Ya mi fic cumple un año, muchas gracias a las personas que me han acompañado en esta grata aventura por mis locas ideas y espero que les haya gustado mi historia, tanto como a mí. Así que solo les puedo decir que disfruten de este capítulo tanto como a mí me encanto escribirlo.
Perdón por el retraso pero la espera a valido la pena, aquí les dejo el capitulo 22. Les invito a leer miss otra historias nacido en la oscuridad y la ascensión al poder, comenten y muchas gracias.
Capitulo 22 La fuerza favorece al valiente.
Athena se incorporo de su cama inquieta por lo que se avecinaba, camino a paso tranquilo por el balcón de su templo el cual estaba bañado por los densos rayos lunares que le iluminaban aquella noche, poso con suavidad sus manos en el frio mármol, mientras el aire revoloteaba su cabello lila, levanto una de sus manos y le coloco detrás de su oído, impidiendo de esta forma que su melena cubriese sus ojos profundos ojos azules, que contemplaban el santuario en silencio; aquella tranquilidad y paz le proporcionaban el valor que necesitaba para luchar contra los titanes y le recordaban su eterno juramento de velar por el bienestar de la humanidad.
Recorrió con sus ojos cada villa, el pueblo y barracas de los santos y amazonas a su servicio pero al final sus ojos terminaron posándose en las doce casas, a las cuales distinguía por las velas encendidas en su entrada y salida, lo que le hacía pensar que de la misma forma se mantenían los cosmos de los santos dorados, velando por las personas aun cuando necesitaban de un descanso. Distinguió la casa de libra la cual se encontraba la luz en su interior y supuso que Shiryu se había encargado de encender las velas de la sexta casa como de la decima, suspiro agobiada al pensar en ambos guerreros y sin pensarlo regreso su vista hacia el interior de su cuarto, rebuscando con su mirada las urnas que encerrarían el alma de Cronos y Rea en un futuro. Escucho unas suaves pisadas y giro su rostro hacia el lugar de donde provenían.
-¿Milo? – Repuso impresionada al ver al santo de escorpión con sus ropas de entrenamiento, por lo que abrió sus ojos con sorpresa, escucho la suave risa del santo, que rompió aquel tétrico silencio, no sabía porque pero sentía que la relación de amistad con el santo de escorpión se parecía mucho a la que tenia con Seiya y que al final el era la pieza para acercarse a los demás dorados, no como diosa si no como amiga.
-Buenas noches Athena, ya sé que estas ropas me hacen ver más sexy. – Rio el santo amigablemente colocándose a su lado y dirigiendo su mirada hacia las doce casas. – Siempre he dicho que desde aquí se ven mejor los doce templos.
-¿Sexy? – Rio alegremente Athena, ganándose una mirada juguetona por parte de Milo. – Pues por más ángulos que mire a escorpio no me termina de gustar.
-No sea cruel con mi casa. – Repuso Milo sentándose sobre el balcón y mirando su templo.
-No me refería a la casa, si no a ti. – Saori comenzó a reír mientras el griego la observaba con asombro, en qué momento él y Athena habían cruzado la línea de una amistad sentada en el respeto, para convertirse en una amistad bromista.
-Perdone por no ser ni castaño ni japonés. – Esta vez fue el turno de Milo de reír a amplia carcajada mientras Athena le empujaba cariñosamente con su mano y se sonrojaba. – Tardaste mucho tiempo Athena.
-¿A qué te refieres Milo? – Saori tomo la mano de Milo que la invitaba a sentarse a su lado contemplando el santuario mientras las piernas de ambos pendían sobre el vacio, le miro directo a los ojos, contemplando la sonrisa de su octavo guardián la cual compartía con ella y algo como aquello la hizo sonreír.
-En acercarte a nosotros, ser no solo la diosa a la que le juramos lealtad, sino también una consejera y amiga excelente. – Milo la observo con cierto cariño sintiendo que se había sobrepasado y cuando vio a Athena abrir sus ojos con mesura al escuchar aquella revelación realmente se arrepintió, pero antes de que volviese a decir algo, Saori recargo su cabeza en el hombro de Milo y tomo la mano del octavo guardián.
-Supongo que ese fue el sacrificio que tuve que hacer al alejarme del santuario; el no conocerlos en realidad y que ahora vean tan solo una extraña en mi, de verdad quisiera que mi relación con ustedes fuera como la que tengo con Seiya y los chicos. – Saori sonrió débilmente mientras Milo la escuchaba con atención. - Pero como puedo hacerlo si les deje a la deriva durante tanto tiempo…
-Demasiado fácil teniéndome a mí de su lado. – Milo se incorporo sobre el balcón sintiendo como el viento de aquella noche removía su cabellera azul y estiro su mano hacia Athena invitándola a sentir el aire acariciara su cabellera mientras ellos se mantenían de pie sobre el balcón y él le dedicaba una sonrisa picarona. – Venga conmigo Athena, le prometo que se va a divertir a lo grande esta noche.
-Pero Milo… dudo que el patriarca… - Menciono Athena observando hacia sus aposentos.
-Bueno es inevitable que Shion se entere después de todo el posee una habilidad maravillosa para enterarse de nuestras acciones mucho antes de que las realicemos, la ventaja es que no sabrá por donde nos escaparemos. – Sonrió de medio lado, alzo sus hombros y le observo por el rabillo del ojo. – Así que de todos modos se va a enterar, solo oculte su cosmos para no despertar a todos en el santuario.
Saori rebusco la mirada de Milo con cierta duda pero cuando le vio sonriendo despreocupadamente, no oculto su cosmos por completo si no que invoco a Nike y la rodeo con su cosmos haciendo percibir a cualquier santo que Athena continuaría aquella noche en sus aposentos. – No queremos provocarles un infarto si no sienten mi cosmos, Nike les hará pensar que continuo aquí.
-Por ello usted es la diosa de la sabiduría. – Rio alegremente Milo, mientras levantaba a Athena del suelo. – Bien Athena…
-Saori, Milo dime Saori. – Le respondió amigablemente.
-Como usted desee, pero aun así me tiene que llamar su súper sexy y fuerte caballero Milo de escorpión. – Bromeo lo que le arranco una risita a la griega. – Solo permítame comunicarme con Aioria. "Gato, Gato, llamando al maldito gato de leo ¡Respóndeme!"
-"¿Qué quieres Milo? Hasta en la madrugada no dejas de jod… - Respondió Aioria vía cosmos sin ocultar la molestia que le causaba que el escorpión le levantase.
"Athena necesita de ti, te veré en el coliseo." – Milo sintió el cosmos de Aioria removerse inquieto. – "Ni te alteres, no es nada malo"
-"Te veré ahí" – Fue la única respuesta del joven castaño.
-A ver si se levanta. – Bromeo mirando de nueva cuenta a Saori que permanecía con una sonrisa en sus labios. – Pues bien, esta noche esta de suerte Athena le voy a dejar que me abrase.
-¿Para qué? – Y antes de que la griega hiciese algo, Milo solo le dijo "usted abráseme" la tomo entre sus brazos y brinco del balcón hacia el vacio, arrancándole un grito de sorpresa a la pelilila que se aferro con fuerzas al cuello del griego ocultando su rostro del viento que les rosaba con velocidad, escucho a Milo reír traviesamente y antes de que sus cuerpos se impactaran contra la dura roca, el escorpión elevo su cosmos y se aferro con su mano a una salidera de piedra logrando frenar su caída.
-Llegamos. – Milo deposito suavemente a Saori en el suelo y la vio con travesura. – Si no queríamos despertar a medio santuario con el grito que pego haya arriba seguro despertó hasta Mu.
-Pudiste haberme avisado. – Refuto fingiendo molestia. – Me puedes decir a ¿Dónde vamos?
- Le voy a mostrar un lugar especial, uno que la haga amar más a la tierra y a este santuario. – Milo le indico con una mano por donde ir y ambos emprendieron camino en silencio, debes en cuando uno bromeaba con el otro hasta que de una saliente rocosa visualizaron la sombra de Aioria y antes de saludar o decir algo los ojos verdes del león dorado reprendieron duramente a Milo.
-¿Qué estás haciendo? – Refuto molesto. – Sacar a Athena así del santuario, solo se te puede ocurrir a ti.
-Tranquilo gato, no se preocupe Athena esta así porque lo acabo de despertar. – Menciono Milo mirando a Saori quien sonrío al ver como reñían amigablemente los dos dorados frente a ella, vio como Aioria se quito la chamarra que llevaba y se la tendió, justo en ese momento observo que Aioria tampoco llevaba su armadura.
-Quiero llevar a Saori. – Y cuando uso su nombre de pila observo como Aioria abrió los ojos desmesuradamente lleno de sorpresa y le vio abrir la boca para reñir a Milo por ello.
-Yo le he dicho que puede llamarme así, Aioria, tú también puedes hacerlo. – Intervino, Aioria le dedico la misma mirada mientras Milo ampliaba su sonrisa y se burlaba de Aioria.
-Pues en ese caso, continuemos que no tenemos toda la noche. – Milo se puso a un lado de Athena mientras Aioria se colocaba al otro lado, dedicándole de vez en cuando una mirada de curiosidad a Milo y a su diosa, pues le provocaba cierto celo la relación que su compañero estaba desarrollando con la diosa. Vio como su compañero se introdujo en un bosque a las afueras del santuario lo que extraño tanto a Saori como Aioria que intercambiaron una mirada preocupada.
-Tal vez el veneno le llego al cerebro. – Refuto el león dorado mientras le indicaba a Saori seguir al escorpión.
-¡Te oí! – Grito Milo desde la oscuridad de aquel muro verde, por donde débiles rayos lunares se filtraban.
-No me importa. – Aioria tendió la mano a su diosa para indicarle donde pisar en aquella excursión rara de su compañero. - ¿Usted sabe a dónde vamos? – Saori negó con una sonrisa en los labios y continúo avanzando a su lado, a penas y podían distinguir la silueta de Milo que iba por delante rebuscando algo con curiosidad, de vez en cuando se paraba y se ponía a escuchar con atención.
-Aioria. – Saori le llamo por lo que los ojos azules de la deidad observaron los ojos verdes del león que le escuchaba con atención. – Me da mucho gusto la relación que tienes con Marín.– Aquello fue como un balde de agua fría para el santo que termino de despabilarse el sueño y se quedo mudo al no encontrar las palabras adecuadas para utilizar y solo atino a asentirle a su diosa. – Creo que hacen una hermosa pareja.
-Entonces usted… no está en contra de… - Saori sonrió y negó meneando la cabeza, mirando como el rostro de Aioria se relajaba.
-No, yo creo que el amor es la fuerza más poderosa de todas y es la que impulsa a nuestras almas. – Athena sonrió mientras tomaba la mano que AIoria le extendía para brincar una gruesa raíz. – Yo se que aunque la ames a ella, jamás me dejaras de ser fiel, eres un excelente caballero Aioria.
-Saori no le diga eso, de por si es bien orgulloso y usted alimenta su ego. – Menciono Milo deteniéndose y mirando a su compañero por el hombro. Aioria iba a replicar pero de repente la voz de Camus resonó en el bosque, lo que no solo lo impresiono a él si no también a Athena.
-Tardaste demasiado. – Camus regaño a Milo, pero guardo silencio al ver a Aioria y Athena, por lo que dirigió su mirada inquisidora hacia su mejor amigo.
-Es que de noche cambia mucho el bosque, así que me perdí un poco. – El peliazul se rasco la nuca y le sonrió a su amigo que continuo alzando una ceja con curiosidad.
-Quiero mostrarle a Athena el lugar donde entrenabas. – Pidió amablemente Milo a su compañero que clavo su mirada en los ojos azules de su amigo que pestañeo varias veces, reteniéndose la mirada.
-¿Este es el lugar donde ustedes dos siempre vienen? – Pregunto Aioria riendo entre dientes. – Que románticos. – Continuo riendo esta vez ganándose la mirada de ambos peliazules, pues es que aquel lugar en medio del bosque siempre había sido el punto de encuentro del francés y el griego, era el lugar donde se alejaban de sus obligaciones, del santuario, sus problemas y en el tiempo antes de que Saori llegara de Ares, para poder hablar de lo que quisieran sin tener que preocuparse porque alguien les escuchara y les acusara de traidores. Aquel sitio estaba rodeado de arboles los cuales permitían los rayos lunares filtrarse iluminando el suelo y permitiendo ver el manto celestial entre sus ramas y resaltando el pequeño arroyo que corría justo por la mitad que parecía de un color plateado ante el efecto que la luna hacia sobre él.
Camus dirigió su mirada de nuevo a Milo que le sonrió de medio lado. – Tuve que traer al gato, por si se aparecía algún animal grande y hambriento se lo comiera. – Rio el escorpión dorado esta vez Saori pudo distinguir la mínima sonrisa que Camus expreso en su rostro y pensó en lo que Milo le había platicado del onceavo guardian y la relación amistosa que ambos guardaban desde jóvenes, si era cierto y que si ambos se hubieran encontrados solos aquella delgada curvatura en los labios del francés hubiese sido una carcajada y ella estaba dispuesta a lograr oír la risa del francés. – ¿Y bien? – Milo miro a su amigo con ojos de cordero a medio morir, ignorando la rabiosa mirada de Aioria.
-Bien. – Suspiro Camus imaginándose la riña que les echaría el patriarca por la mañana y en la que él estaría involucrado de nuevo por ayudar a su mejor amigo. Le tendió educadamente la mano a Athena quien la tomo con una sonrisa en los labios y se dejo guiar por el onceavo guardián, se sorprendió que Camus fuera el único que llevaba su armadura dorada y sintió el frio que esta despedía.
Giro su rostro a Camus para apreciar su semblante, jamás había estado tan cerca de él. Le vio observarla de reojo y continuar caminando, sin ni siquiera mostrar una expresión en su rostro ni por la forma insistente en la que ella le veía ni por la plática animada que desarrollaban a sus espaldas Milo y Aioria. Y se pregunto cómo debió ser el entrenamiento del mago de los hielos para comportarse de aquella forma, sabía que Hyoga había chocado en más de una ocasión con Camus por mostrar sus sentimientos.
-¿Puedo hacerles una pregunta? – Camus la miro unos segundos y sintió como las manos de Milo se posaron en los hombros del galo y le sacudieron emocionado, cuando observo a los tres asentir continuo. - ¿Cómo fueron sus entrenamientos para convertirse en santos dorados?
Supo al instante que toco hebras muy sensibles en sus santos pues sus expresiones cambiaron, incluso Camus arqueo un poco las cejas y le miro fríamente, por unos segundos les vio sumidos en sus propios recuerdos e incluso pensó que no le responderían, así que viro su rostro hacia el frente y contemplo como aquel arroyo que habían seguido por un largo rato se convertían en una tranquila laguna plateada y observo el triste reflejo de la luna.
-Hubo una época que puedo decir fue la más feliz de mi infancia. – Rompió el incomodo silencio Milo, abriéndose paso entre Aioria y Camus quien hacia un momento la había soltado y caminado hacia aquella laguna. – Fue hace mucho tiempo, en aquel tiempo Shion era el patriarca y los únicos santos dorados eran Aioros y Saga, todos los demás éramos aprendices.
-Pero nuestros entrenamientos para santos, siempre fueron duros y no por el trabajo físico si no porque tuvimos que perder una parte de nosotros para poder llegar a santos dorados. – Le siguió Aioria y la mirada que percibió por parte del león le helo la sangre, era como si todo su melancolía, rabia y desilusión se acumularan en una misma mirada. – Cuando Shion y Aioros murieron y Saga desapareció, en mi caso no solo perdí a personas muy importantes para mí, sino que me vi orillado a madurar de la noche a la mañana, a convertir a Shura en el verdugo de mi destino y luego Ares, me quito a los únicos que pudieron darme apoyo. – Para ella no paso desapercibido que Aioria había dejado de culpar a Saga y menciono directamente a Ares como el destructor de la orden dorada y vio en la mirada azul de Camus y la media sonrisa de Milo que ellos también habían percibido lo mismo que ella. Creo que en esos años me perdí a mi mismo y me consumió el odio.
-Cuando conocí a mi maestro creí que sería alguien maravilloso y lo era pero su forma de enseñar digamos que era algo dura y más de una vez me las vi negras por los duros castigos que me imponía cuando no lograba lo que él me pedía. – Admitió Milo dejándose caer vencido y fijando sus orbes azules en la luna. – Y puedo decirle que más de una vez estuve a punto de morir desangrado por ello.
-Puedo recordar las miradas llenas de desilusión y reproche por parte de mi maestro cuando expresaba algún sentimiento en batalla o me dejaba guiar por ellas, en mi caso no hubo odio ni castigos, simplemente un frio intenso rodeándome dispuesto a apagar cualquier emoción y creo que la última prueba a la que me enfrente fue la que en realidad acabo con todo. – Repuso fríamente Camus y por un segundo vio que los tres compartieron una rápida mirada llena de consuelo.
-¿Una última prueba? – Athena se sentó en el frio jardín y miro a sus santos, imaginando los sentimientos y el sufrimiento por el que pasaron.
-Vera Athena, todos pasamos por esa dichosa prueba que es mas crueldad que nada. – Inicio Aioria. – En el caso de Aries es casi desangrarse por reparar armaduras a su cuidado, Tauro es el detener con sus puños desastres naturales, géminis es más como un ritual, pero no por ello es más fácil pues es cuando la armadura escoge a uno de los hermanos y digamos que eso nunca ha acabado bien, Cáncer bueno Mascara de la muerte tuvo que asesinar a sangre fría a su maestro en Yomotsu, en mi caso fue un combate por la armadura de leo.
-Virgo es una meditación profunda y un ayuno absoluto para alcanzar la compresión divina, Libra es… en realidad no sabemos como el antiguo maestro obtuvo su armadura y Escorpión es resistir nuestra famosa técnica Antares y las 14 agujas que la preceden. – Milo saco su ponzoña y la enseño a Saori que la miro con curiosidad. – Lo cual me dejo como colador y al borde de la muerte pero lo logre. – Dicho esto Milo se levanto la camisa descubriendo su abdomen perfecto y le mostro a su diosa una herida de aquel enfrentamiento, justo la herida que había marcado Antares al entrar en su cuerpo.
-Sagitario es una muestra de valentía y amor al prójimo, creo que Aioros fue enviado a una misión sin armadura y en el momento más crítico de ella cuando estaba a punto de perder la vida y aun así se levanto para cumplir su misión la armadura le protegió. – Respondió el hermano menor del noveno guardián.
-Capricornio debe afilar a excalibur, en mi caso tuve que atravesar por lo mismo que yo hice pasar a Hyoga, para aprender la técnica máxima de acuario debes segar la vida de quien te la enseña. – Y Saori comprendió lo que Camus le había dicho, aquello había ocasionado que sus sentimientos terminaran por apagarse y se dio cuenta de lo cerca que estuvo Hyoga de algo como aquello. – Y piscis son los lazos rojos.
-Basta de melancolías. – Milo se levanto de un salto y empujo con una de sus manos a Camus hacia el lago, el cual le observo fríamente y comenzó a ser rodeado por su cosmos el cual comenzó a formar cristales de hielo los cuales congelaron la superficie del agua y todo a su alrededor. Saori les miro en silencio apreciando como aquellos santos habían podido superar las adversidades más duras y aun así luchaban por la justicia. – Saori sabes patinar porque aquí…
-Yo la enseño. – Menciono Aioria empujando a Milo hacia un lado y tendiendo su mano a la joven griega quien dejo escapar una pequeña risita. Camus se arrodillo frente a ella y creo unas hojas filosas de hielo para la peli lila pudiera desplazarse con delicadeza por el hielo, mientras que para Aioria lanzo dos chorros de hielo a sus pies para crearlos.
-Ilústranos. – Tercio Camus permitiéndoles el paso.
-Que tal difícil puede ser. – Aioria le saco la lengua y tomo a Saori por la muñeca guiándolo hacia aquella laguna congelada, mientras los dos pares de ojos azules les seguían con la mirada, esperando el momento en que Aioria cayera de bruces al suelo. Pero el escuchar la risa divertida de su diosa acompañada por la del león dorado, les hizo sonreír inconscientemente a los dos.
-Milo. – Camus que estaba cruzado de brazos miro a su amigo de reojo y aquella simple mirada hizo saber al escorpión que el acuariano estaba a punto de decirle algo importante. – La diosa Anfitrite me pidió entrenar a Isaac.
-¿Y? ¿Lo piensas hacer? – Milo se acerco a él, mientras sus ojos seguían con cautela los pasos patosos de Aioria, quien si no fuera por Athena ya estaría en el hielo, pues la peli lila era quien detenía al incoordinado león dorado.
-Sabes lo importante que son Hyoga e Isaac para mi, daría mi vida por salvar la de ellos y si es la única forma de acortar la distancia que se abrió entre Isaac y yo, lo hare, quiero que ellos salgan vivos de esto, Milo. – El griego asintió, entendiendo las palabras de su amigo y le apretó el hombro en señal de apoyo.
-Sabes que siempre voy a estar ahí para apoyarte y guiar a ese par de mocosos. – Soltó una jovial risa, pero de repente esta se extinguió y su semblante se puso serio y eso alerto a Camus. – Te vas a preocupar por lo que te voy a decir, pero voy a cambiar. – El galo alzo una ceja con curiosidad y le miro preocupado. – Quiero dejar de ser el galán y de ahora en adelante me comportare como todo un caballero, pues Shaina me gusta mucho y quiero conquistarla, creo que me enamore de ella.
-Milo… - Camus miro a su amigo el cual estaba a su lado y comprobó en su mirada aquella sinceridad de la que hablaba. – No necesitas cambiar, ella va a terminar enamorándose de ti.
-¿Por qué? –
-Porque eres una excelente persona, una de las mejores que conozco. – Milo abrió los ojos y sonrió a su amigo.
-Bien, voy a intentarlo. – Y gusto en ese momento vieron a Aioria pasar frente a ellos a punto de perder el equilibrio y observaron a Saori llamándolo preocupada, pero la caída fue inevitable y Aioria cayó al suelo de bruces, lo que hizo estallar a Milo y a la griega en carcajadas. – Vamos Camus, antes de que Aioria vaya a matar a Athena. – Dijo entre risas, mientras Camus sonreía a su lado. – Se que quieres reírte. – Le espeto a su compañero mientras se abrían paso hasta Athena por el hielo, patinando ágilmente.
- Athena es mi turno de enseñarle ya que Aioria nos mostro lo fácil que uno puede caerse. – Y dicho esto los tres compartieron una relajante risa, mientras Milo iba a ayudar a Aioria, que se levantaba malhumorado de su aparatosa caída.
-¡Ve el lado positivo Aioria, no rompiste el hielo! – Pero en ese momento tanto Milo como Aioria cayeron al agua helada al ceder el hielo bajo su peso, Saori se cubrió la boca sorprendida y miro asustada a Camus, pero se sorprendió al verlo sonreír. – El hielo estaba bien tu lo…
-Sera nuestro pequeño secreto Athena. – Menciono Camus a su lado, con una sonrisa traviesa plasmada en su rostro, mientras Milo y Aioria peleaban dentro del agua gritándose entre ellos quien había tenido la culpa, sin percatarse que el onceavo guardián había sido el culpable.
…
Sus decididas pisadas resonaron por todo el templo patriarcal, mientras su mirada esmeralda se afilaba y sus sentidos se agudizaban, respiro profundo y exhalo el aire contenido en sus pulmones con fuerza, se le hizo extraño no ver al patriarca en aquel lugar, pero supuso que estaría llamándole la atención a los prófugos de anoche y muy probable Athena intentaría defenderlos lo cual ocasionaría que Shion también le llamara la atención.
-Buenos días caballero. – Escucho a alguien llamarlo a su espalda, no necesito voltear para saber que Virgo era quien estaba tras él, pues en ese momento el sexto caballero dejo de esconder su cosmos y se coloco a su lado.
-Buenos días Shaka. – Menciono con su habitual voz ronca, observando al hindú ponerse a su lado. – No es habitual de ti esconder cosmos. – Le hizo notar.
-Tienes razón Saga. – Afirmo el hombre más cercano a dios. – Pero también es cierto que prefiero que las persones actúen de forma natural y no premeditada. – Saga arqueo una ceja y le miro de soslayo.
-¿A qué te refieres? – Sabia que el rubio tenia razón, el hecho de que le tomase desprevenido de aquella forma le incomodaba de una forma impresionante, pues él no estaba acostumbrado a actuar sin premeditar la situación antes. Fue por ello que tardo en decidir usar la exclamación de Athena contra virgo, no solo porque Camus y Shura se negasen a un principio si no porque el mismo buscaba una solución para no tener que mancharse las manos con la sangre de un inocente más.
-Si me hubieses sentido, te hubieras preparado para mi llegada, de esta forma te he tomado con la guardia baja y no mostraras la habitual indiferencia a la que estas acostumbrado. – El gemelo mayor no hizo ninguna expresión más sin embargo pudo sentir como sus emociones se agolparon en su pecho al verse descubierto. – Ese ha sido el muro más sólido que has levantado entre tú y el resto de nosotros.
-No puedo dejarme vencer por mis errores del pasado. – Saga cruzo los brazos sobre su pecho infiriendo el rumbo que tomaría aquella conversación.
-Tampoco tienes que cargarlos, ni soportarlos tu solo, cuando algunos de ellos no fueron errores que solo te competan a ti. – Shaka que mantenía sus ojos cerrados, comenzó a abrirlos, mostrando aquel azul intenso escondido bajo sus parpados que hipnotizo por completo a Saga, ese azul cielo casi como zafiros no podían ser observados por cualquiera y aun así creía fielmente que los ojos de Shaka debían ser contemplados por todos, pues era casi como observar el universo en ellos. – Lo ocurrido en las doce casas fue suicidio de mi parte y la forma cobarde que utilice te arrastro a ti y a otros dos santos dorados a la desgracia y la deshonra.
-Shaka… - El santo de la virgen alzo su mano infiriéndole que aun pensaba continuar hablando y que era su turno de guardar silencio.
-Ustedes no me asesinaron Saga y es algo que Camus y tú deben de entender. – Sus orbes verdes le miraron impresionado mientras pensaba el porqué virgo no había mencionado a Shura, vio a Shaka sonreír y supo que pronto encontraría una respuesta a su pregunta no hecha. – Capricornio lo ha entendido ya. – "Maldita cabra" pensó Saga para sus adentros. – Y es mi trabajo corregir mi error, puesto que con ello te dañe a ti, no quiero que cargues una pena que no te corresponde. Saga aquel día bajo los sales gemelos decidí que la forma más honrosa de morir era bajo la mano de mis compañeros dorados, pues no solo harían un sacrificio al ayudarme a cumplir una decisión que yo había tomado, si no que lo haría con personas que son importantes para mí, pues suicidarme yo mismo hubiese sido un acto de traición horroroso tanto para mí como para la orden y caer bajo el insignificante poder de los espectros era aun más humillante. Con esto simplemente quiero pedirte tu perdón.
-Shaka…yo… - No terminaba de comprender porque Shaka se lo había dicho en aquel momento ni porque había esperado tanto para hablar sobre aquel día, pero cuando volvió a mirarlo lo supo: Sinceridad; el hindu sabia que algo como aquello, volvería a ser expresado por alguien como él a medida que sus errores fuesen perdonados por sus víctimas y seguramente Shaka sabía que Aioria y él habían cerrado un ciclo de dolor entre ellos. – No tengo nada que perdonarte, pues si observamos la forma en la que actuamos ese día, los dos guardábamos un secreto que el otro no debía saber; tú deseabas morir y nosotros deseábamos entregarle a Athena su armadura, verdades que nos hubiesen ahorrado mucho sufrimiento, si las hubiéramos dicho.
-Tienes toda la razón, Saga. – Shaka extendió su mano hacia el mayor de los gemelos quien la estrecho entre la suya, mientras expresaban sus rostros una calma y paz absolutas.
-¡Buenos días! – Saludo Athena con una sonrisa en los labios que entro acompañada al salón patriarcal por el mismo. – Partiremos después de que Artemisa y nuestros compañeros partan al inframundo.
-Como usted ordene, diosa Athena. – Mencionaron los dos al unisonoro, arrodillándose frente a ella.
…
El vaso de vidrio tamborileo vacio sobre la mesa hasta que se detuvo frente a los ojos esmeraldas expectantes que le observaban con somnolencia, bostezo un par de veces y se paso las manos sobre el cabello en un intento infernal de alejar el sueño que lo estaba embargando en ese momento. Sintió un dolor punzante en la rodilla derecha producto de su dura caída contra el hielo la noche pasada, alzo sus ojos para observar el paisaje matutino del santuario desde su cocina con el fin de distraerse, pero al no contemplar algo que llamase su atención, recargo su cabeza sobre la mesa y cerró los ojos, sin percatarse del momento en que se quedo profundamente dormido. Maldito Milo y sus escapadas por la noche, seguramente Athena y Camus se encontrarían igual.
El momento entre la conciencia y la inconsciencia fue tan efímero que en menos de 5 minutos quedo profundamente dormido, en la silla en la que se encontraba y la cabeza tendida sobre la mesa. Su sueño que inicialmente fue sobre su infancia y la amistad que había desarrollado con sus compañeros en aquel entonces, no sabía porque todos estaban reunidos en el comedor principal del santuario, esperando ansiosos la comida que preparaban las doncellas más experimentadas de aquella época, que incluso podía oler los ricos platillos que se estaban preparando, podía saborearlos y casi sentirlos como si los tuviera en la boca con tan solo olerlos.
-¿Qué habrán preparado hoy? – Pregunto Aldebarán sobándose las manos con nerviosismo mientras se relambia.
-No se pero muero de hambre. – Tercio él sobándose el estomago que rugía con ímpetu y no sabía porque le dolía tanto la rodilla derecha, por lo que se la apretó para disminuir el dolor. Pero el olor proveniente de la cocina volvió a llamar su atención. – Podría comerme una vaca.
-Corre Aldebarán, antes de que te suelte una mordida. – Sugirió Milo que estaba recargado sobre la mesa, mirándolo divertido. – Pudiera comerme un Spanokopita.
-Yo podría comerme un Tyropita. – Menciono Aldebarán haciendo una descripción con sus manos de la comida y ondeando en el aire su tenedor el cual dirigió a su boca. – Oh ya se… Un Giovetsi o unos Gyros, o mejor un Kleftiko… - Y el pequeño aprendiz a tauro se quedo pensando en platillos.
-Tal vez estén haciendo un Spanakotiropites. – Sugirió Mu, viendo la cara de hambre que Aioria ponía.
-Huele más ha Musaca. – Corrigió Camus, olfateando detenidamente el aire, mientras Shaka ponía una cara de asco, a causa de la carne que conllevaba ese platillo.
-¡Ya sé que es! – Grito Aldebarán que misteriosamente traía un pedazo de carne en su mano y se lo metía a la boca frente a la mirada expectante de todos. – Es Paidakia; las chuletas están muy buenas… son como las que te gustan Aioria.
-Dame un pedazo. – Pero apenas el segundo aprendiz vio a Aioria con las negras intenciones de acercársele se metió todo el pedazo a la boca y lo engullo. - ¡Me estoy muriendo de hambre! ¡Y tú te tragaste todo animal! ¡Ni siquiera me ofreciste y... –
-¡Aioria! – Escucho a Marín gritar su nombre y se despertó de golpe incorporándose de la mesa y vio a la amazona viéndolo con cierta burla. – Estabas hablando dormido.
-Qué pena. – Respondió, miro que frente a él había un plato de Paidakia, que su novia había preparado cuando él estaba dormido. - ¿Escuchaste todo?
-La mayor parte. – Sonrió ella, restándole importancia y sentándose frente a él. – Deberías comer, creo que me dejaste en claro que te estabas muriendo de hambre. – Rio.
-Es culpa de Milo, hizo que me desvelara y… - Corto su frase a media oración al recordar lo que Athena le había dicho acerca de su relación con la amazona del águila, quien debía de saberlo, pues esa información le quitaría un peso enorme a la pelirroja. – Oye Marín.
-¿Umm?. – Marín tomo un pedazo de Paidakia y se lo metió a la boca, el león dorado la vio pacientemente mientras la veía engutir aquel pedazo, no quería que se ahogara con su propia comida.
-Athena ya sabe lo de nuestra relación, ella me dijo que está contenta por lo de nosotros, que no hay ningún problema en que una amazona y un caballero se amen. – Marín dejo caer la cuchara al suelo y abrió los ojos con impresión, mientras gritaba emocionada.
-¿¡De verdad!? Aioria no estuvimos preocupando en balde, Athena nos aprecia y sé que ella quiere lo mejor para nosotros, simplemente que yo lo he tenido siempre a mi lado. – Esa mañana en especial Marín lucia radiante, observo cómo sus mejillas con las que parecía sonreírle se ruborizaron y su cabello pelirrojo un poco más largo realzaba su hermosa cara y sus ojos ambarinos la hacían lucir bellísima y su sonrisa a perlada lo hipnotizo al grado que se le olvido el hambre que tenia.
-Eres encantadora Marín, eres perfecta. – La contemplo anonadado, no sabía qué era lo que Marín tenia pero el mirarla sentía que el mundo dejaba de girar y se centraba solo en ella, cada movimiento, cada palabra y sonrisa que le dedicara era como una caricia y así había sido desde que la había conocido, al inicio pensó que la amazona era agradable pero con el tiempo se dio cuenta que aquel sentimiento en realidad era amor. – Te amo.
-Yo también te amo Aioria. – Respondió la pelirroja sonrojándose y mirándolo fijamente, sintiendo como si aquel momento se congelase en el tiempo, tal y como Cronos había hecho con el resto de la humidad y solo quedaran ellos dos, para ella en ese momento no existía aquella guerra que la aterrorizaba al ver a cada nuevo enemigo alzarse y la posibilidad de que Aioria les enfrentara, pues no dudaba del poder del león dorado, pero tampoco lo hacía del enemigo. Así que aprovecho aquel momento tan único y especial entre los dos; se levanto despacio de su asiento y camino hacia el castaño que le sonrió al verla acercársele, necesitaba de él como él de ella.
Se sentó sobre las piernas del quinto guardián y enrollo sus brazos sobre el cuello de este, sintiendo las manos del león alrededor de sus caderas, sus ojos se miraron buscándose entre ellos y pidiendo la seguridad del otro para continuar, mientras sus labios se acercaban sintiendo la respiración del otro sobre su rostro y cuando los orbes ambarinos de la amazona chocaron contra los ojos felinos de Aioria, se dejo llevar por sus sentimientos y libero la pasión que sentía por el guerrero.
Sus labios hicieron contacto, mientras este crecía en intensidad y las manos del guerrero se paseaban en tiernas caricias por el cuerpo de la amazona, que soltaba de vez en cuando un ligero gemido los cuales complacían a Aioria, sin más se separaron para respirar mientras los ojos de los amantes volvían a rebuscarse, ambos se sonrieron y volvieron sobre el otro. Marín enrollo a Aioria entre sus piernas y continuo fundiendo sus labios con los de su amado, mientras con sus manos despeinaba el cabello de Aioria, sin más el león dorado se incorporo llevando a la amazona a cuestas, mientras las caricias, los besos y las melodiosas palabras de amor, escapaban de sus sentimientos encendidos por la pasión del momento.
Aioria abrió de una patada la puerta de su cuarto, lo que sobresalto a la amazona por el impacto y le arranco una pequeña risita. – Tranquilo tigre, no voy a ir a ningún lado. – Aioria compartió la sonrisa con la pelirroja y la deposito con cuidado sobre la cama, respirando agitadamente, ella se sentó sobre la cama y le ayudo a quitarse la camisa y viceversa cuando fue el turno de ella, se abalanzo sobre la pelirroja y continuo besando sus labios, descendió por su cuello y continuo por sus hombros, ella le empujo a su lado lo que le sorprendió y se encimo sobre él, besando el torso desnudo de su amante y recorrió un camino parecido al de Aioria con sus labios, en ese punto ambos se habían dejado guiar por sus sentimientos y no pudieron parar. En menos de lo que pensaban ya se habían despojado de sus ropas las cuales yacían abandonadas en el frio suelo por toda la habitación. Y sin más continuaron con aquel deseo que hacía mucho tiempo tenían uno por el otro y que la pasión había encendido entre ellos, pero que el amor había prolongado hasta que ambos estuvieran listos, sus cuerpos se unieron en uno, mientras sus manos se entrelazaban en aquella danza y su deseo disminuía al verse complacido.
-Fue increíble. – Suspiro Aioria retirándose del cuerpo de la amazona y cayendo a su lado, mientras acariciaba su cabello pelirrojo y la contemplaba amorosamente respirar agitada mientras una sutil curvatura se mostraba en sus rojos labios. –Eres magnifica. – Escucho su melodiosa risa y le vio apoyar su rostro sobre su pecho desnudo, mientras sus miradas se volvían a ver.
-Tú no has estado mal. – Bromeo ella liberando su risa y besándolo cuando alzo ambas cejas en indignación. – Estuviste estupendo, fue perfecto. – Regreso su cabeza al pecho de él y comenzó a dibujar con sus delgados y delicados dedos blanquecinos sobre el tórax del león pequeños circulos, en suaves caricias. – Te amo muchísimo Aioria. – Volvió a acercase a él y le dio un pequeño beso en los labios.
-Y yo continuaría besándote la misma cantidad de veces que he respirado. – Y sin más tomo la cintura de la amazona y la atrajo hacia si poniéndola debajo de él, acaricio sus risos rojizos y beso su frente con cuidado. – No tienes idea de cuánto te amo, Marín. Pero podría volver a demostrártelo… - Y sin más la amazona rio traviesamente y volvió a unir sus labios con su guerrero.
…
Camus estaba recargado con los ojos cerrados en una de las gélidas pilastras de la casa de acuario, se mantenía serio a pesar de que podía escuchar a Milo caminar incesantemente alrededor suyo y sentir la mirada zarca del griego posada sobre él.
-Sabes jamás he comprendido porque hay hielo en el techo de tu casa y no se descongela cuando tu sales del templo, digo deberías encontrar toda tu casa inundada. – Repuso su amigo recorriendo el salón de batallas, abrió sus ojos con calma y le vio andando con el rostro alzado y sus ojos fijos en la bóveda.
-Sabes bien que es por mi cosmos Milo. – Repuso con cierto fastidio.
-En ese caso deberías dejar de ser tan envidioso y ayudarme con tu cosmos a soportar el calor de Grecia, podrías tal vez ubicar tu cosmos una decima parte en mi casa, así seria como tener aire acondicionado ¿Te parece? – Milo le miro de reojo de forma divertida y poniendo la cara más seria que tenia para parecerle convincente a su amigo, pero la mirada severa del francés le hizo sonreír. – Bien solo quiero distraerte y que no pienses en tus alumnos por unos segundos, aunque bueno si aceptas mi propuesta los dos salimos ganando.
-¿Qué gano yo? – Descruzo sus brazos sobre su pecho y planto su peso en sus dos pies dejándose de recargar en aquella pilastra y caminando hacia su amigo.
-Yo gano aire acondicionado y tú no me soportarías casi todo el día en tu casa. – Milo le paso una mano sobre los hombros y le sonrió convincentemente, lo que le saco una ligera sonrisa a Camus, nunca descubriría de donde Milo podía sacar aquellas ideas y relacionarlas con las vivencias diarias entre ellos.
-Prefiero que soportes el tener que subir dos casas del zodiaco bajo el calor abrasador y que llegues dócil y civilizado a mi casa para entonces que dejarte en escorpio con toda tu hiperactividad y tu déficit de atención. – Sonrió el francés, permitiendo que Milo le empujara débilmente al fingir una molestia que no existía en lo más mínimo entre ellos.
-Cuando me quieras correr de tu casa, te voy a acordar de esto. – Le amenazo con su dedo índice y afilo su mirada inquisidoramente.
Justo en ese momento Isaak junto con Hyoga entraron a acuario y vieron a ambos amigos, hombro con hombro, mientras Milo mantenía el brazo izquierdo sobre los hombros de su maestro y prácticamente se estaba apoyando en el francés. Lo que les hizo a ambos acordarse de su infancia en Siberia y de las ocasiones que el octavo guardián había visitado a su maestro en aquella fría cabaña y del ligero cambio que Camus mostraba cuando Milo se encontraba ahí, pues en esos momentos el francés se tornaba un poco más humano y despreocupado e inclusive podían venir a su mente aquellas ocasiones en que ambos dorados se quedaban platicando hasta bien entrada la noche y las risas que Milo le arrancaba a su maestro. Y es que la amistad de ambos peliazules era así, Camus templaba el carácter de Milo, quitándole aquella impulsividad y por su parte el griego derretía el frio semblante del santo de los hielos, retirando aquella seriedad de su rostro y colocando una sonrisa en sus labios.
-Maestro… - Susurro Hyoga intercambiando una mirada con Isaac. Camus y Milo se separaron al instante y se volvieron hacia ellos, Milo con su habitual sonrisa y el acuariano con aquel semblante frio.
-Me voy a sentar por aquí, solo para vigilar que no tengas ideas suicidas. – Milo miro de reojo a Camus indicándole que hablaba en serio y que no se le olvidaba el evento de las doce casas, a pesar de la sonrisa burlona que mostraba en su rostro. – Vamos Hyoga. – El ruso fijo sus orbes azules en los de su maestro el cual asintió por lo que el rubio le siguió mirando a su compañero de entrenamiento para darle animos.
-Bien Isaak, iniciemos. – El peliverde se acerco a su maestro el cual para su sorpresa se despojo de su armadura dorada la cual volvió a la caja de pandora, apago su cosmos por completo y el aire gélido y el hielo de la casa de acuario comenzó a desaparecer, sintiéndose el clima cálido de Grecia. – Hyoga me comento que usas una técnica similar a la ejecución de aurora, mientras que el polvo de diamantes y el ataúd congelante es muy parecido. Podrías mostrarme tus técnicas.
-Si maestro, como usted ordene. – Menciono con cierto nerviosismo Isaak. – Iniciare con el polvo de diamantes. – Isaak estiro su mano derecha y el cosmos dorado comenzó a rodearlo reuniéndose en su mano la cual comenzó a arrogar un aire frio el cual templo el clima de la casa. Su mano permanecía extendida y cuando la cerro el hielo que se formaba en su mano fue lanzado en forma de un chorro con microcristales que impactaron contra una de las columnas congelándola por completo.
Isaak sentía el nerviosismo a flor de piel, siempre había sido así se preocupaba tanto por ver a su maestro asentir o expresarle un cierto de aprobación con su mirada que llegaba a disminuir el frio del hielo por la ansiedad que sentía, pero aquel polvo de diamantes que había lanzado lo hizo tal y cual lo recordaba a Camus enseñándoselo en las frías tardes en Siberia, miro con su ojo al aguador el cual se cruzo de brazos y le miro.
-Si ocupan un voluntario, Hyoga está dispuesto. – Se carcajeo Milo, ganándose una mirada incriminatoria del ruso y una divertida de Camus e Isaak.
-Ahora muéstrame el ataúd congelante. – Asintió y elevo una de sus manos al cielo de la cual broto un halo blanquecino y este arrogo microcristales hacia el suelo donde se creó una masa completa de hielo, formando el ataúd impenetrable de hielo o eso fue hasta que Camus estiro una de sus manos la cual arrojo un viento gélido sobre este que le transformo aquel cubo perfecto en una corriente de hielo la cual termino en el suelo formando una ligera capa de nieve.
-Isaac para mantener el ataúd congelante tu cosmos debe enfriarse tanto como las temperaturas por la noche en Siberia… - Camus comenzó a explicarle una forma más acertada de elevar su cosmos y detener los átomos al disminuir la temperatura hasta el cero absoluto.
-Cuando le veo enseñar… Camus parece otra persona. – Susurro Milo al lado de Hyoga lo que le hizo mirar al griego que mantenía fija su mirada en su mejor amigo y los brazos cruzados sobre su pecho. – Cada que veo su rostro es como si en realidad ni extinguiera cada sentimiento o emoción, es tan frio, pero luego cuando veo sus ojos se que no es así, se que está preocupado por Isaak y es por ello que se muestra frio y duro está analizando cualquier punto para aumentar la técnica y esta tenga un efecto más destructor.
-Milo es difícil saber que expresa su mirada, para ti resulta sencillo pero para nosotros… - Inicio el ruso siguiendo con atención cada técnica y corrección que Camus le hacía a su compañero.
-Cuando te mira, distingo lo orgulloso que esta de ti, para Camus sé que es un honor el poder llamarte su alumno. – Milo volteo al sentir la mirada azul del rubio que le miraba con cierta sorpresa y aquello le hizo reír al escorpión Hyoga era predecible en sus emociones sin embargo Camus tendía a hacerle errar de vez en cuando en sus acciones, podía evadirlo y es por ello que en la guerra santa no supo las verdaderas intenciones de su amigo.
-Milo, yo quería agradecerte por todo. – Murmuro Hyoga. – Me ayudaste aun después de que asesine a mi propio maestro y a tu mejor amigo no tenias que hacerlo, pero lo hiciste y me apoyaste todo el tiempo que él estuvo ausente yo… de verdad quería decirte que…gracias por todo.
-Fue un placer, aunque debo confesar que al principio me fue muy difícil y lo hacía por Camus pero después vi en ti lo mismo que aquel enojón de haya. – Milo apunto con la barbilla al onceavo guardián que le dedico una mirada de reojo con desconfianza.
-¿A qué te refieres? ¿Qué tengo yo? –
-Esperanza Hyoga… algo que pocos logran. – Milo guardo silencio al ver a Camus acercárseles acompañado de Isaac que respiraba agitado al haber tenido que esquivar algunos golpes de su maestro. - ¿Qué ocurre Camus?
-Hyoga quiero ver tu ejecución de aurora contra la aurora boreal de Isaac. – Ordeno Camus parándose al lado de Milo.
-¿Qué? – Respondieron al unisonoro sorprendidos, pero una mirada severa de Camus les indico que no estaba bromeando.
-Esto va a estar bueno. – Festejo el octavo guardián sobándose las manos con malicia y viendo hacia donde quería llevar Camus a sus alumnos que se miraban consternados entre ellos, pues la última vez que se habían enfrentado uno había resultado muerto y el otro parcialmente ciego.
Ambos amigos de infancia avanzaron hasta el centro de batallas de acuario sintiendo la dura mirada de su maestro clavada en sus espaldas, compartieron una última mirada de apoyo y se separaron, deteniéndose hasta que uno quedo frente al otro, los orbes azules y verdes de ambos viajaron hacia Camus que se mantenía ligeramente con el ceño fruncido y fijaba sus mirada en el dúo.
-Iniciare Isaac. – Menciono el ruso, respiro hondo y cerro sus ojos concentrándose en lo que era sobrellevar aquella técnica pues era el único discípulo de Camus que la mantenía. Separo sus piernas y alzo sus manos juntas al cielo por encima de su cabeza, junto sus antebrazos de forma que simularan una jarra y ventiscas de hielo comenzaron a rodearlo.
-Estoy listo Hyoga. – Isaak comenzó a manipular los átomos de aire a su alrededor y produjo entre sus manos ráfagas de viento frio a muy baja temperatura que cubrió todo acuario de escarcha y nieve, Isaak extendió sus brazos hacia los costados y junto las manos a la altura de su pecho, mientras se reunía su poder congelante en ambas manos y fue cuando lanzo las dos concentraciones de energía que desencadeno un viento glacial de gran amplitud frente a él, mientras a su espalda se apreciaban las luces incandescentes de la aurora, que deslumbro tanto a Camus y Milo que cubrieron con su mano sus ojos pare evitar aquel efecto cegante. - ¡Aurora boreal!
-¡Ejecución aurora! – Hyoga bajo los brazos hacia Isaak proyectándole un violento de aire frio cercano al cero absoluto, que detuvo en su trayecto todo átomo que golpeo y el gélido aire transformo en hielo todo a su paso.
Cuando ambos ataques chocaron formaron una ventisca de aire elevando todo el hielo del suelo y lo arrogo hacia Camus y Milo que al solo elevar tranquilamente su cosmos detuvo aquel embate mientras ponían atención a ambos. Aquellos chorros azulados blanquecinos que se golpeaban embravecidos intentando hacer ceder al otro. Camus aprecio como tanto Hyoga como Isaak se mantenían cercano al cero absoluto sin embargo ninguno de los dos lograba alcanzarlo.
-Ellos lo lograran. – Escucho decir a Milo a su lado, sin embargo no despejo la vista de sus alumnos que aferraron más su posición para intentar hacer retroceder al otro, pero de repente la temperatura del ruso comenzó a descender hacia el cero absoluto y tomo ventaja a la técnica del marino.
Así que cuando le faltaban unos cuantos metros para golpearlo Camus levanto sus manos y una explosión de su cosmos golpeo la ejecución de aurora de Hyoga partiéndola a la mitad, el rubio bajo sus brazos e Isaak le imito por lo que ambas ventiscas se detuvieron.
-Me largo muero de frio. – Grito malhumorado Milo, pero la verdad era otra y Camus agradeció que le diera un tiempo a solas con sus alumnos.
-¿Están bien los dos? –
-Si maestro. – Respondieron al unisonoro.
-Isaak tu técnica es impresionante pero no alcanza los límites de la ejecución aurora, porque pierdes el equilibrio al mantener los brazos en el aire y ello no te permite fijarte al suelo ni hace una ola de choque por la energía creada entre tus dos manos que aumenta su poder. – Camus abrió sus piernas y junto las manos frente a él imitando la posición de la técnica más poderosa de acuario. – De esta forma puedes incrementar el daño, sin embargo debes pensar en disminuir tu cosmos hasta el cero absoluto y no cuando estas a punto de morir. – Y una severa mirada escapo de los ojos azules del francés hacia Hyoga. – Recuerden esto y su cosmos aumentara. Isaak ahora intentaras frenar mi ejecución aurora, vamos…
…
La noche cayo inundando de una espesa negrura el panorama y todos los alrededores, sin embargo en el templo principal, hileras de velas se mantenían encendidas en fila alumbrando los pasillos y el recinto central donde tres deidades estaban reunidas. Athena portaba Nike en su mano derecha y un grueso cinturón de oro resaltaba su cintura, a su lado se mantenía Artemisa con sus tres ángeles y Hermes permanecía sentado en el suelo, recargando su barbilla en una de sus manos la cual estaba apoyada en su rodilla.
-Aldebarán, Mascara de la muerte, Milo y Aioros les ordeno no solo ayudar a la diosa de la luna para vencer a Persefone si no que les ruego que regresen con bien y puedan portar la victoria no solo con honor si no también con sus vidas. Ha llegado el momento de separarnos por algún tiempo pero tengan en cuenta que mi cosmos y mis plegarias serán por ustedes. – Frente a Saori permanecían los cuatro susodichos arrodillados y el resto de la orden estaba detrás de pie contemplándoles en silencio, pero compartiendo los deseos de su diosa. Nadie más debía morir en aquella guerra.
Saori les indico con una mirada que podían levantarse y los cuatro lo hicieron sin dudarlo, avanzo decidida hacia cada uno y les abrazo con cariño, mientras susurraba en el oído de cada uno de ellos un suave "Por favor, por favor… vuelve conmigo mi guerrero". Todos reaccionaron de diferente manera ante las palabras de su diosa; Aldebarán sonrió amablemente y la abrazo haciéndola girar junto con él, Mascara de la muerte asintió con decisión, por su parte Milo le dijo que el provocaba ese efecto en todas las mujeres pero por ser ella haría una excepción y cuando llego con Aioros se paro frente a aquel que le salvo la vida hacia 16 años y le sonrió.
-Aioros te pido que les traigas a todos de regreso y que tú vuelvas con ellos, no deseo más sacrificios, ni héroes, les quiero a ustedes con vida, mis santos, Aioros por favor cuídate mucho y protéjanse entre ustedes. – Respondió la deidad de la sabiduría.
Artemisa comprendió la mirada que Saori le lanzo de que le acompañase un momento y dejara a sus santos despedirse de sus hermanos de orden por lo que paso a la sala contigua donde la siguió la diosa de la luna, el dios mensajero que sería el encargado de llevarlos al infierno y los ángeles.
-Cuídate mucho grandote. – Le dijo Aioria amigablemente a Alteraban que sonrió. – Y quiébrales los huesos por mí.
-Sera un placer. – Contesto el toro dorado y vio a Mu acercársele para estrecharle la mano, la cual tomo con alegría.
-Ve con cuidado ¿Si? – Pidió el lemuriano a su mejor amigo que le dedico una sonrisa despreocupada.
-Afrodita yo… quiero pedirte un favor. – Mascara se acerco a su amigo que jugaba entretenido con una rosa, pues si piscis odiaba algo era las despedidas; eran innecesarias y en cierta parte algo trágicas al mismo tiempo. – Si en el infierno algo pasara…
-Que marica eres. – Se burlo Piscis, torciendo sus labios en una sonrisa sarcástica, Mascara de la muerte arrugo el ceño frustrado y le miro lleno de enojo, se giro sobre sus talones y le dio la espalda al sueco que amplió su sonrisa al verle cabreado y fue tras él. El italiano rara vez expresaba sus sentimientos y era bueno de vez en cuando lo hiciese para burlarse de ello, normalmente se llevaban pesado. – Mascara nada pasara, pero si algo saliera mal yo cuidare de él.
El italiano se detuvo aun dándole la espalda y sonrió, maldito pez engreído, siempre podía adivinar lo que pensaba pues algo en su semblante lo delataba y el sueco podía percibirlo con facilidad. – No gracias, no quiero que ande arrogando flores como reina de primavera. – Se burlo Cáncer y ambos rieron a carcajada suelta, Piscis le tomo por el brazo y le arrastro hacia donde estaban los demás, que sonrieron al verles de regreso, pero justo a la pasada Saga detuvo a Mascara por el hombro.
-Ve con cuidado, ese semidios y la reina del inframundo tienen asuntos contigo, así que destrúyelos antes de que intenten cualquier cosa. – Le aconsejo géminis, asintió meditabundo ante aquello recordando que no solo se encontraba contra enemigos poderosos si no unos que le reclamaban como su aliado, pero la promesa de regresar para completar el entrenamiento de Dailos vino a su mente y pensó cuantas veces Dokho, Aldebarán, Mu, Camus y tal vez Shaka experimentaron eso; el miedo a abandonar a su discípulo.
-Completen el rosario de las 108 cuencas y tráiganlo de regreso. – Shaka se acerco a Mascara y se lo entrego en la mano. – Confió en ustedes.
-No te preocupes Afrodita le traeré a salvo. – Milo se acerco al trió y tendió su mano hacia Piscis, que abrió desmesuradamente los ojos y observo con sus ojos celestes primero el semblante de Milo que se mantenía con una sonrisa en los labios y luego su mano, la cual tomo y estrecho. Afrodita sintió como todo el desastre que había ocurrido con Albiore había terminado y Milo había terminado de aceptar lo ocurrido en aquel momento perdonándolo.
-Al que deben de cuidar es a ti Milo. – Rio Kanon que se mantenía al lado de Saga, a una prudente distancia del escorpión a quien en el pasado había considerado como su hermano menor, pero desde las doce casas, la mirada del griego se torno amenazante y con un dejo de decepción lo que le dolió aun más, estaba acostumbrado a ver en los ojos de sus compañeros enojo y odio pero Milo jamás había mostrado eso y aquello le lastimaba más.
-Perforare tantas cosas con mi uña que la luz del sol va a llegar al inframundo. – Bromeo Milo acercándose a los gemelos pero cuando reparo en Saga se detuvo en seco y la curvatura de sus labios se torno seria. – Saga… cuando vuelva hablaremos. – Mas que una afirmación por parte del escorpión fue una pregunta.
-Lo prometo Milo. – Milo asintió y fue hacia donde estaba Camus le esperaba con el semblante frio, las miradas del géminis y acuario se encontraron y el galo asintió de tal forma que le hizo entender que Milo estaba listo para hablar con él, pues desde que habían vuelto a la vida Escorpión había evitado a Géminis a toda costa.
-Cam. – Susurro por lo bajo el escorpión, tomando al galo del hombro y halándolo hacia un lado, de esta forma ocultaban a sus compañeros detrás de una pilastra las palabras que escapaban a sus labios, pues el francés había visto el ceño de Milo transmutar abruptamente y tornarse demasiado serio. – Tengo un mal presentimiento, no sé que es… pero… hay algo que me hace sentir intranquilo… es…
-Te comprendo tengo la misma sensación. Algo malo va a ocurrir asi que ve con cuidado. – Las palabras de ambos se habían vuelto a penas murmullos mientras intercambiaban sus temores, no sabían que, ni donde ocurriría algo, ni fuesen a ellos quienes les pasaría pero ambos podían sentir que una tragedia iba a ocurrir.
-Igual tu Cam, no te perdonare si mueres. –
-Ni yo tampoco Milo. – Se miraron de forma preocupada intercambiando sus peores temores al solo mirarse, se conocían, las palabras sobraban entre ellos en muchas ocasiones, su amistad les acercaba tanto como si fuesen hermanos de sangre y algo como aquello les hacia percibir el cambio de emociones que tenía el otro. – Regresemos para no levantar sospechas. – Camus se giro para volver pero Milo le detuvo con fuerza por el brazo y le obligo a mirarle. – Cuidémonos las espaldas.
-Siempre. – Estrecharon sus manos y se sonrieron, lo que casi infarto a media orden dorada al ver la sonrisa del galo, que escucharon la frase que Milo solía dirigir a su amigo desde la infancia, la cual significaba entre ellos que pelearían hombro a hombro hasta el final, arriesgando su vida por la del otro, tal y como cualquier hermano haría por defender a su propia sangre.
-Ustedes siempre tan tiernos. – Se burlo Aioria, al verlos retornar hacia el grupo.
-Igual te vas a quedar y seré el que le patee el culo a Radamanthys en tu lugar. – Se vengó su compatriota.
-Hermano. – Aioros se acerco al león dorado y le abrazo. – Te veré pronto de nuevo, no necesitamos despedidas porque siempre voy a estar contigo ¿Vale?.
-Si hermano, solo ten mucho cuidado. – Le estrecho una vez más entre sus brazos, deseando que aquel a abrazo jamás terminara pero cuando percibió a Aioros alejarse sintió un impresionante inquietud como si fuese a perderlo otra vez, como si aquella separación paulatina reviviese el dolor de aquella oscura noche cuando el guardián de Sagitario salvo a Athena y perdió su vida a cambio. Así que le estrecho una vez más entre sus brazos con fuerza.
-Saga cuida mucho de Athena y el resto encárguese de proteger el santuario en nuestra ausencia por favor. – Pidió el noble santo de sagitario a sus compañeros, pero clavo sus ojos verdes en el gemelo mayor, sabía que si algo llegara a ocurrir en el inframundo, Saga seria quien soportaría el peso de líder y toda la presión recaería en sus hombros de nuevo, pero tal vez por ello miro con más detenimiento a su amigo. –Saga destruye con tu explosión de galaxias a cualquier enemigo que enfrentes en un futuro pero no permitas que el poder de tu supernova te aniquile a ti también amigo. – Le dijo vía cosmos.
-Demostrémosle al destino el poder de nuestros cosmos y hagamos temblar a cualquier dios con nuestros ataques, en esta ocasión Aioros ambos estaremos frente a la orden dorada y le demostraremos al cruel destino que diferente hubiese sido las guerras pasadas contra nuestra diosa si ambos hubiésemos estado al frente del ejercito de Athena.
-Ese es el Saga que conozco. – El santo de sagitario le miro de soslayo expresando una media sonrisa. – Siempre pensé que sería un placer luchar a tu lado.
En medio de ese momento, el patriarca avanzo desde su lugar donde habia permanecido inerte observando a la orden dorada despedirse, imaginándose lo difícil que fue llegar hasta aquel punto de verles a todos reunidos en un mismo lugar sin matarse o lanzarse miradas de odio, al contrario podía recibir por parte de ellos un travieso ambiente y armonioso, como el que no habia reinado por años.
…
Un halo rojizo violáceo se expandió por una de las colinas del inframundo, de donde surgieron Artemisa, Hermes, los ángeles y los cuatro santos dorados que les acompañaban, sus cosmos estaban disminuidos para pasar inadvertidos y poder tomar a la diosa del inframundo por sorpresa y que esta no recibiera la ayuda de ningún titán.
-¿Necesitas algo más Artemisa? – Espeto Hermes llevándose ambos brazos a la cabeza luciendo sus potentes bíceps que resaltaron al instante.
-En realidad sí. – La diosa camino altiva hacia los dorados y se paro frente a Aioros mirándolo con insistencia con aquellos ojos felinos mieles que se enfrentaron a los ojos vivarachos del arquero. – Debes de llevar de regreso a un santo dorado.
-¿Qué? – Cuestiono Aioros, frenando con una señal las replicas que estaban a punto de salir de los labios de sus compañeros.
-Es para su conveniencia santo. – Artemisa chasqueo sus blancos dedos y extendió su palma en la cual apareció un frasco rojizo con un emblema del sol pintado en dorado, los ojos de los santos no fueron los únicos en ver aquel extraño objeto si no que el mismo dios del comercio le observo detenidamente.
-Apolo. – Murmuro el dios mensajero, ya que el frasco que la rubia tenía entre sus manos pertenecía al dios del sol, pues Apolo no era el regente solo de un astro si no que había tenido mucha influencia sobre la medicina y la música.. - ¿Qué es eso?
-La única cura del Keraunos, Apolo la hizo cuando los titanes le atacaron en el Olimpo. – Sentencio la diosa de la luna extendiéndola hacia Aioros, que la detuvo en su mano cuando la deidad la dejo caer. – Pueden usarla en su compañero eso salvara su vida.
-¿Por qué nos la entregas ahora? – Milo observo de reojo el frasco en las manos de Aioros y encaro a la deidad, al tiempo que Ikaros se ponía frente a él, cerrándole el paso.
-Athena les envió no solo para ayudarme si no también para vigilar mis acciones, eso lo sé de sobra, ella nunca confiara en nosotros los dioses. – Artemisa se deslizo con suavidad por el piso morado del inframundo, como si estuviese flotando sobre él.
-Se lo han ganado a pulso. – Espeto despotamente Mascara de la muerte, lo que llevo a Odiseo y Teseo mirarlo amenazadoramente.
-Es bastante fácil santos; Uno de ustedes debe volver con la ayuda de Hermes y con ese frasco salvara la vida de su compañero y al mismo tiempo le demostrara a Athena que no necesito de niñeras. – Artemisa poso sus ojos ambares en los cuatro santos dorados frente a ella, que mostraban diferentes expresiones, Milo y Mascara de la muerte le observaban con una furia contenida, Aldebarán con cierta sorpresa y Aioros parecía ser el único que estaba meditando aquellas palabras, pues sus ojos no estaban fijos en ella si no en aquel tarro de cristal que podía salvar la vida de Shura, no había remedio humano para curarlo pero había una posibilidad divina para hacerlo. – Es su decisión. – Y dicho esto la diosa de la luna les dio la espalda y continuo con su camino sin volver a mirar atrás, sus ángeles les dirigieron una sola mirada de forma cautelosa y le siguieron en silencio.
-Deberían aceptar. – Sugirió Hermes amablemente. – Artemisa es una maldita, pero tengan en cuenta que pudo haber sido peor y nunca entregarles esa cura. Decidan pronto santos, solo uno de ustedes debe volver. -
-Lo hare yo. – Mascara se acerco al grupo y a penas lo susurro.
-No tu no, si necesitamos volver eres el único que puede sacarnos de aquí. – Aioros enfrento los ojos indiferentes del cuarto guardián que hizo un leve mohín al verse rechazado, después dirigió sus ojos hacia Milo y Aldebaran. –Milo regresaras tú.
-¿Qué? ¿Yo por qué? – Mascara dejo escapar una sonora carcajada de burla hacia el guardián de escorpión que estuvo a punto de arrogársele solo que Aldebarán le freno, elevándolo del suelo. - ¡Suéltame! – Gruño furioso, acomodándose su capa lo que libero la carcajada de sus tres compañeros. –Idiotas.
-Mira quien lo dice. – Espeto Mascara posando sus manos sobre sus caderas.
-Ya. – Aioros guardo silencio unos segundos y viro su rostro hacia atrás distinguiendo la figura blanca de Artemisa a la lejanía, por lo que fijo sus orbes verdes en el peliazul – Milo tienes que entregarle esto a Shura, de otra forma… - El noveno guardián le tendió al escorpión aquel frasco con el símbolo del sol y guardo un profundo silencio, no necesitaba recordarles que el santo de capricornio dependía de aquello únicamente y si no llegaba a obtenerlo moriría, por la fatal herida que el keraunos provoco en su cuerpo.
-Bien, lo hare yo, como siempre tengo que salvarles el culo a todos. – Fingió una profunda molestia y se alejo de ellos. – Pero que quede claro que lo hago porque quiero y no porque soy el mandadero de nadie o les atravesare con Antares. – Milo les dio la espalda y camino hacia donde Hermes le esperaba con una sonrisa burlona en los labios, volvió la vista de reojo a sus compañeros cuando llego con el dios y les vio a los tres parados en medio de aquel desolado lugar y a pesar que abandonaba las áridas y desdichadas tierras del inframundo aquel sentimiento embriagador de angustia le sobrecogió de lleno y Hermes le hizo desaparecer.
-Tengan cuidado, pues algo malo está a punto de pasar… puede sentirlo. -
…
Saori había partido aquella mañana en compañía de Saga y Shaka, sin ni siquiera despedirse de él. Al fin y al cabo no era una costumbre que ambos llevaran a cabo, simplemente cuando volvían a verse compartían aquel alivio de encontrarse de nuevo tras una batalla demasiado dura. Agacho la cabeza pensativo recordando lo mucho que la griega había cambiado desde que comenzaron aquella aventura con el torneo galáctico, sonrió tristemente y se llevo las manos al pantalón introduciéndolas en sus bolsillos, pateo una piedra con fuerza la cual reboto dos veces en el suelo y desapareció tras un pequeño acantilado a las afueras del santuario.
-¡Auch! – Se sintió sobresaltado al escuchar el quejido de una persona y disminuyo su cosmos al instante para evitar ser descubierto escondiéndose tras un acumulo de piedras.
-¡Hola Seiya! – Saludo animadamente Shun frente a él, se esforzó por hacerle señales para que guardara silencio al caballero de Andrómeda que venía acompañado de Shiryu, Hyoga e Ikki, los primeros dos se extrañaron y el tercero comprendió que el japonés se escondía de alguien.
-¡Seiya! ¡¿De quién te escondes?! – El grito a todo pulmón de Ikki, provoco que el agredido apareciera tras un montículo de piedras y se lanzara a su encuentro. Los santos de bronce a excepción de Seiya saludaron animadamente al quinto guardián del zodiaco, quien correspondió su saludo con un asentimiento.
-Maldito Ikki. – Susurro el japonés para que el caballero del fénix fuera el único en escucharlo. - ¡Hola Aioria! ¿Cómo estás?
-Seiya ¿Lanzaste acaso esta piedra? – Gruño Aioria enseñándole dicho objeto al japonés que se hizo el desentendido y miro hacia otro lado mientras silbaba. – Seiya. – Insistió el leonino con una sonrisa en los labios.
-Lo lamento Aioria, no sabía que estabas ahí y pues simplemente la patee y tengo tan buen tino que te pegue accidentalmente y de verdad lo siento, no le digas a Marín porque me pondrá a correr todo el santuario con ella encima, por favor. – Suplico el japonés, haciendo caer en cuenta a sus compañeros el motivo por el que el caballero de Pegaso se intentaba ocultar tan torpemente.
-No hay problema Seiya, pero para la próxima vez cerciórate que no haya nadie antes de arrogarla. – Le resto importancia Aioria. – Aun así creo que Marín te pondrá un entrenamiento duro, para antes de que vayas a luchar contra Prometeo.
-¿Por qué a mí? – Suspiro cansado, fingiendo como si llorase desconsoladamente, sin embargo antes de que cualquiera pudiese actuar, el cielo comenzó a oscurecerse y la tierra cimbro bajo sus pies, mientras el peso de la gravedad aumento y les hizo caer a todos al suelo, a excepción de Aioria que se mantuvo en pie con gran esfuerzo.
-¿Qué diablos es… esto? – Seiya se apoyo sobre sus rodillas para levantarse.
-Este es mi poder humanos, tiemblen ante él y arrodíllense ante mi presencia. – Aquella voz resonó por todo el lugar al tiempo que la presión sobre ellos aumento, hundiéndolos en el suelo que se resquebrajo, Seiya volvió a caer al suelo y Aioria cayó sobre su rodilla apoyando los brazos a sus costados. – Si lo hacen su muerte será menos dolorosa.
-No… no puedo moverme. – Murmuro Shun con dificultad aferrándose al suelo bajo él y partiendo algunas rocas bajo su puño.
-Debemos hacer algo. –Ikki se medio incorporo, pero frente a él se materializo una oscuridad de la cual salió una esfera negra rojiza que le golpeo el pecho y le hizo caer a un lado de Hyoga y Shiryu.
-¡Ikki! – Grito el chino y el ruso.
-Muéstrate cobarde… - Aioria logro volverse a poner de pie e incendio su cosmos dorado que le cobijo y resplandeció en medio de aquella oscuridad. - ¡Muéstrate! – Bramo furioso, al sentirse humillado ante el poder de aquel frente a él.
-Aioria de leo, tu impulsividad solo te llevara a un lugar oscuro del cual no podrás retornar. – Amenazo, sin embargo aquella voz magnánima accedió a mostrarse a los caballeros de bronce y al único dorado, que observaron como de la bruma grisácea que hacía unos segundos había lanzado a Ikki se materializaba una forma humana que comenzó a caminar hacia ellos. Su cabello negro como la noche y sus ojos rojizos como dos brasas encendidos, que contrastaban fuertemente con su piel blanca, hicieron a Aioria reconocerle como Cronos y por unos segundos se paralizo.
-Cronos… - Aioria se quedo estupefacto, esperaba enfrentar a cualquier titán pero jamás al mas poderoso de ellos y no fuera que le tuviese miedo, si no que el hecho de que Cronos llegara a las afueras del santuario, le mostraba la cantidad de poder y confianza que el titán tenia sobre sí mismo, al grado de subestimar a toda la orden ateniense y creer que el solo podría llegar a derrotarlos y asesinar a Athena. – Te frenare aquí mismo… Plasma relámpago.
Aioria elevo su brazo frente a su pecho y genero múltiples ondas de energía en forma de un plasma dorado que cortaba todo a su paso y que viajaba a la velocidad de la luz que materializo una red de rayos que recorrieron la distancia entre Cronos y Aioria que le miro directamente viendo primero un profundo odio hacia aquella técnica y después expreso una terrible sonrisa que le helo la sangre. Cronos alzo su brazo y detuvo al plasma relámpago, haciéndolo parecer un solo destello en su mano la cual se rodeo rápidamente de un halo rojizo de la cual broto un haz de luz rojiza que se extendió hacia los lados y le golpeo directamente.
-¡Aioria! – Seiya vio al quinto guardián intentar frenar aquel ataque con su cosmos que ardía al infinito, pero a pesar de ello la técnica de Cronos resulto igual que con Ikki y lanzo a Aioria hacia atrás explotándole directamente en el pecho del cual broto una enorme cantidad de sangre y le derribo al suelo, casi inconsciente.
-¡Polvo de diamantes! ¡Fénix volador! – Ikki y Hyoga lograron incorporarse uno al lado del otro para lanzar sus técnicas. El aire se congelo por el gélido cosmos instantáneo del ruso que avanzo hasta Cronos, mientras la terrible técnica de Ikki lanzo una rayo de fuego que surco el espacio que le distanciaba del titán, pero este solo sonrió y chasqueo sus dedos, con esto ambos ataques se cruzaron entre si y retornaron su camino. El polvo de diamantes golpeo a Ikki y el fénix volador impacto contra Hyoga.
-¡Vamos Shun! – Le animo Shiryu poniéndose a su lado, cerro sus ojos y elevo su cosmos, lo que provoco que su cabello negro se alzara, cuando volvió a abrirlos su técnica fue lanzada con la furia que inundaba su alma en esos momentos, pues estaba seguro que Cronos había asesinado a su maestro. – Dragón naciente. – Pero a pesar de la fuerza y la impecable técnica que utilizo el chino, el titán logro detener al dragón azoláceo que volaba hacia él.
-¡Sí! – Asintió el peliverde. - ¡Cadena nebular! – Shun alzo su brazo y su cadena se lanzo hacia el titán a toda velocidad, multiplicándose cientos de ellas de forma ilimitada. Cronos abrió su mano empuñada mostrando su palma lo cual detuvo a la cadena a centímetros de él, que permanecio tensa y suspendida y que al final fue repelida peligrosamente contra Shiryu que estuvo a punto de golpearlo a no ser porque el caballero de Andrómeda logro detenerla.
-Que indefensos son. – Se burlo el titán acercándose hacia Shun. - ¿Acaso no lo entienden? Mis poderes son infinitos, todos los elementos me pertenecen ahora, nadie podrá atacarme ni siquiera provocarme un rasguño, inútiles caballeros.
Seiya se acerco a Aioria que tosía grandes cantidades de sangre y su cuerpo temblaba a causa del dolor, pero a pesar de aquello volvió a ponerse de pie, los ojos de Pegaso contemplaron unos segundos la determinación en los ojos verdes de Aioria mostraban y que hizo a un lado el sufrimiento de su cuerpo que exigía alivio a aquella profunda herida.
-Voy a frenarlo a como dé lugar. – Aioria avanzo a paso lento por en medio de los santos de bronce que le contemplaron entre sorprendidos y asustados por su situación y le vieron pararse frente a Cronos que sonrió complacido. – Colmillo relámpago. – Aioria envío su cosmos por el suelo, con la intención de alejar al titán de los chicos de bronce, el cual provoco una erupción a causa de los pilares de electricidad que brotaban del suelo, pero al acercarse a Cronos estos desaparecieron. – Maldición.
-Es mi turno, Meteoro Pegaso - Seiya empuño su mano de la cual salieron cientos de golpes celestes hacia Cronos, que esta vez no detuvo el ataque si no que chasqueo sus dedos y el suelo bajo los pies de Seiya se resquebrajo y del cual broto lava ardiendo lo que obligo al caballero a detener su ataque y buscar otro lugar de apoyo. – Meteoro Pegaso.
-Plasma relámpago. – Aioria junto su ataque con el de Seiya haciendo que el cielo fuese iluminado por rayos dorados y cometas azulados, sus cosmos ardían con fuerza pues los dos eran consientes del peligro de dejar pasar a Cronos, debían pararle a toda costa aun fuera a pesar de su vida. – Vamos. – Aioria elevo aún más su cosmos sintiendo la fatiga de su cuerpo pero los rayos salientes de su puño rompieron la barrera del titán y pasaron a un lado de su rostro casi hiriéndolo, lo que hizo abrir inmensamente sus profundos ojos rojos y le incentivo más a continuar su ataque.
- Gobieno de fenómenos. - La materia oscura tras el titán se desplego congeniando todos los elementos existentes en la tierra y el espacio, llamaradas de fuego sobrevolaron el cielo hacia Seiya que no logro evitarlas y su brazo izquierdo recibió fuertes quemaduras, el suelo bajo los pies de Aioria se hundió aprisionándolo y un aire gélido congelo sus extremidades al piso para recibir cuchillas de hielo que se enterraron en sus brazos, piernas y abdomen, mientras que una densa agua oscura se formo en el suelo y se convirtieron en agujas negras que atravesaron el cuerpo del caballero de Pegaso.
-¡Seiya! ¡Aioria! – Les llamo preocupado Hyoga, al verlos a los dos gravemente heridos, el recibir un ataque de la magnitud del cosmos de Cronos fácilmente podía causar esas heridas y ambos ni siquiera habían tenido tiempo para esquivarlas. - ¡Polvo de diamantes!
-¡Fénix volador! –
-¡Tormenta nebular! –
-¡Dragón naciente!
-Que impresionante cosmos, sin embargo no es suficiente. – Cronos comenzó a molestarse por los insistentes ataques de esos insectos de caballeros que tenia Athena, así que golpeo con fuerza el suelo provocando que Shun cayera en una profunda caverna al partirse el suelo bajo sus pies y pudo ver como el santo quedo suspendido por su cadena, una fuerte explosión lanzo a Hyoga al suelo para ser después enterrado por una capa de tierra que se elevo mientras a Ikki le enrollo en un torbellino de agua que después congelo. Cuando cronos se proponía a atacar a Shiryu se detuvo al verlo en una posición para invocar una poderosa técnica, la cual él había visto antes en el monte Parnaso, su cosmos azul verdoso le rodeo como antiguamente un cosmos dorado cubrió a su maestro.
-¡Los cien dragones de Rozan! – Shiryu únicamente pensaba en Dokho cuando la lanzo en una forma de tributo a su maestro, concentrando la máxima cantidad de su cosmos y liberando de su puño extendido cientos de Dragones que surcaron el cielo y que destruyeron todo lo que tenían enfrente.
-¡Caballero! Como le dije al santo de libra antes de asesinarlo, yo siempre obtengo lo que quiero y destruiré cuanto quiera en este mundo. Esa técnica la vi antes con una mayor magnitud y fuerza de cosmos, debo decirte que en ese momento me sorprendió, pero ahora es tan solo una imitación barata. – Espeto con repugnancia el titán que condenso su cosmos y formo una larga lanza oscura dispuesta a asesinar al caballero de dragón como lo había hecho con su maestro sin embargo un destello le hizo reaccionar a tiempo justo para esquivar un ataque de Seiya que estaba bañado en sangre y respiraba agitadamente.
-Cometa Pegaso. – Seiya reunió todo su poder en un solo golpe de gran potencia que fue desviado por una de las manos de Cronos haciéndolo impactarse contra un muro de piedra solida tras él, que se convirtió en polvo ante aquel ataque.
-Seiya. – Cronos avanzo extasiado por aquel impresionante cosmos, era como ver por unos milisegundos al universo y supo la razón de porque los dioses temían a aquel humano, a medida que le dejaran con vida, el cuerpo de ese ser podía sufrir innumerables heridas pero sus esperanzas aumentaban al igual que su cosmos, haciéndolo peligroso para cualquiera, muy poca gente tenía ese don y por ello era preciso acabar con los de su clase. – Me pregunto que pensara Athena cuando tire tu cuerpo inerte frente a ella.
Cronos se teletransporto delante del japonés dispuesto a atacarlo, estiro su brazo para tomarlo del cuello, pero una mano se enrollo alrededor de su muñeca apretándolo con fuerza y le empujo haciéndolo retroceder.
-Tu batalla es conmigo Cronos, déjalos a ellos fuera de esto. – Aioria respiraba agotado, a penas y pudo ponerse de pie, pero conocía que si Athena perdía a Seiya, desaparecería toda esperanza para la deidad. Fue bueno poder llevar una relación más relajada y hasta cierto punto de amistad con su diosa pero sabía que el japonés era demasiado importante para ella, así que si tenía que arriesgar su vida para salvarle lo haría. - ¡Plasma relámpago!
En esta ocasión los rayos impulsados por el brazo de Aioria hicieron a Cronos retroceder, tal y como la luz repele a la oscuridad, pues su cosmos había aumentado en gran consideración, su técnicas ya no era simple cosmos si no que el quinto guardián comenzaba a fundir su alma con sus ataques. Desgarro la túnica del brazo derecho del titán que le miro con curiosidad pero sin ocultar el mohín que le provoco el verse interrumpido de aquella manera.
-En ese caso me encargare primero de ti santo. – Cronos golpeo las palmas de su mano, lo que provoco una onda expansiva que arrojo a los santos de bronce lejos del lugar, Aioria permaneció de pie con una determinación inigualable en su rostro, apretó sus puños y contemplo como Cronos le transporto hacia el monte Parnaso, aquel lugar donde Dokho cayera en sus manos. – Hay algo que les hace especiales a ustedes santos dorados, no sé que es… pero sin duda quiero destrozarlo con mis manos, sublevar sus fuerzas, quebrantar su orgullo y asesinar todo aquello que protegen.
-¡Jamás te lo permitiré Cronos! Aun cuando queme mi vida para detenerte tenlo por segundo que lo hare. - ¡Relámpago de Voltaje! – Golpeo el aire con el puño a la altura de su hombro a una velocidad extremadamente rápida que destrozo a las fuerzas que oponía la atmosfera y creó un vacio para disparar una capsula de energía dorada a la velocidad de la luz que se acompaño de cientos de relámpagos que iban en todas direcciones la cual se acerco a Cronos que elevo su mano con desinterés para detenerla pero a pesar de ello, exploto frente a él lanzándolo al suelo y arrastrando al titán con la onda destructiva.
Aioria contemplo el humo proveniente de su ataque y como Cronos había sido golpeado por este, respiraba agitadamente sabiendo que el final estaba cerca, se estaba quedando sin energía y estaba sumamente herido, al grado que la pérdida de sangre le llevaba a periodos de aislamiento de su propio ser y un profundo estado de confusión, pero a pesar de ello su espíritu le mantenía dispuesto a luchar, era un guerrero, un santo dorado que había logrado golpear al titán más fuerte de los hijos de Urano.
Sus ojos verdes que habían dejado de mostrar aquella furia de un guerrero y ahora solo mostraban una inmensa paz siguieron la trayectoria de aquella nube de polvo que se elevaba, sus orbes esmeraldas llenos de determinación, contemplaron el cielo por unos segundos al tiempo que sentía el cosmos amenazador de Cronos estallar al verse tocado por su técnica, pero él tan solo pensaba en la nueva vida que había logrado alcanzar con la oportunidad que Athena les otorgo.
Se había reencontrado con su hermano después de años de muerto y en el que él había vivido una completa soledad, desarrollo una amistad con su diosa y los santos de bronce, vivió de paz y tranquilidad por algún tiempo y pudo recobrar las amistades perdidas durante tanto tiempo, perdono a quien habían buscado su perdón por años y le perdonaron a él por cegarse por aquel profundo odio y pudo vivir con sus hermanos de orden como lo hicieron en su infancia comandado por Shion. Sin lugar a dudas Athena les había recompensado por esa oportunidad, pues le permitió ver a la mujer que más amaba una vez más y que fuese correspondido por ella y a su vez era lo que más le lastimaba tener que abandonarla una vez más por cumplir con su función.
-¡Gobierno de fenómenos! – La técnica de Cronos oscureció todo y supo al instante que recibiría todos aquellos impactos a menos que incendiara su alma y su cosmos ardiera hasta el infinito. La luz puede vencer a la oscuridad.
-¡Explosión fotónica! – La técnica suprema del santo de leo ilumino aquel cielo por unos segundos enfrentándose a la más profunda negrura del cielo mientras los cosmos de titán y santo se enfrentaban por vencerse, expulso una gran cantidad de energía de cosmos a su alrededor como si estas fuesen miles de estrellas, que en realidad eran fotones de luz dorada, las cuales se dirigían hacia Cronos mientras las agujas negruzcas de este llegaban y golpeaban directamente el cuerpo de Aioria que no cedió a pesar de sentir como su piel y sus músculos se desgarraban. El cielo hacia donde Cronos se encontraba se iluminaba por los fotones dorados mientras las agujas negras del titán inundaban la luz dorada que expedía el cosmos del santo de leo.
-¡Vamos cosmos incéndiate! – Aioria ignoro todo el dolor que recorría su cuerpo como si se tratase de una corriente eléctrica que inundaba su cuerpo, no importaba nada en ese momento, ya todo acabaría dentro de poco. Los fotones lograron rodear al titán y algunos incluso atravesaron su cuerpo por su piel y una vez dentro explotaron haciendo gritar de dolor a Cronos e incluso le hizo sangrar provocando heridas desde su interior.
La luz refulgente causo un halo dorado que se extendió en aquella oscuridad y lanzo al titán contra el suelo, sin embargo en aquel contraste de colores una haz negro cruzo la barrera en la que ambos ataques se enfrentaban, aquella densidad oscura formo una lanza larga que surco el cielo, entre el medio de miles de fotones que asedian y atravesó el pecho del guardián del quinto templo, provocándole una enorme abertura de la cual mano aquel liquido escarlata que tiño aquella brillante luz y el cuerpo de Aioria se desplomo en el suelo.
Su cosmos comenzó a apagarse mientras la oscuridad se sobreponía a la incandescencia, sin embargo las estrellas de la constelación de leo recorrieron el cielo, brillando por un instante con todas sus fuerzas para evitar apagarse. Al final la luz había perdido y sedea su lugar a la negrura de aquel cosmos.
Cayo de rodillas para después desplomarse por completo en el suelo, podía sentir todo el dolor recorrerle sin clemencia, sus sentidos gritaban por piedad, abrió lentamente sus ojos verdes y se contemplo tirado en un charco escarlata, se giro sobre su espalda quedando boca arriba sintiendo como su vida se apagaba al igual que su cosmos y rebusco en el cielo dos constelaciones: Sagitario y Águila que brillaban con intensidad, estiro su mano hacia estas como si pudiese alcanzarse con estas y poder proporcionar una caricia de consuelo a las personas más importantes de su vida, su hermano y la mujer que amaba.
Un borbollón de sangre mancho su pecho y el sabor metálico inundo su boca, mientras su vista comenzaba a nublarse, cerró sus ojos al verse privado de tan preciosa vista y su brazo cayó pesadamente al costado de su cuerpo, el dolor comenzó a desaparecer y escucho los pasos de Cronos acercarse hasta él y pararse a su lado.
-Has sido un noble combatiente Aioria de leo. – Le escucho decir, sin embargo no respondió, no tenía nada que decir, si le había herido, más de una vez, pero Cronos continuaba con vida y le había ganado, aquella era la peor derrota que había sufrido en su vida y al mismo tiempo la más grande batalla que había sostenido en toda su vida.
-Lo lamento tanto Marín. – Sintió como su corazón comenzaba a dejar de latir y su cosmos se despedazaba en sus últimos fragmentos, borrando su existencia. –Perdóname Athena … Hermano yo… lo siento mucho.
La oscuridad le envolvió, sus ojos se cerraron por completo y su cabeza golpeo duramente el suelo bajo él, su corazón dejo de latir y el ultimo centello de su cosmos ilumino las ruinas del monte Parnaso, donde yacían los cuerpos de Libra y Leo enterrados en aquel lugar olvidado por los dioses.
-Te ha herido querido. – La voz de Rea se dejo escuchar a los oídos de Cronos, mientras el cuerpo de la titanide se materializaba detrás de él.
-Lo sé. – Puedes sentirlo Athena, convertiré al monte Parnaso en la tumba de tus santos y en la resurrección de mi reinado… - No tienes de que preocuparte Rea, son solo algunas insignificantes heridas, el que ha terminado muerto es el santo de leo.…
Continuara…
Aclaraciones:
-Toda la comida mencionada es de origen griego, dudas pregunten a saint google de lo que es cada platillo.
Comentarios:
Carlos: Es que imaginarme a Saga con una mujer es todo un caso, pienso que ella sería extremadamente no sé, intrigante quizás pero en algún punto tal vez tenga que hacerlo si no en esta historia será en otra, lo prometo y ya un triangulo amoroso es muy cruel si de por si andaban matando por una armadura ahora imagínate por una mujer.
Gabrielle Alle: Lo siento no quise romperle el corazón a nadie con la muerte de Aioria, creo que quedo claro porque no mato a un bronceado, Athena se nos muere de tristeza por eso no y lamento la tardanza del capítulo.
Joana: No fue mentira lo siento, si fue como un crecimiento para Aioria el ya no llegar directo a los golpes si no que es una forma de madurez del santo hablar su problema existencial con Saga.
Palomawence: Pues espero que te encante la forma como se porto Milo en este capítulo pues el próximo lamentablemente el espíritu alegre de nuestro escorpión no se apreciara tanto por la situación que se le viene encima y el es todo un cabello ya verás que tratara bien a Shaina. Qué bueno que te guste mi historia espero tener noticias pronto.
Pyxis and Lynx: Si el combinar a Shaka y a Saga es como el team líder no se es como luz y oscuridad, redención y sacrificio no se me gusta como suena. Si mascarita tal vez encuentre el amor, pero a ver qué tal le va en el infierno. La relación de Geist y Shura es algo trágica pero esperemos que Milo llegue a tiempo con la cura y conquiste a Shaina.
Gaby: Gracias por tu comentario, tienes la ventaja de que Camus es uno de mis consentidos jajaja.
Derama17: Soy solo un poquito mala, sádica, cruel, malévola, inhumana pero solo poquito jajaja. Si creo que Aioria le debía el perdón a Saga desde hacía mucho tiempo y el hecho de continuarlo odiando solo envenenaba su alma.
LadyMadalla-Selene: Artemisa es tu diosa favorita ¿Le atine? Y diste justo en el clavo con lo de Lucia ella es el faro para ambos cangrejos, para la formación de uno y la templanza del maestro. Si Shion no es como la fuente que escucha los problemas de la diosa y da sabios consejos a esa pequeña niña. Obvio Camus debía de preparar a los dos por lo que se avecina hay no me emociono de tan solo pensarlo.
Lo lamento no quería matar a tu santo favorito, lo siento pero es por el bien propio porque aun muertos tengo planes malévolos para ellos y lo veras en el siguiente capítulo.
Persefone X: Espero que ya tengas internet, me alegro que mi fic sirva de algo, tranquila por no poder actualizar siempre debemos recordar que tenemos una vida fuera de fanfiction y el hecho de que a veces no podamos escribir es algo que debemos aprender a sobrellevar. Así que relax.
503: Tal vez no lo recuerdes pero en mi fic disque me saque una segunda armadura de géminis y la idea de que vista la escama de dragón marino pues estoy indecisa pero si lo he considerado. Jajaja Milo es bueno así que no te preocupes por Shaina que se sabe defender. Siempre Saga y Aioros serán la cabeza de la orden, obviamente tras de Shion y Dokho. Pues Anfitrite pudiese hacer una alianza con Athena pero Poseidón es un dios voluble así que no sabríamos que depara el futuro. Pero ¿Qué tal y el cosmos de Dokho no está en Hades? Shura necesita de esa cura y si Milo no la entrega pues bye cabrito dorado. Al mencionar en no sé qué capitulo de mi historia Cronos detuvo toda la vida en la tierra y gracias a la ayuda de Artemisa y Apolo el santuario se salvo de este embate por lo cual Hilda no participa ya que sufrió los mismos efectos que toda la humanidad. Gracias por tus comentarios.
Niki1213: Gracias por animarte a escribirme y me da gusto que te encanten mis historias. Y me agrade que te guste como utilizo los sentimientos de los santos y la diosa de la sabiduría espero volver a tener noticias pronto de ti.
Artemiss90: Me alegra que te guste mi historia y que la hayas leído toda, de verdad que aprecio que comenten porque puedo expresar algunos puntos de vista de la historia que a veces no menciono o ustedes me aportan ideas y en realidad lo agradezco mucho. ¿Qué tal te pareció este capítulo?
Animesnetxgeneration SNYC: Gracias por tu comentario: D
Beauty4ever: Me aprendí tu name jajajaja, espero tener noticias pronto de ti y conocer tus historias, bienvenida a Fanfiction!
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Atte: ddmanzanita.
