Espero y les encante este capítulo tanto como a mí y espero que comenten, pregunten y escriban sus dudas que con mucho gusto responderé, ya casi llegamos a los 50 comentarios! Espero y se logren con este capítulo, mis más sinceras disculpas por dejarlos así pero estuve en semanas de matadero (exámenes).

Capitulo 10 Recurriendo a los que primero pisaron la tierra.

Afrodita se deslizaba suavemente por entre los pasillos del templo mayor del Olimpo justo cuando Zeus había descendido a la tierra y había descuidado su reinado en el paraíso, la rubia se movía con velocidad pero no por ello dejaba de contonearse con sensualidad ya que el mensaje que Hera le había dirigido era de urgencia y ella no haría esperar cualquier propuesta por parte de la pelirroja. Dio una vuelta brusca en uno de los pasillos al ver a una musa frente a ella y alcanzándose a ocultar, avanzo decidida entre las habitación hasta que llego a la terraza de la diosa que se encontraba parada acariciando el pétalo de una flor dulcemente, mientras su mirada se veía claramente perdida en el horizonte.

-Hera, me has llamado. – La pelirroja no volteo a verla, continuo acariciando aquella hermosa flor mientras los labios de la deidad se abrieron para dejar escapar un suspiro de resignación y sus facciones se tornaban preocupadas. - ¿Qué has hecho Hera? – Conocía aquella mirada de su igual, una que le indicaba que cometía una grande equivocación, había visto esa mirada tres veces en la vida de la pelirroja la primera había sido cuando mando destruir el cuerpo de Dionisio y lo único que quedo del dios fue su corazón, la segunda fue cuando se arrepintió de derrocar a Zeus y la ultima vez había sido cuando se dio cuenta del daño que había ocasionado en Hércules, pero ninguna de aquellas miradas había augurado nada bueno, siempre estaba rodeada de desgracias y errores.

-Afrodita no se que más hacer, quiero a Ares de mi lado ninguno de los otros dioses les interesa, Apolo, Dionisio, Hermes, Hefestos, Artemisa ninguno de ellos me ayudara para salvar a mi hijo de las garras de Athena… Ni siquiera a Zeus, que es su padre le importa- La flor que hacía unos segundos la diosa acariciaba se encendió consumiéndose completamente por el fuego, que la hizo arder hasta su extinción. – Voy a hacer de todo para liberarlo.

-¿Qué hiciste? – Volvió a insistir Afrodita acercándose lentamente a la diosa del Olimpo, pero se detuvo al sentir una presencia detrás de ella, se giro rápidamente reconociendo aquella energía oscura que había hecho hasta temblar a Zeus, la diosa rubia retrocedió rápidamente solo para observar a un hombre alto de cabello negro como el vacio y unos ojos rojos inyectados en sangre, le tembló el labio inferior y cayó al suelo al verlo. - ¿Cómo… como

-Afrodita. – Menciono el titán frente a ella, tomándola de la barbilla con la mano derecha mientras ponía su dedo índice en los labios de la oji verde para hacerla callar.

-Cro… cronos. – Le tembló la mandíbula al sentir el cosmos del titán quien diere vida a los dioses frente a ella, Hera se acerco a ambos y le tendió la mano a la rubia quien se incorporo débilmente. -¿Qué has hecho? –Le recrimino con la mirada, Hera había expuesto a todo el Olimpo por Ares, reconocía que era una madre sobreprotectora, casi como una leona cuidando a sus cachorros pero exponer la paz de esa forma, era un error infalible.

-Hera y yo solo hemos llegado a un trato. – Cronos retrocedió divertido unos pasos hacia atrás, dejando que Afrodita se recuperara del impacto que le provocaba su presencia, redujo drásticamente su cosmos pues ningún dios a parte de ellas dos debía enterarse de su presencia. – Ella me pidió recuperar el alma de Ares y a cambio me entregaría el poder de dos dioses.

-¿Quiénes? – Menciono temerosa la diosa del amor pues temía el escuchar su nombre en aquella oración, ya había sido parte de un trato una vez y había sido intercambiada como una mercancía, precisamente a causa de Hera. Cronos se sentó en la pequeña mesa de estar que se encontraba al centro de la terraza y miro complaciente a ambas diosas.

-La mano derecha e izquierda de Zeus. – Cronos tomo la copa frente a él y se empino el néctar que se encontraba en la copa de su hija. – Apolo y Athena. – Afrodita no supo porque pero por primera vez temió, no solo por ella si no por el resto de dioses en el Olimpo, Cronos no era un titán benevolente hacia los dioses y la rubia dudo que hubiera olvidado lo que sus hijos le habían hecho.

-¿Cómo has logrado sacarlo del tártaro? – Afrodita retomo la fiereza que le caracterizaba mirando amenazadoramente al titán frente a ellas, ¿Cómo diablos Hera había llegado a ese extremo? ¿Cómo ponía en peligro la estabilidad del Olimpo por Ares?

-Hades ya no vigila la entrada al tártaro, Persefone ni siquiera ha reparado en que estuve ahí. – Menciono tranquilamente la diosa sentándose cerca al titán que amplió su sonrisa al ver como su hija quien fuera una de las que luchara en la titanomaquia contra él se sentaba orgullosa y omnipotente aun delante del padre a quien no había tenido compasión. – No se percato que Cronos no salió solo de su prisión.

-¿A qué te refieres? – Afrodita se recargo contra una pilastra que estaba a su espalda pues en ese momento sentía que sus piernas le fallarían, más de un titán fuera significaba un peligro enorme para los dioses, lo más seguro era que Hera hubiese aprovechado la ausencia de Zeus para moverse entre las sombras y liberar al peor enemigo de los dioses, un titán el cual podía hacerle frente al mismísimo Zeus y que ni Poseidón y Hades habían logrado derrotar.

-Japeto, Crios e Hiperion salieron junto a él. – La palidez en el rostro de la diosa del amor se hizo extrema y comenzó a respirar con dificultad, se esforzó tremendamente para poder guardar la compostura frente a ambos, pero sin más Cronos se apareció frente a ella a una velocidad que ni siquiera sus ojos divinos pudieron captar.

-Afrodita, por tu bien más vale que no me traiciones hermana. – Menciono suavemente el pelinegro acariciando suavemente el rostro de la rubia, mientras sus ojos se empañaban de lagrimas por aquel orgullo que ella veía desmoronarse frente a ambos dioses, jamás había permitido a otro dios tocarla a menos que ella quisiera y los titanes no eran la excepción a esa regla.

-¿Qué pasara con los otros titanes Cronos? – Afrodita se hizo hacia atrás soltándose del agarre de Cronos molesta limpio con el dorso de su mano una lagrima llena de coraje que escapo de sus ojos y retrocedió unos pasos marcando una distancia segura entre los dos.

-Que seas hija de Urano no te hace un titán. – Le espeto el de cabellos negros, restándole importancia y situándose a espaldas de Hera, el dios puso sus manos en los hombros de su hija y le miro con superioridad.

-Y me alegro de ello. – Respondió fieramente la diosa, a pesar de que Cronos hubiera tenido que ver en su nacimiento ella no podía guardarle ningún respeto a un titán tan cruel y despiadado hasta con sus propios hijos, Cronos no veía por nadie más que él, ni sus hermanos, ni hijos ni nadie le importaba si tenía que destruirlos para obtener su cometido.

-Cuida tus palabras. – Tercio pacientemente el pelinegro, mientras Hera sorbía tranquilamente de su copa el vino que hacia un momento ella misma había vuelto a verter sobre aquel recipiente de oro y escuchaba atentamente a ambos. – Le he prometido a Hera que no iniciare una batalla contra los dioses, dejare que Zeus reine libremente sin embargo le arrebatare sangre de su propia sangre como el hizo con los míos, Athena y Apolo pagaran por lo que ha hecho su padre como Prometeo, Atlas y mis hermanos, pagaron por el mío.

-Eso espero. – Afrodita hizo una reverencia a las dos deidades en forma de despedida y se apresuro a salir de aquella habitación, en qué momento se había visto envuelta en una guerra como aquella, donde todos los bandos se traicionaban. Fue ahí cuando decidió dejar que Cronos liberara a Ares y una vez que su compañero fuera libre, ella advertiría a Apolo de su inminente fin pues el dios del sol era como un hermano y amigo para ella, por su parte Athena podía pagar con su sangre todo lo que Cronos deseara hacerla sufrir, ella merecía el inminente fin.

Kanon tomo a Aioros con más fuerza por el brazo y miro como su propia dimensión se cerraba tras él, cuando vio el santuario a lo lejos respiro un poco más calmado, solo faltaba un poco para llegar, dirigió una mirada preocupada a su compañero que respiraba con dificultad a su lado y que sentía como su cosmos perdía fuerza poco a poco, le recargo en el suelo y descubrió el pecho del sagita para ver sus heridas, tenía tres heridas y a pesar que la del hombro izquierdo era profunda, se asusto más al ver las otras dos una de ellas rasgaba el abdomen del santo y la otra había perforado a Aioros de lado a lado, pero lo que le preocupo fue el aspecto de ellas.

-¿Qué diablos era ese liquido arquero? – Las heridas estaban ennegrecidas y la piel aledaña a la lesión se encontraba cubierta de tonos rojos y morados como si se estuviera quemando el tejido. – Tengo que apresurarme. – Cubrió con cuidado las heridas de su compañero y se puso del pie cargándolo por el brazo que se paso por detrás de la cabeza. Justo en ese momento una nueva dimensión se abrió y de ella salió la pelinegra aun con la espada en mano sonriendo sínicamente.

-Acaso creías que te dejaría escapar. – Fijo su vista en la espada la cual seguía impregnada de aquel líquido escarlata y que la pelinegra blandió frente a él. – No te lo permitiré, no después de que lastimaras a una diosa como yo, nuestra batalla aun no ha acabado.

La pelinegra se lanzo hacia él e intento atravesarlo con la espada, pero Kanon se impulso hacia atrás esquivando el golpe, aunque tuvo que usar más fuerza pues llevaba a Aioros con peso muerto a un lado de él.

-Kanon… - Menciono débilmente Aioros a su lado. – No dejes que te toque con esa espada, ese liquido…no sé que es… pero tienes que tener cuidado, por el estoy perdiendo todo mi cosmos… - Kanon miro preocupado las heridas de su compañero de las cuales aun brotaban sangre y se asusto al ver tremendamente pálido al amigo de su hermano. – Déjame… - Pidió Aioros pues en aquel momento de lucidez sabía que si el gemelo menor no lo soltaba se arriesgaba a que la diosa le dañara con aquella espada.

-Estás loco arquerito. – Tercio Kanon molesto apretando el agarre de su compañero que no pudo reprimir un quejido de dolor, pues las punzadas volvieron al ataque. – Estamos juntos en esto, además tu club de fans me mata si te dejo morir de nuevo, no quiero estar escuchando a Saga, Shura y Aioria llorar.

-¿Kanon? –

-Dime Cupido. – Menciono Kanon elevándose en el aire, escapando de un nuevo ataque de la diosa que sonrió frustrada.

-Sigues siendo un imbécil. – Kanon no pudo reprimir una risita burlona ante el comentario del arquero, justo en ese momento Enio se materializo a su lado y lo intento cortar con el filo de aquella arma pero logro abrir de nueva cuenta una dimensión por la cual desapareció, cayó al suelo de nuevo un poco alejado de la diosa, que claramente ya estaba molesta.

Aioros volvió a caer en la inconsciencia, por lo que Kanon sonrió con frustración, se aproximo a unos árboles que estaban cerca de ellos, dejo al noveno guardián recargado ahí y se encamino en dirección a la diosa que lo esperaba haciendo danzar la espada en su mano, ojeándola y blandiéndola a diestra y siniestra.

-Te voy a matar. – Siseo enfurecida, se soltó las hombreras de su armadura que cayeron con pesadez al suelo levantando una pequeña nube de polvo, la diosa parecía toda una amazona colérica lo que hizo a Kanon sonreír ante aquel reto, una cosa era engañar a un dios otra muy diferente era destruirlo. No respondió a la palabra de la diosa simplemente se agacho en posición de pelea lo que hizo que la pelinegra arrugara la nariz. – Como odio a los humanos.

-Ya cállate y pelea, no me importa lo que digas. – Este atrevimiento le costó muy caro al menor de los gemelos, pues la diosa levanto una mano que arrogo una onda de expansión, el peli azul trato de detenerla con las manos pero fue arrastrado por ella destruyendo todo a su paso, paso al lado de varios árboles que se derribaron ante aquella magnitud de energía desplazada elevando una columna de tierra y restos de hojas en el aire, hasta que fue a impactarse contra unas rocas, se doblo ante el golpe y cayó de rodillas, sintió como un hilito de sangre salía de la comisura de sus labios lo limpio con el antebrazo e hizo un mohín de disgusto.

-¡Explosión de galaxias! – El ataque brillo con la magnitud de la fuerza de un santo dorado, ciertamente la técnica de Kanon ya no tenía que envidiarle absolutamente nada a la de Saga, pero para su sorpresa la diosa la partió a la mitad con aquella arma y se lanzo a su encuentro, intento darle una estocada, pero Kanon golpeo su mano dirigiendo al arma contra un árbol, que lo partió sin preámbulo.

-Te enfrentas a un dios, una que es un guerrero. – La diosa se apoyo en sus manos e intento derribar a Kanon con sus piernas, pero este dio un brinco hacia arriba esquivándola, cuando cayó al suelo tomo a la diosa del cuello y aprisiono la mano de la espada con su otra mano, mientras sus piernas hicieron lo mismo con la mano que le quedo libre, la diosa se retorció bajo el peso de Kanon y elevo sus piernas tomando al geminiano por el cuello y el papel se invirtió ahora era Kanon quien estaba en el suelo. – Muy hábil de tu parte, pero no lo suficiente.

-Eso crees tú. – Kanon le dio un cabezazo lo que hizo a la diosa irse de bruces contra el suelo, justo en ese momento el peli azul la apunto con un dedo de donde broto un rayo dorado que atravesó el encéfalo de su oponente que no pudo reprimir aquel grito de dolor que parecía como si le hubiesen partido el cráneo, se llevo ambas manos a la cabeza y junto sus extremidades inferiores contra su pecho en un intento de detener aquel dolor. -¿Qué es ese liquido?

Miro la espada que yacía en el suelo inerte a un lado de la diosa, se acerco lentamente a ella en espera que su técnica mental hiciera efecto en aquella mujer que aun se resistía ante aquella terrible técnica, que el dudaba que resistiera si Shura y Aioria habían caído ante ella cuando su hermano la uso contra ellos, el dudaba que la diosa pudiera resistirla, pateo la espada que fue a impactarse en la base de un árbol y después se acuclillo al lado de la pelinegra.

-¿Qué es? – Volvió a repetir apretando con su dedo el lugar por donde había entrado el rayo lo que hizo a la diosa retorcerse de dolor.

-¡Es un veneno! - La diosa abrió desmesuradamente los ojos al ver que vital información había escapado de sus labios mientras detenía de forma atiborrada todas las explicaciones que luchaban por escapar de su boca.

-¿Qué veneno? ¿Quién te lo dio? ¿Quién está detrás de ti Enio? – Kanon hizo más presión en la frente de la diosa que retrocedió arrastrándose por el suelo y golpeo al geminiano justo en el pecho con su puño.

-¡Fue utilizado para intentar despojar a Hercules de sus poderes en la era mitológica! – Enio se levanto y retrocedió unos pasos, tapándose la boca con la mano, Kanon se acerco a la diosa sonriendo con malicia, justo en ese momento la diosa lanzo otra onda expansiva rodeada de fuego que el menor de los gemelos esquivo. – Para un humano es mortal, fue hecho por las mismísimas Moiras, por orden de… - La diosa retrocedió cubriéndose los labios con una mano para impedir que las palabras abandonaran sus suaves y carnosos labios.

-Dímelo. – Kanon la acorralo contra un árbol tomándola por el cuello y apretándolo hasta ver que la diosa comenzaba a faltarle el aire. - ¿Quién está detrás de ti? ¿Qué es eso y para que lo quieren?

-Ella no te dirá nada. – Siseo una voz a su espalda, Kanon soltó a la chica que se deslizo por el árbol hasta el suelo, detrás de él no había nadie pero podía sentir la presencia de otro dios a sus espaldas uno que se estaba escondiendo de él. –Kanon de Géminis, uno de los más dotados por nosotros los dioses y el más malagradecido hacia nosotros.

-No le debo fidelidad a nadie más que Athena. – Tercio Kanon escuchando a Enio toser a sus espaldas. –Muéstrate.

-¡Un humano dando órdenes a un dios! – Bufo la voz furiosa, el entorno comenzó a oscurecerse mientras el bosque se teñía de negro a su alrededor y la vegetación comenzaba a perecer, Kanon miro con indiferencia aquella acción mientras estudiaba con cuidado de donde provenía aquel cosmos. –Sufrirás un castigo igual o peor al del otro santo dorado.

-Déjamelo, yo me encargo de él. – El peli azul miro por encima de su hombro, como Enio se levantaba sobándose con su mano el cuello que había adquirido una coloración rojiza por la presión que Kanon había hecho sobre el terso y delicado cuello de la deidad.

-Enio. – Le llamo la voz, pero la diosa llamo de nueva cuenta su armadura mientras una aura negruzca comenzaba a rodearla, Kanon se dio media vuelta y encaro a la diosa que por primera vez se veía realmente molesta.

-Yo me encargare de él, tú tienes otra cosa que hacer ¡Déjamelo! – Rugió la diosa y sin esperar aprobación del otro dios que se encentraba entre las sombras se abalanzo contra el santo que detuvo las manos de la diosa con sus manos, entrelazándolas pero esta vez la fuerza de la pelinegra lo sobrepaso y le lanzo contra una columna de arboles que sucumbieron ante el impacto. – ¡Nadie me había tocado antes, ningún maldito y sucio humano!

-Espero que hayas disfrutado tu primera vez. – Kanon se incorporo lentamente mientras sentía que un dolor le taladraba el hombro izquierdo, miro de reojo solo para cerciorarse de que tenía clavada una rama en este y otras astillas en otros lugares del cuerpo los cuales comenzaban a sangrar y manchar la armadura dorada de carmín.

-Para ti será la última. – La diosa junto sus manos frente a ella mientras una esfera morada azul comenzaba a formarse entre ellas, el cosmos de ella se elevo demasiado mientras el suelo temblaba ligeramente ante el poder de aquella deidad que siempre había hecho presión en la guerra y que nunca hubiera augurado nada bien, Kanon se preparo no solo para detener el poder si no para lograr contrarrestarlo.

-¡Calamidad sangrienta! –

-¡Explosión de galaxias! –

El impacto de ambos choco produciendo una combinación entre dorado y morado mientras ambos poderes luchaban entre sí, pero el poder de la deidad consumió a la luz dorada junto aquella infinidad de planetas que proyectaba el mayor poder de los géminis, el gemelo menor pudo percibir como su poder fue rodeado por aquel tipo de oscuridad y que se dirigía hacia él.

-¡Muro de cristal! – El poder impacto con la barrera que apareció oportunamente mientras se escuchaba una leve explosión ante el choque contra aquella defensa y el poder se veía reflejado contra la diosa.

Mascara estaba parado en medio de la casa de Cáncer esperando a que los dos mocosos de bronce terminaran de prepararse para aquel viaje, ya que parecía que el grupo de los santos de bronce hacían una ceremonia y todo antes de separarse para pelear, cosa que a él le parecía por demás cursi y una pérdida de tiempo, al final solo era una visita a Yomotsu no tenía intenciones de volver a visitar a los muertos, ni siquiera de quedarse a vivir con ellos.

-Mascara. – Le llamo Afrodita desde el sillón donde estaba sentado sacándolo de sus pensamientos. – Se amable con ellos ¿Quieres?

-¿Por qué seria amable con ellos? – Menciono molesto hacia su amigo que contemplaba absorto los pétalos de una rosa que tenía entre sus dedos.

-Les debemos mucho. – Respondió Afrodita encaminándose hasta el centro del salón de batallas donde se encontraba su compañero, el de cabellos celestes se detuvo a su lado y suspiro con cansancio. – No somos los mismos y no podemos fingir que no nos arrepentimos de los errores que cometimos con ellos.

-¿Con los caballeros de bronce? – Mascara alzo una ceja y sonrió con sorna últimamente su compañero estaba volviéndose un poeta muy melancólico, Afrodita desapareció la rosa que miraba con fijeza y clavo sus ojos azules en los de su compañero.

-Me refiero a nuestros compañeros, jamás debimos darle la espalda a los demás. – Mascara bufo a su lado aun sin aceptar abiertamente lo que él pensaba a diario y que veía como una parte oscura muy oscura de su pasado como traidor, porque todos se equivocaban al culpar y señalar a Saga quien solo había sido la victima ellos, tanto Mascara como Afrodita fueron los fieles compañeros de Ares. – Algún día podrás admitirlo. – Le animo Piscis a su lado sonriéndole.

-No pongas palabras en mi boca pececito. –

-No lo hago, ni siquiera puedes hacerlo tú. – Afrodita se dirigió hacia la salida de Cáncer dispuesto a regresar a su templo pero se detuvo en el umbral de la puerta mirando hacia el coliseo donde sabia que estaban los santos de bronce despidiéndose entre ellos, se giro un poco y observo que Mascara estaba recargado con el brazo en un pilar mirando hacia la casa de Aries y por un segundo aquella imagen le hizo sonreír. – Mascara.

-Pensé que ya te ibas. – Mascara se recargo con la espalda en aquella pilastra mirando socarronamente a su compañero intentando hacerlo enojar. - ¿O acaso lloraras como los santos de bronce?

-No. – Menciono Afrodita mirándolo desafiantemente mientras su amigo le retenía la mirada juguetonamente, Mascara jamás le permitiría decirle que se cuidara o que esperaba volver a verlo pronto, el era de los santos que siempre querían hacerse los fuertes y valientes, como si nunca temieran a nada. – Olvídalo. – Tercio restándole importancia, pero cuando piso el primer escalón hacia leo escucho la voz de su amigo llamándolo.

-Voy a regresar, lo prometo. – Piscis abrió los ojos con sorpresa ante lo que acababa de escuchar del italiano, que lo miraba tranquilamente con una sonrisa tranquila en la cara y una mano detrás de la cabeza sobándose el cuello con ella. – No tienes por qué preocuparte, amigo.

-Mascara. – Fue lo único que atino a decir en ese momento pues se había quedado completamente en shock, jamás pensó oír lo que acababa de escuchar ¡Jamás! Rio alegremente por aquellas palabras y miro a su amigo que se rascaba la nuca apenado, eso era una muestra enorme del cambio que había sufrido el santo de cáncer. – Eso espero, ten mucho cuidado. – Hizo una señal de despedida y continuo su ascenso hacia leo.

-Que conmovedor fue eso. – Menciono una voz burlona detrás de él aplaudiendo; Mascara de la muerte volteo claramente enfadado hacia su invitado, Shiryu no había perdido tiempo y se había quemado toda la escena junto al discípulo de Camus que se mantenía por demás serio, pero conociendo al maestro, sabía que el alumno se estaba carcajeando de risa en su interior.

-¿Ya terminaste de despedirte de tus novias? – Gruño Mascara con enfundo levantando su dedo índice mientras un hilo azul comenzaba a brotar de la punta de su ultima falange, Shiryu dejo de reír y miro a Hyoga que se mantuvo calmado ante aquel comentario, lo siguiente que sintieron fue el golpe de las ondas infernales del santo de la cuarta casa, quien no saco sus almas tranquilamente si no que les provoco dolor al hacerlo.

Cuando Shiryu reacciono se encontraba tirado de bruces, levanto el rostro para observar la colina de Yomotsu desértica donde hileras de almas aun continuaban lanzándose hacia el vacio del infierno el cual solo tenía el nombre ya pues sin el reinado de Hades, las almas una vez en el inframundo descansaban aquel sueño eterno del que eran merecedoras después de años de sufrimientos en la tierra. Escucho un gemido a su lado y observo a Hyoga a su lado que recién acababa de despertar.

-¿Estás bien? – El rubio asintió a su lado.

-Piensan quedarse todo el día ahí tirados. – Les apresuro la voz característica de Mascara de la muerte a su espalda, ambos voltearon justo para ver al santo emprender el camino hacia el inframundo, renegando de ellos dos. – Camus y Dokho no son nada flojos como este par.

-¡Oye! – Se quejo el aprendiz de Dokho parándose de un brinco y siguiéndolo, Hyoga se levanto con calma, contemplando su alrededor y mirando hacia la hilera de personas que caía hacia el vacio donde encontraban el sueño eterno, busco entre ellos el alma de su maestro Camus, pero luego se reprendió a sí mismo, él jamás perdería contra un juez del infierno no importaba si era el mismísimo Radamanthys. -¡Hyoga vamos! Este incompetente no nos va a esperar.

-¡Te oí! – Refuto el santo de la cuarta casa, sonriendo para sus adentros de la extraña relación que había desarrollado con el dragón de bronce, si en cierta parte no eran amigos no podía decirse que su enemistad les impidiera divertirse a expensas del otro. –Apúrense.

Se dirigió a una de las entradas que él conocía a la perfección y que le conducían al infierno, pero se sintió abrumado por unos segundos, no supo la causa pero miro hacia atrás para cerciorarse de que los niños de bronce le seguían de cerca, por algún motivo no quería perderles ahora que se habían vuelto famosos en toda la orden.

-Sera mejor separarnos. – Sugirió el ruso mirando en dirección de Cáncer quien alzo los hombros como si no le importarse separarse, continuo avanzando hacia la profundidad del infierno que se encontraba en escombros a como el recordaba, las pocas veces que había estado ahí lo había conocido en todo su esplendor pero era un lugar deshabitado no había espectros y Hades estaba aun sin despertar.

Hyoga camino en silencio buscando algún espectro o actividad pero todo se veía tan deshabitado y destruido, sintió por unos segundos pena de aquel lugar, mientras la melancolía que rememoro cuando estuvo por última vez ahí lo volvía a embargar, había perdido a muchos durante esa guerra santa y fue una suerte el recuperarles. Él jamás había anhelado una vida como el antiguo maestro de libra ni el patriarca, sabia a la perfección que él no podría ver tantas muertes y continuar adelante. Ya había perdido a muchos camaradas y personas importantes para él por culpa de las batallas no permitiría que Hades resurgiera a la vida y le arrebatase todo aquello que Athena recupero con su sacrificio.

-Me sorprenden que sigas aquí. – Siseo una voz detrás del rubio, para su sorpresa Flegias de Licaon estaba detrás de él, aquel espectro a quien él y Shiryu no había podido derrotar y que fue necesario la ayuda del menor de los géminis para conseguirlo.

-Tú deberías estar muerto. – Contesto fríamente el ruso, mientras unos trozos de hielo se desprendían de su mano y se destruían en el aire, el espectro brinco hasta el, Hyoga no dudo y le ataco con su polvo de diamantes pero el espectro logro esquivarla.

-Hay más de una forma de volver. – Rio aproximándose al rubio que congelo todo a su alrededor como amenaza, al tiempo que sentía el cosmos de Shiryu dirigiéndose hacia donde él se encontraba, Flegias se detuvo al ver como el hielo subía por su pierna congelando su sapuri. –Parece que se te olvido lo que puedo hacer.

Movió su pierna destruyendo el hielo que había creado Hyoga hacia unos segundos y se aproximo hacia él mientras unos haces morados aparecían en sus hombros indicando el poder que el espectro pensaba lanzar contra él, cargándose con unos rayos morados a su alrededor, que fueron expelidos contra el ruso, que logro esquivar uno de ellos, pero el otro impacto directamente en su estomago lanzándolo por los aires, cuando aterrizo en el suelo este se desquebrajo bajo el al tiempo que sentía el dolor recorrerlo por completo.

-¡Hyoga! – El dragón se acerco a su amigo, quien se levantaba con una clara expresión de dolor en el rostro y tosió sangre, Shiryu le ayudo un poco y ambos miraron al espectro que sonreía sarcásticamente y sin ocultar el odio que le profería a ambos santos.

-El otro débil, que hará un par de incompetentes contra mi esta vez, no hay ahora un santo dorado que les proteja. – Rio el espectro.

-¡Dragón naciente! – Shiryu lanzo su técnica contra el espectro quien lo detuvo con una mano, Hyoga aprovecho el momento para congelar su puño y lanzar el polvo de diamantes contra el espectro que lo recibió por completo congelándose. - ¿Lo conseguimos? – Pero apenas el pelinegro termino de decir la frase cuando el espectro logro liberarse del hielo que lo había cubierto.

-Aullido infernal. – El ataque volvió a rendir efecto sobre ambos santos que cayeron por separado en el suelo, Shiryu no perdió la conciencia esta vez por lo que elevo un poco el rostro por encima de aquella tierra morada-negruzca para ver que Hyoga se levantaba tambaleándose hacia atrás y adelante, justo en ese momento un haz azul eléctrico comenzó a danzar en el aire mientras otros llegaban junto con él.

-¿Por qué no me sorprende que estés en el suelo? – Mascara de la muerte camino junto a él y se acuclillo a su lado mientras lo miraba con burla y dejaba escapar una carcajada, el espectro miro con fiereza al santo dorado que recién llegaba, retándolo con la mirada, Mascara ignoro por completo al espectro y tendió la mano para ayudarlo a pararse a Shiryu quien la tomo desconfiado, como si en algún momento el cuarto guardián fuera a gastarle una broma, la acepto dudoso.

-¿Qué hace aquí un maldito santo de oro? – Tercio furioso el espectro acumulando su cosmos, pero vio al santo sonreír triunfante frente a él.

-Parece que no te has dado cuenta de que mi técnica ya tuvo efecto en ti. – Menciono sádicamente Mascara, el santo apunto con su dedo índice detrás del espectro, que volteo por encima de su hombro solo para sorprenderse de sobremanera al ver su cuerpo tirado en el suelo ¿En qué momento él había separado su cuerpo de su alma? – Las ondas infernales, esos haces luminosos que acabas de ver me permiten hacerlo, pero eso no es solo lo que planeo hacer contigo.

-¿Qué? No, espera. – Menciono el espectro asustado retrocediendo hasta situarse al lado de su cuerpo, intentando regresar a él pero haciéndolo en vano, por lo que Mascara sonrió con melancolía a cuantas victimas en su pasado no había visto hacer aquello, mientras el disfrutaba de lo lindo ante la desesperación y angustia del perjudicado, que tristeza y pesar le traían recordar aquello.

-Sepultura de almas infernal. – Siseo tenuemente, los haces luminosos que rodeaban al santo de cáncer se dirigieron hacia el espectro, mientras estos se volvían llamaradas azules e incendiaban el alma del espectro que ardió al instante consumiéndolo en aquel fuego fatuo, que se encendió hasta consumir todo rastro del espectro quien gritaba con furia y dolor, dirigió una última mirada iracunda al trió de santos y después el fuego se extinguió junto al alma del espectro, Mascara miro el cuerpo que yacía inerte en el suelo que se volvió ceniza combinándose que la tierra del lugar.

-¿Qué es eso? -Pregunto el pelinegro sorprendido de ver por primera vez aquella técnica del santo de cáncer, las ondas infernales las conocía a la perfección pues ya había sido víctima de ellas más de una ocasión, pero aquel fuego azulado jamás había visto algo parecido o escuchado hablar a su maestro respecto a aquella técnica de cáncer.

-No ha sido nada el salvarte la vida. – Se burlo el santo dorado pero borro su sonrisa al sentir un cosmos enorme que equiparaba la fuerza de los jueces del infierno, incluso llegaba a superarla justo en ese momento observo como una esfera de fuego oscuro se dirigía hacia ellos destruyendo todo lo que tocaba a su paso, su tamaño era de tal magnitud que ninguno de ellos lograría esquivarlo, Mascara se adelanto corriendo hacia ella y puso ambos brazos frente a ella para detenerla mientras escuchaba a los dos chicos de bronce gritar su nombre, el poder le hizo retroceder de sobremanera mientras sentía el calor en sus palmas y aquel ataque amenazaba con explotarle en las manos, le hizo retroceder a tal grado que lo hizo impactarse contra un muro de piedra solida detrás de él y el poder exploto en sus manos golpeándolo.

Cayo al suelo en un golpe sordo y mareado por el impacto, sintiendo el dolor de las quemaduras en sus manos y la fuerza de la explosión de aquel poder colosal le había causado una herida profunda en el estomago del cual comenzaba a brotar sangre, se ayudo con las manos para incorporarse sintiendo que las fuerzas le abandonarían en cualquier momento, Hyoga y Shiryu se aproximaron hacia él pero se detuvieron porque en medios de los tres apareció un hombre alto de cabello corto color azul celeste y ojos verdes, que parecían dos gemas, Mascara antes de que lograra incorporarse él, recién llegado le propino un puñetazo a Hyoga y una patada al pelinegro que no alcanzaron a reaccionar debido a que el enemigo se había teletransportado a una velocidad impresionante.

-¿Quién diablos eres? – Balbuceo Mascara haciéndose presión sobre la herida y elevando su cosmos para detener el sangrado, el oji verde le miro con superioridad lo que hizo al cuarto guardián arrugar la nariz molesto. El peli azul intento tomarlo del cuello, pero Mascara detuvo su mano con dificultades mientras analizaba los límites del cosmos del recién llegado, no era un espectro su poder era superado por el oji verde, tampoco debía ser un juez del inframundo ¿Acaso era un dios?

El de cabellos celestes intento golpearlo con su mano libre pero justo en el momento que pretendía hacerlo, Cáncer alzo su otra mano rodeada de fuego fatuo y contrarresto el golpe, para cuando se percato le había teletransportado al aire, unos cuantos metros por encima de donde estaban los dos santos de bronce y caían en picada, si llegaban a impactarse contra el suelo Mascara recibiría la fuerza del golpe por completo, trato de zafarse pero el oji verde le sujeto con más fuerza, por lo que unos segundos antes de tocar el suelo Mascara cambio papeles con su enemigo quien recibió el golpe, pero para su sorpresa le pateo el estomago sacándole todo el aire y lanzándolo contra el suelo, que se levanto por la fuerza del ataque.

-¿Quién eres? – Shiryu observo la nube de tierra que se levantaba, buscando con la mirada a Mascara, se sorprendió de ver la careta del cangrejo dorado en suelo partida a la mitad y observo un surco enorme en el suelo, como si hubiese caído un meteorito ahí mismo. El de cabellos celestes se acerco hasta el dragón que se incorporo lentamente.

-Yo soy el cuarto juez del infierno. – Refuto vanagloriándose y extendiendo los brazos hacia los lados, el fuego oscuro broto de sus palmas avanzando hasta sus hombros dispuesto a lanzar ese ataque contra el caballero de bronce. – Mi nombre es Triptolemos.

-Eso es imposible – Hyoga llego al lado de su amigo, el ruso estaba bañado en sangre debido a los golpes que había recibido pero aun se mostraba tranquilo, Shiryu analizo por completo las heridas de su compañero y vio que más de una era grave.

-Soy un juez que busca la justicia, por ello no me relacionan con los otros tres jueces del infierno. – El juez no se preocupo en ocultar su desprecio por los otros tres mientras el fuego alrededor de sus manos danzaba peligrosamente. – Yo no juzgo a las almas corrompidas, yo apruebo la entrada a Elíseos, soy el encargado de proteger los misterios de ese lugar sagrado el cual ustedes dos han pisado sin mi autorización.

Hyoga lanzo una columna de hielo enorme para contrarrestar el fuego que se aproximaba hacia ellos, pero una vez que ambos poderes estuvieron cerca uno de otro, el hielo se derritió por completo evaporándose sin ni siquiera inmutar el ataque de Triptolemos, Shiryu uso el dragón naciente para frenarlo pero el fuego del peli azul se transformo al igual en un dragón oscuro de ojos rojos que devoro al del caballero de dragón dirigiéndose a ellos. Pero justo antes de que los impactase escucharon el chasquido de unos dedos y las almas de ambos caballeros de bronce desaparecieron del inframundo regresando a la casa de Cáncer.

-Veo que los has vuelto a la tierra. – Menciono el cuarto juez, mirando a lo lejos a Cáncer respirar con dificultad, aun continuaba en el suelo recargado sobre sus brazos que temblaban por la adrenalina y el dolor de aquellos golpes. – Pero no podrán huir al poder de un semi-dios.

-Según la mitología, tú ayudaste a Demeter a encontrar a Persefone ¿Cómo terminaste siendo un juez? – Balbuceo el de cáncer, mientras sentía un mareo que le hizo aferrarse al suelo con fuerza, sintiendo el sabor escarlata de su sangre en la boca y vio unas cuantas gotas de sangre caer al suelo, que se tiño de un color marrón rojizo.

-Yo la ayude a encontrarla, pero debido a mi servicio prestado a la diosa Demeter, el dios del inframundo me obligo a comer el fruto prohibido del infierno, aquel que te ata para siempre a este lugar por toda la eternidad, mi función era que ninguno de ustedes pisara elíseos, pero Hades me ordeno sacar a Persefone de ahí y durante mi ausencia mi señor resulto herido por la maldita Athena. – Siseo enfurecido el juez lanzándose contra Mascara que con dificultad pudo esquivarlo, las llamas negras cayeron desde una columna en el cielo hacia el santo que sintió el ardor y dolor de su piel recorriéndolo mientras su vista se nublaba y le faltaba aire para respirar, cayó al suelo agotado, sus brazos temblaban y necesito toser para que sus pulmones se llenara de aire, escupió el liquido escarlata, y saboreo el sabor metálico una vez más en su boca.

-Triptolemos. – Escucho la suave voz de una mujer que llamo al cuarto juez, levanto su vista hacia ella solo para reparar en los ojos rojos de ella que le miraban con dulzura, pero que mantenía una expresión dura en su rostro su cabello del mismo color de sus ojos caían a los lados de sus hombros blanquecinos, llevaba un vestido blanco con pequeños detalles rojos que hacia un contraste muy brusco con los colores del infierno. – Has sido muy duro con él.

-Aun no hemos terminado. – Cáncer se incorporo haciendo a un lado el dolor que recorría su cuerpo, sobreponiendo su orgullo a la adversidad que enfrentaba. Había salvado a los dos santos de bronce por respeto a sus compañeros dorados con quien claramente nunca había convivido pero por quien raramente había desarrollado una relación de compañerismo a partir del muro de los lamentos, por lo que salvar a sus niños fue una forma de demostrárselos, el era un santo diferente uno que haría arder su vida por Athena y la justicia.

Triptolemos tomo el hombro de Persefone haciéndola retroceder y situarse detrás de él, mientras veía una mirada llena de interés por parte de la diosa hacia él, una mirada que le incomodo por completo porque vio oscuras intensiones en ellos y no le gusto nada que aquella mirada no fuera para él si no para el santo de cáncer que estaba frente a él.

-No le mates por favor Triptolemos, tengo grandes planes para él. – Menciono la deidad caminando hacia la nada y evaporándose en el aire con un destello rojizo. Triptolemos no perdió tiempo junto sus manos al frente de él creándolo una esfera oscura la cual elevo en el aire y comenzó a crecer de forma colosal, el fuego ardía en su interior y despedía rayos plateados que volvían a introducirse al poder del semi-dios.

Mascara se rodeo de fuego fatuo, cerro sus ojos por unos segundos elevando su cosmos al máximo, el aura dorada le rodeo mientras las esferas azul eléctrico aumentaban alrededor de él. Por unos segundos divagaron sus pensamientos hacia el Afrodita, el patriarca y su diosa Athena quien tal vez no le verían regresar pero se alegro de haber salvado a los dos mocosos de bronce. Sintió el poder de Triptolemos acercarse hacia él, lo que lo saco de sus pensamientos, abrió sus ojos contemplando la magnitud de aquel ataque y apunto con su dedo índice hacia su enemigo.

El fuego fatuo brillo con mayor intensidad y adquirió una coloración rojiza significado de que las llamas comenzaban a incendiarse y su poder aumentaba en fuerza, de su dedo índice salió un rayo hacia el cuarto juez y antes de que el poder se acercara más las almas que ardían a su alrededor se hicieron múltiples haces que se juntaron para formar una columna de oro rojizo que impacto justo en medio del poder del semi dios y lo atravesó por completo destruyéndolo y causando una explosión que ilumino el infierno, el poder de Mascara continuo su trayecto hasta que golpeo al semi-dios arrogándolo contra el suelo.

-¡No es posible! – El juez lanzo un nuevo ataque hacia el santo destruyendo todo a su paso, mientras la oscuridad consumía aquella luz dorada que el santo había creado.

Shura se encontraba sentado sobre una roca, tenía su mentón recargado en su mano y miraba hacia Rodorio con pesadez, el clima era demasiado caluroso y ardiente, podía ver claramente como el calor se elevaba hacia el cielo; Aldebaran estaba recostado sobre el suelo tapándose con una mano el sol que se filtraba por las hojas de aquel frondoso árbol, ambos santos estaban calmados aparentemente, pues su atención se fijaba en el cosmos de sus compañeros que se elevaba a lo lejos o que sufría vuelcos abruptos al recibir un poder demasiado fuerte.

Y de repente Seiya cayó al suelo al romperse una rama de aquel árbol, que sucumbió bajo su peso lo que hizo que Aldebaran se incorporara por la impresión y a Shura ponerse pálido, cuando ambos asimilaron la acción rompieron a reír en plena carcajada suelta, que les llevo incluso a sujetarse el estomago con fuerza.

-¿Te encuentras bien Seiya? – Shun estiro una mano para ayudar a su amigo a levantarse pues este aun no terminaba de sobarse y se veía claramente el chichón que se le formo en la cabeza por el golpe.

-Ya dejen de reírse de mí. – Se quejo el japonés, viendo de reojo a ambos santos dorados partirse de risa pero era una risa nerviosa ¿Cómo habían dejado todo, TODO en manos de aquel niño?

-Perdón Seiya pero no dejas de sorprenderme. – Tercio Aldebaran levantándose, se estiro haciendo crujir todos sus huesos, mientras el español sonreía divertido a su lado y se levantaba el también.

-Iré a… - Shura a penas les había dado la espalda sintió como un escalofrió le recorrió la nuca al sentir un cosmos enorme, nunca había sentido uno igual incluso el de Athena era muy inferior a aquel Cosmos que cubría al santuario, el cielo comenzó a oscurecerse y la tierra tembló bajo sus pies y de repente una luz golpeo el templo de Athena.

-¿Cómo ha logrado atravesar las doce casas y traspasar la barrera de Athena? – Shun miro con sus ojos verdes el palacio mientras grandes rocas caían del cielo incendiadas e iban a impactarse contra las 12 casas o los otros templos de los aprendices destruyendo e incendiando todo a su paso, los gritos comenzaron a elevarse y varios guardias corrían con heridas graves o quemaduras.

-¡Excalibur! – El haz verde broto del brazo de Shura, elevándose por el cielo hasta partir en dos un meteoro de tamaño colosal que se dirigía hacia ellos y que paso a su lado evitando el impacto.

-¡Gran cuerno! – Todos comenzaron a utilizar sus cosmos o poderes para destruir aquellas figuras colosales que se acercaban a ellos solo con la misión de herirlos. Fuera quien fuera el que estuviera frente a Athena en esos momentos debía ser tan poderoso como Zeus, Poseidón o Hades e incluso hasta más, un meteoro choco contra una de las casas de las amazonas destruyéndola por completo, Aldebaran respiro tranquilo al comprobar que aquella casa se encontraba sola y su dueña había salido ilesa de aquel ataque.

Aquel era un panorama desolador, quien fuera aquel dios o titán que estuviere frente a la diosa de la guerra justa era alguien de temerse pues podía causar estragos a distancia como el que estaba ocurriendo en ese preciso momento y que ni las técnicas lanzadas al por mayor de Shura, Aldebaran, Seiya y Shun se daban abasto para defender las poblaciones cercanas al santuario o incluso al mismo recinto pues hasta las doce casas estaban sufriendo estragos y se podía ver en la lejanía los cosmos de Shaka y Dokho defendiéndolas.

No había pasado ni dos horas desde que Zeus volviera al Olimpo, cuando aquel cosmos apareció de repente, ni siquiera ella había podido prevenirlo ni detenerlo atravesó la barrera de las doce casas y el salón patriarcal que impedía la teletransportacion o materialización de cualquiera aun fuera un humano o un dios. Pero quien estaba frente a ella la sobrepasaba en poder y categoría, un meteorito impacto frente a ella justo en su terraza, el suelo retrocedió ante el impacto, una nube de polvo se levanto combinándose con el humo que expedía aquella piedra incandescente, entre la espesura de aquella barrera grisácea vio una figura humana y unos penetrantes ojos rojos, retrocedió unos pasos mientras Nike aparecía en su mano.

-Athena… - Le llamo una voz gruesa que creía no volver a escuchar nunca, Shion llego justo en ese momento pero ella le freno con una mano, por lo que el patriarca se detuvo de improvisto a su lado Saga se mantenía en silencio mirando con insistencia al recién llegado.

-Cronos. – Menciono la pelilila y por primera vez como deidad temió, no por la fuerza del enemigo si no porque conocía las consecuencias que un titán como Cronos despertara, si la era del raciocinio había llegado con los dioses que aun estos eran volubles, los titanes no conocían de razones ni piedad, tendían a destruir todo en su camino no importaba si fueran sus creaciones o sus propios hijos y el titán Cronos era uno de esos.

-Que bajo han caído los dioses. – El dios salió del fuego y se acerco a la que fuera su nieta que interpuso una barrera entre ella y el titán que sonrió ante la acción de ella, estiro un solo dedo y toco el escudo que desapareció al instante, justo iba a poner una mano frente a ella, no con buenas intenciones, Shion se acerco a la velocidad de la luz y teletransporto a su diosa hacia atrás, pero se vio sorprendido de que el titán lo había hecho con ellos, el patriarca volvió a realizar la acción, en un intento desesperado de alejar a la diosa de la sabiduría del titán Cronos y antes de que volviera a repetirse lo mismo Saga se interpuso entre el titán y las dos máximas autoridades del santuario.

-Cronos detente. – Athena a unos metros alzo furiosa por aquella intromisión Nike que brillaba con intensidad de un color dorado, los ojos de la deidad se veían mas azules que de lo normal y su rostro se veía claramente consternado. - ¿Quién te ha liberado del tártaro?

-Eso a ti no te importa. – El titán se aproximo pero Saga le cerró el paso, elevando su cosmos como amenaza, se detuvo para mirar a aquellos dos hombres que en realidad eran poderosos pero no para alguien como él, el gemelo mayor clavaba fijamente su vista en él sin preocuparse en ocultar su enojo, lo cual le molestaba mientras los ojos violáceos del lemuriano le estudiaba con interés. Levanto una mano hacia Saga y de ella broto una onda que hacia retroceder todo lo que tocaba, Saga lanzo un destello dorado de una de sus manos y aquel poder detuvo el de la deidad, quien elevo las cejas con sorpresa.

-Cronos, regresa a tu prisión. – Athena comenzó a encender su cosmos ya no como una advertencia la diosa pensaba contrarrestar aquel ataque, su armadura divina apareció frente a ella, la diosa deslizo suavemente su mano y esta se desplego para vestirla. – Eres un dios malévolo y cruel, no permitiré que dañes más.

-No conoces los límites de mi poder. – Cronos lanzo una llamarada hacia Saga que intento detenerla pero le exploto en las manos, el titán se acerco a una velocidad que superaba a la de la luz y golpeo el rostro del gemelo mayor lanzándolo hasta piscis, Shion por su parte elevo el muro de cristal, pero el titán con un solo golpe rompió aquella barrera que se destruyo dejando oír los cristales al caer al suelo, alzo su puño pero Shion lo tomo, deteniéndolo lo que sorprendió aun más al titán. ¿Cómo unos humanos podían detener el puño de un dios? Uso su otra mano y tomo el cuello del patriarca, estrellándolo contra una de las pilastras, estrecho más su agarre y vio como la piel del lemuriano se puso roja por la presión, pero se vio lanzado por los aires por el poder telepata del patriarca que se sostuvo de la columna mientras el aire regresaba a sus pulmones y Athena llegaba a su lado.

-Shion ¿Te encuentras bien? – Pregunto la pelilila, Shion asintió a su lado y miro fieramente al titán, una mirada que jamás Athena había visto en su patriarca, ni siquiera por más enojado que estuviera con los caballeros dorados la había llegado a mostrar y en sus recuerdos de su vida pasada, remembro haberlo visto así más de una vez, cuando Shion era un caballero dorado joven y no tenía la sabiduría que había acumulado en años, esa mirada llena de decisión.

-Reconozco que tu caballero es fuerte. – Cronos se levanto mientras sus ojos rojos miraban iracundos al lemuriano, quien se había atrevido no solo a detener a un dios si no también a atacarlo, se sacudió el polvo que cayo sobre su túnica.

-Es mi patriarca. – Athena se dispuso a pelear, alzo su báculo pero la mano de Shion la detuvo mirándola paternalmente y le sonrió, cuanta diferencia había entre las miradas que podían dedicar el patriarca a quienes le rodearan aquella estaba cargada de calidez y amor, Shion avanzo dejándola atrás de él y su cosmos comenzó a rodearlo, se retiro la túnica dejando una ropa de entrenamiento bajo aquella sotana.

-Antes de ser el patriarca, fui el caballero dorado de Aries y mi deber es proteger a Athena, no importa si es un dios o titán quien le atacan, mi vida es de ella y la sacrificare por cuidarla. – Cronos sonrió al ver la determinación en la mirada de Shion quien elevo una mano hacia el cielo, mientras múltiples estrellas comenzaban a juntarse en el firmamento, el polvo del universo se comenzó a condensar por encima de él.

-¡Revolución estelar! – Un sinfín de proyectiles brillantes dorados cayeron del cielo en un instante hacia el dios Cronos en forma de lluvia, formando una masiva explosión, la lluvia de meteoritos y estrellas parecía no cesar mientras una luz cegadora encandecía a su alrededor, pero una masa oscura comenzó a absorber la luz.

-¡Maldito y estúpido humano! – Cronos estaba sangrando de la ceja izquierda y miro a Shion iracundamente quien sonrió al herir no solo el cuerpo de un titán si su orgullo que para ellos era más preciado. – Te matare, los asesinare a todos.

Cronos se lanzo de nueva cuenta a Shion, lanzo un puñetazo que el lemuriano detuvo pero el segundo golpe del titán pelinegro fue contra su hombro, que destruyo en ese instante la articulación y fracturo su brazo izquierdo, Shion sintió la sangre correr por todo su brazo hasta sus dedos que comenzaron a dejar caer lentamente gotitas de sangre al suelo mientras el dolor se irradiaba a todo su cuerpo, se separo unos metros del titán y se llevo instintivamente su mano derecha al hombro para hacer presión, miro hacia la palma de su mano llena de su propia sangre.

-¡Shion cuidado! – El grito de Saori le alerto justo a tiempo para teletransportarse y evitar el ataque de Cronos quien le persiguió, Shion golpeo el rostro rompiéndole el labio al titán pero este tomo el pie de Shion para derribarlo hacia el suelo una vez ahí asesto inmisericordemente varios pisotones en el hombro fracturado de Shion, sin piedad, la sangre salía salpicada y mancho el zapato de la armadura del titán, el lemuriano resistió todas aquellas investidas que eran ondonas de dolor para él, pero en cuanto vio la oportunidad tomo el pie del dios de titanes y lo arrogo contra una pilastra.

-¿Shion? –Athena le llamo pero el patriarca alzo una mano restándole importancia a la herida que ciertamente sentía le estaba carcomiendo el hombro, miro despreocupadamente a la deidad acercándose a ella, Athena toco suavemente la herida del lemuriano manchándose sus dedos de la sangre pero hizo brillar su cosmos reconfortando y curando un poco la herida del patriarca quien sonrió agradecido. – Shion no podremos vencerlo.

-Athena, el es una amenaza para todos, incluso para usted. – Shion miro al titán levantándose haciendo explotar todas las piedras y escombros a su alrededor, se limpio la sangre que brotaba débilmente por su rostro y los meteoros que caían del cielo aumentaron en cantidad destruyendo las barracas de los demás caballeros y amazonas y golpeo la casa de Leo reduciéndola a escombros. – Athena levante un escudo para proteger al santuario yo me encargare de él.

-Iluso ninguno de los dos, saldrá con vida. – Cronos comenzó a ser rodeado por una especie de materia oscura que salía del suelo y lo rodeaba como una espesa niebla, Shion avanzo protegiendo con su cuerpo de cualquier impacto al de su diosa y rodeándose al igual del cosmos dorado.

-Gobierno de fenómenos. – La materia oscura se desplego en todos los elementos existentes en la tierra y espacio a excepción del rayo, el cual solo era manejado por el dios Zeus, llamaradas de fuego se dirigieron hacia él, el suelo temblaba bajo sus pies y devoraba partes del santuario hundiéndolos en el abismo, el viento se convirtió en cuchillas cortando todo a su paso y el agua oscura que invoco la deidad se transformaron en agujas negras que penetraron el cuerpo de Shion, causándole innumerables daños.

-Extinción de luz estelar. – De los brazos de Shion broto la luz que causo una explosión contrarrestando alguno de los poderes del titán y eliminando objetos frente a él, golpeo al titán que retrocedió mientras la luz aumentaba solo algunas de sus agujas atravesaban aquella explosión del patriarca y en la cúspide del poder de Shion el estallido de aquella estrella lanzo al titán por los aires y dejo una devastación a su paso, el lemuriano callo severamente herido por la técnica de Cronos y miro cansadamente el lugar por donde el titán había caído sintiendo sus fuerzas acabadas y perdió el conocimiento.

-Cronos. – Le llamo la voz de Japeto que hizo que Athena volteara sobresaltada al ver a otro titán frente a ella. – Es hora de marcharnos.

-Japeto ¿Qué haces aquí? – Athena destruyo el cosmos de Cronos que se mantenía en el cielo y hacia caer aquellos meteoritos rodeados de fuego y que destruían todo lo que impactaban, volteo a ver al titán de cabello corto y rubio que le caía a un lado de los oídos, quien giro su rostro al escuchar la pregunta de la peli lila y observo sus ojos rojos al igual que los su hermano Cronos, pero los de Japeto mostraban un profundo odio no solo como el de su hermano si no que se teñían de una tristeza que la deidad de la sabiduría pudo percibir.

-Solo he venido por un presente para los dioses. – Menciono destilando odio en cada palabra y después mostro lo que traía entre sus manos, en ellas se encontraba la urna donde estaba sellada el alma de Ares. Y fue cuando lo comprendieron los poderes y hasta el mismísimo Cronos eran una distracción para ella, mientras Japeto buscaba en el santuario por ella.

-¡Hera les ha liberado! – Bramo Athena furiosa lanzando una descarga hacia Japeto que la repelió con una mano, Cronos se coloco a un lado de su hermano quien sonrió triunfal al contemplar el daño que había causado en el santuario, el lugar más seguro en la tierra y donde Zeus había guardado por un tiempo su armadura.

-Dices amar a los humanos pero no has ayudado a aquellos que también los amaron. – Japeto desvió su mirada hacia el firmamento mientras desaparecía en compañía de su hermano, haciendo alusión con aquella frase a sus hijos quienes habían sido castigados durante toda la eternidad por Zeus, una vez que los dioses ganaron sobre los titanes.

¡Apolo! – Grito Afrodita introduciéndose al templo de su igual al cerciorarse que Cronos estaba entregando a Hera aquella urna, el dios de cabellos rojos alzo una ceja pues le sorprendió ver a Afrodita correr dentro de su templo, algo muy inusual, bastante. La deidad del amor que sentía cierto respeto al dios se detuvo al sorprenderlo charlando con su gemela que estaba sentada en una pequeña silla viéndola fijamente.

-¿Está todo bien? – Pregunto Artemisa sonriendo burlonamente al ver tan desaliñada a la orgullosa y vanidosa diosa del amor, ella negó rápidamente con la cabeza y se acerco a los gemelos que se levantaron de forma respetuosa al verla entrar.

-¿Qué ocurre? – Menciono consternado el dios del sol, Afrodita cerró las puertas de la habitación donde estaban y les indico a los dos bajar y ocultar su presencia en el Olimpo.

-Hera les ha liberado y si ellos cumplían con regresarle a Ares, ella les entregaría el Olimpo. – La cara de los gemelos se desfiguro asustados, no habían comprendido del todo las palabras de Afrodita pero sabían que no auguraban nada bueno para ellos. – Te ha entregado a ti y Athena como cambio.

-¿Qué? – Artemisa se sobresalto, al escuchar que su hermano era parte de un trato, uno donde tal vez interponía su vida como deidad. - ¿Ha quienes a liberado?

-¡A los titanes! – Apolo arrugo visiblemente molesto el ceño y se acerco a Afrodita, quien le abrazo, si bien la deidad había tenido sus deslices con el dios del sol, le guardaba un profundo aprecio y respeto a él pues Apolo siempre se había portado como un caballero frente a ella, no como muchos amantes que solo había compartido su lecho por placer, la situación con Apolo fue muy diferente.

Apolo acaricio el cabello rubio de la diosa del amor mientras su gemela y el intercambiaban una mirada preocupada, Artemisa salió de la habitación en busca de sus ángeles que Apolo habia revivido para ella y su hermano la seguía con la vista hasta verla desaparecer entre las columnas del templo del sol.

-¿Quiénes salieron del tártaro? –

-Cronos, Japeto, Crio e Hiperion. – Menciono, sabía que traicionaba a sus iguales pero ella siempre se había sentido más una diosa que un titán, además de que los primeros siempre la habían aceptado como una igual, mientras los otros la veían como el último rastro de vida que había dejado Urano, una parte de aquel titán que odiaban y que continuaba contaminando el paraíso.

Apolo se separo del abrazo de Afrodita, acaricio el cabello de la deidad retirando el mechon que caía en su frente y puso su mano sobre esta, los ojos del dios del sol se tornaron blancos al usar su poder de clarividencia sobre su igual que se mantuvo quieta para no interceder en los planes de Apolo.

-¿Qué has visto? – Pregunto Afrodita cuando Apolo la soltó y comenzó a caminar hacia la salida de su propio templo, el ceño de Apolo mostraba todo lo que el dios estaba pensando en esos momentos, angustia.

-Lo que me temía, ellos quieren destruirnos a mí y Athena porque somos quienes defienden el mando de Zeus, ella en la tierra y yo aquí en el Olimpo si nosotros caemos, Hades no está para ayudarnos y Zeus y Poseidón no podrán solos contra los titanes. – Sentencio Apolo mientras se desvanecía en él aire para alertar a su padre.

La densa neblina se elevaba a causa de la hondonada de ataques que iban y venían entre ambos bandos, los destrozos de hielo y la demolición de aquel glaciar frente a ellos demostraba la ardua pelea que se llevaba entre los santos dorados de escorpio y acuario y los dos jueces del infierno frente a ellos, que parecían que no retrocederían hasta destruirlos sin darse cuenta que el alma del dios de los mares ya había sido entregada en manos aliadas para su cuidado y se alejaba de ahí a toda prisa.

-Estoy agotado. – Se quejo Milo cubriéndose detrás de una especie de trozo de hielo donde Camus estaba sentado mirando por el filo a Aiakos quien lanzaba ataques sin misericordia, el galo se tronaba el brazo para recuperar su movilidad ya que una mala caída le había lesionado considerablemente, ambos se sonrieron cansados y volvieron al ataque.

Pero en el preciso momento que ambos abandonaron la protección de aquel trozo de hielo, los ataque más fuertes de los jueces del infierno se dirigieron contra Camus quien no pudo evitarlos ya que le recortaban el espacio de escape, lanzo el polvo de diamantes pero fue detenido por ambos ataques que le golpearon lanzándolo contra el glaciar que le había servido de protección hacia unos segundos y un trozo de hielo le desgarro la piel del costado, cuando Milo intento ayudarlo Radamanthys fue contra él y Aiakos avanzo hasta Camus, quien ya estaba herido gravemente y respiraba con dificultad. El juez del infierno elevo su mano para darle fin al santo de acuario atravesando su pecho con su mano.

-¡Camus! – Le grito Milo preocupado en un intento desesperado por alertarlo pero un puño de Radamanthys se estrello contra él a causa de su distracción, lanzándolo a lo lejos. Milo se levanto preocupado y vio como la mano del juez se dejo caer contra el mago de los hielos, pero esta fue detenida a unos centímetros del galo por una mano que le sujeto con demasiada fuerza. - ¡Aioria! Qué bueno que llegaste. – Festejo Milo dando unos brinquitos de emoción, olvidando sus propias heridas.

-¿Tres contra dos? – Aioria doblo la mano al juez de Garuda y lo quito de encima de Camus, apretó duramente la muñeca del juez y la fracturo al instante a pesar de que este hiciera fuerza para soltarse, le propino una patada que lo lanzo hacia donde Radamanthys se encontraba. – Eso es decepcionante hasta para los jueces del infierno, solo refleja su debilidad y desesperación. -¿No pueden ir a una misión sin meterse en problemas? – Aioria estiro una mano a Camus que la tomo débilmente y fue cuando el león dorado reparo en una abertura en el costado del santo de acuario que claramente le estaba restando poder y le dificultaba el respirar.

-Ellos nos buscan a nosotros. – Contesto Milo por su amigo, de igual forma observo la herida más grave que Aioria había visto en mejor amigo y que le costaba respirar. - ¿Camus estas bien?

-Sí. – Tercio este incorporándose, pero pareció que la herida se desgarro más por este intento lo que hizo que Camus reprimiera una muesca de dolor y se llevara la mano al costado para detener la punzada de ardor que siguió tras el esfuerzo, pero a los ojos de sus dos compañeros no escapo la borbotada de sangre que salió por aquella perforación.

-A mi parecer no. – Repuso Milo pasándose una mano por detrás de los hombros y llevándolo hasta un lugar que él consideraba seguro, vio que su amigo iba a replicar pero la mirada de Aioria clava en su costado le hizo callar.

-Nosotros nos encargamos, Camus. – Aioria se volteo hacia sus enemigos quienes se encontraban a unos pasos. – Yo tengo cuentas pendientes con ellos.

-Tú con todos. – Se burlo Milo a su lado, ambos se prepararon para luchar pero en ese preciso momento tu vieron que regresar casi a un lado de Camus pues apareció literalmente el perro de Hades y en su cabeza estaba la diosa Persefone y a un lado de las patas que los hicieron retroceder porque casi los aplastaban estaba Triptolemos con una quemadura en el rostro que abarcaba la mitad de su cara y que ponía la carne al rojo vivo.

-Es suficiente, ellos ya no tienen el alma. – Refuto Persefone mientras apuntaba a los santos con su índice, los dos jueces del infierno miraron fijamente al cuarto juez que les miro despectivamente y con desaprobación al ver que no habían podido contra solo dos santos dorados de Athen. Radamanthys arrugo el ceño furioso pero detuvo al juez de Garuda que ya se le había intentado abalanzar al semi-dios.

-Es decepcionante terminar así frente a un santo de Athena. – Tercio el de cabellos celestes, se aproximo hasta Aioria y quien le retuvo la mirada, observo como Triptolemos desataba un objeto detrás de su espalda, el semi-dios estiro una mano hacia él y pudo ver como tenia sujetada la careta de la armadura de cáncer, destrozada y partida a la mitad. – Díganle a su diosa que dentro de pronto contara con un dorado menos.

-Maldito. – Aioria no pudo contener su rabia golpeo la mano del cuarto juez derribándole la careta que produjo un ruido metálico al caer al suelo y le asesto un puñetazo en la cara, que comenzó a derramar rápidamente sangre y que hizo alejarse unos pasos del castaño menor. -¡Plasma relámpago! – El león dorado sintió su ira arder y se dejo ir contra el de cabellos celestes pero Persefone se interpuso en su camino, por lo que Aioria se detuvo. - ¿A qué te refieres que dentro de poco?

-¿Dónde está Mascara de la muerte? – Milo avanzo pasando a los jueces del infierno y puso su aguijon izquierdo sobre el cuello de la deidad, que se vio sorprendida por el santo y sintió el filo en su cuello, paso saliva y miro a sus jueces que se habían quedado quietos ante la amenaza que el santo hacia contra ella.

-El está herido. – Menciono ella, cuando Triptolemos intento salvarla Camus se interpuso en el camino del semi-dios que no tardo en reparar en la herida del santo, mientras Aioria hacia lo mismo con Radamanthys y Aiakos. – Fue al inframundo y se ha enfrentado a mi cuarto juez del infierno. – Instantáneamente todas las miradas repararon en el de cabellos celestes que tenia la mitad de la cara cubierta de sangre. –Deben sentirse orgullosos de su compañero mato a un espectro y salvo a dos santos de bronce.

-Shiryu y Hyoga. – Agrego Aioria quien estaba al tanto de la misión que se le había asignado a los santos de bronce junto a Cáncer y de la cual Marín le había informado antes de partir. Milo miro a Camus que se mantuvo frio ante aquella situación aun interponiéndose en el camino del semi-dios pero pudo distinguir aquel brillo en los ojos de su amigo uno que pasaba desapercibido para todos pero para él no, Camus estaba agradecido con cáncer por aquel acto de salvación con su alumno.

-Suficiente caballeros.– Tercio la diosa y acto seguido desaparecieron todos de ahí. Aioria miro a Milo que se había agachado a recoger la parte de la armadura de cáncer que ese fulano les había entregado, le limpio unos copos de nieve que se habían impregnado de ella y miro los rastros de sangre de Mascara de la muerte, dirigió una mirada preocupada a Aioria y Camus y se levanto.

-Tenemos que apurarnos y entregar el alma de Poseidon, en el santuario hay problemas. – Tercio Aioria.

-Debemos rescatar a Mascara. – Menciono Camus acercándose a ellos, deteniéndose el costado con una mano. – El está en peligro, tenemos que ayudarle.

-Pues bien, Aioria detén a Camus. – Ambos santos alzaron las cejas como en forma de ¿Qué? Pero la mirada insistente del escorpión hizo a los dos acatar la acción sin contradecirlo, Aioria tomo a Camus por los hombros y miro a Milo interrogantemente, mientras el francés entendía a la perfeccion que había planeado el escorpión dorado, maldita sea aquella clase de comunicación silenciosa que podían tener ellos dos. -No te muevas Camus no vaya a darle a Aioria. –

-¡¿Qué?! - Menciono el otro entre sorprendido y asustado, mirando al peliazul por encima del hombro, vio a Milo sacar su aguijón de la mano izquierda, sujeto mas fuerte a Camus para que no se fuera a mover y se la clavaran a él, lo que hizo sonreír a medias a los dos amigos, posterior a esto Milo le clavo la uña a Camus en el costado para detenerle la hemorragia, el galo hizo una muesca de dolor muy tenue y después la cantidad de la sangre que salía de la herida disminuyo progresivamente.

-Aioria ya termine, ya puedes soltar a Camus. – Rio alegremente el escorpión mientras Aioria prácticamente soltaba al galo con fuerza y abría los ojos. - ¿Tenias miedo? – Se burlo incluso el galo expreso una leve sonrisa mientras Milo rompía a reír a carcajadas.

-No, solo desconfió de tu puntería, además no tienes que ponerte celoso. – Menciono Aioria poniéndose en camino al palacio asgardiano, Milo se acerco a Camus.

-Si tenía miedo. – Repuso Milo, lo que hizo sonreír a Camus y detuvo a Aioria que los miro colérico.

-¡Los prefería cuando no se hablaban! –

-Que mal gato. – Milo volteo a ver a Camus complicemente. – Pero eso quedo atrás.

Continuara…

Aclaraciones:

-Mencionan que Afrodita nació cuando los testículos de Urano fueron arrogados al mar y se formo una espuma de la cual broto la diosa del amor, esto después de que Cronos asesinara a Urano junto a sus hermanos.

-Sepultura de alma es una técnica de Manigoldo de cáncer en Lost canvas y yo soy partidiaria de si los santos dorados del siglo XVIII lograron usarlo los del siglo XX también, que al fin no lo sabremos con exactitud porque no explotaron el potencial de los santos dorados.

-En la película 3 la leyenda de los santos escarlatas Mascara tiene la capacidad de con una sola mano puede detener el ataque del enemigo, expandiendo su fuerza, y asi lanzando su ataque y al mismo tiempo el ataque de su rival, teniendo una funcion parecida al muro de cristal de Mu.

-Triptolemo es un semi dios que en varios lugares he encontrado que al final se hizo el cuarto juez del infierno así que al leerlo dije de aquí soy perfecto para mi historia, algunos de ellos es theoi que es una página en ingles y la otra se llama los hijos de Ariadna y como no puede faltar wikipedia.

¿Dudas?

Agradezco mucho sus comentarios:

Legatee: Hola es un gusto conocerte, agradezco de sobremanera tu comentario creeme que me replante mucho la situación de Shion y Dokho que en realidad es esencial en este fic, agradezco muchísimo tu comentario y tu sugerencia creeme que lo tendre en cuenta. Por el momento no pienso asesinar a ninguno, incluso les dare una pausa leve para que se recuperen :D ya les he acribillado por todos lados, pero creo que los dioses no se iban a preocupar por si Athena peleaba por uno o todos los frentes. Si humanizarlos me cuesta pero créemelo lo intento y se que con el tiempo se me dara. Respecto a Shion me encanto su participación en los Lost canvas ahí podemos no solo observar a un santo de Aries por demás centrado y calmado a como respecta la forma de ser del patriarca si no un poco más rebelde lo cual me encanta. Espero y te guste este apartado especial que le he dado al patriarca pues a mi punto de vista el titan Cronos es un perfecto oponente para él, de aquí en adelante y en peleas subsecuentes.

Carlos: Lost canvas se me hace una serie por demás interesante, si LC nos podría hubicar y hacer entender un poco más las personalidades de los santos dorados, pues ahí los doraditos tienen sus propios estelares, a veces dos o tres capítulos pero tanto como Shion y Dokho tienen una participación más activa por lo que nos permite conocer un poco más acerca del carácter de estos personajes, además de la vida del santuario al ser regida por un verdadero patriarca. Lamentablemente no siguieron con las ovas pero se encuentra el manga en youtube y es muy bueno, la verdad a mi me gusto muchísimo.

Gaby: Lo hice muy apresurado ya lo de Camus y Milo pero me rompia el corazón verlos separados además creo que les descansare un rato es indispensable que todos los doraditos regresen al santuario.

Joana: Lamento el retraso pero aquí está, pues no fallaste del todo Aioria si se apareció ahí pero me refería más a Triptolemos y Persefone.

Beauty: No mate a tu amor platónico jajaja continua en la serie. ¿Por cuánto? Esa es al pregunta.

SakuraBallSeiyaMejoresAnimes: No mate a nadie, por ahora, hasta les dejare reagruparse a los pobres, por el momento siguen vivitos y coleando y tu no estás viuda, espero y hayas disfrutado de cap.

Solo un avance del ultimo cap: Persefone vio con interés a Mascara ¿cual podría ser la forma de retenerlo en el infierno para siempre sin necesidad de matarlo? Espero sus respuestas con ansias a ver si le atinan a mi idea.

Gracias por sus comentarios a todos aquellos que se toman la molestia de escribirlos y también espero y les agrade el capitulo a mis lectorcillos fantasmas. Comenten.

Atte: ddmanzanita.