Capítulo 3

Cerró la puerta detrás de ella; colocó la chaqueta deportiva sobre el perchero y dejo caer la bolsa al suelo.

Lanzó las llaves lejos de su vista y dirigió su andar en dirección a la cocina. Respiró hondo por primera vez en todo el transcurso de la mañana, inhalando el aroma del café; se aseguró de preparar cuatro tazas, una extra por si la primera dosis de cafeína no era suficiente.

Se sentía exhausta, con el cuerpo magullado y las extremidades molidas. Había realizado una guardia de 72 horas, recluida en la intimidad del quirófano, realizando lo que más le apasionaba. No obstante, cualquiera perdería la cabeza tras la privación del sueño y las demandas del trabajo, pero ese no era su caso.

Alcanzó el paquete de pan tostado de la alacena y un aguacate fresco del refrigerador. Amaba su trabajo, en verdad lo hacía, disfrutaba la satisfacción que venía después de ayudar a una persona, o eventualmente de una cirugía. Precisamente, la noche anterior fue capaz de llevar a cabo un procedimiento complicado, el cual, a pesar del mal pronóstico resulto exitoso. Sin embargo, existía algo que ofuscaba la algarabía y el regocijo que resguardaba en su interior, o mejor dicho, alguien; Itachi era como una sombra que la hacía sentir incomoda, tensa, incluso intimidada. Ejercía presión sobre ella sin siquiera pensarlo o esforzarse en hacerlo.

Tener aquella mirada oscura sobre ella la mayor parte del tiempo resultaba agotador mentalmente. Temía arruinarlo todo frente a él, no porque deseara impresionarlo, sino por la rivalidad y el odio que se atribuyó el primer día. Sin duda alguna, desafiarlo había sido una de sus acciones más estúpidas. Ahora mismo se encontraba atrapada en una situación enredosa, de la cual difícilmente podría escapar.

Después de todo, Itachi se empeñaba en llevarla a todas las cirugías, pero aun así, mantenía su palabra y consideraba que era un cretino, no había poder humano que la hiciera cambiar de opinión.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos al tener atisbo de Tenten cerca de la puerta, acompañada de un apuesto joven. Lo recordaba a la perfecciónalo había visto antes en el apartamento, acompañaba a la castaña a casa cada vez que su trabajo se lo permitía, suponía que debía tratarse de alguna relación fugaz de su amiga. Desde la cocina, sometió al apuesto muchacho a un escrutinio extenso; era alto y gallardo, poseía la complexión de un guerrero griego, arropado por una pálida y tersa tez que contrastaba con su larga guedeja castaña y una hipnótica mirada argéntea. Se mantuvo en silencio, sabía que era una falta de respeto observar a las personas, pero no deseaba interrumpirlos, al menos alguien disfrutaba de su soltería, tal vez ella debería hacerlo.

Hacía tiempo que no llevaba a un hombre a su apartamento, tal vez un año o dos. Tanto Ino como Tenten coincidían sobre el origen de su mal humor, y se empeñaban en auxiliarla a conseguir un polvo de una noche, una relación sin compromisos, un verdadero dios del sexo que la arrancara de la monotonía y la sometiera a los deseos carnales.

Dio un respingo asustado al escuchar la puerta cerrarse.

— ¿Preparaste café extra?— dijo Tenten a modo de saludo, dirigiéndose a la cocina.

—Por supuesto.

—Eres un encanto— espetó, depositando un beso sobre su mejilla.

Inmediatamente se tornó para encararla.

—Si mal no recuerdo, mencionaste que nunca tendrías una relación con Hyūga Neji — dijo Sakura, arqueando una ceja en dirección a la castaña.

Sin preguntar, Tenten le sirvió café en su taza preferida. Con un gesto adusto, agradeció la obra caritativa del día, otorgándole el tiempo suficiente para responder.

—Todos pueden cambiar de opinión, sobre todo si se trata de alguien tan bueno en la cama como él— respondió, con una sonrisa pletórica decorando su linda faz.

Ambas se echaron a reír. Eran esos momentos los que la hacían olvidar sus penas.

— ¿De qué están hablando?— cuestionó Ino, ingresando al recinto. Acababa de despertar, era posible atisbar en su rostro que aún no estaba del todo presente.

—Neji pasó la noche aquí— dijo la pelirosa, extendiéndole la taza.

Aquellas palabras parecieron surtir efecto a la hora de disipar el sueño de la recién llegada. Tan rápido como Sakura mencionó el nombre del hombre en cuestión, los ojos de Ino se iluminaron.

— ¿Cuántas noches seguidas llevas haciendo esto?— preguntó en tono estridente, casi un alarido.

La castaña lanzó un suspiró, elevando las manos en un gesto de rendición. Sabía que no iba a escapar indemne del interrogatorio y lo mejor era hablar con la verdad.

—Llevamos un mes saliendo— confesó entre dientes, como si de un crimen se tratara.

— ¿Es oficial?— indagó la rubia, tratando de ocultar el entusiasmo en su voz.

—Creo que este es el indicado, chicas— dijo Tenten, encogiéndose de hombros.

Sakura esbozó una sonrisa. Nada le agradaba más que ver a sus amigas triunfar. El hecho de que Tenten hubiese encontrado al hombre apropiado la llenaba de algarabía, pero no podía evitar sentirse inquieta, aunque sabía que a lado de Neji estaría bien.

— ¿Cómo estuvo la guardia?— preguntó Ino, clavando la mirada inquisitiva sobre ella. —, pareces inquieta.

La pelirosa se encogió de hombros afirmativamente; Ino le estudió el rostro.

—Insufrible— catalogó, llevando la taza a la altura de sus labios.

Aun cuando trataba de desbancar a Uchiha Itachi de sus pensamientos, de una u otra forma terminaba apareciendo en algún momento del día. Juraría encontrarse al borde de la paranoia. Se había convertido en una adolescente al pensar en sin descanso.

— ¿Tu jefe?— preguntó.

Era un cuestionamiento sencillo. Volvió a encogerse de hombros, esta vez con una resignación implícita.

—¿Qué pasa con él?— cuestionó Tenten, apoyando un codo sobre la barra y una mano bajo la barbilla, inclinándose para llevar a cabo una disección sobre el antes mencionado—, no entiendo cómo puede molestarte estar cerca de un hombre tan apuesto.

Sakura rodó los ojos. No iba a negar que Itachi era bien parecido. Para ser honesta, pensaba que no existían palabras que se ajustaran a la magnificencia física del pelinegro. Comprendía porque las enfermeras pasaban el día suspirando por él, tratando de llamar su atención, al igual que otros médicos. No obstante, lo que ofuscaba a la pelirosa era su comportamiento, aquella forma de actuar tan aberrante.

—Ni siquiera su atractivo físico sería suficiente para sucumbir a él— dijo, arrugando la nariz. Había llegado a la conclusión de que ambos eran totalmente incompatibles, nunca iban a ser amigos. Los dos eran demasiado territoriales—.Es su actitud y altanería lo que detesto.

—Tal vez lo que te molesta no es su actitud, sino el hecho de que te recuerda a Sasuke— dijo. En definitiva, Ino era un prodigio al estudiar la conducta humana.

—Me siento exhausta, ¿podemos continuar con esta charla después?— cuestionó sin aguardar por una respuesta.

Ino y Tenten intercambiaron miradas, pero no dijeron nada al respecto.

— ¿Iras al karaoke con nosotras esta noche?— preguntó la castaña, obligando a la pelirosa a frenar el paso a escasos centímetros de su alcoba.

—Lo siento— respondió apenada—, debo acudir a un compromiso en la noche.

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Analizó cuidadosamente el estante atiborrado de libros en busca del tomo deseado. Su madre poseía una amplia y selectiva biblioteca privada de bibliografía médica. Recordaba que cuando era pequeña, acudía a ese recinto privado para tener atisbo del cuerpo humano, le gustaba leer con detenimiento las páginas plagadas de oraciones y palabras que iban lejos de su entendimiento.

Pasó el dedo índice por unos cuantos tomos, arrastrando algo de polvo en el proceso.

—Ya no te veo nunca— dijo Mebuki desde el sillón. Bebió un sorbo del Martini seco que había preparado en el momento de su arribo. Eran exactamente las 12.00 del mediodía y Sakura se preguntaba cuanto tiempo llevaba bebiendo.

Su madre tenía una vida complicada. Abandonó su hogar para mudarse a Konohagakure e ingresar a la universidad. Tan pronto puso un pie dentro de la facultad de medicina adquirió fama, era una prodigio, poseedora de una mente brillante. Escaló cada peldaño sin problema. A los treinta y cinco años era una de las cirujanas de renombre más solicitadas y reconocidas mundialmente. Sin embargo, Mebuki se caracterizaba por su profunda indecisión e impasividad. Decidida a conseguir un motivo al cual dedicar su vida entera se convirtió en madre a los treinta y siete años, era un riesgo, sin embargo, también era una bebé deseada. De su padre sabía muy poco, pero ella siempre decía que era un buen hombre, no estaba preparado para la paternidad, y nunca pretendió eso de él. Solo hizo su trabajo y se esfumo.

—No puedes culparme a mí— espetó Sakura sin mirarla—. Tu eres la que pasa todo el tiempo viajando.

—Es importante.

Mebuki era una mujer dura, estricta. De joven, había sido ardiente y bonita, una verdadera diosa. Le parecía una mujer fuerte y valiente. Sin embargo, Sakura detestaba escuchar las críticas constantes respecto al rumbo que adquirió en su vida, se excusaba diciendo que tenía el derecho de ser anticuada, pero solo espetaba ese tipo de cosas después del tercer trago.

Victoriosa, esbozó una ligera sonrisa al encontrar el objeto de su búsqueda. Sin más preámbulos, extrajo el libro, dejando un espacio vacío.

—Lo sé— replicó, descendiendo por la pequeña escalinata.

Acudía a visitarla muy pocas veces, sus horarios nunca coincidían, ambas pasaban la mayor parte del tiempo trabajando. Luego de verse obligada a retirarse como cirujana, Mebuki optó por dedicarse a la investigación, iba de un lado a otro siguiendo el rastro de los casos, dando conferencias en convenciones médicas y entrevistas en programas de renombre.

Un largo silencio se instaló entre las dos.

Sakura acortó la distancia que las separaba, dispuso el pesado tomo sobre la mesa de cristal y tomó asiento en el taburete frente al sillón aterciopelado donde reposaba su madre. La observo con detenimiento, sin decir una palabra. Sabía que estaba a punto de expresar algo que terminaría hiriéndola, pero estaba adquiriendo el valor necesario para hacerlo. Dio un largo tragó y colocó la copa vacía a un costado, sobre la mesita lateral.

— ¿Estas feliz con tu residencia en el hospital de Konohagakure?— por fin cuestionó.

—Si no lo estuviera ya me habría marchado a otro lugar— dijo a la defensiva, contemplándola fijamente a los ojos.

Atisbó como sus labios color carmín se tensaron hasta formar una delgada línea recta. Con el paso de los años, aprendió a reconocer todos y cada uno de sus gestos, en especial el de desaprobación.

—Me gustaría quedarme a charlar un rato, pero debo acompañar a Sasuke a una reunión— espetó Sakura, resuelta a evitar un inminente disgusto. Abandonó su asiento y tomó el libro, resguardándolo entre sus brazos.

—Por supuesto— dijo Mebuki, dedicándole una sonrisa burlona— ¿Acaso pretendes pasar el resto de tu vida a merced de los caprichos de ese chico?— indagó, tan mordaz como la mezcla de alcohol y descaro se lo permitían.

—No estoy a merced de Sasuke— rebatió, poniendo los ojos en blanco—.Antes de comprometernos éramos amigos. Sabes que existe un acuerdo prenupcial de por medio y no puedo ignorarlo.

—Y tú sabes que sacrifique todo por ti y me enfurece que te conformes tan fácilmente— reclamó.

—Lo siento— resopló, resignada—, supongo que no justifico mi existencia.

Nuevamente el mutismo reinó en el lugar. Sakura estaba acostumbrada a esas discusiones, eran constantes y agotadoras. Mebuki siempre se quejaba de lo que funcionaba mal en su vida, y al final terminaba convirtiéndolo en lo que funcionaba mal en la suya.

Cuando le contó lo de su compromiso con Sasuke, Mebuki desató un diluvio sobre ella sin avistamiento de claudicación cercana, remarcando él porque estaba cometiendo un error al aceptar casarse con él. Sakura escuchó atenta, siempre en silencio, de vez en cuando asentía y abría la boca para decir algo, pero terminaba lanzando un suspiro y conteniendo las lágrimas.

—Eres muy joven, Sakura. No puedes entregarle toda tu energía y pasión a ese hombre— dijo, con una profunda impasibilidad que a la pelirosa le pareció extraña—. Creo que es un error— finalizó.

Sakura respiró hondo. Dio media vuelta, manteniéndose de pie sin mover un musculo durante un minuto o más. Discretamente, secó las lágrimas que rodaban por sus mejillas con el dorso de su mano.

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Una corriente de aire gélido la recibió en la recepción del establecimiento. Era el comienzo del invierno, oscurecía temprano y hacia mucho frio.

Se reprimió en silencio ante la elección de vestido; no era feo, al contrario, le parecía exquisito, una pieza de tirantes cruzados, con una descarada abertura que dejaba al descubierto su espalda y un escote en v bajo; la falda se ajustaban fácilmente a su estrecha cintura y la tela se adhería a su cuerpo como una segunda piel. De todas las cualidades que poseía el atuendo, le encantaba el color carmín del mismo, el diseñador lo había bautizado con el nombre de "lipstick", inteligente, vivaz y definitivamente atrayente.

La velada llegaba a su fin, y poco a poco los invitados comenzaban a marcharse. Era una fiesta, simultáneamente perezosa e irritada. Una de esas reuniones en las que los presentes beben en exceso y hablan sin parar sobre sus opulentas vidas.

Estaba familiarizada con el ambiente. No era la primera vez que acompañaba a Sasuke a ese tipo de cenáculos exclusivos para la alta sociedad de Konohagakure. Desde el inicio de su relación, el azabache se había encargado de incluirla en su mundo, el cual, le parecía abrumador y mortalmente aburrido. No sabía cómo sobrevivía, sin embargo, con el paso de los años adquirió una especie de don o poder sobrenatural para sobrellevarlo; las mujeres se impresionaban con su buen gusto y juicio a la elección de vestido, charlaba con ellas sobre ejerció y moda, arte y sociedad, mientras el pelinegro hablaba de negocios y planes a futuro.

Se atrevía a apostar su vida en que nadie estaba al tanto de su ruptura con el azabache. Reconocía que ambos interpretaban a la perfección su papel, ella aparentaba ser la futura esposa del reconocido abogado, recientemente nombrado CEO de la empresa de su padre. Estaba plenamente consciente de que su presencia le tenía un peso a lado de Sasuke, ya fuese bueno o malo, el acudir a esas reuniones era positivo para la reputación del Uchiha, y posiblemente para ella.

Sin decir una palabra, Sasuke se aproximó uno de los valet, extendiendo la llave de su lujoso auto, el joven asintió en reconocimiento y se marchó en búsqueda del deportivo, a la par que ellos se situaban en la línea de espera, cerca de los demás invitados.

— ¡Sasuke, muchacho!— exclamó un hombre detrás de ellos, rebosante de entusiasmo.

Sakura rodó los ojos. Estaba exhausta, anhelaba recostarse en la cama y obtener, con suerte, cuatro horas de descanso. El pelinegro no dejo pasar desapercibido del gesto, presionó el puente de la nariz y lanzó un suspiro.

—Solo besare unos cuantos traseros más y podremos marcharnos— prometió en voz baja, con ese tono tan categórico que utilizaba cuando quería convencerla de algo determinante.

—No es necesario que me lleves a casa, puedo pedirle al portero que solicite un taxi— dijo, sin inmutarse a maquillar el hastió que sentía.

—Por supuesto que no— dijo Sasuke—, serán unos cuantos minutos.

Antes de que pudiera responder el pelinegro ya se había marchado. Conocía el cinismo de Sasuke, sabía que detestaba aquello tanto como ella.

Atisbó el lugar con la admitida apatía de quien ha contemplado sitios ostentosos demasiadas veces para impresionarse con la extravagancia del recinto. Más pronto que tarde, su atención se vio atraída por la presencia de una dama, la había contemplado con anterioridad, pero no podía recordar con exactitud dónde.

Iba ataviada con un vestido largo hasta los tobillos, escote en V, sostenido por dos tirantes finos, con un detalle fruncido en la parte delantera y una abertura alta en el muslo derecho; llevaba el cabello rojizo relamido en una elegante coleta baja, a la par que una discreta combinación de sombras acentuaba el color escarlata de sus ojos.

Apartó la mirada solo al percatarse que ella también la contemplaba. Apenada, recitó una maldición en voz baja, últimamente estaba adquiriendo actitudes de mal de gusto.

—Uzumaki Karin— se presentó, extendiendo la mano a manera de saludo. Dispuesta a corresponder, apartó los fanales esmeraldas del palmo, situándolos en su faz—. Sé quién eres, Sakura, la novia de Sasuke.

La pelirosa hilvano una sonrisa forzada. La gente continuaba refiriéndose a ella como una posesión del Uchiha.

—Algo parecido— dijo, entrelazando su mano con la de la pelirroja en un cordial saludo.

Inmediatamente recordó de quien se trataba; Karin trabajaba en la firma de Sasuke como una de las socias más ambiciosas de la asociación, especializada en derecho penal y derechos humanos. Tenía presente haberla contemplado en otras reuniones, y por supuesto, en la oficina del azabache.

— ¿Puedo hacerte una pregunta personal?— dijo de repente, sacando del bolso de mano una cajetilla de cigarrillos maltratada, llevando uno hasta sus labios.

—Por supuesto— accedió Sakura, implorando que el cuestionamiento no estuviese relacionado con Sasuke.

—Si su compromiso finalizó hace un año, ¿Por qué continuas acompañándolo?— indagó, encendiendo el cigarrillo.

Sakura sintió nauseas repentinas y como sus entrañas se removían ante el olor del tabaco. Entró en pánico, era la primera vez que alguien se atrevía a realizar un cuestionamiento respecto al estado de su relación.

Boicoteó la mirada inquisitiva de Karin, preguntándose por qué demonios Sasuke demoraba tanto. Echó un vistazo en dirección hacia donde había partido, esperando encontrar atisbo de él, no obstante, su corazón dio un vuelco al presenciar algo inesperado.

Oteó por el encima del hombro de Karin la escena, el pelinegro estaba acompañado por un hombre y una hermosa chica. El individuo, expresó una disculpa dejándolos solos; una vez que estuvo lejos de ellos, notó como la joven acunaba el rostro de Sasuke con total devoción; la mujer era bellísima, de cabellera oscura y ojos color perla, demasiado hermosa para ser de este mundo. El pelinegro tenía una predilección por las chicas bonitas, lo supo de la manera más desagradable.

Contuvo la respiración al contemplar como él correspondía el gesto, eventualmente, rompió todo mecanismo que estuviera conteniéndolo y la empujo delicadamente contra la pared, en la mitad del salón, en plena recepción, depositó un casto beso sobre sus labios.

La habitación comenzó a dar vueltas a su alrededor, no supo precisar si era por el alcohol consumido o la impresión. A pesar de no tener una relación, Sakura se sentía herida. Le parecía bueno tener un arma para escapar del maldito contrato prenupcial que había firmado luego de su compromiso.

—Eres demasiado bondadosa con él— dijo Karin, dedicándole una mirada compasiva.

—Para ser sincera contigo, ni siquiera yo lo sé— sonrió Sakura, distante, apartando los ojos del espectáculo.

—No tienes que pretender conmigo— masculló Karin en tono de complicidad, lanzando una bocanada de humo—. Todos en la oficina saben que Sasuke tiene una relación con Hinata Hyuga.

¿Lo saben?, se preguntó a si misma, mortificada.

— ¿Lo sabias?

—No, hasta este momento, pero tenía mis sospechas— replicó.

—Estás perdiendo tu tiempo, Sakura— dijo la pelirroja, lanzando la coletilla al suelo y extinguiendo la llamarada con la suela de su elegante zapato—, Sasuke no te merece.

Y tenía razón. Le sorprendía que su castigo fuera seguir conociendo al azabache. Había soportado tantas vejaciones en su relación que perdió la cuenta de las veces que lo perdonó, cegada con la promesa de un cambio repentino.

Abrió la boca para decir algo, pero sus palabras se vieron atropelladas con la sorpresiva llegada del azabache.

—Karin— dijo a modo de saludo, con displicencia.

—Puedes estar tranquilo, solo me aseguraba de hacerle compañía a tu linda novia— rebatió con cierta malicia, dedicándole una sonrisa burlona.

Sintió un escalofrió al notar la gélida mano del azabache presionada contra su espalda baja. Nada se le antojaba más que apartarlo de un golpe, mas no lo hizo, al contrario, mantuvo la compostura, tratando de lucir impasible.

A los pocos segundos arribó el valet con el coche de Karin.

—Fue agradable verte de nuevo, Sakura, deberíamos salir a tomar una copa— espetó, bordeando el auto hasta situarse en la puerta del piloto.

—Por supuesto— consintió Sakura.

Observó como la pelirroja ingresaba en su propio auto y ponía en marcha el motor.

Mientras caminaba al auto del pelinegro, una sensación de alivio se instaló en su pecho. Había encontrado la salida perfecta a esa situación, y Sasuke ni siquiera sabía que ella lo sabía.

Continuara

N/A: Espero que hayan pasado un feliz cierre de año y un excelente comienzo.

Es la primera actualización de este 2020. Debo admitir que me costó algo de trabajo comenzar a escribir este capítulo, pero todo salió de maravilla a mi parecer.

Centrándonos en la historia, considero estos primeros capítulos como introductorios. Al comenzar a escribir la historia, me pareció interesante otorgarle un contexto complicado a los protagonistas, por lo tanto, tienen un peso considerable en la historia.

A partir de este momento, comenzare a desarrollar la relación entre Sakura e Itachi, cabe mencionar que Sasuke es un elemento clave en la vida de ambos.

Muchísimas gracias por tomarse el tiempo para leer, y otros mil agradecimientos por dejar un review, su opinión es bastante importante para mí, me gusta saber que piensan respecto a la historia.

Sin nada más que añadir, esto es todo por el momento. Espero que el capítulo haya sido de su agrado. Les mando un fuerte abrazo y nos leemos hasta la próxima.