¡Llegamos al capítulo 20! Que emoción me da. Muchas gracias por todos a los que me han comentado y apoyado. Lamento la tardanza pero he pasado por muchas cosas malas, digamos una pésima racha.

Les invito a leer mi otra historia nacido en la oscuridad, comenten y muchas gracias.

Capitulo 20 Dame un respiro.

A pesar de la oscuridad de aquella noche y de la tristeza que rodeaba al santuario, siguió la estela de luz dorada hacia el templo de libra, donde finalmente la armadura de su mejor amigo llego a su destino con los últimos restos de cosmos de Dokho, su alma ardía de dolor pero a pesar de sentir que se desgarraba por dentro, que las fuerzas le abandonaban y su alma parecía partirse en pedazos, hizo a un lado el nudo en su garganta y el ardor que sentía en esta, respiro hondo y se puso de pie con Athena en sus brazos, sus ojos mostraban una afilada mirada sin rastro de las antiguas lagrimas que habían escapado.

-Isaac y Aioros lleven a Sorrento y Shura al sanatorio ahora. – La voz de Shion era demasiado seria y fría sin un atisbo de enojo, odio, dolor o impotencia. El patriarca había percibido el débil cosmos de Shura, que aun se mantenía latente y que a causa de la distancia muchos en el santuario pensaron que el santo de capricornio había muerto. Aioros y Saga intercambiaron una mirada rápidamente, ambos conocían a Shion podía aparentar y mantener a todos los soldados a raya sin aparentar ningún cambio en su conducta, sin embargo ellos sabían que el patriarca estaba despedazado por dentro, su alma lloraba sangre. – Saga. – El gemelo mayor avanzo hasta situarse frente a él. – Lleva a Athena a su templo, en seguida irán unas doncellas a atenderla.

-Si gran patriarca. – Saga tomo a la deidad en sus brazos con cuidado.

-Después ve al sanatorio Saga, Kanon está herido. – Menciono Shion sobándose la sisen. – Después quiero a los dos para que me den su informe. – Aquellas últimas palabras sonaron tan frías que casi sonaron a sentencia para ambos.

-Si patriarca. – Contestaron al unisonoro ambos y se dirigieron en direcciones opuestas.

-Seiya. – El patriarca le llamo justo cuando él se escabullía por la parte posterior del templo patriarcal, el japonés se detuvo de golpe al verse nombrado y se giro como muerto resignado a la ahorca.

-¿Si? – Dijo medio dudando.

-Acompáñame con Shiryu, vamos a Piscis. – Seiya asintió y se acerco a su amigo que permanecía inconsciente le tomo por el costado y le cargo.

Shaina abrió con fuerza la puerta de su cabaña siguiendo a Geist quien había salido apresurada de esta una vez que le ayudo a llevar a Milo hasta ahí. -¡Geist! – Le llamo pero la pelinegra siguió avanzando apresuradamente hacia el sanatorio, ignorándola por completo. -¡Geist! ¡Maldición! – Rugió furiosa al ver a su hermana menor continuar avanzando hasta que desapareció. Entro a su cabaña y dio un fuerte portazo, lo que sobresalto a Marín y June.

-Yo... yo voy a con Aioria. – Y sin más Marín paso a su lado y salió apresurada por la puerta yendo hacia la misma dirección por la que Geist había salido prófuga. Shaina observo que June también iba a huir, así que le miro amenazante.

-¡Tú te quedas! – Ordeno con su voz de mando, por lo que la rubia que recién se había levantado de su silla se dejo caer de nuevo en esta. - ¿Me vas a decir qué diablos pasa con Geist?

-Yo que sé, tu eres su hermana. – Pero los ojos de Shaina se dejaron sentir aun traspasando la máscara, desvió la mirada hacia la ventana intentando fingir que no la había visto, pero aun así continuo sintiéndola. – Si Geist no te lo ha dicho…

-¡¿Que no me ha dicho?! – Grito exasperada haciendo brincar a June en su propia silla, que se removió incomoda, como si estuviera sentada en la silla de un acusado.

-Bueno a mí tampoco me lo ha dicho, pero escuche que ella y Shura tenían algo entre ellos… -

-¡¿Qué?! ¿Algo como qué? – Espeto furiosa la rubia, June se removió intranquila en su silla, sabiendo que había hablado demás.

-Lo mismo que Aioria y Marín o algo parecido. – June se levanto y acomodo la silla en su lugar, giro su rostro levemente solo para ver a Shaina completamente en shock, aprovecho ese momento y paso a su lado rápidamente para abandonar la casa.

Shaina la miro marcharse, porque no estaba segura que tanto quisiera averiguar sobre la vida privada de su hermana por oídos de terceras personas, pero aquello sin duda la había dejado sorprendida, conocía que Shura y Geist eran amigos desde jóvenes, pero solo creyó hasta ahí, jamás llego a imaginar que el recto santo de capricornio fuera a liarse con la rebelde de su hermana, pero era bien sabido polos opuestos se atraen y tal vez ellos si tuvieran algo. Se reprendió mentalmente por pensar en aquello y decidió mejor esperar a que Geist volviera para aclarar ese asunto.

Sacudió su larga cabellera para despejarse un poco de aquellas ideas que inundaron su mente, atravesó la cocina y la sala en dos zancadas dirigiéndose hacia su habitación, abrió la puerta lentamente y observo al santo de escorpión recostado en su cama, su rosto mostraba una enorme tranquilidad y tenía una media sonrisa en su rostro. Se recargo en el marco de su puerta y se cruzo de brazos, esperando a que despertara aún no sabía el porqué le condujo hacia su cabaña y no al sanatorio y ahora caía en cuenta de lo arriesgado de aquello, puesto que estaba prohibido introducir caballeros a las cabañas personales de las amazonas.

Bueno con la nueva Athena la cual era muy joven en realidad no se sabía a la perfección, si bien ella les había pedido que dejaran de usar sus mascaras, en combate aun continuaba siendo obligatorio el llevarlas y era prohibido que su enemigo observarse su rostro, por eso Milo le había ayudado y ahora ella le estaba regresando el favor, nunca le había gustado el acumular deudas y menos con el octavo guardián que seguramente sabia cobrárselas muy bien. Le vio revolverse en la cama y tirar al suelo la almohada, la cual cayó pesadamente.

Descruzo sus brazos dejándolos caer al lado de su cuerpo y se encamino para levantarla del suelo, pero apenas se agacho y sus dedos blanquecinos rosaron la almohada, sintió los dedos de Milo tomándola por la barbilla y la desprendió de su máscara que aún continuaba llevando puesta por costumbre.

-¿Mi…Milo? – Susurro apenada y sintió como sus mejillas se sonrojaron y un tenue calor la abrigo.

-Me gusta verte más sin mascara, en realidad eres hermosa. – Milo acorto peligrosamente la distancia entre ellos, con una sonrisa picara en su rostro pues aun continuaba sujetando a la rubia por la barbilla y percibió el ligero temblor de su mentón, sin que ella tratara de alejarlo.

-¿Qué…Qué haces? – Murmuro, su voz se entrecorto y miro los ojos azules del escorpión que claramente la estaban mirando fijamente, Shaina recobro un poquito la cordura en medio de aquella ola de emociones que la estaban inundando por primera vez, alzo su mano y detuvo el avance del peli azul poniendo su mano sobre su pecho. -¿Milo? – Cuando Seiya miro su rostro ella se vio obligada a amarlo, al ser ella más débil que él y que el japonés también se negara a matarla por su código de honor. Pero ahora que muchas de las reglas del santuario habían cambiado por lo radical de la nueva Athena, era libre de amar a quien quisiera. "¿Por qué diablos estoy pensando en esto? - ¿Qué diablos haces?

Le empujo con su mano y le volvió a acostar en la cama, Milo soltó una sonora carcajada, mientras ella aun sentía como su corazón latía con tanta fuerza que temió que el escorpión dorado lo escuchara, no necesitaba verse en un espejo para adivinar que estaba sonrojada, la cara de Milo lo decía todo.

-Eres un estúpido. – Vocifero molesta saliendo de la habitación y dando un portazo fuerte.

-¡Oh Shaina, porque empeoras las cosas, enojada te ves más sexy! – Le grito pícaramente, dio unos cuantos pasos hacia atrás, escuchando como Milo se ponía de pie por el repiqueo de su armadura dorada. – Shaina nunca debes dejar un hombre en tu habitación… - Abrió los ojos sorprendida "¿Cómo no había pensando en eso?" Giro la perilla rápidamente y empujo la puerta, para su sorpresa Milo estaba recargado en la pared a un lado de la puerta esperándola con una sonrisa triunfal.

-¿Acaso perdiste la ultima neurona en ese combate, escorpión? – Gruño molesta, Milo rio tenuemente, provocando más su enojo, levanto su mano dispuesta a cachetearlo, sin embargo el peli azul detuvo el avance de su mano derecha hacia su mejilla y con la otra aprisiono su muñeca izquierda.

-No he perdido nada, solo que me gusta jugar con veneno, además deberías agradecerme por ayudarte en el combate. – Alardeo, Shaina se jaloneo tratando de liberarse, pero era obvio que la fuerza del escorpión le superaba.

-Gracias por ayudarme con la máscara. – Contesto de mala forma, pero los ojos de Milo le indicaron que aquella no era la respuesta correcta. -¿Puedes soltarme?

-Te equivocas de nuevo Shaina, jamás voy a permitir que un enemigo se deleite con tu hermosura, ese placer es solo mío. – Se recargo en la puerta, anonadada por lo que Milo acababa de decir suavemente, casi había sido un susurro, le soltó, dejando deslizar sus dedos por su piel, pero de repente Milo la tomo por las mejillas y le planto un beso. -¡Pero me encanta verte molesta!

Sin más Milo tomo su capa que estaba en una silla y salió de la habitación mucho antes de que ella terminara de asimilar lo que acababa de ocurrir, aun podía sentir los labios del peli azul sobre los de ella. Sintió como la sangre le subía fuertemente al rostro y se volvía a sonrojar, sintiendo el fuerte palpitar de su corazón. Escucho a Milo abriendo la puerta de la entrada y fue cuando reacciono.

-¡Milo! – Rugió furiosa o al menos eso quiso aparentar, el escorpión logro abrir la puerta e hizo un ademan con su mano, mandándole otro beso, lo que la hizo rabiar, cruzo la cocina en dos zancadas, para ver a Milo salir victorioso de la cabaña. - ¡Me las vas a pagar Milo de escorpión!

-¡Shaina no arruines el momento! – Le grito desde la distancia, con una amplia sonrisa. – ¡Digamos que ha sido uno de mis despertares más placenteros! ¡Además no me podía quedar con las ganas!

-¡Te odio Milo! – Shaina corrió tras él intentando alcanzarlo pero este mantuvo siempre una distancia prudente de la rubia si no quería ser castrado.

-Ambos sabemos que no es así. – Le respondió antes de desaparecer. - ¡Te veo en nuestra guardia! - Shaina se detuvo agitada, no tanto por intentar darle alcance a Milo si no porque sentía un vuelco de emociones dentro de ella.

Descendieron desde el templo de Athena hasta la casa patriarcal en silencio, iba por delante de Seiya quien llevaba en brazos a Shiryu indicándole el camino correcto para llegar a Piscis. Su mente estaba atiborrada de información, su cerebro saltaba de una idea a otra y viajaba de un recuerdo a otro. Sin duda la muerte de Dokho le hacía sentir desesperanzado y lleno de impotencia, pero no era momento para dejarse llevar por sus emociones, le debía muchas cosas a su amigo y entre ellas era el velar por su alumno, tal y como el chino había hecho por Mu, cuando el murió hacia más de 13 años.

Escuchaba la respiración pesada de Shiryu y el sonido metalico que producía las armaduras de ambos santos de bronce cuando chocaban, miro sobre su hombro a Seiya que se mantenía cabizbajo, con la vista perdida y absorto en sus propios pensamientos, totalmente en silencio como si aun no pudiera asimilar todo lo que ocurrió en el monte Parnaso, sin poder procesar la primera derrota de toda su vida, la primera vez que tuvo que huir para salvar a Athena dejando uno de los suyos atrás. "Cada guerra que enfrentemos, cobrara vidas Seiya y eso es algo que tú y tus compañeros de bronce, entenderán algún día". Volvió su vista hacia el templo de piscis y observo a Afrodita esperándoles en la parte trasera de su templo, justo en medio de su jardín de rosas, sus ojos violetas se encontraron con los celestes de Afrodita.

-Buenas noches patriarca. – El santo de la doceava casa hizo una leve inclinación, cuando sus miradas volvieron a cruzarse el santo continuo. – Patriarca yo… yo lamento lo del antiguo maestro. – Menciono respetuosamente haciendo una inclinación.

-Gracias Afrodita. – Examino tranquilamente el jardín de Piscis, que absolutamente no tenía nada que envidiarle al del templo de Virgo.

-¿Hay algo en que le pueda servir? – Los ojos celestes del pisciano desviaron su atención de él y reparón en Seiya que se mantenía en silencio, aún con su compañero en brazos.

-Confió en tus habilidades para que le sanes, Afrodita. – El de cabellos celestes asintió, avanzo hasta donde Seiya se había detenido y estiro sus brazos, tomando el rígido cuerpo del caballero de dragón, se giro y entro a su casa, le siguió en silencio y el japonés le imito. Afrodita llevo hasta su cuarto al alumno de Dokho y le deposito suavemente en su cama.

-¿Por qué fue envenenado? – Susurro suavemente, analizando el aspecto físico del dragón quien temblaba ligeramente, mientras un tenue sudor bañaba su frente y ligeros espasmo recorrían su cuerpo sacudiéndolo.

-Rea invoco una hidra. – Afrodita se quedo quieto un momento y observo por encima de su hombro al patriarca. -La flecha con la que fue atravesado Aioros tenía ese mismo veneno. – El tono de voz de Shion fue tranquilizador pero mostraba cierta preocupación por el chino, que estaba tendido en la cama.

-Seiya ¿Puedes darnos unos segundos al patriarca y a mí? – Pidió amablemente el doceavo guardián, el japonés se sorprendió por la extraña petición e iba a replicar cuando se acordó que aquella casa era la de piscis y por ende Afrodita le podía sacar de ahí con una patada en el trasero.

-Sí. – Camino cabizbajo hacia la puerta sintiendo las miradas de ambos santos dorados en la espalda, detuvo su andar justo en su umbral y giro hacia el sueco. – Has todo lo que esté en tus manos, Shunrei ya perdió a Dokho, si a Shiryu le pasara algo ella… ella estaría destrozada. – "Y yo también"

-Lo hare Seiya. – Afrodita asintió ante aquel pedido, no sabía quién diablos era aquella niña que mencionaba pero si era cercana a Dokho, para él se convertía en una obligación el salvar a Shiryu, era lo menos que podía hacer por el antiguo maestro de libra. Escucho la puerta cerrarse tras Seiya y miro severamente al patriarca. – Gran maestro, Aioros tuvo que aguantar algunas partículas de mi veneno, mínimas pero tuvo que soportarlas pero las resistió porque es un santo dorado, si yo hago lo mismo a Shiryu tal vez pueda matarle y más en ese estado.

-Te entiendo Afrodita. – Shion le tomo por el hombro y le apretó conciliadoramente. – Sin embargo es la única forma y lo sabes. De otra forma morirá y eso es un resultado mucho peor al de no hacer nada.

-¡Es el único alumno de Dokho! – Se exaspero Afrodita, pero una mirada severa por parte de Shion le hizo controlarse, guardo unos segundos que utilizo para serenarse. – Discúlpeme, pero si algo le pasara, no podría vivir con ese remordimiento, ya no quiero ver mis manos manchadas de sangre inocente.

-Esta vez Afrodita vale correr el riesgo, de otra forma Shiryu morirá y el sacrificio de Dokho seria en vano. – El de cabellos celestes agacho su mirada mientras meditaba aquellas palabras y evaluaba cada posibilidad que se le cruzaba por la mente, sin embargo Shion tenía razón, aquella era la única forma.

-Está bien. – Afrodita camino hacia un mueble antiguo de madera que estaba apostado contra la pared y le abrió, un repiqueo de cristales sonó en el interior, miro los frascos frente a él y tomo uno de ellos que estaba vacío y le condujo hacia el escritorio que estaba frente a su cama, le dejo ahí y su cosmos dorado rodeo su mano en la que se materializo una perfecta espina, la cual utilizo para cortar su fina piel blanquecina de su muñeca, en la cual aparecieron algunas gotas de sangre, como el roció aparece en las flores después de una tormenta y después se formo un hilillo de color escarlata que lleno el fondo del vaso tiñéndolo de un carmín.

Elevo su cosmos cerrando la fina herida de su muñeca y en esta broto dos rosas blancas, si aquello era lo único que podría hacer por Dokho, se encargaría de salvar al caballero de dragón y no rematarlo con el veneno de su sangre. Introdujo ambas flores en su sangre, las cuales absorbieron rápidamente el veneno y la blancura de sus pétalos rápidamente pasó a un color rojo intenso que se convirtió en negro hasta que se marchitaron.

-Está listo. –Frunció los labios dibujando una ligera sonrisa en estos y se aproximo al chino, que permanecía en la cama, se coloco a su lado y busco con su profunda mirada alguna herida del dragón, la cual no le fue difícil de encontrar, pues el chico estaba cubierto de cortes y aberturas que dañaban la continuidad de su piel, inclino el frasco observando cómo su sangre avanzaba hacia la boquilla y como una sola gota se convertía en un hilo que se introdujo en el cuerpo del más joven. – Espero que con esto baste. – Afrodita detuvo el torrente de su sangre, empinando el frasco.

-Gracias. – Shion se acerco al lecho donde Shiryu se encontraba y se sentó a los pies del santo más joven, sus ojos viajaron de los celestes del guardián de piscis a las perlas de sudor en la frente del alumno de Dokho, que permanecía aun sacudiéndose a causa del veneno.

-Es mi deber. – El de cabellos celestes hizo una respetuosa reverencia y le dio la espalda dirigiéndose hacia la salida de la habitación, para permitirle privacidad al patriarca. Shiryu no tardaría en despertar y seguramente Shion le daría la mala noticia el mismo.

Respiro profundo al escuchar los pasos de Afrodita alejándose por el pasillo, conocía que su obligación era estar con Athena, pero ella estaba fuera de peligro, el ataque que había recibido por parte de su mismo cosmos había provocado que se desvaneciera para evitar que sufriera algún daño, sin embargo la situación de Shiryu y Shura eran diferentes. Ahora se sentía un poco más relajado respecto a la salud del primero de ellos, después de que Afrodita le aplicara el antídoto dudaba que el veneno siguiera haciendo daño en su cuerpo y esto le calmaba un poco. Primero tenía que solucionar todos los problemas de aquel ataque fallido, después daría rienda suelta a sus emociones.

-Pa…patriar… ¿Patriarca? – Shiryu apretó los ojos con fuerza, se sentía extremadamente débil y un fuerte mareo le sobrevino. A pesar de ello la presencia del peliverde le extraño, jamás pensó que el patriarca cuidaría de ellos cuando había dejado a Aioros casi en su lecho de muerte y cada vez que un dorado caía herido o enfermo por sus enfrentamientos, eran muy raras sus visitas, aun cuando se tratara de Mu, así que el verlo frente a él, antes de tomárselo como un alago le preocupo.

-¿Cómo te encuentras? – La voz de Shion sonó conciliadora. – Afrodita te ha curado del veneno de la hidra. – Se adelanto a cualquier preguntar que él pudiera hacerle.

Sus ojos oscuros recorrieron el lugar donde estaba de ser como el patriarca decía, aquel templo debía de ser piscis. – Patriarca ¿Qué paso? ¿Qué ocurrió después de que perdí la conciencia?

-Antes que nada Shiryu debes recordar que somos santos de Athena y que nuestra vida le pertenece a nuestra diosa, sobre cualquier cosa. – Las palabras que abandonaron los labios de Shion fueron frías como si el mismo se las repitiese para creer en ellas y apegárseles. – Los sacrificios por más dolorosos que sean deben realizarse en cualquier guerra y esta no es la objeción a la regla. – Shion desvió sus ojos violáceos hacia la luz que entraba por la ventana de aquella habitación y permitía el paso las corrientes de aire primaverales, ondeando juguetonamente con las cortinas blanquecinas.

-Una vez que perdiste el conocimiento. – Sus ojos viajaron por la extensidad y variedad del jardín de piscis que se observaba por la ventana, el cual estaba rodeado de pilastras que yacían en el suelo destruidas, algunas de ellas eran apresadas por las raíces con espinas de aquellos rosales perfectos, algunas otras se apilaban entre ellas, formando montículos donde solía Mascara de la muerte sentarse para evitar ser envenenado. – Shura fue alcanzado por un rayo proveniente del Keraunos y su cosmos casi se ha apagado. – Shiryu se incorporo apresuradamente, pero lo único que se gano fue que la habitación le diera vueltas. –Debes calmarte.

-¿Cómo se encuentra él? – Shion lo observo con el ceño fruncido sentarse en la cama, mientras sus ojos negros se encontraban con los suyos llenos de preocupación. No quería ni siquiera imaginarse cómo se pondría cuando le dijera que Dokho… se había ido, esta vez sin despedidas.

-Él está algo delicado. – Contesto después de un rato, no sabía qué extraña relación tenia Shura con él alumno de Dokho, pero supuso que el joven dragón le guardaba algo de respeto o incluso tal vez viera en el español a un hermano mayor. Lo tomo del hombro, lo que sobresalto de sobremanera al peli negro que le observo asombrado por aquello. – Shiryu la situación se complico en el monte Parnaso, los titanes obtuvieron sus poderes e hicieron retroceder a todos, lo que obligo a Saga a crear un portal hasta aquí, pero para salir de ahí alguien debió mantener los poderes de titanes a raya y…

-Mi maestro… - Shiryu se percato que el cosmos de quien fuera un padre para él no se encontraba en el santuario, ni siquiera podía sentirlo ni en los límites de este ni en ningún lugar, sus ojos comenzaron a llenarse de lagrimas, ante la impotencia que sentía, Shion apretó más el agarre de su hombro intentándolo reconfortar al muchacho que cerró sus ojos con fuerza dando rienda suelta a sus lagrimas.

-Dokho, sacrifico su vida para darles una nueva oportunidad a todos y les dio el tiempo suficiente para que Aioros sacara a nuestra diosa de ahí y no corriera peligro. – Shion contuvo sus lagrimas lo que provoco que sus escleras blanquecinas se pusieran rojas, Shiryu se recargo sobre sus rodillas y llevo sus manos a su cabeza la cual inclino hacia adelante, sus lagrimas caían verticalmente contra el suelo de mármol que le mojaban en pequeños círculos. – Shiryu… yo comprendo tu dolor, Dokho ha sido mi compañero y amigo toda mi vida y le conozco a la perfección, por ello puedo decirte lo cuan orgulloso esta de ti, eres un caballero noble, fuerte y que sigue sus convicciones, no le permitas morir, si ahora decae tu espíritu su sacrificio seria en vano.

-Patriarca… - El joven chino levanto su rostro y le giro para verlo, las lagrimas recorrían su rostro pálido y lleno de sangre, entre mezclando el dolor del alma con el del cuerpo. – Es que jamás he podido agradecerle por ser todo para mí, por enseñarme y educarme para ser un santo de Athena, por ser un padre para mí…

El dragón no pudo continuar porque su voz se entrecorto, Shion le paso un brazo por los hombros y pensó que Shiryu y Mu tenían mucho en común y aquello le ablando más el alma con el joven el chino. – Escúchame bien Shiryu, si algo nos enseño el tiempo a Dokho y a mí, fue a respetar y apreciar las almas jóvenes, aquellas que palpitan con fuerza y rebosan de inocencia, no tienes nada que agradecerle a Dokho pues has saldado tu cuenta con él, al impedir que estuviera solo, como su maestro lo estuvo antes que él. Así que levanta tu rostro, porque tienes que demostrarles a los titanes quien es Shiryu de dragón, el mejor discípulo y único hijo del caballero dorado Dokho de libra.

La llevaba en sus brazos, su cuerpo se encontraba desvanecido en estos y algunos mechones de cabello lila le cubrían su fino y terso rostro, ansiaba por ver aquellos dos faros celestiales abrirse de nuevo y que su diosa frunciera sus labios en aquella dulce y tierna sonrisa con la que solía mirarlos y reanimar sus espíritus destrozados, tal y como la noche en que fueron llevados Shura, Camus y él ante ella cuando sus cuerpos estaban completamente dañados por las peleas y sus espíritus se desgarraban por dentro, pero cuando sus ojos verdes la contemplaron y vieron a aquella niña a quien hubiese intentado matar, ahí frente a él mirándolo con empatía y derramando lagrimas por ¿él? Por Shura y Camus lo entendía los había arrastrado hasta los limites posibles, pero que ella lloraba por alguien como él, demostraba el amor de la deidad hacia sus santos.

Abrió la puerta de la habitación y la atravesó en dos zancadas, deposito suavemente a la joven griega en su cama y retiro aquellos mechones peli lilas que cubrían su rostro e impedían visualizar la piel porcelina de Athena, observo como su pecho se lleno de aire por una profunda respiración la cual exhalo con tranquilidad.

¿Cómo has podido perdonarme? ¿Cómo Shion confía tu cuidado en una persona como yo? Ni siquiera sabía porque Shura y Camus le habían seguido a través de las doce casas con tanta devoción y casi sin cuestionarlo a excepción del uso de la exclamación de Athena lo cual los dos terminaron accediendo. Él no debía de ser llamado santo era un maldito demonio que había contaminado a toda la orden dorada desde que piso por primera vez el templo de géminis.

Se hizo hacia atrás cuando varias doncellas se introdujeron en la habitación cargando en sus brazos varios utensilios para atender las heridas de la deidad, retrocedió como si un rayo le hubiese herido y se encamino de espaldas hacia la puerta, observando a las habilidosas jóvenes limpiar las cortaduras de Saori Kido y colocar un trapo con algún tipo de medicina sobre estas, mientras otra de ellas limpiaba con delicadeza el rostro de la joven griega. Llego al marco de la puerta aun absorto en sus pensamientos y le dio la espalda a la habitación.

-Espe…espera Saga. – Se detuvo al escuchar su nombre y viro su rostro para comprobar que los ojos azules de Athena le observaban, Saori aparto la mano de una de las doncellas que limpiaba su rostro, las cuales se giraron al ver al santo que se mantenía imperturbable en la puerta. – Saga. – Su voz sonó cansada pero aún así le volvió a nombrar. – Necesito hablar contigo, por favor.

-Le esperare aquí afuera y una vez que estas jóvenes limpien sus heridas, podrá llamarme y acudiré en seguida. – Su corazón dio un vuelco brusco, le sentía palpitar como si fuese a abandonar su pecho en cualquier momento, vio a Athena asentir sonriente entregándose al cuidado de las doncellas y el salió de la habitación, mientras solo una pregunta rondaba por su cabeza ¿Qué quería decirle Athena?

A su mente volvieron todos sus fallos, todas sus derrotas ante Ares y el destino que se le había asignado, todos sus errores se agolparon en su mente, sin permitirle pensar más allá, sin dejarlo contemplar el lado positivo de estos y es que era absurdo pensar en algo bueno cuando no lo había, jamás realizo una acción correcta para ella, se fue hundiendo cada vez más y cada paso que intentaba hacer para encomendar su error le alejaba más de sus convicciones de santo y de Athena. Arrugo la frente con frustración, estaba agotado de imaginarse y temer que siempre que estuviera a solas con Saori ella le reprocharía lo mal que obro con la orden y en su nombre.

De todos sus compañeros dorados solo podía pronunciar el nombre de uno al que jamás sus acciones afectaron, Aldebaran era el único que salió librado de aquella maldad que él permitió que se apoderada de sí mismo y el santuario. Hizo a Shura asesinar a su mejor amigo y le manipulo con el Satan imperial, alterando la mente del capricorniano haciendo que creyera en una justicia equivoca, Aioria y Mu fueron a los que persiguió sin cuartel, a uno por la muerte de Aioros y al otro por la de Shion, permitió que Mascara de la muerte y Afrodita se salieran del camino del bien y apoyaran la falsa justicia que Ares proclamaba e hizo que casi el cuarto guardián asesinara a Dokho, permitió a Shaka alejarse de sus compañeros y encerrarse en el mundo del budismo, ínsito a Milo a odiar a Aioria y alejo a Camus del santuario. Todo esto sin contar lo que ocurrió en la guerra santa que vino a romper y despedazar la esperanza en ellos.

-Athena ha dicho que puedes entrar. – Una doncella de cabellos rojos hasta los hombros y profundos ojos grises le indico con el dedo pulgar de podía entrar mientras en su otra mano sostenía unos cuantos vendajes. Titubeo un segundo, mientras alejaba cualquier sentimiento negativo y volvió a serenarse, lo que hizo sonreír a la chica. –Vamos es Athena quien llama. - -Le apuro.

Asintió extrañado por la confianza de aquella joven y tomo la perilla de la puerta, le empujo lentamente y sus orbes verdes contemplaron a la diosa de la guerra, sentada en la mitad de su cama, las sabanas perlinas cubrían la mitad de su cuerpo descansando delicadamente sobre él, Saori estaba recargada en la cabecera de caoba, donde estaba tallada finamente, una de las tantas guerras santas que Athena había librado contra Hades. Saori le sonrió amablemente, aunque Saga pudo distinguir un dejo de tristeza en sus ojos azules, le hizo un suave gesto indicándole que podía sentarse en el borde de la cama.

-Necesito hablar contigo. – Susurro débilmente, pero para ella fue un esfuerzo sobrehumano, pues apenas hubo despertado una opresión en su corazón y una sensación de angustia la embargaron, sondeo rápidamente el cosmos de sus caballeros y percibió que el de Dokho de libra había desaparecido, había perdido a uno de sus mejores consejeros quien fuese como un padre para ella. – Saga… yo…

-¿Athena? – Los ojos de ambos se encontraron, zafiro contra esmeraldas se observaron, la primera llena de timidez y un dejo de tristeza, mientras la otra fue embargada por indiferencia, pero para Athena sabía que aquella dura faceta que Saga mostraba era solo para esconder la melancolía y el dolor del santo que era en la actualidad, del tormentoso pasado que había sobrellevado en sus hombros y la soledad por la que se había rodeado.

Resoplo profundamente ignorando el dolor causado por sus heridas, retiro la sabana de sus piernas y las dejo colgar por el borde del colchón, sentándose a un lado de Saga que se removió intranquilo ante aquella cercanía. Le sonrió débilmente, indicándole que todo estaba bien y deslizo su mano sobre la de Saga que fijo sus ojos verdes en el suave contacto entre él y su diosa.

-Saga. – Le llamo para que sus ojos volviesen a encontrarse. – No debes seguir atormentándote por tu pasado, quise creer que el que Aioros y Shion volviesen a la vida, ayudaría a tu alma a sanar, pero veo que me he equivocado, te he dejado mucho tiempo solo y siento que te debo esta conversación desde hace mucho tiempo, así que te escucho.

-Athena… - Atino a balbucear y su mirada titubeo de la azul cielo que estaba frente a él, en aquellos momentos sentía que no era Saori Kido la joven adolescente quien estaba sentado frente a él si no era la esencia de la diosa de la guerra y la sabiduría quien le hablaba, quien le pedía permitirle conocer todo su dolor y ayudarlo a sanar.

-Entiendo que no me tengan esa confianza. – Athena desvió su mirada hacia un punto fijo en la pared, pero reforzó el agarre de sus manos. – En esta era me he distanciado mucho de mi orden más fuerte, se que han sufrido por mí, han sido heridos y han derramado sangre por mí, han demostrado la grandeza de su alma a pesar que esto implique el destrozar su integridad y sin embargo, son unos extraños para mí, como yo lo soy para ustedes, todo su sacrificio y su dolor se lo han dedicado a una diosa que no ha sabido valorarlo, pero no más. Es por ello que he de pedirte perdón, Saga.

-Athena… - Aquella revelación el dio un vuelco horrible en su corazón, su cerebro proceso rápidamente la información y su cabeza dio vueltas. – No diga eso, usted es nuestra diosa y nada de lo que hayamos hecho necesita que usted nos lo agradezca, nosotros…

-Saga, ambos sabemos que es verdad. Ustedes ven en mí solo una adolescente que le ha tocado ser Athena. – Saori expreso una débil sonrisa y esta vez fue Saga quien apretó suavemente el agarre entre ellos y sin saber porque frunció sus labios en una sonrisa confiada.

-Athena, usted será siempre nuestra diosa, no importa por lo que tengamos que pasar ni las cosas que tengamos que sacrificar, lo haremos en su nombre y por el bienestar de lo que usted protege, es el camino que decidimos seguir desde que éramos unos niños y el hecho de estar el día de hoy defendiéndola es el mayor orgullo y satisfacción que podríamos tener. – Saga clavo sus ojos verdes en la deidad que libero sus manos de las de Saga y se levanto.

-Se que te culpas de muchas cosas, se que te carcomes por dentro, has sido juzgado injustamente por muchos como un traidor, pero ellos no conocen la verdad, no saben de lo que eres capaz de sacrificar por mí, no conocen los limites de tu fidelidad y solo les demuestras una indiferencia, que inclusive tus compañeros aceptan y creen, pero eso no funciona conmigo. – Athena tomo la mano de su santo y le hizo levantarse, Saga al sentir el amable tirón, se puso de pie, sin embargo un escalofrió recorrió su cuerpo, cuando la mano derecha de Athena se poso sobre su pecho, justo donde su corazón amenazaba por salir desbocado y sentía un nudo de emociones.

-No me importa lo que ellos piensen. – Repuso recelosamente. – Lo volvería a hacer por usted, no me arrepiento de mis acciones.

-Te lo has repetido hasta creértelo ¿No?. – Saga dejo libre una risa, mientras Athena rodeaba su mano de un aura blanquecina. – Quiero que entiendas Saga, que conmigo no tienes que fingir, no debes ser siempre fuerte y frio, yo reencarno en una humana, no para que me vean como su diosa si no como una amiga. Te culpas por muchas cosas, el dejar que Kanon se descarrilara del camino del bien, del permitir que Ares tomara posesión sobre tu cuerpo, de la muerte de Shion y Aioros, del dolor que ello provoco en Mu, Aioria y Shura, de los 13 años que Ares destrozo mi santuario y corrompió a mis santos, de la muerte de Shaka y de arrastrar a santos como Shura y Camus hacia el deshonor e inclusive de mi muerte…

-Muchas de esas cosas las pude haber evitado y no lo hice…yo le falle… - Aquella confesión pareció arrancar toda la dureza de su espíritu y fue como si todo el dolor acumulado en su interior estallara y pidiera ser liberado, las lagrimas se agolparon en sus ojos, pero desvió oportunamente su mirada para evitar que Athena las observase. Era como si la mano de Athena liberara sus sentimientos y derribara aquel muro de insensibilidad el cual se había visto obligado a levantar. – Le falle a usted… al patriarca, a mis compañeros, a mi hermano y…

-Y a ti mismo. – Completo Athena, Saga elevo su rostro sorprendido de las palabras que abandonaron los labios de la deidad, que sonreía con un dejo de tristeza.

-Mis expectativas de ser santo desde que era un aprendiz fueron muy altas, quería ser el mejor a su servicio, que se sintiera orgullosa de mi y mis compañeros, Aioros y yo imaginamos miles de veces como seria este momento, pero… - Saga no pudo más, apretó sus ojos con fuerza mientras la impotencia se agolpaba en su pecho, cerro sus puños con fuerza hasta que se hizo daño y sus uñas se clavaron en su carne y las lagrimas retenidas por tanto tiempo abandonaron sus ojos verdes. – Me convertí en uno de los santos más fuertes y en el verdugo de muchos de mis compañeros, yo merme sus filas, intente asesinarla, mate a muchos y ordene que mataran a más, convertí a mis compañeros en sicarios y volví a alzar mi mano contra usted, no solo en la batalla de las doce casas si no también en la guerra santa. – Sus piernas flaquearon y cayó al suelo de rodillas.

Athena se agacho asustada al verlo de esa forma, imagino que Saga guardaría mucho dolor en su interior, uno que tal vez no llegara a comprender en su totalidad, pero el ver aquello le hizo entender que iba más allá de lo que ella imaginaria. Se arrodillo frente a él, no podía creer que su guardián de géminis se rompiera de esa forma, pero lo que le impresionaba más era la fortaleza de haber sobrellevado aquel titulo de héroe y villano por tanto tiempo, sin quejarse, sin llorar, sin detenerse ni dudar, Saga podía alzar su rostro y espetarles a todos la fortaleza de su espíritu y la lealtad de su alma. Le tomo con suavidad la cara y le obligo a mirarla, analizo unos segundos los ojos verdes de su guardián, que la miraban expectantes y sin más abrazo a su guerrero.

-¡Perdóname Saga! – Le murmuro al oído, enredando sus manos alrededor del cuello del santo. – Eres tu quien debe perdonarme, te he dejado a la deriva por demasiado tiempo. Escúchame bien. – Athena permitió que Saga se desahogara con ella y que dejara libre todo aquello que había reprimido. – No hay más culpables que yo, yo fui quien permitió esto, solo yo, nadie más. Ni tú, ni Shion, ni Aioros, Kanon, ni nadie más a sido culpable.

-Athena, pero… - Saori se separo de él y puso su dedo índice sobre sus labios indicándole a Saga que se callara y la escuchara.

-Yo soy la que he permitido a causa de mi irresponsabilidad que mis guardianes de géminis hayan sido tentados y manipulados por otros dioses desde generaciones posteriores, no eres el único que ha sufrido por ello, Saga. – Athena tomo las manos de Saga y las estrecho entre las suyas. – No he podido defenderles, no pude defender a ti de Ares ni a Shun de Hades, esa es mí culpa, solo mía. Debí prever todo esto y reencarnar antes, si yo lo hubiese hecho nada de esto hubiera ocurrido, no busques un culpable ni te señales como tal, cuando la única esta delante de ti.

-Athena usted no tiene que pedirme perdón, cuando yo soy el que le ha fallado. – Saga ayudo a la joven de cabellos pelililas a levantarse. – Usted nos brinda su protección desde tiempos mitológicos, no puede sentirse culpable, por un maldito como yo.

-¡No digas eso! – Las lágrimas de la deidad surcaron sus mejillas, que adquirieron un rubor instantáneo. - ¡No eres nada de eso! ¡No puedes seguir sintiéndote responsable de errores que no han sido tuyos! No continúes así… -Susurro lastimeramente.

-Perdóneme Athena. – Saga subió su mano y limpio las lagrimas que abandonaban aquellos zafiros y que parecían diamantes. – No debí decir eso, ha sido desconsiderado de mi parte y jamás encontrara un atisbo de rencor ni de culpabilidad contra usted, es mi diosa y he de aceptar el destino que me ha sido impuesto, tal vez desde la era mitológica.

-No quiero que te culpes ni guardes tu dolor. – Athena frunció sus labios levemente y sus ojos rebuscaron la mirada del gemelo mayor. – Saga no estás esta vez solo, tienes a tus compañeros, a Shion y antes que una diosa, tienes a una amiga en mí. Cada vez que te culpes y que sufras internamente, atisbo y me recrimino mi irresponsabilidad al no poder protegerte…

-En ese caso, Athena no le demos vueltas al asunto y dejemos como culpable al destino. – La deidad sonrió débilmente y el la acompaño. Saga guardo silencio analizando todo lo que acababa de ocurrir, recordaba aquel temple de acero que tenía cuando entro a la habitación, pero las fibras que había tocado la peli lila eran las más sensibles de su alma y aquella dura barrera fue derribada por Saori, quien no se interesaba simplemente por conocerlo, si no que se alzaba como protectora de su dolor y le comprendía, el hecho de que alguien reconociera el sacrificio por el que había pasado desde el inicio le ayudaba a liberar ese auto odio y el dolor que lo carcomía por dentro. Así que sin más dejo que su alma descargara aquellas lagrimas retenidas, que afloraran sus sentimientos, que su sangre vertiera el veneno que conducía en su interior y que su espíritu se liberara de aquel yugo. Lloro como no lo había hecho en años y se sintió reconfortado por el cosmos de su diosa que se esforzaba por cubrirlo y hacerle notar que jamás estaría solo de nuevo y sin lugar a dudas su alma se libero de un peso al que se había encadenado por años.

-Me alegra Saga que comprendas lo que ha ocurrido, ni yo siendo una diosa he podido evitar tu destino e incluso dudo que alguien como yo hubiese aguantado por lo que tú has pasado eso demuestra tu valentía, tu lealtad y el orgullo de tu espíritu. – Saori sonrió débilmente y retrocedió unos cuantos pasos, dejándose caer agotada en su cama, sus ojos se cubrieron de una enorme tristeza, sus facciones se llenaron de dolor y su cosmos apago la vitalidad y el amor con el que ardía.

-Athena. – Esta vez el gemelo mayor fue el que se acerco a ella, hinco una rodilla en el suelo y levanto su rostro para encontrarse con el lastimero semblante de la griega. – Usted también tiene un amigo en mí… y no debe de enfrentar la muerte del gran maestro sola. – Athena abrió sus centellantes ojos azules llena de sorpresa, al verse descubierta por Saga, lo que le hizo sonreír débilmente.

-Me alegro de poder contar contigo. – Susurro dejando rienda suelta a sus lágrimas, por la muerte de Dokho, sintiendo como su alma se hacía pedazos. – Dímelo ¿Qué ocurrió en el monte Parnaso? ¿Qué le paso a Dokho de libra?

Contemplaba la puerta de madera cerrada frente a él, agudizo su oído para escuchar lo que ocurría a dentro de la habitación donde había dejado a Shura, podía oír como las tres doncellas que habían entrado y el sanador removían los utensilios dentro del cuarto y el sonido de frascos depositados con fuerza contra alguna superficie, no percibía las voces, ni siquiera las ordenes que seguramente el sabia estaría indicando a las jóvenes y aquello le preocupaba. Cerro sus ojos intentando calmarse y busco el cosmos de Shura y ligeramente pudo percibirlo al mínimo, pero en aquel estado ni siquiera le serviría al santo de capricornio para sanar sus heridas o en el mejor de los casos controlar su dolor. La puerta de madera se abrió produciendo un crujido ya que se encontraba hinchada a causa de la humedad del lugar, que estaba rodeado de numerosos jardines medicinales. Observo como las tres doncellas salían con recipientes y toallas llenas de sangre en sus brazos y detrás de ellas el anciano que cargaba unos cuantos frascos medicinales.

-Disculpe… - Le llamo, pero el viejo le hizo una seña amable y le indico que le siguiera hacia un pequeño pasillo donde podían platicar sin ser escuchado por nadie.

-La situación del santo dorado de capricornio es complicada. – Admitió con un tono de voz rasposo que le erizo los pelos de la nuca, advirtió en la sangre de la túnica blanquecina y rogo al cielo, Athena y al Olimpo entero que la sangre no fuera de Shura. – El ataque que ha recibido debió matarlo, quiero suponer que la fuerza de su cosmos opuso alguna resistencia y por ello el rayo no le fulmino al instante. No conozco a la perfección este tipo de heridas, pero es muy probable que el decimo guardián de nuestra diosa, no sobreviva a este ataque y si llegara a hacerlo tal vez nunca vuelva a despertar.

El escuchar aquellas palabras destrozo cualquier esperanza vana que hubo acumulado en las últimas horas, desde que había dejado a Shura en manos de aquellos a los que consideraban los mejores curanderos y sanadores de toda Grecia e inclusive de muchos otros países. Giro su rostro por encima de su hombro y miro con preocupación la puerta de madera que permanecía cerrada y que resguardaba celosamente a su mejor amigo.

-Entiendo lo que dice. – Admitió. – Pero ¿No hay alguna forma? ¿El cosmos de Athena tal vez? – Sin embargo el anciano negó resignadamente. - ¿Y si tratáramos con…

-Escúchame muchacho, he vivido muchos años y leído todos los libros de medicina y en todos se refiere que aquellos que han sido víctima de la furia de Zeus y del Keraunos no sobreviven a ese fulminante ataque. Ya se obrado un milagro aquí y es que el santo continué con vida hasta hora pero no hay forma de salvarlo, su destino se marco cuando el rayo le golpeo. – Aioros frunció el ceño con frustración, debía haber algo, no podían quedarse ahí sin intentar nada.

-¿Y está seguro de haber leído todo? – Aioros sintió la mano comprensiva del viejo, que le arrastro hasta la puerta de madera y la abrió, sus ojos observaron toda la habitación hasta que repararon en la figura tendida de Shura boca arriba que permanecía inconsciente.

-Buscare algo. Pero si fuera tu no me ilusionaría mucho, lo más que puedes hacer por él es estar a su lado en el momento en que su hora llegue. – El anciano le palmeo el hombro y se alejo cojeando de la habitación, por los corredores del sanatorio. Le miro alejarse y detuvo la puerta pesada con su mano, la cual comenzaba a cerrarse, haciendo un intenso rechinido.

Sus ojos cafés recorrieron la habitación de lado a lado en un escaneo rápido, empujo la puerta la cual volvió a producir su molesto quejido y la cerro una vez dentro de la habitación. La cual tenía varias ventanas que la iluminaban y la mantenían ventilada en el fondo, había dos pequeños muebles apostados a los lados de la cama, que se encontraba en el centro de la habitación, en una esquina se encontraba una mesa con varios utensilios y recipientes sobre ella y en la otra varias repisas con materiales médicos en su interior. Camino hasta los pies de la cama cuando sus orbes cafés se percataron de la palidez de su amigo, Shura era muy blanco pero aquello le hacía lucir demacrado, podía observar unas profundas ojeras bajo los ojos de su compañero, varias de sus heridas estaban cerradas y vendadas, pero la que estaba sobre su hombro derecho, un agujero ennegrecido, que le atravesaba de lado a lado, su piel de alrededor se encontraba al rojo vivo y que aun continuaba sangrado, era la herida del Keraunos.

Si Shura llegaba a sobrevivía y despertaba al ataque, seguramente su excalibur del brazo derecho se vería severamente afectado, pues parecía que la articulación se había destrozado ante aquel golpe. Se acerco en silencio y halo un banco con su pierna que se encontraba debajo del escritorio y le arrastro hasta a un lado de la cama, sentándose sobre él.

-Vamos Shura, tu puedes con esto. – Le animo como si el santo de capricornio pudiese escucharlo. – Tienes que despertar. – Menciono intentando alejar el pesimismo del sanador. –El dijo que nadie había sobrevivido, pero mírate aquí estas. Así que deberías volver hacer que se coma sus palabras. – Sonrió débilmente, para cuando sus ojos cafés volvieron a posicionarse sobre la herida, cualquier optimismo se esfumo de su rostro.

Continuo observando aquella fatídica herida, mientras a su mente revoloteaban sus recuerdos durante la pelea, Shura había sido atacado por la espalda por Ceo, ya que Crio hacia lo propio entreteniendo al español por el frente, jamás debió permitirse dejarle solo contra dos oponentes, ya que si surgía algún inconveniente Saga y ni Dokho le hubiesen podido ayudar y las consecuencias estaban frente a él.

La última noche, antes de que ocurrieran "la desgracia" que marco a toda la orden, había visto a Shura en las escaleras de capricornio, acababa de volver de España, después de una estancia algo prolongada en su país de origen donde acudió para perfeccionar el regalo que les daba Athena a todos los santos del decimo templo; aún así el distinguió a un niño y no un hombre en el peli verde.

Claro que todo fue muy diferente cuando algunos minutos después se lo topo fatídicamente a las afueras del santuario, llevando a Athena en brazos, distinguió un cambio radical en su mejor amigo, ya no tenía el aspecto tranquilo y amigable en su rostro, si no se atisba en él la decepción y determinación ante una orden y el rostro de un verdugo. Aquella noche Excalibur fue lanzada con una fuerza impresionante y blandió dignamente el aire por primera vez, que el cielo se ilumino en un destello verde y el suelo abrió paso a tan filosa arma, e incluso el se vio sorprendido por la magnitud de la fuerza, sin embargo esa fue la última vez que Shura la uso de aquella forma; cuando lucho contra Ceo por primera vez había sido tan solo un atisbo del esplendor de Excalibur. Pero no solo Excalibur cambio si no también el español, desde que habían vuelto a la vida, Aioros notaba que el rostro y el carácter de Shura, se mantenían a la expectativa sin sobrepasar el límite de la decepción a la que el mismo se sentía atado.

Tal vez el perdón de Aioria, ni el de Shaka y él fueran suficientes para su amigo, Shura no se había perdonado por completo y él podía notarlo en su forma de hablar, en excalibur y en sus emociones, el español continuaba arrastrando su cuerpo por el deber y orgullo hacia Athena por nadie más, si de Shura dependiera podía encontrarse bajo tierra, descansando tranquilamente.

Y ese era su error el percatarse de ello y permitir que Shura continuara en ese estado, viviendo el día a día, porque era su obligación. Pero de verdad, si su mejor amigo lograba salir de aquel estado tan penoso, él le ayudaría a superar todo, le había abandonado de la misma forma que lo hizo con Saga y Aioria, a causa de sus aventuras por recorrer el santuario y todo aquello que se hubo perdido durante los años que estuvo muerto.

La puerta de la habitación se abrió de golpe, desconcertándolo por completo y haciendo revolotear sus cabellos, imagino que se trataría del anciano que regresaba apurado a la habitación al haber encontrado alguna cura milagrosa, pero todo fue echado a la basura, pues en el lugar estaba parada una chica joven, algo agitada, su cabello era color negro azabache, de tez blanca y unos ojos azules oscuros. Se sobresalto cuando reparo en su presencia e intento reponerse de la impresión.

-Tú debes de ser Aioros. – Ella hizo un leve gesto con el rostro a modo de saludo.

-Si ese soy yo, discúlpame pero no te conozco. – Se levanto para no darle la espalda y le señalo el banco donde él hacia unos segundo había estado sentado. -¿Tu nombre es?

-No es difícil saber quién eres, tu nombre es una leyenda en este santuario. – La amazona frente a él se acerco lentamente a la silla y observo los ojos castaños de Aioros. – He escuchado hablar muchas historias sobre ti.

-No todas son verdad. – Geist deslizo su mano por el respaldo de la silla y se sentó sobre esta.

-Oí muchas, pero escuche la de tu verdugo. – Aioros abrió desmesuradamente los ojos, al escuchar aquellas suaves palabras abandonar los labios de la peli negra. – Mi nombre es Geist y soy amiga de Shura.

Retrocedieron unos cuantos pasos, hasta que su espalda toco la fría pared, intentando hacer memoria, acerca de aquella amazona, estaba seguro de jamás haberla visto pero debía ser alguien muy importante para Shura si este le había confesado lo que ocurrió aquella noche, maldita costumbre del español de ocultar sus sentimientos. La observo en silencio durante minutos, ella se mantenía callada, de sus labios no escapaba ni siquiera una palabra, no había estirado su mano para tocar siquiera la mano del español, pero sus ojos fueron la ventana de sus sentimientos. La pelinegra a pesar de mantener un semblante serio, sus orbes azules mostraban toda la tristeza y preocupación por la que pasaba, en ningún momento ella miro las heridas del santo de capricornio, su vista estaba congelada en el rostro de su amigo, parecía como si sus ojos brindaran una caricia de consuelo y llena de amor a Shura, le recorrían de una forma delicada temiendo como si esta pudiera dañarlo.

¿Quién era ella? ¿Qué parecía conocerlo a él? Shura jamás se la presento, ni siquiera hablo de ella con él… a menos que ella fuera a quien una vez se refirió. Hacía muchos años Shura y él acababan de terminar de entrenar y ambos se dejaron caer pesadamente en los últimos peldaños de las gradas del coliseo, donde podían observar el ocaso. Recordaba que hablaban del lenguaje corporal de las personas y de la forma en que sus sentimientos se manifestaban en estos.

-"No creo en eso, por ejemplo Saga, es demasiado difícil saber qué piensa o siente, siempre muestra la misma faceta de él y solo sabes cómo se siente si él te lo permite." –Aquellas palabras que dijo en ese entonces habían sonado como una queja, como si Saga escuchara esa conversación. – "Creo que el lenguaje corporal siempre es manipulado"

-"Los ojos no Aioros. "– Shura se había recargado en sus brazos y miraba hacia el cielo. – "Suponiendo unos ojos azules, en ellos podrías observar cualquier sentimiento, enojo, ira, atracción, determinación, alegría, tranquilidad, tristeza, amor, es como si vieras el reflejo de tu rostro en el agua, así es la forma en que se refleja el alma en el cuerpo"

"Te juro que a veces te pones muy sentimental Shura ¡Joder!" – Y rio de buena gana, después siguió con su vista la mirada verde del español y lo sorprendió mirando a un grupo de amazonas que entraban al coliseo, justamente a una pelinegra, en aquel tiempo no le dio mucha importancia pero ahora parecía tener algo de sentido.

-Te puedo hacer una pregunta. – Menciono inocentemente, Geist ni siquiera le respondió solo asintió débilmente y no despejo "sus ojitos de borrego a medio morir de Shura". -¿Desde hace cuanto estas enamora de él?

La amazona brinco en su asiento al verse sorprendida y se ruborizo al instante, desvió su vista hacia él y abrió con sorpresa los ojos, su mandíbula inferior tembló ligeramente y se removió incomoda en su silla, cuando se dio cuenta de que su reacción la había delatado intento aparentar lo mas que pudo, abrió sus labios para responder pero de ellos no brotaron ninguna palabra y eso la evidencio más.

-Quien calla otorga. – Le sonrió amigablemente. – No tienes de que preocuparte, Geist. El hace mucho hablo de tus ojos y no repare en ello, pero ahora que te veo, comparto su punto de vista, los ojos son la ventana del alma. Con permiso. – Y tras decir esto abandono la habitación dejando a la amazona sorprendida.

Poso con suavidad su mano en la frente de Sorrento y miro el orificio por el que la rama perforo su cuerpo en la batalla contra Tea. A pesar del dolor por el que estaba pasando al sentir el cosmos de Poseidón desaparecer, acudió al llamado de Isaac quien llevaba a su compañero en brazos. Le indico donde dejarlo y ahí estaba, intentando sanar las heridas de su cuerpo.

-Isaac. – Kaysa entro a la habitación sobresaltada, llevaba su escama marina y tras él venían sus otros compañeros. - ¿Qué diablos ha ocurrido haya?

-¿Por qué abandonaron al emperador? – Bian tomo a su compañero peliverde y lo levanto del suelo, agitándolo fuertemente y estrellándolo contra una pared. - ¡Maldición Isaac! Nuestra única misión era defenderle.

-Suéltalo Bian. – Ordeno Eo apretando las muñecas de su compañero para que liberase a Isaac, que no había hecho nada para defenderse. – Permítele hablar. Vamos Isaac dinos que ocurrió.

El peli verde se llevo la mano al cuello enrojecido y paso saliva con dificultad, sus compañeros le rodearon interesados y la emperatriz se arrodillo al lado de Sorrento pero le miro interesada desde su posición, así que sin más les confeso todo lo que había ocurrido, desde el inicio de la batalla, hasta que el emperador se dio cuenta de la falta de la titanide Febe, menciono como Sorrento fue herido y como él estuvo a punto también de terminar como su compañero si no hubiese llegado la intervención del caballero del dragón.

-Saga de géminis abrió la otra dimensión, la misma que Kanon utiliza, para poder salir de ahí ya que el poder de los titanes aumento cuando Febe les libero, en ese momento me percate de que el emperador libraba una situación complicada, pero apenas quise acercarme a ayudarle él me ordeno que tomara a Sorrento y le trajera hasta aquí. – Isaac miro los rostros llenos de confusión e incredulidad de sus compañeros, pero el rostro de la emperatriz le tranquilizo.

-Pero ¿Por qué él emperador ordenaría eso? – Thetis intervino, se cruzo de brazos y atravesó la habitación hasta situarse a un lado del cuerpo herido de Sorrento.

-Poseidón. – Susurro Anfitrite, se inclino un poco sobre sus rodillas y junto sus manos sobre la herida de Sorrento, un aura azul cielo la comenzó a rodear, mientras sus cabellos peli verdes revoloteaban con suavidad a su alrededor, la herida comenzó a sanar poco a poco hasta que los pliegues de la piel del general se encontraron entre sí, uniéndose como si aquel orificio por el que perforo la rama jamás hubiese sido hecho. – Es de su dios de quien hablan.

-¿Emperatriz? – Isaac se acerco hasta ella, haciéndose paso entre sus compañeros, los cuales les siguieron.

-Poseidón no es un dios cruel ni mucho menos insensible, Athena no es la única diosa que aprecia a sus guerreros, ni la única que les bendice y protege de sus enemigos. – Puso su mano blanquecina con suavidad en el rostro de Sorrento y le acaricio. – Acaso ya olvidaron, ¿Cuando atacaron el santuario marino, como les teletransporto hasta aquí para protegerles del desastre que el mismo ocasionaría? O no se preguntaron ¿Por qué les dejo aquí, mientras solo llevaba al monte Parnaso a Isaac y Sorrento? ¿Ni por qué te ordeno salir de aquel desastre Isaac? – Anfitrite se levanto del suelo, mientras su largo vestido azul caía hasta el suelo. –Él quería protegerles.

-Pero emperatriz, nuestra misión era cuidarle, impedir que cualquiera fuera dios o humano levantase su mano contra él. – Exclamo irritado Kaysa, mientras las lágrimas se agolpaban en su rostro. – Y nosotros le fallamos.

-Obedecieron una orden. – Anfitrite camino hasta la ventana y se apoyo sobre el marco de esta con sus manos. Sintiendo la presencia que se encontraba detrás de la puerta.

-¡Pero no termino de entenderlo! ¿Por qué? ¿Por qué no nos ha permitido luchar a su lado? ¿Acaso cree que no lo haríamos, que somos débiles? – Bian golpeo con fuerza el muro a su lado, en el cual se hizo un boquete enorme, una puerta de madera resonó tras ellos y mostro la figura de Julián Solo.

-Yo puedo responder a eso. – El joven cerró la puerta tras él e intercambio una rápida mirada con la diosa de los mares. – Ahora soy consciente de que soy la reencarnación del poderoso emperador de los mares y antes de que el abandonara mi cuerpo, me ha dejado una misión para ustedes.

-¿A qué te refieres? – Krishna se acerco al joven, pero se detuvo cuando sintió parte de la esencia de su dios en aquel peli azul, por lo que hinco rápidamente una rodilla en el suelo y se llevo una mano hacia el corazón, sus compañeros no tardaron en imitarle y la diosa Anfitrite sonrió a medias. –Emperador.

-Te equivocas Krishna, no soy en estos momentos Poseidón, simplemente el me ha dejado parte de su cosmos para nuestra misión, pues esta no acabado y aún continua. – Julián Solo se acerco hasta el lecho donde Sorrento aun descansaba y puso su mano en la frente del peli lila, haciéndolo despertar al instante. – Ponte de pie, necesito de ti Sorrento de Sirena.

-¿Qué es lo que planea Poseidón? – Anfitrite miro intensamente con sus ojos azules al joven, que sonrió con algo de nerviosismo, sin duda aquella mirada que le dedicaba la deidad de los mares, podía provocar que incluso un dios como Poseidón se impactara y cayera arrodillado ante ella.

-Al igual que ayudo a los santos en su batalla contra Hades, ahora les brinda la oportunidad de sobrevivir a ustedes, pues han demostrado ser los únicos humanos sobre toda la tierra que continúan preservando los preceptos que perdió toda la humanidad y eso provoco que un dios como él les aprecie. – Julián Solo comenzó a ser rodeado por un cosmos dorado el cual se disperso y golpeo las escamas de los generales marinos, las cuales destellaron de un color dorado, mientras sentían como si las olas del mar palpitasen en su interior, el suelo comenzó a ser inundado por agua cristalina y esta comenzó a subir por sus pies hasta sus hombros, en su recorrer sanaba sus armaduras y curaba las heridas de sus cuerpos, pero lo que más les extraño fue esa sensación de reconformación que les embargo. – Poseidón, desean que continúen con vida, luchen y protejan sus dominios.

-Hasta el final de nuestras vidas. – Isaac menciono conmocionado aquellas palabras y volvió a hincarse frente a Julián Solo, mientras aquel cosmos dorado perteneciente a su dios se desvanecía.

-Cumpliremos con cualquier misión que el emperador nos encomiende. – Sorrento alzo sus ojos rozados llenos de determinación. – Esta vez no le fallaremos.

-Jamás lo han hecho. – Julián Solo les indico que podían levantarse y en su mano materializo el tridente del dios de los mares, sus ojos azules se encontraron con los de la peli verde que le miraba con tranquilidad.

-Siempre has sabido lo que haces. – Repuso ella con suavidad, dirigiendo sus palabras al rastro del cosmos de su esposo, que salía despedida por la ventana en la que ella se encontraba recargada y le aportaban una suave caricia y desaparecía en el cielo.

Cronos despedazo la puerta con un rayo de energía oscura, que la disolvió como si se tratara de una hoja de papel, atrás de él venían sus hermanos los titanes, mientras las titanides estaban cerciorándose de que en el templo mayor no hubiera ningún contratiempo, pero parecía que el único que había era el que estaba frente a el y justamente era el que más le molestaba.

-Maldito seas Hermes. – Susurro Hyperion a su lado analizando con ojos furiosos toda la habitación, el basilisco salió de su escondite pero una mirada del titán basto para incinerarlo y reducirlo a cenizas mientras este se retorcía al ser consumido por las llamas. - ¿Ahora qué haremos Cronos, han liberado a Zeus?

Los ojos rojos del titán menor recorrieron la pared frente a ellos donde podían verse dos enormes boquetes de donde las cadenas se hubieran desprendido seguramente por la descarga de un poder, bajo la mirada y comprobó que las pesadas conexiones de metal yacían en el suelo sin su presa, frunció el ceño y miro la puerta dorada incrustada en la pared con el símbolo del caduceo y observo que en su interior ya no se encontraba el cofre que sellaba el alma de Zeus.

-¿Qué haremos? – Repitió el mismo la pregunta de su hermano. – No haremos absolutamente nada – Sentencio pero el aspecto de Cronos se volvió oscuro y sus ojos parecieron dos brazas salidas de un volcán en erupción. – Zeus no tiene el rayo, sin este no podrá derrotarnos y dado que Ceo le tiene en su poder no será un problema volver a apresarlo.

-Sin embargo, no podemos permitir la insolencia de Hermes, se ha burlado de nosotros. – Espeto Crio.

-Hermes no ha podido destruir la barrera él solo, de lo contrario hubiese sido derrotado al instante. – Aclaro Océano, analizando como la barrera permanecía aun resguardando una celda ya vacía.

-Alguien tuvo que ayudarlo pero ¿Quién? – Ceo se acerco unos cuantos a la barrera la cual despertó tiñéndose de negro con destellos rojos en su interior. – Los humanos no pueden venir al Olimpo y si un dios o titán se acercaran a esta barrera…

-Pero conocemos seres capaces de alcanzar el cosmos de un dios y con la ayuda de uno pueden llegar hasta este sitio. – Cronos estiro su brazo derecho y de este broto un tipo de lanza oscura la cual arrogo contra la barrera que se destruyo al instante. – Estamos viviendo en el reino de ellos, le conocen a la perfección y eso nos causa desventaja.

-¿Qué planeas? – Crio se coloco al lado de Hyperion que miraba atento a su hermano pelinegro.

-Vamos a convertir su reino en su prisión, destruiremos su preciado paraíso, le transformaremos en una forma tan precaria que nadie recordara que este fue el lugar donde gobernaron los malditos dioses. – Cronos se rodeo de una energía oscura la cual fue avanzando por el suelo como si de niebla se tratase. – Y bajaremos a la tierra para reclamarla como nuestra, destruiremos todo sobre ella e iniciaremos una nueva era, como si dioses y humanos jamás hubiesen existido.

El pelinegro paso justo en medio de sus hermanos mientras aquella niebla continuaba avanzando por todo el templo de Hermes y salía hacia los lugares más recónditos del Olimpo causando destrucción a su paso. El cielo se tiño de oscuridad cubriendo al sol infinito que iluminaba el reino de los dioses, los amplios y variantes jardines en todas las praderas e incluso en el interior de todos los templos divinos se secaron dejando solo tierra ennegrecida y sin ningún rastro de vida, algunos animales sagrados que convivían con las deidades cayeron muertas cuando aquella niebla oscura proveniente de la ira de Cronos les alcanzo.

-Atrapen y encadenen a cualquier semidiós, ninfa, musa o ser mitológico que encuentren, el infierno donde Hades reina no será muy diferente al Olimpo cuando terminemos con él. – Sentencio fríamente.

-Supongo que el destino de la tierra tampoco será muy diferente al infierno ahora que la batalla se va a sobrellevar en ese lugar. – Ceo se alejo de ellos para cumplir con lo que Cronos estaba mandando mientras Hyperion respondía afirmativamente a su comentario, dándole la razón. Ni el Olimpo ni la tierra volverían a gozar de la vida y el esplendor que una vez tuvieron.

Océano observo impresionado como las fuentes, arroyos, lagunas, manantiales, albercas y cualquier lugar que contuviese agua en su interior o bien se secaban agrietando la tierra bajo ellos o su agua se tornaba oscura, volviéndose espesa y pesada como si se tratara de lodo, matando en su interior cualquier ser que estuviera dentro de ellas. Alzo sus ojos rojos y observo como los templos divinos comenzaban a caerse en pedazos, sus paredes se deterioraban y se desbarataban como si solo fueran polvo haciendo que las columnas y el techo sucumbiera, sus piedras preciosas y detalles finos se convertían en simples piedras, hasta que todos estuvieron derribados en el suelo, como si la época de auge del Olimpo hubiese sido hacia milenios. Sus ojos miraron hacia el templo mayor, aquel que pertenecía a Zeus y que se mantenía aun de pie.

-Ese lugar es la prisión en donde los dioses pagaran lo que nos han hecho. Sus almas serán selladas ahí y el tártaro será el paraíso en comparación a lo les espere ahí dentro, la tortura será infinita y dolorosa, que ni siquiera recuerden que alguna vez gozaron de ser dioses. – Cronos llego a su lado y observo como las titanides salían de aquel sitio sin esperanzas.

Sus últimas pisadas resonaron en los escalones que conducían del templo de escorpión al de libra, la parte trasera del sexto templo permanecía oscura y ningún ruido era perceptible en su interior, daba un aspecto tan lúgubre, era como si aquellas construcciones milenarias que había sido habitada por cientos de caballeros, pudiera sentir la ausencia de otro dueño más caído en combate y expresasen la soledad que les embargaba, sustituyendo su presencia con la oscuridad y sus respiraciones con un pesado silencio.

Bajo el ultimo escalón y alzo su vista hacia el techo de la construcción, el signo de libra estaba perfectamente marcado sobre el mármol, ambas balanzas se mantenían equilibradas, mostrando la templanza del guardián de aquel templo. Sus primeras pisadas en el interior resonaron inundando aquel paraje de sonido, la caja de madera que llevaba cargando resonó suavemente al ser tallada contra una pared, ante un descuido. Y es que le parecía imposible que tan bien conocía libra en su parte privada como si de aries se tratase, después de todo había vivido gran parte de su vida en aquel templo.

Las gruesas pilastras de mármol gris le rodeaban, continuo avanzando en línea recta y el salón de batalla de libra le recibió en todo su esplendor a pesar de encontrarse en penumbras se encontraba ligeramente iluminada por el destello de la armadura de libra que reposaba fuera de su caja de pandora, los escudos de ella se mantenían perfectamente balanceados por las otras armas pertenecientes a la armadura, mostrando una perfecta balanza. Deposito con suavidad la caja que llevaba en sus manos en el suelo y se sentó a su lado, permaneciendo frente a la armadura de su mejor amigo.

-Dokho. – Dijo a la nada, como si de aquel silencio fuese a brotar la voz de su compañero de armas. Abrió con suavidad la caja de madera desprendiéndola de su tapadera y saco un frasco abombado de dos partes, como si tuviese una cintura y en su punta teñía un corcho, introdujo su mano de nuevo y saco dos vasos de una fina madera, desprendió al recipiente de su corcho y vertió un liquido ambarino en ambos vasos, tomo el primero y lo puso frente a la armadura de libra y la otra permaneció a su lado.

-Es Jiu, se que te gusta mucho. – Miro fijamente el bazo frente a él, no supo porque pero permaneció con la esperanza de que el espíritu de su amigo apareciera y le acompañara en aquel último trago amargo, pero el tiempo destrozo cualquier esperanza y el silencio cualquier posibilidad. – Se que nunca te lo dije Dokho, pero cuando hablabas al viento y a mi constelación, siempre te escuche y aunque no podías oírme amigo mío, siempre estuve a tu lado. ¿Acaso no fue aquello lo que nos prometimos al finalizar la guerra santa? ¿No serian nuestros cosmos los que nos mantendrían unidos a pesar de la distancia?

Su voz se entrecorto al rememorar todas las cosas que había vivido, eran tantas que muchas de ellas parecían tan solo sueños o pesadillas, pero a pesar si el destino de estos recuerdos era trágico o alegre, Dokho siempre había estado a su lado, sosteniéndolo y apoyándolo aun cuando la decisión que el tomase no fuera la correcta. De sus ojos purpuras brotaron rápidamente las lagrimas, a pesar de la sabiduría que los años habían traído, jamás estos le aportaron una forma para olvidar el dolor de perder a un camarada y mucho menos a un hermano y Dokho de libra era eso.

Su garganta ardía de una forma impresionante que no le dejo ni siquiera articular una palabra más y agradeció el recelo de los caballeros dorados para acercarse a libra en ese momento, pues ni siquiera de Piscis a Escorpión, sus guardianes se atrevieron a preguntarle hacia donde iban y ni tampoco ofrecieron el acompañarle, todos ellos lo sabían y reconocían que algunos dolores eran mejor pasarlos solos, meditando y permitiendo que las lagrimas limpiaran el dolor de su alma.

-Podríamos morir cientos de veces y jamás aprenderé a sobrellevar tu muerte Dokho. – "No puedo imaginar lo que has pasado en mis ausencias, amigo mío"

Las lagrimas resbalaban por sus mejillas, impidiéndole apreciar el vaso de vino frente a él con claridad, pues cada vez que miraba al pasado el dolor aumentaba. Los años no le habían proporcionado sabiduría mediante suaves lecciones, el había tenido que enfrentar duras pruebas que le enseñaron de golpe duras lecciones para toda su vida y muchas de ellas, Dokho había estado a su lado apoyándolo.

Aun recordaba la primera vez que había llegado al santuario, siendo alumno del maestro Hakurei, para ese entonces conocía a la perfección a Manigoldo y Yuzuriha y había formado lazos de amistad con estos, había observado desde la distancia al patriarca, privilegio otorgado a muy pocos y a pesar de ser un santo templado, el tranquilo aprendiz a caballero de Aries, cuando conoció a Dokho, aquella templanza se acabo.

El chino había llegado solo al santuario, porque para aquel entonces su maestro había muerto, pero no por ello se dejo impresionar por los santos dorados existentes y reclamo que la armadura de libra seria suya una vez que terminara su entrenamiento, cuando el patriarca Sage se le presento, solo recordaba haber pensado en que aquel joven con aspecto sereno escondía mucho más de lo que expresaban sus palabras.

-"Hey tu" – Aquella había sido la forma en la que Dokho le había hablado por primera vez, cuando salió de las doce casas y cruzo el templo de Aries donde él estaba, sonrió a medias al recordar lo mucho que se había extrañado de que le llamara de aquella forma tan formal.

-¿Disculpa? –Había atinado a decir y reparo en el recipiente que Dokho llevaba en sus manos.

-No pretendes que nos hablamos con formalismos ¿O sí? – Recordaba a Dokho rascándose la nuca avergonzado de haberle tal vez ofendido.

-Somos aprendices, no tenemos que hacerlo. Mi nombre es Shion. –

--El mío es Dokho. – Para ese momento el castaño había abierto el recipiente y vertido en el único vaso que llevaba el famoso Jiu, que le tendió y le invito a que tomara un trago con él.

-¿Qué es esto? -

-Eso amigo mío, es la bebida más sabrosa de China y es perfecta para la ocasión. –

-¿Celebras a alguien? – Se empino en ese tiempo, la bebida de un golpe, no supo porque Dokho le inspiraba confianza, pero se arrepintió terriblemente cuando sus papilas gustativas percibieron el sabor que el considero "desagradable".

-El Jiu es para despedir, Shion. –

Aquellas palabras que Dokho había aseverado con una simple sonrisa, que ocultaba el dolor que sentía en aquel momento y que él tardaría años en descubrir, que se trataba en la mejor forma que Dokho tenía de equilibrar la amargura con la esperanza. Pues su amigo repitió aquel ritual toda su vida, el mismo día por años. Y cuando se aventuro a preguntarle el porqué, la respuesta se la dio en un chino tradicional que no entendió en ese momento pero que comprendió con los años

-Jīntiān wǒ sǐle wǒ de zhǔrén. – Se aprendió las palabras que Dokho le repitió año tras año, hasta que descubrió que el significado en griego era "Hoy murió mi maestro". Y comprendió que Dokho sobrellevaba las despedidas con un trago de Jiu, en honor al que le debía todo. Esa fue la primera y única vez que Dokho lo invito a participar y lo comprendía, pues después de haber escupido el Jiu al suelo como si fuera el peor de los venenos por su desagradable sabor, Dokho simplemente se rio y jamás le volvió a obligar a beber aquel tradicional trago para los chinos.

Y desde ese momento, algo raro les unió, se acompañaron en su entrenamiento para convertirse en santos dorados y ambos ascendieron al rango de la elite más fuerte de Athena juntos, nunca imagino que aquella amistad les haría pasar por tantas cosas. Estuvo presente cuando Dokho trajo a Tenma al santuario después de la llegada de Athena y observo interesado como si amigo entrenaba a aquel chico italiano.

Y cuando la guerra santa estallo, se vieron unidos por los desastres que Hades causo a su paso. Cuando Albafica y Manigoldo murieron Dokho estuvo a su lado en silencio apoyándolo en todo momento, al igual que él le regreso el favor cuando Rasgado murió, le acompaño en la pena, aunque esta vez no bebió Jiu. Y a medida que sus compañeros fueron cayendo a manos del maldito ejército de Hades, su amistad se fortaleció al grado que los intereses y preocupaciones de uno se volvieron las del otro.

Aquella vez que Dokho ataco a Hades en su castillo y que la espada del dios le atravesó, el podría haber jurado que su mejor amigo había muerto a manos del dios del inframundo, incluso Tenma y toda la orden dorada lo dieron por hecho y la sensación que habia sentido en ese momento no distaba mucho de la que en esos momentos estaba experimentando; un enorme vacío, como si parte de sus promesas hubiesen fracasado, como si todo el esfuerzo hecho en años no hubiese valido absolutamente nada.

Pero cuando le sintió aparecer en compañía de Deuteros, sus esperanzas volvieron cuando ya comenzaban a flaquear y ser uno de los pocos santos dorados aún de pie, para él, Dokho siempre había significado esperanza y el poder brindar una nueva posibilidad, se lo había demostrado durante muchísimo tiempo.

-Siempre estuviste ahí para apoyarme cuando yo pretendía no continuar. – Admitió, enrollo sus dedos alrededor de aquel vaso de madera y lo acerco a él, mirándolo con cierto asco. – Yo solo he venido aquí…

Pero su mente volvió a distraerse recordando el pasado, en realidad podía recordar muy pocos momentos de felicidad una vez que la guerra santa inicio y aquellos pocos los había compartido con Manigoldo o con Dokho. Y durante la batalla en el Lost canvas estos momentos fueron menos, comprobar cómo Sísifo le fue fiel a Athena hasta el final, el ver a Regulus perder la vida al alcanzar el nivel de un dios, el apreciar como los gemelos de géminis se redimían ante sus pecados cometidos ante la propia diosa y apreciar a Dokho arriesgar su vida una vez más contra Kagaho de Bennu, le había obligado a madurar mucho más de lo que se imagino.

Recordó el poder de Hades, no del joven que era amigo de Athena y Tenma, aquella oscuridad que destruyo casi a toda la orden de la diosa de un golpe y que estuvo a punto de matarlo a él también, excluyendo por suerte solo a Dokho, en ese momento cuando su cuerpo está herido al por mayor y su alma está demasiado lacerada como para continuar, el haber visto una mano amiga que se alzo para ayudarlo fue lo que en realidad le impulso a seguir, se puso de pie, solo para apreciar como Athena, Tenma y aquel chico llamado Alone se proponían a luchar solos contra Hades y vio la ultima sonrisa que su Sasha les dedico a él y Dokho antes de darles aquella misión.

-Yo sería el patriarca y tú cuidarías la torre que resguardaba el alma de los 108 espectros y la de Hades. – Movió el vaso con un suave giro haciendo que el líquido ambarino se removiese en su interior, ajeno a las palabras que sonaban más a profecía funesta que a misión y que escapaban vacías y carente de emociones de sus labios. – Aun recuerdo la última vez que te vi en el santuario.

Dokho tenía en ese entonces las heridas a flor de piel de su batalla contra Kagaho, pero aún así expresaba esa enigmática y pacifica sonrisa en sus labios, esforzándose por ocultarle la tristeza y resignación con la que acataba aquella última misión de Sasha. Fueron pocas las palabras con las que se despidieron aquella vez, cuando el sol iluminaba sus rostros después de aquella terrible tormenta y oscuridad que arranco las vidas de sus compañeros y hermanos de orden. No ocupaban más que decirse un te veré luego, con la esperanza de que se reencontraran una vez más, pero eso solo fue una ilusión, porque ni Shion observo el rostro de su amigo por 263 años, ni Dokho le observo envejecer.

Fueron años de una soledad y melancolía tremendas para él, las ruinas del santuario y el daño de las armaduras le recordaban cada día la cruenta batalla y muchas veces despertó a mitad de la noche, recordando gritos y la detonación de ataques, se despertaba sobresaltado en la soledad y cuando sus ojos violáceos contemplaban las estrellas y la luna, estas le demostraban que no solo había sido una pesadilla, si no que era la realidad, pero a pesar de lo terrible de aquello, Dokho siempre estuvo para escucharlo por medio de su cosmos y brindarle cierta paz.

-"Shion, la guerra puede arrasar con muchas cosas, pero siempre deja paso a un futuro, pues la vida nos permite redimir nuestros errores" –

No recordaba cuantas veces Dokho le había dicho esta frase y otras para consolarlo, ni cuantas veces el se las había tenido que decir a Dokho para evitar que este rompiera su templanza, así era su amistad, podría derribarse uno y desilusionarse pero el otro debía mantenerse fuerte para apoyarlo y hacerle entrar en razón. A veces él, otras Dokho, siempre uno pero jamás los dos.

Su soledad comenzó a llenarse de vida cuando los primeros aprendices llegaron, hasta que formaron una orden, ya para aquel tiempo, sus ojos contemplaban con cansancio las estrellas con la esperanza de ver que Athena llegaría al mundo, sus piernas estaban agobiadas de subir a Star Hill a leer en aquel firmamento un mensaje de esperanza y cuando atisbo que su propia constelación brillaba, supo que el nuevo caballero de Aries había nacido y fue así como encontró a Mu. Después llegaron los gemelos y poco después Aioros y Aioria, no supo porque pero se encariño rápido con estos y después con el resto que llegaron al santuario, siendo unos niños.

Pero el destino le llamo de forma abrupta, arrancándolo de este mundo sin despedidas ni permitiéndole arreglar la situación del patriarca. Le parecía algo cómico el haber tenido tanto tiempo y nunca haber expresado lo que sentía ni arreglado las cosas para cuando su momento llegara, pero es que aún vivía con la esperanza de volver a luchar por Athena y ver de nuevo a Dokho, para estrechar su mano con compañerismo.

-Lo siento… - Menciono al aire y miro a la armadura de libra. Sabía que la forma en que se volvió a presentar en el santuario había conmocionado a Mu y tambaleo la templanza de Dokho cuando sus ojos se encontraron de nuevo y el pudo distinguir el cansancio y la soledad que su partida habían provocado en su mejor amigo y los pocos segundos en que el volverse a ver les lleno de emoción, lo cual fue rápidamente sustituido por la fiereza y determinación en los ojos del chino. – Jamás quise presentarme de esa forma, pero tampoco pudo decirte donde se encontraba la armadura de nuestra diosa.

-Me sorprendió que nuestros cosmos dormidos fueran iguales a pesar de los años y de lo mucho que ambos les habíamos aumentado. – Una débil risa escapo de sus labios y el eco de la casa de libra fue la única que le respondió. – Dokho jamás estaré preparado para sobrellevar esta misión yo solo, no sé como tú pudiste hacerlo. –Miro el vaso en su mano de Jiu, paso después sus ojos por el vaso aun en el suelo. – Has hecho muchísimas cosas por mí, nunca un gracias será suficiente, te agradezco lo que hiciste por Mu cuando morí y por las miles de veces que tendiste tu mano hacia mí, a pesar de mis errores o de las cosas que hice, los años no hicieron crecer nuestra amistad, desde un inicio fuiste como un hermano para mí.

Las lagrimas corrieron con fuerza por sus mejillas, permitiéndole a su corazón sacar todo el dolor que había cargado durante muchísimo tiempo, su espíritu se rompió solo aquella vez y el tan solo pensar que Dokho no estaba esta vez ahí para ayudarlo le destrozo por dentro, el dolor de su garganta aumento y su corazón bombeaba con fuerza, sintiendo un remolino de emociones en su interior, alzo sus ojos hacia los platos de la armadura de libra y suavemente fue tranquilizándose, se limpio las mejillas con el dorso de su mano con determinación y se puso de pie.

-Cumpliste tu promesa Dokho y te agradezco que les hayas devuelto… aunque ello me hizo perderte hermano. – Se empino el vaso de Jiu, que hizo arder más su garganta cuando se lo trago. – Esto sigue sabiendo asqueroso. –Admitió y elevo su cosmos que rodeo la armadura de libra, que resplandeció al sentir el cosmos amigo y la caja de pandora abrazo con suavidad la armadura del sexto guardián dorado, resguardándola en su interior. – Te prometo Dokho que yo mismo seré quien se encargue de Cronos, nadie más caerá a causa de ese titán, tu sacrificio no será en vano. Te lo juro.

Los escombros estaban apiñados unos tras otros y aún se mantenía una densa capa de humo sobrevolando la zona, impidiendo la visibilidad a los curiosos que habían acudido a aquel lugar. Aldebarán destrozo bajo su pisada una piedra que se convirtió en polvo. Se llevo ambos brazos a la cadera y arrugo el entrecejo al comprobar que todo el coliseo yacía en el suelo.

-¡Señor Aldebarán! – Moses de Ballena se le acerco agitado, le miro de soslayo pero prestándole atención. – Nos hemos dirigido hacia acá porque el caballero dorado Shaka…

Pero el joven no termino la frase cuando una detonación ocurrió cercano a ellos, la densa capa de tierra se disperso al instante permitiéndoles observar que frente a ellos un vórtice de colores diversos que iban desde una azul marino hasta el negro se abrió y comenzó a jalarlos con una fuerza tremenda, clavo ambos pies con fuerza en la tierra y detuvo su propio avance, pero para Moses fue más difícil, el santo plateado tuvo que aferrarse con fuerza a una de los cimientos del coliseo que le detuvo.

-¡¿Qué es eso?! – Grito el joven, asiéndose con un fuerte agarre de la pilastra que comenzaba a ser succionada por el vórtice.

Aldebarán observo como el espacio se distorsionaba en su interior, viéndose planetas y algunas estrellas, que alumbraban su interior, muy parecida a la otra dimensión de Saga. En ese momento escucho el crujido de unas piedras que eran absorbidas y que se destrozaban por completo en su interior, lamentablemente la piedra de Moses se desprendió del suelo y le arrastro hacia aquel vórtice, sin que el santo de plata pudiera hacer nada. Avanzo dos rápidas zancadas permitiendo que la presión le favoreciese hacia el muchacho y le halo por la armadura con fuerza arrogándolo hacia atrás, en un lugar donde la súper dimensión no le atrajese.

Elevo su cosmos y esto le hizo frenar su propio avance, pues la presión había aumentado sobre su cuerpo. Se cruzo de brazos esperando que un enemigo saliera por aquel lugar pero abrió sus ojos desmesuradamente cuando Shaka broto de el, acompañado de dos dioses.

-¿Shaka? – Atino a decir, su compañero de Virgo le observo unos segundos con sus profundos ojos azules.

-Aldebarán, ¿Nuestra diosa a regresado? – Inquirió serenamente, tras él iba Hermes cargando a su padre por el brazo.

-Shaka te fuiste sin más y… - Trato de explicar su asombramiento, pero los ojos de Virgo le indicaron que la situación que se traía entre manos era grave, que ya habría tiempo después para cuestionamientos. – Athena ha regresado hace un par de horas.

-Aldebarán necesito llevar al dios Hermes frente Athena, pues él y yo hemos liberado al dios rey del Olimpo. – Admitió Shaka pasando por su lado.

-Ese de ahí es el dios Zeus, pero ¿Qué le ha pasado? – Moses intervino viendo el profundo agujero en el costado del dios del rayo. Aldebarán asintió permitiendo que Hermes avanzara hacia el camino de los doce templos con su padre a cuestas.

-Cronos. – Respondió a secas Hermes, su padre se removió a su lado, recobrando por unos segundos la conciencia, abrió sus ojos azules y vislumbro el lugar hacia su alrededor. -Estamos en la tierra. – Afirmo el dios mensajero.

-El santuario. – Balbuceo el dios del rayo, antes de volverse a sumir en la inconsciencia.

Continuara…

Aclaraciones:

La historia del maestro de Dokho: El dragón milenario es el maestro de Dokho, originalmente era un humano, 1000 años antes de la guerra santa del siglo XVIII, tras la muerte de la mujer que amaba, el hombre se lleno de violencia y lucho en arduos combates, hasta que perdió su humanidad y se hizo dragón, en el siglo 18 entrena a Dokho y finalmente subió a los cielos dejando a su discípulo en la tierra.

Tentaciones de géminis: Nadie se ha preguntado ¿Por qué los géminis siempre son malos? Porque en la seria clásica Saga es malo y Kanon en súper malo, mientras en el TLC Aspros es el súper malo y hace que destierren a Deuteros porque intento matar al patriarca. Yo creo que es porque Athena les ha descuidado y permitió que otros dioses jugaran con ellos en la clásica Ares y en TLC fue el hermano del dios del tiempo, que no recuerdo su nombre por el momento. Ya lo busque se llama Youma de Mefistoles (Kairos).

Jiu: esa palabra quiere decir vino en japonés y es muy parecido a el sake en japonés y ju en coreano. La idea de esto fue que en TLC después de la muerte de Rasgado de tauro, Dokho va al panteón con una bebida, la verdad no tengo idea de que sea pero pensé que sería bueno que fuera vino.

Comentarios:

Gabrielle Alle: Gracias por tus palabras, si esa pareja nadie se la espera. Si Shaka es el único con pase platino plus al Olimpo. Y si mi idea es resaltar el orgullo dorado ¡Si!

Derama17: Amiga no sé si ya leíste el capitulo 19, porque tu comentario fue en el 18 pero en fin, te contesto en este. Solo puedo decirte que ningún sacrificio aquí es en vano.

Pyxis and lynx: jajaja salud por Dionisio! Si a medida que avance mi historia las batallas serán más cruentas y con más sangre, para cualquier dorado, incluyendo Kanon. Y Shion tenía que pagar por sus partidas prematuras, me encanto tu expresión "rejuvenecido papasito". Mi Hermes es un amor, ya lo veras más adelante.

Guest: Muchas gracias por el cumplido, me alegra que te decidas a dejar un comentario, créemelo los leo y agradezco mucho sus palabras, al igual que trato de complacerles. Espero y disfrutes de este capítulo.

Carlos: Jajaja creo que Kanon no solo es orgulloso de las habilidades que posee si no que le encanta hacérselas notar al resto, mofándose de ellos. Tenlo por seguro no será el único de los gemelos. Y si trate de eliminar a unos cuantos malos, para que las batallas decisivas se enfoquen en oponentes fuertes.

503: Exactamente, dios caído dios sellado porque ellos no pueden morir. Lamentablemente si alguno de los titanes caen ese sello no se abrirá a menos de que otro dios u humano les libere, así como Kanon lo hizo con Poseidón. Y si Hades llegase a despertar puede ocurrir dos cosas que se una a los titanes o bien darle como dices una golpiza a Persefone por tonta, ya que se la tiene bien merecida.

Persefone X: Jajaja qué bueno que te haya gustado lo de la "puntería de Kanon", pero quería agregarle algo de humor a la situación penosa por la que pasan. Y como vez la calma poco a poco se restable aunque la tormenta solo se está formando para hacerlos sucumbir de nuevo. Espero que te haya encantado la forma en que Athena ha hablado con Saga, ya se la debía y a ti también.

AmberLux: Me da mucha alegría que te guste mi fic, he visto que has publicado en mis primeros capítulos de esta historia y ello me gusta mucho, además comparto ese punto contigo, Athena lo mínimo que podría hacer es revivir a una orden que sufrió por ella, sin obtener nunca nada a cambio. Y si parte de mi historia, no todos los dioses son malos (Zeus, Apolo, Hermes etc.), creo que muchos de ellos o son buenos o bien indiferentes a la raza humana, aunque obviamente siempre está la yerba mala, espero saber de ti. Si todos volvieron con sus recuerdos y por ende sus reconres volvieron, creo que los más librados de aquellas enemistades fueron Aldebarán y Dokho y por supuesto a Aioros que desapareció antes de que ardiera Troya, bueno pues se murió, si creo que el volver para él fue algo complicado. Es más difícil estar vivo que muerto.

AnimeNextGeneration_SNYC: No soy mala o bueno aun no han probado todos mis niveles de maldad.

Joana: Si, como dije uno jamás se acostumbra a perder a un amigo y Shion no es la excepción. Milo podrá ser un mujeriego de primera pero puede valorar a la mujer. Shura no está muerto, creo que aclaro el detalle en este capítulo.

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