Capítulo 4
Dejo escapar un suspiro al acercarse a la recepción, agotada por la cirugía que la mantuvo en el quirófano en las últimas horas y los demás deberes, que parecía iban apilándose sin avistamiento de un final cercano.
Alcanzó el papeleo preparado especialmente para ella, detestaba el filtro administrativo, pero comprendía que era necesario realizar ciertas tareas con el fin de mantener todo bajo control dentro del sanatorio. Añadiría la actualización al expediente del señor Sato cuando finalizara.
Llevaba un mes bajo el insufrible escrutinio de Uchiha Itachi; conforme pasaba el tiempo, el sueño de convertirse en una neurocirujana de renombre iba desvaneciéndose. El pelinegro se las apañaba para hacerle la vida imposible, luego de su altercado el primer día, parecía como si se hubiese impuesto la tarea de someterla a un infierno en vida. Se percató de aquello cuando el afamado medico comenzó a asignarle los casos más complejos, muchos de sus colegas matarían por obtenerlos, mas estaban reservados para ella; pensó que perdería la cabeza y que en cualquier momento terminaría renunciando, pero era demasiado débil para rendirse, demasiado fuerte para perder, así que afrontó las adversidades con gracia, resolvió todos y cada uno de los enigmas con éxito, llevó a cabo cirugías inimaginables y todo lo presento frente a las narices del cretino jefe de neurocirugía.
Se decía a si misma que ya había sobrevivido a un hermano Uchiha, ¿Qué era lo peor que podía suceder?
Absorta en sus pensamientos, rellenaba con cautela los espacios que requerían la información, necesitaba acabar con eso de una vez por todas, y conseguir, con fortuna, quince minutos de sueño reparador; la comida y la ducha podían aguardar.
—Ahí esta— escuchó decir a una enfermera en voz baja, sin inmutarse en ocultar la emoción en su tono. Las otras dos chicas rieron en confidencialidad, como adolescentes enamoradizas.
Curiosa, dirigió una mirada discreta al punto donde recaía la atención femenina, encontrándose con nada más y nada menos que la viva personificación de sus pesadillas. Se presentó ante ella con un sobrio traje quirúrgico: un conjunto de scrubs negros, que hacia juego con el calzado clínico y la impecable bata blanca que llevaba sobre sus hombros. Su cabello, permanecía atado en una coleta de caballo baja, tan perfecta como él mismo.
Entendía de donde provenía el furor; un hombre tan atractivo no pasaba fácilmente desapercibido.
Incapaz de contenerse, rodó los ojos, un gesto tan arraigado en el último mes que en ocasiones era intencional. Devolvió la vista al formulario, aun atenta a lo que las practicantes decían.
— ¿Acaso no es de su agrado el Doctor Uchiha?— preguntó una enfermera, arribando al lugar.
—No es mi tipo— dijo cortésmente, pero con firmeza. No existía realidad ni universo alterno donde dos personas como ellos pudiesen congeniar.
— ¿Es resentimiento lo que escucho?— cuestionó, afable.
—Es demasiado áspero para mi agrado— arrugó la nariz, extendiendo el documento.
—La vida puede dar muchas vueltas, doctora Haruno.
—Quizás no en esta ni en las que siguen— vociferó, completamente segura de su declaración.
La calma antinatural de la sala de emergencias se vio interrumpida a la llegada del equipo de paramédicos. Sobre la camilla reposaba un hombre inconsciente; sus ropas estaban rasgadas, tenía diversas heridas en el cuerpo, algunas sangraban profusamente.
Entendía el porqué de la presencia de Itachi en la sala de espera.
Luego de intercambiar algunas palabras con el paramédico encargado, el equipo llevó al hombre a la dirección indicada. El tiempo transcurría vertiginosamente, cada segundo que pasaba era de vital importancia, puesto que de eso dependía si se salvaba una vida o resguardar otro esqueleto en el closet.
Su corazón dio un vuelco al notar como Itachi se aproximaba a ella con un mohín de determinación surcándole el rostro; caminaba a paso lento, con la frente en alto y la barbilla ligeramente levantada. Las chicas detrás de ella rompieron en risas nerviosas y cuchicheos infantiles. Si bien, debía considerarse afortunada al ser merecedora de la atención de tan bello espécimen, Sakura se preguntaba qué clase de puta broma le hacia el destino.
Contuvo las ganas de rodar los ojos, por tercera ocasión en el día.
—Doctora Haruno— habló; la voz apacible, pero demandante.
—Doctor Uchiha— saludó, procurando no sonar demasiado forzada. Durante los últimos días, su vida se trataba de mediocres interpretaciones.
—Prepárese para ingresar a quirófano— dijo. No era una sugerencia, mucho menos una invitación.
Era demasiado tarde para salir huyendo, no era capaz de mentirle, la intuición le decía que Itachi tenía una forma de saber las cosas, eventualmente descartaría la patética excusa y sin duda alguna, la vetaría del quirófano durante los próximos dos meses.
Más resignada que entusiasmada, siguió los pasos del hombre rumbo al ascensor. El creciente martilleo de los nervios entorpecía todos sus procesos mentales.
Al poner un pie dentro del ascensor, imploró que alguien más ingresara, nada se le antojaba menos que verse inmersa en aquella incomoda coyuntura. Sin embargo, sabia de buena cuenta que Itachi no era la clase de persona que rompiera el hielo.
Las puertas del elevador se cerraron, tornando el aire circundante en nada más y nada menos que tensión pura. Detestaba el efecto que Itachi ejercía sobre ella; se sentía nerviosa, en especial porque no había dejado de mirarla desde hace varios segundos.
Lo contempló por el reflejo del espejo; lucia cansando y más abstraído en sus pensamientos que de costumbre.
— ¿Me eligió porque era la única persona disponible en ese momento en la sala o por alguna otra razón en específico?— preguntó de pronto, sin apartar los ojos verdes de Itachi.
El corazón le golpeó las costillas al percatarse de lo que acababa de decir, indudablemente, poseía una capacidad de arruinarlo todo con solo abrir la boca.
El pelinegro se mantuvo en silencio durante un segundo o dos, mientras una mezcla de curiosidad y diversión se proyectaba en su antes pétrea faz. Para sorpresa de la joven, elevó una ceja, a la par que las comisuras de sus labios se torcían en lo que parecía ser el inicio de una ligera sonrisa.
—Su conocimiento teórico es el apropiado— aseguró Itachi—.Sin embargo, no he contemplado todo el potencial que puede otorgar durante la práctica. Quiero comprobar por mi cuenta si todos los rumores respecto a usted son ciertos.
La réplica logro avivar el sentimiento de repudio UE habitaba en su interior.
Las puertas del ascensor se abrieron, condenándola a otorgar más respuesta que un profundo y abrumador silencio.
Cuando el pelinegro salió primero que ella, espetó:
—Cretino arrogante.
Hombre de treinta y dos años; accidente de tránsito. El diagnóstico: traumatismo craneoencefálico grave, una fractura deprimida complicada.
La sangre brotaba ligeramente del espacio expuesto; una afonía tranquilizadora imperaba dentro del quirófano, solo era audible la sonata de utensilios e instrucciones quedas por parte del equipo.
Sakura contemplaba atenta la manera en que Itachi trabajaba. Si bien su actitud dejaba mucho que desear, la habilidad que tenía con el indumentario médico, y la magia que hacía con las manos era inigualable. Intentaba causar el menor de los daños, aunque ambos sabían de buena cuenta que siempre quedaban secuelas. La esquirlectomia fue exitosa.
Pese al rencor que sentía hacia su mentor, comprendía porque lo catalogaban como un genio. Al colocar la plastia dural, lo hizo sin dudar, emulando la pericia del pelinegro.
Era gracias a esos momentos que continuaba haciendo lo que más le gustaba, aun si debía enfrentarse a distintos obstáculos en el trayecto.
Una vez finalizado el procedimiento, ambos cirujanos pasaron a la habitación contigua.
Esperaba que aquella muestra de su adiestramiento lograra apaciguar la ira implacable del Uchiha. Ahora lo único que anhelaba era salir tan pronto de esa sala como fuese posible, y permanecer alejada del demonio el tiempo suficiente para aplacar su propia furia.
Comenzó a despojarse del ropaje desechable, evitando a toda costa mantener contacto visual con el pelinegro.
— ¿Primera cirugía de TEC?— preguntó, colocando la bata quirúrgica en el contenedor designado.
Sakura abrió ambas llaves del grifo, apretando los dientes. Tenía la certeza de que si lo admitía, Itachi tomaría aquello como una invitación para restregárselo en la cara. Situó las manos bajo el chorro de agua, manteniendo la mirada fija en los terminados metálicos del lavamanos.
—La primera que implica un hundimiento de cráneo— admitió, resignada. Sus ojos negros eran implacables.
¿Por qué demonios era tan arrogante?, durante los años de relación con Sasuke, se dio cuenta que el engreimiento era característico de los Uchiha. A pesar de ser el hijo prodigo, Itachi no estaba exento de eso.
Cerró las llaves, cortando el flujo de agua. La adrenalina empezaba a descender, dejando en ella un rastro de cansancio. Deducía que el nuevo jefe de Neurocirugía había realizado un sinfín de procedimientos parecidos, debía ser habitual, nada que despertara emociones indescriptibles.
La diferencia entre ellos era abismal.
—Para ser primera vez ha estado bien— dijo Itachi, disponiéndose a lavarse las manos.
Sakura se hizo a un lado para permitirle el paso. El cuarto era increíblemente reducido, contaba con el espacio suficiente para resguardar a dos personas. Estaba tan cerca de él que percibía el aroma de su perfume, así como la rítmica y apacible respiración.
Al cabo de unos minutos, ambos abandonaron el quirófano.
La pelirosa tuvo que armarse de valor y suprimir el monstruoso orgullo en su interior para sobrellevar los minutos restantes en compañía de Itachi. Caminaron por el pasillo absortos en un silencio habitual. No existía la necesidad de llenar los espacios de afonía con trivialidades, Sakura sabía que era prácticamente imposible entablar una relación, así que ¿para que esforzarse?
Arribaron a la recepción solo para firmar el papeleo correspondiente. Por la expresión atormentada y el entrecejo fruncido, entreveía que Itachi detestaba tanto el proceso burocrático como cualquier otro ser dentro del sanatorio.
El enfermero encargado agradeció a ambos y tomó el expediente, delegándolos de sus responsabilidades hasta nuevo aviso.
Insegura de como proseguir, la pelirosa mordió su labio inferior. Tal vez lo más apropiado seria disculparse y desaparecer hasta que el deber la solicitara. Pensó en decir algo para acabar con la tensión, más las palabras no llegaron a su rescate, además no merecía ninguna consideración, lo único que recibía a cambio era una actitud antipática, presumida por parte de un endemoniado sabelotodo.
— ¿Por qué no mencionó que estaba comprometida con mi hermano?– cuestionó de repente.
A Sakura se le heló la sangre. Se suponía que tal acontecimiento debía permanecer en secreto. Tanto ella como Sasuke habían acordado no hablar del tema, una estrategia infantil, pero que funcionó hasta ese momento. No obstante, de todas las personas disponibles en la tierra, Itachi era el poseedor de tan valiosa información, y como era de esperarse, no dudaría en acorralarla y presionarla hasta obtener una respuesta.
Carraspeó un poco para disipar la piquiña de incomodidad acumulada en su garganta. Sus mejillas ardían gracias al violento sonrojo del que era presa. No estaba obligada a responder, su orgullo cimentado en sus pies.
Por su mente cruzaron uno y mil cuestionamientos al respecto, ¿Cómo se había enterado?, era ingenuo, inclusive estúpido preguntarlo. Sasuke e Itachi eran hermanos, compartían un lazo de sangre, los mismos padres y algunas características indeseables de personalidad. Sin embargo, Sasuke no hablaba mucho sobre su hermano, Mikoto y Fugaku evitaban mencionarlo. Itachi era un tema controversial para la familia Uchiha, mas nunca supo precisar el por qué. La sola mención de su nombre implicaba un acto profano. Sakura no estuvo consciente de su existencia hasta un año después de relación y lo conoció apenas unas semanas. El parecido era ínfimo, pero palpable, pensó que estaba relacionado con el azabache, as nunca imagino que de una manera tan cercana.
—Pensé que nuestra relación era meramente académico-laboral, así que evite mencionar los aspectos personales— aventuró, con una sonrisa forzada.
Itachi la recorrió de pies a cabeza con su oscura mirada a la par que en sus labios se hilvanaba una sonrisa peligrosa.
—Eso cambia cuando la otra parte implicada es mi hermano menor— recitó—, estamos a punto de convertirnos en familia, ¿no es así?
Las ganas inmensas de borrarle la sonrisa de un golpe la sacudieron. No tenía ningún derecho de inmiscuirse en su vida. Haciendo uso de todo el autocontrol posible, contuvo su temperamento.
—Lo lamento, fue mi error— respondió sin inmutarse a ocultar el sarcasmo que devoraba las palabras—, debí presentarme como la prometida de Sasuke y no como la doctora Haruno, me encargare de llevar una etiqueta la próxima vez para recordarlo.
La expresión entretenida de Itachi se diluyo en un gesto ensombrecido. El pelinegro frunció el ceño. Poco le importaba a Sakura lo que pensara de ella en ese momento, estaba cansada que su vida orbitara alrededor de dos Uchiha, suficiente tenía con Sasuke para soportarlo a él.
— ¿Puedo ayudarlo en algo más?— preguntó, cerciorándose de que la conversación había finalizado y era libre de marcharse.
—No, fue todo por hoy, doctora Haruno— rebatió adusto.
Itachi retrocedió un paso, indicándole que podía retirarse. Sakura ni siquiera se despidió. Caminó por el pasillo, asegurándose de que escuchara sus grandes y furiosas zancadas mientras se marchaba.
Una calma antinatural imperaba en la cafetería del hospital.
Tras el altercado con Itachi, la pelirosa había acudido al encuentro de sus amigas en la discreta y cómoda terraza dispuesta en el quinto piso para el uso del personal y familiares de los enfermos.
No obstante, Sakura se encontraba demasiado absorta en sus pensamientos para prestar atención a la conversación de Ino y Tenten. La intromisión de Itachi en su vida privada era un trago difícil de digerir.
—No has tocado tu comida— observó Tenten— ¿Ocurre algo malo?
Sakura guardó silencio. Lo último que deseaba era revivir la amarga coyuntura, sin embargo, sus amigas tenían derecho de saberlo, puesto que nadie mejor que ellas concia el trasfondo de su relación con Sasuke.
Más resignada que animada, exhaló con fuerza. Había perdido el apetito; a medida que los minutos pasaban, su estómago se estrujaba en un montón de nudos prietos. Inquieta, se removió en su asiento. Sentía como si de pronto estuviese en la comisaria, a punto de confesar un crimen. Carraspeó un poco e intercalo la mirada entre ambas.
—Itachi acaba de enterarse de mi compromiso con Sasuke— confesó en tono quedo, pero exento de contrición.
— ¿Se lo mencionaste antes?— Ino preguntó, hablando casi en un susurro a duras penas audible.
—Por supuesto que no— respondió la ojiverde, un poco ofendida por la acusación.
—Supongo que mencionaste que estabas comprometida, tiempo pasado, ¿cierto?— indagó Tenten, tan conciliadora y afable como de costumbre.
— ¿Y por qué debería hacerlo?— replicó, sucumbiendo a la furia del monstruo del orgullo—, Itachi no debería inmiscuirse en asuntos que no le conciernen— alegó, esquivando las miradas inquisitivas de ambas amigas.
—Creo que estas siendo muy dura con él— espetó la rubia, cruzándose de brazos—. Sasuke es su hermano pequeño, por supuesto que va a mostrarse interesado. De todas las personas a su alrededor, eres la única a la que ha mostrado cierta consideración.
Sakura contuvo las ganas de reír. La opinión de Ino respecto a su ex prometido era mordaz. No obstante, le costaba dar crédito que ambas estuvieran de lado de Itachi. Como la chica que era, no pasaba mucho tiempo buscando comprensión.
—Creo que en eso tienes razón— admitió la pelirosa para su pesar—. La relación entre él y Sasuke nunca fue buena— recordó.
— ¿Conoces el motivo?— preguntó la castaña, llevándose a la boca un pedazo de lechuga, al mismo tiempo que alzaba una delgada ceja.
—No— negó Sakura, cerrando los ojos un momento y masajeando sus sienes para disipar el latigazo de dolor que llevaba acosándola desde la mañana—.Cuando intente preguntarle a Sasuke que había pasado entre ellos dos se molestó. Fue tanto su enojo que dejo de hablarme durante una semana entera. Comprendí que jamás debía hacerlo de nuevo, y por más que me intrigara, era mejor resguardarme los cuestionamientos.
—Siempre supe que Sasuke era un cretino, ahora no me queda la mejor duda— dijo Ino triunfante, esbozando una sonrisa pletórica.
—Tal vez estabas preguntándole al hermano equivocado— contestó Tenten.
Sakura no podía creer que ambas estuvieran alentándola a entablar una conversación con Uchiha Itachi. Durante los últimos días se habían encargado de relatar con lujo de detalle el infierno en el que vivía. La posibilidad de que ambos forjaran una relación de amistad era inexistente, rayaba en lo ridículo.
—Las dos han perdido la cabeza si creen que voy a fraternizar con ese maldito ogro— espetó, llevándose la mano a la sien, donde tenía alojado el dolor de cabeza.
Tanto Ino como Tenten estallaron en carcajadas. Las dos disfrutaban verla tan alterada. No todos los días alguien conseguía sacar a Sakura de sus casillas. Sin lugar a dudas, la pelirosa había hecho algo muy malo en su vida pasada para verse inmiscuida con dos Uchiha.
—Eres demasiado dramática— acusó la rubia, señalándola con el tenedor—, a mí me parece un encanto. Además te aseguro que matarías por llevártelo a la cama.
Sakura rodó los ojos.
—Eres insufrible, cerda— Sakura sonrió entre dientes—. Ni en mis peores pesadillas lo imaginaria— dijo, segura de sí misma.
Aun riendo, Sakura se viró ligeramente sobre su asiento para contemplar lo que las chicas miraban con inusitada y poco disimulada atención. Pasó los ojos en blanco en el preciso instante en que Itachi ingresó en su campo de visión, iba acompañado del doctor Genma Shiranui, absortos en su propia charla.
—Apuesto a que no sería capaz de caminar derecha durante una semana— masculló la rubia, mordiendo su labio inferior.
—Valdría la pena— convino la castaña.
Sus amigas se echaron a reír.
—No seas una mojigata, frentona. Estoy segura que has fantaseado con quedarte a solas con él en el cuarto de suplementos o la habitación de residentes— bromeó Ino.
Un violento sonrojo coloreo sus mejillas. A pesar del indudable atractivo del jefe de Neurocirugía, Sakura detestaba su actitud. No obstante, sentía una especie de admiración ciega hacia su trabajo, algo que nunca admitiría, aun cuando de eso dependiera salvar su vida.
—Esta vez te equivocas, Ino— dijo, esbozando una sonrisa pletórica—, no voy a negar que es atractivo, como la mayoría de los Uchiha. Sin embargo, olvidas que se trata de mi jefe de quien estamos hablando, y por otra parte, del hermano mayor de mi ex prometido.
—Siempre dices tantas cosas, pero al final terminaras tragando tus palabras.
—Me tranquiliza saber que tus suposiciones nunca son acertadas— murmuró, inclinándose ligeramente hacia la mesa.
Ino asintió con un ligero gesto de cabeza.
—Tal vez no, pero te conozco como la palma de mi mano, Sakura, y sé muy bien que en tu interior hay alguien contenido que piensa todo lo contrario a lo que estás diciendo, solo que eres demasiado orgullosa para admitirlo.
Sakura arrastró los pies escaleras arriba, hacia la oficina del jefe de Neurocirugía en el ala oeste del sanatorio, ubicado al otro extremo de la sala de terapia intensiva.
La evolución de su paciente había empeorado; algunas horas después de la operación, el hombre cruzó por una serie de complicaciones respiratorias causadas por una atelectasia, algo común en el proceso post-operatorio.
Se las arregló para permanecer a su lado y auxiliarlo. Sin embargo, necesitaba la autorización de Itachi para realizar una broncoscopia de urgencia, era parte del sistema burocrático que gobernaba el área administrativa del hospital.
Para su desgracia, cuando más necesitaba del pelinegro parecía esfumarse. Llevaba cerca de veinte minutos intentando localizarlo sin éxito. Si todo salía bien, la maniobra que había improvisado con el pobre hombre la ayudaría a ganar como máximo una hora, aun así, debía apresurarse si lo que pretendía era mantenerlo con vida.
Sabía que no se encontraba en el quirófano, puesto que había realizado su última cirugía no hace menos de dos horas, o al menos, eso indicaba el pizarrón dispuesto cerca del área operatoria. Para su fortuna, las enfermeras que le seguían el rastro a todo momento desvelaron su verdadera ubicación: la oficina. Llevaba cerca de cuarenta minutos recluido ahí. Suponía que estaba tratando asuntos de vital importancia o manteniendo una reunión privada con alguno de los directivos del hospital.
Era imprudente y osado ir a buscarlo, pero la existencia de otra persona dependía de ello. Caminó con pasos renqueantes, estaba ahí en contra de su voluntad; Itachi era la principal causa del destrozo de sus nervios.
Un escalofrió le recorrió la espalda con el simple hecho de imaginarse a solas con él en la oficina; intentó apaciguarse, diciendo que solo se trataba de un asunto laboral, como toda la dinámica existente entre los dos. Culpaba a Ino de implar una serie de pensamientos obscenos y erróneos en su cabeza. Suficiente tenía con contemplarlo durante días enteros para permitirle el paso a la intimidad de su psique.
Examinó con cautela las placas plateadas al costado de las puertas; cada una tenía grabado el nombre del jefe y área en cuestión. Aquella área no era muy concurrida en comparación a otras salas del hospital. La mayor parte del tiempo, las cabecillas de los departamentos iban de un lado a otro, contemplando pacientes, realizando cirugías, era extraño encontrarlos postrados detrás de un escritorio.
Al encontrar la oficina, se percató que la puerta estaba cerrada. Se mantuvo de pie durante un segundo o menos, sopesando si debía proseguir con su camino o desistir. Nada se le antojaba menos que toparse con él, en especial, luego de la incómoda charla. Estaba nerviosa, necesitó armarse de valor para caminar hasta ahí.
Resignada, lanzó un suspiro y dio un paso al frente. Se sentía como una niña asustada, sin saber precisar si debía o no recorrer los últimos centímetros que la apartaban de aquella oficina. Colocó la mano sobre el picaporte, quizás lo más apropiado era llamar antes de ingresar.
Frenó cualquier tentativa de interregno al escuchar voces provenientes del interior. En definitiva no se encontraba solo, una mujer lo acompañaba, pero ¿de quién podía tratarse?
Su buen juicio le indicaba que la mejor opción era dar media vuelta y regresar en otra ocasión, su madre solía decirle que era de mala educación escuchar conversaciones privadas; las reglas nunca fueron de su agrado, y por más que deseara no enfrentarse a Itachi, la coyuntura avivaba en ella una curiosidad indescriptible. En el fondo, su jefe era un enigma indescriptible difícil de resolver, y si había algo que adoraba más allá de su trabajo eran los misterios.
Así que en contra de los preceptos de la moral, permaneció ahí, agudizando el oído para tener un ínfimo atisbo de lo que sucedía ahí adentro.
Por el tono de voz que ambos utilizaban, dedujo que se encontraban en medio de una discusión. Impelida por la curiosidad, acortó la distancia entre ella y la puerta.
—El banco de esperma me ha notificado que si no utilizamos la última muestra van a destruirla— dijo ella con un palpable deje de condescendencia.
—He tomado una decisión y no voy a cambiar de opinión— refutó Itachi.
Su voz sonaba calmada en contraste con la situación. Incapaz de contenerse, comparó a ambos hermanos. Sasuke era explosivo, perdía los estribos con facilidad, fueron muchas las ocasiones en las que elevó el tono al punto de gritar, mas Itachi mostraba ser lo contrario.
Se le cortó la respiración al escuchar los pasos en dirección a la puerta; el aire se le solidifico en los pulmones, presa del pánico de haber sido descubierta, enturbiando todos y cada uno de sus procesos mentales. Pensó en marcharse, pero no contaba con el tiempo suficiente para pretender que no llevaba escuchando la conversación durante algunos minutos.
Autómata, retrocedió. Lo que sucedió después paso frente a sus ojos como una secuencia en cámara lenta; una hermosa mujer se presentó ante ella, portando un sobrio vestido negro de manga larga, tejido con detalles pointer. El atuendo enmarcaba su busto y la estrecha cintura, hacia juego con las zapatillas de tacón altas; su cabello, negro azabache, le caía sobre la espalda. La expresión en su rostro era mortalmente seria, antipática y un poco ofuscad; tenía los labios carnosos contraídos con un deje de disgusto y la mirada ambarina, advirtió a la pelirosa con molestia. Era toda una belleza, tan sublime como una obra de arte.
Sin saber precisar del todo que era lo que ocurría, Sakura se sintió intimidada.
Lejos de detenerse a contemplarla, la mujer retornó la atención al azabache.
—Hablareis después, cuando te encuentres más calmado— respondió de forma automática, pretendiendo que la discusión nunca se había suscitado— sin interrupciones y en compañía de uno de nuestros abogados— agregó, clavando la afilada mirada en la pelirosa.
—Está bien— accedió el azabache, estirando un brazo para indicarle el camino hacia la salida.
Ambos guardaron silencio; el único sonido audible era el del elegante andar de aquella mujer; sus pasos resonaban entre las paredes de los pasillos mientras contoneaba sus caderas como modelo de pasarela.
Sakura estaba asustada, pero expectante de lo que ocurriría.
—Yo…realmente lo lamento, no era mi intención entrometerme— se disculpó. Mordió su labio inferior y clavó sus fanales esmeraldas en la imperiosa mirada oscura de su mentor. La apología era sincera, sin embargo, algo le decía que cuanto más intentara llevarse bien con el Uchiha, más lo arruinaba.
Una sonrisa amarga cruzó sus labios. Itachi no respondió en ipso facto, la única replica otorgada fue una mirada prolongada.
—Pase a mi oficina, doctora Haruno— ordenó.
La pelirosa ahogó un alarido gracias al desbocado y angustioso palpitar de su corazón. Lo oteó, escéptica. Itachi se hizo a un lado para permitirle el paso, y sin más remedio, ingresó.
Dio un respingo asustado al escuchar la puerta cerrarse detrás de ella. Se cruzó de brazos, procurando proyectar una imagen segura, pero las piernas le temblaban, y la incertidumbre reducía su capacidad neuronal a niveles despreciables.
Estaba arruinada y no había nada que pudiese rescatarla de esa situación.
Continuara
Prometí que regresaría con una actualización y aquí esta. Muchísimas gracias por la paciencia, espero que esto compense la espera.
Si bien, los capítulos anteriores fueron introductorios para poner en contexto la vida de los protagonistas, de ahora en adelante les pido de la manera más atenta que se preparen para el drama y, sobre todo, eventual romance.
De nueva cuenta, mil gracias por tomarse el tiempo de leer y sobre todo, dejar un review, su opinión es muy importante para mí y me ayuda a mejorar.
Sin nada más que añadir, espero retornar pronto con otro capítulo, esto es tomo por el momento. Les envió un fuerte abrazo.
¡Nos leemos hasta la próxima!
