Estoy demasiado contenta, dije esta semana llego a los 50 comentarios pero me sorprendieron que llegamos a los 56! Muchas gracias a todos por sus comentarios de verdad se los agradezco.

He vuelto, lo siento, lo siento, pero es que he tenido una semana en realidad demasiado pesadas por lo que no he podido escribir, pero la inspiración no me falla eso es lo bueno así que aquí les tengo otro capítulo. Espero y lo disfruten y puedan comentarme.

Capitulo 11 El destino nos entrelaza.

Miraba frente a ella la puerta de oro recubierta de diamantes rojizos teñidos de la sangre de millones de héroes que resguardaba detrás de ella al señor de la guerra, que recién había sido liberado por los titanes de su prisión donde Athena le había encerrado injustamente, sus sentimientos de madre le apremiaban a entrar a ver a su hijo, pero sus impulsos de reina orgullosa le detenían al saber que el trió de titanes detrás de ella la miraban fijamente deseosos de oír la voz de rendición de la reina del Olimpo.

-Hemos cumplido con nuestra parte del trato. – Menciono Cronos detrás de ella, mientras sus hermanos contemplaban aquel santuario de la guerra que le perteneciese al nieto de su hermano, numerosas armas y armaduras cubrían sus paredes pero lo que más les impactaba era la cantidad de sangre que brotaba por las paredes y que caía directo a un recipiente que debajo de él tenía una chimenea haciendo que la sangre hirviera a tal punto de ebullición que se evaporase quedando un residuo pastoso rojizo.

-Lo sé, la vida de Apolo y Athena son tuyas, solo he de mencionarte dos cosas padre. – Hera giro su rostro afilado hacia los titanes a sus espaldas que clavaron su vista en ella, por alguna razón la reina de los dioses parecía querer solo garantizar el bienestar de ella y su hijo mientras el Olimpo podía caer a los pies de los titanes, esa forma de actuar les recordó tanto a su madre Gea. – Afrodita no es de confiar muy probablemente esté a punto de contarle esto a Zeus o Apolo, por lo que deben tener cuidado y…

-¿Y? – Menciono Japeto posicionándose al lado de Cronos mientras Hiperion y Crios permanecían a la retaguardia de estos mirando con insistencia a la pelirroja frente a ellos que sostenía una de las espadas de su hijo en su mano, una que de su filo destilaba gotas de sangre, que manchaban el frio suelo bajo sus pies.

-La reina del inframundo Persefone, tiene algo de interés que ofrecerles dudo que quieran rechazar el trato que ella les propondrá, sirve que ese lugar les servirá de escondite mientras planean sus ataques. – Hera miro iracundamente a su padre, quien percibió aquella mirada cargada de significado para los cuatro titanes, la reina del Olimpo traicionaba a estos por todas las veces que se había visto humillada y ultrajada por Zeus y sus hijos. – No me interesa lo que hagan de aquí en adelante, no me importa a quien capturen en el tártaro ni a quien maten, quiero que dejen a Ares y a mí fuera de esto, confió en su palabra. – Hera miro una última vez a los titanes en busca de un rasgo que le indicara desconfianza pero estos no expresaron aquello si no por el contrario, sus expresiones estaban llenas de agradecimiento por aquella nueva oportunidad que se les brindaba para vengarse.

-Tienes mi palabra. – Menciono Cronos haciendo una leve inclinación respetuosa hacia su hija pelirroja que le miro tranquilamente.

-Y la nuestra. – Tanto Crios como sus otros dos hermanos imitaron la acción de Cronos hacia su sobrina quien correspondió aquella señal y entro lentamente a la habitación de su hijo que aun se encontraba inconsciente frente al hechizo de Athena. – Tiene el carácter de su abuela.

-Vayamos a ver a la reina del infierno, me interesa lo que tenga que ofrecernos. – Menciono Hiperion, pero Cronos lo detuvo poniendo una mano en su pecho, su hermano le miro enojado pero el titán menor le sonrió.

-Tranquilo Hiperion quiero hacer una parada antes. – Los cuatro hermanos desaparecieron frente a la mirada afilada de Hera que los miraba desde el marco de la puerta, escucho esto último a la perfección y se dio cuenta que no auguraba nada bueno para él Olimpo, pero porque ella debería preocuparse de aquellos que abandonaron a uno de los suyos bajo el poder de Athena, de ahí en adelante cada dios debía sobrevivir por sus medios, estaba cansada de aquella infidelidad entre los dioses, Zeus la traicionaba con cualquiera, por ello tenía hijos de otras rodeándola en el Olimpo, sobajándola, estaba harta de aquella humillación y lo que le hicieron a Ares había sido la última gota que derramo el vaso, estaba cansada de todo.

La penumbra de la habitación la rodeo mientras busco en aquella cama doselada a su hijo que descansaba tranquilamente, tenía una expresión tranquila una que su madre solo conocía en su hijo mientras dormía, porque una vez que el dios de la guerra abría los ojos todo su semblante cambiaria ella lo sabía a la perfección, conocía mejor que nadie a su hijo predilecto, a aquel que debería de llevar la confianza de Zeus y no Apolo quien era hijo de otra de las amantes del dios del rayo. Se acerco lentamente a él arrodillándose suavemente a su lado y comenzó a acariciar el rostro bronceado de su hijo, enredo sus dedos en el cabello de su pequeño mientras le sobaba la cabeza y jugueteaba con su cabello.

-No me importa nadie más… el Olimpo entero te dio la espalda. – Hera deposito un beso en la mejilla del pelirrojo que respiraba tenuemente. – Es nuestra hora de dársela.

-Así será. - Ares tomo la muñeca de su madre que acariciaba su cabello y abrió sus ojos rojos que brillaron en aquella oscuridad, mientras las velas que iluminaban la habitación alzaron una llamarada que cubrió la habitación de un color rojizo como la sangre.

-¡Muro de cristal! – El poder impacto con la barrera que apareció oportunamente mientras se escuchaba una leve explosión ante el choque contra aquella defensa y el poder se veía reflejado contra la diosa, incendiando todos los arboles detrás de ella, levantando el suelo de forma que un agujero quedo en el lugar de la explosión, la diosa salió despedida por su propio ataque y choco contra restos de piedra que quedaron.

-Mu. – El pel ilila miro de reojo a Kanon y sonrió al comprobar que el menor de los géminis había conseguido la armadura que hacia un poco más de 13 años había destruido una hermandad entre dos miembros de la orden dorada.

-¿Dónde está Aioros? Tenemos que regresar al santuario. – Kanon se incorporo de un salto y vio como la barrera de Mu se rompía en mil pedazos una vez que este descendiera los brazos hacia su costado, las brazas de aquel incendio colosal volaban y danzaban alrededor de ellos, mientras veían a Enio incorporarse lentamente, ambos se miraron y Kanon le indico con la vista a Mu el lugar donde estaba Aioros, quien se dirigió hacia él.

-Su lucha es en vano. –Menciono la pelinegra mientras empujaba una roca que había caído sobre ella y la desmaterializaba por completo, salió del lugar donde estaba enterrada y se aproximo a Kanon pero se detuvo a una distancia prudente. – El santuario caerá y ustedes con él, mi hermano ha despertado y tomara venganza contra tu gemelo.

Y sin decir más la diosa se desvaneció en el aire, Kanon sintió una opresión en el pecho al escuchar aquellas palabras que sonaron a sus oídos como una sentencia de muerte hacia su gemelo, Saga podía haberse librado de la influencia del alma del dios de la guerra, pero este no dejaba de ser una amenaza para el santuario, ni dejaba de ser Ares un dios peligro uno que los conocía a todos a la perfección, sabia la debilidad y la fortaleza de cada uno de los dorados a excepción de Dokho y él, todos los demás estaban en desventaja contra el dios, aquel que los había visto crecer y que los elevo tan alto que cuando el cayo los arrastro a los 10 dorados presentes con él.

-Kanon vamos. – Le menciono Mu que llego con Aioros colgando de su hombro, Kanon miro por última vez el lugar donde la diosa había desaparecido y luego clavo sus orbes verdes en Mu, que lo miraba extrañado. – Aioros ha perdido casi su cosmos.

-Tiene en su sangre un veneno capaz de hacer sufrir hasta a un semidios. – El menor de los gemelos abrió un agujero negro y le indico a Mu que entrara con él no tenían mucho tiempo para llegar al santuario la vida de Aioros dependía de ellos dos, no planeaba fallarle al noveno guardián ni a Saga.

Cuando estuvieron a los pies del primer templo se apresuraron ambos a dejar al castaño mayor en la enfermería, que apenas y podía mantenerse consiente con trabajos. Tanto para Kanon como Mu se sorprendieron al ver las colosales nubes de humo negro que salían de la destrucción del santuario por los meteoros que Cronos había convocado y para su sorpresa el sanatorio se encontraba lleno de heridos algunos de gravedad otros solo tenían heridas abiertas que las doncellas trataban con muchos esfuerzos de darse abasto para atender a todos.

-Mu, Kanon. – Escucharon una voz detrás de ambos y para su sorpresa se toparon con los ojos celestes del santo de piscis que fijos su vista primero en ellos dos, para sonreír al ver la segunda armadura dorada de géminis y después en Aioros que claramente se veía decaído. - ¿Qué paso?

-Larga historia, después hablaremos de ello lo primordial es ayudar a Aioros. – Contesto Kanon abriéndose paso entre las personas hasta una cama vacía donde deposito al sagita, busco con su cosmos el de la diosa de la sabiduría y se sorprendió de sobremanera al encontrarlo dentro del mismo sanatorio. -¿Athena está aquí?

-Si por eso estoy yo con ella acompañándola, Dokho también está aquí y… - Los ojos fieros del santo de piscis se ablandaron y miraron a Mu que no paso desapercibida aquella mirada que el doceavo guardián le estaba dirigiendo a él. – El patriarca se enfrento al titán Cronos. – Y tal y como el santo de las rosas esperaba no solo el semblante tranquilo de Mu cambio si no que el de Kanon adquirió la misma preocupación que el ariano estaba expresando en ese momento.

-Muchachos ya regresaron. – Les saludo alegremente el antiguo maestro haciéndose paso entre las doncellas y guardias que se movían por aquel sanatorio, pero Dokho se detuvo de golpe al ver el estado deplorable de Aioros. – Voy por Athena. – Y sin más el viejo tigre se giro para perderse entre aquella multitud de la misma forma que había aparecido.

-¿Qué paso? – Menciono Mu tranquilamente recobrándose de su sorpresa, pero bajo aquel tono de voz tranquilo que utilizo ambos santos dorados pudieron percibir el tono de alarma que el pelilila luchaba por controlar. Afrodita le presiono suavemente el hombro en un intento por restar preocupación a su compañero mientras Kanon lo miraba fijamente como si pudiera con ello hacer que el santo de las rosas soltara la lengua.

-En resumidas cuentas el santuario fue atacado de improvisto por Cronos las doce casas y todas las barracas en si están dañadas, incluso no tuvo que atravesar los doce templos apareció directamente en el templo de Athena, donde estaban Saga, el patriarca y nuestra diosa, pero en algún punto de la pelea Saga llego hasta piscis y cuando ambos intentamos subir apareció una barrera que ninguno de los dos pudimos destruir, en ese tiempo Cronos lucho contra el patriarca mientras los otros titanes robaban el alma de Ares. – Esta vez Mu no fue el único que palideció si no que también a su lado Kanon confirmo que sus peores pensamientos y la amenaza que Enio le había dirigido era realidad, Ares volvería a la vida al igual que los Titanes acababan de hacerlo y por primera vez dudo de la templanza del santuario para resistir aquellos embates apocalípticos que se avecinaban en un futuro.

Athena miraba fijamente a Shion que se encontraba sentado por orden de la misma diosa en una de las camillas y es que Saori se había preocupado de sobremanera por las heridas del patriarca que mencionaba sentirse a la perfección, por lo que la diosa y Dokho casi tuvieron que llevarlo a regañadientes hasta la enfermería, pues el peliverde mencionaba que se encontraba bien.

-Athena, los heridos ocupan verla y a mí con usted, no puedo flaquear por unos cuantos cortes. – Menciono Shion restándole importancia y retirando las compresas que cubrían algunas de sus heridas, a pesar de tener aun entumido el brazo por la fractura de su hombro que hacia un rato había dejado de dolor por los medicamentos de ahí en más no consideraba ninguna otra herida como de gravedad. – Tenemos que ayudar a los heridos mi diosa.

-Athena, Shion. – Les llamo Dokho recorriendo las delicadas cortinas donde ambos se encontraban, observo la mirada de reproche del peli verde por la falta de respeto al no llamarle patriarca pero lo dejo pasar, al fin era Dokho y el tenían la misma misión desde hacía más de 245 años. –Kanon y Aioros han regresado y ocupan de su presencia.

-¿Dónde están? – La contestación que el castaño les dio no les gusto a ninguno de los dos, pues solo confirmo las peores pesadillas de ambos, Shion se levanto de la camilla a pesar de la mirada insistente de ellos dos y le indico a su diosa que era momento de ir a ver a los heridos, mientras él y Dokho la seguían de cerca.

Para Shion no paso desapercibido que tanto las doncellas como los guardias y caballeros ahí heridos por el ataque sin piedad de Cronos veían fijamente su brazo izquierdo que en ese momento pendía de un cabestrillo que le ayudaba a mantener la articulación en su lugar y ejercían cierto sostén para que el hombro sanara con el tiempo, Dokho señalo una puerta donde se encontraban los dorados ahí presentes. Una vez que ambos entraron a la habitación Shion reparo que no solo Aioros y Kanon estaban ahí si no que Mu les acompañaba y que reparo rápidamente en sus heridas.

-¿Qué ocurrió? – Menciono Athena abriéndose paso entre sus caballeros y poniendo delicadamente su mano derecha sobre la frente del arquero solo para comprobar que estaba ardiendo en fiebre a pesar que este temblaba por los escalofríos, cerro suavemente sus ojos y dejo que su tacto le guiara hacia el problema que tenía su guardián, aquel al que ella le debía la vida. Pudo sentir como el cosmos que en un inicio había escapado apresuradamente de él, ahora salía con menor intensidad y seguramente era porque Aioros había encontrado la forma de pelear contra aquel veneno que corría por su sistema.

-Fuimos atacados por la diosa Enio. – Respondió Kanon mientras al igual que Mu veía las heridas de Shion, para ambos era una idea muy chocante pues el ver al patriarca como un guerrero aun les causaba cierta sorpresa, casi la misma que ocurría cada vez que Shiryu miraba al antiguo maestro de libra que ahora era joven. – Le rasgo con una espada que tenia veneno; aquel que la diosa Hera intento utilizar contra Hércules en la era mitológica…

-Ya veo. – Menciono Saori explayando su cosmos sobre Aioros para intentar contrarrestar los efectos del veneno, pero fue en vano.

-Mu, Afrodita y Kanon, regresen a sus respectivos templos, Saga y los demás tienen la misma orden, esperen ahí hasta nuevo aviso. – Menciono el patriarca aproximándose hasta la cama donde reposaba Aioros, ninguno de los tres le reprocho nada se aproximaron en la puerta y salieron uno en uno dirigiendo una mirada preocupada por última vez a su compañero dorado.

-Si Hércules hubiera tomado ese veneno se convertiría en mortal, pero aun cuando un caballero dorado sea quien lo resguarde en su cuerpo seria letal – Athena camino hacia uno de las vitrinas con instrumentos y materiales de curación y tomo suavemente por el mango un cuchillo y un frasco muy pequeño de vidrio que estaba vacío el cual entrego al antiguo maestro, los años de experiencia que tanto Dokho como Shion tenían les habían enseñado a interpretar rápidamente lo que la diosa planeaba hacer.

-Athena… - Le llamo Shion cálidamente deteniendo la mano de la deidad, pero esta le sonrió tranquilamente.

-Le debo mi vida a él. – Athena volvió a mirar al castaño que respiraba dificultosamente. – Si Aioros no me hubiera salvado aquel día yo estaría muerta, lo mínimo que puedo hacer por él es regresarle el favor.

Saori descubrió lentamente su antebrazo izquierdo y se acerco a Dokho colocando su extremidad por arriba del frasco para que la sangre callera directamente sobre el recipiente, tomo el cuchillo y lo aproximo, respiro profundamente y en un movimiento rápido hizo un corte sobre su delicada piel blanquecina la cual se tiño con fogosidad de aquel color carmín que rodeo su muñeca hasta que las gotas comenzaron a caer sobre el frasco y después formaron un débil hilito de sangre mientras sentía un leve ardor y una vez que estuvo a punto de llenarse, Shion se apresuro a ella y le cubrió la muñeca con una compresa haciendo presión sobre la herida de la deidad.

-Aun cuando mi sangre este en su sistema, Aioros tendrá que luchar contra el veneno dentro de él. – Menciono Athena, mientras ayudaba la mano del patriarca a hacer presión sobre su propia herida. – Mi sangre detendrá la salida de su cosmos por algún tiempo, lamentablemente Hades es el único que conocía un antídoto para ese veneno.

-Aioros es una persona fuerte estoy seguro que despertara pronto. – Respondió Dokho bañando sus dedos de la sangre de la deidad e introduciéndolos en el pecho del castaño mayor, tal y como Defderos lo había hecho con él, después de que Hades encajara su espada en su abdomen.

-Nunca he visto los efectos de ese veneno en nadie. – Confeso la deidad, mirando preocupadamente a su guardián y a pesar de que le costara admitirlo sabia que la lucha que haría Aioros seria entra la vida y la muerte y que esta ultima podría llegar a ganar la batalla.

Apolo comenzó a materializarse fuera de las grandes puertas principales del templo mayor, aquel que le pertenecía a su padre y a Hera, miro a su alrededor en busca de alguien en las cercanías, pero comprobó que estaba solo, demasiado para ser exactos, algo que le hizo extrañarse. Se acerco lentamente a las puertas frente a él y puso su mano sobre ellas mientras sus ojos azules volvían a tornarse blancos.

Al sentir el impacto de su propia visión se tambaleo, mientras la mano que aun mantenía en la puerta tembló ligeramente, el dios del sol no acababa de ver el futuro si no había tenido una regresión una que lo había hecho estremecerse, retrocedió unos pasos cuestionándose el entrar o el no hacerlo. En aquella visión observo como Zeus había regresado del santuario de Athena y los titanes ya estaban esperándole, juntos para atacarle y con el factor sorpresa de su parte Zeus había caído.

-Apolo ¿Vas a alguna parte? – Escucho una voz detrás de él, no tuvo ni tiempo de girarse cuando se sintió lanzado contra aquella puerta que aun permanecía cerrada y la cual se abrió ante el impacto del titán detrás de él. Abrió los ojos con pesadez y les abrió con mesura al descubrir los rastros de la batalla que su padre había librado contra los cuatro titanes que habían escapado del tártaro, aquel corredor se había vuelto un campo de guerra y se encontraba completamente destruido. Sus ojos se fijaron en su atacante pero se sorprendió de ver a Crio e Hyperion frente a él, con una clara sonrisa en sus labios.

-¿Dónde está mi padre? – Pregunto incorporándose lentamente sin despegar la vista de sus adversarios, pero distinguió el rayo de Zeus en la mano de Crio que sonreía engreídamente y balanceaba juguetonamente el arma más poderosa del Olimpo en su mano. – No se saldrán con la suya.

-¿Y quién lo impedirá? ¿Tu? – Menciono el titán retadoramente.

-Si no te das cuenta, ya lo hemos hecho. – Tercio Hyperion, Apolo creó una esfera ardiente en su mano derecha dispuesta a lanzarla a sus adversarios cuando Crio le apunto con el rayo de Zeus y de este salió despedido un rayo que golpeo directamente el pecho del dios del sol lanzándolo contra una de las columnas del templo que termino por destruirse y esta acción se repitió cerca d veces.

Apolo se retorció del dolor que sintió, jamás le habían atacado con un poder igual al suyo, sintió como el ardor de su pecho se irradiaba hacia cada musculo y terminación nerviosa de su cuerpo, miro sus ropas ennegrecidas por donde el rayo había atravesado su cuerpo y se mareo por primera vez en su vida, sensaciones que estaba aprendiendo a sentir ya que como dios jamás las había experimentando en un momento no muy favorable.

-¡Apolo! – La voz de su gemela lo trajo a la realidad y vio a Artemisa detrás de ambos titanes, los cuales voltearon sorprendidos al ver a la diosa de la luna, pero justo cuando se viraron una flecha luminosa se encajo en el pecho de Crio.

-¡Artemisa! – El dios del sol, olvido todo lo que estaba sintiendo cuando vio a su hermana peligrar frente a los titanes, lanzo una esfera de calor, parecida a un mini-sol hacia Hyperion y se teletransporto hacia un lado de su gemela que lo miro preocupada, la tomo del brazo y la analizo rápidamente con la mirada.

-¿Qué paso? – Pregunto la rubia, imitando a su hermano y observándolo de arriba abajo. - ¿Estás bien?

-Tenemos que irnos, el Olimpo no tardara en caer. – Apretó un poco más el brazo de su gemela y ambos desaparecieron en el aire justo a tiempo, cuando el poder del rayo de Zeus impactaba donde hacia unos momentos ambos hijos de Leto se encontraban parados.

En cuanto recobro la conciencia, abrió los ojos con pesadez y sintió como despertaba todos sus sentidos, que se encontraban apesumbrados y que regresaron acompañados de todo el dolor que sentía en su cuerpo, se llevo una mano que tenia vendada a causa de las quemaduras a la cabeza y se sorprendió de sentir una venda al igual que en sus manos. Se incorporo en la cama y encontró que su pecho estaba desnudo cubierto solamente por algunas vendas manchadas de su propia sangre que cubrían algunas heridas.

Miro a su lado un pequeño mueble de madera ennegrecida donde estaba un pequeño frasco con una pomada verde en su interior y que intuyo le habían untado. Examino con su vista afilada la habitación donde se encontraba, mientras las imágenes de su batalla contra Triptolemos regresaban a su mente, miro en rededor suyo y miro las tres paredes que le rodeaban y la cuarta era unos barrotes que le impedirían salir de ahí y que seguramente tendría un hechizo contra sus poderes, frente a la cama donde se encontraba recostado había una mesa donde se veía un desayuno que realmente olía muy bien y a su lado se mantenía una jarra dorada.

Volvió de nueva cuenta su vista a sus heridas y se percato por el rabillo del ojo que la armadura de Cáncer estaba tras de él, se levanto lentamente de la cama para evitar cualquier mareo, suficiente era estar sintiendo aquel dolor que parecía desgarrarle la piel por dentro, se llevo una mano a la herida de su estomago la cual ardía como si le estuvieran encendiendo fuego y que le obligo a detenerse en la pared pues sentía que desfallareciria en cualquier momento por el dolor que hasta la vista le había nublado.

-Maldición. – Sacudió su cabeza para recobrar su atención e ignorar el dolor que sentía, para lo que ocupo respirar profundamente, camino lentamente hasta Cáncer y la acaricio suavemente, pasando una de sus manos heridas por todos los bordes de la armadura dorada que brillo con intensidad reconociendo las manos de su dueño. – Esta vez no me abandonaste a pesar de que los dos estamos igual de heridos. – Aquello lo hizo sonreír pero tuvo que reprimir su risa pues una nueva punzada de dolor le atosigo lo que hizo que se detuviera de nueva cuenta. – Significado de que me estoy redimiendo.

Regreso su atención a la mesa que estaba frente a su cama, supuso que la diosa Persefone le había retenido por alguna razón, una que aun no terminaba por comprender por completo pero lo que era seguro es que la diosa no planeaba matarlo de hambre, descubrió la bandeja de comida y se permitió llenar sus fosas nasales del suculento platillo que estaba frente a él, claramente aquella maldita loca sabía que era italiano pues frente a él estaba una vitel toné, acompañado de un risotto y de una granada, la jarra contenía vino tinto el cual vertió en una copa que esta frente a él y se la llevo a los labios, remojándolos en un principio y luego se empino la bebida, sintiendo el sabor rasposo del vino y como hacia arder sutilmente su garganta.

-Es de los buenos. – Se sonrió para sí mismo, mientras se llevaba un trozo de ternero a la boca y comenzaba a pensar en los planes detrás de su captura, a caso pensaban ¿Negociarlo? Porque él tenía muy claro que de ninguna forma volvería a traicionar a Athena ya lo había hecho en el pasado y se arrepentía de sobremanera por aquella conducta ¿Cómo había disfrutado de la vergüenza?

Sus recuerdos comenzaron a regresar a su mente mientras desayunaba, recordaba a la perfección su niñez una que la mayoría de los santos no había disfrutado pero de la que Afrodita, Shura y él conocían a la perfección, una que no estaba tan cargada de responsabilidades como la que tuvieron Aioros y Saga porque Kanon tendía a huir de estas, bajo el mando de Shion como patriarca, pudo evocarse en su entrenamiento y con el tiempo se hizo más cercano a Afrodita y Shura que al igual que el compartían un sentido estricto de justicia, pero del cual Shura no llegaba a participar por completo.

Había obtenido su armadura dorada a la edad de 10 años y a pesar de la influencia buena de Shion, Aioros y Saga su camino fue envenenado por su maestro no supo en qué momento el termino que el tenia implantado de justicia se convino con violencia y poder, lo que parcialmente hizo que se alejara de la amistad que había establecido con Shura pero que fortaleció la suya con Afrodita y cuando todo detono y ocurrió la usurpación del puesto del patriarca el no tardo en descubrir que Saga era quien estaba detrás de todo y decidió seguirlo a pesar de que algo en su interior le indicaba que estaba mal, pero disfruto trabajar para él ya que podía cometer actos inhumanos y crueles sin que nadie le dijese nada, aquel ya no era solo la búsqueda de la justicia sino del poder. ¡Cuánto se había desviado de su camino inicial!

No solo mato a inocentes durante aquellos años, si no que se atrevió a intentar asesinar a Dokho quien los caballeros dorados consideraban como un tutor después de Shion y ahora agradecía a Mu que hubiese aparecido en aquel momento pues jamás se hubiera perdonado el haberlo hecho, suficientes muertes ya estaban sobre su conciencia a pesar que aun en ese momento le daba igual y si lo pensaba bien el no era un caballero, mucho menos un dorado era igual de cruel y sanguinario que un espectro.

Sabía que luchaba para proteger el reinado impostor de Saga, dándole la espalda a su propia diosa y en cierto modo se alegraba que los santos de bronce siempre le hubieran detenido en sus intentos de traición, humillándolo y reprochándole el darle la espalda a sus principios, era algo que le debía al discípulo de Dokho, si Shiryu no se hubiera molestado en decirle sus enormes y tediosos monólogos de justicia e igualdad, jamás hubiera caído en cuenta del tamaño de su error y del cual Afrodita se daría cuenta cuando los santos de bronce llegaran al doceavo templo.

Se merecía la muerte y de muchas formas, acepto el castigo divino de los dioses porque en el fondo sabia que lo merecía, una persona como él podía ser llamado asesino, cruel, homicida, de todo pero menos santo, aun no terminaba de entender porque la diosa le había perdonado, pero no pensaba volverle a fallar ni a ella ni a ninguno de sus compañeros. Cuando volvió a revivir en la guerra contra el dios Hades su convicción fue esa enmendar su error y a pesar de haber sido el primero en lanzar un ataque y por ende dar inicio a la guerra santa, no sirvió de mucho pero tampoco hubiera sido capaz de atacar a sus compañeros por más que le costase admitirlo. El ya no era el Mascara de la muerte de antes y en cierta forma se alegro de que Mu les derrotara.

Jamás mereció la armadura de cáncer, en realidad la gano porque no había nadie más para el puesto y que alegría le daba de otra forma hubiera sido un asesino a menor edad, pero la primera vez que la porto con orgullo, como debió haber sido desde un principio fue en el muro de los lamentos, sus ambiciones se habían acabado, le habían demostrado que la justicia no valía nada sin amor, que el poder era tan frágil como una máscara y en cualquier momento podía caerse y quebrarse en mil pedazos.

Para él era ridículo y patético que ocupo de varias vueltas a la vida y de muchas vidas que tomo de forma atroz para poder entender el verdadero significado de una amistad, del honor, de la lealtad, del compañerismo y se dio cuenta que en realidad nunca había estado solo y que sus compañeros no se habían alejado de él si no que el mismo los había hecho a un lado. Pero si Afrodita no hubiera estado acompañándolo en el proceso tal vez hubiera sido mucho peor persona de lo que fue y en realidad tenía mucho que agradecerle al pececito porque en parte le animaba a acercarse e integrarse a la orden dorada, una que aun les esperaba con los brazos abiertos para que en realidad tomara el lugar como Ángelo de Cáncer.

Cuando se volvió a empinar el liquido escarlata en la garganta regresaron sus pensamientos a la situación actual en la que se encontraba, observo que hacia un buen rato había terminado su comida y lo último que perduraba en la bandeja era aquella granada rojiza que parecía tener pequeños destellos dorados, se la llevo a los labios sin aun morderla y pensó en el motivo de su estancia ahí, si en lugar de Persefone hubiera sido Hades el ya podría estar saludando a los antiguos santos en la otra vida.

Y de repente justo cuando la granada hacia contacto con sus labios lo entendió todo, Persefone no le quería muerto, le quería de su lado, quería apresarlo y atarlo al infierno por toda la eternidad tal y como ella y Triptolemos estaban destinados a estar para siempre, alejo aquella granada fruto del árbol del abandono, el cual era el único árbol de todo el inframundo y la devolvió a la bandeja mirando consternado aquella fruta prohibida.

-Sal de donde estés. - Bufo fastidiado al percatarse de la presencia de la diosa en algún punto de la habitación, regreso en dos zancadas a la cama y se dejo caer en ella fulminando con su mirada aquella fruta.

-Eres muy inteligente. – Celebro la diosa materializándose detrás de la armadura del cangrejo, su cabello pelirrojo iba atado en un hermoso tocado, mientras un vestido negro de seda se amarraba delicadamente a su figura y un collar que aprisionaba su cuello cubierto de hermosas piedras brillaban en compañía de su tersa piel. – Pero aun así la terminaras comiendo.

-¿Y por qué haría yo semejante estupidez? – Menciono Mascara de la muerte encarando a la diosa que no retrocedió ni un paso simplemente ella afilo su mirada rojiza que se clavo en los ojos azules del cuarto guardián de Athena. – No te basta con tus perros. – Persefone rio alegremente alejándose del santo y tocando los barrotes de aquella celda.

-Cuando uno baja al infierno se desconecta del mundo. – La diosa del inframundo miro por encima de su hombro al santo que le miraba lleno de interés, pues aquellas palabras habían despertado un mal presentimiento. - ¿No te parece que mi madre es maravillosa?

-¿A qué te refieres? – Mascara de la muerte se estaba cansando del juego que Persefone estaba haciéndole, pues veía que la diosa disfrutaba de darle pequeñas pistas de lo que podría haber pasado en el tiempo que él estaba ahí abajo.

-Mi madre, creo ese ungüento, en unos días estarás como nuevo. – La diosa enredo sus brazos en aquellos metales que le impedían a Mascara de la muerte salir, los ojos de ambos se encontraron y se retaron mutuamente en un duelo de miradas que ninguno de los dos estaba dispuesto a perder. El silencio reino entre ellos hasta que la pelirroja se acerco de nueva cuenta a la mesa y tomo entre sus manos la granada y se acerco balanceándose hasta el cuarto guardián, que arrugo la nariz con molestia.- Se que quieres matarme así que ¿Cuánto te está costando contenerte?

-Como no tienes una idea. – Respondió sinceramente el peli azul pero continuo mirando a la diosa que le ofrecía aquel fruto con una sonrisa sínica en los labios, pero el santo le dio un manotazo a la mano de la deidad y ambos vieron al fruto caer al suelo, donde Mascara la destrozo con solo pisarla. -¿Qué quieres?

-Te quiero a ti. – Los ojos de la deidad brillaron con interés. – Lo sabes muy dentro de ti, en el fondo de tu corazón, sabes que no perteneces a Athena, por generaciones los de tu signo han servido a la muerte, manejan poderes relacionados al inframundo, has estado destinado a servirnos pero aun te has resistido a Hades a mí. – La deidad poso una mano en el rostro del santo que no se inmuto ante aquel toque suave, pero escucho con demasiada atención las palabras que abandonaron los labios de la reina del inframundo. - ¿O acaso nunca te lo preguntaste? Sé que dentro de tu corazón hay maldad y que disfrutas haciéndola, sabes que la justicia se basa en el orden.

Mascara de la muerte retrocedió unos pasos de la deidad, mientras se cuestionaba aquello que por años le había dado vueltas en la cabeza y que en cierta parte ocasiono que fuera una persona cruel y despiadada, aquella pregunta qué embargo su mente desde que era un aprendiz. ¿Por qué? ¿Por qué él era el único santo de la diosa de la sabiduría que se relacionaba con la muerte? ¿Por qué él podía visitar Yomotsu y los demás no? Ni siquiera Shaka pudo lograrlo, necesito morir para llegar al inframundo, pero él podía llegar a sus puertas cuantas veces quisiera, sus técnicas se basaban en todo aquello relacionado al inframundo, almas, el fuego fatuo, todo y era cuando venia aquella pregunta que le atosigaba por mucho tiempo ¿En realidad estaba en el bando correcto? ¿En verdad era un santo?

-Lo sabes. – Menciono Persefone al lado de su oído, mientras ponía una mano frente a él santo y de ella volvía a parecer una nueva granada. – Solo cómela y enmendaras tu error.

-No. – Menciono Mascara separándose de ella y la miro lleno de ira. – Soy un santo de Athena y ella necesita de mi poder para patearle el culo a tu esposo, las veces que sean necesarias.

-En ese caso. – Persefone camino lentamente hasta la mesa y volvió a depositar la granada en ella, se recargo en la pared y dibujo aun más su sonrisa. – Para Athena debe ser un honor que le sirvas a un más.

-Señorita Persefone. – Menciono Triptolemos que apareció afuera de la prisión de Mascara de la muerte. – Ellos han llegado. – Persefone miro al cuarto juez y le sonrió dulcemente, aquella diosa frente a él no parecía ser la reina del inframundo, en ella no parecía haber odio ni ningún sentimiento de maldad, tal vez por ello Hades la había escogido como su reina para corromper todo el bien que Persefone pudo haber logrado si su destino hubiera sido otro.

-Diles que en un momento estaré con ellos. – Respondió y tras una reverencia el cuarto juez del inframundo desapareció de la misma forma en la que había llegado. – Bien, Mascara de la muerte me gusta más ese nombre. – Sonrió. – La granada del infierno debes comértela por voluntad, yo no puedo obligarte, pero sé que lo harás. Con una sola mordida tu alma estará para toda la eternidad al servicio mío, cuantas veces reencarnes serás mi más fiel guerrero, te desprenderás de toda esencia de santo y me servirás sin chistar como siempre debió ser.

-¿Aun no sé por qué haría una estupidez como esa? – Menciono el peli azul acercándose amenazadoramente a la deidad, que vio aquel gesto y se apresuro hacia los barrotes los cuales atravesó tranquilamente situándose detrás de ellos mientras Mascara detenía su andar.

-Es muy sencillo, si tú te comes aquella fruta. – Persefone apunto la granada que se encontraba detrás del santo y luego le sonrió cálidamente. – Yo te juro que me encargare de destruir el veneno que los sirvientes de Ares han usado contra los caballeros y que puede hacer a un dios, humano y a un mortal pueden matarlo. Ya lo han usado contra el caballero Aioros de Sagitario y que pronto usaran contra los demás, incluidos entre ellos Athena, si tú te comes esa granada les daré el antídoto el cual mi esposo creo y le salvaras la vida al caballero de Sagitario, que de otra forma morirá sin él.

Persefone desapareció frente a sus ojos antes de que él alcanzara a replicar algo, miro por encima de su hombro aquella granada tan solo pensando que la vida de Aioros pendía en ese momento de si él se condenaba para toda la eternidad a servir a Hades y traicionaba una vez más a su diosa, tal vez Persefone tenia razón y el jamás podría servir a Athena.

Justo cuando Shura, Aldebaran, Shun y Seiya estaban a punto de comenzar a subir las escaleras de la casa de Aries, la voz de Afrodita les llamo lo que hizo que se detuvieran, el español se sorprendió de ver a Mu y Kanon con él. Una vez que les alcanzaron la mirada de los dos santos de bronce y oro reparo en la armadura dorada que el menor de los gemelos estaba vistiendo lo que hizo que Aldebaran le abrazara por el cuello.

-¡Felicidades Kanon! Por fin vas a dejar de lanzar una moneda para ver a quien le toca la armadura. – Bromeo alegremente Aldebaran dando sus "ligeras palmaditas" en la espalda del segundo guardián de géminis que mostro una débil sonrisa, pero que al menos sonrió.

-¡Muy bien Kanon! – Festejo Seiya dando unos pequeños brincos a su lado, mientras Shun sonreía ampliamente a su lado.

-Felicidades Kanon. – Shura miro a sus demás compañeros y observo que Aioros faltaba entre ellos por lo que sintió un mal presentimiento de todo aquello. - ¿Dónde está Aioros? – Las miradas que intercambiaron Mu y Kanon no le agradaron para nada y solo sirvieron para aumentar su angustia, miro a sus espaldas a Aldebaran que le respondió la mirada. - ¿Qué paso?

-El ejercito de Ares. – Inicio Kanon. – Aioros peleo contra la diosa Enio quien utilizo una espada envenenada contra él y que está mermando poco a poco su vida y cosmos. – Shura se quedo pensativo por unos minutos y pensó en la reacción que seguramente Aioria tendría cuando apenas se enterara de que estaba a punto de perder de nuevo a Aioros. -

-No puede ser, debe haber una forma de ayudarlo. – Menciono Seiya.

-Athena hará todo lo posible. – Los ojos de Mu buscaron la mirada de Shura que se había sumido en sus pensamientos, se acerco a él y lo tomo por el hombro haciendo que los ojos verdes de su compañero chocaran contra los suyos. – Aioros va a estar bien, ahora ninguno de nosotros está solo.

-Mu. – Respondió por lo bajo el español mientras Kanon dirigía su mirada hacia la enfermería, aun tenía algunas cosas que tratar con Aioros, por lo que esperaba que el arquero no fuera a morir, no se lo perdonaría si algo como aquello ocurriera, a pesar de su relación corta con Aioria no quería que el león dorado volviera ver morir a su hermano, a esas alturas el tampoco sabría como reaccionaria si Saga muriera.

-Regresemos a las doce casas, Athena y el patriarca nos han ordenado que estemos en ellas. – Repuso Afrodita iniciando a subir Aries donde Mu les despidió con una media sonrisa, parecía que las tragedias nunca dejarían de azotar los doce templos.

Una vez que Afrodita y Shura acompañados por Seiya y Shun que pensaban quedarse en la casa de virgo llegaron a cáncer, el corazón estuvo a punto de abandonar el pecho de Afrodita al ver las heridas que Hyoga y Shiryu tenía, busco con la mirada a Mascara de la muerte pero no lo escucho por ningún lado.

-Traten de despertarles, voy a por agua. – Shura intercambio una rápida mirada de consuelo con el santo de las rosas que se dirigió apresuradamente a la cocina, no tanto para buscar el agua si no para ver si había rastros de que Mascara de la muerte hubiese regresado ya al santuario, pero su idea se vino abajo una vez que vio el cuarto, la sala y en general toda la casa vacía, se apresuro y tomo un cubo de agua el cual lleno con el preciado liquido cristalino y se dirigió hacia donde sus compañeros le esperaban. Una vez ahí les vacio el cubo a Hyoga, Shiryu y Seiya que no se había quitado oportunamente como Shura y Shun hicieron.

-¡Hey! – Se quejo el japonés mientras se sacudía el agua del cabello. Shiryu despertó sobresaltado por el impacto del agua en su cara y Hyoga a su lado le imito pero más calmadamente.

-Afrodita y Shura. – les nombro el caballero del dragón.

-¿Dónde está Mascara? – Les cuestiono secamente el santo de piscis.

-Nos encontramos con un espectro y Mascara de la muerte lo derroto, pero justo apenas había acabado con él, apareció el cuarto juez del infierno y… - Shura miro a Afrodita extrañado e interrumpió la narración que Shiryu estaba haciendo.

-¿Cuarto juez? – Hyoga asistió a la pregunta que Shura había hecho. – Hyoga solo hay tres jueces del infierno.

-Sí. – Hyoga se puso de pie y miro a sus compañeros santos de bronce, mientras observaba a su alrededor la casa de cáncer sumida en completa oscuridad. – En eso tienes razón, pero Hades tiene un cuarto juez en Elíseos y es el semi dios Triptolemos.

-¿Qué? – Seiya intervino esta vez, mientras se notaba a Afrodita sinceramente nervioso y molesto por cada interrupción, a él no le interesaba por el momento el enemigo deseaba saber que había ocurrido con Mascara. – Cuando nosotros llegamos a Eliseos no había nada, solo nos topamos con los dioses gemelos.

-Hades debió enviarlo a otro lugar, por eso no nos encontramos con él. – Repuso Shun.

-¿Y? ¿Qué paso después? – Les apresuro Afrodita al tiempo que Shura le ponía una mano en el hombro para tranquilizarlo. – Suéltame. – Le espeto molesto, el español negó lentamente y soltó el agarre. - ¿Qué paso?

-No sabemos, Mascara nos envió de regreso. – Termino el pelinegro, Afrodita intercambio una rápida mirada con Shura de preocupación e impotencia y salió directo a su casa hecho una fiera de angustia. –Shura nosotros…

-No se culpen. – Contesto el español siguiendo con su vista al doceavo guardián. – Mascara está en su elemento no creo que le pase nada ¿Ustedes están bien? - Ambos caballeros de bronce asistieron por lo que Shura respiro aliviado bueno al menos dos de los tres que habían enviado estaban bien, miro una vez más a los cuatro chicos de bronce que habían hecho prodigios y salió de Cáncer para darle alcance a Piscis, después de todo él y los otros dos habían sido buenos amigos de niños y sabia que en esos momentos el guardián de las rosas ocuparía de un amigo.

El frio dentro del palacio de Asgard no restaba mucho a lo que podía llegarse a sentir fuera, Camus y Milo se encontraban sentados uno frente al otro en camillas mientras algunas doncellas del palacio les ayudaban a sanar sus heridas, Aioria les miraba desde la esquina del cuarto donde se encontraba recargado meditabundo con los ojos cerrados solo pensando en lo que posiblemente le había pasado a su hermano.

-¿Por qué no me sorprende que usen hielo? – Menciono Milo molesto al sentir un trozo en su pecho donde tenía una corta, Camus le indico con la mirada que se callara pues las dos doncellas habían intercambiado una mirada incomoda entre ellas. –No me mires así, solo lo digo porque no quiero que ellas se sorprendan al ver lo candente que soy y el hielo se derrita. – Dicho esto Milo elevo un poco su cosmos y el hielo que la doncella sujetaba contra el pecho del santo comenzó a derretirse mientras se veía claramente la evaporación de este y la doncella comenzaba a ruborizarse.

-Cállate Milo. – Le reprendió Aioria, mientras Camus prácticamente le estaba fulminando con la mirada y la otra doncella reprimía una risita juguetona.

-No se preocupe señor caballero aquí tenemos suficiente hielo para calmarle la calentura. – Menciono la doncella que estaba curando a Milo, al tiempo que presionaba con mayor fuerza el trozo del hielo contra la piel del santo. – Y si no, siempre funcionaria el dejarlo fuera del castillo.

Todos en la habitación a excepción de Milo comenzaron a reir por lo que la doncella acababa de mencionar, el escorpión dorado hizo un puchero de indignación y miro a sus dos compañeros que claramente estaban felices por la contestación de la mujer asgardiana, la cual hizo un vendaje excelente para la mano derecha del octavo guardián la cual estaba fracturada y un amarre muy fuerte, dejándole en claro al caballero que con ella no podría coquetear.

-Auch. – Se quejo Milo pero guardo el comentario que estaba a punto de hacer cuando vio a Hilda de Polaris entrar a la habitación acompañada de su hermana y Siegfried el cual llevaba el alma de Poseidón en su mano derecha.

-Caballeros. – Menciono la guardiana de Asgard haciendo una leve inclinación de cabeza y acercándose a los guerreros que hicieron ademan por levantarse pero ella les negó con la cabeza y con un ademan de mano. – No se levanten, estoy al tanto del combate que han llevado contra los espectros de Hades y por ello sus heridas. . – Los ojos azules de la sacerdotisa de Odín fueron a parar directo a las heridas más graves de cada guerrero, en el caso de Milo se fijaron en su mano derecha la cual estaba fracturada y en Camus vio al santo en su torso desnudo la herida penetrante que aun manaba sangre. – Retírense. – Les dijo a las doncellas, la de Milo salió gustosa de la habitación mientras la que atendía al onceavo guardián se quedo unos segundos pues aun no había podido controlar la herida de Camus.

-No te preocupes yo me encargare. – Fler se acerco amablemente y tomo una compresa con la que cubrió la herida del mago de los hielos. – Hyoga es tu discípulo ¿Verdad? – Camus la miro interrogantemente pero antes de contestar la rubia continuo hablando. – Es un muchacho extremadamente agradable y justo puedo decir que le has enseñado muy bien.

-Gracias. – Respondió tranquilamente Camus reprimiendo una mueca de dolor y Milo lo miro alegremente, feliz de su amigo hubiera educado al santo del cisne de esa forma, pues cada logro del pequeño cisne, enorgullecía más de la cuanta al onceavo guardian.

-Bien, Thor me ha entregado el resto del alma de Poseidón, la cual Athena tenía en el santuario ¿Qué se supone que hagamos con ella? – Hilda miro directamente a Aioria que había avanzado hasta ellos y estiraba su mano hacia Siegfried.

-Espero que nos la devuelvan, pues tenemos órdenes de liberar el alma. – Repuso Aioria mirando con insistencia a la peli blanca, la cual abrió los ojos con sorpresa, un ambiente pesado se sintió en la habitación Milo se incorporo y se acerco al grupo al tiempo que Fler miraba hacia su hermana y Camus le imitaba. – Agradecemos que la hayan cuidado por nosotros.

-¿Por qué deberíamos entregárselas? Después de todo Poseidón es un dios declarado en contra del dios Odín. – Menciono Hilda y le indico a Siegfried que le diera el alma del dios, el cual obedeció al instante y se interpuso entre Aioria e Hilda.

-Poseidón ha prometido respetar a la tierra y por ende al pueblo de Asgard. – Camus menciono fríamente mientras sus compañeros le miraban. – Los dioses del panteón griego ha determinado que esa consigna debía ser cumplida por nuestra diosa Athena quien le capturo y nos envió hacia a usted solo para darle razón de los planes de los dioses griegos.

-Así que Athena planea dejarle libre. – Hilda miro unos segundos aquella esfera azulada que brillaba con intensidad y la amenaza que posiblemente podría significar en un futuro si Poseidón decía atacarlos. Ella podía evitar todo ese sufrimiento de nueva cuenta al país Asgardiano y a la tierra en general si ella destruía esa alma, pero los ojos de los tres santos dorados de Athena se lo ponían muy claro solo venían a avisarle jamás para pedirle su autorización y cualquier intento de negativa por parte de ellos resultaría en una batalla que aquellos guerreros podían terminar con facilidad si se lo proponían aun cuando estuvieran heridos.

-Espero que Athena sepa lo que hace. – Hilda entrego el alma en manos de Aioria quien asistió con decisión y la tomo elevándola a nivel de sus ojos y observando como el cosmos del dios de los mares se removía en su interior.

-Tiene nuestra palabra. – Repuso el pequeño león, Camus detuvo la mano de Fler y se incorporo de la cama al tiempo que Milo tomaba su capa. –Entonces es hora de irnos, tenemos que apresurarnos.

-Pero… - Fler miro la herida de Camus a medio curar pero este le resto importancia.

-Así está bien, muchas gracias por sus atenciones. – Repuso el galo y se encamino al lugar donde estaba su armadura dorada, apenas le toco, la armadura se separo y envistió a su dueño, protegiéndolo y reconfortando la herida del acuariano.

-No te preocupes no se muere tan fácil, créemelo. – Menciono Milo mirando a Aioria y recordando traviesamente los enfrentamientos que tuvieron en la guerra santa contra Saga, Shura y Camus y como mas de una vez los tres salieron sobrevivientes de algún ataque, realmente poderoso.

-En ese caso Syd y Bud les acompañaran hasta el vórtice que Poseidón abrió hacia su palacio submarino, les ahorrara tiempo. – Repuso Hilda y unos segundos después ambos hermanos gemelos aparecieron vistiendo sus armaduras para escoltarlos hasta el palacio submarino.

Persefone llego hasta la sala del trono donde estaban los cuatro jueces del infierno esperándola, les saludo con una alegre sonrisa en su rostro a los cuatro y se dejo caer en el trono donde Hades había gobernado durante años, miro directamente hacia la puerta que aun permanecía cerrada en espera de su orden, respiro profundamente y pensó unos segundos en Hades que estaba detrás de ella tras la sala del trono descansando hasta que tuviera la suficiente fuerza para despertar de nuevo.

-Bien dígales que pueden entrar. – Persefone se quedo viendo fijamente hacia la puerta que no tardo en abrirse mostrando a los cuatro titanes que Hera había liberado del tártaro. Se incorporo por educación y realizo una inclinación frente a estos que correspondieron educadamente su saludo lo que la sorprendió, no esperaba un trato tan cordial por parte de los titanes, de aquellos de los que había oído tantas historias crueles por parte de su madre.

-Reina del inframundo, Persefone. – Cronos hizo una leve inclinación de cabeza mirándola con insistencia con sus ojos rojizos mientras sus hermanos se mantenían detrás de él en silencio. - ¿Dónde está el emperador?

-Vamos a hablar de negocios que para ello le he dicho a Hera que te citara en mis dominios. – Corto rápidamente la diosa de cabellos pelirrojos lo que hizo sonreír a Cronos y a Persefone verlo con insistencia, conteniendo todo su nerviosismo para ella.

-Bien, escucho. – Cronos subió unos cuantos escalones que lo separaban de la reina del inframundo, lo que hizo que los cuatro jueces del infierno se levantaran como precaución y a Persefone le causo un escalofrió pero aun así ella se mantuvo regida y fría ante la mirada del titán. -¿Qué puedes ofrecernos?

-Se que ya han derrocado a Zeus. – Persefone no detuvo a los cuatro jueces al lado de ella cuando ellos se pusieron en pose defensiva al ver que Cronos no se detenía, la pelirroja creó una esfera de color rojiza y la apunto hacia el titán mayor. - ¡No des ni un paso más Cronos!

-¿Por qué? – Menciono el pelinegro sonriendo sínicamente, pero Japeto le detuvo por el hombro, lo que hizo al de ojos rojos mirarlo molesto. -¿Qué?

-Espera ella no nos hubiera mandado llamar si no tuviera algo interesante que ofrecernos ¿No es así? – Miro a Persefone que desapareció a la esfera rojiza que danzaba peligrosamente a su mano, por lo que se zafo del agarre de su hermano y ambos volvieron de nueva cuenta la vista a la emperatriz del inframundo.

-Japeto en ese caso tratare contigo. – La diosa ignoro a Cronos por completo y el otro titán la miro indicándole que podía continuar con lo que quería decirle. – Quiero la inmunidad, que respeten el inframundo y todos los dominios de Hades junto a su ejército.

-¿Por qué haríamos eso? – Japeto intervino haciendo que Cronos retrocediera hasta situarse contra sus otros hermanos.

-Porque liberare a los demás titanes si me dan su palabra. – Persefone sabía que estaba jugando con fuego, pero era mejor aliarse a aquellos que tenían mayores probabilidades de ganar y ahora que Zeus no estaba esos eran los titanes, quería garantizar protección para ella y los suyos, mientras continuaba moviendo hilos que la beneficiaran a ella.

-¿Y si nosotros los liberamos? – Menciono Cronos restándole importancia a la proposición que la oji roja hacia pero Japeto y Crio le miraron para que se callara. Hyperion avanzo y estiro su mano hacia la diosa que no se inmuto por su acercamiento.

-¿Es un trato? – Hyperion pregunto con una sonrisa en los labios mientras su mano se veía con toda la tentación para Persefone quien tomo la mano del titán frente a ella sin dudarlo y ambos sonrieron.

-Es un trato, pero solo para aclararte algo Cronos, tendré una apariencia frágil pero no olvides que soy hija de dos de tus hijos, no les hubiera llamado si no hubiera tenido un plan B si todo salía mal. – Persefone descendió hasta situarse frente al titán pelinegro ignorando el intento de Triptolemos por detenerla, la diosa del inframundo había estado rodeada tantas veces de peligro y sufrimiento que pocas cosas en su vida podían intimidarla. – Tal vez ustedes hubieran podido acabar conmigo pero yo hubiera ocasionado que el tártaro se sellara para toda la eternidad. – Persefone se dio la vuelta pero la mano de Cronos la detuvo con fuerza por el antebrazo y la obligo a voltearlo a ver.

-Nunca te atrevas a hacerlo. – Si un sentimiento habían despertado sus hermanos en el, era que ellos eran los únicos que realmente tenía a su lado, los únicos que estarán para él cual los necesitara por ello a los únicos que protegería serian a ellos.

-Ni tú a subestimarme. – Persefone se jalo hacia atrás obligando a Cronos a soltarla mientras sus hermanos sonreían por la bravura que aquella diosa con rasgos dulces y inocentes se mostrara así ante ellos, dignamente podía ser llamada la reina del inframundo. – Pero ahora estamos del mismo lado ¿No es así?

-Así es. – Respondió Crio, por lo que Persefone le indico a Aiakos y Triptolemos que les acompañaran hacia el tártaro para que el trato terminara de sellarse y dejar el destino de la tierra y los dioses en las manos de los titanes.

Camus, Milo y Aioria llegaron al reino submarino más pronto de lo que ellos imaginaron en llegar hasta allí, justo en ese momento Sorrento de Siren apareció frente a ellos para guiarlos hasta el lugar donde Julián Solo les estaba esperando para recibir el resto de la esencia del dios de los mares y poseer el poder absoluto del dios Poseidón dentro de él.

Una vez que llegaron al pilar principal encontraron a la diosa Anfitrite sentada en un trono de coral adornado de piedras preciosas al lado de Poseidón que se mantenía de pie con su escama dorada y en su mano derecha llevaba su tridente, en cuando Sorrento entro con los santos de Athena se giro hacia ellos y estiro su mano arrebatándole su propia alma a Aioria que ni siquiera tuvo oportunidad de saludar cuando el emperador de los mares ya poseía el resto de su poder en la palma de su mano.

-Caballeros, han sido muy amables en traer esto hacia mí. – Menciono el joven mientras apretaba aquella esfera que se destruyo haciendo el ruido de un cristal y de esta broto un haz luminoso de color azul intenso que entro directo en el pecho de Julián lo que ocasiono que este retrocediera unos pasos y los muros de todo el recinto comenzaran a vibrar ante la cantidad de poder que comenzó a acumularse en el peli azul frente a ellos.

-Es demasiado Cosmos. – Menciono Aioria cubriéndose con una mano los ojos pues el resplandor blanquecino que siguió comenzó a cegarlo, Milo y Camus se cubrían el rostro con el antebrazo.

De repente de aquella luz cegadora brotaron dos ojos azules intensos que los arrogo contra el muro detrás de ellos y un inmenso viento rodeo toda la habitación. Los tres se miraron interrogantes entre sí atacar o esperar a que el dios de los mares terminara con ellos cuando aquella tempestad termino y vieron a Poseidón frente a ellos por primera vez.

-Lamento lo ocurrido. – contesto la deidad que aun era rodeado por un aura azulada. – Pero es difícil controlar mis poderes después de tanto tiempo sin ellos. Quiero que le den mis agradecimientos Athena por la oportunidad.

-Nosotros les expresaremos sus palabras. – Contesto Milo levantándose y sacudiendo su armadura que se había llenado un poco de arena y restos de coral. – Y esperamos que cumpla con lo acordado.

-Puedo abusar de su ayuda y pedirles un encargo más, caballeros. – Los tres se miraron y asistieron con resignación. – Gracias, informen a Athena de que Zeus ha sido derrocado del poder por los titanes, que por ningún motivo pise el Olimpo que seguramente será el campo de batalla por ahora, refuercen el santuario pues una vez el paraíso haya caído ténganlo por seguro que se harán bandos a favor de los titanes y en contra de ellos, estos últimos vendrán a mi palacio o irán al santuario o a sus propios templos aquí en la tierra y será cuando realmente la batalla se librara. – Poseidón miro el desconcierto y la preocupación que sus palabras habían hecho en los rostros de los santos de oro de su sobrina pero que aun así luchaban por mantenerse serenos y tranquilos frente a él.

-Nosotros se lo informaremos. – Respondió Aioria y se propuso a retirarse en compañía de sus dos compañeros que le siguieron en silencio pero una densa niebla les comenzó a rodear impidiéndoles que se movieran. -¿Qué?

-Athena les necesita con urgencia, vean este favor como una muestra de la unión entre reinos. – Poseidón alzo su tridente y antes de que fueran teletransportados hacia cabo sunion alcanzaron a escuchar al emperador de los mares decirles que se volverían a ver en un futuro no tan lejano.

Athena y Shion estaban reunidos en medio del salón patriarcal donde los caballeros de oro a excepción de Mascara de la muerte, Camus y Aioros estaban ahí arrodillados portando sus ostentosas armaduras doradas frente a la diosa de la sabiduría y los santos de bronce estaban a un lado de ellos, la oscuridad de la noche reinaba en torno a ellos y solo se iluminaba el salón por unos cuantos candiles que mantenían alumbrando el santo recinto.

-Mis santos.- Menciono Athena indicándoles que podían incorporándose y los 10 caballeros se pusieron en dos filas que dejaban despejado un pasillo entre ambas hileras donde la diosa comenzó a caminar en silencio. – Jamás fue mi intención revivirles para que tuviesen que enfrentar esta situación, dentro de mis planes era que pudieran llevar una vida tranquila y disfrutar de la paz por la que han peleado. Por ello ante esta nueva situación de peligro no los obligare si alguno de ustedes quiere irse podrá hacerlo.

Los dorados intercambiaron miradas, sin encontrar ninguna que fuera de deserción entre ellos, habían sido educados para resistir cualquier contratiempo, entrenados para pelear y vivían para luchar por el bien, entre sus planes jamás se consideraba el huir o abandonar el campo de batalla y la diosa pudo ver todos estos pensamientos en sus guerreros que se mantuvieron firmes ante ella.

-Muchas gracias. – Menciono sinceramente Athena, dirigió una sonrisa a los santos divinos que se mantenían atentos ante aquel tipo de situaciones a los que ellos no estaban acostumbrados y los dorados sí; el protocolo.

-Enfrentamos una batalla por diferentes frentes, los titanes dirigidos por Cronos y apoyados por la diosa Hera, por otro lado está la resurrección de Ares y su ejército. – Shion hizo una pausa y miro directamente a Saga quien no se inmuto al oírlo decir aquellas palabras ya que sabía que si volvía a ver al dios de la guerra no tendría ni una pisca de maldad para que el dios se apoderara de ella dentro de su cuerpo y por el contrario si se veían estaba dentro de la posibilidad de luchar contra él en igualdad de condiciones. – Y la reina del infierno Persefone ha revivido a 22 espectros, la deidad del inframundo no se detendrá hasta poder recuperar el poder de Hades.

-No podemos permitirlo. – La voz de Seiya interrumpió a Shion lo que hizo que el patriarca lo mirara fieramente y le saco una pequeña risita a Athena, mientras los dorados se sonreían entre ellos.

-Lo que no podemos permitir pequeño, es que te sigas brincando tus lecciones de protocolo. – Menciono Dokho alegremente, mientras Aioria no podía más y soltaba plena carcajada.

-Bien. – Menciono Shion agradeciendo a su amigo por expresar lo que el había pensado – Aioria te encargaras de eso.

-Sí, patriarca. – Aioria cortó su risa, a pesar de que el alumno de Marin le agradaba sabía que Seiya podía llegar a ser un dolor de cabeza y uno muy fuerte. – Yo me encargare de él. – Miro al castaño que le sonreía inocentemente mientras sus compañeros de bronce le miraban acusadoramente.

-Gracias Aioria.- El patriarca avanzo hasta donde el santo de leo se encontraba y poso paternalmente su mano sobre el hombro del quinto guardián en señal de apoyo mientras sus ojos se encontraban. – Respecto a lo que le ha pasado a Aioros y de lo que todos deben tener cuidado si llegasen a enfrentarse a Ares y los suyos al veneno que portan sus armas.

-Ese veneno le he visto antes, en la era del mito Hera intento utilizarlo para despojar de su divinidad a Hercules, usando en ustedes es mortal, disminuye su cosmos hasta que son lo suficientemente susceptibles para que el veneno les mate. – Athena miro hacia una de las ventanas del recinto recordando en su memoria la era mitológica. – He usado parte de mi sangre en Aioros para que el veneno ataque mi cosmos y no el de Aioros, pero esto solo nos dará tiempo para encontrar una cura.

-Athena ¿Dónde podemos conseguir el antídoto? – Shura miro hacia Aioria quien se había puesto por demás serio y miraba directamente hacia Shion, pues el ambiente se había puesto demasiado pesado en el recinto y es que la sola idea de perder a uno de ellos y principalmente a Aioros que recién comenzaba a vivir les causaba un gran pesar.

-En el inframundo. – Respondió la deidad, pero miro a Shion que se mantenía demasiado pensativo. - Aun esperamos que Mascara de la muerte regrese ya que se ha enfrentado al cuarto juez del infierno.

-¿Cuarto? – Aldebaran alzo una ceja y miro confuso a sus compañeros al igual que él tenían el ceño fruncido o se miraban confusos.

-Pensé que solo era un mito. – Respondió Shaka contestándole a segundo guardian. –Se dice que hay un cuarto juez pero este se encuentra en Elíseos vigilando y juzgando a aquellos que son capaces de vivir en el paraíso de los dioses, después de que Hades muriera posiblemente el se libero del cuidado de elíseos.- Athena asintió aprobando lo que había dicho el sexto guardián y todos los demás guardaron silencio asimilando lo que su compañero les había acababa de comunicar.

-Siento aun su cosmos, se que Mascara de la muerte está bien. – Athena miro a Afrodita que se mantenía con la vista clavada en el techo y escuchando en silencio todo lo que las autoridades máximas del santuario les decían.

-Pero Athena, Triptolemos así se llama el cuarto juez. – Refirió Milo mirando a todos pero sus ojos se fijaron en el doceavo guardián y por unos segundos se puso en el lugar de él, si fuera Camus se encontraría devastado y seguramente estaría tan intranquilo que no podría estar ahí en media reunión dorada. – Nos dio la careta de cáncer.

-Aun siento a Mascara, él está bien pero es indispensable que varios de ustedes vayan al inframundo, ninguno se quedara atrás en esta guerra. – Athena miro a todos sus santos pero sintió una enorme opresión en el pecho, algo no andaba bien.

-¿Y los titanes? – Mu miro a su maestro quien sonrió, pues sabía que su alumno estaba preocupado por él, debido a la fractura de su brazo, pero él le sonrió restándole importancia al asunto, no era momento para preocuparse por heridas, el santuario entero peligraba y él como el patriarca haría todo lo posible para quitar la amenaza que Cronos representaba para todos ellos tal y como el supredecesor lo había hecho con el dios Thanathos.

-Athena levantara una escudo en todo el santuario para evitar daños entre las batallas de los titanes y los dioses, pero es indispensable nuestra participación en ella y más si vidas inocentes están en riesgo. – Shion miro a Dokho que sonreía despreocupadamente, lo que hizo al peli verde relajarse un poco, no sabía porque pero siempre que veía al chino relajarse le ayudaba un poco. – Son 12 titanes hay doce caballeros dorados.

-Maestro pero Aioros, Camus y Mascara están fuera ¿Cómo… - Aldebaran miro a sus compañeros entendía a la perfección que eran 13 contando a Kanon por lo que actualmente de esos solo estaban disponibles 10 de ¿Dónde sacaba al 11 caballero dorado el patriarca?

-Camus no tardara en sanar y el doceavo seré yo. – Sentencio Shion, lo que hizo que Mu alzara la vista impresionado pero después se dio cuenta que no solo fue él si no que todos los ahí presentes le miraban incluso Athena había salido de sus pensamientos y le miraba con un dejo de tristeza. – Condiciones desesperadas requieren decisiones fuera de lo ordinario.

-¿Y los santos de plata? - Afrodita intervino esta vez, sabía que algunos de ellos podían equiparar el poder de un santo dorado tal era el caso de Albiore. – Patriarca usted no debe. – Y es que el doceavo guardián no quería que los santos de plata pelearan pero en realidad prefería perderlos a ellos que Shion resultara herido o aun peor y sin quererlo fijo su vista en el brazo fracturado del patriarca detalle que sus compañeros ya habían reparado.

-¿Y nosotros? – Esta vez fue Ikki el que intervino cruzándose de brazos mostrando su desacuerdo con aquella orden que les restringía a ellos de poder ayudarles.

-No quiero que ellos resulten lastimados en esta pelea, sabemos de la fuerza del enemigo supera a los más fuertes de la orden, porque les arriesgaríamos de esa forma. – Shion encontró apoyo en Dokho que le miraba atentamente y le seguía con la mirada. – No queremos que ellos salgan afectados en esto, respecto a ustedes caballeros divinos, no sabemos del resultado de estas batallas por lo que ustedes serán los encargados de defender a Athena por nosotros.

-Patriarca… - Vocifero Seiya débilmente comprendiendo aquellas palabras que decía Shion y por primera vez sintió un gran respeto por aquel que fuese el patriarca antes que Saga, entendiendo a la perfección porque los dorados no solo le obedecían por el protocolo si no porque ellos le guardaban mucho respeto a quien para la mayoría había sido como un padre.

-Bien, pueden retirarse. – Shion les vio salir en silencio a cada uno de ellos, no sabía qué era lo aquella sensación tan apremiante, sentía en el fondo de sí mismo como si estuviera arrogando a los dorados de nueva cuenta a la muerte y si de él dependiera libraría todas sus luchas pero como patriarca había llegado a comprender sus fortalezas pero más sus límites, sabía que no podría librarles de sus batallas pero al menos se encargaría de quitar al titán Cronos del camino de sus muchachos.

-¿Estás bien Shion? – Dokho se acerco a él y puso su mano en el hombro del peli verde que le miro intrigado. – Estamos haciendo lo correcto Shion, sabemos que los caballeros de plata no tendrían oportunidad con los titanes y no podemos permitir que Seiya y los demás vuelvan a arriesgar su vida por nosotros, ellos conocen sus responsabilidades Shion.

-Lo sé Dokho, pero quisiera evitarles el sufrimiento por el que posiblemente van a volver a pasar. – Shion contemplaba la oscuridad del recinto patriarcal que parecía haberse sumido en las penumbras de la noche y distinguía a lo lejos los últimos rayos del sol. – Ellos tendrán que superar sus límites, llevar sus cosmos hasta su máximo nivel y aun ahí sobrepasarlo, si quieren vencer a los titanes.

-Ellos lo harán. – Dokho se encamino a la puerta para dirigirse a libra cuando Shion le llamo lo que hizo que se girase para encontrarse sus miradas.

-No lo dudo, Dokho pero no podre perdonarme si algo les pasara, ya les he visto sufrir lo suficiente apenas sus corazones están sanando. – Shion se acerco a su amigo al tiempo que ambos salían del salón patriarcal y la luna les iluminaba con sus primeros rayos de aquella noche, miro hacia atrás donde la silla del patriarca se alzaba imponente y tan vacía. – No iras esta noche a Libra.

-¿A qué te refieres Shion? – Contesto alarmado el chino viendo aquella mirada traviesa en su amigo quien se quito el cabestrillo que le ayudaba a sanar su brazo y lo tiro al suelo, por lo que Dokho permaneció pasmado.

-Esta noche iremos al infierno, solo tú y yo, no quiero que la oscuridad regrese a Cáncer. – Shion le sonrió a su amigo, quien asintió contento viendo aquel dejo de travesura que tenia tantos años sin ver en el lemuriano y soltó una simple carcajada, el peli verde le tomo por el hombro mientras una esfera color dorada les rodeaba y en aquella noche silenciosa el cosmos de ambos desapareció del santuario.

Saori se encontraba recostada en el salón de Athena, había sido sin duda un día agotador después de escuchar a sus santos dorados los cuales le habían comunicado todo lo respectivo a sus informes de acuerdo con las misiones que habían realizado. Las cosas comenzaban a complicarse para ella que jamás había pensado o meditado que al revivirlos les haría volver a pasar por situaciones como aquellas.

Tenía a Camus y Aioros en la enfermería por las heridas que había sufrido el primero y por el veneno que Enio había introducido en Aioros que a pesar de haberle dado su sangre para que el veneno se confundiera y en vez de mermar el cosmos de Aioros fuera tras su sangre purgándola del torrente sanguíneo del santo de sagitario no garantizaba ni una cura ni siquiera un anti veneno para su santo el cual se encontraba entre la vida y la muerte.

Por otro lado tenía los destrozos que estaban esparcidos por todo el santuario a causa de los poderes de Cronos había ocasionado y sin embargo al saber el daño por el que el santuario estaba pasando tenía una sensación de angustia y preocupación que ella creía estaba relacionado con lo que Hyoga y Shiryu le habían comunicado sobre Mascara de la muerte.

-No puedes dormir. – Menciono una voz a sus espaldas y por la luz de la luna que se filtraba por la ventana pudo divisar como pequeños destellos azules daban forma a la silueta de una dama de caballera rubia blanquecina que daba hasta el ras del suelo y unos preciosos ojos amarantos se formaban en la oscuridad de su habitación, aquella deidad frente a ella no era otra más que la diosa de la luna.

-Artemisa. – Athena se sentó sobre su cama y no se inclino ante ella como en otras ocasiones hubiera hecho, pero hacía tiempo que había determinado no arrodillarse frente a ninguno de sus iguales. -¿Qué haces aquí? -

-Solo vengo a comunicarte lo que ha pasado en el Olimpo. – Artemisa salió hacia los rayos de la luna blanca que adornaban el cielo oscuro con sus rayos celestes y que iluminaban la negrura de la noche, se dirigió hacia el balcón del cuarto de la diosa de la sabiduría y se sentó delicadamente sobre el barandal esperando con tranquilidad a su hermana mientras analizaba por encima de su hombro toda la construcción que abarcaba el santuario.

-¿Qué ocurre? – La peli lila siguió a la diosa de la luna que se mostraba demasiado serena ante la situación que todos los dioses estaban enfrentando, pero si conocía bien a la rubia era porque el astro sobre ellas tranquilizaba a de los ojos mieles.

-El Olimpo ha sido atacado y Zeus ha caído, la mayoría de los dioses se han refugiado en el santuario submarino de Poseidón y otros han ido a parar a sus templos, seguramente el emperador de los mares ya te lo ha explicado. – Artemisa hizo una pausa y se puso frente a ella mientras ambas miradas amatista contra azul se enfrentaban en aquella noche donde la luna llena predominaba.

-Eso ya lo sé. – Tercio la peli lila observaba detalladamente las facciones de su hermana y pudo distinguir muy dentro de ella, una clara preocupación.

-Aprovecha la luz que te da la oscuridad. – Artemisa miro al astro sobre ellas que parecía una perla incandescente que había recibido por años los embates infinitos de meteoros y solo en ella había provocado cráteres pero aun se mantenía siguiendo al sol, sin retroceder tal y como Artemisa seguía a su hermano gemelo desde el nacimiento de ambos en la era del mito. – El sol se teñirá de oscuridad, Apolo esta herido y no puede mantener su poder de forma adecuada, si bien la tierra no se oscurecerá como en un eclipse, el sol no iluminara como debería.

-¿El se encuentra bien? – Athena miro a la luna sobre ella que se esforzaba por darle claridad a la noche en un intento desesperado por alumbrar la tierra e impedir que esta se tiñera por la oscuridad que la amenazaba desde el cielo.

-Sí. – Respondió fríamente la rubia. – Por el momento, Athena tienes que tener cuidado porque ellos no descansaran hasta que te vean Apolo y a ti derrotados, ya han vencido a nuestro padre y tengo la impresión que lo tienen encerrado en el templo principal en el Olimpo, no batallaremos ahí, nuestro campo de batalla será la tierra y posiblemente tendrás tu que librar más de una batalla.

-Lo sé. – Reconoció Athena mientras Nike aparecía en su mano y una ligera aura comenzaba a rodearla. – Tenemos que hacerlos bajar para derrotarlos y enviarlos al tártaro.

-Recuperar a Hades ya no lo consideramos una opción. – Menciono Artemisa mientras aparecía su arco frente a su hermana y una flecha de luz dorada se formaba en su mano izquierda. – Ares y Hera nos han traicionado posiblemente él también lo hará, si no es que Persefone ya lo ha hecho.

-Estamos juntos en esto. – Artemisa asistió a su lado y coloco la flecha en su arco apuntando hacia la luna y viendo directamente hacia su hermana la lanzo cercano a la estatua de Athena donde una luz azulada brillo con intensidad en el cielo por unos segundos y cuando estuvo a punto de extinguirse, esta ardió con más intensidad y se desplazo hacia los lados cubriendo al santuario en una especie de escudo azulado.

-Cronos detendrá el tiempo en la tierra pronto, por lo que esta barrera impedirá que tus caballeros se han afectados por ella, considéralo como una ayuda por nuestra futura alianza. – Y sin esperar un gracias por la diosa de la guerra Artemisa desapareció como si la luna absorbiera la esencia que la formaba y la diosa de la luna desapareció por completo. Todo el santuario se ilumino pero sus ojos azules intenso pudieron distinguir que la casa de cáncer no se ilumino como las casas restantes lo hicieron, por lo que su preocupación aumento sintiendo como si le clavaran una daga en el pecho.

-¡Seiya! ¡Seiya! – Le llamo apremiantemente introduciéndose a su habitación donde aun reinaba la oscuridad, el patriarca entro claramente perturbado por la presencia que había sentido perteneciente a la diosa de la luna pero se tranquilizo al ver a su diosa sana y salva. – Es Mascara de la muerte.

-¿Qué pasa con él Athena? – Seiya se paró en seco en medio de la habitación y miro confundido a la deidad, que corrió hacia él llevando a Nike en su mano y la aura blanquecina que la rodeaba comenzaba a tomar mayor intensidad.

-Ahora entiendo porque Persefone lo quiere en el inframundo, Artemisa acaba de insinuármelo, todo se teñirá de oscuridad. –Athena miro la cara interrogante de Seiya que aun no le tomaba hilo a la conversación que su diosa estaba intentando entablar con él y es que Saori siendo aun una adolescente solía hablar de vez en cuando de forma atropellada. –Persefone le va a ofrecer la granada del inframundo, es la única forma que Cáncer se tiña de oscuridad. – Y dicho esto Athena apunto al cuarto templo que efectivamente se encontraba en penumbras.

-No puede ser. – Menciono enmudeciendo, no creía que Mascara volviera a aceptar trato ni a traicionar a Athena por ningún motivo, había demostrado su redención desde la última guerra contra Hades, pero sus ojos no le engañaban en cualquier momento Cáncer aceptaría el trato que la emperatriz del inframundo le estaba proponiendo.

-Tengo que hablar con él. – Respondió Athena retrocediendo como si el solo mirar una traición frente a sus ojos le dañara terriblemente, se llevo una mano al pecho sintiendo que el peligro amenazaba mas y mas al santuario y a sus guerreros.– El mundo de los sueños. – Susurro para si misma y vio el ultimo haz de esperanza en aquella posibilidad.

Continuara…

Aclaraciones:

-Aclaro que mi historia es como si el episodio G no hubiera existido, por ende los dorados jamás han peleado contra los titanes.

-Les invito a que lean la historia de cómo Persefone termino en el infierno, pero si no quieren hacerlo aquí les doy el resumen, Hades se roba a Persefone, por lo que su madre Demeter enojada comienza un sequia, los hombres le reclaman a Zeus quien manda a rescatar a la hija de Demeter, pero Hades para retenerla le da a comer la granada del único árbol del inframundo y que según las semillas que comiera eran los meses que tendría que pasar Persefone cada año en el inframundo y el resto en el Olimpo creo que se comió 6 y no se sabe si Hades la engaño o ella las comió por gusto.

¿Dudas?

Agradezco mucho sus comentarios:

Derama17: Me alegra mucho que te hayas animado a leerlo, casi siempre cuando uno ve fics en la página principal el sumary debe ser muy bueno para que uno entre. Me pone muy contenta que te haya gustado mi fic, creo como tu mencionas que todos los santos tienen una pieza clave en esta historia por algo son santos y a pesar de enfrentar enemigos poderosos hay más de una forma de cómo mostrarlo y no solo poner a santos fuertes como cobardes o débiles, le quitan lo bueno a la historia y hasta dan pena ajena. Comparto ese punto contigo respecto a Aioros-Saga, al final de cuentas Aioros era el más apto para sustituir a Shion, por lo que creo que fue uno de los buenos santos, a pesar del misticismo que rodea a este personaje.

Si los dioses tienen que pelear por su lugar, algo muy inusual en ellos y ahora que Poseidón, Zeus y Hades no están para derrotar a Cronos como en la mitología ellos solitos tendrán que apañárselas si no quieren terminar en el tártaro o bien destrozados. Además los dioses solo ven por ellos, no importa a quien se lleve entre los pies sus decisiones. No me importa que los comentarios sean largos eso me gusta, porque se apreciar los buenos comentarios.

Joana: No iba a permitir que tres jueces se fueran limpiamente además Mascara de la muerte, Afrodita y Aldebaran recobraran su poder de santos dorados porque creo que se les discrimino y utilizo para hacer ver a otros santos fuertes y la verdad eso no me gusto para nada. Jajajaja yo encantada de responder todas tus dudas. Respecto a Hera no creo hacer que los titanes se aprovechen de ella. ¿Qué tal te pareció este capitulo?

Kaito_Hatake_Uchiha: Hera estaba enojada, muy enojada, así que le regreso una a Zeus, pero de forma muy errónea.

Caliope07: Los titanes no van a descansar hasta ver sosegado cualquier amenaza contra ellos y tenlo por seguro que los dioses lo son, por otro lado Hera y Ares serán sus aliados por un tiempo ya veremos qué pasa más adelante, la tierra lamentablemente si terminara siendo un campo de batalla muy bueno :D Solo hay que esperar que lado va a ganar porque ahorita son dos, más adelante saldrá un tercero.

Carlos: ¿Te sorprendió el cap? Sé que te gustan los gemelos así que para ellos tengo muchos planes a futuro solo ten calma, que cuando los veas te quedaras de 0.0

Beauty: Aun no se qué doradito regresara a visitar a Hades primero, Aioros obviamente NO! No lo permitiría, Aioros tiene que dar su gala de santo dorado al máximo, así que tranquila el no irá al inframundo pronto, ya estuvo haya muchos años. Gracias tú por dejarme un comentario siempre, de verdad se agradece y para mi es un encanto contestarles, así se que las personas leen mi historia y esta o navega tristemente sola y abandonada en internet.

Gaby: Muchas gracias por tu comentario Gaby, espero y te guste este capítulo, intentare en el próximo meter más a los bronceados y a los de plata, aunque teniendo a los doce casi completos tal vez haya un altercado entre ellos.

SakuraBallSeiyaMejoresAnimes: Lamento mucho el retraso pero me vi metida en muchos problemas, solo me queda decirte que para Aioros su futuro no augurio nada bueno, porque ya os mencione la única forma de que despierte de lo contrario X.X todo depende de Mascara de la muerte. ¿Quien dijo que redimirse era fácil? Ha veces se debe dar la vida para salvar la de otro.

Gracias por sus comentarios a todos aquellos que se toman la molestia de escribirlos y también espero y les agrade el capitulo. Comenten.

Atte: ddmanzanita.