Oh mi dios acabo de caer en cuenta que ya tengo casi dos años con esta historia, comencé a escribirla en 7 de octubre del 2014 y estamos a 2016, solo queda agradecerle infinitamente a las personas que me han acompañado en esta historia.
Capitulo 26 Un paso adelante.
-Mi nombre es Milo de escorpión. – Observo atento a las dos jóvenes mujeres frente a él, la peli azul se alejo de él, guardando una prudente distancia pero pudo reparar en una especie de tatuaje que se vislumbraba por debajo de la manga de su muñeca, la otra de cabellos pelirrojos parecía ser un poco más extrovertida pero sus ojos azules parecían mirarlo con un dejo de desdén y enojo. - ¿Puedo saber sus nombres?
-Me llamo Scatha. – La pelirroja tendió su mano hacia él y pudo notar que ella también llevaba un tatuaje que sobresalía de una pulsara de cuero que llevaba atada a su mano izquierda.
-¿Y qué quiere decir tan peculiar nombre? – A pesar que el cuerpo le dolía terriblemente no pudo evitar sonreírle galantemente a la pelirroja que rápidamente giro su rostro hacia la otra joven que permanecía en silencio.
-Mi nombre es escoses y significa la que provoca temor. – Respondió confiada. – Su nombre es Aldana y es mi hermana menor.
-¿Qué? – Miro estupefacto de una a otra y es que le parecía ilógico que dos personas completamente diferentes físicamente compartieran la misma sangre y por tan solo unos segundos se pregunto si no eran hermanas por juramento y no por compartir padres, pero rápidamente pudo distinguir algunos rasgos parecidos en ellas, como la nariz y el tono de piel.
-Tu compañero esta aquí también. – Aldana musito quedamente haciéndose a un lado y permitiendo al escorpión dorado contemplar a Camus que se encontraba tendido en una cama al otro lado de la habitación.
-¡Camus! – Se intento incorporar de golpe, pero la mano de Scatha le empujo con fuerza de nuevo a la cama, tendiéndolo sobre esta.
-¡Tranquilo alacrán! – Cuando la pelirroja utilizo ese sobrenombre en su cabeza únicamente vino la imagen de Aioria provocándolo y él acordarse de uno de sus amigos le hizo expresar una triste sonrisa. – Tus heridas no han sanado.
-¿Qué le paso? – Observo directamente a Aldana, pues ella parecía la responsable de estarlos curando, la peli azul miro sobre su hombro a Camus y suspiro con cansancio.
-¿Qué es lo último que recuerdas Milo? – Aldana le dio la espalda por unos segundos y comenzó a recoger todos los vendajes y ungüentos que se habían esparcido por el suelo cuando el octavo guardián de Athena había recobrado la conciencia.
-Estaba luchando con Ares y Camus vino a ayudarme, pero… - Pudo recordar en su mente cada segundo antes de que su vista se nublara y su sangre ardiera en su interior, como el mismo fuego del infierno, pero aún en esos momentos su mejor amigo solo había sido herido dos veces por Ares. – Cam… - Le llamo despacio.
-¿Quieres saber que ocurrió? – Siseo tranquilamente Aldana con suavidad.
Se incorporo de la cama, esta vez deteniendo las manos de Scatha que intentaron volver a recostarlo, pero el dolor recorrió cada fibra de su cuerpo sin misericordia, pudo sentir como si Ares volviese a golpearlo y fue como si el aire de sus pulmones escapara, se tambaleo ante el sufrimiento de las heridas en su cuerpo, sin embargo continuo avanzando hacia la cama de su mejor amigo. No podía evitar sentirse responsable de las heridas que Camus tenía en su cuerpo y que ahora su vida dependiera de la fuerza que le quedaba para luchar.
-Tus heridas aun son graves Milo. – Aldana se acerco despacio hasta él e ilumino su mano. – Reconozco a la perfección las heridas causadas por Ares. – La peli azul se acerco al galo que aún permanecía inconsciente y descubrió el vendaje que hacía unos minutos ella misma había colocado. – Tu amigo solo presenta dos heridas, la primera es en el hombro derecho…
-Ares le atravesó con una lanza. – Respondió tranquilamente observando la piel amoratada del galo, mientras una profunda cicatriz de aspecto rojizo se había formado en el lugar.
-La segunda es la que más me preocupa. – Aldana arrisco sus mangas y Milo pudo notar aquel tatuaje en su muñeca era la forma de un casco griego el cual era atravesado justo por la mitad por una espada que en su empuñadura tenia la letra "A" en griego, la marca no iba más allá de 5 cm. y supuso que Scatha tendría la misma, sin embargo le causo una profunda extrañeza ver ese tatuaje como si ya la hubiese visto en otro lugar. – Ares ataco a su pecho con su propia espada rozando su corazón, lo cual es una herida letal aún para un santo.
-Camus… - Soltó un fuerte suspiro preocupado y no pudo evitar sentir la frustración que le provocaba ver a su amigo en ese estado, todo era su culpa, Ares iba a por él no por Camus, jamás debió permitirle ayudarle. Cerro su puño con impotencia, al grado que algunas que sus uñas se clavaron en su propia piel y pudo sentir como su palma se humedecía de su propia sangre.
-No tienes de que preocuparte, Aldana es excelente para curar cualquier herida. – Contesto desinteresada Scatha quien ya se había recostado en la cama de Milo.
-Aún no puedo hacer que su temperatura se eleve, pero… - Milo sonrió traviesamente, aguantándose a no decir todas las frases sucias que se le pasaron por la mente, pero algo en su rostro lo delato porque Aldana se sonrojo hasta los oídos. - ¡No… lo que yo quise decir es… es que el esta helado!
-Vale, no te preocupes. – Milo soltó una carcajada amable y le sonrió con ternura a la chica que miraba apenada hacia otro lado. – Camus maneja con su cosmos el hielo y siempre ha vivido a bajas temperaturas, así que no te esfuerces mucho en calentarlo. – Y volvió a reír.
-Eso explica porque su armadura está congelada. – Scatha le hizo volver la vista hacia ella, que estaba apuntando con su dedo índice al rincón de la habitación donde ambas armaduras doradas permanecían guardadas en sus cajas de pandora, la de escorpión emitió un ligero brillo en sincronía con su cosmos, pero la armadura de acuario estaba cubierta en toda su superficie por hielo.
-¿Qué significa esto? La armadura de acuario jamás se había congelado de esa forma… ¿Acaso Camus ha…? – Miro angustiado de la armadura hacia su amigo, sin comprender porque el mismo Camus había congelado su armadura. - ¿Has superado el cero absoluto y ni siquiera tu armadura pudo resistir tu técnica? Cam ¿Qué hiciste?
-La montaña estaba cubierta de hielo, incluso después de que sus cosmos descendieron al grado de dejarse de percibir. – Explico la peli azul, acercándose a su lado para contemplar las armaduras doradas. – Camus no corre peligro, la diosa Ker evito que murieran con su cosmos, sano las heridas más graves y los encomendó a nosotras, ella después enfrento a Ares y fue sellada por él y la titanide Rea.
-Al verificar que Ares aún continuaba con vida, Aldana puso una barrera para impedir que Ares u otros dioses pudiesen sentir sus cosmos o el de nosotras, incluso Athena y su ejército les creen muertos. – Scatha se incorporo de la cama y la pulsera de piel se desabrocho de su muñeca permitiéndole ver el mismo tatuaje que el de su hermana. – Por ello es que se encuentran vivos, sin la ayuda de la diosa Ker, tú y tu amigo estarían camino al Hades.
-Kokalo de Buhj… - Susurro aun con desconcierto observando el suelo con detenimiento donde se hallaba la pulsera de la pelirroja, mientas los recuerdos regresaban a su mente al pronunciar el nombre de uno de los berserkers de Ares a quien había asesinado en la invasión del santuario. Pudo visualizar el cuerpo inerte de Kokalo y su compañero cuando la aguja escarlata había llegado a la culminación de Antares, en aquel entonces aprecio en los brazos de ambos guerreros el mismo tatuaje que llevaban las dos hermanas. -¡Eso quiere decir que…! – El tatuaje…
-¿Qué has dicho? – Scatha avanzo la habitación en dos grandes zancadas y se coloco frente a él. - ¿Qué nombre has dicho?
-Ustedes dos sirven a Ares. – Milo sintió que la tensión de la habitación comenzó a aumentar y la mirada de ambas hermanas se posaban sobre él. Aldana retrocedió como si la hubiese herido un rayo, mientras su hermana acortaba amenazantemente el espacio entre ella y el escorpión dorado.
-¡Has dicho Kokalo de Buhj! ¡¿Cómo le conociste?! – Scatha tomo la empuñadura de su espada y se acerco a él amenazantemente. - ¡Vamos Milo de escorpio responde! – Gruño enfurecida. Milo observo que el aspecto bromista y conciliador de Scatha se había tornado violento y agresivo, de pronto encontró más parecido entre la guerrera y Aioria.
-Él fue uno de los guerreros de Ares que invadió el santuario y yo fui al santo dorado que enviaron para eliminarlo. – Admitió viendo fijamente los ojos azules de la pelirroja que parecían ya saber la respuesta mucho antes de que él confesara el destino de los berserkers que habían entrado al santuario. Ellas eran sirvientas de Ares y muy probablemente a los guerreros que asesino fuesen sus amigos y compañeros de equipo.
-¡Maldito, tu asesinaste a Kokalo y Ema! – No pudo evitar sonreír al recordar que se había burlado de Ema al ser un nombre de mujer a pesar que su portador fuera un hombre, pero esto provoco que Scatha lo malinterpretara y se enfureciera aún más.
Scatha desenfundo su espada y le apunto hacia el cuello, sus ojos azules parecían vacios y llenos de una sed de venganza impresionante y fue entonces que distinguió a una Berserker en su interior. Scatha empujo su espada contra su cuello pero esta fue detenida por una barrera celeste, mucho antes que le tocara si quiera.
-¡Aldana quita tu maldita barrera! – Ordeno furiosa, dando golpes inmisericordes en la barrera de su hermana que tan solo resplandecía ante cada impacto. - ¡Él mato a nuestros amigos y tu le defiendes! – Scatha golpeo con más fuerza el escudo de su hermana que continuaba repeliendo la fuerza de sus golpes.
-Puede que sea el asesino de nuestros compañeros y el responsable de que sellaran a nuestra diosa y sé que ello lo transforma en nuestro enemigo. Pero la diosa Ker ha decidido mantenerlos con vida y nuestra misión es hacerlo. Scatha esto es una guerra y Ares ha traicionado a los suyos, puede que nuestra vidas le pertenezcan pero al igual que la diosa Ker somos libres de forjar nuestro destino y Kokalo y Ema decidieron seguir a Ares y obtuvieron la consecuencia de sus actos. – Aldana miro el tatuaje sobre su muñeca y por unos minutos deseo que aquella marca nunca hubiese aparecido en su antebrazo. – Yo no pienso hacerlo, ni cobrare venganza de los partidarios de Ares.
-¡Maldición! – Scatha arrogo su espada con fuerza contra la pared de su hermana y salió furiosa de la habitación.
-Si de algo sirve, siento mucho haberlas afectado en esto. – Milo observo a la pelirroja salir de la cabaña y cerrar la puerta de un puñetazo.
-Lamento el comportamiento de mi hermana. – Aldana camino hasta una silla cercana a la cama de Camus y se dejo caer en esta. – No es un tatuaje, Milo… - Paso sus dedos sobre el casco griego y le tallo con fuerza. – Esta marca, apareció cuando tan solo era una niña, apenas y puedo recordar aquel día y significa que mi vida debía ser consagrada al servicio de Ares, no teníamos otra opción. Nacimos para servirle de la misma forma en que tú sigues a Athena.
-¿No hay alguna forma de liberarlas? – Milo se sentó sobre su cama, sintiendo la fatiga de su cuerpo y sin comprender aún si aquellas jóvenes eran sus enemigas o representaban la ayuda de un aliado en el ejército enemigo.
-Lo acabas de ver ¿No? Los ojos de Scatha reflejaron el espíritu de un Berserkers. Cualquiera que tenga esta marca está condenado para toda su vida, es como ser el recipiente de un dios; no importa tus sentimientos ni tus deseos estas condenado a obedecer la voluntad de un dios.
Aldana guardo un profundo silencio, sus ojos mieles estaban llenos de tristeza y una profunda soledad. No podía soportar seguir viendo a Ares causar tantos problemas, el ver a ese par de jóvenes enfrentando un destino parecido al que Saga había padecido le enfurecía, llego a maldecirse por no haber sido lo suficientemente fuerte para haber podido acabar con la vida de Ares, de otra forma nadie más tendría que sufrir por ese maldito dios.
-Milo… está despertando. – Aldana le saco de sus pensamientos, alzo la vista emocionado y pudo ver como Camus volvía a abrir los ojos.
…
-Hermano. – Hyperion salió de las penumbras de la habitación, sus ojos fueron los primeros que centellaron en la oscuridad, para después notarse su alta figura que avanzo por el largo pasillo hasta donde se encontraba un impetuoso comedor, donde Rea y Cronos se encontraban sentados uno frente al otro en compañía de Tea, Crio y Ceo que permanecían a sus lados.
-Hyperion me alegra volver a verte. – Menciono fríamente Rea, pero sus ojos mostraron el profundo amor que sentía al verle a salvo.
-Solo he venido a advertirte Cronos que Febe tenía razón, tus estúpidos muñecos aún no están completamente bajo tu poder. – Vocifero calmadamente, observando a detalle los movimientos de Cronos que tan solo alzo una ceja y le miro atentamente, invitándolo a continuar. – Atacaron a Athena y a sus santos, sin embargo podía sentir como ellos mismos trataban de resistirse a lanzar sus propios ataques e incluso disminuían la fuerza de su cosmos. Uno de ellos tuvo la posibilidad de asesinar a Athena, pero se limito a lanzarla contra el piso para alejarla de él, dándole tiempo al caballero de Virgo de intervenir y salvarla.
-Ya, me ocupare de ello. – Cronos agacho el rostro en señal de disculpa a sus hermanos, como si aquel fallo fuese una ofensa hacia ellos. – Hyperion te agradezco que me hayas informado acerca de esto y te aseguro que no volverá a ocurrir.
-Eso espero pues necesitare solo a uno de ellos. – Admitió el pelinegro. – Dudo que Athena acate las órdenes que le diste, resistirá a obedecerte.
-Ella sabrá, al final Athena es humana y hay más de una forma de dañarla. – Cronos materializo en la palma de su mano una esfera de fuego que giraba sobre su propio eje y expedía brazas incandescentes que se elevaban al cielo. – Porque si caemos hermanos, debemos de causar el mayor daño a la tierra, para que esta no pueda recuperarse en siglos.
-En ese caso, será bueno iniciar de una vez. – Rea sonrió cómplicemente a sus hermanos, que expresaron una misma sonrisa cargada de placer.
-Crio ve a liberar a los gigantes y los hecatónquiros. – Ordeno Cronos despreocupadamente. – Los humanos quieren alcanzar el cosmos de los dioses, veamos que tal les va con las criaturas mitológicas.
-Sera todo un placer. – Crio se incorporo de su silla, la cual hizo un chirrido al verse empujada por las piernas del titán, Hyperion se acerco al lugar que desocupaba su hermano al lado de Ceo y poso sobre el hombro de este su mano.
-Lamento no haber podido evitar que sellaran a Febe. - Apretó ligeramente el hombro en señal conciliadora a él.
-Athena no sabe que nos ha provocado directamente y juro que me las pagara. – Amenazo el titán que creo al Keraunos, cerro sus ojos ocultando su furia contenida, sin embargo el salón se vio iluminado por un magnánimo rayo que cayó en la cercanía, seguido de un poderoso estruendo que cimbro toda la estructura. Si la ira de un dios era temible, la de un titán lo era más.
…
Freno con sus dos manos el pie de Radamanthys que termino a escasos centímetros de su cara y le empujo de nuevo para alejarle de él con fuerza. Icaro miro cautelosamente al espectro que se mantenía con una sonrisa confiada, pero los ojos mieles del espectro de Wyvern le miraban con severidad, tanto que parecía como si tuviese a uno de los gemelos de géminis en frente.
-Diosa Artemisa por favor continúe, hemos llegado muy lejos para detenernos por algo insignificante, yo me encargare de él. – Los ojos mieles de Artemisa se mantuvieron fijos sobre los azules de Icaro.
-Es tan solo un espectro de Hades y sin embargo no deja de ser un humano. – Las frías palabras de Artemisa hicieron que el juez le mirara cargado de odio, pero la furia en su rostro fue sustituida por una débil sonrisa de burla, que tanto el ángel como la diosa de la luna pudieron apreciar. – Icaro tu eres diferente a cualquier humano, pues tus habilidades se acercaron a la de un dios y es por ello que eres el único ángel mortal que defiende al Olimpo.
Artemisa se giro despacio, no sin antes lanzarle una mirada preocupada a Icaro, que el ángel correspondió con un asentimiento. – Eres el único humano por el que me preocupo y sé que tu fuerza llega a los límites de un dios, sin embargo el espectro de Wyvern recibió todo el poder perteneciente a la titanide Tetis y es eso lo que me preocupa. Enfrentarías a un dios con facilidad pero aún titán es diferente; incluso yo cuando luche contra ella en el templo del Sol me fue difícil derrotarla… aún así debo confiar en ti ¿No es eso lo que Athena hace con sus santos?
Artemisa paso a un lado del espectro de Hades que ni siquiera se inmuto a mirarla ni una sola vez, simplemente la dejo pasar sin ninguna dificultad. Los ojos zarcos del ángel contemplaron como la melena rubia de su diosa ondeaba con el abrupto viento caluroso del infierno se introducía por las puertas de Caina, una vez que estas se cerraron Radamanthys volvió a atacarlo.
Radamanthys se elevo en el aire dispuesto a atacar al ángel desde las alturas, pero Icaro se adelanto a su ofensiva y apareció en su espalda dos alas luminosas, que lo impulsaron rápidamente a la misma altura del rubio, que retrocedió sorprendido para imponer una distancia entre el ángel y él.
-¿Creíste que eras el único que podía volar? – Un chasquido desgarrador se escucho entre las manos del pelirrojo y un destello violáceo apareció en su mano, múltiples rayos se repelían entre sí pero continuaban atrayéndose produciendo ruidos ensordecedores e iluminando la entrada a Caina.
Los rayos se entrelazaron entre ellos formando una fuerte columna y se dirigieron rasgando el aire hacia Radamanthys, que no tuvo oportunidad de esquivar la descarga eléctrica, que hizo que todos su músculos se tensaran y se contrajeran con brusquedad derribándolo al suelo, contorsionándose por la descarga pero apenas se hubo recobrado del impacto, Radamanthys se impulso con fuerza del suelo apoyando su mano en este y golpeo con su puño a Icaro en el rostro.
El golpe de Wyver le abrió la ceja y le proyecto hacia atrás golpeándose contra una de las paredes de piedra que protegían celosamente a la primer esfera, el impacto destruyo parte del muro que termino agrietándose y formando un grande boquete, se aferro con sus manos a las piedras y sin darle un tiempo de alivio a su cuerpo, se impulso con sus alas de nuevo, lanzo una poderosa descarga eléctrica hacia el rubio que las esquivo, sin ver que Icaro tenía toda las intenciones de que hiciese eso, se abalanzo hacia el espectro que aun continuaba esquivando los rayos pero que fue sorprendido por una bola de energía explosiva creada por el mismo ángel que detono al impactarse contra su costado.
Radamanthys sintió un terrible escozor en el costado, que rápidamente se transformo en un agudo dolor que le hizo descender a tierra, se llevo la mano al lugar del dolor y comprobó que la herida se encontraba a flor de piel, la sangre salía hirviendo de su cuerpo y resbalaba por un lado de su armadura, un par de gotas de sangre escaparon entre sus dedos y humedecieron la tierra bajo sus pies.
-Has cometido uno de tus peores errores ángel. – Radamanthys le contemplo de soslayo aun sintiendo el ardor en su costado, aleteo de nuevo con sus alas y quedo a la altura del pelirrojo, se abalanzo sobre él, alzo una mano para golpearlo, pero el ángel rápidamente lo detuvo, lo que no se espero fue que el rubio girase y le propinara una tremenda patada en la cara que lo estrello contra el suelo.
El impacto contra la tierra hizo que su espalda se arquease debido al golpe, algunos destellos de luz provenientes de sus alas se desprendieron y se transformaron en plumas blancas que ondearon unos segundos en el cielo para terminar desplomándose a un lado de él, intento reincorporarse, pero un abrupto chorro de agua le golpeo el pecho impidiéndole levantarse, la presión de agua ejercida sobre él, lastimaba su piel y le impedía respirar.
-¿Este es el poder de Tetis? – Touma, se incorporo sobre su codo e introdujo su mano izquierda en el chorro de agua que Radamanthys lanzaba contra él. – El agua conduce a la electricidad… - A pesar de que sus pulmones clamaban por oxigeno, se esforzó porque su brazo completo se introdujera en aquella corriente y cuando estuvo listo desplego una gran cantidad de su cosmos que no solo detuvo el flujo de aquel liquido cristalino si no que le contrarresto y golpeo directamente a Radamanthys.
Touma sonrió al ver como parte del sapuri del espectro se destruía, quebrándole un ala y haciendo que su cuerpo se contorneara a causa del dolor, los rugidos de odio que exclamaba el espectro era una muestra clara de la contracción a la que estaba siendo sometido sus músculos que se tensaban al grado que hacían que sus extremidades se contorsionaran de forma inmisericorde y que se desgarraran sus articulaciones.
-Puedes tener el cosmos de un titán bajo tu poder, pero tu cuerpo continua siendo humano. – Touma cerró su puño y comenzó a levantarse del suelo, para mirar con cierto desdén el cuerpo del juez que respiraba con dificultad. En ese momento el mismo se percato del error al que el se había sometido por años, pues el siempre creyó que olvidando sus sentimientos podría alcanzar el nivel de cosmos de un dios o incluso ser uno, pero en la batalla del cielo, pudo darse cuenta que esas emociones tan naturales para cualquier humano, eran las que impulsaban a Seiya en sus combates, lo que lo había transformado en el único ser humano capaz de golpear a un dios.
-No eres el único que puede lanzar ataques a la velocidad de la luz. – Radamanthys brinco para descender bruscamente, golpeando el suelo con su puño, que hizo que este comenzase a desquebrajarse y se creara una onda expansiva que elevo al oji azul en el aire, una vez que le vio, se impulso con su mano en el suelo para volver a quedar a la misma altura que Icaro, desplego varias lanzas luminosas celestes en su mano, las cuales arrojo contra el ángel.
Touma sintió como varias de aquellas lanzas de luz, atravesaron su pecho, un mareo le sobrecogió de golpe y se desplomo en el aire, pero antes de poder recobrarse de los ataques e incluso mucho antes de poder percibir el dolor de su cuerpo, Radamanthys le tomo por el rostro y estrello su cabeza contra el suelo. Después del golpe que le aturdió por completo y le nublo la vista, sintió como era lanzado, aunque no sabía ni siquiera en qué dirección iba, su cuerpo escarmentó la fuerza del choque contra una superficie solida que cayó sobre él.
-¿Acaso esta es la fuerza de un juez del infierno? – Todo en su mente se había teñido de una completa oscuridad y el dolor se había esfumado. –Incluso para alguien como Seiya o una caballero de oro, el pelear contra él seria todo un reto pero para mí…el vencerlo significa acercarme aun más al nivel de un dios, tal vez sobrepasarlo.
No supo cuanto tiempo permaneció sumido en la más profunda oscuridad de la inconsciencia, pero agradeció que sus sentidos se hubiesen adormecido a causa de los golpes. La ventaja que había tenido el juez sobre él radicaba en que una vez que Radamanthys comenzaba a atacar no les daba una tregua a sus enemigos ni siquiera para respirar mucho menos para recobrarse de un golpe. Sinceramente aquel juez era un ser despiadado y letal.
Sus orbes azules se abrieron lentamente, contemplo el piso por unos instantes, parpadeando un par de veces más mientras su conciencia regresaba a él. Se encontraba tendido boca abajo rodeado por un charco de sangre proveniente de el mismo y apenas se percato de ello cuando una terrible oleada de dolor le embargo por completo, la descarga del mismo fue tan intensa que se aferro a una piedra frente a él y la destrozo al apretarla.
-Creo que te sobrevalore, imagine que estarías al nivel de un patético santo dorado, pero te he derrotado sin dificultades. – Se regocijo el juez, acercándosele lentamente, hasta el límite donde terminaba el charco escarlata. – Ver la sangre de tu enemigo es señal de una orgullosa victoria pero ver la tuya es patético. Crees que por convivir con dioses te conviertes en uno, pero no dejas de ser un miserable e insignificante humano.
-Mira quién habla el que tiene el cosmos de un titán tras él. – Touma ignoro el dolor de su cuerpo, se aferro con fuerza al pie del espectro hasta que le derribo en el suelo, se levanto ondeando sus alas y le golpeo la mandíbula de un puñetazo lanzándolo contra unas columnas del templo de Caina. Cerró los ojos concentrando todo su cosmos en sus manos, provocando varios relámpagos de alta intensidad de color violáceo, que paralizaron al espectro, con tan solo rosarlo.
El aire chillo ante la brusca energía en las manos del ángel que este envío contra el juez; la descarga lo proyecto por los aires haciéndolo virar en todas direcciones con brusquedad y quemando su piel al tocarlo y provocando profundas heridas en su cuerpo. Radamanthys sintió como la descarga perdió impulso pero al contrario el poder de los rayos incremento, atravesándolo en múltiples zonas del cuerpo, provocando severas heridas, los relámpagos a su alrededor formaron un remolino, que le impacto sobre el suelo, para que después llovieran sobre él otra horda de rayos violetas.
Radamanthys golpeo el suelo sin piedad y un enorme boquete de sangre salió expedido de sus labios, el juez tembló compulsivamente ante el dolor, sin poder reprimir un grito de dolor, apoyo sus manos sobre la tierra morada del inframundo y la estrujo bajo sus manos, no permitiría que ni siquiera un ángel le golpeara de aquella forma, él se había jurado que no volvería a sufrir ninguna derrota ante ninguno de sus oponentes no importaba si este era un santo dorado o un ángel. Coloco su mano sobre su rodilla y se incorporo débilmente, tambaleándose hacia adelante y atrás debido a que sus propias piernas flaqueaban ante el dolor.
-Debo reconocer que tu fuerza es muy parecida a la de los santos de oro, sin embargo no permitiré que ningún individuo, pueda regocijarse con haberme golpeado, ¡Soy un juez del inframundo! ¡Ni siquiera un ser como tu podrá ganarme! – Radamanthys exploto su cosmos, que impacto directamente a la facha de Caina que se derrumbo ante la descarga de poder del juez. – Mi deber es frenarte en este lugar y créemelo que lo hare.
Icaro permaneció imperturbable a pesar de que sabía que el espectro estaba enfurecido, pero ambos eran guerreros de diferentes dioses y con distintos objetivos y ninguno de ellos sedería ante el otro tan fácilmente, Radamanthys ansiaba vencerlo para ir tras su diosa y con el poder de un olímpico más la diosa Persefone obtendría la fuerza necesaria para volver a despertar al rey del inframundo. Por su parte él tenía que acabar con el juez e ir tras su diosa para evitar que sus manos se mancharan de la sangre de uno de sus semejantes.
-No tengo intenciones de jugar contigo, te acabare de una buena vez. –
-Ni el mío es perder tiempo contigo. – Icaro se elevo de nueva cuenta en el aire, estiro su brazo derecho del que comenzaron a salir rayos violáceos, señal de que estaba concentrando todo su cosmos en aquel ataque.
-En ese caso veamos quien gana ¡Gran precaución! – Radamanthys extendió sus brazos a los lados, comenzó hacer arder todo el cosmos del que era poseedor, lo que provoco que una corriente de aire le rodease y la tierra bajo sus pies comenzara a agrietarse hasta el grado de ser separada del suelo y pulverizada por el poder de aquel ataque.
Junto sus manos, concentrando toda la energía acumulada entre ellas y libero su ataque en forma de onda expansiva, que se disperso en círculos concéntricos, los cuales comenzaron a extenderse a su alrededor destruyendo todo lo que golpeaban a su paso con facilidad.
Icaro se sorprendió de sentir la magnitud de aquel ataque que había derrotado a cinco santos dorados durante la guerra santa de Athena contra Hades y supo al instante que se equivoca, pues ahora Radamanthys tenía también el poder de un titán entre sus manos. Así que hizo arder todo el cosmos que le quedaba restante, a pesar de sentir como su cuerpo temblaba del dolor y sus heridas se abrían aun más y lanzo una nueva descarga eléctrica hacia el espectro.
La gran precaución de Radamanthys y su ataque en lugar de frenarse entre ellos pasaron sin ni siquiera tocarse, pues el objetivo de ambos era dañar al otro, no detener su ataque. Radamanthys fue golpeado de nueva cuenta por aquella descarga que le elevo en el aire, haciéndole virar con brutalidad y contorsionarse con fuerza, al grado de sentir que sus extremidades serian arrancadas, mientras sus músculos se estremecían sin piedad, tetanizandose ante el dolor.
Por su parte Icaro fue incapaz de esquivar el ataque supremo del espectro, las ondas expansivas violetas, golpearon su cuerpo haciendo múltiples explosiones al tocarlo, sus alas se vieron envueltas en aquella terrible oscuridad y se destruyeron, cayó al vacío, viendo como sus plumas se despedazaban en el aire y eran consumidas por el fuego, aquella técnica de destrucción masiva en lugar de disminuir en su potencia comenzaron a aumentar, golpeándolo de forma fulminante y devastadora pues cuando cayó al suelo, su cuerpo ya estaba recubierto de sangre y su conciencia comenzaba a nublarse.
La tierra a su lado comenzó a destruirse formando un grande boquete, mientras aquel destructor ataque continuaba arrasando con él, para ese entonces las heridas en su cuerpo eran múltiples y demasiado graves, miro a lo lejos como el juez del infierno escarmentaba el poder de su propia técnica y se precipitaba velozmente contra la tierra, el estruendo que hizo el cuerpo de Radamanthys cuando golpeo el suelo, lastimo sus propios oídos y elevo una nube de polvo que lo cubrió todo, llenando de oscuridad la prisión de Caina y consumiéndolo todo.
…
Caminaban entre las ruinas del coliseo, apreciando los montículos de lo que quedaba de aquella magnánima construcción que había observado silencioso durante siglos enteros, los entrenamientos, combates y nombramientos de cientos de santos al servicio de la deidad de la sabiduría; había percibido en sus arenas el coraje y valor de sus luchadores, el sudor y la sangre de sus guerreros y al final de aquellos arduos sacrificios un héroe se alzaba orgulloso mediante sus honorables esfuerzos y sacrificios.
Pero ahora toda aquella construcción permanecía en ruinas desde la batalla que había acontecido entre el caballero de Virgo y el dios Hermes, desde entonces algunas reconstrucciones se habían comenzado a efectuar, pero solo se habían trasladado los escombros hacia los límites del área del coliseo, liberando a la arena de los restos de aquel ostentoso estadio.
-Aun no me lo creo. – Canturreo Kanon sin ocultar la felicidad en su voz, lo que hizo a su gemelo voltear a verlo, pero solo obtuvo de respuesta una carcajada por parte del gemelo menor.
-¿A qué te refieres? – Acoto Afrodita mirando con cierta extrañeza al geminiano que le miro de soslayo con una media sonrisa.
-Que yo vaya a ir al Olimpo mientras Aioros está en el infierno ¿No lo creen? Es tan contradictorio. – Y volvió a reír.
-Bueno tan solo es para que lo conozcas no es que merezcas estar ahí. – Saga miro cómplicemente a Shura que sonrió de buena gana ante aquella respuesta.
-Al menos podemos alegrarnos de que nos hemos quitado un problema más del camino ¿No es así? – Kanon entrelazo sus manos por detrás de su cabeza y alzo sus ojos al cielo, que aquel día estaba completamente nublado, rebusco con su mirada el sol, sin embargo no pudo encontrarlo, tras aquel manto grisáceo. – Ahora cuando Cupido vuelva tan solo tendremos que decirle que Aioria no está muerto, sino que simplemente se cambio de bando.
-Eso no es bueno. – Refuto Mu, detrás de él.
-Pero tampoco es del todo malo. – Esta vez Afrodita estuvo de acuerdo con el geminiano menor, por lo que se gano una mirada recelosa por parte de Shaka, lo que le hizo sonreír, pues imaginaba que ya era un milagro que el caballero de Virgo les acompañase a entrenar, pero el que mostrase sus emociones con ellos debía ser una señal próxima al fin del mundo.
-No puedo creer que me hayan convencido de hacer esto. – Suspiro pesadamente Shura tratando de desviar la conversación.
-Vamos. – Kanon empujo a su gemelo, que iba a un lado del peli verde y le hecho a este el brazo a los hombros. – Solo queremos garantizar que podrás cuidar de Athena. – Se burlo.
-Deberías callarte, pues si Shura observa que su Excalibur del brazo derecho está bien serás el primero en quien la use. – Espeto Saga, observando de reojo las facies del capricorniano, que permaneció con la vista clavada en el coliseo.
-Aún puedo utilizar la de mi brazo izquierdo. – Shura volteo a ver a Kanon con una media sonrisa en sus labios, lo que hizo que el gemelo menor lo tomase juguetonamente de la cabeza aplicándole una llave y le despeinase amigablemente.
-¡Chicos! – Kanon soltó a Shura y todos se detuvieron para voltear a ver a Saori quien los había llamado y se acercaba a ellos corriendo a toda prisa, se detuvo exhausta cuando les alcanzo y se agacho recargándose en sus piernas mientras tomaba grandes bocanas de aire. – Que bueno que les alcance. – Suspiro pesadamente.
-¿Qué ocurre Athena? – Afrodita tendió su mano hacia ella, para ayudarla a levantarse.
-Quería acompañarlos. – Todos voltearon a verse entre sí, asombrados y sin saber que decir, si bien sabía que Saori pretendía acercárseles jamás creyeron que la deidad intentaría formar una relación más estrecha con ellos.
-Está bien. – Refuto Saga. – Justo ahorita Kanon se estaba ofreciendo como voluntario para ayudar en su entrenamiento a Shura ¿Verdad?
-¿Yo? – Espeto el menor, mirando asesinamente a su gemelo, mientras los demás sonreían cómplicemente.
-¿Acaso ya te dio miedo Kanon? – Afrodita disfruto del rostro de Kanon, que rápido se volvió más duro y negó profundamente.
-¡Jamás! ¡Andando cabra!– Kanon tomo por la muñeca a Shura y le jaloneo hasta la mitad de la arena, posicionándolo justo en el centro, brinco hacia atrás colocándose a una prudente distancia de él, mientras espero a que sus compañeros se acomodaran.
Afrodita y Mu permanecieron al lado de Athena sentándose sobre algunos de los escombros, Saga que tenía todas las intenciones de ver como su hermano frenaba la técnica del español se acerco un poco más quedándose de pie del otro lado de la arena y por su parte Shaka se recargo en una de las pocas columnas que continuaban de pie, recordando como había sido su pelea contra Hermes.
Saori, recorrió con sus ojos azules todo el coliseo y después sobre llevo su vista hacia el santuario contemplando la destrucción que hasta ahora había sido producto de la actual guerra que enfrentaban, sin embargo y a pesar de la desolación que estaban enfrentando, podía ver que algo positivo había resultado de aquello y era ver que las heridas que había dejado un tormentoso pasado en sus guerreros elite, comenzaban a sanar y que a medida que estas cerraban ella podía irse acercando a ellos, no como su diosa si no como una amiga.
-¿En qué piensa princesa? – La voz apacible de Mu, le hizo voltear a verlo, a penas iba a contestarle cuando ambos percibieron que Shura comenzaba a elevar su cosmos listo para iniciar.
-¿Listo Kanon? – La voz de Shura mostraba una cierta emoción, al sentir como su cosmos recorría cada parte de su cuerpo.
-¡Solo no vayas a salir corriendo! – Grito Saga desde el otro lado de la arena.
-Ni que fuera tú. – Gruño por lo bajo, agazapándose listo para recibir el ataque.
-¡Vamos Shura, tu puedes! – Saori lo grito a todo pulmón, lo que lastimo los oídos de Afrodita y Mu que voltearon a verse entre sí con una sonrisa cómplice e hizo a Shura ruborizarse por completo.
Shura sentía el nerviosismo recorrerle por completo, agacho la cabeza en señal de agradecimiento a Athena por su apoyo y volvió a concentrarse. Su cosmos ardía de la misma forma que lo había hecho durante años, su brazo derecho comenzó a ser rodeado por un halo verde y le presiono para darle rigidez y estabilidad a su ataque, cerró los ojos por unos segundos, permitiéndose percibir como su energía vital le recorría y se quemaba en su interior, deseosa por salir. Los volvió a abrir llenos de decisión y alzo su brazo hacia el cielo, listo para abrir la tierra en dos y cortar todo lo que se atravesase en su camino, en nombre de Athena.
-¡Excalibur! – Su brazo se cubrió de la aura verdosa que predecía a la espada sagrada, mientras en la punta de sus dedos salía un destello dorado, bajo su brazo con una firmeza impresionante y la tierra crujió bajo sus pies al ser partida, pero a penas en tan solo unos segundos lo peor sobrevino…
-¡Shura! -
Su cosmos comenzó a descontrolarse abruptamente lo que fue tan perceptible tanto para Athena como para sus compañeros, ya que al ocurrir esto no pudo controlar el poder de Excalibur que se partió en tres haces poderoso que rasgaron el suelo, dividiéndolo sin clemencia, Shura sintió como su propia espada retorno a él e hizo un profundo corte en su brazo, mientras la herida en su hombro derecho volvía a abrirse salpicando todo el suelo de sangre y haciéndolo doblarse del dolor, Shura cayó de rodillas al suelo, se llevo la mano izquierda a la herida para detener la profusa hemorragia, mientras el dolor le nublaba la vista y fue ahí donde advirtió el peligro que corrían sus compañeros.
-¡Athena cuidado! – Afrodita tomo a la deidad con fuerza y brinco alejándose del embate de la poderosa Excalibur de Shura que estuvo a escasos centímetros de golpearlos.
-¡Muro de Cristal! – La poderosa barrera de luz dorada se alzo a medias para detener el primer golpe del español, sin embargo el estruendo de este choque, le hizo a Mu darse cuenta de su error pues acababa de regresarle a Shura su propio ataque que volvía a la arena a toda velocidad. - ¡Shura cuidado!
-¡Otra dimensión! – Kanon quien había sido el cordero ofrecido para aquella técnica, se había quedado en medio de la arena completamente ileso, observando como el haz de luz de Shura se había desviado y dividido en tres, al romperse el equilibrio de Excalibur. Por lo que al ver que el ataque volvía a su dueño que desfallecía de nuevo, se interpuso entre aquella técnica para frenarla y hacerla desaparecer en aquel agujero.
¡Afrodita cuidado va de nuevo hacia ti! – Le alerto Saga al sueco, que recién había vuelto a tocar suelo aun con Athena en brazos, Saori se zafo de su agarre por lo que interrumpió que Afrodita esquivase aquel ataque, se volteo y estiro sus dos brazos para frenarla. - ¡Aléjate Afrodita!
¡Ya no hay tiempo! – El bello caballero de las flores, estiro sus brazos al frente y recibió entre sus manos el filo de Excalibur que le hizo retroceder y partió las palmas de sus manos haciendo un profundo corte entre ellas, tuvo que elevar su cosmos para detener el embate de aquella espada, mientras de sus palmas comenzaba a manar grandes cantidades de sangre.
¡Om! – Shaka se interpuso en el tercer haz de luz que continuaba destruyendo el suelo sin piedad y cortando fácilmente todo lo que estuviese a su alcance.
-¿Cabra como te sientes? – Kanon se agacho a un lado de Shura posando su mano sobre el hombro del español y notando como este hacia demasiada presión sobre su mano.
-No… puedo controlarme. – Suspiro Shura, Kanon pudo observar la enorme cantidad de sangre que estaba perdiendo Shura si continuaba así se desangraría, por lo que le intento ayudarlo a hacer presión sobre la herida pero Shura se reúso e incluso le empujo. – Si tocas mi brazo te cortaras, aún no he frenado a Excalibur.
-¿Qué? – Refuto con extrañeza, notando que la mano izquierda de Shura también estaba sangrando ante el filo de su espada derecha. – Shura pero qué diablos…
-Tengo que liberar la furia de Excalibur en otro lugar. – Shura se incorporo tambaleándose ante el esfuerzo e ignorando el dolor y el mareo que le sobrevino al ponerse de pie y miro a Kanon. – Cerciórate que Afrodita y Athena estén bien por favor y dales mi más sinceras disculpas. – Shura comenzó a correr a la velocidad de la luz alejándose de ellos sin importar el esfuerzo físico que estaba haciendo y el peligro al que estaba exponiendo su vida. – Me he jurado a mi mismo no volver a herir a un amigo, mucho menos a Athena y en estas instancias yo soy un peligro para ellos, ahora que Excalibur está desenvainada y ni siquiera yo la puedo contener, debo alejarme de ellos ya que lo mejor será que todo esto acabe de una buena vez…
…
-Elíseos… - Su voz tan solo fue un susurro que se propago por todo su alrededor, respiro aliviada al ver que el hermoso paisaje tras él temible infierno aún continuaba tal y como lo recordaba desde la era del mito, a penas y podía notar los cambios que habían ocurrido tras la batalla entre Athena y Hades. – La tierra eterna y pura que ha sido liberada del dolor y el sufrimiento de los territorios de Hades, aquí no existe la tristeza, el dolor, el conflicto ni el hambre. Esto es Eliseo y sin embargo la soledad de este lugar no dista mucho a la del mismo infierno.
Alzo sus ojos ámbar, para dejarlos recorrer con calma todo aquel precioso paraíso escondido tras la miseria del propio infierno, aquel lugar donde los templos de Hades y los dioses gemelos se alzaban orgullosos en medio de praderas llenas de flores, basta vegetación y hermosos y a perlados arroyos de la más pura agua.
Clavo su vista en el templo de Hades, pues era obvio que Persefone estaría escondiéndose en el interior de aquel lugar, donde seguramente también tendría cautiva a la diosa Demeter. Ilumino su dedo índice con un resplandor celeste y con este dibujo un arco celestial, para después aparecer entre el cuerpo y el hilo una flecha plateada, bañada con su cosmos zarco, le apunto directo hacia la mansión del rey del inframundo y desplego su ataque.
La flecha golpeo directamente el techo de la edificación, que provoco un enorme estallido de luz dorada, que termino por despedazarlo y dejar un enorme boquete en el templo de Hades. Agacho su arco y miro desilusionada, como el humo se dispersaba pero sin mostrar ningún rastro de Persefone.
-Tal parece que te has equivocado Artemisa. – Siseo una voz soberbia tras su espalda que soltó una pequeña risita traviesa.
-Tea. – Artemisa se giro hacia ella y fijo sus fríos ojos en la titanide, que sonreía ampliamente. -¿Dónde está Persefone?
-Ya te lo dije, te has equivocado. Persefone no se encuentra en elíseos si no en el inframundo y tu…tú has caído directamente en nuestra trampa. – Menciono la titanide.
-¿Qué? –
-Persefone sabía que ibas tras ella y es por ello que ideo esta trampa. Ella te ha entregado a los titanes, te ha entregado a mí y es por ello que yo acabare contigo. – Tea alzo su mano hacia los cielos de los campos elíseos y el cielo sobre ellas comenzó a oscurecerse, quedando todo en completas tinieblas.
-En ese caso primero acabare contigo y luego me desacere de ella. – Elevo su arco hacia los cielos y disparo una flecha plateada que golpeo la bóveda celestial de elíseos que de nuevo comenzó a iluminarse. – Recuérdalo bien Tea no enfrentas a un humano, estas frente a un dios.
-Excelente, no tardare en enviarte con tu adorado hermanito… - La peli verde se agazapo y apareció entre sus manos un abanico. – Espero que te guste jugar con el aire.
…
La séptima prisión del inframundo, yacía en un completo silencio mientras ambos gigantes se observaban fijamente. Aldebarán no pretendía perder mucho tiempo con aquel espectro, pues la corpulencia física de él, se asemejaba mucho a la suya sin embargo, había aprendido a no dejarse impresionar por el tamaño ni la fuerza pues esta eran pocas en comparación con el poder que podía crear con el cosmos.
-Escúchame bien espectro, no tengo intenciones de pelear contigo, no vale la pena que nos enfrentemos pues a estas alturas la diosa Artemisa estará llegando a Elíseos y tu reina caerá ante el poder de un olímpico. – Aldebarán se cruzo de brazos en su acostumbrada forma, mientras sus ojos se escondían bajo la sombra de su casco y expresaba una sonrisa confiada.
-Tauro, mi señora no se encuentra en Elíseos. – Menciono tranquilamente el espectro de armadura rojiza, sonriendo con sorna, mientras el suelo se resquebrajaba bajo sus pies. – Mi reina Persefone ha planeado a la perfección su derrota.
-¿Qué? – Sus ojos castaños se asomaron con sorpresa, mirando en dirección a donde se encontraba Guidecca eso quería decir que si bien aún faltaba derrotar a Radamanthys posiblemente la deidad de la luna hubiese continuado por ella misma y por ende todos ellos habían caído en la trampa de la reina del inframundo pero la pregunta no era ¿Qué? Si no más bien el porqué de toda aquella artimaña. ¿Por qué Persefone quería dejar escapar a la diosa Artemisa y quedarse en el inframundo? ¿Qué era lo que ocultaba?
-¿Sorprendido no es así? – Giganto ensancho aun más su sonrisa, mostrando la perspicacia que le había hecho merecedor de uno de los espectros en quien más confianza tenía el juez del inframundo Radamanthys de Wyvern. – Pero tú no pasaras más allá de esta prisión, santo.
Giganto se lanzo hacia él, corriendo a toda velocidad, por lo que adopto rápidamente su habitual forma para preparar su ofensiva y defensiva al mismo tiempo, separo las piernas levemente y empujo sus hombros hacia abajo dándole mayor fuerza a la tensión ejercida entre sus brazos cruzados dispuesto a resistir los ataques físicos que siempre resultaban fallidos cuando adoptaba esa posición.
-¡Grandes nudillos! – Giganto inserto un poderosísimo puñetazo directo entre el cruce de sus dos brazos, los cuales crujieron al sentir el impacto, no perdió su posición sin embargo el impacto del golpe, le lanzo por los aires, su espalda golpeo contra el firme suelo que sucumbió ante su peso y fue arrastrado por el golpe varios metros dejando tras él una nube de polvo.
Se incorporo despacio, sacudiendo su cabeza para quitar el aturdimiento y sintió como su brazo izquierdo que fue el que recibió la mayor fuerza del golpe crujió peligrosamente amenazando con fracturarse si volvía a recibir un golpe de aquellos, el dolor que recorrió sus extremidades las a acalambraron durante un tiempo e incluso tuvo dificultad para moverlas.
Giro sus muñecas en círculos e hizo diferentes movimientos para desentumir su cuerpo, lo que alivio un poco la pesadez que sentía en estas. Esa era la primera vez que alguien no solo rompía su defensa si no que lograba asestarle un golpe de tal magnitud con la capacidad de arrogarle sin piedad por los aires. Prácticamente si no hubiese estado en aquella posición posiblemente aquel golpe le hubiese causado una herida mortal.
-Bien eso no me lo esperaba. – Sonrió de medio lado, sin ocultar la molestia que le causaba haberse visto golpeado. – Ya he probado tu ataque, espero que puedas frenar el mío.
Aldebarán comenzó a elevar su cosmos, que le baño en un aura dorada e incluso hizo a la tierra a su alrededor temblar y resquebrajarse, formando innumerables gritas que sucumbían en pedazos, el cosmos dorado se reunió únicamente en su brazo derecho, haciéndole resplandecer.
-¡Puño de acero! – Aldebarán ni siquiera se acerco al espectro del ciclope, lanzo un puñetazo al aire con todo su cosmos condensado en el, que libero una potente energía, que creó una onda expansiva de destrucción masiva, que fue tan certero que envolvió al espectro en una luz dorada, que lo arrastro en una ola de destrucción, su sapuri fue desgarrado por completo y desprendido de su cuerpo, que rápidamente comenzó a emanar sangre para ser enterrado entre los escombros.
Aldebarán se acerco lentamente hacia su enemigo, al escuchar los quejidos de dolor que exclamaba y la dificultad que mostraba para respirar. El cuerpo de Giganto estaba enterrado entre pedazos de tierra y rocas, tan solo sobresalía su brazo derecho, una parte de su tórax y su cabeza, pero los moretones y la sangre se vislumbraban por todos estos lugares.
-Así… que esta es…es… - Giganto abrió varias veces la boca para inhalar aire, mientras su cuerpo temblaba trémulamente ante el dolor, pues el puño de acero de Aldebarán le había fracturado la mayoría de los huesos. – Es la fuerza de un santo dorado.
-Giganto. – Menciono por lo bajo Aldebarán viendo al espectro sufrir cada vez que su cuerpo pedía aire, pues el peso de aquellas rocas le estaban asfixiando, así que se acerco para liberarle de algunas de estas, mermando de esta forma su dolor ante la muerte.
-¿Qué… - Jadeo una vez más. - ¿Qué haces santo? – Aldebarán tomo entre sus poderosos puños una piedra la cual le doblaba la estatura y la retiro de aquel montículo. – Santo mi misión… no era asesinarte… yo… ¡Solo debía distraerte! – Giganto se zafo en un último esfuerzo de la prisión de aquellas rocas imponían ante él y le tomo con fuerza por las piernas aprisionándolo.
-Tu amabilidad es la que te ha puesto fin santo. – Aldebarán ni siquiera pudo alcanzarse a girarse para ver a su nuevo enemigo que se encontraba tras sus espaldas, cuando sintió como su cuerpo fue perforado múltiples veces, por aquel nuevo espectro.
Giganto había fallecido aun agarrando sus piernas con fuerza, un mareo le sobrevino, mientras su armadura era bañada de su propia sangre, la cual tuvo que escupir en grandes cantidades por la boca, se libero de las manos del espectro de ciclope planteándose hacerle frente al nuevo intruso, cuando el mismo ataque volvió a desgarrar sus carnes inmisericordemente y después sintió una terrible explosión ardiente que le golpeo en la espalda y le hizo perder la conciencia.
…
El peso de sus rodillas sobre la arena hizo que esta se hundiera, la sangre escurrió por toda su extremidad hasta formar un hilo de sangre que goteaba abundantemente sobre esta, tiñéndola de un color marrón. Respiro profundamente ignorando el agotamiento físico que sentía por la pérdida de sangre, pues el que recorría su alma era aún peor que este.
Jamás debió aceptar a probar de nuevo Excalibur, pues aún él se sentía inseguro, miro de reojo su brazo derecho que pulsaba ante el dolor. Sabía que su ataque había golpeado a Afrodita y estuvo a punto de volver a herir a Athena.
-Maldición. – Susurro con pesimismo, sentía como el poder de Excalibur estaba destrozando su mano izquierda, al punto que el filo de su brazo derecho destrozaba al izquierdo, en un intento desesperado por contenerlo, el dolor comenzó a agudizarse por lo que se vio obligado a liberar su propio ataque, alejo su mano izquierda y el haz verde se abrió paso entre la arena y avanzo hacia el mar, produciendo que este se separara cada vez que su espada salía despedida, lo que hacía que las aguas salinas se sacudieran con violencia y su oleaje aumentara.
Poco a poco la ferocidad de su técnica fue disminuyendo gradualmente, hasta que su cosmos volvió a la normalidad, resoplo cansado ante el esfuerzo físico que había realizado y miro el destrozo que había ocasionado en el lugar. Miro la arena lleno de frustración, arrugando el ceño y golpeo con su puño izquierdo la arena en repetidas ocasiones, haciendo que la herida en esta volviese a abrirse y cayeran cada vez más mayores cantidades de sangre, hasta que su furia mermo.
-¿Qué diablos me pasa? – Sus manos comenzaron a temblar frenéticamente, por lo que las elevo un poco y giro sus palmas hacia él, contemplando sus propias manos que estaban bañadas de sangre. – Siempre han estado así; yo que me creía el santo más fiel a Athena, solo me he cubierto las manos de la sangre de inocentes.
-¡Shura! – Alzo el rostro hacia el horizonte sin animarse a voltear hacia atrás, pero aquella era su voz, era la voz de su diosa. Se incorporo lentamente mirando la unión entre el mar y el cielo con una tristeza impresionante en su rostro, pero cuando se giro hacia Athena que venía acompañada de Saga, su rostro trasmuto y se puso serio. -¡Shura!
Saori no le dio importancia que su santo estuviese manchado de sangre, simplemente llego y le abrazo con fuerza, sorprendiendo al español, que arrugo el ceño lleno de confusión y a la vez de un profundo remordimiento. ¿Cómo era posible que su diosa continuase perdonándole el alzar su mano contra ella? ¿Con la misma arma que ella le entrego en la era mitológica a los santos de capricornio?
-Shura estaba tan preocupada por ti. – Sollozo la pelilila fundiendo sus lágrimas con la sangre del capricorniano.
-No se preocupe Athena estoy bien, pero ¿Usted como se encuentra? ¿No la he lastimado? – Shura la separo de él con cuidado y la observo rápidamente para asegurarse que su espada no hubiese herido a Saori y respiro aliviado al verla sana.
-¿Cómo puedes preocuparte por mi? Shura tus heridas son graves. – Athena tomo la mano izquierda del peli verde y paso las suyas por encima de estas rodeadas de su cosmos blanquecino. – Te juro que encontrare una forma de solucionar esto Shura. – La herida de su mano poco a poco fue cerrándose al igual que había ocurrido con la de Saga en el templo de Febe, pero cuando la deidad de la sabiduría la paso por su hombro, esta únicamente detuvo el sangrado. – Vamos Shura regresemos al santuario.
-Como usted ordene Athena. – Shura asintió levemente hasta que reparo en los ojos esmeraldas de Saga que le miraban atentamente, como si esperaran el momento en que cayera muerto en la arena debido a la severa hemorragia. Pero apenas dio el primer paso un fuerte mareo le sobrevino lo que le hizo frenarse de golpe, Athena le miro angustiada, pero pronto sintió la mano de Saga tomarle del brazo izquierdo y echárselo sobre los hombros mientras lo tomaba por el costado para ayudarlo a caminar.
Por primera vez desde hacía mucho tiempo los ojos verdes de ambos se miraron, aún en la batalla del santuario durante la guerra santa, habían acordado muchas cosas entre ellos y habían sobrellevado la misión a duras penas, pero siempre fue sin mirarse y no era que se guardaran algún tipo de rencor o recelo simplemente, ambos sentían una profunda tristeza al verse visto como el futuro que pudo haber sido esplendoroso y lleno de gloria de ambos se derrumbo.
-Shura ¿Cómo te sientes? – Saga le hablo por vía cosmos mientras Athena se adelantaba unos pasos más.
-Fatal, Saga yo… - Agacho el rostro. -¿Cómo está Afrodita?
-Ya sabes lo que dicen yerba mala nunca muere. - Bromeo Saga intentando levantarle el ánimo al decimo guardián pero aún pudo notar la melancolía en su mirada. – Él se encuentra bien.
-Anda Saga dímelo ya. – Shura volvió a mirarlo intensamente, esperando que el gemelo revelara, la razón por la que le miraba tan insistentemente.
-¿Por qué no pudiste controlar a Excalibur? – Shura suspiro pesadamente al escuchar a su compañero y volvió sus ojos verdes hacia Athena.
-No puedo dejar de mirar mi pasado y observar los errores que cometi.- Pues es que cada vez que el español usaba su técnica recordaba lo cerca que había estado de matar a Athena, de las veces que le había traicionado y sus manos recubiertas de la sangre de Aioros. –Dime Saga ¿Tu ya les has dejado atrás?
-Jamás podre hacerlo, destruí mi propio futuro y les arrastre a ti y Aioros conmigo, ¿Cómo podría olvidar algo como ello? – Saga suspiro cansado, sin embargo la melancolía de sus ojos esmeraldas comenzó a desaparecer para mostrarse un poco más comprensivo, casi como los de un hermano mayor al mirar al menor.
-Yo no te culpo de nada Saga, no eras tú, eso ha quedado muy claro pero…pero yo no dude ni siquiera en asesinar a Aioros ni tuve consideración por esa niña que apenas y gateaba, Saga ella era ¡Athena! – Shura desvió su mirada hacia la joven deidad que iba delante de ellos, por tan solo unos pasos y que de vez en cuando se volvía hacia ellos para dedicarles un mirada preocupada pero su rostro era adornado por una sonrisa tan cálida que mermaba parte de su dolor.
-No mientas Shura, yo pude verte sufrir por años, incluso ese día al darme la noticia, tus ojos mostraron todo el dolor que sentías, vi tus dudas sobre el acto que cometiste y pedias que Ares confirmara que no te habías equivocado, aunque sabias de sobra dentro de tu alma que esa noche no solo mataste a Aioros si no también una parte de ti, Shura. – Saga escucho un suspiro pesado y largo por parte del español que había ocultado sus ojos bajo su flequillo, para esconder su mirada lastimera.
-Yo… -
-Shura intentaste oponerte a Ares cuando descubriste la verdad y eso te costo aún más dolor, Ares pudo haberte matado aquel día, sin embargo uso el Satán Imperial en ti y modifico tus recuerdos y el sentido de justicia que tenias, intentaste hacer algo para redimirte en ese entonces e incluso intentaste hacer algo por mí. – Los últimos escalones para llegar a la casa de capricornio se alzaban ante ellos, pero Shura se sentía desfallecer, el esfuerzo físico más todas aquellas emociones y recuerdos que golpeaban su mente con una claridad sorprendente le sofocaban.
-Hemos llegado, iré por un poco de agua para lavarte las heridas. – La joven pelilila les sonrió a ambos y se alejo de ellos, no solo con la intención de ir por material para curar aún más las heridas del español si no otorgándoles privacidad entre ellos.
Saga atravesó la hilera de columnas de capricornio, si había dos lugares que conocía a la perfección a demás de géminis esa eran las casas de sagitario y capricornio, vio la gran puerta de roble pero observo como Shura miraba con fijeza la estatua de Athena entregando Excalibur al primer santo de capricornio. Empujo la puerta con suavidad y vio la habitación que él creía era la más impecable y ordenada estrictamente del santuario, incluso la cama se veía sin ningún dobles, sentó a Shura sobre esta y le ayudo a quitarse la armadura.
-Hace un momento me preguntaste como puedo dejar mis errores en el pasado, sinceramente jamás podre hacerlo Shura, pero si me quedo en ellos jamás podre construir un futuro. – El gemelo mayor desprendió la hombrera derecha de capricornio y vio la terrible herida del keraunos.
-Saga… es que yo… -
-Sabes bien que Aioros te diría lo mismo, he incluso te golpearía porque no has pasado pagina. – Le regaño Saga, el peli verde desvió el rostro de nuevo en dirección hacia la sala de batallas de capricornio.
-Es que mi mayor miedo es herirla a ella, en la guerra santa no sé cómo pude contenerme y decir que iba tras su cabeza, Saga mi vida se ha reducido a tan solo pensar que jamás podre protegerla, nunca seré él santo que ella espera de mi. – Shura miro su brazo derecho aún cubierto de sangre marrón pues comenzaba a secarse. –No merezco su perdón.
-Tienes razón. – Menciono duramente el gemelo mayor, recargándose en la pared frente a él y cruzándose de brazos. – Si no eres capaz de volver a encontrar la justicia y el valor con el solías distinguirte, no podrás protegerla, pues no serás capaz de dominar de nuevo a Excalibur. Shura esta guerra aún no termina y Athena aún corre peligro, ya no hay tiempo para lamentarnos por el pasado.
-Saga. – Shura alzo sus ojos verdes que chocaron contra los del gemelo, que le miraban entre una mezcla de sinceridad y comprensión, ambos habían recorrido juntos el camino de la traición desde la muerte de Shion y a pesar de que no estuvieron para darse la mano cuando más lo necesitaron, ambos congeniaban a la perfección en el camino de dolor y sufrimiento que se cernía sobre ellos y les envolvía en la sombra del pasado.
-Hace muchos años, anhelabas poder preguntarle a Athena sobre aquel día, hoy ella está aquí Shura, esta es tu oportunidad. – Saga se acerco a él, sentándose a su lado y puso su mano sobre su hombro, recordando como la diosa había sido una parte crucial para poder continuar con su vida a pesar de sus imperdonables pecados. – Lamento haberos arrastrado conmigo en esto y que ahora sufras por mi Shura.
-Ya te lo dije, tú no fuiste Saga, no eras consciente de tus actos. – Respondió conciliadoramente el español a su lado y tomo la mano de su amigo, estrechándola con fuerza. – Supongo que en las buenas y en las malas siempre nos hemos acompañado. – Rio débilmente ante la ironía de la vida y miro a su compañero a su lado también reírse.
-Veo que ya te sientes mejor Shura. – Susurro débilmente Athena entrando a la habitación con un cubo de agua entre sus manos y algunas gasas, que deposito con suavidad sobre el escritorio que estaba frente a la cama del capricorniano. – Saben esta es la primera vez que entro a la parte privada de un templo.
-Siempre hay una primera vez Athena. – Saga se incorporo e hizo una rápida reverencia hacia su diosa. – Athena me dirijo de inmediato hacia las montañas del norte para investigar el paradero de las armaduras de escorpio y acuario.
-En ese caso Saga espero que Nike ilumine tu camino y regreses con bien. – Suspiro débilmente la deidad, dándole un pequeño abrazo de despedida.
-Ve con cuidado Saga. – Le sugirió Shura mirando con emoción al gemelo mayor. – No tienes por qué preocuparte Saga, te aseguro que volveré a controlar a Excalibur.
-Eso espero. – Saga abandono la habitación y a los pocos minutos, Shura pudo sentir como el cosmos del gemelo mayor, abandonaba el decimo templo, suspiro pesadamente y volvió su vista hacia Athena que introducía en el agua algunas gasas y se acercaba a él con una cálida sonrisa. El momento de lavar su alma había llegado y nadie mejor que Athena para ayudarle en aquella odisea que era su vida.
…
Continuo avanzando entre las prisiones, que le restaban, tenía que apresurarse a llegar hasta el muro de los lamentos, pues algo le decía que no todo estaba bien y no precisamente porque creyera que la fuerza de sus enemigos les superaba a esas alturas estaba seguro que no tardarían en derrotar a Persefone si no porque presentía que algo no andaba bien. Maldijo por lo bajo la maldita barrera de la reina del inframundo que no le permitía detectar el cosmos de sus compañeros.
Miro a la lejanía como la sombra de una persona se movía entre un espeso humo y dejaba que las brazas y las llamaradas azules consumieran todo a su paso, se acerco con cautela sin saber que esperar pues sabía que aquellas técnicas pertenecían a Mascara de la muerte, pero no sabía si su compañero había resultado vencedor en aquel encuentro.
La sombra se escondió tras unos escombros y se refugió en estos, se paró en seco analizando la situación; si fuese un enemigo posiblemente se había percatado que lo seguía y se refugiaba en aquel lugar para cubrirse las espaldas mientras se preparaba para atacarlo y si era Mascara posiblemente también creyera que fuese un enemigo. Así que sonrió con nerviosismo dispuesto a delatar su propia ubicación y lanzando una plegaria al aire para que fuese su compañero y no un espectro con quien perdería el tiempo.
-¿Mascara? – Llamo, elevo su cosmos por si fuese un enemigo y alerto todos sus sentidos esperando la respuesta. Que no tardo en llegar pues unos segundos después observo como el italiano asomaba la cabeza tras los escombros. -¡Me alegra mucho que seas tú!
-¿Aioros? – El dueño de la cuarta casa del zodiaco, cerró su puño para apagar la llamarada de fuego azul que ardía en su palma y se sacudió el polvo de la armadura, para dedicarle una sonrisa sarcástica. – Acabamos de pasar la sexta prisión del maldito infierno, si continuamos por este camino no tardaremos en llegar al emotivo muro de los lamentos. – Se burlo el italiano.
-Estoy seguro que también querías llorar en ese lugar. – Espeto Aioros bromista empujando del hombro a su compañero, que sonrió a medias y alzo las cejas con sorpresa al ver su cambio de actitud.
-¿Qué te hicieron que ya hasta bromeas? – Mascara de la muerte comenzó a correr a toda velocidad por el camino que el mismo había indicado a Aioros, que no tardo en seguirlo.
-Aioria, no me perdonaría si arruino esta misión. – Vocifero tranquilamente. Mascara de la muerte pudo percibir un atisbo de dolor en los ojos del griego, sin embargo su semblante lucia sereno y tranquilo, mostrando tanta confianza como la que solía mostrar Aioros en su juventud, aquella templanza que inspiraría a cualquiera a depositar su vida en una persona como sagitario, cualidades que el mismo consideraba le habían llevado a ser uno de los candidatos a suceder a Shion en el trono y características innatas de un líder, cosa que solía contrastar mucho con la forma de ser de Saga.
-Aioria ni después de lo que le paso dejara de ser un dolor de cabeza, créemelo yo lo tuve de vecino por más de una década. – Espeto recordando la tormentosa e incómoda situación con la Aioria y el habían podido subsistir por años, cosa que claramente no había resultado fácil para ninguno de los dos y que debió ser uno de los tantos milagros concedidos por algún dios.
-Así solía ser Aioria. – El castaño apresuro más su paso, dejándole atrás por unos segundos, hasta que él con decisión volvió a alcanzarlo.
-Aioros espera. – Le tomo con firmeza por el hombro y le detuvo. – No estoy seguro de lo que ocurrió con el cabezota de tu hermano, pero si te puedo garantizar algo es que tu hermano no está muerto, pues hubiese caído por el monte Yomotsu, sin embargo no lo hizo. – Miro en derredor suyo observando el paisaje que les rodeaba. – Aioria no está muerto, pero tampoco creo que su situación sea mejor a no estarlo.
-Tengo un mal presentimiento y no sabes las ganas que tengo por volver al santuario. – Mascara soltó de su agarre a Aioros dispuesto a volver a iniciar su marcha, pero esta vez fue el castaño quien le detuvo por el brazo con fuerza. – Mascara yo te debo una disculpa, no debi golpearte en el monte Yomotsu, tu solo estabas intentando ayudarme y…
-Basta Aioros, que nos pondremos a llorar los dos aquí. Al final de cuentas tú y Aioria tienen mucho en común. – El griego alzo una ceja con curiosidad y el italiano sonrió son sorna. – Ambos pierden los estribos y golpean al primero que se les ponga en frente.
-En ese caso si ya conoces cómo reacciona Aioria para que fuiste a meterte. – Aioros le despeino el cabello juguetonamente y comenzó a correr de nuevo.
-Odio esa manía de ustedes de despeinarme. – Mascara de la muerte intento alcanzar a su compañero, al final de cuentas odiaba esa maldita costumbre de Aioros, Kanon y Saga de mostrar así su afecto, un mal habito heredado de Shion.
-De todos modos no hay mucha diferencia. – Se burlo Aioros, pero detuvo su paso al ver la destrucción que había frente a él e incluso le borro la sonrisa del rostro, sus ojos azules contemplaron la fachada de Caina derrumbada en su totalidad, que formaban una montaña de escombros a sus pies y dejaban ver el interior del templo.
Las escaleras que debían haber conducido a la estancia se encontraban destruidas en su mayoría y había rastros de sangre por el suelo, las zonas frente al templo de Caina estaban parcialmente colapsadas y aun gruesas columnas de humo se alzaban condensándose en los alrededores.
-Icaro. – Mascara de la muerte observo al ángel que se encontraba tirado boca abajo, bajo su propio charco de sangre, le tomo por los hombros y le voltio, para sacudirlo débilmente intentándolo despertar. – Icaro despierta.
-¿Quién te ha hecho esto? – Aioros se agacho al lado del italiano y murmuro para sí mismo, girando su rostro hacia todos lados en busca del enemigo a quien había enfrentado Icaro. – Aldebarán debió de seguir con la diosa Artemisa.
-Icaro. – Mascara de la muerte tomo al santo entre sus brazos y le llevo a un lugar despejado de escombros, arranco parte de su capa e hizo una fuerte compresión en las heridas que tenía el ángel en su cuerpo para detener la hemorragia. Pero la risa de alguien entre una de las columnas polvo le hizo girarse y alerto a Aioros.
-Vaya vaya, dos santos de oro. – Mascara de la muerte se puso de pie y Aioros tenso su arco, apuntando hacia la sombra que se veía apenas nítidamente. – Creí que eran tres, pero seguramente Triptolemos ya se ha encargado del otro.
-Aldebarán. – Menciono con fastidio Aioros, entrecerrando sus ojos para intentar distinguir las facciones de aquel intruso.
-Aioros. – Le llamo Mascara de la muerte atrayendo su atención, el italiano ilumino su dedo índice con una esfera celeste con el firme propósito de regresar al ángel hacia el santuario, para que alguien le ayudase, lanzo su esfera la cual rodeo a Icaro por unos segundos hasta que el cuerpo del pelirrojo fue rodeado por completo y desapareció del inframundo. – Él es Radamanthys de Wyvenr, es uno de los tres jueces del inframundo. – Gruño el italiano con desprecio.
-Y soy el único juez que ha podido vencer a cinco santos dorados, sin ningún esfuerzo. Pueden ser los guerreros más fuertes del ejército de Athena pero para un juez del inframundo no son nada. – Aioros vislumbro por primera vez las facies del Wyvern.
-En ese momento nuestros cosmos dependían de Hades y en el caso de Mu, Milo y Aioria la barrera colocada por tu dios disminuyo sus poderes hasta un 10% de su capacidad, no hay nada de que regocijarse, pues tus victorias dependieron de la ventaja que te dio tu dios. – Bramo enfurecido el cuarto guardián, empuño su mano con fuerza y esta se rodeo de su cosmos dorado, dispuesto a atacarlo. – Y debo recordarte que Kanon te venció aún sin su armadura, tus victorias siempre han sido falsas.
-¡Ya veremos! – Rugió Radamanthys por unos segundos sus ojos emitieron un destello rojo y lanzo una explosión violácea de su cosmos hacia el italiano, pero un destello dorado se introdujo en esta y la refreno sin ningún esfuerzo.
-Aioros. – Mascara se giro hacia su compañero y vio que la flecha que hacía unos segundos el noveno guardián tenía en su mano había desaparecido, por lo que intuyo que el arquero dorado la había disparado contra el poder de Radamanthys.
-Mascara de la muerte, yo me encargare de él. – Aioros avanzo con su vista fijada en aquel sujeto, nunca le había conocido, pero algo en ese espectro despertaba en él un profundo odio, una sensación que tan solo sentía por Ares y Hades. – Tú continúa.
-Aioros no tengo duda de que lo vencerás, pero cuando lo hagas ten en cuenta que te convertirás en el héroe más clamado de los trece, pues no sabes las ganas que todos tenemos de jodernos al perro faldero de Hades. – Mascara de la muerte avanzo de frente hacia el espectro con una sonrisa sarcástica, apretó sus puños al pasar a un lado de él reprimiendo de esa forma las ganas que tenia por golpearlo y continuo subiendo las escalares destruidas de Caina.
-¿Cuál es tu nombre santo? – Radamanthys clavo sus ojos mieles en los zarcos del castaño, no sabía que era lo que le alertaba, pero aquel porte tranquilo e indiferente a la situación que les rodeaba le recordaba mucho a los caballeros de géminis y la calma en su rostro le hacía considerarlo una persona amenazante, pues mostraba una confianza extremadamente preocupante para él.
Por un lado la mano derecha del rey del inframundo; Radamanthys de Wyvern y por el otro uno de los santos elites del ejército de Athena, Aioros de sagitario, iban a enfrentarse y aquella batalla se alzaba amenazante pues dos gigantescos cosmos iban a chocar, produciendo una lucha de consideraciones bíblicas de destrucción…
…
Continuara…
Aclaraciones:
-El puño de acero es una técnica súper fuerte físicamente de nuestro adorado Taurito que aparece en el Episodio G que es una precuela a la serie normal, donde nuestros santitos son jóvenes y unos adolescentes adorables.
Comentarios:
Carlos: Muchas gracias por el cumplido, pronto llegara el momento que más has esperado y pues ya has visto como Aioros está a punto de darse en la mami con Radamanthys.
Lady-Sailor: Persefone completamente no es mala, solo busca cumplir el sueño de estar con su amado, así como Artemisa lo busco en su tiempo, pero pues como todas las mujeres por amor la cagan jajajaja. Y si crees que Cronos es malo aun no has visto nada.
ClarissaMorgenscest-Mischief: Muchas gracias por tu comentario espero tener noticias tuyas pronto, pero tenlo por seguro que en mi fic la relación de Saori con los dorados va a intentar asemejarse mucho a la de los caballeros de bronce.
Joana: Me da mucho gusto que mi historia te encante y ese es mi propósito ponerles los pelos de punta cada vez que pueda jajaja y no tienes nada que temer.
Mugetsu-chan xd: Shura pudo haber despertado y por ende salvar su vida de nuevo, pero eso no significa que sus problemas hayan acabado eso tenlo por seguro. Y tenlo por seguro que tendrás aún más ganas de tirar a Ares por un risco en los próximos capítulos y lamento si una sola lagrima de tu corazón sale de tus ojos por mi culpa.
LadyMadalla-Selene: A mí se me hace también una pareja adorable la de los marinitos no se pienso en ellos y me imagino dos enamorados paseándose por el Caribe o algo así. Quise que fuera una sorpresa que Aioria y Dokho no estuvieran muerto pero esto no deja de ser un riesgo ni disminuye la complicación de las cosas. En cuanto a Milo y Camus solo hay una forma que Ares les quite de su mira y es que se ensañe con alguien más y créemelo, Ares ya tiene un plan formulado muy malo. En cuanto a santos enamoradillos tengo a tres y el primero acertaste jajaja, el segundo tal vez jajaja y en el tercero si te equivocaste jajaja. Y obvio Milo no juega en esta categoría si él es fiel a su cobrita.
Caliope07: Jajaja tienes un don malvado para leer mis oscuros y perturbados pensamientos, sabes leer muy bien entre líneas.
Ana: Jajaja me encanto tu comentario, perdón por casi causarte un paro cada vez que vez mi actualización. Muchas, muchas gracias por tus ideas y cumplidos de verdad los agradezco de todo corazón.
No sé cuando vi tu comentario me hizo muy feliz de verdad me dibujo una sonrisa enorme en el rostro. No se me inspiro un poco más por el hecho de la similitud entre tú y los procesos que han trascurrido en la historia, no sabes que me impresiono lo del rayo, me alegra que no te haya pasado nada, aunque eres de las pocas personas que ha visto un rayo de cerca y ha sobrevivido. Pero en los prospero intentare no hacerle nada a Shurita por tu seguridad, solo ten cuidado con los cuchillos jajaja. Solo por precaución.
En cuanto a la historia temo decirte que nuestro Shura no se ha salvado por completo de mis ideas psicópatas, no se me encanta verle sufrir y recuperarse. Camus y Milo siguen vivitos y coleando y como Ares les quiere a ellos solo hay una forma que les olvide y ese es cargarse a Saga primero O.O De verdad me encanta como me maltratas por mi historia pero a la vez me das ánimo para que haga más locuras muajajaja. Espero tener noticias pronto de ti y cómo vas con tu camino de redención.
Beauty4ever: Perdóname por todas mis maldades.
Kat-dreyar: Jajaja perdón por causarte sentimientos hostiles hacia mi persona. Jamás mataría al dúo dinámico, sinceramente me encantan y quitarlos de este fic no se seria como arrancarme una pierna, pero no por ello los dejare de hacer sufrir. Créemelo cuando te digo que Scatha y Aldana tienen muchos planes en mi futuro. Si el reloj es como las reuniones VIP de los dorados jajaja.
Andy: Si el capitulo 26 fue tan solo un respiro pero dentro de poco el infierno se desatara en el reino de Hades y Athena, ya lo veras.
Persefone X: Athena no se la iba a perdonar a Febe, si ya la tenía dominada la tenía que sellar, apareciese quien apareciese. Hay como me gustaría darles un adelanto de Saga contra Ares pero tengo que resistirme.
Lasacari29: Pues déjame decirte que la amenaza a Saga sigue en pie y cada día se ceñirá peor sobre él. Ares no es bueno, ni nunca sentirá lastima por nadie, él vino hacer mal al mundo y digamos que le sale muy bien.
Artemiss90: Aioros y Dokho no murieron porque Cronos les salvo, sin embargo aprovecho ese momento para dominar sus mentes y Camus y Milo creyeron que están muertos porque sus cosmos no se sienten por la barrera de Aldana. Pero no garantizo que los trece sobrevivan al final. Zeus ya tenía que hacer algo, escondiéndose tras sus hijos no era de mucha ayuda.
Atte: ddmanzanita.
