Hola antes que nada, solo para comentarles que inicie otra historia llamada nacido de la oscuridad, por si gustan leerla combinare a la serie clásica con lost canvas. Sin más que decirles disfruten el capitulo.
A una cosa más me voy de vacaciones, yeii así que tal vez el próximo capítulo lo suba el martes o miércoles de la siguiente semana.
Capitulo 19 Vivir es luchar.
Dionisio alcanzo a frenar la espada de Ares que se dirigía hacia un costado de él, giro rápidamente alejándose del acero enemigo, pero el dios de la guerra volvió a la carga contra él, no le daba ni siquiera tiempo para descansar. Sabía que no podría detenerlo por mucho tiempo, el conocía como utilizar una espada por el tiempo que estuvo de marinero, pero jamás podría medirse contra el mismo dios de la guerra. Arrugo el entrecejo y blandió su espada, que choco en un ruido metálico contra Ares.
-Persefone. – Le llamo el dios de la guerra. – No intervengas en ninguna batalla, todos los que se encuentren en este templo caerán por mi espada.
La pelirroja asintió y acompañada de Triptolemos fue a sentarse donde antiguamente Dionisio reposaba, para mirar en silencio la batalla. Podía sentir el ambiente pesado que creaba el odio de Ares hacia su medio hermano como si el hecho de matarle y tal vez torturarle pudiese traer de nuevo a Hera al mundo, aunque claramente ella misma dudaba que aquello ocurriera, si Hades estuviera despierto o su madre Demeter cooperara, al final cualquiera de ellos dos hubiesen podido crear un antídoto para la reina de los dioses, pero no le apetecía que la esposa de Zeus, regresara al Olimpo al contrario, ella merecía aquel castigo.
Las espadas volvieron a chocar, atrayendo de nuevo su atención, Ares se movió con agilidad y empujo de una patada a su hermano al suelo, que rodo hacia atrás para esquivar un embate del dios guerrero, pero la pared impidió que volviese a huir del ataque de Ares, por lo que la espada se clavo en el pecho de Dionisio, la sangre salió rápidamente por la herida manchando la túnica del dios del vino que impidió con su mano que Ares clavase más el filo en su pecho.
Pequeñas gotas de sangre corrieron por su mano, tiñendo de rojo la espada de Ares, mientras le apretaba con fuerza, aquel descuido casi le mataba pues si el filo hubiese avanzado más la hubiera enterrado en su corazón, movió una de sus piernas y derribo al dios de la guerra golpeándolo fuertemente en las pantorrillas, sintió como él arma de su enemigo abandonaba su pecho permitiéndole pararse, se abalanzo sobre el hijo de Hera haciéndole un corte en el brazo pues este se giro.
-Te voy a matar Dionisio. – El resentimiento y animadversión contra ellos había cejado el alma de Ares y nada le detendría hasta acabar con todos: Dionisio sería el primero y seguiría con Afrodita, Athena, Artemisa y continuaría de esa forma hasta que los dioses cayeran.
La espada desgarro el talón del dios de vino, que se doblo al sentir ese corte y antes de alcanzar a reaccionar, Ares se irguió de un salto y le tumbo al suelo de una patada, ambas espadas volvieron a chocar pero se sorprendió cuando la espada rojiza del dios de la guerra se separo en dos espadas, Ares tomo la espada con su mano izquierda y la clavo en el pecho de Dionisio, mientras con la derecha desprendía a este de su arma.
Sintió como el filo de la espada abrio sus carnes y avanzo hacia su interior, el dolor que le recorrió fue inmenso, era como si aquella espada tuviera algo en especial para hacerlo sentir dolor, pero antes de que volviese a levantarse, Ares comenzó a girar la espada en su interior, desprendiendo su carne y dañando sus nervios, lo hacía de forma lenta y avanzaba poco a poco, a veces sacándola para darle un ligero alivio y luego volviendo a la carga.
-Suplica por tu vida. – Ares encajo la espada de su mano derecha muy cerca al corazón del dios del vino el cual dejo escapar un quejido de dolor, pero que se limito a observar a su verdugo uno que el mismo se había buscado. – Se que le das tiempo a los otros dioses para que escapen como Hestia lo ha hecho, pero les matare a todos.
-Déjala a ella fuera de esto, Ares. – Dionisio tomo todas las fuerzas que le quedaban ignorando el dolor que sentía y golpeo la rodilla del dios de la guerra haciéndolo retroceder, sin embargo las espadas se quedaron clavadas en su pecho, tomo ambas empuñaduras y las desprendió de su cuerpo. – Tu madre se lo merecía y lo sabes.
-Nunca más le vuelvas a mencionar. – Ares apareció una ballesta en su mano y le disparo directamente a Dionisio, la flecha atravesó su pecho y una vez dentro de él esta se incendio quemando la carne del dios, que cayó de rodillas, sintiendo las oleadas de dolor que nublaban su vista, Ares se acerco a él y clavo su espada en el corazón del semidiós, que se desplomo en el suelo, rodeado de un profuso charco de sangre, proveniente de las heridas causadas por él, mientras el cosmos de Dionisio se extinguía.
Ares rompió la puerta de la habitación y se dirigió apresuradamente hacia donde se encontraba el cosmos de Afrodita junto con el de su esposo Hefestos, a penas abrió la puerta una flecha se encajo en su pecho, la tomo molesto ignorando el dolor de aquella arma y la arranco de su tórax lanzándola al suelo, se abalanzo sobre la rubia que se alejo hábilmente de él, colocándose a un lado del hermano de Ares.
-Eres una perra. – Refuto enfurecido, tomo el mango de su espada y observo como Hefestos le apuntaba de nueva cuenta con el arco, que estaba tensado ante su agarre y le apuntaba directamente a él, estiro una de sus manos para alertar a Persefone y Triptolemos que no entraran a la habitación y fijo sus ojos rojizos en quien fuera su amante. - ¿Cómo la defiendes si después de todos, ha pasado por todas las camas del Olimpo?
-Ello no quita que sea mi esposa y que deje de ser una mujer. – Hefesto tenso más el arco y siguió con la punta de la flecha a Ares que comenzó a moverse por aquel frondoso jardín.
-Ella asesino a tu madre. – Espeto balanceo su espada ágilmente y esta comenzó a mutar, el filo se transformo en madera y la punta de esta se plegó formando una lanza, la cual empuño justo en medio, apretando sus dedos alrededor de aquel palo, que elevo unos centímetros por encima de su hombro y apunto a su hermano.
-Hablas de aquella que se avergonzó de mi, esa no es mi madre. – Tercio Hefestos, le indico con una rápida mirada a Afrodita que se pusiera tras él y la diosa del amor obedeció al instante. – Hera solo es madre de un dios y ese eres tú, así que soporta su pérdida tú solo, al final eres al único que le importa lo que le paso.
-¡Maldito! – Ares grito lleno de furia, Hefestos se alerto ante esto y libero la flecha que era sostenida por su mano derecha, que surco el aire hacia Ares, este giro rápidamente su mano y arrogo la lanza envuelta en su cosmos, esta choco en su trayecto con la flecha del dios de la herrería destrozándola y clavándose justo en medio del pecho de su hermano.
Afrodita grito asustada al verse bañado su blanquecino rostro de la sangre de su esposo y sintiendo como el cosmos de Hefestos desaparecía, Ares había dado un solo golpe, uno que había sido por demás certero y letal, la diosa del amor abandono la protección que este le ofreció y encaro a Ares. – Me he cargado a dos dioses por ti. – Espeto el acercándosele, estiro su mano y elevo su cosmos haciendo que la lanza saliera del cuerpo de Hefestos el cual se desplomo en el suelo y que retomo para lanzársela a su ex – amante.
-Como te lo dije antes Ares, tú jamás volverás a tener placer utilizándome. – Ares arrogo la lanza contra ella, pero el cosmos de la deidad del amor, utilizo las ramas, hojas, lianas y plantas que estaban en el jardín entre tejiéndose entre ellas para formar una red, que detuvo el arma y sin más Afrodita huyo de aquel templo, que comenzaba a destruirse por la ausencia de su dios.
…
-Esta vez no tenemos a nadie que nos interrumpa. – Aiacos elevo sus manos poniéndose en posición defensiva, mientras su cosmos purpureo le rodeaba, una cínica sonrisa se dibujo en sus labios. – Esta vez no está Radamanthys, ni el caballero del fénix para defenderte.
-Es un error pensar que les necesito para aplastarte. – Kanon le miro de soslayo lleno de indiferencia lo que hizo enfurecer al juez. – Al menos en esta vida les enseñaron a ser guerreros y no necesitar de los "poderosos tres jueces del infierno" para detener a un santo dorado. – Espeto el gemelo menor lleno de burla, miro como Aiacos empuñaba sus manos lleno de rabia y se lanzaba contra él.
Kanon permanecía con los ojos cerrados, concentrándose para percibir la cercanía del juez de garuda. Esta vez le probaría con sus poderes al 100% y no como aquella vez, en el inframundo cuando él y Minos interfirieron en la pelea que estaba desarrollando contra Radamanthys. Abrió sus ojos con rapidez y elevo su mano deteniendo el puño de juez. Este gruño y alzo su otra mano, pero el resultado fue el mismo. El cosmos de ambos se mezclaba ante la cercanía de ellos, el dorado por parte de Kanon y el violáceo de Aiacos que empujaba sus puños con fuerzas con el fin de vencer la defensa del ex – general marino, que no se inmutaba ante el esfuerzo del juez.
-Esta vez no voy a limitarme contra ti. – Refuto Kanon apretando su agarre, sintió como los nudillos de Aiacos tronaron bajo sus palmas y vio por un momento la ligera expresión de dolor del juez, la cual fue sustituida por rabia. Aiacos utilizo una patada para intentar derribar a Kanon pero este soltó el agarre y brinco hacia atrás. Sus miradas chocaron por unos segundos, sus cosmos se alzaban peligrosamente, no había forma de que se lastimaran con ataques físicos, ambos estaban adiestrados como grandes luchados de guerra, conocían a la perfección ataques de defensa personal y como frenarlo así que se alzo como única posibilidad el uso de sus técnicas más poderosas.
-¡Aleteo de Garuda! – Aiacos recobro rápidamente la compostura, sonriendo con frustración al ver en vano su primer ataque. Elevo sus brazos y los cruzo sobre él, a sus lados se formo una violenta corriente de aire que elevo a Kanon hacia arriba a pesar de la explosión de cosmos que el gemelo menor genero para detener aquella técnica. Su cuerpo se alzo verticalmente, impidiéndole escapar a causa de las corrientes de aire que le hacían virar bruscamente.
Camino unos cuantos pasos y marco una X en el suelo con el pie, sonrió mordazmente contemplando como Kanon era golpeado por las corrientes de aire que le hacían virar bruscamente sobre sí mismo. – 3… - Su sonrisa se amplió más al ver que el peli azul descendía en caída libre. - …2… - Retrocedió un paso para contemplar la caída brutal de Kanon. - …1… - Su sonrisa se amplió al escuchar el estruendo del golpe, el oji verde se estrello violentamente contra él suelo justo en el punto marcado por Aiacos, los trozos de suelo fueron elevados, dejando un enorme cráter en el terreno. – Esta es mi parte favorita.
Kanon respiro con fuerza, sintiendo un terrible dolor por todo el cuerpo, tomo unos trozos de piedra en su mano y les apretó, como si estos fueran a hacer disminuir las punzadas de ardor que sentía en todo su cuerpo. Elevo el rostro para ver como Aiacos se colocaba al filo del inicio del cráter, sonriéndole con superioridad. El espectro elevo su mano derecha y el agua que había en la atmosfera comenzó a formar hielo, la cual se agrupo para materializar lanzas de este.
-Loto blanco. – Escucho susurrar a Aiacos, vio como bajo el brazo abruptamente y estas se dirigieron hacia él, se olvido del dolor en ese momento y se empujo con ambos brazos, lanzándose hacia atrás con fuerza, su cuerpo golpeo contra una de las paredes del cráter y observo como las lanzas se enterraban en el suelo, atravesando sin piedad lo que bien pudo haber sido su cuerpo. – ¿No que te ibas a encargar de mi?
-Esto aún no se termina Aiacos, pero te juro que te voy a matar. – Kanon elevo sus ojos cargados de desagrado hacia el espectro, que comenzó a reír. Se apoyo con torpeza en sus brazos y salió del cráter.
-Puedes intentarlo hasta que destruya tu cuerpo. – Aiacos se movió peligrosamente impulsado por sus alas y se aproximo a Kanon que le miraba con una sonrisa en el rostro. – Aleteo de garuda.
Kanon se vio alzado por los cielos, mientras escuchaba la risa taladrante de Aiacos, su cuerpo viro sobre sí mismo, mientras las fuertes corrientes de aire le impedían tomar el aire que necesitaba, cerro sus ojos con fuerza y empuño su mano derecha la cual rodeo con su cosmos, abrió sus orbes verdes concentrándose en la figura del espectro la cual dibujaba entretenida la X en el suelo, sintió como su cuerpo revoloteaba con furia y empezó a oír al juez contar desde 3 retrospectivamente. Comenzó a descender con fuerza, previo su caída y encendió su cosmos, que le dio un aspecto de un meteorito descendiendo a la tierra. Cuando le faltaban unos metros para golpear el suelo, hizo explotar su cosmos lo cual le hizo girar y revertir su posición deteniendo la velocidad de la caída.
-Satán imperial. – Kanon abrió su mano y un fino haz de luz dorada atravesó la frente de Aiacos que se sorprendió de recibir aquel impacto, sintió un fuerte dolor en la cabeza que le obligo a caer de rodillas y llevarse ambas manos a la cabeza para mitigar el dolor, su conciencia comenzó a nublarse y un fuerte golpe atravesó hasta su psique. Una energía dorada comenzó a rodear la cabeza del espectro y sus ojos destellaron por unos segundos de color rojo.
Kanon cayó al suelo rodando, se detuvo con su mano frenando así su propio avance. Se levanto y miro a Aiacos que estaba de rodillas en el suelo cubriéndose la cara con la mano mientras unos finos hilos de sangre escurrían de su frente por el dorso de sus manos, el espectro estaba mirando hacia el suelo, mientras su cuerpo temblaba ante el dolor, sonrió gustoso de verlo en aquella posición.
-El verte de rodillas ante mí, hace que valga la pena haber recibido tus dos ataques. – Kanon sonrió con complacencia, Aiacos dejo escapar un leve gruñido al enterarse de que Kanon solo había permitido que le golpeara para dejar que se confiara y no esperara que le iba a atacar en medio de su ataque.
-Me… me las pagaras… géminis… esta ¡Humillación! – Kanon dejo escapar una pequeña risa, Aiacos alzo el rostro aun convulsionando por el dolor y elevo su vista hacia Kanon, le observo lleno de odio, resentimiento y una inmensa furia contenida.
-Tú eres quien se lo está gritando a los cuatro vientos. – Le espeto. – Vamos levántate, no seas débil. – Le provoco. – El Satán imperial no es para tanto, no sabía que fueras tan dramático. Solo es una técnica que me permite hipnotizar a quien la recibe y controlar sus actos. Pero ambos sabemos que en ti no ha tenido ese efecto. Así que no seas marica. – Continuo desafiando al juez que elevo en ese momento su cosmos, un grito enfurecido abandono su garganta y el suelo a su alrededor salió despedido.
-Conquistador de Idra. – Aiacos se elevo en el aire al revolotear sobre sus alas, las cuales se agitaron con fuerza y de ella se desprendieron miles de plumas negras flameantes que se dirigieron hacia Kanon que retrocedió ante las plumas de fuego, que le siguieron para intentar atravesarlo. Se planto sobre el suelo con fuerza y estiro su brazo frente a él.
-Otra dimensión. – El oscuro portal intradimensional absorbió todo las plumas ennegrecidas por las llamas que se dirigían hacia él, retiro su mano y camino hacia Aiacos que le miraba lleno de una frustración y sin fingir molestia por que su ataque no le destrozara el cuerpo.
-Debo admitir que esta batalla es muy diferente a la que tuvimos en el reino de mi señor. – Aiacos elevo su cosmos, rodeándose por una densa niebla purpurea.
-Si en aquella ocasión les vencimos sin problemas a pesar de que éramos menos, les destrozaremos en esta. – Kanon sonrió mordazmente, viendo el ceño enfurecido del juez de garuda. Faltaba poco para tener otra oportunidad para golpear la psique del juez y destruir por completo su defensa y resistencia, tal y como Ikki lo hizo en el inframundo. Si llegaba a destruir la mente del peli azul no abría salvación para Aiacos, ya dominaba su mente pero aun le faltaba hacerlo pasar por un daño cerebral tremendo.
-¡Ilusión galáctica! – La técnica oscura del juez formo una densa masa que se acompaño de fuertes corrientes de aire, pero Kanon alzo sus potentes brazos y detuvo la técnica, lo que le empujo con fuerza hacia atrás, haciéndolo retroceder. "Si el inútil de Saga puede, más fácil es para mí". Había contemplado aquel ataque durante la guerra santa, cuando Aiacos lo utilizo en Ikki, que dejo al caballero de bronce aparentemente muerto, no era una técnica que quería probar del juez. Sus manos ardieron y sintió como estas comenzaban a desgarrarse por la presión del ataque, que amenazaba con estallarle en las manos. -¿Qué diablos haces?
-Esta técnica es muy parecida a la explosión de galaxias y no tienes idea de cuantas veces he frenado este ataque en el pasado, hacerlo otra vez será pan comido. – Durante su época de aprendices cuando él y Saga se llevaban bien, esto le dio risa. En sus entrenamientos una vez que lograron utilizar la técnica suprema de los santos de géminis, se empeñaron en detener la del otro, así que a pesar de que la primera vez, Saga casi le mato, con el tiempo lograron hacerlo.
Planto un pie con fuerza en tierra, deteniendo el empuje del ataque de Aiacos que le miraba estupefacto ante aquello. Aumento su cosmos utilizándolo para reducir el ataque en sus manos y a pesar que este centellaba en sus manos, comenzó a extinguirse. El juez le miro lleno de furia y su expresión se desfiguro por completo ante el odio que aquel santo le provocaba, sin duda por algo Rhamanthys tuvo tantos problemas con él.
-¡Te matare Kanon de géminis! – Y antes de que el gemelo menor lograra controlar la ilusión galáctica del juez, Aiacos se preparo para atacarlo de nuevo. - ¡Destello de la muerte galáctica! – El espectro canalizo intensamente todo su cosmos y los ojos de su casco se rodearon de la densa bruma. Detrás de él comenzó a formarse tres enormes ojos de color violáceo muy parecidos a los que el espectro tenía en su surplice, este le observaron y los ojos esmeraldas de Kanon hicieron contacto con ellos, cuando extinguió por completo el anterior ataque del juez, para cuando sus miradas se cruzaron este emitió un potente destello blanquecino que fue sustituido rápidamente por la emisión de una luz violácea rojiza que penetro directamente en sus ojos cegándole por unos segundos.
Advirtió como esta llego hasta su cerebro provocándole un terrible dolor que le atravesó todo el sistema nervioso central, recorriendo todo su cuerpo y quemándole todos los nervios de su cuerpo, cayó de rodillas, intentando encender su cosmos para frenar el dolor e intentar recuperarse pero este no despertó, una nueva descarga de aquellos ojos, volvieron a quemar todos los nervios de su cuerpo de nuevo, se apoyo sobre sus manos para evitar caer al suelo, a la vez que respiraba trabajosamente por el dolor que le había infligido aquella técnica, intento levantarse pero su cuerpo no le respondió, por el contrario temblaba ante el infinito dolor por los daños sufridos a sus nervios y se desplomo en el suelo. Pensando en que Aiacos le daría un ligero descanso pero se equivoco tremendamente.
-¡Aleteo de Garuda! – Su cuerpo fue levantado por los aires de forma vertical, sintiendo las bruscas sacudidas de las corrientes de aire, que arrastraban su cuerpo sin piedad, que esta vez escucho como varios de sus huesos se fracturaban por el brusco virar del ataque. No percibió cuando Aiacos hizo la X en el suelo ni si conto regresivamente esta vez. Pero cuando se vio descender contra el suelo por más que quiso encender su cosmos, cada vez que lo intentaba una nueva descarga del ataque pasado recorría todos sus nervios destruyéndolos y provocándole un enorme dolor.
Cuando se impacto contra el suelo este abrió paso para recibir a Kanon, formando un enorme boquete en el mismo, las fracturas que tenia aumentaron, el golpe le saco todo el aire del cuerpo y por unos segundos estuvo inconsciente. Abrió los ojos con dificultad sintiéndose completamente destrozado y sumamente cansado, tosió un par de veces arrogando sangre que le arranco fuertes punzadas de dolor y le hizo cortar su respiración abruptamente. "Maldito Saga, odio cuando tienes razón" y es que su gemelo siempre le había dicho que jamás subestimara a su enemigo y él había cometido el error de hacerlo con Aiacos a quien sin duda consideraba más débil que Rhadamanthys pero era todo lo contrario. El juez de Garuda tal vez no fuera el favorito de Hades, pero era él espectro más fuerte de su ejército.
Escucho a Aiacos decir unas cosas, más sin embargo no le entendió, todo le daba vueltas, estaba terriblemente mareado y estaba dentro de un charco de su misma sangre. Junto todas las fuerzas que le quedaban y se apoyo en su antebrazo, pero aquel movimiento le arranco más de una oleada de dolor, mordió su labio inferior para impedir que un grito abandonara su garganta.
-Athena debería decepcionarse de ustedes, hablan demasiado pero son tan débiles que no pueden cumplir lo que dicen. – Aiacos le golpeo el rostro de una patada que le lanzo de nueva cuenta al piso, esta vez boca arriba mientras se retorcía del dolor que sentía, llevo una mano hacia su costado y comprobó que tenía varias costillas rotas que atravesaron su piel. Una muesca de sufrimiento se dibujo en su rostro mientras veía el maldito rostro del espectro.
-Seguramente por eso Hades perdió. – Si hubiese estado en mejores condiciones se hubiese reído, al no ser así simplemente expreso una media sonrisa.
-¡Insolente! – Aiacos elevo su mano hacia el cielo y condenso de nueva cuenta el agua de la atmosfera y las filosas lanzas de hielo se formaron en el aire, el juez dejo caer su mano y 3 de esas lanzas se clavaron en él santo, percibió como el cosmos de este disminuyo hasta casi extinguirse y las heridas en su cuerpo aumentaron. -¡Muérete de una vez! – Se giro dándole la espalda, Kanon no tardaría en morirse con esas heridas, tal vez en cuestión de minutos, observo con sus ojos castaños las barracas de las amazonas y se dirigió hacia ellas. Tal vez se divertiría con esas mujeres.
-Si Seiya… nos enseño algo, fue a que hasta el matarnos les cueste trabajo. – Aiacos se giro frunciendo el ceño, miro asombrado a Kanon de pie, su cosmos dorado le rodeaba y había derretido el hielo incrustado en su cuerpo, que incluso había atravesado la armadura dorada, dio dos pasos lentamente y concentro su vida en su puño, el cual abrió lentamente y apunto su dedo índice hacia el juez.
-¡Aleteo de Ga…! – Antes de que el espectro lanzara su ataque, un rayo dorado abandono su segundo dedo, volviendo a golpear a Aiacos gusto en el mismo lugar que el Satán imperial había impactado. "Mira tú, hasta buena puntería tengo" Sonrió cansadamente para sí mismo volviendo a ver a Aiacos retorcerse de dolor. -¿Qué es esto?
-Puño ilusitorio. – Susurro fatigadamente, Aiacos se retorció en el suelo al verse sorprendido ya por dos técnicas que atacaban su sistema nervioso central. El primero el Satán imperial que le había destruido el juicio y ahora el puño ilusitorio el cual comenzó a causarle terribles alucinaciones que le desorientaron, acabando con su espíritu de guerrero y destruyo fuertemente su sistema nervioso central, paralizándolo por unos momentos. Las oleadas de dolor le embargaron al igual que a Kanon, lo que le hizo retorcerse.
-¡Mal… maldito! – Ladro el espectro, apoyándose sus manos sobre su rodilla y respirando con dificultad por la boca, comenzó a incorporarse mientras sus ojos centellaban enfurecidos, una vez de pie miro sorprendido como el cosmos de Kanon continuaba elevándose a pesar de estar gravemente herido, apostaría casi al borde de la muerte ¿Qué hacía a los santos de Athena luchar de esa forma?.
-Siempre lo he sido. ¡Explosión de galaxias! – La fuerza destructiva del ataque más poderoso de los géminis surco el aire. Kanon la ejecuto con sola una mano haciendo arder su cosmos mientras hermosos planetas de distintos colores y tamaños giraban a su alrededor, movió levemente su mano hacia el espectro y los planetas fueron atraídos hacia el espectro, chocando entre si y estallando en un resplandor dorado que creó una onda expansiva de energía que destruyo todo entorno al juez y le desintegro.
Los orbes verdes del gemelo menor, miraron la hermosura de su técnica que lanzo perfectamente. Hacía mucho que sus ataques no tenían nada que envidiarle a los de Saga. Observo como las estrellas y astros se extinguían frente a él y revoloteaban pequeños destellos de su cosmos dorado en el cielo. Un mareo le embargo y dirigió sus ojos esmeraldas hacia sí mismo, su armadura dorada estaba teñida de su sangre, contemplo unos segundos la destrucción a su alrededor y después observo a lo lejos la estatua de Athena que parecía velar por todo el santuario y por él, entonces se desplomo con una sonrisa en los labios.
…
Estaba recargado en la pilastra de su templo, tenía los ojos azules cerrados y sus brazos cruzados descansaban sobre su pecho. Parecía que estuviera sumido en una profunda meditación, sin embargo toda su atención estaba en sus compañeros que estaban combatiendo arduamente, unos en el monte Parnaso en compañía de su diosa, otros en los límites del santuario impidiendo que los enemigos llegaran hacia los doce templos.
-Maestro. – Escucho que le llamaba Hyoga, abrió sus ojos lentamente y le prestó atención. – ¿En qué momento usted le hablo a Isaac de la ejecución de aurora? – Camus volvió su vista al horizonte donde percibía el cosmos de su alumno utilizando aquella técnica.
-Un mes antes del accidente. – Le miro de reojo y observo como Hyoga agacho el rostro aún apenado por aquel suceso. – En realidad solo se la explique, el debió desarrollarla solo.
-Muchos de sus ataques son diferentes a los nuestros, en la forma de realizarse. – Hyoga continua sentado en las escalaras de entrada de acuario, observando hacia el mismo punto que su maestro lo hacía.
Camus volvió a cerrar los ojos, con tranquilidad. El hecho de que Isaac usara de forma diferente sus ataques pero que supiera de ellos, debía haber sido por la influencia de Kanon en su educación, él conocía las técnicas de acuario no por él si no por quien fuere su maestro. Seguramente el gemelo menor tuvo más de una oportunidad de ver al ex – santo de acuario, enseñarle sus técnicas cuando él vivía en las sombras del santuario.
-"Caballeros dorados." – Les llamo Shion por medio del cosmos, esto atrajo su atención hacia sus compañeros que luchaban en ese momento en el santuario. El cosmos de Milo era agresivo pero podía notar que aún así su amigo no lo estaba explotando al máximo. El de Shaka y Mu estaban ligeramente elevados, muy probablemente porque querían descubrir primero la fuerza y las intenciones de su enemigo, pero cuando busco el de Kanon le percibió ardiendo.
-"Patriarca, Kanon esta..." – Refuto Afrodita ligeramente alterado.
-"Alguien de nosotros debe ir en su ayuda" – Contesto Mascara de la muerte.
-"Lo sé a la perfección, pero él no les perdonara si interfieren en su batalla contra el juez Aiacos de Garuda" – La voz de Shion resonó como un mandato.
-"Tenemos que hacer algo patriarca, no podemos simplemente quedarnos viendo" – Menciono Aioria, percibió como su cosmos se altero y se movilizo algunas escaleras hacia cáncer.
-"Deben calmarse, no dejaremos a nadie atrás." –Menciono Shion. Camus abrió sus ojos con sorpresa sintiendo el cosmos de Shaka arder, se elevo peligrosamente, aún más del día que le enfrento en compañía de Saga y Shura en el jardín de los sales gemelos y sin más su energía desapareció.
-Maestro… el cosmos de Shaka ha desaparecido. – Le llamo Hyoga levantándose de su lugar y atrayendo de nuevo su atención.
-Lo sé Hyoga, debe haber un motivo tras esto. Su cosmos ardió hasta alcanzar el nivel de un dios, no puede extinguirse de esa forma nada más. – Le calmo y volvió a prestar atención a la conversación con los otros dorados.
-¡Shaka! – Escucho la agitación en el pensamiento de Aioria.
-"Mascara de la muerte, ve a por Kanon debe estar gravemente herido, date prisa." –Le ordeno Shion.
-"Si, patriarca" –
-Maestro ¿Qué ha ocurrido con Shaka? – La voz suave pero preocupada de Afrodita intervino.
-"No lo sé, pero el mismo me ha avisado que desaparecería, no tenemos de otra más que confiar en que sabe lo que hace" -
-"Espero que le castigue, se fue sin pedir permiso, solo le aviso" – Camus sonrió al escuchar la intervención de Milo en su conversación, lo que le arranco una suave risa, que solo escucho Hyoga quien casi muere de un infarto al oír reír a su maestro de la nada, mirándolo aterradamente.
"Milo concéntrate" – Le reprendió tranquilamente Shion.
"Es que si fuera yo ya estaría pensando en mi castigo, patriarca" – Bromeo el santo de escorpio con cierto reclamo en su voz, así era Milo hacia bromas para restar tensión a las situaciones como aquellas.
"Si pierdes te voy a castigar." – Le amenazo. – "Aldebaran ve al coliseo y averigua que ha ocurrido"
-"Dirá patriarca lo que quede de él." – Aviso de nueva cuenta Milo
-"¡Milo!" – Las voces de reproche por parte de Aldebaran, Aioria y Shion resonaron en su mente.
…
Myu sonrió con disgusto al ver que Mu no se inmuto, ni siquiera se había movido desde que el había llegado, lo que lo tomo como una ofensa hacia él. ¿Es que acaso Mu, se había confiado porque lo había vencido una vez? – Aquella vez tuviste suerte Mu, esta vez será muy diferente.
Mu respiro profundamente para concentrarse en su enemigo, a pesar de que el espectro venia en su última metamorfosis algo le indicaba que podría utilizar todas sus técnicas. Así que cuando le vio arrogarle su erupción repúgnate no se sorprendió, retrocedió rápidamente evitando que el gas y acido lanzado desde las manos del guerrero de Hades le alcanzaran, pero estos avanzaron rápidamente hasta él con intensiones de tocarle.
-Muro de cristal. – Murmuro con tranquilidad, varias gotas de aquel ectoplasma golpearon su pared, pero fueron lanzadas bruscamente contra el suelo, al ser bloqueadas, el cual comenzó a corroerse y erosionar el mismo, formando unos profundos boquetes donde cayeron al suelo.
-No repitamos nuestra batalla pasada ¿Quieres? – Dijo con disgusto el espectro, sacudiendo su mano del mismo ectoplasma que él había lanzado, las gotas que se desprendieron de su mano tuvieron el mismo resultado que sus predecesoras. – No me tengas miedo Mu, es hora de que salgas de tu madriguera.
Mu desapareció su muro de cristal, no porque el espectro se lo hubiese pedido si no porque aquella sensación que le menciono a Shion le estaba embargando de nuevo, por lo que no perdería tiempo con Myu simplemente se encargaría de destruirlo.
-Hilo de seda. –De las manos de Myu se proyectaron numerosas cuerdas de seda, que sujetaron a Mu de las manos y los pies, elevándolo en el aire. – Esta vez no te hare un capullo, ni intentare ganar tiempo, tómalo como una previsión para que no huyas. Recuerdas a mis amigas. – Una hada del infierno apareció detrás del espectro y se poso sobre su hombro, ondeando lentamente sus alas de arriba hacia abajo. – Esta vez van a acabar contigo.
Myu chasqueo sus dedos y numerosas hadas comenzaron a aparecer entre Mu y el espectro, que sonrió con malicia. Las hadas del reino de los muertos comenzaron a revolotear todo el aire, moviéndose a la velocidad de la luz y comenzando a rodear al caballero de Aries.
Mu intento desprenderse del hilo de seda que sostenía sus extremidades con desesperación, las halo con fuerza tensando sus músculos, pero sus agarres no cedieron, volvió su vista hacia el frente donde papillon acariciaba con su dedo índice el dorso de una de sus mariposas, luego observo como comenzaba a ser rodeado por las hadas. Acumulo su cosmos en sus manos y lanzo una explosión dorada de su cosmos destruyendo los capullos que las apresaban, repitiendo su ataque en sus pies, cayó al suelo, mientras las hadas volaban hacia él.
-Que lastima que hayas escapado. – Fingió preocupación el espectro. – Ya sabes que ellas te encontraran donde sea.
Mu se teletransporto lejos de Myu, ganando una prudente distancia entre él y el espectro, pero rápidamente las hadas volvieron al ataque siguiéndolo. Por lo que comenzó a teletransportarse a diferentes puntos, a su vez las hadas revoloteaban de un lado hacia otro siguiéndole, esto le provoco una risita al espectro, que veía a sus hadas como un enjambre de abejas siguiendo a alguien que les había molestado.
-¿Qué te pasa Mu? ¿Esta vez no crearas tu red? – Sabía que el ariano no se había esperado que sus hadas aumentaran la velocidad de su vuelo ni su destreza para ello, por lo que miro divertido la escena que estaba interpretando el caballero dorado. - ¡Agolpamiento de Hadas!
Comenzó a caminar hacia la entrada de aries, dejaría que sus adoradas mariposas, transportaran al caballero del primer templo a su inminente fin, el ya se había cansado de jugar con él. Tal vez el santo de tauro le divertiría aun más. Subió los primeros tres escalones y contemplo la oscuridad del primer templo, sonriendo divertido para sí mismo, es que acaso los santos de Athena vivían como cavernícolas. Pero algo llamo su atención y fue la pila de armaduras dañadas que descansaban detrás de unas pilastras. ¿Acaso era Mu, aquel santo que podía repararlas? Aquel de quien solo se escuchaba rumores en el inframundo. Subió los últimos dos escalones que le faltaban y vio como Mu se materializo delante de él y le golpeo el estomago de una patada que le lanzo con brusquedad hacia atrás, su cuerpo impacto contra una especie de red que le cacho en el aire.
-No darás ni un paso en aries. – Gruño el santo, que descendió los escalones con tranquilidad, miro como sus hadas estaban de nuevo apresadas por aquella red de cristal y ahora Mu también le había atrapado en ella de nuevo, un grito lleno de odio escapo de su garganta. – Parece que hemos repetido la misma pelea, Muy de papillon.
-¡Maldito caballero de Athena! – Rugió sacudiéndose levemente, intentando moverse pero la red se lo impidió.
-¡Revolución de polvo estelar! – Mu levanto su brazo hacia el cielo y lo movió hacia delante, disparando desde el cielo una ráfaga de proyectiles cósmicos, como si estos fueran estrellas fugaces que surcaran el cielo y que avanzaron de forma devastadora hacia Myu el cual fue atravesado por estas y provocando una explosión cuando estas chocaban entre sí, destruyendo al espectro y a sus hadas.
…
Ker retiro de su cabello su tocado, haciendo que su cabello negro resbalara suavemente por su espalda desasiendo su peinado, su cosmos rojizo comenzó a rodearla y el vestido blanco que llevaba comenzó a ser sustituido por su kamui negro azulado, sonrió con furia y las dos espadas de sus antebrazos dentro de su kamui salieron dando un ruido metálico, lista para luchar.
-Nos has traicionado. – Susurro Enio mientras hacía girar su espada. – Vas a traicionar a tus hermanos ¿Qué no te importa? Ellos mataron a Cideimos. – Gruño molesta.
-Ares, asesino a Deimos y Fobos, él les mato, a quien no le importamos es a él. – Ker sacudió su melena negra y apretaba sus manos debido a la impotencia que sintió aquel día. – Enio estas del lado equivocado.
-Ker, recuerda en la guerra no hay un lado bueno y otro malo, solo importa aquel que gana y se lleva la victoria, en el furor de la batalla no luchas por un ideal, peleas por tu vida y con el objetivo de cejar la de tu enemigo. – Enio apareció otra espada para su mano izquierda y sostuvo a ambas con fuerza por el mango. – Ya no vale la pena continuar hablando.
Enio corrió hacia Ker e intento cortarle el cuello, por lo que la diosa se doblo sobre su espalda mirando con sus orbes verde la espada sobre ella, se agacho y corto la pierna derecha de Enio que reprimió un grito al sentir aquel metal cortándole la pantorrilla, elevo su mano izquierda pero Ker la detuvo con la espada de su antebrazo izquierdo y rodo por el suelo para volver a poner una distancia segura de la diosa.
Enio volvió al ataque, alzo su espada derecha pero le ataco con la izquierda clavándole la espada en la pierna, lo que le hizo caer al suelo, mientras el liquido escarlata bañaba su armadura, Enio se encimo sobre ella y le golpeo el rostro con el mango de su espada, lo que le hizo sangrar profusamente de la nariz. Ker levanto sus piernas y tomo por el cuello a Enio invirtiendo las posiciones.
-Es mi turno. – Y el puño de Ker golpeo con fuerza la nariz de Enio fracturándosela y haciendo que ella también sangrara de la misma forma, se levanto del cuerpo de ella de un brinco y la dejo levantarse mientras se limpiaba la sangre que salía por sus orificios. -¿Verdad que duele? – Le espeto burlona.
Enio no le respondió y se volvió al combate, elevo su espada la cual choco contra el filo de ella y luego con la otra paso lo mismo, así que se giro rápido y esquivo un corte y rasgo el estomago de Enio que se doblo por el dolor, recobrándose casi al instante, la espada de la mano derecha estuvo a punto de clavarse en su cráneo pero la esquivo, pero no vio cuando Enio deslizo la de su mano izquierda que le corto ligeramente el cuello y la derribo en el suelo.
-Arrepiéntete Ker. – Enio se encimo sobre ella de nueva cuenta sosteniendo esta vez la espada en la garganta de la diosa de la muerte violenta, que sintió como un hilito de sangre resbalaba por su cuello. -¡Arrepiéntete! ¡Hazlo! Ares es un dios justo y te perdonara si le llevamos la cabeza de Athena ¡Ker!
-Él no es justo. – Comenzó a reírse mientras dejaba caer sus brazos al lado de su cabeza y estiraba su cuello para intentar disminuir la presión de la espada de Enio sobre su cuello. – Ares cree hacer justicia cuando ni siquiera se acerca a ello, prefiero morir por el filo de tu espada, que morir en batalla luchando en el nombre de él.
-¡Athena te ha lavado el cerebro! ¡No sabes lo que dices! – Enio la tomo por el cabello y halo su cabeza hacia atrás lo que provoco que su cuello se acercara más a la espada. – Ares es como un padre para ti.
-Deja de decir idioteces, Enio. – Ker tomo la espada de Enio por el filo ignorando que su mano estaba siendo cortada y que su sangre resbalaba por el platino del arma, hasta que logro retirarla de su cuello, entonces empujo de una patada a la otra, quitándosela de encima y giro hacia atrás para esquivar la espada de la mano izquierda. –Ares fue la desgracia más grande en mi vida.
Se llevo la mano instintivamente hacia su cuello y sus dedos se impregnaron de su propia sangre, su piel tenía un ligero corte. Espero a que Enio se incorporara y se preparo para luchar, sabía que jamás podría hacer entrar en razón a su igual, ella le era fiel al señor de la guerra aun cuando tuviera que asesinar y traicionar a todo el Olimpo.
Sus espadas volvieron a chocar, produciendo un fuerte ruido metálico, Ker apoyo su pierna derecha en el estomago de su compañera y saco de su pierna izquierda la espada que llevaba guardada en esta y le provoco un profundo corte en el tórax a su compañera, que abrió los ojos sorprendida ante el dolor pues la espada había entrado en su costado derecho y corto hasta el centro de su tórax cuando Ker se apoyo sobre su mano y saco la espada.
Enio se desplomo en el suelo en un golpe seco, mientras boqueaba con dificultad y la sangre salía en un hilito por su boca, el sello de Athena comenzó a formarse sobre ella, al tiempo que comenzaba a desaparecer en destellos del cosmos. Ker se aproximo hasta ella y se arrodillo a su lado, levanto el cuello de su compañera y la apoyo sobre sus piernas.
-Perdóname Enio, lo siento tanto. – Susurro, deslizo su mano sobre el profundo corte e intento detener la salida de sangre que ella misma había provocado, la mano de su igual dejo su arma en el suelo y busco la suya para estrecharla con fuerza, le vio mover los labios pero de su boca no se produjo ningún sonido. – No intentes hablar, Enio. – Sintió como su hermana de armas apretaba su mano con fuerza, pues el descanso se acercaba para ella, a medida que el sello de Athena se materializaba sobre ella y absorbía todo su cosmos. Cuando las ultimas estelas de aquel brillo se extinguieron, Ker se agacho y recargo su frente sobre el suelo, al tiempo que gruesas lagrimas recorrían su rostro. – Lo lamento tanto Enio.
-¿Estás bien? – La diosa se irguió enseguida al escuchar la voz suave de Mu, a sus espaldas, ella se limpio sus lágrimas rápidamente con el dorso y tomo casi al instante la compostura. – Siento lo que le paso.
-¿Cómo puede si quiera importarte si no la conocías? – Menciono Ker intentándose incorporarse pero el dolor en su pierna la hizo casi caer al suelo, a causa de que la adrenalina en su sistema había disminuido. Mu se aproximo rápidamente a ella y deslizo su brazo por abajo del costado de ella para ayudarle a caminar.
-Me importas tú y sé que su pérdida te ha lastimado. – Ker le miro asombrado con sus ojos verdes y guardo un profundo silencio. Mu la levanto y le cargo hacia el templo de aries, una vez que llegaron Mu la llevo hacia el mueble y le dejo ahí suavemente. – Se que para ti es difícil, pero la vida a veces es dura.
-Yo… ella era como mi hermana. – Confeso, Ker comenzó a hacer presión sobre su mano para evitar que sangrara. Mu se percato de las heridas de la diosa y rasgo su capa, primero se dirigió hacia la pierna donde hizo un torniquete el cual enredo en su pierna, voltio a ver a los ojos a la diosa que asintió para que le apretara cuando sus orbes verdes y se encontraron con los del lemuriano. –Es gracioso que no pueda curarme con mi cosmos, pero las armas de Ares están bañadas con su poder impiden que quien ha sido herido por ellas se cure.
-Lo comprendo. – Mu ato con firmeza pero con suavidad el torniquete a la pierna de la diosa, que le sonrió débilmente. -¿Puedo? – Esta vez el ariano le pidió la mano a la deidad que estaba sangrando profusamente, ella desvió su mirada pero se la tendió, Mu la tomo con suavidad entre las suyas y comenzó a limpiarla e hizo presión en esta hasta que dejo de sangrar.
-Eres muy amable, Mu de aries. – La diosa le sonrió al primer guardián observándolo con sus orbes verdes que interaccionaron con los verdes de Mu, que le respondió con una ligera sonrisa.
-Todos necesitamos de un amigo. – Contesto, sintiendo que sus mejillas se sonrojaban tenuemente por el cumplido de la deidad. – Aguardaras aquí hasta cuando las batallas secén y pueda llevarte al sanatorio.
-Gracias Mu. – El ariano asintió y se recargo en un pilar para mirar hacia la explanada del frente del templo de aries. – Por todo. – Y sus miradas volvieron a encontrarse.
…
Hermes le tomo por el hombro para dirigirlo a través de la hiperdimension de los dioses, sus ojos azules contemplaron aquel lugar con asombro, supuso que se encontraría después del muro de los lamentos, pero el que el dios mensajero la abriera justo en medio del coliseo le había conmocionado de sobremanera, aunque su semblante no lo reflejara. Tanto el tiempo como el espacio estaba distorsionado en su interior, las cosas subían y se movían de formas extrañas, a lados que comúnmente no deberían avanzar.
-Marea un poco, pero después te acostumbras. – Bromeo el dios a su lado. Miro como a lo lejos se abría un ligero vórtice y como la presión del llamado camino de los dioses les empujaba hacia aquel lugar. – Ese lugar es elíseos. – Repuso el oji ámbar. – Desde que Hades fue destruido por ustedes ya no es un lugar tan nice. – Hermes soltó una risita a su lado y se empujo hacia otro lado de la súper dimensión, halando de él por la armadura para esquivar el entrar a Elíseos. – No acostumbras reír mucho ¿Verdad? – Le soltó.
Shaka agradeció a Athena que su acompañante se distrajera al contemplar la entrada al mismo Olimpo, sus ojos zafiros contemplaron con asombro aquel lugar descrito por miles de autores griegos desde la antigüedad, aquel donde se decía que el dios Zeus gobernaba en la compañía de otros dioses y sus guardianes.
-En lo personal me gusta más la tierra tiene más variedad. – Espeto Hermes entrando a aquel vórtice, Shaka entro después de él jalado aun por la mano del dios, que le soltó en el instante en que sus pies tocaron el suelo cubierto por millones de flores que él jamás había visto y que desprendían una suave y deliciosa fragancia, meciéndose por la brisa y el cálido viento que les movía y parecía una delicada caricia al tacto, los enormes templos de los dioses, construidos por los materiales más resistentes y hermosos de la tierra los erguían y les hacían ver imponentes, mármol blanco, gris, oro, plata, etc. Unidos por amplios jardines rebosantes de exuberante vegetación de la que se desprendían numerosos frutos, se alzaban gigantescos arboles que daban una amplia sombra y que adornaban sus copas con flores, amplios ríos, cascadas, fuentes y lagunas rodeaban a estos con aguas cristalinas, casi blanquecinas que parecían como si diamantes derretidos se trataba.
-Aquel es mi templo, es el lugar que escogieron para apresar a Zeus. – Refuto Hermes sacándolo de sus pensamientos. – Los otros dioses que han sido vencidos como Apolo les han sellado en el templo principal, pero nuestra prioridad es mi padre, así que vamos.
El templo del mensajero de los dioses tenia gruesas columnas de mármol que le oscurecían en su interior pero de su techo colgaban cacerolas con fuego que llegaba a parecer que sus brasas eran de oro, por los colores tan intensos que despedían y a pesar que estas eran múltiples para iluminarlo, el calor dentro de él era mínimo, por el contrario frescas corrientes de aire pasaban en su interior donde habían más jardines, enormes fuentes, amplios corredores y estancias, múltiples piscinas, diferentes tipos de lujos, era un ambiente paradisiaco, con maravillosas infraestructuras y placeres. Muy diferente del lugar de donde el provenía.
-Shaka de virgo. – Le llamo con seriedad Hermes a su lado, ya que se había detenido frente a una puerta, de la madera más fina y gruesa, con diamantes como detalles y otras piedras preciosas. – Todos los titanes se han ido, solo tenemos el tiempo que Athena y Poseidón nos den así que tenemos que apresurarnos.
- ¿Por qué me necesitabas? Si nos ha sido tan fácil llegar hasta aquí. – Shaka puso su mano en la puerta y elevo su cosmos para que este le ayudara a visualizar que había dentro de la habitación pero le fue imposible, pues una energía oscura se lo impidió y le arrogo contra una pilastra.
-¿Estás bien? – Hermes se mordió el labio inferior para reprimir la risa que estuvo a punto de escapársele. Se levanto sacudiéndose el polvo y los escombros que habían caído sobre su armadura y asintió al dios, tomando su inigualable seriedad.
-Dentro de este cuarto hay dos criaturas, un basilisco y una enorme águila. – Comenzó.
-La encarga de torturar a Prometeo por toda la eternidad. – Intuyo.
-Así es. – Le dio la razón, Hermes se giro y rebusco una caja detrás de un amplio mueble y se la dio a Shaka, que sintió como algo en su interior comenzaba a moverse y daba un leve cacareo. – Algunas leyendas son ciertas y los basiliscos le temen a los gallos. – El pelirrojo le mostro su más sincera sonrisa lo que le hizo sonreír a medias, no sabía porque pero el dios de los tramposos le daba un cierto parecido a Milo. – Y del águila yo me encargo.
-Mi padre permanece atado al final de la habitación. – Continúo el dios, sin dejar de mirarle. – Cronos e Hyperion colocaron una protección cercana a él, cualquier dios o titán que volviese a acercársele caería fulminado por esa barrera, por ende yo no puedo porque detectaría mi cosmos y mi esencia divina, pero tu mi amigo, eres un mortal y puedes liberarlo, la barrera te dejara pasar. – El rubio alzo una ceja como espetando un" ¿Seguro?" – Si, no te va a pasar nada. Tienes que romper sus cadenas y una vez que hagas eso, hay un cofre negro guardado en el muro tras una puerta dorada con mi símbolo, ahí está su corazón y su alma. – Termino el dios de explicar. - ¿Listo?
-Sí. – Repuso Shaka sin tocar la puerta, para no volver a ser lanzado. -¿Quién puso el escudo sobre la puerta?
-A ese detalle. – Menciono con desaire Hermes a su lado, poniendo su mano sobre la perilla y empujándole al interior de la habitación. – Fui yo. – Shaka volteo a verlo incrédulo mientras el dios sonreía con inocencia a su lado. – No me pongas esa cara, te iba a decir pero ya habías puesto la mano.
-Sí, claro. – Shaka sonrió ampliamente ante ese detalle, por lo que el dios dejo escapar la carcajada que se había guardado.
Presto atención a un ruido que provenía del otro lado de la puerta, era como si algo se arrastrase hacia ellos, Hermes le empujo con fuerza y miro al basilisco arrastrándose por toda la habitación, estaba enrollado sobre su cuerpo, en una posición de claro ataque, libero a al gallo de sus manos, el cual dio algunos pasos dentro de la habitación, al observarlo el basilisco se desenrollo con violencia y mostro sus colmillos como amenaza hacia su abominable enemigo, se deslizo por un agujero en la pared, por donde desapareció enfurecido.
Hermes entro primero, sus ojos ámbares, recorrieron toda la habitación con la intención de notar si en su ausencia los titanes u alguien más hubiesen alterado algo dentro del cuarto y avanzo decidido cuando no observo ninguna amenaza notable. El águila les observaba amenazantemente desde la altura del templo, donde había creado su nido y se encontraba dentro de él.
-Vamos Shaka, apresúrate, que en este lugar no puedo utilizar mi cosmos. – Y como si el águila hubiera entendido sus palabras, desplego sus alas y brinco hacia el borde de su nido, removió sus afiladas uñas y clavo sus depredadores ojos, en el dios griego que sonrió mordaz. El águila parecía haber comprendido que tenía una posibilidad de lastimar a la deidad así que se dejo caer al vacío, aleteo una vez para estabilizarse y voló hacia el dios con sus uñas por delante. - ¡Shaka!
-¡Khan! – Proyecto su escudo hasta donde Hermes estaba, cubriéndolo, por su parte el águila no pudo detener su vuelo y golpeo duramente el escudo, el cual lanzo un haz dorado y le proyecto contra un pilar cercano a ellos, que se destruyo aplastándola bajo los escombros.
Bajo su brazo, él cual había alzado para proyectar su ataque, comprobó que Hermes estuviera bien y no se hubiese asustado tanto por lo cercano que había estado de probar las garras de aquella ave, pero le vio aparentemente tranquilo, por lo que sonrió y se giro hacia donde Zeus permanecía atado, el dios del rayo estaba colgado por dos grandes cadenas con espigas que cortaban la piel de sus muñecas y que le sujetaban en forma de cruz, tenía una profunda herida en su costado derecho donde seguramente el águila había cumplido con su cometido y en el lugar de su corazón al igual se encontraba un enorme agujero del que aun se desprendía la sangre del dios que caía por todo lo largo de su tórax, su rostro estaba hacia abajo y sus cabellos blanquecinos ocultaban su rostro.
Shaka avanzo decidido y al dar el primer paso frente a él se alzo una barrera violácea rojiza, que centello, se detuvo y le observo con asombro, miro por encima de su hombro a Hermes quien le asintió, regreso sus ojos zafiros hacia aquel escudo y le atravesó sin miramientos. Acumulo parte de su cosmos en sus manos y les hizo explotar dirigiendo las luces doradas hacia las cadenas alrededor de las muñecas del dios las cuales cayeron y desprendieron al dios de la pared a la cual permanecía encadenado, les sujeto por el costado izquierdo y le cargo, atravesó de nuevo la barrera y le tendió a Hermes su padre el cual le sujeto con un gesto lleno de preocupación.
-Ahora el cofre. – Shaka giro su rostro hacia el lugar donde Hermes veía y apuntaba con su barbilla, contemplo incrustado en la pared una puerta dorada, en la cual tenía el símbolo del caduceo, aquel bastón que Apolo entregara a Hermes en la antigüedad. La vara se alzaba rodeada por dos serpientes que se entrelazaban entre si y se complementaba con dos alas a sus lados muy cercano a la cabeza de las serpientes, que se miraban entre ellas.
Shaka avanzo con paso firme, pero a penas roso con la llena de sus dedos la puerta percibió una sensación extraña, miro a Hermes que también se había detenido y tenía los ojos abiertos desmesuradamente.
-Shaka debes darte prisa el cosmos de Dionisio, Hermes y Poseidón han desaparecido, los titanes y los dioses no tardaran en regresar. – Le apuro el dios, volvió su vista y abrió la puerta donde encontró el cofre donde estaba sellado el corazón y la alma del dios del Olimpo, la tomo entre sus manos y salió de la protección detrás de la barrera, se coloco justo al lado de Hermes quien le sonrió gustoso, ambos abrieron la puerta que conducía a la entrada del templo del dios griego y en ese lugar Hermes invoco la súper dimensión, que se abrió esta vez sin la fuerza negativa que absorbía todo a su alrededor, se miraron unos segundos y entraron. Justo en ese momento el cosmos de los titanes regresaba al Olimpo.
…
El estruendo de un cuerpo al caer detrás de él le comprobó que su enemigo estaba muerto, sonrió confiado y continúo abriéndose paso entre los guerreros del dios de la guerra que caían sin misericordia al enfrentarle. Con aquel guerrero ya se había cargado a 11 sin ningún problema, pero sabía que ellos eran simples soldados rasos, examino minuciosamente en busca de los generales, que claramente estaban observando la batalla desde un punto fuera de la pelea.
-¡Hola Shaina! - Le susurro al oído a la amazona de Ofiuco la cual terminaba con un guerrero, la amazona se viro hacia él y se alejo unos pasos de él.
-¡Milo! – Le saludo animadamente Marín.
-¿Qué haces aquí? – Escucho la voz molesta de la peliverde, mientras ponía las manos en su cadera. – Tenemos la situación controlada.
-Hola Marín, pero mira que modales los tuyos Shaina, ni siquiera saludas, después de nuestra última guardia juntos. – Menciono de forma picara, ocasionando que Geist y June se miraran entre ellas y luego dirigieran su vista hacia la peliverde, que cruzaba sus brazos sobre su pecho furiosa. - ¿Cómo has estado?
-Bien. – Gruño furiosa alejándose unos pasos de él, Milo pasó sus manos sobre su nuca y miro hacia la nueva horda de guerreros que se dirigían hacia ellos. Shaina agradeció a Athena el utilizar mascara pues sin esta sus compañeras observarían que estaba sonrojada y apenada por lo que Milo decía.
-Hiciste que el inocente Aioros pensara mal de nosotros. – Le susurro lo bastante fuerte, lo que hizo a June tirar su látigo, Geist se golpeo la rodilla con una piedra que no vio por voltear a verlos y Marin casi giro el rostro, sorprendida de lo que acababa de escuchar.
-¡Todo fue tu culpa Milo! – Shaina se giro furiosa hacia él dándole la espalda al enemigo, para encararlo, esto hizo que el escorpión rompiera a reír. - ¿De qué te ríes? Tú estuviste fastidiándome todo el día.
-Tú fuiste la que se me encimo. – Admitió Milo recordando su guardia juntos y con todas las ganas de hacer cabrear a la amazona, no sabía porque pero le gustaba molestarla.
-¡¿Qué?! – Gritaron sorprendidas Marín y June.
-¡Hermana! – La voz aterrada de Geist rompió el aire, sin lugar a dudas Milo acababa de cambiar la prospectiva con la que las compañeras de Shaina le miraban.
-Ganas tuvieras Milo de escorpión. – Refunfuño, Milo se puso serio lo que sorprendió a la amazona, el santo la tomo por los hombros, lo que la hizo casi congelarse, al sentir los dedos del alacrán acariciando sus brazos, abrió sus ojos desmesuradamente, pero el santo la hizo amablemente a un lado y golpeo el rostro de un guerrero que cayó pesadamente al suelo.
-¿Qué nos ves que estoy intentando hablar con ella? – Le espeto molesto al guerrero que estaba en el suelo, sangrando de la nariz y tenía un moretón en el pómulo derecho. – Shaina nuestra conversación no se ha terminado. – Le sonrió adentrándose entre los soldados los cuales atravesaba con su aguja.
Las amazonas y Milo se volvieron a ver rodeados por guerreros de Ares, esta vez más fuertes que los anteriores que rápido hicieron que se separaran, por un lado estaban Marín y June luchando aun juntas, Geist estaba replegada contra las primeras barracas y Shaina luchaba ferozmente en el centro. Milo empujo a un soldado por el hombro desencajando su uña del pecho de aquel guardián justo después de asestarle las 15 agujas de un tirón. Busco con su vista a los generales de aquel batallón pero no les encontró, así que elevo su cosmos rastrándolos hasta que les sintió.
-Garra del trueno. – Geist utilizo su cosmos por primera vez para alejar a los soldados, que le había rodeado.
-El poder de la cobra. – Shaina hizo arder su cosmos y levanto sus brazos, como si fuera una serpiente que eleva su cabeza para atacar y lanzo rayos violáceos de energía con los dedos de sus manos extendidos, que lanzaron a lo lejos a sus adversarios con heridas cortantes envenenadas y cargadas de electricidad, como si fuera una descarga de alto voltaje.
Un enemigo salto por la espalda de la amazona y la derribo en el suelo, haciendo que ambos rodaran por el suelo, se intento incorporar pero otro llego y le golpeo justo en la barbilla, aflojando el agarre de su mascara, Shaina al ver herido su orgullo no se percato de este detalle se levanto y clavo sus garras en el primero de ellos, al cual le atravezo el pecho y solto una descarga electrica en su interior, retiro su mano pero el otro llego y le asesto un golpe en el rostro, el cual desprendio la mascara por completo que cayo pesadamente al piso, levantando polvo en su trayectoria, giro su rostro al sentir esto, para que su cabello lo cubriera, sin embargo la mano de Milo detuvo su caida y la cubrio con su capa, al tiempo que él mismo le tendia la mascara sin siquiera voltearla a ver, respetandola y evitando que sufriera aquel terrible agravio.
-Milo. – Alcanzo a susurrar sorprendida, sintiendo como el ritmo de su corazon se aceleraba. Se alzo su mascara y volvio a sujetar los agarres, levanto su rostro y miro hacia el santo que se mantenia con la mirada fria hacia los enemigos, que se mantuvieron a raya al ver al santo dorado llegar a defenderla. – Gracias.
-¿Estas bien Shaina? – O fue ella o la voz de Milo habia sonado preocupada, ella asintio sintiendo un ligero rubor en sus mejillas y el santo la ayudo a incorporarse. – Ya me canse de estos payasos.
Milo avanzo dejandola detrás de él, el cosmos dorado del escorpion comenzo a rodearle, extendio sus brazos hacia los lados, para ayudarse a mantener el equilibrio elevo su pierna derecha hacia atrás encima de sus hombros, como si esta fuera el aguijon del escorpion, mientras reposaba su peso en la izquierda, elevo los brazos una y otra vez imitando las tenazas del escorpion, claramente aquella tecnica tenia el fin de reproducir su constelacion guardiana, de su pierna derecha fue expulsada una especie de energia, que creo una remolino. - ¡Tormenta! – Las rafagas de aire giraron entre ellas lanzando a sus enemigos por los aires sin piedas y estrellandolos contra los muros de roca a sus lados, el soplo violento de aquella energia rasgaba sus cuerpos y provocaba heridas en sus cuerpos.
-¡Esta técnica! – June se giro, aun apresando a un soldado por el cuello a contemplar aquel ataque de Milo de escorpion que habia destruido por completo a la isla Andromeda y fue el ataque previo antes de que Milo asesinara a Albiore de Cefeo.
-No es digno de un oficial esconderse mientras sus soldados combaten. – Los cuerpos magullados y heridos de los guerreros de Ares cayeron alrededor de Milo, que miro de reojo el lugar donde había sentido los cosmos de los generales del batallón de la llama, observo cómo dos hombres con armaduras rojizas salían detrás de unas columnas, uno de ellos tenía el cabello violáceo oscuro y ojos rojos, aquel con quien Kanon ya había luchado en el pasado, cuando recuperaron la segunda armadura de géminis.
-Ni de un hombre pelear en compañía de simples mujeres. – Espeto con burla Ema de Jamadhar.
-Ellas podrían patearte el culo, si quisieran y más aquella rubia que se altera de la nada. – Milo bromeo, mirando sobre su hombro la reacción de Shaina, que se cruzo de brazos y movió la cabeza negativamente. Volvió su vista hacia el otro oponente de cabellos verde oscuro, de tez blanca y ojos castaños oscuros.
-Te escudas en las mujeres. – Repuso este saltando hasta donde Milo se encontraba y encarando al caballero. – Me llamo Kokalo de Buhj.
-Me alegra que me lo dijeras. – Milo se rodeo de su cosmos y miro a ambos guerreros. – No quería poner "Cobarde" en tu tumba. – El escorpión se deslizo hacia atrás esquivando un golpe proveniente de Kokalo, que se había molestado ante el venenoso comentario del escorpión. – Shaina yo me encargo de estos. – Se trono los nudillos y estiro su cuello haciéndolo crujir.
Los dos guerreros se lanzaron contra él, Milo detuvo el puño de Ema y le golpeo en el estomago lo que le distrago lo suficiente para que Kokalo le golpease el rostro. El santo retrocedió un par de pasos, observando a sus contrincantes, esta vez no estaba peleando contra simples guerreros, eran dos generales del ejército de Ares y por ende eran más fuertes y despiadados, iguales al loco de su dios.
-Restricción. – Los ojos de Milo se tornaron rojos y dispararon ondas mentales circulares del mismo color sobre Kokalo que se paralizo al instante y se vio inmovilizado por su técnica, además de que una abrumadora sensación de pánico invadió su ser.
-¿Qué diablos me has hecho? – Kokalo trato de moverse pero no pudo hacerlo. Entonces Milo se encaro a Ema ya que el peli verde tardaría un rato en soltarse de aquel ataque psíquico. - ¡Suéltame! ¡Ema! ¡Ema! ¡Acabalo ya! ¡Mátalo! ¡Hazlo ya! – Comenzó a estresarse el guerrero que cayó bajo la influencia de la técnica del alacrán, que podía provocar en su adversario la sensación inminente de morir o un terrible miedo. - ¡Haz algo Ema!
-Ema es nombre de niña ¿No? – Milo volteo a ver a Shaina que confirmo con un asentimiento, lo que hizo reír a ambos. – En un momento regreso contigo Kokalo.
-¡Fuego del infierno! – Ema elevo sus manos hacia el cielo y de ella broto una enorme llamarada vertical que el guerrero se dispuso a lanzar contra él, Ema comenzó a bajar los brazos hacia Milo al igual que la columna de calor se dirigía hacia él, pero el escorpión distinguió que mientras Ema alzaba sus manos, estaba completamente a su merced por lo que sonrió.
-¡Aguja escarlata! – Milo elevo su brazo izquierdo mientras retrasaba el derecho, la energía dorada se concentro en su mano derecha y la uña de su dedo índice destello rojo sangre, del que broto un aguijón, el cual lanzo varias agujas teñida de color rojo carmesí que impactaron en el cuerpo de Ema, el cual cayó de rodillas, pero no dejo de ejecutar su técnica a pesar del dolor. Milo observo el fuego acercársele sin ningún temor, por el contrario observo las heridas en el cuerpo de Ema, de las cuales brotaban pequeños hilitos de sangre. – Catorce. – Menciono para sí mismo. –Soy impre…
-¡No puede ser! – Escucho el grito de Geist a sus espaldas, Shaina volteo a ver a su hermana que estaba mirando hacia las doce casas con preocupación, deseando que la armadura de capricornio no retornara al decimo templo. Milo se detuvo en seco, como si su corazón se hubiese detenido por completo, acababa de sentir que el cosmos de Shura había desaparecido.
-¡Maldición! – Exclamo furioso Milo, giro para terminar con Ema, sin embargo la columna de fuego le golpeo directamente y le arrogo contra una pilastra que cedió ante la presión y le continuo empujando hasta que destruyo el equilibrio de aquel templo y este se le vino encima, sepultándolo bajo escombros que comenzaban a quemarse, Ema avanzo aun incendiando todo a su paso para terminar de incendiar lo que sería la hoguera del santo de escorpio.
-¡Milo! – Shaina golpeo de un puñetazo a Ema, que cayó al suelo, sin embargo los brazos de Kokalo la tomaron por detrás y la lanzaron contra un muro con mucha fuerza, que se desmorono por el impacto, una nube de polvo se levanto.
Ema se levanto y se coloco al lado de Kokalo que veía arder los restos donde Milo estaba sepultado. Marín, Geist y June se juntaron entre ellas para hacerle frente al dúo de guerreros que tenían las manos rodeadas de flamas rojizas.
Milo tosió un par de veces bajo los escombros a causa del humo, utilizo una de sus manos para remover una piedra y liberar sus piernas de la presión. - "No puedo sentir el cosmos de Shura" – La seriedad de su voz le sorprendió, pero el que nadie respondiera su mensaje vía cosmos le demostraba que todos estaban ensimismados con ello. – "No puede ser" – Repitió.
-"Milo tienes que destrozarlos" – La voz cargada de furia por parte de Aioria resonó en su mente cargada de odio. Estaba a punto de levantarse cuando el cosmos de Dokho se desvaneció. –"No…"
Su cosmos exploto, lleno de furia y sus ojos centellaban enardecidos en busca de venganza y Ema era su principal objetivo para apaciguar aquel dolor en su alma, las piedras a su alrededor se levantaron a su alrededor rodeándolo y en pleno aire fueron pulverizadas por su cosmo. Cerro sus ojos con fuerza mientras dos lagrimas se asomaban por el vértice de sus ojos verdes, levanto su mano derecha, su aguijón punzaba en su mano, se ilumino de un rojo carmesí y disparo.
-¡Antares! – El filo rojizo que se desprendió de su mano impacto justo en el pecho de Ema, que cayó hacia atrás al suelo, aun con la sorpresa en su rostro, la sangre abandono rápidamente por todos los orificios de su cuerpo y una piscina de su propio liquido escarlata le rodeo. Kokalo miro estupefacto el rostro inerte de su compañero y giro sus ojos castaños hacia Milo, pero solo vio que los ojos del octavo guardián le regresaban la misma mirada de odio. – Antares es la quinceava estrella de mi constelación y significa en "contra de Ares" con ella solo van a obtener la muerte.
-Te matare, estúpido santo. – Kokalo avanzo hacia su enemigo. Al parecer las heridas de Milo le hacían ignorar las heridas que el mismo el tenia, sobre su ceja tenía un amplio corte que le hacía verter sangre sobre la mirada esmeralda enfurecida, su brazo izquierdo sangraba a causa de la quemadura que le había alcanzado, tenia múltiples magulladuras debido a los escombros que le cayeron encima, tenía un trozo de piedra incrustado en su pierna derecha, de la cual brotaban ligeros borbollones de sangre y aun así el había incrustado Antares, a una velocidad a la cual ni siquiera su compañero pudo percatarse.
-El único que morirá aquí serás solo tú. – Milo empuño sus manos y corrió hacia él, Kokalo se tiro al suelo y le hizo una barrida, brinco oportunamente y le esquivo, cuando él sus cuerpos estuvieron cercanos Milo le clavo 8 agujas escarlatas, la sangre del guerrero le lleno el rostro de sangre, aun más, por lo que en cuanto cayo, se arranco la capa y limpio de su rostro tanto la sangre del guerrero como la de él.
Kokalo reprimió el grito de dolor que quiso salir de su garganta y se incorporo de un salto, incendio sus manos al instante e inicio arrogando bolas de fuego hacia Milo que las esquivaba con su impresionable velocidad, en los momentos en que los ojos de ambos se encontraban el guerrero, solo observaba el profundo dolor de Milo y la rabia que salía de estos. Continuo arrogando sus llamaradas a Milo pero a medida que las esquivaba se le acercaba más y entonces sin más la cercanía de ambos fue tanta que Milo enterró en el las agujas faltantes para completar las 14.
-Normalmente les dejo decidir entre la redención y la muerte pero para ti solo hay la segunda opción. –Milo sacudió su uña la cual desprendió un destello rojizo, le dio la espalda a Kokalo que gritaba ante el dolor y la sangre hervía en su interior, como si en vez de aquel liquido escarlata fuera lava la que circulara por su sistema sanguíneo a causa de los agujeros ocasionados por las heridas.
Kokalo se arrastro hasta una piedra la cual utilizo para apoyarse y poder levantarse, si continuaba de esa forma acabaría como su compañero, dirigió su mirada castaña hacia el cuerpo de su compañero el cual yacía dentro de su propia sangre, parecía que la técnica de Milo les hacia desangrarse en aquel inmisericorde dolor, pero en el tenia un efecto diverso, su sangre no abandonaba su cuerpo como lo había hecho con Ema por el contrario esta permanecía en su interior haciéndole sentir una sensación de calidez en el pecho y era como si su propia sangre hirviera en su interior, quemando cada parte de su cuerpo, sin piedad. Y para Milo el no la merecía.
Milo jamás había desarrollado aquella técnica, nunca en realidad imagino el hacerla. Una de las veces que acompaño a Camus a la biblioteca del santuario, miro esa técnica en un libro que narraba las antiguas guerras santas, justamente la pasada, realizada por un predecesor suyo, Kardia de escorpión, se la mostro a su amigo que alzo los hombros como si no le importara, pero Milo observo que Camus le miro de reojo con preocupación todo el tiempo que estuvieron ahí, temiendo que se le cruzara hacerla, pero nunca la realizo ni siquiera pensó el hacerla. Sin embargo ya no creía en eso, sabía que esa técnica no resultaba tan letal como Antares, pero provocaba un dolor inmisericorde al enemigo y si este era débil podría matarle.
-¡Fuego rojo! – Kokalo presintiendo que las intenciones de Milo, vio como su única salvación el utilizar su mayor técnica, giro sus brazos los cuales crearon dos potentes remolinos rojos, que absorbían a las piedras del suelo y al verse calentadas de esa forma, creaban magma, tal como si fuera la lava de un volcán, Milo esquivo el primero tirándose al suelo y rodando por este, se incorporo pero el segundo le alcanzo quemando levemente la armadura de escorpión de su antebrazo derecho, la cual comenzó a fundírsele y le quemo el brazo. Brinco lejos de aquel torbellino y se arranco la protección de su antebrazo, que cayó pesadamente al suelo, miro su piel enrojecida y como se había abierto su carne desprendiendo gran cantidad de sangre.
Kokalo creó dos remolinos de fuego de nuevo y los dirigió hacia él, Milo ignoro el dolor de su brazo, cerro sus ojos y su cosmos dorado comenzó a rodearlo, ardiendo hasta el máximo, retrajo su brazo izquierdo y elevo su mano derecha, su aguijón rojo destello con furia. Tendría que atravesar aquellos remolinos si pretendía ejecutar Antares sobre el guerrero de Ares.
-¿Qué crees que haces? – La voz serena de Camus resonó en su mente, lo que le hizo sonreír, abrió los ojos y miro aquellos huracanes de fuego acercársele.
-Es tu culpa, tú me llevaste ese día a la biblioteca. Eres mala influencia para mí. – Comenzó a correr a la velocidad de la luz, se hizo hacia el lado izquierdo evitando el primero, pero el segundo le cerró el paso, freno en seco y se deslizo hacia la derecha sintiendo su pierna izquierda arder, pues esta había entrado en contacto con aquel fuego, ignoro el dolor que sentía y continuo avanzando. - ¡Aguja escarlata ardiente! ¡Antares! – Atravesó el pecho de Kokalo, pero esta vez su aguja se acompaño de una corriente de fuego que salió desprendida del dedo índice de Milo y entro en el corazón del guerrero.
Milo llevo su mano izquierda hacia su pecho, sintiendo como su corazón era rodeado por un intenso calor, como si llamas en su interior lo consumieran, dio dos pasos alejándose de Kokalo que continuaba de pie de espaldas a él. El guerrero sintió como sus cinco sentidos comenzaban a nublarse y un inmenso dolor casi insoportable, llevándolo casi hasta la locura le embargaba, cuando se percato de que Milo había usado Antares en él se, bajo la mirada hacia su pecho y comprobó el orificio que desprendía una densa llamarada de su interior. Comenzó a sentir como la temperatura de su cuerpo se elevaba y su sangre hervía dentro de su sistema sanguíneo y sin darle tiempo de llevarse la mano hacia la herida su cuerpo se incendio por dentro, destruyendo su corazón y consumiéndolo por dentro.
-Termine. – Suspiro. Alzo su vista hacia el cielo, sus orbes verdes rebuscaron en el manto celestial las constelaciones de capricornio y libra, la primera titilaba débilmente, pero la del antiguo maestro se había extinguido. Escucho como el cuerpo de Kokalo caía al suelo pesadamente, cerro sus ojos con suavidad y se dejo caer, aquella técnica había acabado con su fuerza y cosmo energía.
-¡Milo! – Escucho que le llamaba Shaina, que corrió hacia él.
…
Shion se removió con intranquilidad, elevo la vista hacia el cielo, pidiendo consejo a sus antepasados por aquella guerra, como si ellos pudieran responderle y guiarle por aquella guerra, pero el silencio fue el único que le acompaño y el viento el que le respondió, ondeando con delicadeza su cabellos y su túnica, camino hacia la estatua de Athena que velaba por todo el santuario y le miro suplicante. La Athena actual aun era muy joven y era posible que todas sus memorias aun no regresaban a ella, su esencia aun permanecía dormida en el cuerpo de la joven Saori Kido.
Un ruido a su lado atrajo la atención y dirigió su vista hacia ese lugar observando como en medio de la nada varios rayos se desplegaban entre sí para abrir un vórtice oscuro, el cual contenía una presión negativa que le halo por unos segundos hacia su interior, sin embargo se detuvo esta energía y se amplió mostrando la otra dimensión de Saga.
Si aquella se había materializado de improvisto de aquella forma, no le indicaba nada bueno, rebusco en la lejanía el cosmos de su diosa y le percibió latente, luego se enfoco en de sus chicos dorados y se alegro de sentirles arder, arrugo el ceño al percibir el descenso del cosmos del alumno de Dokho, pero aun de esa forma les percibió. Regreso su atención a la otra dimensión que lanzo unos cuantos rayos más y su presión se hizo positiva. De repente al suelo cayeron Isaac y Sorrento, ambos severamente lastimados, la palidez del marino de sirena le mostraron que estaba gravemente herido, el ex-alumno de Camus se levanto y halo a su compañero quitándolo del vórtice de la otra dimensión y se tiro al suelo.
-¿Isaac que ha ocurrido? – Shion se acerco a ambos jóvenes, sus ojos violáceos observaron la profunda herida en el pecho del guerrero marino de sirena, Isaac a su lado solo tenía unos cuantos cortes y quemaduras, pero nada que pusiera en peligro su vida. Estaba a punto de agacharse a un lado de ellos, cuando el cosmos de Shura que rugía enfurecido se apago al instante, se viro bruscamente y sus ojos observaron la casa de capricornio, temiendo lo peor. – Isaac ¿Qué paso?
-Los titanes… - Comenzó agitado el joven, reponiéndose y recargándose sobre su rodilla para poder levantarse. – Ellos recuperaron sus cosmos.
-Pero ¿Qué fue…? – Shion volteo hacia el vórtice de la otra dimensión de ella broto Seiya que llevaba a Athena en brazos. El patriarca se aproximo a él y se la quito al caballero de Pegaso. - ¡¿Qué le ha pasado?! – Ordeno al japonés, que agacho el rostro apenado y miro hacia la estatua de la diosa.
-Patriarca yo… - Seiya apretó sus puños ante la impotencia y cerro sus ojos con pesadez. Shion se agacho al lado de Athena y comenzó a hacer presión en la herida de la diosa, la cual frunció sus ojos cerrados pero desplego su cosmos para sanarse y curar las heridas de Seiya, Isaac y Sorrento.
Shion alzo sus ojos violetas hacia la otra dimensión, aguardando por Dokho y los muchachos aparecieran y respiro con alivio cuando Aioros salió cargando por el costado a Shura, Saga les siguió de cerca trayendo a Shiryu consigo, los dos mayores intercambiaron una mirada cuando le vieron y Saga agacho el rostro hacia el suelo, mientras hizo un leve movimiento de mano y la dimensión se cerró tras ellos. Iba a preguntar por Dokho, pero cuando la mirada esmeralda de Saga choco con la violácea de él entendió todo.
-"Dokho" – Le llamo. Regreso su vista a Athena, aunque no la estuviera viendo a ella, su mente sobrevolaba su cosmos, buscando a su mejor amigo a la distancia, intentándolo acompañar, estar a su lado.
-"Perdóname Shion esta vez tú te quedaras para cuidar de ellos" – Escucho atento la voz jovial de Dokho que se despedía de él, agacho el rostro permitiendo que sus cabellos cubriesen su rostro, empuño su mano y dejo escapar sus lagrimas. Su amigo había cumplido su promesa, le regresaba a los chicos con vida a cambio de la suya, unas gotas cristalinas resbalaron por su mentón y cayeron sobre el frio mármol humedeciéndolo. El cosmos de Dokho disminuía a la par de que su dolor aumentaba ¿Acaso aquello había sentido Dokho, las dos veces que él había partido antes?
Sintió a su lado como Saga y Aioros lloraban en silencio, Seiya se había alejado de ellos y se había dejado caer al suelo recargado en una pilastra en silencio. La mirada de Isaac se ceñía sobre ellos llena de preocupación, acompañándolos en su dolor y pero cuando sintió el cosmos de Poseidón desaparecer, se lleno de desesperanza y fracaso. ¿Cómo había osado el abandonar a su dios? No debió de obedecer aun cuando fuera una orden directa de su dios, le había fallado a él, a la emperatriz y a sus compañeros.
Shion elevo su rostro y miro el cielo estrellado, buscando reconfortarse en el y rápidamente pensó en cuantas veces pudo haber hecho Dokho aquello, su dolor aumento y las lagrimas siguieron surcando su rostro. Acababa de perder a su compañero, la única persona que realmente le había entendido y acompañado en toda su vida, aquel que le motivo a continuar en su misión, aquel que le había ayudado a levantarse cuando él ya no podía más en la antigua guerra santa, perdió a su hermano.
La noche se vio iluminada por un destello dorado que surco el cielo, dejando una estela de luz tras él, Shion la contemplo en silencio mientras sentía como aquel dolor parecía consumirle el alma, aquella luz dorada era la armadura de libra regresando al santuario, volviendo al sexto templo; su hogar.
…
Continuara…
Aclaraciones:
-Ya saben que soy partidaria del Lost canvas, así que incluí dentro de las técnicas de Milo, la aguja escarlata ardiente de Kardia, solo que no es una técnica suicida esta vez. Ya que Milo al no tener la misma enfermedad de Kardia puede soportar la técnica sin morir en el proceso, pero reduce su cosmos al utilizarlo.
Pyxis and lynx: Jajaja mi Shaka es cautivador jajaja. Sin lugar a dudas Hera se lo merecía aunque yo también sentí lastima por ella, aunque luego se me paso jaja. Sabía que Dokho sería el inesperado para todos.
Mugetsu-chan_xd: Ya se pobre Dokhito, pero me parte el corazón Shion se le murió su compañero de toda la vida, es casi tan triste como la película de Hachiko. Si Poseidón era el trofeo que sin duda los titanes no dejarían escapar, jamás. Todos odiamos a Hera jajaja lo sé. Athena esa si no la voy a dejar morir no por una herida tan insignificante, si muere será con gloria.
Beauty: Las malas yerbas si mueren jajaja. Espero y te haya gustado la parte de Milo en este capítulo con su cobrita, es todo un caballero.
Carlos: Ya se Dokho fue el inesperado y Pose la cereza sobre el pastel. Lo sé pobre Saga soy mala, pero comprendo que en su sabiduría entienda que no fue su culpa. Y no ofendas a mi adorado Shura, no es su culpa haber tenido que apañársela con tantos titanes.
Guest:
Joana: Ya sé es que andaba de dos por uno y dije aprovechando pues Dokho y Poseidón. Lo lamento de verdad, pero fue para el bien de esta historia ya lo veras. Bienvenida al club de me alegra que Hera muriera jajaja
KarliCM: Y tenlo por seguro que lo van a hacer.
503: Ya se les toco la mala a ellos. Pero tenlo por seguro que no se va a quedar a si, sus compañeros le van a vengar y más Shion. Hera todavía podría que le pasase eso en su otra vida jajaja Mi Athena no es la típica mujer de aparador que cualquier dios puede robar, no ella les va a dar mucha pelea.
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