9. Vacío por dentro.

Caliente, sofocante, embriagador, doloroso... y placentero.

Alphonse era consciente de estar viviendo una nueva pesadilla, pero al menos ahora ya no temía ni dudaba, solo aceptaba, quizás era esa la clase de inhibición que el alcohol podía darte, donde nada realmente importaba. Y se dejaba llevar ante el impulso de querer liberar su erección, solo necesitaba correrse y nada más, después, el mundo podía acabar...

Cegado, no quería culparse por tener esa clase de deseo insanos por Edward, ni siquiera quería mirarlo como a su hermano mayor, hasta ese extremo había llegado. No se reconocía a sí mismo, ni podía reconocer al prójimo, todo se había vuelto tan confuso que estaba exhausto de pensar... y solo quería sentir. Durante tanto tiempo, había sido un mero espectador, incapaz de hacer nada más allá de mirar, solo mirar... y pretender estar bien con ello. Había sido usado por Ed para poder satisfacerse en el pasado, sin siquiera pararse en considerar el daño que sus acciones estaban provocando, de manera tan egoísta. Alphonse siempre se había sentido tan vacío por dentro, tan inútil y vejado cada vez que Edward se corría sobre su armadura, gimiendo su nombre, una y otra, y otra vez...

Lo había estado rompiendo, poco a poco, hasta no quedar nada...

Solo vacío.

Hasta que al fin pudo alzar su voz, ahora no podía parar de pensar ¿acaso Edward había corrido tras los brazos del Coronel al darse cuenta que Alphonse no tenía nada que darle? Quizás por eso estaba llorando tanto aquella noche, por su frustración sexual cada vez más en crecimiento, no bastaba con una simple paja, Ed necesitaba a alguien que lo complaciera de lleno... y no fueron sus manos frías hechas de acero, ni el calor inexistente de su cuerpo, ni tampoco la línea que simulaba una boca en su casco podía besarlo. No, él no podía darle a Ed lo que necesitaba.

Ni amarlo.

Pero Roy Mustang sí.

¿No es acaso evidente? Es absurdo, comenzando desde hecho que eran hermanos, esa relación siempre iba estar destinada al fracaso absoluto. Y aún así, de tan solo imaginarlo, de tan solo recordar cada vez que lo había visto tan cercano y aquella marca en el cuello generaba una necesidad imperativa de gritar mientras se le cerraba la garganta, sus entrañas se le retorcía por dentro de manera dolorosa. ¡No es justo! ¡No quería! No quería entregárselo a nadie, pero tampoco podía ser suyo. Solo estaba desarrollando una actitud tóxica digna del perro del hortelano.

No podía evitarlo, era superior a él.

Tantas veces, de manera inconsciente, acababa acudiendo a la cama de Ed, añorando su ausencia, buscando el olor de sus cabellos en la almohada y envolviéndose en sus sábanas deseandolo tan fuerte que quemaba, acariciando su miembro con furia lo llamaba por su nombre, después no quedaba nada él. Solo un ser patético que amaba a su hermano de la manera menos pura, la única forma en que no debía.

Estaba ardiendo, sofocado y mareado.

Caliente, caliente, caliente.

Agh... — Escuchó un sonido adolorido, e imaginó como la espalda desnuda de Edward se curvaba, los cabellos caían hacia adelante, mientras algunos mechones se quedaba adheridos a la piel sudoroso.

"Eso es lo quiere." Pensó. "Eso es exactamente lo que siempre ha querido"

— Al... — Lo llamó, tembloroso. Actuando como una víctima. Los párpados de Alphonse se cerraban pesadamente, cuando intentaba volver a abrirlo la visión se le nublaba, pero quería ver, quería sentir esa fantasía un poco más. Todos sus sentidos estaban embotados, intentó tragar saliva con dificultad, su garganta era una pasta seca, deshidratado.

— Ed... — Lo llamó sonriendo con amargura y sujetó con más fuerza el brazo automail tras las espalda mientras acomodaba el agarre en su otra muñeca, notó la fuerza que estaba haciendo inconciente por las partículas ciones se estremecía debajo de su piel y temblaba. Todo el cuerpo de Edward estaba tenso bajo el suyo, pero rendido a lo que sea... y Alphonse pensó convencido, como si estuviera obteniendo una realización en su mente cargada y nublosa "sí, eso es... déjate hacer"

Deja que te tome sin piedad, déjame tocarte, lamerte y no te resistas. Comenzó a entrar de manera descontrolada una y otra vez, agitándose contra sus cadera, sintiendo escozor y placer en su pene. Lamió uno de sus omoplatos sobresalientes, encajando la lengua en la pronunciada curvatura, saboreando el salado de su piel, palpando las cicatrices moradas, se enganchó con un uno de los mechones pegado, e intentó escupirlo. Entonces, recordó en la forma en la cuál había tirado del cabello de Edward hacia atrás en el baño, aquel gesto había provocado un beso no bienvenido por su parte... estaba tan arrepentido de no haberlo tomado allí en la bañera. Buscó una respuesta similar, enganchando sus dedos en la cabellera ajena y tirando con fuerza, el cuello de Ed cedió sin oponer resistencia, su cuerpo se contorsionaba aún con el amarre de su brazo en la espalda, el automail frío era refrescante ante las oleadas de calor. Alphonse se inclinó hacia adelante dispuesto a tomar sus labios, se clavó aún más hondo en el trasero llegando a nuevos límites, embestidas se volvieron más cortas pero profundas, rápidas y duras.

Duro contra el colchón.

— Al... — Gimió en sus boca retorciéndose un poco. Alphonse era torpe en todo, inexperto en su beso con lengua, sin saber bien lo que estaba haciendo mientras la lengua de Edward también se movía confusa, era bruto, y poco delicado sumándole a la embriaguez y no sé dio cuenta de lo que estaba haciendo mal hasta que sintió humedad en su cara, se retiró un poco, admirando por primera vez el rostro de su hermano mayor en todo el acto sexual y vio sus ojos aterrados, las lágrimas cayendo precipitadamente por su mejillas sucias, respirando dificultosamente por la boca y las fosas de la nariz.

Se dio cuenta, con la mente un poco más despejada a causa del remordimiento de que todo aquello estaba siendo demasiado real...

Era real, estaba follandose a Edward.

Y no se estaba sintiendo para nada bien.

"No" Exclamó en su mente entrando en pánico y soltó a Ed, quien sintiendo su brazo al fin libre, se derrumbó entre temblores en la cama, demasiado débil para huir mientras Alphonse no tenía la fuerza mental suficiente para detenerse pues no podía dejar de embestir, su pene lo estaba controlando, cada movimiento buscando su propio disfrute, solo velando por su liberación. "¡No!"

— ¡Ed! — Exclamó reclinándose hacia adelante de manera pesada, sintiendo las lágrimas cubrir su visión, las gotas frías cayeron en la espalda de Edward generando que se estremesca y la piel se erizara. No, no, no podía estar ocurriendo de verdad. — ¡Mira lo que me has hecho...! ¡Lo que me has hecho hacerte...!

No quería, no quiso... llegar hasta ese punto, no quería acostarse con él de verdad.

"Dijiste que me necesitabas, que si quería podía tocarte"

¿O no?

Ya no podía confiar en nada, ni en sí mismo, no estaba seguro de si él era real, si todo lo que había pasado con Edward ocurrió en realidad o fue un producto más de sus fantasías enfermas.

Probablemente todo siempre estuvo en su cabeza.

Alphonse sujetó sus sienes sintiendo un dolor profundo perforando su pecho. Si tan solo Edward se hubiera resistido, si tan solo ante la menor señal de abuso lo hubiera golpeado fuerte con su automail podría estar libre de ese infierno. Simplemente nunca se quejó, no dijo no, ni intentó apartarlo, , solo lo llamó por su nombre, reafirmando su exitencia en este mundo, su lugar a su lado, su dolor por ser abusado por la persona más querida y de confianza.

Edward gimió su nombre envuelto en lágrimas y temblores en cada momento hasta el final.

— ¡Ahh...! — Enterró los dedos en su cadera llegando al orgasmo dentro de él. Si quiera podía recordar cuánto llevaban haciendo lo mismo hasta que observó su pene hinchado y rojo, todo adolorido, del interior Ed salieron borbotones de semen mezclados con sangre, lo cual indicaba que esa no era la primera corrida.

Alphonse fue plenamente consciente de lo que acababa de hacer con horror, había violado no solo una, sino varias veces a Edward. Se tiró hacia atrás, su cuerpo aún inestable gracias al Whisky no le dejó moverse correctamente y golpeó la espalda contra la pared detrás de él y se deslizó cayendo de culo, la habitación pequeña estaba empezando a asfixiarlo y no podía levantar la mirada temblorosa de sus pies, no podía mirar por encima de la cama el horror que acaba de cometer. Quería despertar de esa pesadilla...

Y aún así, lo intentó, levantó el rostro y vio a Edward tirando de cualquier forma, aún estaba toda la mierda de fluidos acusarios ahí, el dudor, las lágrimas, el semen, la sangre... y la mirada fría y vacía que Ed le dedicó en medio de la oscuridad.

No estaba huyendo.

Sintió un ácido acenderle lentamente desde la boca del esófágo hasta la garganta, se levantó como pudo aguantando las arcadas y corrió hacia el baño para poder vomitar, se chocó contra la pared del pasillo mientras se sostenía la boca, pero su estómago simplemente se dio vuelta y el líquido espeso nauseabundo ya estaba en su boca y lo derramó por el suelo mientras corría, tropezando con sus propios pies. Llegó al fin a la taza del váter sin siquiera hacer esfuerzo para purgarse pues el vómito salía de él con total facilidad. E incluso así, aquello no era tan asqueroso como el acto deleznable que acaba de cometer.

Los ojos le ardían y las lágrimas simplemente comenzaron a caer nublado la vista. Los dos primeros vómitos salieron sin esfuerzo, pero para lo siguientes, fue una auténtica tortura, el suficiente frío recorría su cuerpo, intentaba gemir y respirar entre arcada y arcada, sintiendo ardor en su garganta y el apretón de su estómago mientras las imágenes se volvía a repetir casi en bucle mientras el suelo parecía moverse debajo de sus cuerpo aún con los efectivos se de alcohol corriendo por su sangre. Pasaban los minutos de manera eterna sintiendo el entumecimiento y apoyando la cabeza el los bordes de la taza con hilos colgando de salida y vómito, creyendo de manera ingenua haber finalizado, volvía recordar su pene clavado dentro del culo de su hermano y con sonidos grotescos emitiendo de su garganta volvía a vomitar sin descanso, era difícil expulsar todo el veneno de cuerpo conjunto con sus arrepentimientos, no había comido nada anteriormente y todo lo que expulsaba era pura bilis.

¿Qué acababa de hacer? ¿¡Qué coño acababa de hacer!?

— ¡Dios perdóname! ¡acabo de violar a mi propio hermano! ¡A la sangre de mi sangre! — Gritó al cielo. — ¡Agggghhhhhhh! aghhhh...

No podía parar de llorar desesperadamente, toda la inercia que lo ayudaba a sujetarse al váter lo abandonó terminando de derrumbarse sobre las baldosas frías del baño.

Pudo ver cómo asomándose a la puerta, energía la figura en penumbras de Edward, apoyándose sobre el marco con solo una camisa blanca puesta sin abotonar, sostenía el cuello de la botella de Whisky y el cabello revuelto y húmedo le caía de manera opaca sobre los hombros y zonas aleatorias de su rostro, por sus piernas aún se escurría goterones de esperma caliente con sangre. Miró con seriedad a su hermano menor completamente desnudo en el suelo del baño en pose fetal, llorando como el niño más desconsolado del mundo mientras tosía con arcadas, intentando volver a vomitar.

Un despojo humano.

— La próxima vez que vuelvas a beber esta mierda, te partiré la cara, Al. — Dijo en tono grave de advertencia, pero con total autocontrol, si había desprecio ahí, en sus palabras no podía reducirlo con la mente cansada y al borde del colapso. Levantó la botella de Whisky vertiendo todo el contenido en las baldosas del suelo.

La terrible mirada de reproche fue lo último que vio Alphonse antes de caer inconsciente.

.

.

.

Cuando despertó no se encontró para nada mejor, tenía la boca pastosa y todo le daba vueltas. Sus estómago se apretaba como si quisiera volver a vomitar... aunque al menos ya no sentía arcadas todo el tiempo.

Se levantó, horrorizado de haber dormido en la cama de Ed completamente desnudo, solo con una manta. Tocó el colchón húmedo por su sudor... el lugar donde le había arrebatado todo lo quedaba de inocencia. Por suerte, Edward no parecía estar a lo alrededores. No quiso pensar en él, estaba demasiado aturdido para seguir torturándome.

Pensó en algo de su rutina, alguna tarea para mantenerse entretenido y recordó la entrega de trabajos fechado para esa mañana, razón por la que se había quedado trasnochado en su estudio. No tenía tiempo que perder, se vistió con la primera ropa sucia que obtuvo a mano y luego todo lo que hizo fue orinar, no podía mirar su propio pene... el arma con el cual había cometido un horrible crimen el cual le perseguiría por el resto de su vida.

Tampoco quiso mirar su reflejo en el espejo mientras se lavaba las, aún tenía miedo de descubrir que era una armadura a pesar de observar sus propias partes humanas, comenzó a toser y luego observó como Edward había dejado limpio el cuarto de baño de toda su mierda. Quién lo diría... el que tanto odiaba limpiar el baño.

Se metió en su estudio, que siempre estaba a oscuras, pues la ventana la desconcentraba, prefería sentir que siempre era de noche como cuando era una armadura y siempre estudiaba estudiaba de noche. En realidad, solo era una habitación llena de polvo donde el propietario de la vivienda utilizaba para almacenar cosas, y todos los trastos iban en aumento a medida que un nuevo inquilino pasaba por allí, dejando pertenencias olvidadas en cajas revueltas. Edward nunca se hizo cargo de esa habitación y Alphonse siempre pensó que algún día lo limpiaría de arriba a abajo... pero al ver tanta chatarra sin uso, solo podía identificarse a sí mismo. Era un sin sentido.

Se sentó frente a su escritorio y encendió la lamparilla de gas. Ahí se quedó, mirando todo el montón de desastre, mientras lo que ocurrió ayer se repetía una y otra vez como una horrible pesadilla. En lugar de concertarse, comenzó a maquinar ideas de lo que haría a continuación, mirar a la cara de Edward no era una opción barajable, de pensarlo se le revolvían aún más las tripas, se imaginaba a sí mismo vomitando. Tenía que irse de ahí, coger su cosas y marcharse a lejos sin decir nada a nadie, muy lejos. Tal vez ir a Xing como antes había querido...

Llevó su dedo pulgar a los labios y comenzó a mordisquear con nervios su uña mientras miraba la nada.

"He cometido violación, he cometido incesto."

No era un estúpido beso, ni un romance típico juego de niñas, ni una paja fuera de lugar, vulgar, con los pensamientos impuros del otro, no. Era lo peor de lo peor.

"Clack" fue el sonido de los dientes contra la uña.

"He cometido violación, he cometido incesto."

Podía oír su propia respiración errática, dolía respirar... los recuerdos aún le propinaban martillazos en la cabeza, la sangre y el semen... Tal vez si aún fuera una armadura... tal vez nunca le hubiera hecho daño, estaba todo perfectamente bien cuando no sentía deseos obscenos.

"He cometido violación, he cometido incesto."

"Crack" sonó otra vez, más fuerte, su uña rompiéndose entre sus dientes.

Ahora no sólo su mente estaba manchada, si no también sus manos y su pene, por mucho que se limpiará nunca podría quitar la suciedad... Empezó a respirar con más fuerza sintiendo que el aire le faltaba y solo comenzó a oír un pitido en su oído. Edward también estaría marcado y sucio para siempre.

"He cometido..."

Sintió un poco de dolor en el dedo pulgar mientras masticaba hasta que la puerta se abrió de manera abrupta del estudio / trastero y Edward estaba ahí de forma imponente.

Daba miedo.

Ed lo miró desde la puerta sonriendo afligido. La luz natural proveniente de fuera generaba contornos hermosos en su silueta, mientras Al se encogía en su silla sintiéndose apestoso y sudoroso en comparación al otro, quien estaba perfectamente vestido y duchado, desprendiendo un aroma fresco con el cabello recogido a una cola baja derramada sobre uno de sus hombros, un peinado inusual. En la mano portaba un vaso de agua.

— ¿Primera resaca? — Rompió el silencio acercándose, tanteando el terreno con voz divertida, o al menos lo intentaba. Ed parpadeó analizando el aspecto del menor. — Cielos... te ves bastante mal.

— ...

¿Cómo podía... cómo podía verse como si nada hubiera ocurrido ayer? Acaso iba a fingir que no hubo nunca una violación, y cómo pretendía hacerlo si se notaba que caminaba con cierta molestia y las marcas de sus dedos aún estaban allí en su muñeca cubierta de piel.

Alphonse bajó decepcionado y horrorizado la mirada, comenzando de nuevo a sudar aún si su cuerpo estaba helado. Algo realmente no andaba bien en el comportamiento errático de su hermano mayor, Edward no le había dirigido la palabra durante semanas, pero ahora que había abusado de él de esa manera, se mostraba tan confidencial. ¿Lo estaba haciendo a propósito, estaba tratando de probar un punto?

— Vete. — Dijo con voz grave y seca. Apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

Edward sonrió amargamente mientras le tendía el vaso de agua, de manera insistente y fue directo al grano del problema. Tal vez creyendo ingenuo que cuanto antes se despejara, mejor. — No fue tu culpa, estabas completamente borracho ¿cómo no iba a perdonarte? — Se colocó a su lado para hundir los dedos en la melena revuelta del menor en un gesto tierno y protector, se le estremeció el pecho. — Además, eres mi querido hermano pequeño... Ten, bebe a agua.

De un simple manotazo tiró el maldito vaso de agua el piso y lo apartó de un empujón, levantándose se la silla, la cual se arrastró perezosa sobre el suelo.

— ¡No me toques! ¡Y NO VUELVAS A LLAMARME HERMANO! — Aquella reacción asustó un poco a Ed, pues no era normal del otro perder los estribos tan fácilmente, aunque había demasiadas cosas anormales entre ellos. Y un poco de genio no iba a poder con él, Edward compuso una expresión sería pero retadora, lo que provocó aún más a Alphonse. — ¡Tú-tú ya no eres mi hermano, desde aquella noche cuando era una armadura te perdí para siempre! ¡Y nunca más he vuelto a tener uno! — Con sus manos lo empujó para que se alejara de él. — ¡Quiero a mi Edward de vuelta! ¡Quiero a mi amado hermano puro, quiero a mi Nii-san! ¡Nii-san! — Era ridículo decir "Nii-san" con aquella voz grave, ya no era un niño pequeño, adorable e inocente, exclamando con voz pura y aguda "Nii-san". Se arrodilló en el suelo temblando y llorando cuando empezó otra vez a toser como loco. Parecía que tosía cada vez que le entraba el pánico, no fallaba. — Si ahora mismo fuera... una armadura, probablemente nunca te hubiera hecho tanto daño. — Sonrió cínico, Edward cortó los pocos pasos que quedaban entre ellos y lo tomó de la camiseta para después pegarle un puñetazo. Lo dejó tirado, del golpe se mordió el labio y empezó a sangrar. Ed siempre fue puño suelto, pateaba a cualquiera que estuviera delante y nunca se restringió ante la armadura de Alphonse, ni siquiera cuando este había restaurado su cuerpo.

— ¡NIÉGALO! — Gritó. — ¡Niega todo la basura que acabas de decir! ¡Tú ya no eres una armadura, y nunca jamás volverás a serlo! ¡Cuando trasmutamos a nuestra propia madre, le pedí a la Verdad que te devolvieran, a costa de lo que sea...! ¡Porque tú...! — Comenzó a llorar y bajó el tono de voz a un susurro, Alphonse no lo miraba seguía sujetando esa herida en su boca, sintiendo esa herida. Dolor era todo lo que necesitaba, y necesitaba aún más, podía pedirle a Ed que volviera golpearlo hasta que estar satisfecho. Y él lo soportaría, no más bien, se lo merecía por ser abominable. Pero al parecer, Edward lo había golpeado justo por las razones incorrectas... y eso generaba un ardor en sus tripas, retorciéndose. Todo estaba tan mal. Edward continuaba hablando de manera forzada. — Porque tú eres él único hermano que tengo en este mundo, y no quiero volver a perderte...

Atravesaría la puerta una y otra, y otra vez, perdiendo cada miembro de su cuerpo con tal volver a tenerlo en sus brazos.

— Edward... por favor. — Suplicó. — no puedes hacerme esto... nunca podré perdonarme el daño que te hice. — Colocó la mano frente a sus ojos.

— Al, está bien. No es la gran cosa. No es como si fuera una mujer ¿sabes? — Sostuvo su brazo intentando retirarlo de su rostro pero Al hacía palanca. Edward volvió a hablar entre risas nerviosas, siempre fue alguien de perder los estribos fácil y entendía cómo se sentía el otro. — Además, no era tú intención real hacerlo ¿verdad? Fueron los efectos del alcohol.

A quién intentaba convencer ¿a él? ¿O a sí mismo? Ambos conocían en el fondo la cruda realidad.

— ¡No! — Gritó y luego volvió apenas sin voz, agachó la cabeza. — No...

— Además... no es la primera vez que me tomas ¿no lo recuerdas? — Alphonse no entendía lo que le estaba diciendo, tenía miedo de encararlo.

— ¿Qué...?

— No, no lo recuerdas, lo borraste de tu mente ¿verdad? — Rio cínico. — Aquella última noche, donde te pedí que me tocaras. — Para hacer hincapié, sujeto el índice y el anular de Alphonse y apretó con fuerza, mientras los frotaba simulando ser un falo.

Sí, sí lo recordaba aunque no quería creerlo. Pero realidad, siempre lo recordaba y lo achacaba a alguna fantasía, el cómo lo tomó por la fuerza masturbándolo, metiendo sus dedos por cada orificio que podía encontrar, su boca, su culo... y penetrándolo una y otra vez hasta llegar hasta el extremo. Era vomitivo.

— ¡AAAAAAGHHH! — Gritó cubriéndose el rostro recordándolo a la perfección, odiándose a sí mismo, queriendo morirse... — ¡No! ¿Por qué me haces esto, Ed? — Sintió arcadas y de nuevo comenzó a toser como loco, las partículas de saliva salían disparadas de la boca, le dolía la garganta y otra vez sus pulmones se recentían.

Se sentía ardiendo por dentro.

Alphonse... — Lo tomó de los hombros para luego abrazarlo contra su pecho, el corazón de Edward latía acompasado, a pesar de los gritos y de la furia, aún lucía tranquilo, capaz de manejar la situación, como si nada de lo que sucediera a su alrededor pudiera realmente afectarle. Aún quería rechazarlo, buscar la forma en que lo odiase con toda su alma pero no podía simplemente empujarlo lejos... porque todo lo que deseaba era tenerlo cerca. — Sabes... en estos momentos, deberíamos aplicar la ley del intercambio equivalente.

Al se horrorizó cuando vio la expresión severa de su rostro, pero algo en sus ojos dorados estaba sucio, perverso.

— Quítate la ropa, AL.