Capitulo 12. El fin de los tiempos.

La noche cubría y velaba por la protección de a tierra, desde cualquier punto del santuario era perceptible la barrera azulada que se alzaba protegiendo todos los límites del recinto de la diosa de la sabiduría, tanto Apolo como Artemisa habían aprendido a ver correr el tiempo entre ellos, pero conocían que en realidad Cronos era quien le había creado y quien podía pararle, por lo que la diosa de la Luna puso aquella barrera sobre el templo de su hermana como una precaución al temible poder del dios Cronos, si el ejercito ateniense caía se iba con gran parte la posibilidad de recuperar el Olimpo.

Y aquel día no solo los 12 titanes habían salido de la prisión que debió contenerlos por toda la eternidad, si no justo cuando la noche se había tornado tan oscura indicando que el amanecer llegaría pronto, el poder del titán Cronos sobrevoló el aire…

La luna y el sol se encontraron en los límites de la tierra, viéndose frente a frente y cuando el astro solar que se había tornado de color anaranjado oscuro estuvo a punto de lanzar sus débiles rayos para proporcionar luz a la tierra, un brote de oscuridad envolvió desde el horizonte todo lo que encontró a su paso, deteniendo el tiempo y dejando a todo ser vivo o material inerte, por unos segundos ambos astros se vieron ocultos por este fenómeno pero lograron alzarse y trascurrir con su curso, uno que la mayoría de los pobladores de la tierra no apreciarían.

La mayoría de los habitantes del santuario quienes acostumbraban a levantarse antes de alba pudieron apreciar aquel suceso que les erizo la piel, los rayos del sol comenzaron a iluminar tenuemente el planeta cuando la oscuridad embargo todo y comenzó a consumir todo lo que su vista veía y observaban como se aproximaba hasta el santuario, vieron como las montañas a lo lejos en el horizonte y los pueblos que rodeaban al santuario fueron engullidos por ella, cuando iba a tocar las primeras barracas perteneciente a los guardias, el escudo que Artemisa había colocado para proteger al santuario comenzó a brillar con intensidad de un color dorado eléctrico y formo una esfera luminosa que se encontró con aquella negrura espesa y cuando el combate de ambas fuerzas cedió, la oscuridad se había ido, en el cielo se observaba al sol tan parecido al del atardecer iluminando a la tierra, pues en vez de ser un amarillo intenso se había tornado anaranjado rojizo, bien podría confundirse con el atardecer, pero aquellos que habían observado el suceso tenían en cuenta que el tiempo continuaba corriendo para ellos de ahí en más todo estaba congelado, el tiempo se había detenido por completo... La batalla había comenzado…

A pesar de ya ser de día, la tierra estaba teñida de una oscuridad perceptible, miro con sus ojos celestes al sol el cual no brillaba con la misma intensidad con la cual lo había hecho por miles de años, era como si un día al otro el fin de aquella estrella fugaz hubiese decidido extinguirse por completo y luchaba con las ultimas brasas mantener aquel fuego perpetuo, lo que le indicaba que la lucha entre dioses y titanes había comenzado.

Se alejo unos pasos del salón de batallas de Piscis y se interno en su propio jardín de rosas venenosas, que para él habían sido las únicas amigas durante años hasta que conoció al cuarto guardián, sonrió tristemente recordando sus primeros días de vida después de que Athena les reviviera cuando Mascara de la muerte y el no habían hablado y que unos días posteriores, lo vio ahí recargado en aquella pilastra que delimitaba la salida de Piscis y de la cual Cáncer nunca llega a sobrepasar por el veneno implícito en el jardín.

Acaricio suavemente los pétalos de una rosa roja y dirigió su mirada hacia los templos debajo de Piscis hasta que distinguió Cáncer en la penumbra de aquel día, porque tenía esa sensación tan extraña, suspiro suavemente alejando sus pensamientos de aquel sentimiento y movió su mano instintivamente entre los rosales y sus ojos felinos apreciaron como una rosa derramaba una gota de veneno sobre otra rosa y como esta le absorbía; veneno contra veneno.

-Aioros. – El caballero de piscis salió apresurado de su jardín y atravesó toda la casa de Piscis apurando el paso, subió las ultimas escaleras hasta el salón patriarcal, cuando llego frente aquella edificación la contemplo y se extraño de no sentir el cosmos del patriarca, suspiro y empujo la puerta de aquella sala, que se abrió dejando escuchar un estruendo y el aire se coló por los pasillos apagando todas las velas de la instancia.

Prácticamente cruzo corriendo el salón patriarcal y se detuvo a sus afueras justo donde iniciaban las escaleras hacia el templo de Athena, miro aquella línea divisoria de mármol, jamás había estado en el recinto sagrado de la diosa, por lo que se detuvo unos segundos a contemplar aquello.

Pero algo le impulso a continuar por lo que oprimió cualquier sentimiento que le causara aquello y se comporto fríamente, avanzo con paso decidido aquellas escalares y cuando se vio frente a la puerta finamente tallada de la diosa de la sabiduría en la más fina madera toco suavemente con los nudillos, escucho atentamente ruidos dentro de la habitación y cuando vio una cabellera castaña le abría se extraño completamente.

-¿Seiya? – Afrodita alzo una ceja con enfado al ver al santo de bronce en el cuarto de la deidad, por lo que puso una mano en la puerta y le empujo, miro a Athena recostada en su cama y que esta abrió los ojos al ver la intromisión del santo de piscis. - ¿Athena? – Menciono con duda arrodillándose a los pies de la cama donde la peli lila le sonrió tiernamente.

-Afrodita ¿Qué haces aquí? – Pero al oír aquellas palabras de Saori, el santo de piscis solo pensó ¿Qué hace él aquí? Refiriéndose a Seiya pero reprimió aquellas palabras en su mente y es que al ser un santo dorado ciertamente se sentían celoso de la cercanía de los caballeros de bronce con la misma diosa, se suponía que los santos dorados deberían ser los más cercanos a ella, quienes le protegieran hasta el final, pero se suponía.

-Athena quiero solicitar una audiencia con usted. – Los ojos de Piscis fulminaron al santo de Pegaso que se encontraba aun deteniendo la puerta, por lo que Athena sonrió y se arrodillo a un lado de su doceavo guardián.

-Seiya está aquí, porque planeo viajar por el mundo de los sueños al infierno. – Athena había entendido a la perfección la mirada de Piscis hacia Pegaso por lo que decidió explicarle para no causar una mala imagen, pero aun así vio más sorpresa en los ojos de Afrodita. – Seiya me estaba cuidando esta noche, conforme a las órdenes de Shion.

-Discúlpeme. – Afrodita se sintió apenado al verse sorprendido por la diosa y volvió a fulminar con su mirada a Seiya cuando le escucho reír con travesura por lo que este guardo silencio. Pero entendió a la perfección que la joven intentaría hacer contacto con Mascara de la muerte. – No soy nadie para pedirle explicaciones.

-No te preocupes. – Athena tomo la mano de Afrodita y le indico que podía levantarse, por lo que el santo lo hizo sin rechistar. - ¿Y bien? – Le sonrió.

-Athena, le pido su permiso para intentar curar a Aioros. – Afrodita vio la sorpresa en los ojos azules de la deidad, que se golpeo la frente jovialmente al entender lo que aquellas palabras significaban y el plan detrás de ellas.

-¡Que tonta! – Rio Saori alegremente al ver como aquel pequeño detalle se le había pasado, por lo que Afrodita la vio asustado al ver aquella reacción en la joven. – ¡Tu eres un experto en venenos!

-Sí. – Menciono seguro de sí mismo. – Aun no sé si funcione, pero si pudiera tener acceso al veneno, podría introducirlo a mi sangre y que el veneno que fluye dentro de él enfrente al veneno que corre en mi sangre.

-Veneno contra veneno. – Susurro Seiya detrás de ellos, por lo que Afrodita volteo hacia él y asistió, por lo que Athena y el japonés intercambiaron una mirada. - ¿Y eso no es peligro para ti?

-Podría, pero… - Athena le regaño con la mirada pero Afrodita volvió a arrodillarse humildemente y miro a los ojos de la deidad directamente. – Mi diosa, permítame arriesgar mi vida por el hombre que salvo la suya, si yo resisto el veneno podre encontrar una cura y salvar la vida de Aioros, ¡Sé que puedo hacerlo! ¡Confié en mí por favor!

-Siempre he confiado en ustedes. – Contesto apaciblemente sentándose en la cama y tocando el hombro de su caballero. – Es solo que no quiero arriesgarte, te he recuperado hace tan poco y temería si algo te pasase por mi incompetencia como diosa.

-¡No digas eso! – Seiya se acerco hacia ambos y se paro justo cuando Afrodita le miro por el rabillo del ojo, no era una mirada amenazante si no una de suplica, para que no interviniera en la conversación entre ellos dos.

-Athena, entiendo su preocupación, pero yo no me perdonaría el volver a darle la espalda a Aioros, no esta vez, tengo la posibilidad de salvar su vida y quiero ayudar. – Afrodita miro lleno de decisión a la deidad que se sonrió orgullosa.

-Tal vez Afrodita salves dos vidas. – Athena miro llena de compresión a aquel santo que le traiciono una vez y que ahora estaba frente a ella completamente redimido, no era solo el santo más bello del santuario, era el santo de Piscis aquel que poseía la nobleza de cualquiera de la orden dorada. – No solo salvaras a Aioros, sino que también… - Athena hizo una pausa que le resto el aliento al caballero dorado frente a ella, pero sabía que la diosa del inframundo usaría todo para retener a Mascara de la muerte y entre ellos estaba el chantaje y tal vez la vida de Aioros iría de por medio, orillándolo a tomar una decisión apresurada y comprometida; por lo que sí le decía aquello era para que el santo de las rosas luchara contra aquel veneno con toda sus fuerzas. – Salvaras el alma de Mascara de la muerte.

-Aioria. – Le llamo dulcemente la pelirroja quien le detuvo de la mano, el santo de leo continuo dándole la espalda y ella se acerco a él pasando sus brazos por el pecho del quinto guardián y recargando su rostro sobre el hombro del guerrero. – Todo va a ir bien, tu hermano es un guerrero muy fuerte.

-También lo es ese veneno. – Contesto secamente, tomo una de las manos de la amazona del águila y se retiro de ella plantando un suave beso en la mano de la guerrera, la cual se ruborizo al instante al sentir los labios del león dorado rosar con su piel. – Es solo que estoy preocupado por él, ya le perdí una vez…

-La situación fue muy diferente. – Marín vio los ojos verdes de Aioria colorados debido a la impotencia que sentía el guardián al verse orillado a no poder hacer nada por su hermano. – Ahora no estás solo.

-¿Qué no estoy solo? Todos están encerrados en sus malditos templos. – Rugió Aioria enfurecido dirigiendo su puño contra una inocente pared que estaba ahí y que sucumbió ante el impacto de la fuerza del quinto guardián.

-Les juzgas mal. – Susurro Marin tomando la muñeca de Aioria y haciendo que este dejara de golpear la pared. – Ellos saben que por nada del mundo pueden permitir que los titanes vuelvan a pasar los límites del santuario, por ello se preparan para las batallas. –

-Ninguno de ellos ha venido a verle. – Tercio Aioria encaminándose hacia la enfermería, Marín apuro el paso pues prácticamente el león dorado comenzó a avanzar a zancadas.

-Te equivocas. – Refuto Marín poniéndose de frente a Aioria e impidiéndole dar un paso más. – No voy a dejar que te alejes de ellos Aioria y menos por ideas equivocadas, crees que eres el único en venir pero te equivocas, he visto a los gemelos, a Shura, Milo, Aldebaran y Mu pasarse por aquí, todos ellos vinieron y estuvieron con él un rato, pero todos saben bien que no pueden hacer nada por él.

-Marín. – Menciono Aioria viendo como la amazona se había exaltado tan de repente, lo que lo había dejado sorprendido y se pregunto que si sus arranques de ira eran tan parecidos a lo que la amazona estaba haciendo en ese momento. – Perdón no lo pensé.

-Claro que no lo pensaste. – La pelirroja se hizo a un lado, dejándole libre el camino hacia la enfermería y miro a Aioria enojada.

-Eres la mejor, aunque me regañes. – El castaño la tomo por la cintura, aunque ella se resistió y le planto un beso en los labios, lo que hizo que las mejillas de Marín se incendiaran y después de unos segundos de resistirse le correspondió el beso. – Te amo.

-Yo también Aioria. – Le respondió casi sin aliento y vio como el santo se alejo con una sonrisa en los labios directo hacia el sanatorio.

-Que contenta te dejo. – Menciono una voz a sus espaldas que identifico como la de Shaina, se giro lentamente y miro como su amiga le sonreía con burla.

-Cállate. – Repuso y volvió a mirar hacia Aioria y le vio entrar en la enfermería completamente serio, a su lado Shaina le miraba impresionada, para ella era la primera vez que veía sonreír a Marín felizmente desde hacía mucho tiempo y ello la alegro.

Cuando Aioria volvió a entrar al sanatorio se alegro de ver que el grupo de heridos había disminuido considerablemente, por lo que se encamino hacia el pasillo donde se encontraba la habitación donde estaba su hermano, camino en silencio ensimismado en sus pensamientos, en realidad en sus peores.

No tenía idea de cómo reaccionaría si volviera a perder a Aioros, en ese momento realmente tenía miedo, tanto que aquella sensación no le dejaba tranquilo, era como una opresión en el pecho que le acompañaba en cada momento y sus recuerdos de aquella noche cuando perdió a Aioros a manos de Shura volvía una y otra vez a su mente, sabía que tal vez pudieran morir si se enfrentaban a los titanes pero jamás llego a considerar el nombre de su hermano entre los posibles muertos, en realidad se negaba a creer que eso ocurriría.

-Aioria. – Le llamo Camus que recién salía de su cuarto y Milo le acompañaba a su lado.

-Milo y Camus. – Respondió automáticamente mirando hacia los dos peli azules que cruzaron una mirada preocupada y avanzaron hasta donde él estaba, parado justo frente a la habitación de su hermano, no se había dado cuenta en qué momento había llegado ahí, manteniendo entre sus manos la perilla de la puerta, aun cerrada y que había permanecido mirándole por mucho tiempo. -¿Ya estás bien Camus?

-Sí, ya puedo regresar a acuario. – Miro al galo el cual ya se encontraba sinceramente mejor a como lo había encontrado en las tierras asgardianas y que saldría por primera vez de la enfermería desde que habían llegado de su misión en el reino submarino, desde entonces Milo se había tomado el trabajo de informar a su amigo de todo lo acontecido en las doce casas y era obvio que ahora que Camus regresaba a las doce casas, Milo le acompañaría.

-¿Estás bien? – Pregunto Milo sinceramente y puso su mano en el hombro del león dorado con preocupación, pero la respuesta de Aioria no llego. – Aioria él se pondrá bien, es de Aioros de quien hablamos…

Aioria se había congelado mirando a su hermano, postrado en aquella cama, estaba tremendamente pálido, se podía apreciar unas ojeras enormes alrededor de sus ojos y aun se encontraba inconsciente respirando con dificultad y su cosmos se encontraba tan bajo como el de un caballero de bronce y eso ya era mucho para ellos.

-Además Athena está haciendo todo lo que puede, amigo y… - Milo intentaba animar al león dorado pero estaba dudando en ese momento si en realidad lo había escuchado y miro a Camus el cual se mantenía en silencio debido a la poca relación que había entre ellos dos.

-Intento creerlo Milo, pero él no parece mejorar y … - Aioria se mordió la lengua justo para reprimir como su voz estuvo a punto de quebrarse, miro rápidamente que Camus intercambio una mirada con Milo indicándole que le dieran privacidad, lo cual realmente agradeció por parte de Acuario.

-Estaré en mi humilde casita por si ocupas algo. – Intento bromear Milo dándole unas palmadas al león y luego le despeino lo que hizo que Aioria volteara hacia el haciendo un puchero y golpeándole la mano para retirarla de su cabello, lo que le hizo sonreír un tiempo.

-No estás solo Aioria, si necesitas algo, puedes también contar conmigo. – Camus le miro lleno de sinceridad y los ojos de Aioria lo comprendieron a la perfección, los dos amigos desaparecieron en silencio por el pasillo y el entro a la habitación completamente en silencio, cerrando la puerta tras de sí.

La imagen para él fue chocante, aun no se había acostumbrado a ver a su hermano con aquella figura de adulto, porque en su mente seguía la imagen de aquel Aioros adolescente que le había acompañado por mucho tiempo y ahora no solo tenía que lidiar con eso si no con verlo en un estado tan deplorable.

-Aioros. – Le llamo halando una silla y se sentó a un lado de su cama. – Tienes que ponerte bien, ya no puedes dejarme solo… ya no…yo no lo resistiría…

Aioria no pudo continuar hablando porque en ese momento le ardía la garganta y sentía un nudo en esta mientras las lagrimas rodaban por su mejilla como si fueran sangre, no podía soportar la idea de volver a sufrir la muerte de su único hermano de sangre, aquel a quien ya había perdido una vez, recargo su frente sobre su mano e intento calmarse por medio su respiración.

-Tú puedes con esto, es solo veneno. – Sabia que el hablar era inútil, muy probablemente su hermano no le escuchaba pero le servía a él para darse ánimos. – Eres tan fuerte como Saga, puedes aguantar lo que sea Aioros.

Y de repente todo el dolor y miedo que sentía se convirtió en ira y odio contra aquella diosa que había atacado a Aioros y Kanon, si la tuviese enfrente la destrozaría sin pensarlo no importaba si era un dios, le asesinaría con sus propias manos, poco le importaba volver a ser castigado por los dioses. Si en cualquier momento Ares o cualquiera que estuviera relacionado con el apareciera el mismo iría a matarlo y sacarle el antiveneno a golpes.

-Aioria. – Escucho dos pequeños golpeteos en la puerta y el cosmos de Afrodita se elevo para avisarle que estaba afuera. Se limpio con el antebrazo las lágrimas que habían salido traicioneramente de sus ojos y guardo la compostura.

-¿Qué necesitas? – Abrió la puerta y miro a los ojos al santo de piscis lleno de indiferencia.

-Aioria, vengo hacer lo que pueda por Aioros. – Aioria se hizo a un lado claramente sorprendido dejando entrar a la habitación al doceavo guardián y cerrando tras él la puerta, de todos los que había llegado a imaginar que podían ayudar a Aioros jamás pensó en Piscis. –Puedes quedarte, si así lo deseas. – Repuso fríamente el sueco.

-¿Qué vas a hacer? – Toda la hostilidad en la voz del quinto guardián habían desaparecido, pero aun se manejaba con cautela pues conocía que Piscis había servido a Ares en el pasado por gusto propio.

Afrodita no respondió al instante, tomo un pequeño cuchillo que estaba en una de las repisas y le limpio en alcohol el cual hizo arder con su cosmos, se acerco a la cama de Aioros con cuchillo en mano pensando en las palabras que Athena le había indicado "Salvar dos vidas" "Aioros y Mascara" pero Aioria le sostuvo por la muñeca.

-¡¿Para qué es eso?! – Menciono alarmado haciendo mayor fuerza en la mano blanca del caballero de Piscis que sonrió.

-Aioria, cálmate que me pones nervioso. – Admitió con simpatía, zafándose del agarre de su compañero que lo miro abochornado. – Voy a introducir el veneno en mi cuerpo, es la única forma de encontrar un antídoto a tiempo para tu hermano. – "La otra forma es que Mascara, venda su alma a Hades"

-¿Por qué haces esto? – Había comprendido el riesgo que Piscis corría al hacer algo como aquello, pero aun así el se estaba arriesgando por su hermano, algo muy inusual respecto al doceavo guardián, jamás había visto arriesgarse a él o Mascara de la muerte por alguien que no fueran ellos dos y ahora, ambos le estaban dejando asombrado con sus cambios de actitud y le habían cerrado la boca.

-Es lo menos que puedo hacer. – Afrodita corto su muñeca y la sangre comenzó a correr por su mano presurosamente manchando de rojo aquella fina piel blanca, por lo que Aioria retrocedió unos pasos al ver la sangre de Piscis aquella que estaba envenenada hasta el extremo y que solo su guardián podía soportar, miro como las gotas del liquido escarlata cayeron sobre el suelo, tiñéndolo de negro como si de acido se tratase.

-Afrodita. – Le volvió a interrumpir haciendo que el santo de Piscis le mirara algo exasperado. – Muchas gracias.

Afrodita le sonrió y continúo en su labor, hizo el mismo corte en Aioros pero menos profundo y recolecto un poco de la sangre de su compañero en un frasco, cuando considero la cantidad como suficiente, le pidió a Aioria que cubriera la herida de su hermano y él se retiro unos pasos de la cama donde estaban ambos castaños.

-¿Estás seguro? – Aioria le miro por encima del hombro y Piscis asistió con decisión vertiendo el contenido sobre su herida y ambas sangres llenas de veneno se mezclaron…

….

Athena quedo profundamente dormida en unos minutos y sintió como su cuerpo y su espíritu vagaron por el mundo de los sueños, penetrando hasta sus límites hasta encontrar el sueño apacible de su guardián, que justamente soñaba con la visita de Persefone a su celda, miro desde las afueras del sueño de Mascara de la muerte, como la reina del inframundo se retiraba y dejaba solo a su caballero que permanecía sentado contemplando la granada frente él, si al principio le había parecido suculenta ahora se veía gloriosamente exquisita.

Mascara de la muerte la tomo con su mano derecha y se dirigió a su cama donde la contemplo, para Athena fue doloroso el ver como su guerrero realmente se debatía entre comerla o no, a pesar de ser un sueño, Cáncer podía sentir todo aquello como si fuera real y era plenamente consciente de su situación. Por lo que ella no pudo resistir más y salió de su escondite entrando a aquella celda.

-Athena. – Mascara de la muerte en cuanto vio a su diosa se arrodillo mientras la deidad se acercaba a él y pudo ver que lanzaba la granada hacia una de las esquinas de la prisión. Lo que la hizo sonreír, conocía a la perfección la redención la había visto ocurrir en Kanon y reconocía lo mismo en los ojos de Afrodita y Mascara de la muerte cada vez que la miraban. -¿Cómo puede estar aquí?

-Es un sueño. – Athena le indico que podía levantarse, ella se sentó en la cama y le indico con una mano que podía tomar asiento a su lado, Mascara de la muerte dudo un momento y se acerco a su lado. - Pero esto es real, Hyoga y Shiryu han llegado con bien al santuario gracias a ti y te estoy muy agradecida por esa consideración hacia ellos.

-Era mi deber. – Repuso haciéndose el duro, pero Athena sonrió pues sabía que jamás arrancaría una palabra sentimental de aquel a su servicio, no mientras ella aun fuera una completa extraña para su orden dorada. - ¿Cómo ha llegado hasta aquí?

-Estas dormido y eso me ha permitido llegar hasta aquí, por medio del mundo de los sueños. – Athena se levanto y camino hacia la esquina de aquel pequeño calabozo se agacho y tomo con ambas manos aquella granada. – Se el dilema que inunda tus sentimientos, Mascara de la muerte.

-¿Y qué puedo hacer? – Cuestiono sinceramente, Saori observo como el cuarto guardián arrugaba su semblante y se mostraba completamente decaído ante aquella situación. – Mi deber como su santo me impide traicionarla de nuevo, pero como caballero dorado, Aioros es mi hermano de orden y no puedo permitir que muera estando el antídoto a mi alcance.

-Lo sé y sé que si Persefone no te hubiese amenazado con la vida de Aioros, tu no hubieras aceptado de ninguna manera el comer esa granada, eso Mascara me hace darme cuenta del valor de tu corazón y de la fidelidad hacia mí. – Athena se levanto y camino a la mesa donde deposito la granada y le tapo para evitar cualquier tentación.

-Pero se lo debo, es lo mínimo que puedo hacer por Aioros aquel que… -

-Salvo mi vida. – Completo, lo que dejo extrañado a Cáncer que la miro lleno de confusión con sus ojos azules y le hizo sonreír mordazmente. – Tú y el santo de Piscis piensan muy igual. – Aquello hizo que la sonrisa del guerrero se ampliara.

-Afrodita… -

-No voy a mentirte, Aioros si está en grave riesgo pero hace unos momentos Afrodita se ha ofrecido a encontrar una cura y si él llega a hallarla tu sacrificio podría ser en vano. – Mascara de la muerte agacho la mirada escuchando atentamente lo que su diosa le estaba diciendo y realmente escuchar algo como aquello liberaba su alma de un gran peso, pero al mismo tiempo le embargaba una gran preocupación por Afrodita. – Pero ambos conocemos que el veneno de Piscis es muy fuerte y confió en él.

-Sus palabras me han sido de gran ayuda y alivio. – Mascara de la muerte se arrodillo frente Athena quien le sonrió ampliamente se agacho frente a él hasta que sus vistas quedaron al mismo nivel, azul contra azul, la diosa acaricio el rostro del italiano. – Se que Afrodita podrá lograrlo.

-En ese caso, te espero en el santuario mi fiel guerrero. – Y Athena se desvaneció.

Poseidón estaba sentado tranquilamente en su trono, como siempre se le había caracterizado por aquella paz y premeditación para actuar y que justamente el rey de los mares estaba utilizando en aquella situación desesperada, nunca antes se las habían visto tan negras para controlar a los titanes, gigantes, ciclopes y otras razas míticas, pero él consideraba que una secuencia de traiciones entre ellos mismos habían ocasionado aquello. Reconocía su participación en la separación de sus iguales, pero no había sido el único los constantes ataques hacia Athena de una forma desmedida habían ocasionado ciertamente aquello.

-¿En qué piensas? – La dulce voz con la que su emperatriz le hablo le saco de sus pensamientos, ciertamente la peli verde estaba igual de preocupada que él, pues el futuro para ellos no auguraba nada bueno, menos para su esposo.

-Soy el siguiente. – Repuso más para sí mismo que para ella, si Zeus ya había caído y Hades se encontraba fuera de combate la única amenaza y contra quienes los titanes querrían vengarse seria contra él. – Ellos intentaran vengarse.

-Señor Poseidón. – Menciono Sorrento de sirena haciendo una amplia reverencia hacia su dios. – Los dioses han comenzado a llegar.

-Hazlos pasar. – Poseidón se levanto de su trono, su mano derecha se ilumino y de ella se formo con una luz azul la figura de su tridente que posteriormente se materializo en su mano, lanzo de este un rayo hacia el suelo, donde comenzó a brotar una mesa del más fino coral y recubierta de oro muy similar a la que había en el Olimpo.

Poseidón pudo apreciar como entraban por las puertas de su palacio sus hermanas Hestia, Demeter y sus sobrinos Apolo, Artemisa, Hefestos y Dionisio los cuales se sentaron en silencio alrededor de la mesa, se acerco suavemente a su emperatriz y beso su mano, bajo los últimos escalones que le separaban de los otros dioses y por primera vez en su vida tomo el lugar de su hermano Zeus.

-Hermano. – Le llamo Hestia por lo que Poseidón le miro directamente. – El Olimpo a caído completamente, no solo se han presentado en el templo principal Cronos si no que he podido observar a los 12 titanes.

-Persefone. – Murmuro para sí mismo pero los ojos del rey de los mares se dirigió a la madre de esta y Demeter no pudo evitar sonrojarse ante la traición de su propia hija.

-Poseidón venimos a pedirte asilo y nos ponemos de tu lado para proteger al Olimpo, somos la última esperanza. – Tercio Demeter.

-Nosotros al igual que Athena tenemos santuarios aquí en la tierra por lo que permaneceremos ahí pero te ayudaremos en esta batalla. –Menciono Apolo que se veía demasiado pálido y se podía observar por su túnica una herida que aun no terminaba de borrarse de su hombro izquierdo y era donde había recibido el rayo que Crio le había lanzado.

-Bien. – Poseidón cerró sus ojos y analizo la situación en la que estaba, para él era indispensable la presencia de sus hermanos en aquella guerra, pero ni Hades ni Zeus estaban esta vez. – Los que quieran permanecer en mi santuario, les asignare un pilar donde estará a su servicio uno de mis marinas.

-Ares y Hera también nos han traicionado. – Menciono Dionisio.

-De Ares no me sorprende, pero Hera es un caso aparte ella conocía lo que significaba liberar a los titanes y lo hizo, no pensé que llegaría hasta esos límites con tal de recuperar a su hijo. – El dios de los mares tuvo que controlarse para reprimir la ira que en esos momentos estaba sintiendo, tenía que encontrar una forma para castigar a su hermana y a todos aquellos dioses que se pusieran al lado de estos.

-Hermes está con ellos también. – Apolo miro a su gemela que no lo había dejado de ver preocupadamente desde el ataque que había sufrido en el Olimpo. – Pero la situación de mi hermano es diferente, el está ahí para informarnos de los siguientes pasos de los titanes.

-Demasiado inusual en él. – Repuso Hefestos. - ¿Seguro que podemos confiar en él?

-No tenemos otra opción. – Artemisa intervino, no tenía la seguridad de la fidelidad de Hermes pero tampoco tenían otra forma de seguirle la pista a los titanes sin arriesgarse ellos mismos y si alguno de ellos terminara en el tártaro muy difícil seria el poder salir de ese lugar.

-La batalla será aquí en la tierra, tenemos que sacar a los titanes del Olimpo. – Inicio Poseidón abriendo los ojos, tenía ya un plan para aumentar la fuerza de su ataque pero para ello tenía que hacer que los titanes dejaran el reino de los cielos. – Tenemos que defender a los humanos.

-¡¿Qué?! – La sorpresa fue general entre ellos, conocían la benevolencia de Poseidón ante la tierra y que más de una vez había ayudado a Athena a protegerla pero a los humanos ya era una burla.

-Si queremos que Athena nos ayude, tenemos que garantizar que defenderemos a sus tan preciados humanos. – Repuso Poseidón levantándose y caminando para apaciguar su carácter iracundo mientras mantenía sus ideales por alto. – Si los titanes bajan a la tierra, Athena será la primera en luchar contra ellos pero necesitara de nuestra ayuda. Apolo necesito que le digas a Hermes que averigüe donde esta Zeus, tengo el presentimiento que aun lo tienen en alguna parte del Olimpo.

-¿Necesitaremos de la ayuda de Hades? – La pregunta que hizo Demeter rompió el aire y congelo por completo la situación, todos se habían preguntado si la ayuda del rey del infierno llegaría a ser requerida pero en una situación como aquella, Hades era un arma de doble filo, tanto podría ayudarlos como destruirlos.

-Aun no estamos tan desesperados. – Contesto Poseidón, levantándose y dando por terminada la sesión elevo su cosmos llamando a sus generales marinos para que se hicieran presentes y dirigieran a sus pilares a las deidades las cuales habían acudido en su ayuda, mientras Apolo y Artemisa desaparecían frente a él.

-Siempre he dicho que eres un buen rey. – Repuso Anfitrite que había permanecido en silencio toda la sesión sentada en su trono, mirando como su esposo hacia los "negocios" que ahora eran de vida o muerte para ellos.

-Eso espero. – Lanzo de su tridente de nueva cuenta un rayo hacia la mesa que hacía unos segundos frente a él se encontraba y esta se disolvió en el aire como una brisa marina, el peli azul camino hacia su trono y se dejo caer sobre él, si los titanes querían llegar hasta él primero tendrían que pelear.

Seiya estaba sentado en el coliseo mirando cómo se enfrentaban Jabu e Ichi a su lado estaban sentados sus amigos completamente en silencio a excepción de Ikki que estaba recargado en una de las columnas del coliseo a cierta distancia de ellos pero que le permitía escuchar todo lo que sus amigos hablaran, pero eso no había ocurrido cerca de una hora, aunque todos contemplaran el combate que se llevaba en la arena ninguno de ellos les veía, todos pensaban en lo que se avecinaba.

-¿No puedo creer que nos hagan a un lado? – Se quejo Seiya, haciendo que Shun le volteara a ver sorprendido.

-El patriarca lo ha dictado así, no debemos hacer nada contra sus reglas. – Shiryu continuo viendo el combate entre sus compañeros, restando importancia a la queja de Pegaso, ciertamente a él tampoco le había agradado pero tenían que hacerse a la idea de que divinos o no eran santos de bronce y tenían que seguir las ordenes de sus superiores.

-Ellos lo hacen por proteger a Saori. – Repuso Shun mirando a sus compañeros. – Nos la confían de nueva cuenta a nosotros amigos.

-Pero ¿Por qué tenemos que acatar sus órdenes? – Menciono el japonés fastidiado, mientras Hyoga le miraba con reproche. - ¡Es verdad! Nos excluyen como si fuéramos débiles, pero ya hemos librado bastantes batallas con o sin su ayuda.

-Tienes razón en eso. – Le dio un punto a su favor Hyoga ganándose una mirada de reproche por parte del caballero de dragón y Andrómeda. – Aun así el patriarca nos ha dado esa orden.

-¿Y desde cuando obedecen ustedes ordenes? – Le ínsito Ikki, por lo que todos voltearon a verlo, Seiya agradecido y los demás claramente diciéndole que se callara, por lo que el caballero del fénix se impulso para levantarse y camino con una sonrisa burlona hacia el japonés. – Vamos seamos honestos, de verdad piensan que nos quedaremos en el santuario cuando ellos arriesgan su vida haya afuera.

-En eso mi hermano tiene razón. – Menciono un convencido Shun. – No podemos dejarles a ellos todo el trabajo, además dudo que los caballeros de plata también se lo tomen con calma.

-Shun tu también. – Shiryu le reprendió con la mirada mientras Hyoga sonreía divertido.

-¿Y si fuera Dokho? ¿Te quedarías en el santuario? – Ikki sonrió al ver la duda aparecer en el rostro del pelinegro.

-En ese caso sería diferente, Dokho es mi maestro… -

-La orden es del patriarca. – Repuso Hyoga a su lado queriendo salvar a su amigo de las ideas maliciosas del caballero de fénix que sonreía con sorna, ante la idea de convencer a sus amigos.

-¡Es Dokho! – Le menciono Seiya sorprendido, mientras Shiryu se levantaba y negaba con las manos, ante la sonrisa divertida de todos. - ¿No harías nada por ayudarlo?

-¡Claro que sí! Desobedecería al patriarca por ayudar…lo - Pero Shiryu se quedo callado al ver detenerse a Shura y Saga detrás de ellos, ambos claramente sorprendidos por lo que acababan de escuchar.

-Fingiré que no escuche eso si ustedes desisten de esas ideas absurdas de ayudarnos. – Saga se acerco hasta ellos acompañado del español que se mantenía serio ante la situación, mientras el pelinegro se había quedado congelado y Hyoga miraba enojado a Ikki. -¿Por qué no lo entienden?

-¿Entender qué? – Refuto molesto Ikki al intuir que los estaban tratando como un descerebrado.

-Que ya han luchado muchas batallas por nosotros. – Shura miro a los presentes clavando su mirada en el heredero de su técnica más preciada. – Además si ustedes murieran en esta guerra piensen en la tristeza de nuestra diosa.

-¿Y creen que Athena no se podría triste con sus muertes? – Esta vez Hyoga intervino, pero vio claramente como una mirada entre ambos santos dorados ocurrían, ciertamente la relación entre los dorados y la diosa no era tan cercana como con los de bronce.

-No es lo mismo. – Saga miro hacia todos los chicos de bronce y clavo su mirada esmeralda en Seiya y después en Ikki, una que le reprendía claramente a ambos chicos pero que les agradecía el que se preocuparan por ellos. – Ustedes son los caballeros más cercanos a nuestra diosa y a quien ella les está más agradecida.

-Pero es lo que ustedes no entienden. – Repuso Seiya recordando los meses anteriores a la resurrección de los dorados y de la mayoría de la orden. – Ustedes no vieron la tristeza por la que paso Saori… - Esta vez Shura y Saga fueron los que se miraron llenos de confusión. – Ella no paro de culparse por lo ocurrido en el santuario… están siendo muy egoístas al solo ver su dolor.

-Creen que las batallas de aquí en adelante solo les compete a ustedes, pero se equivocan. – Shun fue esta vez quien intervino usando su apacigüe tono de voz, mientras los dos dorados frente a ellos continuaban callados.

-Lo que queremos decirles. – Shiryu camino hasta ellos y se puso al frente, lo que hizo que Saga alzara una ceja con superioridad, lo que les hizo dudar si estaban frente a Kanon o a Saga. – Que no importa lo que quieran que nosotros hagamos, si alguno está en peligro y podemos ayudarles lo haremos.

-Son como nuestros hermanos mayores y no queremos permanecer cruzados de brazos mientras ustedes arriesgan sus vidas. – Hyoga intervino por primera vez, mencionando lo que realmente sentía, no importaba si lo que dijera no terminara por gustarles a los dos dorados que habían ayudado a su maestro en la batalla contra Hades.

-Son caballeros de bronce y deben obedecer las órdenes de sus superiores. – Menciono fríamente Saga haciendo que el español lo volteara a ver impresionado al igual que todos los presentes. – No importa si son divinos o no, el patriarca ya ha determinado su trabajo y lo tendrán que realizar sin entrometerse en el trabajo de nosotros, de lo contrario terminaran en uno de los calabozos del santuario. – La pesadez del ambiente tras las duras palabras de Saga dejaron a los chicos callados, tal vez ellos tenían una buena relación con algunos de los dorados pero no podían decir que todos les querían.

-Obedezcan al patriarca Shion. – Determino Shura y le indico con una mirada a su compañero que tenían que retirarse para continuar haciendo sus rondas pero miro con severidad a los santos de bronce. – El solo los está protegiendo porque créanlo o no, esta vez dudo que las 12 casas se han de suficiente protección para el santuario.

-Y tal vez todos deberían ir a esas pláticas de protocolo con Aioria. – Dijo Saga mientras se alejaba de ahí conjuntamente con Shura. Una vez que los dos estuvieron lejos y dejo de sentir cerca a los chicos de bronce se detuvo y miro hacia atrás. – Es la única forma de hacerlos que no se arriesguen.

-Ciertamente has sido duro con ellos, Saga y dudo que las amenazas funcionen con ellos. – Shura se detuvo unos cuantos pasos delante de su compañero y miro hacia el mismo punto que él, a lo lejos podían ver el coliseo donde seguramente estarían aun los chicos de bronce. – Pero ellos ya han peleado muchas batallas por nosotros, no podemos darnos el lujo de seguirles arriesgando.

-Jamás un hermano mayor va a dejar que el menor libre sus batallas. – Saga sacudió la cabeza y se encamino más deprisa hacia Rodorio, que se encontraba completamente quieto y en silencio, para sorpresa de ambos dorados, ninguna persona había en sus calles, ningún ruido solo el rumor de la soledad.

En las profundidades de la tierra, justo donde la fe perdía toda esperanza, en donde la justicia se tornaba crueldad y donde el amor se convertía en desolación, aquel era aun un paisaje desolador a pesar de la parcial destrucción del inframundo, el monte Yomotsu, aun podía inspirar miedo y un respeto mortuorio a cualquiera que pasase por aquellos lugares. Su cielo ennegrecido y teñido de un color rojizo aun se podía ver en la bóveda de aquel recinto, su fría tierra que se había tornado morada y sus colinas que habían sido el lugar del peor sufrimiento de los seres humanos durante milenios, pero en una de estas comenzó a iluminarse una luz celeste y que después se convirtió en una esfera donde se apreciaban dos figuras dentro de ellas y de la cual salieron Dokho y Shion, el primero investido en la ostentosa armadura de Libra y el segundo solo llevando la sotana del patriarca.

-¿Y de aquí a donde? – Menciono bromistamente Dokho mirando hacia todas las direcciones sin ver ni siquiera un alma. Shion a su lado sonrió tranquilamente y comenzó a caminar hacia las prisiones. - ¿Qué haces Shion?

-Vamos a encontrarnos a un espectro y sacarle la respuesta a golpes. – Menciono jovialmente el patriarca mientras su compañero lo miraba sorprendido. ¿Tal vez le habían cambiado a Shion durante la teletransportacion? ¿Donde había quedado el calculador y templado patriarca del santuario?

-Que bárbaro su santidad. – Rio burlonamente mientras se apresuraba a seguir a su amigo que caminaba como si estuviera de visita en un lugar exótico, Shion le miro divertido por el rabillo del ojo y continuo avanzando. Al poco tiempo de llevar sus cosmos escondidos observaron a un trió de espectro que hablaban distraídamente entre ellos, el dúo se escondió detrás de un pequeño montículo y escucho con atención.

-De verdad que los dioses se han vuelto locos. – Menciono una voz profunda y con un dejo de ser burlona.

-Uno. – Dijo Dokho vía cosmos a Shion alzando un dedo de su mano indicando con esta la cuenta de los espectros que se encontraban detrás de aquella colina.

-La emperatriz Persefone ha garantizado nuestras vidas con el trato con los enemigos de los dioses. –

-Dos –

-La forma de actuar de la señora Persefone y de nuestro señor Hades son muy diferentes, miren que Pandora ha sido castigada. -

-Tres.- Dokho miro a Shion en silencio y sus miradas se pusieron de acuerdo para salir de su escondite, por lo que el castaño fue el primero en levantarse seguido del patriarca, asustando a los espectros que dieron un brinco y retrocedieron unos pasos.

-¡Un caballero dorado! – Grito uno de ellos que no era otro que Ox de Gorgona aquel que fuera asesinado por Shura de un solo golpe, Shion observo que ninguno de ellos mostraba su rostro debido a los cascos de sus sapuris y dio gracias a Hades por ello, de otra forma Saga y Shaka hubieran destruido las casas desde Cáncer hasta Virgo con sus poderes a gran escala, mientras Saga, Camus y Shura continuaban su ascenso. –Y… - Ox miro hacia Shion. - ¡¿Quién diablos eres tú?!

-Eso no importa. – Menciono cortantemente Shion por lo que vio el aura violácea de los tres espectros rodearlos, Dokho sonrió resignado y miro lastimosamente hacia los tres espectros ¿Por qué siempre el enemigo les subestimaba?.

-Hey solo queremos saber ¿Dónde está encerrado el santo de Cancer? – Dokho alzo ambas manos como en paz y les sonrió, en realidad no tenía intenciones de matar espectros no tan rápido pero claro si se oponían él con gusto los acababa.

-¿Por qué les diríamos algo así? – Repuso Mills de Elfo, aquel que Camus asesinara.

-Nuestro señor Radamanthys nos mataría si hiciéramos algo como eso. – Tercio Cube de Dullahan, aquel que Saga destrozo con su explosión de galaxias. – En todo caso somos tres espectros del mejor ejército y tu eres solo un santo dorado. – Los tres espectros se rieron con ganas y adoptaron poses amenazadoras hacia ellos.

-Y supongo que tu amigo no hará mucho. – La fanfarronería de los espectros era tal porque Shion y Dokho hacían todo lo posible para ocultar su cosmos cosa que estaba resultado bastante bien pues no quería ver a los cuatro jueces del infierno frustrar sus planes. Y es que el ejército de Hades no había conocido a la perfección al patriarca a quien solo le vieron con aquella capucha cuando Hades les revivió en la guerra santa, por lo que desconocían la apariencia física del peli verde.

-Soy el patriarca del santuario. – Tercio fríamente Shion mirando hacia los tres, pero como respuesta tuvo una carcajada plena de ellos que acompaño Dokho, que se gano una mirada asesina por parte de su amigo. – Dokho.

-Lo siento Shion, pero es que nunca te creen cuando lo dices. – Dokho se pasó su dedo índice por debajo de su ojo limpiando una lagrimita que había salido en plena risa.

-Te voy a castigar. – Determino Shion y Dokho movió su mano restándole importancia a la amenaza de su amigo. - ¿Y bien? ¿Van a hablar?

-¿Por qué haríamos una estupidez así por su maldita diosa? – Apenas Ox termino de decir esto el cosmos de Shion se libero de su represión y comenzó arder amenazadoramente, el aura dorada le rodeo, esta hubiera hecho palidecer hasta al mismo Radamanthys por la cantidad de fuerza. Ox miro a sus compañeros que retrocedieron unos pasos y elevaron su cosmos.

-¡Vamos Shion! – Dokho elevo su cosmos al igual que el lemuriano embargándolo a él un aura verde azulada, le dio la espalda a Shion elevando su mano derecha hacia sus enemigos mientras su compañero hacia lo mismo pero alzando la mano izquierda. – ¡Dragón ascendente de Rozan!

-¡Revolución de polvo estelar! – Ambos poderes salieron de sus manos con tanta velocidad que ni los espectros tuvieron oportunidad de huir o contrarrestar los ataques, las dos columnas doradas les llegaron de golpe impactándolos y lanzándolos por los aires sin piedad. Ox y Mills cayeron muertos al instante y Cube se sacudió violentamente al caer, aun temblando se medio incorporo mirando a los dos guerreros frente a él. -¿Dónde está la prisión?

La amenaza detrás de la voz de Shion hizo hasta sentir un escalofrió a su compañeros, jamás había conocido un lado agresivo en su compañero, jamás le había visto tan enfurecido y ciertamente creía que parte de ello era porque Shion se había enternecido demasiado con los chicos, aquella actitud amenazante le ayudaba a su compañero a cubrir su preocupación por los dorados.

El espectro a pesar de tener rota su máscara y tener la cara bañada en sangre miro enfurecido y rencoroso al peliverde y después al chino, que le miraba compasivamente.

-Jamás lo sabrán, en estos momentos mi señor ya ha sentido su cosmos y no tardara en venir, el patriarca es un trofeo encantador si llega a matarle. – Amenazo Cube esperando encontrar un dejo de preocupación en alguno de los dos, pero su comentario ni siquiera les hizo inmutarse. – No podrán sacarle.

-Bien. – Determino el patriarca levantándose. – Has sido de gran ayuda.

-¿Qué? – Pregunto el espectro confuso dando sus últimas bocanadas de aire, pues comenzó a toser sangre, el espectro miro hacia un punto indefinido detrás de unas colinas por lo que Shion percibió aquella mirada como una excelente respuesta y un descuido enorme por parte del espectro.

-Vamos Dokho. – El chino miro al espectro quien dio su última exhalación de aire y quedo inerte en el suelo, para después convertirse en ceniza. Shion miro a su compañero y comenzó a correr hacia donde los ojos del Cube habían indicado, Dokho permaneció unos segundos más observando la ceniza del espectro y después siguió a su compañero.

-Los cosmos de los jueces han comenzado a moverse. – Le advirtió, Shion asistió a su lado.

-Para cuando ellos lleguen nosotros habremos salido de aquí. – No tardaron mucho en llegar a aquellas montañas pero se detuvieron de golpe al no notar ninguna construcción parecida a las prisiones, Dokho se giro analizando el entorno y observo un boquete demasiado grande para ser solo un agujeró, le tomo el hombro a Shion y apunto hacia ese lugar. – Entremos con cuidado.

La cueva se encontraba sumergida en la más completa oscuridad pero a lo lejos podía distinguirse la luz de una antorcha, el santo de libra entro primero y el patriarca le siguió después cerciorándose que nadie estuviera detrás de ellos, avanzaron sin decir ninguna palabra, agudizando su oído para ver si percibían el rumor de unos pasos o de una plática pero nada. Lo que extraño a los dos; o era que se habían vuelto demasiado confiados o habían colocado alguna trampa cerca de Mascara de la muerte, buscaron el cosmos del santo pero no sintieron nada, tal vez ni siquiera estuviera ahi.

Una vez que llegaron hasta la antorcha el pasillo doblaba hacia la derecha donde el camino se encontraba iluminado por una serie de este fuego que estaba colgado de la pared y que iluminaba de una forma espeluznante aquella prisión primaria que se encontraba en Yomotsu, avanzaron en silencio mirando dentro de cada celda que veían, en algunas se encontraban instrumentos de castigo y de tortura, por lo que Dokho le miro. A medida que avanzaban parecía que la calidad de las celdas aumentaba pues si bien las primeras eran solo un cuarto donde se les encadenaba a los prisioneros para sufrir los peores tormentos, las últimas habían adquirido el trato más humano posible que podía tener una prisión y más si esta estaba en el infierno.

-Tal vez tengan una suite para él. – Bromeo Dokho pues el silencio ya era sepulcral como para que Shion fuera en el silencio tipo Camus.

-¿No fue a esta prisión donde encerraron a Tenma? – Shion distinguió en el fondo del pasillo una escalera que ascendía y que seguramente le comunicarían a un segundo nivel con más prisiones.

-El dijo que se encontraba en Yomotsu, quiero pensar que son las únicas. – Les faltaba cerca de dos celdas para llegar aquellas escaleras cuando un ruido en la penúltima prisión les hizo girarse de golpe.

-Antiguo maestro, gran patriarca ¿Qué hacen aquí? – La sorpresa en la voz de Mascara de la muerte que se había incorporado de la cama en cuanto los había escuchado. Los ojos de tanto Dokho como Shion repararon en la granada que se encontraba sobre la mesa y miraron asombrados al peli azul.

-Te vamos a sacar de aquí. – Shion retrocedió unos pasos mirando si había alguna trampa o escudo y cuando miro al techo pudo observar un pequeño reflejo rojo que seguramente anulaba los poderes de quienes estuvieran dentro y por ello no habían sentido el cosmos de Mascara. – Dokho. – Le indico con una mirada aquel escudo y se pregunto si tendría algún efecto rebote implantado en él.

-Más vale arriesgarse Shion. – Dokho comprendió los pensamientos de su amigo, mucho antes de que a él se le ocurriera decírselos retrocedió unos pasos y lanzo el dragón ascendente de rozan pero el poder se consumió en aquel portal rojizo que se manifestó con intensidad. – Bien en esto no pensaste ¿Verdad? – Dokho le miro lleno de reproche pero Shion saco dos talismanes de la túnica con el nombre de Athena marcados en aquel pergamino con sangre, lo que hizo sonreír al chino.

-Athena vino a verme. – Menciono Mascara lo que hizo a Shion detenerse y alzar una ceja pidiendo una explicación, pero justo en ese momento se escucharon pasos apresurados en la entrada, Dokho corrió hacia donde el pasillo doblaba a la izquierda y miro a Radamanthys acompañado de otros espectros.

-Que sea para después Shion sácalo de ahí. – Dokho lanzo un nuevo ataque a los susodicho que aun no habían pasado la parte oscura del túnel y fue cuando el chino sonrió maliciosamente. – Que Athena bendiga mis ideas. – Y comenzó a apagar todas las antorchas que estaban colgadas en la pared sumiendo las prisiones en completa oscuridad y al poco tiempo escucho el rugido de Radamanthys gritándole a los soldados que seguramente tropezaban y chocaban entre ellos. – Bien Shion tienes tiempo pero no todo el que quieras – Le apresuro.

Shion le miro divertido al ver la acción de su compañero de armas y le sonrió, elevo su cosmos para activar los talismanes que brillaron con un halo dorado intenso y en cuanto la pared se sintió amenazada se tiño completamente de rojo, pero apenas hubo contacto con los dos sellos de Athena esta se destruyo, Cáncer dio un fuerte golpe a la celda y esta se vino abajo.

-Patriarca, Antiguo maestro vámonos. – Menciono Mascara de la muerte indicándoles que subieran hacia las escaleras, vieron el aura violácea de Radamanthys en el fondo y sin dudarlo subieron.

Tal y como ellos habían pensado el pasillo y las hileras de las celdas continuaban arriba, Mascara de la muerte distinguió el fin del pasillo y siguió corriendo hacia él, lanzo una potente explosión de cosmos contra aquella dura pared de mármol que se rompió y les mostro el paisaje de Yomotsu en las afueras, parecía que el pasillo se hiciera cada vez más largo.

-¡Gran precaución! –

-¡Pared de cristal! – Shion le regreso su técnica suprema a Wyvern que no se la espera y que lo regreso al fondo de la escalera junto a su sequito, la impresión en la cara de Radamanthys fue épica pues creía que al verla destruido la de Mu podía hacerla con la de cualquiera, pero no considero que aquella vez Mu estaba afectado por la barrera de Hades y que esta vez no era el primer guardián quien la ponía si no que era su maestro y patriarca del santuario.

-Larguémonos de aquí. – Los tres brincaron hacia el vacio y justo en ese momento las ondas infernales del santo de Cáncer les rodearon llevándolos de vuelta al santuario.

A pesar de que el sol de Grecia no azotaba como de costumbre aquellas tierras, el calor de aquel paraíso mediterráneo no había disminuido ni por un instante, Aldebarán se encontraba bajo las frondosidad de un árbol, desde muy temprano había que tomado su guardia debido que Milo le tuvo que hacer la de Aioros y a él le toco hacer la de Afrodita, que ya era bien conocido que estaba haciendo todo lo posible por salvar a todos, la misma Athena se los había dicho por lo que no se molesto ni un segundo en tomar el lugar de su compañero lo único malo es que no tenía con quien hablar en esos momentos y sinceramente ya se estaba aburriendo.

-Aldebarán. – Le saludo amablemente Shaina que pasaba por ahí tranquilamente acompañada de una chica pelinegra que según había dicho Aioria era la hermana menor de la amazona.

-¡Hola Shaina y... - Aldebarán les sonreía amablemente y cuando Geist noto que no sabía su nombre se sonrojo tenuemente. – Discúlpame pero no se tu nombre.

-Soy Geist. – Respondió educadamente la amazona, mostrándose más amable a como lo había hecho en el coliseo con Aioria y Milo, el día en que estos casi riñeron con Camus y Shura.

-Mucho gusto, soy Aldebarán de tauro. – Sonrió el gran toro y soltó una leve carcajada de alegría, nadie en realidad podría decir que era lo que les causaba apreciar aquel gigante al instante si era la humildad con la que trataba a todos, su carisma a pesar de la situación, su nobleza y lealtad; algo en aquel gigante siempre inspiraría amistad entre los suyos.

-¿Cuánto te falta? – Shaina aun permanecía de pie mirando al santo dorado que se encontraba tranquilamente sentado sobre aquel árbol con una sonrisa indescriptible en los labios.

-Solo unos minutos, tal vez un cuarto de hora, como sea Mu llegara pronto. – Shaina sonrió levemente mientras su hermana se veía absorta en sus pensamientos y la rubia pudo distinguir que la pelinegra veía hacia las doce casas con cara de preocupación.

-¿Qué tanto vez? – Le espeto furiosa Shaina de aquellas intrigas que traía su hermana desde que había regresado, la pelinegra negó suavemente y volteo con una sonrisa hacia ella y Aldebarán. Esto casi hizo a la rubia abofetearla era cínica o ¿Qué? Creía que no había notado que desaparecía, se escondía o incluso desatendía algunas obligaciones.

-Nada hermana. – Vocifero inocentemente lo que hizo a Shaina fulminarla con la mirada, por su parte Aldebarán sonría con la escenita de las dos.

Pero algo en el horizonte alerto al dueño de la segunda casa, no supo al principio distinguir que era pero a medida que se fue acercado pudo saber de qué se trataba. Imagino que sería tal vez un titán pero se equivoco estruendosamente al descubrir que era más bien dos dioses tal vez acompañado de tres o cuatro guerreros. Shaina y Geist lo percibieron después y ambas se giraron para ver en el horizonte la aparición de 6 figuras.

Aldebarán que fue obligado en su niñez por Aioros y Saga por orden del patriarca a leer antiguos pergaminos griegos acerca de los dioses y las antiguas guerras santas identifico de inmediato a aquellos seres que tenia frente a él, no eran simples guerreros eran Berserkers guerreros del dios de la guerra Ares, aquellos soldados tan crueles y sanguinarios como su dios, que fue necesario utilizar las armas de Libra para poder derrotarlos, pero no solo venían 4 de ellos si no que les acompañaban dos dioses menores: Cidoimos y Ker.

Los dos dioses solo miraron de reojo a los guerreros y estos sin ocupar una orden se lanzaron contra ellos fieramente, dos contra el gigante de tauro y uno para cada amazona, ellos no llegaban a hacer monólogos, hablar sobre ideales y moral, ellos eran llamados para destruir todo a su paso y eso iban a hacer, como soldados del batallón de desastre del dios de la guerra cruel y sangrienta.

Tomaron a Geist que no se esperaba un ataque tan sorpresivo del cuello y la estrellaron contra unas rocas, donde el soldado comenzó a golpearla sin piedad, hasta que la amazona reacciono y comenzó a detener a duras penas los continuos embastes sin poder quitárselo de encima. La situación de Shaina no fue muy diferente a la de su hermana, pero pudo detener el primer ataque y le araño el rostro al guerrero, pero este le propino una patada sin misericordia en el estomago sacándole todo el aire, a penas la rubia había tocado el suelo, el guerrero ya estaba sobre ella golpeándola a diestra y siniestra.

Aldebarán detuvo el puño que iba directo hacia él y le atino un fuerte cabezazo que dejo al guerrero al instante fuera del juego, pero el otro al ver la oportunidad de la distracción del santo y sin preocuparse por su compañero empuño una pequeña daga que traía entre sus manos y la clavo en el costado del santo, quien le detuvo la mano en una nueva embestida a su enemigo y le golpeo con el codo en el rostro lanzándolo a lo lejos.

-Espero que no tenga ese veneno. – Murmuro para sí mismo viendo como se levantaba el soldado y se dirigía hacia él. -¡Gran cuerno! – El soldado salió proyectado contra unas rocas que se derribaron al instante, en ese momento los dos dioses que le miraban desde una montaña ahí se dirigieron unas palabras en silencio y Cideimos comenzó a bajar hasta donde estaba el soldado, por unos segundos casi fracciones Aldebarán pensó que lo ayudaría pero se equivoco, una vez que el guerrero se levanto Cideimos le quebró el cuello en un rápido movimiento.

-No permitiré que mis soldados sufran una humillación frente a un santo de Athena, prepárate Aldebarán de tauro, porque vas a luchar contra un dios. – Sentencio Cideimos, Aldebarán le clavo la mirada pero rebusco entre los escombros a sus compañeras que al no tener la misma fuerza que Aldebarán estaban pasando por grandes problemas.

Hermes estaba tranquilamente sentado en el palacio de Ares viendo como su hermano afilaba una y otra vez su espada, realmente parecía un sádico por la forma en que trataba a un simple pedazo de metal, le acariciaba y le perfeccionaba hasta el más mínimo detalle e incluso le bañaba en sangre de sabrá cuantas personas que el mismo dios de la guerra se había tomado la molestia de matar.

-¿Dónde está Afrodita? – Pregunto el pelirrojo a Hermes que levanto ambos hombros negando lo que sabia y aquello era que la diosa del amor había implorado asilo a la diosa de la luna pues sabía que si los titanes no habían acabado con Apolo era porque esta les había avisado y posiblemente ya estuviera sufriendo de los peores tormentos en compañía de Zeus.

-No tengo idea. – Repuso tranquilamente, se levanto de aquel sillón donde estaba acostado y comenzó a caminar entre los artilugios de guerra en busca de un objeto que Apolo le había pedido y la razón de saber donde se encontraba su padre, pero los ojos de Deimos, Fobos, Enio y especialmente los de Hera no dejaba de seguirle por toda la habitación.

-¿Alguien más sabe? – Pero todos estaban tan absortos siguiendo los pasos de Hermes que dejaron la pregunta de Ares en el aire, hasta que el dios golpeo brutalmente la mesa de plata que estaba a su lado y le destruyo.

-Hermano relájate, están tan concentrados en mi que no te pueden poner atención no es su culpa simplemente que aun no entienden que si yo estoy aquí es porque confió en que este lado resultara vencedor, de todas formas me parece ridículo que me sigan a mi teniendo aun a su servicio a las musas, gracias y demás; que sinceramente sirven también a los otros dioses. – Hermes comenzó a juguetear entre sus manos con unas pequeñas cuchillas hasta que se pincho un dedo y le deposito en su lugar.

-¿Por qué estás aquí Hermes? – Repuso fríamente Hera pusose de forma altiva y miro de forma intimidante al mensajero de los dioses.

-Los titanes están dominando el mundo y respetaran a los que estén con ellos, así que no soy titán pero quiero ayudarles para poder vivir tranquilamente con esos seres y no en el tartato, simplemente, además Hera no eres la única que puede traicionar a los suyos. – La diosa le fulmino con la mirada pero Ares actuó rápidamente y le estrello contra un reposario de mármol donde descansaba un pequeño frasco, le puso la espada en el cuello, mientras Hermes dificultosamente detenía todo lo que estaba detrás de él para evitar que se callera.

-Cuida tus palabras o yo mismo te cortare la lengua. – Le amenazo Ares empujándolo contra la pared, Hermes estuvo a punto de caerse, pero bajo la mirada y se recompuso las ropas que Ares había utilizado para estrellarse, conteniendo la risa que estuvo a punto de escaparsele. – Hera es mi madre y nadie le faltara el respeto.

-Lo lamento Hera no supe expresarme. – Hermes hizo una pequeña inclinación y guardo el frasco en una bolsa sin que ninguno de los dioses reparara en ello, estaban burlándose de él que ninguno observo ese pequeño detalle. – Solo quería saber ¿Por qué no estabas en el templo principal del Olimpo?

-Eso no es de tu incumbencia. – Hera le miro y agradeció con un gesto suave a la acción de su hijo, Hermes volvió a inclinarse y se dirigió hacia la salida.

-¿A dónde vas? – Ares le miro por el rabillo del ojo mientras afilaba un hacha de tonalidades rojizas.

-A mi templo. – Hermes sonrió cínicamente, lo que alerto a Hera al instante el templo de Hermes estaba contiguo al templo principal por lo que miro a su hijo y negó.

-Tú no sales de aquí. – Determino Ares lanzando el hacha hacia la puerta, Hermes tuvo que retroceder dos pasos para evitar la trayectoria de aquella arma y miro hacia su hermano.

-¿Hay algún motivo? – Pregunto sinceramente enfadado de aquellas agresiones.

-No queremos que molestes a los titanes que están actualmente en el templo principal. – Hera se acerco a él y le paso de largo, toma el hacha que estaba en la puerta y tiro con brusquedad de ella, despejándola y casi dándole a Hermes que retrocedió unos pasos y tuvo que morderse la lengua para contener algunas verdades sobre la reina del Olimpo. – Ellos están ocupados.

-Solo voy a mi templo. – Repuso suavemente pero Hera le abofeteo.

-¡He dicho que no! – Y en su negativa Hermes encontró la respuesta, su templo en esos momentos era lo más cercano a una prisión que tenían los titanes antes de arrojar a Zeus y a los suyos al mismo tártaro.

-Entonces ¿A dónde voy? Si mi templo esta fungiendo de prisión para Zeus. – Menciono con indiferencia, vio en los ojos de sorpresa de Hera la confirmación de sus planes y sonrió aun más, que tonta era aquella que decía llamarse la reina de los dioses, para él no había secretos menos imposibles.

-Te quedaras en el templo de Apolo o Artemisa. – Repuso la deidad mientras un brillo travieso se avivaba en los ojos de Hermes.

-Más fácil me lo pones. – Pensó y salió riéndose mentalmente de sus semejantes, le estaban dando todo en bandeja de plata; el veneno usado en los guerreros de Athena, la ubicación de su padre y ahora le facilitaban la comunicación con Apolo, así o más fácil se la estaban poniendo sus semejantes.

Continuara…

Aclaraciones:

-El ejercito de Ares a lo que he leído son súper perruchos para la guerra y muy agresivos, mencionan que en la guerra que hubo entre Athena y Ares poco podían hacer los santos contra estos por lo que Athena autorizo al santo de Libra de esa época para usar las armas de la armadura y pudieron vencer así al ejercito de Ares y este huyo al inframundo con Hades.

-Cidoimos y Ker son dioses que también solían acompañar a Ares en sus luchas, son dioses menores así que para ser el primer combate está bien el utilizarlos, el primero es el dios de tumulto, del alboroto, los gritos etc. Y la segunda es la diosa de la muerte violenta ¿Casi nada no?

-No es por sobresaltar a Hermes ni nada pero hay que tener en cuenta que es el dios olímpico mensajero, de las fronteras y los viajeros que las cruzan, de los pastores, de los oradores, el ingenio y del comercio en general, de la astucia de los ladrones y los mentirosos El himno homérico a Hermes lo invoca como el «de multiforme ingenio (polytropos), de astutos pensamientos, ladrón, cuatrero de bueyes, jefe de los sueños, espía nocturno, guardián de las puertas, que muy pronto habría de hacer alarde de gloriosas hazañas ante los inmortales dioses»

¿Dudas?

Agradezco mucho sus comentarios:

Kaito Hatake: Muchas gracias por tu comentario.

Pyxis and Lynx: De hecho a Shaka le tengo preparado una buena pelea para el siguiente capitulo así que te recomiendo que no te lo pierdas. DM se salvo por poco, pero si el veneno no puede ser contrarrestado, creo que masky tendrá que rogarle a Persefone por el veneno, quien sabe todo puede pasar.

Joana: Las intrigas siempre son buenas le ponen el chile a la historia. Pues por lo pronto Mascara de la muerte continua en el lado de Athena por el momento y por otro lado Afrodita ya está haciendo lo posible por Aioros ahora el dilema es si el llegase a vencer el veneno.

Derama17: No jamás jajajaja para eso tenemos a Shun jajajaja. Mi segunda opción para salvar a Aioros era usar a Afrodita así que me descubriste, porque si hacia a MM un espectro o algo por el estilo sería muy difícil regresarlo al lado del bien, por lo que en este momento la salvación de Aioros está en manos de Afrodita y esperemos que lo logre si no es así, entonces tendríamos a MM como la única opción y vamos creo que la tomaria, porque se trataría de salvar a Afrodita y Aioros.

Si una mujer herida en su orgullo es muy brava y nuestras dos antagonistas principales no son la omisión. En cuanto a Hades quedara en duda si lo volvemos al juego o lo dejamos en su temporal retiro espiritual ósea quédate quieto.

No sé quién es la otra escritora pero cuando pensé en Persefone me acorde de su historia y dije a lo mejor funciona al fin la imaginación es infinita pero me encantaría leer el fic de ella, en especial porque Manigoldo me gusta mucho. Y si es cierto, los santos de cáncer tienen todo el curriculum para formar parte de los malos. Pero por el momento se salvo.

Ahora sí que ningún dios va a intentar vencer a los titanes solos porque no podrían y el señor Pose no es la excepción, pero es seguro que sus marinas regresaran y mas porque Isaac me encanta.

Carlos: Jajaja no desprecio a Saga solo que cuando en realidad aparezcan los problemas más graves es cuando él hará su gran aparición y créemelo no será ya muy lejos.

SakuraBallSeiyaMejoresAnimes: No dijas eso todavía no todo esta perdido para Aioros, solo que su vida recae en las personas que menos lo esperamos.

Llegamos a ABRIL! Este mes se estrena soul of gold gracias a dios veremos lo que realmente pasa con los doraditos, de hecho ayer se dio el estreno y si alguien sabe dónde puedo ver los capítulos o mas detalles de la serie estaría encantada de que me los dijeran.

Gracias por sus comentarios a todos aquellos que se toman la molestia de escribirlos y también espero y les agrade el capitulo. Comenten.

Atte: ddmanzanita.