Muy bien llegue a más 100 reaviews! muchas gracias a todos los que me han comentado y acompañado a lo largo de esta historia, aportando ideas nuevas y puntos de vista de mi historia, se los agradezco de todo corazón y sin más que decirles espero les guste este capítulo que lo hice más largo en agradecimiento a todos ustedes, disfrútenlo.

Capitulo 16 Luchar por la vida.

Apenas salió del túnel que la conducía a las afuera del santuario cuando percibió que las armaduras de Virgo y Capricornio estaban muertas y que sus guardianes tal vez no resistieran los ataques de Ceo. Además la presencia de Ares frente a Ker complicaban más las cosas. Analizo tan rápido la escena frente a ella que ni siquiera le dio a Milo la oportunidad de agarrarla ni mucho menos a ella de pensar las cosas con claridad. Así que cuando vio el rayo dirigirse hacia Shura corrió interponiéndose en la trayectoria de la descarga eléctrica, sintió un dolor intenso que se expandió hacia todo su cuerpo al momento en que el rayo impactaba su hombro derecho, fue expedida hacia atrás con fuerza y sintió como el español la detenía por la espalda.

-¿Athena? ¡Athena! – Le llamo el español pero su voz sonaba tan distante que la percibió como si fuera una alucinación, el dolor se hacía cada vez más intenso que incluso comenzó a marearla, su vista se comenzó a nublar y se desvaneció aun percibiendo la voz de Shaka, Shura y Milo que le llamaban preocupados, pero para ella todo se había vuelto oscuro.

-¡Milo! – Le llamo Shura enojado, sintiendo como la rabia le recorría a causa del dios frente a él. – Lleva a Athena dentro del templo. – El peliverde miro hacia Shaka que se mantenía tranquilo pero solo bastaba el mirarlo a los ojos para comprobar que era todo lo contrario, aquellos ojos azules no solo mostraban determinación si no también enojo.

Shura le entrego en brazos a Athena al octavo guardián que comenzaba a arrepentirse de haber obedecido la orden de Saori, ya que el regresar hacia el santuario no había sido la mejor elección, que la joven deidad tomase y mucho menos prudente que se interpusiera en la trayectoria de ese rayo, tal vez la griega no le entendiera pero cualquier caballero dorado o de otro rango prefería morir ante un enemigo que permitirle al mismo lastimar o asesinarla, ellos podían ser sustituidos ella jamás.

-Milo espera. – Susurro débilmente la peli lila tomándolo por el hombro lo que a él le hizo sonreír al verla despierta, Saori no se daba cuenta pero en realidad se estaba volviendo la diosa de la sabiduría y la guerra justa para algunos dorados dejando de ser la chica griega que por suerte le toco ser Athena. – No podemos abandonar a Shaka y Shura aquí.

-No les abandonamos, solo les dejamos atrás. – Se excuso con una sonrisa Milo, Athena le dio un leve golpecito en el pecho indicándole que podían bajarla, sus pies tocaron el suelo y miro hacia el patio principal que en ese momento era un campo de batalla, la destrucción había consumido los jardines grandes pedazos de mármol y pilastras se habían venido abajo y entre aquella destrucción miro a Shura y Ker frente a Ares.

-Te destrozare Ares. – Las manos de Shura temblaron con rabia, alineo sus dedos preparando su ataque mientras observaba los movimientos del dios de la guerra, condenso su cosmos en su mano derecha mientras un filo esmeralda se asomaba por su extremidad, en espera que la poderosa espada fuera liberada de su funda.

-Se lo efectiva que puede llegar a ser tu espada, tan filosa como para matar a un traidor. – Espeto con burla el pelirrojo, lanzo el rayo a Ceo que lo tomo con su brazo izquierdo, al verse desprovisto de un arma, apareció su espada rojiza que tenía en el filo unos ligeros retoques negros, aquella arma que había cobrado miles de vidas inocentes y matado más de una vez la esperanza al atravesar la garganta de un héroe. -¿O no fue eso lo que paso con Aioros?

Shura tenso sus mandíbulas con fuerza, intentando atrapar la ira y el odio que sentía contra aquel ser, aquel que lo llevo a cometer un acto criminal no solo al matar al santo más fiel y noble de entro los 88 caballeros de Athena si no el haber levantado su brazo contra ella, respiro profundamente, intentando relajarse si quería afilar a excalibur tenia que concentrarse. Preparar su técnica como la lanzo aquel día, el día que marco su vida no solo porque asesino a Aioros si no porque fue el comienzo de una mentira que se transformo su vida, de una gloria falsa que perduro hasta la batalla de las doce casas.

Cerró los ojos escuchando las pisadas de Ares dirigirse contra él y como el filo de su espada rompía el aire. Aquel día excalibur brillo con toda su intensidad no solo porque había alcanzado a dominar la técnica si no porque creyó que obraba con justicia, que blandía su espada para defender a su diosa y que con ella coartaría la maldad formada en el noveno guardián, fue la única vez que lanzo excalibur impecablemente, la primera y única vez que la espada concedida por Athena a los santos de capricornio fue tan filosa que pudo destruir, romper y atravesar todo lo que toco.

Abrió sus ojos con decisión y alzo su brazo hacia el cielo, el halo glauco abandono su extremidad saliendo sin imperfecciones, partió la tierra solo al tocarla haciendo una grieta en el frio mármol que estaba cubierto de polvo. Ares vio la técnica de Shura aproximarse y elevo su espada para detenerle pero cuando ambas espadas chocaron el brillo esmeralda de la espada del español se torno dorada y el dios de la guerra tuvo que amacizar su agarre para evitar que Excalibur venciera su defensa, pero un crujido rasgo el aire y le obligo a mirar hacia el encuentro de ambas espadas.

Pudo distinguir una fina rasgadura en su propia espada, pero era imposible que una técnica lanzada por un humano dañara la espada de un dios, sus ojos rojos se abrieron con mesura cuando la lámina rojiza de la espada se partió a la mitad y cayó en un fuerte ruido metálico al suelo. Sintió como de su hombro derecho comenzaba a salir sangre que baño su torso por lo que miro hacia este y comprobó que tenía una profunda abertura en este a causa de la espada de Shura. Retrocedió unos pasos sorprendido de la fuerza de Excalibur y miro al español fijamente que mantenía una leve sonrisa en sus labios.

-Es hora de irnos. – Menciono Ceo a su espalda incorporándose torpemente, pues Shaka tampoco tenía misericordia en ese momento ambos guardianes estaban cejados por la ira, retrocedió hacia donde el titán le esperaba sin despejarle la mirada a Shura que le sostenía al igual. Ares sonrió al ver a los tres santos dorados presentes, aquellos que conocía también como para saber sus debilidades y una idea cruzo su mente, no era tan solo una idea era la perfecta estrategia para terminar con aquella batalla. Era la forma correcta para sesgar a los caballeros dorados, para derribar el soporte principal de la diosa de la sabiduría, terminar con su elite dorada.

Ares y Ceo desaparecieron por lo que Athena se apoyo en el hombro de Milo para llegar hasta donde Shura y Shaka estaban, pero al reconocer su intención ambos guardianes se apresuraron hasta donde ella estaba hincando una rodilla en el suelo, la peli lila se arrodillo frente a ellos y coloco una mano sobre el pecho de ambos guardianes que compartieron una mirada la de Shura incomoda y la de Shaka un poco más relajada pues no era la primera vez que la diosa se acercaba tanto a él.

-Sus armaduras están muertas. – Susurro débilmente con un dejo de tristeza en su voz. – Ni su sacrificio logro salvarles del impacto del rayo, sus cuerpos también están heridos y sus cosmos debilitados por el poder.

-Mu puede repararlas. – Soltó tranquilamente Shaka.

-Usted también esta herida debería descansar. – La voz ronca de Shura delato lo nervioso que estaba pero esta se torno seria cuando volteo a ver a Milo. - ¿Por qué la trajiste de vuelta? – Le reprocho capricornio a escorpio quien frunció el ceño ante el reclamo.

-Es que… - Comenzó pero Athena levanto una mano pidiendo silencio.

-Yo se lo ordene y ustedes no pueden desobedecerme. – Athena termino la discusión con esa frase, que les ataba completamente de manos y no podían discutirla.

-Fue muy arriesgado princesa. – Shaka miro de Milo a Athena, fijando su vista celeste en la herida profunda en el hombro de la deidad, quien sonrió pasivamente al ver esta acción de sus guerreros.

-Pero todo está bien. – Athena hizo brillar su cosmos y las heridas en ambos santos dorados comenzaron a sanar, Milo miro la sorpresa en la cara de sus compañeros de orden y se pregunto si el debió haberse visto igual por lo que sonrió tranquilamente. Justo en ese momento Camus llego acompañado de Hyoga y al escorpión no se le escapo las heridas de su amigo, quien traía su brazo derecho fracturado pero cubierto por su capa para ocultarle una vista desagradable a su diosa que vio solo la mancha de sangre.

-¡Camus! – Athena corrió hacia el caballero de los hielos que se detuvo impresionado al ver a su diosa corriendo hacia él. – Estas herido tu también. – Acoto.

-Sí, luche contra Minos de Grifo. – Soltó tranquilamente, pero dio un paso hacia atrás cuando Athena deslizo sus dedos por la capa que estaba llena de sangre, lo que hizo soltar una carcajada a Milo.

-Mi señora, el caballero de acuario es muy reacio a las caricias. – Comenzó a reír esta vez la risa de Shura y Shaka le acompañaron.

-No todos somos fáciles Milo. – Fulmino divertido el francés a su amigo con la mirada. –No es nada grave mi diosa.

-Entonces déjame ver. – Y sin más Athena le arrebato la capa a Camus, pero sus ojos se abrieron sorprendidos al ver la herida en el brazo de acuario y la pasibilidad de este. – No es nada. – Mascullo entre sus labios.

-Yo lo arreglo. – Se ofreció Milo caminando hacia su amigo, Camus extendió su brazo hacia el caballero de escorpio quien lo tomo por la mano y el antebrazo. – Necesitare de alguien que sostenga el hombro.

-Yo te ayudo. – Espeto Shura acercándose pero se detuvo cuando Milo se lo indico con la mirada.

-Muy bien gracias por ofrecerte Hyoga. – El ruso brinco algo pillado por la orden de Milo y empalideció mirando a su maestro, quien alzo los ojos al cielo por la orden que el alacrán le daba a su alumno para hacerlo sentir incomodo. – Vamos Hyoga tómalo por el hombro, no muerde.

-Solo congela poquito. – Soltó Shura cuando vio a Hyoga caminar hacia acuario, por lo que se detuvo en seco pidiendo la aprobación de su maestro, mientras Saori reía alegremente. Camus le miro tranquilamente sin frialdad y asintió, por lo que el ruso se coloco detrás de su maestro y paso su brazo por debajo del de Camus y con el otro hizo presión sobre la espalda del galo.

-¿Listo? – Los ojos del galo chocaron contra los del griego que asintió con una sonrisa en sus labios y dio un fuerte tirón, la extremidad del francés se estiro con fuerza produciendo un chasquido que hizo gritar a Athena por aquella acción pero más porque Camus ni siquiera se inmuto, su huesos se alinearon y Milo saco su uña rojiza y la clavo en la abertura del galo haciendo que la herida dejase de sangrar.

-Gracias. – Repuso Camus una vez que vio su extremidad movible de nueva cuenta, camino hacia Athena y se arrodillo frente a ella, pero reparo en las armaduras de Virgo y Capricornio las cuales parecían armaduras de cobre en lugar de oro, aquellas estaban muertas. – Mu esta en Aries. – Les indico a ambos guardianes los cuales asintieron y avanzaron hacia el salón patriarcal.

-Chicos haremos una reunión hoy por la noche, será una asamblea dorada. – Sonrió Athena mientras ambos asentían y comenzaban a bajar. – Levántate Camus. – Pidió amablemente.

- Athena cuando peleaba con el juez Minos de Grifo sentí otros cosmos rondando la zona y eran Generales Marinos del dios Poseidón, pedían una asamblea con usted ya que su dios fue atacado y les mando hacia cabo sunion, ellos quieren hablar con usted, les he dejado esperando en Aries. – Informo Camus.

Milo escucho claramente todo desde atrás y cuando escucho generales marinos sintió un vuelco en su estomago y volteo a ver a Hyoga que se mantenía en silencio sin decir una palabra.

-Isaac. – Susurro el octavo guardián, imaginándose todo lo que Camus estaba sintiendo en ese momento, el era el único al que realmente el francés le había expresado lo que sintió cuando Isaac murió, todo su fracaso que sintió, la culpa que embargo al galo aquel día, apenas eran unos adolescentes pero para Camus el haber perdido a Isaac fue uno de sus peores errores, pues sentía que había perdido el heredero a la armadura de acuario, pero el error fue creer eso y desacreditar a Hyoga quien realmente merecía ser el siguiente caballero dorado de acuario.

-¿Qué? ¿Tu como sabes? – Espeto sorprendido el ruso mirándolo asombrado con sus ojos zafiros.

-Se muchas cosas de ti e Isaac, no por nada soy el mejor amigo de tu maestro. – Milo se cayó cuando vio a Athena asentir y Camus se dirigió hacia ellos, sin ninguna expresión en su rostro, pero su mirada delato a Camus frente a Milo que podía comprenderlas a la perfección. – Avisare a Mu. – Camus le agradeció con la mirada.

Justo en ese momento Shion y Dokho llegaron hasta donde estaban ellos, Shion llevaba en su mano a Nike y se acerco a Athena para entregárselo, la pelilila lo tomo y una vez en su mano del emblema de la victoria broto una potente luz que recorrió el báculo hasta su mano y sano su hombro derecho herido por el rayo de Zeus.

-Lamentamos el llegar tarde mi diosa, pero las estrellas me han mostrado que podemos tener una ventaja sobre los titanes. – Y Shion estiro la manga de su túnica de donde saco un pergamino teñido por el tiempo de marrón este contenía el sello de Athena en su extensión.

-Gracias Shion, los chicos me han ayudado a mantener la situación bajo control. – Athena miro a los únicos dos caballeros dorados que la observaban enmudecidos, Dokho les sonrió orgulloso mientras Shion asistió agradecido a ellos dos ya más tarde lo haría con todos, pues había sentido el cosmos de más de uno arden con furia para luchar en el nombre de Athena.

Aprovecho que Ceo y Ares habían llegado alterando la paz y llamando la atención de sus hermanos y hermanas para salir del templo principal del Olimpo, se movió con rapidez entre los pasillos y los jardines cubriendo su rostro con la capucha marrón que cubría su silueta, apretó más su gorro ciñéndolo hacia su cuello y miro hacia atrás para cerciorarse que nadie la seguía.

Dio una vuelta apresurada y se topo con el templo de Hermes, se acerco hacia sus puertas y les empujo con suavidad para solo permitirle paso a su cuerpo, cerró las puertas con cuidado detrás de ella y vio la figura de Zeus atada frente a ella. El dios del rayo elevo su rostro al escuchar los pasos y miro lleno de furia a la intrusa que escondía su rostro bajo su capa.

-¿Quién eres? - Vocifero débilmente Zeus.

El rey del Olimpo estaba atado por los brazos y las piernas en la pared por amplios grilletes que en su interior tenían púas que lastimaban los brazos del dios, sus brazos le mantenía a cierta distancia del suelo permitiéndole tocarlo solo con la punta de sus pies descalzos de otra forma la cadena alrededor del cuello del dios comenzaba a ahorcarle, aquella era una tortura física y psicológica para cualquiera si se mantenía de puntillas evitaba el ahorcarse lo que resultaba en un cansancio físico, pero si este quisiera apoyar los metatarsos aunque sea comenzaba a ahorcarse, pero no solo eso sobre el suelo había picos de metal que se enterraban en los dedos y en toda la planta del pie del dios.

Escucho un golpeteo detrás de ella y observo a una enorme águila la cual supo que eran hija de los monstruos Tifón y Equidna, aquella ave condenada a torturar a Prometeo, sabía que la decisión de que esa ave estuviera ahí era a causa de sus hermanos Japeto y Temis, querían hacer pagar a Zeus la tortura de Prometeo. Observo como el águila engullía entre su pico una especie de trozo rojo-marrón y sus ojos se dirigieron hacia el costado derecho de Zeus donde vio un orificio del cual emanaba sangre y lo supo al instante aquel era el hígado del dios del rayo, esa era una de las torturas más crueles para un dios, pues al ser inmortal aquella ave podría conseguir de su costado un hígado cada día nuevo provocándole una nueva herida al dios.

Miro varias heridas extras no causada por el águila si no por algo más, se acerco lentamente al dios del rayo mirando por debajo de su capa y analizando la zona con miradas fugaces hacia todos lados, esas eran diferentes algunas más eran de ataques de sus hermanos pero podría jurar que había algo más, las heridas de un par de dientes gigantes en el dios mostraba la presencia de otra criatura, tal vez obra de Rea que podía crear cualquier cosa al ser la madre de todo.

Escucho que algo se arrastro tras ella y el siseo de una serpiente, se giro tranquilamente para toparse con una enorme serpiente y sus dos grandes colmillos que sobresalían a su boca, mientras su lengua siseaba saliendo de su boca con intensidad para poder sentirla. Miro sobre su hombro a Zeus que seguramente estaba aletargado por el veneno del animal, que era letal para un humano pero para un dios era un somnífero perfecto. Se movió con rapidez serpenteando su cuerpo en ondulaciones y cuando estuvo cerca de ella, sus ojos se iluminaron con intensidad y el animal se detuvo en seco ya que frente a él solo lograba ver a un gallo, producto de los poderes del intruso, por lo que basilisco se retiro con precaución y sisando amenazadoramente hacia aquel animal.

-¿Quién eres? – Balbuceo Zeus al ver la acción de aquella figura, que se movió contoneando sus caderas, saco dos blanquecinas manos que desabrocharon su capa la cual cayó al suelo descubriendo un hermoso cuerpo, que Zeus conocía a la perfección, ya que sus dedos habían recorrido cada parte de su cuerpo, su boca había probado el dulce sabor de aquella titanide frente a él.

-Mnemosine. – Le llamo suavemente mientras la titanide se giraba hacia él tranquilamente. Su cabello largo rosado y atado en dos coletas se movieron cuando ella se giro y pudo ver bajo su fleco tupido los ojos nublados de la titanide que le miraban con suavidad, se deslizo a paso tranquilo hasta él y acaricio el rostro de Zeus con su mano en la cual el dios del Olimpo impacto un cálido beso. -¿Qué haces aquí?

-Vengo a concederte lo que me pidas Zeus. – Su voz sonó tan tranquila, que los ojos de Zeus la apreciaron como la primera vez que se fijo en ella. – Tuvimos un historia y engendramos nueve hermosas hijas, las musas, quiero que ellas vivan felices y con nosotros los titanes no pueden serlo Zeus lo he visto, ya una vez traicione a mis hermanos por ti, te entregue el arma más poderosa del universo y tú la perdiste. Me deje encerrar en el tártaro para que ninguno de ellos sospechara que yo te ayude a vencerlos pero hubo un motivo más fuerte que mi amor hacia ti para traicionar a los míos.

-¿Cuál fue? – Zeus miro los ojos vacios y nublados de la titanide los cuales les abría mostrado hasta la infinidad del universo, Mnemosine parecía conocer todo, con solo mirar a las personas descubrir su pasado, su presente y futuro, si ella no le hubiese ayudado los que hubieran terminado encerrados en el tártaro durante la titanomaquia hubieran sido ellos.

-Si los titanes hubieran ganado en la titanomaquia y ganan esta guerra, cualquier ser vivo morirá, los titanes son avariciosos y solo desean su bien, destruirán desde los dioses hasta cualquier ser vivo semidioses, humanos, animales, vegetales el universo será oscuridad pura, nadie sobrevivirá a ellos ni siquiera ellos, comenzaran a matarse entre ellos, por eso los preferí encerrarlos a que terminaran con todo. – Mnemosine beso los labios de Zeus quien respondió a su beso con calidez. – No puedo entregarte el rayo esta vez, pues se que no cometes el mismo error dos veces, asesinaras a mis hermanos si te lo vuelvo a dar y yo no les quiero muertos, les prefiero con vida en el tártaro.

-Siempre has sido encantadoramente especial Mnemosine, pareces una joven pero tu entendimiento y sabiduría van más allá de lo que muchos pueden comprender, entiendes todo con facilidad y ello te permite ver las cosas con claridad. – Zeus medito unos segundos que podía pedir a la deidad pues si bien no había nada que le ayudase, tenía que enviar algo que ayudara a los otros dioses. -¿Qué pasara contigo? Cronos sabrá que tú eres quien le traicionas.

Él lo sospecha pero para cuando lo descubra yo no estaré más, Zeus esta es la última vez que nos veremos tu y yo mis poderes van más allá de lo que yo misma lo entiendo y prefiero desaparecer para siempre, son una amenaza por eso volveré al lugar de donde vine. –

-Volverás a donde se encuentra Gea. – Zeus noto como la titanide sonría gustosa asintiendo ante su contestación.

-Eres de los pocos que pueden seguir mis pasos. – Mnemosine sintió la presencia de Cronos saliendo del templo mayor y sus ojos brillaron de color blanco descubriendo que su hermano iba directo hacia ellas. – Apresúrate Zeus, no tenemos tiempo.

-Nunca quise que te encerraras con tus hermanos en el tártaro. – Menciono melancólicamente el dios.

-Son mis hermanos. – Comento tranquilamente la diosa, tomando las manos con cariño de Zeus y volvió a besarlo en los labios esta vez con muchísima pasión, que el dios del rayo correspondió. – Pídemelo.

-Quiero que le des a Apolo u Athena una urna que pueda debilitar a Cronos. – Zeus menciono con decisión haciendo que Mnemosine riera.

-Como desees, cuida de nuestras hijas. – Mnemosine se separo de él de golpe regreso tras sus pasos hacia su capa, la tomo entre sus manos y volvió a colocársela, lanzo una mirada iracunda hacia el basilisco el cual murió al instante y luego miro por última vez a Zeus. – Todos los basiliscos recuerdan en su memoria el olor a la comadreja, es fácil vencerles así, hasta nunca Zeus. – Y la titanide desapareció dejándolo solo.

En ese momento Cronos abrió la puerta con fuerza, una de ellas se desprendió por el golpe y cayó en un golpe seco levantando polvo a su paso, los ojos rojos del titán buscaron a Mnemosine pero no sintió su cosmos por ningún lado, miro furioso a Zeus que sonreía con desdén hacia él, Cronos exclamo un grito de desesperación y lanzo una llamarada hacia el dios rey del Olimpo el cual comenzó a arder en el fuego.

-Encuentran a Mnemosine, nos ha traicionado. – Soplo de golpe, cerrando la puerta tras él.

Athena estaba sentada en su trono, mirando a los siete generales marinos frente a ella que se mantenían de pie al no deberle lealtad a ella, a su lado Kanon permanecía de pie completamente en silencio mirando fijamente a los que fueran antiguamente sus compañeros de armas. Elevaba su cosmos buscando el de Julian Solo pero no podía sentirlo por ningún lado.

-¿Ha tenido resultados diosa Athena? – Menciono respetuosamente Sorrento, pero la peli lila se levanto y negó, cerrando con pesar sus ojos.

-Pero debe encontrarse bien, si Poseidón llegara a… - No menciono esta palabra porque había visto los rostros de sus guerreros cuando ella se quito la vida y sabia que la muerte de un dios significaba para sus protectores el peor error y el descuido mas grande. – Habría inundaciones, maremotos y otros desastres naturales, pero no han ocurrido.

-El debe estar bien. – Refuto optimista Isaac lo que hizo sonreír a Kanon, también con aquellos guerreros llego a pasar muy buenos momentos y a pesar de que se lo negara estaba preocupado por el dios de los mares.

-Les avisare si encuentro algo, dispuse una cabaña para ustedes. – Contesto Athena entrelazando sus manos y dándoles la espalda, comenzó a caminar hacia su trono cuando una punzada atravesó su corazón, obligándola a detenerse, giro bruscamente hacia los generales marinos que comenzaban a salir. - ¡Esperen! – Se llevo una mano hacia el pecho, asustada por el poder de aquel cosmos ¿No era posible? ¿Acaso Poseidón…?

-Athena. – Le llamo Kanon viendo como la diosa continuaba sosteniéndose el pecho, que incluso el gemelo menor de los géminis llego a pensar que tal vez estaría infartándose.

Camino rápidamente hacia la salida del templo patriarcal ante las miradas de Shion, Kanon y los generales marinos, abrió las puertas del salón y camino hasta un barandal de mármol, apoyo sus manos sobre este y miro hacia el horizonte, aun sintiendo aquella opresión, retrocedió unos pasos al sentir aquel cosmos proyectarse hasta donde estaba ella pues Kanon se aproximo a ella, interponiéndose al cosmos que se aproximaba.

Un muro de agua se formo saliendo del suelo destrozando los bloques del gris material y se elevo cerca de 2 metros de altura con muchísima fuerza, a través de esta Athena y Kanon pudieron distinguir dos figuras en su interior. La pared de agua se vino abajo mostrando a Julián Solo inconsciente en el suelo, que era llevado por un hombre alto, de rubios cabellos y de tez blanca, cuando se giro y mostro sus ojos azules tan intensos Athena sintió un vacio en el estomago y Kanon también se preocupo, ante ellos estaba el dios Poseidón en cuerpo y alma.

-Emperador, nos tenía muy preocupados. – Los siete generales marinos se arrodillaron gustosos de comprobar la salud de su dios y reconocer a su dios en su forma inmortal, Athena le contemplo en silencio y se aproximo en silencio hacia el cuerpo de Julián solo para comprobar que aun respiraba. Kanon por su parte desvió la vista hacia otro lugar ya era incomodo leer en la expresión de sus ex compañeros la palabra traidor como para también hacerlo en la expresión de un dios mayor.

-¿Qué paso? – Athena giro el rostro hacia Poseidón que se había mantenido en silencio.

-Japeto e Hyperion invadieron el templo marino, mi cuerpo mortal estaba resultando herido por lo que me vi obligado a dejarlo para impedir que muriese y envié a mis generales hacia aquí, pues para ello yo mismo derribe el soporte principal, pero destruí a Japeto. – Poseidón miro hacia sus generales marinos y sonrió al comprobar que estaban sanos y que los curanderos de Athena les había curado algunas de sus heridas.

-Me alegra que estés bien. – Saori tomo la mano que Kanon le ofreció para levantarse y miro al dios que se mantenía impasible ante ella. – Pueden quedarse aquí, justo les decía a tus guardianes que hay una cabaña que podrían establecerse ahí en lo que terminamos esta guerra. – Saori miro a Shion que la reprendió con la mirada, por invitar a dioses que habían querido asesinarla hacia sus tierras.

-Te agradezco la hospitalidad Athena, será solo por unos días. – Poseidón hizo una inclinación de cabeza y Saori le indico a Kanon que se las mostrase, por lo que el guerrero afilo su mirada hacia ella. Shion contemplo como el sequito comenzaba el descenso hacia el templo de Piscis y se aproximo a paso tranquilo hacia su diosa.

-Sabe que es cruel lo que le hizo verdad. – Afirmo el peli verde compartiendo una sonrisa con la joven deidad, que miraba a lo lejos a Kanon.

-Quisiera que todo pudiese solucionarse, Shion. – Repuso ella tranquilamente dirigiéndose hacia el templo patriarcal. -¿Está todo listo para esta noche?

-Así es princesa. – Contesto Shion mirándola como parecía danzar hacia la fresca sombra del templo patriarcal.

-Entonces será perfecto. –

Shion sintió como Kanon cruzaba la casa de Leo y decidió que era hora de entrar, pues el calor comenzaba a irritarlo por lo que camino a paso pausado y elevo su cosmos mandando llamar a Shura y Aioros para que le hiciesen compañía, pero después de sentir el cosmos del santo de capricornio en Aries le pidió a Afrodita que tomara el lugar del capricorniano.

Entro tranquilamente al salón, recorriendo el pasillo principal alfombrado hacia una pequeña mesita cercana al trono donde había una jarra con agua, tomo un vaso y en ella comenzó a verter agua, luego tomo otros dos y les sirvió la misma cantidad de agua, justo cuando terminaba de servir el tercero apareció Afrodita en la puerta con su armadura dorada.

-Maestro me mando llamar. – Repuso el santo de las flores acercándosele, había ocasiones en que entre el patriarca y los santos dorados se olvidaban del acostumbrado formalismo y ambos lanzaban el protocolo hacia un lado, como aquel momento.

-Sí, toma un vaso de agua. – Afrodita alzo una ceja y sonrió con burla, parecía imposible que Shion le hiciera subir las últimas escaleras solo para tomar un vaso con agua que bien pudo haber tomado en su agua. – Afrodita tengo un sexto sentido para percibir los problemas, así que no te aburrirás aquí.

Afrodita tomo en silencio el vaso de agua y observo que había otro por lo que intuyo que otro de sus compañeros llegaría pronto, pero por algún motivo no le preocupo esta vez sí Mascara de la muerte no era el elegido, pues había comenzado a llevarse bien con sus otros compañeros.

-¿Problemas su santidad? ¿Graves? – Afrodita tomo de un solo trago el vaso y miro hacia la puerta viendo a Aioros entrar tranquilamente.

-Patriarca, Afrodita. – Saludo cálidamente el noveno guardián al tiempo que Afrodita le daba el otro vaso con agua. – Muchas gracias. – Y el santo de sagitario se tomo el liquido cristalino con felicidad, Shion miro con una ceja alzada a Afrodita, que se hizo el desentendido.

-El patriarca dice que siente que algo va a pasar. – Le actualizo Afrodita mirando a sagitario quien se acerco a la mesa y se sirvió otro vaso con agua, por lo que Shion volvió a reprocharle con la mirada a Afrodita que desvió la vista divertido hacia otro lugar. –Fue inusual. – Respondió en su defensa.

-Eso no me sorprende en ti, siempre has sido de los que más sorpresas me ha dado. – Menciono Shion tranquilamente pero justo en ese momento la puerta comenzó a abrirse de nuevo por lo que Afrodita y Aioros retomaron su lugar uno a cada lado del patriarca y el seguimiento estricto del protocolo regreso.

La figura de Orfeo de Lira, Shaina de Ofiuco, Argol de Peseo, Seiya de Pegaso y Ikki de Fénix entraron por la puerta, hicieron una reverencia hacia el patriarca y volvieron a incorporarse a la señal que Shion les dio.

-Buenas tardes caballeros y amazona. – Repuso Shion mientras en su mente solo pensaba "Hola problemas" – ¿Necesitan de la presencia de nuestra diosa?

-No mi señor. – Contesto Orfeo de Lira. – La queja con usted.

-¿Así? – Repuso con interés acomodándose en el trono. - ¿Y de que se trata?

-Mi señor se nos hace una injusticia que no se nos permita participar en los combates, nosotros también somos caballeros de Athena y es inconcebible para nosotros permanecer de brazos cruzados cuando sabemos que la vida de nuestra amada princesa está en peligro. – Continuo Orfeo.

-Es eso. – Menciono Shion mirando de reojo a Afrodita y luego a Aioros. – La vida de nuestra diosa no ha corrido peligro.

-Se equivoca mi señor. – Argol intervino esta vez. – Con todo respeto patriarca, Athena recibió un impacto del rayo de Zeus y eso solo demuestra la incompetencia de los santos dorados para defenderla.

-Lo bueno es que es con todo respeto el llamarnos incompetentes. – Repuso Afrodita fulminando con la mirada a Perseo que no desvió su mirada hacia ningún otro lado. – Cuida tu lengua plateado. – Amenazo Afrodita.

-Afrodita. – Le llamo el patriarca para calmarlo, pero en eso Seiya estallo.

-Patriarca, tanto los caballeros de plata como los de bronce queremos que se nos deje participar en las luchas que se están llevando, nos es imposible permanecer de brazos cruzados, los santos dorados son fuertes, lo sabemos pero no por ello son invencibles, la mayoría están lastimados o sus armaduras muertas, es una injusticia que aun les envíen a pelear y peor ellos solos, les van a matar si continúan así. – Comenzó a exasperarse Seiya. – No son los únicos a quien Athena ha depositado su confianza nosotros le hemos salvado más veces que los dorados. – Y la cara del trió cambio por completo eso había sido un golpe bajo para el orgullo de un santo dorado.

-Tengo entendido que Hyoga lucho con Camus. – Intervino Shion, pero rápidamente Ikki pidió la palabra.

-Es su alumno goza de cierta preferencia con él. – Repuso el fénix cruzándose de brazos. – Pero Aioria alejo de un combate a Capella de Auriga. - Shion respiro profundamente, cerro sus ojos.

-Maestro no demandamos nada fuera de lo común, solo queremos que se nos tome en cuenta en las peleas, nosotros también somos santos de Athena, tenemos el derecho de pelear. – Shaina que se había mantenido callada comenzó a reclamar. Shion noto la incomodidad en Aioros y el completo desagrado de oír aquello de Afrodita que estaba fulminando a los santos frene a él con sus ojos celestes.

-¿Patriarca me es permitido hablar? – Afrodita apretó su puño y miro hacia Aioros. – Creo que es nuestro derecho el poder responder a la reclamación que se nos hace, pues es dirigida hacia los santos dorados y por ende el agravio es contra mí y mis compañeros.

-Está bien. – Shion menciono esas palabras con cierto recelo.

-¿Ustedes han visto las heridas en mis compañeros? – Afrodita no espero a que ninguno contestara y bajo los pequeños escalones que les separaban encarando a Orfeo de Lira. - ¿Qué tan fuerte sois que podrán resistir los mismos ataques al igual que un dorado?

-Te recuerdo que les vencimos en la batalla de las 12 casas. – Menciono Ikki reteniéndole la venenosa mirada a Afrodita.

-La gracia de nuestra diosa estaba con ustedes en esa ocasión. – Termino el santo de las rosas.

-¡Porque ustedes le dieron la espalda! – Ikki le soltó a la cara, Seiya le tomo por el hombro para intentar hacerlo callar, pero el daño estaba hecho, incluso los santos de plata se tensaron al escuchar estas palabras, pero el rostro de Afrodita no mostro ningún disgusto por el contrario se mantuvo frio ante la verdad.

-Y así fue Fénix, pero no puedes hablar por todos, pues te recuerdo que si Mu no te hubiera traído de vuelta, no estarías aquí. – Afrodita dio un paso hacia él frente enfurecido pero sintió el fuerte agarre de Aioros por el brazo, miro primero su brazo y luego a sagitario. – Si no se les permite pelear caballeros es porque el enemigo es más fuerte de lo que piensan, si nosotros somos los más fuertes de entre los 88 caballeros es nuestro deber evitar muertes innecesarias.

-¿Y qué les hace creer a ustedes que son los únicos que deben arriesgar su vida? - Argol de Perseo tomo a Ikki del hombro y le hizo retroceder.

-Somos un equipo. – Seiya miro hacia Aioros que se mantenía serio, pues para sagitario el que culparan a sus compañeros también resultaba un insulto pero aquello era la verdad y los santos frente a él tenían la razón. – Gracias a ustedes siempre hemos podido cumplir nuestras misiones y de verdad se los agradecemos, lo del muro de los lamentos fue una muestra de ellos, pero entiéndanos queremos ayudarles, son como nuestros hermanos mayores y también nos dolería que volvieran a morir, mientras nosotros permanecimos con los brazos cruzados.

-Es suficiente. – Les llamo Shion, Afrodita y Aioros regresaron a sus antiguos lugares. – Tienen razón, fue una injusticia que no se les permitiera participar pues es su derecho, afortunadamente no ha habido daños mayores en este tiempo. De aquí en adelante se les permitirá luchar con la consigna de que si el oponente les rebasa en fuerza prefiero que se retiren a que mueran en vano ¿Entendido?

-Si gran patriarca. – Mencionaron los cinco al unisonoro frente a él, Shion les hizo una seña para que se retiraran y los siguió con la vista hasta que salieron del templo patriarcal, después su vista se dirigió al santo de piscis que estaba hacia su lado. – Afrodita…

-Está bien patriarca, ellos no dijeron ninguna mentira, fue cierto que traicione a mi diosa más de una vez. – El santo de las flores bajo las pequeñas escaleras y miro hacia el pasillo que conducía hacia los aposentos de la joven deidad.

-Pero has demostrado ser un caballero. – Repuso Shion tranquilamente, le dolía ver que los errores del pasado aun continuaran atormentando a sus santos, a aquellos que consideraba como a sus hijos.

-Salvaste mi vida. – Refuto Aioros alcanzándolo y apretándolo suavemente por el hombro. – Y por ello te estoy agradecido. Los chicos solo estaban molestos por lo que ha pasado estos últimos días…

-Aioros nada podrá tapar ni borrar de sus mentes los errores que la orden cometió. – Afrodita se quito su casco hizo una reverencia hacia Shion y salió dirigiéndose hacia piscis en silencio. Aioros miro a Shion que se mantenía pensativo mirando la entrada preocupado.

-Infórmale a tus compañeros de la decisión de esta asamblea. -

-Como usted ordene patriarca. -

Kanon dirigió a Poseidón y a los generales marinos hacia el templo que Athena les había indicado, tomo el postilo y la puerta se abrió lentamente y mostro una residencia completamente habitable, el gemelo menor avanzo unos pasos dentro de la habitación continuando sintiendo los ojos de sus ex compañeros clavos en su nuca, se hizo a un lado permitiéndoles entrar.

-Es habitable. – Menciono Eo girando sobre su propio eje contemplando cada rincón del templo.

Poseidón fue el último en entrar, dio un rápido vistazo por toda la habitación y se paro justo delante de Kanon quien le miro fijamente, el dios miro por el rabillo del ojo a Kanon y luego analizo la segunda armadura de géminis que portaba ostentosamente el ex general marino.

-Es curioso que esa armadura vuelva aquí. – Sonrió de medio lado y avanzo hasta una pequeña silla donde se sentó.

-¿A qué te refieres? – Kanon permaneció impasible, pero algo en la voz del dios Poseidón hacia que sintiera un intriga por esa frase.

-Yo destruir hace más de 1000 años al caballero que la porto, le mate y después le lance hacia el mar donde ni siquiera Athena podría encontrar el cuerpo de su guerrero y efectivamente, la segunda armadura de géminis permaneció oculta durante más de un milenio, también fue aquella la última vez que yo porte mi verdadero cuerpo en una batalla. – Kanon alzo una ceja curioso pero intentando mantenerse indiferente, pero no era lo mismo ver los ojos de Julián Solo al ver a los del verdadero dios Poseidón, sus ex compañeros miraban de su dios a su ex compañero sintiendo la tensión entre ambos.

-¿Y eso que tiene que ver conmigo? – La voz ronca de Kanon sonó tan distante que Poseidón sonrió al saber que a su ex dragón marino le interesaba la historia.

-Le mate porque me engaño de la misma forma que tu lo hiciste en esta era, cuando mis recuerdos a penas despertaban en el joven Julián Solo, ese guerrero juro que se vengaría, al ser un humano no le creí claramente, parece que la alma de los géminis menores siempre son debatidas por los dioses. – Menciono el emperador de los mares levantándose y se coloco frente a Kanon analizándolo profundamente con sus ojos zafiros en los cuales se podía ver claramente el mar. – Aquella vez le mate y me arrepentí, en esta ocasión aprecio sus capacidades aunque este del lado de Athena.

-Poseidón. – Kanon reconoció que el dios frente a él le guardaba cierta gracia y aprecio.

-Muchas veces te debatirás entre Athena y yo, Kanon, siempre podrás elegir que quieras portar si esa segunda armadura de géminis o la escama de dragón marino. – Poseidón le apretó suavemente por el hombro. – La decisión siempre será tuya.

-Mi lealtad es hacia Athena. – Determino claramente el menor de los géminis, Poseidón sonrió divertido ante esta reacción y negó suavemente.

-Pudiste traicionarme en esta era Kanon quien sabe si para la siguiente sea a Athena a quien traiciones, pero no me incomoda compartirte en esta era. – Poseidón soltó el hombro de Kanon y volvió a sentarse en el lugar que antiguamente ocupaba. – El fondo marino siempre será tu segundo hogar, Dragón marino.

Afrodita sintió una fuerte opresión en el pecho que la obligo a doblarse de rodillas, cayó en el jardín apoyándose en su mano mientras sus rubios cabellos rodeaban sus hombros y tocaban suavemente el suelo balanceándose con el aire, sus dedos estrangularon el pasto bajo sus dedos y le arrancaron mientras gruesas lagrimas caían de sus ojos esmeraldas resbalando desde su fino mentón hasta regar la tierra bajo ella. ¿Aquello era imposible? Su labio inferior tembló y un grito desgarrador lleno de dolor escapo de su garganta, se recostó en el pasto cubriendo su rostro, mientras lloraba desconsolada.

-¡¿Cómo pudiste hacerlo?! – Grito a la nada golpeando con su puño el hermoso jardín bajo ella, seguía sintiendo la opresión en su pecho de cómo la vida de Fobos se había extinguido para siempre cuando tuvo una segunda punzada y sintió la vida de Deimos ser mermada por su propio padre. Un segundo grito abandono sus labios y la diosa hizo que todo el jardín alrededor de ella comenzara a sacarse mientras su alma comenzaba a sufrir la pérdida de sus hijos. Parecía que los dioses comenzaban a tornarse más humanos desde que vivían en la tierra.

Resoplo profundamente por su nariz y tomo todo el aire que podían sus pulmones, se recargo en sus antebrazos mirando las cenizas de aquel bello jardín bajo ella, sus ojos verdes miraban como un felino el suelo bajo ella, se volvió a incorporar recargándose en el mármol de la fuente tras ella, sus piernas permanecieron flexionadas cubiertas por el delicado vestido azul que llevaba, sus rubios cabellos caían sobre su pecho y un ligero rubor aparecía desde sus polos cubriendo su nariz, sus ojos estaban rojos y llenos de ira.

-Afrodita. – Artemisa entro delicadamente y se sorprendió al ver el jardín destruido, miro a la deidad del amor en busca de una explicación.

-Asesino a sus propios hijos. – Murmuro para sí misma como ida, Artemisa rápidamente capto a quienes se referían la rubia y se acerco suavemente hacia ella, tomo su la mano de la diosa del amor y la acaricio reconfortantemente. – Les envió al tártaro.

-Ares es un dios cruel, solo piensa en él. – Artemisa justifico la acción del dios de la guerra al explicar la naturaleza de la cual provenía el pelirrojo. – El no puede amar a nadie más, el solo satisface su deseo.

-Muy tarde me he dado cuenta de eso. – Afrodita se levanto con la ayuda de la diosa de la luna. – Ayude a Hera a liberarlo pero me encargare que Ares no vuelva a pisar el Olimpo ni en esta era ni nunca más, hasta que pague por todos sus crímenes. – Para Afrodita aquella había sido la herida más profunda que le hicieran y ahora aquel amor y deseo que tenia por el dios de la guerra había desaparecido por completo, entre ellos solo había una enemistad que difícilmente se resolvería, Ares no solo había asesinado a sus hijos, sino también el amor que ella tenía hacia él.

Apolo estaba con los tres ángeles de artemisa que permanecían arrodilla frente a él cuando una figura con una capucha se materializo frente a él, aquella figura estaba acompañada por las musas y llevaba una urna en sus manos.

-Te estaba esperando Mnemosine. – Menciono el dios de la clarividencia. – No tenemos mucho tiempo.

-Lo sé Apolo. – Mnemosine agacho su capucha y dejo ver su rostro, camino apresuradamente hacia el dios del sol y le entrego la urna al dios. – Con esa urna podrás apresar parte de los poderes de Cronos para lograr debilitarlo, de otra forma no vencerás a mi hermano.

-Te agradezco este gesto Mnemosine. – Apolo inclino su rostro mostrando gratitud hacia la titanide que dio unos cuantos pasos hacia atrás y desapareció en compañía de sus hijas las musas, pues incluso Apolo sabia que Cronos mataría a cualquiera que estuviera relacionado con la titanide y las musas serian su principal objetivo, por ello Mnemosine había decidido llevarlas con ella de forma temporal mientras los dioses volvían a recuperar el Olimpo alejándolas de las batallas.

-Teseo, Odiseo e Icaro, vayan hacia donde se encuentra Artemisa. – Apolo miro hacia el sol, recordando la visión que había tenido, pronto Cronos llegaría y destruiría el templo del sol por lo que era importante que Artemisa saliera de aquel lugar. Los ángeles se levantaron y se teletransportaron hacia el lugar donde sintieron el tranquilo cosmos de su deidad. Una vez que el cosmos de los ángeles se alejo del lugar Dionisio entro con una copa de vino en la mano.

-Estás seguro que no hay otra forma. – Sorbió un trago de su copa y la dejo caer al suelo, rompiéndose esta en mil pedazos. – Apolo si tú caes, Athena y Poseidón serán nuestras últimas esperanzas y eso…

-No importa. – Corto Apolo. – Necesitamos de sacrificios y yo lo hare, luchare contra Cronos hasta que mi cosmos se extinga si así se requiere.

-Puedo quedarme a combatir a tu lado hermano. – Apolo le entrego la urna al dios del vino y negó.

-Tienes que sacar a los otros dioses de aquí y llevarlos a tu templo y después entregaras esa urna a Athena, ella es especialista encerrando dioses en esas cosas. – Bromeo Apolo lo que hizo sonreír al dios del vino, quien apareció una copa en su mano y se la intercambio al pelirrojo. – Las penas con vino son buenas.

-Era pan… - Pero Dionisio levanto una mano y se rio.

-El vino las cura mejor. – Y desapareció del lugar, Apolo salió hacia el balcón donde pudo presentir el cosmos de Cronos mirándolo desde algún lugar en el cielo, justo en ese momento sentía como Dionisio sacaba del templo del sol ha Anfitrite, Hestia, Demeter y Hefestos. Apolo se sorbió de un golpe el vino que Dionisio le dio gusto en ese momento una densa esfera de fuego se digirió hacia él.

Apolo levanto su brazo y la detuvo a escasos centímetros de su cuerpo y la regreso a su enemigo, en las alturas, quien sonrió al ver aquella acción en su nieto, por lo que esta vez Cronos provoco un terremoto que derribo gran parte del templo del sol hacia el vacio incluido entre aquellos trozos de piedra gigante que caían el balcón donde Apolo se encontraba parado. Pero una vez que la densa columna de polvo comenzó a disiparse Cronos miro al dios del sol rodeado de su cosmos rojizo flotando en el aire, mirándolo retadoramente con sus ojos azules.

Entonces el titán mayor acorto de golpe la distancia que le separaba de Apolo, quien lanzo un pequeño sol hacia el que impacto contra un muro de agua que el titán levanto, lo atravesó una vez que el poder de Apolo se extinguió con el liquido cristalino e intento acercársele, pero Apolo movió su brazo izquierdo y por medio de su telequinesis arrogo a Cronos hacia el suelo.

-Tendrás todos los poderes de la naturaleza, pero aun careces de la concentración para utilizarlos. – Apolo elevo sus manos en el aire y encima de ellas se comenzó a formar una esfera incandescente anaranjada de la cual se expedía pequeñas explosiones y la formación de rayos de pura energía.

-Te equivocas solo de uno se me fue privado. – Cronos se incorporo rápidamente y en su mano derecha apareció el rayo de Zeus, el cual comenzó a expedir rayos hacia todos lados. – Este era el único que me faltaba.

Apolo lanzo su esfera de fuego hacia Cronos mientras el rayo de este ascendía desde su mano hasta Apolo, el dios del sol levanto la palma de su mano para detener el poder por medio de una barrera, pero el rayo le rompió al instante y atravesó el pecho de Apolo, con una fuerte descarga de poder que no dejaba de emanar, la sangre broto a borbollones del pelirrojo que cayó al suelo en un golpe seco, la piel por donde había entrado el rayo estaba oscurecida y quemada. Cronos se acerco hasta el solo para contemplar la palidez que el gemelo de Artemisa padecía, la sangre salía de la comisura de sus labios y contemplo aquel gran agujero que su ataque había provocado, abriendo un orificio en el pecho del dios.

-No hay ningún ser invencible Apolo, ni siquiera un dios. – Cronos se agacho al lado de su nieto e introdujo su mano en el pecho del oji azul, busco en su interior el corazón del dios y una vez que lo ubico lo saco de su pecho, arrogándolo hacia él suelo.

-Ni un titán. – Profirió débilmente Apolo, acumulando todo el resto de su cosmos en su mano y lanzando una explosión de energía atómica hacia él titán que salió expedido por el suelo, destruyendo todo a su paso mientras su rostro golpeaba el frio mármol y lo levantaba en grandes trozos, Cronos se aferro a un bloque de estos y se detuvo, comprobó como ardía su pecho con fuego y la quemadura en su piel, dirigió una vez más el rayo hacia Apolo y la descarga eléctrica abandono aquella arma para terminar con el dios frente a él.

Afrodita y Artemisa estaban sentadas tranquilas en el balcón destinado para la diosa de la luna bebiendo tranquilamente almibar cuando comenzaron a sentir el cosmos de los otros dioses abandonar el templo del sol, Artemisa sospecho que su gemelo le ocultaba algo por lo que se levanto haciendo la silla hacia atrás y camino hacia la puerta, apenas hubo tomado la perilla esta giro y la puerta se abrió mostrando a sus tres ángeles.

-Icaro. – Lo llamo pero justo en ese momento una enorme masa de fuego se dirigió hacia ellas, el hermano de Marín tomo a Artemisa y brinco hacia otro balcón mientras Odiseo hacia lo mismo con la diosa Afrodita y Teseo les cuidaba la retaguardia.

-¿Está bien? – Icaro miro de arriba a Artemisa quien asintió a su lado, entonces su ángel la bajo al suelo y miro a lo lejos quien se había atrevido a atacar a la diosa de la luna. Una vez que el polvo se disipo puedo apreciar al dios Ares acompañado de la titanide Tetis y por unos cuantos guerreros del dios de la guerra cruel.

-Icaro encárguense de los guerreros de Ares sin piedad les prefiero a ellos muertos que ha ustedes, Afrodita y yo nos encargaremos del resto. – La mirada azul del pelirrojo se encontró con ella por unos segundos y asintió a la orden, lanzándose sin piedad hacia los guerreros del dios. La diosa de la luna miro hacia dentro del templo del sol y pensó en su gemelo, sintiendo el cosmos de Cronos cercano al de su hermano.

-Yo me encargare de Ares, Artemisa déjalo que me siga al interior del templo del sol. – Afrodita miro por encima de su hombro a su ex amante y se introdujo como una leona contoneando sus caderas hacia el templo de Apolo, Ares la contemplo unos segundos con una sonrisa en los labios y se apresuro a seguirla pasando a un lado de Artemisa que ni siquiera le miro, pues claramente sus ojos estaban clavados en Tetis.

La titanide esposa de Oceano, desapareció su vestido azul el cual fue sustituido por una armadura morada, su melena morada cayo a los lados de sus oídos y sus ojos rojos analizaron a Artemisa con cuidado, haciendo un puchero al verla con un aspecto demasiado infantil, Tetis estiro su mano y de esta se proyecto un enorme chorro de agua que golpeo a Artemisa en el estomago lanzándola contra una pilastra tras ella.

-Soy la madre de los mares y los ríos, mis poderes son infinitos Artemisa deberías rendirte, aun siendo una diosa eres insignificante para los titanes, sin tu gemelo no eres nada. – Tetis menciono aquello fríamente.

Artemisa levanto su mirada ámbar que se encontró con la de la titán frente a ella, pero por algún motivo tenía un mal presentimiento acerca de su hermano, volvió a mirar por su hombro hacia donde sentía a su gemelo, pero una nueva corriente de agua le golpeo y la estrello contra el suelo, su cabello se mojo cayendo pesadamente alrededor de sus hombros y pegándose a su rostro y su cuerpo, su esbelta y contorneada figura se marco a causa del vestido mojado, por lo que Artemisa apareció un polvo plateado en su mano el cual soplo y frente a ella apareció el kamui de la diosa de la luna.

-Ahora pelearas en serio. – Sonrió la titanide infantilmente y formo una nueva corriente que comenzó a dar círculos alrededor de ella formando al principio un aro giratorio de agua que se transformo en un tornado.

-Apolo. – Menciono de nueva cuenta la diosa y esta vez su presentimiento fue más fuerte, algo andaba mal con su gemelo, pues aquella opresión en su pecho le indicaba que algo no estaba bien. Vio de reojo dirigirse el tornado hacia ella por lo que estiro su mano y aquel desastre natural se destruyo frente a ella salpicándola solo de una suave brisa.

-¿Qué? – Tetis balbuceo sorprendida, pero Artemisa ilumino sus dedos de un color azul, mientras su armadura plateada parecía brillar de una tonalidad azul bajo aquel destello expedido de ella misma.

-La luna controla la marea Tetis, la fuerza gravitatoria que ejerzo provoca la formación de muchos desastres naturales y el oleaje, tú no significas nada para mi, cualquier ataque que me lances fácilmente podre manipularlo y disminuir su poder destructivo… - Justo en ese momento el paisaje se ilumino de una tonalidad rojiza anaranjada y sintió el cosmos de su hermano arder hasta que se consumió por completo, sintió un fuerte dolor en el pecho, como si le destrozasen el corazón y al momento que aumentaba ese sentimiento el cosmos de su gemelo se extinguió, fuertes descargas solares acontecieron desde el cielo, mientras la claridad del día disminuía y el candor del sol comenzaba a tornarse oscuro.

Artemisa permanecía fuera de sí por aquello, aun tenia iluminado su dedo índice y medio, pero había olvidado por completo a Tetis, mientras observaba absorta como el sol dejaba de iluminar la tierra y esta comenzaba a sumirse en la oscuridad y el cosmos de su hermano se extinguía en el cosmos, si continuaba aquello de esa forma toda vida en la tierra moriría, pero aquel dolor que sentía se exacerbo cuando el rayo de Zeus termino con la vida del dios del sol.

-Perdóname querida hermana, por todo… - Escucho la voz claramente de su hermano como si le susurrase esas palabras al oído y claramente pudo sentir una caricia en la mejilla del dios del sol, Artemisa dejo escapar un grito ahogado mientras sentía que las lagrimas abandonaban sus ojos y una parte de ella moría.

-¡No! – Dirigió rápidamente su vista a Tetis la cual ardía de rabia y con sus dedos dibujo su arco el cual tomo con su mano izquierda, estiro su dedo índice y paso su mano justo por el centro apareciendo una flecha azulada la cual apunto al pecho de Tetis y que soltó rápidamente impidiendo a la diosa tener tiempo para esquivarla.

Del pecho de la titanide broto un chorro de sangre mientras se doblo sosteniendo el cuerpo de aquella arma luminosa con intensiones de sacarla pero justo en el momento que iba a retirarla de su pecho, esta se destruyo dentro del cuerpo de Temis con una luz celeste y los fragmentos de esta se impactaron en el corazón de la peli lila la cual cayó al suelo, mientras Artemisa sellaba su alma y la mandaba hacia el tártaro. No espero un segundo y entro corriendo hacia el templo del sol, avanzo apresuradamente por todos los pasillos sintiendo que a cada paso dejaba un trozo de su alma detrás y su vida parecía latir como la de un humano, la sentía esfumarse.

Observo como parte de la habitación de Apolo estaba destruida y entre los escombros de aquella destrucción y la densa capa de humo que salía percibió el cuerpo de su hermano. - ¡Apolo! – Corrió hacia él arrodillándose a su lado y tomo su mano al tiempo que cubría con la otra el orificio donde el rayo de Zeus había atravesado su cuerpo condenso su energía en la palma de su gemelo intentando sanar aquella herida pero todo fue en vano. – No puedes dejarme sola… - Susurro mientras gruesas lagrimas resbalaban por su rostro.

-Nunca lo hare, mira al manto celeste y ahí me encontraras. – Apolo acaricio la mejilla de su gemela limpiando una lágrima cristalina que corría por ella. – Pero no puedo permitir que la tierra muera. El sol comienza a apagarse si continua así todo morirá. – Artemisa apoyo su frente sobre la de su hermano y planto un beso después en esta, el cuerpo del dios del sol comenzó a desvanecerse formando pequeños halos dorados que la rodearon y se elevaron al cielo. – Lo encenderé con mi vida.

Artemisa se cubrió el rostro con las manos sintiendo muchísimo dolor que incluso sentía como si este le asfixiara una mano se poso sobre su hombro y la apretó suavemente, voltio su rubia melena para encontrarse con Icaro que le contemplaba con penumbra, ella se levanto y él la abrazo permitiéndole que recargara su rostro en su hombro, mientras le apretaba con suavidad y el acariciaba su cabello dorado. – Mi diosa si ganamos todo volverá a la oportunidad, no todo está perdido.

-Yo ya le perdí a él. –

Milo estaba sentado sobre una columna mirando cómo están reparando el santuario, por lo que contemplaba desde las alturas todos los procesos que le habían indicado que supervisara y desde ese punto se ahorraba el tener que ir a todos ellos, sintió un cosmos acercándosele y sonrió sínicamente al reconocerlo, aquello iba a ser demasiado divertido, que lastima que no había tenido tiempo de hablar con Camus para contarle aquello, porque sabría que se reiría junto con él.

-Llegas tarde. – Menciono seriamente brincando de la pilastra y elevando la voz lo suficiente para que la escucharan algunos guardias, la peli verde arrugo la nariz molesta y abrió la boca para decir algo pero Milo la silencio con un dedo. –Shh… - La amazona de Ofiuco se quito la mano de Milo con un manotazo y miro sonrojada hacia todos lados.

-¿Cómo que shh?- Bramo furiosa alejándose un paso del escorpión dorado, pero el peli azul noto la incomodidad de la rubia y más a fuerza se le acerco. – Llegue a tiempo, la guardia inicia a las 10, incluso estoy 15 minutos antes.

-No querida. – Sonrió triunfal. – Te dije que harías la guardia conmigo y esta empezó a las 9 de la mañana, por lo que estas retrasada por 45 minutos. – Shaina resoplo molesta y él se giro dándole la espalda mordiéndose el labio para reprimir una carcajada.

-¿Qué? –

-No solo te lo dije personalmente sino que además fueron a pedir igualdad con nosotros los santos dorados y la obtuvieron. – Se vengó Milo pues ya todos sus compañeros sabían lo que habían dicho de ellos. – Los santos de plata cambiaran de guardia a las 10 pero yo la inicio a las 9 cuando Saga me la entrega y tú llegaste tarde. – Shainana abrió sus labios para reclamar pero Milo puso una mano frente a ella y comenzó a caminar. - ¡Vamos que ya estamos una hora retrasados en las revisiones del santuario, todo porque llegaste tarde! – Vocifero a todo pulmón haciendo a la amazona de plata rabiar, mientras ambos emprendían camino.

-¿Qué está haciendo Milo? ¿Tan pronto quiere volver a morir? – Menciono sorprendida Marín que había observado toda la escena en silencio y viendo como se alejaba Milo con un aire de superioridad seguido de una Shaina furica, intercambio mirada preocupada con Aioria que estaba a su lado, ayudándole a levantar una enorme pilastra, el castaño menor la arrojo al suelo y se puso la mano en el costado por lo que Marín se acerco a él y introdujo suavemente su mano hacia el lugar donde Aioria se había fracturado. – No deberías estarme ayudando. – Ronroneo plantando un beso en los labios del león.

-No te preocupes por mi Marín. – Sonrió el castaño abrazando a la amazona, la giro haciendo que ella le diera su espalda y retiro suavemente su melena rojiza descubriendo su cuello el cual beso, lo que hizo reír a la amazona del águila que apretó las manos de Aioria que se aferraban a su cintura. – Tampoco deberíamos preocuparnos con Milo, le gusta jugar con veneno, esta medio loco así que o sabe lo que hace o está preparado para afrontar las consecuencias.

-Creo que va afrontar las consecuencias. – Marín se volvió a girar y tomo con sus manos el rostro de Aioria plantándole un beso cargado de pasión al santo de leo, que sonrió al sentir los labios carnosos de su amazona.

Milo se detuvo de improvisto haciendo que Shaina casi chocara contra él, por lo que la amazona casi tuvo que enterrar sus pies en la tierra, fulmino con su mirada al octavo guardián y agradeció a Athena que sus guardias fueran con Aioros y no con él, pero su mirada capto rápidamente como los guardias se preparaban para acumular los escombros por lo que se adelanto para dar las indicaciones por costumbre ignorando la presencia de Milo.

-Guardias. – Les llamo colocando sus manos sobre sus caderas. – Lleven los restos de las construcciones hacia aquel montículo a la derecha de ustedes. – Sonrió satisfactoriamente y apunto con su uña morada el lugar donde claramente lo quería, pero de improvisto llego Milo y bajo su mano.

-No, no, mal Shaina. – Le reprendió provocando más a la amazona, quería saber hasta cuanto le era capaz de aguantar a esa mandona un superior y claramente él la llevaría hasta sus límites. – Llévenlos hacia la izquierda muchachos, están haciendo un buen trabajo.

-Disculpa. – Shaina alzo una ceja y zafo su mano del agarre de Milo, le miro de arriba abajo al verse cuestionada. - ¿Se puede saber en qué estoy mal según tu?

-Hay Shaina tengo que explicártelo todo. – Se quejo el escorpión dando la espalda hacia la construcción y mirando en dirección hacia las doce casas, apunto el templo de Libra y luego miro a la cobra con la ceja alzada. – Al antiguo maestro, Dokho de Libra ¿Si le conoces no?

-¡Claro que le conozco! – Vocifero exasperada.

-A pues a Dokho le gusta el paisaje y yo no voy a impedirle un gusto a un santo tan grande y sabio como el maestro de libra. – Milo palmeo suavemente la espalda de Shaina y se alejo de ella despidiéndose con la mano. – Iré a supervisar los demás avances encárgate de esto ¿Quieres?

Shaina fulmino con la mirada al santo de escorpión que desapareció tras un montículo de piedras, resoplo furiosa y les grito a los guardias que se pusieran a trabajar y dejaran de estar de chismosos, pero pudo distinguir una sonrisa en sus labios, por lo que se enfureció sintiendo como sus uñas se las clavaba en las palmas, ese imitación falsa de escorpión se las iba a pagar, nadie podía hacerle algo como aquello y continuar como si nada.

Miro a los guardias colocar los últimos escombros en ese montículo y se levanto lista para ir tras Milo, justo en ese momento Dokho llego a su lado con una sonrisa en los labios y le saludo, la amazona agacho respetuosamente la cabeza pero se detuvo cuando el chino la detuvo por el hombro.

-Oye Shaina puedo hacerte una pregunta. – La amazona de la cobra asistió por lo que Dokho se cruzo de brazos y apunto con uno de sus dedos hacia el lado derecho. - ¿Por qué escogiste ese lugar para acumular los escombros? Acaso no era más fácil acomodarlos a la derecha.

Shaina sentía un tic en su ojo al escuchar aquellas palabras del antiguo maestro, sintió la sangre correr de su mano, al apretar fuertemente sus uñas contra su palma hasta que se hizo daño y se las enterró, Milo de escorpio se las iba a pagar. – Quería no estropearle la vista. – Utilizo la escusa que Milo le dio a ella pero Dokho le palmeo suavemente el hombro y se rio.

-Hay hija, te lo agradezco, pero créeme que conocí al santuario en peores situaciones que estas por lo que estoy acostumbrado a verlo tal cual es y encuentro cierta belleza en eso, pues no solo nuestro enemigo ocasiona esos estragos si no que nuestros cosmos son los que también quedan marcados en esas pilastras. – Dokho sonrió orgulloso contemplando con sus orbes marrones todo a su alrededor con un orgullo que fácilmente se expresaba en su rostro.

-¡Me la volvió a jugar! – Shaina se alejo a zancadas enfurecida dejando a un Dokho sorprendido, la rubia golpeo un muro a su lado provocándole un cráter por la fuerza, percibió que el cosmos de Milo permanecía disminuido como si el santo tratara de ocultarlo, prácticamente recorrió la distancia que le separaba de Milo a brincos y observo una cabellera azulada a lo lejos, recostado bajo un árbol cómodamente descansando. – Hijo de su…

Shaina sintió su sangre hervir de coraje, por lo que se lanzo hacia escorpio que aun permanecía acostado con los ojos cerrados pero que respondió rápidamente y detuvo su mano a escasos centímetros de su cara, completamente confundido por aquella acción, pero al ver el rostro de Shaina comprendió que la había llevado a sus límites no supo porque al verla molesta la amazona le pareció algo "hermosa".

-¿Qué haces? – La jalo por el brazo y la tumbo a un lado de él pero la amazona le tomo por el hombro y le halo por el haciendo que tanto Milo como ella rodaban colina abajo, lo que le arranco una risa al escorpión que hizo enfurecer más a la amazona, ambos cayeron separados pero Shaina aprovecho que Milo estaba muerto de risa y se le encimo.

-Me las vas a pagar. – Shaina fue sujetada por las dos muñecas por las potentes manos de Milo que se sentó aun con ella encima y justo en ese momento Aioros cayó a su lado y se cubrió los ojos.

-Lo lamento Milo no sabía… - Se disculpo el arquero volteándose hacia otro lado, volteándose para darles algo de intimidad a la pareja que él pensaba frente a él se amaban mucho.

-No estás malinterpretando. – Comenzó Shaina soltándose de Milo e incorporándose arreglando su cabello y limpiando el polvo de sus rodillas y posaderas.

-Sí, la aventada aquí fue Shaina, yo me estaba portando bien. – Milo dijo la verdad pero le dio un doble sentido a sus palabras lo que hizo a la rubia sonrojarse quien ya no espero más y le planto semejante cachetada en el rostro a Milo. – Y luego se hacen las difíciles. – Refuto algo molesto, pues digamos que Shaina tenía la mano pesada y le volteo a ver amenazante.

-Vengo al cambio de guardias te espero haya arriba. – Aioros miro a Milo con una sonrisa en los labios y brinco en dirección hacia los terrenos que estaban reparando, el peli azul volteo a ver amigablemente a la amazona que claramente le estaba fulminando.

-Te ves muy linda enojada. – La amazona abrió los ojos con sorpresa y su expresión cambio completamente, Milo le sonrió y se despidió de ella mientras caminaba hacia atrás para alcanzar a Aioros. – Fue divertido el día de hoy. – El griego brinco hacia la montaña rocosa por la que Aioros había desaparecido y miro hacia la italiana deteniéndose en el filo del barranco. – Ha se me olvidaba, Shion te cambio a mi guardia.

-¡¿Qué?! – Grito asustada mientras veía a Milo desaparecer.

Afrodita camino apresuradamente por los pasillos del templo del sol sintiendo a su ex amante a sus espaldas en otra ocasión hubiera utilizado todos sus encantos para atraerlo hacia su lecho, pero en ese momento solo deseaba vengar a sus hijos, aquellos que ella misma había inducido en esa pelea innecesaria, por un dios y padre que no valía la pena, por un ser tan despreciable que a Zeus pareció olvidársele darle un corazón. Abrió la puerta de cristal que comunicaba a uno de los jardines del santuario del sol, numerosas plantas colgaban del techo y entrelazaban sus ramas con los árboles y arbustos que de la tierra brotaban en un deseo eterno por intentar alcanzar el cielo, se introdujo a través del extenso follaje siguiendo un camino de mármol que la condujo hacia una fuente que tenía en su centro la proyección del sol teñida en oro puro y frente a ella se encontraba siendo iluminada la tierra, se detuvo sintiendo la gravilla bajo su sandalia, cuando la fuente le sirvió de por medio para separarla de Ares.

Sus ojos se encontraron por primera vez desde que Ares decidiera joderle la vida a Athena, si la ocasión hubiera sido diferente ella le hubiera recibido muy diferente a como ahora lo hacía, clavaba sus ojos verdes en los rojos de su ex amante, quien le miraba sin ocultar su deseo por volver a poseer aquel cuerpo, que ciertamente era el más hermoso y el que más placer podía traer.

-Afrodita. – La llamo estirando su mano pero la diosa se movió en silencio escondiéndose entre las lianas que caían del techo y por la cual sus rubios cabellos y la fiereza en sus ojos hacían parecer una esplendorosa leona. – Tú iniciaste esto, convertiste a mi madre en una mortal.

-Sí Ares yo lo inicie y lo voy a terminar, jamás debí ayudar a tu mortal madre a liberarte. – Afrodita miro que el rostro de Ares cambio y le regreso una mirada amenazante, pero ella hizo aún más énfasis en la humanidad de la ex diosa Hera. – Tanto tiempo criticando a los semidioses, como a Dionisio para que terminara aun más abajo siendo una simple mortal.

-¡Cállate! – Rugió el dios y se propuso a cruzar por en medio de la fuente cuando la imagen de Afrodita comenzó a confundirse entre las plantas, solo sus ojos felinos eran los que sobresalían entre aquella frondosidad.

-No tienes que sentirte mal por ella, esa humana es la que debe sentir lástima por ti. – Afrodita siseo estas palabras con todo el veneno que pudo inyectarle y abrió su vestido mostrando una perfecta pierna torneada en la que tenia sostenida una cinta que rodeaba toda su circunferencia y que tenía dos pequeñas dagas de color cobre. – Engendrar un hijo sin corazón y desalmado, es como si no hubiera dado a luz a nada.

-Pues la nada te complació por mucho tiempo. – Ares introdujo su pierna en la fuente y comenzó a avanzar hacia donde la voz de la rubia se escuchaba aun sin poderla distinguir adecuadamente, pero una rama rota detrás de él le hizo frenarse y esperar con el agua hasta las rodillas a que la diosa del amor volviese a hablar.

-¿Y de que sirvió Ares? – Vocifero llena de amargura, mientras la diosa sentía que su voz se hacía ronca debió al odio que estaba conteniendo en su interior. – Te di hijos y tú les mataste. – Siseo enfurecida. – Si querías vengarte debiste venir hacia mí y no atacarlos a ellos como un maldito cobarde.

Afrodita salió de entre las plantas saltando a la espalda de Ares que la esperaba y ambos cayeron al agua, la diosa del amor empuño la daga e hizo un corte en el cuello de Ares, pero este detuvo su mano y la empujo contra él agua, se aproximo hasta ella viendo como sus cabellos mojados se pegaban a todo el cuerpo de la diosa y sintió el mismo deseo y el verla a la cara empeoro las cosas, esa mirada seductora ahora le miraba llena de odio.

Afrodita movió una de sus manos justo en el momento en que Ares se lanzo hacia ella, pero el dios fue detenido por una rama llena de espinas que se enredo alrededor de su muñeca, clavándole todas las espinas haciendo que la sangre saliera de sus venas y algunas gotas cayeran al agua tiñéndola por segundos de carmín antes de disolverse, Ares tomo la daga con su otra mano y corto la rama, justo en ese momento Afrodita había desaparecido, los ojos rojos del dios comenzaron a seguir el rastro de agua, por lo que salió de la fuente.

-Debiste estar de mi lado Afrodita, ahora tendré que deshacerme también de ti. – Ares comenzó a caminar siguiendo el rastro de la diosa, pero este desaparecía justo a la mitad del camino. Conocía que Afrodita podía transformarse en una planta si era preciso por lo que tiro la daga al suelo y apareció una enorme espada con la que comenzó a cortar todas las plantas cercanas a él.

-Todo lo que está a tu alrededor se pudre o muere. – Afrodita apareció detrás del dios y las plantas alrededor de ellos sujetaron a Ares por las manos y las piernas fuertemente suspendiéndolo en el aire, la rubia se contoneo como un gato hacia él sacando la otra daga que tenia aun en su pierna, se aproximo al dios garantizando el amarre de este y le miro llena de odio. – Porque no vemos si tienes corazón Ares. – Y Afrodita encajo la daga justo en medio del pecho del dios quien sintió como esta entraba lentamente a su tórax y se removía en su interior haciendo cortes. - ¡Mataste a nuestros hijos! Que esperabas que te recibiera con los brazos abiertos.

-En realidad espere que fueran las piernas ya que eres tan fácil. – La ofendió el dios, Afrodita abofeteo con su mano derecha la mejilla izquierda del dios que sonreía y esta se torno roja, en ese momento la diosa tomo la espada en el suelo y la encajo en el abdomen de Ares. – Somos dioses Afrodita podemos hacer esto toda la vida, pero yo ya me canse de hacerlo.

Ares apareció una nueva espada en su mano izquierda con la cual se libro de sus ataduras y luego hizo lo mismo con sus otras extremidades, Afrodita retrocedió al reconocer la ira de Ares y pudo frenar el primer estocado del dios, ciertamente ella no era una guerrera no era como Artemisa ni Athena que sabían usar las ramas, ella sabia utilizar a otros dioses o guerreros para que lucharan en su nombre porque ella no sabía pelear en realidad y ahora no solo estaba luchando si no que lo hacía con un dios experto en la guerra. Ares la golpeo con una patada en el estomago derribándola y se aproximo a ella con la espada extendida apuntando hacia su cuello, la rubia alzo la mandíbula mirando a los ojos al pelirrojo aun con odio mientras retrocedía lentamente con sus manos.

-¿Decías? – Pregunto Ares e hizo un corte en el brazo de la deidad del amor pero esta uso la raíz de una planta y derribo al dios de la guerra teniendo que girarse para evitar que el dios la hiriese de nuevo con la espada, toco su hombro sintiendo la sangre correr por su brazo, por lo que rodeo el cuello de Ares con una guía con espinas y apretó su cuello, pero el dios volvió a cortar la planta y se acerco a ella. – Pudimos habernos divertido mucho, pero eso se acabo.

-Se acabo hace mucho. – Afrodita se incorporo y vio como Ares dirigía su espada hacia ella, en ese momento Dionisio apareció y tomo la espada que la rubia había abandonado en el suelo y detuvo la espada de su medio hermano, que gruño al verlo aparecer y que frustraba sus planes, Dionisio como buen marinero también conocía el uso de la espada por lo que no le costó intercambiar con Ares unos cuantos embates y contrarrestas.

Afrodita observando la batalla que se alzaba frente a ella tomo su daga en el suelo y la lanzo atinadamente contra el pecho de Ares donde se clavo pero no solo eso, Afrodita utilizo la antigua liana con espinas que atravesó sin misericordia el pecho del dios provocándole una herida, mientras las demás plantas o ramas hacían el máximo daño posible al dios que gritaba exasperado y enfurecido mientras las cortaba, Dionisio tiro la espada al suelo y se encamino hacia la rubia a la cual tomo de la mano.

-Nos vamos. – Y en un destello rojizo el dios del vino y la diosa del amor desaparecieron, dejando no solo al ex - amante en una lucha contra aquellas plantas si no también toda la pasión y deseo que la rubia pudo haber sentido por el pelirrojo ahora eran enemigos declarados.

-Kiki. – Mu acerco el desayuno a su alumno que estaba tranquilamente sentado elevando el frutero con su telequinesis.

-Gracias maestro. – Kiki tomo su desayuno moviendo felizmente sus piernas. - ¿No va a comer?

-Ya desayune Kiki. – Respondió el lemuriano mayor recorriendo la silla con su mano izquierda y se sentó frente a su alumno.

-Teseo ha mejorado mucho con la ayuda del señor Aldebarán, creo que llegara a ser muy fuerte. – Kiki se metió un trozo de alimento a la boca y le sonrió a su maestro. – El otro día estábamos en el coliseo cuando usted me mando a darle 30 vueltas porque comí demasiados dulces y me encontré con él, estaba entrenando con un niño llamado Dailos y Teseo le dio un golpe que lo sentó, a veces quisiera entrenar con él.

-Kiki sabes bien que le ganarías. – Repuso el lemuriano modestamente. – Además ese niño tarde o temprano será tu compañero de armas, cuando tú seas santo dorado de Aries y él de Tauro. –

-Preferiría nunca ser santo y siempre tenerlo a mi lado maestro Mu. – Kiki le observo por unos segundos pensando en cuantas veces había imaginado que el santo de Aries regresaba al santuario victorioso junto a su diosa después de la guerra santa, más de una vez lo imagino y más de una vez se tuvo que desmentir. – Maestro pero sus compañeros dorados también entrenan en la arena ¿Por qué usted casi nunca les acompaña?

-Ya me enfrente con algunos de ellos en la guerra santa y la verdad no me quedaron ganas de pelear con mis compañeros de orden, ellos son como mi familia Kiki y algún día tal vez tus compañeros de orden signifiquen lo mismo para ti como en la actualidad ellos lo son para mí. – Mu guardo silencio cuando sintió el cosmos de Shaka y Shura elevarse para avisarle que estaban en la puerta detrás de Aries. – Termina tu desayuno.

Salió de la parte privada del templo para encontrarse con sus compañeros que vestían sus ropas casuales y llevaban su armadura a cuestas guardadas en sus cajas de pandora, ambos hicieron un gesto a modo de saludo y se acercaron a él.

-Buenos días Mu. – Saludo Shaka amablemente.

-¿En qué les puedo servir? – Mu lo supo al instante pero quería que ellos lo expresaran de viva voz, para un artesano como él era prioridad escuchar desde los más orgullosos y fuertes caballeros de la orden de Athena expresar su preocupación por sus propias armaduras.

-Pues… veras… - Shura miro a Shaka como dudando enseñarle la armadura de capricornio a Mu, pero Shaka le apoyo con la mirada, soltó un suspiro y se quito su caja de pandora poniéndola suavemente en el suelo, elevo su cosmos y la armadura de capricornio apareció frente a ellos, Mu casi grita al ver los daños de aquella armadura dorada, ni los caballeros de bronce habían traído la armadura en las fachas que sus compañeros la traían y se pregunto si la de Shaka estaría igual o peor a la del capricorniano. – Recibieron un solo rayo del arma de Zeus y defendieron nuestras vidas, sin ellas Shaka y yo hubiésemos muerto, pero en nuestro lugar ellas resultaron dañadas a este grado y queríamos saber si podíamos hacer algo para sanarlas.

-Claro que sí ¿Puedo? – Miro a Shura que asistió, se acerco a la armadura del noveno guardián y la toco utilizando la punta de sus dedos para que la armadura expresara todos sus sentimientos y daños a través de aquel delicado contacto, pareció como si le contase la historia de su vida y a todos los guerreros que había defendido en nombre de Athena, un brillo ilumino a Mu y este se trasmitió a la armadura que reconoció al artesano. -¿Y eso que significa? – Le interrumpió Shura mirando asombrado lo que su armadura hacia.

-Están algo dañadas. – Mu se agacho al nivel de la armadura de capricornio y contemplo algunas grietas que tenia tocando el casco que se cayó y se partió por la mitad, Shura profirió un grito de impresión y se puso pálido. – Extremadamente dañadas. – Confirmo mirando el casco en el suelo.

-Pero tienen solución ¿Verdad? Porque la de Shaka está igual o peor. – Le apunto el español con el dedo índice a la caja de pandora.

-Recibimos el mismo impacto. – Refuto el sexto guardián.

-Pero no consideraste que tu armadura recibió la exclamación de Athena en la guerra santa, mientras yo pelee con un sapuri, por ende tu armadura está más dañada. – Shura observo haciendo que Shaka sonriera nervioso ante la revelación.

-A ver. – Menciono Mu con cierto miedo de ver la armadura de su amigo, la caja de pandora se abrió y a penas el lemuriano iba a tocarla cuando las manos de la armadura se vinieron abajo, Shura miro a Shaka y este a Mu, claramente preocupados.

-Qué bueno que tenemos las armaduras más fuertes, si hubieran sido santos de plata sus armaduras serian solo polvo de estrellas pues no aguantarían el uso que les dan. – Les reprendió tranquilamente Mu, justo en ese momento Kiki salió de la cocina corriendo hacia Mu.

-Ya termine maestro. – Los ojos del pequeño pelirrojo recorrieron a los dos santos de oro frente a su maestro y luego las armaduras presentes, abrió los ojos sorprendido y miro a Shaka y Shura. - ¿Qué les hicieron? – Menciono alarmado, lo que en realidad preocupo a los dos guerreros que intercambiaron miradas.

-Kiki ve por tus cosas para entrenar. – Mando Mu mientras su discípulo miraba aun preocupado al sexto y decimo guardián. Se alejo resignado dando pequeños pasos hacia la parte interior.

-Al menos sabemos que sus habilidades como artesano están bien. – Shura le miro alejarse, reconociendo el potencial en el pequeño niño y nuevo aprendiz a Aries. – ¿Qué podemos hacer por ellas Mu?

-Sangre, una gran cantidad de sangre. – Los dos caballeros estiraron sus manos ofreciendo todo lo que tenían para sanar a aquellas armaduras doradas que les habían salvado la vida y por la que ellos se jugarían todo por recuperar.

Kanon caminaba por las ruinas del santuario con un curso fijo Cabo sunion sabia que gran parte de la desgracia del santuario comenzó en ese lugar y ahora que sabía que sus ex compañeros estaban vivos quería recordar su pasado, si quería aclarar las cosas en su futuro, camino en silencio hasta que pudo distinguir el sonido de las olas de aquella playa que tronaban embravecidas contra un peñasco que impedía su avance a tierra y que había sido su enemigo durante milenios, uno queriendo avanzar el otro impidiéndoselo y sonrió tristemente ante aquella imagen pues el había sido aquel peñasco para Saga, se dejo caer en una piedra para contemplar la marea y el constante romper de las olas.

-Kanon. – Escucho que le llamaban se giro y se sorprendió de ver a Camus frente a él, observándole con su habitual mirada fría, pero él aún recordaba al pequeño francés que de frio no tenía nada en su infancia. Y eso era muy habitual al no haber tenido contacto con muchos años las imágenes de la infancia de sus compañeros como los conoció venían sin querer a su mente, era la forma en que más les recordaba de hecho la única. – Te busque en géminis pero Saga me dijo que habías salido.

-No es muy habitual en ti darles vueltas al asunto. – Kanon miro por encima de su hombro como Camus se acercaba a él, muy pocas veces había hablado con el galo y sabia que este no buscaba motivos absurdos para encontrar una plática, misteriosamente Camus encontraba comodidad en el silencio a diferencia de muchos caballeros, que el silencio siempre era incomodo.

-Tienes razón. – Camus se recargo en el paredón de piedra cerca a Kanon cruzo sus brazos sobre su pecho sintiendo la brisa del mar que le salpicaba. – Es sobre Isaac de Kraquen, era mi alumno.

-Lo sé, cuando llego ese niño al fondo marino, supe por el entrenamiento que tenía que era un aprendiz del santuario, platico mucho acerca de ti y de tu otro discípulo, claramente utilice su confusión para transformarlo en odio contra Hyoga. – Kanon paro mirando como el francés tensaba la mandíbula, no le preocupaba que Camus viera como él contamino a su alumno si no que el francés la emprendiera contra Isaac.

-No debiste hacer eso, Kanon. – Soltó tranquilamente. – Hyoga no fue el culpable de que Isaac casi muriera, fue una irresponsabilidad mía, el descuido lo cometí yo. – Admitió el galo, se separo de la pared y miro al gemelo menor. – Ciertamente no tengo nada que reprocharte acerca de lo que paso con Isaac tu salvaste su vida, pero eso no cambia que él es una marina de Poseidón.

-Sabes bien que el que Isaac desapareciera marco un oportunidad para que Hyoga se transformara en el caballero del cisne. – Kanon se levanto y miro hacia él horizonte justo el mismo lugar que su compañero de la onceava casa veía.

-Eso nunca lo sabremos, pero ahora que veo a Hyoga me alegro que Isaac y él no hubiesen peleado por la armadura de otra forma Hyoga hubiese matado a su amigo en vano, ya me mostro que tiene más habilidades de las que yo llegue a imaginar. – Admitió el galo emprendiendo el camino por el que había venido. – De cualquier forma. – Camus se detuvo dándole la espalda al menor de los gemelos. – No importa cual era tu motivo tras salvar a Isaac, muchas gracias por cuidarlo.

-He Camus – Le llamo intrigado. - ¿Quién crees que hubiese sido el sucesor a la armadura de acuario de ellos dos?

Camus volvió a detenerse, se dio media vuelta para observar a Kanon que le miraba con curiosidad, esa pregunta se la había hecho el por mucho tiempo sin encontrar una respuesta, pues él hubiera no existía, pero claramente suponiéndolo, si encontraba a uno de ellos alzándose como el caballero de acuario. Isaac tenía todo, aprendía rápidamente, concentraba de forma excelente su cosmos, se enfocaba en su pelea dirigiendo su mente a un solo objetivo, frio e incluso el llego a pensar que Isaac mataría a Hyoga, pues este siempre se la pasaba llorando, esforzándose con un débil objetivo, siendo muy sentimental, incluso esto llego a exasperarlo. Guardo unos segundos silencio y miro los ojos esmeraldas de Kanon que chocaron contra sus ojos zarcos.

-Hyoga. – Kanon sonrió al escuchar esta respuesta y volvió su vista al horizonte, Camus le miro unos segundos más y emprendió su camino hacia el santuario. La diferencia radicaba en que el ahora general marino era tan parecido a él que siempre tendría un límite, a diferencia de Hyoga que encontró el frio extremo dentro de la calidez de sus sentimientos, eso le hacía superior a Isaac.

Milo estaba en la arena contemplando como entrenaban los santos de plata a su lado Camus permanecía con el ceño arrugado claramente pensando en otra cosa menos lo que ocurría frente a él, por lo que le paso una mano por los hombros y lo palmeo amistosamente ganándose una mirada fría de su compañero y sintiendo como su brazo comenzaba a congelarse lo retiro rápidamente y elevo su cosmos para descongelarlo.

-¿Por qué no vas con él? – Milo obviamente se refería a Isaac pero el galo solo negó y continúo con la mirada perdida en la arena. – Ya le perdiste una vez.

-Milo sirve a Poseidón. – Determino secamente el acuariano viendo a Marín, Albiore, Orfeo, Shaina, Capella, Dante y otros santos que entrenaban animadamente uno contra otro.

-Ahora es nuestro aliado, yo no le veo problema a eso. – Le animo, justo en ese momento llegaron a cercanos a ellos Afrodita y Mascara de la muerte sentándose cercano a ellos, saludándolos con un asentimiento a lo lejos.

-Pues bien veamos que tan preparados están los santos de plata. – Milo palmeo sus rodillas y se levanto, pero la mano de Camus le detuvo rápidamente. - ¿Qué? Solo será entrenamiento lo prometo, soy un santo dorado y me preocupo por mis subalternos.

-Es que tú me preocupas a mí, no quiero que te ganen. – Bromeo por lo bajo Camus haciendo que Milo hiciera un puchero y se quitara el agarre del santo de acuario.

-Jaja que gracioso. – Le saco la lengua. – Recuerda quien te dio una paliza la otra vez. – Milo se alejo muy orgulloso de su amigo, que si hubieran estado solos ambos hubieran reído pero tenían que mantenerse a la altura. Si bien si Milo estaba haciendo aquello era solo porque quería sacar a Shaina de nueva cuenta de juicio, provocarla un poco más, haber hasta donde podía aguantar, se apoyo en la barrera de contención y salto hacia la arena.

-¿Quién de ustedes es el valiente de entrenar contra un santo dorado? – Les reto a los caballeros de plata una vez que estaba frente a ellos quienes se miraron uno a otro sorprendidos de que un santo de oro por primera vez se ofreciera a ayudarlos en un entrenamiento. – Vamos. – Les animo. - ¿Qué les preocupa si fueron a decirle al patriarca lo incompetentes que éramos para cuidar de Athena? ¿Por qué no me muestran su fuerza?

Camus negó profusamente el atrevimiento de su compañero, mientras Cáncer y Piscis se acercaban a la arena curiosos ante aquel combate, ciertamente ninguno de esos caballeros de plata seria oponente para Milo, a excepción de dos Orfeo y Albiore quienes se decían que podían equiparar sus poderes a los santos de oro.

-Yo te lo demostrare Milo. – Albiore dio un paso adelante hacia Milo mientras Camus se golpeaba la frente, el escorpión dorado sonrió nervioso, pero asistió.

-Bien prepárate Albiore. – En ese momento Camus brinco a la arena y se acerco presurosamente hacia él tomándolo por el brazo y alejándolo del grupo de los santos de plata. – No pensé que el aceptaría, después de todo yo le mate en la isla Andrómeda, quería disculparme con él y tal vez esta sea la ocasión perfecta, nosotros estábamos equivocados él no.

-Milo piensa bien esto. – Le pidió el francés, el octavo guardián miro por encima del hombro de su amigo y vio a Albiore que le miraba tranquilamente, por lo que elevo ambos hombros y suspiro.

-Como me gusta meterme en problemas. – Resoplo sobándose las manos y dándole vueltas a su hombro preparándose. – Yo me hare cargo de esto Camus.

-Afrodita. – Mascara de la muerte detuvo a su amigo por el hombro pero este alejo su mano con un manotazo y continuo caminando hacia Milo, esquivo a Camus y tomo al santo de escorpión por el brazo halándolo hacia atrás.

-¿Qué haces florecita? – Bromeo Milo acomodándose la ropa.

-No puedes luchar contra él. – Afrodita miro del escorpión al caballero de cefeo y después vio la cara de confusión de Camus y la preocupada de Mascara de la muerte.

-¿Por qué? – Pregunto molesto al ver la cara de mandato de piscis al tiempo que escuchaba a Shaina apurándolo y a los caballeros de plata silbar. –Ya he luchado con él una vez no es…

-No lo entiendes. – Balbuceo Afrodita, Cefeo comenzó a caminar hacia ellos. – Tu no luchaste solo en la isla Andrómeda Milo, yo…

-¿A qué te refieres? – Camus y Mascara de la muerte se percataron del cosmos alterado de Milo que se encendió peligrosamente, incluso Albiore se detuvo aun alcanzando a escuchar la conversación de piscis y escorpio, miro a los cuatro santos dorados, mientras la vista de todos los presentes se fijaban en el lenguaje corporal del escorpión dorado.

-Milo yo te seguí hasta la isla Andrómeda por orden de Ares y al ver que Albiore detuvo tu técnica y se iba a desarrollar una batalla de los mil días yo le ataque a traición. – Milo cerró su puño enfurecido y golpeo el rostro de piscis arrogándolo contra una de las paredes del coliseo.

Todo paso tan rápido que muchos de los presentes no terminaron de entender que había ocurrido y porque el caballero de escorpio había golpeado a piscis de esa forma, Albiore se quedo quito al escuchar aquello y ver la reacción del caballero de escorpio que ahora veía herido su orgullo, Mascara de la muerte y Camus se miraron sorprendidos, Mascara claramente sorprendido y Camus sorprendido por la fuerza que su amigo puso en aquel golpe.

-Milo. – Camus se acerco a él pero una mirada de azul contra azul hizo al francés detenerse. –Debes…

-No te metas en eso, eso también va para ti Cáncer. – Espeto furioso fijando su mirada azul en la nube espesa de polvo y escombros donde Afrodita había impactado. Milo prácticamente se cejaba al ver herido su orgullo como caballero…

Continuara…

A los anónimos les contestare por aquí debido a que el cap es muy largo y a los que tienen cuenta en fanfiction les enviare un mensaje espero esta nueva forma les agrade, si hay algún inconveniente pueden decírmelo.

CordeliaBlackCat: Si a mí también y no quiero eso. Me duele el corazón cada vez que lo veo luchar contra Milo, jajaja tu tranqui un doradito va a morir cuando menos se lo esperen jajaja muajajaja.

Triniti: Que bueno que te haya gustado y créeme que tomo en cuenta lo que me dicen en los comentarios.

Joana: Jajaja me mataste de risa con lo que pusiste acerca de mi, pero no te preocupes los santitos están en buenas manos por ahora. Deseo cumplido Ares no se fue limpio el mal nacido. Muchas gracias por tu comentario.

Carlos: Que bueno que te gusten las partes donde sale los gemelos, trato de siempre mostrar que la vida no es ni tan buena ni tan mala y que todos tenemos algo que ir arrastrando pero que a la vez nos da fuerzas para seguir adelante. Si mi Athena será un poco más guerra y no tanto una mercancía del mercado negro. Y ya prometo meter a los de bronce pero es que quiero tanto a los dorados que los demás se me olvidan.

Caliope07: Siempre primero vienen las lagrimas, después el dolor y al final la venganza ella no se iba a quedar de brazos cruzadas después de que el maldito de Ares hiciera algo como aquello.

KarliCM: Obviamente la diosa del amor no se iba a quedar con los brazos cruzados.

Beauty: Gracias por tu comentario.

Gracias por sus comentarios a todos aquellos que se toman la molestia de escribirlos y también espero y les haya gustado el capitulo

Atte: ddmanzanita.