6. Nunca digas de esta agua no beberé.

Desde lo acontecido aquella noche, Alphonse nunca más volvió a ver llorar a Edward y ninguno de los dos mencionó alguna palabra, simplemente borraron aquel episodio de sus vidas, junto a ello, toda muestra de afecto que antes se procesaban. Y lejos de lo que podía parecer, habían acabado en buenos términos, sin rencor, sin recelos… La caída los hizo mucho más fuertes, más maduros. Alphonse por un lado se encontraba bastante aliviado, si su hermano continuó o no masturbándose era algo que ya desconocía, quizás era lo más probable y no le importaba.

No se habían alejado, simplemente ya no pasaban la noche juntos. Bromeaban como siempre, se peleaban tanto por temas serios como por estupideces y lo más importante es que ya no dependían tanto emocionalmente el uno del otro.

Podría decirse que todo había vuelto a la normalidad… excepto porque no era cierto, nada volvió a ser como antes, ellos ya no eran los mismos, ni sus sentimientos eran iguales. Alphonse creyó que sin problemas podría olvidar a conveniencia… pero los recuerdos lo atormentaban, y no eran particularmente la imagen de su hermano masturbandose. Pensó que aquello le daría bastante asco al rememorarlo, en cambio sentía indiferencia y solo se sentía perseguido por el sonido de su llanto un día tras otro… las lágrimas cayendo por el rostro de su hermano era desesperanzador, siempre lo había considerado alguien tan fuerte y decido con todo… en el fondo, ambos aún solo eran unos críos.

Con el tiempo, pudo darle una justificación a la forma de actuar de su hermano, Edward estaba creciendo, estaba experimentando cientos de cambios en su cuerpo que se estaban apoderando de su cordura y lo estaban confundiendo, retorciendo las cosas que no son. Se había abandonado en su propia lujuria… porque había descubierto con el tiempo lo débil que era el hombre al sexo. Al dejar de dormir con Ed, Alphonse se dio a la vida nocturna por todos los pueblos que visitaba, allí descubrió muchas cosas que los libros no le enseñaban, cosas que antes por ser muy pequeño nunca se había dado cuenta.

Comenzó a frecuentar bares nocturnos, Alphonse se sentaba en la barra, pedía una cerveza y fingía que se la bebía mientras escuchaba historias de borrachos, casi todas sus conversaciones, sean del tema que sean, siempre acababan girando entorno al sexo sin ninguna delicadeza, bromeaban con sus miembros, comparando una mujer con otro, comentando quien follaba mejor… pero nunca escuchó a nadie que se sintiera atraído por el género opuesto, lo que le hizo considerar lo realmente mal que lo estaban haciendo, estaba aliviado de haber para todo a tiempo.

Incluso llegó a presenciar muy incómodo como algunos señores se propasaban sobre la meseras, cacheténado su trasero o haciendo observaciones inapropiadas sobre el tamaño de sus senos, más de una vez se interpuso en medio sin poder tolerar esa actitud metiéndose así en medio de peleas.

Aquella obsesión simplemente sacaba lo peor de los hombres, un noche volviendo a casa pudo salvar a una pobre niña que estaba siendo violada, Alphonse se sentía realmente aterrorizado… esa pobre chica no debía tener más de 13 años… aproximadamente su edad. El mundo comenzó a parecerle un lugar horrible, tomando así la determinación de proteger a su hermano mayor de toda perversión.

Tenía miedo de solo pensarlo, lo que podría haber ocurrido de seguir así, pues solo una vez… supo de alguien que era homosexual. Era de conocimiento público, un acontecimiento que casi todo el pueblo conocía, habían acusado a alguien por ser maricón y entre mucho le habían dado una paliza junto al río hasta matarlo. Esa conversación era contado con heroísmo, entre burlas y más desprecios. La imagen de su hermano mayor no paraba de venir a su cabeza una y otra vez realizando en que debía protegerlo de él mismo. Si lograba recuperar su cuerpo no iba a permitir que todos esos instintos sexuales lo dominasen, era mucho más fuerte e inteligente que el resto.

¿Cómo pudo ser tan mal hermano y permitir que se viniera una y otra... y otra vez sobre su armadura… mientras gemías su nombre?

¿Cómo?

Era imperdonable.

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Cuando Alphonse recuperó su cuerpo, lo primero que vio al abrir los ojos fue el rostro de Edward.

Al... — Le llamó. — Lo hemos conseguido. — Nadie diría que ese sería el rostro de un hombre que había intercambiado todos sus preciados conocimientos sobre alquimia, la verdad con tal de enmendar su error, sin recibir nada a cambio pues aún tenía su brazo y su pierna de automail. El precio a pagar nunca le pareció tan correcto. Demostrando con sus voz y su sonrisa melancólica una inmensa paz y realización.

Al tardó un rato en comprender lo que estaba pasando, en su cabeza aún era una armadura… y solo se dio cuenta que tenía un cuerpo humano cuando pudo oler… el olor corporal de su hermano. Un montón de sentimientos lo invadieron, había un corazón latiendo en su pecho conmovido y sus mejillas se sonrojaron un poco ¿cuánto tiempo había pasado? ¿cinco años? Fueron los suficiente para olvidarlo todo, era como volver a nacer.

Edward… — Sonrió. Su voz sonaba algo ronca de haber estado tanto tiempo sin uso, no solo eso, estaba completamente esquelético, con las uñas largas, el cabello largo y respirando… respirando al fin a través de unos pulmones que no eran de acero. Nunca más.

Rehabilitarse tardó mucho más de lo que creyó, estuvo casi un mes entero metido en una cama de hospital. Aunque él prefería recuperarse en casa, los doctores no querían permitirlo. Estaban ante un suceso extraordinario nunca antes visto, como si alguien hubiera vuelto del más allá y querían realizar un estudio sobre todo su proceso de recuperación. No le quedaba más remedio, estaba demasiado ansioso por salir a la calle y caminar bajo el sol pero sus piernas apenas le podían sostener en pie. Tampoco estaba aburrido no solitario por estar las primeras semanas encerrado, las visitas de todo el mundo no paraba de llegar a pesar de que todos están tan ocupado reconstruyendo y devolviendo el orden a Amestris.

Alphonse lloró cuando se metió una simple hogaza de pan a la boca, estaba tan delicioso, podría vivir ese momento por siempre. — Con cuidado Al. — Le intentaba persuadir Ed cuando notó desesperación agonía al masticar, obviamente su cuerpo no estaba capacitado todavía de recibir alimentos tan sólidos, tan pronto como entró a su organismo tan apresuradamente lo vomitó como un efecto rebote, aunque lo peor fue la diarrea horrible que tuvo.

En el fondo era algo normal, los doctores comentaron que su sistema digestivo estaba un poco atrofiado y llevaría algo de tiempo recuperarse, primero debía limpiarse completamente por dentro. Cambiaron su dieta completamente a sopas y algunas cremas de solo verduras, el resto de los nutrientes que su cuerpo necesitaba se lo ingresaban vía intravenosa.

¡Ah…! ¡Quiero comer comida de verdad! — Edward a su lado se reía divertido pero dulcemente. Estaba tan contento o casi más de que su hermano esté ahí. Aunque no decía nada, cualquiera podía notarlo en su mirada color miel, un brillo se encendía cada vez que posaba los ojos sobre el cuerpo de Al y sonreía como idiota sin poder evitarlo.— ¡Deja de reírte! ¡Que tú ayer te comiste un chuletón del tamaño de una vaca!

Además estaba delicioso. — Dijo para picarle aún a lo que Al chirrió con los diente, tener hambre y deseos no cumplidos lo sacaba de quicio. Algo normal, al parecer, no solo era con la comida, sino con todo, cambiaba de emociones muy rápido, tan pronto se pillaba unos berrinches de niño pequeño como al rato estaba llorando por ver a un simple gatito en su ventana. Estaba aprendiendo a controlar todas las emociones que estuvieron ausentes durante casi toda su adolescencia. En ese momento, en un arrebato impropio de él le asestó un puñetazo al hombro a Edward.— Ey, a dónde crees que vas con esas bracitos de pollo, me haces cosquillas. — Comentó.

Bueno… al menos soy más alto que tú. — Edward abrió lo ojos desorbitados, sin creerlo, aún no lo había visto de pie, no había estado presente en las rehabilitaciones porque tenía todavía demasiado trabajo en el ejército. Aunque ya no era alquimista, era investigador. Había oído de las enfermeras que Al estaba creciendo casi por día pero no quería creerlo.

Se levantó del banquito de madera tirándolo al suelo en el acto y le hizo gestos para que hiciera lo mismo. Con cuidado, tomó sus muletas y se puso de pie, a tan solo un palmo de su hermano.

Edward aún con los ojos bien abiertos, pasó la mirada de arriba a abajo, varias veces… apenas y le llegaba a la punta de la nariz. Era como estar viviendo en una pesadilla. Edward gritó de manera exagerada maldiciendo su estatura, lanzó al suelo abrigo y se marchó.

Ed se quedó tan ofendido que no ha vuelto a venir a visitarme. — Suspiró Alphonse mientras se lo contaba todo a Winry, quien sostenía una cesta con manzanas. Ella también se sentía avergonzada por la actitud infantil de su amigo a esa edad.

Bueno, dejando a un lado los complejos de ese idiota. Al, quería preguntarte una cosa.

Dime. — Alphonse se agachó con cuidado tendiendo la mano a un gatito que estaba descansando en el jardín, habían salido afuera porque necesitaba tomar el sol.

¿Por qué ya no llamas a Edo como… "Nii-san"? — Alphonse dio un respingo, el gato se asustó y salió corriendo no sin antes propinarle un arañazo.

Sintió la lengua seca, como una piedra.. — ¿A… a qué viene esa pregunta Winry?

No sé, llevaba bastante tiempo pensándolo… porque no sabía si era imaginaciones mías o... No sé, no me atrevía a preguntarlo. — Al se quedó mirando la herida de la cual comenzó a emanar sangre. Dolía un poco.

Qué tontería, claro que aun lo llamo… — Las palabras se le atoraron en la garganta, pero hizo su mayor esfuerzo por decirlas. — Nii...san. — Respiró ahogadamente, incluso había empezado a sudar. Que terrible, su cuerpo estaba delatando todas sus emociones y no podía controlarlas, ni podía mirar a los ojos a Winry. Si hubiera sido una armadura, sería más fácil manejar la situación. Ella enseguida se dio cuenta de lo raro que estaba actuando… y no quiso indagar, quizás se debía simplemente a su recuperación.

La realidad era que… desde aquella noche, nunca más pudo volver a decirle "Nii-san", es más, ni siquiera podía referirse a él o trató como su hermano mayor, en su lugar comenzó a pensar en Edward como un compañero de trabajo, su mejor amigo, eso lo ayudaba a no pensar en aquel pecado horrible que cometieron.

Era más fácil respirar.

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Desde que ya no era una armadura, podía darse el lujo de dormir, cerrar los para volver a soñar... Aquellos sueños representaban una ventana a su subconsciente pues en ellos siempre se adentraba en su pequeño mundo onírico Edward. Colocaba ambas piernas sobre su regazo de forma peligrosa y su manos a los lados de los rostros solo para dedicarle una profunda mirada serena, con aquellos ojos dorados. En su cuerpo de 17 años la masa muscular gracias a toda una adolescencia de pelea y entrenamiento lucía provocativamente atractivo, lo llamaba a probar su manos y deshacerse de toda su ropa para poder volver a admirar su desnudez una vez más.

Sentía como el pulso se le aceleraba y su respiración se volvía pesada, anhelando acariciarlo con su mano, percibir el calor de su cuerpo y besarlo. Despertaba jadeando en medio de la noche, descubriendo con sudor como su miembro estaba despierto, exigiendo ser atendido con urgencia.

Alphonse no lo entendía… no le importaba satisfacerse, solo si pudiera quitarse la imagen del mayor de su cabeza. Necesitaba calmarse, reconducir su cordura, sin darse cuenta, tomó aquel abrigo de la silla que Edward había dejado olvidado - botado en el suelo - para poder aspirar su aroma, eso siempre lo había tranquilizado cuando se sentía solo o desbordado por fuertes emociones. El olor del cuerpo ajeno, el jabón barato y acero solo lo empeoró aún más.

¿Por qué…? — Se preguntaba. — ¿Por qué me está pasando esto a mi? — Nunca, jamás en toda su maldita vida… había sentido deseo sexual por esa persona hasta ahora. Parecía que la vida quería reírse de él en su cara, haciéndole tragar sus propias palabras, de las cuales se había sentido tan orgulloso y superior en su momento, cuando su líbido era inexistente.

Entonces lo comprendió con remordimiento, aquello no era tan fácil como verlo desde fuera… todo lo que probablemente había sufrido en silencio Ed en sus propias carnes cuando aún era pequeño e indiferente, y sus propias palabras crueles que solo lo votaron en vez de ayudarlo, en lugar de detenerlo cuando aún estaba a tiempo.

Por que Ed era su…

Intentaba volver a dormir pero su propia erección le dolía mientras se abrazaba con fuerza a aquella prenda, sin querer desprenderse de ella. Buscaba en su mente alguna forma de calmarse por medio diferente que no sea tocarse, y en su lugar distraídamente, acababa solo fantaseando más y más, abandonandose en el deseo… sin darse cuenta, una de sus manos ya se estaba colando bajo su ropa interior encontrándose con su miembro húmedo y caliente y soltó un gemido inevitable cuando se apretó.

Sus ojos estaban nublados mientras continuaba escondiendo el rostro contra su abrigo… ¿qué es esta sensación tan increíblemente agradable…? ¿es el paraíso o el infierno?

Ah… Ed. — Mordió la almohada para bloquear su propia respiración errática, mientras se mastrubaba con furia, con ambas rodillas clavadas sobre el colchón, sintiendo el desagradable sudor correr por su propia espalda, su axila y su frente. En sus más oscuros deseos, tomaba finalmente a Ed en contra de su voluntad y lo hacía llorar de una forma muy parecida a aquella noche, con aquella invitación de tocarlo, recorría sus manos por todo su cuerpo. — "Ah...¡Alphonse… ! Pa… para" — Le suplicaba con el rostro cubierto en lágrimas, las mejillas toda rojas y el cabello totalmente alborotado.

No puedo, no puedo parar…

No era suficiente, no podía sentirlo ni besarlo, fue cuando se dio cuenta que en sus propias fantasías, él seguía siendo una armadura… e introducía sin cuidado los dedos del guante dentro de su trasero, sacando cada pequeño gemido y diferentes expresiones en su rostro, generando que su cuerpo convulsionara hasta hacerlo venirse.

¿No es esto lo que querías, Edward?

Alphonse se sentía aún más excitado con la sola idea de estar corrompiéndolo no con su cuerpo real… sino con su armadura, llevando al límite de todos sus sentidos, de su cordura. "No es mi culpa, no es mi culpa" Se repetía en su mente ignorado lo sucio y perverso que era todo.

Con una de sus manos sobre su cabeza apretó el costado de su cama mientras que uno de sus pies se estiraba la punta de los dedos envuelto en temblores, se tensó por completo como un gato, muy próximo al orgasmo.

¡Ed! ¡Edward! No puedo parar… este deseo que tengo por ti ¡Ah…! — Se vino por primera vez, manchando con su semilla el abrigo de Edward que estaba debajo de él, indefenso… y se dejó caer su fuerzas aspirando grandes bocanadas de aire, le faltaba el oxígeno...

Miró su mano manchada de semen y lloró sin saber por qué… olía a muerte.

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Notas finales: Ya le tocó el turno a Alphonse (suspiro) en fin... la perversión.

Ya vamos por más de la mitad del fic, falta muy poquito para acabar. Espero que les haya gustado el cap, alta elipsis me marqué... ¡nos leemos en unos días!