Muchas gracias por sus comentarios en realidad, los leo todos y los tomo en cuenta espero y disfruten de este capítulo y puedan comentar.
Capitulo 14. Aquel castigo era para ti.
Hera se encontraba sentada tranquilamente en el templo de Afrodita que estaba completamente vacío, había mandado a las gracias de la misma diosa del amor a servirle a los titanes en lo que pudieran, así que aquel recinto lleno de lujuria y pasión se encontraba solo, no había ningún ruido más que el de una pequeña cascada que caía en un precioso jardín donde se encontraba una escultura dedicada a la diosa del amor.
-Fuiste demasiado estúpida y engreída. – Regaño como si aquella perfecta escultura de la diosa fuese a contestarle. – Acaso pensabas que no me daría cuenta de tu traición, siempre has sido fiel a Zeus.
-No siempre. – Contesto la voz suave y juguetona de la rubia, Hera se sobresalto al sentirla detrás de ella y le miro con altivez.
-¿Qué haces aquí? – Demando con autoridad, la rubia camino lentamente y se sentó en el contorno de aquella cascada, humedeció sus dedos en el agua cristalina que brillaba como plata y se pasó una mano con delicadeza por la frente. –
-Este es mi templo Hera, la pregunta debería hacerla yo, así que ¿Tu qué haces aquí? – Afrodita se dio cuenta que era cuestión de tiempo para que los titanes o Ares se dieran cuenta de su presencia en el Olimpo y fueran tras ella, por lo que tenía que apurar su plan de otra forma ni siquiera Hermes podría sacarla de aquel lugar. – No importa al final no es lo único que hemos compartido. – Hera se molesto al escuchar aquellas palabras y el velo de los celos cubrió su mirada, al recordar los engaños que aquella diosa había tenido con su esposo.
-No a todos se puede castigar al mismo tiempo. – Repuso la diosa acercándosele amenazadoramente, Afrodita se levanto de inmediato justo a tiempo para detener una bofetada de la reina del Olimpo. – No sé cómo te dijeron diosa cuando en realidad eres una prostituta.
-Y tú una cornuda. – Se burlo Afrodita riendo cínicamente, la diosa del casamiento le empujo alejándola de ella. – ¿Ya te vas? Tan pronto y yo que venía a advertirte.
-Se cuidarme sola. – Refuto la diosa alejándose de ella, pero Afrodita estaba especialmente risueña aquel día por lo que volvió a reírse a espaldas de la emperatriz. Hera regreso enfadada y tomo a Afrodita del cuello apretándolo con odio, mientras la piel blanquecina de la rubia comenzaba a adquirir una coloración rojiza por la presión. – Eres un cualquiera que osa desafiarme y cree que ocupo de ella, eres solo una mercancía para todos los dioses Afrodita, una traidora y sucia ramera.
Afrodita molesta de aquellos insultos de su igual, levanto una pierna y golpeo a Hera en el estomago haciendo que esta callera al suelo, se acomodo su cabello y sus ropas y se acerco a ella. – Seré lo que quieras Hera, pero eso siempre me ha llevado a estar del lado ganador. – Y acto seguido Afrodita saco el frasco llena de odio, le destapo con la mano y se encimo sobre la reina del Olimpo que intento resistirse, la rubia apretó las mejillas de la pelirroja con fuerza, que sintió dolor al sentir su mucosa oral impactando contra sus dientes, por lo que abrió unos centímetros los labios y la diosa del amor derramo el liquido marrón oscuro en ella.
Hera escupió con fuerza aquel veneno al percatarse del frasco que la rubia llevaba en sus manos era el mismo que ella le había dado, comenzó a marearse al instante y a experimentar sensaciones que jamás había sentido, Afrodita le abofeteo una vez más y se levanto, Hera intento reincorporarse pero comenzó a sentirse demasiado débil.
-Tú intentaste hacer mortal a Hércules con ese veneno, yo te hago mortal en su nombre y de los otros dioses a los que traicionaste. – Afrodita salió del jardín apresuradamente pues el cosmos de Ares estaba cerca al templo, corrió hacia su aposento donde Hermes le esperaba con una sonrisa, le asistió rápidamente indicándole que era hora de desaparecer los dos, guardo apresuradamente el frasco en un baúl, el cual desapareció y tomo a Hermes por los hombros, mientras este la tomaba con picardía por los glúteos. – Vámonos.
-Sera un placer. – Hermes l desapareció ahí, sin que nadie notara su presencia.
Hera comenzó a toser y arrastrarse por el suelo, al tiempo que sentía como se asfixiaba, se encontraba tremendamente pálida y sangre salía de su boca, llego hasta las escaleras que conducían hacia el interior del templo y se puso en 4 para intentarse levantar, en esta posición la descubrió Ares y Cronos.
-¡Madre! – El pelirrojo corrió hacia la diosa del Olimpo mientras Cronos se detenía de golpe. La pelirroja apoyo su mano en el hombro de su hijo para ayudarse a levantar, mientras este la tomaba por los costados para detenerla. - ¿Qué paso?
-Fue Afrodita. – Balbuceo escupiendo sangre, lo que hizo a Hera extrañarse y a Cronos igual, los dioses no podían sangrar, tomo su cabello con su delicada mano de tez blanca y observo que este se estaba volviendo negro, por lo que un grito desgarrador salió de su garganta, retrocedió dando tumbos y se dejo caer al suelo. - ¡Me ha hecho un sucia e inmunda! ¡Me convirtió en mortal!
El rostro de Ares se lleno de sorpresa y dudas, pero por su parte Cronos se tenso y sacudió la cabeza con resignación, se acerco a su hija pero no la toco, sus ojos rojos se clavaron en ella. – Este efecto pasara en muchos años Hera, serás mortal tal vez esta vida y otras más.
-¿Qué? – Pregunto angustiado Ares, pues conocía que ningún humano, en lo absoluto podía permanecer en el Olimpo y si lo que Cronos decía era cierto su madre seria lanzada y exiliada a la tierra por milenios.
-¡No! – Hera golpeo con todas sus fuerzas el suelo sintiendo el ardor recorrer toda su extremidad y vio la sangre brotar de esta por lo que amplias lagrimas salieron de sus ojos, mientras ella se agachaba a los pies de su hijo llorando desconsoladamente. – ¡Véngame Ares! Tú eres mi único hijo, al que más he amado y por el que lo he dado todo.
-Lo hare. – Ares se agacho al lado de aquel cuerpo humano que continuaba siendo su madre a pesar de su desgracia. – Dime ¿Quiénes han sido? Y te juro que les hare pagar por esto. – Siseo enfurecido abrazando a la pelinegra.
-Hera no sabemos las consecuencias de ese veneno y está claro que no hay una cura para el efecto que te ha provocado más que el tiempo, haría mucho por ayudarte pero aun siendo el titán del tiempo, me es imposible adelantarlo pues yo mismo podría alterar el curso de esta guerra. – Cronos se mantuvo alejado negándose a tocar a aquella que fuera su hija. – Tal vez ese cuerpo viva muchos años o milenios hasta que tu esencia divina regrese y tu poder vuelva, pues está claro que la reencarnación es un proceso diferente. Pero por ese tiempo no puedes estar aquí.
Hera se levanto aun con lagrimas en los ojos, su orbes verdes estaban llenas de odio e ira, miro en silencio a su alrededor intentando grabar todo en su memoria pues no lo vería por mucho tiempo, paso saliva sintiéndose humillada contemplo todo en silencio, miro los ojos de su padre que la miraba con lastima y los ojos preocupados de su hijo que intentaba contener toda su rabia. Limpio sus lágrimas con su mano y alzo el cuello con altivez, tomo su polos entre sus manos contemplándolo viendo culminado sus años de gobierno en aquel paraíso y le arrogo al suelo como si se tratase de latón y no de oro.
-Quiero que me vengues y le mates a todos esos bastardos desde Afrodita hasta Athena. – Hera menciono iracunda mientras acomodaba sus ropas llena de odio, Ares la tomo suavemente por la mano y le miro. – Júramelo.
-Lo juro. – El pelirrojo beso la frente de la ahora pelinegra, lo que la sorprendió jamás llego a pensar que su hijo le amara tanto, como ella le amaba a él. – Te quedaras en mi templo en Atenas, pondré sirvientes a tu disposición y soldados, no te faltara nada te lo prometo, humana o diosa sigues siendo mi madre y no perdonare ninguna agravio contra ti.
-¿Qué ha pasado? – Hermes entro corriendo al templo de Afrodita que recién había llegado a su vuelta y miro los ojos rojizos de los dos dioses presentes ahí, Hera se cubrió el rostro con ambas manos. El dios mensajero tuvo que hacer un esfuerzo olímpico para no reírse de la deidad y de su falsedad.
-Hermes lleva a mi madre a mi templo en la tierra, después hablare contigo sobre esto. – Ordeno Ares furioso saliendo del templo de su ex – amante.
-Como digas. – Hizo una leve inclinación de cabeza y le tendió una mano a Hera que ahora solo era una mortal, tan frágil y delicada, supo al solo verla a los ojos que para ella era la peor humillación cometida contra ella, una que la perseguiría toda su vida inmortal, así que dirigió a la reina del Olimpo a su destierro humano. – Vamos Hera…ahora eres una mortal. – Menciono seriamente mientras en su interior reía a carcajada suelta.
…
Mascara de la muerte, entro apresurado en el sanatorio, siguiendo el cosmos debilitado de Afrodita, se apresuro entre los pasillos y se detuvo ante una puerta, al percibir no solo el cosmos de su amigo si no también el de los dos hermanos castaños dentro. Abrió la puerta sin tocar y miro a Aioria con las manos cubriéndose el rostro, el león dorado levanto el rostro al escuchar el ruido de la puerta y le miro, sus ojos estaban completamente rojos por las lágrimas de desesperación, se levanto al verlo en la puerta pero ninguna palabra abandono sus labios.
-Aioria. – Le llamo, conocía a la perfección que su relación con el menor de los castaños no se acercaba ni siquiera a compañeros, era odio mutuo o al menos eso fue por mucho tiempo, él mismo habia sido uno de los torturadores de Aioria después de la muerte de sagitario, le había humillado, ridiculizado, torturado durante mucho tiempo y aun después de conocer la verdad, continuo haciéndolo, pero ahora el destino les unía en la misma circunstancia; la vida de las personas más cercana a ellos peligraba. –Lamento lo de Aioros.
Aunque quedo muy claro que el león le escucho este no respondió nada, miro de Mascara hacia su hermano y de este a Afrodita en silencio, se sentía culpable por no haber detenido al doceavo guardián de cometer aquella estupidez y arriesgar su vida, si el pisciano llegaba a morir él jamás se lo perdonaría, había sido muy egoísta arriesgar la vida de otro de sus compañeros por la de Aioros.
Mascara de la muerte cerró la puerta tras de sí y se recargo en esta, miro a Afrodita recostado en la cama, manchado de sangre, era obvio que Afrodita le había pedido al castaño menor el no acercársele, por miedo a envenenarlo, chasqueo la lengua ignorando la voz de su conciencia que le advertía que no se acercara a su amigo, tomo un trapo y le remojo en una bandeja de agua, Aioria le siguió con la vista en silencio comprendiendo lo que iba a hacer.
-Él no quería que se acercase nadie. – Refuto Aioria advirtiéndole por lo bajo, lo que menos necesitaba era a un santo de cáncer envenenado en esos momentos.
-Yo no soy nadie, soy su mejor amigo. – Mascara exprimió el trapo y camino lentamente a su amigo, limpio la sangre que salía de su boca con cuidado, intentando que su piel no tocara claramente aquel liquido carmín mientras Aioria le seguía atentamente. - ¿Cuánto tiempo tiene así?
-Tal vez una o dos horas, su cosmos se ha estabilizado, pero aun no ha despertado. – La voz ronca del león dorado mostraba su frustración, Mascara asistió y continuo haciendo su labor, limpio la sangre que manchaba su nariz y la que había salido de sus antebrazos, se giro para ir a lavar la tela pero Aioria estaba detrás de él con un cubo de agua, ambos se sonrieron ante lo ridículos que se veían pero aun así continuaron ayudándose sin dirigirse una palabra.
-No la comas… - Susurro Afrodita su frente estaba bañada en sudor y su rostro estaba desencajado por el dolor que estaba experimentando, Aioria le miro confuso y Mascara presto más atención a lo que su amigo decía entre aquel sufrimiento. – …La granada…
-¿A qué se refiere? – Aioria volvió a sentarse en su silla tras la cama de Aioros mientras el cuarto guardián se recargaba de nueva cuenta contra la puerta y arrugaba el ceño ¿Cómo diablos Afrodita se había enterado de aquello? Y su respuesta venia a su mente Athena.
-Cuando estuve en el infierno, la diosa Persefone me ofreció el antídoto para el veneno de Aioros… – Comenzó a recordar captando por completo la atención de Aioria, que le miro lleno de interés. – A cambio de mi alma, debía de comer la granada del infierno, de esta forma mi alma quedaría para toda la eternidad al servicio de Hades, iba hacerlo es lo menos que le debo a tu hermano, pero Athena fue y me dijo que Afrodita intentaría encontrarlo, jamás pensé que lo haría de esta forma.
-¿Ibas a sacrificar tu alma por la vida de Aioros? – Aioria le miro sorprendido y bajo su tono de voz se escucho gratitud por parte del león dorado, Mascara de la muerte asistió restándole importancia, aunque esto se vio tan falso que Aioria comenzó a reír.
-¿De qué te ríes? – Bufo cáncer, mientras Aioria continuaba carcajeándose a lo lindo.
-Jamás vas a admitir que puedes hacer cosas buenas. – Repuso el quinto guardián.
-Contigo jamás obre bien. – Los ojos de ambos se encontraron por primera vez, sin el rencor con la que se habían visto durante años, Aioria se levanto y camino hasta él. – Aioria se que no puedo cambiar lo que paso entre nosotros dos, por mi estupidez pero realmente lo siento. – Admitió.
-No, realmente no lo hiciste, pero eso ya no importa Mascara, desde la guerra santa han demostrado ser dignos de portar la armadura de oro y ser llamados santos de Athena. – Aioria le tendió la mano a su igual, quien le estrecho amistosamente dando por terminado todo el conflicto entre ellos. –Sin resentimientos.
-Sin resentimientos. – Mascara de la muerte volvió la vista hacia los dos caballeros dorados que estaban frente a él, pero parecía que el estado de los dos se mantendría para largo hacia que halo una silla por detrás y se sentó con el respaldo hacia el frente y recargo sus codos en este, Aioria se acerco a su hermano y le presiono la mano suavemente. – Ellos dos son fuertes van a estar bien.
Pasaron cerca de otras 5 horas cuidándolos, Aioria se había recostado en otra camilla y se había echado el brazo sobre el rostro y estaba profundamente dormido, por su parte Mascara había dejado caer su cabeza sobre sus brazos y estaba meditabundo, luchando por no quedarse dormido, incluso había cabeceado más de una vez, parpadeo varias veces y bostezo unas cuantas mas pero al final sus parpados comenzaron a sentirse pesados y dejo caer su cabeza dormitando, pero justo cuando se estaba quedando dormido, el cosmos de Afrodita comenzó a elevarse rápidamente hasta que se estabilizo, Aioria brinco de un salto de la camilla y el levanto la cabeza, los dos miraron con asombro como el santo de Piscis levanto un brazo y se apoyo una mano contra su cabeza.
-Había olvidado esta maldita sensación. – Susurro para sí mismo, recordando los lazos rojos con su maestro.
-¡Afrodita! – Grito emocionado Aioria de ver al doceavo guardián sentarse en la cama.
-Aioria, Mascara. – Menciono sorprendido el santo de las flores al ver a su amigo ahí, le sonrió tranquilamente y se puso de pie, sin soltarse de la cama. – Lo he logrado he vencido al veneno y no hay tiempo que perder.
-¿Cómo te encuentras? – Mascara se acerco a él, pero Afrodita sonrió socarronamente.
-Bien, ¿No hiciste ninguna estupidez verdad? – El sueco le dirigió una mirada amenazante a su amigo pero este comenzó a reír y negó con el rostro. – Más te vale ya haces suficientes al día. – Amenazo. – Bien no hay tiempo que perder.
Aioria miraba divertido la interacción de los dos santos ex -renegados de los doce a los cuales solo les conocía en la mayoría por rumores, así que ahora podía contemplarlos tranquilamente y sin ánimo de agredirlos como antiguamente hubiera pasado.
Afrodita camino hasta una pequeña alacena, donde saco un frasco enorme lo apoyo en una mesa, pero en ese momento reparo en los trapos con su sangre y la charola donde les habían estado enjuagando, miro con una furia contenida a Mascara de la muerte, quien sonrió burlonamente y le resto importancia despeinando a su amigo.
-No es divertido, pudiste morir. – Le regaño, clavándole una mirada poco amigable, pero Mascara continuaba sonriéndole.
-No fui yo, cuando llegue vi a Aioria hacerlo. – Mintió, soltando una amplia carcajada y esta vez la mirada del sueco se dirigió al castaño menor que brinco de asombro.
-¿Qué? No Afrodita… - Gruño mirando a Mascara de la muerte reír a lo lindo.
-Fuimos los dos. – Refuto la verdad el italiano, riendo aun del rostro de ambos dorados. – Afro eres mi amigo y hasta en tus últimos días no voy a dejar que pierdas tu glamour. – Bromeo, esta vez Afrodita tomo uno de esos trapos llenos de su sangre envenenada y se lo arrogo a Mascara al pecho.
-Muérete pues. – Afrodita giro su rostro y continuo trabajando, mientras Mascara de la muerte esquivo aquel trapo que fue a impactarse a la pared y de nueva cuenta Aioria les miraba con asombro, era una de las amistades más extrañas y rara de los doce.
Afrodita coloco el frasco sobre una superficie plana e hizo un corte en la palma de su mano, empuño está haciendo fuerza mientras un hilito de sangre caía por su borde hacia este, tanto leo como cáncer apreciaban esta acción de su amigo en silencio, le vieron aparecer una rosa roja en su mano izquierda la cual introdujo su tallo en su propia sangre.
-Tú siempre decorándolo todo. – Volvió a burlarse Mascara de la muerte y esta vez Aioria espero asustado la reacción de Afrodita, pero el sueco solo le miro iracundo por el rabillo del ojo y con una sonrisa sarcástica en su rostro.
-Es para que absorba ambos venenos dejando únicamente el antídoto, Aioros ya está muy lastimado como para que aun tenga que luchar contra mi sangre. – La rosa que a un inicio era roja comenzó a tomar tintes negruzcos y en los bordes de sus pétalos pequeñas líneas moradas se dibujaron, el frasco disminuyo su contenido hasta la mitad. – Aioros se pondrá bien.
Afrodita se acerco al arquero dorado que mantenía un nivel mínimo de cosmos desde que había llegado a la enfermería y justo cuando estaba a punto de vaciar el contenido del frasco en la herida del noveno guardián una explosión resonó fuera del sanatorio, todo el edificio vibro con furia y los objetos cayeron de la repisa rompiendose.
-Afrodita encárgate de Aioros, Aioria y yo saldremos a ver. – Mascara de la muerte abrió la puerta y salió corriendo hacia el pasillo.
-Te encargo a mi hermano Afrodita, cuídalo por favor. – Aioria vio como asistió el pisciano y desapareció de la misma manera que cáncer lo había hecho minutos antes. Afrodita volvió su atención en lo que estaba haciendo y suspiro para concentrarse, aun se encontraba débil y cansado pero se alzaba ganador ante un veneno que ni los dioses habían podido contrarrestar, vacio su sangre carmín sobre la herida de la espada de Enio, la cual entro al torrente sanguíneo de Aioros y casi al instante el cosmos del noveno guardián comenzó a recobrar fuerza, dentro de poco el santo de sagitario estaría con ellos.
…
Mascara de la muerte se detuvo fuera del sanatorio al contemplar a una persona vestido con ropas griegas y que había destrozado por completo una de las edificaciones de la enfermería del santuario donde gracias a Athena solo se guardaban medicamentos. El era rubio de ojos azules, realmente era alto y tenía una fisonomía extremadamente musculosa, su cabello rubio cubría sus ojos mientras un leve sudor recorría su piel morena.
-Estas en territorio de la diosa Athena... – Comenzó Mascara de la muerte pero por respuesta obtuvo un gruñido del desconocido, justo en ese momento Aioria llego y se posiciono a su lado.
-Vamos a defender el sanatorio de ese extraño. – Aioria llamo a su armadura dorada mientras el cangrejo le imito, el desconocido les miro lleno de odio y se abalanzo contra Mascara de la muerte, alzando su puño, el santo de cáncer estiro una mano para detenerle pero apenas estaban a escasos centímetros, el cangrejo dorado salió proyectado hacia atrás con fuerza, rompiendo varias columnas de diferentes edificaciones y terminando enterrado en una de estas. -¡Mascara! ¿Quién diablos eres? – Gruño Aioria sorprendido de la fuerza de aquel individuo que ni siquiera había elevado su cosmos.
- Mi nombre es Atlas, soy hijo del titán Japeto y la titanide Temis. – Menciono el joven destrozando una piedra con tan solo pisarla. – Hermano de Prometeo, Epimeteo y Menecio, aquel a que Zeus condeno a cargar los pilares de los cielos, pero mi padre me ha liberado.
Aioria miro la nube de polvo que se elevaba en el aire, justo en el lugar por donde Mascara había desaparecido y no se veía ningún rastro de él, claramente era comprensible la fuerza de aquel frente a él, debería ser inigualable para poder haber soportado los cielos durante siglos, Aioria se trono los dedos y observo como Atlas caminaba hacia él con los puños cerrados, claramente aquella pelea iba a doler pero por ningún motivo permitiría que destruyesen el sanatorio.
Atlas corrió hacia él y le tiro un puñetazo, Aioria puso sus dos manos para frenar aquel impacto que lo hizo retroceder y a final de cuentas le lanzo de la misma forma que a Mascara, sintió el impacto de su espalda contra más de media docena de columnas, hasta que su cuerpo perdió velocidad a causa de los golpes y la pequeña edificación se le vino encima, sepultándolo de igual forma que cáncer entre escombros y polvo.
Atlas al verse librado de sus dos enemigos camino decidido hacia el sanatorio, miro por su hombro la estatua de Athena y maldijo por lo bajo a aquella diosa de la guerra, comenzó a formar sobre su palma una esfera azulada, que comenzó a crecer lista para destruir todo lo que tocara, pero un ruido tras él le detuvo, justo en ese momento Cáncer y Leo habían explotado sus cosmos para salir de debajo de aquellas enormes piedras. Mascara de la muerte respiraba entrecortadamente estaba bañado de sangre, las heridas con su antigua pelea contra Triptolemos le estaban cobrando cuentas, no sabía ni de donde estaba herido, le dolía todo el cuerpo, pero no por ello dejaría de luchar contra Atlas.
-Ahora si voy a pelear enserio, ya me enoje. – Gruño amenazantemente el italiano chasqueando la lengua, mientras su cosmos dorado comenzaba a rodearlo.
-Es inusual en ti molestarte. – Aioria empujo con su mano una piedra que libero su pierna derecha, al igual que el cangrejo la situación del león no era nada favorable para él, su pierna tenía un profundo corta e incluso llego a pensar que tal vez estuviera fracturada, de no ser por su cosmos estaría retorciéndose por el dolor, en sus brazos se notaban ya los moretones y tenía un corte arriba de su mejilla izquierda que bañaba de sangre su rostro y que en cierta parte realzaba su mirada iracunda. – Pero hoy concuerdo contigo, este tipo ya me hizo enojar.
-Señor Mascara y Aioria. – Llego Capella de Auriga, listo para ayudarles acompañado de otros santos de plata pero el león dorado le detuvo con la mano y negó con el rostro. -¿Pero…?
-Capella déjenos esto a nosotros. – Aioria miro a su compañero dorado que se mantenía al frente de Atlas aun siendo rodeado con su cosmos. – Mascara y yo nos encargaremos de él, saquen a los heridos del sanatorio y llévelos hacia el coliseo. – Aioria comenzó a elevar su cosmos que le cubrió de la misma forma que al santo dorado de la cuarta casa.
Atlas lanzo aquella esfera contra los santos de plata que habían llegado, pero Aioria lanzo su Plasma relámpago impidiendo que el poder golpeara a los caballeros que no se habían movido en lo absoluto, ambos ataques explotaron y el castaño miro hacia Auriga.
-¡Largo de aquí! – Aioria les apresuro justo en ese momento Mascara había recibido de nueva cuenta un puñetazo de Altas pero para la sorpresa de los dos dorados esta vez lo había podido detener, Mascara le empujo, pero Atlas actuó de forma rápida y tomo al italiano por el cuello y con su otra mano libre golpeo el estomago del santo de cáncer que escupió sangre, mientras el agarre de Atlas se cerraba mas sobre su cuello impidiéndole respirar.
Aioria corrió y golpeo con su plasma relámpago de nueva cuenta al titán que soltó a su compañero y retrocedió unos metros, Mascara cayó al suelo, respirando con dificultad, mientras la sangre salía de su boca y cada vez que tosía una nueva cantidad de sangre fresca teñía su puño o el suelo.
-¿Alguna idea gato? – Espeto el peli azul tosiendo, Aioria observo con sus orbes verdes al titán que ya estaba preparado para atacarlos de nuevo con un extraño poder azulado que le rodeaban pequeñas esferas luminosas y que absorbía todo lo que estaba cercano a ellos, le tendió rápidamente la mano a Mascara para ayudarlo a parar, quien la tomo con decisión.
-Atácalo con todo lo que tienes. – El griego e italiano se vieron unos segundos mientras ambos asistían con decisión y acumulaban grandes cantidades de cosmos, pero justo en ese momento un potente estruendo se escucho en la lejanía y ambos observaron como un potente rayo estaba golpeando la barrera de Athena y comenzaba a resquebrajarla. – Imposible.
-Gato en esta puta vida nada es imposible. – Mascara de la muerte dejo pasar aquel golpe y que otro dorado fuera el que se encargara de ello, que al final él y Aioria tenían asuntos muy importantes y colosales frente a ellos.
-Siento los cosmos de varios espectros, pero esos están en Rodorio y el otro... – Aioria continuaba contemplando aquel rayo que impactaba contra la barrera de su diosa, pero un grito oportuno de Mascara le volvió a la realidad y logro esquivar un golpe de Atlas. Sabía que el otro cosmos le resultaba conocido pero no comprendía de quien se trataba.
-¡Aioria concéntrate! – Gruño el cangrejo esquivando todos los golpes que Atlas intentaba propinarle. El también tenía duda de aquel cosmos, también le reconocía juraría que lo había sentido durante mucho tiempo, pero un cosmos tan fuerte como aquel no podía ser olvidado con facilidad… a menos que…
-¡Mascara cuidado! ¡Plasma relámpago! – Un centellar de luces eléctricas salieron del puño del castaño menor impactando a Atlas que solo recibió unos cuantos cortes en su torso desnudo, pero que alcanzo a impactar el pecho de Mascara de la muerte, quien se llevo una mano instintivamente para calmar aquel dolor que sintió, Aioria se abalanzo contra Atlas en un intento para separarlo de su compañero.
-Es… no puede ser… - Mascara balbuceo aun incrédulo al tiempo que se rompían el escudo de la diosa de la sabiduría y la guerra justa, escuchándose como un ruido de cristales cayendo sobre ellos hasta que estos se hicieron destellos dorados.
-Ares. – Aioria reconoció aquel cosmos que por trece años les había sido tan familiar, en Saga de géminis, aquel que se mantuvo a la par del de él gemelo mayor, escondiéndolo, engañándolos y envenenando a la orden dorada que sin duda había sido la primera víctima de aquel dios despiadado y cruento.
Atlas tomo entre sus hombros una piedra colosal que coloco encima de sus hombros y que rodeo de su cosmos, giro un par de veces para agarrar velocidad y la lanzo contra Aioria, el león dorado estiro su puño cubierto de su cosmos que rompió la piedra con facilidad pero para sorpresa de él, aquel montículo gigante solo había sido la distracción del titán para atacarlo de nueva cuenta. El golpe le dio de lleno al castaño en el rostro y salió proyectado hacia atrás, escuchando el crujir de sus costillas mientras sentía como estas se rompían y atravesaban su piel, impacto contra las ruinas elevando de nueva cuenta la nube de polvo que apenas comenzaba a disiparse. Atlas fue tras Aioria pero Mascara le sujeto por el pie y le lanzo contra unas ruinas, el titán cayó en medio de ellas pero en cuanto toco el suelo, se impulso con sus potentes brazos y sus puños chocaron contra los del italiano, la batalla entre sus fuerzas físicas duro un par de minutos en el que ambos esquivaban y tiraban golpes a diestra y siniestra, pero una distracción de Mascara le basto al titán para aprovecharla y golpear con toda su fuerza al santo de la cuarta casa en el estomago, el cangrejo dorado cayó de rodillas sintiendo que el aire le faltaba y comenzó a toser sangre mientras su vista se nublaba esta comenzaba a oscurecerse, pero en ese momento el cosmos de Aioros despertó...
…
Ares bajo su brazo en el cual se agitaba con fuerza el rayo de Zeus, el sabia a la perfección que si Cronos no le hubiera entregado aquella potente arma nunca hubiera podido derribar la barrera de su hermana, pero ahora en su mano sentía como el poder y la avaricia tomaban una fuerte parte de él, con esa arma podía hasta hacer redimir a los titanes y los dioses, para ello necesitaba de su tío Hades, sabía que Poseidón se negaría a ayudarlo a conseguir el poder, pero el caso del dios del inframundo era diferente, si lograba que un dios mayor diera sangre parte de sus poderes al pelinegro este despertaría y le ayudaría en sus oscuros propósitos: Conseguir el poder y vengarse de todos.
Miro por encima de su hombro a su hijo Fobos y le asistió, mientras él desaparecía del lugar dándole oportunidad al dios menor de hacer sufrir y de destruir todo lo que estuviera a su alcance fuera un santo de Athena o un inocente, en la guerra no había distinciones o eras de los suyos o enemigos, no había puntos neutrales, así que cualquier ser vivo en la tierra se le consideraría del bando contrario.
-Fobos. – Le llamo apuntándolo con el rayo el cual brillo con mayor intensidad de color azul mientras pequeños rayos salían despedidos de él solo para volver. – Quiero dos cosas, la primera mata a cuantos santos puedas, quiero ver a Athena sufrir, a excepción del santo de géminis ese es mío y la segunda si llegas a ver a Ker hazla que se arrepienta por habernos traicionado y después mátala.
-Como ordenes padre. – Fobos alzo una mano y le indico a los guerreros tras el que podían atacar al santuario, Ares le miro por última vez y desapareció con un solo propósito ir a visitar a su hermanastra Persefone al infierno, la pelirroja era la única diosa que podía ayudarle en ese momento.
Fobos estiro su brazo que se cubrió de una materia oscura rodeada por hilillos morados y negros, mientras los soldados avanzaban por sus lados y comenzaban a atacar hacia las barracas de los aprendices y los guardias, el fuego comenzó a salir de muchas de aquellas casas y sus guerreros se enzarzaron en luchas contra los soldados de Athena que luchaban por defender a los aprendices que huían apurados auxiliados por algunas doncellas y la sangre comenzaba a manchar el suelo. Fobos apunto hacia una de las casas de los guardias y libero su poder que fue a impactarse en medio de dos casas, una fuerte explosión se libero y un cráter enorme apareció en su lugar, mientras el fuego devoraba las casas destruidas y todo lo que tenía a su paso.
-Dailos apúrate nos mataran. – Le apuro una doncella al chico, halándolo por el brazo y obligándolo a correr, pero en ese momento un soldado de Ares, tomo a la joven del antebrazo y la separo del aprendiz por la fuerza, dio un puñetazo al niño que cayó al suelo con el labio roto, la doncella se arrogo fiera al guerrero que la tomo por el cuello y le apretó con fuerza.
-¡Dejala! – Dailos se levanto mientras la sangre corría por su mentón y le jalo intentando liberar a la chica que comenzaba a ponerse colorada de la cara, mientras su cuerpo comenzaba a perder fuerza por la falta de oxigeno.
-El chico ha dicho que la sueltes. – Una voz resonó en el aire y frente al soldado se abrió una dimensión de la cual salió una mano que tomo el antebrazo del guerrero de Ares perteneciente al batallón del miedo, le apretó con fuerza y le obligo a soltarla la chica estuvo a punto de desvanecerse pero Saga de Géminis la sujeto dándole la espalda a su enemigo. - ¿Te encuentras bien?
Ella tosió un parte de veces más mientras sentía como el aire puro inundaba sus pulmones que estaban deseosos por él, tomo a Dailos por la mano que la sujeto preocupado y se sobo el cuello. –Estoy bien gracias a ti. – La joven miro que el guerrero de Ares iba a atacar al gemelo mayor por la espalda pero este le miro por encima de su hombro y un reflejo dorado le rodeo al tiempo que una gran explosión ocurría detrás de él, los planetas que se proyectaron detonaron destruyendo el cuerpo del guerrero de Ares frente a sus compañeros.
-Apresúrate y ve a un lugar seguro. – Saga se giro hacia los soldados de Ares que se habían agrupado y que ahora le miraban amenazadoramente, pero uno de estos le cerró el paso a la joven y el tercer guardián de géminis se vio rodeado por ellos, no se inmuto por esta acción sabia que podría con ellos, pero tal vez la doncella terminaría lastimada, pero para su alivio un portal se abrió tras él y broto de aquella oscuridad su hermano gemelo que le miro socarronamente, venia con sus ropas de entrenamiento a diferencia de él que portaba la ostentosa armadura de géminis.
-Kanon ¿Qué haces? – Le cuestiono al ver como su hermano golpeaba con una patada el cuello del guerrero de Ares que fue a estrellarse contra unas piedras y no volvió a incorporarse.
-Te recuerdo que no eres el único que odia a Ares y que hará todo lo posible por hacerlo sufrir. – Saga cerró los ojos y asistió al oír aquellas palabras burlonas salir de los labios de su gemelo que se paso una mano por su melena azulada y elevo su cosmos llamando a la segunda armadura de géminis.
Fobos y sus soldados, vieron el resplandor que salió de la casa de géminis y se dirigió hacia ellos, cubriendo con sus haces dorados el cuerpo del gemelo mientras su armadura le vestía, tanto el dios como los guerreros fueron seres presenciales de cómo ambas armaduras doradas de géminis brillaron con intensidad, llamándose y reconociéndose una a la otra, correspondiéndose a su llamado, habían sido creadas juntas, lucharon por siglos las mismas peleas, recubriendo el cuerpo de hermanos gemelos de generación a generación hasta que en una batalla la segunda armadura quedo en el fondo del mar con su guardián, aun para ellas que poseían una alma y se encontraban vivas verse de nuevo juntas y defendiendo el cuerpo de los dos géminis presentes hacia que brillaran con intensidad, como si fuera el primer día de una nueva vida.
Saga y Kanon contemplaron en silencio las reacciones de sus armaduras comprendiendo a la perfección todo lo que aquello significaba y se sonrieron entre ellos, no solo habían compartido un destino fatídico durante muchos años, sabían que aquella relación entre ellos, aquella hermandad que se había extraviado por años, tenía un origen más profundo uno que tal vez ni Dokho ni Shion alcanzarían a comprender o al menos eso pensaban ellos. No solo estaban condenados al infortunio, al desprecio, ni a la traición, sabían que entre ambos siempre existiría aquella fraternidad que fue tan perfecta en su niñez y que se alzaba ostentosa en su horizonte.
-Vamos Hermano acabemos con ellos. – Saga ilumino sus palmas de sus manos y lanzo una explosión de galaxias que esquivo a todos los guardias solo para golpear el suelo donde Fobos estaba parado, los guerreros se lanzaron hacia ellos pero una dimensión oscura absorbió a algunos solo para abrirse en el sexto templo justo en el jardín de los sales gemelos, donde se encontraba el portal del tártaro creado por Shaka. Los gemelos intercambiaron una mirada y se sonrieron orgullosos, no solo sus compañeros si no que también las guardias de los otros dioses conocerían el nombre de Saga y Kanon de géminis, aquellos gemelos con la tenacidad de sublevar la voluntad de un dios y la humildad para sacrificarse por los demás, los que harían pagar a Ares y los suyos.
…
El pueblo estaba sumido en oscuridad y humo, si las personas fueran consientes de lo que pasaba a su alrededor seguramente también los gritos de angustia y terror estuvieran rompiendo el aire, el fuego consumía las fachadas y algunas casas con sus llamas, que cada vez eran más debido a que los ataques de los espectros aumentaban en cantidad.
-Señor Minos. – Lloro Raimi de Gusano. – Ningún santo ha salido, a pesar de que la barrera ya se ha venido abajo.
-No han de tardar. – Minos lanzo un potente ataque con sus alas, que elevaron una columna de polvo y fuego, mientras varias casas cedían ante el poder del ataque del espectro.
-¡Muy bien señor Minos! – Le alabo Zeros que en realidad era más bien un estorbo que una ayuda, Minos le miro por el rabillo del ojo y sonrió asqueado, como podría Radamanthys soportarlo tanto.
-Zeros. – Le llamo el peli blanco. – Ve a investigar. – Y acto seguido le empujo con su pierna y el asqueroso espectro comenzó a dar pequeños brincos en cuclillas adelantándose, mientras en la mente del juez del infierno rogaba a Hades porque mataran aquella escoria, pues creía que era la mejor ayuda que podían hacerle a esa bazofia de espectro.
-¿Cómo algo tan incompetente puede estar con nosotros? – Stand de escarabajo golpeo un muro que se vino abajo por su golpe, al tiempo que sacudía la cabeza con vergüenza ajena.
-Solo la Señorita Pandora le podía aguantar. – Gordon de minotaurio respondió, mientras el humo frente a ellos comenzaba a disiparse.
-Por sus graves errores la señora Persefone le ha castigado. – Se burlo con alegría Stand recordando el odio acumulado contra aquella mujer que siempre se había creído la mano derecha de Hades. – La única que le extraña es el señor Radamanthys.
-El gran Zeros irá a ver lo que al señor Minos mande. – Menciono orgulloso el espectro de sí mismo, mientras sus compañeros le veían con lastima. Pero se detuvo al contemplar dos figuras frente a él que lo observaban en silencio, miro el reflejo de dos armaduras una dorada y la otra de bronce por lo que retrocedió unos pasos asustado mirando a Minos que sonreía gustoso.
-Al fin aparecieron, no el que quería pero si los indicados. – Minos miro a Zeros que estaba retrocediendo asustado pero no se inmuto ni un centímetro cuando una potente hilera de hielo salió contra el espectro, congelándolo por completo.
-Como odio a ese espectro. – Escucho la voz tranquila del francés que iba acompañado de su discípulo aquel rubio que siempre le molesto y al que se arrepentía de no haber matado, miro como Camus chasqueo los dedos y el cuerpo congelado de Zeros se destruyo por completo, dejando solo restos de hielo y una densa brisa helada a su alrededor.
-Vaya, vaya. – Rio alegremente Minos avanzando hacia los santos seguido de los otros tres espectros que elevaban sus cosmos amenazantes. – Alumno y maestro ¿No es conmovedor?
Camus le miraba lleno de indiferencia mientras elevaba su cosmos cubriendo todo el pueblo con una suave ventisca helada que apago todo el fuego que desprendían las construcciones, Minos observo tranquilamente aquella escena y miro a los espectros tras él.
-Stand y Gordon mátenlos. – Ordeno.
-Hyoga ¿Puedes mostrarme la ejecución aurora? – El rubio asistió emocionado ante la petición de su maestro, por lo que se coloco en la posición con tranquilidad, separo sus piernas plantándose en tierra, elevo sus brazos juntos hacia el cielo, mientras su cosmos blanquecino azulado comenzaba a rodearle. Los dos espectros se encontraban ya a escasos metros de ellos cuando el potente rayo azulado abandono las manos de Hyoga, que les impacto de lleno, numerosos microcristales se materializaron congelando los sapuris de ambos, la temperatura comenzó a descender, el suelo fue cubierto por una ligera escarcha que después se transformo en hielo solido.
Los dos espectros se detuvieron cuando su corazón se congelo por completo, se veían tremendamente pálidos incluso tenían una coloración azulada - morado, sus sapuris estaban dañados por el hielo, tenían algunos cortes en la cara y brazos por los cristales de hielo que abandonaron con fuerza los puños del ruso, pero al final aquel frio extremo había paralizado todo lo que llego a tocar y entre ellos había detenido la vida de Stand y Gordon, que ahora yacían en el frio suelo.
-Bien Hyoga. – Le felicito Camus, sintiéndose orgulloso de ver su técnica tan bien desempeñada en su alumno, le tomo por el hombro y lo apretó suavemente, justo cuando se percataba que Raimi de gusano ya no se encontraba detrás de Minos, soltó a Hyoga y escaneo el lugar en busca de él.
-No sé si te odio más a ti o a tu alumno. – Minos que había permanecido impasible hasta ese momento, avanzo hasta ellos llenos de coraje, su cosmos se había elevado peligrosamente e incluso Camus percibió que su cosmos había aumentado desde su último encuentro en las tierras Asgardianas.
-Yo me encargo de él Hyoga. – Camus avanzo interponiéndose entre su alumno y el juez del infierno, que se veía amenazador, pero soltó una carcajada al ver el acto del mago de los hielos.
-Que cariñoso eres con tu alumno, parecías más duro de roer. – Camus le miro por el rabillo del ojo con indiferencia cualquier provocación por parte del juez era lo que menos le preocupaba en ese momento, sabían que el santuario estaba siendo atacado en ese momento y que seguramente esos ataques aumentarían, por lo que terminar con la vida de Minos y todos los espectros era prioridad. – Pero aun así morirá.
De la tierra broto un tentáculo que sujeto el pie izquierdo del ruso que intento en vano desprenderse de él, pero este le sujeto con fuerza, mientras otros brotaban al igual de la tierra sosteniéndolo por la otra pierna, los brazos y el cuello, Camus dio un paso para ayudarlo pero se giro apresuradamente para detener un golpe de Minos.
-Tu pelea es conmigo, maldito caballero. – El peliblanco golpeo a Camus en el estomago arrogándolo metros atrás por la calle seguido de una densa nube de humo que se elevaba a su paso. – Voy a vencer esa frialdad haciéndote sentir todo el dolor posible.
-Bien terminemos con esto Minos. – Camus lanzo el polvo de diamantes de su mano golpeando la pierna derecha del juez que se congelo al instante imposibilitando sus movimientos. – Te gusta paralizar a tus oponentes veamos si te agrada que te lo hagan a ti.
…
-¡Oye tu! – Milo se acerco prepotentemente y ondeando su capa orgulloso hacia el centro del coliseo al grupo que estaba entrenando en ese momento, que era nada menos que Shaina, Geist, Ichi y Albiore, mientras apuntaba con su dedo índice a Ichi.
-¿Yo? – Se apunto Ichi a si mismo sorprendido mientras Milo reía tranquilamente a pesar de que solo estaba pensando en las peleas de sus compañeros.
-Si tu. – Repuso mientras sentía la mirada de Shaina clavada en él, se percato de que Albiore estaba ahí y sin duda se sintió incomodo de la presencia del maestro de Shun pues era una muestra clara de que los santos dorados habían sido entrenados para obedecer al patriarca y no a Athena. – Hoy tendrás el honor de cuidar a nuestra diosa en compañía de Shun.
-Pero tengo guardia mañana… - Menciono asustado el caballero de bronce ante la mirada venenosa de Shaina, pero Milo descaradamente le paso un brazo por la espalda al peli blanco y le resto importancia.
-¿Y eso qué? – Repuso como si nada, ganándose una mirada asesina de la rubia por su parte Geist y Albiore le miraban preocupados de su seguridad. – Yo también tengo guardia mañana.
-Lo que este inútil quiere decir es que yo le puse esa guardia y alguien tiene que hacerla ¿Me explico? – Menciono con autoridad la cobra pero Milo amplió su sonrisa, ya era hora que alguien le pusiera un freno a esa mandona.
-Es verdad ¿Alguien tiene que hacerla verdad? – Shaina asistió cruzándose de brazos por lo que Milo dejo escapar una media sonrisa de perversidad. – Pues bien la harás tú.
Los ojos de Shaina destellaron rabia y enojo, si otro santo de plata o bronce hubiera usado aquella prepotencia con ella le hubiera golpeado hasta dejarlo inconsciente, pero tratándose de un dorado, no importaba que ese santo de oro era Milo, tenia los brazos completamente cruzados y no podría hacer nada para evitar hacer la guardia de Ichi, que temblaba bajo del brazo de Milo, Geist y Albiore habían retrocedido unos pasos por seguridad y miraban la escena completamente sorprendidos.
-Y mas te vale ir, porque estáre supervisando tú presencia Shaina y no quiero que mandes a nadie en tu lugar ¿Algún comentario? – Shaina iba a replicar enfurecida pero Milo alzo una mano parándola en seco y mirando hacia el sol. – Mira lo tarde que es, tengo cosas importantes que atender si tienes alguna inconformidad díselo al patriarca, adiós.
Y salió arrastrando a Ichi con el de aquel lugar mientras se carcajeaba de lo lindo ante la mirada de odio de la rubia que sinceramente estaba ya luchando contra ella por contenerse, miro furica a su hermana y Albiore que al verse observados miraron hacia otro lado. – Esta me las va a pagar, no importa cuántas veces mueran los santos de oro, lo único que regresa más grande es su ego.
…
Artemisa se encontraba en su balcón contemplando la tierra, a pesar de que no le causaba fascinación como a su padre o Athena, no le pasaba completamente indiferente y por ello el verla sumida en aquella oscuridad le causa cierto pesar.
-Señorita Artemisa. – Le llamo Odiseo que estaba arrodillado detrás de ella acompañado de sus dos compañeros. – Las glories están reparadas, el señor Apolo nos ha concedido este favor.
-Estamos listos para cualquier batalla que pudiera ocurrir. – Teseo agacho su rostro mostrando una sonrisa cargada de orgullo.
-No hay que subestimar al enemigo. – Artemisa giro hacia ellos mirando al trió, pero sus ojos repararon en Icaro que se mantenía con la mirada hacia abajo y ajeno a aquella platica. -¿Pasa algo Icaro? – Los otros dos ángeles miraron al pelirrojo que levanto su mirada azulada hacia su diosa al verse sorprendido.
-Recordaba nuestra batalla contra los santos de Athena. – Murmuro sus dos compañeros giraron el rostro hacia otro lado, al recordar que esa batalla les había costado la vida y que casi también se la arrebato a Icaro, si no hubiera sido por la intervención de Apolo incluso Artemisa hubiera visto oscuro su futuro.
-No hay nada que recordar en el pasado Icaro. – Artemisa se sentó frente a sus ángeles y regreso su mirada hacia la tierra, pero se levanto de golpe al sentir el cosmos de su hermana la emperatriz del infierno que estaba parada en la baranda del balcón de mármol mirándola pasivamente, Icaro se levanto y se interpuso entre su diosa y la reina del infierno cubriéndola con su cuerpo mientras Teseo y Odiseo se colocaban entre ellos.
-Siempre hay algo en el pasado que nos aprisiona Artemisa. – Persefone levanto ambas manos en señal de paz y descendió hasta el suelo tranquilamente. – No hay espectros por lo que no debes preocuparte hermana.
-¿Qué haces aquí? – Artemisa coloco su mano sobre el brazo de Icaro haciéndolo hacia atrás por alguna extraña razón no quería volver a ver lastimado al pelirrojo ni muertos a los otros dos y se pregunto si aquella sensación experimentaba Athena con sus caballeros.
-Solo vengo a proponerte un trato. – Persefone ondeo su melena rojiza que pareció despedir fuego y le miro con sus ojos rubís que parecían dos brazas encendidas. – Tu lealtad al lado de Ares y mía a cambio de algo tan preciado para ti, algo que te hizo desear ser una miserable humana, que te hizo enfrentar a Apolo.
-Orión. – El asombro de la diosa de la luna fue tan perceptible que sus ángeles intercambiaron una mirada preocupada entre ellos, mientras la rubia sentir su corazón desbocadamente y el aire pareció faltarle por unos segundos, sus mejillas se ruborizaron tenuemente y su mirada almíbar se volvió cálida.
-Así es hermana, te entregare el alma de Orión a cambio de tu ayuda. Esta su vida de nuevo en tus manos. – Persefone sonrió para sí misma al ver que había dado en el clavo más frágil de la diosa de la luna y espero pacientemente una respuesta de ella.
-¿A cambio de qué? – Artemisa susurro aquellas palabras como si su alma se escapara al decirlas, no se dio cuenta en qué momento paso a Odiseo y Teseo ahora encontrándose frente a la pelirroja a escasos centímetros de ella.
-Lo único que tienes que hacer es aparecer tu arco y Ares y yo te ayudaremos a dirigir esa flecha con nuestros cosmos hasta el santuario, para que atraviese el corazón de Athena. – Persefone busco algún cambio en el rostro de la rubia pero esta no pareció inmutarse, justo en ese momento Apolo salió al balcón con cara de pocos amigos y miro a su gemela preocupado.
-Artemisa. – Le llamo tomándola de la mano, pero la diosa de la luna no voltio ni siquiera a verlo, sus pensamientos estaban enfocados en aquella propuesta, cuando conoció a Orión fue la primera vez que en realidad sintió el amor y supo que haría todo por el, al tiempo que se arrepentía de haber dado aquel voto de castidad a la ligera, pero su hermano le engaño para que le asesinase ella misma con sus manos algo que jamás le perdonaría a su gemelo, jamás.
Apolo se quedo callado al ver aquella reacción, el pecho de su hermana subía y bajaba por la intensidad de sus respiraciones, sus mejillas estaban rojas y habían terminado con aquella perfecta coloración blanquecina que hacía que el rostro de su gemela pareciera trazado en el mismo marfil, mordía sus labios con indecisión y sus cabellos caían sobre sus pechos. Y reconoció aquella reacción como la primera vez que vio los ojos de Artemisa expresar calidez y supo lo que Persefone hacia ahí y lo que ofrecía a su gemela. Abrió los labios para intervenir pero hizo lo inesperado y los sello, aun recordaba las lagrimas de su hermana que vertió sobre la herida de Orión al tenerlo entre sus brazos, por lo que no quiso intervenir más, cualquier dios rompía su palabra y el por celos obligo a la suya a mantenerlos destrozándole el corazón. Hacía mucho tiempo que ella no sonreía se mantenía tan fría como la noche, ya era tiempo que dejara de suprimir a su hermana.
-Salgan por favor. – Apolo se dirigió a los ángeles que le miraron sorprendidos por aquella petición pero un asentimiento de Artemisa les hizo obedecer y los tres entraron al santuario del sol.
-Tú no eres así Persefone. – Susurro la diosa de la luna levantando la barbilla y sonriendo con un dejo de tristeza.
-El amor nos cambia ¿No es así? – Persefone se alejo de los gemelos con un dejo de tristeza y miro que Artemisa apretaba la mano de su hermano con más fuerza mientras mordía sus labios para evitar que las palabras abandonaran sus labios. – Tú tampoco eras tan frívola.
-Si nos cambia, pero no por el cometemos errores tan graves como el que tú me pides. – Artemisa miro como la pelirroja retrocedió dos pasos más y desapareció, soltó la mano de su gemelo y camino hasta una mesa donde se dejo caer, cubrió su rostro con sus palmas de sus manos mientras luchaba por guardan la compostura frente a su gemelo.
Apolo permaneció en silencio mirando las acciones de su gemela y se dio cuenta del dolor que el mismo había causado, pero se sentía aliviado en cierta parte de haber librado a la rubia de aquel hombre humano que de todos modos hubiera tenido que ver visto morir algún día.
-Artemisa, encontraras tranquilidad esta noche al mirar a la luna, ello siempre te calma. – Susurro Apolo, la rubia se quito las manos del rostro y le miro tristemente pero ninguna lágrima resbalo por su mejilla.
-En las noches querido hermano, no miro hacia la luna, observo la constelación de Orión, porque tu jamás comprendiste la madurez de mi decisión, no soportaste que compartiera mi vida con otro ni has llegado a entender el amor del que Athena habla... – Artemisa se levanto y entro en su recamara dejando pensativo a su hermano de aquel suceso, mientras su delgada figura desaparecía en la oscuridad del templo, Apolo volvió su mirada al cielo observando aquella constelación.
…
Athena miraba angustiada desde su estatua los ataques constantes que estaba recibiendo el santuario y que solo le estaban indicando el inicio de la guerra, pues sabía que después de ellos los ataques no cesarían por nada, midió los cosmos de sus santos dorados que estaban luchando en ese momento y rezo por que ellos estuvieran bien. Sabía que la barrera que ella alzaran Ares la destruiría como lo había hecho con el rayo de Zeus por lo que había decidido no volver a levantar una si no a concentrar su cosmos a la distancia para que cada vez que un santo dorado venciera a un titán o dios ella le sellara.
Athena pensó en Shion que estaba en Star Hill en compañía de Dokho para consultar las estrellas y la falta que le hacía en ese momento, pero al final de cuentas no estaba sin protección Ichi y Shun la estaban acompañando por orden de Shion por lo que al menos no estaba sola.
Se arrodillo frente a su estatua poniendo Nike frente a ella, elevo su rostro al cielo oscurecido y elevo su cosmos, una aura blanquecina dorada que creció en intensidad para reconfortar las heridas de sus guerreros, para animarlos en la batalla e intentar hacerlos vencedores.
-Athena. – Shun la alerto cuando su cadena comenzó a danzar peligrosamente alertando al caballero de Andrómeda, esta se movía de forma circular y en todas direcciones siguiendo un cosmos oscuro que se movía, Ichi se coloco frente a la diosa de la sabiduría buscando al enemigo que no tardo en aparecer.
-Sal de donde estés la cadena nebular te va a encontrar en cualquier momento. – Amenazo pasivamente Shun elevando su cosmos para que la cadena encontrara más fácilmente al intruso.
Shun pudo notar que una figura apareció frente a ellos, sus ojos rojos como dos brazas le hicieron reconocerlo al instante como un titán, era muy alto, corpulento, tenía un aspecto maduro que aun le permitía ver a pesar de él un haz de tranquilidad, era de tez morena y tenía un cabello corto de color rubio rizado. – Me llaman Koios pero mi verdadero nombre es Ceo.
-Shun e Ichi tengan cuidado Ceo es conocido como el mayor y mejor asesino entre los titanes. – Athena estaba a punto de acercarse a sus guerreros cuando un aleteo a su espalda la hizo girarse de golpe, detrás de ella sobrevolando a unos cuantos metros de distancia se encontraban las tres harpías de la mitología; Celeno, Ocipite y Aelo.
Ellas mantenían aun la hermosura de su rostro, a pesar de que las alas se habían tornado como el de las aves de rapiña, en lugar de uñas en sus manos tenían afiladas y potentes garras y en lugar de pies tenían las patas de las mismas aves carroñeras.
Aelo se lanzo hacia la diosa de la sabiduría que tomo rápidamente a Nike y golpeo a la Harpía con él en el hombro, haciendo que esta callera al suelo envuelta en sus alas y lanzando un grito desgarrador, Shun estaba a punto de intervenir pues miro como Ocipite se lanzo en un ataque, pero el titán detrás de él, le golpeo con una esfera de poder lanzándolo a lo lejos, al ver esto Ichi intento intervenir pero Celeno lo tomo por la muñeca y lo arrogo contra una de las pilastras.
Saori que aun no se había girado recibió el golpe de Ocipite que la arrogo al suelo separándola de Nike, que la harpía tomo entre sus patas y le pateo hacia el acantilado que se encontraba bajo la montaña donde se alzaban el templo de la peli lila.
-¡Athena! – Shun lanzo su cadena contra la harpía pero esta fue detenida por la mano derecha de Ceo que halo la cadena y cuando tuvo cerca al peli verde le tomo por el cuello elevándolo en el aire, Shun hizo explotar su cosmos pero este volvió a ser detenido por el dios. Por su parte Ichi aun luchaba por zafarse de Celeno que le había clavado ya las garras en el costado.
Saori se levanto sintiendo un terrible ardor en su espalda, se llevo una mano a esta y vio que sus dedos se mancharon de su propia sangre, Ocipite y Aelo se arrogaron hacia ella y clavaron sus garras en sus brazos haciendo tal presión que desgarro su piel y la sangre de la diosa de la sabiduría comenzó a correr por su piel blanquecina al tiempo que la elevaban en el aire a varios metros de altura y la dejaban caer al vacío.
-¡Athena! – El santo de capricornio que había llegado justo a tiempo llego corriendo para recibir a su diosa en sus brazos y evitar que esta tocara el suelo, pero apenas hubo tocado a la peli lila Aelo se lanzo contra él por lo que tuvo que brincar para evitar un garrazo de aquellas mujeres. – Discúlpeme por llegar tarde, me es imperdonable que haya sido herida por mi ausencia, pero hare todo lo posible porque estas criaturas paguen por lastimarla.
-No Shura, no tienes porque culparte, si estas criaturas pueden entrar a mi santuario es por mi debilidad para mantener una barrera. – El santo de oro escucho estas palabras con atención y miro hacia las tres harpías que se mantenían volando mientras Ceo se mantenía detrás de ellas, con una sonrisa sencilla escuchando todo atentamente.
-Cambio de planes maten al santo. – Ordeno Ceo tranquilamente. – Yo me voy a encargar de Athena.
-Shun e Ichi. – Shura avanzo con paso decidido hacia la explanada, tomo su capa con la mano derecha y la arranco de su armadura, mientras miraba con decisión a los cuatro enemigos frente a él. – Llévense a Athena. – El corazón de la diosa latió con fuerza, jamás había sido acorralada en sus aposentos mucho menos obligada a tener que abandonar el santuario por su seguridad.
-¿Por dónde? – Pregunto Shun sorprendido, Shura miro detrás de sí, era cierto los únicos que conocían los pasadizos secretos eran los santos dorados, por lo que sonrió con desagrado al darse cuenta de ese detalle.
-Yo le indicare a Athena el mejor lugar para escaparse del santuario sin que Shion nos vea. – Milo de escorpión llego socarronamente y miro las heridas de la deidad por lo que una mirada iracunda hacia las arpías no se hizo esperar de su parte. – Y después voy a desplumar con gusto a esas aves.
-Shura y Milo las harpías no deben de preocuparles si no Ceo. – Advirtió la oji azul mirando al titán. – El es el creador de el Keraunos, aquel rayo que puede llegar a herir y matar a los mismos dioses, el rayo del dios Zeus. – Los santos se miraron entre ellos intercambiando una rápida mirada formulándose un plan el cual era Shura les entretenía mientras Milo los dirigía hacia la salida para después volver al lado de su compañero dorado.
Milo tomo de la mano a Athena y la obligo a correr introduciendo al templo de ella misma, Shura en cambio esquivo rápidamente el ataque de Aelo y se interpuso entre Ocipite y Celeno que estaban a punto de entrar al templo para perseguir a Saori. Ceo iba a por el español cuando un cosmos terriblemente poderoso apareció detrás de él.
-Soy Shaka caballero de Virgo. – Se presento el rubio de cabello largo que estaba detrás de él con los ojos cerrados. – Y eres un intruso en el templo de mi diosa.
Shura retrocedió unos pasos más y sonrió al ver a Shaka ahí, él podría encargarse del titán mientras él se encargaba de acabar con las harpías, así que espero que una de ellas se acercara y se colocara al frente de él, Aelo estiro su garra para tomarlo, cuando el español encendió su cosmos y alzo su mano al cielo mientras una luz verdosa abandonaba su brazo derecho, la harpía se detuvo sorprendida abriendo sus ojos con mesura al sentir que algo impacto la mitad de su cuerpo y le había atravesado, un hilito de sangre resbalo por su frente para después convertirse en un chorro, justo cuando la harpía llevo uno de sus garras a su rostro su cuerpo fue partido a la mitad en medio de un grito desgarrador lleno de dolor.
-Una menos. – Shura estiro su brazo frente a él justo cuando Ocipite y Celeno se lanzaron a su encuentro profiriendo un sinfín de amenazas en su contra.
Detuvo la mano de Ocipite pero Celeno le golpeo la barbilla con su pata tirándolo al suelo, Ocipite se aproximo hacia él con sus garras abiertas pero para sorpresa de él, la diosa Ker apareció detrás de ella y le corto la garganta a la Harpía con su espada mientras su hermana profirió un grito lleno de odio, se abalanzo contra la diosa pero la mano de Shura soltó excalibur sobre ella cortándola por la mitad. El cuerpo de las tres mujeres aves yacía inerte en el suelo mientras la sangre de ellas bañaba el suelo frio.
-Ellas no son por las que tenemos que preocuparnos. – Ker ayudo a Shura a levantarse y miro tras de ella fijamente donde Shaka y Ceo se miraban estudiándose con cuidado ambos eran cuidadosos, inteligentes y con una gran sabiduría, solo la diferencia radicaba en que Ceo contenía un terrible poder, uno que tal vez ni atacando los tres podrían derrotarlo.
-Denme la vida de Athena y no tendrá porque haber muertes innecesarias. – Ceo clavo sus ojos rojizos sobre el trió y rio al contemplar a dos humanos con otra diosa haciendo equipo, que bajo habían caído la descendencia de Cronos.
-Jamás ¡Excalibur! – Shura volvió al ataque sobre el dios pero para sorpresa de los tres este detuvo el filo de la espada sagrada haciéndola desaparecer en la palma de su mano en un destello verde del cual después broto una luz azul eléctrico donde salió un rayo potente que se dividió en tres y que golpeo a los dos santos y a la diosa a gran velocidad sin que ni siquiera poder reaccionar ante aquel rayo pues este era el mismo Keraunos… el titán había recuperado su creación de manos de Ares, había recuperado el arma más poderosa del Olimpo, una arma asesina.
…
Poseidón vio como las puertas del salón principal se abrieron dejando paso a Bian de Hipocampo que venía acompañado de Sorrento de Sirena e Isaac de Kraken que hicieron una rápida reverencia con su casco bajo del brazo y volvieron a incorporarse.
-Emperador hemos sentido el cosmos de 2 titanes que se dirigen hacia los pilares es indispensable que usted y los otros dioses abandone el santuario submarino. – Se atrevió a decir Isaac, Poseidón se incorporo de su silla y miro hacia su emperatriz que se mantenía imperturbable aunque el rey de los mares sabía que por la mente de ella pasaba todo lo contrario.
-Tienes razón, no puedo permitir que capturen a los dioses que aun son fieles. – Apareció su tridente el cual del pico de en medio aventó un potente chorro de agua que se transformo en un remolino que era una especie de vórtice hacia tierra firme. Indico a sus marinas el traer de inmediato a los demás dioses los cuales serian llevados por medio de aquel portal hacia el santuario del templo del sol con Apolo.
-¿Qué piensas hacer? – La voz fría de Anfitrite rompió el aire al reconocer las intensiones de su esposo. – Poseidón si te quedas y enfrentas a los 2 no habrá ninguna posibilidad a favor tuya seguramente vas a ser derrotado y siendo prisionero no nos ayudarías de mucho.
-Alguien tiene que detenerlos mientras ustedes escapan. – Poseidón llamo su Kamui que le vistió al instante justo cuando entraban Demeter y los demás dioses a la sala acompañados de los 7 marinos a la expectativa de órdenes. – Llegaron con Apolo, es de vital importancia que se haga ya un plan para erradicar a los titanes.
-¿Qué piensas hacer? – Hestia miro a su hermano aproximándose hasta él y colocando una mano entre las suyas.
-No hay que retrasar esto, si no me equivoco Japeto e Hiperion son quienes se dirigen hacia acá, confió en que podre derrotar uno. – Poseidón apuro el paso a sus semejantes sin esperar una contestación de ellos, pero Anfitrite permaneció impasible en su lugar. – No hay tiempo que perder entra en el portal.
-Acompáñanos por favor de nada sirve que seas capturado. – Rogo la peli azul alzando su mentón el cual Poseidón acaricio entre su índice y pulgar, atrayéndola hacia sí y besando aquellos labios que lo habían conquistado.
-No. – Aseguro el oji azul a su esposa la cual agacho el rostro. – Voy a destrozar uno de ellos antes de alcanzarte lo prometo.
-Tú nunca fallas en tus promesas. – Anfitrite le recordó, camino hacia el portal y miro una vez más el santuario submarino mientras el agua de aquel portal se batía con mayor fuerza. – Marinas, guardia del emperador de los mares ustedes son los encargados de salvar la vida de emperador. – Se los encomendó.
-Si emperatriz. – Contestaron al unisonoro, la oji azul entro al portal el cual se cerró desapareciendo cualquier rastro de él, Poseidón miro hacia sus guerreros los cuales se levantaron interponiéndose entre la puerta y su dios en espera de los dos titanes.
-Señor es un honor pelear a su lado. – Menciono Eo de Escila con su típica sonrisa.
-También es mío. – Sonrió de medio lado, en ese momento la puerta salió despedida contra el pilar principal el cual se agrieto ante el impacto, Poseidón ni siquiera se movió al ver esta señal se quedo clavando sus ojos azules en sus antecesores a quienes seria los primeros en mostrarles la ira del señor de los mares la cual había permanecido sellada por mucho tiempo.
Observo con calma como ambos titanes entraron y se vieron sorprendidos por los 7 generales marinos que estaban frente a ellos por lo que sonrieron con desagrado.
-Más humanos, que acaso no les producen asco estos seres. – Afirmo Japeto a su hermano peli negro que solo asintió, sin embargo Poseidón dejo pasar el comentario, apretó su tridente y de este emano una energía azulada que fue a parar hacia sus marinas que le observaron sorprendido como aquellas esferas zafiro envolvían sus armaduras cargándolas de vida y del cosmos del emperador.
-Mi cosmos les ayudara a aguantar el poder de Japeto e Hyperion. – Poseidón descendió los escalones que le separaban de ambos titanes y pero en ese momento Japeto aumento su poder y se dirigió contra Poseidón claramente lleno de odio pero el peli azul esquivo el golpe y brinco hacia atrás separándose de él.
-Vas a pagar al igual que Zeus por el castigo que le dieron a mis hijos. – El rubio empuño su mano en un intento por mantener su odio. – Te hare sufrir por toda la eternidad en esta nueva era y tomaras el lugar de Prometeo.
Japeto elevo sus manos al cielo y en este se materializo una especie de piedra gigante e incandescente que comenzó a ser rodeada por fuego, Poseidón observo el meteorito frente a él en silencio, había ya olvidado que era tener un enemigo a su altura y sabía que el cuerpo de Julián Solo tal vez no resistiría aquella batalla. Vio por el rabillo de su ojo como Hyperion tenía alrededor de sus manos fuego el cual danzaba alrededor de ellas.
-Emperador nosotros nos encargaremos de Hyperion. – Sorrento vocifero en ese momento Isaac lanzo el polvo de diamantes hacia el titán congelando sus manos, pero apenas se hubo dibujado una sonrisa en el peli verde, el hielo comenzó a derretirse.
El meteorito que dirigió Japeto hacia él comenzó a elevar la temperatura mientras una onda expansiva le precedencia, el rey de los mares elevo la misma barrera que regresara los ataques a los santos de bronce y el impacto entre ambos ocurrió. La barrera aguanto por unos segundos el poder del titán a medida que el meteoro se iba desintegrando el escudo del dios de los mares comenzaba a agrietarse.
El muro se vino abajo y los restos del meteoro fueron a impactar contra él lo cual evito haciendo una descarga cósmica de su tridente, los ojos de Japeto mostraban toda la ira contenida contra él pero la sonrisa en sus labios solo lo dejaba ver más amenazador.
Japeto se lanzo contra él, pero Poseidón lanzo su tridente hacia su cuello, el rubio lo detuvo a escasos centímetros de su rostro levantando una mano frente a él, lo tomo y devolvió el ataque al peli azul, quien le desapareció y miro furioso al titán frente a él, pero no percibió el segundo poder que Japeto había lanzado contra él por lo que este le golpeo de lleno arrogándolo al suelo. Arranco la estalactita clavada en su pecho y del agujero en su tórax comenzó a salir sangre mientras una sensación de mareo le embargaba, volvió a ponerse de pie y lanzo un potente chorro de agua hacia el titán el cual destruyo uno de los muros del recinto.
Miro hacia sus generales marinos recobrando su compostura vio como Isaac luchaba por controlar el fuego que Hyperion les lanzaba, Sorrento luchaba cuerpo a cuerpo contra él, Eo y Bian trataban de golpearle de vez en cuando mientras, Thetis quien sustituía a Kanon le paralizaba con su coral y Kasa y Krishna servían de defensa a sus compañeros.
Japeto destruyo todo el muro a su alrededor y parte del techo se vino abajo por el impacto del poder del titán, este se lanzo hacia Poseidón quien le arrogo una nueva descarga de cosmos, pero para su sorpresa el titán apareció un agujero negro que consumió su poder desapareciéndolo en el espacio. El rubio recibió un puñetazo por parte del dios de los mares pero alcanzo a tomarlo por el cuello, ambos se arrastraron por el suelo mientras Japeto aumentaba la presión en su agarre y Poseidón le perforaba el pecho con su tridente.
-Así que tienes el cuerpo de un humano, que frágil eres. – Japeto menciono fatigado mientras la sangre salía de su pecho y manchaba la kamui del emperador de los mares, apretó más sus manos alrededor del cuello del peli azul, que había soltado el tridente y que ahora luchaba por verse liberado de aquellas manos enemigas que hacían peligrar la vida del cuerpo de Julián, hizo una explosión de su cosmos logrando separar a Japeto de él.
Se llevo una de sus manos hacia el cuello, mientras sentía que hasta la saliva le costaba pasar y le faltaba el aire, podría ser uno de los dioses más poderosos pero no dejaba de encontrarse en el cuerpo de un mortal al igual que Athena lo que les hacía peligrar y volverse vulnerables, incluso en ese estado los titanes podían ganar la ventaja sobre ellos. Miro su santuario el cual estaba siendo consumido por el fuego y los ataques de Hyperion estaba causando una destrucción impresionante, sus marinas algunos de ellos ya estaban heridos por golpes o quemaduras pero aun no permitían que el titán contra el que peleaban se acercara a él, por lo que sonrió a medias Kanon muy traidor y demás pero había entrenado bien a aquellos jóvenes.
Estiro su mano y su tridente abandono el pecho de Japeto quien ya se había alzado y mantenía un puño de esteroides detrás de él, les lanzo sin misericordia frente a él, pero esta vez apareció un muro de agua que detuvo a la mayoría de ellos y aquellos que pasaron les detuvo con otra de sus barreras mientras le lanzaba al titán lanzas del coral más afilado y resistente que impactaron contra él encajándolo en la pared.
-Siguen siendo una amenaza… - Menciono Poseidón mirando orgullosamente a los dos titanes. – Para la vida y por ello les volveremos a encerrar en el tártaro.
El poder de Japeto e Hyperion aumento considerablemente, sintió el cosmos de Sorrento ser impactado por un poder de su oponente que le lanzo contra el pilar principal gravemente herido, mientras sus compañeros hacían esfuerzos por mantener el titán a raya de la pelea de su dios.
Japeto golpeo el suelo del cual comenzó a brotar lava ardiente y el suelo bajo ellos comenzó a levantarse en una onda desastrosa que desestabilizo el suelo, que comenzó a ondearse como en un terremoto, la lava que salió del suelo se congelo al instante por la humedad del ambiente pero Japeto le destruyo transformándola en afiladas estacas que lanzo sin misericordia contra Poseidón esta vez ninguna de las barreras que puso el dios las detuvo y golpearon su cuerpo.
Isaac giro su rostro en compañía de sus compañeros cuando el cosmos de su dios se disminuyo, miraron el cuerpo de Julián solo perforado por dos de esas lanzas mientras las demás las había alcanzado a esquivar, estas aun ardían, el peli azul estaba arrodillado sosteniendo con su mano derecha una que estaba clavada en su pecho y la otra en su abdomen, un hilo de sangre salía de su boca, sus ojos estaban ocultos bajo el flequillo azul y podían percibir que una gota de ese liquido escarlata también salía de debajo de su cabello presuntamente de sus ojos. La vida de su dios y de Julián Solo estaba peligrando.
Alzo su rostro para ver el techo de agua sobre él y la luz que se filtraba por este en halos que iluminaban el suelo submarino, apretó con fuerza la lanza de su pecho aun cuando su mano se estuviera quemando con ello y le apago con agua, la saco de su pecho arrogándola al suelo en un sonido seco y repitió la acción contra la otra, a causa del terremoto causado por Japeto miro como todas las estructuras de su santuario se estaban viniendo abajo, sintió un fuerte dolor punzante mientras la sangre que salía de su cuerpo formaba un charco de sangre a su alrededor tiñendo de rojo su armadura.
-¡Emperador! – Escucho a sus guerreros llamarlo, pero se escucho tan lejano que apenas y si pudo mirarlos sonriéndoles mientras los rostros de ellos mostraban angustia y desesperación, su cuerpo comenzó a perder fuerzas, se levanto una vez más por su voluntad su cuerpo ya casi no le respondió. Miro la destrucción y a Japeto frente a él que sonreía al ver el daño que provoco en el santuario y en el mismo Poseidón.
-No pensé volver a ver esta clase de destrucción en mi santuario, por eso lo oculte en el fondo de estas aguas cristalinas y puras, debajo de extensas aguas que los humanos conocen como el mar… mi verdadero hogar… - Estiro la palma de su mano y su tridente apareció en sus manos, cerro su puño alrededor de él y le lanzo, Japeto abrió los ojos desmesuradamente sorprendido. Esta vez Poseidón no lo había intentado atacar al contrario le dio la espalda y lanzo su potente arma bañada de su cosmos contra el soporte principal… y todo se vino abajo.
…
Continuara…
IMPORTANTE: Les doy un adelanto al siguiente capítulo solo con su titulo se llamara: La caída del santuario, así que imagínense…
Aclaraciones:
-Las glories son las armaduras de los ángeles de Artemisa también llamados ropajes celestiales.
Agradezco mucho sus comentarios:
Kaito Hatake: Para darle emoción a la historia sin ninguna mala intención.
Caliope07: Qué bueno que te guste la parejita, pero veremos cómo se da. Tal vez en la redención no tanto, pero cuando una se harta de una persona hace todo por joderla, incluso unirse a los enemigos.
Pyxis and lynx: jajaja no nunca haría un amor entre los santos dorados y Saori eso es muy bizarro. Respecto a Athena ya ha peleado varias guerras como para que continúe actuando como niña, por ello la pinto más adulta.
Carlos: Gracias por el comentario, ya te puse a los gemelos en acción, así que espero que tengan una aparición muy especial el próximo capítulo, siempre he pensado que su amistad también tuvo algo de rivalidad
Cordeliablackcat: jajaja Hera ya va a pagar por muchos años sus pasadas, como una humana es demasiado vulnerable, me encanto como describiste a Ares jajaja. Me gusta mucho que te haya gustado la parte de Hyoga y Camus, intentare dejarlos vivos pero la muerte nos enseña a apreciar a las personas y puedo decirte que soy fanática de ese cubito de hielo sexy.
Ana: Me da mucha alegría que te guste mi historia y saber que la has leído, pero puedo decirte que Afrodita esta salvado.
Derama17: Soy mala muajaja es para darle emoción. No has escuchado polos opuestos se atraen. Poseidón tendrá más acción lo prometo que al fin la guerra ya comenzó y Afrodita la verdad es una convenenciera de lo peor.
Persefone X: Siempre me alegra ver nombre nuevos dejando comentarios, gracias por leer mi fic, pues los gemelos van a tener la estelar en estos capítulos, respecto a matarlos intentare prolongar su vida lo mas que pueda de todos los santos, pero creo que al final solo va a quedar a lanzarle al aire y ver qué nombre sale. Siempre es bueno subir los fics de uno de verdad, estaría encantada de leerlos, yo también una vez inicie como tú y en ese tiempo me hubiera gustado que alguien me animara hacerlo o me dijera como, así que si ocupas algo aquí estoy.
Darkmiss01: Hola mucho gusto, intento ser detallista con todas las partes que voy a introducir. Intento que Athena no gane pero significa matar a alguien o de verdad causar un desmadre enorme. Respecto a Ker redención no es por completo, pero creo que vivir bajo el yugo de otro dios por muchos años ocasiona cierto odio. Si las parejas se darán poco a poco, algunas clásicas otras no tanto ya verás. Pero Ares es malo y aunque si no lo quieren los otros dioses, el se ha ganado mucho odio a flor de piel. Hades se va a portar bien si lo llego a despertar creo que por unos años ha aprendido su lección, solo para reforzar de verdad su ejército. Agradezco mucho tus comentarios y aprecio tu opinión.
Saheli: Hola qué bueno que te hayas animado a comentar, me da gusto conocerte, me agrada que te guste mi historia, de verdad que intento salvarlos pero se que en algún punto alguien tiene que morir y que los dioses escuchen tu sagrada propuesta y pues ya veremos qué pasa con mi nueva parejita.
Gaby: Yo también tengo ese amor propia a Camus tiene un no sé qué, que no sé como que me pone un no se que, intentare no hacerlo pero a ver que se da.
SakuraBallSeiyaMejoresAnimes: SI el antídoto está listo, Aioros despertara.
Joana: Obviamente no lo voy a meter de sopetón esta pareja, lo de matar pues aun no sé, si pinto a todos vencedores la historia perdería trama y le restaría fuerza a un dios, lo cual no quiero.
Beauty: Te va a encantar ya escribí la primera parte del encuentro de Shaina y Milo y a pesar de que no va a ser toda pasión, porque Shaina tiene un corazoncito muy duro, no hay candor que no deshiele la frivolidad y digamos que nuestro escorpioncito dorado puede hacerlo.
Gracias por sus comentarios a todos aquellos que se toman la molestia de escribirlos y también espero y les agrade el capitulo. Comenten.
Atte: ddmanzanita.
