Solo me queda decirles que disfruten y comenten, que ya saben que es bien recibido.

Capitulo 23 Esto es guerra y te voy a provocar.

El cielo oscurecido por la ausencia de sol y la luna, ensombrecía por completo a la tierra, donde el frio y el viento recorrían cada parte de esta en silencio, ya estaba bien entrada la noche y en el santuario las veladoras y candelabros permanecían encendidas en el salón principal retando al impetuoso viento de aquella gélida noche a que apagase su flama, algo extremadamente raro en Grecia y que no auguraba nada bueno en aquel crepúsculo.

Reunidos en el templo patriarcal, que estaba tenuemente iluminado desde el atardecer cuando la alarma de una presencia oscura y con un gran cosmos inundo el santuario, a la cual los santos de bronce y el caballero dorado de leo habían enfrentado, sin embargo de aquel encuentro solo los santos divinos habían vuelto alarmados y con profundas heridas frente a la presencia del patriarca, quien dio la alarma al instante convocando a los únicos santos dorados residentes en los doce templos a una reunión urgente, pero a pesar de ello no había nada que ofrecer pues a pesar de detectar el cosmos de Aioria latente y enfurecido, no podían ubicarle y por ende la ayuda jamás llegaría.

Mu, Kanon, Camus y Afrodita estaban dispersos en la sala patriarcal totalmente en silencio, sus labios parecían blindados y sus cosmos evocados a rastrear a su compañero, pues el enemigo era tremendamente poderoso y a pesar de que Aioria también lo era, Cronos ya había asesinado al antiguo maestro de libra y temían que su único pensamiento funesto tan solo fuese una equivocación.

Shion contemplo a Mu que permanecía de pie en medio de la sala, tenía el semblante ligeramente ceñido y sus ojos estaban fijos en la gran puerta de roble, como si esperase ver entrar a Aioria por esa puerta en cualquier momento; Kanon se había sentado en el suelo, su espalda estaba recargada contra una de las pilastras y sus orbes verdes estaban clavadas en el suelo, pero logro atisbar que el gemelo menor, estaba analizando y reflexionando cualquier posibilidad para encontrar al guardián de leo y cada cierto tiempo le veía negar o cerrar sus puños con frustración. Afrodita y Camus permanecían de pie uno al lado del otro, alejados de todos, como si aquello les aclarase la mente. Afrodita había palidecido tremendamente y desde que recibió la noticia por sus propios labios, los ojos del sueco no ocultaban el nerviosismo y el recelo que sentía por aquello. Camus se mantenía duro e impasible, pero su cosmos se elevaba para buscar el de Aioria cada cierto tiempo, lo que demostraba en cierta forma que el caballero de Acuario estaba preocupado por el paradero de leo.

Pero a pesar del silencio de los dorados, los santos divinos se negaban a permanecer en silencio y la única forma de calmarlos fue diciéndoles que a pesar de lo que hiciesen Cronos estaba bloqueando el cosmos de Aioria lo que provocaba que fuese imposible rastrearlo. Shiryu se mantenía en silencio sumido en sus pensamientos, pues se daba cuenta que aquella guerra iba más allá de lo que hubiesen enfrentado en el pasado. Hyoga por su parte se mantenía a una distancia prudencial de su maestro, sin embargo compartía la consternación del momento y el dolor por el que seguramente estaban pasando los dorados.

Ikki hacia un buen rato que había abandonado la sala patriarcal y su figura se perdió en la oscuridad, su ideología era muy diferente a la de todos ellos, no estaba acostumbrado al protocolo ni a seguir ordenes, él simplemente no podía quedarse a esperar que lo peor ocurriese, tenía que hacer algo, lo que fuese, aún cuando el resultado fuese el mismo.

-Patriarca ¿No hay forma de poder rastrearlo? Si usáramos mis cadenas tal vez… - Todos salieron de sus pensamientos y giraron el rostro hacia el peli verde que había aportado una opción que elevo un poco las esperanzas de todos, sin embargo tanto Afrodita como Mu negaron al mismo tiempo y Shion solo cerró los ojos con pesimismo.

-Lamentablemente Cronos impedirá que rastremos su cosmos como el de Aioria. – Avanzo por la sala, ocultando la desesperación que sentía en ese momento, cada paso en aquella batalla, fallaba tremendamente, llevando consigo la vida o la salud de un santo dorado.

-Gran patriarca. – Hablo Afrodita acercándose hacia él, pero a pesar de la seguridad de sus primeras palabras lo siguiente a penas fue un susurro. - ¿Nuestra diosa lo sabe?

-Ella está al tanto de la situación… - El cosmos de Aioria se elevo al infinito, al grado que cualquier santo dorado sabía lo que seguía, pero al llegar hasta ese nivel representaba un gran sacrificio no tanto físicamente si no también emocional, pues implicaba el sacrificio total y Aioria había llegado a comprenderlo de nuevo. Su energía vital rugía en intensidad; todos intercambiaron una mirada llena de preocupación pues a un alza como esa solo continuaban dos situaciones; la victoria o la muerte.

Nadie dijo una palabra en la sala, pareciese que todos se habían tensado y los santos divinos notaron aquello, todos estaban nerviosos, sus miradas los delataban esperando el resultado de aquella batalla que libraba solo el quinto guardián.

-Está dispuesto a dar todo de sí mismo… - La afirmación de Kanon, regreso al resto de los dorados ahí presentes a la situación actual, ya que cada uno de ellos solo pensaban que una elevación de energía de esa magnitud significaba el acto heroico más valeroso de su vida, aquel donde su entrenamiento como santos dorados llegaba al clímax, no importaba si ganaban o perdían, el hecho era lanzar en un solo ataque su alma y cosmos juntos, mostrando el valor y el sacrificio de aquella batalla. Estaban acostumbrados a ello, así se les había educado desde la niñez, era un honor ser un guerrero y lo era aun más luchar hasta el final en el campo de batalla.

Y justo en ese preciso momento, las puertas del salón patriarcal se azotaron con fuerza mostrando la delicada silueta de Marín, que se mantuvo debajo del arco de la entrada, sus ojos mieles estaban enrojecidos y sus mejillas y nariz estaban pintadas de un ligero tono rosado que contrastaba con la palidez de la amazona, sin embargo los santos de bronce desviaron la mirada que la amazona les exigió y los dorados la observaron con un gran pesar. Shion fue el único que avanzo hasta ella y tomo su mano delicadamente apretándola con comprensión.

En ese momento así como se había disparado el cosmos de Aioria descendió de golpe abriendo paso a sus peores temores, el cosmos de Cronos se hizo perceptible en el monte Parnaso, aquel funesto lugar para ellos.

-Vamos Mu. – Le animo Afrodita a ir a aquel lugar, sin embargo el patriarca alzo su mano y les detuvo, mientras sacudía su cabeza en negación.

– Ya es muy tarde las estrellas de leo se han apagado –Shion elevo sus ojos melancólicos hacia el manto celestial y vio titilar la última estrella perteneciente a la constelación del quinto guardián. - Aioria de leo ha muerto.

Marín retrocedió mordiéndose el labio y apretó sus ojos con fuerzas intentando frenar las lágrimas, que sin embargo abandonaron sus ojos en dos torrentes del más profundo dolor, sintió como si su corazón se parase y todo al lado de ella se detuviera, alzo sus ojos al cielo para comprobar las palabras dichas por el patriarca y cuando alzo su vista, todo su cuerpo tembló bruscamente, aquella noche las estrellas surcaban el cielo, como si estas descendieran a la tierra en un funesta marcha mientras aquellos haces incandescentes pertenecientes a la constelación de Leo se apagaron.

No pudo resistir más la mirada de apoyo del patriarca, ni la incomodidad que su presencia causaba en el resto de los dorados, a esas alturas todos sabían de la relación que Aioria tenía con ella, por lo que retrocedió unos pasos sin darle la espalda a Shion y cuando su talón sintió el pequeño descenso de las escaleras hacia Piscis, se giro bruscamente y se alejo corriendo de aquel lugar, necesitaba estar sola, para darse cuenta que una vez más la vida, le había arrebatado al único hombre que amaba.

-¡Maldición! – Seiya empuño su mano la cual temblaba frente a él con una ira contenida. - ¡No pudimos hacer nada! – El japonés golpeo la pared a su lado, resquebrajándola y provocando un profundo hoyo en esta, la mano de Shun se poso en su hombro y cuando le miro de reojo le vio negar y apuntar con su barbilla a los santos de oro.

Todos y cada uno de ellos, sobrellevaba la muerte de Aioria como podía, pero si esto era doloroso ninguno de ellos se imaginaba explicándoselo a Aioros quien seguramente no percibió que el cosmos de su hermano desapareció por encontrarse en Yomotsu, aquella noticia desgarraría el alma del santo de Sagitario.

Shion regreso su mirada violácea hacia el cielo y a la lejanía visualizo un halo dorado que regresaba hacia el santuario, iluminando todo el firmamento con su resplandor, atravesó los pueblos y las barracas de los guardias y subió por el camino de los doce templos del zodiaco deteniéndose en leo, significado que la armadura del quinto guardián volvía a casa, pero aquel haz luminoso indicaba el penoso camino que tuvo que hacer para volver hacia su diosa, por el deseo ferviente de protección y lealtad de Aioria hacia Athena.

-El próximo titán que aparezca le enfrentaran en parejas, mínimo debe haber dos santos dorados presentes, desde que Cronos y sus hermanos obtuvieron sus poderes, nuestra fuerza ha sido sobrepasada. ¿Entendido? – Shion enfrento su dura mirada con cada dorado frente a él que asintieron sin chistar, pero observo en sus ojos un sentimiento muy diferente, en ellos únicamente el deseo de una profunda venganza y el dolor que enrojecía sus orbes.

Hermes iba frente a él, caminando en silencio sin ni siquiera mirarle, parecía que el pelirrojo prestaba toda su atención al camino que sin duda era un completo laberinto y por ello era que el dios mensajero era el único que conocía la forma de entrar y salir del inframundo sin morir, pero a medida que avanzaban por esos pasillos largos distorsionados que le hacían sentir mareado y que muchas veces se encontraban cerrados, a él solo le invadía una sensación de angustia la cual aumentaba cada vez más a medida que se adentraban a ese lugar.

-¿Falta mucho? – Su pregunta resonó por todo el lugar como si la hubiese gritado, lo que le hizo sonreír de medio lado. – Sabes tengo que volver con mis compañeros. – Soltó, mientras torcía los labios en una mueca curiosa al ver sus preguntar ignoradas por el dios, que ni siquiera se limito a verlo de reojo. – Oye te estoy ha… - Hermes levanto una de sus manos indicándole que guardara silencio y se acercara a él.

-Santo, esto no es normal… - Milo estuvo a punto de preguntar ¿Qué no era normal? Cuando Hermes señalo hacia el suelo por delante de ellos, donde un enorme charco de sangre se esparcía formando un hilito de aquel liquido escarlata por donde posiblemente se arrastro aquel desgraciado. – Esta dimensión no es un camino al inframundo es un eje paralelo a la dimensión de los dioses, de los cuales yo soy el único que ha reparado en esta vía.

-¿Y qué? – Milo rodo los ojos con indiferencia y se puso a lanzar al aire la cura de Shura, para volverla a atrapar una y otra vez para poder distraerse, pero la forma recelosa de Hermes le hacía dudar de la seguridad de aquella ruta. - ¿Quién más podría usarla?

-Yo. – La voz tras ellos hizo que un escalofrió recorriese la espalda de ambos, que se giraron lentamente para contemplar aquellos centellantes ojos rojos que les miraba con una terrible violencia y orgullo. Sus cabello era corto, de un color azul celeste de forma puntiaguda y que resaltaba aquella dura mirada que les traspasaba hasta el alma, como si aquella mirada afilada fuese la misma hoja de un bisel.

-Crio. – Acertó a decir Hermes estupefacto por primera vez, paso al lado de Milo y se situó frente al de cabellos celestes.

-No esperabas verme en este lugar. – Acoto. – En tu débil mente como dios, jamás te preguntaste quien creó estas dimensiones, quien pudo hacer un profundo corte en las líneas del tiempo y del espacio, para poder separar la superdimension de los dioses y crear otras rutas alternas entre la tierra, el Olimpo y el inframundo. – Crio avanzo lentamente y en su brazo derecho se materializo una espada de color morado, que brillo rodeada de un cosmos rojizo.

-No puede ser posible, era cierto, los titanes crearon estos caminos en la era de la titanomaquia para atacar al Olimpo. – El griego lo había leído hacía mucho tiempo en la biblioteca a la que usualmente acompañaba a Camus y en la que una tarde de verano el francés le tendió ese libro.

-Bravo. – Crío aplaudió fríamente y le prestó atención por primera vez al escorpión dorado, observándolo con superioridad. – Para ser un humano me impresiona tu conocimiento en algo que tu ilimitada existencia no debería permitirte conocer.

-¿Así que tú has creado este lugar? – Los ojos de Hermes buscaron a los zafiros de Milo para indicar que se largara de aquel lugar, de otra forma Crio podría destruir la única cura que existía para salvar al santo de capricornio.

-No te voy a dejar solo. – Le respondió alterado, pues el hecho de que le pidieran que se largaba afectaba profundamente su orgullo, pero Hermes le empujo hacia atrás y le señalo el camino por el cual debía continuar.

-¡Lárgate santo! ¡Es tu única oportunidad tienes… -

-¿Y qué les hace creer que les dejare marcharse? – Crio blandió aquella potente espada que creó una ráfaga de viento filoso que obligo a Milo y Hermes a brincar hacia atrás, pues todo lo que toco aquel aire se partió en dos. – Ambos van a morir, quiero ver su sangre correr por el filo de mi espada.

Y sin esperar más Crio desapareció frente a ellos, lo que puso a ambos en alerta, para cuando volvió a aparecer lo hizo frente a Hermes al cual tomo desprevenido, el de ojos rojos se agacho y pateo la barbilla del dios el cual cayó pesadamente al suelo levantando trozos gigantescos de tierra y piedra. Milo lanzo varias agujas escarlatas pero el titán desapareció de nuevo y cuando se materializo de nuevo tomo al santo de escorpión del cuello y le estrello contra el suelo, causando un enorme cráter.

-Voy a vengarme de la humillación que me causaron a mí y a mis hermanos en la titanomaquia, nosotros somos el linaje divino y por ende quienes deben gobernar el universo. – Crio alzo su puño y lo lanzo contra el rostro de Milo, pero solo encontró la palma del santo que detuvo su ataque, apretando fuertemente sus nudillos. – Tú ni siquiera eres un rival para mi santo.

Hermes que se tambaleo hacia adelante y atrás al pararse, observo el lugar donde Milo había caído y vio una explosión de energía negra que golpeo directamente al santo, la niebla se disperso y no pudo contemplar nada más, pero apenas dio dos pasos y un haz brilloso salió de aquella oscuridad partiendo todo a la mitad, se lanzo hacia un lado y dejo pasar aquel resplandor carmesí que destrozo una parte del techo de aquella dimensión mostrándole a Hermes una abertura entre el espacio intradimensional de aquella dimensión con la tierra, aquel lugar sin duda debía ser la cascada Raysko Praskalo llamada de aquella forma porque desprendía un roció al impactar su agua con las piedras al cual se le consideraba divino, aquella era la única salida no para él si no para el santo de escorpión.

-Crio. – Llamo al titán para provocarle. – Saben bien que el único lugar de todo el universo destinado para ustedes es el tártaro, siempre vuelven a caer ahí y esta vez no será la excepción, tal vez manos divinas no les encierren esta vez, pero los cosmos que se igualen a los de un dios podrán lanzarlos eternamente a ese lugar y una vez más humillarlos. –Crio reacciono al instante arrogándose contra Hermes que logro esta vez esquivar el golpe del titán al verlo pasar al lado de él le dedico tremenda patada a la espalda del dios, que lo tumbo de bruces al suelo.

Intuyo que algo como aquello haría cabrear al titán pero necesitaba ganar tiempo para poder acercarse al octavo guardián que recién se incorporaba del suelo, observo que el santo de escorpio tenia algunos raspones en el rostro y una herida en su costado izquierdo la cual supuraba sangre en grandes cantidades, pero sonrió al ver que a pesar de aquellos fuertes impactos que había recibido se las ingenio para evitar que se rompiera la cura.

Crio destrozo con su cosmos todos los escombros a su alrededor y utilizo su espada que rompió el suelo en dos en dirección al dios pero un destello rojizo logro detener aquel embate a escasos centímetros de él.

-Estoy cansado de todos los titanes. – Milo elevo el aguijón rojizo de su mano derecha que destello en su punta en un tono carmesí y miro socarronamente a Hermes.

-¿Y crees santo que podrás detenerme? Cuando el santo de libra ni siquiera logro herirnos. – El veneno de aquellas palabras mostro el cinismo del que eran portadores los titanes, no solo causaban dolor a su paso si no que también se burlaban y regocijaban del daño que provocaban. – Cayo fulminado por la técnica de Cronos, aun recuerdo como se arrodillo frente a nosotros… - Crio pasó sus dedos por el filo de su espada, mientras sus ojos rojos se clavaban en el santo. – Su diosa le abandono y sus hermanos de orden le dejaron a la deriva…

-¡Cállate! ¡Aguja escarlata! – El aguijón rojizo destello con furia como si arrogase fuego, desprendiéndose de ella tres haces carmesí que recorrieron la distancia entre Crio y ellos, pero el titán fácilmente les esquivo. -¡Maldición! – Gruño enfurecido.

-Milo. – Hermes le detuvo del brazo y meneo la cabeza en negación. – Esta no es tu pelea, no hoy. – Sus ojos encontraron a los del dios mensajero y vio sinceridad en estos y una sabiduría de la que él no creyó capaz de tener al dios de los mentirosos. – Preservar una vida, vale más que la venganza por una muerte. Por libra no puedes hacer nada, pero la situación de capricornio es diferente; puedes salvarle.

Hermes poso su mano en el costado izquierdo de Milo y elevo su cosmos rojizo el cual recorrió el trayecto de todo su brazo hasta la herida del octavo guardián cerrándola por completo. Milo le observo anonadado, nunca creyó que otro dios a parte de Athena se preocupase por ellos, siempre les imagino ególatras y inhumanos.

-Hermes… -

-Ya no hay tiempo Milo, me hubiese gustado conocerte en un ambiente más relajado. – Admitió el dios con una sonrisa chancera que el escorpión compartió con él. – Espero que en el futuro podamos hacerlo. – Y sin decirle más cambio rápidamente su mano del costado del escorpión hacia su brazo izquierdo, el cual tomo con fuerza, tiro del escorpión haciéndolo girar y le lanzo hacia aquel vórtice intradimensional.

Cuando vio a Milo cruzar aquella abertura regreso su vista a Crio que estaba a escasos centímetros de él, por lo que no pudo escapar al filo de la espada del titán, la cual se incrusto en su pecho, sintió como la carne abrió paso a aquel frio metal y el cual fue seguido por una sensación de calidez, proveniente del calor de su sangre, Crio le empujo de una patada en el hombro al suelo y apoyo el peso de su cuerpo sobre su espada, lo cual provoco que el filo bajara lentamente por las estructuras de su cuerpo.

Como dios jamás había sentido dolor, propiamente físico, estaba predestinado a jamás sufrir y aun en las peores situaciones que enfrento, el don otorgado por Zeus desde su juventud le había servido; la velocidad siempre había sido su arma tanto defensiva mientras su ingenio era el arma predilecta para un ofensiva exitosa, pero en aquella ocasión su velocidad se había visto superada por la del titán y su ingenio lo utilizo para salvar al santo de Athena.

-Deberías gritar. – Sugirió el peliazul observando como el vórtice por donde Milo había salido comenzaba a cerrarse y vio la sonrisa que Hermes dibujo ante esto.

-¿Gritar? – Hermes expreso una ligera curvatura en sus labios de los cuales emanaba un ligero hilito de sangre que corría hasta su mentón. – Los únicos que gritaran serán ustedes cuando les encierren en el tártaro de nuevo.

-Mala respuesta. – Crio giro lentamente su espada dentro del cuerpo del dios, el cual expreso una mueca de dolor pero sus labios permanecieron blindados. La espada viro despacio y comenzó a arrancar los tejidos del dios, ampliando la herida y provocando un dolor indescriptible, Crio apoyo su pie sobre el tórax de Hermes y le presiono para que al dios le costase trabajo respirar. - ¿Te crees más listo que nosotros?

-Interferí con tus planes, de esa forma no nos mataras a los dos. – Hermes tomo la espada con su mano, provocando cortes en su palma, al tiempo que la presionaba para alejarla de su pecho, pero Crio la retiro voluntariamente y se alejo unos pasos de él dándole la espalda y un falso respiro.

-El ingenuo has sido tú, ¿Acaso creías que esa brecha intradimensional se abrió porque si y que yo vendría hasta este lugar solo? – Aquellos ojos rojos como dos brazas encendidas le miraron fríamente y con una maldad que le sorprendió y le mostro su error, aquel vórtice Crio le había creado a propósito anticipando que él salvaría al santo de Athena. – Te has equivocado Hermes, tu eres quien dirigió al santo a su muerte, creíste salvarle pero solo le has condenado.

Hermes rodo boca abajo y estiro sus brazos para ayudarse a levantarse, se apoyo en una roca que estaba a su lado y se volteo lentamente hacia Crio que le miraba con una sonrisa sádica en su rostro.

-Mueres por saber a dónde le has enviado ¿Eh? Pero como hoy estoy bondadoso te lo diré antes de matarte. – Crio rodeo su espada con su cosmos azafranado y provo con su pulgar el filo de aquella arma mortal, provocándose un corte en el dedo. – Ese lugar era Bulgaria, al sur de Grecia y el lugar donde Ares, el dios de la guerra le esperaba.

Hermes quedo impactado, la sonrisa en sus labios se borro, su rostro solo reflejo la equivocación que había cometido y todas las esperanzas que había acumulado se desvanecieron, sus brazos temblaron a causa de la impotencia y sus piernas se flexionaron cayendo pesadamente de rodillas en el suelo, su mente procesaba rápidamente alguna forma de enmendar su error pero él lo sabía, para Milo ya no había salida. Era verdad lo que se decía de Crio era un desalmado y la violencia con la que se manejaba era incomparable a la de algún dios, incluso Ares mostraba más benevolencia hacia los humanos.

-No te preocupes tú y ese santo se verán las caras pronto. – Crio blandió su espada creada de Oricalco, aquel metal divino que sobrepasaba en dureza, filo y flexiblilidad a cualquier metal en el mundo, aquella solidez y resistencia inmejorables que podían provocar un daño mortal incluso a un dios, un arma comparable al Keraunos de Ceo, la espada de Oricalco no tenia absolutamente nada que envidiarle.

Crio giro sobre su propio eje con el fin de tomar vuelo y clavo su espada justo en el tórax izquierdo de Hermes que se encontraba arrodillado frente a él, su rostro antes de mostrar dolor reflejaba una enorme desesperanza e incertidumbre hacia el futuro. ¿Acaso era imposible que los titanes volviesen a ser encerrados en el tártaro? Su sangre resbalo por su pecho manchando sus ropas divinas, agacho lentamente el rostro hacia su herida mientras Crio clavaba y giraba el arma en su interior provocándole un dolor punzante y ardoroso.

-Son tan insignificantes y débiles. – Crio retiro su espada rápidamente e introdujo su mano dentro del pecho de Hermes con la intensión de destrozar el corazón del dios con sus propias manos y cuando sintió a través de la carne del dios, el palpitar de su corazón. El dios de los ladrones alzo el rostro y detuvo su mano por la muñeca.

-Ser humilde requiere más fuerza que la simple arrogancia. – Hermes uso la fuerza de su mano y retiro la mano del titán de su pecho, le oprimió de tal forma que sus dedos quedaron marcados en la piel de titán que frunció el ceño ante aquel último esfuerzo del dios. – La diferencia entre los titanes y los dioses radica en que nosotros siempre podemos ser más humanos.

-¿Y a caso eso supone un privilegio? – Crio zafo su mano del agarre con brusquedad y retrocedió molesto.

-No, es una ventaja. – Hermes se paro por última vez, haciendo acopio de las fuerzas que le quedaban, estando frente a frente con el titán que le miraba enfurecido, avanzo a la velocidad de la luz hasta él, esquivo la estocada y doblo con fuerza la mano del titán hasta que la escucho crujir lo que hizo la espada caer al suelo, golpeo con su puño la garganta de Crio que se replegó ante el golpe en busca de aire y le tomo por el rostro impulsando su cuerpo hasta el suelo tumbándolo de espaldas y arrastrándolo por todo el terreno, hasta que le estrello por completo contra un muro que sucumbió ante el impacto enterrando al titán, contemplo la columna de tierra que se elevo y la densa nube de polvo que se levanto en el más pulcro silencio, no le quedaba que decir ni que hacer, cayó de rodillas y se llevo la mano al pecho que se mancho con su sangre y la cual fue rodeada por su esencia rojiza que escapaba de su cuerpo para ser sellada en el Olimpo, el hogar que se había transformado en la prisión de los dioses.

En cuanto Shion les indico que podían retirarse del salón patriarcal salió disparado hacia el templo de Géminis sin esperar a sus compañeros dorados de los cuales sintió como clavaban su mirada en su espalda mientras descendía a toda prisa las escaleras hacia Piscis, no tenia ánimos de hablar con nadie, ni siquiera quería pensar en el tema de la muerte de Aioria porque ella le recordaba a la muerte de Dokho.

Sus pisadas resonaron por el doceavo templo el cual alcanzo en unos cuantos minutos, le cruzo apresuradamente sin ni siquiera pedirle permiso a Afrodita para hacerlo y al no escuchar reclamación por este le atravesó sin chistar. A pesar de tener la segunda armadura de géminis no lograba sentirse parte de la orden dorada y no era porque sus compañeros no le aceptasen si no porque el mismo no terminaba de aceptarse como un santo dorado. No después de todo lo que había pasado…

Para cuando el abandono el santuario, la división entre la orden y él ya había sido marcada por sus propias acciones, de hecho no podía recordar que ninguno de los doce santos dorados alguna vez le hubiese rechazo, al contrario Saga y Aioros le tomaban como un igual y el resto de los santos dorados como un superior, un líder más a pesar de Sagitario y Géminis, pero él conocía su destino, sabía que jamás llegaría a ser algo en el santuario y ello le afecto al grado que se volvió un déspota de lo peor, tal como Arles había esperado por años, se transformo en el segundo de géminis y la parte oscura del tercer templo.

Cuando Shion decidió que escogería entre Aioros y Saga para su sucesión, fue un golpe aun más duro, pues se sintió desplazado por aquel a quien considero un padre y entonces decidió que nada en ese lugar valía la pena. Entonces comenzó a provocar a Saga y hacer cabrear a Aioros hasta llevarlos a ambos al límite, primero inicio a meter sisaña en Saga y luego busco los errores que Aioros y Shion cometían para hacérselo notar a su hermano y luego vino la idea de apoderarse del santuario lo que lo llevo a ser encerrado en Cabo Sunion.

Alzo la vista y contemplo la entrada a capricornio, que se encontraba sumido en la más profunda oscuridad, cuando entro sintió el inmenso frio de aquella casa y sus recuerdos volvieron; como un tornado que le envolvió, rememoro las frías y turbulentas aguas salinas que estuvieron a punto de ahogarlo noche tras noche si no hubiese sido por el cosmos de Athena que en aquel entonces creyó que pertenecía a Poseidón y todo ello porque encontró la cámara donde su diosa había encerrado al dios marino.

La avaricia y el poder continuaron cejándolo y se dejo llevar por los deseo de portar el mismo honor que Saga y Aioros llegaron a poseer en el santuario y del que él tenía pero del que no se dio cuenta. Deseaba ser un líder, tan capaz de guiar a un ejército y fue cuando comenzó a reclutar a los generales marinos del emperador de los mares.

Hizo creer al mundo que el mar se lo había tragado cuando era aquel manto azul el que le sirvió de protección por años mientras sus planes tomaban fuerza, desde el fondo del mar percibió la maldad que se apodero de Saga y sintió la muerte de Shion y Aioros. De vez en cuando subía a Cabo Sunion donde por la noche contemplaba a las lejanías las luces de las doce casas y del santuario y antes de causarle melancolía incrementaba su odio hacia todos.

Entreno a cada general marino de acuerdo a las habilidades que poseía e incluso ayudo en su entrenamiento a un aprendiz de un santo dorado que Poseidón salvo. Para cuando todo estaba preparado y antes de dar su golpe final, Athena regreso al santuario en compañía de los santos de bronce desatando la batalla de las doce casas y poniendo final a la vida de 5 santos dorados entre ellos su gemelo.

Cuando Saga murió fue la única vez que se replanteo sus planes, pues aquel de quien quería vengarse ya no estaba, pero la avaricia le impulso a continuar y instruyo al alma joven Poseidón a poseer a Hilda de Polaris y desatar la batalla en el fondo submarino de la cual aprendió que aquella vida llena de planes exactos y premeditados solo habían sido errores cejados por el odio y la represión.

-Kanon. – La voz de Shion resonó vía cosmos en su mente. – No salgas de los doce templos.

-Patriarca necesito pensar. – Contesto de mala manera mientras comenzaba a bajar las escaleras de géminis a tauro. – No puedo estar en los doce templos ahora, no en este momento.

-En ese caso ve con cuidado y si llegase a pasar algo no quiero que vayas a la ligera Kanon. –

-Entiendo. – Respiro aliviado y continuo con su camino. Sus recuerdos volvían rápidamente a su mente, casi asfixiándolo y saturando sus pensamientos, no supo en qué momento ya no caminaba si no que corría a toda velocidad para intentar dejar todo atrás.

Si Athena no hubiese elevado su cosmos frente a Poseidón jamás el hubiera reparado en el terrible error, reconoció en aquella niña el cosmos que muchas noches le acompaño y salvo en Cabo Sunion y contemplo que enfrento a dos dioses y dos órdenes por el simple deseo de poder y que la muerte de los generales marinos debía pesar en su conciencia al igual de que Ares hubiese poseído por completo a su gemelo y afectado al santuario.

La clemencia de Athena le mostro que no había error que no pudiese ser perdonado y aun en la guerra santa se negó a usar en su primera etapa la armadura de géminis con miedo a que le rechazase y fue por ello que la manipulo desde lejos, pero cuando Saga y los otros chocaron ambas exclamaciones de Athena y la misma diosa se quito la vida frente a sus ojos, supo que estaba listo para usar géminis y la porto por primera vez con orgullo.

El ver al santuario en aquella decadencia le hizo darse cuenta de lo cerca que Saga y principalmente él estuvieron a punto de provocar. Uno por ser manipulado por un dios y otro por manipular a uno, esa era la grande diferencia de su error y el de Saga quien cedió ante Ares y él que se sublevo a la fuerza del emperador de los mares.

La oscuridad a la que estaban sumidos aquella noche comenzaba a franquear a causa de los primeros rayos solares que se alzaban en el horizonte, sus pisadas se hundieron en la arena y detuvo poco a poco sus pasos acelerados, sus ojos esmeraldas miraron el infinito manto de agua frente a él, que se mantenía en un ir y venir eternos, proporcionando un arrullo tranquilizador a sus oídos. El oleaje de Cabo Sunion retrocedía paulatinamente junto a su marea y mostraba en las arenas que abandonaba en su rápida huida algunos caracoles y restos de corales. Su cabello peliazul ondeo junto a la cálida brisa marina y aquella incertidumbre provocada por si mismo comenzó a dispersarse, cerró los ojos y se dejo guiar por los suaves murmullos del agua, el impetuoso romper de las olas y el cálido resonar de su espuma blanquecina.

Inspiro profundamente aquel olor salado y pensó en lo mucho que Dokho le enseño en su corto trayecto hacia el infierno y en ese momento se dio cuenta que Shion siempre tuvo razón, si él hubiese visitado al antiguo maestro en su juventud como el patriarca le recomendó, aquella enorme tragedia jamás se hubiese desatado. Pues el maestro de los cinco picos conocía de sobra la importancia del segundo gemelo de géminis la cual le relato en su trayecto hacia las fauces del inframundo. Y era por ello que la muerte del santo de libra le afecto tanto pues, Dokho era lo único que lo unía a la orden.

-Buenos días Kanon. – La voz aguda de una mujer hablo a sus espaldas, sin embargo no falto girarse para saber de quién se trataba, no respondió al saludo por recelo pero le dedico una mirada llena de atención a la recién llegada que se coloco a su lado.

Los ojos azules de la deidad estaban fijos en el mar, su cabello peli verde estaba atado en una coleta alta que caía por su hombro izquierdo y su tez blanquecina parecía marfilada por los primeros rayos solares que bañaban su rostro como si este tuviera un brillo especial, para su sorpresa la deidad llevaba un vestido corto blanco que le llegaba hasta la altura de la pantorrilla por la cual pudo ver que la deidad se encontraba descalza jugando con sus dedos con la arena y sus sandalias habían sido abandonas sobre una roca y aquella actitud le recordó a las muchas veces que vio a la emperatriz en el fondo submarino, pues ella siempre había mostrado una actitud jovial y alegre.

-Lamento mucho la muerte del santo de leo. – La emperatriz del mar avanzo con calma hasta la orilla de la playa donde el mar pintaba la arena, dejo que el agua le llegase hasta el tobillo y se volvió a mirarlo. – El mar es tan hermoso ¿No lo crees? Es tan bifásico; es tranquilizador y puede despertar el amor en las personas, pero al mismo tiempo se torna amenazante y destructor. Tal vez por ello te atrae, al igual que a mí y a Poseidón.

La observo por unos segundos ensimismado, intentando encontrar el motivo por el cual la emperatriz le había seguido hasta aquel lugar, pero cada vez que sus ojos se encontraban, ella le miraba tan fijamente que le consternaba su forma incesante de verlo.

-Sabes bien que no es solo una visita a lo que vengo, así que no te esfuerces en sacármelo viéndome de esa forma. – Anfitrite se acerco hasta quedar a unos pasos frente a él y le sonrió. –Puedo hacerte una pregunta.

-Sí. – Hablo por primera vez, viendo que esto provoco una sonrisa en la deidad.

-¿Por qué no estás con el resto de los santos dorados? ¿Acaso no son tus compañeros? – Anfitrite le miro rápidamente, para descubrir cualquier alteración en su semblante sin embargo no le encontró, por lo que volvió su mirada hacia el mar.

-Usted sabe bien que pertenezco a la orden de Athena. – Declaro impetuosamente alejándose unos pasos de ella y acercándose al mar, que reflejaba en sus aguas cristalinas los haces dorados del sol, mientras el cielo se teñía con diferentes tipos de matices que iban desde el anaranjado hasta el morado.

-Y también se que fuiste Dragón Marino, perteneciste a dos órdenes diferentes, has servido a dos dioses enemigos entre si desde la era mitológica, mi esposo y Athena y la única pregunta que ronda en mi mente, es ¿Por qué no te sientes dentro de ninguna? –

Aquella pregunta ato su lengua y escondió su vista de los ojos felinos de la diosa, que se alejo unos pasos de él, otorgándole cierta privacidad para responderse aquella cuestión. ¿Por qué? Ninguna de las dos órdenes le rechazaba, al contrario los santos dorados se mostraban en la disposición de integrarlo y los generales marinos respetaban la decisión que había tomado.

-Me siento dividido entre quien soy y quien fui, no puedo estar con una orden aparentando solo ser la mitad de la persona que soy. – Sus palabras fueron ocultadas por el romper de una ola, pero cuando miro de lado, observo a la peli verde sentada en una piedra mirando con una media sonrisa hacia el sol. La vio incorporarse y caminar hacia él.

-Kanon, es normal que los dioses disputen por los humanos, pero Athena y Poseidón no continúan siendo enemigos, no tienes por qué sentirte mal por portar dos títulos en diferentes ordenes, al contrario eso demuestra la importancia de tu existir. – Anfitrite paso a su lado y regreso hasta las pequeñas escalinatas que llevaban desde el santuario hasta Cabo Sunion. – Eres Kanon caballero dorado de géminis y el general Dragón marino, se que puedes cumplir con ambos títulos.

-Emperatriz… - Anfitrite comenzó a subir aquellas escalinatas de mármol pero se detuvo al escuchar al peli azul llamarle y volteo hacia él con una sonrisa en los labios.

-Mañana partiremos a luchar contra Océano, Poseidón contaba con tu ayuda para derrotarle, yo no pienso obligarte a ser Dragón Marino, cuando solo pretendes ser la mitad de quien eres. Hasta luego Kanon. – Y sin decir más la deidad se desvaneció en el aire, dejándolo solo con el ruido incesante del mar a sus espaldas.

El polvo se levanto cuando cayó pesadamente a causa del golpe que le habían proporcionado en la barbilla, gruño algunas palabras por lo bajo y apretó con su mano la tierra que estaba a su alcance, maldiciendo en un perfecto portugués que su compañero no entendió, pero que por lo visto intuyo porque le escucho quejarse tras él, se levanto de mala gana limpiándose las rodillas con pequeños golpecitos y se llevo la mano al mentón el cual sobo.

-Esa táctica ha sido muy buena, pero no volveré a caer en ella Dailos. – Se sacudió la cabellera castaña de la cual broto algo de tierra.

-Pretendo mejorarla. – Confirmo el otro niño frente a él, que se pasaba el antebrazo por la frente para quitarse aquel sudor a perlado. – Aunque mi maestro no este, continuo entrenando.

-Nunca fuiste muy aplicado Dailos. – Sonrió el joven aprendiz de tauro compartiendo una sonrisa con su amigo. – Quiero ser tan fuerte como mi maestro Aldebarán.

-Y yo algún día seré tan intimidante como mi maestro. – Dailos se llevo ambos brazos por detrás de la cabeza y miro las nubes que recorrían aquella mañana el cielo del santuario. – ¿Oye el señor Aldebarán siempre está comiendo?

-No, tan solo eran rumores lo que decían en las barracas. – El castaño se dejo caer pesadamente sobre el suelo, cruzo sus piernas y miro a su compañero que camino a su alrededor. – Pero hace de comer delicioso. ¿Y es cierto que el caballero de cáncer tiene rostros en su casa y mata a diario?

-Pues… - El aprendiz de cáncer se rasco la nuca con confusión, pues creía que su maestro era una buena persona no lo había sido siempre o al menos eso le había dado a entender cada vez que hablaban en la cena y él le preguntaba por su pasado. – Yo no he visto ningún rostro, ni le he visto asesinar a nadie.

-Pero ¿Crees que él…? Bueno se decía que era uno de los sicarios del antiguo patriarca. – Teseo se recostó con las manos en su cabeza y la levanto un poco para no perder de vista a su amigo.

-Tal vez, sigo pensando que es cierto lo que se decía de él. Pero… - Dailos escucho las pisadas de alguien a su espalda y se giro bruscamente para enfrentar a quien les espiaba pero se relajo al instante al ver a otro aprendiz tras ellos. – Hola Kiki.

-Hola Dailos y Teseo. – Kiki quien era el mayor de ellos se acerco calmadamente hasta el dúo, que le recibió con una sonrisa en los labios, se sentó al lado de Teseo y levanto con su telequinesis una roca sorprendiendo a los otros dos aprendices.

-¡Wow! Algún día quisiese hacer eso. – Menciono emocionado Teseo, que estiro su mano hacia la roca pero Kiki la lanzo hacia otro lugar con su telequinesis.

-No podrás, el señor Aldebarán no usa ningún tipo de telequinesis. – Rio alegremente Kiki, lo que hizo que Teseo le lanza un poco de tierra juguetonamente.

-¿Y mi maestro? – Dailos comenzó a acercarse hasta ellos, pero se detuvo a mitad del camino, su cuerpo temblaba ligeramente y comenzó a sentirse demasiado débil, era como si estuviera paralizado, sus brazos ni sus piernas le respondían, sin embargo estaba completamente inmovilizado, miro a Kiki pero tanto este como Teseo debieron de ver el terror en su rostro pues se pusieron en seguida de pie y en guardia. Giro su rostro en torno a él para ver si alguien le había agarrado pero solo contemplo una densa niebla morada que también se esparció hacia donde se encontraban sus amigos, inmovilizándolos de la misma forma.

-¡¿Qué diablos es esto?! – Teseo intento alejarse pero aquella densa niebla le envolvió, haciéndolo caer al suelo pesadamente, comenzó a toser hasta que de su boca resbalo un hilillo de sangre. Kiki y Dailos abrieron sus ojos desmesuradamente comprendiendo que aquella niebla era veneno y que si no salían de ahí morirían, ambos lucharon por moverse pero estaban paralizados por completo, escucharon lentos aplausos y una sutil carcajada, sin embargo no supieron de donde provenían.

-Miren nada más, me han mandado a por un mocoso y he encontrado tres. - La niebla a su alrededor comenzó a moverse violentamente envolviéndolos, hasta que en esta una figura comenzó a transmutarse para dar lugar a un espectro. – Mi nombre es Niobe de lo profundo.

-No puede ser… - Susurro Kiki al reconocer al espectro que asesinase al señor Aldebarán, busco desesperadamente a Teseo el cual estaba demasiado cerca al espectro.

-Díganme mocosos ¿Quién de ustedes es el aprendiz de cáncer? – Niobe se acuclillo y tomo del cabello a Teseo levantándolo de este y mirándolo tan fríamente. Teseo a pesar de encontrarse medio inconsciente pudo mirar con odio al espectro que le sujetaba. – Miren chiquillos este veneno les matara si no me dicen quien de ustedes es el próximo santo de cáncer, solo para que sepan este veneno fue capaz de asesinar al caballero dorado de tauro en la guerra santa pasada, pero si confiesan les perdonare la vida.

Teseo se tenso al instante al escuchar aquello, tembló ligeramente al ver que aquel frente a él había tenido la fuerza suficiente para asesinar a su maestro, al principio el terror le invadió por completo pero pronto un odio inmenso broto de él hacia aquel que le sostenía aun.

-¿No piensan decirme?- Kiki miro hacia Teseo y luego hacia Dailos, tenía que hacer algo pronto de lo contrario aquel veneno les mataría a pesar de que estaba seguro que Niobe no lo estaba usando con su máxima letalidad. El espectro golpeo del estomago al aprendiz de tauro, el cual no pudo evitar que un quejido escapase de sus labios y diera unas cuantas bocanadas de aire, pero inmediatamente Niobe le tomo del cuello e impidió que el aire llegase a los pulmones de Teseo.

-¡No lo toques! ¡Soy yo! ¡Yo soy el aprendiz del caballero dorado de Cáncer! – Dailos avanzo tambaleándose hacia ambos lados, pero el brazo de Kiki le detuvo, ambos observaron la sonrisa malévola que se formo en el rostro de Niobe, quien abrió su mano y permitió a Teseo caer en un golpe sordo al suelo.

-Mira nada más, será todo un placer llevarte con tu maestro. – Niobe corrió hacia ellos pero la elevación del cosmos de Kiki le hizo detenerse y observar al pequeño ariano.

-¡Mu…Muro de cristal! – El pequeño pelirrojo respiraba con dificultad pues el veneno estaba haciendo mella en su sangre al igual que en sus compañeros, Teseo estaba inconsciente por completo, apenas y lograba ver su cuerpo entre la niebla del espectro, escuchaba a sus espaldas la respiración entrecortada de Dailos, oyó como las rodillas del niño golpearon el suelo y le miro tan agitado que el aprendiz de cáncer está haciendo acopio de todas sus fuerzas para permanecer despierto.

-Esta maldita técnica la vi antes. – El espectro se agacho para tomar una piedra del suelo la cual lanzo hacia el muro de cristal que expidió un destello dorado y destruyo la roca en mil pedazos. – Mi señor Radamanthys me ha mandado por el aprendiz de cáncer, pero veo que tengo entre mis manos un botín más grande, si no me equivoco mocoso, tu eres el aprendiz de Aries. – Niobe señalo a Kiki con un su alargado dedo y le escucho carcajearse. – Les matare a los tres, porque supongo que este mocoso también es un aprendiz de un caballero dorado.

Niobe le dio la espalda a Kiki que respiraba con dificultad y regreso sobre sus pasos hacia Teseo con toda la intención de asesinarlo, de la misma forma que en el pasado lo había hecho con Aldebarán de Tauro, tomo al niño de nueva cuenta por el brazo y lo elevo del suelo, alargo sus dedos dispuesto a atravesar el pecho del pequeño y sacarle el corazón.

-¡Detente! – Grito asustado Dailos al ver las intenciones del espectro, pero este solo le miro sobre el hombro y sonrió perversamente, retrocedió su mano para tomar impulso y la lanzo hacia el castaño. - ¡Teseo!.

-¡Teseo! – Kiki rompió el muro de cristal en mil pedazos al tiempo como escuchaban como se rompía la piel y los músculos se descarnaban. Niobe retrocedió goteando sangre por todo el antebrazo y dejo caer a Teseo en el suelo.

-Los espectros han caído tan bajo. – Una voz se escucho tras Dailos y Kiki que giraron el rostro esperanzados hacia su salvador, la armadura dorada resplandeció ante los rayos del sol, el repiqueo metálico resonó a medida que Afrodita avanzaba hacia ellos y se rodeaba de aquel veneno purpureo. – Venir hasta el santuario para asesinar a los próximos santos dorados es tan vergonzoso.

-¡Maldito santo dorado has lastimado mi mano! – Y es que cuando el espectro se propuso a matar a Teseo, una rosa negra había desgarrado la piel y la armadura del espectro, permitiendo que la sangre del espectro saliera y el veneno de aquella flor entrase, paralizando al instante su mano e impidiendo al espectro cumplir su cometido de asesinar a Teseo.

-Señor Afrodita… - Dailos reconoció al instante al mejor amigo de su maestro y por primera vez desde el inicio de la pelea pudo respirar aliviado, pues su maestro siempre le había dicho que tras la belleza del caballero de piscis se encontraba un hombre letal.

-¿Se encuentran bien? – Afrodita miro hacia Dailos y Kiki, contemplo en ellos la salida de sangre de la comisura del labio y en el caso del aprendiz a santo de Aries también estaba sangrando de la nariz, luego a través de la niebla sus ojos azules repararon en el cuerpo inerte de Teseo que continuaba respirando lentamente.

-Sí. – Asintieron tanto los aprendices de aries y cáncer.

Afrodita miro a los ojos a Niobe que le observaba estupefacto y en el semblante del espectro se reflejaba que no estaba preparado para encontrarse con un caballero dorado, el sueco comenzó a caminar hacia el espectro que se preparo para una pelea, sin embargo Afrodita le paso de largo como si no estuviese, se agacho y tomo entre sus brazos a Teseo, para después volver con los dos niños.

-En un segundo me encargare de ti. – Tanto Kiki como Dailos notaron la fría y amenazante mirada del santo de Piscis que contrasto fuertemente con la belleza física del guerrero, pues esos ojos denotaban una fuerte furia contenida y una repugnancia enorme hacia el espectro. Afrodita encendió su cosmos y la tierra bajo sus pies comenzó a brotar unas zarzas las cuales se unieron entre sí para formar un capullo vegetal, el cual inicio a abrirse soltando una sustancia rojiza-rosada que salió expedida hacia los tres niños que pronto fueron rodeados por ella y de repente los síntomas provocados por el veneno desaparecieron por completo.

-Kiki necesito que les teletransportes lejos de aquí, por favor. – Afrodita observo como el ariano asintió y un ligero cosmos dorado le rodeo, le dio la espalda para enfocar toda su atención en el espectro que al parecer ya se había relajado y le miraba con molestia al ver arruinados sus planes cuando los tres niños desaparecieron. – Solo te lo preguntare una vez ¿Por qué una rata vil como tu ha venido hasta aquí?

-No es de tu incumbencia santo. – Niobe empuño sus manos concentrando su energía purpurea en sus puños los cuales crearon una dulce fragancia purpura que revoloteo en forma de nube por todo el ambiente y rodeo principalmente al santo dorado frente a él, sin embargo toda materia orgánica a su alrededor, plantas y animales cercanos a él comenzaron a perecer por aquel veneno intoxicanté.

-Que patético. – Afrodita libero una suave carcajada y avanzo a través de la niebla como si esta tan solo fuese roció, el espectro de lo profundo se lanzo al ataque pero antes de que estuviese cerca del santo dorado este se desvaneció en medio densa niebla carmesí.

-¡¿De qué diablos te ríes?! ¡Maldito santo cobarde! – Niobe se exaspero y giro su rostro enfurecido solo para percatarse que Afrodita se encontraba a unos cuantos pasos de él, jugueteando entre sus dedos con una rosa negra.

-Tu ataque es inefectivo contra mí, pudo haber causado en mis compañeros los efectos deseados pero a mí, ni siquiera me provoca nauseas. Soy inmune a cientos de venenos y el tuyo no es la excepción. – Afrodita percibió como el espectro tembló ligeramente y antes de que alcanzase a huir, lanzo la rosa negra de su mano hacia el torso del espectro. - ¡Rosas pirañas!

Más de una docena de rosas flotaron hacia el espectro por los aires para alcanzar a Niobe que intento esquivar algunas cuantas, pero dos de ellas lograron impactarle, una en la mano y la otra en el pecho destruyendo su armadura y lacerando su piel levemente, que dejo expuesta su carne, el espectro no pudo reprimir un grito de dolor y se llevo la mano al pecho, mientras las otras rosas negras golpeaban el suelo y las piedras alrededor de él, devastando todo lo que golpearon.

-Mis rosas pirañas tiene propiedades abrasivas que pueden dejar tu armadura hecha pedazos y después destrozaran tu cuerpo. – Afrodita avanzo hasta Niobe y le pateo lo que derribo al espectro en el suelo. - ¿A qué has venido? ¿Cuál es el interés de los espectros en los aprendices a santos?

-Así que la duda no te deja descansar ¿Eh?. – Niobe se llevo la mano al pecho y pronto la sangre rodeo su mano, se incorporo lentamente y observo el semblante enfurecido del santo de Piscis.

-No tengo por qué tener clemencia de ti, hace unos segundos intentabas asesinar a unos niños. Tu destino será pagar por ello. – Afrodita materializo con su cosmos una rosa blanca, la cual puso en sus labios y sonrió despotamente a su adversario, le arrancaría cualquier secreto aun cuando tuviese que llevar al espectro al borde de la muerte. Podía ser tan cruel como lo fue en el pasado, pero solo con aquellos que se lo merecieran.- ¡Rosa sangrienta!

El espectro ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar e intentar esquivar la rosa blanquecina pues su cuerpo parecía paralizado por aquella niebla rojiza que el santo de Piscis estaba desprendiendo y que a la vez alejaba a su fragancia profunda de él, destruyendo de esta forma el escudo que proporcionaba su propio veneno. La flor a perlada se clavo en su pecho mientras parecía introducirse en su cuerpo en busca de su corazón, sintió un tremendo dolor cuando la rosa pareció alcanzar su objetivo e inicio a succionar su sangre pues esta comenzó a formar leves estrías rojizas en los pétalos blancos de la rosa los cuales se iban expandiendo como si aquella flor fuese una sanguijuela.

El miedo que le invadió fue tremendo, sus piernas temblaron y levanto su brazo izquierdo para intentar desprenderse de aquella rosa, pero parecía que cada vez que intensase acercarse a ella, oleadas de dolor recorrían su cuerpo e inmovilizaban su extremidad, miro como faltaban unos centímetros para llenarse pero de improvisto la mano del santo se poso sobre su pecho y la retiro, permitiendo alargar su vida por unos segundos más, sin embargo se encontraba tan débil que la palidez en su rostro advertía la pérdida de sangre

-Déjame ayudarte. – Afrodita dejo caer la rosa parcialmente teñida de sangre y evito que su enemigo cayera al suelo, le tomo por el cuello del sapuri y le levanto del piso estrellándolo bruscamente contra un muro de piedra tras él, manteniéndolo en el aire.

-¿Por qué no me matas? – El espectro miro débilmente al santo que parecía asqueado por el hecho de estar tan cerca de él, recargo su cabeza en el muro a sus espaldas esperando la respuesta del santo.

-Aun no has contestado mis preguntas. – Observo como Afrodita aparecía a sus espaldas un puñado de rosas rojas que sobrevolaron hacia él y lo clavaron en la pared, el santo de Piscis le soltó y se alejo unos cuantos pasos, haciendo danzar entre sus dedos una nueva rosa blanca.

-¿Acaso eres florista? – Se burlo el espectro despotamente.- Jamás te responderé.

-No necesito que lo hagas. – El caballero de cabellos celestes sonrió irónicamente y elevo su cosmos dorados, haciendo que las rosas clavadas en sus extremidades y que le mantenían suspendido fueran rodeadas por el mismo tono dorado, para cuando se dio cuenta sintió como si alguien le destrozase el cráneo y percibió en ese momento que el santo de Piscis era capaz de alterar a su sistema nervioso por el veneno de aquellas rosas rojas y obtener la información que deseaba. Pero durante todo el proceso en que Piscis estaba realizando aquello sentía un dolor tremendo en la cabeza, era como si le estuviesen taladrando el cerebro.

Los segundos dentro de la cabeza del espectro le parecieron eternos, pues la información que descubrió le sobrecogió, no solo Persefone sabía que Artemisa y varios santos dorados iban hacia el inframundo si no que la emperatriz sabia que entre ellos iba Mascara de la muerte, al cual la reina del mundo bajo tenia aun especial interés, había sembrado a lo largo del Mekai a sus más poderosos espectros y después de la octava prisión tanto Radamanthys como Triptolemos estarían esperándolos, este ultimo seria quien enfrentaría a su mejor amigo, pero para lograr que Mascara comiese la fruta prohibida necesitaban de su aprendiz, pues creían que el Mascara se sacrificaría por su alumno.

Retrocedió, sacudiendo ligeramente su cabeza y miro de soslayo a Niobe que permanecía con una sonrisa ladina en sus labios. ¿Cómo habían descubierto el plan de los dioses? ¿Cuál era el interés de Persefone en Mascara de la muerte? Tenía que alertar al patriarca de esto.

-¿Qué paso Piscis no te gusto lo que viste? – Niobe comenzó a mofarse a pesar de lo débil que estaba, le miro de soslayo con desinterés y con un simple movimiento de su muñeca clavo la rosa blanca que traía entre sus manos en el espectro que gimió ante el dolor y al saber que su hora estaba cerca. - ¡Déjame ir! ¡Piscis te dije lo que querías saber! ¡No te vayas!

Niobe observo asustado que la rosa blanca absorbía de nuevo su sangre, así que llevo sus ojos hacia Afrodita pero se aterro al ver que el santo le había dado la espalda y había comenzado a alejarse del lugar sin ni siquiera mirarlo.

-¡Espera! ¡Te diré lo que quieras! – Suplico, le miro detenerse y sonrió esperanzado.

-No tengo tiempo para esperar a que mueras. – Afrodita ni siquiera se giro a verlo y continúo avanzando.

-¿Cómo alguien tan hermoso, puede ser tan sádico? – Las rosas rojas que lo sostenían se desprendieron y sus pétalos rojizos volaron con el cálido viento, cayó al suelo de rodillas observando la espalda del santo de piscis que se alejaba, cuando dirigió sus ojos hacia la rosa blanca observo que esta se había tornado de un precioso color escarlata y ni siquiera fue consiente cuando el final le sobrecogió.

-Andando. – La orden de Aioros fue clara y tanto el guardián de Cáncer como Tauro avanzaron detrás de él, siguiendo por el lugar donde la diosa de la luna había desaparecido acompañada de sus tres ángeles. – Entre más pronto acabemos con esto será mejor.

-¿En qué parte del inframundo nos encontramos? – Aldebarán miro en torno a él en busca de la deidad, sin embargo las continuas colinas escondían el sequito de la diosa de la luna a pesar de que aun podían percibir su cosmos.

-Ni siquiera hemos llegado a la colina de Yomotsu, una vez ahí nos será fácil entrar a las puertas del infierno. – Mascara de la muerte iba tras Aioros con el cual casi se choca contra su espalda pues este se freno de golpe. - ¿Por qué te detienes? – Gruño.

-Tú conoces la entrada al inframundo como la palma de tu mano ¿No es así? – Mascara de la muerte asintió. – Entonces haznos el favor de guiarnos. –Aioros se hizo a un lado sonriéndole ampliamente y permitiendo al cangrejo dorado pasar gruñendo por su lado, dispuesto a guiarles.

-Turistas. – Susurro desdeñosamente el cuarto guardián, aunque tomo como halago el hecho de que Aioros confiara en él para guiarles, observo de reojo como Tauro y Sagitario compartieron una sonrisa y le siguieron. – Andando que no tenemos todo el día.

Observo a la lejanía al monte Yomotsu y las largas hileras de almas que se formaban para lanzarse ante el umbral entre el mundo físico y el espiritual y antesala del mismo infierno. Aquella colina con similitud a un volcán a cuyo cono ennegrecido se lanzaban los muertos después de hacer aquellas interminables filas. La caída en aquel abismo que conducía a las puertas del infierno culminaba en la muerte.

-¿Por qué tu puedes venir aquí? – Aldebarán pregunto intentando hacer más ameno el momento pues le mosqueaba tremendamente el paisaje frente a él.

-Por el Pesebre y como sabrás esa estrella se encuentra en la constelación de Cáncer, que me permite realizar los fuegos fatuos y transportar las almas hasta este lugar. – Se detuvo a unos cuantos pasos antes de subir la colina y sus compañeros le imitaron.

Las almas pasaban alrededor de ellos justo para dirigirse a un lugar repleto de desolación y oscuridad, recordó las veces que intento detener a un alma que vagaba para evitar que cayese al gran cráter, sin embargo solo había obtenido una paliza por parte de su maestro y casi caer en más de una ocasión dentro de el.

-Solo tenemos que subir esa colina y llegaremos. – Observo aquellas largas hileras y comenzó a caminar hacia la colina intentando ignorar aun el sentimiento de incertidumbre que le producía escuchar el último grito de aquellas almas antes de sumirse en la gran oscuridad, pero apenas y dio cerca de 3 pasos cuando se detuvo de improvisto, haciendo que Aldebarán chocase con él bruscamente.

-¿Qué pasa? – Pregunto Aioros deteniéndose a unos metros de ellos.

Pero sus labios estaban enmudecidos, mientras sus orbes azules se abrían desmesuradamente y sentía como si su corazón galopara dentro de su pecho amenazando con salir en cualquier momento, el acumulo de emociones en su interior le azotaron sin piedad. Al principio creyó estar viendo mal, rogo porque fuese un error, que estuviera equivocado pero sin lugar a dudas era él…

-No puede ser… - Susurro sin saber que más decir, sus ojos continuaron siguiendo la penosa procesión mientras escuchaba como Aldebarán y Aioros le llamaban, pero estaba absorto en sus pensamientos, mientras los sentimientos en su interior se hacían como un caleidoscopio fusionándose, hasta el grado que la rabia le producía tristeza y esta le enfurecía, cerro fuertemente sus puños provocando que estos sangrasen y cerró los ojos impidiendo que las lagrimas que se agolpaban salieran, pues entre aquel sin fin de almas inconscientes había reconocido a Aioria.

-¡¿Mascara?! – Pregunto angustiado el toro dorado, buscando con la mirada aquello que veía con tanta fijeza su compañero pero cuando comprendió de que se trataba se congelo por igual y sus labios se blindaron al instante, las lagrimas surcaron rápidamente sus mejillas y desvió la mirada hacia otro lugar, reprimiendo el impulso de ir a por su compañero que parecía vagar sin un rumbo fijo, aunque ambos sabían que el destino del santo de leo estaba sellado.

-¡¿Qué ocurre?! – La voz de Aioros denotaba cierta alarma, lo que hizo que Aldebarán y Mascara intercambiaran una mirada llena de preocupación. ¿Cómo diablos le dirían a Aioros? No había otra forma ni razón, el hecho de que Aioria estuviese en ese lugar, solo significaba que su compañero había muerto y tenían una pena más que cargar.

-Aioros… - Inicio Mascara roncamente pero rápidamente el castaño mayor le hizo a un lado, cuando sus ojos verdes descubrieron la causa del sobresalto de sus compañeros. – Aioros no…

-No, no… Aioria, ¡Aioria! – Aioros comenzó a caminar en zancadas y cuando menos lo espero se encontrar corriendo hacia la hilera, escucho a Mascara y Aldebarán correr tras él, llamándolo angustiados. Pero el no tenia cabeza para más, el hecho de ver el alma de Aioria, caminando lentamente hacia aquella oscuridad, con la vista perdida, una palidez mortuoria en su rostro, los brazos caídos hacia el costado e impregnado de sangre por todo el cuerpo le aterro. - ¡Aioria! ¡Aiora!

No sabía que había ocurrido en el santuario, ni llegaba a comprender porque su hermano menor estaba en ese lugar, a pesar de ello se negaba a creer que Aioria estuviese… No, era imposible porque Kanon, Mu, Camus ni Afrodita habían hecho nada, incluso la rabia creciente en su interior aumento al pensar que Shion no había actuado para impedir algo como aquello, su corazón pareció destrozarse en su interior, arrugo el ceño con frustración y se propuso impedir que Aioria cayese en ese lugar.

-¡Aioros detente… no puedes hacer nada! – Mascara de la muerte le detuvo del brazo. – Aioros no puedes hacer nada. – Repitió de nuevo, pero esta vez intento sonar más tranquilo y consolador, sabía que en ese momento no podía quebrarse pues Aioros necesitaba de un soporte que le trajese a la realidad.

-¡Suéltame! – Ordeno enfurecido al santo de cáncer que al contrario aferro mas el agarre, la furia en su interior, que ardía como una llama se fue hacia el peli azul, Aioros miro hacia la fila y vio a Aioria continuar avanzando llegando al último tramo de subida antes de caer al Inframundo. – ¡Suéltame! – Amenazo en un precautorio siseo pero Mascara de la muerte solo negó y le miro lleno de compresión. -¡He dicho que me sueltes!

El golpe seco resonó fuertemente impactando en el rostro del italiano que retrocedió ante el golpe rápidamente, mientras la sangre salía de su ceja y bañaba su rostro de aquel liquido escarlata, Aioros a penas se vio liberado corrió tras Aioria sin preocuparse por la herida que el mismo había provocado en su compañero de armas. Aldebarán abrió los ojos impresionado y detuvo al italiano del hombro temiendo que este se lanzase hacia el santo de sagitario. Pero simplemente ambos se limitaron a ver la última despedida de los hermanos.

Aldebarán jamás había visto reaccionar de aquella forma a Aioros, ni siquiera a Saga, era obvio no les conocía a fondo, pero reconocía que el golpe que cáncer había recibido era producto del dolor y desesperación que embargaba en esos momentos el alma del griego.

El ascenso hacia la colina del Yomotsu le pareció eterno, el nombre de su hermano era lo único que se mezclaba con sus respiraciones agitadas, mientras cada paso que daba parecía que el mundo colapsaba a su alrededor, sus sentidos se adormecían y parecía fuera de sí mismo, incluso respirar le costaba demasiado trabajo pero desconocía de donde venia la fuerza para no derrumbarse y continuar corriendo hacia Aioria. Las lagrimas habían abordado sus ojos desde que viera el alma de su hermano en aquel lugar, las cuales caían sin cesar por sus mejillas hasta la comisura de su barbilla de donde se desprendían y caían al suelo violáceo del Yomotsu como gotas de roció.

-¡Aioria! – Cuando la mano de Aioros hizo contacto con el hombro de su hermano le tiro hacia atrás sintiendo la frialdad de la muerte, le giro para encontrarse frente a frente con Aioria, sus ojos verdes se veían opacos y su mirada estaba perdida, aquel vacio tan profundo carente de sentimientos, le rompió el alma, pero rápidamente el espíritu de Aioria le empujo y volvió a retomar su lugar en la fila. -¡Aioria detente!

Le tomo con fuerza por el hombro, apresándolo en un fuerte agarre, entonces el alma de Aioria comenzó a gritar con una desesperación increíble e inicio un forcejeo impresionante entre los dos. Aioria por continuar con su avance y Aioros por retenerlo a su lado. Un manotazo de Aioria golpeo a Aioros en el rostro haciéndolo caer al suelo por la fuerza del golpe, un alma común peleaba, pero la de un santo dorado del calibre de Aioria daba una batalla impresionante, que incluso para Aioros le estaba costando retener; cuando Aioria se vio liberado del agarre de su hermano su rostro que se había desfigurado por la intranquilidad se volvió lleno de paz y continuo avanzando los escasos metros que le separaban.

-¡Aioros! – Aldebarán grito lleno de desesperación al ver al santo de sagitario levantarse y recorrer de nuevo aquella distancia que le separaba de su hermano, pero un forcejeo de aquel tipo a escasos 2 metros del abismo podía hacer que sagitario y leo se sumieran juntos en la oscuridad.

-¡Vamos tenemos que detenerle antes de que caiga! – Mascara de la muerte comenzó a correr y tras el Aldebarán, perdieron por escasos segundos la visión sobre ambos hermanos, pero cuando volvieron a verles, Aioros había logrado separar a Aioria unos cuantos metros más sin embargo aquel forcejeo había incrementado. – ¡Aioros tienes que soltarle! Tu mismo lo dijiste yo sé de esto. Tienes que dejarlo ir, el no es Aioria.

Aioros lanzo de una fuerte patada a Aioria colina abajo que hizo al santo de leo rodar hacia abajo y le alejo, Aldebarán extendió su mano y le ayudo a levantar, sin embargo Aioria regreso a la fila y continuo avanzando, tuvo intenciones de ir tras él pero la mano de Mascara de la muerte le volvió a detener por el hombro y le vio negar con pesadez, la mirada del santo de cáncer estaba nublada por la tristeza pero sus ojos mostraban determinación, pues aquel lugar frívolo era como su segundo hogar y le conocía a la perfección.

-Aioros es inútil, muchas veces les he intentado detener, pero ellos ya no son consientes de lo que ocurren ni a donde van, ni siquiera de quienes son, ellos simplemente desean caer por ese maldito abismo y fundirse con la oscuridad, no podemos hacer nada, él ya no es Aioria es tan solo un alma vacía. – Mascara de la muerte agacho el rostro que continuaba sangrando y aflojo el agarre, mientras las lagrimas de impotencia se fusionaban con las las gotas escarlatas.

Aioros se detuvo, respirando agitadamente y sintiendo una inmensa desesperación, no sabía qué hacer, intento meditar acerca del suceso que Vivian pero le resultaba imposible por el sufrimiento que experimentaba el imaginarse ver a su hermano marchar y no hacer nada para impedirlo. La aprensión se leía en su mirada la cual parecía tan perdida como la de Aioria y por unos segundos pensó en todo el sufrimiento que su hermano menor paso cuando él murió salvando a Athena, Aioria se vio privado de la noche a la mañana de compañía, pero él estaba rodeado de sus compañeros en el peor momento.

Cayo pesadamente de rodillas y agacho su rostro, escondiendo sus ojos, pero aun así tanto Aldebarán como Mascara pudieron ver como gruesos torrentes de lagrimas corrían por sus mejillas, tal vez dejarlo ir, era lo más difícil que había experimentado en su vida, pues no se imaginaba una vida sin su hermano menor.

Vio sus pies pasar frente a él y continuar avanzando, no creía tener el valor de verle lanzarse en aquel agujero, de lo contrario tal vez él se lanzaría tras Aioria, así que mantuvo la mirada clavada en el suelo. Pero cuando calculo que su hermano estaría por lanzarse, levanto el rostro iluminado por el dolor y le contemplo demasiado cerca a la orilla, reprimió dolorosamente el impulso de ir tras él cuando la mano de Cáncer volvió a posarse en su hombro y pareció el tiempo correr más lento, vio que Aioria extendió la pierna para caer el abismo y su corazón se destrozo por completo, sintió como si la espada de Shura le volviese a herir en ese momento y tan similar a como si el perdiese la vida.

Aioria dio el último paso, pero su alma no cayó a la negrura, escucho la sorpresa de Aldebarán y a Cáncer jurar maleducadamente, el espíritu de su hermano fue rodeado de una especia de neblina negra rojiza y su cuerpo desapareció de aquel lugar sin caer al Yomotsu.

-No puede ser posible. – Mascara de la muerte le soltó y avanzo hasta el borde, mirando primero el vacio y luego el lugar donde Aioria había desaparecido. – No es normal, nunca desaparecen así, un alma cae al abismo y es entonces cuando encuentra la muerte, jamás desaparecen.

-¿A qué te refieres? – Aldebarán se acerco hasta él pero guardo una prudente distancia a la orilla, al grado que el aire del inframundo que ascendía a penas y era una suave caricia.

-Alguien ha sacado el alma de Aioria del mundo espiritual, pero estoy seguro que no ha sido Athena. – Mascara se giro hacia Aioros y se acerco comprensivamente hasta él, no sabía que era peor que Aioria hubiese muerto o que alguien hubiese robado su alma. – Aioros puedo llevarte de vuelta, Aldebarán y yo continuaremos. – Pero vio al santo de sagitario negar pesimistamente.

-No… tenemos que continuar, tú los has dicho no hay nada que podamos hacer. – Aioros se levanto torpemente, les dio la espalda y camino hacia donde sentía el cosmos de Artemisa. Aldebarán y Mascara intercambiaron una mirada preocupados y siguieron a su compañero; aquel viaje les comenzaba a mostrar la desesperanza que reinaba en el reino de los muertos.

Un pesado silencio se arremolino en torno a la mesa donde los ocho titanes se encontraban reunidos, a pesar de ser de día, la habitación donde se encontraban se hallaba en penumbras a causa de que las cortinas se encontraban corridas y las puertas cerradas impidiendo de esta forma que cualquier rayo solar entrase en la habitación.

-¿Cómo se te ha ocurrido Cronos? Estas sobrepasando los límites de tus poderes. – Le reprendió duramente Hyperion, que se encontraba recargado en una chimenea, la cual emitía una denso calor y un hilillo de humo ascendía, sin embargo el fuego se había extinguido y tan solo perduraban las cenizas. - ¿Sabes el riesgo de lo que has hecho?

-¿Para qué diablos quieres guerreros? – Crio estaba desparramado en un sillón mirando con una profunda rabia contenida a su hermano. - ¿Acaso nuestros poderes no son suficientes?

-Debiste haberles dejado muertos. – Opinión sabiamente Ceo que tenía entre sus brazos el delgado cuerpo de Febe, quien fuese su esposa y le miraba con ternura.

-Percibo algo de temor en sus voces, hermanos míos. – Cronos pretendió burlarse de sus iguales, pero las miradas tanto de sus hermanos como hermanas le reprendieron duramente.

-Cronos, la titanomaquia nos enseño que no podíamos confiar en nada, recuerda el lugar donde terminamos por confiar en una de las nuestras, puedes imaginarte las repercusiones que esto tendrá al depositar nuestras vidas en humanos. – Océano se encontraba recargado en la pared mirando fijamente a su hermano, que parecía tomarse a la ligera aquella decisión.

-No ocurrirá nada, tengo todo controlado. –

-¿Cómo puedes controlar lo que no te pertenece Cronos? – Tea que se había mantenido al margen desde el momento intervino en contra del titán pelinegro, que resoplo sus flequillos con molestia y tomo la mano de Rea que se encontraba a su lado en silencio apoyándole.

-Yo no quiero que me juren lealtad, simplemente hay más de una forma de doblegar su voluntad. – Contesto.

-Solo recuérdalo Cronos ya hay cuatro titanes en el tártaro un error puede hacernos volver a los doce ahí. – Febe repuso seriamente, sin despejar su vista de los ojos ennegrecidos de su hermano, que le sonreía con preocupación.

-Febe, sabes mejor que nadie que funcionara, puedes predecir el futuro y ver en él. Así como has visto los planes de los doce olímpicos compruébanos que el uso de humanos puede beneficiarnos. – La mirada de los 7 titanes se paro en la titanide de brazos cruzados y cabello morado amarrado en dos coletas esperando su respuesta. – Vamos Febe, después de todo tú fuiste una pitonisa luego de que Temis te entregase el oráculo de Delfos.

-Es un arma incierta y lo sabes, los humanos pueden cambiar el destino si sus sentimientos son fuertes. – Febe se aferro aun mas a los brazos de su esposo, cubriéndose con estos. – En este caso Cronos, depende de la fuerza que utilices para doblegarlos.

-En ese caso no hay nada de qué preocuparse. – Finalizo aquella discusión Rea, que intervino por primera vez. – Todos nosotros sabemos del poder que posee Cronos.

-Me voy, tengo cosas que hacer. – Hyperion cerró sus ojos con tranquilidad y cuando volvió a abrirlos, las brasas de la chimenea, ardieron de nuevo, en sincronía con los ojos rojos del titán y el fuego ilumino la habitación, en una amplia llamarada que ascendió por el conducto principal. – En estos momentos Ares y Persefone deben estar preparados para recibir a los dioses y sus guerreros, de todas formas la cantidad de poder que les proporcionamos les ayudara a ambos.

-En ese caso es necesario que cada quien tome sus posiciones. – Recomendó Océano. – Nos veremos después. – El titán de cabello azul, imito a su hermano y se encamino hacia la puerta, para salir los dos juntos de la habitación.

-Te veré después. – Febe se volteo para quedar frente a frente con su esposo, coloco con delicadeza las manos sobre el pecho de este y le planto un beso apasionado en los labios. – Cronos espero que sepas lo que estás haciendo.

-No tienen de que preocuparse, el momento se acerca, hermanos míos. La hora final está por llegar. – Cronos se incorporo de la silla en la que se encontraba y salió de la habitación, no sin antes girar su rostro hacia el resto de sus hermanos que estaban tras él. – Alguien de nosotros debería visitar a Afrodita, es hora de reunirnos con esa bastarda y hacerla pagar.

Milo logro recuperar rápidamente el equilibrio justo para lograr caer de pie, miro hacia atrás preocupado por el dios griego y observo como la dimensión comenzaba a cerrarse , por lo que regreso la vista hacia su mano y fijo sus ojos zarcos en el frasco rojizo con el emblema del sol que resplandeció ante el contacto con uno de estos, alzo su vista para mirar el lugar donde se encontraba y giro sobre su propio eje maravillado con el espectáculo natural frente a él, que atrajo por completo su atención.

Nunca antes había estado en aquel lugar, de hecho ni siquiera sabía en qué maldito país estaba, incluso se imagino siendo atacado por una horda de salvajes, lo que le hizo sonreír, volvió su atención al paisaje frente a él, aquel montículo rocoso que estaba cubierto en algunas zonas al azar por un tercio pasto verdoso que contrastaba con el gris de aquellas rocas de las cuales se desprendía una cascada de aguas cristalinas de gran altura que levantaba un ligero roció que probablemente fuera la causa de aquella hermosa vegetación, el ruido incesante de la cascada le cautivo por unos segundos y se acerco lentamente a esta con las intenciones de refrescarse.

Se acerco a la pequeña laguna que se formaba al final del encuentro incesante entre las rocas y el agua, deposito entre dos piedras el frasco de la cura, ocultándolo y protegiéndolo de cualquier accidente que pudiese ocurrir, avanzo hacia el agua e introdujo sus manos, tomando una buena cantidad de agua fresca con la cual lavo su rostro y la sangre seca en su armadura, respiro profundamente y se incorporo, mirando por encima de su hombro el lugar donde la cura le esperaba.

-No puedo hacer nada por Hermes, sin embargo la vida de Shura depende de mí. – Se encamino con decisión para tomar de nuevo el frasco cuando un enorme cosmos tan violento y cruel envolvió el lugar por completo, se viro hacia el intruso en menos de una fracción de segundo y sus ojos chocaron por primera vez con el culpable de la destrucción de la orden dorada. – Ares. – Siseo, el odio que Milo impregno en su nombre pudo ser captado por el dios que sonrió ladinamente al oír su nombre en la boca de un santo de Athena.

-Te estaba esperando Milo, después de todo teníamos mucho sin vernos ¿No es así? – El dios de la guerra, paso su pulgar por su espada comprobando que tu viese el filo que él deseaba, pero sin despejar su cruenta mirada del escorpión dorado que no tenía nada que envidiarle pues en cuestión de intimidar los ojos del escorpión le observaban como si fuese una presa a la que se desea matar con todo el alma. -¿No te arrodillaras? Antes te encantaba hacerlo.

Ares sonrió sarcasticamente, mientras desaparecía la arma que hacía unos segundos estaba en su mano, se arrojo hacia Milo sin ni siquiera avisar, a escasos centímetros le lanzo un golpe al rostro que el griego alcanzo a evitar y puso ambas manos para detener una patada del dios de la guerra.

-Esto será divertido. – Se burlo el dios.

-No sabes cuánto he esperado este momento. – Milo brinco hacia atrás ganando una prudente distancia del dios y miro hacia donde la cura aguardaba, tenía que hacer algo y rápido pues de no llegar a tiempo Shura podría morir, pero el mismo estaba metido en un gran problema, el tener a Ares enfrente le entretendría bastante, eso sin contar que por algún motivo Ares estaba ocultando su cosmos.

-Un guerrero no debe distraerse en la batalla. – Ares le dio un fuerte golpe en la cara que logro hundir a Milo en el suelo, haciendo un profundo bache, con ayuda de su cosmos se incorporo y se puso de pie al instante para bloquear una patada del dios con ambos brazos, sin embargo esta vez escucho como crujieron sus huesos al detenerlo, sacudió sus manos para mitigar el dolor y ardor que corrió por su antebrazo y se agacho para evitar un nuevo golpe del dios.

Hasta ese momento sabia que Ares estaba jugando con él y aquello le molestaba, pues sentía que le estaba subestimando, aprovecho el Angulo del último ataque y se giro rápidamente por el suelo para voltearse con aquel impulso y darle una patada justo en la barbilla al dios que recibió el golpe ensimismado yéndose de espalda y arrastrándose algunos metros.

-Esa era la única forma en la que deseaba verte Ares. – Milo sonriente se burlo del dios que se abalanzo sobre él demasiado calmado, lo que le ponía los pelos de punta pues sabía que el motivo de haber estado preocupado y con un mal presentimiento era justamente; Ares.

Un certero puñetazo en la comisura de los labios cortesía del dios le mando hacia atrás, lo que lo hizo rodar por el suelo pero se freno a sí mismo con ayuda de su mano la cual termino algo raspada por la velocidad y el suelo bajo él, un hilillo de sangre abandono sus labios y el sabor escarlata de aquel liquido vital impregno sus papilas gustativas, se levanto rápidamente y limpio con su antebrazo la sangre que abandonaba sus labios ignorando el dolor que se esparcía por toda su mandíbula.

-Y de nuevo arrodillado ante mí. – Se mofo el dios. – No tienes idea de cuánto quise matarlos a cada uno de ustedes doce, lo ansiaba con toda mi alma, ¡Espera! es cierto logre matar a uno. – Apretó el puño de su mano derecha al entender que Ares se refería a Aioros.

-En realidad no lo hiciste tu, para ser el dios de la guerra careciste de mucho valor, te acobardaste tanto de enfrentar a Aioros que mandaste a Shura en tu lugar. – Contraataco, el semblante del dios cambio al instante pues las expresiones relajadas y bromistas se oscurecieron y mostraron al verdadero dios cruel y violento.

-Siempre quise matarte junto a Acuario, pero el destino se interpuso en ese entonces, pero en esta ocasión Milo de escorpio, juro que te romperé todos los huesos y te asesinare con mis propias manos. – Ares oscureció su semblante, su mirada se torno fiera y arrogante como si tan solo el fuese una presa más a la que desollar, sus labios se tornaron en un sonrisa malévola y un terrible cosmos comenzó a rodearlo. Milo se sorprendió de sobremanera había sentido muchas veces el cosmos de Ares en la batalla de las doce casas, pero aquel distanciaba mucho del cosmos que ahora rodeaba al dios, los haces negros y rojos se enrollaban entre si y el poder lleno de destrucción era temible, su cosmos sobrepasaba al de un dios y se asemejaba al de un titán.

-¿Sorprendido? Ha llegado la hora de jugar. – Ares se abalanzo sobre él, a escasos centímetros de su cuerpo Milo tiro una patada certera hacia el rostro del dios que se agacho a una velocidad sobrenatural y le derribo de una barrida, Milo golpeo duramente el suelo con la espalda y la cabeza, lo que lo mareo un instante pero apenas se estaba recobrando cuando el dios le tomo de la pierna y le arrogo contra la cascada, la explosión acompañada de agua y piedras cuando su cuerpo impacto hizo a cada hueso de su cuerpo crujir, cayó pesadamente al agua donde se sumergió encontrando un ligero alivio ante la frescura de aquel liquido cristalino, se levanto lentamente y para su sorpresa, Ares parecía completamente otra persona, le miraba como un depredador que observa a su presa sangrar y en su mirada solo distinguió un único pensamiento…

Ares deseaba a matarle…

Athena llevaba alzado a Nike frente a ella deteniendo los proyectiles de oscuridad que lanzaban los guerreros de los titanes que habían logrado escapar del tártaro junto con sus amos, Saga y Shaka les destrozaban con pequeñas cantidades de cosmos abriéndose paso hasta donde el templo dedicado a Febe se encontraba.

Un halo proveniente de Shaka impacto en un grupo de guerreros, que fueron destruidos al instante y la luz dorada inundo todo el lugar, casi cegándola por aquella incandescencia, a pesar de que su cosmos no estaban ardiendo y ni siquiera estaban utilizando técnicas, tanto Shaka y Saga habían dejado los rodeos una vez que sintieron que el cosmos de Aioria había desaparecido, sus ataques destruían todo lo que tocaban y Athena podía distinguir en su mirada la determinación de hacer pagar a aquellos miserables la muerte de su hermano de orden.

-Es suficiente. – La voz ronca de Saga se abrió paso ante el griterío de aquellos guerreros, su cosmos dorado le rodeo y todo a su alrededor se torno lleno de oscuridad, la cual fue alumbrada rápidamente por las estrellas. - ¡Explosión de galaxias! – La horda de planetas gigantes incendiándose y explotando cerca de si mismo logro quemar y destruir a cada soldado que se hubo interpuesto en el camino. Para cuando la magnánima técnica de Saga termino no quedaba ni siquiera un soldado en pie, todos ellos habían perecido una vez que Saga incendio y exploto su cosmos.

-Debemos continuar avanzando. – Sugirió Shaka, pudo distinguir en los ojos de su guerrero de virgo toda aquella tristeza y desolación que la muerte de Aioria le había causado y cuando sus ojos azules fueron de las orbes zarcas a las esmeraldas de Saga contemplo los mismos sentimientos; sin embargo mientras en Shaka encontró sosiego, los ojos de Saga parecían consumirse en un profundo odio.

-Tienes razón. – Asintió, Saga estiro un brazo hacia ella para ayudarle a subir aquella colina rocosa que era tan alta que su punta parecía tocar el cielo y ser bañada directamente en el día por la luz del sol y en la noche por las estrellas. – Febe debe encontrarse en aquel lugar.

Saori giro su rostro hacia las colinas aledañas a aquella zona al tiempo que continuaban ascendiendo, rehuyendo de la mirada de sus santos, sin embargo su alma… el alma de Athena lloraba lagrimas amargas y sentía una terrible opresión en el pecho que le dificultaba el seguir ascendiendo a pesar de la ayuda que Saga de vez en cuando proporcionaba, cargándola o tirando de ella para hacerla subir un reliz muy pronunciado, una caída de aquella altura seguramente acabaría con la vida de cualquiera.

Aioria… pensó para sí misma, sabía que su guerrero de leo se sacrifico para salvar a los santos de bronce, siempre había sido así, los santos dorados se preocupaban por Seiya y los otros como si fuesen sus hermanos mayores, pero conocía que no era solo aquello, Aioria lucho solo contra Cronos para no verla derrumbarse a ella, pues una perdida tan grande como la de Seiya y los otros que eran sus compañeros desde la infancia la desolaría por completo, sin embargo la perdida de Aioria la destrozo.

El silencio entre los tres era mortuorio, Shaka iba tras ellos cubriendo la retaguardia y Saga por delante ayudándola a subir y protegiéndola de un posible ataque por el frente, así que a pesar del dolor que sentía tuvo que contener sus lagrimas para que ninguno de sus santos dorados la viese llorar, pero el solo hecho de pensar en la amistad que había iniciado con Aioria le provoco un profundo vacio.

Como Athena sentía dolor y una rabia indescriptible hacia los titanes, pero como Saori sufría una profunda perdida, sintió que las lagrimas se agolparon en sus ojos y un nudo se formo en su garganta. ¿Por qué el destino se empeñaba en maldecir a sus santos dorados? ¿Por qué resultaba ella siendo tan inútil para protegerles? Una lagrima rodo por su mejilla como si fuese una perla que caía hacia el mar, pero esa lagrima que se desprendió de sus ojos añiles, representaba el dolor de su alma, como si una daga le desgarrase por dentro y le arrancase el aliento.

-Athena… - La voz preocupada de Saga le llamo, tardo unos segundos en voltear hacia el guerrero de géminis pues sentía que no podría sostenerle la mirada, así que cuando le miro, vio que el gemelo mayor le miraba con pesar y tenia levemente sus cejas fruncidas.

Saga al instante vio la leve humedad en la mejilla de la deidad y aquel camino de dolor que pintase su lagrima, sus ojos estaban enrojecidos por retener sus lagrimas, tomo cálidamente su mano y acaricio el cabello de su diosa, una rápida mirada le indicio a Shaka que Athena pasaba por lo mismo que ellos dos estaban experimentando en esos momentos.

-Princesa Athena… - Shaka poso su mano comprensivamente sobre su hombro y ante aquella caricia amiga Saori cerró sus ojos con fuerza sin poder retener por más tiempo sus lagrimas las cuales escaparon a sus ojos celestes. – Nosotros entendemos los sentimientos que albergan en su interior, no tiene porque guardarse nada, pues Saga y yo entendemos cómo se siente.

-Yo… no quiero que mueran, me preocupa demasiado tan solo imaginármelo y primero fue Dokho, ahora Aioria, me aterra en pensar que alguien más pueda morir a causa de mi, yo… yo quería que vivieran una nueva vida sin guerras, donde pudiesen tan solo encontrar paz y el perdón que tanto necesitaban. – Géminis y Virgo sintieron tanto pesimismo al ver las lagrimas que su diosa derramaba por ellos, que no pudieron evitar que algunas lagrimas escapasen también de sus ojos, pues el dolor que Athena experimentaba, era el mismo dolor que sus almas guardaban hasta ese momento.

Athena abrazo a Saga y oculto su rostro en el pecho del guardián que acaricio el cabello de la peli lila para intentar calmarla, sentía como su diosa temblaba ligeramente entre sus brazos por todas aquellas experiencias vividas hasta ese momento, los recuerdos del pasado y las cosas que quería para el futuro eran los mayores obstáculos que tenia para poder superar el presente que enfrentaba.

-Athena debemos ser fuertes, pues al ser santos estamos acostumbrados a que la vida nos de duros golpes de los cuales aprendemos, pero entre las pequeñas recompensas que hay es verla a usted con una sonrisa en los labios. – Saga susurro serenamente a su oído, mientras los ojos del guardián de Virgo y Géminis se encontraban con comprensión.

-Athena todo irá mejor, debe ser fuerte. – Shaka poso su mano en su espalda con una cierta calidez proveniente de su cosmos tranquilo y calculador.

Asintió, separándose del pecho de géminis y sus lágrimas dejaron de caer, sintió como Saga la tomaba delicadamente del rostro y limpiaba con su dedo pulgar las lagrimas que hacia un momento recorrían su rostro, Shaka sonrió a su lado y Saga le imito. Ella compartió una sincera sonrisa con ellos, nunca antes se había desahogado con dos santos dorados y él hecho de que ellos le mostrasen su lado humano le ayudo mucho a darse ánimos para continuar con todo aquello.

-Gracias. – Ambos asintieron ampliando su sonrisa y fue entonces cuando sus ojos se tornaron llenos de determinación y miraron la última colina que le separaba del templo de Febe, pronto todo aquello terminaría e iría mejor…

Pero aún siendo diosa cuan falsas esperanzas podía crear y que fácil resultaría para sus enemigos destruirlas.

Continuara…

Aclaraciones:

-Raysko Praskalo significa roció divino y es una pequeña cascada de 124.5 m de altura, siendo la más alta de Bulgaria y los Balcanes al sur de Grecia.

-Así es amiguitos en el episodio G nuestra dulce rosa puede crear este capullo el cual está dotado de poderes de regeneración para ayudar a un aliado y sanar sus heridas. Al parecer Afrodita tenía más técnicas de combate no sé porque le hicieron ver tan débil cuando en realidad pudo haberle pateado el trasero a cualquiera. Y la ultima la vi en Soul of Gold así que yo hago mi revolvedero de series jaja.

Comentarios:

SS clásica: Que bueno que te guste mi historia, pues aquí esta y gracias por dejar un comentario y dejar tu presencia jajaja espero tener noticias pronto de ti.

Joana: Si lo sé y me declaro culpable, pero estaba pensando en una muy buena causa para esta historia ya verás. Por cierto loca siempre he estado asi que no te sorprendas mucho jajaja.

Gaby: Las intrigas continuaran ya veras, pero para los dorados este panorama en vez de mejorar empeorara.

LadyMadalla-Selene: Lo lamento mucho… pero espero que este capítulo te ayude a intuir algo que voy a hacer en la historia, pero tengo que darte las malas noticias de que esto tal vez empeore un poquito.

503: Afrodita y Milo se están oliendo las malas de lo que iba a ocurrir en este capítulo. Shaka y Saga pronto darán todo de ellos vas a ver aun quedan 8 titanes a los cuales derrotar. Los capítulos transcurren y cada nuevo adversario que enfrenten les exigirá más de sí mismo, tanto a los santos como a los guerreros marinos.

Persefone X: Jajaja muchas cosas de aquí en adelante no te esperaras, quería causar un impacto, casi nadie espera que Aioria se fuera. Gracias a ti por tus comentarios.

Beauty4ever: En cuanto publiques tu primer capítulo avísame estaré encantada de conocerla y poder leerla.

Artemiss90: Si quise darle un momento para relacionarse más con los santos dorados, después de todo debe convivir con ellos. En cuanto a Persefone y Cronos puede ser que tu odio crezca mas hacia ellos pues se van a portar muy mal en los siguientes capítulos.

Animesnetxgeneration SNYC: Lo siento mucho, no tengo perdón de Athena.

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