Capítulo final.
10. Duele respirar.
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No soy una armadura.
Ni tengo pulmones de acero.
Estoy vivo. Soy humano.
Cometo errores. No soy perfecto.
Tal vez por eso duele respirar.
Estoy enfermo.
Esa es mi verdad.
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Alphonse siempre creyó ciegamente en las decisiones de Edward a lo largo de su vida, admiraba su determinación, su fuerza y su valor. Por eso siempre estuvo encantado de seguir a su lado, de apoyarlo en todo cuanto podía, tanto en las buenas como en las malas. Aunque a veces se hundía en un pensamiento depresivo, tal vez él no era nada sin Ed.
Siempre había idealizado a su hermano mayor, incluso restándole culpa en cada paso erróneo hacia adelante. Quizás fue su incapacidad de decir no, aun cuando estaba mal... porque sentía que había un propósito racional. Aún errando, no podía estar equivocado.
Era imposible.
Cuando Edward le expresó su idea de ver a Winry cambiándose de ropa, Al le dijo que no estaba bien, pero le pudo la curiosidad y lo dejó.
Cuando Edward habló de manera convencida en la forma en que volverían a ser felices una vez trajeran a mamá de vuelta, Al le recordó que se trataba de un tabú en la alquimia, por tanto estaba prohibido y aún así lo dejó. Limitado por su propia angustia.
Entonces, cuando Edward una vez más tomó la decisión por su propia cuenta de quemar su hogar, ahogar en llamas cada recuerdo, cada resquicio de su existencia... para no tener la oportunidad de volver atrás también... lo dejó, y en su lugar la única quien pudo llorar fue Winry. Era un patrón que se repetía tantas veces, todo en sus pensamientos y sus acciones finales terminaban en contradicción, como un círculo vicioso del cuál no lograba salir.
— Quítate la ropa. Al. — Sonó la profunda voz grave y masculina de Edward, utilizando toda su autoridad como hermano mayor para imponerse sobre Alphonse. No era una petición. El menor de los Elric deseó ser más fuerte para rehusarse, todo sus esfuerzos serían completamente inútiles pues al final iba a volver a dejarlo. Estaba consciente de no poder volver atrás en ninguna de sus acciones, lo supo desde el momento en que Edward se masturbó por primera vez. Nunca podrían retornar al mismo punto, sus cuerpos, sus mentes y sus almas no serían las mismas, por mucho que intente atrasarlo volverían a caer en el mismo punto. Si pudiera huir, marcharse lejos de aquí aún estaría a tiempo de acabar con todo.
Tan sólo si pudiera olvidarlo, borrarlo de su mente.
"Olvidalo por favor."
El daño era irreversible, sus verdaderos sentimientos también.
Mientras Alphonse retrocedía con pasos torpes, intentando moverse por el estudio como un animal enjaulado, Edward arrancó sin cuidado cada prenda de su hermano menor dejándolo otra vez totalmente expuesto, y más vulnerable si cabe a decir. Empujándolo contra el escritorio tiró todas las cosas de estudio, incluida la lámpara de gas que solo los alumbraba desde el suelo, creando sombras en lugares siniestros. El estruendo estremeció al menor de los Elric, sin atreverse a levantar la mirada en ningún momento, estaba completamente asustado como para enfrentar la realidad.
Cerró con fuerza los ojos cuando una mano alzó su mentón, Edward se apoderó de su boca forzando a un beso apasionado del cual ambas partes terminaron participando. El choque entre lengua era baboso y el roce entre los dientes sobre el músculo solo fue un elemento molesto más, funcionando como recordatorio de todo lo que estaba mal y la excitación que ese mismo hecho le producía. Pues ¿no sabe mejor un trozo de pastel robado en la boca de un niño, al cual sus padre le ha negado a tomar? La respiración caliente de Alphonse chocaba constantemente de manera errática dentro de la cavidad bucal del otro, generando pequeños gemidos ahogados debido al esfuerzo, sus manos intentaba empujar con todas fuerzas los hombros contrarios. Empujando y atrayendo, tan contradictoria como todo su comportamiento hasta ahora.
Cuando al fin Edward lo liberó solo para atacar el cuello de Al, pudo continuar rogando entre temblores, parecía más bien una plegaria un castigo superior por parte de mayor por haber sido malo. — N-no... no lo hagas Ed... por favor. Lo siento... — Sollozaba apretando con fuerza el hombro de carne entre sus dedos sin resultado. Edward separó sus piernas desnudas y las colocó cada lado recibiendo un gemido de sorpresa, entonces retrocedió un poco y bajó la mirada hacia el pene semi erecto de Alphonse y sonrió entre diente de manera cínica, luego con sus ojos dorados contempló el cuerpo perfectamente recuperado de Al. El esfuerzo de toda su vida, la razón de su ser, por quién dio su brazo y su Alquimia... todo. Era tan hermoso.
A Alphonse le daba la sensación de que la vida se reía de él con carcajadas cínicas, por cada pensamiento determinante sobre lo que era correcto actuar, y lo que debía sentir por Edward. Pero contenerse terminó en actos catastrófico orquestado por su subconsciente. ¿qué esperaba El acto Moral de Él? ¿Lo que era correcto para la Sociedad? A pesar de que a lo largo de los años de humanidad, la Endogamía siempre fue una práctica común, solo era un acto enfermo más dentro de toda una sociedad enferma, esclavizada por la Religión, la Monarquía entre otras conductas realizadas por la ignorancia. No le hacía sentir mejor persona, amaba a Edward, pero no de la forma correcta. Y pensar que él se creyó mejor persona que cada hombre estúpido, misógino y depravado sexual que conoció en su época donde deambulaba de bar en bar por la noches.
— Ed... está mal, mal... — Las lágrimas no paraban de caer por su rostro de manera descontrolada. — Lo siento, lo siento, lo siento...
No era como ante la palabra "mal" Edward no sintiera remordimiento por lo que estaba haciendo, su estómago también se apretaba en disgusto. Pero si Alphonse tuviera comportamientos normales y su lujuria no estuviera desatada en la dirección incorrecta, nunca hubiese acudido borracho a su cama para tomarlo. Eso lo sabía y le cabreaba, pretendiendo ser ingenuo.
Frunciendo las cejas, siseó contra la piel salada y sudorosa. — Te excusas detrás de la culpa, Al. — Lo miró severamente, arrogante, mientras que con una mano tomaba la intimidad ajena, todo su cuerpo se tensó en respuesta y la punta comenzó a mojarse con el precum. Ed tomó del contenido escaso entre sus dedos para mostrárselo. — Pero mira, en realidad, estás demasiado excitado...
— Ed...
— Te excita la idea de que sea tu hermano mayor ¿verdad?
¿Y quién podía perdonar a Alphonse? ¿Quién podía salvarlo...?
— No... no es verdad.
Solo era una escoria más, un perturbado mental más, un pecador, un maricón, lo que sea...
—A mi sí. — Dijo apretándole y comenzando a masturbarle sacando un gemido tras otro, totalmente desbocado. — Siempre me excitó. — Con el brazo automail lo sujetaba mientras seguía frotándolo, con sus dientes apretaba suavemente uno de los pezones hasta dejarlo rojo e hinchado, la piel estaba muy sensible en esa zona y Edward aprobechó para cubrirlo con su lengua generando más espasmos en el menor. Luego Edward frunció las cejas cesando abruptamente el movimiento de mano, respirando caliente contra su pecho, confesando de manera apenada. — Hasta el punto donde no me importaron tus verdaderos sentimientos, tu incomodidad... creía que lo hacía... pero engañarse a uno mismo es estúpido, soy horrible ¿verdad?
Levantó entonces su rostro sonriéndole afligido, estableciendo al fin contacto visual... Al no supo qué responder, sentía un apretón en su pecho terrible, no solo estaba en conflicto por lo honesto que estaba siendo su cuerpo a cada toque sucio de Edward, sino que el torbellino dentro de él lo estaba matando... lentamente. Y ahora, tenía que sumarle todas las revelaciones de Edward ¿cómo iba a poder proseguir con cordura?
Edward reclinó un poco más sobre el escritorio para pegar el pecho desnudo contra el suyo, y escondió el rostro en el cuello de Al mientras el brazo frío del automail corría por la para acunarlo y terminar de enterrarlo, el contraste de temperatura era más que agradable, la piel estaba sudorosa, le daba verguenza pensar que aún olía mal desde que no se había duchado del día anterior, y la fragancia de Edward, su ropa limpia y bien acomodada lo hacía sentir aún más sucio y desprotegido... Su miembro masculino palpitaba necesitado en la mano quieta de Ed y apretó de forma inconsciente los muslos y los fue cerrando en torno a la cintura del mayor. Sus manos hace rato que no luchaban contra el otro cuerpo, cada talón de sus manos posados entre el hombro y las pronunciadas clavículas.
— ¿Lo sientes? — Se refería al latido del corazón de Ed y Al, analizando el techo de madera viejo y desgastado entrecerró los ojos en un acto de frenar sus lágrimas. Se sentía tan pequeño y... necesitado de afecto, durante tantísimos años solamente había querido sentir aunque sea solo una vez, el calor cercando de Edward cuando este lo abrazaba. Sus manos apenas y rodeaban aparte del pecho de la armadura, ahora, todo estaba en su lugar correcto. Su cuerpo estaba en la tierra, ya no impedía el crecimiento de Edward y ambos con el tiempo habían conseguido igual sus estaturas. Cuando se burló sobre su crecimiento en el hospital una parte de él no quería eso, una parte de él quería que la gente lo viera finalmente como al hermano menor del Alquimista de Acero.
— E-Ed... — Movió las caderas en busca de más fricción, al menos sabía que en ese momento, su excitación era real, no era una pesadilla ni producto de la embriaguez, no... Y había caído como un idiota ante la probocación de Edward, y su corazón se había encogido cuando todo su comportamiento brusco comenzó a tornarse protector y dulce. Ante las demandas de su hermano menor, comenzó otra vez a masturbándolo pero esta vez de manera menos brusca mientras llenaba de besos toda la piel y Al no sabía otra cosa que hacer más que gemir en su oreja, muy excitado.
— ¡Ah... ah! — Se vino entre temblores mientras rodeaba las piernas desnudas en la baja cintura de Ed y se apretó contra él, arqueando la cintura con ambas manos en la mesa conteniendo su propio peso. Perdiendo fuerza con el hormigueo de placer su mente se puso en blanco un brebes segundo mientras echaba la cabeza hacia atrás. No tenía ni punto de comparación en el orgasmo doloroso que tuvo anoche, se había sentido tan... delicioso que la realidad vino a él de golpe cuando uno de los dedos frotó la entrada arrugada de su ano.
— ¡Edward! — Se quejó echándose para adelante, dispuesto a empujarlo y huir pero Ed tomó una de sus muñecas estrellándola contra la pared, sonó hueco. No le dio tiempo a pronunciar ni una sola palabra más pues se apoderó de nueva cuenta con su boca, con hambre voraz esta vez presionó con mucha más fuerza y sintió el dolor del golpe en el labio palpitar. Edward era muchísimo más fuerte y bruto, siempre listo para la pelea, nada en comparación con la constitución débil de Alphonse, a quien después de recuperar su cuerpo, cualquier sobreesfuerzo físico lo hacía respirar con dificultad. — Mmg... — Se quejó ahogado mientras pataleaba impidiendo la estimulación de su ano. Edward se cansó pronto del forcejeo, no iba a dejar que Alphonse se vaya satisfecho de su parte con una sola paja, no, iba a llevar esto hasta al final, estaba totalmente determinado pues... todo el sentido de su existencia siempre se la había dado la intercambio equivalente, muchas personas le habían señalado su error, que tal cosa idílica no existe, pero seguía enfrascado en su error.
De todas maneras, Alphonse no era menos inocente que él, ya no.
Meter un dedo no fue difícil, este podría haber entrado en cualquier circunstancia, y aún si la humedad del semen le ayudaba un poco, este no iba a durar mucho pues se iba a secar en seguida así que no tuvo más remedio que separarse de los labios de Al. Se colocó a la altura para tener una visión completa del trasero de su hermano, sacó el dedo y apretó con fuerza separando todo lo posible las piernas que temblaban entre el miedo y la verguenza. Una de las manos lo cogió del pelo tirando con fuerza, rogando porque se detuviera pero no le iba a escucharlo y sacó la lengua sin dudar para lamer las pequeña hendidura rugosa.
— ¡Ah! — Al sintió la húmeda caricia desde los dedos de los pies hasta la punta de su polla semi flácida. Esa área era demasiada sensible, el dedo fue simplemente molesto y aterrador, nada más, pero la lengua de su hermano era un extremo totalmente diferente, sus mejillas estaban completamente roja con el sonido de las lamidas ahí abajo. Edward le decía que se relajara mientras intentaba introducir la lengua en su interior y un montón de frases inconexas salía de sus labios mientras se doblaba hacia adelante. Cuando Edward notó que ya no presionaba tanto y estaba húmedo y resbaladizo, aprovechó escupir dentro una buena cantidad de saliva y comenzar a ayudarse con el pulgar para prepararlo. El roce en aquella delicada zona comenzaba a darle cosquilleos, era raro, quería sentir más de aquello tan nuevo y al mismo tiempo, no paraba de pensar en lo asqueroso que era sentir la saliva de Ed dentro de su culo.
Ni siquiera notó demasiado la diferencia cuando pasó de su dedo a dos, se tapó la boca cuando Edward chupó directamente uno de sus testículos, colocando el peso de su pierna en uno de sus hombros, con la otra mano comenzó a estimular el pene flácido de Alphonse. Los sonidos que hacía con la boca se mezclaban con el ruido del aire entrar y salir a medida que Ed hacía tijeras con dedos lo suficiente para volver a escupir dentro, lo estaba consiguiendo, estaba logrado dilatar a su hermano y no creyó que fuera capaz sin nada de lubricante y la reticencia de Alphonse. Pensó que era momento de entrar más profundo y con tres dedos empujó con fuerza la mano buscando el punto clave dentro de hermano. — ¡Ah, Edward, qué...! — Abrió los ojos y volvió a reclinarse hacia adelante apretando todo su delgado estómago. Fue cuando Edward le sonrió perverso, probablemente Al de pequeño solo se documentó sobre sexo heterosexual, o más bien, del sexo orientado plenamente a ser educativo, extraído de libros de medicina.
Así que no tenía ni idea de lo jodidamente bueno que podía ser un orgásmo prostático.
Mientras repartía besos por sus muslos internos, repartiendo chupetones y mordiscos por toda la nívea piel de Al, seguia jugando y arremetiendo una y otra vez contra el mismo punto de tal forma que Al ya no se resistía más, sentía todos los calambrazos inequívocos en aquella zona, y cada vez que Ed quitaba su mano por completo sentía un enorme vació y su entrada palpitar. Edward sentía su propio miembro doloroso atrapado en su pantalones, pero aún no, quería demostrarle todo lo bueno que podía ser para su cuerpo sin tener que recurrir tan directamente a la penetración. Y aún considerando que ya estaba lo suficientemente suelto como para recibirlo, prefería esperar, la sensación de prepararlo estaba siendo demasiado buena, no quería acabar con ese momento nunca. Alphonse arqueaba la espalda sintiendo como Ed volvía a introducir los dedos para volver a atacar al mismo punto, ya ni siquiera estaba pensando, solo lo sentía. Estaba jugando con él, metiendo su pene en la boca y succionando, sintiendo próximo el orgasmo Ed finalmente paró todo y se alejó.
Le tomó un gran esfuerzo hacer que su cuerpo reaccione y levantó la cabeza, vio a Edward de pie, apoyado contra un lado del escritorio también respirando dificultosamente mientras se masajeaba su miembro por encima de la ropa, vio una mancha en la bragueta. Se deshizo del jersey de punto gris y la camiseta interior para estar desnudo de cintura para arriba y Alphonse no pudo evitar recorrer con la mirada cada uno de sus músculos bien trabajados.
— Al... te va a doler... — Le avisó mientras soltaba el cinturón y bajaba la bragueta. Alphonse se encogió despertando y cerró enseguida las piernas sin poder separar los ojos del miembro duro de su hermano, acariciando su punta y lubricando con más saliva. — Pero no te va a doler tanto como me dolió a mí. — Le sonrió cínico ante lo último dicho en un susurró.
— ¡No! - Se sentó colocando la espalda contra la pared mientras respiraba con dificultad, sus ojos miraban nervioso a cualquier punto de suelo mientras sentía el sudor caer por su frente. — ¡Ed...! ¡Para, aún estamos a tiempo...!
— ¿De qué? — Lo presionó a terminar, sujetándolo por la cintura mientras acercaba su rostro. — ¿A tiempo de qué?
— De... — Otra vez, las lágrimas comenzaron a caer por sus ojos y los cerró con fuerza al igual que sus puños sintiendo pura impotencia, no importaba cuando desease a Edward, seguía dando miedo, seguía estando igual de mal y repulsivo. Ed lo entendía, pero sus remordimientos eran de una clase muy diferente, sufrió tanto en soledad, cada lágrima se había secado ya hace mucho años. Tomó el rostro de Alphonse con sus manos e intentó limpiar sus lágrimas, no soportaba verlo llorar, no al menos de esa forma.
Aún si una parte de Ed quería mimar con todo a Alphonse, también quería castigarlo. — Al... te dejaré solo a cambio de una cosa. — Le habló de forma pegajosa al oído, sus aliento estaba tan caliente. Entre abrió sus ojos húmedos por las lágrimas, no entendía cómo es que quería negociar aún a esas alturas. — Dime Nii-san.
El pánico en ese momento le produjo una falta de oxígeno, y empezó a hiperventilar, abriendo grande las pestañas, mirando con terror a un punto oscuro en la nada. Las mejillas de Edward también estaban completamente rojas y sudorosas, consciente de su propia desvergonzada petición, pero necesitaba que Al lo aceptara con todo. Que aceptara de una vez la realidad que llevaba años evitando y se había hecho más que evidente con la discusión anterior.
Eran hermanos cometiendo incesto.
— N-no...
— ¡Dime Nii-san! — También rogó sin soltar su rostro. — ¡Y entonces te dejaré en paz, fingiré que nada de esto ha ocurrido como ya hicimos una vez. Buscaré una relación con alguna mujer tal y como siempre has querido, quizás con Winry mismo... me casaré con ella, tendré dos hijos y entonces al fin, podremos volver a ser hermanos normales.
Escuchando cada una de sus palabras Al lo contempló con profunda tristeza. No quería ninguna de las dos cosas, no quería que Ed haga su vida feliz con nadie más que no fuera él. Pero tampoco quería pensar que estaba follando con su propio hermano... no... Apoyó la frente sudorosa en su hombro de automail totalmente resignado. — Lo siento Edward... pero no puedo... no puedo...
Edward estaba tan dolido por el rechazo, le tomó un momento procesarlo, lo único que no quería perder por nada en el mundo era su hermano pequeño, ese amor era diferente al deseo sexual, y mucho más profundo que cualquier enamoramiento de una persona normal. Y tras mucho años pensándolo llegó a la conclusión que Alphonse era la única persona que lo hacía sentir completo y feliz.
Alphonse no se resistió, rendido como una muñeca de trapo dejó que Edward lo acomodara entre sus brazos, separando sus piernas a los lados de sus brazos para levantarlo lo suficiente, cuando sintió la punta entrar sintió un ligero escozor y la carne resentirse, no estaba completamente preparado todavía para recibir su miembro, pero iba soportarlo, iba a soportar todo el dolor del mundo porque él ya se la había mucho peor. Todo se lo merecía.
En cambio, Ed fue entrando poco a poco hasta estar completamente adentro y le avisó en el oído con voz baja para empezar a moverse mientras acariciaba con suavidad la espalda, en todo era delicado, en todo buscaba siempre el confort de su hermano menor primero, intentando no dañarlo aún más de todo el abuso psicológico. Se detuvo cuando notaba que Alphonse se retorcía incómodo cuando había algún ángulo incorrecto. Besando sin parar su mejillas en un acto de intentar reconfortarlo, revolviendo el cabello húmedo hasta que sintió que las caderas de Al lo acompañaban con timidez. Las gotas de sudor de Ed caían sobre la otra piel cada vez con más frecuencia, era increíble el calor que sentían a pesar del frío invierno. Ambos gemían a la par.
Alphonse no entendía porqué se sentía tan bien aquel punto que Edward estaba golpeando, su mente se ponía en blanco por segundo, olvidando la incomodidad del escritorio contra su espalda y clavaba las uñas en la madera macisa. Edward lo intimidaba con sus ojos, sin perder ni un detalle de sus expresiones cuando no lo estaba besando. Estaba sintiendo tanto placer... que no era justo. Quería más, más, más... lo quería absolutamente todo. — Ah, Nii... ¡Nii-san! — Comenzó a decir de repente sorprendiendo a Ed. Extendió sus brazos hacia su hermano mayor. — Nii-san... ah... sostenme... por favor. — Así hizo, lo tomó entre sus brazos levantándolo por completo, estaban follando prácticamente de pie... pero no importaba. Sabía que ninguno de los dos se iba a caer. — Nii-san, nii-san, nii-san — Gemía de forma sumisa, rodeando su cuello con los brazos.
— Al...mmh... Alphonse...
Las uñas arañaban sus espalda sin miramientos. Ambos estaban muy próximos al orgasmo, y para su sorpresa, el primero en acabar fue Edward, se recostó sobre el tablero mientras estiraba las piernas como podía, empujándolo en busca de llegar más hondo, más profundo en su interior.
Alphonse sintió como la humedad lo llenaba, era raro... pero el placer que sentía todo su cuerpo lo asimiló rápidamente.
Edward lo estaba llenando con su vida.
Lo siguió besando y acariciando, mientras lo masturbaba con la mano para que también pueda llegar y así lo hizo después de un buen rato de fricción. Exhausto, Ed se permitió derrumbarse sobre el cuerpo de su hermano. Primero dejaron que sus mentes sintieran el coletazo del orgasmo aún vibrando por todo su cuerpo, por su conciencia... Se miraron a los ojos durante un buen rato, dorado y plateado... Las palabras sobraban por completo... en realidad, se habían dicho más cosas feas el uno al otro en toda su vida que cosas buenas. Ed pasaba suavemente el dedo pulgar en la herida punzante en el labio de Al, con cada caricia se entendía un "lo siento", a lo cual Alphonse tomó su palma y la besó. No sabían si alguno de los dos se iba a arrepentir en algún momento pero se amaban... se amaban como a nadie más en este mundo. Posiblemente eran las únicas personas que en su mundo habían atravesado todas las leyes de la física y de la alquimia, logrando que sus almas se conectaran.
Y bueno... arreglar las cosas con sexo no siempre era la solución más sana, pero siempre había que dar un paso en alguna dirección.
Tal y como dijo una vez Maes Hughes, los hombres hablan a través de sus actos. Hay cosas que se entienden sin tener que decirlas.
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Aún estaba en su interior... y le costó horrores tener que desprenderse de Él aun cuando su pene flácido salió sin mucho esfuerzo. Alphonse inconscientemente apretó sintiendo el vacío, expulsando algo de semen hacia afuera, fue una imagen tan erótica que Ed tuvo que desviar la mirada sonrojado si no quería volver a ponerse duro. Ya había pasado bastante rato desde que se había corrido, pasó el resto del tiempo besando la boca de su hermano como si fuera la última vez... tal vez podría ser la última vez. No podía emocionarse y tirarse encima de él por otra segunda ronda, el rescto de Al luego no lo soportaría, sería mínimo incómodo e ir al baño después sería todo un suplicio. Edward conocía todos los efectos colaterales de primera mano, lo había sufrido con Al siendo una armadura, con Roy, con Al otra vez...
Negó con la cabeza intentando no pensar demasiado en ello. Además, ambos estaban demasiado exhaustos tanto física como emocionalmente.
Y aún Edward frunció el ceño, era increíble que su libido fuera superior a las secuelas psicológicas con relación al abuso... solo le quedaba aferrarse a una vaga esperanza de poder volver a follar en un futuro. Honestamente, ni si quiera le importaba volver a ofrecer su propio trasero, o enseñarle cómo hacerlo correctamente... Era tan egoísta, no solo deseaba el cuerpo de Alphonse, también lo necesitaba a su lado, como un amante.
Eso era tan enfermo de su parte. En el pasado había aceptado con inocencia sus sentimientos por Al, pero ya no era un puto crío, ya no podía fingir ignorancia, ya no podía seguir aprovechándose de Al y sus debilidades mentales como había estado haciendo hasta hace un momento.
Era su culpa, lo había orillado a eso... O más bien, la palabra correcta era forzado.
Saliendo de sus pensamientos notó como su hermano menor costosamente cerraba sus piernas temblorosas, lo ayudó a incorporarse de a poco, después de todo el esfuerzo, apenas podía sostenerse de pie. Pero lo que Edward no sabía es que parte de toda inestabilidad y temblores era la fuerte emoción atravesando su pecho, ahora con la cabeza más fría estaba comenzando a recordar todo lo ocurrido, ya no tenía más pretextos de calentón.
Se había dejado follar y ya está. Seguir mintiéndole era algo inútil... pero ¿de verdad solo había sido en venganza, o realmente... realmente Edward lo deseaba de esa manera? Es decir, no solo sexual, si no románticamente.
Pensarlo no tenía sentido, haría el ridículo preguntando, durante el acto se sintió amado, pero eso no significaba que una vez hecho, Edward lo seguiría aceptando, es decir, siempre supo lo salido que Edward estuvo toda su adolescencia y quizás, no hallaba diferencia entre hacerlo con él... o con otros hombres. Se mordió el labio, mierda, debía conformarse con esto, incluso debía conformarse con nada.
Pero a pesar del miedo, lo había disfrutado tanto... sentía el doble de verguenza, Nunca dejó de ser un acto con dudoso consentimiento, Ed lo había prácticamente forzado a hacerlo y pensó en todas las diferentes formas en que pudo haberse negado y escapado... pero simplemente, Edward representaba todas sus debilidades juntas, todos sus pecados. Doblegarse ante su autoridad de hermano mayor era muchísimo más fácil de lo que se consideraba sano. Y... no solo eso, nunca pensó que Ed quisiera tomarlo de esa manera. Alphonse siempre se había imaginado a sí mismo encima de Edward, lo tenía normalizado en cada una de sus terribles fantasías, en cambio descubrir que Edward también lo miraba de esa forma era sorprendente... aunque tenía sentido, siempre fue de naturaleza impulsiva y dominante, a veces posesivo con él. Entonces Edward estuvo anhelando todo ese tiempo poseerlo, penetrarlo y correrse dentro de él. Pasó una mano por el cabello sudoroso, abochornado cuando la prueba estaba en la viscosidad deslizándose por sus piernas y su recto estaba comenzando a dar tirones desde adentro. Cada mordisco en sus muslos y cuello palpitaban con evidencia.
Era aterrador y excitante a partes iguales. Dejar que otra persona tome todo el control sobre ti.
En realidad... no importaba quien estuviera arriba o abajo en las relaciones sexuales siempre y cuando pudieran estar juntos. Se apoyó contra el borde de la mesa y lo miró mientras Edward le daba la espalda, se estaba acomodando el pelo revuelto quitando la goma y dejando que todo el cabello largo se desparramaba por su espalda ancha mientras suspiraba. Joder... era tan masculino... y lo había solucionado todo tan bien, sin llegar a más discusiones ni gritos, sin duda alguna Edward era el hermano mayor.
— Ed... — Intentó llamarlo con una sonrisa triste en sus labios, pero el resto de todo lo que quería decir murió repentinamente en su garganta, hubo un pitido en su oído mientras la presión le bajaba de golpe, todo su cuerpo estaba sudando frío. Edward confuso le habló frunciendo el ceño, pero no pudo escuchar su voz ni prestarle más atención, todo se volvió confuso y borroso mientras perdía el equilibrio. Antes de golpear contra el suelo ya había perdido el conocimiento.
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Solo fueron quince minutos los que estuvo inconsciente, pero suficiente para que el mayor de los Elric entrara en pánico. Lo cargó hasta el salón buscando una fuente más iluminada y cubrió su desnudez con una manta y lo tumbó en el sofá. El pulso de Al era algo devil y temía haber sido muy duro con el sexo ¿se habría extra ilimitado? la constitución física de Al no era tan fuerte como lo suya, él nunca hubiera podido haber aguantado una violación como él. No tenía ni idea de qué hacer ¿Llamar a un médico? No, no, quizás solo exageraba, habían pasado demasiadas cosas juntas al fin y al cabo, mientras pensaba todo eso no para de trasladarse de un lado a otro en la pequeña casa, casi chocándose con los muebles y los objetos Kirsch del antiguo dueño que nunca se molestó en cambiar. Alphonse al fin despertó pero fue por un ataque terrible de tos y Edward corrió a su lado.
— ¡Coff, coff, cofff...! — No paraba, todas sus entrañas le ardían. Sentía que quería vomitar otra vez ¿todavía le estaba durando la resaca? ¿pero qué más podía vomitar si no tenía absolutamente nada en el estómago? De alguna forma lo logró, el líquido salió de su garganta y pensó que finalmente todo iría a mejor. Edward que lo tomaba por los hombros de repente empezó apretar con muchísima fuerza.
Al se dio cuenta de la expresión de horror en su hermano quien no lo miraba precisamente a él si no al charco color carmesí empapando su pecho y parte de sus piernas. Era sangre.
Estaba vomitando sangre.
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— Es cáncer.
El doctor, ese hombre viejito, lo dijo calmadamente con los resultados de los estudios en la mano. Alphonse estaba sentado en la silla mientras a su lado de pie estaba Edward con las manos sobre sus hombros. Habían esperado una semana por los resultados y la primera palabra que oían del médico fue esa sentencia, sin andar con rodeos o intentar sonar delicado. Sus rostros quedaron helados, en silencio.
Ni siquiera parecía real.
El doctor continuó hablando calmado mientras mostraba una radiografías a los muchachos. — Como ven aquí, esta mancha que se extiende por toda esta parte del pulmón... está muy dañado. ¿Cuándo empezó a toser?
Edward miró a Alphonse mientras sentía como una gota de sudor frío se escurría por su frente, recordando que ya llevaba varios meses viendo a su hermano toser y respirar con dificultad...pero siempre creyó que era por el aire frío o algún efecto colateral de haber recuperado su cuerpo no hace mucho.
Qué imbécil fue todo ese tiempo por no darse cuenta.
— Señor Elric ¿Te habías desmayado antes?
Negó con la cabeza lentamente...
— Supongo que el haber vomitado sangre ha sido la causa de que vengas al hospital, así que me figuro que no has tocido con sangre todavía. Cuando eso empiece a ocurrir no te asustes, será lo más normal.
"No te asustes, dice" Pensó Edward con cinismo cuando le invadió la rabia.
— También los mareos y los vómitos serán más comunes a partir de ahora, puedo recetar pastillas para poder manejarlo... pero solo eso. — Cerró su carpeta médica y abrió apuntando algunos datos del paciente. Luego comenzó otra vez a hablar sobre tratamientos experimentales y terapias, pero Alphonse dejó de escuchar, sintió sus oídos embotados mientras fijaba la vista en un punto perdido en la nada. La presión comenzó a bajarle de golpe, y otra vez, ese pitido en los oídos.
Debido al impacto, su mente comenzó otra vez a tener un estado de regresión.
"¿Qué está diciendo este hombre...?"
" Solo soy una armadura vacía. No puedo enfermarme..."
"¿Qué estoy haciendo aquí?"
Solo despertó cuando sintió un fuerte apretón proveniente de las manos de Edward mientras alzaba su voz grave y tranquila, un comportamiento inusual. Siempre había sido muy impulsivo.
— Pagaré el tratamiento que sea... no me importa lo costoso que sea. — Alphonse perdió toda la conversación de los altos precios, era el colmo.
— Nii-san... — Ante el llamado con voz un poco más aguda de su adorado hermano, este lo miró, encontrando los ojos completamente vacíos y aterrados de Alphonse. Una de sus manos se aferró a la camisa blanca de Ed, y tomó su mano entrelazando los dedos. Parecía un gesto demasiado íntimo, pero debido a su hermandad y el contexto, nadie hubiera podido pensar mal de eso.
Solo ellos mismos.
Salieron del hospital caminando lentamente aún tomados de la mano y sin intercambiar ninguna palabra. Los primeros resultados cuando acudieron a consulta fueron normales. Alphonse padecía de insomnio, ansiedad, estaba muy deshidratado y su alimentación no había sido muy buena, todo eso podía haber producido el desmayo. Pero cuando comentaron el vómito, fue cuando empezaron ha hacer un chequeo más en profundidad.
Durante toda la semana, había evitado hablar del tema, en realidad, apenas cruzaban palabras, solo lo mínimo y necesario. Parecía que nada había cambiado entre ellos pero era más que evidente la actitud de Edward mostrándose abiertamente afectuoso cuando estaban solos en casa. Su mano se escapaba para acariciar la otra, e incluso en más de una ocasión, se había acercado para abrazar en silencio a su hermano menor, se dejaba mecer entre sus brazos.
Cuando Edward intentó besarlo, Al retrocedió asustado. — ¿Qué estás haciendo? — Preguntó asustado, y eso heló la sangre de Edward.
"¿Otra vez?" Pensó. "¿Otra vez, su mente está bloqueando los recuerdos?"
— Lo siento. — Se disculpó con una sonrisa, fingiendo demencia. Fue el comportamiento siguiente el que logró desmentir sus sospechas. Alphonse solo se encerró en el baño para comenzar a llorar con fuerza, sin siquiera importarle que Edward lo escuchase al otro lado, pues no se trataba de dignidad.
La euforia de haberlo hecho duró demasiado poco, y aterrizó con los pies en la cruda realidad. Nada iba a poder quitarle los remordimientos de haber violado dos veces a Edward de la manera más cruel. Hay cosas en este mundo que no podía simplemente arreglarse una vez rota.
Después comenzó su paranoia, tenía la sensación que todo el mundo sabía las cosas sucias que había hecho con Edward, como si tuviera la culpabilidad escrita en la cara, y su miedo acrecentaba cada vez que se hallaba en la compañía de su hermano en público. Sobre todo, se sentía terriblemente nervioso con la idea de cruzarse alguna vez en el futuro con el Coronel. Sabía que sus celos carecían de sentido, era imposible un hecho hacía ¿No odiaba su hermano con toda su alma al Coronel? O eso era lo que quería creer...
— Edward. - Lo llamó. Sus ojos apagados estaban fijos en la unión de sus manos. Ed se detuvo, suspiró y se volteó hacia él pasando la otra mano libre por sus cabellos de forma cariñosa.
— ¿Sí?
— Suéltame la mano... — Indicó con voz seria. No quería enfrentar su mirada cuando detuvo sus caricias en seco, no le hizo caso desafiando, apretando con más fuerza el contacto y sus palabras temblaron — Por favor... yo no puedo hacerlo.
Edward lo atrajo contra su pecho, todo su cuerpo estaba tenso.
— Las personas no están mirando.
— Está bien, somos hermanos... no es tan extraño.
— Sí lo es Edward. — Puso las manos en su pecho para alejarlo un poco. — Sí lo es.
Se había parado justo cruzando un puente de piedra, el río tenía un color grisáceo debido al atardecer, era un día agradable donde la gente salía a pasear, hacer comprar o volver de sus trabajos a casa. Ed se mordió el labio siendo consciente de su propio comportamiento egoísta, imprudente e infantil... pero no podía soltar su cuerpo, y menos en una circunstancia donde el menor estaba tan vulnerable emocionalmente. Quería decir y hacer tantas cosas, necesitaba tranquilizarlo, reconfortarlo y ser toda su estabilidad. Todo lo que no había hecho todo ese tiempo por imbécil.
Necesitaba hacerle una pregunta muy seria, una que llevaba tiempo evitando. Había tantas heridas por sanar... no podía seguir retrasandolo. — Alphonse... ¿cuánto tiempo llevas sintiéndote como una armadura?
Al reaccionó sorprendido, no supo qué contestar... era un concepto vago, una idea aterradora navegando en lo más profundo de su ser desde hacía ya mucho tiempo, y sus recientes pesadillas solo se lo recordaban constantemente. Llevaba demasiado tiempo sintiéndose así, fuera de este mundo.
Quizás, en su interior, nunca había dejado de ser... era difícil aceptar que tenía un cuerpo aún si en el exterior se había adaptado con normalidad. El peso de la existencia, las dificultades de su humanidad se presentaban día con día, y a veces era difícil coordinar el cómo se sentía por dentro.
— Qué ingenuo ¿no? — Sonrió de manera afligida y Ed no sabía si le estaba hablando con él o a sí mismo. — Siempre pensé... que todos mis problemas se solucionarían cuando abandonase aquella armadura... no me había dado cuenta de lo doloroso que es sangrar en una pelea — Colocó la mano en su pecho, allí, donde debían ocupar un espacio sus pulmones. — Lo siento Ed. He enfermado el cuerpo con el cual has dedicado toda tu vida en recuperar.
— No sabíamos que algo así podía pasar. Alphonse.
— ¿De qué murió mamá, Ed? — El mayor de los Elric removió las pestañas ante esa idea peligrosa... con mucho sentido.
No pudo contestarle nada... Ya no estaban abrazados, pero sujetaban sostenían ambos brazos por la parte de los codos.
Edward era parecido físicamente a Hohenheim, mientras Alphonse había salido Trisha, la herencia genética también. Entonces ¿Había valido la pena su sacrificio? Quizás debió haber elegido permanecer en la armadura. Podía elegir entre no volver a tocar a Edward, nunca más sentirlo para estar a su lado. Al menos, cuando estaba en el cuerpo de acero, no existían deseos lujuriosos. Se mordió el labio cerrando con fuerza los ojos. No podía elegir entre una cosa u otra...
A pesar de todo el dolor, de toda una vida por delante con sentimientos incestuosos y una enfermedad por combatir, su enfermedad física y mental, Alphonse se dio cuenta que no se arrepentía de estar donde estaba ahora. No se arrepentía de recibir los labios de Ed, quizás de una manera u otra... estaban destinados a sentirse atraídos el uno al otro. Aceptarlo era duro, era doloroso...
Todos sus errores, todos sus arrepentimientos solo habían conllevado a hacerle perder tiempo. Todos esos años que no pudo ver a Edward como su hermano, o cada pelea silenciosa que lo había distanciado, todo por su culpa...
Miró sus labios, necesitaba tan fuertemente besarlo en ese preciso momento.
— Perdóname... Edward. Por desearte de esta manera... y haberte hecho daño en todo en el camino.
Ed negó con una triste sonrisa en sus labios.
— No Al. No es tu culpa...
— Sí lo fue. — Agachó la cabeza. — Nada justifica lo que he hecho, así que no sigas por favor...
El mayor suspiró profundamente, habían llegado a esa parte de la conversación que ambos temían tanto, pero era absolutamente necesario para continuar adelante. Ya no podían seguir huyendo, ambos lo sabían.
Recordó las palabras dichas cuando lo estaba tomando.
"¡Mira lo que me has hecho hacerte!"
— Yo te corrompí en primer lugar. Quería probarme que podía exitarte, quería alentarte a cruzar las barreras prohibidas... No estoy menos cuerdo que tú. — Tomó el rostro de Alphonse entre sus manos para que lo encarase. — Sé que nunca será lo correcto pero... ¿está bien para ti ahora?
Alphonse puso expresión de no comprender, Edward tuvo que ser aún más específico, intentó sonreir otra vez para transmitir fortaleza en su decisión, pero una lágrima cayendo por sus ojos demostró todas sus inseguridades. — Alphonse ¿puedo amarte ahora?
— Edward... — El mentado negó con la cabeza.
— No más "Edward" por favor... solo dime "Nii-san"
Al apretó con fuerza los labios y se estremeció... Su corazón comenzó a latir con muchísima fuerza ante los sentimientos revelados, Ed se había estado conteniendo por cada pequeña cosa estando a solas. No solo quería follar, quería hacerle el amor. No quería provocarlo con sus besos ni usarlo para nada de eso.
Dormir juntos, despertar con el cuerpo abrazado del otro, decir buenos días con una sonrisa el rostro. Necesitaban estar juntos y saber que todo sus sentimientos eran correspondidos, aprender a vivir con la culpa, aprender a amar y perdonar, a comprenderse mutuamente y tomar la responsabilidad.
— Sí.
— Sí qué.
— Sí a todo. — Apoyó la cabeza en su pecho, sintiendo el cálido aliento en su oreja... estando en la calle no podían ir más allá, pero ese pequeño toque les bastaba para seguir peleando.
Siempre que los hermanos Elric estuvieran juntos, continuarían caminando.
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Notas finales:
¡No se vayan todavía estoy trabajando en un extra!
Primero que nada quiero dar las gracias por todos vuestros comentarios. El recibimiento que My Iron Lungs ha tenido desde el primer capítulo ha sido una clave importante para seguir adelante y que todo valga la pena, así que de verdad muchísimas gracias. Me disculpo por todos los fallos gramaticales entre otras cosas, he estado editando mucho todo el fic, incluso ampliando partes así que si algún día les apetece releerlo espero que la experiencia sea mejor.
Siento que me he quedado super coja con la conversación final, quería abarcar demasiadas cosas. Por eso estoy trabajando con un extra con el Point of View de Edward, pues tuve que centrarme completamente en Alphonse para guardar el misterio en algunos puntos de la historia. Simplemente siempre quise trabajar en todas las secuelas psicológicas de Alphonse en la armadura, el abuso sexual que sufrió por parte de Edward cuando todavía era niño y su enfermedad después. En la Fullmetal de 2003 nunca se aclara la causa de muere Trisha, así que me quedé con ese dato, también el comportamiento psicológico se adapta más a la Fullmetal de 2003 por si alguien no lo ha visto. Ese anime es mucho más deprimente.
Tal vez me esté olvidando de hacer más aclaraciones, no duden en escribir sus dudas en los comentarios.
Me despido y nos vemos en el extra.
