Muchas gracias por todos sus comentarios del capítulo pasado, sin más que decirles aquí les dejo este otro capítulo de mi historia, que lamentablemente se prepara para sufrir una tragedia ¿Quién será?

Capitulo 17 Este es el camino a las estrellas.

Cronos estaba sentado frente a sus hermanos, esta vez sin la intervención de otros dioses únicamente los titanes restantes se encontraban frente a él, agacho el rostro pensativo, al tiempo que entrelazaba sus dedos frente a él, Rea a su lado tamborileaba suavemente sus dedos contra la mesa, Hyperion y Ceo se mantenían con los brazos cruzados sobre el pecho, Crio claramente estaba desparramado en su asiento y una de sus manos sostenía su barbilla y el resto se encontraban meditando la pregunta de Cronos ¿Qué recordaban acerca de la titanomaquia?

-Definitivamente Mnemosine borro mis recuerdos, no puedo pensar en nada del pasado, tan solo que perdimos y nos encerraron en el tártaro. – La voz suave de Febe resonó en el lugar, mientras Cronos se levantaba impaciente de su asiento y comenzaba a caminar alrededor de la mesa.

-¿Cómo consiguió Zeus mi rayo? – Ceo siguió a su hermano menor con la mirada, ahora el titán se encontraba recuperado con ambos brazos a pesar de haber recibido el ataque de Shura al ser un ser inmortal su cuerpo podría regenerarse con facilidad, era por ello que la agonía de Prometeo fue una de las peores que a Zeus pudo ocurrírsele para castigarlos, la tortura eterna.

-Le guardaste en tu mente, hermano. –Hyperion intervino, se llevo ambas manos a la cabeza esforzándose por recordar, pero esto le hizo frustrarse aun más. – Mnemosine manipula los recuerdos y pensamientos, ella pudo haberlo sacado y entregárselo a Zeus pero ¿Por qué traicionarnos?

-Eso no importan, esa arma en manos de tu hijo Cronos fue lo que definitivamente pudo llevarnos a la derrota. – Crios se gano una mirada asesina por parte del pelinegro la cual ignoro olímpicamente, lo aceptase Cronos o no, Zeus era su hijo, el hijo que cumplió la profecía de Urano. – Pero aún se nos escapa algo.

-No solo nos encerraron. – Rea fijo su vista perdida en el centro de la mesa, recargo su codo en el fino metal y sobre su mano blanquecina apoyo su mentón, parecía que la titanide hablara hacia él vacio, mientras vagos flashblack venían a su mente. – Puedo recordar que al tiempo que éramos lanzados al tártaro Mnemosine…

-Manipulo nuestros recuerdos y ayudo a los dioses a desprender parte de nuestros poderes sellándolos en un cofre… - Tea miro a los ojos a Ceo que le quedaba enfrente y sacudió su cabeza como si esto llenara de claridad sus recuerdos, quitándose la densa bruma en la que pensaba cada vez que intentaba recordar la Titanomaquia. – Pero no sé donde pudieron depositarlos.

-Solo un dios mayor puede saberlo. – Comento Cronos paseándose por toda la estancia. – Poseidón moriría antes de decirnos algo al igual que Zeus ambos se rehusarían ha hablar y Hades esta en ese estado vegetativo.

-¿Y tus otros hijos? – Febe comento, mientras Rea le sonreía.

-Hestia y Demeter. – Repuso la titanide madre de los dioses olímpicos. – Ellas dos pueden saber el lugar donde se deposito ese cofre, por alguna razón pienso que le ocultaron en la tierra, hubiese sido su perdición si le guardasen aquí en el Olimpo.

-Obviamente tomaron esa precaución. – Cronos poso sus manos sobre los hombros de su esposa quien beso suavemente una de sus manos. – Tres de nuestros hermanos han caído a causa de esa debilidad, es vital para nosotros el conseguirlos de esa forma el equilibrio entre los poderes de nosotros y los dioses se rompería, siendo superiores a ellos como lo fuimos en el pasado, la guerra se inclinaría hacia nuestro lado, para ello podemos usar a Ares y Persefone, hacedlos pasar.

Crios se levanto arrastrando su silla y recorrió la separación entre la puerta y la mesa a zancadas, le abrió con su telequinesis y miro a ambos dioses aguardando en la pequeña sala continua que se levantaron al verlo, intercambiaron miradas y con esto les basto para saber porque Crio estaba allí, se dirigieron hacia la puerta y entraron tomando asiento al lado de Febe y Tea.

-Nietos míos. – Les hablo suavemente el titán observando a ambos fijamente mientras apretaba delicadamente los hombros de su esposa. – Necesitamos de ustedes, como ustedes de nosotros, la recompensa que les daré a ambos por su lealtad será gloriosa, para ti Persefone si tengo tu entera fidelidad no solo brindare parte de mi cosmos para despertar a Hades si no que le perdonare el haber cometido aquel agravio contra nosotros y le permitiré reinar el inframundo contigo.

-¿Y mi madre? – La pelirroja cuestiono al dios reteniéndole la mirada.

-Se le otorgare su perdón, siempre y cuando resida contigo y Hades. - Respondió Cronos observando como la pelirroja asentía gustosa y luego miro hacia Ares. - ¿Y tu nieto mío, no me has pedido nada?

-Quiero ser yo quien me encargue del destino de la tierra. – La sonrisa en los labios del pelirrojo hicieron estremecerse a Febe, nunca como titanide se preocupo ella o sus hermanos por la tierra pero sabía que si esta caía en manos de Ares todo ser vivo encontraría su fin pronto.

-Hecho, pero esto significa su completa fidelidad hacia mí, harán cualquier cosa que yo les mande. – Los ojos rojos del titán viajaron de un dios al otro estudiándolos a profundidad, sus movimientos, su respiración, sus facciones, su mirada, analizo cualquier expresión que pasara sobre ellos y sonrió satisfecho al no atisbar en ninguno de los dos dudas. – Bien, Persefone ¿Has podido liberar a mis hermanos que han caído de nueva cuenta al tártaro?

-Athena, Poseidón y Artemisa han puesto un sello contra todo aquel que han enviado al tártaro lo que me impide sacarles. – Repuso rápidamente la pelirroja, Cronos asintió resignado y miro a Ares.

-¿En qué piensas? – Le cuestiono Hyperion adelantándosele a su hermano a cualquier pregunta.

-Soy un dios de guerra, por ende se de estrategia y naci sabiendo miles de formas para aplastar a mi enemigo. – Ares se balanceo sobre su silla mirando divertido a los 8 titanes restantes frente a él que le miraban con cierta curiosidad a diferencia de sus iguales que siempre le miraron con recelo y un cierto temor. – Desde Artemisa hasta Athena tienen guerreros fuertes y que no dudo enviaran cada vez que ustedes o nosotros intentemos apoderarnos de algo, ciertamente son humanos pero he comprobado o al menos en la orden de Athena, que sus santos dorados son fuertes. Si queremos llegar hacia Athena o Poseidón tenemos que deshacernos de esos humanos. – Continuo el dios de la guerra pero Ceo intervino.

-¿Por qué deberíamos preocuparnos por simples humanos? Su cosmos es inferior al nuestro. –

-Porque yo conviví con 10 de ellos por 13 años, se de lo que son capaces y el nivel que sus cosmos pueden alcanzar, uno de ellos ya termino con uno de ustedes, su hermana Temis enfrento a Milo de escorpio, sinceramente no es el más fuerte de los doce, pero su cosmos es de temérsele. – Los titanes intercambiaron una mirada, era cierto si querían debilitar las defensas de Athena tenían que mermar sus líneas primero, lo mismo debía ocurrir con Artemisa y Poseidón, jamás podrían tocarles hasta que ninguno de sus guardianes estuviera ahí para intervenir y solo había un camino para ello; la muerte. – Pero así como conozco sus fortalezas también se de sus debilidades.

-Bien, entonces atacaremos de nuevo. – Cronos apoyo sus manos extendidas sobre la mesa y miro a todos los reunidos ahí. – Persefone debes ir a por tu madre y llevarla al inframundo, Ares tendrás el honor de comenzar a limpiar la tierra de basura atacaras el templo de Dionisio en Delfos, quiero a todos los dioses rendidos ante mis pies y sé que Mnemosine les ha otorgado una ventaja contra nosotros, averigua que es y destrúyelo, el resto del plan lo trazaremos conforme comencemos a tomar ventaja, pero les puedo asegurar que esta vez Athena y Poseidón enfrentaran una humillante derrota.

-No se metan esto es entre Piscis y yo. – Milo se abalanzo hacia la densa capa de humo y escombros que sobrevolaban el aire en busca de Afrodita, el sueco se estaba levantando del suelo cuando las manos del escorpión se enrollaron alrededor de su cuello y le alzaron dejando que sus pies no tocasen el suelo, si Afrodita hubiese sido un santo de plata o bronce su cuello se hubiese quebrado ante la presión pero al ser un santo dorado podía soportar la fuerza de Milo, que claramente buscaba el provocarle daño, el doceavo guardián no movió ni una mano para defenderse por el contrario dejo que la furia de escorpio hiciera cualquier estrago sobre su cuerpo, entrecerró los ojos ante la falta de aire y rápidamente su piel comenzó a adquirir una coloración amoratada alrededor de los puntos de presión que Milo ejercía sobre su cuello.

-¿Qué hacen? Deben pararlos. – Shaina le menciono rápidamente en italiano a Mascara de la muerte quien negó.

-Las cosas entre santos dorados muy pocas veces se solucionan hablando. – Contesto el guardián de la cuarta casa mirando como Milo apretaba más el cuello de su amigo.

-Si les interrumpimos ahora eso solo aumentara el odio de Milo hacia Afrodita. – Repuso Camus, sorprendiendo tanto a Mascara y Shaina de que hubiese entendido el italiano y respondido a la perfección en esa lengua.

-Tienen que pararles. – Susurro la rubia mirando en dirección hacia donde ambos santos dorados estaban arreglando sus cuentas. – Si el patriarca se entera…

-El siempre se entera Shaina. – Repuso el italiano restándole importancia y yéndose a recargar en el muro del coliseo fingiendo indiferencia y observando por el rabillo del ojo la situación de su amigo, para quienes no le conocían aquello solo demostraba la crueldad del santo de cáncer pero para Camus sabia que Mascara estaba pasando por la misma preocupación que él, ambos conocían el carácter explosivo y agresivo del escorpión dorado y que cuando el enojo se apoderaba de él le cegaba iracundamente.

-Pero… - Shaina miro hacia ambos santos dorados y luego hacia los que hacianse llamar sus mejores amigos, Marín le detuvo del hombro y negó con suavidad, ningún santo de plata o bronce debían intervenir en los asuntos de los dorados, pues solo ellos sabían lo que en realidad había ocurrido dentro de la elite dorada, solo ellos conocían la verdad que muchos caballeros a penas sabían a medias.

Milo estrangulo con más fuerza el cuello de Afrodita quien claramente no estaba poniendo resistencia y cuando el santo de las flores estaba a punto de perder el conocimiento por la falta de aire, el griego le soltó y le dio la espalda. El de cabellos celestes comenzó a respirar trabajadoramente tomando grandes bocanadas de aire mientras su delicada mano sobaba su cuello, miro como las manos del escorpión aun temblaban por el coraje.

-No hay ninguna excusa que darte Milo, solo puedo decirte que lo siento. – Articulo entrecortadamente por la falta de aire. – Ninguna acción que haga o algo que diga cambiara el pasado, ni quien fui, ni lo que hice en ese momento, pero claramente estoy aquí para enfrentar las consecuencias de mis acciones.

-Deberías callarte. – Susurro trémulo Milo por encima de su hombro, sus ojos se posaron en Albiore que contemplaba en silencio todo lo que ocurría frente a él.

-Ya me he callado por mucho tiempo. – Afrodita se incorporo y camino hacia escorpio, observando una mirada cargada de precaución de Camus y Mascara de la muerte, el hecho de que Milo le hubiese soltado no significaba que la furia del octavo guardián hubiese cesado. – Cometí infinidad de errores en el pasado Milo y quiero encontrarles una solución.

-Para mí es suficiente. – La voz de Albiore rompió toda la tensión que ambos dorados habían levantado, se acerco en silencio hacia ambos guardianes y se detuvo frente a Milo. – Se que el orgullo puede cegar más que quedarse sin ese sentido y fue lo que a ustedes como orden dorada les paso, se concentraron en sus casas y sus armaduras doradas sin cuestionarse quién estaba detrás de ustedes y no les culpo por ello, muchos santos de plata y bronce creyeron en la figura del patriarca y cualquier orden que dio debía obedecerse por ustedes pues así se les inculco y educo desde jóvenes, los santos dorados los más fuertes, cercanos y leales al patriarca ¿No es así?

Mascara de la muerte y Camus escuchaban con atención las duras pero verdaderas palabras que salían de la boca de quien fuera maestro de Shun y encargado de la isla Andrómeda. Milo y Afrodita estaban parados hombro a hombro frente a quien ambos habían asesinado a sangre fría sin conocer que la razón que el caballero de Cefeo tenia contra el santuario era la correcta, pero siempre había sido así, aquel que supiera la verdad acerca del patriarca no había otra forma que silenciarlo más que la muerte y Albiore encabezaba la lista negra en ese entonces.

-Pero ¿Por qué nunca se cuestionaron acerca de Athena? – Aquello fue un golpe en el orgullo de los cuatro santos dorados presentes que intercambiaron miradas entre ellos compartiendo la respuesta en su mirada "orgullo" por eso jamás pensaron en su diosa, pues creía que al cumplir las órdenes del patriarca hacían y complacían los deseos de Athena.

-¿Y a que viene todo esto Albiore? ¿Nos echaras nuestros errores en cara para qué? – Milo rompió el silencio y su mirada comenzó a serenarse. - ¿Por qué si tu lo sabías no hiciste nada para cambiarlo? ¿Por qué no hiciste conmigo lo que tu alumno y los demás santos de bronce hicieron con Aioria? – Los santos de plata ahí presentes se miraron entre ellos preocupados, sabían que algunas de las palabras de Albiore estuvieron cargadas de veneno hacia los dorados y que esto solo demostraba la forma dura de enseñar del caballero de Cefeo.

-Porque preferí morir yo a que la orden dorada se matara entre sí. - Las palabras abandonaron la boca de Albiore como un silbido y dejaron a Milo sin aliento, comprendiendo que las palabras de cefeo eran ciertas, Afrodita no solo iba a ayudarle a terminar con la vida del caballero de Cefeo, Ares le había enviado para que terminara con la vida de Albiore antes de que le dijese algo a él y si se lo hubiera dicho Afrodita debía enfrentarle en la isla Andrómeda hasta que uno de los dos terminara muerto y en aquel entonces el doceavo guardián ya era un caballero experimentado mientras él era nuevo en todo aquello, Afrodita seguramente hubiera sido más venenoso que él.

-Albiore tiene la razón Milo, si tú hubieras tenido la más mínima duda yo debía eliminarte. – Afrodita menciono suavemente aquello preparándose para sentir la ira del escorpión dorado otra vez pero Milo permaneció en su lugar apretando los puños en un intento desesperado por contener toda la rabia. – Lamento Albiore el haberte asesinado a traición y lo siento también Milo.

-Acepto tu disculpa piscis. – Menciono Albiore y ambos santos miraron hacia Milo que claramente estaba luchando contra él mismo para contener toda la rabia contra sí mismo y contra sus compañeros ¿Cuántos malditos errores habían cometido en el pasado? Y todos ellos solo contribuyeron a que la mentira de Ares se mantuviera por trece malditos años. – Milo tampoco guardo ningún resentimiento contra ti. – Albiore estiro su mano hacia escorpio quien la tomo y la estrecho aún con las palabras del rubio en su mente. La orden dorada ya había cometido muchos errores no podían permitirse ninguno más.

Se dio media vuelta y paso entre Mascara de la muerte y Camus a quien le dirigió una rápida mirada dándole a entender que ya había terminado y que se dirigía hacia el octavo templo, Camus le miro alejarse hasta que Milo salió del coliseo, descruzo sus brazos y miro hacia Afrodita.

-Milo está dolido por ello tiende a cegarse, una vez que se calme y piense fríamente analizara las cosas con mayor claridad, pero eso puede llevar algo de tiempo. – Menciono el mago de los hielos a su vecino por medio del cosmos, solo intercambiando una rápida mirada con el de los ojos celestes. – Al final diste un gran paso hacia la redención Afrodita.

-Lo comprendo. – Respondió el santo del doceavo templo mirando como Camus salía del coliseo detrás de su amigo, Mascara de la muerte se le acerco hasta que estuvieron hombro con hombro.

-Tuviste mucho tacto al decírselo. – Le hizo notar con un dejo de burla el italiano.

Mu trabajaba en silencio contemplando las armaduras de sus dos compañeros ahora bañadas de sangre de los mismos y viendo como estas absorbían lentamente la sangre de sus dueños, pero por su mente solo pasaba ¿De qué magnitud había sido el ataque del keraunos para asesinar dos armaduras doradas casi al instante? Ladeo su cabeza con una sonrisa melancólica y paso su mano sobre la hombrera izquierda de la armadura de Virgo sintiendo el dolor que aquel ropaje casi sagrado experimento al sentir el impacto contra ella y la devoción que tuvo por proteger el cuerpo de Shaka y otra pregunta paso por su mente ¿Si aquel rayo hubiese golpeado a Shaka o Shura que hubiera ocurrido? La historia mencionaba que un poder de tal magnitud mataría a cualquier humano, pero ellos no eran cualquiera tenían un cosmos de temerse.

Alzo ambos hombros sin conocer la respuesta y dio un sorbo de café a su tasa, lo mejor sería evitar esa arma, prefería no conocer la verdad a que él o alguno de sus compañeros dorados cayeran por el poder de Keraunos en las manos incorrectas. Dejo la taza en el suelo al lado de sus herramientas y tomo una de ellas, alzo un poco el rostro al escuchar a Kiki aun dormido en su habitación al fin aún era de madrugada y se sorprendió sonriendo tan solo de pensar en el avance que aquel pequeño pelirrojo había tenido en su ausencia.

Volvió a agacharse y junto un poco de polvo de estrellas con su mano izquierda y aferro más su agarre alrededor de su martillo, camino hacia la armadura de Virgo que destilaba pequeñas gotas de sangre en el suelo debido a los hilitos del aquel liquido escarlata provenientes de las venas del sexto guardián, ciertamente nunca había visto la expresión de preocupación de Shaka o Shura como él día anterior cuando le llevaron ambas armaduras. Poso su mano izquierda encima de la armadura de Virgo y dejo que el aire bañara con el polvo de estrellas la armadura, observo los pequeños destellos que sobresalían sobre esta al ser alcanzada por algunos rayos lunares que iluminaban aquella noche al santo de Aries.

El silencio de aquella noche fue interrumpido por el replique del sonido las herramientas del lemuriano cuando eran golpeadas contra la armadura, se concentro en los golpes que daban sus manos con habilidad y táctica corrigiendo algunas imperfecciones. Su labor con la armadura de Virgo tal vez le llevaría uno o dos días por lo que se concentro en repararlas escuchando el sonido metálico de sus herramientas, que solo le ayudan a dejar su mente pensar y despejarse.

-Tengo que terminarlas antes de que Shaka o Shura vayan a necesitarlas. – Se menciono a si mismo tomando un poco más de polvo de estrellas y esparciéndola sobre la sexta armadura, continuo con aquel golpeteo mientras acercaba su tasa de café con su telequinesis y daba sorbos del liquido marrón a medida que iba reparando la armadura, justo cuando estaba en los pectorales aquel vital liquido se termino, alzo los hombros y continuo con su trabajo, concentrándose en todos los retoques y matices que tenía que hacer en la armadura, el tiempo continuo avanzando mientras bostezos se escapaban entre el tac, tac, de sus herramientas y sin pensarlo volvió a bajar la mano y tomo la taza pero se sorprendió al darse cuenta que esta estaba llena, por unos segundos por su mente pensó en Kiki pero al mirar de reojo vio una figura recargada en la pilastra con los brazos cruzados.

Se giro apresuradamente dejando las herramientas en el suelo y la tasa a su lado e hinco una rodilla en el suelo, haciendo una reverencia ante el patriarca que estaba detrás de él, miro el suelo pensando en que momento la presencia de su maestro había llegado a la primera casa y el no lo había sentido.

-Lamento no haberme percatado de su presencia patriarca. – Su voz sonó muy serena pero aún así Shion pudo distinguir un toque de nerviosismo en Mu por más que tratara de ocultarlo.

-Mu. – Le llamo con su tranquila voz, su vista estaba serena y le miraba con cierta paternalidad, mientras portaba una amable sonrisa en sus labios una que Mu había imaginado a medida que progresaba en sus entrenamientos solo en Jamir. – Levántate, tanta formalidad entre nosotros es inusual.

-Usted es el patriarca. – Menciono el lemuriano aun con la rodilla hincada sobre el suelo.

-Y tu mi alumno. – Repuso con tranquilidad el ariano mayor que aparentaba en ese momento tener casi la misma edad que su alumno, la única diferencia radicaba en la mirada purpurea de Shion que mostraba la sabiduría que había adquirido con los años como patriarca y que la vida misma le había enseñado. – Así que levántate.

El peli lila miro a los ojos hacia su maestro quien le miraba serenamente pero aquella sonrisa tranquila había sido sustituida por una melancólica, Mu confirmo aquella orden con solo ver los orbes amatista de Shion y se incorporo, quedando frente a frente con su maestro por primera vez desde la guerra santa. El patriarca paso al lado del hombro del caballero de Aries y miro el trabajo en el que antiguamente Mu estaba desempeñando con gran dedicación, se sobo la barbilla mientras analizaba el trabajo de su alumno, miro las correcciones hechas a las magulladuras que ni siquiera se notaban y él jamás hubiera pensado que estuvieron ahí si no porque entro al templo de Aries cuando Mu estaba distraído.

-Es… - Comenzó el peli verde girando alrededor de la armadura de virgo apreciando como la parte superior de la armadura estaba sanada y sin la presencia de ningún rasguño, nadie creería que esa armadura hacia unas horas hubiese estado completamente muerta y eso solo demostraba la magnífica habilidad de su alumno. – Increíble Mu. – Y puedo escuchar el suspiro del peli lila que se había relajado al escuchar su opinión sobre su trabajo. – De verdad que eres talentoso Mu.

-Se lo debo todo a usted maestro, mis técnicas y mis conocimientos, todo usted me lo ha enseñado. – Repuso débilmente el caballero de Aries, mirando como Shion ponía una mano sobre la armadura de virgo y se giraba a mirarlo con una sonrisa triste.

-No Mu, muchas cosas tuviste que aprenderlas por ti solo, yo no tuve el tiempo necesario para enseñártelas. – Y Shion dejo escapar una risa al ver la cara de Mu que claramente expresaba su nerviosismo e impaciencia y pudo distinguir a su pequeño alumno frente a él, aún dentro del héroe de la guerra santa y caballero de Aries. Mu arrugo los dos puntitos sobre su frente al ver a su maestro continuar riendo a lo lindo.

-¿Maestro? – Pero Shion dio un paso firme hacia él aún riendo y le abrazo, Mu tardo en comprender todo lo que estaba ocurriendo e incluso llego a pensar que lo estaba soñando si no hubiese sido por la calidez y la fuerza de su maestro que le mostraron que aquello era la realidad, una que había esperado por más de 13 años, desde él día que su maestro falleció y le dejo solo, sin despedidas, sin explicaciones todo en ese momento cambio.

-No sabes lo orgulloso que estoy de ti, Mu. – Continuo Shion separándose de su alumno y tomándolo por los hombros haciendo que sus miradas se encontraran, una contra la otra. – Sabia que tenías potencial desde que te vi por primera vez, pero cuando te vi defendiendo el templo de Aries contra mí y tus compañeros, me hiciste sentir orgulloso, me dejaste sin palabras y me comprobaste que eras un hombre leal a nuestra diosa y con un temible poder que defendía tu honor como santo, eso demuestra la capacidad autodidacta que has tenido desde pequeño, Mu yo te enseñe esas técnicas pero tu las perfeccionaste y las hiciste imponentes aún contra otras técnicas de caballeros dorados.

-Maestro aquel día no solo pensaba en mi diosa. – Mu retrocedió unos pasos y se dejo caer sobre unas escalinatas del templo de Aries sintiendo que su piernas fallarían ante aquel revuelco de sentimientos, jamás había mencionado a nadie lo que sintió en el inicio de la guerra santa. – Temí enormemente. – Confeso en un suspiro Mu dejando en el suelo sus herramientas, Shion le miro comprensivamente y se sentó a su lado.

-Mu el miedo es normal aún en santos dorados, a la hora de la batalla… - Pero cayó al ver a Mu negar suavemente mientras los ojos del lemuriano menor se llenaban de lágrimas y adquirían una coloración rojiza.

-Aquel día maestro, temí por Kiki, deseaba entregar y luchar hasta el final por Athena, entregar mi vida por ella, pero cuando libre la batalla en el templo de Aries, solo pensaba en Kiki y es que sabía que todos los santos dorados caeríamos en esa guerra pero me negaba a hacer pasar a Kiki por lo que yo pase cuando le perdí a usted. – La voz de Mu se corto y una gruesa lágrima resbalo por su mejilla cuando parpadeo y esta cayo haciendo un surco hasta el mentón y de ahí se desprendió hasta el suelo humedeciendo el mármol bajo él. - No quería que el experimentara lo mismo que yo, verse solo en el mundo al perder a quien fue un padre para mí. – Mu guardo silencio intentando contener desesperadamente todo aquel dolor reencarnado cuando Aioros le comunico que Shion había muerto, volvió a recordar como sintió que una parte de él murió aquella noche negra mientras abrazaba la armadura de Aries, que parecía cobijarlo en su dolor. – Y al final Kiki pasó por lo mismo que yo.

-Lo lamento tanto Mu. – Se disculpo Shion presionando suavemente el hombro de Mu, que recargo su frente en su mano y dejo correr sus lagrimas, mientras el patriarca le acompañaba en su dolor, el ver al caballero de Aries de esa forma le rompía el corazón, pues sabía que el dolor que Mu mostraba no era ni una decima parte de lo que seguramente llego a experimentar. – Pero no solo has vivido la parte que a Kiki le toco pasar Mu, porque tú también regresaste de entre los muertos como yo y viste lo mucho que avanzo en tu ausencia, que se mantuvo fiel a tus preceptos y enseñanzas, que se convierto en un guerrero, perfeccionando su cosmos y las técnicas que le enseñaste y que se ha convertido en un hombre del cual estas más que orgulloso y que le quieres como si fuera tu propio hijo. – Menciono el peli verde y Mu comprendió que aquellas palabras eran ciertas pero que también el patriarca había transpolado a Kiki y se las había dicho directamente a él, levanto su vista y se encontró con los ojos amatistas de Shion que le miraban paternalmente. – Estoy orgulloso de ti, Mu de Aries, hijo mío.

Mu no respondió nada, abrazo a Shion como hacía más de 13 años no lo había hecho y sintió su corazón latir de felicidad al sentir su abrazo correspondido al que consideraba como su padre y maestro, sabía que muchos de sus compañeros nunca se relacionaron con sus tutores como aquel contacto que él tenía con Shion, incluso una vez Milo casi murio a causa del sadismo de su maestro y algunos de sus otros compañeros enfrentaron situaciones parecidas, por lo que agradeció a Athena y al destino que aquel a quien tenía entre sus brazos fuera Shion de Aries y no otra persona.

-Maestro. – Repuso Mu separándose de él y limpiándose las lagrimas, sintiendo que un enorme peso soltaba su alma y esta reposaba de aquel yugo que por tantos años había llevado.

-Dime Mu. – Menciono Shion tranquilamente, pero vio que el semblante de su alumno se ensombreció.

-Si yo llegase a morir en esta guerra, quería pedirle ¿Que si usted podría cuidar y educar de Kiki por mi? – La voz de Mu sonó distante y casi vacía, pero Shion a pesar de que le sorprendió la petición conocía que la vida de los dorados estaba en peligro de nuevo y más ahora que querían redimir sus errores.

-Mu nadie va a morir en esta guerra. – Le animo dándole unos leves golpes en la espalda. – Cuando volvimos a revivir vi un panorama muy oscuro para todos ustedes por los conflictos que tenían unos con otros, ahora a pesar de estar en guerra le veo más alentador que antes, muchos han comenzado a redimirse y la unión entre algunos de ustedes se ha vuelto a restablecer. – Hizo una breve pausa y miro hacia la habitación donde Kiki dormía y que había pertenecido a Mu en su tiempo de alumno. – Yo solo he tenido un discípulo y ese eres tú, Mu de Aries quisiera que ese niño fuera únicamente tu obra maestra y no mía, pero si algo llegase a pasarte hijo mío, yo cuidare de Kiki.

-Gracias, por todo y maestro usted siempre fue como un padre para mí. – Repuso Mu haciendo una reverencia hacia el rubio mayor, no porque fuera el patriarca si no por todo el respeto que el santo de Aries tenia hacia el de los ojos purpuras. Shion de Aries era para Mu el ejemplo a seguir, un camino lleno de rectitud y lealtad que el mismo había aprendido y que ahora le inculcaba a Kiki. – Maestro me permite expresarle una cosa más.

-Las que desees Mu, nunca te voy a negar algo a ti. – Repuso Shion tranquilamente, recargándose en la pilastra mientras veía el cielo esclarecerse por la mañana.

-Tengo un mal presentimiento sobre esta guerra, es parecido al que tuve al inicio de la guerra santa, se que algo malo va a ocurrir dentro de pronto pero no puedo saber que es. – Mu se incorporo y tomo sus utensilios de trabajo entre sus manos, motivado por aquella rara sensación que le oprimía el pecho y le hacía preocuparse, si lo que sentía era verdad tal vez Shura y Shaka necesitarían de Virgo y Capricornio pronto.

-Pues bien Mu, si es así tenemos que estar preparados. – Shion tomo entre sus manos el polvo de estrellas sintiendo en su palma aquella extraña sensación tan familiar, que sobo un poco entre sus dedos índice y pulgar dio un paso hacia capricornio y le baño con el polvo. El golpeteo en la casa de Aries volvió a resonar con una tranquila sincronía entre golpeteos metálicos, esta vez proporcionado por alumno y maestro.

Cuando ambos terminaron ya estaba muy entrada la mañana, Kiki les observaba sentado en silencio desde una silla donde Mu le dirigía de vez en cuando preguntas acerca de cómo reparar la armadura o como utilizar una herramienta ante la mirada curiosa del patriarca que a sus ojos veía en aquel lugar a un pequeño Mu que le observaba a él trabajar con interés en las armaduras durante el tiempo de su antiguo patriarcado. De repente unas pisadas resonaron en la parte posterior del primer templo, por lo que los tres arianos salieron a recibir al visitante que claramente era un caballero dorado.

-¡Hola Shion! – Saludo con su habitual carisma Dokho. – Buenos días Mu y Kiki, veo que hoy hay junta de arianos. – Bromeo el antiguo maestro, pasándole un brazo por los hombros al peli verde.

-Hola Dokho. – Shion miro a su amigo que claramente había amanecido de buenas pues llevaba esa típica sonrisa que el oji morado había visto desde que eran jóvenes, una curvatura en los labios de Dokho que le indicaban que se encontraba en una tranquila paz y armonía consigo mismo y por ende con los demás.

-Antiguo maestro de Libra. – Saludo Mu con una inclinación respetuosa de cabeza y Kiki hizo una leve reverencia al santo dorado de libra.

-Pues bien no quería quitarles mucho tiempo. – Comenzó a mencionar el chino liberando de su agarre al patriarca que ya comenzaba a acostumbrarse de nueva cuenta a la familiaridad de tener a su amigo con él. – Solo pasaba para saludar. – Y con esto Dokho comenzó a caminar hacia la entrada de Aries para salir de las doce casas, se paro justo en la entrada donde el sol ya bañaba las primeras escaleras y se giro hacia ellos. – Por cierto Shion no se te vaya a olvidar lo de esta noche.

-Jamás Dokho. – Menciono tranquilamente y vio como su amigo comenzó a descender hasta perderse de su vista, los tres arianos regresaron en silencio a donde estaban trabajando y Shion se detuvo a observar como habían sanado Virgo y Capricornio cuando Kiki se acerco a él, mientras Mu entraba a la cocina por una jarra de agua.

-Patriarca, gracias por venir hoy. – Shion miro curioso al niño pelirrojo a su lado que le miraba agradecidamente. – Realmente siento que mi maestro necesitaba hablar con usted, él no tuvo la misma suerte que tengo yo por tenerlo aún conmigo, porque usted murió pero he visto que cuando habla de usted o como hoy que ha venido, mi maestro tiene un aura más tranquila y relajada. – Shion dirigió sus ojos amatistas del pequeño pelirrojo hacia la entrada de la cocina en busca de su querido alumno.

-Si Kiki, tienes mucha suerte que Mu sea tu maestro, es un gran caballero. – Repuso orgulloso al ver al lemuriano salir con la jarra con agua en sus manos, diciéndolo lo bastante fuerte para que el peli lila escuchara él cual sonrió al oír aquel alago.

-Es que aprendí del mejor. – La voz de Mu sonó tranquila y suave pero sinceramente agradecida y es que él lo sabía, la persona que era e incluso el caballero que había llegado a ser se lo debía a su maestro. Miro a Shion revolviendo los cabellos de Kiki que le abrazaba por la cintura inocentemente mientras reía alegremente por algo que su maestro había dicho, se detuvo y dejo la jarra sobre una mesa y contemplo aquella escena iluminada por el sol del mediodía, mirando a su maestro y Kiki quien ahora era elevado en el aire por la telequinesis del patriarca, definitivamente aquella era su familia.

Camino apresuradamente entre aquella tierra morada ocultando su figura con una capa que le cubría desde los pies hasta la cabeza, levanto su vista y sus ojos verdes apreciaron el cielo del inframundo oscurecido con leves tonalidades de rojo y morado, giro sobre su propio eje pensando en la última vez que había estado en aquel lugar desde la era del mito, cuando castigo al inframundo como un lugar infértil y a todos los que estuvieran dentro de él. Camino hacia el palacio frente a ella y tomo la perilla de la enorme puerta de madera empujándola para abrirla, la cual chirrió al ceder y permitió a la deidad oculta bajo aquella contemplar el trono del inframundo.

No había vuelto a pisar aquel lugar desde que su hija había comenzado a ser la consorte de su hermano Hades, quien la secuestro y la llevo a aquel desolado lugar y debido a esto Zeus tuvo que intervenir debido a que ella azoto a la tierra con hambrunas y sequias como castigo por aquel agravio y cuando el rey del Olimpo intervino y envió a Hermes fue muy tarde, Hades había engañado a su hija y le hizo comer seis semillas de granada, que ataron a Persefone al infierno durante seis meses cada año durante toda la eternidad.

-Madre. – La diosa de cabellos pelirrojos salió detrás de las enormes cortinas con los brazos extendidos los cuales enrollo alrededor del cuello de la diosa Demeter que correspondió aquella caricia. – Gracias por acudir a mi llamado, necesitaba de ti.

-Persefone. – Ambas se separaron y la diosa de la tierra, bajo su capucha descubriendo su largo cabello castaño que llego hasta la mitad de su espalda y sus profundos ojos esmeraldas recorrieron aquella sala en silencio. - ¿Qué necesitas de mi, hija mía?

-Madre. – Persefone apareció una silla donde tomando la mano a su madre la hizo sentar sobre ella y se agacho recargando su cabeza sobre sus piernas de mientras esta acariciaba su cabello pelirrojo en silencio mirando maternalmente a la emperatriz del inframundo. – Todo lo hago por ti, sabes que tu y Hades son lo más importante para mí. – La más joven de ellas busco las manos de su madre y las tomo entre las suyas plantando un dulce beso. – Haría cualquier cosa por ti.

-Entonces ¿Por qué estas del lado enemigo? – Menciono Demeter alzando una ceja y observando altivamente a su hija. – No fuiste tú quien libero al resto de los titanes, tu padre está ahora sufriendo por tu acción.

-Y yo por la de Athena. – Chillo enfurecida al solo mencionar el nombre de la diosa de la guerra justa. - ¿Por qué? ¿Por qué Zeus permitió a Athena llegar hasta estos límites? Mi esposo esta ahora débil, su cosmos es un torbellino y su alma esta despedazada y jamás vi a mi padre en esto ¡Ni en ese momento, ni después! – Rugió levantándose de las rodillas de su madre y caminando como una leona enjaulada mientras Demeter le seguía sorprendida con la mirada.

-Sabes bien que le ha salvado la vida, Zeus dio parte de su cosmos para salvarlo pero necesita el poder de otro dios mayor alguien como Poseidón o Apolo incluso… - Pero Persefone meneo su cabello molesta, por lo que se asombro aún más, aquella que veía frente a ella distaba mucho de su hija, aquella solo era una mujer dolida y una que buscaba una venganza absurda.

-¡Ahí está tu familia! ¡Me dieron la espalda! –

-Hades se busco ese final, a tentado la paciencia de Athena por muchos siglos y desatado guerras crueles. – Demeter junto las manos sobre su regazo y se levanto al tiempo que la capa caía sobre aquella silla lo que la hacía verse más imponente. – Sin sentido, ciertamente él se lo busco. Ahora tú reniegas del resultado de sus actos pero tampoco fuiste buena esposa al permitirle hacer esos actos, fallaste y me alegro de ello, pues ahora Hades paga lo que te hizo hija mía.

-Hades no me hizo nada. – Susurro amenazante aunque se esforzó por controlarse pues aquella frente a ella era su progenitora, su madre era el único ser después de Hades que realmente se preocupaba por ella. – Yo decidí quedarme al lado de él, fingimos frente a Hermes para no romper tu corazón pero ahora que hablamos de verdades tú debías saber esta, amo a Hades con toda mi alma y hare por él lo que sea. Si no conseguí esa cantidad de cosmos de un dios, ayudare a los titanes para que ellos me la den.

-Estas cometiendo un grave error. – Demeter miraba cargada de porte y altivez a su pequeña hija, aquella a la que Hades había contaminado y profanado, la Persefone frente a ella distaba mucho de la dulce joven que convivía con las ninfas en el Olimpo.

-El error lo cometiste tú al venir aquí. - Las puertas de aquel recinto se abrieron de golpe y Triptolemos entro tomando a Demeter que no alcanzo a reaccionar y la sentó de un empujón en la antigua silla que Persefone había aparecido de la cual brotaron cuatro serpientes que ataron sus extremidades a los brazos y piernas de aquel trono fuertemente, imposibilitando el huir o atacar, Demeter removió sus muñecas con furia mientras su corazón de madre se destrozaba al ver aquella osadía por parte de su única y amada hija.

-¿Qué es esto Persefone? – Vocifero aun sorprendida, mirando de Triptolemos a la pelirroja que tomaba asiento en el trono de su esposo. - ¡Persefone!

-Te dije que necesitaba de tu ayuda, pero sé que te negaras a darme la información que necesito por lo que te tendré aquí el tiempo necesario y hare lo que sea para que confieses. – Los ojos verdes de la diosa fulminaron a Triptolemos y luego agacho la mirada comprendiendo en la trampa a la que su propia hija la había conducido. –Estuviste durante la titanomaquia al lado de los dioses, ahora madre lo único que necesito para que Cronos te de su perdón es que me digas en qué lugar Mnemosine encerró sus recuerdos y sus cosmos.

-Jamás te lo diré, ni a ti, ni a ningún titán. – Demeter giro su rostro decepcionado hacia la puerta que se abrió de nueva cuenta mostrando a Febe, los ojos verdes de Demeter chocaron contra los ojos inyectados en sangre de Febe, que llevaba recogido su cabello verde en dos pequeños chongos y que le miraba duramente.

-No necesitamos que lo digas. – Febe recorrió la estancia en algunos pasos, hasta situarse a escasos centímetros del rostro de Demeter, la titanide sonrió con placer y se agacho posando sus manos sobre sus rodillas para analizar el rostro de la diosa madre a la perfección. –Sabes que los sacrificios que hacemos por la familia son infinitos, no estés molesta con Persefone gracias a su ayuda Cronos te ha perdonado y vivirás con nosotros una vez terminemos con esta guerra.

-No voy a decirles nada, tu lo has dicho por la familia se hace todo y Persefone no es mi única familia. – Dijo sinceramente dolida la castaña mientras sus ojos desilusionados se postraban en la emperatriz del infierno, que le esquivo la mirada, intento de nueva cuenta el liberarse de sus ataduras pero solo logro enrojecerse las muñecas.

-Es inútil. – Menciono Febe, mientras sus ojos se tornaban completamente blancos. – Rea las ha creado. No necesito que hables yo entregue a Apolo el oráculo de Delfos el cual aconsejaba a los mismos dioses, pero mi don va más allá de aconsejar. – Febe toco la frente de Demeter y sus ojos blancos destellaron un halo dorado tan rápido e efímero que la titanide retiro su mano de aquel contacto como si le hubiese dado una descarga eléctrica respirando trabajosamente y sus ojos volvieron a tornarse rojos.

-¿Qué has visto? – Pregunto Persefone levantándose del trono de Hades y mirando a la titanide que continuaba viendo su mano como si esta hubiese tenido una quemadura. - ¿Febe?

-Mnemosine… - Susurro aún ida, mientras retrocedía unos cuantos pasos hasta que choco contra el pecho de otro titán, la peliverde se giro para encontrarse con su esposo Ceo que le miraba preocupado y la tomo suavemente por los hombros, elevo su barbilla y le obligo a mirarlo. -¿Qué has visto?

-Tuve una regresión, nuestra hermana nos traiciono sin miramientos. – La peli verde se acerco a su esposo y acaricio amorosamente su rostro, recargando su cabeza en su pecho. – Los dioses encerraron nuestros recuerdos y poderes en el monte Parnaso.

-Tienes el don de la clarividencia. – Dijo con obviedad la emperatriz del inframundo acercándose al grupo ahí reunido. Febe asistió y sacudió un poco su cabeza, para sacudir la perturbación que la mente de Demeter le causo.

-Demeter tiene que permanecer prisionera por un tiempo, en lo que derrotamos a los otros dioses. – Repuso fríamente Ceo tomando por los hombros a su esposa y conduciéndola hacia la salida de la sala, ambos se detuvieron en la puerta y miraron hacia Persefone esperando a que diera la orden de encerrar a su madre. – Cronos le perdonara su participación en la titanomaquia pero no debe intervenir en esta guerra.

-Lo entiendo. – Repuso la pelirroja, miro sobre su hombro a su madre que se encontraba en una especie de shock mental por la influencia del poder de Febe que no solo había conmocionado a la titanide, Demeter permanecía con el rostro hacia abajo mirando el suelo, sus ojos estaban abiertos desmesuradamente y su vista estaba perdida mirando el frio mármol bajo ella, mientras sus cabellos castaños caían alrededor de su rostro dándole un aspecto sombrío. – Triptolemos lleva a mi madre a la habitación que le he asignado y que el mismo Cronos sello con su cosmos para impedir que ella saliera por favor.

-Como ordene mi señora. – Triptolemos desato a Demeter y la tomo entre sus brazos introduciéndola al interior del palacio, Ceo y Febe apreciaron esta acción y asintieron con aprobación al verla realizada y después desaparecieron de aquel lugar. El monte Parnaso era el siguiente objetivo para ellos, si lograban encontrar el cofre donde una parte de ellos se encontraba sellada, no habría ser humano o dios que lograran frenarlos, sus poderes se potenciarían y aquella guerra terminaría con una abominable derrota para Athena y Poseidón.

Hyoga salió a la mitad del mediodía del camino de las doce casas en dirección hacia la cabaña donde sentía el temible cosmos de Poseidón, sabía que Camus le esperaba solo a él para entrenar pero se había tomado el atrevimiento de intentar llevar con él a Isaac a espaldas de Camus y ya frente a él su maestro tendría que enfrentar la realidad. Y la solución solo era una que su maestro le aceptase ahora que era un marino de Poseidón o que le juzgara fríamente por aquella traición.

Elevo su cosmos una vez que estuvo cerca de la cabaña y se recargo en un muro de piedra, esperando a que Isaac entendiera la indirecta y saliera a su encuentro. Cerró los ojos y cruzo sus brazos sobre su pecho, recordando como el peli verde le había salvado la vida y las consecuencias que su muerte trago sobre su maestro, recordaba vagamente que incluso Milo había aparecido a las pocas horas en Siberia y converso con su maestro durante largas horas en la madruga cuando ellos pensaban que él estaba dormido y no les escuchaba. Y eso solo mostro lo importante que fue Isaac para Camus y la cierta preferencia que el segundo tenia por el primero incluso sobre él, a pesar de que aquellos momentos eran borrosos en sus recuerdos porque aun era un niño e Isaac era unos años más grande que él, Camus siempre vio en Isaac cierto potencial que no aprecio en él pues esta estaba oculta por la gran cantidad de sentimientos que guardaba aún por su madre.

Escucho el molerse de la gravilla bajo los pies de alguien y levanto el rostro para encontrarse con una sonrisa débil de Isaac que caminaba hacia él con un aura fría e incluso serena, no llevaba puesta su escama llevaba simplemente ropas de entrenamientos y cuando lo vio a escasos metros de él le sonrió.

-Hyoga, me da mucho gusto verte de nuevo. – Repuso cortésmente hacia su compañero de entrenamiento.

-A mi también Isaac, no sabes cuando me alegra de que estés con vida. – Espeto el ruso abrazando a su compañero que también respondió el abrazo fraternal que se daban los únicos dos alumnos del mago de los hielos. - ¿Quieres acompañarme voy al coliseo?

-¿Tienes aun entrenamientos o vas a luchar? – Alzo asombrado ambas cejas pero Hyoga negó cerrando sus ojos y moviendo negativamente el rostro.

-No es tanto un entrenamiento, Camus me está ayudando a llegar al cero absoluto sin la necesidad de estar al borde de la muerte para utilizarlo. – Isaac se sorprendió aún más de oír aquello, había visto el terrible poder de su maestro cuando lucho contra uno de los jueces del infierno y aún no lograba imaginarse aquel tipo de poder en su ex compañero de entrenamiento. – Quiero que me acompañes Isaac y que hables con él, no fue tu culpa el terminar en el fondo marino eso es solo responsabilidad mía, si tu no hubieras saltado para salvarme posiblemente tu estarías en mi lugar y yo en el tuyo o muerto, es lo mínimo que puedo hacer por ti.

-Hyoga deja eso en el pasado. – Isaac se detuvo a mitad del camino y miro con preocupación a su amigo, pues sabía que había desilusionado por completo a su maestro siendo un marino.

-No puedo dejarlo así Isaac, no mientras eso te este afectando en el presente, todo esto es responsabilidad mía y no tienes que sufrir de la indiferencia de nuestro maestro por mi causa, Isaac eres un hermano para mí y no puedo permitir que te sientas así por algo que no hiciste. Me salvaste la vida aquella noche, aun a expensas de tu desgracia y eso no te hace un santo o un marino, eso te hace un héroe alguien que tuvo aquella noche principios y que vio más allá de sus ambiciones.

-Hyoga… - Isaac sentía que su corazón palpitaba con fuerza al escuchar aquellas palabras que eran ciertas y que causaban un revuelo en sus sentimientos y despertaban una especie de paz en su interior.

-Perdóname Isaac, por todo el daño que te cause por un deseo, destruyendo los tuyos de por medio. – Hyoga agacho el rostro en silencio sinceramente arrepentido de todo aquel daño por el que Isaac pasaba por su causa, si no hubiese abierto ese orificio en el hielo y entrado en él, nada de aquello hubiese pasado, si tan solo hubiese esperado un poco más de tiempo y de entrenamiento, todas aquellas consecuencias no hubieran ocurrido, pero él hubiera no existía.

-No, Hyoga, no tengo nada que perdonarte. Pues prefiero haberte salvado aquella noche a que después hubiésemos que tenido que pelear por una armadura de bronce hasta la muerte como el santuario esperaba y prefiero ser un general marino de Poseidón que el santo de Cisne a expensas de tu vida. – Termino Isaac solemnemente y expresando una débil sonrisa en sus labios.

-En ese caso, no hagamos a Camus esperar. – Menciono Hyoga y emprendió el camino pero tuvo que detenerse al ver a Isaac aun parado en medio del camino mientras la incertidumbre se expresaba en su cara, retrocedió sobre sus pasos y le tomo por la muñeca obligándolo a caminar junto a él. – Vamos Isaac.

-Hyoga yo… - Su corazón latía cada vez más acelerado como si este fuera a abandonar su pecho en cualquier momento, si recordaba bien a su maestro no creería que Camus simplemente dejara pasar aquella gran mentira donde le creyó muerto. – No puedo aparecer así frente a él, como si solo hubiese desaparecido unos días, él me creyó muerto por mucho tiempo y quiero creer que en cierta parte de él se culpaba por aquel incidente entre nosotros. No puedo llegar y decirle serví a Poseidón en compañía de tu ahora compañero Kanon de Géminis y morí, pero ahora estoy de vuelta maestro como si nada hubiese pasado.

-Yo no le veo problema a eso, si pospones más esto tal vez la tención aumente, Isaac ahora somos aliados ya nada de lo que ocurrió en el pasado importa. – Hyoga disminuyo su cosmos y le dirigió al peliverde una mirada para que hiciese lo mismo si bien tenía planeado aparecer en su entrenamiento con Isaac no quería que su maestro estuviera preparado para ese encuentro porque de ser así se encontrarían con la frialdad y seriedad de su tutor y de la otra forma le sorprenderían lo que haría actuar con más naturalidad a Camus. - ¿Y cómo es que están vivos?

-Antes de que estallara esta guerra y que el resto del alma de Poseidón fuera liberada en su totalidad, la emperatriz ya había planeado enfrentar a Athena por el alma de mi señor y para eso ocupaba del respaldo de los guerreros que cayeron en servicio de su esposo, nosotros. – Isaac se agacho y tomo una piedra moviéndola en su palma con nerviosismo. – Anfitrite fue al Olimpo y trato con Hestia y Demeter el que persuadieran a Zeus para revivirnos y ambas diosas lo lograron. El despertar de nuevo en el fondo marino me abrió muchas posibilidades de nuevo, una nueva vida, la emperatriz nos puso al tanto de lo ocurrido en la guerra santa de Athena contra Hades y de la pérdida de vidas por parte de ambos ejércitos, siempre supe que tu estarías vivo, algo me lo decía y ella nos redacto la caída del muro de los lamentos por parte de 12 caballeros, supuse en ese instante que se trataba de los caballeros dorados.

Isaac guardo un profundo silencio cuando alcanzaron a visualizar la entrada del coliseo a escasos metros de ellos, arrogo la piedra contra un muro en el cual reboto haciendo un sonido rasposo, se aliño las ropas de entrenamiento y se acomodo el cabello, esto hizo sonreír a Hyoga con cierta burla, pues el peliverde siempre había tenido esa costumbre de arreglarse como si Camus pasara lista y les supervisara de pies a cabeza y se alegro de ver aquella actitud aún en su compañero, eran pequeños detalles que Isaac aun conservaba de su infancia y que resaltaban en algunos de sus gestos.

-Hola Hyoga – Saludo el caballero de escorpio al ruso y se acerco a ambos, para Isaac le costó un momento el reconocerlo como el mejor amigo de su maestro, pues cuando le conoció el era un niño y Milo apenas un adolescente verlo convertido en un hombre, realmente intimidante con su armadura dorada le alegro.

-Hola Milo, te acuerdas de… -

-¡Isaac! Pero mírate nada más. – Y Milo pasó una mano amigablemente por el cabello verde del marino despeinándolo. – Cuanto has crecido, aún recuerdo que eras un pequeño enano. – Y dicho esto Milo hizo una seña con su mano marcando la altura en la que recordaba a Isaac exagerando pues lo hizo demasiado bajo.

-Era un poco más grande. – Contesto con una ligera sonrisa. – Me da a mi también mucho gusto verte.

-Bien, Camus les espera dentro. – Milo despeino una vez más a Isaac y palmeo el hombro de Hyoga, les paso por un lado y camino hacia la salida de aquel túnel, pero se detuvo de improvisto y miro a ambos jóvenes sonriéndose nerviosamente por el encuentro que seguramente tendrían con su amigo y de que él onceavo guardián tampoco estaba al tanto de otra forma Camus se lo hubiera mencionado, pero no lo hizo, eso solo le indico que a Camus le iba a caer de sorpresa Isaac en compañía del autor intelectual de esa reunión que posiblemente tendría un entrenamiento más pesado el día de hoy. – Hey Isaac. – El peliverde se para en seco y se giro a verlo, mientras Hyoga entraba a la arena en busca de Camus. – No tienes por qué preocuparte, Camus lo entenderá y al final de cuentas el peor de todos ustedes ya está con nosotros así que relájate. – Hizo referencia a Kanon, miro como Isaac asintió con seguridad y se giro sobre sus talones para encontrarse con su maestro, Milo lo vio desaparecer y sonrió triste. – En estos momentos no quisiera ser Hyoga. – Rio alegremente llevándose ambos brazos por detrás de la nuca.

Camus estaba sentado en las gradas con sus brazos cruzados sobre el pecho y mirando la arena en silencio, casi nunca la había usado para entrenar cuando él era un aprendiz y es que Ares les saco de ahí a muy temprana edad para enviarles a diferentes puntos de entrenamiento, de hecho Ares siempre le quiso fuera del santuario, apenas obtuvo acuario le asigno a Isaac e Hyoga como sus alumnos y a penas termino de entrenar a Hyoga la batalla de las doce casas ocurrió.

-Maestro Camus. – Hyoga se acerco a él y pudo distinguir que el ruso se encontraba terriblemente nervioso con solo mirarle a los ojos.

-¿Qué hiciste? – Fue directo al grano, Hyoga se sobresalto al verse descubierto y miro hacia la entrada del coliseo en busca de Isaac, Camus alterno su mirada entre la entrada y el rubio intentando descubrir de que iba todo aquello, pues sabía que Hyoga había escogido el mutismo selectivo porque algo había hecho, percibió el cosmos de Milo aun en el túnel y frunció el ceño ante esto. -¿Qué haces? –Le pregunto por medio del cosmos.

-Yo nada. – Se desafano Milo con cierta diversión. – Pregúntale mejor a tu alumno.

-Hyoga. – El ruso esquivo la penetrante mirada de su maestro que se mantenía impasible pero había alzado una ceja, significado de que le estaba pidiendo una explicación de que iba todo aquello, pero apenas vio a Hyoga separar los labios para explicarse cuando por el rabillo del ojo distinguió una figura que entraba a la arena. – Isaac. – Luego volteo a ver severamente al ruso a su lado quien sonrió nervioso.

La mirada azul extremadamente fría de Camus se cruzo primero con la azul de Hyoga y después la alterno con la mirada esmeralda de Isaac que no se detuvo al verlo si no que camino hacia el encuentro de su compañero. Camus lanzo una maldición mental a Milo que claramente había visto a ambos en el túnel del coliseo y no le dijo nada, por lo que después se vengaría de él, pero en ese momento tenía que resolver el asunto frente a él. Se incorporo y despejo un aura helada que hizo detenerse de golpe a Isaac y alerto a Hyoga.

-Maestro. – Hyoga se preocupo al sentir la disminución de la temperatura a su lado y giro su rostro para ver a Isaac con la mirada preocupada y mirando a Camus.

-No te preocupes Hyoga. – Menciono impasible, avanzo sin disminuir la dureza de su mirada hacia Isaac que se detuvo y espero a que su maestro se acercara a él.

-Maestro Camus. – Balbuceo apenado el general marino del ártico que se arrodillo frente al onceavo guardián que alzo ambas cejas sorprendido ante esta acción. – Discúlpeme si de alguna forma le ofendí con mis acciones.

-Creo que no es el lugar adecuado para hablar. – Y Camus le paso de largo dirigiendo una rápida mirada a Hyoga para que tanto Isaac como él le siguieran y Hyoga agacho el rostro al saber que Camus les llevaba hacia el onceavo templo pero una sombra de positividad cruzo su mente.

Durante el trayecto del camino ambos intercambiaban miradas nerviosas y de apoyo. Camus caminaba en silencio delante de ellos y había escogido ir a la casa de acuario para ganar tiempo en pensar sobre aquella situación. Cuando llegaron a géminis se topo con ambos gemelos en el salón de batallas del tercer templo y les saludo cordialmente mientras Saga intercambiaba una mirada represora con Kanon, quien en cierta parte contribuyo de mala forma al alumno del francés. Se despidió de ambos gemelos y en escorpio se encontró con Milo que estaba excesivamente sonriente.

-¿Por qué llevas dos almas en pena tras de ti? Perdón digo a Hyoga e Isaac. –Aclaro notando el rostro de ambos jóvenes y por ello se gano una onda helada por parte de su siempre tranquilo compañero. – Recuerda que dos es mejor que uno. – Y con este consejo Milo se introdujo a la parte privada de escorpio dejando a su amigo continuar con su camino.

Cuando Isaac contemplo Acuario sintió su corazón desbordarse de la alegría, aquella sería la primera vez que entrara propiamente a la casa de su maestro, una que él resguardaba celosamente y que él había anhelado proteger, pues aún cuando era niño y deseaba ser un santo de Athena y ganarse la armadura del cisne, Isaac siempre deseo ser el sucesor de su maestro, ser el santo de acuario y portar aquella armadura dorada con orgullo, pero aquella corriente marina no solo le arrastro hacia el fondo marino si no que le arrebato todas aquellas posibilidades.

Se paro frente a ambos y se giro hacia ellos en el salón de batallas de acuario, ambos se respingaron de golpe por el frenón que Camus les hizo dar y el galo recordó acciones similares por parte de ambos en Siberia. Observo fijamente la cicatriz en el rostro de Isaac que iba desde su frente, atravesaba su ojo izquierdo y continuaba por el largo de su cara dándole un aspecto más duro y firme.

-¿Qué quieren decirme? – Repuso fríamente cruzándose de brazos y prestando atención a ambos jóvenes, que intercambiaron una rápida mirada de consuelo y apoyo.

-Maestro. – Dijo con cierta duda Isaac pues no sabía si él continuar llamando de esa forma a Camus era apropiada o lo haría enfurecer, busco algún rasgo de reprobación por parte del galo pero este continuo inmutable y en la espera en que continuara. – Lamento haber fallado al entrenamiento como santo y ahora aparecerme como un guerrero marino de Poseidón.

-Maestro Camus. – Hyoga intervino al ver dudar a Isaac de continuar, pero estaban juntos en aquello y no le iba dejar que enfrentara la indiferencia de Camus solo. – Si razonamos quien tiene la culpa, ese únicamente soy yo. Isaac tenía toda la fuerza de voluntad para convertirse en un santo e incluso su cosmos y fuerza eran superiores a los míos, se que usted lo noto, por mi parte yo era alguien débil y egoísta mis motivos para afrontar el entrenamiento eran personales, yo solo quería poder romper el frio suelo de Siberia para volver a ver a mi madre y cuando sentí que tenia la fuerza suficiente hice un boquete para ir por ella.

-Hyoga… - Isaac miro estupefacto como su amigo ruso explicaba a Camus todo lo que había sucedido aquel día y que seguramente el francés estaría escuchando por primera vez de los labios del cisne.

-Aproveche el día en que usted vino a rendir informes al santuario y si ese día Isaac no hubiese ido tras de mí, yo estaría muerto arrastrado por una corriente, pero Isaac apareció en ese momento e intento que ambos saliéramos juntos cuando vio que no lo lograríamos, el decidió dar su vida por mi maestro, en ese acto yo solo veo las enseñanzas que usted nos inculco desde pequeños.

-El cosmos de Poseidón fue el que me salvo aquel día. – Recordó aquellos ojos azules en la profundidad del mar ártico cuando el Kraken fiel a su dueño le condujo hasta el santuario submarino de su dios. – Cuando recobre el conocimiento me encontré con Kanon quien claramente sabía quién era y que usted era mi maestro, yo… me pareció correcto los ideales de Poseidón aun cuando esto significaba darle la espalda a sus enseñanzas maestro y de verdad espero que perdone mi falta.

Camus escucho todo aquello en silencio sin inmutarse o mostrar otro sentimiento que revelara lo que estaba pasando por su mente en ese momento, Hyoga le miro suplicante e Isaac solo mostraba arrepentimiento, asintió para que ambos entendieran que les había escuchado y se desprendió de la armadura de Acuario la cual se guardo en la caja de pandora que estaba en la mitad de la sala.

-Quien tuvo aquel día la culpa únicamente fui yo, ambos estaban bajo mi supervisión y mi cuidado, debí haber previsto tus acciones Hyoga. – Le miro reprendiéndole con la mirada aquella falta, pero luego suavizo su vista y miro a alumnos. – Pero no podemos cambiar el pasado, ni las decisiones que tomamos en él. – Esta vez los ojos del galo se posaron sobre Isaac que asintió en silencio comprendiendo el mensaje oculto tras aquellas palabras. – Aún así, no tengo nada que perdonarte Isaac, no sé qué pasó entre Kanon y tú, ni que fue lo que te convenció para darle la espalda a Athena, pero creo que fue lo mejor para todos, de otra forma Hyoga y tu hubiesen que tenido que luchar por la armadura de cisne y como ambos ya aprendieron, la única forma de pelear para los caballeros de los hielos es un combate a muerte, solo ganando aquel que su frio sea más intenso que su contrincante, como dijo Milo es mejor tenerlos a los dos que a uno solo.

-Lo entiendo maestro. – Menciono Isaac, hizo una ligera reverencia y se encamino a la salida de acuario ante la vista sorprendida de Hyoga.

-Isaac- Le llamo lo que hizo al peli verde detenerse. - Mis alumnos son bien recibidos en mi templo, no tienes porque irte. – Isaac se giro en la entrada de acuario y vio una media sonrisa dibujada en el rostro de Camus que le invitaba a pasar a la parte privada de acuario en compañía de Hyoga que se mantenía feliz de ver a Isaac de nuevo con ellos, le paso una mano por los hombros y le indico el camino hacia la cocina, al final Hyoga había vuelto a recuperar y unir a su antigua familia.

Dokho estaba sentado sobre una piedra observando el correr de un rio que iba a desembocar a Cabo Sunion, escuchaba el leve tintineo del agua que hacia al chocar contra las piedras, se cruzo de brazos y cerro sus ojos, aún pensando en el reencuentro que Shion y Mu posiblemente habían tenido en la casa de Aries, había pasado semanas diciéndole al peliverde que debía de visitar a Mu y olvidar lo que le había hecho pasar en la guerra santa, al final de cuentas siempre se necesitaba de ayuda para sanar.

Su mente comenzó a divagar en su pasado, cuando apenas eran unos caballeros de bronce hacia más de 200 años, cuan diferente era él de su pasado, en ese tiempo ni siquiera soñaba con ser una caballero dorado, pero el patriarca Sage vio en él y Shion grandes posibilidades de convertirse en santos dorados y mucho antes de que la guerra santa estallara y destruyera el mundo que tanto él como Shion conocieron.

En ese tiempo eran muy jóvenes, se enorgulleció de convertirse en el santo dorado de Libra y de ser uno de los santos de más alto rango de Athena, pero siempre parecía ser que el destino se confabulo para hacer sufrir a la orden de Athena y hacia más de 200 años no fue muy diferente a lo que había ocurrido con sus actuales compañeros dorados. Pero aún a pesar del daño psicológico y emocional que sufrieron sus compañeros se mantuvieron unidos ayudándose unos a otros, muy diferente a la ola de tragedias que tuvieron que afrontar Saga y los demás santos.

En ese tiempo en realidad jamás se imagino a él y a Shion que sobrevivirían a la guerra santa una vez que esta estallo, el sabia que haría todo por Tenma que entregaría todo su cosmos y vida en nombre de la joven Sasha y que haría lo imposible por derrotar a Alone, pero a pesar de toda su participación y esfuerzos, de la infinidad de veces que arriesgo su vida sus compañeros dorados caían uno a uno. Primero fue Albafica, después Asmita, Aldebarán, El Cid, Manigoldo, Kardia y Degel, Sisifo, Deuteros, Aspros, Regulus todos de una u otra forma ayudaron con sus vidas en aquella guerra pero eso no limitaba el dolor que sus muertes habían causado en él y en Shion.

El no poder hacer nada para evitar ese sufrimiento que azoto sus almas y que vino a empeorarse cuando Alone, Tenma y Sasha desaparecieron para siempre para ir a enfrentar a Hades, aun cuando Shion y él podían luchar en su nombre y sacrificarse si era preciso, pero solo Athena sabia en realidad que hubiese pasado si algo como aquello hubiera ocurrido, pero estaba destinado que tanto él como Shion tenían que sobrevivir a pesar de las duras heridas de las batallas, del dolor que acarreaban en ese entonces, cuando sus corazones eran aun jóvenes y sentían que derramaban lagrimas de sangre por los santos caídos.

Elevo su mirada hacia el cielo recordando aquella madrugada cuando el sol a penas alumbraba con sus primeros haces aquel día y la lluvia bañaba aquel suelo, como si fuesen lagrimas hacia los que habían caído aquel día que había estado lleno de tragedia, el cómo tuvo que ayudar a Shion a levantarse pues estaba claramente molido a golpes, demasiado herido como para continuar con todo aquello, así que se aferro a lo único que podría preservar en ese tiempo y tanto él como Shion salieron adelante, apoyándose uno en el otro. Recordaba como la luz del sol baño de nueva cuenta la tierra mientras el cielo reconfortaba con sus lágrimas el dolor por los santos caídos. En ese momento cuando estaban hombro con hombro no eran las heridas físicas las que realmente dolían si no las del alma.

Después Shion se encargaría de ser el patriarca y reparar las armaduras dañadas, mientras él vigilaría el sueño del ejército de Hades con esmero esperando a que el sello de Athena volviese a romperse y el ejército del rey del inframundo volviese. Durante aquellos años en los que él y Shion se separaron no volvieron a verse físicamente no podía ni Shion dejar su puesto ni él abandonar el suyo, así que el uso de su cosmos fue la única forma de mantenerse unidos y darse apoyo. Cuando Shion murió fue el momento en el que reparo en la soledad y la cantidad que el tiempo en que había estado rodeado de la soledad y oscuridad y que aquel lemuriano amargado significaba la única cosa que realmente le ataba al pasado y que le ayudaba a seguir adelante, pero no más; se encontró solo en medio de las montañas de China hasta que conocía a Shiryu y después a Shunrei y su vida volvió a recobrar su fuerza al tener un sentido a demás de cuidar aquel sello, un motivo por el cual continuar luchando.

Contemplo desde lo lejos la traición del mismo patriarca, la muerte de Aioros y el dolor por el que estaban pasando el santuario y como este se sumergía en la misma oscuridad, mientras él esperaba que Athena volviese a aparecer, miro desde la lejanía como la orden dorada en su mayoría vivía en un completo engaño a excepción de Mu, que fue el único que huyo a tiempo de aquel lugar y en cierta parte fue debido a las enseñanzas que Shion le inculco, por eso también se mantuvo en contacto con el joven aprendiz a caballero de Aries ayudándolo y alentándolo a convertirse en santo y reclamar la armadura de la primera constelación aquella que perteneció a Shion por muchos años y que seguramente quería ver en su discípulo, por lo que ayudo a Mu en todo lo que pudo por respeto a Shion y cariño a su amistad.

Se enfoco a Shiryu y en su misión por años, hasta que la batalla de las doce casas estallo y muchos de aquellos niños que ahora eran santos dorados murieron a manos de su discípulo y sus compañeros conduciendo a Athena hacia su santuario, fue cuando revelo la verdad que él hacía mucho tiempo conocía y adquirió en cierta parte el patriarcado aun permaneciendo en vigilancia del sello desde China. Y les impidió a los santos dorados participar en cualquier guerra que se presento, en la de Asgard y Poseidón no dudaba que su fuerza destruyera los ejércitos enemigos en un instante pero quería conservarlos porque sabía que el tiempo estaba cerca y que les necesitaría de ellos en la guerra contra Hades y definitivamente así fue.

Cuando tuvo aquella visión y vio a Athena morir a manos de Hades su espíritu decaído ardió en poder y recobro la fuerza, como si el tigre dentro de él despertara después de un largo invierno, se dirigió hacia el santuario y cuando encontró a Shion en Aries, por unos segundos el ariano realmente le engaño, pero conocía a Shion desde hacía muchos años y sabia que la palabra del de ojos amatistas jamás fallaba por lo que solo le siguió el juego y cuando sus poderes se enfrentaron aquella noche de nuevo lluviosa, volvió a sentir la fuerza de la antigua guerra santa y la convicción que les impulsaba a seguir adelante, al tiempo que el dolor regresaba a sus mentes, por ello volvieron a correr juntos hombro a hombro hasta Athena pero fue muy tarde a pesar del sufrimiento de sus compañeros dorados Athena decidió seguir el consejo de Shaka y se quito la vida.

Ciertamente si hubiese sido joven y sin la sabiduría que los años le habían proporcionado hubiese reaccionado de la misma forma que los demás, hubiera visto mermada sus esperanzas pero no fue así, Shion y él miraron aun la esperanza y el final de las guerras santas, lamentablemente la vida temporal de Shion también termino y se volvió a encontrar solo, por lo que se unió a Kanon y fueron hacia el inframundo, alentó a cuál de sus compañeros se encontró, destrozo a cualquier espectro que se cruzo en su camino y dio su vida junto a sus compañeros dorados destruyendo el muro de los lamentos.

Ahora tenía una nueva vida y en realidad no sabía si podrían vivir tranquilamente si llegasen a terminar con Cronos y los demás, la vida de un santo jamás era pacifica siempre había un enemigo o una amenaza y realmente lo lamentaba por los jóvenes santos dorados que solo habían conocido el dolor y el sufrimiento. Apretó sus puños con fuerza y camino en dirección hacia el santuario. Tenían que terminar como diera lugar con Cronos no podía seguir agregando nombres al cementerio del santuario.

-¿Qué quieres Alacrán? – La voz de Aioria resonó con enfado. - ¿Por qué me haces venir hasta esta parte del santuario?

-Lo siento gato no quería interrumpir nada entre tú y Marín. – Repuso algo burlón el escorpión haciendo que las mejillas del santo de leo se sonrojaran. – Tu cara lo dice todo ¿Sabe Aioros que su hermanito menor ya no es tan inocente? – Y acto seguido soltó una carcajada.

-Eres un imbécil. – Contesto el león dorado golpeándole la nuca. - ¿Qué diablos quieres Milo?

-Tengo un trato para ti ¿Te interesa? – Observo la cara sorprendida del castaño al tiempo que alzaba ambas cejas y le miraba lleno de interés. –Es para recordar viejos tiempos.

-¿Y porque no se lo propusiste a Camus? No quiero que se ponga celoso de mí. – Contraataco, haciendo que Milo hiciera un puchero y le sacara la lengua.

-No eres rival para Camus. – Le resto importancia, dándole por su lado al gato. – Además eres muy moreno para mis gustos.

-Yo si pago la luz. – Repuso bromeando con Milo. – Ahora veo porque traes entre tus tenazas a Shaina.

-¿Quién te dijo eso? – La risa de Milo se interrumpió y miro a su compañero que tenía en su cara toda la descripción de la palabra touche, lo tomo por los hombros y comenzó a sacudirlo como si esto apresurara la respuesta.

-No ocupo que nadie me lo diga Milo, te vi molestándola. – Se quito los brazos de Milo de los hombros y le empujo para sacarlo de su espacio personal. – Sabia que te gustaba jugar con veneno pero no sabía cuánto.

-Así, ya me acorde. – Y el peli azul golpeo sus dos manos recordando ese día. – Tú estabas muy cariñosito con Marín ¿Me equivoco?

-Ya dime qué quieres. – Se exaspero el castaño pues sabía que podrían continuar así por horas y no llegarían a ningún lado.

-Gane. Ya te dije tengo un trato para ti. – Milo sonrió triunfal pero Aioria le golpeo el hombro.

-No me ganaste tengo cosas que hacer. – Se dejo caer en una piedra y miro a los ojos azules del octavo guardián que le miraba con malicia.

-Vez ese cuarto. – Aioria siguió con su vista el dedo donde Milo apuntaba, pero el escorpio le golpeo la nuca y le obligo a voltearse hacia otro lado. – A la derecha inútil ¿Lo ves?

-Sí. – Menciono sobándose el cuello y mirando feo a su amigo. – No es mi culpa que ya lo tengas chueco de tantos piquetes que has dado. ¿Qué tiene ese cuarto? – Volvió su vista al susodicho cuarto y luego a Milo en espera de que contestara.

-Pues ahí es donde Arles duerme. – Aioria volteo confundido hacia un sonriente Milo que festejaba como si aquello fuera la gran cosa y alzo una ceja con extrañeza lo que hizo a Milo ponerse serio. - Pues que esperamos vayamos a gastarle una broma, como en nuestra infancia.

-¿Qué? – La cara del león dorado se desencajo por completo no sabía si reírse o golpear a Milo por sus estúpidas ideas, como iban a gastarle una broma a Arles, pobre ya le habían hecho demasiadas de niños y el inútil del alacrán ahora le venía con que le siguieran fastidiando.

-Vamos no seas amargado. – Le animo Milo sacando unas bolsas negras llenas de objetos. – Te juro que será la última que le gastemos ni siquiera sabrá que fuimos nosotros. – Y esto hizo a Aioria dudar en realidad no estaba tan mal hacerle una última broma a Arles, después de todo tenía mucho tiempo sin reírse a plena carcajada. -¿Aceptas? Vamos Aioria como en los viejos tiempos. – Y Milo le tendió una de las bolsas esperando a que la agarrara, miro primero a su compañero y luego la bolsa y suspiro cansado intentando ocultar su entusiasmo.

-Vale, pero será la última. – Repuso con una sonrisa.

-Ese es el Aioria que me gusta. – Correspondió la sonrisa.

-¿Y porque no le dijiste a Camus? – Aioria mordió la bolsa para cargarla al tiempo que se ponía a escalar detrás de Milo para llegar al cuarto de Arles justo por el balcón sin ser vistos por nadie. El peli azul se detuvo a su lado y le miro sonriente.

-Ya sabes que no le gusta seguirme en mis estupideces. – Y dicho esto Milo emprendió su escalada avanzando por encima de un Aioria que había alzado las dos cejas. ¿De cuándo acá él era el único tarado que le seguía la corriente a Milo? Esa iba a ser la última vez y lo haría también que nadie les descubriría ni Shion, ni Athena o Arles.

Milo asomo sus ojos por el suelo del balcón y al no ver a Arles se apoyo lentamente con sus manos y callo suavemente al suelo sin hacer ningún ruido, introdujo su cabeza al cuarto a través de las cortinas y verifico que Arles no estuviera en el cuarto, volvió a salir al balcón y le hizo una seña a Aioria para que entrase, el león dorado brinco con agilidad al cuarto y le reviso con sigilo asegurándose que Arles no estaba.

-A esta hora Shion estaría dando permisos y revisando los avances pero ha pasado todo el día en la casa de Aries con Mu, por lo que Arles debe estar sacando el trabajo del patriarca. – Susurro a un lado de Milo que asintió.

-Tienes la boca cargada de verdad Gato. – Ambos giraron el rostro hacia el reloj de la habitación eran las 3:45 pm Shion daba asambleas hasta las 4:00 así que tenían 15 minutos para actuar, tal vez con 5 minutos más en lo que Arles llegaba a la habitación.

-Tenemos tiempo suficiente. – Y ambos comenzaron a sacar las cosas de las bolsas que Milo había llenado con sus últimas reservas de hace muchos años atrás y comenzaron a colocarlas por toda la habitación, mientras el tiempo trascurría y justo a los 19 minutos acabaron ya estaban los dos por salir de la habitación cuando Aioria se detuvo y miro hacia atrás. - ¿Qué haces?

-¿Qué le poníamos a Arles en el espejo cada vez que le hacíamos maldades? – Milo sonrió al ver a Aioria ya entrado en acción e introdujo su mano en una de las bolsas sacando un lápiz labial, que el mismo le había robado a Marín lo que lo hizo sonreír más y se lo lanzo a Aioria que claramente no lo reconoció, no era lo mismo comérselo junto a los labios de la pelirroja que usarlo de plumón.

-Era chachawamba. – Repuso Milo con una simple sonrisa plasmada en sus labios. Aioria la escribió rápidamente con el lápiz labial acompañado de "Bienvenido querido chachawamba" y se guardo el lápiz en el pantalón y retrocedió orgulloso de creación pues el letrero estaba acompañado de una carita con cuernos sacándole la lengua como solían hacerla de niños. – Creo que a la fecha todavía no puedo decir esa palabra. – Y ambos rieron por lo bajo cuando escucharon los pasos de alguien aproximarse por el pasillo, compartieron una sonrisa cómplice y salieron del cuarto por donde habían entrado, ambos saltaron por el balcón y se resguardaron detrás de una piedra escondiéndose, mientras contenían las risas nerviosas con grandes esfuerzos, sentían la adrenalina en su corazón y la felicidad que el hacer cosas como aquellas les provocaba, se dieran cuenta la orden o no, todo comenzaba a volver a la normalidad.

Arles llego a su cuarto agotado no recordaba que era ayudarle a Shion a hacer el papeleo del santuario y en eso pensaba distraídamente ya que le había faltado revisar unos informes de Jabu e Ichie pero pues ya les revisaría mañana sinceramente ocupaba descansar, tal vez una siesta de 15 o 20 minutos, tomo la perilla de la puerta y esta se cayó rodando por el suelo haciendo un ruido metálico, empujo la puerta con su mano no porque sospechara de lo que Milo y Aioria habían hecho si no porque ya le había quedado la costumbre de hacer eso a causa de las bromas que le gastaban desde que eran niños y avanzo en automático al no ver caer ningún balde con agua en su interior.

Sinceramente nunca había tenido la seguridad de señalar quien era el responsable de aquellas acciones pero ciertamente de todos los aprendices desconfiaba más de los santos dorados y de entre todos ellos de Saga y Aioros no sabía porque pero aquel par no le inspiraba confianza pues separados eran el ejemplo de todo santo pero juntos eran otro cantar. Y en realidad no era injusto que les acusara a todos los dorados pues todos habían participado en algún momento en gastarle una broma a Arles así que ninguno se libraba de la desconfianza de aquel santo.

Se aproximo directo a su cama que parecía el mismo paraíso en ese momento y cuando literalmente se recostó, la sabana que cubría la "cama" se hundió introduciéndolo en una tina llena de agua.

-¿Qué diablos? – Medio grito cuando el agua se introdujo a su garganta y el manoteaba desesperado por agarrarse de algo, se levanto y justo apenas se puso de pie se escucho un fuerte ¡Pum! Y una descarga de un liquido volvió a bañarlo pero como no le dio tiempo de reaccionar lo agarro con la boca abierta y los ojos al igual que comenzaron a arderle al instante corrió hacia el baño medio resbalándose y tirando todo a su paso a ciegas y en cuanto cogió la chapa de la puerta del baño sintió como esta quedo pegada a la esfera por lo que tuve que estirarse para alcanzar el agua del lavabo y enjaguarse los ojos, una vez que pudo ver, observo que la tina de su baño había- sido sustituida por su cama y que tal vez esta era en la que acababa de caerse.-

-¡¿Quién diablos hizo todo esto?! – Gruño con enfado luchando ferozmente por desprender su mano de la perilla de la puerta y cuando logro separarla esta llevaba en su interior un hilo el cual jalo haciéndose hacia atrás y un nuevo ¡Pum! Dejo escuchar, se giro rápidamente. – Por Athena. – Menciono cuando una bolsa llena de diferentes materiales se le pego al cuerpo, camino aun con esfuerzo a causa del jabón en sus piernas y zapatos y toda el agua desparramada por todos lados sintiendo arderse de rabia cuando miro hacia su espejo y no pudo reprimir un grito lleno de coraje al contemplar la firma de sus bromistas de nueva cuenta.

-¡Pensé que ya habían crecido pero lo único que creció fueron sus bromas porque subieron de nivel! – Grito enfurecido lanzándose contra el espejo para borrar aquel letrero. – Shion tienes que venir ahora. – Menciono vía cosmos al patriarca.

Tanto como leo y escorpio escucharon todos los gritos, amenazas y ofensas que Arles profería para ellos pero se sorprendieron a sí mismos aguantándose la risa, aquellos gritos les sabían a gloria e intercambiaban miradas divertidas entre ambos, pero palidecieron al sentir a Shion llegar hasta el cuarto de Arles, esperaron pacientemente disminuyendo su cosmos hasta el límite inferior que podían para ocultarlo y creyeron que el cosmos del patriarca se elevaría amenazantemente pero cuando escucharon la carcajada del peliverde ambos no pudieron reprimir por más tiempo sus risas y se vieron obligados a abandonar su escondite a risa tendida mientras salían corriendo del lugar, los dos se detuvieron ya muy lejos de ahí y rieron a rienda suelta durante más de 10 minutos, sus pulmones ya pedían clemencia y su abdomen ardía del esfuerzo así que las risas cesaron poco a poco.

-Tenemos que hacerlo de nuevo. – Menciono Aioria agitado por las risas mientras limpiaba con su dedo índice una lágrima traicionera a causa de la risa.

-Qué bueno que Arles revivió, ahora mi vida tiene sentido. –Y Milo continuo riéndose a carcajada suelta durante un buen rato, hasta que ambos se serenaron y regresaron demasiado calmados hacia las doce casas pero con una sonrisa triunfal en los labios.

Mascara de la muerte se levanto algo apesumbrado de su cama, había adquirido la costumbre que una vez terminado el desayuno volvía al sofá donde se quedaba de nueva cuenta dormido hasta que sentía el cosmos de Afrodita que entraba a su templo o le dolía la espalda por la posición tan incómoda, respiro profundamente y se tomo de las manos solo para estirarse una vez más. Camino hasta la sala de combates de Cáncer y miro su armadura dentro de la caja de pandora, se aproximo a ella y acaricio su borde dorado sintiendo la textura y los bordes de su constelación.

Chasqueo la lengua y trono sus dedos y de la caja de pandora comenzó a salir la luz dorada y la armadura apareció frente a él con su habitual apariencia de cangrejo, la miro fascinado por unos segundos al tiempo que pensaba como había cubierto de sangre aquel brillo dorado, se dejo caer sentado frente a ella y la contemplo en silencio, mientras respiraba con tranquilidad, cerro sus ojos y medito acerca de lo que pensaba hacer.

"No he sido el mejor santo dorado de la constelación de cáncer, eso lo sé yo y muchos. – Y eso le hizo sonreír con cinismo. – Pero lo que hice en el pasado no volverá a ocurrir ni conmigo ni en un futuro, los santos de cáncer debemos dejar de ser de esta forma. Tanto que odie a mi maestro por su crueldad y resulta que le supere y me convertí en un traidor, el bastardo estaría orgulloso de mi. – A su mente volvían imágenes de un pasado nada alentador cuando él estaba a merced del santo de cáncer pasado y su infinita crueldad. – Pero debo reconocer el maldito tenia castigos y torturas originales, era creativo. – Y aquello le hizo sonreír de nuevo. – Entonces ¿Qué dices cáncer, crees que aprendí la lección?

Abrió sus ojos y miro de nueva cuenta su armadura, se estiro un poco y toco las tenazas de cáncer, mientras sentía la ligera vibración dentro del ropaje dorado, Mascara sabía que había cambiado no estaba ya ni cerca de ser el asesino y traidor que fue en el pasado, tampoco era una bola de felicidad y amor como Aldebarán, soltó su armadura comprendiendo el significado de aquella vibración que compartió con él. Se incorporo y comenzó a dirigirse a la entrada de Cáncer para comenzar a descender pero apenas toco el primer escalón se giro y miro hacia la oscuridad de su templo y en su interior su propia armadura rodeada de la oscuridad proporcionada por el techo, aun sin rostros ni almas la casa de cáncer podía imponer un respeto lúgubre y es que no por ello dejaba de ser la puerta al inframundo.

-Gracias Cáncer por creer en mí de nuevo. – Y comenzó a descender relajadamente por las casas, en géminis ambos gemelos estaban discutiendo porque Kanon había roto una cama hacia 13 años, así que les saludo y se apresuro a la salida, no quería verse involucrado en algo como aquello, pero cuando llego a tauro miro al pequeño aprendiz a tauro golpeando duramente el intento más chafa de un saco, pues claramente era un saco de dormir que en su interior guardaba seguramente cualquier cosa, incluso hasta comida y eso le hizo torcer la boca en una sonrisa sádica, justo en ese momento Teneo se percato de la presencia de otro santo dorado y se giro consternado, poniéndose pálido cuando se dio cuenta que Mascara de la muerte era quien estaba tras él.

-Se… señor. – Farfullo con temor. – Mi maestro esta…

-No vengo a hablar con él. – Y esto hizo palidecer más al aprendiz a tauro al que le tembló ligeramente el labio inferior. – No te hare nada.

-¿Me lo jura? – Y en ese momento Aldebarán hizo presencia detrás de unas pilastras en silencio observando su interacción con Cáncer.

-En realidad dudo que en estas instancias mis palabras valgan algo niño. – Repuso alzando los ojos y mirando la figura del gigante. – Buenas tardes Aldebarán.

-¡Mascara de la muerte! Pero mira que grata sorpresa. – Y se acerco a paso tranquilo a su par, que cruzo sus brazos sobre pecho en la espera. – Espero y no te ofendas pero ¿Por qué creo que no solo viniste a asustar a mi aprendiz?

-Estas en lo cierto no solo vine a eso, pero ya me acostumbre a causar esa impresión en las personas. – Y Teneo ahora con la presencia de su maestro se había relajado y miraba de un santo dorado a otro. – Teneo ¿Cómo se llama tu compañero que decía no temerme?

-¿Dailos? – Respondió con duda mirando a su maestro que asintió con aprobación lo que le dio valor para afirmar su respuesta. – Se llama Dailos.

-Gracias, eso ha sido todo Aldebaran. – Y por su rabillo del ojo pudo ver que algo dentro del costal se movió, lo que lo alerto, claramente en su interior podía haber todo. Comenzó a caminar hacia la salida de tauro pero el segundo guardián le tomo por el hombro y le detuvo.

-Dime Mascara ¿Shion lo sabe? – Los ojos castaños oscuros del gigante se encontraron con los azules grisáceos de su par que sonreía con un mohín.

-Sí, se alegro por ello, pero aún así me siento totalmente preparado. – Aldebarán se sorprendió que Mascara le confiara algo como aquello, pues el cuarto guardián si revelaba sus preocupaciones solo lo hacía con su fiel e inseparable amigo de piscis por lo que aquella contestación le asombro.

-Mascara no eres el mismo que hace unos años, has cambiado mucho, eres un santo lleno de justicia y honor ahora, de otra forma hubieses dejado a los alumnos de Camus y Dokho en el inframundo, en vez de arriesgarte por ellos como lo hiciste. Toda la orden sabe quién eres ahora y no miramos ya a los errores del pasado. – Inimaginablemente la mirada de Cáncer pudo ver que el semblante siempre alegre de Aldebarán cambio y se torno serio, ambos se observaron con fijeza y tuvo que mirar hacia otro lado, para los demás podría ser fácil ver aquel logro pero para él tuvo que luchar contra sí mismo y eso le complicaba todo. - ¿Qué te preocupa?

-Voy a ser honesto contigo, me temo a mí mismo. – Mascara de la muerte sobo su nuca con su mano izquierda nervioso, pero el hecho de pensar que Afrodita se pondría celoso de aquel acercamiento con tauro, le hizo reír. – No quiero convertirme en mi maestro, ya le he imitado y superado en muchos aspectos. – Observo que Teneo estuviera fuera del alcance de sus palabras y luego se coloco frente a Aldebarán. – No me justifico ni nada de eso pero la educación que recibí ciertamente me indujo al camino de un asesino y la verdad disfrute muchas veces del matar. Eso es a lo que le temo yo fui producto de las ideas delirantes de un loco y perfeccione sus técnicas y cometí peores pecados que él, me aterra el crear a alguien aún peor que yo.

Un silencio incomodo se hizo entre ambos caballeros dorados que dejaron de mirarse fijamente y voltearon hacia otros lados, Mascara sintió un alivio al soltar aquella preocupación que no le había expresado a Shion ni a Afrodita, pero cuando sintió la mano de Aldebarán en su hombro y le vio sonreírle aquel alivio fue más glorificante que antes.

-Como ya te dije Mascara ya no eres así, has estado en los dos lados de la balanza y tú mismo observaste los resultados de tus acciones, se que inculcaras a ese niño un camino correcto pues tu preocupación demuestra lo entregado que ya estas a la causa y si algunas vez vuelves a dudar de ti o fallas, para eso estamos Afrodita y yo para regresarte al camino. – y una mano del musculoso golpeo el hombro del santo de la cuarta casa entumiéndoselo.

-Digamos que solo estas tu porque Afrodita y yo solemos cometer los mismos errores. – Repuso con una risita malévola, lo que hizo a Teneo mirarlo con miedo, seguramente ese niño tardaría mucho tiempo de perderle el miedo y todo por las historias fumadas de los guardias.

-Al final de cuentas Mascara ya no están solos, estamos todos nosotros para darles una mano y sé que los demás no se las negaran. – Aldebarán miro hacia su alumno y le sonrió. – Afrodita, tu, yo, todos hemos cambiado pero no por ello, dejamos de ser una familia medio disfuncional, pero al final familia.

-Tienes razón en eso tauro. – Se despido del guardián de la segunda casa y comenzó su descenso hacia los campos de entrenamiento quien pensaría que alguien como Aldebarán pudiera quitar tantas culpas y remordimientos de su mente.

Desde el primer día que le acompaño para ir en busca de Teneo, Aldebarán despertó en él la idea de tener un alumno, ya había aprendido que ni siquiera los santos dorados sobrevivían a las batallas, el era la prueba de ello ¿Cuántas veces había muerto? ¿Dos? ¿Tres? Y por ello era la importancia de dejar a un alumno, uno al que él le enseñara un camino más plano por donde pisar sin tropezarse, como él lo había hecho. Y sabia que tanto Camus, Dokho, Mu y ahora Aldebarán habían reparado en la importancia de dejar a alguien cuidando sus casas cuando llegara la hora de partir. Hyoga y Shiryu ya estaban listos, Kiki pronto lo estaría, por lo que debían pensar en dejar una nueva orden dorada sin tantos errores como los que ellos tuvieron que enfrentar.

Se llevo ambos brazos a la cabeza y camino en silencio en dirección a los campos de entrenamiento. Después de que Hades le reviviera realmente se replanteo lo mísero que había sido su vida, la vergüenza por la que estaba cubierta y el deshonor que acumulo que incluso su armadura le abondo. Era cierto no era el mismo de antes, pero no por ello olvidaba el hecho de quien había sido y de las atrocidades que cometido. Traiciones, asesinatos, torturas todo lo que una vez observo hacer a su maestro el repitió sus pasos de la misma forma e incluso hasta le tomo gusto y disfrute al ver correr la sangre de las personas, al tenerlos humillándose frente a él pidiendo clemencia haciéndolo sentir poderoso cuando en realidad solo era un idiota que traicionaba a sus principios como caballeros.

Si después de ir con Aldebarán a ese campo y que la loca idea de ser maestro abordara su cabeza, se replanteo durante días lo que realmente le enseñaría a ese niño, las técnicas, la fuerza, el cosmos era lo de menos cualquier aprendiz podía lograrlo pero él deseaba inculcar más que poder, principios y a la vez aprender en qué momento de su entrenamiento cometió los peores errores desviándose del camino del bien. Los días que pensó en cómo educar a un mocoso en un inicio le parecieron absurdo e incluso se le hacia intolerable la idea pero ahora sinceramente se sentía atraído.

Elevo su cosmos tenuemente llamando a su armadura dorada, que salió disparada de la casa de cáncer dejando tras ella un destello dorado y le vistió, apretó sus manos sintiendo como la armadura le rodeaba y la comodidad que implica el tenerla puesta. Camino decidido hacia el campamento de los jóvenes aprendices que no tenían ningún maestro y donde la mayoría terminaría convirtiéndose en guardias sin ningún rango en específico, pues eran ellos mismos quienes les entrenaban. Observo a un par de ellos luchando entre sí, sin la necesidad de utilizar un cosmos, en realidad dudo que aquellos niños pudieran utilizarlo si quiera y se pregunto quién dentro de todos ellos seria Dailos y sonrió al pensar en la forma en que sabría esa respuesta. Avanzo cerca de 10 pasos cuando los niños repararon en su presencia y tomo menos de 4 segundos para que le identificaran como el caballero de cáncer por la armadura, por lo que la mayoría de ellos se escabullo a paso apresurado por donde pudieron permaneciendo solo 3 niños.

Realmente tenía que agradecer a los chismes entre los inferiores aquella fama de asesino serial que le habían dado, sonrió cínicamente y abrió un poco más sus ojos azules analizando a los tres mocosos frente a él, uno claramente se había paralizado al verlo y solo temblaba como una niña, los otros dos le miraban con un dejo de cautela pero sin miedo, avanzo hacia ellos pero le sorprendió el ver que adquirieran poses de combate.

-¿Qué hacen mocosos? – Chasqueo la lengua y entorno los ojos, luego miro al niño que parecía a punto de un paro cardiaco y espeto con rudeza. – Lárgate. – El niño corrió dando tropezones asustado y gritando, lo que le hizo sacudir el rostro. – Ahora ustedes dos.

Uno de los niños apretó sus puños listo para cualquier emergencia mientras él otro le miro aun con cautela levantando los puños frente a su rostro como si fuera a pelear, dio un paso más y el niño con las manos empuñadas le lanzo un puñetazo que Mascara de la muerte detuvo con un solo dedo, la cara del mocoso se alumbro con miedo y cayó hacia atrás aterrorizado, pues el cuarto guardián ni siquiera había hecho fuerza en su dedo índice, retrocedió con sus manos y miro a asustado a su compañero.

-Yo me encargo. – Refuto un pequeño de cabello pelirrojo corto en forma de pico y unos profundos ojos negros que sonrió sádicamente pero aun así se noto los nervios en su infantil rostro, pues no pasaba de tener unos 8 años. Al ver aquella sonrisa Mascara de la muerte rio para sus adentros porque siempre tenían que tener esa sonrisa que inspiraba miedo, no había duda que aquel niño pelirrojo era Dailos.

-Mocoso ¿Tu nombre? – Refuto despreocupadamente ignorando al pequeño aun tirado sobre el suelo.

-Dailos. – Espeto agresivamente el niño mientras se le acercaba en forma defensiva, pero Mascara de la muerte le detuvo con su telequinesis y le elevo en los aires, arrancándole un grito de asombro, mientras su compañero se echaba a correr dejándolo solo, lo que sorprendió más al pelirrojo, que le siguió con la mirada dándose cuenta que estaba a la deriva con ese loco.

-Bájame. – Intento ordenar pero Mascara de la muerte le observo mientras el niño se sacudía con frenesí para liberarse de aquel poder.

-Escúchame mocoso. – Detuvo todo el movimiento del niño que le miraba cargado de furia con aquellos profundos ojos negros que se parecían tanto al abismo del monte Yomotsu. – Quiero que me respondas a la de ya. ¿Qué signo eres?

-Cáncer. – Y volvió a hacer esa misma sonrisa sádica, lo que hizo reír a Mascara de la muerte, no había duda esa sonrisa de asesino psicópata era característica de los de su signo. – Te contestare lo que quieras pero bájame.

-Bien pero no intentes nada. – Le bajo de golpe y el niño cayó al suelo en un sonido sordo. – Ahora quiero que me digas… - Pero Dailos aprovecho su distracción e intento atacarlo con una patada a la cara, le miro rápidamente de reojo y la detuvo, sus ojos centellaron de enojo y le tomo bruscamente de la pierna pero sin lastimarlo y le tiro al piso de sentaderas. – Escúchame mocoso, si pretendes ser un caballero no debes atacar a las personas a traición. – Siseo enfurecido y el niño comprobó una ligera elevación en el cosmos del caballero dorado, pero esa ligera cosmo energía le aterrorizo, le ganaba por millonésimas de veces a lo que él tenía en sus mejores intentos.

Asintió con inseguridad pues no sabía hasta donde había llevado a la paciencia del cuarto guardián, si ciertamente no le temía a la muerte ni al santo dorado relacionada a ella, que había hecho de su mejor arma a la misma, temió por unos segundos que lo que decían los guardias fuera verdad, pero le miro respirar varias veces, hasta que se sereno.

-Te la pondré fácil mocoso. – Espeto sin fingir enojo. – Tu sabrás que querrás de tu miserable vida y a lo que aspiras a esa edad, pero si quieres ser un santo, debes apegarte a las normas de Athena. – No del patriarca ni de nadie más. – Yo solo vengo a decirte eres de la constelación de cáncer, eso quiere decir que te protege la misma constelación que a mí, tu sabrás si quieres llegar a ser un guardia insignificante o un santo de bronce o plata, pero si aspiras a más tienes que obedecerme y tal vez algún día vistas a cáncer.

Y sin decir más Mascara de la muerte se levanto, dejándolo ahí tirado y comenzó a caminar hacia las doce casas sin mirar hacia atrás. A Dailos le tomo unos segundos comprender todo lo que había pasado en apenas casi un parpadeo, su pecho respiraba rápidamente y las descargas de adrenalina dentro de su cuerpo hacían que tuviera un ligero temblor, pero atraves del asombro comenzó a comprender lo que el cuarto guardián quiso decirle. Se levanto de un brinco, sacudió sus ropas de entrenamiento y miro hacia atrás donde sus compañeros y Aria; su hermana estaban, seguramente esperando por él, se acomodo rápidamente sus ropas y miro hacia donde Mascara de la muerte había desaparecido mientras la indecisión se asomaba a sus pensamientos. ¿Qué quería ser? Tal vez nunca más tendría una oportunidad como aquella, por lo que miro una última vez su campamento al que tal vez nunca más regresaría y se hecho a correr hacia las doce casas tras su maestro.

Continuara…

Adelanto: Lamentablemente el próximo capítulo tal vez le llegue su fin a un doradito, la vida es cruel muchachas, así que animo.

Aclaraciones:

-Sobre Isaac se menciona en el taizen que su frio era muy semejante al producido por Hyoga y también que no solo quería convertirse en el santo de cisne, sino que también ansiaba ser el sucesor de Camus.

Kaito Hatake Uchiha: El burro con patitas tendrá pronto su aparición estelar, obviamente salvando a nuestra querida Athena, que se dedica a eso, pero esta vez bajo protocolo del santuario y no a la brava como acostumbra.

Carlos: Si ya me plantee que los deje muy así, solo te pido paciencia porque la historia está tomando su rumbo final, así que easy.

Joana: Lamento el retraso pero es que tuve muchas cosas que hacer, intentare hacerlo lo prometo, pues se que en realidad era Milo quien debía encargarse del entrenamiento de Hyoga y lo rechazo y se lo pasaron a Camus.

Ana: Cuando Arles mandaba sobre el santuario, a Milo se le encargo ir a la isla Andromeda y destruirla por completo junto a todos los que hubiera en ella, pero Arles mando en secreto a Afrodita también que interfirió en una pelea entre Albiore y Milo atacando al caballero de Cefeo a traición y dándole la ventaja a Milo, porque iba a desarrollarse una batalla de los mil días entre un caballero dorado y otro de plata.

Pyxis and Lynx: Me alegra mucho que disfrutes de mi historia y que sientas algunas partes a flor de piel en realidad siempre intento hacer ese tipo de sentimientos. Ya se trato de hacer la relación Milo – Shaina dinámica, algo divertida y en cierta parte peligrosa ¿Por qué no? Si definitivamente la italiana debe de ser todo un reto. Y si Shaka quiere armadura que llueva de su hermosa y linda sangre así que como viste si.

Guest: Gracias por tu comentario.

KarliCM: Eso depende de quién gane esta guerra, un dios no muere pero si puede permanecer sellado para toda la eternidad.

Derama17: Ese tiempo de no matar a nadie está terminando y ya pensé quien será el primero, lamentablemente no puedo decirte quien va a ser. Como abras notado trato de meter a los dioses a la historia y sacarlos de la forma adecuada y a Apolo solo se me ocurrió así, aunque a Artemisa le duela en el alma, siempre los gemelos me dan cierta lastima cuando se les muere el otro y sinceramente la diosa de la luna tiene orgullo si quiere recuperar a Orión jamás aceptaría ayuda a de Persefone a cambio de algo, si ella lo quiere va al infierno por él, sin negocios sucios. Es que se me hace denigrante dejar a Shaina eternamente enamorada de Seiya porque seamos sinceros NUNCA la va a pelar.

Quise mostrar a la diosa del amor como toda una fierecilla y se me hizo graciosa tu confusión jaja. Milo no sabía lo de Albiore pero ya lo supo. Y sobre Isaac y Camus es una idea que me ha dado vueltas y vaya que lo he pensado, pero bueno ahora que están del mismo lado tal vez Camuchis le de uno que otro consejo o técnica. Pero ya te descubrí estas súper enamorada de las marinos de Pose que lamentablemente te sorprendere.

Beauty: Que bueno que mi historia te haga tener esos ratos de alegría y tristeza porque siento que así debe ser tratar de meter al lector a la historia. Lamentablemente Apolo era una amenaza y Cronos no iba a dejarlo andar por el mundo asi de campante. Pero déjame decirte que lo PEOR a penas inicia. Si Ares es un hijo de su madre.

Si Milo le va a tumbar todo el amor que puedo haber tenido Shaina por Seiya que no merece su amor.

Mugetsu-chan xd: Si Afrodita es todavía una fierecilla, pero si fuera una leona luchando le hubiera ido mal a Ares, pero el pagara sus pecados, todo se paga.

AnimeNextGeneration SNYC: jajaja sonó cruel pero me encanto lo de mis sexsimbols.

Persefone X: Pues este capítulo fue un poco más relajado al igual que el anterior porque los siguientes dos intentare sacarles unas lagrimitas. Si no creo que los dioses sean tan payasos si han de tener su corazoncito de pollo, el hecho es llegarle.

Si las cosas entre los dorados se medio calman, pero solo recuerdan un poco sus errores y estallara Troya, parece que todo va bien entre ellos pero no es así aun quedan muchos resentimientos. Y Athena es pieza clave para intentar vencer esas asperezas pero para ello tiene que acercarse más, conocerlos.

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