Rugió el juez.
-Es patético que pierdas frente a tus emociones. – El hilo alrededor de los brazos y piernas de Camus comenzó a congelarse hasta el extremo que las yemas de los dedos del juez sintieron aquel aire helado uno que superaba al de Hyoga, Camus rompió los cables invisibles y miro al juez que retrocedió sorprendido. – No subestimes jamás a los santos de Athena, Minos, tu técnica la marioneta cósmica no sirve conmigo. – Camus junto sus manos y las elevo por encima de su cabeza al tiempo que la dama de su constelación quien llevaba la ánfora comenzó a verterla sobre ellas.
-Esa técnica insignificante. – Se burlo Minos mientras una mueca de preocupación se asomaba en su rostro, jamás había sentido la diferencia y variedad de cosmos que podían tener los diferentes caballeros dorados y por unos segundos su mente divago a aquel día donde los 12 santos dorados estaban dentro de Guidecca para destruir el muro de los lamentos, era un poder tan terrible incluso para humanos como ellos. - ¡Aleteo gigantesco de plumas!
-¡Ejecución de aurora! – El potente rayo azulado abandono los puños del guardián de la onceava casa, el chorro de hielo fue a impactar directo contra el juez, mientras los microcristales de hielo rodeaban y congelaban todo a su paso y el hielo de los alrededores parecía obedecer a Camus y agruparse junto aquella columna de hielo, mientras su poder devastador congelaba aun más todo a su paso, haciendo que el poder de Minos retrocediera ante aquella ventisca de nieve, disminuyo gradualmente su poder y libero sus brazos de aquella tensión cuando vio al juez desaparecer debajo de una columna de hielo sintiendo que su cosmos disminuía hasta llevar al peli blanco a la inconsciencia.
-¿Un caballero dorado de Athena? – Escucho que alguien hablo a su espalda, el francés se giro y observo a uno de los guerreros de Asgard, alto como Aldebaran y de cabello peli verde que le llegaba hasta a los hombros y que formaba patillas en su rostro y barba.
-¿Quiénes son? – Menciono fríamente Camus percatándose de la presencia de los otros dos caballeros que le acompañaban, camino atraves de ellos hasta llegar al ataúd de hielo y le miro con dureza sintiendo el terrible poder del dios de los mares.
-Soy Thor de Phecda. – Contesto el peliverde, Camus se agacho y toco con su dedo índice aquel ataúd azulado que brillaba por el poder contenido dentro de él, el hielo cedió paso a la mano del francés mientras en sus ojos se reflejaba aquel brillo celeste. – Eres un santo de Athena ¿Qué haces aquí?
-Soy Hagen de Merak Beta y el es mi compañero Fenrir de Alioth. – Repuso un rubio, mientras apuntaba con el índice a un peli blanco que se acercaba a ellos a través de la nieve. – Hemos visto lo que le has hecho a ese espectro.
-Soy Camus caballero dorado de acuario. – Camus rodeo con su mano el alma del dios Poseidón y se levanto dirigiéndose al trió. – Confiare en ustedes por la tregua que hay entre el santuario y ustedes. – Menciono fríamente el galo, estiro su mano con el alma del emperador de los mares hacia el peli verde que la tomo elevándola al nivel de sus ojos con fijeza. – Llévenla a Hilda de Polaris es el alma del dios Poseidón, resguárdela hasta que otro caballero de Athena vaya por ella, no debe caer en mano de ningún dios u otro soldado ¿Entendido?
Los tres dioses guerreros miraron como el alma del señor del mar se removía ansiosa dentro de aquella esfera, mientras sus ojos se clavaban en todo el daño que habían ocasionado a sus tierras y quien les había llevado a la muerte pero gracias al poder de Odín, Hilda los había vuelto a la vida por la fidelidad ciega que había mostrado ante ella y que el dios había considerado honorable.
-¿Por qué Athena… -
-Después se les explicara, lleven el alma a Hilda de Polaris, si llega a caer en manos de alguien más aun cuando sean los jueces del infierno, las consecuencias serán desbastadoras. – Camus les dio la espalda y comenzó a caminar hacia el risco por donde había caído el escorpión y los dos jueces que peleaban contra él.
-Espera caballero estas herido y podemos sentir por el cosmos de tu compañero que él también, déjenos pelear a su lado. – Menciono Thor dándole la esfera al rubio a su lado.
-No. – Y con esta última palabra Camus brinco al vacio para ayudar a Milo, en otra situación se hubiera negado el darle el alma del dios del mar a otro por mas aliado que fuera pero en esa situación no sabía cuánto tiempo tardaría Minos en recuperarse y despertar, ni si pudieran derrotar a Radamanthys y Aiakos, por lo que por primera vez fue contra su orgullo y entrego el cuidado de aquella alma a los guerreros de los hielos, si Milo y él llegaban a perder el alma se encontraría a salvo.…
…
Continuara…
Aclaraciones:
1. En lost canvas el caballero de Virgo es quien enciende su cosmos al máximo para crear el rosario de las 108 cuencas, debido a que sin él los espectros de Hades revivirían cuantas veces quisieran.
2. Tanto Enio como Fobos y Deimos eran fieles compañeros del dios Ares, en lo que respecta a las guerras.
3. Berserkers son el ejército del dios Ares que una vez pusieron en aprietos a la diosa Athena, pues estuvo a punto de perder una guerra santa contra Ares.
4. Manigoldo de cáncer es el caballero dorado del siglo XVIII y con quien Shion se llevaba muy bien, debido a que los maestros de ambos eran hermanos gemelos O.O por lo que el entrenamiento de ambos fue cercano.
Milo ataca a Albiore utiliza esta técnica, la utilice aquí porque nuestro escorpioncito dorado mostro más técnicas en el anime además de las dos que ya todos le conocemos (restricción y aguja escarlata). El otro ataque que aparece aquí, es porque su predecesor, Kardia podía destruir y cortar objetos con la uña por lo que estoy a favor de que Milo también.
ataque de nuestro querido Aiakos lo vi en lost canvas de verdad que es muy fuerte y eso hizo que alguien como Sísifo de sagitario de verdad sufriera la gota gorda por el dolor.
Agradezco mucho sus comentarios:
Marianne: Me da mucho gusto saber de ti y que mi historia te tenga entretenida, intento apegarme a lo que creo que pasaría si los dorados hubieran revivido, pero esto lo descubriremos en abril cuando salga soul of gold, así que espero y disfrutes el capitulo.
Dan: Muchas gracias por leerme.
Joana: jajaja soy mala lo sé, pero quería darle a estos dos la revancha, así que espero y no te cortes las venas pues lo alargare su enfrentamiento hasta el siguiente capítulo y tendremos a dos invitados especiales de pista te dejo que es otro dorado y un dios.
Beatu: Jajaja se hace lo que se puede, me chiveas mujer jajaja es normal, solo hay que meterse a la historia, espero y te guste este capítulo.
Carlos: Libre! Saga es libre, pues estoy planeando hacer más mal a la pobre Athena, que sufra un poquito más.
Gaby: Servido en bandeja de plata Camus, las amistades son así un día puedes casi matar a tu amigo, pero cuando vez que te necesitas das todo para ayudarlo.
SakuraBallSeiyaMejoresAnimes: Listo ya dejaron de pelear entre ellos amiga, ahora solo los puse a luchar contra los tres jueces del infierno jajaja.
Gracias por sus comentarios a todos aquellos que se toman la molestia de escribirlos y también espero y les agrade el capitulo a mis lectorcillos fantasmas. Comenten.
Atte: ddmanzanita.
