Una disculpa de antemano si el capitulo sale triste, pero es que una anda con el corazón hecho pedazos. Espero y lo disfruten mucho.

Capitulo 13. El más cercano a dios.

El polvo sobrevolaba el coliseo, formando una densa nube de humo, en el aire, se escuchaban algunas aclamaciones por parte de los aprendices a caballero y de los guardias y es que gusto en ese momento los caballeros divinos estaban haciendo su entrenamiento y era de admirar a aquellos jóvenes prodigios que habían realizado milagros en las situaciones más inesperadas y conflictivas, logrando elevar su cosmos hasta el infinito y un poco más, habían salvado a Athena de innumerables dioses y visto correr la sangre de sus hermanos de orden muchísimas veces, pero aun ellos podían mantener una sonrisa en la cara, aun inspiraban esperanza y que podían ganar aquella guerra.

La pelea se había dividido en dos contra dos, por un lado estaba Seiya y Shun contra Hyoga y Shiryu, eran un grupo unido ellos lo sabían pero siempre se habían encontrado mejor en pares y ese era el caso del ruso y el chino quienes desde sus primeras batallas habían encontrado una simpatía y coincidencias que les unían tanto a ambos. Por otro lado la situación del castaño y el peli verde no eran muy diferente la expresividad de ambos jóvenes les habían unido como la seriedad a los otros dos, por lo que habían encontrado una gran empatía entre ellos. Mientras tanto Ikki estaba cuidando de Athena como había ordenado el patriarca.

La batalla se libraba cuerpo a cuerpo, sin utilizar el cosmos para evitar lastimarse por accidente ya que el día anterior los caballeros de plata habían entrenado y Dio de Mosca se encontraba en el hospital por esa clase de combate. Las gradas estallaron en una exclamación cuando Shun le propino tremendo puñetazo en el estomago al caballero del dragón que retrocedió unos pasos asombrado, incluso Seiya y Hyoga se detuvieron por un momento, observándolos con sorpresa.

-¡Lo siento! – Exclamo apenado Shun, mientras Shiryu intentaba recuperar el aire perdido por el golpe, mientras Hyoga negaba divertido.

-¿Por qué te disculpas? – Le regaño el japonés esquivando un golpe del ruso, pero este se agacho y le golpeo las piernas derribándole en el polvo y el público estallo en sonora carcajada, mientras Shun se acercaba amablemente y estiraba una mano para ayudarlo a levantar. - ¡No tienes porque disculparte!

-Shiryu. – Hyoga le apunto con una miraba hacia las gradas donde Dokho estaba cruzado de brazos observándolo atentamente, escrudiñando cada movimiento de su alumno con una sonrisa y un asentimiento de aprobación o cerrando un ojo si el dragón recibía un fuerte puñetazo en el estomago. – Te ha estado mirando desde hace tiempo.

-Con más razón tenemos que derrotarles. – Shiriyu brinco hacia atrás cuando Seiya se lanzo hacia él y Hyoga solo se hizo a un lado esquivando el golpe que el peli verde le dirigió hacia la cara.

-Vamos Shun, no tienes porque hacer más lentos tus movimientos, en este momento soy tu enemigo. – Le animo el ruso, le tomo por el brazo y le halo hacia él, haciendo que Shun cayera de bruces en el suelo y levantara polvo.

-¡Si te viera Ikki te mata! – Escucharon que gritaron desde el público, pero ninguno pudo reconocer la voz, pero tampoco podían desmentir aquella afirmación tan certera.

La pelea trascurrió con calma, mientras los puños y las patadas iban y venían en un vaivén incansable para ambos equipos que comenzaban a sentir el cansancio físico, ya se habían derribado varias veces y más veces se habían levantado para continuar con el entrenamiento, Hyoga estaba sangrando de una ceja, la sangre revelaba por su cara hasta su mentón y de ahí caían pequeñas gotas que se perdían en la arena mientras Seiya tenía partido el labio y le habían tenido que pasar un pañuelo para detener el sangrado; curiosamente quien había golpeado a Hyoga había sido Seiya porque el ruso tenia a Shun contra él suelo y al ver el golpe que Pegaso le propino a cisne, Shiryu le recordó al japonés que la batalla era contra él.

-¡Ya me quiero ir a comer, terminen de una buena vez! – Grito de nuevo a todo pulmón una voz jovial.

La batalla continuo por unos minutos más hasta que Shiryu le propino semejante patada a Seiya que le mando a estrellarse contra el muro de contención de la arena, por su parte Hyoga le dio un puñetazo a la reencarnación de Hades que le abrió un pómulo y le derribo. Kiki que servía como árbitro dio como ganador al rubio y pelinegro, que respiraban agitados y estaban llenos de polvo y tierra y un poco despeinados, se acercaron a sus compañeros y les tendieron una mano fraternalmente para ayudarlos a incorporar.

-Lo siento. – Menciono Hyoga apretando la mano de Shun para ayudarlo a incorporarse.

-Se supone que no debes decir lo siento. – Repuso inocentemente el peli verde, haciéndose presión en la herida.

-Yo ya vencí a mi enemigo, solo estoy ayudando a un amigo. – Sonrió, viendo como Dokho brincaba las gradas ágilmente y caminaba en zancadas la arena alegremente.

-¡Shiryu, pequeño travieso! ¡Que semejante golpe le has dado a Pegaso! – Dokho abrió los brazos y le dio un tremendo abrazo a su alumno, mientras le palmeaba paternalmente la cabeza a su alumno, quien sonreía orgulloso. - ¡Que orgulloso estoy de ti! ¡Algún día heredaras mi armadura!

Los alumnos y aprendices comenzaron a retirarse y a pesar de la felicidad que Hyoga sentía porque Dokho reconociera a su amigo de aquella manera, no podía ocultar que sentía ciertos celos por la relación que Shiryu y el antiguo maestro habían desarrollado, desde que Dokho había vuelto a su apariencia joven, les miro hablando un poco más y se pregunto cuándo Camus en realidad le había demostrado algún afecto y luego se rio de su idea, sabía que el signo de acuario era caracterizado por su frialdad y seriedad, el mismo Camus le había pedido que abandonara sus sentimientos y creía haber empezado a comprender el sacrificio que aquello significaba.

-¿Estás bien? – Shun se acerco hasta él, ya que casi se había vaciado el coliseo y él seguía ensimismado en sus pensamientos, asistió y comenzó a caminar hacia la salida.

-¿No te duele el golpe? – Seiya se acerco y le toco con una varita la herida que sabrá Athena de donde la había sacado, lo que le provoco una punzada de dolor, retiro la cara por el impulso y miro entre las gradas a Camus y Milo que le observaban fijamente, se congelo al instante, al darse cuenta que le habían visto pelear. Ambos dorados vieron que habían captado la atención de Hyoga y los demás por lo que descendieron de las gradas y avanzaron hacia el campo de arena mientras el corazón de Hyoga latía desbocado, era la primera vez que vería a su maestro cara a cara desde que regreso de la muerte.

-¡Niños! – Les llamo de esa forma Dokho a Escorpio quien sonrió divertido ante la palabra y Acuario que se mantuvo imperturbable. – ¡Vengan acá! ¿No ha sido una pelea grandiosa?

-Si gran maestro. – Milo les miro felizmente a los chicos y tomo a Seiya del hombro. – Pero no solo Shiryu y Hyoga han estado grandiosos si no también estos dos. – Milo les dio un fuerte apretón de hombros a los dos jóvenes que sonrieron. - ¿No es así Camus?

-Sí. – Repuso fríamente Acuario, aun mirando directamente a Hyoga que se había mantenido en silencio observándole. Milo noto la mirada tanto del maestro como del alumno y pensó rápidamente en algo para sacar a Hyoga de aquel trance.

-¿Te duele la herida Hyoga? – Pero el Cisne estaba completamente ido, solo se limitaba a ver a Camus. - ¡Hyoga! – El cisne brinco del grito que le pego escorpión al lado del oído lo que hizo reír a los jóvenes con nerviosismo y a Dokho, que claramente se divertía desde que había vuelto a la vida con las ocurrencias de sus compañeros dorados.

-No, estoy bien. – Se llevo una mano a la herida y limpio la sangre que corría en menor cantidad.

-Se ve profundo. – Milo comenzó a caminar hacia la salida para ir hacia la enfermería para que curasen a los caballeros de bronce antes de que Shion les viera, pero justo en la salida, Camus intercambio una rápida mirada con él, que para Dokho no paso desapercibida.

-Hyoga. – Menciono por primera vez Acuario, ocasionando que el nombrado se respingara al escuchar su nombre. – Vamos a Acuario.

-Camus, los niños ocupan ir a la enfermería. – Dokho miro Hyoga que estaba confundido y en cierta parte angustiado por lo que iba a pasar en el onceavo templo, realmente no sabía que pensaba su maestro si desde que había vuelto a la vida no le había hablado o mandado llamar para nada, incluso lleno a notar que le estaba evitando y no le culpaba, le había asesinado ingratamente con su propia técnica y tal vez le había defraudado.

-Antiguo maestro yo me encargare de las heridas de mi alumno. – Repuso cortésmente Camus emprendiendo su camino hacia los doce templos, mientras Hyoga le seguía con resignación no sin antes intercambiar una mirada con sus amigos.

-Andando muchachos. – Les apuro Milo mirando hacia donde iba su amigo con una sonrisa en los labios. – Que Camus no les va a curar a todos, vamos, muévanse. – Y tuvo que empujar a Seiya para que iniciara a caminar. – Antiguo maestro ¿Nos acompaña?

-Si, Milo. – Dokho miro la silueta de Acuario y su alumno desaparecer por una de las esquinas del coliseo y asistió al escorpión dorado que le esperaba y ambos emprendieron su camina hacia el sanatorio.

Cuando el veneno de la sangre de Aioros entro a su torrente sanguíneo la reacción fue igual o peor a la del noveno guardián, le sobrevino un fuerte mareo que le hizo tambalearse y tirar una pequeña bandeja tras de él, mientras luchaba con todas sus fuerzas por mantenerse consiente, pero ahora su cosmos le estaba abandonando.

-¡Afrodita! – Aioria hizo el intento de acercarse a él pero los ojos celestes de piscis le detuvieron.

-Aun…mi sangre…es venenosa para ti. – Menciono jadeante al tiempo en que caía de rodillas y se sostenía con ambos brazos, respirando agitadamente, su cosmos comenzaba a perder toda la fuerza que pudo haber tenido cuando se propuso lograrlo y sinceramente ese veneno estaba haciéndolo perder la conciencia.

-Afrodita. – Sintió la mano de Aioria en el hombro, claramente al león dorado le había valido la advertencia de su compañero de armas y ahora le estaba ayudando a levantarse. – Vamos te llevare a la camilla, te ves tremendamente pálido ¿Cómo diablos te expusiste a ese veneno?

-No pienso dejarme vencer… por Aioros y … - Afrodita tuvo que apoyarse en su compañero pues estuvo a punto de caerse por un mareo que le sobrevino, se soltó del agarre de Aioria y camino hacia la ventana donde apoyo sus brazos permitiendo que el aire puro entrara a sus pulmones, que en ese momento se sentían carentes de todo oxigeno, la luz del sol le causo un escalofrió y cuando menos se lo pensó, el veneno comenzó a causarle un terrible dolor, era como si su carne se desintegrase fibra por fibra y comenzara a hervir, comenzó a toser en un intento de mejorar la respiración llevándose una mano a la boca y vio como esta se mancho de un liquido escarlata.

-¡Afrodita! – Aioria estaba sinceramente alarmado y a punto de salir corriendo a por Athena, una cosa era que su hermano estuviera en cama por un enemigo, pero el doceavo guardián tampoco merecía aquel destino.

-¡Alto! – Le detuvo con una mirada intentándose recomponer lo mejor que pudo, tomo una servilleta y limpio la sangre que salía de la comisura de su labio. – Ya he sentido este tipo de dolor antes.

-¿A qué te refieres? – Aioria se acerco a Piscis pero este le prohibió acercarse a él, alzando su mano; para el león dorado era imposible ver al sueco mantenerse de pie y aun consiente cuando su hermano estaba entre la vida y la muerte por el mismo veneno.

-La prueba de Piscis. – Afrodita se dejo caer en la camilla al lado de Aioros e intento concentrarse en su misión e ignorar todo aquel dolor que recorría cada fibra de su cuerpo y que mermaba no solo su vida si no también la del sagitario. – Los lazos rojos.

El sueco cerró los ojos y puso una mano sobre su frente, mientras su mente comenzaba a divagar en el pasado, en su pasado. Como era sabido todos los santos de Piscis tenían que matar a su predecesor para poder obtener la armadura lo cual era de lo más bizarro y raro de toda la orden dorada, aquel tipo de ritual rustico donde el aprendiz a caballero de oro de piscis mezclaba su sangre con la de su maestro, para que el veneno que sobrepasase al otro, terminara con la vida de uno de ellos y tal vez con el nuevo alzamiento de un nuevo guardián de Piscis.

Todos los santos dorados tenían sus formas de buscar un sucesor y la una prueba que debía de ser superada, en el caso de cáncer, eran las usuales visitas al monte Yomotsu, acuario y la frialdad absoluta implementando el frio por debajo de los 0 grados, capricornio solía afilar la espada excalibur, tauro eran forjado con la fuerza física, pero el caso de piscis eran los lazos de sangre, aquel ritual que el había experimentado por mucho tiempo y sentido ese dolor y aquella sensación de quemazón cada vez que su maestro y él intercambiaban sangre, muchas veces había estado entre la vida y la muerte por aquel maldito rito hasta que un día a pesar de estar en la estrecha línea de la vida, su maestro y él volvieron a hacer el ritual de lazos rojos y para sorpresa de ambos el veneno del pupilo supero al maestro y Afrodita se alzo como el nuevo santo de Piscis, aquel que ya había cobrado su primer victima humana con su potente veneno.

-Que venenoso soy… - Afrodita abrió sus ojos celestes encontrándose con la cara de angustia de Aioria que le miraba con sus ojos felinos atentamente.

-¿Cómo te sentientes? – Balbuceo casi inaudible el quinto guardián mirándolo desde detrás de la camilla donde Afrodita le había detenido con solo mirarlo.

-No muy bien. – Respondió a secas percatándose de las fluctuaciones que tenía su cosmos a cada momento.

-Te ves horrible. – Sentencio Aioria tomo una compresa que había hecho mientras piscis divagaba en sus recuerdos y se la arrogo para que se cubriera las heridas, de todos modos el veneno ya estaba dentro de su torrente sanguíneo. – Algo muy inusual en ti, al fin eres él más carita de nosotros. – Bromeo el león, ganándose una media sonrisa entre divertida y mal humorada del pisciano.

-Es solo una máscara para ocultar lo peligrosos y traicioneros que podemos ser. – Afrodita dejo caer su cabeza en la almohada al sentir una nueva oleada de mareos.

-No digas eso. – La voz de Aioria sonó tan seca que hizo al sueco abrir uno de sus ojos y mirarle por el rabillo, el semblante del león dorado era realmente serio y no mostraba que sus últimas palabras fueran una broma. – Todos cometimos errores, pero eso ya quedo en el pasado y ya no tenemos porque martirizarnos por eso.

-Jamás pensé el escuchar esas palabras. – Murmuro débilmente sintiendo un escalofrió recorrer su cuerpo. – Si pensé oírlas, pero jamás crei que tu serias el primero en decirlas.

-Todos hemos cambiado… -

Afrodita no escucho si Aioria continuo hablando o se quedo callado porque justo en ese momento le sobrevino un terrible dolor en el pecho y con un mareo que comenzó a nublarle la vista, vomito una bocanada de sangre fresca en un cubo al lado de la cama e inicio a sentirse demasiado débil, vio a un borroso Aioria acercarse a su lado y que le decía unas palabras que él no llego a comprender mientras la imagen del león dorado hablándole cada vez se veía más borrosa y oscura, sintió un fuerte dolor en el estomago al tiempo que la sangre comenzó a brotar no solo de su boca sino también de su nariz y la piel de sus antebrazos se desgarro por el veneno, el veneno dentro de él comenzó arder como si fuera fuego y estuviera consumiendo su vida, después de eso todo se nublo y empezó a perder grandes cantidades de cosmos.

Athena contemplaba desde su templo la batalla que estaba ocurriendo a lo lejos entre Aldebarán y los dos dioses griegos del ejército de Ares, confiaba plenamente en las habilidades de su guardián pues si bien Ker y Cidoimos eran fuertes no eran letales sin la ayuda de Ares, así que ella impediría que esa ayuda llegase hasta el santuario. Camino decidida hacia la estatua dedicada a ella como deidad mientras Ikki la seguía de cerca sin decir una palabra pero acompañándola en aquel silencio, justo cuando salieron del templo se toparon con el patriarca quien había dejado a Dokho y Mascara de la muerte en sus casas por si pasaba algún improvisto que requiriera de su presencia.

-Shion me alegra que ya hayas regresado. – El patriarca asistió tranquilamente y le devolvió aquella sonrisa cómplice.

-Estoy enterado que no fui el único que visito al caballero de cáncer en el inframundo. – Esta vez fue Saori la que sonrió con inocencia y miro alegremente a su patriarca.

– De aquí en adelante no te ocultare nada, la comunicación es algo primordial entre nosotros.

-Estoy de acuerdo con usted mi diosa. – Shion hizo una pequeña inclinación y al ver que su diosa llevaba a Nike en la mano, comprendió al instante que era su oportunidad de hacer uso de aquella propuesta que la peli lila le ofrecía y saber que traía entre manos. -¿Usara a Nike?

-Así es Shion. –

-¿Levantara un escudo? – La peli lila asistió gustosa de que aquel hombre que le había servido por años y que al que ella apenas conocía por su corta edad como humana y que todas sus memorias como Athena aun no habían vuelto, a pesar de todo ello, Shion y Dokho parecían conocerla tan bien, adivinaban en el poco tiempo que había estado con ellos muchas de las cosas que ella quería hacer o sentía y que ellos siempre complacían. Era tan extraño para Saori el no saber casi nada de su orden dorada, conocía sus errores pero realmente desconocía quienes eran ellos, que les gustaba, sus países de origen, sus pasatiempos, en general todo; por lo que se propuso que en aquel tiempo si las batallas se lo permitían saldría a conocer el santuario y sus caballeros.

-Así es Shion. – Athena volvió a caminar apresurando el paso hacia la estatua desde donde podía contemplar el cosmos de Aldebarán a lo lejos y como se elevaba una densa nube de polvo grisáceo, sentía el cosmos de Afrodita elevarse para después disminuirse y la agitación en los cosmos de los caballeros dorados presentes en las doce casas, para ellos siempre había sido una acción titánica permanecer en sus casas, mientras otros arriesgaban su vida. - ¿Tu brazo Shion? – Menciono sorprendida la deidad al ver el brazo libre de aquel cabestrillo que le sujetaba.

-Me ha dejado de doler y ya no le necesitaba. – Respondió con simplicidad el patriarca extendiendo una mano hacia Athena para ayudarla a subir los últimos escalones, Ikki permanecía detrás de ellos completamente en silencio, solo mirándolos.

Saori avanzo unos cuantos pasos y comenzó a elevar su cosmos de una forma suave y cálida, el brillo dorado blanquecino comenzó a rodearla, al tiempo que sus cabellos danzaban suavemente alrededor de ella, jugando con la suave brisa que soplaba en ese momento, elevo a Nike unos centímetros del suelo y miro con sus ojos azules los límites del santuario, normalmente siempre se protegían las 12 casas, el templo patriarcal y el templo de Athena, dejándose al coliseo, las barracas y los pueblos aledaños fuera de su protección y abandonados a su suerte.

-¿Shion? – El patriarca avanzo hacia ella permaneciendo un paso por detrás, completamente en silencio pero mirándola con sus ojos violáceos. - ¿Todo se ha detenido no es así?

-Si mi diosa, los caballeros de géminis y capricornio que fueron a una misión de reconocimiento a los pueblos aledaños, incluido entre ellos Rodorio me confirmaron que el tiempo se ha detenido y que todo ser vivo que no estuvo bajo la barrera de su hermana la diosa de la luna a quedado inerte y congelado por Cronos. – Shion analizo a lo lejos algunas de las luces que habían pertenecido al pueblo de Rodorio aun encendidas ya que no había quien les apagase, todos completamente todos estaban inconscientes e inmóviles.

-Necesitaran protección. – Ordeno Athena mientras su cosmos continuaba danzando alrededor de ella.

-Desplegare algunos santos de plata y uno de oro para ello. – Shion miro de reojo como Ikki se respingaba al verse de nueva cuenta excluidos de aquellas tareas y estuvo a punto de replicar pero el peli verde le miro fieramente para hacerlo callar, una mirada que realmente le intimido, aquella mirada que solo Aioros y Saga conocían al haber cometido sus peores travesuras.

-Bien, extenderé mi escudo hasta las barracas, los calabozos y las casas de las doncellas y aprendices. – El ojo violáceo solo asistió a su lado y retrocedió unos pasos colocándose al lado del caballero de fénix. Saori miro a lo lejos y vio a la tierra volverse a sumir en la oscuridad de la noche, mientras el sol volvía a descender lastimosamente herido para descansar y no supo porque pero un sentimiento de nostalgia sobrevino en ella.

Cuántas vidas valiosas se habían sacrificado por ella desde la era mitológica, cuantas veces se habían reparado los daños y vuelto a construir los 12 templos, cuantos patriarcas y caballeros habían recorrido aquellos lugares desolados en búsqueda de la paz, aquella tan anhelada que nunca había llegado por completo, cada batalla solo garantizaba cerca de 200 años o menos de una tregua entre los dioses mientras sus ejércitos y los daños ocasionados solo para enfrentarse una vez más a muerte. Que cansada se encontraba de dar aquellos enormes sacrificios de valiosas vidas por nada.

Suspiro resignada y dejo caer Nike fuertemente sobre el suelo, mientras una onda dorada se expandía por todos los alrededor cubriendo como si de un manto se tratase los limites que ella había trazado con solo mirar, una especie de cúpula blanquecina broto de todos las partes y se alzo orgullosa alejando la oscuridad en la que se encontraban sumergidos y el santuario se cubrió de la protección de la diosa de la sabiduría y la guerra justa.

Ella no iba a permitir que la paz que se había mantenido desde la batalla del cielo, terminase a causa de los caprichos de sus iguales, ya estaba cansada de las guerras y también de los dioses…

Geist sintió correr la sangre por su labio y se apoyo sobre sus codos para respirar y recobrar su visión, que en ese momento le estaba fallando olímpicamente, Shaina le había dado la oportunidad de recobrase al golpear a su oponente como al de ella, miro a su hermana de reojo recargada contra el muro de piedra la vio respirando con dificultad, traía moretones en toda la cara y una cortadura en la barbilla y en el hombro derecho del cual brotaba sangre.

Miro como aquellos dos hombres volvieron a levantarse y sin dudarlo se arrogaron sobre ellas pero un despliegue de energía enorme detrás de ellas les pulverizo envolviéndolos en una incandescente luz tan semejante a estrellas, los dos hombres cayeron calcinados en el suelo y después sus cuerpos fueron consumidos por el fuego.

-Mu. – La rubia menciono agradecida y se giro para encontrarse con el primer guardián que caminaba tranquilamente con su casco en el brazo, sus cabellos se mantenían amarrados en una coleta y sus ojos se mantenían fijos en la diosa Ker y Cidoimos que estaba frente Aldebarán envuelto en una enorme capucha que escondía su aspecto, pero de la que sobresalían dos ojos anaranjados que parecían dos flamas.

-¿Están bien? – El ariano ofreció su mano a Geist quien la acepto y asistió, se apoyo en Shaina que ofreció su hombro para ayudarla a caminar, era patético que les hubieran golpeado, o al menos así lo consideraban las hermanas al ver la facilidad con la que Aldebarán los habia destrozado, pero si bien aquel gigante mostraba una fase amable no era nada comparado a lo que tenia de fuerza física, capaz de detener el golpe de un gigante.

-Has llegado justo a tiempo, Mu. – Refuto de nueva cuenta Shaina agradecida, por lo que el ariano asistió con una media sonrisa y miraba directamente hacia Ker.

-No tienen porque sentirse mal. – Mu rasgo su capa, sin dejar de mirar hacia la diosa que se encontraba aun en la colina y hizo un pequeño vendaje para comprimir la herida en el pecho de Shaina de la cual salían borbotones de sangre. – Aldebarán es tan fuerte que podría parar a 10 de ellos pero quizá un caballero dorado como nosotros sin esa cantidad de fuerza física no podríamos detener a 4 sin ayuda del cosmos.

-Gracias. – Geist ayudo a Mu a colocarle el vendaje y le sonrió, mientras comenzaban a caminar hacia las barracas directo hacia su cabaña donde podían curarse ellas solas, tal vez sus heridas físicas no fueran tan graves, pero el decaimiento de su espíritu de pelea para ambas amazonas arrastraba por el suelo.

-Aldebarán. – Sonrió a su amigo caminando hacia él, al tiempo que Ker brincaba hasta colocarse al lado de Cidoimos, quien saco debajo de su capa una especie de garra con la que rasgo su capucha y mostro un kamui teñido de color negro azulado, que tenía dos enormes garras similares a las uñas de las arpías pero más filosas y teñidas en las puntas por un color rojizo, sus ojos eran anaranjados y su cabello era corto color verde palido, tenía una fiera mirada y algo en su semblante que hacia desconfiar de aquel ser al instante, era un poco más alto que Aldebarán y se apreciaban unos fuertes músculos torneados debajo del Kamui que apenas podía contener la fuerza mítica de aquel dios.

-¿Dos caballeros dorados? – Menciono Ker detrás de él, ella se quito el gorro de la capa que cubría su rostro y lo tiro hacia atrás, se llevo una mano seductoramente hacia el pequeño hilo que daba un amarre y tiro de él, la capa resbalo pro sus hombros hasta el suelo. Ella era blanca de unos grandes y atractivos ojos verdes, tenia rasgos muy finos y delicados, su cabello negro y liso caía hasta a nivel de sus hombros como una melena y tenía un Kamui similar al de su compañero, el color era igual, tenían casi los mismos detalles, solo que en lugar de las garras que tenía su compañero ella tenía dos espadas atadas a sus antebrazos y piernas de color plateado y del que claramente se apreciaba un brillo que advertía el filo de aquellas armas. –Tauro. – Apunto con su dedo índice a el brasileño y luego a Mu. – Y Aries.

-Ker deja de jugar y acabemos con ellos. – Cidoimos no termino de decir su oración cuando se lanzo con ambos brazos por delante contra Aldebarán que sostuvo las dos manos del dios menor, pero para su sorpresa las garras que llevaba se clavaron en sus antebrazos ejerciendo una presión enorme sobre ellos, Aldebarán tenso sus músculos para evitar que el metal le traspasase, al tiempo que su sangre corría hasta sus manos.

-¡Muro de cristal! – Mu a quien Ker aun no había atacado ejecuto su técnica con la mejor disciplina y cruzo en medio de los dos combatientes arrojando al dios contra una estructura de mármol que se desquebrajo por completo, el lemuriano corrió hacia su amigo y observo en los antebrazos de la armadura dorada había sido encajada las garras del Kamui llegando a lesionarlo severamente los brazos.

-Gracias Mu. – El toro dorado se quito su casco arrojándolo pesadamente al suelo y se paso una mano por los cabellos.

-Sus armaduras doradas no podrán resistir nuestros ataques, somos dioses de la guerra creen que unos soldados como ustedes, simples perros podrán contra sus amos. – Ker sacudió su melena negra mientras se acomodaba ambas espadas de los antebrazos y mirando de reojo como Cidoimos se levantaba enfurecido, pulverizando con su cosmos todo lo que estaba alrededor de él. – Han hecho enojar a un dios.

-Es muy común que ellos se enojen al primer golpe, siempre pasa. – Rio alegremente Aldebarán sacándole una media sonrisa a Mu. – Bien su ataque me tomo desprevenido pero esta vez, luchare en serio.

Ker se lanzo contra Mu que retrocedió inmediatamente para alzar el muro de cristal el cual la diosa desgarro con la espada derecha de su antebrazo atravesándolo, el lemuriano tuvo que esquivar entonces la daga de la mano izquierda, pero una patada de la deidad le rasgo la mejilla produciéndole un corte, inclusive Mu pudo ver como la daga paso a pocos centímetros de su ojo.

Por su parte Cidoimos volvió a lanzar un puñetazo con su mano derecha contra Aldebarán que le detuvo de la misma forma, pero al ver el dios su mano izquierda libre, empuño sus garras clavándolas en el costado del toro dorado que sintió como aquel fino metal atravesaba su piel y desgarraba su carne, mientras su armadura dorada era atravesada de lado a lado, el dolor comenzó a recorrer su cuerpo, primero como punzadas pero después se hizo presente al tiempo que el dios apretó sus garras desgarrando mas el costado izquierdo del toro que comenzó a sentirse imposibilitado.

-Te tengo. – Sonrió confiado el dios apretando más su agarre. – Te voy a perforar el corazón.

-El que te tiene soy yo. – Aldebarán uso su potente brazo izquierdo golpeando con su codo las garras del Kamui las cuales se rompieron, dirigió su mano antes de que el dios reaccionara contra el brazo derecho del dios el cual fracturo de un golpe y tomo con sus dos manos la cabeza del dios impactándola contra la suya. Cidoimos retrocedió unos pasos torpemente.

-¡Gran cuerno! – La onda del ataque del segundo guardián de Athena le arrogo contra la destrucción tras él y cuando el dios toco el suelo se formo una gran explosión, el dios quedo tirado en el suelo y para la sorpresa de Ker, vio que las heridas de su igual no se recuperaron si no que estas permanecieron y después de eso el cuerpo del dios quedo inmóvil.

-¿Qué pasa? – El ceño de Ker mostraba todo el terror que la diosa estaba experimentando en ese momento y que la confusión se había apoderado de ella. - ¡Esto no puede ser posible!

-Lo es, gracias a la barrera que la diosa Athena coloco sobre nosotros. – Mu camino hacia ella tranquilamente mientras su cosmos se elevaba peligrosamente para la deidad. – Aquí tanto dioses como humanos somos vulnerables, no solo la barrera les impedirá sanar sus heridas si no que les sellara.

El rostro de la diosa de la muerte violenta se desfiguro al escuchar estas palabras, no solo se a sus oídos sonaba terriblemente, si no que era como una sentencia ya estando en el patíbulo, miro llena de odio la estatua detrás del templo de la diosa Athena y miro a los dos guerreros de oro de los que se había burlado hacia unos minutos. Y tal y como Mu dijo se materializo en el aire las palabras en griego del nombre de Athena de color dorado y el cuerpo de Cidoimos desapareció.

Ker se giro enfurecida, su rostro estaba completamente desfigurado por el enojo, aquella diosa que pudo haberle parecido hermosa a más de uno, se torno demasiado peligrosa ante su odio y se lanzo enojada al lemuriano, que volvió a colocar el muro de cristal pero de nueva cuenta la diosa rompió la barrera pero esta vez Mu desapareció y se coloco detrás de ella, tomándola por los brazos y aprisionando cualquier movimiento de ella.

-Le suplico que desista de cualquier intento, como mujer me es imposible golpearla pero si me orilla a ello lo hare, se que Athena puede perdonar sus acciones si usted decide colaborar con ella y se arrepiente de sus acciones. – Ker comenzó a luchar contra él, en un intento desesperado por soltarse, golpeo con su cabeza el rostro de Mu que no la soltó para nada e incluso apretó más el agarre.

-¡Suéltame! ¡Maldito bastardo! – La blanca intento romper la llave con la que Mu la tenia apresada pero fallo, entonces comenzó a elevar su cosmos y causando una onda expansiva que obligo al lemuriano a romper el agarre.

-Piense en que podría terminar sellada, usted puede redimir todos sus errores. – La diosa que se había alejado unos pasos de Mu le miro con sus ojos verdes completamente en silencio, jamás había pensado en que un humano podría herirla y con ayuda de su semejante sellarla, nunca antes se vio tan vulnerable y con tanto miedo, por primera vez en su vida escucho de verdad las palabras de un humano como el que tenía enfrente y que la habían causado tanta conmoción "redimirse" era algo que jamás en su vida cruenta y sangrienta desde su nacimiento como deidad había llegado a pensar, Ares quien le había apoyado desde el principio nunca le había dejado pensar en ello, nunca le había dado la oportunidad de conocer la otra cara de la justicia.

Los pasos resonaron tenuemente por el sexto templo del zodiaco, sus cabellos lilas volaban alrededor de ella moviéndose en el mismo vaivén que ella, paso las columnas del salón de batallas del templo de Virgo y se dirigió hacia su interior acompañada del caballero de fénix que iba resoplando molesto.

-Shaka. – Athena llamo a su guardián que se encontraba sentando en medio de la gran sala en su usual posición de loto, el santo de Virgo se levanto en cuanto la sintió entrar y abrió lentamente sus ojos, mostrando aquellos dos iris azules intensos que la diosa le había pedido tener abiertos para contemplar la belleza del universo en ellos.

-¿En qué puedo servirle diosa Athena? – Shaka dirigió una mirada burlona hacia al caballero del fénix que la noto al instante. – Buenas noches caballerito. – Ikki le fulmino con la mirada y le ignoro olímpicamente al sentir la burla del caballero de virgo.

-Shaka necesito de tu cosmos. – El más cercano a buda alzo una ceja y analizo con sus ojos azules a la deidad frente a él.

-Sígame por favor. – Shaka miro por encima de su hombro a Ikki que continuaba fulminándolo con la mirada. – Cuida de la sexta casa caballerito. – Y una media sonrisa se dibujo en el rostro del caballero de la virgen que se alejo triunfalmente de allí seguido de la deidad. Atravesaron el salón de batallas de nueva cuenta cruzando hacia el otro lado de la casa de virgo, dejaron atrás las columnas de mármol grisáceo y Athena pudo contemplar con sus ojos la estatua de buda, los ojos de la deidad de la sabiduría brillaron celosos del tributo que Shaka hacia ha aquella deidad.

Había frente a ellos una enorme puerta de mármol que permanecía cerrada, el caballero rubio se acerco a ella y le empujo suavemente, la luz de afuera cegó sus ojos por unos segundos por lo que se vio obligada a cerrarlos, escucho a Shaka acercarse a un lado para permitirle el paso y le invito a entrar amablemente, la deidad abrió sus ojos lentamente y observo el jardín de los sales gemelos completamente reconstruido. Sus ojos se llenaron de lagrimas al comprender la tristeza que ella misma embargaba a su corazón y aquel paisaje tan similar a los mismos campos elíseos se abría paso frente a ella, miro el suelo de mármol aun bajo sus pies y que con un solo paso, el suelo bajo de ella estaría lleno de pétalos y hermosas flores rosadas, esparcidas por todos lados de aquel jardín, el cual había sido testigo mudo y presencial de la muerte del caballero a su lado y que observo en un mutismo impasible el sufrimiento de los corazones de Saga, Camus y Shura. Miro a lo lejos en medio del enorme jardín dos figuras de un contorno tan similar que reconoció a los sales gemelos sobre los cuales Buda y Shaka habían perecido.

-Shaka. – Susurro débilmente al santo de virgo que estiro una mano respetuosamente hacia ella para ayudarla a caminar sobre el jardín, al dar su primer paso se elevaron varios pétalos rosados que comenzaron a flotar en el aire, moviéndose al vaivén de la cálida brisa de aquel lugar.

-¿Y bien? – Shaka la miro pasivamente y la comenzó a dirigir hacia los sales gemelos que movían su frondosidad acorde al suave viento que soplaba.

-Necesito pedirte un favor. – Shaka la miro sorprendido al escuchar la palabra favor por parte de su diosa la cual solo ocupaba decir una palabra para que esta se convirtiera en orden para él como para sus compañeros.

-Es inusual que un dios pida favores, diosa Athena. –

-Yo no soy como otros dioses Shaka. – Menciono determinantemente la deidad.

-Eso lo sé, pero usted sabe que una no necesita pedir favores, basta con ordenarlo. – Shaka la dejo parada debajo de la colina y el avanzo hasta situarse en medio de los sales gemelos, donde volvió a adquirir la posición de flor de loto.

-Jamás les obligaría a ustedes a hacer algo por mí. – Athena se sentó suavemente en aquel suelo lleno de flores y acaricio con sus delicados dedos blanquecinos la flor frente a ella, poso sus dedos por los pétalos y los acaricio finamente, continuo recorriendo sus hojas hasta tocar su tallo y volteo sonriendo a Shaka. – Sabes que jamás lo haría, ustedes son demasiado importantes para mí, daría mi vida por encontrar paz para todos ustedes.

Los ojos de Shaka se abrieron con mesura y asistió ante las palabras de su diosa y sonrió débilmente. – Al final todos luchamos por ella ¿En qué puedo ayudarle, mi diosa?

-Shaka necesito que eleves tu cosmos al máximo y abras una puerta hacia el tártaro, yo la sellare con mi sangre para que solo se pueda entrar pero no salir, los titanes atacaran el santuario y la sexta casa es la más protegida de todas, tiene 5 casas por debajo y 6 encima de ella, nadie podrá llegar hasta aquí, sin pasar por los otros caballeros dorados, mientras esa puerta nos permitirá encerrar a los titanes y a los otros dioses por milenios. – Shaka miraba calmadamente a la joven y asistió feliz al poder el prestar su cosmos y el jardín de los sales gemelos para poder poner fin a la maldad.

-Entregare mi vida por usted si es preciso. – Shaka permaneció sentado y miro como Athena se levantaba caminando hacia donde él estaba, la deidad poso una mano sobre su hombro y se coloco detrás de él.

-Yo no quiero que ninguno de ustedes muera, quiero darles la oportunidad de vivir. – Saori menciono a sus espaldas emocionada.

Shaka cerró los ojos para acumular sus cosmos y poderlo hacer estallar para traer por medio de sus poderes un portal de semejante magnitud que igualara la puerta del tártaro y por medio de una dimensión paralela, cualquiera que callera en ella fuera llevado directamente hacia la prisión de los titanes siendo encerrado por toda la eternidad.

Cuando volvió a abrir sus ojos las flores frente a él comenzaron a marchitarse y la tierra comenzó a sumergirse en el mismo suelo formando un hoyo negro condensando, varios rayos salieron de el impactando contra Shaka que tuvo que colocar su escudo sobre él y Athena para evitar que les golpeasen, en el cual todo lo que tenía sobre el comenzaba a succionar, en su interior se formo una especie de molécula entre diferentes tonalidades de rojo y negro, con pequeños remates de color morado, que continuaban lanzando rayos a diestra y siniestra, los cuales comenzaron a golpear con mayor intensidad sobre la barrera del hindu.

Y de repente del centro del tártaro broto una potente energía que fue a parar contra la barrera del rubio que tuvo dificultades para resistir aquel golpe de poder, su barrera comenzó a vibrar amenazando con desquebrajarse, si algo como aquello ocurría la dimensión posiblemente absorbería a Athena y a él, y posiblemente las casas aledañas; Shaka aumento la intensidad de su cosmos, mientras varias gotas de sangre caían sobre su mano provenientes de su nariz, la barrera vibro una vez más y una grieta se formo.

-Un enorme poder no es nada si lo tiene todo y nunca se esfuerza por romper sus límites. – Athena toco ambos hombros de Shaka y elevo su cosmos junto con él, la barrera comenzó a estabilizarse de nueva cuenta y la potencia de aquella energía fue vencida por el poder del rubio. – Esa son las fuerzas dentro del tártaro encargadas de atormentar por toda la eternidad a los titanes.

Shaka se percato de que una leve lagrima caía de sus ojos y sintió la trayectoria por su cara hasta su barbilla hasta que miro como esta caía en el espacio aquel y teñía su piel blanca de un color carmín intenso y fue cuando se dio cuenta que aquellas energías dentro del mismo tártaro le estaban dañando, utilizando su cosmos para crear aquellos rayos.

-Shaka tu puedes detenerlo. –

El hindu comenzó a elevar de nueva cuenta su cosmos, mientras más ataques salían provenientes del tártaro al tiempo que el expandía su escudo ganándole terreno hasta que una cúpula de color dorado se sobrepuso al agujero ennegrecido en el suelo el cual estaba rodeado por las flores del jardín de los sales gemelos que parecían adornar aquella prisión con sus pétalos que rodeaban aquel borde oscuro con las tonalidades más preciosas, el poder del tártaro cedió por unos segundos y el de Shaka lo hizo de igual manera. Athena soltó sus hombros y corrió hacia aquel agujero mientras su guardián la observaba aun recuperando sus fuerzas agotadas, jamás pensó que enfrentaría una de las fuerzas más míticas que existían en el universo como era la prisión de condena de los titanes y que había sido creada por el poder conjunto de los dioses.

La pelilila saco un ligero frasco lleno de su propia sangre y circulo con ella aquel agujero oscuro donde aun danzaban en su espesura ondas rojizas y moradas, mientras la diosa de la deidad percibía movimiento de sombras dentro de el, sabía que los gigantes y otras criaturas que habían luchado en la gigantomaquia continuaban encerrados ahí, esperando que los titanes por quienes habían peleado los liberaran.

-Shaka. – Se giro hacia su santo quien ya se encontraba a su lado, observo como la armadura dorada de su guardián estaba manchada de sangre, por lo que ella misma saco un ligero pañuelo blanco y limpio la sangre que manchaba el rostro del guardián de la virgen delicadamente. -¿Te encuentras bien Shaka?

-Si Athena. – El santo se incomodo al sentir tan cerca a la diosa y por instinto voltio hacia la puerta, pensando simplemente que el patriarca o el antiguo maestro se infartarían de ver aquello, pues malinterpretarían toda aquella situación, por lo que se ruborizo; lanzando una amenaza mental hacia Ikki si se le ocurría atravesar aquella puerta.

La deidad se retiro unos pasos de él y estiro sus dos manos donde apareció una esfera dorada de unos 20 cm. Introdujo su mano derecha en su interior y saco un sello, el cual contenía unas palabras en griego tatuado con la sangre de Athena en ellos y que resplandecían aquellas letras de un color dorado en el cual Shaka pudo leer el nombre de Cidoimos.

-Ya no dejare impune el juicio de los criminales. – Athena se balanceo con pasividad hacia el vórtice abierto frente a ella y estiro su brazo frente a ella, soltando aquel pergamino que se balanceo en el aire hasta que el fue engullido por la dimensión y el alma del dios fue encerrada en el tártaro.

Hermes entro cómodamente en el templo de Apolo golpeando la puerta fuertemente al entrar, lo que asusto a algunas musas que danzaban alegremente lo que hizo reír al dios y acercarse hasta ellas, unas cuantas retrocedieron y otras se quedaron ahí mirándole completamente extrañadas.

-Voy a vivir en este templo un tiempo, ustedes sabrán sin quieren servirme a mí. – Les amenazo con una sonrisa picara, pero estas se rieron juguetonamente y se dirigieron hacia la salida, deteniéndose una de ellas en la puerta.

-Ya veremos si usted nos merece. – La musa cerró la puerta detrás de sí y dejo completamente solo a Hermes en el templo del dios del sol, que proceso tan rápidamente cuantas cosas podía hacer en aquel lugar y que seguramente molestarían a Apolo pero se contuvo y se apresuro hacia la salida trasera del templo del pelirrojo donde pudo apreciar el templo de la luna completamente en silencio, sonrió con desgano volteando hacia todos lados y al percatarse de que realmente estaba solo desapareció del Olimpo.

-Hermes - La voz ronca de Apolo le hizo sonreír, el dios del sol estaba sentado en un cómodo mueble tocando el arpa y detuvo abruptamente su melodía al verlo llegar, jamás sabría porque siempre había sentido al gemelo como a un hermano mayor al cual respetaba enormemente y que digamos si fuera mortal daría su vida por él, claramente no lo era pero al menos le estaba ayudando y con ello arriesgaba su libertad. -¿Le has conseguido?

-Yo también estoy bien, gracias por tu interés. – Menciono burlonamente haciendo que Apolo sonriera apenado por aquella falta de cortesía de su parte.

-Lo lamento, la situación solo me hace pensar en ello. – Repuso el pelirrojo dirigiéndose hacia una pequeña mesita donde había dos copas de oro que resplandecían como si estuvieran recibiendo el reflejo del sol y vertió en ellas vino, le tendió una copa al dios de los mensajeros y demás atributos y volvió a sentarse.

-Eso explica porque desafinabas por un segundo pensé que era el grito de una arpía. – Repuso burlonamente Hermes acercándose a su hermano y tomando asiento a un lado de su hermano y tendiéndole un frasco. – Este es el veneno que me pediste ¿Para qué lo quieres?

-Le guardare. – Repuso Apolo intentando tomarlo pero Hermes se lo arrebato.

-Athena lo querría destruido. – Apolo bufo ante la broma de Hermes que se levanto y camino unos pasos hacia la ventana más cercana. – Lo más justo es que se lo demos.

-¿Tu hablando de justicia? – Apolo alzo una ceja dudoso y soltó una plena carcajada. – Mira que soy el dios de la cladividencia y eso si no lo vi venir. – Y continúo riendo.

-Ríete adelante, de cualquier forma se lo entregare a Athena. – Apolo alzo los hombros restándole importancia y Hermes volvió a guardarse el frasco dentro de sus ropas, se empino la copa de vino y miro hacia la puerta que se había abierto y donde Artemisa les contemplaba en silencio.

-Hermana. – Le saludo con una inclinación de cabeza que la rubia respondió y se aproximo para sentarse frente a ellos. – Bueno volviendo a los negocios, nuestro padre está prisionero en mi templo.

-¿Y tu dónde estás viviendo? – La voz de Artemisa se escucho con miedo y comenzó a temer por su templo en el Olimpo, miro a su hermano preocupada que le respondió con la misma mirada lo que hizo sonreír a Hermes.

-Vivo en el templo del sol. – Soltó de golpe, Artemisa respiro aliviada y miro con consuelo a su gemelo que acababa de empinarse la copa de vino y ya la estaba llenando de nueva cuenta. – Me portare bien, lo prometo. Bien regresare antes de que se den cuenta de que no estoy ¿Quieres que haga algo más?

-Eso es todo. –

-¡Espera Hermes! – La voz de Afrodita que entro por otra puerta le hizo detenerse y ambos gemelos voltearon a verla, la diosa del amor se movió como un felino. – Necesitamos del veneno, no puedes entregárselo a Athena.

-¿Por qué? – Repuso Artemisa con curiosidad mirando a su gemelo.

-Si le dicen a los titanes donde estoy, serviré como un señuelo y podremos usar la cantidad de ese veneno para hacerles mortales, jamás este veneno a tocado a un dios o titán, ellos querrán vengarse de mí y podríamos hacerlo. – Afrodita miro hacia los tres dioses ahí que se habían quedado callados, de forma improvista Apolo se levanto y le tendió la mano a Hermes quien le entrego el frasco.

-Se que los titanes te querrán porque tu aviso oportuno sirvió para salvarme- Apolo camino hacia una ventana cercana y miro por esta la tierra, sus ojos se perdieron en el horizonte y luego empuño su mano con firmeza. – Pero ese castigo no lo merecen ellos, Athena ha abierto un portal hacia el tártaro y es donde los titanes tienen que estar.

-¿Entonces para quien lo usaremos? – Artemisa miro a Hermes que se mantenía aun en la puerta meciéndola con insistencia.

-Vamos a usarla contra quien la mando hacer. – Apolo miro con sus ojos centellantes de ira hacia los otros dioses que compartieron aquella mirada. – Hera va a pagar su traición.

-Entonces el plan será el siguiente. – Artemisa sonrió complicemente con su hermano y se acerco a la rubia, mientras despedía con una mano a Hermes que desapareció al instante.

Athena estaba sentada en su trono, a pesar de haber amanecido ya se encontraba algo angustiada pues los días que pasaban era que los titanes estaban planeando algo que resultaba ser nada bueno. Pero frente a ella se encontraba con los ojos cerrados Poseidón a quien ella misma había mandado llamar, no ayudaría a los dioses que habían castigado a sus santos y que ahora clamaban del favor de ellos.

-Hermes ha hecho su parte. – Menciono rompiendo el silencio el rey de los mares pues los ojos azules de la joven deidad se mantenían viendo hacia el horizonte.

-¿Dónde está el veneno? – Sus ojos azules se clavaron en los del joven Julián Solo que sonrió.

-Lo utilizaremos en Hera, ella se convertirá en una mortal tal vez para siempre o tal vez solo será obligada por un tiempo a reencarnar en humanos por siglos, lo que ocurra primero para ella será sobajarse. – Athena afilo su mirada al escuchar aquella palabra despectiva pero Poseidón inclino suavemente su cabeza y se paso una mano por la barbilla. – Recuerda que en este momento soy humano también, por lo que mis pensamientos no son iguales a los que Hera tendrá ¿Estás de acuerdo con esto?

-Sí, Hera no solo libero a los titanes si no que les envió a mi santuario causando daño y liberando el alma de un dios que debía permanecer en esa vasija por siglos. – Saori se levanto y camino hacia su terraza, se recargo en el barandal de piedra grisácea y miro a su tío indicándole la mirada que él debía haber permanecido también en cerrado en una de aquellas urnas sagradas.

-Te he dado mi palabra. – Repuso Julián riendo con travesura al ver la mirada amenazadora de la diosa de la sabiduría. – Solo fue una broma. – Y continúo sonriendo.

-Jugaste con la vida de millones de personas. – Espeto amenazantemente.

-Sabes muy bien cuál es mi conflicto con la humanidad. – El dios de los mares se levanto y se recargo de igual forma que Athena mirándola de frente, aquella chiquilla que había conocido hacia años, ahora se alzaba como una mujer peligrosa. –Entonces dime ¿Por qué me has llamado?

-Quiero tu palabra y la de los otros dioses de que no volverán a dañar la tierra. – Su voz sonó calmada pero bajo aquella fingida tranquilidad se escuchaba la exaltación de la diosa, Poseidón negó y ante solo este gesto, Athena apareció Nike y se lo puso al cuello al dios de los mares que no vio venir el ataque. -¡Quiero su palabra Poseidón! De otra forma lucharan solos y yo solo me encargare de cuidar de mis santos y de la tierra.

-Ya he dicho que no abra guerras. – El peli azul utilizo el mismo tono de voz pero un aura azulada comenzó a rodearlo amenazantemente.

-¿Por cuánto? ¿Un siglo? ¿Un milenio?; no Poseidón esta vez no les ayudare, quiero la paz absoluta con todos ustedes, de otra forma les dejare a la deriva con esto. – Athena acerco más a Nike al cuello blanco del dios que alzo ambas manos para indicar que no quería luchar, pero no dejaba de mostrar una mirada iracunda contra ella.

-Tienes mi palabra, siempre y cuando tú sepas controlar la situación de la tierra. – Repuso el rey de los mares que se encontraba entre el precipicio de aquella terraza por detrás de él y por enfrente estaba Nike que se alzaba más amenazadora que nunca, Saori Kido no era ya solo la reencarnación de Athena, era la vida imagen de la deidad de la guerra y la sabiduría.

-Es mi más grande obligación, cuidar y velar por ella; Poseidón. – Refuto la joven retirando la presión del cuello del dios. – Quiero la palabra de los demás.

-Las tendrás. – Contesto el emperador de los mares caminando pausadamente lejos del arma de Athena. – Pero no te garantizo nada sobre Hades, ni Ares.

-Si Hades vuelve a intentar algo, yo misma me encargare de él para siempre. – Amenazo vorazmente mientras en su cabeza recordaba la puerta del tártaro abierta en virgo y que podría engullir también a un dios como Hades, pero guardo sus palabras para el futuro, Hades tardaría siglos o milenios en despertar y si llegara a hacerlo e intentara cualquier cosa contra la tierra ella le lanzaría a aquel vórtice, pero por el momento no quería alterar a Poseidón, sabía que él no estaría de acuerdo con que un dios fuera encerrado por la eternidad y menos a los lados de los titanes, por el momento mantenía firme aquella idea, tal vez la escribiría en un pergamino, para sus futuras encarnaciones, porque sabía muy en el fondo que llegaría a ocupar de aquella prisión.

-Respecto a Ares podríamos volver a sellarle. – Repuso tranquilamente el dios dirigiéndose hacia la salida donde Sorrento de Sirena le esperaba.

Sus ojos se acostumbraron a la oscuridad que proporcionaba el templo de acuario a su interior, a pesar de no ser de noche, Camus no le había dirigido una sola palabra durante todo el trayecto, simplemente el se había limitado a seguir al francés aunque a veces todavía dudaba de si el guerrero de la onceava casa quería que él le siguiera.

Pero de forma repentina Camus se paro en medio de el salón de batallas de acuario y volteo a verlo, fue la primera vez que sus ojos volvieron a toparse claramente desde la guerra santa, azul contra azul, Camus ya no le miraba con frialdad ni Hyoga buscaba rehuir a aquella mirada helada, todo lo contrario ambos se miraban con una especie de arrepentimiento y conmoción.

-Hyoga. – La voz aun seria de su maestro le congelo el corazón pero sintió una emoción enorme al escucharlo pronunciarlo, cuando había pasado desde la última vez que Camus le llamara por su nombre, que le mirara, ya poco le importaba que le regañara o le dijera algo sobre sus sentimientos, solo quería escuchar a aquel a quien había considerado como un padre. – Antes de todo, quiero disculparme por haberte evitado estos días, es solo que me sentía avergonzado sobre mi participación en la guerra santa…

-Maestro usted… - Pero Camus alzo una mano e hizo a su alumno callar, al tiempo que se acercaba a él y traía por medio de su telequinesis un botiquín con el cual comenzó a curar a su alumno.

-Déjame hablar Hyoga, pocas veces lo hago y lo sabes, esta vez quiero ayudarte a que rompas ese tipo de mutismo selectivo e incomodidad cada vez que mi nombre es pronunciado o vuelve a mencionarse la batalla de las 12 casas o la guerra santa. – Camus se acerco lentamente a su discípulo, mientras ambos escuchaban latir su corazón con fuerza sintiendo pena de que el otro la percibiera. - Hyoga quiero que me perdones, por todo lo que te he hecho sufrir, jamás debí obligarte a ser como yo o que adoptaras la frivolidad que tengo o que mi maestro tuvo antes que yo.

-Maestro Camus… -

-No debí hundir el barco de tu madre, ni intentarte hacer olvidar todos tus sentimientos, lamento mucho lo ocurrido en la guerra contra Hades, me pesa no haberte podido decir a ti y a Milo lo que ocurría, pero Hyoga la única cosa que hice bien en ti… - Camus puso la mano sobre el hombro de su discípulo que le miraba emocionado luchando a duras penas para contener las lagrimas. – Es por la cual tú te arrepientes tanto Hyoga, aquel día que luchamos en este templo, no solo superaste mi técnica suprema si no destruirse todos los ideales que por años hemos mantenido los santos de mi signo, Hyoga tu me mostraste que los sentimientos son más importantes que la frialdad del alma y la seriedad de pensamiento.

-Maestro Camus yo… - Hyoga cayó de rodillas mirando sus manos aquellas que aun veía cubiertas de hielo y muerte, no solo había matado a su maestro aun temía el decirle que Isaac estaba vivo y que él le había matado.

-Hyoga estoy muy orgulloso de ti. – Camus hinco una rodilla en el suelo y miro directamente los ojos de su discípulo que estaba llorando en silencio, le tomo por ambos hombros esta vez y le sacudió un poco. – No sabes lo feliz que soy cuando me entero de todas tus victorias, cuando escucho a los guardias nárraselas a los aprendices; pero Hyoga lo que realmente me ha hecho sentir honrado de haber sido tu maestro son aquellas historias donde lo has perdido todo y aun has encontrado la forma para volverte a levantar y pelear. No tienes porque lamentar mi muerte, yo estaba predispuesto a enseñarte mi técnica a costa de mi vida y Hyoga no me arrepiento de hacerlo, pero me hubiera gustado enseñártela de otra forma una donde el dolor no te destrozase, pero fue la forma en que también me la enseñaron a mí, yo al igual que tu también mate a mi maestro en este mismo templo y así me hice el santo de acuario.

-Maestro Camus. – Hyoga agacho la mirada sus ojos azules estaban enrojecidos por aguantar las lagrimas que en aquel momento parecían no incomodar a su maestro, tal vez el hubiera vencido y hecho miles de proezas que harían sentir todo un héroe a otro, pero cada una de ellas había destrozado y derrotado el alma del cisne, habían estado consumiendo una parte de él, embargándola en la oscuridad y causándole un dolor más fuerte que cualquier herida física, Hyoga había sido testigo y ejecutador de su propia familia. – Yo lamento haberlo matado… usted siempre tuvo grandes expectativas sobre mí y yo le defraude… no debe sentirse orgulloso porque yo mate…yo mate a Isaac.

-Lo que ocurrió en Siberia con Isaac fue un descuido mío y un accidente Hyoga. – Pero la mirada que el santo del cisne le dirigió le hizo darse cuenta que algo más había pasado y que seguramente Milo no le había querido platicar, ya se vengaría con el alacrán por esa "ligera" omisión pero en ese momento miro lleno de sorpresa a Hyoga.

-Maestro. – Hyoga volvió a mirar sus manos y negó suavemente con la cabeza, mientras las gotas saladas que caían de sus ojos escurrían por su rostro y manchaban de humedad el frio suelo de mármol. – Yo mate a Isaac de Kraken, era una marina de Poseidón y… - Hyoga no pudo continuar porque todo el dolor que había acumulado durante sus años de caballero revivió en ese momento y comenzó a sentir toda la desesperación, angustia, tristeza y melancolía de aquellos días como si lo estuviera viviendo de nuevo, no se atrevió a mirar a su maestro a los ojos que hasta ese momento se había mostrado comprensivo.

Y realmente fue una ventaja porque la cara de Camus mostraba una sorpresa y una decepción que hubieran roto por completo el corazón del joven ruso, claramente el galo no estaba desilusionado de su alumno si no de él mismo, como no se había dado cuenta que Isaac estaba vivo a pesar que aquel día salto hacia el agua gélida para buscarlo, para él era un fallo enorme no solo haber dejado a un niño libre a la voluntad de los dioses y que aquel dios que lo hubiera recibido fuera Poseidón, pensó directamente en que Kanon había sido responsable en cierta parte de esto e hizo una nota mental para hablar con el gemelo menor.

-Hyoga el decidió servir a otro dios. – Repuso fríamente, Hyoga elevo la mirada hacia el buscando una muestra de enojo pero por el contrario Camus le abrazo, el ruso se quedo literalmente congelado ante aquella acción del francés. – Nada me dejara hacer sentir orgulloso de ti, eres como un hijo para mí y…

-Maestro. – Hyoga le abrazo con fuerza al escuchar aquellas palabras llenas de cariño abandonar la boca del onceavo guardián. Camus comprendió al instante todo lo que había sufrido su alumno, había perdido a todos los que conocía en el mundo, a toda la gente cercana a él y el mismo había sido el culpable de todo aquello, el había ocasionado que Hyoga pasara por todo aquello. – Muchas gracias por todo, si usted no me hubiera enseñado de esa forma yo no me hubiera convertido en un santo.

- Hyoga, lo pasado, pasado es. – Camus se levanto y estiro su brazo hacia Hyoga que le tomo con una sonrisa en sus labios, limpio sus lágrimas y se irguió orgulloso sintiéndose por primera vez tranquilo después de tantos años de pesares y sufrimiento, tanto el alma del maestro y alumno se habían quitado un enorme peso de encima.

-Athena. – La voz suave de Ker hizo que Athena le mirara con precaución, a pesar de que Mu y Aldebarán le habían conducido hasta allí en silencio la diosa aun se mantenía con un dejo de agresividad e impotencia al saber el destino que enfrentaría ella y que Cidoimos había enfrentado de una forma cruel y despiadada.

-Sabes de todos los crímenes por los que debía juzgarte. – Saori se mantenía impasible frente a ella, tenia Nike en su mano derecha, usaba su habitual vestido blanco, tenía un tocado de oro que adornaba su cabello que caí en una melena al lado derecho de su cuello, un brazalete adornaba su torneado y delicado brazo derecho y un cinturón de oro apretaba su cintura, se mantenía frente de pie a su igual que se encontraba arrodillada frente a ella.

-Se que son imperdonables. – Menciono en un débil susurro mirando hacia Mu quien le había hecho percatarse de toda la sangre con la que estaban manchadas sus manos de la única forma que ella había aprendido a entender con crueldad. – Me dejaría castigar aun cuando mi destino fuera el tártaro. – La diosa se incorporo del suelo apoyándose en sus manos y sus ojos verdes miraron a Nike, Mu y Aldebarán se alertaron ante cualquier intento que tuviera la deidad por atacar a Athena. – Pero aun no puedo… no puedo revivir a los que han muerto por mis manos ni compadecer a sus familias y amigos, sabes que mi naturaleza no me lo permite, soy una diosa especialmente cruel y violenta así se me destino desde mi nacimiento.

-Conozco a la perfección tu historia. – Athena miro a la diosa frente a ella que mantenía un semblante duro y frio pero por sus ojos verdes se agolpaban las lágrimas que luchaban por salir en aquel sentimiento que para un dios era casi imposible sentir: la tristeza. Athena sabía que un dios antes de sentir melancolía primero experimentaba ira, locura, rabia o cualquier otro sentimiento pero se negaba a experimentar un sentimiento tan mundano como la tristeza, solo había visto derramar lagrimas a semi dioses y a Artemisa aquel día en que Apolo mato a Orión, de ahí en más ningún dios había sentido lo que significaba el sentirse miserable, dolido y abandonado a su suerte. Y verlo en los ojos de Ker por primera vez ablando su carácter.

-Quiero emendar mi error y para ello te ayudare en lo que necesites. Ares me condeno a vivir en la guerra por siempre alentando mi hambre de sangre y dolor, pero tu santo… - Ker miro a Mu detrás de ella y regreso la vista a su compañera. – Me hizo percatarme de la mentira en la que he vivido toda mi vida, la justicia no se da por la violencia, la paz no llega al ser dominada por la guerra ni la sangre es el trofeo de una batalla. – Athena miro como una lagrima abandonaba los ojos esmeraldas de Ker y se deslizaba por su mejilla, la diosa limpio aquel liquido cristalino y sonrió débilmente. – No soy una víctima de mi destino, aceptare cualquier castigo que me des por mis crímenes contra la humanidad pero solo quiero pedirte un favor, déjame vengarme de aquellos que contribuyeron en cernir mi desgracia, por favor.

Ker se arrodillo frente a ella y agacho su cabeza suplicantemente, el silencio perduro en el salón, la pelinegra se mantuvo con el rostro mirando el suelo hasta que las manos delicadas de Athena le acariciaron con suavidad los brazos y la tomo con su mano derecha por la cara haciendo que los ojos zarcos y esmeraldas de la otra se vieran con fijeza.

-Ker, la redención es la mejor salvación para un alma, aun cuando esta sea la de un dios, las palabras de Mu no hubieran servido de nada si tú no te hubieras prestado a escuchar. – Athena deslizo sus manos a los brazos de la deidad y le ayudo a levantarse y le sonrió amablemente. – Los dioses creen que son los humanos los que tienen que cambiar, pero somos los dioses los que debemos ser más humanos, porque eso nos permite conocer los límites físicos pero no los espirituales.

-Athena… - Ker se quedo enmudecida, había pensado en Athena como una diosa cruel que encerraba a los suyos a diestra y siniestra en vasijas solo para beneficiar a los humanos, pero se dio cuenta de que todo era mentira, todo lo que se decía en el Olimpo acerca de la diosa de la sabiduría solo era para denigrarla con falsedades y provocar en dioses como ella solo la ira.

-En este momento Ares debe saber que le has traicionado, permanecerás en el templo dedicado a mí, hasta que esto finalice y puedas volver al Olimpo si gustas hacerlo. – Athena le indico a Mu y Aldebarán que podían llevársela para indicarle sus aposentos, los vio alejarse claramente pensativos hasta que la voz de Shion resonó a sus espaldas.

-¿Está segura de que ella se ha redimido? – Shion que había permanecido en silencio inmutable, miraba a su diosa preocupado que acaso ella no se daba cuenta al peligro que se estaba exponiendo.

-No cualquier dios puede llorar, debe de verdad haber comprendido el dolor que experimentan los humanos para hacerlo, te aseguro que Ker lo ha descubierto, ella no solo vio su vulnerabilidad si no también sus peores errores. – Athena comprendió la mirada preocupada del ex santo de Aries y sonrió. – Te aseguro que ella no intentara matarme, es una diosa avanzada en ataques de combate y guerra si ella hubiera deseado hacerlo cuando me acerque a ella pudo haberlo logrado, pero no lo hizo; incluso percibí el deseo de ser castigada por sus crímenes, pero ello es porque aun no sabe como curar todos esos remordimientos.

-Solo por su seguridad tendrá a dos santos de bronce cuidándola a cada momento. – Repuso pausadamente Shion por lo que Athena asistió, no le incomodaba en lo mínimo verse rodeada de sus compañeros de infancia. – Le llamare a Nachi de lobo y a Jabu de unicornio.

Geist y Shaina habían regresado a su cabaña después de que les limpiaran y vendaran algunas heridas, ambas chicas se encontraban sentadas una frente a la otra con la vista perdida y completamente los ánimos por los suelos, era para ellas recibir una paliza de semejante magnitud y ni siquiera poder defenderse, Marín les contemplaba en silencio recargada desde la cocina viendo de una a la otra.

-Saben que no fue su culpa chicas, siempre habrá personas más fuertes que nosotras. – Les intento animar, pero la mirada decaída de Geist y la de rabia de Shaina la hicieron callar al instante.

-¡No pudimos hacer nada! ¡¿Y si el enemigo es más fuerte?! – Shaina se levanto enojada consigo misma y se paso ambas manos arreglando su cabellera despeinada mientras su hermana la contemplaba en silencio. – No quiero ser más la amazona débil.

-En ese caso sería yo, tu tan siquiera pudiste golpearlos. – La mirada de Geist se volvió a perder en el centro de la mesa y su cabello rodio sus hombros impidiendo que sus ojos fueran apreciados por las dos amazonas. Justo en ese momento tocaron a la puerta, Shaina recorrió la distancia de la cocina a la entrada principal en dos zancadas y la abrió malhumorada.

-¿Shura? – Menciono extrañada la rubia mirando al santo de arriba abajo que se mantenía por costumbre demasiado serio, la amazona de ofiuco miro por encima de sus hombros a su hermana que le miraba igual de atenta que Marín.

-¿Cómo estas Shaina? – Repuso educadamente el santo aun permaneciendo en el umbral de la puerta, mientras la rubia le miraba consternada. – Veo que te encuentras mejor de tus heridas.

-Bien ¿Tu qué haces aquí? – Su semblante cambio recuperándose de aquel sobresalto, pero Geist se levanto de la mesa y camino hacia la puerta.

-¡Shura! – Respondió alegremente la pelinegra abriendo por completo la puerta y dejando ver a Marín al santo dorado de capricornio. - ¿Qué haces aquí? – A diferencia del tono que su hermana había usado en esa pregunta, la de la chica sonó no solo amable si no hasta emocionada. – Vamos a otro lugar.

Geist comenzó a andar a paso apresurado, por lo que Shura tardo un rato en captar aquella escena y se apresuro a seguir a zancadas a la pelinegra antes de que Shaina se le lanzara a la yugular enfurecida pero sentía su mirada clavada en su nuca, giraron rápidamente detrás de otra cabaña y pudieron escuchar el gruñido de la rubia.

-¡Me va a escuchar! ¡Mira que nomas irse de esa forma! ¡No, soy su maestra y hermana y si es preciso la castigare! ¡No tengo idea de lo que Shura y ella escondan! – Exploto la italiana contra Marín que la escuchaba en silencio. - ¡Pero siento que no están diferente a lo que tú y Aioria traen entre manos! – La pelirroja se ruborizo al instante y continuo callada, lo menos que quería en ese momento era hacer enfurecer más a la rubia.

-No esta tan equivocada. – Admitió Shura comenzando a caminar de nuevo hacia el bosque detrás de Geist que iba a paso lento delante de él, el español la alcanzo y ella le miro en silencio. - ¿Quieres que te cargue?

-No importa ¿O no? Tu y yo traemos esta clase de relación masoquista desde jóvenes, que ella no se enterara no fue nuestra culpa y no yo puedo caminar sola. – La pelinegra se metió entre el espeso follaje y se recargo contra un árbol adolorida pero fingiendo para que el peli verde no lo notara. – Este tipo de flirtreo sin compromisos, quien lo diría ¿No? Una relegada y uno de los mejores santos de Athena.

-Ni tú eres relejgada ni yo soy el mejor santo de Athena. – Shura se paro frente a ella, mientras aquel frondoso árbol escondía a los dos amantes de cualquier vista, el peli verde poso una mano en el rostro de la chica que recargo su cara en la mano del santo ante aquella caricia tan suave, el capricornio acaricio con suavidad un corte que Geist tenía en la frente con uno de sus dedos se acerco a ella y la aprisiono entre su cuerpo y el árbol, la chica levanto el rostro y Shura planto un beso delicado sobre aquella herida haciendo que le recorriera una sensación de placer.

-Estaba preocupado, por eso vine a buscarte. – Geist escucho aquellas palabras con atención sintiendo como su corazón se aceleraba al grado que sentía que abandonaría su cuerpo, no podía decirle a aquel hombre que le amaba, tenían un trato, una aventura, solo por diversión y placer, se suponía que ninguno de los dos tenía que enamorarse pero ella termino amándolo después de 5 meses de aquellos encuentros y aun en su destierro le amo con más fervor, pero ¿Cómo decirle algo como aquello? Eran tan diferentes, elevo un poco su rostro y Shura le planto un beso en la boca tomándola con la mayor delicadeza por el cuello para no lastimarla.

-Eso sonó muy dramático ¿No lo crees? – Fingió burlarse de aquello, por lo que Shura se tenso un poco, pero cuando ella le abrazo por la cintura atrayéndolo hacia sí, el santo volvió a relajarse. ¿Cómo no enamorarse de alguien como él? Dejaba de un lado el atractivo físico de Shura que en realidad estaba para escribir un libro de anatomía de él, aun recordaba el rubor al verlo salir por primera vez de la tina mientras ella le esperaba en su habitación solo con una toalla a la cintura. Shura era amable, cortes, caballeroso, delicado con ella, detallista y algo serio al principio pero lograban equilibrarse ambos a la perfección. – No deberías preocuparte por mí, al fin esto solo es temporal, tú te consiguieras alguien mejor en un futuro y esto terminara.

-En eso tienes razón, quiero que termine esto. – Geist tuvo que contenerse para no romper a llorar, sintió un ardor recorriendo su garganta, se tenso y miro hacia otro lugar cuando Shura busco su mirada, su respiración se acelero y salió de entre la prisión del santo y aquel árbol, el español la tomo por la muñeca y la detuvo, después de eso el peliverde comenzó a reírse, lo que la hizo enfurecer.

-Pareces un tarado ¡Suéltame! – Geist se jaloneo pero detuvo el esfuerzo al sentir como un calambre subía por su cuerpo. - ¿De qué tanto te ríes?

-Te pareces tanto a tu hermana cuando te enojas. – Se burlo aun más el santo, haciéndola enfurecer, empuño su mano y la dirigió contra el santo, quien la detuvo con suavidad. – Me encantas cuando te enojas. – Shura la abrazo a la fuerza y la amazona no se pudo zafar de aquel agarre, aunque no la lastimaba en lo absoluto. –Quiero terminar con esta relación de diversión, Geist te amo y no quiero que esto siga escondido, no quiero que sigamos con aventuras como si hubiéramos hecho lo peor… yo sé lo que hicimos antes pero no me importa ese pacto entre nosotros si a ti tampoco…

Geist brinco sobre el santo enrollando sus piernas alrededor de la cintura del santo que la elevo en el aire al escuchar la risa juguetona de ella, que parecía un ronroneo seductor, dejo que ella se deslizara por su cuerpo hasta que la beso, la pelinegra que tenía sus manos sobre los hombros del santo los subió hasta sus mejillas e intensifico aquel beso.

-Yo también te amo. – Geist enrollo sus manos alrededor del cuello del santo, profundizando el beso mientras este deslizaba las manos por sus caderas y espalda, con suavidad, la pelinegra retrocedió unos pasos haciendo que el cuerpo del español le aprisionara contra el árbol y sintiendo el abdomen musculoso de su "novio", ambos se separaron porque la italiana sintió una punzada de dolor.

-¿Estás bien? – Pregunto preocupado Shura, pensando que él la había lastimado, pero ella le sonrió tomándolo por la mano.

-A la perfección. – Volvió a tomarlo por el cuello, dándole un beso lleno de pasión que hizo que sus mejillas se ruborizaran y a sus cuerpos vibrar de placer, el peli verde la tomo por los glúteos y la elevo haciendo que ella quedara agarrada al nivel de su cintura de nuevo.

-En cuanto te recuperes. – Menciono el español viéndola con una sonrisa en los labios, tomo un mechón de cabello negro de la amazona que caía al lado de su oído y lo ato detrás de ella, acariciando su rostro. – Vamos a entrenar.

-Shura hemos entrenado desde jóvenes. – Respondió ella riendo con travesura y mirando al santo pícaramente, mientras deslizaba su mano por el cuello del santo, que la miro divertido.

-Sabes a lo que me refiero. – El santo toco con su dedo la herida de ella, que brinco al sentir el impulso doloroso y luego le beso. – Pero tampoco me niego si también entrenamos eso.

El pueblo de Rodorio estaba completamente en silencio, todas las personas permanecían en sus casas inconscientes por el poder de Cronos, en el centro de la calle se mantenían cuatro figuras oscuras, sus cuerpos adornados por vestiduras de color negro o morada protegían sus cuerpos, los cuatro se mantenían viendo hacia diferentes puntos, cuando el primero de ellos alzo su brazo hacia al frente y lanzo un poder violáceo que destruyo toda la calle frente a ellos y daño las fachadas de alguna de estas de las que empezó a salir fuego.

-Señor Minos. – Repuso Raimi de Gusano con su usual tono de voz chillante. - ¿Por qué estamos aquí? Si la señorita Persefone nos mando a matar al santo de Cáncer.

-Si quieres que las ratas salgan de su escondite, lo mejor es prender fuego. – Contesto Minos mirándole de reojo fieramente.

-El señor Minos tiene razón, la barrera de Athena nos restaría poder, pero fuera de ella nuestros cosmos son tan poderosos. – Rio Zeros de Rana, que se sobaba las manos estando aun en cuclillas.

-Aun no entiendo como la señora Persefone te envió con nosotros. – Repuso despectivamente Gordon de minotauro.

-Somos la distracción, para que ellas puedan lograr el objetivo - Determino Stand de escarabajo mortal

-Ya dejen de hablar y destrúyalo todo. – Minos lanzo una rafa de aire con sus alas y las primeras casas de vinieron abajo, mientras densas capaz de humo y fuego se elevaban.

Continuara…

IMPORTANTE: ¿Qué les parecería una parejita entre Mu y la diosa Ker? Depende a lo que contesten decidiré si mantenerla o no. Además creo que ya va llegando a ser hora de decirle adiós a un santito dorado ¿Cuál? Aun no lo sé, mencionen a quien prefieren más para salvarlo.

Aclaraciones:

-Kamui son las armaduras de los dioses.

-El ritual de los lazos rojos es un ritual de sangre entre un santo de Piscis y su aprendiz, donde estos intercambian una gota de sangre de un herida hecha en la punta de los dedos de cada uno, la sangre transmitida circulara en los cuerpos de cada uno durante algunos años, aquel que no podría resistir la sangre tendría una muerte terrible, el veneno de la sangre normalmente quema el cuerpo y le causa dolor al aprendiz, que se orilla entre la vida y la muerte. Este tipo de ritual lo hizo Lugonis de Piscis y Albafica en lost canvas.

-Camus también tiene poderes telequineticos si no explíquenme como hundió el barco en la serie clásica anime he leído esto en varios lugares así que así lo manejare en mi historia, obviamente no son tan fuertes como los de Saga, Mascara, Mu y Shaka.

¿Dudas?

Agradezco mucho sus comentarios:

Kaito Hatake: Muchas gracias por el review.

Derama17: Jajajaja, soy mala me gusta dejar en suspenso como te abras dado cuenta. Qué bueno que te gustara a un Shion bromista o amenazante normalmente siempre lo quieren hacer ver como un sabiondo y un santurron, si en la nieve todos resbalamos. Pues te continúe la intriga de Afrodita pero ya resolveré que pasa con él en el próximo capítulo. Pues ahora Poseidón debe cuidarse bien porque él es el siguiente en la lista de los titanes y las marinas pronto saldrán a defender a su dios. Y Hermes pues bien volverá ha hacer su aparición estelar el próximo capítulo y los titanes también.

Carlos: Que bueno que te gustara, no siempre Afrodita fue malo así que siento que todos los santos más jóvenes ven tanto a Aioros como Saga con cierto respeto y cariño, ese miedo a los cuchillos e inyecciones la puede tener cualquiera. Espero que hayas disfrutado de Aldebarán ciertamente no es un santo que conozca mucho pero del que se le puede sacar provecho.

Gaby: Que bueno que te haya gustado el capitulo, no se pero últimamente desarrolle un gusto por Cáncer y Piscis, muchas gracias por el ánimo.

SakuraBallSeiyaMejoresAnimes: Tu confía en mí, Aioros por el momento se encuentra en la base de los salvados.

Caliope07: No te preocupes ya se va a castigar a Hera, para que se le quite lo maldita, porque no tenía por qué afectar a todos los dioses por acciones de unos cuantos, deja tú de que odiara a Zeus o Athena, pero que culpa tenían no se Hestia, Demeter y demás. Respecto a Aioros pues ahora también está en riesgo la vida de nuestro adorado Afrodita. Amor ¿Qué es eso? ¿Con que se come o qué? Ya había pensado del amor en mis adorados santitos pues ya abrí un posible nuevo amorío que tal Mu y la diosa Ker, que forma más perfecta de enamorarte si esa persona es quién te ha mostrado el camino de la redención.

Joana: Que bueno que te guste mi historia eso me alegra mucho, no me olvido como vez muchos de los que mencionaste tuvieron ya su participación en este capítulo pero es que a veces escribo y no puedo quedarme a medias para introducir otro segmento de la historia, intentare darle un toque más apasionado a la historia.

Beauty: No te apures, jajaja si les di duro pero es que los guerreros de Ares son muy fuertes jajaja, te sugiero que no te pierdas los próximos capítulos porque tengo sorpresas para ti respecto a Milo y Shaina.

Gracias por sus comentarios a todos aquellos que se toman la molestia de escribirlos y también espero y les agrade el capitulo. Comenten.

Atte: ddmanzanita.