Les deseo que hayan pasado una feliz navidad y tengan un año excelente. Nada más me queda agradecerles a todos por leer mi historia y dejar un comentario, además de darles un millón de gracias a los que me han acompañado en todo el trayecto aportándome consejos, mejoras y su apoyo. Les deseo el mejor de los éxitos a todos y ahora si el capitulo.

Capitulo 25 El fuego prueba al oro.

Sus cabellos azules caían al lado de su rostro, llevo su mano hacia uno de sus mechones y lo enredo por detrás de su oído, mirando con fijeza su propio reflejo en el agua, su cabello era un color azul pálido, le llevaba en mechones los de adelante solían ser más cortos que los de la parte de atrás los cuales fácilmente le llegaban hasta los hombros, mientras los otros caían al ras de su mentón, llevaba un listón blanco que lo elevaba un poco y dejaba ver una hermosa caída de su liso cabello azul, como si de una preciosa cascada se tratase, en uno de esos mechones ella misma había enrollado su cabello en una especie de cuencas que daba el aspecto de un rosario, sin embargo era una rastra que la hacía ver más rebelde.

Sus ojos eran grandes y de color miel, demasiado expresivos para su gusto, su piel era blanca, que incluso cuando las metió dentro del agua para llenar el cubo con agua parecieron dar un ligero resplandor como si de una perla se tratase, observo con calma su reflejo hasta que el agua ondeo con fuerza y este se altero, desapareciendo.

-Aldana, se supone que no debes salir del refugio. – Respiro profundo intentando no alterarse, se incorporo despacio y miro a su acompañante.

-Tan solo he salido por agua, Scatha. – Contesto con cierto fastidio en su voz, pasando al lado de la otra joven.

- Confías demasiado en tu barrera, pero él puede detectar nuestra energía, se te olvida que somos parte de su ejército. – Scatha era una mujer joven, un par de años mayor que ella y ambas eran completamente diferentes, mientras ella era una especie de sacerdotisa, Scatha era una guerrera imponente y fiera, sus cabellos rojos oscuros se asemejaban a la sangre, su tez era igual al de ella; blanca y tenía unos ojos azules oscuros que parecían observar incluso hasta lo profundo del alma de una persona. – Ares no nos lo perdonara.

-Prefiero confiar en ella que en tu espada. – Aldana entro en la cabaña dejando a la pelirroja hablando sola, deposito el recipiente con agua en la mesa y suspiro con cansancio.

Introdujo un par de compresas dentro del líquido cristalino, empapándolas por completo y después las exprimió con suavidad, las extendió sobre la mesa y en la parte interna de estas comenzó a untar un efectivo ungüento de color verde, volvió a doblarlas esta vez por la mitad y las coloco sobre una bandeja.

-Aldana. – Le llamo de nuevo la pelirroja entrando en la cabaña y dejando caer sobre la mesa y sin cuidado, la espada que llevaba atada a su cintura. - ¿Lo has percibido?

-Sí. – Suspiro con un dejo de tristeza. – Nuestra diosa Ker ha sido sellada por el dios de la guerra.

-Ella simplemente se ha ido sin decirnos que hacer de aquí en adelante. – La pelirroja se recargo sobre el marco de la puerta, mientras permanecía con su vista clavada en el suelo. – Estamos solas en esto.

-Nuestra tarea no es muy difícil, ella confía en que nosotras podamos cumplirla, aún a costa de nuestras vidas; pues en cuanto Ares se entere que estamos involucradas, vendrá a por nosotras. – Sus ojos mieles miraron preocupada a la pelirroja, demostrando el arrepentimiento de haberse visto envuelta en esa situación, sin embargo rápidamente se sereno ante la mirada fría que le lanzo su compañera.

-Quita esa cara, sabes muy bien que estas aquí porque tus manos han podido sanar las heridas de hasta un dios. – Menciono con fastidio Scatha tomando de nueva cuenta su espada. – Aunque me parece estúpido arriesgar nuestras vidas, pero ha sido una orden y no debemos desobedecerla. – La pelirroja abrió la puerta de la cabaña y salió, dando un fuerte portazo que hizo cimbrar toda la estructura de madera.

-Yo también me pregunto si vale la pena… - Susurro para sí misma adentrándose a la habitación con la bandeja en sus manos.

-Prepárense para pelear, pues no tendré ninguna compasión por ustedes. – Hizo arder su cosmos, de forma que este comenzó a elevarse desde sus piernas hasta que le envolvió por completo, danzando a su alrededor, extendió su mano frente a él y apareció sobre su palma una llama azul.

-Me parece perfecto. – Queen dibujo en sus labios una media sonrisa y miro hacia su compañero, indicándole con la mirada que él fuera primero tras el santo de cáncer.

-Yo lo derrotare. – El espectro más alto se deslizo por la montaña en compañía de algunas rocas que hizo descender junto con su cosmos hasta el lugar donde el italiano los estaba esperando con una mueca de desagrado.

Mascara de la muerte le miro de soslayo, fijando su atención principalmente en Queen a pesar de que Golem era quien pretendía luchar contra él, pero por algún motivo algo en aquel espectro de cabellos rosados le hacía desconfiar, pues percibía un aura llena de maldad a su alrededor.

-¡Bombardeo de piedras rodantes! – Un gran número de piedras de gigantesco tamaño se vieron lanzadas contra él a una gran velocidad, lo que lo hizo sonreír más al percatarse de que el espectro estaba utilizando habilidades telequineticas para poder manipular aquellas rocas.

-Qué patético. – Mascara espero con paciencia a que las rocas estuvieran lo suficientemente cerca de él para esperanzar absurdamente al espectro con golpearlo con un ataque tan débil como ese, sin embargo no pudo controlar la sonrisa en sus labios, empuño su mano lo que provoco que desapareciera la flama celeste de su mano derecha y volvió a abrirla esta vez apuntando hacia la colosal avalancha que se le venía encima, un destello dorado en forma de círculos broto de su palma y detuvo el avance de aquellas rocas, que cayeron pesadamente al suelo.

-¡¿Cómo diablos has hecho eso?! – Rock comenzó a temblar lleno de frustración al ver su técnica más poderosa siendo detenida por un santo dorado sin ninguna dificultad.

-Tú mueves esas piedras por medio de telequinesis, es una desgracia para ti que te enfrentes a un santo dorado capaz de dominar esa habilidad. – Mascara cerro lentamente su puño, regocijándose de la impresión en el rostro del espectro y cuando abrió su mano, las rocas se elevaron rodeadas de un halo dorado y salieron expedidas hacia él espectro el cual no pudo evitarlas y resulto aplastado bajo el impacto de su propia técnica.

Mascara de la muerte miro de soslayo la pila de piedras de donde solo sobresalía una de las manos del gigante la cual continuaba manando una gran cantidad de sangre sin embargo el cosmos del espectro de Golem había desaparecido, así que cerró sus ojos con tranquilidad y miro hacia donde Queen le observaba con los brazos cruzados y sin condolerse del destino de su compañero.

-Ya no queda en quien te escondas. – Mascara de la muerte se impulso con sus piernas hasta situarse a la altura de Queen al que le lanzo un puñetazo derribándolo de aquel montículo de tierra, el espectro el cual no se esperaba ese ataque cayó de espaldas y fue arrastrado a varios metros del caballero de cáncer, el cual desapareció tras la nube de humo que se levanto.

-Me has sorprendido. – Queen se limpio con el dorso de su mano el hilo de sangre que salía de su boca, se levanto con cautela esperando que el humo se dispersara permitiéndole ver al santo de cáncer, pero a pesar de la nube oscura que se alzaba pudo comenzar a notar esferas azules que danzaban por detrás de la nube.

-No tengo intenciones de seguir perdiendo mi tiempo contigo. – La figura del santo dorado de cáncer salió de en medio de la nube rodeada por aquellas luces celestes que le seguían fielmente.

-¡Cortes de la flor sangrienta! –

-¡Fuegos fatuos! – Las centellantes llamaradas azules pulverizaron las rosas que el espectro le hubo lanzado, calcinándolas al instante, para dirigirse hacia Queen que exclamo un grito lleno de terror al sentir como su propia alma era quemada por aquellas llamaradas celestes, Mascara de la muerte permaneció imperturbable observando su propia técnica consumir al espectro de Alruna.

-Por ello… es que la señora Persefone desea que formes parte de su ejército…tu conectas este mundo con el… - Mascara de la muerte se sorprendió de oír aquello y apago los fuegos fatuos, pero fue muy tarde Queen había perecido junto aquel maldito secreto que todos los espectros le echaban en cara. Suspiro con frustración y miro en dirección hacia Guidecca, fuese lo que fuese que Persefone o Hades tuviesen guardado para él, sabía que en aquel lugar lo descubriría.

El suave vaivén del ir y venir de las olas, rompía con el armanonico silencio que reinaba aquella noche, la tersa espuma era lo único que resplandecía con la luz lunar, la marea comenzaba alzándose con premura sobre la costa de Cabo Sunion, un resplandor celeste ilumino por unos segundos la extensión de la playa y en la desolada la noche aparecieron nueve figuras.

-Hemos vuelto. – Anfitrite miro a sus 7 generales marinos y a la sirena que se mantenían aun en silencio. – Kaza, Isaak y Sorrento, ayúdenme a llevar a Bian, Khrishna y Eo al sanatorio ateniense por favor, necesitan que alguien cure sus heridas.

-Mi señora necesita de mi presencia. – La sirena hizo una leve inclinación hacia la emperatriz de los mares quien simplemente negó y comenzó a ascender por las escalinatas que llevaban hacia el santuario en compañía de sus guerreros que había seleccionado.

Tanto Kanon como la rubia permanecieron en silencio, alumbrados en la playa únicamente por los rayos del astro menor, sus sombras se proyectaban sobre la arena y sus huellas quedaban impregnadas en esta. Thetis miro de soslayo a Kanon por unos segundos y luego suspiro con cansancio volviéndose a acercar al intenso vaivén de aquella agua celeste que brillaba bajo los rayos platinos de la noche.

-Thetis. – Escucho la voz de Kanon a sus espaldas, más sin embargo no se volvió a verlo ni siquiera se detuvo, una ola hundió sus piernas en el agua hasta el nivel de su blanca pantorrilla y presto atención al rumor que hacia la espuma nívea sobre el agua.

-¿Qué quieres? – Contesto por fin, su voz sonó seca, pero sabía que Kanon notaria en aquella indiferencia la rabia contenida desde hacía mucho tiempo. – Estas en el santuario ateniense deberías regresar a la casa de géminis. Ya has cumplido con tu trabajo la emperatriz no requiere de tus servicios ni nosotros de tu protección.

-Deberías de ir al punto y decirme ¿Qué fue lo que te molesto tanto? –

-Regresa a Géminis que yo volveré al santuario submarino. - Thetis miro de soslayo a Kanon mientras se adentraba un poco más a las profundas aguas del Océano pero antes de poder sumergirse en estas sintió la mano de Kanon entornándose alrededor de su brazo, deteniéndola con suavidad.

-Mi vida siempre ha pertenecido a Athena. – Kanon soltó con suavidad el brazo de la rubia, acariciando su blanquecina piel con el dorso de sus dedos, la obligo a mirarle directamente a los ojos y contemplo una vez más aquellos hermosos ojos zarcos que llegaron a obsérvale llenos de amor hacia mucho tiempo pero ahora tan solo en ellos podía notar un profundo dolor.

-¿Y por ello es que te fuiste? Sin decirme nada. –Thethis entorno su mirada hacia la luna y sacudió su cabellera rubia con fastidio, retrocedió unos pasos alejándose de Kanon, aumentando la distancia entre ellos que el general marino había disminuido. – Ya no soy una adolescente Kanon.

-Lo lamento. – Soltó, el gemelo menor esta vez respetando el espacio de la sirena. – Entiendo que estés molesta, pero Thetis ni yo mismo sabia que ocurriría conmigo, sabía que mi obligación era servir a Athena pues ella fue quien salvo mi vida y no Poseidón, así que debía venir al santuario y presentarme ante ella, sin embargo no sabía cómo lo tomaría mi diosa ni los caballeros dorados. El hecho de sobrevivir a la batalla en el fondo marino no significaba que mis pecados estuvieran expiadados ni que me fuesen a recibir con los brazos abiertos en este lugar.

-Pudiste decírmelo. – Su voz sonó demasiada dura a pesar que la de Kanon se había suavizado un poco, ambos guardaron un profundo silencio y se permitieron contemplar unos segundos más el paisaje que los rodeaba. La luna les iluminaba por completo, su luz celestial hacia que las aguas que azotaban sus piernas continuamente parecieran blanquecinas y el rumor de las olas parecía un ligero susurro arrullador. – Debiste confiar en mí.

-Thetis, si te lo hubiese dicho, te hubieras opuesto a mi plan. – Kanon rompió la barrera del espacio personal de la sirena y se acerco a ella, podían sentir la respiración del otro sobre sus rostros, toco con cierta timidez los dedos de la rubia, hasta que entrelazo su mano con la de ella. – Tenía que actuar rápido, la batalla contra Hades estaba a punto de estallar y la orden necesitaba de mí.

-Yo también Kanon… - La voz de la sirena apenas fue un susurro que se perdió entre el murmullo que hacían las olas, sin embargo a los oídos del gemelo menor fue un sutil ronroneo lleno de tristeza. – Al principio me moleste, pero cuando percibí que tu cosmos se elevaba al infinito y luego desapareció unos instantes antes de que el cosmos de todos los santos dorados desapareciera, supe que fui una estúpida al no buscarte para aclarar esto, lo único que quería es que me permitieras estar a tu lado…

-Y te aseguro que siempre lo has estado. – Kanon tomo uno de los mechones de la rubia que cubría ligeramente su rostro y lo enredo detrás de su oído, acaricio con sus dedos el rostro perfecto de la sirena y elevo con su mano ligeramente el mentón para agacharse tan solo un poco y conectar sus labios con los de ella, al principio sintió el sobresalto de la oji azul pero después ambos tomaron una confianza que hacía años habían desarrollado entre ellos, sus caricias podían transmitir lo que ni siquiera con palabras podían formular, sus miradas se comunicaban entre si y el roce de sus labios parecían querer restituir todo el tiempo en que no habían estado unidos.

Thetis enrollo con sus piernas la cintura de Kanon y se aferro a su cuello con ambos brazos, el gemelo menor la tomo con firmeza de la cadera y continuo besándola a pesar de que sus pulmones exigían que tomara aire, descendió sus labios hasta el cuello níveo de la guerrera, descendiendo cada vez más hasta que una ola llego con demasiada fuerza para su gusto a causa de la marea y le hizo perder el equilibrio, tirando a la sirena junto con él.

Cuando los dos emergieron de las cristalinas aguas del océano con los cabellos en el rostro y empapados completamente, no pudieron evitar observarse con un cierto dejo de burla en sus miradas y ambos comenzaron a reír a carcajada abierta, Kanon fue el primero en levantarse y le extendió la mano a la rubia que la tomo aún sin parar de reír, cuando ella volvió a incorporarse la tomo de la cintura y la acerco a él de nuevo para plantarle un nuevo beso.

-Ni Poseidón puede detener lo que siento por ti. – La sirena volvió a reír por lo bajo mirándolo seductoramente mientras enredaba sus manos en la espalda de Kanon.

-Entonces ¿Por qué nos detenemos? – Menciono juguetonamente, haciendo a Kanon sonreír con cierta malicia.

-¡Aioria… Dokho! – Saori no pudo evitar mostrar la felicidad de verles de nuevo, se acerco un paso hacia ellos pero se detuvo al notar las miradas de ambos, sus ojos permanecían fijos en ella como si tan solo fuese una presa, la misma mirada que Saga ponía cada vez que veía a Ares o cuando Shaka enfrento a Hades en el inframundo, sus ojos no la observaban a ella, tan solo veían un objetivo, un enemigo al cual debían derrotar.

-No se acerque princesa, ellos pueden atacarla. – Le advirtió Shaka manteniendo con tranquilidad la barrera en torno a su diosa.

-Debe terminar de sellar a Febe, lo antes posible nosotros nos encargaremos de Hyperion y contendremos a Aioria y al antiguo maestro. – Saga comenzó a elevar su cosmos, listo para realizar cualquier ataque contra sus compañeros o el titán.

-Athena. – Hyperion descendió con calma al monte, seguido de Aioria y Dokho que no dejaron ni un segundo de observarla amenazantemente. – No te atrevas a alzar tu mano contra Febe de lo contrario hare que tus propios caballeros se maten entre sí, para después asesinarte yo mismo con mis propias manos.

-Ambos sabemos que es tarde para arrepentirse. – Athena se acerco pacíficamente a la titanide quien se incorporo ferozmente e intento atacarla, la pelilila esquivo el golpe y lanzo una fuerte descarga de energía a la titanide que fue arrojada bruscamente al suelo. Los ataques por parte de Hyperion y los demás no se hicieron esperar, pero el Khan de Shaka perduro a pesar de los duros embates que estaba enfrentando, producto del cosmos y de la concentración del hindú.

-Es hora de que vuelvas al tártaro Febe… -

-Athena espera, podemos llegar a un acuerdo yo… - Febe retrocedió, empujándose con los pies mientras alzaba una de su mano frente a ella pretendiendo detenerla, Saori se detuvo dispuesta a escucharla, pero rápidamente vio que el semblante de terror de la titanide cambio a uno lleno de maldad, pues la peliverde se había hecho con una parte de su espada, a pesar que el pedazo de hoja que sostenía la estaba cortando.

Febe se incorporo de un salto y se lanzo hacia Athena que no tuvo oportunidad de retroceder, las gotas de sangre resbalaron por la hoja de la espada, hasta la mano de la titanide donde ambas sangres se mezclaron para caer al suelo, donde rápidamente se formo un charco de aquel liquido escarlata.

-Sa… Saga. – El gemelo mayor se había interpuesto entre su diosa y la titanide recibiendo el impacto cortante por parte de la peliverde que intento retirar el cuchillo del pecho del santo al comprobar que había fallado de herir a Athena.

-Estoy bien. – Tercio el peli azul tomando por la mano a la deidad e impidiéndole de esta forma poder utilizar el cuchillo, Febe arrugo la nariz con molestia y retrocedió rápidamente dispuesta a tomar otra parte de su espada, pero antes de que sus dedos lograran tan siquiera rozar el metal, una luz dorada ilumino todo la montaña, pulverizo los ataques de Aioria y Dokho estaban lanzando, desapareció a la barrera de Shaka y regreso los ataques de Hyperion hacia el mismo, por lo que el titán tuvo que esquivarlos con cierta dificultad.

-¡Febe huye! – La peliverde apenas y escucho el grito de su hermano, cuando sintió como sus energías comenzaban a ser selladas y parecía como si su conciencia comenzara a caer en un vacio, giro su rostro hacia Saori y por primera vez observo a la diosa Athena en lo máximo de su esplendor, llevaba a Nike en su mano derecha y mantenía elevado en su mano izquierda un pergamino escrito con su nombre con su propia sangre la cual aun resbalaba por el papel.

Su cuerpo fue golpeado por una fuerza invisible que la hundió en el mismo suelo, como si un gigante la hubiese aplastado, lo que le saco todo el aire, dándole una profunda sensación de ahogo en la que no tardo en sumársele una terrible sensación como de caer en un oscuro vacio, sintiendo como su alma era arrancada de su cuerpo el cual comenzaba a despedazarse en lo más alto de aquel monte.

-¡Febe! – Hyperion llamo angustiado a su hermana, la cual desapareció de la cumbre de la montaña, miro que Athena estaba sangrando de su mano izquierda aún con el pergamino en su mano el cual soltó y fue elevado en el aire, por una corriente de viento que le hacía hondear y girar para ser consumido por el fuego que le rodeo, sus cenizas se dispersaron en el cielo mientras el alma de Febe era arrastrada de nuevo a lo más profundo del tártaro.

-¡Saga! – Saori corrió hacia el gemelo mayor, el cual estaba quitándose del hombro el arma de la titanide y lo dejaba caer despreocupadamente al suelo. - ¡Saga ¿Estás bien?! - Toco con sus delgados dedos níveos, la herida ensangrentada del gemelo.

-Estoy bien Athena, no debe preocuparse por mí. – Contesto tranquilamente, tomo la mano de la griega para intentar retirar su mano de la herida y evitar que la deidad fuese a mancharse con su inmunda sangre.

-Tú te preocupas por mí, lo mínimo que puedo hacer es regresarte el favor. – Saori sonrió amigablemente, ilumino su mano con un rastro de su cosmos y lo paso con delicadeza sobre la herida de Saga la cual rápidamente comenzó a cerrarse.

-Gracias Athena. – Saga percibió como el cálido cosmos de la deidad, disperso el dolor hasta hacerlo desaparecer, para después sentir como los bordes de su herida comenzaban a cerrarse y la sangre dejaba de manar de la herida.

-Hyperion ¿Qué les ha hecho Cronos a mis santos? ¡Aioria! ¡Dokho! – Saori dio tan solo dos pasos cuando los ataques de ambos guerreros volvieron a surcar el aire en dirección hacia ella, millones de rayos dorados atravesaron el cielo destrozando las ráfagas de viento a su paso acompañado de cientos de dragones azules que rugían enfurecidos.

-¡Khan! – Shaka materializo de nuevo su escudo, que resistió el embate de ambos ataques pero esta vez, tanto Athena como Saga pudieron visualizar como un hilo de sangre comenzaba a resbalar por el rostro del santo de virgo, bañando su rostro de un rastro escarlata proveniente de su ceja izquierda, Shaka abrió con tranquilidad sus ojos para liberar todo el cosmos que había concentrado y el muro dorado destello un poco más, volviéndose impenetrable a los ataques de ambos santos.

-¿Qué les has hecho? – Exigió enfurecida, elevo su cosmos intentando llamar y reconfortar a ambos santos dorados pero ninguno de ellos pareció importarles, su rostro permaneció inmutable y sus ojos únicamente centellaban una enfurecida rabia.

-Mátelos. – Ordeno Hyperion sin piedad en su rostro, pues se encontraba colérico con la deidad de la sabiduría por haber sellado a Febe.

-¡Plasma relámpago! – Aioria acumulo su cosmos y por primera vez los rayos provenientes de su brazo derecho tomaron una coloración oscura, las múltiples ondas de energía cortante viajaron a la velocidad de la luz, impactando sin misericordia la barrera de Shaka y por unos segundos la oscuridad del cosmos de leo y la luz del caballero de virgo compitieron por mermar el ataque del otro, pero los rayos negros de Aioria lograron formar una grieta que comenzó a extenderse por el escudo de Shaka hasta que esta se destruyo por completo.

-¡Otra dimensión! – Saga se interpuso para evitar que aquellos millones de rayos golpearan a Shaka, sin embargo Dokho se abalanzo hacia él y le acertó un puñetazo en la mejilla que lanzo hacia atrás al gemelo mayor que fue a impactarse contra los escombros del templo, lo que ocasiono que una nube densa de polvo se dispersara por toda la montaña dificultando la visión entre ellos, al grado que no podían ni siquiera verse a dos metros.

-¡Saga! – Saori hizo el intento de correr hacia donde el gemelo mayor había caído, pero la mano de Shaka que permanecía en posición de loto en el suelo la detuvo. –Pero Shaka…

-Permanezca a mi lado princesa. – Shaka se encontraba imperturbable a pesar de la situación, pues si llegaban a enfrentar a Dokho y Aioria posiblemente se iniciaría una batalla de los 1000 días dejando a Hyperion en total disposición de atacar a Athena. – No debe preocuparse por Saga el estará bien.

Shaka volvió a cerrar los ojos con calma, agudizando sus demás sentidos para poder percibir el lugar donde se encontraba sus compañeros y el titán, que seguramente estarían intentando acosarlos, suspiro con tranquilidad percibiendo el delicado roce que hacia un pie al pisar las piedras bajo su planta.

-¡Dragón ascendente de Rozan! – Shaka percibió la voz de Dokho detrás de ellos, por lo que se giro con brusquedad esperando recibir el ataque del antiguo maestro, pero solo pudo contemplar un destello celeste entre la capa de polvo, por lo que supuso que Dokho estaba atacando a Saga.

-¡Otra dimensión! – Escucho la voz ronca del geminiano en la lejanía, se dio cuenta en ese momento que el gemelo mayor estaba desviando las técnicas de Dokho y utilizando la otra dimensión como una técnica defensiva para no dañar a sus compañeros con su técnica suprema.

-Aioria… - Susurro Athena a su lado, las palabras de la deidad le trajeron de vuelta a la situación que enfrentaban pues seguramente el león dorado estaría acechándolos como si de una presa se tratasen, Shaka pudo percibir sus tenues pisadas en torno a ellos, así que intento fijar un punto para atacarle.

-"Aioria por si mismo me revelara su posición cuando me ataque, únicamente debo ser más veloz que él para esquivarlo y poder contraatacar" – Shaka pudo ver entre la densidad del polvo, los ojos azules de Aioria por tan solo unos segundos después de ello tan solo escucho el estruendo de un estallido.

-¡Relámpago de Voltaje! –

-¡Om! – Pudo visualizar la tremenda descarga de energía que arrastro todo el polvo detrás de sí y creó una onda sonora, que era precedida por una potente fuerza eléctrica que hacia cimbrar el suelo de la montaña bajo sus pies.

La técnica de Aioria y la suya chocaron, pero la fuerza del estallido del cosmos del hindú pudo desviar la técnica de su vecino que fue a impactarse contra unas rocas. Shaka escucho las fuertes pisadas de Aioria y cuando menos se lo esperaba fue lanzado al suelo con fuerza ante el peso de Aioria que se encimo sobre él y le asesto un puñetazo en el la cara, sintió como su labio se rompió ante el golpe, que fue seguida por una lluvia de puños por parte de su vecino que los lanzaba con rabia.

-¡Shaka! – Athena se aproximo hasta ellos y tomo a Aioria por los hombros halando hacia atrás para que liberar a virgo, pero el castaño reacciono rápidamente y la empujo hacia atrás con demasiada brusquedad, lo que provoco que cayera al suelo y se golpeara con una piedra en el costado que le saco el aire, Aioria desvió su atención de Shaka hacia ella, dispuesto a provocarle el mayor daño posible e incluso acabar con su vida si era posible, pero cuando rodeo su brazo con su cosmos, Shaka hizo estallar su cosmos con un poderoso Om que hizo que Aioria saliera expedido con brusquedad y lo perdieran de vista, Shaka iba a lanzarse a su encuentro cuando Athena se puso frente a él.

-Detente por favor Shaka. – Rogo Athena extendiendo sus brazos a sus costados e impidiendo que su guardián avanzara.

-Athena… - Menciono sorprendido el rubio abriendo sus ojos con impresión.

-Shaka, basta ya por favor, estamos haciendo lo que ellos quieren. – Saori siguió con inquietud la mirada del hindú que se posaba tras ella. – Los titanes quieren enfrentarles de esta forma podrán librarse de ustedes, pues representan un peligro para ellos. No quiero que ni Saga ni tu resulten lastimados, pero tampoco ellos.

-Lo entiendo Athena, pero no puedo permitir que la lastimen, aun cuando ellos sean mis compañeros de orden. – Shaka fijo sus ojos azules en la niebla delante de él y pudo distinguir una figura que se acercaba a paso tranquilo hacia ellos, por su estatura y el porte con el que caminaba supuso que se trataba de Saga.

-¡Saga! – Lo llamo preocupada, comprobando con un rápido vistazo que el gemelo no se encontrase herido y resoplo aliviada al verificar que se encontraba bien. – Tenemos que irnos, antes de que ellos vuelvan a atacarnos, no quiero que ustedes se causen más heridas, ni que la sangre de hermanos de orden sea derramada por los mismos.

-Athena puedo utilizar el Satán imperial para ayudarlos a librarse del cosmos de Cronos. – Saga observo un mirada recelosa por parte de Shaka al mencionar de nuevo aquella técnica, la cual debía ser utilizada únicamente por lo el patriarca pero que había aprendido a dominar en el tiempo en que Ares había utilizado su cuerpo.

-No, eso simplemente los controlaría de nuevo, tenemos que hacerles romper la técnica de Cronos por ellos mismos. – Saori comenzó a elevar su cosmos dorado, despejando lentamente la nube de polvo que los rodeaba y permitirse volver a contemplar a Aioria y Dokho, sabía que no debía sentirse feliz por verlos en esas condiciones, pero no podía evitarlo pues su corazón se había liberado de un peso enorme al comprobar que aun se encontraban con vida.

-Nada de lo que hagas funcionara Athena. – Hyperion comenzó a materializarse frente a ellos, con una sonrisa siniestra en los labios. – Cronos ha doblegado la voluntad de tus santos, cuando su vida amenazaba por terminar, de esa forma pudo apoderarse de las conciencia de ellos y al verlos bajo su poder, les ha salvado la vida. Cronos es misericordioso con aquellos que reconocer su poder…

-No me interesa. – Respondió molesta.

-Cronos te propone un trato, termina con la vida de los olímpicos restantes y el perdonara la vida de la humanidad. Es tu decisión Athena, la pregunta es ¿Salvaras a tu familia o a la humanidad? – Hyperion rio por lo bajo, mostrando el placer que le causaba ponerla en ese dilema. Se rodio de una luz escarlata para después desaparecer en compañía de Aioria y Dokho. – Tienes un día para traer la cabeza de Zeus a los pies de Cronos. – Y el eco de su risa fue lo único que resonó en aquel lúgubre paisaje.

-Bienvenidos a la 5ta. Prisión, aquella donde quien no ha cumplido con sus enseñanzas divinas, ardera eternamente. – Menciono un espectro de gran altura, su cuerpo era robusto y musculoso casi al igual que el cuerpo de Aldebarán, pero a diferencia de este su piel era de tez blanca, su rostro de un aspecto tosco con unos dientes grandes en forma de cierra. – Soy Iván de Troll y ninguno de ustedes pasara de esta prisión.

-Dos santos dorados, un ángel y la diosa Artemisa en persona, que corte más graciosa, eso solo demuestra lo desesperados que están. – La voz burlona de un espectro de cabello gris, erizado y con un color de ojos plateado apareció tras la saliente de una roca. – Soy el espectro de Basilisco mi nombre es Sylphid.

-Yo me encargare de ellos. – Aldebarán avanzo situándose frente a Iván pero esta vez Aioros apareció su arco y tomo una flecha de su hombrera izquierda.

-Aldebarán tu ya has luchado contra espectros, déjame que yo me encargue de este par, es importante que sigamos avanzando pues no sabemos que esté ocurriendo en el santuario en estos momentos, por lo que debemos darnos prisa para terminar con nuestra misión. – Aioros susurro.

-Entendido. – Aldebarán miro sorprendido al castaño mayor al ver la decisión de pelear en sus ojos azules, desvio su mirada a Icaro que se encontraba a su lado y que permanecía imperturbable al lado de Artemisa y les indico el camino por el que debían de continuar.

-¡No irán a ningún lado! – Espeto furioso Iván yendo tras ellos.

-¡Detente! – Ordeno Aioros disparo una flecha que paso a escasos centímetros del rostro del espectro, haciéndole un ligero corte en la mejilla que comenzó a gotear sangre rápidamente, Aioros tomo otra flecha y la tenso apuntando esta vez al pecho del espectro, mostrando claramente que su primer ataque solo había sido una advertencia. – Da un paso más y acabare contigo, con tan solo una flecha. – Para que los espectros observaran que su amenazaba iba en serio tenso más la cuerda del arco, que hizo chirriar la estructura dorada del cuerpo del arma.

-¿Y crees que un santo dorado podrá con dos espectros? – Menciono burlón Sylphid, caminando en torno a Aioros para rodearlo y poderlo atacar por la espalda mientras Iván lo hacía por enfrente.

-¡Gran Perestroika! – Iván golpeo el suelo con fuerza lo que ocasiono que una columna de tierra se deslizara del suelo hacia el techo del inframundo, creando un colosal muro de piedra que al golpearlo con su puño de nuevo se resquebrajo por completo formando pedazos enormes de aquel gigantesco muro que se abalanzaron sobre Aioros.

Miro las piedras que se venían sobre él si retrocedía el muro de todas formas le alcanzaría por lo que debía destruirlas o de lo contrario lo golpearían, elevo su cosmos que le abrigo, brinco hacia el encuentro de aquellas colosales rocas.

-¡Impulso de luz de Quirón! – Aioros extendió las alas de su armadura e impulso con estas un ancho haz de luz dorado y con los brazos que genero un torbellino masivo y fuertes vientos a su paso. La manipulación de su cosmos en conjunto con las ráfagas de viento dorado que se habían formado destruía al tocar o cubrir con su esplendor la lluvia de rocas que Iván había lanzado sobre él.

-¿Cómo ha sido posible? – Iván retrocedió algunos pasos al ver a Aioros acercársele amenazantemente.

-Tu compañero lo ha dicho estas peleando contra un caballero dorado. – Aioros detuvo su andar y desapareció la flecha que había creado con su cosmos, apretó el puño con fuerza y agacho el rostro, clavando sus ojos azules en el suelo. – Aun cuando sean mis enemigos, no quiero luchar contra ustedes; ya ha habido bastantes muertes en esta guerra de ambos bandos ¿Cuál es el objetivo de nuestra pelea?…

-Sabes muy bien que la guerra trae siempre consigo la muerte, la cual resulta ser necesaria para alcanzar objetivos. – Menciono sin importancia Sylphid mirándose las uñas con desinterés. – Pero has cometido un grave error al pensar que te enfrentabas a solo un espectro y aún peor me has dado la espalda.

Aioros se giro con brusquedad, escuchando aun las palabras del espectro en su cabeza, aún siendo él un enemigo había dicho la verdad, la muerte de Aioria no había sido en vano y si él continuaba con esa actitud solo complicaría más las cosas, nada en el mundo podría detener el dolor que sentía en su interior por la muerte de su hermano menor, ni nada podría darle consuelo, pero sabía muy bien que Aioria se enfurecería si él se dejaba vencer por esos espectros.

-¡Aleteo de aniquilación! – Bramo el peli plateado, Aioros pudo ver como se creaba un vórtice de viento violento violáceo cuya onda expansiva se dirigía hacia el arrastrando con todo a su paso. Se elevo con sus alas y esquivo oportunamente la técnica del espectro de basilisco. - ¡Maldición!

-No escaparas. – Iván brinco tras él y le dio un puñetazo en la nuca que lo mando a estrellarse contra el suelo, Aioros sintió un ardor que le recorrió toda la espalda y una sensación refrescante que le resbalaba por el cuello, se llevo dos dedos al lugar y luego miro su mano para comprobar que estaba impregnada de sangre.

-Aioria me diría que he sido un estúpido por dejarme herir por dos insignificantes espectros. – Aioros se incorporo lentamente sintiéndose mareado, el golpe que le había dado Iván había sido como si aquel muro colosal le hubiera caído únicamente en la cabeza.

Apretó la empuñadura de su arco y creó una luz dorada que salía de su hombrera izquierda llevo su mano a esta y saco una flecha que coloco entre la cuerda y el cuerpo del arco, tenso la cuerda y la lanzo hacia el espectro de Troll, que interpuso su mano para pararla, pero la flecha atravesó su mano y se encajo en su pecho.

-Mal…maldito… se..Seas… - Troll cayó de rodillas al suelo. Aioros se giro esta vez hacia Sylphid pensando como dos espectros tan débiles le habían causado tantos problemas, lo que lo hizo sonreír.

-¡Te matare! – Sylphid se acerco a él, pero de repente y antes de que el peli plateado lo tocase sintió como unos potentes brazos le presionaron y apresaron los suyos, trato de soltarse pero la fuerza física de Troll sobrepasaba por mucho la suya, tal vez fuese el espectro más fuerte entre todo el ejercito de Hades.

-¡Ahora Sylphid destrúyenos a los dos! ¡El señor Radamanthys se enorgullecerá de nosotros! – Aioros miro al espectro de basilisco que ni siquiera dudo, pero dibujo una sonrisa placentera en su rostro. ¿Cómo podía existir la deslealtad hasta ese punto entre los espectros? Troll sacrificaba su vida para que el espectro de Basilisco se llevase la gloria y este ni siquiera reconocía el sacrificio de su compañero.

-¡Aleteo de aniquilación! – Sylphid utilizo de nuevo su técnica más poderosa, movió sus brazos creando un azotador viento violento cuya onda expansiva comenzó a hacerlos retroceder tanto a él como a Iván, sentía como si la misma piel fuese a arrancársele descubriendo su carne, los ojos le ardían y sentía un tremendo vacio en el estomago, un fuerte mareo le sobrecogió y percibió entre aquellas ráfagas violetas el olor de un potente veneno.

Aioros tenso cada musculo de su cuerpo al observar como las ráfagas que les pasaban abrían un portal hacia otras dimensiones en la cual si caería vagaría eternamente, pues dudaba que Saga o aún pero Kanon se tomarían con el accidentalmente, aunque si del gemelo menor dependiera, le dejaría en ese lugar hasta el fin de sus días, llevo rápidamente su mirada en torno a él para formular un plan.

Se elevo un poco con ayuda de sus alas, permitiéndose zafarse de la llave que lo tenía sometido el espectro, coloco sus piernas en el pecho de este y con su pie derecho clavo más la flecha que el gigante tenía en su pecho y lo utilizo para impulsarse hacia Sylphid, miro hacia atrás y contemplo como el cuerpo inerte de Troll era arrastrado por los vientos despiadados del espectro de basilisco y conducido a una dimensión donde lo único que llegaron fueron pedazos de su cuerpo ya que fue consumido por el veneno y cortado por las filosas corrientes de aire.

Aioros aún en el aire, reapareció una nueva flecha, la cual lanzo hacia Sylphid, pero la corriente venenosa detuvo la trayectoria de la flecha que fue conducida a la misma dimensión donde los restos de Iván descansaban.

-¡Impulso de luz de Quirón! – Las corrientes doradas chocaron verticalmente contra las horizontales de Sylphid, por unos segundos ambas ráfagas se empujaban entre sí provocando una mezcla entre los cosmos de ambos guerreros, pero la fuerza del ataque de Aioros comenzó a introducirse en la corriente venenosa del espectro de basilisco, hasta que el haz de luz dorada logro revertir la técnica de Sylphid, que comenzó a causar estragos en el cuerpo del espectro, que fue arrastrado sin misericordia hasta la misma dimensión donde su compañero había caído, teniendo el mismo fin que él.

Contemplo en silencio como la dimensión se fue cerrando, hasta que el lúgubre paisaje del inframundo regreso a la normalidad, aquella técnica utilizada por Sylphid capaz de abrir la otra dimensión le hizo pensar en Saga que tenía una técnica similar.

-"¿Qué estarás haciendo Saga? ¿Cómo irán las cosas en el santuario?" Tengo que apurarme a regresar. – Ya faltaba poco para llegar hasta donde Persefone les aguardaba.

Beso fielmente la mano de su amado, plantándole en el todo el amor y la pasión que sentía por el pelinegro que aún continuaba dormido, se elevo un poco sobre sus rodillas en las cuales estaba recargada y descubrió el pecho de Hades para notar la profunda herida que aun emanaba cosmos de Athena y que por ende estaba sellando su alma.

-Pronto Hades, volverás a reinar conmigo el inframundo. – Persefone cubrió con cuidado la herida del dios de los muertos y beso tiernamente la frente del oji negro, se incorporo aun sin soltar la mano de su esposo de entre las suyas. – Y cuando despiertes no quedara rastro de tus enemigos, eso lo juro.

Soltó a fuerzas la mano de su marido y se perdió entre las cortinas rojas de la habitación, sus pasos resonaron por el pasillo que conducía hasta la sala del trono donde Radamanthys y Triptolemos estarían aguardando por ella, elevo un poco más su cosmos dándole mayor fuerza a la barrera de energía que escondía todas las cosmo energías del inframundo a excepción de ella y sus súbditos que aun podían percibirla.

-Mi señora. – Mencionaron los dos al unisonoro hincándose sobre una rodilla y agachando el rostro en señal de una estricta disciplina. Si fuese Athena ya les hubiese dicho que se levantaran pero al ser ella, el hacer permanecer a sus espectros en esa posición era muestra clara de su mandato y de la fidelidad de sus jueces.

-Triptolemos, Radamanthys quiero que vayan a por ellos, les quiero con vida. – Se limito a lanzarles una mirada amenazadora por el rabillo del ojo antes de desaparecer tras las cortinas rojas que escondían los pasillos de Guidecca, se detuvo unos segundos al tiempo que su espalda aun tocaba las cortinas escarlatas de la sala del trono. - ¡Marchaos!

-Todo lo que he hecho es por ti Hades. – Persefone camino en silencio por el largo pasillo que llevaba a una de las habitaciones más alejadas del palacio, jugueteando un poco con su propio vestido negro que ondeaba sin parar una y otra vez, alzo su vista lentamente hacia la gran puerta de roble frente a ella, tomo la perilla y la giro despacio.

-Hola madre. – Saludo, se dejo caer en el frio piso, esparciendo su vestido alrededor de ella e hizo una reverencia hacia la deidad de la agricultura. Sin embargo la diosa Demeter ni siquiera le miro, continuo observando por la ventana de su prisión aquel paisaje desolador, muerto. – Aun sigues molesta. – Antes de ser una pregunta fue una afirmación por parte de la más joven.

Persefone alzo el rostro dignamente, fijando sus orbes en los de esmeraldas de su madre, se levanto del suelo despacio, permitiendo que la tela de su vestido resbalara delicadamente por su cuerpo. Se acerco unos cuantos pasos al ventanal donde su madre permanecía abstraída en sus propios pensamientos, observando el paisaje tan orgullosamente que parecía una estatua del más puro marfil.

-Si te molesta tanto la tierra infértil del inframundo puedes hacerla florecer. – Opino apaciguadoramente, colocando sus blanquecinas manos en la silla donde su madre se encontraba sentada.

-Todo lo que permanezca en este lugar está sentenciado a morir. – Condeno, a pesar del semblante calmado y tranquilo que se observaba en su faz, Persefone se percato de la molestia en la voz de la castaña, así que se alejo oportunamente de ella, ya que no tenía ninguna intención de pelear contra su propia madre, ella jamás seria su enemiga.

-¿Hasta yo estoy condenada a morir? – Tomo la perilla de la puerta dispuesta a abandonar la habitación cuando la voz de su madre llamándola la detuvo, se volteo hacia ella solo para encontrar como aquellos ojos verdes le miraban cargados de decepción.

-Tú comenzaste a marchitarte desde el día que llegaste al inframundo, Persefone. Tu destino es el mismo que el de cualquier flor en un clima desértico, en el infierno nada puede florecer, todo perece en este lugar, incluso un dios. – Demeter respiro profundamente y volvió su vista hacia el cristal de la ventana, encerrándose en sus propios pensamientos, como si su propia hija tan solo fuese un fantasma atrapado en aquel lugar, uno al que no valía la pena prestar atención, aun cuando la furia de este podía azotar la puerta de roble con fuerza al salir.

A las afueras del santuario griego, en un extremo de un frondoso bosque se alzaba silencioso y pacifico un antiguo y pequeño templo del cual nadie advertía ya su presencia, creado desde épocas milenarias para servir como alojamiento de otras divinidades aliadas de la diosa de la sabiduría. En este lugar existía un precioso templo escondido entre el follaje de los árboles y con una hermosa fuente en su centro.

-Hermana. – La voz tranquila de Zeus, hizo que Hestia volviese el rostro hacia él con una preciosa sonrisa en sus labios rosados.

-¿Ocurre algo Zeus? – La pelinegra se encontraba sentada sobre la fuente, removiendo en círculos el agua de la fuente con su mano, la cual hacia un relajante ruido.

-Él viene hacia aquí ¿Puedes percibirlo? – Zeus se acerco hasta ella y se sentó a su lado, fijando sus ojos zarcos en el bosque frente a ellos. A pesar de no tener sus energías al 100% aún podía percibir el cosmos de sus enemigos y en dado caso de enfrentarse a ellos poder defenderse dignamente.

-Claro que lo siento, pero ¿Acaso te preocupas de tus decisiones tomadas en el pasado? – La oji negro detuvo el movimiento continuo de su extremidad en el agua y le saco de esta, permitiendo que el agua dentro de la fuente retornase a la calma. – La sabiduría de los años te ha permitido observar el error que cometiste contra él ¿No es así?

-Robo el fuego divino del Olimpo, merecía un castigo. – Sentencio duramente Zeus, sin arrepentirse por completo del cruento castigo al que sometió a Prometeo y del que ahora, podía sentir el cosmos acercándose al santuario.

-No es el primero que se preocupa por un humano. – Hestia se levanto y paso repetidas veces sus tersas manos sobre su vestido verde ópalo acomodándolo a la perfección, entrelazo sus manos frente a su abdomen y miro en dirección a la que llegaría el titán. – Athena, Hércules, Apolo incluso han velado más de una vez por un humano a pesar de ir contra tus reglas; pero ellos no recibieron ningún castigo, pero el caso de Prometeo es diferente ¿Verdad?

-¿Qué quieres decir? – Zeus se coloco al lado de su hermana.

-Que el castigo de Prometeo no fue por ir en contra de ti o el Olimpo, fue porque él es un titán. – Afirmo sabiamente la pelinegra mirando por el rabillo del ojo a su hermano. – En esta nueva era Zeus, no podemos permitir que el odio entre generaciones sea un obstáculo para encontrar la paz. Ya me he cansado de que padres maten a sus hijos y que estos maten a sus progenitores. – Hestia endureció su mirada azabache por unos segundos para hacerle frente a la fiera mirada que los ojos de celestes de Zeus le estaban dirigiendo.

-Yo no le castigue por su raza, si no por su crimen. – Respondió molesto, Zeus giro su rostro hacia el frente y fue la primera vez desde la era del mito que sus ojos volvieron a ver los de Prometeo, aquel a quien condeno a sufrir un castigo penoso y miserable en el monte Cáucaso.

-Zeus. – Vocifero débilmente, aunque en su voz se distinguió la rabia y el odio hacia el rey de los dioses.

-Prometeo. – La actitud enorgullecida del dios del rayo, no hizo más que aumentar la furia del titán frente a él, que apretó sus puños al grado de reabrir las heridas en sus manos, haciendo que estas volviesen a sangrar. - ¿A qué has venido? –

-Vine solo para ayudar a Athena y a la humanidad, no tengo ninguna intención de ayudarles a que vuelvan seres como ustedes al poder, pues entre los titanes y los dioses no hay mucha diferencia; ambos resultan ser irracionales y avariciosos, no pueden ver más que por ustedes. – Prometeo apretó con fuerza la mandíbula y vio que sus palabras surtieron el efecto deseado en el gran dios del rayo.

-Ninguna excusa justificara a un ladrón y traidor. – Zeus escupió lleno de veneno. – Ni le eximirá de su crimen por el que debió cumplir con un castigo.

-Zeus – Hestia siseo lentamente, intentando controlar la ira de su hermano con solo llamarlo.

-Espera Hestia que aun no he terminado. – Zeus avanzo hasta Prometeo amenazantemente situándose frente a él. – Robaste al Olimpo y traicionaste a los tuyos, pero tu sacrificio valió la pena y no solo para los humanos, pues si no lo hubieras hecho tu, estoy seguro que Athena lo hubiese hecho y mi hija hubiese tenido que pasar por un tormento como él tuyo, indirectamente le ayudaste y es por ello que debo agradecértelo y pedirte una disculpa aunque sé que no reconfortara las heridas ni reparara ningún daño entre nosotros.

-Jamás creí escucharte decir eso. – Prometeo asintió con decisión y estiro una mano frente a él, la cual comenzó a resplandecer de un color dorado rojizo y el fuego divino reapareció, rodeando su mano y alumbrando el rostro del dios del rayo. – Diosa Hestia tómelo por favor.

-¿Qué pretendes que haga con el? – La pelinegra se acerco lentamente al titán y extendió sus manos para tomar el fuego eterno, tanto su rostro moreno claro como el de Zeus fue iluminado por el calor que hacía mucho tiempo que ninguno de los dos experimentaba.

-Usted es la diosa que da calor y vida a los hogares, los humanos necesitan volver a despertar o por el contrario perecerán. Hestia usted cuidaba del fuego sagrado antes de que yo lo robase, ahora vuelvo a entregárselo como planeaba hacerlo hace miles de años, con el solo objetivo de que ayude a la humanidad. – Prometeo dio un paso hacia atrás perdiendo la sensación en su cuerpo de aquel calor divino que se le hacía tan familiar. Pero el fuego comenzó a removerse intranquilo en las manos de la pelinegra hasta que una llamarada salió en dirección al titán, que alzo una de sus manos para protegerse, sin embargo el fuego no le quemo, por el contrario aquella flama se poso sobre su palma reconfortando su alma serena.

-Prometeo yo tan solo soy la persona que debe cuidar de el para que no se extinga, pero el fuego divino te ha escogido para que tu realices esa tarea, no yo, puesto que ha reconocido que tus intenciones siempre han sido buenas quiere permanecer una parte de él a tu cuidado mientras yo velare por la otra parte. – Hestia sonrió simpáticamente mientras su mirada azabache se posaban en los ojos heterocromicos del titán. – Ningún titán, dios o humano está predestinado a ser malvado, uno mismo es quien decide formar parte de la oscuridad o dejarse consumir por ella, pero tu Prometeo escogiste permanecer de parte de la luz y eso es lo que te hace más valioso de lo que tú mismo puedes imaginar.

Prometeo miro sorprendido a la deidad, puesto que jamás pensó que ella tuviese tanta vastedad de sabiduría aunque su alma fuese tan humilde y simple, un atributo que pocos dioses poseían y a pesar de encontrarse al lado del mismísimo Zeus, era la diosa Hestia quien le impresionaba y hacia que un escalofrió recorriese toda su columna vertebral.

En el pasado había oído hablar de la pelinegra en muy pocas ocasiones, pues muchos creían que el poder de Zeus, Poseidón o Hades era más importante que un carácter tranquilo y sabio como la diosa Hestia. Ella era la hija primogénita de Cronos y Rea y quien debía dirigir el Olimpo, sin embargo su carácter pacífico evito un nuevo conflicto y entrego su mando a su hermano menor. Las proezas de ella no se basaban en técnicas de ataque y defensa, su dominio iba más allá que la fuerza bruta, pues una vez concluida la titanomaquia fue cortejada por Poseidón y Apolo y para evitar un conflicto entre ambos dioses ella misma juro permanecer virgen y evitar una disputa entre olímpicos.

También había escuchado que ella contribuía al oráculo de Delfos y cuando el dios Dionisio fue admitido en el Olimpo, la pelinegra cedió su puesto en el consejo de los doce dioses al pelirrojo, a quien quería como a un hijo, dedicándose al completo cuidado del fuego sagrado del Olimpo hasta que él se lo robo y a pesar de ello la diosa le miraba con simpatía y caridad.

-Tengo algo más que advertirles. – El amor de aquella diosa fue el que le inspiro a confesar un secreto más de los titanes. – Si quieren liberar el alma de los dioses sellados, deben tener mucho cuidado, puesto que el Olimpo se ha tornado como el tártaro mismo, las criaturas de Rea abundan en ese lugar y Tea coloco trampas con las que podrá sellar el alma de un dios, con solo un impacto de su poder.

-Prometeo ¿Por qué nos dices esto? – Zeus miro al titán más joven que había retomado su serio semblante y les confesaba un grandioso secreto, pues si ellos liberaban el alma de los dioses atrapados la ventaja sobre los titanes seria notoria.

-Quiero ayudarles, puesto que esta guerra traerá cambios, deseo que la caridad… – Sus ojos se posaron sobre los de Hestia fijamente. – Y no el poder sea lo que reine en el Olimpo. – Esta vez su mirada se poso sobre Zeus. – El poder no trae nada consigo.

-No te preocupes. Esta vez será la justicia quien reine sobre los actos cometidos. – Las simples palabras de Zeus mostraron un cierto recelo a lo que vendría después de que acabase la batalla, pues hasta él mismo desconocía como se restablecería el equilibrio en el Olimpo, pero si él volvía al trono se aseguraría que se obrase con sabiduría.

-Eso espero. – Asintió. – En ese caso si planean liberar a los dioses recluidos, deben tener mucho cuidado, puesto que el Olimpo ya no es el hogar de los dioses si no su prisión. – Athena no debe arriesgarse a ir pues ella es quien le está haciendo frente a los titanes…

-Yo iré. – Zeus se acerco a Prometeo y poso una mano con firmeza en el hombro del titán, el que percibió este acto como parte de reconocimiento del parte del dios del rayo. – Prometeo espero que las asperezas entre tú y los dioses puedan olvidarse pronto y convivas con nosotros una vez que termines con tu tarea.

-Lo intentare. – Admitió, alzo su mano frente a él y las llamaradas del fuego eterno reaparecieron, esta vez brotando de su palma.

-En ese caso te ayudare con tu tarea. – Hestia sonrió a su lado, no deseaba darle prontitud al término de esa misión, si no ayudar a sanar el corazón del titán.

Sus alas de energía se despedazaron en el aire y la explosión de energía ocurrida cerca de ellos les hizo caer al suelo con fuerza, sus huesos se sintieron pulverizar ante el impacto contra el suelo y por unos segundos en el cielo del inframundo sobrevolaron gotas de sangre, mezcladas con pétalos de flores y las hermosas plumas de los ángeles se removieron con el cálido aire de la segunda prisión.

-Ody…sseus… - Thesseus se arrastro hasta el lado de su compañero que permanecía tirado boca abajo con una grave herida que atravesaba su estomago, parecía encontrarse inconsciente.

-No tenemos tiempo para jugar con ustedes. – Radamanthys aplasto la mano del rubio y la retorció contra el suelo sin piedad sintiendo como sus dedos se pulverizaban bajo la planta del espectro.

¿Cómo habían terminado en esa situación? ¿Cómo dos simples espectros les habían derrotado? Recordaba que cuando terminaron con la vida de Cerbero y Pharaon de esfinge, los dos jueces del inframundo se aparecieron frente a ellos y les atacaron sin ni siquiera revelar su identidad.

Tanto él como Odysseus les habían hecho frente durante horas por ello no habían podido alcanzar a su diosa ni a Icaro, sin embargo, la cantidad de cosmos y las técnicas de ataque de ambos espectros superaban por mucho a las técnicas de combate de los santos de bronce a quienes habían enfrentado antiguamente, por lo que cuando el cansancio comenzó a azotar sus cuerpos, ambos jueces se aprovecharon de la situación y les destrozaron sin piedad.

-Thesseus. – El pelinegro se levanto respirando con dificultad de su herida y formo una esfera violácea en su mano derecha, mientras con la izquierda materializaba una lanza de color plata, con la cual habían atacado a Seiya en el pasado. – No… moriremos en este lugar.

-¿Y quién ha dicho que les queremos muertos? – Radamanthys se acerco hasta él, disfrutando del tener a un ángel del Olimpo en esas condiciones tan penosas. –Vamos atácame. – Le reto.

Odysseus ignoro el mareo que sobrecogía a su cuerpo y la debilidad que se estaba apoderando de él por la pérdida de sangre, levanto su mano izquierda y la lanza en esta se rodeo de un aura purpura y la arrojo contra Radamanthys, quien aleteo poderosamente sus alas y freno la trayectoria del arma del ángel antes de que tocara su cuerpo.

-Esta vez es mi turno. – El espectro tomo el arma y la lanzo contra el pelinegro que interpuso la esfera morada de su mano izquierda la cual absorbió dentro de su luz purpurea destellante el arma por completo y luego volvió a salir por esta dirigida hacia el juez. – Es inútil entiéndelo. – Radamanthys se hizo hacia un lado permitiendo que la lanza pasase a un lado de su cabeza y fuese a impactarse contra el suelo. - ¡Rugido Deslizante!

Radamanthys dio un gran salto elevándose entre las alturas del cielo ennegrecido del inframundo para después iniciar un descenso a gran velocidad, pero que refreno con la ayuda de sus alas, para comenzar a planear en dirección hacia Odysseus, el ángel alzo su puño para alejarlo, pero el Wyvern le detuvo con su mano y con la otra lo tomo por el cuello, lo tumbo sobre su espaldas y lo arrastro con violencia contra el suelo mientras volaba, cuando le dejo en el suelo, coloco sus manos sobre el rostro del ángel y lanzo una explosión de su cosmos violeta que enterró al pelinegro en el suelo.

-¡Oddyseus! – El rubio se incorporo de nuevo, sus alas doradas aparecieron en su espalda, para después mostrar las hermosas plumas blanquecinas, se elevo en los aires con estas y desde la altura lanzo un potente fuego intenso que mando por el suelo a Radamanthys de la misma forma que este había hecho con su compañero. Pero pronto se dio cuenta de que su verdadero oponente no era el Wyvern si no el semidiós que permanecía inmutable frente a él.

-El verdadero fuego es el que arde en el inframundo. – Triptolemos elevo sus dos brazos al cielo, un haz rojizo se materializo entre ellas y se trasformo en fuego que comenzó a crecer de tamaño mientras su temperatura se elevaba. - ¡Arde! – La bola de fuego que se mantenía en manos del semidiós salió disparada hacia el ángel que interpuso sus manos intentando detener el ataque, su cuerpo comenzó a retroceder ante la descarga de poder y el equilibrio de aquel ataque comenzó a romperse para terminar explotándole en las manos, se vio lanzado por los aires, Triptolemos se teletransporto hasta donde la lanza de Odysseus permanecía enterrada la tomo con su mano izquierda y la arrojo hacia el rubio, que fue atravesado por esta.

Thesseus sintió como la sangre comenzó a acumularse en su boca, por lo que se vio obligado a escupirla, su vista se nublaba y apenas podía distinguir la figura del semidiós frente a él, utilizo el resto de su fuerza para arrancarse la lanza de su compañero del costado, pero un chorro de sangre salió expedido del sitio donde tenía la herida, un fuerte mareo le sobrevino, antes de que la oscuridad le envolviese por completo.

-Encárgate del otro, ellos dos no dan para más. – Ordeno Radamanthys a su compañero que le observaba con cierta inferioridad. – A estas alturas la diosa de la luna y el otro ángel estarán llegando a Caina y mi deber es estar en ese lugar.

-Bien, adelántate. – Triptolemos tomo el cuerpo de Odysseus y se lo hecho al hombro izquierdo mientras con su mano derecha cargaba a Thesseus por la cintura, manchando su kamui de la sangre de ambos ángeles. – Yo me encargare de terminar con lo que la reina Persefone nos ordeno.

-Me alegra de que hayas despertado amigo. – Afrodita se dejo caer con cierto alivio en la silla y se paso una mano sobre el rostro.

-Afrodita. – La voz del español a penas fue un susurro, se incorporo despacio y por inercia el español se llevo la mano izquierda al hombro derecho, palpandose con cuidado la herida, pero tuvo que alejar su mano debido al dolor que le provoco tan siquiera tocarla. - ¿Qué ocurrió?

-Shura, han pasado tantas cosas… - Afrodita, desvió la mirada hacia la ventana por unos segundos, fijando sus orbes celestes en las flores traídas por él. – Desde que el Keraunos te hirió en el monte Parnaso, las cosas han empeorado mucho.

-Cuéntamelo. – Shura se sentó en la cama, sintiendo un mareo sobrecogerlo, por lo que permaneció en esa posición por un tiempo, dispuesto a escuchar todo lo que su compañero tenia para decirle, sin embargo Afrodita se incorporo de la silla en la que se había dejado caer y camino hacia la puerta.

-Shura primero tienes que recuperarte por completo, la cura que te di solo ha evitado que mueras pero ya has comprobado por ti mismo que no has sido sanado por completo, cuando salgas del sanatorio ven a Piscis y te explicare todo. – Afrodita no espero ninguna contestación por parte del español, se dirigió a la puerta y la abrió, salió hacia el pasillo y vio recargada contra la pared a Geist que miraba el patio del sanatorio, aunque realmente su vista tan solo estaba perdida. – Geist puedes entrar.

La amazona asintió y observo como Afrodita pasaba a su lado sin ni siquiera mirarle de nuevo, por lo que la extraño aun más el comportamiento del santo dorado de piscis. Camino despacio de nuevo a la habitación de Shura, aunque su cuerpo pedía un descanso pues no se había apartado del lado del español desde hacía días, solo alejándose para asearse, traer algunas cosas para él y comer una pequeña porción.

Suspiro con cansancio frente a la puerta que Afrodita había cerrado al salir y giro lentamente la perilla, pero se detuvo a la mitad cuando escucho unos suaves pasos dentro de la habitación. Abrió los ojos con sorpresa y se alertaron todos sus sentidos, intentando captar cualquier movimiento, sonido, olor e incluso clavo su mirada zafiro en la madera de la puerta como si pudiese ver a atraves de ella. Esos pasos significaban todo para ella, podía ser que Shura hubiese despertado pero rápidamente otra idea le asalto a la mente y creyó que se trataría de un intruso que intentaría acabar con el español. Su corazón comenzó a latir enfurecidamente en su pecho que incluso podía sentir el palpitar de su pulso en la cabeza.

Deslizo la puerta con fuerza, sosteniendo la perilla aun entre sus manos y miro dentro de la habitación, en ese momento su corazón se detuvo por unos segundos y la sangre se le helo, al ver a Shura de pie, quedo en shock por unos segundos, sintiéndose tan tonta y feliz a la vez, sonrió levemente a pesar de que sus ojos se llenaron de lagrimas y le hicieron ver más borroso al decimo guardián de Athena.

-Shu…Shura. – Geist cayó de rodillas al suelo, ocultando con sus manos su rostro para impedirle al peliverde verla llorar, todo su cuerpo temblaba ligeramente ante la emoción que experimentaba, aunque sus sentimientos parecían un kaleidoscopio en su interior, la felicidad se mezclaba con la tristeza, la preocupación se unía al alivio y sus lagrimas reflejaban su alegría.

-Geist. – Sintió las manos del español, acariciar sus brazos con ternura al tiempo que se agachaba junto a ella. Se descubrió el rostro permitiéndole ver algunas lágrimas que aun salían de sus ojos zarcos y resbalaban hasta su mentón. – Tenia tanto miedo… no quería perderte. – Se abalanzo sobre Shura y le abrazo tiernamente, no le importaba verse débil en ese momento ni expresar lo que sentía con él.

Shura sonrió tristemente, al ver la preocupación que había causado en la amazona, asi que la rodeo entre sus brazos y la pego a su cuerpo, sintió como la guerrera sollozaba débilmente en su pecho sin aflojar su abrazo, acaricio con suavidad la larga cabellera ébano y planto un sutil beso sobre su cabeza.

-Geist, no pienso separarme de tu lado. – Shura la separo de él por los hombros y elevo el mentón de la joven con su dedo índice, limpio los rastros de lágrimas de las mejillas de la pelinegra con su dedo y planto un fino beso en los labios de ella. - Lamento haberte preocupado. – Shura la abrazo con fuerza y dejo que ella descansase sobre su pecho. – Sabes muy bien que nunca haría nada para lastimarte.

-Lo sé. – Suspiro aliviada, posando sus manos sobre el pecho del español y permitiendo que la sensación de tranquilidad y calma la rodeara por completo.

Ambos permanecieron abrazados durante varios minutos, de repente Shura sintió como el cuerpo de Geist comenzó a pesar más, volteo a verla solo para notar que la pelinegra se había quedado dormida, sonrió con ternura y la dejo descansar sobre él. – Muchas gracias Geist. – Susurro a su oído.

Acababan de dejar atrás la sexta prisión del inframundo, junto con sus tres valles; el primero era aquel donde todos aquellos que fueron violentos y abusaron de otros por medio de la violencia debían pagar, el segundo valle cubierto de un bosque infernal donde eran condenados todos los que se habían suicidado y el tercer valle donde se castigaba a los depravados sexuales, por todo el recorrido de la sexta prisión un rio de sangre se iba formando culminando en una gran cascada de este preciado liquido vital, alimentada por las lagrimas y la sangre de todos los difuntos.

Una vez bajo esta gran cascada que elevaba una densa bruma escarlata en su caída, se formaba un tranquilo rio carmesí que conducía hasta la séptima prisión del inframundo.

-Esta es la séptima prisión del inframundo. – La voz frívola de Artemisa hizo a Aldebarán girar su rostro y voltear hacia ella, aunque no podía demostrar sus sentimientos humanos frente a un dios que no fuese Athena debía reconocer que la diosa de la luna era hermosa y sin embargo no podía imaginar que fue lo que paso en el pasado de la rubia para que sus sentimientos se hubiesen apagado de aquella manera, sin embargo el hecho de que Icaro le acompañase a donde sea, le recordaba en cierto modo a Athena y Seiya.

-Es enorme. – Escucho vociferar a Icaro detrás de él, con cierta sorpresa. – Esos diez agujeros deben ser donde se castigan a los pecadores.

-Así es. – Refuto Artemisa arrugando el entrecejo con cierto desprecio, cometer un pecado y juzgar al criminal era demasiado fácil, pero sufrir aquellos castigos por toda la eternidad aún siendo un humano o dios era inmisericorde. Miro de reojo al santo de Tauro que se mantenía a su lado con una sonrisa y que ahora luchaba a su lado a pesar de que ella fue uno de los dioses que lo condeno en el pasado a la piedra sagrada. – Esas son las diez fosas de la séptima prisión la más grande del inframundo.

-Y pensar que a mi muerte iré a parar a un lugar de estos, es escalofriante. – Murmuro Touma con cierta melancolía.

-Eso no ocurrirá Icaro, no mientras yo viva. – Artemisa comenzó a caminar de nuevo para salir de aquella prisión dejando a atrás tanto Aldebarán como al pelirrojo que miraba impresionado a su diosa. –"Ya he perdido a demasiados humanos en mi vida, no quiero perderlo a él también"

-Vamos tras ella. – Menciono Icaro a su lado, Aldebarán asintió y le siguió a paso apresurado, volviendo a alcanzar a la deidad de la luna, en esta ocasión Touma iba por delante, después la deidad y al final Aldebarán cerrando el paso. – Sera mejor cruzar la prisión por arriba y evitarnos la vista a ese lugar. La octava prisión no debe estar muy lejos.

Aldebarán miro por unos segundos tras su espalda y pensó en sus dos compañeros, Mascara y Aioros ya habían tardado demasiado en alcanzarlos, aun cuando sus oponentes no significaban ningún peligro, volvió sus ojos hacia el frente y distinguió a lo lejos la punta de una construcción, esa debía ser territorio de la octava prisión y aquella edificación la primera esfera de las cuatro que conformaban la ultima prisión del inframundo. Pero aquella sería el primero lugar donde en verdad enfrentarían a un enemigo peligroso, pues la punta de mármol que alcanzaba a ver por encima de las montañas moradas del inframundo debía corresponder a la primera esfera que era el templo de Caina, donde Radamanthys de Wivern estaría esperándolos.

-Santo. – Aldebarán bajo la vista hasta Artemisa y noto que la deidad había disminuido la velocidad de sus pasos con la intención de que la alcanzase y fue lo que hizo, ella no le miro por el contrario continuo observando hacia el frente. – Un dios no está acostumbrado a disculparse aun con otro dios, mucho menos con un mortal. Pero si te sirve de algo, lamento haberte juzgado injustamente a ti y a tus compañeros.

Aldebarán sonrió dirigió su mirada hacia el frente con la intención de no perturbar o incomodar a la deidad, pero admitió que eso sería lo más cercano que estaria el comentario de la rubia para disculparse con él por el encierro en aquella piedra, donde su alma fue torturada junto a la de sus compañeros.

-Los dioses nos orgullecemos de nuestro poder, pero tememos a las fuerzas que pueden lograr alcanzarnos y por ende representan una amenaza para nosotros, por lo que se vuelve un objetivo el destruirlos. – Artemisa le miro por primera vez y clavo sus ojos mieles en él fríamente, Aldebarán hizo lo propio y distinguió en sus ojos una profunda melancolía tan parecido a cuando miraba fijamente a Saga o Shura.

-Si admite un consejo de un simple humano, cuando tenga miedo a algo, tan solo confié en quien la rodea no permitirá que la toquen. – Artemisa abrió sus labios para decir algo, sin embargo ninguna palabra salió por ellos, estaba impresionada de lo que había dicho el santo de tauro, así que volvió sus ojos hacia el frente y contemplo la espalda de Icaro, él la había detenido en la batalla contra Athena para que no se manchara las manos de sangre al asesinar a un mortal, aunque ella ya había cobrado la vida de uno en la época del mito, ella había asesinado a Orión. Pero gracias a Icaro evito que una vida más pesara en su conciencia y al mismo tiempo que la ira de la diosa de la guerra recayera sobre ella.

-¿Es por ello que Athena no teme atacar a ningún dios? ¿No es así? Siempre confía en ustedes. – Artemisa continúo caminando lentamente a su lado a medida que dejaban atrás alguna de las fosas de la séptima prisión. – La Athena que conocí en la época del mito, no confiaba en nadie.

-Las circunstancias que nos rodean es lo que nos hacen cambiar, me supongo que usted no siempre fue así. – Se atrevió a decir, espero un contestación agresiva por parte de la deidad, pero cuando la vio detenerse descubrió que había sobrepasado sus límites, pues debía de recordar que no era la joven Saori con quien hablaba.

-¿Qué tal que siempre he sido así santo? No tienes forma de saber como era antes, si ni siquiera me conoces. – Respondió duramente Artemisa, Icaro se detuvo y volvió sobre sus pasos, presintiendo que algo malo ocurría entre su diosa y el santo de Athena.

-Lo sé por la melancolía que noto en su mirada. – Artemisa abrió sus ojos con sorpresa y sintió como su piel se erizo por completo, se mantuvo estupefacta ante la revelación del brasileño, sus ojos se suavizaron y su labio inferior tembló ligeramente, sin poder formular una respuesta a la afirmación que se le hacía.

-¿Ocurre algo? – Icaro miro de su diosa al santo y de este a la deidad de la luna, que negó con delicadeza para ordenarle que siguieran caminando.

-¿Van a algún lado? – La estruendorosa risa que siguió a esas palabras hizo que el trió se detuviese y volteara hacia su interlocutor, que era un ostentoso gigante, de armadura rojiza y de una gran corpulencia.

-Icaro te encargo a Artemisa dentro de poco les alcanzare. – Aldebarán se interpuso entre el espectro y la diosa. Afilo su mirada analizando la armadura del gigante y distinguió que aquel sirviente de Hades es a quien Mu había enfrentado en la guerra santa.

-Aldebarán, apresúrate a acabar con él, pues me gustaría volver a platicar contigo, eres una compañía muy agradable. – Artemisa sonrió sinceramente por primera vez desde que habían comenzando aquel viaje y cuando miro que el rostro del santo le respondió, continuo su camino al lado de Icaro.

Artemisa continuo su camino al lado de su fiel guerrero, Icaro iba demasiado pensativo para su gusto, pero le dejo estar, pues sabía que el pelirrojo al ser el único humano entre sus guerreros no podía evitar preocuparse por sus dos compañeros.

-Touma, ten confianza en ellos, estarán bien. – Si para mejorar su forma de ser necesitaba confiar más en sus guerreros lo haría, estaba cansada de la soledad a la que ella misma se había recluido, siempre había estado rodeada de su familia y ahora de sus ángeles.

El pelirrojo asintió y continuaron con su viaje, faltaba poco para alcanzar los campos Elíseos, donde seguramente Persefone permanecería oculta. Los ojos azules del ángel analizaron como el clima del inframundo fue cambiando drásticamente, aquel calor que le sofocaba y le hacía arder se torno en una congelante helada que parecía quemar aun más que el fuego , la tierra cubierta por arena y rocas de aspecto marrón y moradas fueron sucedidas por macizos bloques de hielo y una densa capa de nieve.

-Este es el Cocito, la octava prisión del inframundo. – Le explico Artemisa con calma. – Es el infierno de hielo, en este lugar se castiga a los que alzaron la mano contra los dioses.

-Eso quiere decir que prácticamente todos los santos de Athena vienen a parar a este lugar. – Icaro alzo su mirada hacia el horizonte buscando en la lejanía el fin de aquella extensa capa de hielo y nieve sin embargo podía ver la unión entre el techo del inframundo y la tierra, pero no el fin de aquel infernal invierno.

-Así es, Hades construyo este lugar para condenar a todos los santos de Athena. – Artemisa hundió sus pies en la nieve que comenzó a descongelarse antes de que su sandalia tocase aunque fuera la capa blanquecina, dejando un perfecto camino de tierra tras ella. – Esta prisión se divide en cuatro esferas, tres de ellas pertenecen a los tres jueces del inframundo y la última es el templo donde Hades reina el inframundo en un cuerpo mortal.

Artemisa no se detuvo por un instante, anhelaba tanto como los santos de Athena acabar con la vida de Persefone y quitarse a una enemiga del camino, no tenía idea a si Anfitrite ni Athena habían acabado con sus respectivas misiones, pero ella deseaba terminar con la suya y volver a la superficie pues se asfixiaba en ese lugar sin vida, donde ni siquiera podía encontrar el consuelo al mirar su propio rastro ni apreciar el eterno manto celestial.

-Solo falta atravesar cuatro esferas y llegaremos a Elíseos. – Menciono para sí misma justo, cuando el templo de Caina se alzaba ostentoso frente a ellos y su guardián aparecía, mirándoles inmisericordemente.

-Soy el guardián de este templo, el juez del inframundo Radamanthys de Wyvern. – Y dicho este ataco sin piedad. Ya no había más simples espectros a los cuales enfrentar, por primera vez tenían a un admirable rival y un temible oponente.

La torre del meridiano alzada sobre un gran montículo de piedra y que figuraba el gran reloj de doce horas, representando a cada signo zodiacal guardaba en su interior a la sala del Chrysos Synagein, sus grandes puertas de mármol selladas con la sangre de Athena solo permitían la entrada a trece personas además de la misma diosa, estas eran el patriarca y los doce caballeros dorados, cualquier otro que intentase entrar en ese lugar, no podría debido a que el cosmos de la misma diosa y el de las doce constelaciones zodiacales les rechazaría.

En letras doradas sobre la puerta se escribía en un perfecto griego las palabras "Asamblea dorada" aquella reunión obligatoria para todos los santos de oro en caso de emergencia.

Esta sala era un gran espacio circular, sin paredes, pero limitada por numerosas columnas que elevaban el techo donde el reloj de fuego se encontraba. La elevación del recinto ofrecía una contemplación absoluta del resto del santuario. Doce columnas se reunían entorno al centro, dispuestas en un perfecto circulo, en su parte superior se erguían una estatua que representaba a cada signo del zodiaco, dispuestas a las agujas del reloj y en orden de acuerdo al lugar de los doce templos. En el centro de estas columnas estaba grabado el signo astrológico correspondiente de cada santo dorado.

Las sutiles pisadas de Afrodita resonaron en aquel lugar que no había sido pisado desde hacia tantos años, se permitió contemplarlo unos segundos en silencio, dejando que su mente vagara en el pasado; en aquel lugar Ares les había ordenado que fuesen tras de Aioros, a quien debían considerar un traidor.

Sacudió la cabeza para despejarse de esos pensamientos y se dirigió hacia su puesto, sintió como su cosmos comenzó a resonar con la estatua representante a su signo cuando se coloco bajo la columna doceava, sin ni siquiera representar un esfuerzo para él y la vio iluminarse de un haz dorado indicando la presencia del doceavo guardián en la sala.

Los siguientes en llegar fueron Shaka y Mu, los cuales apenas entraron se dirigieron hacia sus lugares, sin detenerse a pensar la última vez que se habían reunido en aquel lugar había sido para darle caza y asesinar a uno de los suyos.

-¿Creen que la torre del meridiano le permita la entrada a Kanon? – Afrodita no pudo guardarse su duda y la soltó al aire esperando que alguno de sus dos compañeros le respondiera.

-No lo sé. – Contesto Mu en un suspiro. - La torre de meridiano reconoce a doce caballeros dorados, no trece, aun cuando Kanon sea el santo dorado de géminis. – Los tres dirigieron su vista a la estatua representante al tercer signo la cual era la fusión de los dos hermanos Castor y Polux por el torso, que llevaban en sus manos una lira y una lanza.

-Pronto lo descubriremos. – Shaka miro hacia la puerta a pesar de tener los ojos cerrados, tanto como Mu y Afrodita lo hicieron pues en ese momento los cosmos de los gemelos ascendían por las escaleras.

La puerta se ilumino momentáneamente de una luz dorada e hizo un chirrido, mientras sus puertas se sacudían con impaciencia, cosa que no había hecho con ninguno de ellos tres, lo que indicaba que la puerta aceptaba a Saga pero rechazaba a Kanon, los tres intercambiaron una rápida mirada preocupada, pues si bien la orden había aceptado al gemelo menor, no podían ignorar las leyes regidas desde la antigüedad que le rechazaban a pesar de que la Athena de tiempos mitológicos había tenido dos guardianes de géminis.

La puerta chirrió una vez más con fuerza y la luz dorada se torno a azulada y se abrió de par en par permitiendo la entrada a ambos gemelos, Mu, Shaka y Afrodita miraron desentendidamente hacia otro lado como restándole importancia al asunto. Saga y Kanon caminaron uno al lado del otro clavando su mirada en sus compañeros que se limitaron a observarles cuando sintieron la mirada de los hermanos que se posicionaron en su lugar, cuando Saga se coloco bajo la terciaba columna la mitad correspondiente a la columna de Pólux se ilumino y la de Castor lo hizo cuando Kanon se coloco al lado su hermano.

-Buenos días. – Shura apareció vistiendo capricornio en la entrada, su rostro aun se veía algo demacrado pero tenía un semblante mucho mejor a cuando le vieron postrado en cama, sus ojos verdes contemplaron la sonrisa aliviada de sus compañeros al verle en aquel lugar, camino decidido hasta la decima columna la cual resplandeció al sentir a su guardián.

-Cabra. – Le llamo el gemelo menor. – ¿No te cuesta estar portando la armadura? Después de toda tu herida no se ha sanado por completo.

-Molesta un poco. – Admitió jovial el español. – Pero he de admitir que la siento mucho más liviana gracias a las reparaciones que Mu le hizo en mi ausencia.

-No fue nada. – Respondió el ariano. - ¿Has tratado de hacer Excalibur con tu brazo derecho?

-Aún no. – Admitió, Shura miro su brazo, a pesar de que la armadura dorada de capricornio ocultase su herida, podía sentir el hormigueo recorrerle por toda su extremidad superior y de vez en cuando una oleada de dolor se irradiaba desde su hombro a su mano y cuello.

-No debes presionarte, después de todo, aparentemente estamos en una tiempo fuera. – Contesto Saga.

-Yo digo que saliendo de aquí trates de hacerlo, debes de practicar antes de pelear. – Le animo Kanon despreocupadamente mirando con cierta rivalidad a Saga que lo fulmino con la mirada.

-La herida producida por el Keraunos no es algo que se debe de tomar a broma. – Esta vez fue el turno de Shaka de lanzarle una mirada amenazadora al gemelo menor, que se hizo el desentendido.

-Shaka tiene razón. – Le apoyo Afrodita.

-En parte Kanon también la tiene, no sabemos los efectos que haya tenido el rayo de Zeus en tu cosmos y en tu técnica, por lo que no estaría mal que a tu tiempo entrenaras. – Sugirió pacientemente Mu.

-Lo tomare en cuenta. – Shura sonrió melancólicamente, pues ni siquiera el mismo sabía que había repercusiones tendría su técnica ni su cosmos, el mismo notaba aun los síntomas de haber sido herido por el arma más mortal del Olimpo, pero en cierta parte se sentía aliviado de estar con vida y aún poder seguir peleando con su brazo izquierdo.

-En cualquier caso Shura, cuentas con nosotros. – Afirmo Saga, mirando directamente a los ojos a Shura, tenía tiempo que tenía guardada una larga conversación con el capricorniano y sabia que pronto llegaría la hora de hablar con él seriamente acerca de las circunstancias que habían arruinado su amistad y su futuro como santos dorados.

-Gracias. – Shura guardo silencio en compañía de sus hermanos de orden cuando sintieron el cosmos de Athena y del patriarca acercarse a la puerta principal de la sala.

-¡Shura! – Saori corrió hasta el santo de capricornio y le abrazo, sin ocultar la inmensa felicidad de encontrarle sano y a salvo de la herida mortal del keraunos, el español se ruborizo, sintiendo como la sangre le subía a la cabeza y respondió el abrazo de la deidad, pues aun no estaban acostumbrados a las muestras de afecto por parte de Athena. - ¡Estoy muy feliz de que te encuentres bien!

-Me alegra que te sientas mejor. – Athena se separo unos centímetros para dejar a Shion acercársele al español que se ruborizo aun más al sentir la mano del patriarca sobre su cabeza y despeinarlo juguetonamente, miro a sus compañeros que sonreían y a Kanon que se carcajeaba por verlo tan rojo como un tomate. – Sera mejor iniciar con la asamblea dorada.

-Sí. – Saori asintió de forma juguetona, haciendo que Shaka y Saga notaran la gran diferencia de la actitud de la diosa en el templo de Febe y la que ahora mostraba en el reloj de fuego, era mucho más relajada. La pelilila abrazo una vez más a Shura, antes de posicionarse al lugar que le correspondía en el centro de la sala. – Shura ¿Estas al tanto de la situación?

-Sí, Afrodita me ha puesto al tanto de todo. – Shura intercambio una mirada de agradecimiento al santo de Piscis, que había cumplido con su palabra de acuerdo a lo que habían hablado en el sanatorio del santuario.

-Entiendo. – Athena expreso una débil sonrisa al notar la unión que poco a poco comenzaba a formarse de nuevo entre sus santos a pesar que el futuro no auguraba nada bueno, ni podía garantizarles una vida a larga. – Me alegra verles a todos con bien y que hayan regresado de sus misiones a salvo, no saben el alivio que significa para mí el verles a salvo.

-No tiene por qué preocuparse princesa. – Afrodita tercio con suavidad.

-Todos ustedes a excepción de Shaka y Saga creen que el antiguo maestro de libra y Aioria murieron a manos de Cronos, pero cuando estuvimos en el templo de Febe, unos minutos antes de que la sellara, ellos dos aparecieron y nos atacaron… -

-¡Es imposible! – La alteración en la voz de Kanon hizo que su hermano le mirara de soslayo, indicándole con la mirada que se callara. Las expresiones de Mu, Afrodita y Shura tampoco se hicieron esperar, pues ninguno de ellos supo sobrellevar la noticia de una forma discreta.

-Cronos siempre ha tenido el deseo de sobreponerse a la voluntad de otros y para lograrlo, llevo al límite los cuerpos y el cosmos de Aioria y Dokho en el monte Parnaso, su objetivo no era matarlos, si no llevarlos hasta el borde de la muerte y ahí ejercer una poderosa presión sobre sus conciencia al grado que el pudo manipularlos, después debió sanar sus cuerpos y las armaduras doradas de leo y libra les rechazaron al sentir el aura oscura que les rodeaba por lo que volvieron al santuario. – Athena desvió su mirada hacia el horizonte donde apreciaba los doce templos, rebusco entre las escaleras la quinta y la séptima casa del zodiaco que se encontraban en penumbras.

-A los dioses les debe gustar que nos enfrentemos unos con otros. – Menciono con sarcasmo Afrodita, pero sin fingir una sonrisa de desdén que le provocaba los encontronazos entre santos dorados. Ares había enfrentado a Aioros y Shura provocando la muerte de uno de ellos y a Mascara de la muerte, contra el antiguo maestro de libra y posteriormente contra Mu y ni que decir de lo que había ocurrido en la guerra santa, que fue un literal todos contra todos indiscriminadamente.

-Aún cuando se que Cronos les está manipulando no puedo evitar sentirme feliz de saber que ellos están con vida. – Saori admitió débilmente sacando a todos de sus pensamientos y atrayendo de nuevo su atención. – Aunque me duele saber que sus almas están sufriendo.

-¿Hay alguna forma de hacerles reaccionar? - Shura intervino esta vez, preocupado por el hermano menor de Aioros. – Debe ser similar a la técnica del Satán imperial ¿No es así? – Shura miro hacia Saga que se removió incomodo en su lugar y se gano la vista de todos los presentes pues aquella técnica utilizada únicamente por los patriarcas había sido usada en Shura y Aioria en el pasado.

-El Satán imperial exige una víctima para que puedan recuperar la conciencia, sin embargo la técnica de Cronos va más allá y temo que hasta que no le derrotemos Aioria y Dokho no podrán librarse de su control. – Admitió con un gran pesar Saori. – Pero si ellos llegaran a atacarnos tenemos que responder es por ello que quiero que Shaka te quedes aquí esta vez para enfrentar a Aioria y en el caso de Dokho…

-Lo hare yo princesa. – La voz firme y llena de decisión del patriarca hizo a todos guardar silencio, incluso Athena se limito a mirarlo con una sonrisa triste en el rostro. – Dokho es mi amigo y es por ello que le conozco a la perfección, nadie más que yo puede pararle.

-Entiendo. – Asintió y regreso su vista hacia los doce templos, que se encontraban vacios porque en el caso de tauro, cáncer y sagitario sus guardianes permanecían en el infierno, mientras que la situación de acuario y escorpión era muy diferente. – Saga quiero que vayas al monte donde Ares ataco a Milo y Camus, aunque sus cosmos se hayan extinguido… - Evito a toda costa evitar decir la palabra muerte, pues aunque el destino de Dokho y Aioria hubiese sido diferente el de ambos peli azules no había sido así. – Saga, te suplico que vayas hasta ese lugar y averigües que ocurrió con las armaduras de escorpio y acuario, ya que estas no volvieron cuando… - Su voz se quebró por unos segundos, sintiendo un terrible ardor en la garganta que le impedía hablar, su vista se torno borrosa a causa de las lagrimas.

-Lo comprendo Athena. – Saga intervino a tiempo, pues había notado la expresión de dolor de su diosa. – Si me es posible tratare de traer sus cuerpos al santuario para darles una adecuada sepultura.

-Gracias. – Athena inhalo profundamente para calmarse y volvió a enfocarse en aquella junta. – Mu, Kanon ustedes irán al Olimpo, acompañaran a el dios Zeus, que intentara liberar los sellos impuestos en el alma de los dioses.

-Afrodita permanecerás en la casa de Aries cuando Mu se vaya con el objetivo de interponer a un caballero dorado en el ascenso a los doce templos, mientras Shura custodiara a Athena, haciendo un cambio de puesto cada 24 horas, en ese momento Shura cuidara de Aries y tu de nuestra diosa. – Shion que había permanecido en silencio hablo por primera vez, atrayendo la atención de capricornio y piscis. – Tal vez sus roles cambien cuando se integren los santos divinos y se han ellos quien cuiden a nuestra diosa mientras uno de ustedes pasara a cuidar a Tauro.

-Si gran patriarca. – Contestaron al unisonoro ambos guerreros.

-Solo quedan seis titanes y todo esto terminara. Solo seis. – Pero el haber sellado a seis titanes ya le había costado la vida de dos santos dorados y otros dos que habían sido manipulados por Cronos, no podía ser optimista cuando aquella guerra ya le había ocasionado bajas entre las filas elites de sus guerreros. Observo a detalle a cada uno, temiendo que aquella fuese la última vez que les vería, pues no se había podido despedir, ni reconfortar con una pisca de sus cosmos las heridas y el dolor por el que habían pasado Camus y Milo.

Introdujo el trapo marrón dentro del agua que había tomado del rio, permitió que cada fibra de aquella tela se impregnara del vital liquido y le exprimió con fuerza, para retirar el exceso, lo tendió sobre una mesa y se apoyo sobre sus rodillas, para quedar a la altura de aquel hombre, descubrió la herida del centro de su pecho, apreciando como esta se había abierto ligeramente, lo que la hizo fruncir el ceño.

-¿Qué significa eso Aldana? – La pelirroja que permanecía sentada del otro lado de la habitación la atravesó con curiosidad y se asomo sobre el pecho del guerrero solo para notar lo mismo que la peliazul. – No se supone que la diosa Ker, curo con su cosmos a estos guerreros.

-Ella debió hacerlo, pero al parecer tan solo salvo su vida y me ha dejado a mí la tarea de ayudar a sanar a sus cuerpos, pues su cosmos no es el de una diosa curativa, es una diosa guerrera y tan solo impidió que muriesen. – La peliazul, tomo el trapo que había dejado en la mesa y lo coloco en la herida, tallándola con suavidad para lavarla.

-Entonces ¿Crees que mueran? ¿Quién lo hará primero este o aquel? – Scatha apunto al otro peliazul de un aspecto de piel más bronceado, ya que Aldana estaba curando la piel del santo de tez más blanca. - ¿Crees que sean hermanos?

-Guarda silencio, por favor. – Le lanzo una mirada fiera a la pelirroja que tan solo rio divertida y se sentó en el piso de la habitación muy cercano a donde ella estaba trabajando.

-Me aburro sin hacer nada lo sabes. – Scatha se incorporo nerviosa y comenzó a caminar por la habitación como león enjaulado, lo que comenzó a estresarla.

-Por Ares. – Respondió con fastidio elevando sus ojos al techo de la habitación y resoplando con fuerza. – ¿Quieres hacer algo? ve por agua al rio, para que me ayudes a cambiarle los trapos a él, que la fiebre aun no ha cedido con nada.

-Está bien. – Tercio malhumorada la guerrera, abrió la puerta de la entrada con fuerza y la golpeo.

Rodo sus ojos mieles con indiferencia y suspiro con cansancio, su rostro lleno de fastidio rápidamente adopto un semblante serio y frio. Tomo una gasa cercana a ella y esparció por esta una medicina de aspecto rojo verdoso por ella y la coloco sobre la herida la cual volvió a vendar.

-Aldana. – Susurro despacio la pelirroja interrumpiendo en la habitación y dejando con fuerza el cubo con agua en el suelo, se giro hacia ella con fastidio dispuesta a reñirla pero al ver el rostro de la oji azul, supo que algo malo ocurría, así que se levanto al instante de su posición y se encamino hasta la puerta. – Es él, Ares esta aquí.

-¿Qué? ¿Pero cómo? – Aldana se apresuro rápidamente hasta la puerta de la entrada seguida de la guerrera que tomo sus armas de la mesa y desenvaino con su dedo pulgar un tramo de su espada. Interpuso su brazo para impedirle que hiciese una estupidez y se lanzara a luchar contra su dios. Sentía su corazón desbocarse y por unos segundos temió que Ares fuese a escucharlo, pues si él las atrapaba estaba segura que sufrirían los peores tormentos que al dios se le ocurriesen. Su cuerpo tembló ligeramente ante el pavor que le provoco verlo girar su rostro en dirección hacia la cabaña, pues en el mostraba una profunda cólera y cinismo que le hizo paralizarse.

-Aldana. – Susurro de nuevo la guerrera tras su espalda.

-Puede sentir nuestros cosmos, pero él no sabe que estamos exactamente aquí, ni siquiera puede vernos u oírnos. – Respondió en un débil murmullo, que silencio a un grito ahogado, nunca antes la crueldad de Ares la había aterrado, aunque claramente nunca la había dirigido contra ella.

-Hasta que sirve de algo tu barrera. –

Ignoro a la pelirroja por completo y observo atentamente los movimientos de Ares, clavaba su vista en cualquier recoveco o lugar, como si supiera exactamente que estaban ahí, alzaba los oídos como si intentase capturar hasta el ruido de sus respiraciones, mientras amacizaba el agarre al mango de su espada con fuerza.

-Se que están aquí. – Ares se agazapo como un depredador y giro su espada con fuerza destruyendo parte de la montaña tras ellas. – Y pronto las encontrare, la protección de Ker sobre ustedes se ha ido, yo mismo la asesine por ser una traidora.

-Maldito. – Scatha empuño su espada y estuvo a punto de desenvainarla de su funda si no fue porque la sacerdotisa le dio un manotazo en la mano. – Se está burlando de nosotras.

-Trata de provocarnos. – Susurro de nuevo, mirando con atención los movimientos del dios.

-Soy su dios principal, si me entregan a los santos, prometo perdonarla y hacer que su muerte sea rápida y sin dolor, pero si se rehúsan hacerlo sus cuerpos mortales experimentaran todo el dolor que pueda recorrer sus fibras nerviosas, al grado que las lleve hasta la locura y supliquen por su muerte. Ustedes han visto suplicar a muchos guerreros fuertes por una mano benevolente que les mate. – Ares miro justo en ese momento en dirección en la que estaban por lo que ambas contuvieron la respiración e incluso pareció que sus corazones dejaron de latir

Fue la primera vez que ambas intercambiaron una mirada llena de desesperación y confusión, no había nadie quien les ayudara, sus compañeros habían muerto luchando contra los guerreros de Athena, su diosa en las manos de su dios principal y ahora arriesgaban sus vidas por sus enemigos.

Aldana dudo de continuar con aquello, pues las imágenes de torturas propiciadas por Ares, daban una muerte llena de dolor y vergonzosa, para cualquiera fuese un héroe mitológico, semidiós, humano o un temible guerrero. Ares no conocía la clemencia, piedad, la benevolencia, ni mucho menos el perdón.

-Ni se te ocurra Aldana. Vamos a cumplir con esta misión, ya después nos preocuparemos por sobrevivir a esto. – Scatha guardo su espada templándose y la empujo dentro de la cabaña, para evitar que la peli azul continuara cayendo en la trampa del dios de la guerra.

-Las conozco a las dos, se les olvida quien las salvo de la muerte y las educo. – Scatha miro a Aldana directamente y negó con resignación. – Aldana tu no sirves para pelear, tu salvas vidas no las quitas ¿Crees que tendrás oportunidad contra mí?

Scatha la tomo por los hombros y la empujo dentro de la cabaña, cerrando la puerta, miro a la oji miel y le pego una cachetada para que reaccionara. – Tú misma lo has escuchado de sus labios, Aldana salvas vidas no las conduces a su muerte, así que entra y cura a esos, que si Ares se percata que estamos aquí yo me encargare de él.

-Scatha, sabes muy bien que no te dejare sola. –

-Eso dices ahora, ya veremos cuando te entre el miedo. – Menciono la pelirroja con burla.

Aldana volvió al cuarto y termino de vendar al primer joven mientras se dirigía hacia al segundo. En ese momento reparo que ni siquiera sabía sus nombres, pero por algún motivo Ares les quería muertos. Lo que le causo una profunda curiosidad.

-¿Qué han hecho estos hombres para despertar la ira de un dios como Ares? – Retiro los trapos calientes de la frente del más moreno de los peliazules y la cambio por trapos fríos, colocándolos en su frente, pecho, brazos, piernas y abdomen intentando disminuir la fiebre que azotaba su cuerpo. – Ares cree haberlos matado, pero tiene dudas del porque nuestra diosa nos ordeno sacarlos de ahí. No está seguro de haber segado su vida…

De repente la mano del santo la tomo con fuerza por la muñeca, impidiéndole retroceder o soltarse, la impresión que le causo este movimiento hizo que gritara débilmente, por lo que Scatha entro por la puerta con su espada desenvainada.

-¿Por qué has gritado? – Pregunto alarmada mirando en torno a la habitación.

-Él está despertando. – Admitió, intentando liberarse del agarre de la mano del santo, pero este no le soltó abrió lentamente sus ojos azules y los poso sobre ella.

-¿Por qué me estas ayudando? – Suspiro débilmente, pero su voz se entrecorto ante una punzada de dolor.

-Te estoy ayudando, eso es lo que importa. – Aldana zafó su mano con fuerza y se aparto unos cuantos pasos del guerrero que la vio con cierta precaución. Scatha guardo su espada en la vaina y se sentó en la cama del santo.

-¿Y bien? ¿Cómo te llamas? –

-Mi nombre es Milo de escorpión. –

Continuara…

Agradezco mucho sus comentarios, así que si gusta apoyarme con uno, les doy las gracias por adelantado.

Aclaraciones:

-Aparentemente Mascara de la muerte, es un gran dominador de la telequinesis, ya que proyecto su psicoquinesia a largo alcance, cuando lanzo a Sunrei por un acantilado o cuando lanzo a Shiryu contra las paredes y posiblemente tenga habilidades de teletransportacion al moverse entre los mundos de los vivos y los muertos y levitar. Aun así Mu y Shaka rifan en esto.

-Las técnicas que Aioros utilizo en este capítulo en realidad pertenecen a Sísifo de Sagitario del Lost Canvas pero me gusta que ambos utilicen las mismas técnicas.

Comentarios:

Carlos: Gracias por tu comentario y no desesperes Saga peleara pronto lo prometo.

Joana: Jajaja es que matar santos dorados me cuesta mucho trabajo jajaja me arrepiento de asesinarlos. Me alegra que el fin del 2015 la hayas pasado excelente.

Alhena: Gracias por tu comentario y créemelo que intento mejorar la historia y mi pésima gramática, pero sufro de algo parecido a la dislexia y muchas letras del abecedario se me confunden, por lo que reviso varias veces el capitulo para que salga lo mejor que puedo. Agradezco mucho tu corrección y si notas algún error dímelo que con gusto intentare corregirlo de verdad lo aprecio.

Beauty4ever: Lamento darte malas noticias.

NiKi1213: Espero jamás te: D me costaba mucho matar a Aioria y Dokho así que se me ocurrió esto y tada… más problemas jajaja. Pero te aseguro que las sorpresas continuaran.

Lady-Sailor: Jajaja lo lamento mucho pero el sufrimiento descansara en el siguiente capítulo, lo prometo.

Joha: Si no hagas nada precipitado jajaja antes de que termine la historia, espero que tu kokoro sane pronto pues esta vez te he regalado la vida de otros dos santos mas.

Gaby: Fíjate que he planeado cargarme a un bronceado, pero luego me imagino el desmadre que se haría y me arrepiento, aunque aún no ha salido esa opción de mis posibilidades. Espero que este capítulo te otorgue un respiro.

LadyMadalla-Selene: No fue idea tuya, jajaja quise que hubiese un atisbo de duda para este capítulo de que algo había entre Kanon y Thetis. Y obviamente el gemelo menor es el que rifa entre los generales marinos.

De hecho hay algunos dorados que me cuesta manejar y uno de ellos es Aldebaran, pero trato de no menospreciarlo como en las obras de Kuramada. Lamento mucho lo de Mu y Ker de verdad que me costo, asesinarla pero tenía que mostrar que Ares es un hijo de la…. Hasta con los suyos. Respecto a Athena ella es brava en mi serie no es la típica señorita en aprietos. Lo de los santos bronceados lo dudo pero si participaran en combate con ellos o formaran equipo.

Jajaja Aioria y Dokho creo que se aclaro en este cap. que pasó con ellos. Respecto a Omega creo que después de la saga de Hades, la serie perdió vida sin los santos y carismáticos santos de oro. Ya tenía que despertar mí querido Shura. Respecto al dúo dinamita, creo que ya sabes que estoy planeando en este capítulo y sobre parejas tengo tres doraditos en la mira para eso muajajajaja. Espero que te la hayas pasado excelente de vacaciones y que tus fiestas hayan sido alocadas y divertidas.

Persefone X: Lo siento por retrasar tus historia, lo lamento pero no podía esperar. Kanon es un santo completito ahora que va al Olimpo y me alegra que te haya gustado el Febe vs. Athena. Me pase con Mu, pero si gustas consolarlo jajaja no me opongo. Aioria y Dokho no lo hicieron por gusto.

Lasacari29: Gracias por seguir mi historia de verdad lo valoro ¿Sorprendida de mi benevolencia post navideña? Por el momento ningún gemelo morirá, aunque bueno Saga tiene cuentas pendientes con Ares y la ultima vez, tuvo que suicidarse para detenerlo jajaja. Mu en el próximo capítulo tendrá su estelar a ver qué tal le va. Gracias por tu comentario :D

503: Los trabajos de Shaka por el momento se limitara a contener a Aioria, que no es tarea fácil pues no puede matarlo pero tampoco dejarse matar. Respecto a Aioros jajaja de verdad que el va a cumplir uno de los suyos de su hermano menor ya sabrás cual es. Persefone realmente quiere a Mascara para Hades pues aportaría un súper beneficio a los espectros y por ende los jueces del inframundo han ayudado a la reina pues saben que la ventaja de tener a ese santo significaría el fin de Athena en la próxima guerra. Por el momento no hay un puesto vacante simplemente andan de vacaciones.

Artemiss90: Espero que te haya gustado este capítulo y que esperes las con ansias las cosas que se vienen. Te mando un fuerte abrazo y espero que estés excelente.

Kat-dreyar: Hola bienvenida a mi loco mundo. Me alegra que leas mi historia. Espero que te haya gustado el capitulo y veas que en mi vida mataría a ese dúo dinamita. Los titanes son cabro… pero eso no les quita lo inteligentes y no podían perder la oportunidad de usar a Aioria y Dokho. Ansió que tus traumas desaparezcan o al menos la mayoría con este capitulo.

Atte: ddmanzanita.