Holis, por lo visto hay algún problema en fanfiction y los reviews que me madais solo los puedo leer a través del correo, no aparecen ni aquí ni puedo contestarlo, así que espero que no les importe que responda aquí.
Atztuko-san: Me alegra que hayas tenido el detalle de intentar enviarme el review dos veces, estoy llorando posta. La ONU lleva rato aporreando mi puerta, pero como ambos son menores en un momento de descubrimiento sexual pienso que no es tan… malo ( ilegal veo todos los fics Roy x Ed, ups) Igualmente aún es temprano para que te sientas mal y/o incómoda, todavía le faltan cosas por superar (me siento como re malvada, sorry!) soy nueva en el fandom así que se agradece la bienvenida!
TheBeautyAlchgemist: Me alegra de que a pesar esta no sea tu ship te esté interesando la historia, pues es muy curioso porque todo el fanfic solo va girar entorno a ellos. habrá mucho Elricest.
Letters Coupe, Van9, Cocacola: ¡Muchas gracias! en serio, cuando comentan que alguna parte les pareció tierna y divertida me alegra mucho, el humor es mi zona de confort y sentí que no funcionaba en este fic porque es más bien drama y angustia, pensaba que desentonaría mucho si Al y Ed se ponen a decir gilipolleces (risas)
El semen huele a vida ¿por qué les hace gracia? (igual yo ahora también me estoy riendo) Yo solo estaba pensando en alguna metáfora. Edward se sintió muy conmovido cuando vio de cerca un embarazo y me pareció algo irónico ya que el fracasó en resucitar a su madre. Creo que algo tan simple como semen después del orgasmo significa eso… la sensación de que estar vivo y respirando.
¡Sin añadir nada más, el fic!
4. Cada noche.
Acertó de pleno con su teoría y el humor del Alquimista de Acero mejoró bastante, más bien, podría decirse que estaba más relajado. Edward se sentía completamente refrescante, como si hubiese renovado cada célula de su cuerpo, con solo admirar su rostro iluminado, Al pensó que valió la pena. Aún era un testarudo, contestón y se revolucionaba cada vez que alguien lo llamaba "enano"... simplemente era Ed. Alphonse se sentía por él, no deseaba de ningún modo ser un impedimento para su crecimiento sexual, ese era un camino que él debía descubrir por su propia cuenta.
Tan solo había pasado una semana desde aquello y Alphonse estaba leyendo tranquilamente un libro cuando comenzó a detectar algunos movimientos acompañado de respiración fuerte. — "Otra pesadilla" — Pensó, no era muy recurrente, pero si pasaba de vez en cuando, sobre todo cuando estaba metido bajo estrés o tras el descubrimiento de cosas inquietante tales como el incidente de Nina, o el propio de hecho de que la piedra filosofal que tanto buscaban estuviera formada a partir de vidas humanas.
Aunque estaba seguro que nada malo había acontecido previamente, estaba seguro y su preocupación fue en aumento a medida que los gemidos sonaban más y más fuertes, similares a un llanto. Alphonse estiró el brazo con claras intenciones de despertarlo pero se dio cuenta de algo extraño.
Edward se encontraba dándole la espalda, con el cabello desparramado sobre la almohada, la sábana cubría su hombro solo hasta su cintura, allí noto que su ropa interior estaba enrollada sobre sus muslo y algo húmedo se escurría entre ellos. Alphonse reparó por último en lo más obvio y delator, su brazo humano se agitaba.
Se estaba masturbando.
La pregunta real era ¿por qué lo hacía con él delante? Edward conocía de sobra que en esa armadura era incapaz de dormir. Supongo que en realidad, a Ed no le importaba demasiado si Alphonse estaba ahí o no. A ver, es cierto que la primera vez lo hizo de aquella manera, pero bueno, si era su primera vez estaba bien que él no supiera muy bien lo que estaba haciendo...
Alphonse se quedó mirándolo en silencio, como sus pies se apretaban contra el colchón y su cuerpo se tensaba… para repentinamente relajarse. Se había venido, mientras Ed recuperaba la respiración sintiéndose aliviado, pensando que… si lo hacía muy bajo no molestaría a su hermano menor y se quedó completamente dormido tras ese vago pensamiento de autoconvicción.
Se hizo el extraño silencio, donde Al rectificó. No, era él quien le estaba dando demasiadas vueltas al asunto, Ed era humano y tenía necesidades, si tampoco lo dejaba solo ni a sol ni a sombra era normal que aquello terminara ocurriendo. Observó un rato más a su hermano dormido… siempre había pensado que él era lindo, un pensamiento normal porque eran hermanos y estaba bien, también había llegado a la conclusión que su hermano mayor era más atractivo que él. Saltaba a la vista cuando visitaban Resembool y con nostalgia, contemplaba la fotos de ellos de cuando eran pequeños. Pero ahora, al igual que la última vez, la visión de su hermano podría definirla como… indecente. Y no le parecía correcto pensar aquello y cubrió todo el cuerpo de su hermano con la sábana, de manera protectora.
Alphonse no pudo seguir leyendo el libro.
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A excepción de aquellas veces donde acababan durmiendo en el exterior o acompañado de más gente, lo mismo volvía a suceder como un mal hábito el cual alcanzaba ya el mes.
Cada noche Edward volvía a masturbarse, y como cada noche, Alphonse aterrado e incómodo pensaba "mañana me quedaré mejor en el pasillo" en cambio, simplemente se sentaba al lado de la cama de su hermano y se quedaba allí, en la misma postura, toda la noche. Debido a que era una armadura, y no poseía ni huesos ni articulaciones, podía quedarse en posiciones incómodas durante horas sin que le repercuta. No necesitaba dormir, no necesitaba comer, no necesitaba oxígeno. Era un objeto… pero un objeto que pensaba y además sentía.
A veces, intentaba recordar sensaciones físicas de cuando aún era una persona e intentaba recordar cuando le daba sueño y se quedaba dormido encima de los deberes, intentaba recordar cuando le daba hambre, los sabores de la comidas y sus olores, el dolor de caerse corriendo, intentaba recordar cuando su hermano lo consolaba cuando lloraba y este le daba un besito sobre las rodillas lastimadas.
Intentaba… recordar cómo se sintieron sus labios en aquel momento, su aliento cálido, los labios húmedo, la sonrisa hermosa. la forma en que lo rodeó entre sus brazos colocando su cabeza contra su pecho mientras le acariciaba con una mano la cabeza. Escuchaba el corazón acompasado de Ed y su respiración.
Esas emociones eran tan cálidas, su hermano era tan cálido.
— Edward… — En ese momento, su hermano se incorporó para mirarlo extrañado. Al se dio cuenta que había hablado en voz alta. — ¡Ah! Perdona ¿te he despertado?
— No… — Murmuró extrañado. — Pero me has llamado.
— Ah, no, no… no es nada. Estaba… ¿soñando despierto? — Edward rodó sobre su propio cuerpo hasta quedar recostado frente a él. Sonrió pícaramente.
— ¿Soñabas despierto conmigo? — Si Alphonse pudiera, de verdad se sonrojaría. Hizo un gesto de rascarse la cabeza, reflejo de cuando una vez fue humano.
— Sí, bueno… a veces pienso en las cosas que hacía cuando era pequeño, quiero decir, intentaba recordar cuando el fuego era calentito, y la nieve fría. No se si me explico.
— Sí, lo entiendo. — Para Ed, sentir cosas como el frío y el calor era el pan de cada día, así que imaginarse a su hermano despojado de todas esas emociones lo puso triste. Quería disculparse por su pecado… pero no podía. Se quedaron en silencio un buen rato hasta que Ed volvió a hablar. — Pero dijiste mi nombre.
Vaya, parecía que Alphonse no podría librarse. Suspiró, lo mejor era explicarse detalladamente. — ¿Te acuerdas aquella vez que estábamos jugando en el lago? Dijiste que él último en llegar al árbol se iba a comer la caca del gato que vivía en el tejado. — Ed se sonrojó, pensando en lo idiota que era cuando era pequeño y que desde ese entonces ya profesaba su odio a los felinos. — Entonces, yo me caí por la colina y me hice mucho daño, tú estabas muy asustado porque pensabas que gracias a eso mamá te iba a dar una buena zurra…
— Y tú llorabas desconsoladamente porque de verdad pensaste que te iba a hacer comer eso… mientras que estaba todo preocupado porque pensé que llorabas del dolor. — Continuó la historia con una gran sonrisa en los labios, Alphonse vio como sus ojos le brillaban.
— Sí, al final, mamá si te dio una buena zurra porque volví hecho todo un asco.
— Winry no paraba de reírse de mí. — Dijo algo cabreado ahora.
— Es verdad, porque te puso en un rincón de la casa castigado y los dos nos comimos tu postre de la cena en tu cara.
— ¡Era mi flan favorito… y lo peor es que luego hiciste que el gato entrara al cuarto…! ¡Pero qué demonios Al, estos no son recuerdos felices! — Se puso de pie en la cama con el puño el alto, Alphonse estalló en una gran carcajada mientras su hermanos continuaba diciendo improperios.
Cuando se relajó, volvió a ponerse melancólico. — Tú me consolaste… me diste un beso en la rodilla toda raspada y después acariciaste mi cabello reconfortandome. — Edward enseguida se dio cuenta del tono triste en su voz. — Desde que soy una armadura… nadie nunca ha hecho eso por mi.
— Alphonse… — Dijo Ed mientras sentía que el corazón se la partía en dos, más pensando que todos esos días, de manera egoísta, había estado masturbándose semiconsciente de que su hermano lo oía a la perfección… y eso le daba morbo. De un momento a otro, su propia calentura había dominado su yo racional, en ningún momento había pensado que podía haber estado dañando los sentimiento de Al.
Sin decir nada, Edward tomó sus cobijas con la almohada y se colocó frente su hermano quien lo miró extrañado, más aún cuando le pidió que pusiera los brazos en cuna. Montó una cama improvisada y se metió en ella hecho un ovillo.
— Nii-san…
—¡No hace falta que tengas las rodillas hechas un desastre para sentir dolor! — Le increpó.
— Eh…
— El dolor también… es emocional. Cuando te sientas así, yo estaré ahí para reconfortarte. Imbécil. Si no ¿para qué mierda tienes un hermano mayor? — Rodeó con sus brazos el caparazón y se quedó allí.
Su hermano mayor se veía adorable así, en sus brazos, como un pequeño gatito. Además, al estar su cuerpo en contacto con él, podía oír su corazón y su respiración haciendo eco dentro dentro de su armadura hueca…
Alphonse se sintió ahogado en un montón de sentimientos, felicidad, tristeza, tranquilidad, nerviosismo, vergüenza, agradecimiento… todo. Es verdad, no tenía porque sentir nada a través de la piel para recordar que estaba vivo, que él era un humano, porque siempre tendría a su hermano, y eso… le bastaba por ahora el tiempo que le restaba por vivir.
— Gracias… — Susurró con la voz temblorosa.
