Aquí tengo el capitulo numero 24 de mi historia, en realidad a esta altura no se cuanto será la extensión de la historia, por el momento solo les deseo que la disfruten mucho y me dejen un lindo comentario, pues como muchos ya saben los leo y les aprecio mucho, pues de esta forma se lo que piensan de la historia.

Capitulo 24 Hombro a hombro.

Las pisadas de los tres dejaban tras ellos solo el polvoriento humo violáceo proveniente de la tierra de los muertos, un pesado silencio había caído sobre ellos y se mostraba incomodo para el trió de santos dorados, ni siquiera habían alcanzado las puertas del infierno y la desesperanza ya les había comenzado a rodear como el fuego aprisiona a una víctima en un incendio y sin embargo tenían que dar todo de sí mismos para poder crear un rayo de luz dorada de nuevo en aquel desolado lugar.

Aldebarán llevo sus ojos marrones de Aioros que iba por delante de ellos sin ni siquiera mirar hacia atrás y luego al italiano, que fingía mirar hacia otro lado para ocultar el golpe en su rostro que hacía unos minutos había dejado de sangrar y que había ocasionado un hematoma purpureo en su ceja. En realidad no podía ni imaginar siquiera el dolor por el que estaba pasando Aioros y la fuerza que debía de tener su espíritu para continuar y no flaquear ante aquella misión. Pero el santo de sagitario siempre había dejado en claro que primero estaba Athena y eso ya le había costado dos fuertes golpes en el alma al castaño mayor; primero su propia muerte y el abandonar a Aioria y ahora la muerte de su hermano menor.

Mascara de la muerte suspiro pesadamente lo que atrajo su atención y la herida en su rostro desprendió unas cuantas gotitas de nuevo de sangre lo que hizo al italiano maldecir en su idioma natal. Si bien era cierto que tal vez el guardián del cuarto templo se mereció aquel golpe por la imprudencia de intentar detener a Aioros en un momento en que el santo estaba fuera de sí, también había apreciado que Mascara lo había hecho porque estaba preocupado por Aioros, lo que le demostraba cuanto había cambiado el peli azul.

Pues pudo simplemente ser un observador silente del dolor de su compañero, sin embargo intento acompañarlo y proporcionar sus conocimientos respecto al Yomotsu, pues ya habían perdido a un hermano de orden ni sabia que Mascara estaba en esos momentos intentando no perder al otro, por un estúpido descuido.

-Ahí delante están Artemisa y sus ángeles. – Hizo notar pesadamente intentando remover aquel mortal silencio sembrado entre ellos, Aioros tan solo asintió y Mascara alzo una ceja al verles detenerse y girarse hacia ellos, como si les hubiesen esperado.

-Puedo sentir el cosmos de Persefone en Eliseo, sería demasiado fácil llegar hasta ese lugar por la superdimension, sin embargo hace unos instantes Hermes ha sido atacado en ese lugar, no quiero cruzarme por el momento con ningún Titán, pues la emperatriz del inframundo es nuestro objetivo, para ello tendremos que cruzar el inframundo. – Artemisa apunto hacia arriba sobre sus cabezas apeldaba un enorme arco de piedra con las palabras escritas en griego "Aquel ser que entre deberá abandonar toda esperanza"

-Este lugar es la puerta del infierno. – Hizo notar Odysseus. – Estamos demasiado lejos aún.

-Estamos en la entrada. – Le hizo notar con un mohín de disgusto Mascara de la muerte.

-En ese caso será mejor proseguir. – Sugirió Touma, ignorando la mirada asesina que su compañero le dedicaba al santo de cáncer que se hacia el desentendido.

Artemisa avanzaba delante del grupo contoneándose como si las piedras frívolas del infierno tan solo fuesen un campo de flores, la deidad afilo su mirada ambarina para observar las turbias aguas del rio Aqueronte, le sorprendió ver al espectro Caronte esperándoles con una sonrisa sardónica en su antigua barca, que tan solo estaba iluminada por un par de lámparas de cera.

-Persefone, sabe que estamos aquí. – Hizo notar fríamente a su compañía los cuales tan solo asintieron.

-Bienvenida sea al infierno, diosa de la luna, Artemisa. – El espectro bajo de un salto e hizo una inclinación hacia la deidad la cual expreso en su frio rostro una mueca de asco mientras Touma se interponía entre el espectro y la deidad. – Esto es algo inusual, normalmente transporto en mi barca almas desamparadas y caballeros de Athena, que resultan ser lo mismo. – Se burlo Caronte lanzándoles una mirada desafiante a los santos que ignoraron el comentario. – Pero nunca a había llevado ángeles ni a la mismísima diosa de la luna.

-Siempre hay una vez. – Tercio duramente la rubia interrumpiendo el monologo del espectro que sonrió de lado. – Quiero que me lleves a mí y a mi compañía del otro lado.

-Como usted sabrá mi señora, mi servicio siempre tiene un costo. – El espectro sobo sus dedos en señal de indicar que requería algo valioso para cumplir con su cometido, mientras reia por lo bajo.

-Lo había supuesto, Theseus. – El rubio asintió a la orden que le dio su diosa y sin más señal derribo de un puñetazo al espectro que cayó de bruces al suelo, para después ser alzado por sus ropas a las orillas del rio, Caronte borro aquella sonrisa fría que tenia y movió sus brazos y piernas con desesperación intentando recargarlo en algún montículo de tierra para aferrarse a él y no caer a las aguas del rio. Theseus le permitió recargar ligeramente las puntas de los dedos de los pies y le asió con fuerza del cuello del sapuri.

-Soy una diosa y no me rebajare a darte ningún pago ni negociare siquiera contigo ¿Entendido? – Siseo la oji ambar acercándose por detrás de la espalda del rubio. – El pago que obtendrás será conservar tu vida si eso te sirve de algo, de lo contrario le diré a Theseus que te suelte y serás devorado por las almas en pena del rio Aqueronte, muchas de las cuales tu mismo has hecho caer.

-Sin mi ayuda nunca llegaran al otro lado. – Amenazo nervioso, miro sobre su espalda las aguas amarillentas que se removió turbulentas a medida que los cuerpos hundidos en aquel lago comenzaban a acercarse al percibir que el barquero podría caer en el. – Si no me entregan nada a cambio no les llevare.

-Encontraremos otra forma de cruzar. – Artemisa le dio la espalda dispuesta a continuar por otro lado, lo que le mostro al espectro que la deidad iba en serio. – Theseus, no le necesitamos más.

El espectro libero un grito de angustia al sentir que los dedos del ángel comenzaron a soltarle uno a uno y como su peso le acercaba más a las aguas, el rubio le soltó de golpe y su cuerpo se precipito a las aguas del Aqueronte, pudo ver los ojos de las almas deseosas por hundirle en las profundidades y algunas más salieron incluso del agua para asirle primero, pero la mano del ángel le volvió a tomar antes de caer.

-¡Paren! ¡Por favor! – Suplico.

-¿Acaso has cambiado de opinión? – Artemisa le observo con superioridad y se volvió hacia él, con un cierto dejo de indiferencia y burla.

-Les llevare del otro lado. – Acepto a la fuerza, Theseus le halo hacia la orilla y volvió a depositar los pies del espectro en el suelo, el cual se tiro sobre este respirando agitadamente.

-Recuerda que estas en presencia de un dios. – Artemisa se deslizo a un lado de él y subió a la embarcación donde Touma le ayudo a subir, seguidos por los otros dos guardianes. Los santos simplemente observaron impresionados toda aquella escena en silencio, cuestionándose el pago que hicieron sus compañeros al barquero para poder cruzar aquel rio. – Andando. – Le apuro.

La travesía por las oscuras aguas del Aqueronte fue tranquila, de vez en cuando podían escuchar al barquero farfullar algunas palabras y observaban la oscura mirada llena de odio que dirigía hacia la deidad de la luna y Theseus que aún continuaba mirándole con cierta burla y superioridad.

Mascara de la muerte llevaba fija su mirada en las turbias aguas viendo como el impulso que Caronte le daba a la barca abandonaban a su paso las almas de aquellos desafortunados que habían caído en las gélidas aguas del rio y que perdurarían ahí durante toda su eternidad. Deslizo su mano por fuera de la barca con la tentación de tocar aquellas aguas, pero se detuvo a centímetros de esta cuando se percato que los cuerpos hundidos se acercaban a su mano.

-Deberías regresar tu mano a la barca. – Sugirió Odysseus observándole fríamente pero con una sonrisa en los labios que extraños a los tres santos. – No quiero ir por ti si caes al agua.

-Sé nadar y puedo defenderme solo, aquí a diferencia de ustedes me encuentro en mi elemento. - Contesto con cierto orgullo, aun así regreso su mano dentro de la barca y le miro con cierta complicidad.

-En este lugar eso significa una desventaja enorme para ti santo. – La fría y seria voz chillona de Caronte resonó muy cercana a sus odios, lo que hizo al trió de santos alertarse.

-¿A qué te refieres? – Cuestiono Aldebarán.

-Muchas cosas han cambiado en el inframundo desde que mi señor Hades fue herido injustamente por Athena. – Menciono el barquero visualizando a lo lejos la otra orilla del rio.

-¿Es en serio? – Refuto Mascara con un tic en el ojo al oír apelar por la bondad con la que Athena había tratado al dios del inframundo. – Tu dios tiene lo que se merece.

-Tú debes ser el santo de cáncer ¿No es así? – Caronte soltó una carcajada que hizo que un escalofrió recorriese su medula y se pusiera en alerta. – Esto es mejor que la guerra santa…

-Déjate de estupideces y ve al grano. – Mascara de la muerte le miro amenazantemente mientras el siseo de su voz sonó claramente a una advertencia al espectro, pues si Theseus no lo había hundido en las aguas del Aqueronte él se encargaría de darle unas ligeras zambullidas en estas.

-Desde que mi señor no está, la emperatriz ha movido todos los recursos que tenia para traerle de vuelta y por ello ha aceptado regalos de otros dioses y titanes que vagan por la tierra, en el camino soldados de Ares y la fuerza aumentada de los espectros por lo titanes les espera, pero tu santo representas un excelente botín para la emperatriz, no es así compañero. – Mascara se levanto enfurecido empuñando las manos dispuesto a golpear al espectro pero la mano de Aldebarán le sujeto por el brazo.

-No le hagas caso Mascara, nosotros sabemos que no traicionaras a Athena. – Los ojos de tauro mostraban tal sinceridad que el de la cuarta volvió a sentarse y maldijo por lo bajo al espectro, no sabía qué era lo que Persefone buscaba en él, pero sabía que la deidad lo tentaría con todo lo que tuviese a su alcance y algo como aquello le podría hacerlo flaquear, ya había estado a punto de comer la granada para salvar la vida de Aioros con quien creía tener una deuda y reconocía que tenía un compromiso para redimir sus errores con más de un compañero.

-Llegamos. – El espectro encallo la barca con una cierta rudeza y permaneció inerte en su lugar mirando con un gran despotismo a los ángeles de Artemisa principalmente a Theseus quien en ese momento había bajado de la lancha para ayudar a la deidad. Después de ellos bajo el resto y miro el frio camino a través de las rocas que se abría paso hasta la primera prisión del infierno.

El espectro afilo su mirada y apretó entre sus manos el remo que llevaba al verles continuar su camino sin ni siquiera agradecerle, ni darle un pago por su servicio, aquello le resultaba demasiado humillante, por lo que lanzo el remo como si fuese una lanza hacia Artemisa, pero Mascara y Aldebarán que iban cerrando la fila sintieron el artefacto y el guardián de la segunda casa le detuvo en el aire.

-No se largaran sin pagarme. – Brinco hacia la tierra y avanzo enfurecido hasta ellos.

-Mira como lo hacemos. – Aldebarán tiro el remo al suelo y le dio la espalda, mientras todos volvían a ponerse en marcha.

-¡Corriente arremolinada aplastante! – Caronte junto sus manos por las muñecas y concentro sus cosmos en estas creando una esfera violácea la cual era rodeada por unas especulaciones rojizas, que creó una fuerte corriente de aire, que al ser lanzada formo un torbellino de agua y aire que ejercía una presión aplastante contra el grupo.

Touma tomo en brazos a su diosa y esquivo el ataque, Odysseus y Aioros hicieron lo propio alejándose del lugar de impacto mientras Mascara de la muerte y Theseus brincaron hacia las piedras próximas al lugar y salieron del área de choque, Aldebarán levanto su puño y golpeo duramente la tierra bajo sus pies, la cual se levanto creando una ola de tierra, como si un gran gusano avanzase bajo esta.

El muro de tierra golpeo aquel remolino deteniendo su embate y sufriendo las consecuencias del ataque del espectro, los trozos de tierra se vieron arrogados en todas direcciones a una velocidad impresionante pero al final el remolino se detuvo.

-Esa no es la fuerza normal de un espectro. – Articulo Mascara de la muerte, recordando a los que venció en el castillo de Hades.

-Ya te lo he dicho, Cronos nos ha otorgado nuevos poderes y ha aumentado nuestro cosmos santo. – Caronte comenzó a ser rodeado por su cosmos violáceo y empuño su mano frente a su rostro dispuesto a lanzar un nuevo remolino.

-Theseus encárgate de él. – Ordeno Artemisa una vez que sus pies tocaron de nuevo el suelo, sus ojos almíbar reprochaban con odio la osadía del espectro de intentar atacarlos, así que ella no solo reprobaba los actos de Caronte si no que le condenaba también a muerte. – Alcánzanos después.

-Como usted ordene mi señora. – El ángel hinco una rodilla en el suelo y se llevo la mano derecha al corazón hizo una profunda reverencia a la deidad de la luna que asintió complacida. Theseus se incorporo de nuevo viendo marchar a su diosa acompañada de sus compañeros y los santos de Athena, cuando les vio doblar tras una saliente de rocas, se giro por completo dispuesto a acabar con Caronte.

Podía sentir dentro de él toda esa furia y odio que acumulo durante trece años contra Aioros y Aioria y por primera vez podía dirigirla hacia la persona que causo tanto dolor y sufrimiento a sus compañeros de orden, pero al mismo tiempo Ares parecía diferente, esta vez no estaba encerrado en el cuerpo de Saga ni limitado por la fuerza de voluntad del geminiano mayor, todo era diferente la fuerza de su cosmos era enorme y la oscuridad en el era colosal, la aura roja que le rodeaba distaba demasiado del color del fuego o cualquier otro rojo, era claramente el color de la sangre.

Ares vestía su armadura negra con destellos rojos que cubrían cada parte de su cuerpo musculoso, había desaparecido su espada y tronaba sus nudillos preparándose para la pelea, quería destrozar el cuerpo del escorpión bajo sus golpes y arrancarle el último aliento con sus propias manos. No sabía cuál era el odio hacia aquel guardián que le sirvió bien hasta sus últimos días como patriarca pero cuando le miro a los ojos supo que era la mirada con que el escorpión observaba todo, aquel orgullo de guerrero que se expresaba en sus orbes acompañado del sentido de justicia y bondad con el que el santo se manejaba, era lo que le molestaba.

-Sabes lo que más me complació de la muerte de Aioros, fue ver como ustedes como orden se destrozaban unos a otros como perros hambrientos de poder, dímelo Milo ¿Dónde quedo la igualdad y el compañerismo? Como siempre son falsas promesas, en la guerra siempre se pelea a beneficio de uno. –

-¡Cállate!- Rugió furioso. – ¡No sabes de lo que hablas Ares! ¡Ni siquiera nos conoces! ¡Nosotros… nosotros siempre estaremos dispuestos a sacrificar todo por los demás! – Milo se lanzo hacia Ares, estiro su puño para golpear al dios pero este detuvo su mano con la palma, intento utilizar su otra mano pero el resultado fue el mismo.

-Les conozco a la perfección. – Ares sonrió con placer, doblo su rodilla y golpeo el estomago de Milo, arrogándolo hacia atrás.

Milo salió repelido por la fuerza de la rodilla del dios hizo en su estomago, recupero el equilibrio para no caerse a pesar de que se arrastro unos cuantos metros agachado, se llevo la mano al estomago haciendo presión para mitigar el dolor y tomando bocanadas de aire para recuperar el perdido por la fuerza del golpe.

Ares no desaprovecho la oportunidad de tener a Milo en el suelo y se fue contra él, Milo se incorporo rápidamente a pesar del mareo que esto le causo, detuvo un puñetazo del dios sin embargo Ares se agacho colocando su mano en el suelo y le acertó una patada en el pecho que le hizo retroceder, Ares se teletransporto a su lado y le asesto un puñetazo sin piedad en el costado que hizo crujir a sus costillas sin embargo gracias a Athena no las fracturo, el dios arrugo la nariz molesto y volvió a lanzar su puño a la cara de Milo que trato de esquivarla pero Ares aumento su velocidad y golpeo su codo por lo que el griego no pudo cubrirse y recibió el golpe de lleno.

Se fue hacia atrás colina abajo, su cuerpo se deslizo por la velocidad del golpe y la misma gravedad que no le favorecía en nada, rodo raspándose y cortándose con las piedras que se levantaron a su paso, intento detenerse pero cualquier lugar al que se afianzara su agarre terminaba por desprenderse a causa de la velocidad y su peso, continuo rodando unos cuantos metros de aquella montaña y cuando logro detenerse su cuerpo pendía en el aire.

Cerro sus ojos con fuerza a causa del dolor que recorría cada hebra de su cuerpo, se sentía sofocado y no podía entender porque no podía esquivar ningún ataque del dios de la guerra, apretó los ojos lleno de frustración y cuando abrió aquellos orbes azules, contemplo el barranco bajo sus pies, si por algún motivo llegaba a soltarse le podría ir muy mal en las condiciones en las que estaba, miro la piedra en la que se sujetaba y que prácticamente le había salvado la vida.

Pero aquella esperanza se acabo cuando sintió la pisada de Ares sobre sus dedos, que los machacaba bajo su pie sin piedad, alzo el rostro molesto simplemente para ver el regocijo del dios, que se veía que claramente estaba disfrutando el haberle ocasionado aquellas heridas y tenerle en esa situación.

-Que estado tan deplorable. – La sonrisa de Ares se amplio y sus ojos centellaron rabia, aumento su peso sobre los dedos. – ¿Ni un grito de dolor?

No respondió a pesar de que sentía sus dedos prácticamente fracturarse bajo el pie del dios, su orgullo pudo más y le hizo guardar silencio, se negaba a deleitarlo aunque fuese con un quejido, pero al parecer esto molesto al olímpico que sacudió más su pie, casi triturando sus dedos bajo su peso y haciendo que sintiera como si su brazo fuese a ser arrancado de su cuerpo.

Elevo sus ojos azules llenos de odio hacia Ares que le miraba como si tan solo fuese una piedra a la que se piensa lanzar al vacio, Milo pudo contemplar su cosmos y aquella aura negra-rojiza que le rodeaba. Pero ¿Por qué no podía esquivar sus golpes? ¿Ni acertar un solo ataque al dios? Ares era un dios sin embargo podía sentir que en su cosmos se ocultaba algo más oscuro y que hacía que su cosmos se elevara por encima del poder común de los dioses, ¿Pero que era aquello?

-Te matare de una vez, pensé que darías más pelea, pero al parecer solo tienes muy larga la lengua. – Ares retiro su pie y se inclino a la orilla de aquel barrancón, el aire que subía por la montaña removía su cabello rojizo y le daba un aspecto más sanguinario. – Odio tus ojos, deja de mirarme así. – Ordeno.

-¡Jamás! – Milo soltó la piedra y cambio su mano hacia el tobillo del dios y lo jalo hacia el barranco junto con él.

-¡Suéltame maldito…-

El peso del peli azul le gano al dios y ambos cayeron hacia el vacio, Milo una vez que logro ver su cometido cumplido le soltó, el aire le rodeaba y pasaba a su lado a gran velocidad a medida que su cuerpo caía, como si intentase frenar el vacio pero al contrario de ello solo ganaba más velocidad, vio el cuerpo de Ares estrellarse contra unas rocas lo que causo que parte del lugar donde el dios se impactase se desgajara y cayera hacia la barranca.

Miro hacia todos lados en busca de algo que frenara su caída pero justo en ese momento su cuerpo impacto duramente contra una saliente de rocas las cuales rasgaron su carne y abrieron profundas heridas en sus brazos y espalda, el dolor se dejo sentir como si hubiese recibido una descarga eléctrica y pronto se desvaneció, a medida que comenzó a perder la conciencia, sentía como su cuerpo giraba y rodaba sobre sí mismo, golpeando de vez en cuando otro acumulo de rocas, hasta que finalmente encontró descanso en la firmeza de aquel manto verdesino.

Intento reincorporarse, pero apenas y logro ponerse a gatas un mareo le sobrevino, aun tenía la sensación de continuar cayendo por aquel precipicio y todo le daba vueltas, vio como de su cuerpo se desprendían ligeros hilillos de sangre que rápidamente tiñeron aquel pasto verdesino en escarlata, los brazos le temblaban y su cuerpo comenzó a recobrar la sensibilidad perdida hacia unos segundos, experimentando un dolor tan ardiente e intenso que le hizo morderse el labio para reprimir un grito de dolor. Sacudió la cabeza para intentar recobrar bien los sentidos pues escuchaba un zumbido continuo que le aturdía y su vista se había nublado. Sin embargo lo primero que logro ver de nuevo fue la rodilla de Ares que le mando de bruces al suelo de nuevo y le abrió la ceja, el dolor apareció en un nuevo centello que se unió rápidamente al que ya recorría su cuerpo.

-¿Por qué? ¿Por qué no puedo herirlo? Ni siquiera he sido capaz de tocarle… - Milo abrió sus ojos con un enorme pesar y observo el cielo cubierto de nubes grisáceas alternadas con unas oscurecidas amenazaba con llover, sus orbes zarcas frenaron en el lugar desde el cual había caído y sonrió débilmente al pensar que había corrido con una suerte inmensa al no matarse. Se incorporo lentamente sintiéndose desfallecer, Ares estaba de pie a unos metros de él en perfecto estado como si aquella caída no le hubiese afectado en lo más mínimo mientras él prácticamente estaba a punto de caer inconsciente por la pérdida de sangre.

Ares elevo su cosmos a medida que comenzó a acercarse a él, pero justo en ese momento Milo pudo percibirlo, aquella aura negra que se posaba sobre el dios de la guerra violenta, no era de él, era el cosmos de alguien más… era una energía que sobrepasaba a la de un dios… afilo su mirada y sus ojos distinguieron de quien se trataba.

-El cosmos de… Temis. – Se incorporo tambaleándose, Ares logro oír las débiles palabras que salieron de su boca y amplió su sonrisa. -¿Por qué?

-Que mal te ves, casi estoy seguro de que no puedes pelear más. – Se burlo el dios. – ¿Temis? Si este es su cosmos, no es impresionante que tenga la fuerza de un dios y un titán en mi cuerpo, en estos momentos ni Poseidón, ni el estúpido de mi padre pudieran hacerme frente. Veras Milo cuando el poder de los titanes fue liberado en el monte Parnaso tres de ellos permaneció en ese lugar porque ya habían sido encerrados de nuevo en el tártaro; el de Temis, Japeto y Tetis.

-¿Y acaso te dieron el poder de Temis? – Milo coloco su mano izquierda sobre su antebrazo derecho mientras el aura dorada comenzaba a rodearlo y el dolor de sus heridas comenzaba a mermar pero no desaparecía por completo.

-Así es, ni siquiera Athena podrá hacerme frente ahora. –

-Que patético. – Milo amplió su sonrisa de medio lado y miro lleno de desprecio y superioridad a Ares.

-¡¿Qué has dicho?! – Ladro el dios acercándose amenazantemente al santo.

-Que es patético, que necesites del poder de un titán, ¡Tan solo eres un cobarde Ares! ¡Nunca has podido librar una batalla tu solo y es por eso que Athena es la verdadera diosa de la guerra y la estrategia! ¡Tu tan solo eres un farsante! – Milo saco la ponzoña de su mano derecha y apunto al dios que rabiaba frente a él una ira descomunal, el cosmos del dios se replegaba por todos lados destruyendo todo a su paso.

-¡Te asesinare! –

¡Aguja escarlata! –

...

El viento ondeaba su cabellera color aqua que se remolineaba en torno a ella suavemente haciéndole cosquillas en el cuello mientras los rayos solares del atardecer iluminaban sus ojos azules haciéndoles notar como si estos fuesen de un color purpureo. Contemplaba en silencio el mar frente a ella que se removía apaciguamente a su alrededor, formando en la orilla una ligera espuma que tocaba las puntas de sus sandalias doradas.

Cuantas veces había observado la unión que formaba el mar con el sol y aun siendo una diosa, aquello le resultaba algo tan mágico, por el desglose de colores y matices que envolvían al cielo y la tierra en un solo haz lleno de esplendor. Sin embargo algo como aquello le provocaba una profunda nostalgia pues aquel paisaje siempre le observo al lado del emperador de los mares, incluso la unión de sus almas fue bajo el centello de colores que inundaban tanto el mar como la tierra.

-Emperatriz. – Sorrento se acerco a ella portando su escama dorada, hizo una ligera inclinación en señal de respeto para llamar su atención. – Estamos listos para partir.

-Parece ser que al final Kanon tan solo pertenece al ejército de Athena. – Una sonrisa triste se dibujo en su rostro y regreso la mirada hacia el horizonte para calmar el pesar que esto le provocaba en la inmensidad del reino marino. – Aún falta Isaak y requiero ver al patriarca de Athena antes de partir, aguardemos un poco más.

-Entiendo mi señora. – Sorrento asintió y se retiro hacia la fila horizontal que formaban sus compañeros en la playa de Cabo Sunion posicionándose al lado de estos. Todos llevaban las escamados doradas y tenían el casco bajo el brazo contemplando el mismo paisaje de la deidad y esperando su orden para marchar hacia el lugar donde se resguardaba el titán que levantase la mano contra su dios.

-Se que no me fallaras Kanon…pudiste traicionar a Athena pero tus lazos con el mar van mas allá de lo que tú mismo imaginas. – Su rostro se ensombreció al perder la cálida luz solar a causa de que se giro al sentir el cosmos de Shion, Isaak y tres caballeros que se acercaban al lugar. Miro las escalinatas de mármol gris que llevaban hacia la playa y los calabozos por donde la imponente y serena figura de Shion apareció acompañada de los santos dorados de Acuario y Piscis, pero Géminis no apareció entre ellos, el tercer caballero que iba hasta ese lugar era el santo del cisne que acompañaba a la par a Isaak.

-Buenas tardes diosa Anfitrite. – Saludo amablemente el patriarca siendo seguido por un gesto de educación del trió de santos.

-Es un placer que venga a despedirnos patriarca y que goce de una compañía tan grata. – Anfitrite cerró sus ojos e hizo una leve inclinación hacia los recién llegados que le correspondieron por igual. – Athena y Artemisa han partido para cumplir con su misión, creo que no debo quedarme atrás.

-Le deseo que Nike le sonría y guie su camino. – Shion observo como la deidad dibujo una triste sonrisa mientras observaba en dirección al santuario.

-Isaac. – Camus llamo por última vez a su alumno, que detuvo su andar y se paro frente a su maestro. – Mantén los brazos unidos y las piernas separadas, eso le dará estabilidad a la ejecución de aurora.

-Si maestro. – Asintió.

-Mantente sereno y frio durante toda la batalla y en el último momento cuando quieras hacer arder tu cosmos libera todos tus sentimientos, eso hará que tu cosmos se incendie y puedas alcanzar el cero absoluto. – Camus le tomo por el hombro y lo estrecho con suavidad, Isaak le sonrió agradecido y sin esperar una respuesta confirmatoria abrazo al galo, a quien sorprendió por aquella muestra de reconocimiento.

-Maestro Camus yo… no merezco que usted se preocupe por mi… no después de lo que ocurrió. – Isaac le susurro al oído al francés que le estrecho en un abrazo sobreprotector. – Muchas gracias por todo.

-No tienes nada que agradecer Isaac, recuérdenlo bien tu y Hyoga fueron la mejor elección que he tomado en mi vida y para mi es un honor poder ser su maestro. – Camus estiro sus brazos y apretó ambos hombros de su alumno, que escondió su ojo bajo su flequillo y asintió.

-Te estoy eternamente agradecida caballero de acuario, por darme a uno de los mejores guerreros de los hielos. – Anfitrite mostro aquellos aperlados dientes en una sonrisa llena de gratitud.

-No debe agradecerme por velar por mis alumnos. – Camus respondió educadamente y libero a Isaac de su agarre para que fuese a con sus compañeros. – Ten mucho cuidado.

-Si maestro. – Isaac abrazo fraternalmente a Hyoga, quien le estrecho con fuerza entre sus brazos y lo encomendó a la diosa Nike para que velara por su bienestar y pudiese regresar victorioso de aquella batalla.

-Bien es hora de irnos, Shion cuando vuelva Athena podrías decirle que me dirijo hacia el Atlántico y que no debe preocuparse más por Océano. – Anfitrite se alejo de la orilla del mar dejando pequeñas huellas húmedas tras de sí y estiro su brazo hacia el patriarca quien la tomo, mientras la diosa la estrechaba con calidez. – Gracias por todo Shion.

-Espero verle pronto. –

-Así será. –

-Yo me encargare de eso. – Camus y Afrodita se voltearon rápidamente hacia sus espaldas y vieron a Kanon bajar las escalinatas a la playa portando la escama dorada del general Dragón marino mientras llevaba su casco bajo su brazo. Kanon les sostuvo la mirada esperando una mirada recelosa por parte de sus iguales pero fue todo lo contrario tanto Acuario como Piscis le sonrieron con camarería, por lo que agradeció mentalmente a ambos guardianes aquel gesto, se acerco a Shion que se veía demasiado serio para su gusto.

-Patriarca Shion pido su permiso para… - El gemelo menor guardo silencio al ver que Shion alzaba una mano pidiendo que se callara.

-Kanon no tienes porque pedirme una autorización para actuar de forma justa y de acuerdo a los principios que has forjado por quien eres en el presente. – Shion coloco su mano sobre la cabeza del gemelo menor y la sacudió juguetonamente, lo que le saco una sonrisa apenada a Kanon e hizo reír a Afrodita y sonreír a Camus, quienes le deseaban suerte a su compañero en aquella enmienda. – Ten mucho cuidado.

-Lo tendré patriarca. – Kanon miro hacia sus compañeros dorados que asintieron con una sonrisa llena de compañerismo en su rostro y sintió como aquellos a los que siempre quiso pertenecer, le mostraron que siempre fue uno de ellos. Shion le palmeo el hombro paternalmente y le dijo adiós como todo padre despide a un hijo. Y fue cuando se dio cuenta de que el único obstáculo entre la orden dorada y él siempre había sido el mismo.

Kanon se puso el casco del general marino y se dirigió hacia ellos para marchar hacia el océano atlántico donde se encontraba el templo de Océano, pudo observo la sonrisa de alegría y seguridad que se dibujaba en los labios de Anfitrite, sus compañeros se mantenían serios pero pudo distinguir en sus orbes la felicidad que les daban al verle portando una vez más aquella escama.

-Kanon. – Una voz jovial hizo girarse a todos hacia las escalinatas, sobre esta el joven Julián Solo se encontraba agitado al haber tenido que llegar hasta ese lugar, avanzo entre todos en silencio mientras las miradas suspicaces de Shion y los santos le seguían con interés, se coloco frente al general del ejército de Poseidón y un aura azulacea comenzó a rodearle.

-Poseidón. – Susurro Anfitrite llevándose la mano a los labios al reconocer el magnánimo cosmos de su amado esposo, todos los generales marinos a excepción de Kanon hincaron una rodilla en el suelo en señal de respeto y Shion y el resto se mantuvieron tranquilamente firmes ante aquella escena. – Tu…

-Kanon. – Julián Solo estiro su mano entre la distancia que le separaba del gemelo menor y de esta se desplego una luz celeste que encandilo a todos los presentes, la luz se disperso hacia los lados combinándose con los colores del atardecer y dando un espectáculo celestial, mientras el mar se agitaba al reconocer el cosmos de su señor, la intensidad fue disminuyendo y un aura dorada broto de la mano del joven intercalándose entre los rayos azules para mostrar el tridente del emperador de los mares y el cosmos de este se elevo a los cielos en una explosión zarca de energía.

Kanon contemplo el cielo, que perdió por unos segundos aquella matidez rojiza ocasionada por el atardecer tornándose turquesa para volver paulatinamente aquellos colores vivos, bajo sus ojos esmeraldas hacia Julián Solo el cual le tendió a Kanon, el tridente del emperador de los mares. – Poseidón deseaba que lo tengas y puedas sellar el alma de Océano con él.

-Entendido. – Acepto, Anfitrite se puso al lado de él e incremento su cosmos rodeándolos de un verde turquesa que les abrigo con calidez.

-Es hora de irnos. – Y en un centello zarco del cosmos de la deidad de las corrientes tranquilas y todos ellos desaparecieron. Shion se dispuso a regresar hacia el santuario, camino sobre la arena que se hundía bajo su peso hasta las escalinatas de mármol, las subió en silencio acompañado de los santos dorados, pero se paró en seco de improvisto al sentir el cosmos de Milo en constaten oscilación busco el dueño del cosmos oscuro que estaba tras la elevación de la energía de Milo y no pudo contener el odio que le embargo al reconocer a Ares. Miro hacia atrás justo para observar el semblante tranquilo de Camus, que miraba hacia el sur.

-Camus. – Afrodita puso la mano en el hombro de su vecino con solidaridad.

-Patriarca. – Shion observo el puño cerrado de Camus y como este se cerraba con fuerza, provocando un ligero temblor en la mano del acuariano.

Camus de acuario era un santo frio, que podía mantenerse en cualquier situación templado y tranquilo, pero si había algo que hiciera al guardián del onceavo templo incendiar su alma y calentar su cosmos era la fidelidad hacia sus amigos y Milo era el mejor de ellos, era cierto que en últimas instancias Camus había desarrollado una fratelidad con Shura y Saga, sin embargo Milo siempre había sido una pieza clave en la vida del aguador y verle enfrentar a quien ocasiono la ruptura interna de la orden dorada le hacía enfurecer.

-Patriarca Shion permítame ir en ayuda del santo de escorpión, se bien que él está preparado para enfrentar a un dios, pero puedo percibir que un cosmos oscuro rodea el de Ares. – Camus hinco una rodilla en el suelo y clavo sus ojos azules en el mármol a sus pies.

-Ve. –

-Se lo agradezco patriarca. –

Camus se levanto y comenzó a correr en dirección hacia las doce casas, tenía que llegar hasta la casa de Aries, una vez ahí le pediría a Mu que si fuese posible Kiki le transportara hacia ese lugar pues necesitaba llegar tan rápido como fuera posible y por medio de la teletransportacion llegaría indudablemente al tiempo deseado, empuño sus manos y aumento la velocidad a la que corría. – Resiste, Milo.

...

-Esa es la primera prisión del inframundo. – Odysseus observo el mármol esculpido a la perfección que daba forma a aquella intimidante fortaleza y a un palacio inmenso protegido a sus pies por una larga y ancha escalera que llevaba hasta el enorme pórtico lleno de columnas que sostenían con templanza aquel techo a dos aguas, aquel mármol blanquecino le hacía contrastar con la oscuridad del infierno y realzaba la gigantesca puerta doble de madera con detallado dorado y que a sus lados del mismo tamaño se encontraban grandes ventanas muy parecidas en diseño a la puerta.

-Dentro de este lugar hay un espectro. – Mascara de la muerte avanzo los primeros escalones con la intención de ser el primero en llegar pero Aldebarán le detuvo del brazo con firmeza.

-Seré yo el que se quede en esta prisión ustedes deben continuar. – Aldebarán avanzo de un paso los 5 escalones que Mascara de la muerte había subido ya, lo que impresiono a Odysseus y Touma que no habían reparado en ese momento en la altura del gigante. – Este lugar es el palacio del juicio y seria un lugar perfecto para que tus antiguos errores fuesen juzgados. – El brasileño no le hecho en cara nada a su compañero, por el contrario sabia que aquel podría ser uno de los peores lugares a los que el guardián de cáncer podría caer pues si bien los pecados de su pasado habían sido perdonados eso no significaba que se olvidaran ni pudiesen ser juzgados.

-Está bien. – El cuarto guardián retrocedió y le permitió el paso a su compañero en un profundo silencio que le envolvió.

Aldebarán miro aquella doble puerta de madera con interés y avanzo con determinación hacia ella, seguido de la deidad y sus compañeros, coloco su mano con firmeza y la empujo, el lugar se ilumino lentamente con la luz del exterior y rápidamente diferentes mecheros esparcidos por toda la sala se encendieron mostrando un par de ojos que les veían fieramente.

-Adelántense yo me encargare de él. – Interpuso su gran figura entre sus compañeros y el espectro peli blanco que le miraba lleno de molestia.

-Alcánzanos pronto. – Atino a decir Aioros por primera vez desde que habían dejado el monte Yomotsu, el castaño parecía que había vuelto de su ensimismamiento y le miraba con cierta preocupación, si lo que Caronte había dicho era verdad el cosmos de los espectros estarían incrementados por los poderes de los titanes.

Cuando estuvieron a punto de cruzar la puerta de salida, se detuvo en seco pues sintió el cosmos de otros seres entrando en la primera prisión, se viro bruscamente y contemplo aquellas armaduras negras rojizas provenientes de los soldados de Ares.

-¡Aldebarán cuidado! – Alerto a su compañero que esquivo oportunamente una espada que paso a centímetros de su rostro, el gigante tomo la cabeza del guerrero y la impacto contra una columna. Aioros hizo ademan de querer regresar pero la voz del gigante le detuvo.

-¡Aioros ustedes continúen, pronto nos veremos! – Asintió y comenzó a correr para alcanzar a Artemisa y los otros, pero aquella simple acción ennegreció e hirió más su alma, pues a su mente regreso que la última vez que abandono a un compañero en el campo de batalla, lo único que había provocado es que Shura fuese herido de gravedad y el antiguo maestro, Dokho de libra cayera a manos de los titanes. Cerró los ojos con pesar e intentando alejar esos oscuros pensamientos, sin embargo la muerte de su hermano menor sobrevino a su mente y acaparo su alma con un opresión que le torno serio de nuevo.

Atravesaron el valle oscuro del viento sin más complicaciones y vieron alzarse frente a ellos la segunda prisión del infierno, con aquella extraña decoración egipcia que contrastaba con la misma mitología griega de todo el lugar, las ruinas a su alrededor, las rocas y columnas caídas mostraban las antiguas batallas de numerosas guerras santa contra Athena.

-Esta es la segunda prisión. – Touma se aventuro primero posicionando a su diosa tras él, mientras Odysseus cuidaba la espalda de la deidad, seguidos de Mascara y Aioros que iban sumidos en sus propios pensamientos. El pelirrojo observo una larga y angosta escalera por la que podían acceder y se aventuro hacia ese lugar que le conducía hasta una puerta donde 4 enormes estatuas de faraones sentados vigilaban eternamente la entrada. No pudo evitarse cubrirse la nariz al entrar por el olor a putrefacción que inundaba el lugar, lo que rápidamente fue imitado por sus compañeros.

-¡Que olor tan asqueroso! – Se quejo Odysseus avanzando con cuidado por la prisión.

Sin embargo atravesaron la segunda prisión y ningún espectro les cerró el paso ni se interpuso en su camino, la oscuridad del templo quedo atrás y frente a ellos se abrió paso un campo lleno de pasto verde y hermosas flores de diferentes colores que iban desde el blanco, amarillo hasta rojo.

-¿Cómo puede haber algo tan magnífico en el inframundo? – Odysseus se adelanto esta vez, sintiendo el fresco y dulce aromas de aquellos pétalos y la franca corriente cálida del lugar. – Es imposible que haya un lugar como este en el infierno. Mascara de la muerte sonrió de medio lado al pensar lo feliz que sería Afrodita en aquel lugar e inclusive se lo imagino dando brincos por toda la pradera lo que casi le hizo reír a no ser porque se mordió el labio para impedirlo.

-Este campo de flores, es el único lugar de todo el infierno donde pueden crecer, pero no te equivoques Odysseus las flores no distan mucho de la podredumbre del inframundo ya que todo en ese lugar se descompone por igual. – Artemisa recorrió fríamente aquel lugar y avanzo entre las flores en silencio, aquel lugar en realidad era hermoso y sus recuerdos vagaron hacia la época del mito, donde hacía mucho tiempo había estado en un lugar parecido a aquel y con la compañía más grata de toda su existencia, en ese entonces el mundo era hermoso y ella estaba enamora de Orión.

-Todo debe morir en esta vida. – Se burlo una voz jovial tras ellos, unas ordas de fuego brotaron de la tierra incendiando y destruyendo aquel campo de flores, los pétalos se elevaron en el aire mientras eran consumidos por las llamas y sus vivos colores se transformaban en negras cenizas que volaron alrededor de ellos.

-Te puedo apostar que eso también te incluye a ti. – Mascara de la muerte se giro hacia su enemigo y levanto su dedo índice a la altura de su rostro mientras este expedía una luz celeste. Sin embargo tuvo que retroceder porque aquel joven estaba sobre una de las cabezas de Cerbero el perro del infierno y el cual le había lanzado una dentellada sin piedad, a la cual estuvo a punto de terminar entre las fauces del animal.

-Que ridículo santo. – Rio el joven de melena negra, pero esta vez su risa fue acompañada por la de otro hombre que se encontraba a los pies de aquella bestia. - ¿Acaso no se dan cuenta que están en nuestro territorio?

-Para mí este es un jardín de juegos. – Siseo enfurecido el italiano destruyendo en su palma la flama azulada del fuego fatuo.

-En ese caso que inicie el juego. – Y de repente tanto cerbero como el dúo de espectros se abalanzaron sobre ellos.

Miro aquel destello azoláceo cuando Kiki y Camus desaparecieron de la entrada de Aries, observo hacia el horizonte donde el cosmos de Milo se elevaba sin embargo a penas era perceptible para el mismo santuario pues la oscuridad de la energía de Ares, cubría el brillo dorado del alma del escorpión, apretó con impotencia el puño de su mano.

-¿Cuánta sangre más? ¿Cuántas pruebas más necesitarían que pasar para tener paz? – En realidad no le molestaba el estar enfrentando una guerra más, lo que le hacía enfurecer era que se tratara de él… - Ares.- ¿Acaso no había causado suficiente daño? – No puedo entender cuál es el empeño de causar tanto sufrimiento a la orden dorada.

Desde la infancia del santo de aries, el dios de la guerra había hecho notar el poder de su ambición y el deseo ferviente de obtener la sangre de héroes y guerreros, la intromisión en la mente de Saga fue el golpe más bajo que el dios realizo pero a su vez fue el más estratégico, se apodero del cuerpo de uno de los más fuertes y mejores santos dorados, en el cual recaía la confianza del patriarca y de ellos mismos, fue un plan que se ciño desde la oscuridad del templo de géminis y qué embargo a su guardián hasta hacerlo caer.

Saga no solo tuvo que enfrentar el hecho que tenía que obedecer la voluntad de otro dios si no que contemplo la muerte del patriarca, Arles y Aioros desde un punto donde ni siquiera podía expresar su propio dolor, la orden se desunió y el odio creció entre ella, distanciados por un estúpido orgullo y recelo.

-En esos momentos tuve que salir de aquí. – Mu se giro para ver la hilera de escaleras que salían de su casa e iban hacia el templo de tauro, percatándose del sentido de añoranza que le provocaban los doce templos. – La muerte de mi maestro, la desaparición de Saga y la traición de Aioros fue demasiado, no soportaba ver a Arles como patriarca ni enterarme de que mis compañeros serian enviados a distintas partes del mundo. Pero ¿Ese era tu plan no Ares? Deseabas alejarnos a todos de aquí.

Ese tiempo que estuvo fuera y recibió la ayuda del antiguo maestro de libra para permanecer en Jamir y completar el entrenamiento de Shion, fue perfecto para templar su carácter tranquilo y analizador, pero todos aquellos que permanecieron en Grecia o cerca de ella se vieron contaminados por Ares; Shura fue engañado, Mascara y Afrodita ayudaron a quienes ellos creían era Saga, Aioria fue consumido por el odio y las doce constelaciones se rodearon de oscuridad y soledad.

Unos pasos firmes y decididos en la parte posterior de su templo le alertaron de un intruso que escondía su cosmos, se volvió hacia él con cierta hospitalidad y miro a la diosa Ker que avanzaba con decisión hacia él, sus cabellos negros lisos se ondeaban a medida que avanzaba por el lugar llevaba una capa oscura que cubría toda su silueta y solo mostraba su fino rostro y sus ojos esmeraldas.

-Me alegra verte Mu. – La deidad se coloco a su lado y le sonrió ampliamente, sus ojos verdes cambiaron de tonalidad al ser iluminados por el atardecer de aquel día tornándose un rojizos.

-El gusto es mío. – Correspondió el saludo amistosamente y la observo, recordando aquellos ojos verdes inundados por el odio y la violencia como Ares la había instruido desde su juventud y que ahora habían desaparecido, el carácter de Ker había cambiado notablemente se mostraba amable y cordial con todos, sin embargo ella no dejaba de ser la diosa de la violencia.

-Es un hermoso atardecer ¿No lo crees? – Ker, poso su mano con delicadeza en una columna la cual recibió una caricia de su parte y luego coloco su mano derecha con suavidad sobre su pecho, Mu pudo observar que al recargarse la deidad, una ligera parte de su pierna sobresalió a la capa, pero en lugar de ver el vestido de la diosa o su tersa piel, encontró que ella llevaba puesta su armadura.

-Ker. – Le llamo preocupado, pero la diosa amplio su sonrisa y le interrumpió.

-Es la primera vez que no me llamas "Diosa Ker" y en realidad no me molesta que tan solo me llames Ker. – Mu se sintió abochornado al sentirse pillado en algo que el mismo había realizado inconscientemente, pero correspondió a la sonrisa de la diosa tímidamente.

-Lo lamento. – Acepto. – No hay ningún enemigo atacando el santuario ni a sus extremos, ¿Por qué lleva su armadura puesta?

-Eres muy observador Mu. – Ker dejo de contemplar el atardecer y se recargo sobre la columna, elevo ambas manos sobre su pecho y desato su capa, la cual se deslizo con suavidad por sus hombros hasta que cayó completamente hasta su mano izquierda donde la diosa la sostuvo y efectivamente como Mu había observado Ker llevaba su Kamui negro azulado se vislumbro como si fuese negro y sus armas permanecían guardas en sus antebrazos y piernas. – Mu de aries, te agradezco todo lo que has hecho por mí y con lo cual estoy en deuda contigo, aquella vez pudiste matarme sin embargo perdonaste mi vida y salvaste mi alma alejándome del mal. Hoy esa oscuridad está en la tierra y yo aún tengo cuentas pendientes con él.

-Pero Ker si tu… - Mu se acerco a ella y vio al determinación en aquellos ojos verdes, después de todo Ker continuaba siendo una diosa guerrera. – Ares ha incrementado su cosmos y…

-Como te dije antes Mu, tengo una deuda contigo y he decidido que hoy la pagare, muchas gracias por todo Mu de Aries. - La deidad miro una última vez más hacia el atardecer y se dejo de recargar en la pilastra. – Definitivamente es un hermoso atardecer es una lástima que el color que inunda cada rincón de la tierra, sea tan parecido al de la sangre. – La pelinegra comenzó a descender lentamente.

-Espera Ker… – Mu bajo tras ella, sintiéndose confundido y lleno de consternación, su corazón latía con tanta fuerza que parecía que abandonaría su pecho, era la primera vez que experimentaba aquella sensación tan llena de ansiedad y preocupación, faltaba unos escalones para alcanzarla cuando la diosa se volteo rápidamente hacia él.

-Tranquilo Mu, no pienso morir a manos de un asesino. – Su cuerpo se rodeo por un resplandor negro y desapareció. – Soy una diosa de la guerra y jamás podre huir de ella.

Iban corriendo a todo lo que sus piernas daban antes de que el atardecer desapareciera robándoles los últimos rayos solares, Hyoga y Shiryu iban por delante de él, seguido de Shun y hasta el final iba él, cerrando el grupo.

No podía de dejar de pensar en lo ocurrido con Aioria, la culpa le envolvía y los recuerdos volvían una y otra vez, cargando su alma de impotencia y sufrimiento, no entendía porque Cronos únicamente se la había tomado contra Aioria que había intentado defenderles y mantener a raya al titán y aquello únicamente había terminado en su fin, pero ¿Por qué? ¿Por qué no pudo hacer nada? Ellos habían vencido a diferentes dioses en el pasado, acaso un titán…

-¡Apresúrate Seiya! – Grito Shiryu brincando hacia una saliente de rocas y continuando con aquella carrera, pues podían sentir el cosmos de Prometeo cercano al santuario.

-Sí. – Contesto, entorno sus ojos hacia las barracas de las amazonas que quedaban cerca de aquel lugar y tan solo pensó en Marín y lo difícil que debía estar siendo para ella en esos momentos, sabía que su maestra desde joven había formado un fuerte vinculo con el guardián de leo y ahora que Saori les había prometido una vida tranquila a los santos dorados sabia que Marín y Aioria habían comenzado una relación y algo como aquello tan solo aumentaba su impotencia y le hacía sentir terriblemente culpable. Tenía que hablar con ella. - Adelántense en un momento les alcanzo.

Se freno de golpe y sus compañeros se detuvieron a unos pasos delante de él, le miraron unos segundos y como comúnmente ocurría se observaron unos segundos a los ojos y emprendieron de nuevo su marcha.

-Alcánzanos en cuanto puedas. –

Agradeció mentalmente la comprensión que le brindaban sus compañeros, muchas veces era innecesario decirse las cosas pues su lenguaje corporal hablaba más por ellos. Avanzo unos cuantos pasos hacia la cabaña de Marín y luego comenzó a correr hacia ese lugar, tenía que obtener el perdón de la que había considerado su hermana desde su entrenamiento, necesitaba oírlo de sus labios.

Disminuyo la velocidad de sus piernas y camino lentamente hacia la cabaña sin embargo no percibió ningún cosmos en su interior, estaba dispuesto a volver hacia sus compañeros, cuando la miro sentada en lo alto de un acantilando contemplando el atardecer, Marín ni siquiera se volvió a mirarlo por lo que se acerco hasta ella y se sentó a su lado.

-Marín yo… - Seiya no pudo ni siquiera mirarla a los ojos, apretó sus puños con impotencia y miro sus brazos que temblaban frenéticamente a causa de que intentaba reprimir sus sentimientos. – ¡Lo siento tanto, no pude hacer nada! ¡Jamás, nunca podre salvarle la vida a un caballero dorado, ellos… siempre han sido los que nos han permitido continuar y llevarnos toda la gloria de una victoria, yo…!

-¡Basta Seiya! – Marín le tomo con fuerza de la mano derecha y la entrelazo entre las suyas. - ¡Nunca digas eso! Es cierto que ellos han permitido que ustedes avancen durante las peleas y les han ayudado a seguir adelante, pero ¡Jamás debes subestimar tu fuerza! – Marín le observaba con sus dulces ojos mieles, que se encontraban enrojecidos por las lágrimas tan carente de sentimientos en ese momento, su voz sonaba llena de solidaridad pero su rostro se mostraba lleno de dolor. – Ya le perdí a él, no soportaría que mi alumno también muriese en esta batalla. Seiya yo… no te culpo de nada, nunca haría eso y sé que los caballeros dorados tampoco lo hacen, Aioria sabia las... – Pero no pudo continuar porque su voz se quebró.

Se llevo una mano al pecho a causa de la dificultad que sentía para respirar, las lagrimas volvieron a rodar por sus mejillas y escondió sus ojos mieles bajo su cabello pelirrojo que oculto el dolor que estaba sintiendo, soltó la mano del caballero de Pegaso, doblo las rodillas sobre su pecho y les abrazo.

-Yo sé porque Aioria se sacrifico por mi Marín…y eso es lo que me entristece…él lo hizo por no lastimar a Saori y a ti. – El japonés enrollo sus manos sobre los hombros de su maestra que sollozaba en silencio, la cubrió con sus brazos y beso con ternura aquellos cabellos pelirrojos, miro hacia el atardecer que parecía bañado en sangre. – Te juro Marín que hare pagar a los titanes lo que han hecho, cada vida perdida será vengada lo prometo.

Aflojo el agarre de sus manos después de casi media hora y se incorporo dándole la espalda a la que creyó que era su hermana pero a pesar de que la sangre no los uniera, en espíritu Marín siempre seria parte de su familia y el siempre la protegería y le ayudaría. - Cuídate mucho Marín. - Miro como los últimos haces solares se posaban en su mano, observo por encima de su hombro a la pelirroja que aun continuaba sollozando y empuño sus dedos sobre su palma, cerrándolo con fuerza. Prometeo sería el primer titán que probara la furia de perder a un ser querido. Comenzó a marcharse sin mirar atrás decidido a alcanzar a Shiryu y los demás.

Marín le sintió alejarse y contemplo los primeros haces nocturnos de aquella oscuridad, se dejo caer vencida al frio suelo y puso una mano sobre su frente vislumbrando la constelación de leo, la cual brillaba aquella noche, como si su resplandor fuese una caricia que el santo de leo, quisiese dedicarle para que no se sintiese sola de nuevo.

-Ese cosmos… es Ares. – Saga se detuvo antes de abrir la puerta del templo que le pertenecía a titanide Febe y miro hacia atrás, justo en dirección al sur, donde podía sentir el cosmos de Milo rodeado de una temible presencia, para él fue fácil reconocerla pues durante trece años se mantuvo dentro de él, pero a pesar de ello algo había cambiado, su cosmos estaba ennegrecido y aumentado al grado de igualarse con el de los titanes.

-Cronos ha beneficiado a Ares y le ha otorgado el poder de Temis. – Confirmo Athena, apretando el agarre de su blanquecina mano sobre Nike. – Milo… -

-No debe de preocuparse, Milo sabrá salir bien de ese encuentro, nosotros conocemos a Ares como él a nosotros. –

-Sabes que no es verdad. – Pensó Saga ante el comentario de Shaka, pero supuso que el santo de virgo lo había dicho para intentar calmar el nerviosismo de la princesa. Ares solo les había hecho creer lo que el había querido, durante 13 años, tan solo había sido una actuación, fingiendo ser bueno y actuar adecuadamente, aun cuando sus acciones estuvieran llenas de maldad. El dios de la guerra se las había ingeniado para mostrar tan solo una faceta de él, por lo que no había forma de que le conocieran por completo, sin embargo él era el único que sabía lo que dios deseaba y quería por trece años si había alguien que sabia las intenciones del dios era el mismo, pues su alma estuvo fusionada con la del dios por más de una década mientras su cuerpo fungía de prisión tanto para él como para el dios mismo.

-¿Qué es lo que deseas atacando a Milo? – Se pregunto a sí mismo, recordaba que el dios siempre odio la amistad que Milo y Camus guardaban pues le hacían temer de una probable rebelión de su parte, sin embargo todo se soluciono cuando mando a Camus a Siberia, de ahí en más Ares tan solo odiaba la devoción que Milo guardaba hacia Athena y el patriarca pero a la misma vez se regocijaba de ello. Si Ares hubiese deseado desquitarse con alguien posiblemente ese hubiese sido Mu, Aioria o Shura, pero Milo no podría ser… ¿Por qué él? Y como si fuese iluminado por un rayo recordó la amenaza que Ares le había lanzado en su último encuentro.

-Voy a matar a todos tus seres cercanos desde Shion hasta tus compañeros de orden de una forma tan cruel y dolorosa, que cuando te enfrentes conmigo tu fuerza de voluntad se haya doblegado y quebrantado que solo seas una maquina de odio y pelea como lo fuiste por 13 años, solo una vasija vaga de sentimientos. – Aquella había sido la amenaza del dios y ahora que lo pensaba sabía que Milo era el primer seleccionado para que Ares pudiese cumplir con su advertencia, pues Milo era para él como un hermano menor, a pesar de que las circunstancias los habían separado, casi al igual que el destino hizo con Aioros y Aioria, para él Milo siempre sería importante.

-Entremos. – Shaka le saco de sus pensamientos y abrió la puerta con un leve empujón de su mano, el rubio entro primero y Athena le siguió de cerca, él se detuvo un momento más en el umbral de mármol y miro hacia donde ocurría la batalla. –Resiste, Milo.

A penas sus ojos se acostumbraron a la oscuridad pudo ver a la titanide sentada en un trono al final del largo pasillo que los separaba, mantenía sus ojos entrecerrados como analizándolos, se mantenía cruzada de piernas y con los brazos recargados en las coderas del trono, sus ojos rojos estaban plantados en Athena con insistencia, su cabello verde claro estaba enrollado en dos pequeños ovillos que le mantenían sujetos, su kamui era de un tono oscuro violeta que brillaba como si este fuese un oro negro.

-Te he estado esperando Athena, has tardado demasiado. –

-¡Febe! – Saori se coloco a un lado de Shaka y estiro su mano derecha donde llevaba Nike, del cual broto un potente rayo dorado que hizo un ruido metálico e ilumino todo el templo y que se sobrevoló hasta la titanide, tanto Saga como Shaka se impresionaron de la magnitud del ataque del cosmos de su diosa, pues no simplemente había sido rápido sino que de golpear a la titanide la destrozaría de un solo ataque.

Febe chasqueo sus dedos y frente a ella aparecieron una enorme cantidad de guerreros que recibieron el impacto de Athena, el salón se ilumino por completo al impacto y las sobras de aquellos soldados podían distinguirse entre la luz, al ser despedazados por el ataque hasta que sus cuerpos se desintegraban por completo.

-¡Te encerrare en el tártaro Febe! – Rugió enfurecida, un cosmos dorado rodeo a Saori mientras sus cabellos se elevaban con calidez entorno a ella y su kamui la vistió. Un grupo de soldados llego hasta el lugar dispuesto a abalanzarse sobre ella, pero Shaka rápidamente se interpuso entre ellos y exploto su cosmos destruyéndolos al instante. – Febe esta pelea es entre tú y yo, deja de usar a tus guerreros.

-¿Acaso crees que me rebajare a pelear contra una simple diosa? Entiéndelo Athena, ustedes son seres inferiores a nosotros, quienes somos la línea directa de descendencia de Urano y Gea. – Febe continúo sentada en su trono y un remolino frente a ella unió las extremidades de sus sirvientes uniéndolas de nuevo y poniéndolas de pie, dispuestas a atacar de nuevo. – No vales la pena.

-Shaka, protege a Athena destruiré todo y obligare a pelear a esa deidad cobarde. – Saga dio un paso al frente destrozando el suelo bajo sus pies, mientras algunas pequeñas rocas que se encontraban en el suelo, comenzaban a elevarse y se destruían al hacer contacto con el aura dorada que rodeaba a Saga.

-¡Explosión de galaxias! – Una galaxia se formo en toda la habitación, rodeando toda la edificación, Saga concentro toda su energía cósmica alrededor de Febe y sus soldados haciendo que los planetas giraran en torno a ella y le hizo explotar incendiando cada cuerpo celeste en proporciones cósmicas, los soldados de Febe fueron destrozados por completo al estallido, las columnas que mantenían el templo se vinieron abajo y las paredes salieron expedidas hacia los lados desintegrando por completo el templo, la onda expansiva del ataque obligo a Febe a retroceder pues parte de la montaña colapso y un paisaje devastado se abrió paso a la luz del sol.

-¡Khan! – Shaka se coloco frente a Athena y un halo dorado los cubrió y el potente campo de energía los defendio a ambos antes de que el impacto de la explosión les alcanzase, el campo de fuerza vibro ante el choque y por unos segundos su muro se mantuvo inestable, pero Shaka rápidamente lo volvió a estabilizar.

Una enorme columna de humo y polvo se elevo en el aire, mientras estalactitas de la explosión continuaban cayendo hacia el barranco y sobre ellos mismos, las ruinas del templo se mantenían a sus pies, el trono donde Febe se encontraba sentada se hallaba destruido por completo al igual que el templo, parte de la montaña se había deslavado por el estallido del cosmos del gemelo mayor que permanecía al centro de la habitación.

-Ese ataque me ha impresionado. – Febe reapareció tras los escombros de una columna sin ningún rasguño. – Me molesta que me subestimen, mi fuerza es equiparable a la de Cronos y te asesinare por ese agravio cometido contra mí, ningún humano debe levantar su mano ante el linaje divino.

Febe unió sus manos frente a ella y lanzo una potente columna de energía violácea hacia Saga, sin embargo antes de impactar contra el gemelo mayor, Athena se interpuso con su escudo frente a ella que repelió el ataque y fue a impactarse contra una montaña vecina destruyéndola por completo.

-Creo habértelo dicho antes Febe, tu pelea es contra mí, no permitiré que dañes a Saga y Shaka. – Athena dejo caer pesadamente su escudo al suelo que levanto el polvo y se hundió en el suelo ante su peso, se aferro con mayor fuerza a Nike y lo apunto contra la titanide. – Febe volverás al tártaro.

-Está bien, será como tú quieras. – Febe piso suavemente el suelo frente a ella y su cosmos violáceo se torno blanquecino y sus ojos centellantes como dos brazas de fuego se tornaron por completo blancos. – Sera tu fin Athena, pues contra los poderes de una vidente y titán te será imposible derrotarme.

-Saga, Shaka por favor no intervengan. – Athena ignoro la amenaza de Febe y se distancio unos pasos de ambos santos que respetaron su decisión en silencio, no le importaba que la titanide adivinara todos sus movimientos, pues el futuro no se vería cuando ni siquiera ella podía fijarse un presente, sus ojos azules centellaban con decisión, Febe pagaría todo el dolor que su alma estaba sintiendo por la muerte de injusta de sus santos, si Cronos quería lastimarla lo había logrado, pero ella también sabia como regresarle el mismo golpe al titán.


-¡Ajuga escarlata! – El centello de tres haces rojizo recorrieron la distancia que le separaba del dios. Las cuales impactaron en el cuerpo de la deidad, sonrió de medio lado "Si en algo pudo confiar es en la velocidad de mi aguijón".

Ares sintió como estos tres haces se clavaron en su pecho y brazos, de los cuales brotaron hilillos de sangre y una especie de cosquilleo se presento en la zona donde los tres ataques habían impactado, los cuales rápidamente se torno en dolor. El jamás como dios había sentido algo como aquello y el experimentarlo, le causo un odio inmenso hacia Milo.

Lanzo un estallido de energía que golpeo unas piedras al lado de Milo, lo que logro distraer al santo, para cuando volvió su vista al frente Ares le atino una puñetazo en el estomago el cual le lanzo de espaldas y le hizo toser sangre, se intento reincorporar apoyando las manos en el suelo, pero el dios se materializo a su lado y le pateo el codo derecho con una fuerza descomunal que lo tiro de nuevo, escucho un terrible chasquido de su extremidad y perdió rápidamente el movimiento y la sensibilidad de sus dedos de la mano derecha, un torrente de sangre salpico su armadura y tiño el suelo de rojo, mientras un dolor incalculable le recorrió por el brazo, llevo por inercia su mano izquierda hacia el lugar donde había recibido la patada y pudo sentir algunas astillas de su hueso. Ares acababa de romperle el brazo derecho de un golpe.

La mano de Ares se ciño alrededor de su cuello y comenzó a estrangularlo impidiendo que el aire llegase hasta sus pulmones, apretó su mano izquierda contra los dedos del dios el cual apretó más el agarre, la cabeza comenzó a dolerle sumándose al dolor que ya experimentaba en esos momentos y una sensación de ansiedad comenzó a embargarlo mientras su vista se ponía borrosa.

-Nunca creí que la fuerza de Ares, tuviese tal magnitud, tal vez fue por ello que Saga no pudo contra él. –

Ares sonrió con felicidad al ver a Milo luchando desesperadamente por soltarse, sus dedos comenzaron a marcarse en el cuello del octavo guardián del zodiaco y rápidamente moretones pintaron la piel blanca del griego, el placer que le provocaba tenerlo de esa forma era indescriptible y lo sería más cuando le dijera a Saga lo mucho que hizo sufrir a Milo, escucho como el cuello de Milo crujió y la mano izquierda del peli azul que luchaba por intentar soltarse, cayó pesadamente al suelo, Ares sonrió al verle inconsciente pero su felicidad acabo cuando tres poderosas punzadas de dolor se incrustaron en su cuerpo y le hicieron retroceder.

Milo comenzó a toser y dio grandes bocanadas de aire al sentirse liberado por el aguijón de su mano izquierda el cual centellaba de un rojo carmesí, se puso boca abajo tosiendo y se apoyo en su mano izquierda para incorporarse, el cuello le ardía y sentía un opresión en el pecho, su respiración era agitada, un mareo le sobrecogió y su vista continuo oscureciéndose, necesitaba un descanso para ese momento el dolor de su brazo y la casi asfixia que le provoco Ares le estaban cobrando factura.

Ares se reincorporo enojado y apareció su espada la cual agito en el aire con destreza y la lanzo de forma vertical a Milo, que la esquivo por poco y esta fue a impactarse contra un puñado de rocas las cuales la espada atravesó sin problemas, se recargo contra el muro sintiéndose desfallecer, tosió un par de veces más y observo como su mano se tiño de sangre, volvió su vista azul hacia el dios que tenía una mueca de dolor en el rostro.

-Te vas a arrepentir. – Ares se teletransporto frente a él y lanzo un puñetazo al rostro de Milo que se agacho y su puño se incrusto en las rocas que se despedazaron para abrirle paso, Milo se agacho y clavo una aguja más pero eso le costó un fuerte rodillazo del dios en las costillas, el cual le saco el aire por completo.

Cayó al suelo pesadamente, llevándose la mano izquierda al costado y respirando apresuradamente, era sorprendente para él que una acción tan simple como respirar cada vez le costaba más trabajo. Su armadura estaba cubierta de sangre y pequeños hilillos de sangre descendían por esta, cerró los ojos con pesimismo y no pudo reprimir un sutil gemido de dolor cuando Ares pateo su hombro derecho e impacto más la fractura de su brazo.

Ares pateo a Milo con fuerza obligándole a quedar boca arriba, quería ver su cara de dolor antes de darle el golpe final, apareció en su mano una pequeña daga de color escarlata con un brillo negro en el filo, encimo su rodilla sobre el brazo fracturado de Milo e hizo presión moviéndola ocasionando que los huesos del escorpión se retorcieran entre sí, su mano derecha sostuvo con fuerza la izquierda del santo, mientras llevaba la daga en la mano izquierda la cual puso a escasos centímetros del cuello de Milo.

-Tus últimas palabras Milo. – Ares amplio su sonrisa al ver vencido al santo que juraba que le derrotaría y le haría pagar todos sus actos atroces, pero al final no fueron más que palabras, Milo estaba a su entera disposición y su nombre se sumaría a la lista de héroes y guerreros asesinados con aquella daga.

-Púdrete Ares. – Siseo con odio, sin embargo en ese momento el dolor que recorría cada hebra de su cuerpo clamando clemencia, la dificultad que tenia para respirar y aquellos terribles mareos que le sobrevenían por la pérdida de sangre parecieron dispersarse en su mente. Elevo sus ojos hacia lo alto de la montaña y pensó en que la vida de Shura únicamente dependía de él y le había fallado olímpicamente, pues no solo Ares le había derrotado a él y que posiblemente eso le costaría la vida, sino que también Shura moriría al no poder obtener la única cura para el ataque del Keraunos.

-Tu muerte hubiese sido perfecta si hubieras rogado por tu vida. – Apretó más el mango sobre el cuchillo y lo presiono más al cuello del santo, provocando que algunas gotas de sangre mojaran el filo de aquella arma. – Pero eso se solucionara cuando le muestre a Athena y Saga tu cabeza.

-¡Polvo de diamantes! – La columna de hielo, congelo la cascada de agua cristalina y convirtió en granizo aquel roció que desprendía, la temperatura del ambiente se enfrió y Ares fue golpeado por esta arrogándolo lejos y hundiendo en la capa de nieve que apareció la daga negra y al mismo dios.

-¡Señor Milo! – Kiki corrió hacia el santo de escorpión que se llevo la mano al rostro y suspiro pesadamente. - ¡¿Se encuentra bien?!

-Milo. – Le llamo preocupado Camus mientras mantenía fija su mirada hacia el lugar donde Ares había caído. Escucho a Milo toser un par de veces más y posar una mano ensangrentada sobre el hombro de Kiki, sus ojos azules estaban escondidos por su flequillo y su aspecto era deplorable, se incorporo haciendo un milagro pues Camus dudaba que con aquel cuerpo maltrecho alguien pudiese ponerse de pie, aún así Milo lo hizo.

-Ki…ki. – Vocifero lentamente, Milo parecía un muerto viviente, su cosmos le mantenía de pie a pesar de las heridas de su cuerpo y su orgullo le impulsaba a seguir adelante. – Ne…necesito pedirte algo por favor. – Para Camus no paso inadvertido la dificultad que le provocaba a Milo hablar y la inestabilidad de sus respiraciones, sus ojos azules se clavaron en el costado de su amigo y rápidamente pudo identificar el motivo, varias costillas de su amigo sobresalían de su costado y posiblemente alguno de esos fragmentos pudo haber perforado un pulmón.

-¡Señor Milo necesita regresar al santuario… - Milo avanzo un paso aun ocultado sus ojos y sus palabras tan solo fueron un suspiro, para el pequeño aprendiz de aries ver al guerrero de escorpión tan diferente a como le conocía le impacto tremendamente, su rostro se notaba cansado, la sonrisa jovial que acostumbraba llevar había desaparecido y un semblante tétrico se apodero de él.

-Escúchame bien… - Milo miro hacia el sendero por donde su cuerpo había golpeado al caer desde lo más alto de la montaña y elevo su mano lentamente en dirección a donde había ocultado la cura divina. – Quiero que te teletransportes hasta ese lugar, ahí encontraras entre dos rocas un frasco con la insignia del dios Apolo, tómalo y llévalo hasta el santuario, con el patriarca o con un santo dorado y diles que es la única cura para salvar a la vida de Shura. –

-Debes volver Milo. – Camus se acerco hasta él unos cuantos pasos sin ocultar la preocupación por el estado de su mejor amigo. – Yo me encargare de esto.

-No puedo regresar al santuario… No ahora que podemos cabrear juntos a este cabrón. – Milo dibujo una sonrisa en sus labios y el dolor se esfumo por completo de su rostro, sus ojos rebosaron de vida y se coloco al lado de su mejor amigo. – Andando Kiki, que la vida del santo de capricornio depende de ti, pequeño.

-Sí, señor. – Kiki se rodeo de una flama dorada y desapareció del lugar.

-No me mires de esa forma Camus, bien sabes que no pienso caerme muerto y tampoco debes subestimarme ambos somos caballeros dorados y puedo con esto. – Milo encendió su cosmos que fulmino toda la vegetación a su alrededor.

-Sabes bien que no lo hago, simplemente estoy preocupado por ti. – Camus no alcanzo a ver la sonrisa de su amigo, pues en ese momento el hielo donde Ares permanecía encerrado se destruyo y se transformo en agua por el ardiente cosmos del dios. Los ojos de Ares centellaban como dos brazas tan parecidos a los ojos de los titanes y su cosmos se asemejaba más al de estos.

-Si algo odio de ustedes dos, es la maldita amistad que guardan. – Ares camino amenazadoramente hasta ellos. – Pero espero ver el dolor en sus rostros cuando mate a alguno de ustedes dos.

-¡Aguja escarlata! –

¡Polvo de diamantes! –

Ares se teletransporto hacia otro sitio mientras ambas técnicas golpeaban el área este de la montaña y la destruían por completo, Milo se puso de espaldas con su mejor amigo y rebusco entre la densa niebla que caía sobre el pico más alto de aquel monte la figura del dios de la guerra.

Milo miro de reojo a Camus que se mantenía sereno ante la situación, pero pudo notar el nerviosismo que le causaba el sentirse observado por el dios, sin poder prevenir de donde vendría el golpe, lo que le hizo sonreír de lado, pues Camus raramente se molestaba porque la situación se saliera de su control.

-¡Milo cuidado! – Camus hizo a un lado a su amigo y envolvió su puño en hielo, un chorro de cristales de agua fue lanzado hacia el lugar donde había percibido al dios, los cristales emanados de su mano congelaron todo a su paso, llegando al punto de pulverizar cualquier hielo y transformarlo en tan solo una ventisca helada. - ¡Polvo de diamantes!

El santo de escorpión contemplo la técnica en silencio, observando como el puño de su amigo podía causar un poder de tal magnitud, el golpe gélido impacto en la parte más alta de la montaña, la silueta de Ares brinco desde ese punto para evitar ser congelado, pero a los ojos azules de ambos santos dorados no escapo que el dios llevaba una arma en su mano, la cual lanzo hacia Camus que incremento la ola de choque del polvo de diamantes para intentar frenar el avance de la espada de Ares, pero se distrajo en ello que no percibieron cuando el dios arrogo una lanza contra la espalda del galo.

-¡Camus cuidado! – Milo levanto su mano izquierda para detener el trayecto de aquella lanza, pero Ares se materializo frente a él y golpeo su rostro arrogándolo de bruces al suelo, Milo cayó pesadamente al suelo y rápidamente vio como la fría nieve blanquecina se tiño de la sangre de Camus, se incorporo rápidamente olvidando el dolor provocado por sus heridas y se giro, Camus estaba sentado sobre la nieve y la lanza del dios se había clavado en su hombro derecho, Ares estaba de pie frente a él con la espada en su mano.

-¡Aguja escarlata! – Cuatro proyectiles carmesí salieron de su cuerpo y se impactaron en la espalda del dios, que grito lleno de furia y dolor, Camus aprovecho el momento y pateo el mentón del dios de la guerra arrogándolo hacia la cascada congelada la cual se rompió y continuo con su curso natural. – Cam ¿Cómo te encuentras?

-Estoy bien Milo. – Camus tomo con su mano izquierda la lanza y la retiro de su cuerpo, pero esta rápidamente fue seguida por un chorro de sangre que baño todo el costado derecho de su armadura, Milo se agacho a su lado y le miro a los ojos, la mirada que compartieron estaba llena de entendimiento, entre los dos, así que Milo saco la ponzoña de su mano izquierda y la clavo en Camus deteniendo la hemorragia del hombro.

-No debiste haber venido Camus. – Milo era lo bastante orgulloso como para aceptar la ayuda de Camus aun cuando esta fuese oportuna, pero muy en el fondo se sentía agradecido hacia su mejor amigo y no solo eso sino que se había conmovido al ver la preocupación y la rabia con la que Camus había llegado para ayudarlo.

-Y perderme de esta diversión. – Camus se incorporo mirando hacia la cascada que continuaba con su curso y observo al dios que estaba furioso, su cosmos ardió derritiendo el hielo a su alrededor e incluso deteniendo el flujo de la misma cascada sobre él, golpeo con fuerza el suelo y una cuchilla rojiza, proveniente de una descarga de la pierna del dios, tan similar al Excalibur de Shura y el aire se parteo haciendo dos ráfagas y resquebrajando el suelo, Milo y Camus tuvieron que brincar en direcciones opuestas para evitar que el ataque les partiera en dos.

-¡Esta técnica es de la titanide, Themis! ¡Ares está usando el cosmos de un titán! – La voz de Milo se abrió paso para prevenir a su compañero de que la situación se complicaría aun más para los dos.

-Tenemos que sellar ese cosmos, Milo. – Camus creó una barrera de hielo, pues Ares había creado una balanza muy similar a la que casi aplasto a Milo en el santuario, cuando este peleo contra Temis. Sin embargo su escudo de hielo resistió muy poco, pero fue el tiempo suficiente para lograr esquivar el ataque.

-Tengo un plan Camus. – Milo llego hasta su lado y se recargo en el hombro izquierdo de su amigo para tomar aire, pues aun le costaba trabajo respirar, miro de reojo a su compañero y luego volteo a ver a Ares. – Ha recibido trece de mis quince agujas, si lográramos asestarle una más, podría asestar mi Antares ardiente e incendiar el cosmos de Temis en su interior y de esta forma acabaríamos con sus poderes de titán, sellando a Temis de nuevo.

-Milo si tú usas esa técnica tu… podrías morir. – Camus miro la sonrisa en los labios de su amigo, esta vez no era una llena de confianza si no teñida de amargura, desvió su mirada pues estaba dolido de ver la mirada llena de determinación de su amigo; Milo deseaba utilizar el resto de su energía vital para acabar con los poderes sobreañadidos de Ares.

-Lo sé y no debes sentirte mal Camus, no podemos permitir que Ares siga interviniendo en esta guerra. – Milo rebusco la mirada de su mejor amigo, pero por primera vez vio indecisión en su mirada y pensó que tal vez Camus pudo haber tenido la misma mirada cuando vieron que la exclamación de Athena era la única solución para poder cumplirle su sueñito a Shaka.

-Basta de palabrerías entre ustedes dos. – Se movió a una velocidad impresionante y puso su mano izquierda sobre Milo y exploto una gran cantidad de cosmos sobre el pecho de este, mientras con su mano derecha materializo su espada y la incrusto en el pecho de Camus intentando darle a su corazón ya que el santo había congelado su costado para frenar el ataque a Milo, pateo el rostro del santo de acuario que cayó de espaldas y antes de recobrarse Ares apareció de nuevo aquella balanza que dejo caer sobre Camus que rodo por el suelo para evitar ser aplastado, pero su brazo derecho quedo aprisionado bajo la balanza y su cuerpo se hundió en el suelo ante la presión del plato gigante, su hombro derecho sucumbió ante la presión y su articulación se desgarro partiéndole el brazo.

Volteo hacia Milo y lanzo aquella ráfaga con su pierna, con la intensión de terminar con aquella técnica la vida del griego, sin embargo Milo permitió que la espada de aire golpease una de sus piernas provocándole un profundo corte con la intensión de asestar una aguja más en el dios, que renegó de nuevo ante el dolor, hasta ese momento Ares había acumulado catorce agujas, por lo que varios chorros de sangre escaparon de su cuerpo y el dolor de su sistema nervioso le hizo gritar, para alguien que jamás había sentido dolor humano aquella sensación fue como si le desgarrasen por dentro.

-Milo prepárate. – Camus se había incorporado y mantenía sus brazos al lado de su cuerpo dispuesto a darle la oportunidad a su amigo, paralizaría a Ares para que Milo pudiese actuar. Ares le dio la espalda a Milo y se viro hacia el santo de acuario, lanzo su espada hacia Camus al tiempo que también lanzaba una ráfaga de viento cortante hacia el galo, que se mantuvo inmutable.

Camus descendió su cosmos hasta el cero absoluto al tiempo que observaba el ataque del dios acercársele, cerro sus ojos y coloco sus brazos en forma de jarra apuntándolos hacia el manto celestial y cuando les abrió llenos de decisión, bajo los brazos hacia Ares, una tremenda descarga de todo su cosmos gélido creó una ráfaga de hielo que detuvo el viento cortante y lanzo la espada de Ares hacia el suelo, donde permaneció clavada. El ataque golpeo a Ares y congelo sus piernas, mientras el frio continuaba rodeándolo y congelando más partes de su cuerpo, incluso las hombreras y el casco del dios se destruyeron ante el frio extremo. Camus había lanzado aquella técnica no para intentar matar al dios si no para retenerlo. – Koliso.

Camus creo varios anillos de hielo que atraparon a Ares en su interior y bloquearon por completo todos los movimientos del dios en su interior. – Milo. – Camus cerro sus ojos con pesar y miro hacia otra dirección, como apoyar a su amigo en una técnica que acabaría con su propia vida, el no podría soportar eso.

El cosmos de Milo comenzó a arder en torno a él, al grado que la temperatura de su propio cuerpo comenzó a elevarse y la sangre que aun permanecía en su cuerpo comenzó a hervir, podía sentir a su corazón quemarse y a su cosmos incendiarse hasta el infinito. –Camus gracias por luchar hombro a hombro conmigo hasta el final, amigo.

-Pronto nos veremos. – Camus supo que si aquella era la decisión de Milo debía respetarla tal y como el santo de escorpión acepto su muerte ante Hyoga en la batalla de las doce casas con el fin de enseñarle la técnica suprema a su discípulo y su deber era estar con él hasta el final.

-¡Antares Ardiente! – La ponzoña de su mano izquierda brillo con un rojo cargado de intensidad y despidió a la ultima aguja de la constelación de escorpión, el destello escarlata recorrió la distancia que le separaba de Ares dejando un camino de fuego tras de sí, el hielo a su alrededor se transformaba en agua y todo a su paso se volvía cenizas, cuando golpeo el pecho del dios una llamarada surgió en el lugar donde el dios se había encontrado de pie, las llamas incendiaron el cosmos de la titanide Temis y cuando aquella centellante flama se extinguió, Ares tan solo había vuelto a ser un dios.

-¡Milo! – Camus corrió hasta su amigo y le sujeto entre sus brazos antes de que su cuerpo golpeara el piso, las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas y tomo con fuerza la mano de Milo le daba para estrecharla fraternalmente.

-Lo…logramos Camus. – Milo cerró los ojos y su cuerpo se aflojo ante su agarre. Cerró los ojos con fuerza y permitió que sus lágrimas salieran libremente. - ¡Te matare, Ares! ¡Ahora tan solo eres un dios?

-¿Y se puede saber como harás eso? Mi espada atravesó tu corazón, me sorprende que aun te mantengas consciente y hayas podido continuar peleando de esa forma. – Ares estaba de rodillas y había recuperado su arma.

Camus abrió sus ojos con impresión, era cierto lo que había dicho Ares pero hasta ese momento no se había detenido a reparar en eso porque estaba más preocupado por la condición de Milo que en la de él mismo y también por ello había cometido aquel descuido, se llevo la mano al pecho y sintió el agujero por donde había perforado el arma del dios, podía sentir los leves latidos de su corazón y en ese momento reparo en el dolor desgarrador que le recorría.

-En ese caso Ares no tengo mucho tiempo para terminar contigo. – Dejo a un lado el cuerpo de Milo, donde no pudiese recibir ningún daño y quedara protegido de la batalla. Sabía que no había sentido el daño por el extremo frio al que había sometido a su propio corazón, sin embargo el fuego que desplego por primera vez la técnica de Milo había templado el ambiente por lo que su corazón había latido a su ritmo regular y el daño comenzaba a ser perceptible para él.

- No podrás detenerme en tu estado, tan solo faltan unos segundos para que tú mismo acompañes a tu compañero al inframundo. – Se burlo el dios, moviendo su espada con cierta destreza y aproximándose al santo de acuario.

-Es el tiempo suficiente para provocarte el daño suficiente. – Camus alzo sus manos al cielo el cual estaba nublado, la niebla a su alrededor era tan pesada que apenas podía ver a unos cuantos metros de él, el suelo a sus pies estaba congelado y su cosmos dorado danzaba a su alrededor, sus brazos temblaron ante el dolor e incluso se sintió desfallecer pero pensar en el sacrificio de Milo le hizo perdurar de pie.

-Utilizaras de nuevo tu ejecución de aurora, no servirá de nada. – Se burlo Ares, pero guardo silencio al percibir un mal presentimiento.

-Te equivocas Ares. – Camus mantuvo sus brazos elevados hacia el cielo formando su acostumbrada jarra de hielo, sus puños comenzaron a rodearse del mismo hielo que se pintaba entre un azul cielo y blanco. – ¡Glaciación!. – Dos potentes chorros de hielo salieron expedidos de sus puños hacia el mismo cielo, que destello por unos segundos de un dorado y cuando ambos chorros de hielo volvieron a caer esta vez desde el cielo a la tierra en dos columnas separadas una aurora boreal se deslumbro en el cielo.

Ambas corrientes árticas golpearon la tierra sin piedad provocando dos enormes agujeros en el suelo, comenzando a congelar toda la montaña y aun las montañas aledañas a esta, poderosos cristales llenos de filos se elevaron como una ola y embargaron a Ares, perforando su armadura y su cuerpo, el dios detuvo su carrera y miro que su espada estaba completamente congelada, miro a su alrededor y pudo ver la montaña sumida en un paisaje blanco y terso y cuando las columnas dejaron de caer del cielo, pensó que todo había terminado, la figura del santo de acuario se mantenía frente a él, la mirada del guerrero estaba oculta bajo su flequillo y por la herida en su pecho salía sangre.

-No ha ocurrido nada… - Levanto la espada a la altura de su pecho y vio una ligera rasgadura en esta, el sonido metálico de un clic y su espada fue partida en dos, el trozo superior cayo a la nieve bajo sus pies y fue seguida por partes de su armadura que cayeron despedazados al suelo. - ¡Maldito! – El ojo comenzó a temblarle al ver su propia arma destruida, empuño el escollo que le quedaba y corrió hacia Camus dispuesto a acabar con su vida, pero a medida que se acerco se percato que los ojos del santo estaban bañados por una luz azul y supo que su técnica no había terminado.

La nieve a sus pies comenzó a remolinarse y crear una magnánima ventisca de millones de microcristales se arremolinaban con fuerza provocando heridas punzantes a causa del corte en su piel y a medida que el ojo del torbellino se hacía más pequeño dos olas de choque se aproximaron hacia él, dispuestos a hacer colapsar el remolino, se situó en medio del ojo de este pero apenas pudo percatarse que fue su peor error pues el cielo frente a él lanzo un nuevo destello dorado y otra columna impacto justo en medio de este golpeándolo con fuerza, cayó de rodillas y las olas expansivas de hielo hicieron colapsar al tornado, golpeando con toda su fuerza destructora al dios y elevando en el cielo una nube nívea, por toda la montaña.

Camus bajo sus manos lentamente, pero permaneció con su vista mirando el cielo, la tempestad causada por el había sucumbido y la tranquilidad había vuelto a la cima de la montaña, pequeños copos de nieve caían del cielo, levanto su mano izquierda para que unos cuantos se depositaran en su palma y cayó de rodillas, su cuerpo golpeo el suelo con fuerza boca abajo, contemplo unos segundos más aquel paisaje blanquecino que le recordaba tanto a Siberia y aquel color níveo fue sucedido por la oscuridad…

Continuara…

Aclaraciones: Hoy no tengo nada que decirles, a menos que tengan una duda pueden preguntarme y con gusto se los responderé.

Comentarios:

Ss clásica: Exactamente como dices son fuertes, los mejores de la orden Ateniense, son los santos de elite, su cosmos puede alcanzar al de un dios sin embargo, pelean contra el primer linaje divino uno que supera incluso a los 12 dioses olímpicos y han sido capaces de derrocar el trono del mismo Zeus.

Carlos: Porque esta vez no solo combate contra un dios si no contra varios y uno de ellos puede ver el futuro, por lo que adivina sus movimientos, además Ares es un dios de guerra y estrategia y está al lado de los malos, los cuales están bien organizados mientras los buenos se separan o desean solo cumplir con sus intereses.

LadyMadalla-Selene: Por mi bien no diré nada acerca de la depresión porque aprecio mi vida, tal vez tu bola de cristal no se equivoco pero le falto mostrarte la trágica verdad. De haber sabido Mascara el golpe que Aioros le iba a dar, creo que le ayuda a aventarlo al Yomotsu jajaja. Ahora si el avispero se va a alterar.

Pyxis and lynx: Aioria y Hermes fue tan trágico que me costó mucho imaginarme como seria todo esto, pero este fue el ultimo capitulo con drama con lo siguiente será mucha sangre porque el deseo de venganza consumirá al santuario. Milo ya ni digo nada porque me golpearas. Los santos de bronce ya es su turno de pelear a ver qué tal les va contra Prometo. Yo mataría por ser Athena imagínate una fingiría que diario me ando cayendo para que ellos me detuvieran jajaja.

Lady-Sailor: Hola, gracias por el comentario me da mucho gusto que comentes y que te guste mucho mi historia, espero que este capítulo no te haga llorar como magdalena, pero prometo que los venideros serán mucho mejores. Espero tener noticias pronto de ti.

Joana: siempre he dicho que mi cabeza está algo dañada por imaginarme tantos disparates jaja, si intente plasmar la desolación de Aioros, tanto que perdió los estribos y se zumbo a Mascara por metiche. Lo lamento no pude resistirme pero no por ello dejes de leerme pues prometo que te sorprenderás de lo siguiente jajajaja.

Tatechi98: Hola hermana costarriqueña me gusta mucho saber de ti y que me dejes un comentario jaja y que te hayas leído todo en cinco días jajaja. Si hay algo que te puedo adelantar de la historia es que el hecho de que Aioria desapareciera a las puertas del infierno, es porque no entro en él y eso nos dice que su alma esta en otro lado. ¿Dónde? Imagínatelo. Espero saber de nuevo de ti.

503: Lamentablemente Shaka no puede comunicarse con ellos, pues están o en el inframundo o bajo el poder de algún titán que impide que ocurra esto. Jajaja Nuestra querida Lifia aquí no tiene cabida pues esta historia la empecé antes de que existiera Sold of Gold por lo que no tome jamás referencia a la existencia de ella, ni ocurre todo el desmadre que le pasa Asgard. La titanomaquia efectivamente solo fue un combate entre dioses griegos y los titanes que rondaban la tierra. Lo de los cuatro caballeros con poder divino me gusto creo que definitivamente serian ellos cuatro los considerados para ese puesto.

Beauty4ever: Te están haciendo el favor de qué? Jajaja sonó muy comprometedor, hay disculpa mi mente cochambrosa de mexicana.

Persefone X: Se nota por eso de vez en cuando te doy un gusto, sin embargo Athena y Saga solo son muy buenos amigos y a lo más que aspiraran será a un tipo de hermandad sentimental de hermano mayor sobreprotector y súper buenote.

Artemiss90: Tu odio se siente jajaja, pero han provocado la ira de Athena y Febe será la primera en pagarla hasta que todos los titanes vuelvan al tártaro te lo aseguro. Lamento mucho lo del pobre Milo pero Ares no solo tenía el cosmos de un dios de su lado si no el de la titanide Temis también, en cuanto a Kanon como dije antes no podemos hacer que pelee de un lado únicamente pues es pedirle que renuncie a la mitad de la persona que es.

Atte: ddmanzanita.