Llegó al fin el esperado día donde Alphonse se dio de alta en el hospital. Para celebrarlo montaron una pequeña fiesta entre todos con montones de deliciosa comida que no podía haberse permitido en una cama del hospital. La alegría de todos y la música rápidamente se tornó en una marea de borrachos al son de una agradable fogata bajo las estrellas. Fue muy divertido, aunque tal parecía ser que lo habían utilizado más como una excusa para beber vino hasta el amanecer, Alphonse no podía importarle menos ese detalle, de todas formas no, se sentía con ganas de ser el centro de atención, eso era algo que le pegaba más a su hermano con su despliegue de acción como el Alquimista de Acero... aunque ya no lo era, seguía manteniendo esos aires de prepotencia.
En su lugar, Alphonse estaba más pendiente a la interaciones entre su hermano y el Coronel Mustang, por alguna extraña razón no podía apartar la vista llegando a la conclusión de que se encontraban demasiado "cercanos" para el gusto de Ed. Obviamente, podía imaginar el despliegue de bromas hacia la estatura del mayor de lo Elric haciendo enfurecer, lo que más se distinguía entre todo el ruido era su voz de cabreo por lo alto, ganándose que Havoc, Breda y Zampano intenten emborracharlo sin mucho éxito. Al se rió musicalmente, eso era todo lo que necesitaba...
La noche continuó sin ningún incidente de borrachos, por suerte. Winry lo invitó a bailar y se negó de manera persistente, prefería mil veces ver a todos disfrutar desde su cómoda silla a ser parte de la fiesta, no podía evitarlo... era a lo que estaba acostumbrado. Finalmente Winry se rindió y se fue a buscar a Edward obligándo a bailar con ella, se veían bien juntos... no lo podía negar. Se peleaban, reían, podrían ser una pareja perfecta... sin embargo, Al no estaba muy seguro sobre la orientación sexual de Edward. Pensarlo hizo que se le estremeciera el pecho, hacía años que esquivaba el tema, y sin embargo, ahora que la batalla había finalizado y podía hacer con sus vidas lo que quisiera, los temas amorosos siempre terminaba siendo un objetivo a alcanzar en la vida de lo humanos, lo sabía... Y sabía que todo el mundo veía a Ed y Winry de esa forma. Estaba tan perdido en su pensamiento que no se dio cuenta cuando Ed con un suspiro sonoro se colocó a su lado, comentó algo en alto que no oyó bien. Edward se dio cuenta enseguida de lo distraído y retraído de su comportamiento y le preguntó si se encontraba bien, tal vez creyó que su cuerpo aún no estaba del todo apto para soportar demasiada acción, en cambio Al solo sonrió de manera reconfortante y negó con suavidad. Un pequeño gesto bastaba para poder comunicarse como se sentía en lugar de tener que utilizar las palabras como antes solía hacer, ese hecho le reconfortaba.
Ed pensó entonces que se estaba siendo tímido cuando comenzó a tirar de forma divertida de su brazo para que se uniera el resto a bailar, Alphonse intentó negarse de todas las maneras que conocía sin parecer descortés, estaba avergonzado. Bailar sonaba algo demasiado raro para él en ese momento, cualquiera que lo mirase todo tenso podría hacer la broma fácil de que lucía "mecánico". Su rostro estaba sonrojado, sintiéndose expuesto cuando todos lo vitorearon a ambos hermanos Elric. —Ed... —Dijo en voz baja, esperando que comprenda la incomodidad en su rostro.
En cambio, el corazón se volcó en su pecho cuando Edward sujetó su brazo y rodeó su cintura, susurrando en su oído. —Está bien Al yo te guío, déjate llevar. ..
Eso hizo, sintió de manera torpe, disculpándose cada vez que accidentalmente lo pisaba cuando cambiaba de ritmo cuando la música lo hacía, lento, rápido, Edward le sonreía cada vez, tiraba de su mano lejos y lo acercaba dándole una vuelta de campana. Se dejó llevar por la fuerza del mayor, la manos ásperas sosteniéndolo, sintiendo el calor de cuerpo cerca y añorándolo cuando se alejaba un poco. Sorprendido, no podía desprenderse de la mirada dorada, cada vez que sus ojos dulces se cruzaban este le sonreía dulce.
Edward se veía plenamente feliz.
Fue una noche mágica.
Le regalaron una canasta llena de frutas, chocolate, alimentos envasados, chocolate y una botella de Wisky todo envuelto en un lazo amarillo. Ya había probado un poco de alcohol provocando que la cara se le pusiera roja como un tomate y empezara a toser mientras lo otro se reían. No le gustó para nada la sensación de picor en la garganta pero decidió de todas maneras conservar la botella de Wisky como recuerdo.
Después tocó pensar que iba a hacer con su vida de aquí en adelante, lo primero era decidir un lugar donde dormir y algún trabajo, tenía pensamiento de sacarse los estudios secundario y después entrar a la Universidad. Aunque también estaba tentado en viajar por todo el mundo, regresar a aquellos sitios que antes había estado con Ed para poder verlo con otros ojos, y probar todos aquellos platos regionales que no pudo en su momento.
Para eso necesitaría dinero, su dinero. Sería un plan maravilloso en futuro, primero se centraría en volver a la vida normal y terminar de recuperarse físicamente. Gracias a una carta de recomendación por parte de central, pudo entrar como ayudante de profesorado en Universidad mientras estudiaba para sus exámenes y poder sacarse un título básico. Durante todos esos años por las noches, consumió un libro académico tras otro, tal vez, buscando alguna respuesta a sus problemas, por tanto, no estaba falto de conocimientos para esa labor.
Lo más complicado fue encontrar un lugar donde quedarse, tenía pensamientos de independizarse, Edward en absoluto se lo permitió y lo metió en la casa que había estado alquilando durante todo ese tiempo. Para ambos volver a Resembool no tenía mucho sentido si no había un verdadero hogar donde sentirse realizados como personas, por mucho que Winry los hubiera animado a ambos.
— ¡Nada de gastar en ningún piso! Te quedarás aquí hasta que te gradúes o te busques una novia.
Buscar una novia... estaba de broma ¿no?
Se sentía como si los papeles se hubieran invertido totalmente.
— Pero Ed... no quiero ser una molestia. Ya has cargado con la responsabilidad de buscar mi cuerpo todos estos años. — Edward le pegó un puñetazo en la cabeza.
— No seas imbécil, lo hice porque era mi culpa y mi deber, ni que estuviera te haciéndo un favor ¡vaya! — Replicó de forma airada mientras sostenía su maleta con pertenencia. Era raro tener sus propias cosas después de tanto tiempo, demasiadas cosas era demasiado nuevas.
— Ay... — Se frotó la coronilla. Cuando Ed lo golpeaba o pateaba siendo un armadura no le importaba. Que duro es tener un cuerpo de verdad... — Que bruto eres...
— Además. — Agregó dando la espalda mientras se alejaba con sus pertenencias.. — Somos familia, faltaría menos.
No tenía fuerzas suficiente para discutirle, lo miró su amplia espalda, de un punto a esta parte, había dejado atrás la trenza para sujetarse el cabello a una simple cola, tenía la ligera sospecha que era en honor a la muerte de Hohenheim, aunque probablemente este nunca lo admitiría en alto. Padre e hijo resultaron ser en actitud mucho más parecido de lo que creían, ambos eran escueto en algunas palabras, con dificultad de expresar y demostrar ciertos sentimientos, y cuando se colocaban una meta, no paraban hasta conseguirlo... ambos eran ciertamente obstinados. En cambio, Al siempre supo que se parecía más a su madre, tanto en aspecto físico como en personalidad, eran tranquilos, amables de palabra y mucho más comprensivos.
Una familia ¿eh?
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El menor de los Elric no supo por cuánto tiempo estuvo conteniendo el aliento cuando al fin respiró, aliviado. Ed le estaba enseñando su cuarto. Cuando Edward le dijo que la casa era realmente pequeña le creyó, y acompañado de este pensamiento, acudió a sus memorias que ellos siempre habían compartido cuarto antes, incluso cuando su anterior condición le privaba del sueño, de alguna manera siempre supo que Ed se encontraba mucho más calmado en la noche si sabía dónde estaba.
Estando a su lado.
Al voltéo los ojos de un lado a otro con pesimismo, tantas cosas habían cambiado entre ellos e inevitablemente, lejos de la felicidad, sintió un miedo aterrador volver a encontrarse bajo el mismo techo en horas nocturnas, más aún, esa pequeña y estúpido probabilidad de compartir habitación. Ahora dormir era una necesidad de la cual a veces disfrutaba, otras notaba como le robaba tiempo, pero dormir significaba estar cerca de Edward, y era siempre por las noches cuando él comenzaba a masturbarse.
Pestañeó poniéndose pálido ante los recuerdos ¿Podrá dormir con la conciencia tranquila, sabiendo que muy cerca de él, su hermano estaría complaciendo sus bajos? Hasta donde sabía, no estaba viendose con nadie. Ninguna persona para satisfacer sus necesidades, ni un objeto con el cual ensañarse.
Edward ya no podía usar Alphonse como antes lo hizo.
"Solo olvídalo, fue hace hace mucho" Apretó las cejas intentando convencerse. Entonces se dio cuenta de lo transparente que estaba siendo sus emociones, ahora que tenía un rostro y Edward se dio cuenta de cada una de ellas, lo miró con duda sin comentar nada al respecto y después lo dejó a solas para que acomodara sus pocas pertenencias.
Para remediar el estúpido espectaculo de malas caras Al intentó sonreírle cuando este se retiraba, dándole las gracias una vez más por cuidar de él. Ed simplemente se alejó haciendo un gesto con la mano sin importancia.
La casa que rentaba Edward era un auténtico desastre, no limpiaba ni cocinaba, si algo se caía solo miraba y seguía con lo suyo. Habían libros por todas partes, tal vez era un aspecto nuevo pues siempre habían viajado de un lugar a otro, nunca se permitió encontrar la palabra "hogar" para ninguna estancia, ni siquiera cuando Meas le ofrecía tan frecuentemente su lecho. Ed le confesó — Por supuesto que no sé cocinar. — a lo cual Alphonse le debatió con un — Es un estupendo momento para aprender — mientras le arrebataba un libro de cocina e intentaba algunas recetas. Llamó a Winry muchas veces pidiéndole consejo, pero la chica tampoco tenía demasiada idea tampoco, su cabeza estaba llena de automails como siempre, fue cuando recordó que fue la abuela Pinako quien siempre se encargaba de la comida. Hablar con ella fue de gran ayuda. Alphonse estaba completamente decidido a que ninguno de sus platos sean tan insípidos como en el hospital, ante la insistencia de su hermano Ed se escaqueaba deseándole "buena suerte" con el aprendizaje, como si nada de eso tuviera que ver con él. La vecina a veces se apiadaba de ellos y se acercaba para ayudar, aunque las intenciones de ellas era más bien cotillear en un piso alquilado por dos jóvenes galanes y aparentemente solteros. Edward no la soportaba, siempre apretaba la nariz cuando lo señalaba el largo de su cabello, acusándolo de parecer una "jovenzuela" a lo cual Al siempre terminaba riendo a carcajadas.
—¿Y porque no solo vamos a comer fuera y ya?
Alphonse solo quería golpearlo con el cucharón al ver su rostro de apatía con todo su esfuerzo en el trabajo. Ese era ya un lujo que no se podía permitir, después de todo, Edward ya no era Alquimista Estatal. Por momentos le daba la sensación de ser una especie de "chacha" siempre detrás de todo su desastre, recordándolo bien, cuando eran pequeños era más o menos igual...
Los estudios le ocupaban demasiado tiempo desde que dormir era una necesidad fisiológica. Los días se le hacían tan cortos... más siendo pleno invierno. Mientras sufría ocupándose de todo ello pensaba que al próximo mes buscaría piso y se largaría de allí para ver si escarmentaba ese idiota. Pero... después, cuando hacía estofado y le salía especialmente bien, Edward lo saboreaba sin parar de soltar halagos con cierto toque infantil y desmesurado hasta el punto de hacerlo sonrojar...
Entonces deseó quedarse a su lado así para en momento de soledad, el pensamiento de Edward masturbándose comenzó a traerle terror por las noches. Cerraba los ojos con fuerza intentando borrar cada imágen, pero a veces, los recuerdos eran demasiado vivos y una lágrima se escapaba de sus ojos mientras se abrazaba a sí mismo.
— No lo hagas... Ed.
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— Alphonse, dónde has dejado mi... — Se asomó a la puerta de Al y se detuvo. Justo se estaba cambiando de ropa colocándose una camiseta negra. Alphonse sintió como los ojos de Ed tallaron todos su torso desnudo, sin siquiera disimular.
— ¿Qué ocurre Ed?
— Estoy buscando el aceite para lubricar.
— ¿No está debajo de la mesada?
— No.
— ¿Seguro que te has fijado bien?
— Te digo que no está. — Dijo con algo de enfado mientras Alphonse suspiraba.
— Pues a lo mejor se ha acabado.
— Que no, compré uno nuevo el otro día, te lo digo a ti porque hiciste limpieza a fondo de la cocina.
— Obviamente, porque si fuera por ti, comerías con las cucarachas. — Alphonse avanzó hacia la cocina seguido de su hermano que protestaba. — Como lo encuentre te vas a enterar.
— Mierda Al, te estoy diciendo que no esta idiota.
Mientras Alphonse buscaba entre los productos de limpieza que siempre guardaban ahí, Edward agachado a su lado miraba como lo hacía, todavía protestando, hasta que de un momento a otro su atención se centró completamente en su trasero. Los pantalones que llevaba estaban bastante apretados y... poco dejaba a la imaginación.
— ¡Oh, aquí está! — Emergió de las profundidades de la alacena solo para encontrar la mano de Edward muy cerca a su trasero. Este la ocultó tras su espalda sonrojándose. — ¿Qué estabas haciendo? — Preguntó aunque era muy evidente.
— Nada. Oh gracias, hermano, te debo una. — Respondió tan tranquilamente mientras cogía el lubricante. Sonreía como un sol.
— Sí, me debes una... la próxima vez te toca a ti lavar el baño.
— Sí, espera ¿qué? ¡No!
— Vamos Edward, no seas infantil, no la has hecho ni una sola vez desde que estamos viviendo juntos.
— Nooooooo Alphonseeee... todo menos el baño, pídeme otra cosa. — Definitivamente, parecía un niño pequeño, Al parpadeó mientras una risita tonta se le escapaba de los labios. — Te puedo invitar a comer marisco. — Juntó las manos, ese gesto le recordó tanto a cuando hacían alquimia que lo distrajo por un momento y se perdió en la forma en lo que lo miraba suplicante, poniendo ojitos bonitos. Alphonse se sonrojó y apartó el rostro, obviamente, Edward se dio cuenta.
— He dicho que no. ¿Necesitas ayuda con la lubricación de tu cuerpo?
Edward lo miró, ruborizándose un poco. Entonces Alphonse se dio cuenta de lo mal que había sonado, pero no podía quejarse ni intentar corregirse pues eso empeoraría aún más las cosas
— Sí. — Fueron al salón donde Edward se desnudó quedándo solo en ropa interior y se sentó una de las sillas, Alphonse estaba comenzando verdaderamente a arrepentirse a estas alturas. No era bueno, era peligroso. Introdujo aceite lubricante en aquellos punto que su hermano le indicaba, primero comenzó por el brazo, no era difícil, luego se arrodilló delante de él para acceder a su pierna, poco a poco, iba ascendiendo hasta quedar casi atrapado entre ellas. — Aquí también, Al. — Separó su pierna alzándose levemente, descubriendo partes nuevas de sus músculos que los calzoncillo antes cubrían, sus ojos cayeron accidentalmente sobre su miembro oculto solo por una simple tela, estaba muy próximo su intimidad. Alphonse se regañó mentalmente por no haberle pedido que se pusiera simplemente de pie.
¿Debía quejarse? ¿O debía fingir que no se daba cuenta? No sabía cuál era la mejor opción, su mente estaba muy confusa en esos momentos.
"Te está seduciendo, te está provocando a posta" Era una de sus líneas mentales que intentaba acallar a toda costa. No podía ser eso, nunca más volvieron a mencionar nada con relación al sexo desde aquella noche, relegando al olvido como un tema más que zanjado.
Eso estaba pensando cuando Edward acarició su cabello en aquella postura comprometida. No pudo más y se levantó de golpe, le dedicó una mirada acusadora y el mayor de los Elric se puso un poco nervioso encogiéndose en el asiento.
— ¿Q-qué...?
Al abrió los labios pensando en decir tantas cosas, ya no sabía hablar tan bien con antes...
— No te hagas el idiota. — Se fue no sin antes arrojarle el producto para lubricar que Edward tomó diestramente.
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Esa mañana se encontraba de buen humor, todas sus notas era de 10 y los profesores estaban encantado con un alumno tan aplicado. El olor dulce que provenía de una panadería lo atrajo y terminó comprando unos cuantos dulces junto con café. En ese momento, Edward se encontraba trabajando en central y pensó que lo le vendría mal tomar una pequeña merienda como descanso a su investigaciones.
No lo encontró en su lugar habitual de siempre y preguntó por su localización, le indicaron que se encontraba en el despacho del Coronel e intuitivamente sus labios se curvaron un poco.
Ellos ya no estaban relacionado laboralmente y se detestaban ¿qué ocasionaría un encuentro entre ellos? Probablemente estaban peleando, se rió intentando imaginarse aquella escena que tantas veces había presenciado... solo que estaba vez, se sentía un poco perdido en su propio sentimiento de malestar.
La puerta se encontraba ligeramente entreabierta, golpeó esperando respuesta sin éxito, pegó la oreja a ver si lograba escuchar voces y finalmente se atrevió a entrar encontrando el espacio vacío. Tal vez podría esperarlo allí y entró con ese pensamiento en mente
Sobre el escritorio vio un montón de papeles todos en blancos. Se preguntó por qué, al tocarlo notó pequeñas muescas en ellos. Eran estudios sobre braille. Había escuchado por parte de la Teniente Hawkeye que Roy estaba perdiendo lentamente la vista del otro ojo...
Tener a una persona vidente como Coronel debía ser bastante complicado... cualquiera hubiera renunciado a su trabajo pero él no abandonaba todo el esfuerzo que podía hacer por Amestris. Ese hombre completamente de admirar, ese era el sentimiento que Alphonse tenía... y estaba seguro que en el fondo, Edward sentía lo mismo, por eso a pesar de todo, seguía allí sirviendo para él.
Se quedó por un buen rato admirando todos aquellos documentos en braille cuando a alguien nombrar el nombre de su hermano. Se asomó a la ventana instintivamente y allí vio al Coronel de pie en el jardín, no llevaba su típico uniforme si no que iba de civil, por tanto se podría deducir que estaba en su día libre. Lo que más destacaba de él era el parche en su rostro y un bastón elegante que ahora llevaba a todas partes por obvias necesidades. El sol del mediodía atravesaba las hojas de los árboles formando un montón de claro oscuros. A su lado estaba de pie su hermano, no podía ver su expresión de molestia pues le estaba dando la espalda y Alphonse solo tenía que imaginarlo. El cabello rubio brillaba como hebras blancas bajo el sol... y la mano de Roy se fue acercando lentamente al rostro de Edward, este no parecía tener intenciones de apartarlo.
Estaban cada vez más cerca, el uno del otro.
Alphonse se escondió enseguida dentro del edificio, reposando contra la pared, sus piernas temblaron hasta dejarlo desfallecer, aún abrazando la bolsa papel craft que contenía los dulces y café frío. No sabía porqué... pero tenía miedo de saber lo que sucedería a continuación. Obviamente, podía ser cualquier malentendido... ¿quién se expondría a plena luz del día?
Nunca sabría la verdad.
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Se estaba dando un baño caliente, había sido un día horrible de puras entregas de trabajos de investigación donde pensó que no le daría tiempo, había dormido poco y se merecía ese momento de paz... donde el vapor del agua le ayudaba limpiar sus pulmones para poder respirar mejor. Unos golpes en la puerta lo despertó de su modorra.
— Alphonse ¿estás en la ducha? — Escuchó el eco de su voz desde afuera.
— Estoy en la tina. — Contestó. — ¿Necesitas algo?
— Me estoy meando. — Al se sonrojó, y mientras más tiempo pasaba, era peor. Decidió que lo mejor era dejarlo pasar. Edward entró dándole las gracias y se acercó enseguida al water, el baño era pequeño, pero acogedor, los azulejos estaban algo desgastados y las tuberías necesitan algún arreglo. Al podía arreglarlo perfectamente con alquimia, pero desde que Edward dio todos sus conocimientos por recuperar su cuerpo, se hizo una promesa de tampoco volver a utilizarlo. Obviamente nunca se lo había contado a nadie.
Edward soltó un gran suspiro de alivio cuando se bajó la cremallera, y la verdad, no sonaba a excusa, parecía que si se estaba aguantando.
"O quizás estaba aguantándose hasta que me metiera en la bañera"
Se palmeó la cara. No sabía porque últimamente todos sus pensamientos iban sobre Ed y sus malas intenciones, solo eran casualidades y ya. Edward nunca antes había intentado nada más después de aquello ¿por qué lo haría ahora? No tenía sentido, quizás era él... su parte lujuriosa, quien lo orillaba a tener pensamientos enfermos hacia su hermano. Incluso la última vez que lo llamó idiota, luego en la noche se sintió verdaderamente mal por lo que hizo y no pudo dormir, lo peor es que no podía disculparse. Se sentía que andaba a la defensiva y lo peor es que Edward no le decía nada.
— "Si Ed quisiera sacar tajada, ya habría hecho algo" — Le decía su sentido común. Aún si estaba aquella vez... que le pareció que estaba acechando su trasero... no había vuelto a percibir nada ninguna muestra de interés más.. ¿Y si todo fue obra se su alocada imaginación?
Estaba... enfermo, y esa enfermedad estaba creando una pared invisible entre los dos, ya no podía sentirse a gusto para nada, no le gustaba eso.
Tenía que acabar con esa incomodidad.
Cuando Edward terminó, se disculpó con una mano en la cabeza, a apunto de salir del baño Alphonse lo detuvo.
— Ed, el agua está muy buena ¿quieres entrar? — La cara de Ed era un poema ante aquella invitación.
Lo dos apenas entraban en la pequeña bañera, tuvieron que encajar las piernas sueltas lo que resultó un momento más divertido de lo que creía. Edward suspiró ante la calidez del agua apoyándose en uno de los bordes de cerámica guardando silencio por un buen rato donde los ojos de Al no podía desprenderse del cuerpo de otro, maravillado... si Ed lo notó, fingió no darse cuenta.
— Me sorprendió que me pidieras esto, Al.
— Bueno... me dio algo de nostalgia ¿no te parece raro?
— Para nada, antes hacíamos esto todo el tiempo.
— Sí, pero antes podíamos chapotear en la bañera. — Alphonse se rio cerrando plácidamente sus ojos mientras dejaba deslizar poco a poco una de sus piernas que se rozaba con la piel del otro. Era muy cálido, ese sentimiento... quería atesorarlo para siempre. — "Ojalá... nunca le hubiese pedido que se masturbase aquel día" — Pensó. Si no fuera por eso, ahora podrían ser unos hermanos más unidos y... normales.
Honestamente, habían días en los que aún, se sentía dentro de aquella armadura. Abrió lo ojos, el cuerpo adulto de Edward era espectacular, había sido pocas las ocasiones donde había podido admirarlo por completo, quizás porque secretamente lo evitaba. Los músculos le sentaba tan bien, tenía unas piernas perfectas, y cabello largo lo hacía ver el doble de masculino. — Ed ¿hasta cuando piensas dejarte crecer el cabello? — Él se tomó un mechón reparando en aquello.
— ¿Está muy largo? — Dijo inocente, Al sonrió sintiéndose cálido.
— Ven, voy labartelo. — Ed le dio la la espalda y pronto comenzó a enjabonarlo con champú. Era tan suave, pensándolo bien, era la primera vez que lo tocaba de esa manera desde que recuperó su cuerpo, siempre creyó que lo abrazaría lleno de alegría hasta dejarlo sin aire, era lo que más deseaba antes incluso de probar un pastel de manzana y otras recetas deliciosas que tenía apuntado en la lista.
Quería sentir... aún más el calor de Edward. Hacer un desastre con su cuerpo.
Cuando terminó con el champú, sujetó la manguera regulando un poco el agua. — Levanta la cabeza y cierra los ojos, voy a enguajarte. — Así hizo, Alphonse aprevechó para memorizar cada parte de su rostro más adulto, las cejas abundantes, la nariz puntiaguda pero de un tamaño perfecto, las pestañas largas, los labios acolchonados semi abiertos. — "Edward... nunca me equivoqué, eres tan atractivo. Puedes tener en tus brazos cualquier chica que desees."
O cualquier hombre... como Roy Mustang.
Con la regadera a un lado le empezó a echar agua tibia mientras que con la otra masajeaba el cuero cabelludo, esto provocó varios suspiros en el mayor. — Oh... eso se siente tan agradable...
Alphonse sintió un calambre en su miembro.
Mierda, lo había estado llevando tan bien ¿por qué ahora? Son todos sus pensamientos sucios.
— Mmh... — Volvió a gemir cuando rozó accidentalmente su oreja.
— "Oh, Edward... no..."
Eso le pasaba por no corresponder a su miembro cuando estaba a solas, pero las últimas veces que se había corrido pensando en su hermano se sentía asqueroso durante varios días.
— Nh...
Las manos de Al se escaparon de su pelo y fueron a parar sus hombros, los músculos suaves y tibios, fuertes, secando más suspiros, contorneó con cuidado toda su silueta, las cicatrices y volvió ha hacer el mismo recorrido hacia arriba, regresando a la cascada de cabello rubio y tironeó suavemente aún más hacia abajo generando que la cabeza de Ed se fuera hacia atrás. Fue entonces cuando Edward abrió sus ojos encontrándose con la mirada apasionada de su hermano menor inclinado sobre él y tomó un pequeño impulso hasta unir sus bocas.
Fue un beso casto.
El único que hizo un movimiento de presión fue Ed sin recibir respuesta, lo soltó haciendo un poco de ventosa, un sonido más haciendo eco en ese desgastado baño. Alphonse estaba pletórico, no se movió ni un centímetro. Su expresión era totalmente de asombro y Edward lo supo. Su comportamiento estaba fuera de lugar y este... frunció las cejas chasqueando la lengua.
— ¿Quién es el idiota ahora? — Fue su turno de echarle en cara. Se levantó de la tina y salió cogiendo una toalla para envolverse en ella. Estaba sumamente cabreado de la ingenuidad de su hermano menor.
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Notas finales: Me demoré un poco más de lo que creí, sorry, pero el capítulo algo larguito así que espero que les guste. Esta vez fue bastante más fluffy pero sin olvidar la tensión sexual ¿eso que veo son celos, señor Alphonse? (Risas malvadas)
Bueno, desde luego quien tiene las ideas más claras es Edward.
¡Gracias por comentarios! Nos vemos en el siguiente cap ¡chao!
