Vacaciones, benditas y merecidas vacaciones. Así que gracias a ellas les tengo el nuevo capítulo ya saben que agradezco mucho sus comentarios.

Capitulo 25 Mi último deseo.

El estruendo de la ola al romperse fue sustituido rápidamente por la tersa espuma que baño sus piernas con las aguas marinas, Anfitrite fue la primera en tocar la suaves arenas de las playas del Atlántico y miro a su alrededor en busca de alguna edificación, sin embargo no pudo apreciar ninguna pues aquella isla estaba completamente deshabitada.

-¿Dónde está? – Menciono suavemente para sí misma, podía sentir que el cosmos el titán se encontraba en esa isla pero no podía identificar en que parte, pues parecía que la misma isla estaba cubierta por su energía en igual cantidad, haciendo imposible el localizarlo.

-Me adelantare y revisare la isla. – Bian camino unos cuantos pasos pero la mano de Kanon sobre su pecho le detuvo. – Pero general…

-No. – Le apoyo Sorrento con cierto recelo. – ¿Tu también te has dado cuenta de ello Kanon? – El peli lila hablo con cierto recelo, si bien ahora Kanon y él estaban del mismo lado, eso no significaba que su antigua amistad si podía decirse así continuara, no después de a quien consideraba Dragón Marino traicionara al emperador y a ellos. Aquella profunda herida no se borraría tan fácil, aun cuando el dios Poseidón y la emperatriz Anfitrite depositaran su vida en él, Sorrento jamás podría hacerlo pues ¿Cómo confiar en una persona que ha traicionado a todos los que le han rodeado?

-Océano nos está observando, él sabe que estamos aquí. – Kanon empuño su mano furioso y la rodeo de su cosmos dorado, descargándolo contra la isla frente él, la cual se ilumino en una centellante luz y abrió paso a una cueva que se sumergía en las profundidades de la isla. – Debe de estar escondido ahí. – Andando. – Ordeno.

Comenzó a caminar hacia aquella abertura a mitad del suelo arenoso que se sumergía en las profundidades de la tierra sintiendo la mirada de sus compañeros a sus espaldas. Les observo de reojo pudiendo distinguir en ellos miradas recelosas principalmente la de Sorrento y Krishna, mientras las de Eo, Kaza, Bian parecían estar llenas de indiferencia e Isaac que parecía sobrellevar su regreso mucho mejor que sus compañeros y sabia que en parte era porque Camus y el general marino de Kraken habían logrado hacer las paces.

-Me sorprende que hasta un titán pueda jugar sucio. – La voz llena de odio de Thetis le hizo girar un poco el rostro para observarla, obviamente sus palabras habían tenido un doble sentido y pudo comprobarlo cuando la miro por primera vez después de la caída del reino submarino a manos de los caballeros de bronce y Athena y tan solo pudo notar en ella la rabia e impotencia que había acumulado después de tanto tiempo.

-No debes de sorprenderte Thetis, aun yo siendo un dios puedo darme cuenta de lo retorcida y penosa que puede ser la mente de una deidad. – La emperatriz intervino oportunamente pues no quería que aquellas palabras llevaran a una discusión entre sus marinos, suficiente era con sentir el ambiente pesado, por la tensión entre Sorrento y Kanon, una pelea únicamente agravaría más la situación.

-Esta cueva debe llevar a las profundidades submarinas. – Apoyo Isaac a la deidad que le agradeció con una media sonrisa pues todos parecieron regresar su atención a la misión encomendada por su dios, una vez terminada tendrían todo el tiempo del mundo de discutir lo ocurrido, claro si había algo de que hablar.

Kanon volvió su atención al camino frente a él, los muros que en un principio habían sido arena compactada por las raíces se había convertido en piedras lisas de las cuales destilaban gotas de aguas como si fueran pequeños cristales que se desprendían como lagrimas del techo y las paredes, haciendo un ruido armónico por toda la cueva, el irregular suelo se había transformado en escalones de piedra caliza y estas eran tan largas que aun donde terminaba su vista podía sentirlas, sin embargo estaba seguro de percibir el cosmos de Océano más adelante.

-Estoy arto de estas escaleras. – Se quejo Bian agachándose y parándose repetidas veces para desentumir sus extremidades.

-Supongo que para Kanon no es difícil, después de todo ha de estar acostumbrado a subir y bajar los doce templos. – Espeto molesto Khrishna, lo que hizo que Isaac le dirigiera una mirada de pocos amigos a Bian, pues había provocado con su comentario que las hostilidades volvieran a surgir a flote.

-Se supone que debo molestarme por tu comentario. – Kanon se detuvo y encaro a sus compañeros que se frenaron al instante al verles hacer frente.

-¡Debería hacerlo nos traicionaste! – Exploto Sorrento.

-El emperador le ha perdonado. – Intervino Isaac interponiéndose entre Kanon y Sorrento para evitar una pelea.

-No es el momento de pelear. – Opino Bian.

-Terminemos de una buena vez con esto para que se largue de nuevo con los santos de Athena. – Bufo molesta Thetis, golpeando con su hombro a Kanon para abrirse paso y continuar avanzando sin ni siquiera mirarlo. – Sorrento no le des más importancia, nos hemos valido solos este tiempo, no le ocupamos ahora. – Los ojos lilas del flautista miraron desafiantemente los ojos esmeraldas del gemelo menor para después seguir a su compañera.

-Kanon no les hagas caso, están molestos por lo que paso. – Intento excusarles Isaac, pero las palabras ya habían hecho un impacto en el semblante del gemelo.

-General, no les tome importancia, yo estoy contento de que pueda luchar a nuestro lado de nuevo. – Menciono Bian con su habitual sonrisa.

-Además el emperador y la emperatriz le necesitan y le han dejado en claro que para nosotros usted, siempre significara un aliado y un importante compañero para nosotros, maestro. – Contesto Eo poniéndole una mano sobre el hombro. Kanon asintió a los muchachos frente a él y llevo su mirada hacia Khrishna que continuaba ahí mirándole con un cierto dejo de decepción, pero nada podía hacer él para hacerles cambiar de opinión su decisión, ya estaba tomada.

-Ahora continuemos, que estas escaleras deben llevarnos hasta el fondo submarino. – Contesto sin importancia Kaza, que había permanecido neutral, pero esas palabras despertaron cierto recelo en Kanon y sus sentidos se alertaron.

-Es una trampa. –Tercio y miro hacia sus compañeros.

-¡¿Qué?! – Pregunto asustado Eo, volvió su vista preocupado hacia el frente ya que Sorrento y Thetis se habían adelantado.

-Océano piensa derribar la bóveda sobre ellos, estoy seguro de ello. ¡Saquen a la emperatriz! - Les ordeno al resto. - ¡Yo iré por ellos!

Kanon corrió escaleras abajo intentando darles alcance y poder llegar a tiempo, de lo contrario no podría perdonarse tal error ¿Cómo diablos no se había dado cuenta de ello antes? Les había introducido a la boca del lobo y ahora ellos continuaban avanzando hasta ella.

-¡Sorrento! ¡Thetis! – Les llamo, pero no hubo ninguna respuesta por parte del dúo, así que continuo corriendo hasta que el pasillo se transformo en una bóveda, el mar estaba sobre ellos y apenas unos cuantos rayos solares se filtraban sobre el espesor de agua, las paredes estaban hechas del vital liquido y el suelo era de una delgada especie de alga, observo a Sorrento y Thetis frente a él avanzando con precaución. - ¡Par de idiotas regresen aquí ahora mismo!

-¡¿Qué… - Pero la voz de Sorrento fue cortada por un enorme estruendo pues la pared del lado izquierdo acababa de colapsar y borbollones de agua comenzaron a filtrarse por la habitación, el suelo vibro a sus pies y el dúo frente a él supo que estaban frente a una trampa de Océano.

- ¡Maldición! – Kanon comenzó a correr de nuevo hacia ellos que intentaban liberarse de las corrientes de agua que se habían filtrado cuando la pared detrás de Kanon también colapso tapando su única salida y hundiéndole al impactar el chorro de agua a su espalda, la corriente le arrastro por unos segundos, sacudiéndolo con brusquedad hasta que logro ponerse de pie y volver a correr hacia sus compañeros, en ese momento las dos paredes que sostenían la habitación cayeron y el estruendo de la bóveda comenzó a escucharse amenazando con hacerles caer toda el agua del océano sobre ellos y sin la protección de Poseidón sabía que no podrían salir vivos de ese lugar.

-¡Thetis toma mi mano! – La sirena le miro aun molesta y antes de dársela se alejo unos pasos de él tomando a Sorrento del brazo, Kanon miro hacia el techo y le vio ondeándose a punto de romperse, para ese punto la desesperación le había rodeado. - ¡Dejen de comportarse como estúpidos! – La tomo por la mano con fuerza justo cuando la bóveda colapso sobre ellos. - ¡Otra dimensión!

Observaban como los mantos acuíferos se sacudían con fuerza en la superficie, provocando torbellinos y olas en su interior, producto de que la trampa de Océano había funcionado a la perfección y que en ese momento probablemente estaría envolviendo en sus corrientes a sus compañeros.

-Emperatriz… - Menciono con pesar Khrishna.

-Ellos estarán bien, confiemos en sus habilidades. – Anfitrite le dio la espalda al mar que continuaba sacudiéndose a sus espaldas con bravura y miro directamente hacia el interior de la isla. – ¿Dónde te escondes Océano? – Se pregunto a sí misma.

-Miras en la dirección contraria diosa Anfitrite. – Tercio una voz a sus espaldas, se giro con brusquedad al oírla mientras sus marinos se interponían entre el titán y ella. Océano había brotado justo del lugar donde el mar se removía con violencia, se mantenía alzado sobre la superficie sin que ninguna gota u ola se osara a tocar su cuerpo divino. Su cabello fino azulado oscuro atado en una cola de caballo baja por detrás era removido por la suave brisa y sus ojos rojos como la sangre le daban un aspecto enfurecido a pesar de que su semblante lucia tranquilo y calculador.

-¿Por qué Océano? ¿Por qué te has puesto esta vez del lado de tus hermanos? – Anfitrite avanzo en medios de sus marinos hasta que sus pies fueron mojados por la tersa espuma del mar.

-Esa pregunta ha llegado muy tarde, no lo crees Anfitrite. – Su semblante sereno permaneció imperturbable ante el cuestionamiento de la deidad. – Tú mejor que nadie sabe que siempre he permaneció neutral a muchos de los conflictos y sin embargo tanto Tetis como yo nos vimos envueltos y juzgados injustamente en ellos. Zeus nos condeno al Tártaro por el crimen que Cronos cometió contra mi padre Urano y a su vez por lo ocurrido durante la Titanomaquia, aunque ambos sabemos que me negué a participar en esos conflictos.

-¡Por favor padre retírate de esta batalla sin sentido! Yo hablare con Zeus y Athena para que te perdonen por favor. – Anfitrite se llevo una mano al pecho mientras sus ojos azules se encontraban con los de padre ¿Cuántos años tenía sin obsérvales? Y a pesar de los siglos sus ojos como dos rubíes continuaban mostrándose de la misma forma a como los había visto en la era del mito.

-Ya no hay marcha atrás, ni para la injusticia de Zeus, ni para que yo tome mi venganza, hija mía y me compadezco de tener que luchar contra ti. – Océano cerró los ojos con pesar y creó una enorme ola de proporciones descomunales la cual lanzo hacia la playa, Isaac empujo con suavidad a su diosa hacia atrás y lanzo el polvo de diamantes para congelar la enorme masa de agua, la cual detuvo su avance destructivo y se congelo por completo.

-Kaza protege a la emperatriz. - El marino tomo entre sus brazos a la deidad y retrocedió hasta el nivel donde la sombra de las palmeras les recibían amistosamente y les permitían observan la batalla contra el titán.

Anfitrite miro como la ola se rompía en mil pedazos y caía pesadamente sobre el mar, provocando un fuerte oleaje, miro por una última vez a su padre y supo que él no le estaba mintiendo pero apoyar el reinado de Cronos significaba ir en contra de lo que su padre le había enseñado en la época del mito, desconocía que había en el tártaro y los castigos tuvo que enfrentar su padre en ese lugar, pero cualquiera que apoyara a un ser tan cruel y vil como Cronos, aun cuando este fuera su propio padre tenía la obligación de detenerle y preservar los preceptos que sus padres le inculcaron en la era mitológica.

-Todos aquellos que levanten su mano contra un titán sea un dios. – Los ojos escarlata de Océano se posaron sobre su propia hija que se mantenía con la mirada en el horizonte sin atreverse a mirarle y luego viajaron hacia sus marinos. – O un insignificante humano, deberán pagar las consecuencias de sus actos.

-Eso lo veremos. – Espeto Eo alineándose junto a Bian e Isaac para recibir cualquier embate del dios, mientras Khrishna cubría sus espaldas y era el primer obstáculo para impedir que un ataque llegase hacia la emperatriz. Para ese instante debían apañárselas solos sin la ayuda de Kanon ni Sorrento, ni siquiera podían preocuparse por ellos, pues aún cuando las corrientes marinas les hubieran arrastrado podrían sobrevivir, en cambio ellos iban a enfrentar la ira de un titán.

-Impacto de la corriente. – Las manos del peli azul se iluminaron por un segundo de un aura celeste para ser sustituido rápidamente por dos torbellinos de agua provenientes de cada una de sus manos. Los dos remolinos giraban en direcciones opuestas generando una presión enorme entre ellos lo que provocaba que el agua girara a la velocidad de la luz, ambos fueron a impactarse contra el mar, levantando una ola gigantesca a causa del impacto que recibió el manto acuífero.

-¡Polvo de diamantes! – Isaac se aventuro a congelar el colosal muro de agua que se venía encima de él y sus dos compañeros, el potente chorro de hielo golpeo justo en medio de la ola congelándola por unos segundos, sin embargo un terrible chasquido le mostro que no detendría la fuerza del titán con tanta facilidad y aquella pequeña abertura que se había formado continuo rasgándose mientras la corriente del mar se filtraba por aquella fisura.

-¡Isaac páralo! – La voz de Eo se abrió paso para llamar a su amigo, de lo contrario aquella isla sucumbiría ante el poder del primogénito de Urano.

-¡Es muy fácil decirlo! – Bufo el peli verde, elevo su cosmo energía y un aura blanquecina le rodeo por completo, la arena bajo sus pies comenzó a congelarse y el clima tropical se helo, levanto su mano derecha y de ella broto un aire congelante que se transformo rápidamente en una ventisca que volvió a detener a aquella ola. – Ataúd congelante.

-¡Vamos Bian! – Grito Eo elevando también su cosmos, tenían que aprovechar aquellos momentos de protección que Isaac les estaba proporcionando. - ¡Gran tornado! – El cosmos del general marino ardió al instante, elevo sus manos por encima de su cabeza figurando una X , descendió los brazos y se formo un potente tornado que golpeo sin clemencia la ola, la fuerza de rotación de esta destruyo a al muro de agua que fue arrastrado por la enorme velocidad del torbellino, deteniendo por completo el ataque del titán. - ¡Bian!

-¡Filo del fondo ascendente! – Bian creó un vórtice de alta presión en medio del mar, justo a los pies de Océano, amplias columnas de agua se elevaron e incluso pareció como si el mar se dividiese en dos, las enormes corrientes marítimas que se formaron se dirigieron hacia el titán dispuesto a atacarlo con violencia, sin embargo estas fueron repelidas por el cosmos del peli azul, que neutralizo la técnica que se despedazo en el aire y el mar volvió con brusquedad a su estado natural. - ¡Imposible!

-¡Filo de arroyo! – Océano giro lentamente su mano derecha y las moléculas de agua presentes en el aire, se materializaron al instante, el titán chasque sus dedos y clavo su mirada en el trió de generales marinos que osaban enfrentarse a él. Las burbujas de agua comenzaron rápidamente a agruparse a su señal y formaron afiladas cuchillas y lanzas, que el titán lanzo hacia ellos.

Isaac dio un brinco hacia atrás tratando de esquivarlas pero estas en lugar de impactarse contra el suelo le siguieron por lo que lo tomaron por sorpresa, una de ellas impacto contra su pierna haciendo un profundo corte, que provoco que cayera a la arena, el resto de cuchillas sobrevolaron hacia él pero creó un muro de hielo en donde se impactaron. Sin embargo la situación de Bian y Eo era peligrosa pues si bien ambos lograron esquivar en primera intención las lanzas, cuando se percataron de que estas le siguieron fue muy tarde pues les habían tomado a ambos desprevenidos.

La primera lanza que atravesó el cuerpo de Bian golpeo directamente a su estomago tendiéndolo en el suelo al instante y provocándole dolor, elevo sus ojos esperando recibir más cortes y vio dos lanzas más dirigiéndose hacia él, sin embargo a escasos centímetros de que ambas golpearan su cuerpo la lanza de Khrishna sobrevoló sobre él destruyendo los filosos trozos de hielo, los cuales cayeron pesadamente alrededor de él. Dejo caer su cabeza en la arena pesadamente, aliviado por la milagrosa intervención de su compañero, mientras hacía presión sobre su herida de la cual estaba brotando una enorme cantidad de sangre.

Por su parte Eo recibió la primera lanza en su brazo derecho el cual resulto inmovilizado al instante, ya que lo había sujetado con una roca, impidiendo de esa forma que escapara, elevo una considerable cantidad de su cosmos en su mano izquierda para destruir una de las 4 lanzas que iban contra él, sin embargo eso no impediría que las otras tres le atravesaran.

-¡Barrera de almas! – Khrishna se interpuso frente a él y emitió una luz intensa de su cuerpo al tiempo que se formaba frente a él un muro magnético invisible que daba unos ligeros destellos violetas y que destruyo las lanzas arrogadas por Océano lanzando un destello de luz extremadamente potente. –Déjame ayudarte a quitarte ese trozo de hielo del brazo.

-Estoy bien. – Refuto con cierto orgullo, arrancándoselo con fuerza, miro a su compañero a los ojos y tiro a un lado la lanza que lo había apresado. Justo en ese momento un vórtice oscuro se abrió pasando justo al lado de Isaac, de este broto Kanon, quien llevaba en brazo a Thetis y a su lado venia Sorrento. – General… - Le llamo con una sonrisa en el rostro al comprobar que no les había ocurrido nada, los ojos esmeraldas de Kanon recorrieron todo el panorama en un segundo para terminar siendo clavados en el titán.

-Bian, cuida de Thetis por favor. – Bajo por unos segundos su mirada hacia la rubia que se encontraba entre sus brazos y retiro un mechón de cabello con suavidad del rostro de la joven para enredarlo por detrás de su oreja y poder apreciar aquel sutil rubor en sus mejillas, la vio por un segundo más comprobando que aún respiraba delicadamente y después la tendió hacia Bian con gentileza. – El resto de nosotros nos encargaremos de acabar con Océano.

Aldebarán miro al peliblanco el cual no llevaba ningún sapuri para protegerse, al contrario vestía una sotana que le hacía ver más imponente y encajaba a la perfección con el puesto de "juez" el cual fingía ser ese espectro, observo como un látigo se encontraba enrollado en su mano derecha listo para atacar en cualquier momento.

-Tu nombre es Aldebarán de Tauro ¿No es así? – Repuso fríamente el espectro soltando uno de los extremos de su látigo que cayó pesadamente sobre el piso mientras sostenía la otra parte en su puño.

-Estas en lo correcto. – Cerró los ojos con tranquilidad, permitiendo de esta forma que sus otros sentidos aumentaran para poder percibir a los soldados del dios de la guerra que se encontraban dispersos por todo el inframundo.

-Bien mi nombre es Lune de Balrog, espero que estés dispuesto a pagar por tus pecados, santo. – Farfullo burlón, provocando que su látigo golpease sin piedad, lo que provoco que Aldebarán abriese los ojos y le mirara con atención. – Yo seré tu juez.

-Un espectro como tú no puede ni siquiera juzgar sus propios pecados, es imposible que puedas juzgar los míos. – Esbozo una sonrisa burlona y cerro su puño con fuerza, el cual se rodio de una llamarada de su cosmos que embargo por completo su cuerpo, el piso bajo sus pies se quebró y las piedras que osaron levantarse fueron destruidas por la centellante fuerza dorada.

-En ese caso no tienes nada que temer. – Lune halo hacia atrás su látigo que tomo impulso con este movimiento y después retorno con fuerza hacia Aldebarán. - ¡Látigo ardiente! – El taurino retrocedió intentando esquivar el látigo, el cual se enrollo rápidamente en su mano izquierda e impidió que pudiese moverse, frenándolo en seco, lo que casi provoco que perdiera el equilibrio y cayera.

-¿Qué es esto? – Levanto su brazo izquierdo a la altura de su rostro, examinando con detenimiento aquella arma, que había dado cerca de tres vueltas en su extremidad, pudo notar como este ejercía una sutil presión y liberaba la característica aura violeta de los espectros.

-Este látigo, se enrolla de acuerdo a la cantidad de pecados que has cometido en tu vida, pero creo que al ser un santo dorado, mi técnica no ha podido calcular exactamente todas tus fechorías cometidas en la tierra, pero en fin me conformare con despedazarte el brazo. – Lune jalo hacia atrás su látigo el cual comenzó a estrangular el brazo del santo de la segunda casa, que miraba con cierto interés aquella técnica. - ¿Qué te pasa tauro? ¿Acaso no sabes qué hacer?

-Te recuerdo que es a un santo dorado a quien enfrentas y no importa cuanto haya aumentado tu cosmos, nosotros podemos elevar nuestro cosmos al nivel de un dios. Crees haberme capturado, pero el que te ha atrapado soy yo. -

Utilizo su mano derecha para tomar el látigo que permanecía extendido frente a él y le dio un fuerte tirón que termino provocando que el espectro se fuese de bruces contra el suelo, su cosmos dorado rápidamente sustituyo al violeta del espectro, el cual comenzó a ser arrastrado por su propia arma hacia Aldebarán.

-¡Gran cuerno! – El brasileño desplego su cosmos una vez que el espectro estuvo a escasos metros de él llevando sus palmas por delante de su cuerpo, lo que provoco una poderosa ola devastadora de choque, que arraso con todo las estructuras de la primera prisión y con el espectro, el cual termino en el fondo de los escombros que cayeron sobre él. – Vamos Lune. – Le alentó al percibir aun su cosmos bajo las ruinas.

El peliblanco empujo lentamente una piedra para liberarse y poder observarlo, su cuerpo temblaba a causa del dolor que recorría cada hebra de su cuerpo. – Ni siquiera he visto cuando me has lanzado ese ataque. – Sus ojos no le mentían no le había visto moverse ni un milímetro, miro de nuevo al castaño que se mantenía con los brazos cruzados sobre su pecho y con una sonrisa en los labios. - ¿Acaso esta es la fuerza de este santo? - Aún podía recordar que en su pelea contra Kanon de géminis este se había burlado fácilmente de él, tal vez el santo de tauro planeaba hacer lo mismo. – Te destrozare Aldebarán. – Golpeo con fuerza el suelo, destruyendo el acumulo de piedras a su alrededor y se incorporo de un brinco. - ¡Reencarnación!

El espectro del Balrog elevo su mano derecha con una simple tensión y de esta se desplego una descarga de energía morada que impacto directamente en los brazos cruzados del moreno, su técnica rápidamente le permitió acceder a las memorias del santo, quien no opuso ninguna resistencia, la imagen que en un inicio fue algo borrosa y oscura, poco a poco comenzó a recobrar su nitidez y vio claramente cada pecado que el santo de tauro consideraba como garrafales errores aunque estos fueran mínimos, aunque pudo percibir dentro de uno de ellos un rostro conocido.

Aldebarán permaneció con los brazos cruzados, percibiendo como sus peores recuerdos eran sacados a la luz, iluminando las tinieblas de sus recuerdos y contemplados por aquel espectro, su semblante se oscureció y arrugo el rostro con frustración al ver sus peores fallos salir de lo más profundo de sus memorias. Pero no pudo evitar experimentar un ligero temblor al percatarse de que el espectro contemplaría el peor error que cometieron los santos dorados, incluido él.

-Ese es el caballero de Pegaso pero ¿Por qué está peleando contra el santo de oro de tauro? – Fijo sus ojos ámbares en aquel recuerdo y contemplo cada ataque que proporcionaba el santo de tauro al japonés, que caía repetidas veces, pero aún continuaba poniéndose de pie una y otra vez, le alegaba algo que no podía entender, sin embargo podía comprobar por el semblante de Aldebarán que era uno de sus peores crímenes cometidos en vida, la culpa y el peso psicológico de aquella acción provocaban un enorme remordimiento en el. - ¿Una falsa Athena? ¿Acaso los santos dorados rechazaban o se interpusieron en el camino de Athena?

Lune sonrió malévolamente al comprenderlo todo, los santos dorados rechazaron a la verdadera Athena durante la batalla en las doce casas y la culpa que sentía Aldebarán era haber atacado a aquellos santos de bronce interponiéndose en su camino y haciéndoles perder un tiempo valioso, pues justo en esos momentos el cosmos y la vida de Athena pendían de un hilo al haber recibido una flecha del santo Ptolemy de flecha, pero a pesar de que no ocurrió nada el taurino no podía dejarse de preguntar y cuestionar sus acciones, pues si el resultado hubiese sido otro, él sería uno de los culpables de haber provocado la muerte de su propia diosa.

-Es una pena la deslealtad que hay en la orden de la diosa de la sabiduría. – Lune recogió su látigo del suelo y lo golpeo con fuerza, los soldados de Ares rodearon a Aldebarán con sus espadas desenvainadas dispuestas a acabar con la vida del santo de tauro, que continuaba absorto en sus pensamientos, pues no había podido olvidar el sufrimiento que le provocaban sus propios fallos. – Pero no te preocupes santo yo te ayudare a acabar con tu culpabilidad, la cual debe ser castigada ¡Látigo ardiente!

El chasquido del arma de Lune resonó por toda la primera prisión e hizo que todos los guerreros de Ares se alejaran de Aldebarán, que mantenía su mirada oculta bajo su casco, el látigo sobrevoló hacia el taurino, pero cuando estaba a punto de cernirse sobre su cuello, el cosmos del santo exploto y despezado el arma del peli blanco.

-Soy un santo dorado y la cantidad de pecados que pesa sobre mi es enorme, sin embargo el conseguir el perdón o encontrar el bien que has hecho ante una acción que puede parecer barbárica, es lo que nos impulsa como santos de oro y si ese es el precio que tenemos que pagar adelante, pero jamás un espectro como tu podrá sustituir a nuestra diosa Athena que es la encargada de velar por nosotros y la única a quien permitiremos que dictamine sobre nuestras acciones. – Alzo sus ojos marrones hacia el espectro y su cosmos le rodeo como si un remolino de fuego se tratase, sonrió de medio lado e hizo explotar toda su energía. - ¡Supernova titánica!

El ataque más poderoso de los caballeros de tauro, fue ejecutado sin piedad en el infierno iluminando de una luz dorada, para ello Aldebarán poso su mano en el suelo y envió todo su cosmos por el piso como una ola gigantesca que destruyo a todos los soldados de Ares e incluso varios metros de profundidad del suelo, cientos de rocas y pedazos de suelo levitaron en el aire y después cayeron como meteoritos sobre Lune que pereció ante el poder del santo de tauro. La primera prisión sucumbió ante aquel cataclismo y fue hundido junto a su guardián en una profunda oscuridad.

-Debo admitir que tu técnica me ha impresionado. – Refuto una voz a sus espaldas, volvió lentamente su cara por encima de su hombro solo para contemplar a Thesseus acercándose a él. – He venido a ayudarte ya que Caronte no me aporto mucha diversión, después de todo resulto ser bastante débil.

-No hay diversión en las guerras. – Aldebarán miro de soslayo una vez más al ángel que cambio su expresión burlesca a una llena de sorpresa, volvió sus ojos al frente y contemplo la destrucción que había causado su propia técnica. – Debemos alcanzar a los demás.

-Sí. – Menciono Thesseus aun confundido por el comentario de Aldebarán, pues jamás creyó que un ser como él podría aprender la nobleza de los humanos, mucho menos de un santo de Athena. Pero aquel gigante al servicio de la deidad de la sabiduría podía tener una apariencia brusca e incluso amenazante pero la humildad y bondad en su corazón podían resplandecer en el mismo infierno.

Observo con sus ojos esmeraldas la cantidad de hielo que sepultaba a la montaña y los destrozos de la pelea entre Ares y los santos de Acuario y Escorpión, recorrió el paisaje en busca de los cuerpos de ambos guerreros, pero la niebla y la ausencia de luz dificultaron su visión, el frio era extraordinario, podía notar como incluso su propio Kamui había adquirido una fina capa de hielo debajo de su capa, el congelar una armadura divina era algo imposible para un humano, pero a esas alturas se dio cuenta que no lo era para un santo.

Le había prometido a Mu que le regresaría su favor pero a esas altura poco podía hacer para sellar su promesa. Sus pies se hundieron unos centímetros en la nieve a medida que avanzaba y sus hombros y capucha comenzaron a llenarse de blanquecinos copos de nieve que se desprendían como perlas del cielo, suspiro pesadamente y su aliento formo un ligero vapor.

Vislumbro la espada rota de Ares, lo que la hizo sonreír con hastió, al recordar al dios, se acerco lentamente y tomo ambos extremos de la espada y la lanzo hacia el vacio, donde se perdieron de su vista, sin embargo pudo escuchar el repiqueo metálico al estrellarse con alguna roca. Supuso que Ares se encontraría cerca y aún con vida, pero aquella no era su prioridad, al contario podría encargarse del dios después.

Su mirada se fijo en el cuerpo del santo de acuario, que se encontraba tendido boca abajo y su cuerpo comenzaba a ser cubierto por el manto a perlado que el mismo había creado, corrió hasta él y se arrodillo a su lado, le tomo por los hombros para girarlo y contemplo la herida en su pecho, causada por la espada de Ares si conocía bien las técnicas del dios, aquella perforación en el cuerpo del santo debió de haberle dado en el corazón, deslizo suavemente sus dedos por los bordes de esta, envolviéndolos en su cálido cosmos, tomo al santo por los huecos de las axilas y lo halo hasta el lugar donde vislumbro al santo de escorpión.

-No puedo hacer más por ustedes, más que impedir que Ares les corte la cabeza como un trofeo y les prometo que les llevare al santuario. – Se arrodillo a los pies de ellos, dispuesta a hacer una oración para su descanso pero se abstuvo de hacerlo, al recordar que las únicas plegarias que sabía eran hacia el dios de la guerra, así que se levanto con tranquilidad, desabrocho su capa con la cual cubrió el cuerpo de ambos santos. – Ares ha despertado.

Miro sobre su hombro como el dios había sacado la mano de la nieve y como se impulsaba con sus brazos para poder salir de esta, camino hacia él para contemplarle en el suelo y ver como se arrastraba como la vil serpiente que era. –En qué estado tan patético te encuentras Ares.

-Ker… – Menciono cansado, elevando su rostro para verla directamente a los ojos, al tiempo que lograba liberar todo su cuerpo de bajo del peso de la nieve. – Espero que estés aquí para suplicar mi perdón y acatar mi orden de cortarle la cabeza a esos santos.

-Como siempre estas equivocado Ares. – Siseo, saco la espada que llevaba atada por detrás de su espalda y apunto con esta al cuello del dios de la guerra, aquel a quien en el pasado consideraba como su propio padre, su maestro y pensó que era la única persona a quien en realidad le importaba. – Jamás imagine verte en ese estado y lo que en otro tiempo tal vez pudo asustarme hoy me resulta divertido.

-Querida Ker. – La sonrisa en los labios del pelirrojo le molesto, le observo cómo se arrodillo frente a ella y por unos segundos pudo recordar los pequeños instantes en que Ares en realidad fungió como su protector, hacia tantos años que formaban un equipo que aquella separación y distanciamiento entre ellos le resultaba extraña. – Sabes muy bien que no puedes matarme.

-No pretendo matarte, solo planeo acabar contigo para enviarte al tártaro con los de tu clase. – Ker pateo el pecho del dios tumbándolo de nuevo sobre la nieve al tiempo que acercaba más su espada al cuello del dios de la guerra provocando un corte en su cuello. – Ares tu me hiciste la diosa de la muerte violenta, mis acciones en combate son frías y estoy dispuesta a llegar a todo con tal de asesinar gélidamente a mi enemigo, me enseñaste a no compadecerme de nadie, no importaba si fuese un niño, una mujer, un anciano o incluso un dios, ni mucho menos importaban mis propios sentimientos hacia esa persona, Ares tu me convertiste en un monstruo.

La risa burlona de Ares llego hasta sus oídos como si taladros los estuvieran perforando. – Mi querida Ker, te equivocas… yo solo te di los medios, tú fuiste la que elegiste asesinar a cada persona a sangre fría, tú fuiste la que aparto sus sentimientos para no reparar en la crueldad y brutalidad con la que privaba la vida de otros. – Ares empujo con sus dedos la espada temblorosa de Ker, que se había congelado al oír aquello. – Tú fuiste la que disfrutaba matar en mi nombre. – Y continúo riendo.

-¡Mientes! – Ker giro ágilmente su muñeca y enterró su espada en el pecho de dios, clavándolo en el suelo, Ares soltó un silbido de dolor, al tiempo que su maltrecho cuerpo se retorcía, la pelinegra enterró más su espada y luego volvió a retirarla de su cuerpo esta vez a apuntando la garganta del dios. – Si una vez fui tu marioneta no lo volveré a ser, tal vez mi destino fue nacer al lado del mal pero tu peor error fue mandarme al lado de Athena donde conocí el otro peso de la balanza uno más fuerte que tu, el cual te destruirá.

-¿Fue ese caballero no es así? ¿Fue Mu de Aries quien te ha cambiado no, mi querida Ker? – Ares se empujo unos centímetros hacia atrás para escapar al filo de la espada de Ker, noto la ligera incomodidad en el rostro de la diosa por lo que no pudo reprimir de nuevo una carcajada sonora, pero esta vez le costó caro pues Ker rasgo su rostro con la pequeña navaja que llevaba atada a su pierna. - ¿Acaso te has enamorado de un humano?

-Déjame de decir querida. – Bufo enfurecida. – No sabes de lo que hablas Ares, dudo que conozcas lo que significa enamorarse si todas tus relaciones se han basado en la pasión, eso jamás será amor.

-¿Y crees que tú me hablaras acerca de ello? – Ares pateo la espinilla de la pierna de la pelinegra la cual crujió ante la fuerza del golpe y la tumbo sobre la nieve, se abalanzo sobre ella, pero Ker rodo rápidamente por la nieve, envolviendo entre su cabello unos copos a perlados, mientras sus ojos felinos le miraron con odio, Ker se reincorporo rápidamente esquivando el intento de Ares de tomar su espada y la volvió a incrustar en la pierna del dios, esta vez rasgando y haciendo profundo el corte del dios de la guerra para evitar que volviese a reincorporarse, la fina nieve absorbió la sangre del pelirrojo quien miro enfurecido a quien fuese una de sus mejores guerreras.

-Te odio Ares y acabare con tu vida tal y como tú lo has hecho con Deimos y Fobos. –

-Me reincriminas el matar a los míos pero acaso ya olvidaste quien asesino a Enio. – Ladro enfurecido intentando volver a ponerse de pie pero esto solo provoco que cayera sin misericordia de nuevo a la nieve y que un terrible dolor le recorriera.

-Si puede matarla a ella, tú me resultaras más fácil. – Ker levanto su pierna y golpeo con fuerza la barbilla de Ares quien salió expedido por la fuerza hacia atrás, arrastrándose por toda la nieve y haciendo que los copos volviesen a elevarse en el aire. La pelinegra llego hasta él y lo volteo boca arriba de una patada, se abalanzo sobre él, apresando los brazos del dios bajo sus piernas y llevo sus manos al cuello del dios, apretando tanto su agarre en un intento de estrangularlo. – Te asesinare, no volverás a causar más muertes Ares.

Ares supo en ese momento que Ker había dejado de bromear hacía rato y que ahora no estaba frente a él la dulce compañera y guerrera que le había sido fiel durante siglos, en ese momento la diosa de la muerte violenta era quien se manifestaba proclamando todo el dolor que pudiese hacerle sufrir, intento liberarse de su llave, pero la diosa ejerció más presión sobre sus brazos inmovilizándolos con sus rodillas, las manos de Ker se aferraron más a su cuello al grado que no podía pasar ni siquiera aire mucho menos saliva. La desesperación de respirar le obligo a moverse e intentar encontrar una forma de alejarlo de él.

Rebusco entre la nieve alguna piedra con cual golpearla hasta matarla sin embargo no la encontró, sentía como sus pulmones amenazaban con explotar y sus ojos parecían querer desorbitarse, para un dios como él aquello resultaba humillante, el ver a una subordinada dispuesta a terminar con su vida, lo enfurecía y ahora más que nunca deseaba destruirla con sus propias manos y pareció que el destino le sonrió cuando entre la nieve encontró aquella daga negra que a causa del polvo de diamantes de Camus había perdido, la arma con la que había privado millones de vidas a guerreros y asesinar a Ker con esa daga resultaba ser lo más indicado, pues tan solo un corte bien asestado bastaría para sellar el alma de la diosa de la muerte violenta, ya estaba dispuesto a sacarla cuando un lazo verde se enrollo alrededor del cuello de la pelinegra y la jalo hacia atrás tumbándola sobre la nieve.

Ker cayó en la capa blanquecina, hundiéndose sobre ella y comenzó a toser al sentir como aquel lazo la había ahorcado, no podía ser de Ares, pero ni siquiera tuvo tiempo de pensarlo cuando aquel lazo volvió a tirar de su cuello arrastrándola por la nieve, se giro y se puso sobre sus rodillas al tiempo que tomaba su espada y cortaba aquella liana, retiro el resto que aun apresaba a su cuello y sus esmeraldas orbes vieron a Rea frente a ella.

-Chiquilla debiste haberte quedado con Athena, has sellado tu destino viniendo aquí. – Rea giro levemente su muñeca y por debajo de la nieve surgieron raíces que aprisionaron sus piernas, manos y de nuevo su cuello, logrando derribarle la espada al suelo, abrió con su cosmos las espadas de su armadura y rompió las ataduras, pero de nuevo otras tomaron su lugar. – Necesitamos aún a Ares y es por ello que no dejare que le mates.

Ares observaba expectante como Rea le había salvado y le brindaba una oportunidad única, se reincorporo con dificultad y amacizo su agarre alrededor de su daga oscura y camino hasta donde Ker se encontraba dispuesto a atacarla por la espalda.

-Jamás debiste traicionarme. – Y dejo que su furia se apoderara de él encajando repetidamente su daga en la espalda de la pelinegra, una cuchillada, dos, cinco, hasta que el mismo perdió la cuenta, Ker cayó de rodillas al suelo, mientras las ataduras de Rea se aflojaban y la nieve se teñía del rojo de su sangre, Ares golpeo con el mango la cabeza de la pelinegra derribándola por completo al manto gélido, Ker perdió el conocimiento y cuando despertó vio el rostro de Ares sobre ella. – Después de matarte, te juro que al siguiente que asesinare será al santo de aries.

-Son unos cobardes. – Ker sintió como el filo de la daga de Ares entraba de nuevo en ella y lo volvía hacer una y otra vez, su cuerpo maltrecho era la urna perfecta para que el dios de la guerra descargara su odio a causa de ver herido su orgullo.

Cerró sus ojos verdes, volviendo a perder el conocimiento y sumiéndose en la más profunda oscuridad. – Mi destino… Si Rea no me hubiese interrumpido yo hubiera terminado con la vida de Ares… aún así ella me dijo que mis acciones sellaron mi destino, que mentira tan grande… para nosotros los dioses no hay una elección, nuestro destino ya esta forjado desde que nacemos, sin embargo el de los humanos es distinto…ellos pueden cambiarlo. – No supo cuanto tiempo estuvo inconsciente pero cuando abrió los ojos, los copos de nieve habían dejado de caer sobre la montaña sin embargo esta aun continuaba embellecida en un manto blanco. Ni Ares, ni Rea estaban en el lugar simplemente se habían ido esperando a que muriese en aquel lugar, reincorporo su cabeza observando la nieve escarlata que la rodeaba producto de su propia sangre, dejo caer su cabeza en la fría nieve y comenzó a sentir el terrible dolor de sus heridas, su vista estaba borrosa sin embargo volvió a ponerse de pie… no estaba dispuesta a morir en aquel lugar.

Sus pasos resonaron despacios en las primeras escalinatas, un hilillo de sangre resbalaba por todo su brazo y se desprendían gotas escarlatas que teñían el suelo grisáceo, su kamui estaba completamente lleno de su sangre y hacia algún tiempo que el dolor recorría cada extremo de su cuerpo, sonrió con melancolía al pensar que en otro tiempo jamás hubiese imaginado sangrar y mucho menos experimentar dolor.

-¡Ker! – Apenas y pudo escuchar la alarma en la voz de Mu, cuando se desplomo, pero antes de golpear el suelo por aquel mareo que había sentido, los brazos del ariano la envolvieron cálidamente y la sujetaron con suavidad. - ¿Qué te ha pasado?

-Intente terminar con la vida de Ares… y lo hubiese logrado… de no haber sido porque Rea apareció en el lugar… - Su voz se entrecorto al sentir una nueva oleada de dolor, sintió el cosmos de Mu intentando reconfortarla y agradeció mentalmente al caballero por ello.

-Te mejoraras. – Mu hizo una intención por llevarla en brazos pero ella le detuvo con una sonrisa en los labios. – Ker…

-Para mí ya es muy tarde Mu… Solo he venido a decirte que cumplí con mi promesa, pronto veras que la muerte puede traer vida… yo… yo, yo solo quería advertirte, Ares tiene una daga negra con la cual me hirió por la espalda, si llegase a herir a Athena u otro dios con ella, un simple corte servirá para sellarlos. – Ker tomo con su mano ensangrentada la blanca mano de Mu y la estrecho con suavidad, observo los ojos del lemuriano que se veía preocupado por ella y le sonrió débilmente. – Muchas gracias Mu.

-Ker… – El caballero le acaricio el rostro, alejando algunos cabellos manchados de sangre de Ker y permitiéndose apreciar las facciones finas de su rostro, sus dedos sintieron la frialdad del cuerpo de la deidad y percibió como el cosmos de Ker comenzaba a desaparecer.

-Debo agradecerte por cumplir mi último deseo… no quería morir en los brazos de mi asesino, anhelaba morir en los brazos del único hombre a quien he amado. – Hizo su último esfuerzo, alzando su cuello, toco con suavidad la mejilla del ariano y beso sus labios, percatándose de la sorpresa que esto le causo al pelilila, pero no pudo evitar sonreír cuando sintió a Mu estrecharla con fuerza y corresponderle, justo cuando su cosmos se disipo por completo y su cuerpo se convirtió en un destello de luz que se esfumo en aquel atardecer, siendo sellado al fin su alma por el arma del dios de la guerra.

Los espectros de Esfinge y Arpia se encontraban montados encima de las cabezas de cerbero, mientras todo aquel paisaje con flores se había destruido. Cerbero les miraba con ansiedad, mientras se relamía al desear devorarlos, mientras les rodeaba plantando con fuerza cada paso que daba alrededor de ellos.

-Váyanse yo me encargare de ellos y después les alcanzare. – Refuto Mascara de la muerte, creando una docena de flamas del fuego fatuo a su alrededor, pero Odysseus negó interponiéndose entre él y los dos espectros.

-Permítame quedarme en este lugar. – Menciono respetuosamente el ángel.

-Está bien, te doy permiso. – Respondió burlón Mascara de la muerte a su lado.

-¡A ti no te pedía permiso imbécil! – Vocifero el pelinegro saliendo de sus casillas y gritándole a la cara del italiano, que no pudo reprimir una carcajada.

-¡En ese caso idiota, menciona nombres! – Le respondió entre carcajadas, lo que provoco un tic nervioso en el ojo del pelinegro. – Pero está bien te puedes quedar a mi lado, tal vez aprendas algo nuevo.

-¡No pensé que tú me responderías! ¡Además dudo que se aprenda algo bueno de ti! – Contesto malhumorado Odysseus, pero tenía una media sonrisa en su rostro indicándole al caballero de cáncer que le gustaba reñir con él.

-Odysseus. – Le llamo la diosa de la luna, para que controlara su carácter.

-Quieto veneno. – Se burlo de nuevo Mascara.

-Odysseus encárgate tú de esto, te pediré caballero de cáncer que nos sigas acompañando. – La fría voz de Artemisa se abrió paso entre las burlas de ambos guerreros, que intercambiaron una mirada, sabiendo que nada podían hacer contra el mandato de la diosa. – Con Odysseus será suficiente.

-Nos estas subestimando diosa Artemisa. – Pharaon hizo un intento de seguir a la diosa pero rápidamente el ángel le cerró el camino permitiéndoles avanzar hacia la tercera prisión del infierno. Mascara miro una última vez al pelinegro quien le daba la espalda y sonrió con malicia.

-Odysseus supongo que te enseñare mejores técnicas de combate en otra ocasión. – Mascara se despidió con una señal de su mano y corrió detrás de la comitiva y Aioros, escuchando el bufido molesto del héroe griego. Aunque la verdad se preguntaba si el ángel podría apañárselas contra los dos espectros y aquel perro faldero, si bien no conocía la fuerza de los ángeles divinos, tampoco podía subestimarles y no creía que Artemisa les estuviese enfrentando a pruebas más allá de sus capacidades.

Se aventuraron rápidamente entre los pliegues de las rocas, donde se abrían angostos caminos entre dos pilas de montaña donde fácilmente podían ser atacados por espectros, la gruta, estaba formada por un camino de tierra que continuamente se ladeaba, ocultándoles el resto del camino y el ya recorrido, protegido por dos altos muros de roca.

-La tercera prisión. – Susurro Artemisa parándose al borde de un acantilado donde podían observar como cientos de almas rodaban rocas sin parar de un lado a otro, en un enorme agujero del cual jamás podrían salir a causa del peso de aquellas piedras enormes. – Destinada para aquellos seres mezquinos y malgastadores, ellos rodaran esas piedras eternamente como peso por sus pecados.

-Alguien nos sigue. – Alerto el hermano de Marín a ambos santos dorados que rápidamente se pusieron alertas, Aioros saco su arco y coloco una flecha entre la cuerda y el cuerpo de su arma dorada apuntando directamente a la saliente del camino donde volvía a tornarse tortuoso el sendero, por su parte Mascara de la muerte se coloco recargado con la espalda a la pared, mientras esperaba la aparición de su seguidor.

Lo primero que visualizaron fue la sombra de su perseguidor la cual les doblaba la estatura fácilmente, Aioros tenso más su arco y Mascara de la muerte creó un destello de su propio cosmos, pero ambos se detuvieron al ver, un destello dorado.

-Aldebarán. – Tercio Mascara rascándose la nariz con cierta incomodidad. – Estuviste a punto de recibir dos buenos golpes, que probablemente te hubieran hecho Bistec.

-¿Así? – Respondió alegre el toro dorado golpeando suavemente el hombro del de la cuarta casa, que se estrello contra la pared ante la delicada palmadita de su compañero, Aldebarán observo como Aioros bajo el arco y guardo la flecha dentro de la hombrera de su armadura.

-Me da gusto verte bien Aldebarán. – Respondió el castaño con la sonrisa más forzada que pudo mostrarles a ambos en ese momento, intercambio una rápida mirada con Mascara para comprobar que Aioros aún continuaba sufriendo por la muerte de Aioria y era lo más lógico era su hermano, pero en una situación como aquella podría cegarle la razón.

-Lo extraño aquí es ¿Por qué no pudimos percibir tu cosmos? – Cuestiono el italiano, reparando que estuvieron a punto de atacar al taurino por ese detalle.

-Persefone debió de colocar un escudo para evitar que detecte su presencia. – Murmuro Artemisa mirando en dirección a Guidecca.- A menos que también este ocultando el lugar donde tiene cautiva a la diosa Demeter.

-En ese caso tenemos que apresurarnos. – Animo Aldebarán.

-Disculpa Aldebarán ¿Dónde está Thesseus? – Cuestiono el pelirrojo al toro dorado que sonrió relajado.

-Se ha quedado para ayudar a Odysseus, cuando llegue ya había vencido a Valentane de Arpía, pero Cerbero le estaba causando algo de problemas, por lo que Thesseus se quedo a ayudarle. – Aldebarán sonrió ampliamente al ver que aún cuando Touma fuese considerado como uno de los ángeles, no dejaba de ser humano al preocuparse de esa forma por sus compañeros.

-En ese caso no hay nada de qué preocuparnos, continuemos. – Ícaro se adelanto unos pasos hasta quedar a la misma distancia de Aioros quien iba encabezando al grupo seguido después por Artemisa y después de esta Aldebarán y Mascara de la muerte. – Oye Aioros… sé que es doloroso el haber perdido a tu hermano, pero a pesar de ello no puedes enfocarte únicamente en ello, tus compañeros te necesitan y les estas dejando caer el peso de la misión a ambos.

Miro de reojo al sagita, sin esperar una respuesta de él, pero ni siquiera obtuvo una mirada del castaño, que permaneció con la vista al frente ajeno a las pocas palabras de aliento que intento inspirarle el ángel.

-Tal vez tú no lo sepas pero Marín… bueno ella es mi hermana y… - Los ojos de Aioros mostraron cierto interés y le miraron por primera vez. – Se que ella también debe estar sufriendo y es por ello que quiero acabar con esta misión para ponerle fin a Cronos para que no pueda causar más desgracias.

-Ahora que lo mencionas si tienes un parecido a ella. – Aioros se esforzó en sonreírle y camino un poco más rápido dando por terminada su conversación con Ícaro, agacho el rostro, escondiendo sus ojos de la mirada de los demás. – Se que debo poner atención a mi deber y apoyar a Mascara de la muerte y Aldebarán, pero no me puedo permitirme participar hasta que controle mi rabia de lo contrario puedo exponer a mis compañeros a algún peligro por un descuido mío.

-Esa es la cuarta prisión. – Mascara de la muerte se adelanto, deseoso por participar en alguna batalla, vislumbrando un gran valle cubierto por montañas oscuras y bañado por las aguas de la laguna Estigia que formaban un oscuro pantano. – Esta prisión es donde se castiga a aquellos que sufrieron de ira y desolación, así que Aioros mejor crúzate de brazos que no podrás hacer mucho en este lugar.

-Y luego porque te golpea. – Reclamo alegre Aldebarán, ganándose una mirada inquisidora por parte del italiano, que se aventuro solo entre aquellas formaciones rocosas. Vislumbro el paisaje sin presenciar a ningún espectro, sin embargo pronto se dio cuenta que no se encontraban solos al ver como una masa negra en el filo de la montaña le arrogaba rocas, brinco hacia atrás esquivándolas y haciendo que estas se estrellaran contra el suelo, despedazándose. – Mascara ¿Te encuentras bien?

-Estoy de maravilla. – Sonrió el italiano observando como un espectro de cabellos rosados le cerraba el paso mientras otro de las mismas proporciones de Aldebarán se ponía tras él. – Aldebarán ustedes continúen yo me encargare de estos dos.

-Veamos qué es lo que te hace tan especial santo de Cáncer. – Queen se trono los nudillos y se acerco al peli azul que sonrió sádicamente.

-Aioros váyanse que no tardare en alcanzarlos. – Mascara chasqueo sus dedos y una horda de flamas celestes rodeo al santo haciendo que Queen se detuviese al sentir que aquel fuego podía calentar su alma y por lo tanto llegar a incendiarla.

-En ese caso, alcánzanos más adelante. – Murmuro Aioros.

-Termina pronto con esto. – Aldebarán palmeo su hombro y siguió a sus compañeros de viaje que cada vez iban reduciéndose más en número, pero aún cuando se separaran sabían que pronto se verían, no importaba cuanto poder les hubiera dado Persefone, continuaban siendo simples y comunes espectros, que para un santo dorado no eran absolutamente nada, pero el luchar en vano y de aquella forma les cansaba y para el momento en que tuviesen que enfrentar a Persefone y a los dos jueces del infierno restantes, sus fuerzas resultarían reducidas.

Saori apretó con fuerza a Nike, mientras sus orbes azules se fijaban en Febe, tenía que ser muy precavida con lo que fuese hacer de ahí en adelante pues sabía que la peli verde no mentía al decirle que podía adivinar todos sus ataques, pues siendo ella un oráculo debía resultarle fácil consultar el futuro. Pero ello no la detendría, no pensaría en ninguna estrategia para vencerla simplemente dejaría que sus sentidos y emociones fluyeran en la batalla para derrotarla.

-Vamos Athena dame tu mejor impacto. – Pudo escuchar la pequeña risita de burla de la titán que afilo su mirada hacia ella, así que no espero más y ella inicio el ataque, cuando peleo contra Hades rogo a su tío por parar la guerra santa y terminar con la muerte de los soldados de ambos lados y en aquel entonces fue el rey del inframundo quien inicio el combate, pero en ese momento no había que dialogar más, la caída del Olimpo le mostraba con claridad que nada de lo que hiciera o dijera frenaría las acciones de los titanes.

Elevo su cosmos blanco-dorado que danzo a su lado, rodeándola por completo a ella, sus cabellos se movían con lentitud entorno a ella y sus ojos parecían ser el mismo azul del mar, desplego una descarga de su cosmos de la punta de Nike, que produjo un enorme sonido, la montaña cimbro ante la cantidad de poder que se mantenía sobre él y un chorro de luz dorada abandono el báculo de la diosa de la sabiduría en dirección a la titán que se movió esquivando el ataque, el poder de Athena paso de largo y golpeo la montaña contigua derribándola por completo.

-Te lo dije antes Athena, puedo ver todos tus ataques mucho antes de que tú los pienses. – Febe ilumino su dedo índice con una luz verde esmeralda con la cual dibujo un círculo alrededor de ella, que formo una espada en forma ovalada, ella permanecía justo en el centro de aquella espada, mientras su filo la rodeaba. – Veamos que también sabes pelear.

Febe corrió hacia ella, en tramos desapareciendo del lugar para teletransportarse pasos más adelante, Saori empuño con fuerza a Nike y apretó su mano izquierda en torno al mango de su escudo, siguió con rapidez los movimientos de la titanide y cuando reapareció a unos metros de ella, lanzo una estocada con su báculo hacia el abdomen de la joven la cual se movió unos centímetros y logro esquivar su ataque, mientras elevo su espada circular por encima de su cabeza y la lanzo hacia su cuello, por lo que tuvo que levantar su escudo para evitar ser cortada por él.

-Muy bien Athena. – Sonrió Febe mostrando sus ojos rojos por encima del escudo de la diosa de la sabiduría.

Febe movió su espada con agilidad a pesar de que la estructura que la formaba se veía tan solida y tan pesada, pero a pesar de ello, sus embates eran rápidos y precisos y si no fuese porque conocía grandes habilidades de guerra probablemente la titanide ya la hubiese herido. Aun así le causaba un gran problema para cubrirse pues Febe parecía no solo adivinar los puntos por donde iba atacar, en donde la titanide se aventuraba y arremetía contra ella impidiéndole hacer una ofensiva si no que también atacaba los lugares desprovistos de una defensiva.

-Veamos de lo que eres capaz Athena. – Febe dio un salto ágil hacia atrás interponiendo una prudente distancia entre las dos, comenzó a girar su espada sobre su cabeza la cual se torno de un lozano, una estela de energía del mismo color comenzó a seguirla y cuando adquirió demasiada velocidad la lanzo hacia Saori, quien interpuso en primera instancia su escudo.

El rose de ambos metales provoco un agudo chirrido, haciendo que algunas chispas salieran iluminando por unos segundos el suelo para después apagarse, el embate hizo a Athena retroceder un poco, mientras sentía como su escudo se calentaba, quemándole el brazo por lo que en cuanto la espada circular se alejo, dejo caer a un lado su escudo y se lanzo al ataque contra Febe, que se teletransporto y apareció por detrás de ella.

-Veamos si puedes frenarlo esta vez Athena. – Febe golpeo de una patada el escudo que anteriormente Athena había dejando, lanzándolo hacia un acantilado, el repiqueo metálico al estrellarse contra las rocas fue el único sonido que se escucho, pero rápidamente fue sustituido por el ruido que producía la espada de Febe al romper las corrientes de aire. - ¡Muere Athena! – La peliverde soltó su espada hacia Saori.

-¡Athena! – La llamaron preocupados tanto Saga como Shaka.

-¡No intervengan! – Saori levanto su mano frente a ella y un escudo esférico se materializo frente a ella cubriéndola, el impacto entre la espada y la protección de Athena provoco un destello, pero para su sorpresa su escudo fue rompiéndose lentamente mientras la espada se introducía en su campo de protección, levanto a Nike justo en el momento en que la espada termino de romper su escudo, su báculo hizo que se desviara la trayectoria del arma de Febe, que corto ligeramente su cuello del cual salió un hilito de sangre que tiño en pequeñas ramificaciones escarlatas piel nívea.

Justo en el momento que su sangre comenzó a brotar, el cosmos de Milo se extinguió, aquello le helo la sangre, pero lo que casi detuvo su corazón fue cuando la energía de Camus le siguió con un descenso enorme de su cosmos, oculto sus ojos celestes bajo su flequillo y apretó con fuerza a Nike, sintiendo la impotencia que rodeaba su alma en esos momentos, las lagrimas brotaron de sus ojos, mientras en su interior se combinaban la furia y la tristeza reclamando por igual parte su dolor.

-¡Athena cuidado! – Levanto justo a tiempo la vista, gracias a que Saga la había llamado, por lo que logro esquivar por poco la espada de Febe, que tan solo rozo su brazo produciéndole un pequeño corte del cual tan solo brotaron unas cuantas gotas de sangre.

Aprovecho el momento en que la espada circular paso al lado de ella y que Febe se veía desprovista de su arma para atacar, la titanide sonrió al ver su intento, por lo que llamo con su cosmos a su espada, de esta forma si Saori se acercaba a ella su arma la golpearía por la espalda partiendo su cuerpo mortal en dos.

Aun así Athena corrió hasta ella y logro vencer las defensas de la peli verde, logrando que esta vez Nike se encajara entre su hombro, escucho el ligero ruido que hacia la espada circular de Febe acercarse por lo que se agacho a tiempo y saco su báculo del cuerpo de la titanide haciendo que la misma arma de Febe la hiriese justo en el pecho, haciendo una herida demasiado profunda lo que la derribo en el suelo.

-Esta vez no pudiste ver el futuro ¿No es así Febe? – Saori se alejo unos pasos de ella otorgándole un respiro a la titanide, que en esos momentos arrogaba sangre por la boca.

-¿Por… por qué? – Febe se puso a gatas y tomo con su mano derecha su espada de nuevo, mientras la herida en su pecho se abría más a causa del movimiento.

-No puedes ver el futuro de algo que ni yo misma sé que voy a hacer, no voy a pelear con estrategias para vencerte Febe, improvisare de esa forma no podrás predecir mis movimientos. – Saori se acerco a la peli verde que alzo su rostro para verla mientras le apuntaba al rostro con el báculo. – Y lo primero que hare será sellar tus poderes.

-¿Qué…. – Febe no pudo terminar su frase mucho menos retroceder cuando el cosmos de Athena exploto junto con el de la titanide elevándose a alturas insospechadas para un mortal lo que ocasionaba que la montaña comenzara a destruirse, Saori elevo con su mano izquierda un pergamino con su nombre escrito con su propia sangre y le incinero con su cosmos, las cenizas que sobrevolaron hasta Febe rodeadas de un halo azulado atravesaron su cuerpo y lo atravesaron llevando tras de sí el poder divino que había adquirido en el monte Parnaso.

El cuerpo de Febe golpeo el suelo, retorciéndose entre el dolor y la agitación, no podía creer que Athena pudiese haber sellado una parte de sus poderes, tomo algunas rocas las cuales envolvió con su puño y las pulverizo, formando tan solo polvo con ellas, se levanto malhumorada y llena de ira, lanzándoselo al rostro a la pelilila que retrocedió al ver sus ojos dañados por aquellos microfragmentos.

-¡Te matare Athena! – Febe corrió hasta el lugar donde había caído su espada, volviéndola a tomar entre sus manos corrió hacia Saori y comenzó a atacarla sin piedad, sus duros golpes tenían que ser detenidos con Nike o en todo caso con un escudo de energía, pues parecía que la rabia de Febe había aumentado la fuerza con la que lanzaba sus ataques.

-Ríndete Febe. – Pidió amablemente, no quería deshacerse por completo de ella, pues aún al peor pecador debía dársele una oportunidad para redimir su error, pero la peli verde simplemente respondió con otro ataque. Por un segundo las armas de ambas chocaron manteniendo una perfecta tensión entre ellas, las dos empujaban por igual y tanto Nike como la espada circular de Febe rechinaban ante el daño que se estaban provocando.

Saori dio un salto hacia atrás, antes de que Nike resultara dañado para posibles enfrentamientos en el futuro y dejo que la espada de la titanide golpease duramente el suelo, se aproximo rápidamente hasta ella, pero Febe en ese momento levanto su espada y le hizo un corte en la mejilla y viendo que la oji-rojo había hecho su ataque, tomo a Nike con ambas manos y golpeo con fuerza las pantorrillas de la peli verde derribándola al suelo, apunto su mano derecha hacia la espada y lanzo una potente descarga de energía de su mano, que pulverizo el arma de Febe.

-No tienes con que seguir peleando, ríndete. –

-Mátame Athena, porque si me levanto te asesinare con mis propias manos. – Amenazo furiosa la titanide, tomando entre sus manos una piedra, aunque ella misma sabía que no podía hacer nada contra la deidad de la guerra y ya había perdido la batalla… recargo su cabeza en el duro suelo y en ese momento supo que no todo estaba perdido.

Pudo percibir el cosmos de su hermano Hyperion y el de los dos sirvientes de Cronos justo cuando una descarga eléctrica rompió el silencio de la montaña, rasgando el aire con fuerza y destruyendo con sus miles de haces dorados todo lo que pudieron alcanzar, aquellos rayos sobrevolaron en dirección de Athena para golpearla directamente.

-¡Khan! – Se maldijo al olvidarse por completo de los dos caballeros dorados que acompañaban a Athena y observo como el santo de Virgo se interpuso entre su diosa y aquella técnica que impresiono tanto a Cronos, creando un campo de energía dorado que pudo resistir el embate de miles de rayos.

Un centenar de dragones azules-aqua surcaron el cielo al mismo tiempo propiciando un rugido tan fuerte como el de un tigre o el impacto que hace el agua al chocar contra las rocas en una cascada, aquellos fieros seres míticos intentaron golpear a la peli lila pero en esta ocasión fue Saga quien se interpuso abriendo la otra dimensión que succiono a todos los dragones.

-Es imposible. – Vocifero ensimismado el gemelo mayor contemplando a las únicas dos personas que podían realizar aquellas técnicas de semejante magnitud.

-Antiguo maestro… Aioria. – Susurro Shaka, viendo a sus compañeros de orden, a los cuales jamás creyó ver levantar su mano contra la diosa Athena…

Kanon subió su vista esmeralda hacia el titán que sobrevolaba por encima de las olas y les miraba con cierta repulsión lo que lo hizo sonreír, le fascinaba que su presencia molestase a sus enemigos, pues tan solo era un indicativo del temor que despertaba en ellos.

Su mente rápidamente analizo las posibilidades de la batalla, ellos eran 5 guerreros marinos y contaban con la opción de la lanza de Poseidón que se sumaba como una fuerza extra, aunque aun no comprendía del todo porque el dios se la dio únicamente a él, pues dudaba que su único objetivo hubiese sido cabrear y poner celoso a Sorrento, al demostrarle una vez más quién era el general de ejército de Poseidón y hasta cierto punto el "favorito". Sonrió de medio lado observando con mofa a Sorrento a su lado y por un segundo vio la similitud del general marino de sirena con el caballero de Aries lo que lo hizo soltar una risita malévola.

-¿General? – Pregunto angustiado Eo a su lado, lo que lo saco de sus negros pensamientos.

Bien eran 5 guerreros contra Océano quien había recuperado su cosmos por completo, las técnicas de Isaac y Krishna resultaban ser defensivas, por otro lado podría usar las de Eo como ofensivas y las de Sorrento para reducir el cosmos del titán, pues antes que nada debían debilitarlo de otra forma nunca podrían vencerle.

-General marino he vencido a tu dios, es estúpido de su parte creer que unos simples humanos me derrotaran. – Océano removió con violencia las aguas del mar, provocando que enormes remolinos de agua se elevasen hasta el cielo.

-Te recordare eso cuando te venza. – Fue su única respuesta. – Y después me burlare de ti. – Incendio su cosmos dorado preparándose para cualquier ataque del dios.

Océano se rodeo de nuevo por su cosmos y creo de nuevo con la humedad del ambiente una docena de lanzas de hielo tan filosas que podrían atravesar cualquier armadura y con un simple movimiento de su mano las lanzo hacia ellos.

-¡Krishna cúbrenos! – Kanon abrió la otra dimensión para absorber un par de esas lanzas mientras su compañero creaba la barrera de las almas, donde las lanzas terminaron por despedazarse. Kanon sonrió para sí mismo al ver la ventaja que tendría al poder comandar a sus compañeros, ya que al ser el maestro de la mayoría conocía a la perfección las técnicas de combate de cada uno. - ¡Sorrento es tu turno!

-¡Si Sorrento arrógale tu flauta! – Se burlo a carcajada abierta Eo, lo que hizo reír al resto de sus compañeros y provoco una mirada asesina por parte del austriaco al chileno que rio de buena gana.

-Yo me refería a que uses tu poder para debilitar su cosmos. – Kanon evito a toda costa mencionar la palabra "Flauta" pues ya sabría que las risa de sus compañeros aumentaría junto con las burlas dirigidas al peli rosado, en ocasiones los maduros generales marinos le resultaban ser igual de pubertos que Seiya y sus compañeros. – Ahora Sorrento.

-Sinfonía mortal. – Sorrento se llevo a los labios su flauta de viento con la cual empezó a producir una suave melodía que podía ser considerada inofensiva debido a la belleza de esta, sin embargo el propósito de la técnica del general marino era dañar los sentidos del titán y directamente su sistema nervioso central para poder reducir su cosmos.

-Es un ruido molesto, terminare con él. – Océano elevo una gran columna de agua sobre ellos, con la intención de ahogarlos y reprimir el sonido chillante de aquella flauta.

-¡Polvo de diamante! – La técnica de Isaac impidió de nueva cuenta que la enorme masa de agua se volcara sobre ellos, aplastándolos.

Océano chasqueo sus dedos y del muro de hielo que se había formado por la ola, salieron dos enormes chorros de agua la primera golpeo directamente a Isaac que fue a estrellarse en un acumulo de rocas y la segunda se dirigió hacia el general marino de sirena, pero Krishna se interpuso elevando su barrera de almas, pero en esta ocasión el campo de fuerza magnético del moreno, no aguanto el impacto y recibió de lleno la técnica del titán que lo arrastro hacia la corriente marítima, sin permitirle salir a respirar.

-Voy a por él. – Eo se lanzo al mar, para ayudar a su compañero.

-¡Espera! – Ordeno Kanon, sin embargo el peli rosado ya había saltado para ayudar a su hermano de armas, la corriente los sumergió a ambos, sin permitirles salir a respirar, pues cada vez que lo intentaban, una nueva formación de agua les zambullía en el océano. Eo tomo el brazo de Krishna para intentar lanzarlo hacia la superficie y salvarlo, pero cuando se disponía hacer aquello una horda de cuchillas de hielo atravesaron el mar y les impactaron de lleno.

Kanon observo como el agua se tiño de un rojo escarlata y no vio emerger a sus compañeros, por lo que rápidamente se preocupo por ellos, se acerco al borde del mar dispuesto a ir en su búsqueda cuando una mano le detuvo por el brazo, giro su rostro lentamente para toparse con Thetis que miraba al mar embravecido a pesar de la dulce melodía que Sorrento estaba tocando.

-Yo iré por ellos, tu encárgate de él, Kanon. – Ahora fue su turno de retenerle por el brazo.

-Tanto Krishna como Eo son buenos nadadores, las corrientes del mar te hundirán con ellos. – Le advirtió, la rubia sonrió al distinguir la preocupación en la voz de su general y meneo su cabellera con la brisa cálida del mar.

-No me ocurrirá nada, soy una sirena y puedo con ello, además la emperatriz calmara con su cosmos el mar para que yo entre en él. – La rubia miro hacia la deidad que asintió al verla. Thetis se desprendió con suavidad del agarre de Kanon y salto al mar.

-¡Triangulo dorado! – Lanzo su técnica al titán con la intención de distraerlo, pues necesitaba ganar tiempo para que Thetis pudiese salir con sus compañeros. Las aguas marinas comenzaron a perder parte de su agitación ante el cosmos de la emperatriz lo que aumento las posibilidades de impedir la muerte de dos generales marinos.

-Tus falsas ilusiones no podrán distraerme santo. – Océano creo dos enormes tifones con sus manos y les lanzo hacia Kanon con la intención que el vacio entre ambos lograra atraparlo y generar un daño en el gemelo menor.

-¡Otra dimensión! – Ambas columnas de agua fueron succionadas por el espacio para ser tragadas por completo.

-¡Olas ascendentes! – Bian que había sido herido por una de las lanzas del dios en el abdomen se reincorporo dejando tras de sí un camino de sangre. Bian creó un vórtice de alta presión elevando sus brazos sobre la altura de su cabeza y las bajo con fuerza creando dos enormes oleajes que partieron el océano en dos, mostrando los cuerpos de Eo, Krishna y Thetis quien mantenía cargando a Eo. - ¡Isaac!

-Sí, ¡Polvo de diamantes! – La descarga de hielo, congelo ambos vórtices creados por Bian haciendo una brecha de arena en medio del mar, con la intención de acelerar el rescate a sus amigos, tanto Bian como Isaac se adentraron para ayudar a Thetis en su labor. Océano se percato de esto y sacudió con más fuerza las paredes marítimas con la intención de aplastarlos con ambas masas de agua.

-¡Tu pelea es conmigo! – Kanon incendio su cosmos y apunto a Océano con su dedo índice, del cual se proyecto un destello dorado que golpeo la frente del dios. - ¡Puño de ilusión diabólica! – Con esa técnica Kanon pudo paralizar por unos minutos el sistema nervioso del titán que lo dejo petrificado en su sitio y desprotegido de cualquier otro ataque. - ¡Sorrento!

-¡Clímax mortal! – Sorrento comenzó a entonar tonos agudos con su flauta la cual lanzo una potente ola de choque sonora de gran alcance que sacudió a todo el mar y golpeo directamente al titán que se hundió en su propia plataforma de agua y mientras parte de su kamui se destrozaba por el impacto sonoro.

Sorrento continuo tocando su flauta con la intención de provocar el mayor daño posible al titán. Justo en ese momento Kanon observo como Bian e Isaac llevaban en brazos a Eo y Krishna que permanecían inconscientes, les vio darles reanimación a sus propios compañeros con la intención de salvar sus vidas y cuando vio al moreno como al pelirrosado escupir una gran cantidad de agua supo que sus vidas ya no corrían peligro a pesar de que permanecieron sin recobrar la conciencia.

-Bian y Thetis lleven a Eo y Krishna al lado de la emperatriz; Sorrento, Isaac y yo terminaremos con Océano. – El gemelo menor, volvió su vista al mar que había vuelto a una aparente calma y rebusco entre la orilla el cuerpo del peli azul, sin encontrarla. En ese instante su cosmos pudo percibir la última explosión de cosmos de Milo, seguida por la de Camus.

-Maestro Camus… - Susurro Isaac a su lado, el semblante de los dos se ensombreció, Kanon percibió las lágrimas en el rostro del finlandés sin percatarse de que el mismo había derramado un par de gotas saladas, se llevo la mano a la mejilla y limpio su cara. – Milo… ¿Por qué le enfrentaste?...

-¡Kanon, Isaac cuidado! – Les alerto Sorrento pero fue muy tarde, tanto Isaac como Sorrento fueron golpeados por un chorro de agua que les hundió en la arena, pero a Kanon le tomo un brazo de agua que le arrogo a un torbellino submarino, que le hundió sin misericordia en el fondo submarino.

Al principio su mente aún seguía en shock sin la posibilidad de reparar en lo que tan solo había ocurrido en milisegundos, la muerte de Camus y Milo le habían sorprendido y por primera vez comprendió lo que Aioros iba a sentir al saber que Aioria había muerto, el hecho de saber que Milo, a quien considero como un hermano menor había caído ante Ares le causaba un gran pesar y el no haber estar ahí para ayudarlo le hacía enfurecer y sin embargo sabia que el dios de la guerra había aprovechado el momento oportuno en el cual ni Saga ni él estuviesen en el santuario para ir tras Milo y poderles dar un golpe directo.

Intentaba luchar contra la corriente para poder salir a flote, sin embargo esta destrozaba cualquier tipo de nado y le arrastraba hacia las profundidades, en ese instante supo que si no hacia algo pronto no podría enfrentar a Ares, ni siquiera acabar con Océano, así que abrió en el fondo submarino la otra dimensión y entro en ella para volver a abrirla en la playa. Tanto Isaac como Sorrento notaron el cambio en el semblante de Kanon, que parecía aun ensimismado en sus propios pensamientos.

-Pensé que te ahogarías. – Dijo con un fingido pesar Océano al no haber logrado su objetivo.

-Ya no tengo tiempo para jugar contigo. – Rugió Kanon. – Sorrento utiliza tu técnica mortal en Océano.

-Esta vez lo impediré. – Océano giro su mano y con ese simple movimiento de esta, se elevo en el aire una gran cantidad de agua, la masa azulada cubrió por unos segundos los rayos solares y ensombreció la tierra bajo ellos, la gigantesca ola hizo temblar a la tierra y un estruendo impresionante se escucho cuando esta rompió de nuevo, el agua en su interior se disperso en todas direcciones en forma de un devastador tsunami.

-¡Clímax mortal! – Sorrento afino los ruidos de su flauta con la intensión de disminuir el poder de la técnica del titán que de golpearlos acabaría con la vida de todos, pero esta vez el cosmos de la emperatriz se unía a él intentando clamar por la calma del manto acuático.

-¡Ejecución aurora! – Isaac elevo sus manos al cielo recordando todas las correcciones de su maestro, su cosmos brillo por un instante del mismo dorado que el de su maestro y golpeo la ola sin misericordia deteniéndola por unos segundos y congelándola por completo, el rayo azul de sus manos no se detuvo pues Isaac sabia que en cuanto el dejase de congelar la fuerza devastadora de la ola recobraría su potencia y acabaría con todo.

-Otra dimensión. – Siseo lentamente Kanon, el gran agujero negro se abrió a un lado del gemelo menor, que introdujo lentamente su mano a este y del cual saco el tridente de Poseidón, lo giro lentamente en su mano y le aferro con fuerza elevando su cosmos alrededor de la arma de su dios, para su sorpresa el cosmos dorado no fue el único que rodeo al arma, si no que un aura azolácea broto de la misma arma y al instante reconoció el cosmos del emperador de los mares.

Kanon supo al instante que Poseidón había planeado acabar con Océano de una vez por todas y desde el monte Parnaso había provocado una herida mortal en el titán. Kanon arrogo con una fuerza descomunal el tridente hacia el peli azul, el cual creó una barrera para impedir que el arma le golpease. De impactar el tridente contra esa barrera perdería gran parte de su fuerza, por lo que Kanon no tenía otra opción más que destruirla antes de que el tridente impactara contra ella.

-¡Explosión de galaxias! – El cosmos dorado de Kanon se extendió por toda la superficie creando la formación de una galaxia a su alrededor, la cual comenzó a incinerarse al igual que su cosmos y genero una explosión semejante a un big bang, el poder destructivo de Kanon, destrozo todas las estrellas y planetas de la galaxia, como si de una supernova se tratase, golpeo sin piedad la barrera del titán la cual se despedazo lanzando un roció de gotas de agua, como si fuese una reconfortante lluvia y su técnica no solo destruyo la protección del dios si no que también despedazo su armadura, en ese momento el tridente de Poseidón se clavo en su pecho y una luz zarca que inicio en el interior del dios se explayo a toda la isla, cegándolos por un momento.

-¡Lo logramos! – Grito Isaac al sentir que la presión de la ola disminuía y el mar se tornaba calmo de nuevo, Sorrento separo su flauta de sus labios y abrió sus ojos rosados, para contemplar el destello del cosmos de Poseidón luchando contra el de Océano, pero también distinguió el de Kanon y supo en ese momento porque el emperador había elegido al gemelo menor en lugar de a él.

El cuerpo de Océano cayó al suelo pesadamente a los pies de Kanon que le miraba de soslayo y con un aura fría. - ¿Co…cómo fue posible? – Océano se impulso con sus manos y miro a los ojos a Kanon que le miraba aún enfurecido.

-Poseidón sello parte de tus poderes cuando te lanzo el tridente por primera vez en el monte Parnaso, ese ataque marco tu fin y el arma del dios de los mares se convirtió en el amuleto que te sellaría, si volvía a atravesarte. – Kanon le dio la espalda y comenzó a caminar en dirección a la emperatriz, dejando sorprendido al titán que comenzaba a desaparecer en destellos rojos.

-Supongo que me equivoque… - Admitió el titán sintiendo como su cosmos comenzaba a ser sellado y su alma era arrastrada al tártaro. – Los humanos son dignos rivales… ninguna arma, aun cuando esta fuera de un dios… me hubiese podido sellar, tu cosmos Kanon de Dragón Marino fue el que acabo conmigo… - Kanon se detuvo por unos instantes en la playa y giro parcialmente su rostro para ver como desaparecían los últimos haces escarlatas del cosmos del titán.

Seiya se detuvo justo frente a la figura de un hombre joven y alto, que estaba sentado debajo de un árbol, contemplando el campo de flores que le rodeaba, su cabello era rizado y oscuro con disperso en varias puntas y su fleco azabache cubría la mayor parte de su rostro, su piel era morena y sus ojos poseían el rasgo de la heterocromia del iris, pues su ojo derecho era de color negro mientras el izquierdo era rojo.

-¡Oye tu! – Grito Seiya a todo pulmón acercándosele al joven, que alzo su vista hacia ellos, Seiya se detuvo de golpe al observar el ojo rojo del pelinegro. – Su ojo es del mismo color… que el de los titanes. – Seiya lo reconoció al instante como su adversario en el monte Parnaso.

-¿Acaso él es Prometeo? – Shun llego a su lado, mirando al joven de aspecto tranquilo que les regresaba una mirada observadora y meditativa.

-Él es. – Corroboro Shiryu recordando haberlo visto en los últimos instantes de que el monte Parnaso empezara a colapsar a causa de la liberación de los poderes de los titanes.

-Ese es mi nombre santo de bronce. – El pelinegro se puso de pie y camino hasta ellos, lo que les hizo alertarse de inmediato ante la posibilidad de un ataque. – Tranquilos caballeros. – Prometeo les dio la espalda y acaricio con suavidad la corteza del árbol que hacia un momento le servía como protección de aquel calor abrasador.

-¿Cómo alguien como Prometeo puede estar del lado de los titanes? – Hyoga se coloco al lado de sus amigos y tanteo la situación con el titán que aun continuaba dándoles la espalda.

-No lo estoy. – Contesto tranquilamente el pelinegro, elevando su cosmos.

-¡No mientas! ¡Tú estabas de su parte! Yo era el humano que enfrentaste en el monte Parnaso ¿Acaso ya se te olvido? ¡La ayuda que les brindaste a los titanes! – Rugió Seiya incendiando su cosmos, el aura zarca le rodio y el Pegaso de su constelación apareció detrás de él.

-Así que eres tú. – Prometeo apago su cosmos, lo que desconcertó por completo a los cinco santos de bronce que se miraron confundidos entre ellos. – Debes relajarte, Pegaso; esta vez no soy tu enemigo, aquello simplemente era una fachada. – Aconsejo tranquilamente, recordando que una acción impulsiva le había conducido a ser castigado por los dioses, desde ahí había aprendido a ser mas analizador y meditar acerca de sus acciones antes de hacerlas, mitigando su impulsividad.

-¿A qué te refieres? – El caballero de dragón tomo por el brazo a Seiya y lo empujo suavemente hacia atrás para que se calmara. De ahora en adelante el trataría con el titán, así que intentaría indagar todo lo posible.

-Siempre he sido un benefactor de los humanos ¿No es por ello que me castigaron? – Prometeo se acerco a los cuatro santos de bronce y extendió su mano hacia Shiryu que dudo en tomarla, pero ante la franqueza de la mirada del titán acepto, aunque tanto Hyoga como Shun se prepararon para atacar al titán en caso de que fuese una trampa. – Cuando los humanos temblaban de frio y la oscuridad les envolvía yo les lleve el fuego de los dioses para iluminar y guiar su camino a la civilización, fui conocido como su salvador, pero a pesar de ello esto llevo a la cólera de Zeus y los otros dioses, quienes me castigaron… - Prometeo se perdió entre sus recuerdos, volviendo a experimentar los tormentos sufridos por sus iguales.

-Pero Heracles te libero. – Las joviales palabras de Shun hicieron sonreír al titán quien asintió.

-Así es, Heracles rompió las cadenas que me retenían en la cima del Monte Cáucaso, donde una águila me arrancaba la carne y comía mi hígado por toda la eternidad, ese horrible sufrimiento me hizo odiar a los dioses y despertó un rencor inconcebible hacia los humanos, quienes se olvidaron de mi, a pesar del sacrificio que hice por ellos. – Prometeo mostro por unos segundos, una mirada llena de rabia e ira contenida, apretó los puños al grado que unas cuantas gotas de su sangre cayeron al suelo.

-Cuando los titanes despertaron, mis padres Japeto y Temis me buscaron y pidieron de mi ayuda pensando que desearía vengarme de los dioses que fueron mis verdugos y de los humanos quienes me olvidaron. – Prometeo soltó la mano de Shiryu y regreso hasta el tronco del árbol, el cual volvió a acariciar. – Pero aún así, los humanos ni los dioses merecen el castigo que los titanes planean, la muerte de mis padres no ha sido en vano, pues acepto el hecho de que sus muertes contribuirán para limpiar sus almas del odio que se ha acumulado durante su estancia en el tártaro y a su vez, se que una vez que finalice la guerra los dioses se replantearan el castigo dado a los titanes y solo tal vez, la generación predecesora a los dioses sea perdonada.

-¿Por qué nos dices todo esto? –

-Porque planeo darles la solución para que la vida vuelva a la tierra y todas las personas vuelvan a la normalidad. – Prometeo elevo de nuevo su cosmos y golpeo con fuerza la corteza del árbol, miles de astillas sobrevolaron en el aire y el rostro de Prometeo fue iluminado con una luz anaranjada. – Cronos detuvo el tiempo y los humanos cayeron en un sueño profundo pero si continúan así sus almas serán carcomidas y sus cuerpos perecerán es por ello debemos llevar al santuario el fuego divino…

Prometeo se giro hasta ellos y sus orbes pudieron contemplar aquel fuego que le costó una vida de tormentos y lamentos al titán, aquel calor expedido por la antorcha dorada en sus manos, era tan cálida que los santos de bronce sentían que no solo les calentaba el cuerpo si no también el alma, cualquier rincón a su alrededor que hubiese con oscuridad había sido iluminado a la perfección, incluso aquella luz emanada parecía aclarar su mente y reconfortar su alma.

-Cuando les entregue el fuego a los humanos, tan solo fue una porción de este, planeaba regresarlo al Olimpo pero cuando supe del castigo que debería pagar por mi atrevimiento lo escondí en el hueco de este árbol, que con el paso de tiempo, lo protegió por mí. – Prometeo se acerco a los santos permitiéndoles verle de cerca. – Les ruego que me lleven hasta el santuario de la diosa Athena, pues la única que puede despertar a los humanos es la diosa Hestia, de lo contrario será muy tarde para salvarlos.

-¡Señor Afrodita! – El caballero de cabellos celestes se giro hacia aquel que le llamaba solo para encontrarse al aprendiz de Aries corriendo a toda velocidad hacia él, llevaba entre sus manos algún objeto pues le veía alzarlas de vez en cuando esquivando alguna roca o rama.

-¿Qué ocurre? – Detuvo su marcha y vio al pequeño Kiki llegar hasta él completamente agitado por la carrera, fijo sus ojos azules en las manos del pelirrojo solo para observar entre sus palmas un frasco con la insignia de un sol en el. - ¿Qué es eso?

-Señor Afrodita, que bueno que le encuentro me ha evitado correr hasta la casa de aries, tenga. – Kiki extendió sus manos hasta él y deposito en su mano aquel frasco, lo acerco al frente de sus ojos y miro el contenido líquido en su interior. – El señor Milo me dijo que lo tomara y lo trajera conmigo y me pidió entregárselo al patriarca o a un santo dorado.

-¿Y por qué me lo has entregado a mí y no al caballero de Aries? Después de todo el es tu maestro. – Afrodita iba a regresar el frasco a las manos del joven, pero este retrocedió negando con ímpetu.

-Debe apresurarse, es la única cura para sanar las heridas producidas por el Keraunos y la única forma de salvar la vida de Shura de capricornio. – Afrodita apretó el frasco entre sus manos y miro hacia el niño agradecido.

-Has hecho un excelente trabajo Kiki, muchas gracias. – Le dio la espalda al pequeño y comenzó a correr a toda prisa hacia el sanatorio del santuario, sus piernas iban a todo lo que daban pues resultaría trágico que la cura hubiese llegado a sus manos a tiempo pero no lo suficiente para sanar a Shura. – Ahora yo me encargare de esto.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que Shura y él intercambiaran la palabra "amigo"? Parecían siglos atrás cuando se consideraba cercano al santo de capricornio. En ese tiempo Shura, Mascara de la muerte y él eran buenos compañeros, tan cercanos como Aioros y Saga, posiblemente porque los tres tenían casi la misma edad, aunque en ese tiempo Shion era el patriarca y ellos se orgullecían de los logros del otro y se elogiaban cuando lograban dominar una técnica nueva, solían entrenar entre ellos y aconsejarse formas de mejorar, a pesar de que los tres tuviesen técnicas drásticamente diferentes, incluso en aquella época solían gastarle bromas a Aioros, Saga y de vez en cuando a Kanon, además de turnarse con estos para cuidar a los santos de oro más pequeños.

Como todo en el santuario, su amistad comenzó a decaer, cuando Shion murió y Saga se hizo con él poder, en ese tiempo comenzaron a distanciarse y el apoyo entre ellos comenzó a terminarse, no hubo felicitaciones cuando Shura obtuvo capricornio ni mucho menos cuando logro dominar a Excalibur, pero si lo congratularon tanto él cómo Mascara cuando el español asesino a Aioros, a pesar que sabían que cada vez que lo hacían abrían una profunda herida en él; pues fue tan obvio que Shura antes de alegrarse por haberlo matado sufría internamente por haber asesinado a quien había sido como un hermano para él.

Mascara de la muerte fue el primero en darse cuenta que Saga era el patriarca y después el mismo pudo comprobarlo con la ayuda de las constantes indirectas que hacia el italiano sobre quién era el sumo pontífice, pero para ese entonces Shura se había vuelto un completo ermitaño, recluido en capricornio como si fuese su propia celda y atormentado por una noche trágica para el santuario, cejado por su mismo arrepentimiento, sin embargo el solía regocijarse del dolor de su amigo y no fue hasta que Saga uso el Satán imperial en Shura cuando volvieron a medio entenderse, aunque Mascara y él sabían que su compañero estaba dominado.

-"El poder es el privilegio de los justos, por ende el poder es justicia" – Que estúpida ideología había sido aquella que Mascara y él profesaban ciegamente y lo peor de todo fue que Shura bajo el poder de Saga también creyó en ella.

Abrió la puerta del sanatorio alarmando a algunas doncellas que se encontraban en el pasillo, se disculpo levemente con un gesto y se adentro por estos hasta el cuarto donde reposaba el santo de capricornio, empujo con delicadeza la puerta de la habitación y la imagen que vio le impacto, pues desde la última vez que había ido a visitar a Shura, su estado había empeorado de sobre manera. La herida en su hombro derecho donde el rayo había impactado se había tornado oscura y parecía que se había extendido hacia el cuello y brazo derecho del español, la palidez en su rostro parecía cadavérica, las ojeras bajo sus ojos eran demasiado perceptibles y su respiración se había vuelto lenta y débil.

-Afrodita. – Murmuro Geist que permanecía sentada en la esquina de la habitación y no se despejaba del cuarto del español ni un instante. – Tus flores aun lucen igual de hermosas a pesar de que hace dos días las trajiste.

-Geist puedes darme unos minutos a solas con Shura. – La amazona le miro con extrañeza pero asintió lentamente y salió de la habitación. Se acerco a su cámara y toco su frente comprobando que estaba frio, tan helado; que era como si hubiese rozado el hombro de Camus. – Vas a salir de esta Shura. - Destapo el frasco retirando el cristal que le tapaba de la boquilla. - ¿Y esto se toma, se unta, se rocía o que se hace? Ahora todo tiene instructivo pero obviamente este no. – Se quejo.

-Que Athena me ilumine. – Afrodita tomo una compresa que estaba cerca de él y vertió una pequeña cantidad del líquido escarlata, la coloco unos segundos sobre la herida del español y vio que no ocurrió absolutamente nada, así que descarto la idea. Tomo de nueva cuenta el frasco y ahora derramo un par de gotas sobre la herida pero el resultado fue el mismo. – Que mala suerte. – Afrodita tomo con cuidado el mentón de su compañero y vertió un chorro del líquido en su boca, sin embargo el resultado fue el mismo, miro con desconfianza el frasco, pensando que quien fuese que le había entregado a Milo el frasco lo había engañado atrozmente y a él junto con el escorpión dorado. –Tal vez no lo estoy aplicando bien…

Volvió su mirada hacia Shura y noto que unos haces dorados se estaban formando debajo de su piel, intentándose condesar en el lugar donde había impactado el rayo, pero a medida que avanzaban sanaban los daños en los tejidos del español, miro el rostro de Shura buscando algún cambio y noto que la palidez mortuoria se había esfumado, toco la frente del peli verde y vio que su cuerpo estaba tibio, su respiración comenzó a estabilizarse y la herida en su hombro derecho tan solo permaneció el daño inicial.

Tomo de nuevo el frasco y ayudo a Shura para que lo bebiese sin embargo la herida no tuvo ninguna mejoría, Afrodita arrugo el ceño y volvió a recostar a su compañero en la cama, dándose cuenta que el brebaje podría curar los efectos letales del keraunos, pero no sanaría por completo la herida, la cual solo se recuperaría tal vez con el tiempo, pero en ese caso la excalibur del brazo derecho de Shura se vería imposibilitada.

Afrodita se acerco un poco más a la herida y comprobó que la carne del español en el lugar donde el rayo había entrado había quemado los tejidos y las demás estructuras estaban lesionadas, por lo que desconocía hasta que punto le costaría a Shura utilizar su brazo. Volvió a alejarse de él y miro como Shura comenzó a fruncir el ceño, intentándose despertar, guardo silencio permaneciendo a su lado y cuando le vio abrir los ojos esmeraldas sonrió y coloco su mano derecha en el hombro izquierdo del decimo guardián.

-Me alegra que hayas despertado amigo mío. –

Continuara…

-Agradezco mucho sus comentarios y espero subirles otra capitulo antes de navidad y/o año nuevo.- Seria un regalo estupendo tener una opinión de ustedes acerca de mi fic.

Aclaraciones:

-Como dato curioso Océano y Tetis jamás desearon participar ni en destronar a Urano ni en la titanomaquia de hecho apoyaron a una de sus hijas para ponerse de lado de Zeus y este aun así los castigo en el Tártaro, pero a mi punto de vista fue porque Océano al ser el mayor de los titanes era quien le correspondía ser el sucesor de Urano por lo que pudo haberlo considerado como una amenaza. Si mis muchachos (as) Anfitrite es hija de Océano y Tetis, aunque en otras versiones se le considera como una nereida y no como una oceanide.

Comentarios:

Carlos: Es mi hobby matar santos jajaja. Y no te preocupes dudo que mate a los gemelos a menos que estos pelen contra Ares o Cronos, pero bueno todo puede pasar en mi historia. ¿Qué te ha parecido la actuación de Kanon? Espero que te haya gustado. Y te aseguro que Saga tendrá la anhelada pelea que deseas pronto.

Andy: Ellos dos deben pelear unidos hasta el final, ya que en la guerra santa les quitaron ese privilegio. Y si nuestro querido Mu entrara en acción el próximo capítulo luchando nada más y nada menos que contra un titán y su batalla no será nada fácil, aunque lamento no poder contarte más.

Charlotte: Gracias por el cumplido y me agrada continuar sacándote sorpresas pues mis musas son súper chambeadoras y le echan muchas ganas.

Itatechi98: Tú tranquila nuestros queridos Camus y Milo no han abandonado mi historia, espero que encuentres el porqué en este capítulo. Y espero que te haya gustado el desenlace de la pelea de Athena contra Febe aunque aún no termina y que disfrutes de la pelea de Kanon. Espero te recuperes pronto de tu enfermedad.

Pyxis and lynx: Te lo juro se acabo la crueldad por el momento, espero que asesinar a ninguna santito más aunque se vienen cuatro peleas muy buenas, aunque una que otra sorpresita jajaja que el drama no va a terminar y Shaka jajaja muajajaja tal vez el sea el que tenga que enfrentar a un titán él solito.

Joana: Lo siento de verdad, perdón jajaja te prometo que quedaran santos para el final, cuales ni cuantos ni siquiera yo podría decírtelo, las ideas malévolas se me ocurren conforma avanza la historia.

NiKi1213: Me alegra mucho que te haya gustado, espero no bajar la intensidad de los capítulos. Espero y te haya gustado la pelea entre Athena y Febe y te haya sorprendido los nuevos invitados a esa batalla. Lamento mucho que nos hayamos tenido que despedir de el dúo dinamita, pero tal vez sea momentáneamente tal vez no jajaja. Muchas gracias por tu comentario.

Persefone X: Tu deseo fue cumplido y tal vez publique otro pronto, que al fin estoy de vacaciones. ¿Qué te pareció la sorpresa en la pelea de Athena y Febe? A que no te la esperabas jaja.

Igualmente muchos saludos de mi parte de aquí para allá.

503: jajaja pues en el caso de Aioria y Dokho esa pared divina no puede ser llamada, pues ambos están vivos y los planes que tengo para los santos de Acuario y Escorpio son muy macabros jajaja.

Artemiss90: Yo lo sé, no tienes idea del dolor que me costo deshacerme de estos dos personajes, de verdad, pero quise notar que en las buenas y en las malas, escorpión y acuario siempre estarán juntos. Y tienes razón a veces las malas rachas pueden tener sus momentos buenos pues Shura está de vuelta y lejos de morir, por ahora. Tenlo por seguro que lo que más quería hacer Athena era darle en su mami a un titán. Espero que las batallas en el inframundo y en el mar te estén gustando.

Beauty4ever: No tienes porque derramar mas lagrimas por Aioria pero por Milongas sí.

AnimeNextGeneration SNYC: ¡Lo siento mucho!

Atte: ddmanzanita.